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Los hombres en la vida de la iglesia

1 Corintios 16:10-18

Casi siempre se trata la masculinidad en el ámbito doméstico, pero Pablo les habla a los corintios de la masculinidad en la vida de la iglesia. Desde Timoteo hasta Estéfanas, se muestran varones diversos que glorifican a Cristo con criterio, madurez y vocación de servicio.

Predicado11 de agosto de 2024
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Acompáñenme a los últimos versículos de la carta de Pablo a los corintios, para mostrar desde aquí cómo se ven los hombres en la vida de la iglesia. Es primera carta de Pablo a los corintios, capítulo 16. Estaré leyendo desde el versículo 10. Advierto que cuando leo el texto parece una lectura inconexa, que no hay un sentido claro de cómo llegamos hasta aquí. Esta parte ya no es el grueso de la carta de Pablo, sino la parte final. Y uno dice: ¿hay algo que podamos aprender de los saludos de una carta, de la parte incidental de la carta? Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para redargüir.

Aun las partes más anecdóticas de la palabra del Señor tienen gran provecho para la iglesia del Señor, de forma tal que yo no quisiera que a mi Biblia le falte un solo versículo, pues siento que me estoy perdiendo de algo. Entonces, en estos versículos finales de la carta de Pablo a los corintios hay mucha sabiduría y muchas cosas en las cuales podemos encontrar edificación para la iglesia del Señor.

Al leer estos textos algo me llamó la atención, y es que nunca había notado la cantidad de hombres que estaban presentes en la iglesia de los corintios. Normalmente esta iglesia se tiene como una iglesia problemática, como una iglesia inmadura, como una iglesia que necesitaba ser corregida, pero hay virtudes que aquí emergen.

Entre las virtudes que había en la iglesia de los corintios era que era una iglesia que tenía muchos hombres, y que los varones en esta iglesia estaban representando bien a Cristo. Y que cuando Pablo les escribió, ellos asumieron la labor de obedecer al Señor y tomar la instrucción de Pablo. Comienzo leyendo desde el versículo 10 para mostrar desde aquí a los hombres, cómo se ven en la vida de la iglesia. Dice la Escritura, el apóstol Pablo escribiendo a la iglesia:

Y si llega Timoteo, mirad que esté con vosotros con tranquilidad, porque él hace la obra del Señor así como yo. Por tanto, nadie le tenga en poco, sino encaminadle en paz, para que venga a mí, porque le espero con los hermanos.

— 1 Corintios 16:10-11

Sigo leyendo:

Acerca del hermano Apolos, mucho le rogué que fuese a vosotros con los hermanos, mas de ninguna manera tuvo voluntad de ir por ahora, pero irá cuando tenga oportunidad.

— 1 Corintios 16:12

Van dos hermanos en la vida de esta iglesia. Sigo leyendo.

Velad, estad firmes en la fe, portaos varonilmente y esforzaos. Todas vuestras cosas sean hechas con amor. Hermanos, ya sabéis que la familia de Estéfanas es las primicias de Acaya, y que ellos se han dedicado al servicio de los santos. Os ruego que os sujetéis a personas como ellos, y a todos los que ayudan y trabajan. Me regocijo con la venida de Estéfanas, de Fortunato y de Acaico, pues ellos han suplido vuestra ausencia, porque confortaron mi espíritu y el vuestro. Reconoced, pues, a tales personas.

— 1 Corintios 16:13-18

Estéfanas, un varón. Fortunato, otro. Acaico, otro. Pueden sentarse, mis hermanos.

La masculinidad en la vida de la iglesia

Muestro desde esta porción de la Escritura el lugar de los hombres en la vida de la iglesia. Al predicar hoy no estoy pensando exclusivamente en varones, estoy pensando en la iglesia del Señor. Casi siempre se trata el tema de la masculinidad en el ámbito doméstico; hoy quisiera hablar de la masculinidad, pero en la vida de la iglesia.

Hoy no he venido a hablarle a los varones que están casados. Hoy no he venido a hablarle solamente a los varones. He venido a pastorear la iglesia del Señor y mostrarle a la iglesia la labor vital y necesaria que desarrollan los varones en la vida de la iglesia. Uno mira alrededor y uno dice: ¿dónde están? Están aquí, pero necesitamos notarlos. Quiero mostrar varios ejemplos de hombres y, sobre todo, la necesidad de que los varones, antes de casarse, comiencen a comportarse varonilmente; no solo en la esfera doméstica, en lo matrimonial, en la crianza, en la paternidad, sino que nos comportemos varonilmente en la vida de la iglesia. Esto es liderazgo, madurez, esfuerzo, vocación de servicio y provisión, cuidado de los demás y también honorabilidad.

