Casi siempre se trata la masculinidad en el ámbito doméstico, pero Pablo les habla a los corintios de la masculinidad en la vida de la iglesia. Desde Timoteo hasta Estéfanas, se muestran varones diversos que glorifican a Cristo con criterio, madurez y vocación de servicio.
Transcripción automática
Muestro desde los últimos versículos de la carta de Pablo a los corintios cómo se ven los hombres en la vida de la iglesia. Cuando leo este texto, algo que me llamó la atención es que nunca había notado la cantidad de hombres presentes en la iglesia de los corintios. Normalmente esta iglesia se tiene como problemática e inmadura, pero entre sus virtudes estaba que era una iglesia que tenía muchos varones representando bien a Cristo. Casi siempre se trata el tema de la masculinidad en el ámbito doméstico. Hoy quisiera hablar de la masculinidad en la vida de la iglesia: liderazgo, madurez, esfuerzo, vocación de servicio y provisión, cuidado de los demás y honorabilidad.
Velad, estad firmes en la fe, portaos varonilmente y esforzaos. Todas vuestras cosas sean hechas con amor. Hermanos, ya sabéis que la familia de Estéfanas es las primicias de Acaya, y que ellos se han dedicado al servicio de los santos. Os ruego que os sujetéis a personas como ellos, y a todos los que ayudan y trabajan.
— 1 Corintios 16:13-16
Es evidente que el apóstol Pablo tenía a los hombres en mente cuando escribía a los corintios. Solo así se justifica que un consejo particular como «portaos varonilmente» sea incluido en la carta. Le pido al Señor que me dé gracia e interés para predicarle a los hombres. Estoy convencido de que una de las mejores cosas que podemos hacer es predicar al varón. Vivimos en tiempos donde es peligroso ser varón: hay pocos referentes masculinos, es una sociedad que tiende a lo femenino, y si un hombre trata de proyectar su cualidad masculina tal cual Dios la ha diseñado, es casi ofensivo. Yo quisiera mostrar que la iglesia es un lugar seguro para ser varón.
Timoteo: un obrero útil que no se parece a Pablo
Uno de los problemas que tenemos en la iglesia para involucrar a los varones son estereotipos masculinos donde parece que todo varón debe verse igual. Hay hombres explosivos y hacia afuera, hay hombres más introvertidos. Hay hombres pioneros, otros más administrativos y reservados. Pero todo hombre como varón debe encontrar la manera de glorificar al Señor y servir a su pueblo. No todo el mundo será Pablo; algunos serán Timoteo. La inmadurez de la iglesia le hacía buscar el carisma y las personalidades. Pablo está mandando a esta iglesia problemática a un muchacho y probablemente tiene la aprensión de cómo esta iglesia inmadura reciba a un obrero que no se parece a Pablo y que es mucho más joven que él.
No todos los varones de nuestra iglesia serán hombres explosivos; otros serán hombres más discretos. Muchos se parecerán a Timoteo, pero todos son útiles para el Señor. Hay una gran injusticia que se comete tratando de que todos los hombres se vean iguales. Las iglesias que se aferran a personalidades evidencian gran inmadurez y se pierden mucha edificación. Si usted está esperando siempre al líder que reúne el estereotipo, probablemente no reciba el líder que el Señor le está enviando.
Lo más importante en Timoteo no era que se pareciera a Pablo; lo más importante es que amaba la iglesia del Señor y servía a la iglesia tanto como lo hacía el apóstol. Cuando hubo necesidad en la iglesia de los efesios, el instrumento enviado fue Timoteo. Él estableció la doctrina de la iglesia, lidió con crisis familiares, estableció un ministerio de predicación, ordenó ancianos y diáconos. Era un instrumento poderoso en la mano del Señor. El asunto es que no se parecía a Pablo.
Apolos: un varón con criterio propio
Apolos era un pico de oro, más elocuente aún que Pablo. Cuando él continuó el ministerio de Pablo en Corinto, la iglesia decía: «nosotros somos de Apolos.» Pero lo que más me llama la atención de su perfil es que era un hombre que tenía criterio propio. Dice Pablo: «Acerca del hermano Apolos, mucho le rogué que fuese a vosotros con los hermanos, mas de ninguna manera tuvo voluntad de ir por ahora, pero irá cuando tenga oportunidad.» Así se ve un varón. Es duro decirle que no a Pablo, pero eso anuncia entereza de carácter. Apolos no era un muchacho de mandados; era un hombre con criterio, un hombre ocupado, un hombre maduro.