Recalco que me llamó la atención la cantidad de varones que emergen en las cartas paulinas. Es evidente que el apóstol Pablo tenía a los hombres en mente cuando estaba escribiendo a la iglesia de los corintios. Digo que es evidente, pues solamente así se justifica que un consejo particular como «que se comporten varonilmente» sea incluido en la carta a los corintios. Es evidente que el apóstol Pablo estaba pensando que en esa iglesia había varones, y que del otro lado de la línea, figuradamente hablando, su interlocutor podría ser un interlocutor masculino.

Le pido al Señor que me dé gracia e interés para predicarle a los hombres. Y yo espero que mientras le esté predicando a los hombres, aunque parezca que le esté hablando al aire, al techo o a las paredes, que los hombres aparezcan. Estoy convencido de que una de las mejores cosas que podemos hacer es predicar al varón, y que mientras comencemos a hablarle a los hombres, el Señor puede darnos la gracia de que los hombres comiencen a emerger en la vida de la iglesia. Estamos aquí, pero necesitamos ser notados.

Tengo una carga, y es que yo creo que el varón en la sociedad contemporánea tiene muy poco espacio de reconocimiento. De hecho, yo tengo hasta cierta preocupación por mis hermanos más jóvenes. Vivimos en tiempos donde es peligroso ser varón. Hay pocos referentes masculinos, es una sociedad que tiende a lo femenino. Si un hombre tratara de proyectar su cualidad masculina tal cual Dios la ha diseñado, es casi ofensivo.

Cuando un hombre comienza a comportarse como varón, parece que está haciendo algo inapropiado. Y eso arroja a todo varón joven a ser un poco andrógino, y hasta a asuntos pecaminosos como la homosexualidad y las prácticas que ofenden a Dios. Yo quisiera mostrar que la iglesia es un lugar seguro para ser varón, y que todo varón en la vida de una iglesia debería proyectarse como varón. Y que mientras cuidamos los prejuicios de machismo, de abuso, al mismo tiempo deberíamos celebrar los buenos referentes, porque los buenos referentes son mejores que los malos ejemplos.

Yo quisiera hoy hablarle a mis hermanos y cargarles de una solemne responsabilidad que tenemos delante del Señor: la de ser varones en la vida de la iglesia, de forma tal que sintamos el privilegio de representar a Cristo en nuestro sexo. Reconozco que vivimos en una sociedad peligrosa. Hablo como mis ojos ven la realidad, y veo la realidad y digo que probablemente un adolescente prefiera hoy no ser muy masculino.

Yo quisiera mostrarle a la iglesia que el evangelio lo cambia todo, y una de las cosas que cambia es que nos permite a los varones ser varones y a las hembras ser hembras: glorificar a Cristo con nuestro diseño y al mismo tiempo servir a la iglesia local. Yo quisiera sacar a mis hermanos varones de la indiferencia, mostrarles que somos muy necesarios en la vida de la iglesia, y que Dios nos ha diseñado y nos ha dotado de maneras únicas para edificar a su pueblo. Y que no tienes que ser necesariamente un pastor para, siendo un varón, edificar a tu pueblo.

Timoteo: un obrero útil que no se parece a Pablo

Comenzaré mostrando ejemplos de varones que aparecen en la vida de la iglesia. Comienzo hablando de Timoteo. ¿Quién es Timoteo? Es un obrero útil. Dice el versículo 10: «Y si llega Timoteo, mirad que esté con vosotros con tranquilidad, porque él hace la obra del Señor así como yo». El apóstol Pablo está preparando a la iglesia para que reciba a Timoteo.

Sabemos que la iglesia de los corintios era una iglesia inmadura, y una iglesia inmadura se deja impresionar por los asuntos externos. Lo que sabemos de Timoteo es que Timoteo, con toda seguridad, no era Pablo. Y si aún Pablo recibía cuestionamiento dentro de la iglesia de los corintios, ¿qué será de Timoteo? Pablo está mandando para esta iglesia problemática a un muchacho, y probablemente tiene la aprensión de cómo esta iglesia, con inmadurez, reciba a un obrero que no se parece a Pablo y que es mucho más joven que él.

Hermano, yo quisiera mostrar que uno de los problemas que tenemos en la iglesia para involucrar a los varones son los estereotipos masculinos, donde parece que todo varón debe verse igual. Hay hombres que son explosivos y hacia afuera; hay hombres que son más introvertidos. Hay hombres que son más emprendedores y pioneros; otros son más administrativos y reservados. Pero todo hombre, como varón, debe encontrar la manera de glorificar al Señor y servir a su pueblo. Hermano, no todo el mundo será Pablo; algunos serán Timoteo.

La inmadurez de la iglesia le hace buscar el carisma y las personalidades. Uno de los problemas que había en la iglesia de los corintios es que ellos habían hecho partidos, y entre estos partidos se habían dividido. Unos decían que eran de uno y otros decían que eran del otro. Le dice el apóstol Pablo, en el versículo 11 del capítulo 1:

Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas. Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo.

— 1 Corintios 1:11-12

Cefas era Pedro. Uno de estos problemas en la vida de la iglesia es que la iglesia hacía partidos y buscaba hombres fuertes con los cuales cerrar fila. Y aquí viene Timoteo, que no se parece a Pedro, que no se parece a Pablo, que no se parece a Apolos. Timoteo es Timoteo, pero es un varón que el Señor ha enviado como obrero dentro de su pueblo.

Una iglesia madura aprende a reconocer a los obreros no necesariamente por sus personalidades fuertes, sino principalmente por su llamado y su labor. Es probable que algunos varones de nuestra iglesia no se sientan invitados al ministerio porque ellos dicen: yo no me parezco a los hombres que normalmente entran al ministerio. No; quizás tú seas un poco más discreto, como Timoteo, pero Timoteo también es útil, tanto como Pablo. Probablemente alguien dice: yo tampoco me parezco a Timoteo. Quizás te pareces a Apolos, o a Estéfanas, o a Acaico.

Quiero mostrarles a los varones que hay muchos ejemplos en las Escrituras, y sobre todo tenemos el ejemplo de nuestro Señor. Nuestro Señor, que quizás tampoco era un Alejandro Magno, pero era el siervo sufriente del Dios verdadero. Y este siervo sufriente del Dios verdadero fue aquel que alcanzó nuestra salvación.

Hermanos, no todos los varones de nuestra iglesia serán hombres explosivos; otros serán hombres más discretos. Muchos se parecerán a Timoteo, pero todos son útiles para el Señor. Y hay una gran injusticia que se comete tratando de que todos los hombres se vean iguales. Ahora, hago aquí un crossover para explicar la diferencia: miren a sus hermanas. Entre las damas hay niveles de diferenciación. Hay hermanas que son hacia adentro, otras que son hacia afuera; hay hermanas que tienen una fortaleza, otras que tienen otra fortaleza. ¿Y por qué se espera que todo varón se parezca a Pablo?

Quiero mostrarles que para involucrar a los hombres en la vida de la iglesia tenemos que tener la sensibilidad de que no todos los hombres se parecen, pero todos los hombres deben parecerse a Cristo. Y que el asunto no es fotocopiar a Pablo; el asunto es recibir los instrumentos que el Señor nos está proveyendo.

Las iglesias que se aferran a personalidades evidencian gran inmadurez y se pierden mucha edificación. Si usted está esperando siempre ese líder que reúne el estereotipo, probablemente no reciba el líder que el Señor le está enviando. Si usted está esperando tener en la vida de la iglesia al hombre que tenga las cualidades que emergen en esta sociedad materialista, carnal, sensual, probablemente se pierda el privilegio de tener un hombre como Timoteo. No todos los obreros que el Señor enviará a esta iglesia se parecerán al pastor que hasta este momento ha tenido esta iglesia. Lo importante es que se parezcan a Cristo, que hayan sido llamados y, sobre todo, que sean útiles para la iglesia del Señor.

Conocemos muchas de las objeciones que podían presentarse por Timoteo. Alguien podría decir: Timoteo es muy joven. Es verdad. Sabemos, a la luz de las cartas, que era un hombre al parecer enfermizo, un hombre como apocado, como le llaman en estos tiempos. Pablo tenía que decirle: empuja, Timoteo, no te amilanes, esfuérzate, sé valiente. Pero al mismo tiempo dice Pablo de Timoteo que él sirve a la iglesia tanto como él. Lo más importante en Timoteo no era que se pareciera a Pablo; lo más importante en Timoteo es que amaba la iglesia del Señor y servía a la iglesia tanto como lo hacía el apóstol Pablo.