Me gozo en ese varón que cuando la gente le pide cosas, aún cosas que parecen correctas, él dice: eso es correcto, pero no es correcto para mí. Apolos no creó una falsa expectativa de que pronto iría y al final canceló. No dijo «yo voy a ver, lo voy a intentar.» Dijo que no. Varones de esta iglesia, tenemos que cultivar criterio. La sociedad pide a gritos hombres que tengan alguna intención, que sepan para dónde van. Esta sociedad está como está porque no se han aparecido unos cuantos Apolos que le digan que por ahí no es.
Es interesante que Pablo no está difamando a Apolos. Dice: «Acerca del hermano Apolos, mucho le rogué que fuese a vosotros.» Habla de manera positiva. ¿Y saben qué dijo Apolos? Que no. Cada vez que un hombre se incorpora en la sociedad y deja de tenerle temor al hombre, le dice que no a lo incorrecto y le dice que sí a lo correcto, la iglesia camina mejor, la sociedad camina mejor. Y cada vez que un hombre se deja siempre llevar por la corriente, por un jefe, por una institución, por un amigo, la sociedad le va mal.
Un hombre con criterio es confiable
Yo me gozo cada vez que un varón toma una decisión con entereza. Cuando un varón me dice: «Pastor, yo vi esa decisión, creo que glorifica al Señor, me siento dirigido por Él, y voy a caminar por ahí», regularmente lo celebro. Porque hace falta que se ejercite el músculo de la masculinidad con criterio, de varones que sepan decir que no o decir que sí. Apolos no le tenía miedo a Pablo, y Pablo no veía a Apolos como si fuera un muchacho. El liderazgo de Pablo aparece aquí como un liderazgo muy saludable. Yo no creo que un pastor llamado por Dios tenga que estar presionando a la gente para que haga lo que tiene que hacer.
Un hombre con criterio propio soporta la presión social, la vanidad, la superficialidad, los vicios. Tarde o temprano alguien te va a ofrecer algo y tú vas a tener que decirle: no, yo no. Un hombre con criterio propio no es manipulable; es confiable. Apolos tenía agenda, era un hombre ocupado: «Irá cuando tenga oportunidad.» Hermoso es un hombre que tiene cosas valiosas que hacer. Yo era el tipo de persona que a todo lo ministerial le decía que sí. Pero sentí que me gradué cuando un líder fuerte que admiro me estuvo insistiendo que me matriculara en una maestría, y yo le dije que no. Una conversación de casi una hora. Vi a amigos haciendo la maestría y pude sentir la presión, pero también sentí la entereza de decirme: Dios no me está dirigiendo en ese sentido. Pasaron los años y he visto el fruto de haberle dicho que no.
Portaos varonilmente en la iglesia
Dice Pablo: «Velad, estad firmes en la fe, portaos varonilmente y esforzaos.» Como Pablo entiende que del otro lado hay hombres atentos, les dice: compórtense varonilmente. Es interesante que no está hablando de la esfera doméstica ni familiar; le está hablando de la esfera eclesiástica. Yo siento que las iglesias evangélicas se han vuelto demasiado femeninas. Me pregunto si un hombre joven va a ver la vida cristiana como algo interesante. Los ritmos musicales son introspectivos, todo como un asunto rosado, tan femenino. ¿Un hombre varón se sentiría identificado con eso?
Hace rato que yo no siento a los hombres en la iglesia cantando a viva voz, con entonaciones de varones. Un varón joven necesita sentir que esto hace sentido para él, que hay elementos de masculinidad, que no todas las cosas son hacia adentro. Hay que hacer espacio para que un hombre se sienta identificado en la iglesia del Señor. La vida cristiana está llena de retos; un hombre está llamado a tener un ánimo de conquista, competitivo, de ir hacia adelante. Si todo es pasivo, pareciera que no hay lugar para los hombres. Cada vez que usted vea a un hombre que llegó a la iglesia, dígalo, celébrelo.