También conocemos los frutos de Timoteo. Cuando hubo una necesidad en la iglesia de los efesios, el instrumento enviado por Pablo fue Timoteo. Timoteo estableció la doctrina de la iglesia, Timoteo lidió con crisis familiares, Timoteo estableció un ministerio de predicación, Timoteo ordenó ancianos, ordenó diáconos. Era un instrumento poderoso en la mano del Señor. El asunto es que no se parecía a Pablo. Hermano, yo quiero hablarle a los varones y quiero hablarle a la iglesia: no todos los varones en nuestra iglesia se parecen, pero todos pueden ser muy útiles para el Señor, y tenemos que darnos el permiso de recibir a los hombres que el Señor nos está mandando.

Apolos: un varón con criterio propio

He hablado primero de Timoteo, el líder joven que no se parece a Pablo. Hablemos ahora de Apolos, que es como el extremo opuesto. ¿Quién era Apolos? Apolos era un pico de oro, más elocuente aún que Pablo. Era tan fuerte que cuando él continuó el ministerio de Pablo en la iglesia de los corintios, la iglesia de los corintios decía: nosotros somos de Apolos. Era ese líder que a la gente le gusta seguir, pero al mismo tiempo era un líder maduro. Y lo que más me llama la atención del perfil de Apolos es que era un hombre que tenía criterio propio. Dice Pablo de Apolos:

Acerca del hermano Apolos, mucho le rogué que fuese a vosotros con los hermanos, mas de ninguna manera tuvo voluntad de ir por ahora, pero irá cuando tenga oportunidad.

— 1 Corintios 16:12

Bueno, así se ve un varón. ¿Qué representa Apolos? Representa a un varón que tiene criterio propio. Un hombre que no es arrastrado por el viento. Un hombre que tiene un compromiso delante del Señor y que sabe que Dios le mandó a hacer cosas. Y que cuando el apóstol Pablo le rogó a Apolos que fuera a Corinto, ¿saben qué le dijo Apolos? De ninguna manera.

Me llama la atención la razón que él da para no ir. Dice: «de ninguna manera tuvo voluntad de ir ahora». Es duro decirle que no a Pablo. Pero ¿saben qué anuncia eso? Entereza de carácter. Anuncia que Apolos no era un muchacho de mandados, que era un hombre con criterio, que era un hombre ocupado, que era un hombre maduro, que era un hombre que glorificaba al Señor.

Uno de los problemas de este tiempo es que tenemos cantidad de hombres sin criterio. Cantidad de hombres que son como las hojas arrastradas por el viento, que dondequiera que algo brilla o algo se mueve, ahí ellos van corriendo. Qué hermosos son varones como Apolos, que cuando le sugieren algo, él dice: yo tengo que buscar el rostro del Señor y la dirección del Señor para mi vida, y hacer la voluntad de Dios para mí. «Apolos, pero es Pablo el que te está llamando». Es que Pablo no es Dios. Apolos es un hombre que tiene criterio.

Me llama la atención que él no intentó dar excusas para evitar presentarse. Le dijo a Pablo: no voy, y ya. «Apolos, pero ¿qué pasa? ¿Cómo que no va?». No. Ve tú. Ah, hermano, eso se llama criterio. Y cuánta falta hace en la sociedad un hombre que tenga criterio.

¿Has visto a este hombre que siempre es mangoneado por alguien? Por un compadre, por un amigo, por un líder; que cada vez que alguien grita, ahí está: «me llamó fulano». No. A mí Dios me llamó y él me habla. Y no es que Apolos se esté enfrascando en un problema con Pablo; es que Pablo también tiene un Dios en el cielo que le está usando. Se llama criterio.

Y es un asunto sumamente necesario desde la adolescencia. En la adolescencia un muchacho tiene que comenzar a cultivar criterio. Que cuando la gente dice «a la izquierda», él no marche a la izquierda. «Vamos a la derecha». ¿Y por qué? «No, que ahora nos vamos todos juntos». Váyanse ustedes adelante, que yo los alcanzo.

Apolos no creó una falsa expectativa de que pronto iría y al final canceló. ¿Han visto a este hombre que dice «yo voy a ver, lo voy a intentar»? Yo leía ese asunto y yo me decía a mí mismo: Rafael, tú tienes que ser como Apolos. «Rafa, mira que ahí está el proyecto para que participes». No, que esto es muy complicado; yo no quiero participar en eso, no me siento llamado por Dios a hacer eso ahora mismo. Háganlo ustedes.

Varones de esta iglesia, tenemos que cultivar criterio. La sociedad pide a gritos hombres que tengan alguna intención, que sepan para dónde van, y que cuando otros hombres le digan «a la izquierda», ellos digan: a la izquierda no. Esta sociedad está como está porque no se han aparecido unos cuantos Apolos que le digan a la sociedad que por ahí no es, y que le digan a su familia: nosotros no vamos.

Apolos no sintió que su relación con Pablo estaba en juego si no iba. Eso se llama manipulación. «Ay, que me llamó Pablo y yo no quiero decirle que no a Pablo, porque Pablo es el apóstol de Jesucristo». Pero Jesucristo es más grande que Pablo, y si Cristo te mandó a hacer otra cosa, haz otra cosa. Yo me gozo en ese varón que, cuando la gente le pide cosas, aún cosas que parecen correctas, él dice: eso es correcto, pero no es correcto para mí. ¿Y por qué no voy? Porque estoy haciendo otra cosa, Pablo. Denle ustedes. Mira a ver si Timoteo está disponible; mándalo a él.

El hombre que sabe decir que no

No es que quiero prejuiciar a los varones, como que se vuelvan hombres negados, poco dispuestos; no es eso. Quiero decirles a los varones que necesitamos tener criterio. Y vivimos en tiempos en que cuando yo le pido una cosa a un varón y ese varón me dice con entereza que no, yo lo celebro. «Hermano, mira, yo necesito que tú me ayudes con eso, ¿tú me puedes ayudar?». «No, mira, esa semana yo no puedo, y quizá tampoco pueda la otra, quizá la de arriba». Por dentro, hermano, a mí me da cierta alegría. Tristeza me da un hombre que siempre dice que sí y nunca hace nada.

«Fulano, tú puedes». «Sí, cuenta conmigo». Fulano, ¿dónde está fulano? ¿Llegó fulano? ¿Alguien lo ha visto? No, no llegó. Apolos no es un hombre que dice «se me complicó»; es un hombre que sabe decir que no.

Aun en lo ministerial, hermano, hay que evitar esa manipulación de que porque te lo pidió un líder, tú tienes que correr. Es cierto: si tú tienes un pastor, si el Señor ha puesto líderes sobre ti, trata de ser sensible y sujetarte a tu líder, pero sobre todo sujétate a Cristo. ¿Qué es lo que Dios quiere que se haga? Porque a veces está ese hombre en una familia que tiene que cuidar el alma de los de su casa y decirle a la familia: miren, esa gente va por ahí, pero por ahí no es que el Señor nos está conduciendo. Eso no es lo que Dios quiere que se haga. Y para eso hace falta tener criterio.

Estoy hablando de hombres en la vida de la iglesia, hermano, pero creo que no abuso al decirles que eso ayuda en el matrimonio, ayuda en el trabajo y dondequiera. Qué triste es un hombre que trata a su jefe como si ese jefe fuera Cristo. ¿Han visto a este hombre al que le gustan las figuras de autoridad? «¡Don Fulano me llamó!». Dígame, Don Fulano. ¿Cuándo? Vamos a ver si la semana entrante, y si no, no se puede. Es que ese hombre tiene criterio.

En esta sociedad hacen falta hombres que soporten la presión. «No, que todos los amigos van y nosotros no podemos quedarnos». ¿Y por qué no podemos quedarnos? Para servir a Cristo hace falta criterio. Yo no conozco a nadie que haya hecho grandes cosas en los caminos del Señor sin tener criterio. Es una persona que sabe elegir qué cosas sí y qué cosas no. Y cuando él dice no, es no. Y dice la Escritura que nuestro sí sea sí y nuestro no sea no.

Es interesante que Pablo no está difamando a Apolos. No dice: Apolos, ese malvado, yo le dije que fuera a ustedes y no quiso ir; no se sujetó a mí; y si él va por allá, no lo reciban. No. Él está hablando de Apolos de manera positiva. Escuchen el término que usa Pablo: «acerca del hermano Apolos». Hermano Apolos. No lo está difamando. «Acerca del hermano Apolos, mucho le rogué que fuese a vosotros». Oigan: el apóstol Pablo mucho le rogó a Apolos que fuera con los demás. ¿Y saben qué dijo Apolos? Que no.