Actuar varonilmente en la iglesia requiere evitar los malos ejemplos. Si te dicen «compórtate varonilmente», quizás piensas en tu abuelo, pero quizás tu abuelo no se estaba comportando varonilmente en los términos que Cristo espera. Compórtate varonilmente en los términos que ha indicado el Señor: una masculinidad que glorifica a Cristo. El mismo Pablo escribió: «Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño. Mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.» Comportarse varonilmente es lo contrario a las actitudes aniñadas.
Cuando fui hombre, dejé lo que era de niño
En la sociedad ya no existen los códigos para decir a los varones adolescentes: ya no eres niño. La conversación de un hombre en su iglesia debe ser sustanciosa, madura, no los disparates del muchacho. No puede ser que siempre estemos jugando. Hay un espacio para el humor, pero un hombre también debería ser alguien cuyas palabras tengan peso. Agradezco haber tenido una iglesia local que me tomó en serio como varón. Cuando yo siendo adolescente hablaba, mis hermanos me tomaban en serio. Eso me formó.
La mente de un hombre debe amueblarse de forma tal que cuando ese hombre opine, su opinión tenga sustancia. Un hombre debe aprender a argumentar, a ganar una discusión sin violencia, con argumento. Dejar de pensar como niño es dejar de entender que este mundo es un mundo de fantasía. La realidad necesita hombres que piensen como hombres. La conducta de un varón debe anunciar madurez, disciplina, compromiso, rectitud, sentido de utilidad. La vida no es un juego. Me gozo en ver varones luchando por el oro, haciendo cosas que quizás no quisieran hacer, pero saben que le hace bien a su iglesia, a su familia, a su sociedad.
Tarde o temprano un hombre va a tener que disciplinarse para hacer lo que hay que hacer cuando hay que hacerlo. Un hombre sabe que necesita ahorros, porque el ahorro te evita la vergüenza. Sobre todo, varonilmente se conforma al diseño de Dios para un varón, que es ser cabeza. Aunque no seas esposo ni pastor, debes ser un varón. Y un varón tiene la vocación de ser principal: conocer las Escrituras, poder asumir responsabilidad por otros, representar a la iglesia local, poder nutrir y cuidar de otros.
Estéfanas, Fortunato y Acaico: hombres que resuelven
Dice Pablo: «La familia de Estéfanas es las primicias de Acaya, y ellos se han dedicado al servicio de los santos.» Aquí hay un hombre que encabeza un proyecto familiar y lo dirige a que sirvan a Cristo. Qué hermoso es un hombre que involucra lo suyo en el servicio del Señor, que tú lo ves con su esposa y sus hijos sirviendo a Cristo. Y añade: «Os ruego que os sujetéis a personas como ellos, y a todos los que ayudan y trabajan.» El sueño de un hombre piadoso es que su familia entera sirva a Cristo.
«Me regocijo con la venida de Estéfanas, de Fortunato y de Acaico, pues ellos han suplido vuestra ausencia, porque confortaron mi espíritu y el vuestro.» Su nivel de conocimiento de la iglesia era como tener la iglesia completa. Qué hermoso es un hermano que conoce los detalles de su iglesia a un punto tal que puede representarla bien: la visión, la doctrina, las necesidades. El pueblo del Señor necesita unos cuantos Estéfanas, unos cuantos Fortunatos y unos cuantos Acaicos: hombres que puedan representar a la iglesia. Pablo llama a que se les reconozca. Iglesia, tómese la tarea de que cada vez que un varón haga algo para el Señor, sea el primero que lo destaque.
El evangelio retorna al diseño de Dios
El evangelio retorna todo al diseño de Dios. Nosotros venimos a Cristo muy maltratados, muy desfigurados en nuestro diseño. Las hermanas vienen con referentes incorrectos, los varones vienen con referentes incorrectos. Pero cuando venimos a Cristo, el evangelio lo corrige todo. El evangelio no anula nuestra masculinidad; permite que nuestra masculinidad se exprese tal cual Dios la diseñó, para la gloria suya y el beneficio de su iglesia.
Me gozo de ver en esta iglesia a hombres entrados en años, incorporados, comprometidos, resolviendo cosas. Y me gozo en ver jovencitos que ya le van tomando amor a la iglesia del Señor, que quieren poner la mano en el arado. Démosle cancha a Timoteo, démosle cancha a Pablo y también démosle cancha a Apolos. Sobre todo, hermanos, sigan cultivando el criterio.