Cada vez que un hombre se incorpora en la sociedad y deja de tenerle temor al hombre, y dice que no, y dice que no, y dice que no de manera consecuente, y le dice que sí a las cosas correctas, la iglesia camina mejor, la sociedad camina mejor, todo camina mejor. Y cada vez que un hombre se deja narigonear por la corriente de este mundo, por un jefe, por una institución, por un amigo, por un compadre, por una idea, a la sociedad le va mal. Mucho de Apolos, hermano, mucho de Apolos nos hace falta.

Vuelvo y clarifico, hermano: no estoy diciendo que cuando tu iglesia te necesite, tienes que decir que no. No es eso. Lo que te estoy diciendo es que cuando tú digas que sí, que tu sí sea sí; y cuando tú digas que no, que tu no sea no. Y que tú puedas decir un no sin sentirte manipulado, sin sentir que estás violando un código. Eso lo he visto yo en el ambiente eclesiástico: siempre hay un líder viejo que tiene líderes jóvenes, y esos líderes jóvenes nunca pueden decir que no porque están como violando un código. Qué código ni código. Él dice que no porque él también tiene criterio. Y si no ejercitamos el músculo de que los varones aprendan a decir que no, le van a estar diciendo que sí a toda cosa, y cada vez que algo brille, sí, sí, sí.

Pongo yo palabras al corazón de Apolos: cuando el Señor me dirija a mí a hacerlo, yo lo hago. «Mucho le rogué que fuese a vosotros con los hermanos, mas de ninguna manera tuvo voluntad de ir ahora». Escuchen el término de Pablo: no tuvo voluntad, él no quiso ir. No es que estaba enfermo, no es que tenía una yunta de bueyes, no es que estaba muy complicado: no tuvo voluntad de ir ahora mismo. Pero irá cuando tenga oportunidad.

Hermanos varones, yo me gozo cada vez que un varón toma una decisión con criterio, y hablo con cuidado aun cuando yo no la comparta. Cuando un varón me dice: pastor, yo vi esa decisión y yo creo que eso glorifica al Señor, me siento dirigido por el Señor y voy a caminar por ahí, siempre y cuando no sean cosas pecaminosas, hermanos, regularmente lo celebro. Porque hace falta que se ejercite el músculo de la masculinidad con criterio, de varones que sepan decir que no o decir que sí, y que no sea siempre un asunto de que estamos temiendo a alguien.

Apolos no le tenía miedo a Pablo. Y Pablo no veía a Apolos como si Apolos fuera un muchacho, ni siquiera a Timoteo, que en lo físico podría serlo. El liderazgo de Pablo, al mismo tiempo, aparece aquí como un liderazgo muy saludable. Yo no creo que un pastor llamado por Dios tenga que estar presionando a la gente, manipulándola, para que la gente haga lo que tiene que hacer. No, hermano: yo siento que el Señor nos va dirigiendo por ahí, yo quisiera que tú me ayudes, que hagamos lo que el Señor quiere hacer, pero ten criterio.

El criterio en la vida práctica

Yo creo que cuando los varones tenemos criterio somos aún más útiles a la iglesia. ¿Cuántas cosas un varón dice que sí y después como que no se sabe? ¿Han visto a esta gente que tú no sabes si te dijo que sí o te dijo que no? Siempre se dice: él me dijo que sí, pero en su rostro yo sentí como un no. Sí o no, como Apolos. Aunque te lo pida Pablo. Es sumamente valioso un hombre con criterio.

Hay algunas razones. Un hombre con criterio propio posee una actitud que es deseable en el matrimonio. ¿Cuáles son los hombres que no se casan? Los hombres que siempre están respondiendo a un entorno familiar que no permite que él haga cosas. Él dijo que se va a casar, denle. Él dijo que ya él buscó el rostro del Señor. Yo le pregunto a mis hermanos varones frecuentemente: ¿tú oraste?, ¿te dirigiste?, ¿crees que eso glorifica al Señor? Silba el pueblo, dale hacia adelante. Porque él tiene que tomar sus decisiones con criterio. No: yo estoy esperando; levanten la mano los que están de acuerdo; los que no, vamos al concilio de Jerusalén a ver si Apolos va o no va. Apolos ya dijo que no va; no cuenten con él, llamen a otro.

Desesperan los hombres sin criterio. Me pongo en el lugar de las hermanas: miren, eso puede ser atractivo para una mujer inmadura durante un tiempo, pero cuando tú sientes que estás en la mano de un niño que no sabe si va a caminar o quiere doblar a la derecha, eso desespera a cualquiera. Y yo creo que nuestras hermanas quieren hombres en su casa, y que la iglesia quiere hombres en la vida de la iglesia.

Un hombre con criterio propio soporta la presión social, la vanidad, la superficialidad, los vicios. Tarde o temprano alguien te va a ofrecer algo y tú vas a tener que decirle: no, yo no. ¿Y por qué tú no? Pero todos lo estamos haciendo. Yo no. Denle. «Es que él es muy piadoso». Aun antes de ser piadoso, es una persona con criterio. Porque hay gente que no es piadosa y también dice que no. ¿Han pensado en eso? Uno quiere llevarlo todo como a lo espiritual, como cosas un poco místicas, aéreas. «No, es que él es un hombre de Dios y por eso dijo que no». Él es un hombre de Dios, pero también es un hombre con criterio.

Es un hombre de Dios con criterio, porque hay hombres de Dios que no tienen criterio. Él lo tiene, se destaca. De hecho, yo creo que como iglesia deberíamos apoyar eso: cada vez que vemos a un hombre incorporarse, excelente, hermano. Un hombre con criterio propio no es manipulable. Un hombre con criterio propio es confiable.

Apolos tenía agenda, era un hombre ocupado. Dice: «irá cuando tenga oportunidad». Hermoso es un hombre que tiene cosas que hacer, cosas valiosas, que dice: mira, yo puedo dejar de hacer algo valioso para hacer eso, pero no es que yo esté desocupado; yo tengo cosas que hacer, no tengo oportunidad ahora mismo, pero puedo tenerla mañana. Y si eso realmente vale la pena y ustedes me esperan dentro de tres semanas, podría hacerlo.

Ay, hermano, eso a mí me ha dado una paz en estos últimos años. Yo era el tipo de persona que a todo lo que era ministerial le decía que sí. Rafael, aquí sí; aquí sí. Fallo de vez en cuando todavía; a veces el cariño, el afecto me traiciona. Pero qué hermosa una persona que dice: no, denle ustedes.

Yo sentí que me gradué cuando un líder fuerte que yo admiro me estuvo insistiendo en que me matriculara en una maestría, y yo le dije que no. Una conversación de casi una hora, hermano. Y yo creo que hasta se dañó un poco la relación. Yo acababa de terminar dos años de maestría. Yo tengo tiempo, pero no tengo disponibilidad de tiempo ahora mismo; estoy muy cargado de cosas de mi iglesia y estoy puesto como los caballos para mi iglesia local. No es el momento de estudiar. «Pero Rafael, es una oportunidad en la vida; si hay dinero lo que hace falta, vamos a buscarlo». Es que yo no me siento dirigido por el Señor a inscribirme en esa maestría.

Y vi a amigos queridos míos haciendo la maestría. Y cuando los vi a todos ellos haciéndolo, pude sentir como la presión de: ay, me lo estoy perdiendo. Pero después también sentí la entereza de decirme a mí mismo: Dios no me estaba dirigiendo a mí en ese sentido. Pasaron los años, hermano, y he visto el fruto de haberle dicho que no a esa oportunidad de estudio. Un hombre ha de tener criterio; no puede ir donde va todo el mundo. Le insistieron a Apolos y Apolos dijo que no.

He hablado de Timoteo y he hablado de Apolos. Timoteo era el líder que no se parecía a Pablo, ni a Apolos, ni a Pedro, pero era útil; no conformaba el estereotipo de una iglesia como la de Corinto, pero era el instrumento que la iglesia necesitaba. Apolos, un varón con criterio, que aun al apóstol Pablo le supo decir que no. Y quizá le dijo que no a Pablo porque le había dicho que sí a Cristo en otras áreas.

«Portaos varonilmente»

Miren ahora la iglesia de Corinto. ¡Cuánto se habla de la iglesia de Corinto, hermano! Pero qué iglesia más hermosa, con varones. En esta iglesia hay cantidad de hombres incorporados, con criterio propio, laboriosos, que hacen la obra tanto como Pablo, que están puestos para su iglesia. Evidentemente Pablo estaba pensando en ellos. Dice en el versículo 13: «Velad, estad firmes en la fe, portaos varonilmente». Escuchen: a la iglesia, porque él entiende que del otro lado hay hombres que están atentos y están al tanto, él está diciendo: portaos varonilmente. Iglesia en Corinto, ustedes tienen que caminar, tienen que echar para adelante, pero los varones tienen que comportarse varonilmente.

Es interesante que no está hablando aquí de la esfera doméstica, de la esfera familiar; le está hablando de la esfera eclesiástica. Le dice: hombres en la iglesia, varonilmente. Yo he escuchado exposiciones de este texto muy sentidas y valiosas que hablan de la masculinidad en el contexto doméstico, pero esto no es doméstico, es eclesiástico, en la vida de la iglesia. Y quizás asumir en nuestra comunicación que hay varones nos acerque a que esos varones quieran hacer lo que el Señor quiere que hagan.

No es que me rasgue las vestiduras, pero yo siento que las iglesias evangélicas se han vuelto demasiado femeninas, como que son para mujeres. De hecho, yo me pregunto si un hombre joven va a ver la vida cristiana como algo interesante. Hasta los ritmos musicales. Ay, hermano, por favor, cuando hable de ritmo, no piensen que es un asunto contrario a algo; eso no está malo ni bueno, lo que le digo es que son señales. Pero los ritmos musicales son ritmos introspectivos, y todo como un asunto rosado, tan femenino. Y yo digo: un hombre varón, ¿se sentiría identificado con eso? Yo vengo de unos contextos de iglesia donde todo era como femenino: unos cortinajes rosados, unos pañitos bordados. Las mujeres lo hacían todo y los hombres estaban ahí, como puestos, como si fueran la cerámica de la vitrina.

Que el varón se sienta implicado

Hermano varón, incorpórate como varón. Trata de que en tu iglesia se sienta también el diseño de Dios para la masculinidad. No es que dominemos el asunto, pero queremos estar presentes, queremos ser notados aquí, queremos sentir que estamos incorporados, que nosotros también estamos representando.

La música cristiana contemporánea es como un asunto hecho para mujeres. Yo escucho canciones, hermano, que yo no puedo cantar con limpia conciencia. Las canciones parecen novelas turcas: siempre «mi amado», y tú sientes como… Y hace rato que yo no oigo a los hombres en la iglesia cantando a viva voz, con entonaciones de varones. Los líderes musicales cristianos aparecen hasta medio femeninos, desde su estética hasta sus voces. No puede ser que solo sean falsetes; así no, hermano.

Entienda que un varón, un varón joven sobre todo, necesita sentir que esto hace sentido para él, y que aquí hay ciertamente elementos de masculinidad expresados. Que no todas las cosas son pañitos bordados, que no todas las cosas son esos asuntos musicales hacia adentro. Yo recuerdo de antes a los varones incorporados, con su himnario en la mano, marchando hacia la guerra. Al día de hoy nadie marcha hacia la guerra; todo el mundo está esperando al amado, siempre tan cariñoso. Y sí, yo sé que es verdad, pero cada cosa en su lugar. Tiene que haber un espacio para que un hombre se sienta identificado en la iglesia del Señor. Prediquemos pensando en ello, ilustremos de forma tal que se sientan implicados.

De hecho, la vida cristiana está llena de retos. Un hombre está llamado a tener un ánimo de conquista, competitivo, de ir hacia adelante. Si todo es pasivo, entonces pareciera que no hay lugar para los hombres, porque un hombre necesita accionar cosas.

Reconozcamos cuando los hombres están aquí. No es que volvamos esto a un asunto sensual; no, hermano, el Señor nos cuide, jamás. Pero cada vez que usted ve a un hombre que llegó a la iglesia: wow, qué bien, me gusta que en mi iglesia haya varones. Díselo. Porque imagínese que aquí no existieran mujeres: cada vez que llegara una, los hombres estaríamos diciendo, wow, qué bueno, están llegando mujeres. Si usted ve que hacen falta hombres, y ve que llega un varoncito y se va incorporando, dígalo: mi amor, usted es un varón, glorifica al Señor, es hermoso.

Y cuando usted vea a los niños con actitudes varoniles, celébrelo. De hecho, a mí me gusta ver unas camadas de jovencitos varones que se ven masculinos. Esos muchachos se ven como varoncitos y uno dice: ¡oh, hermano!

Que no haya espacio para otras cosas. «No, que son expresiones artísticas». Yo he visto varones haciendo… no, que son danzarines. Así no, hermano: ropa brillante, cosas de color. Es tu pastor el que te pone las cosas así para que sea claro. Hay cosas que no son ni malas ni buenas, pero podrían ser usadas y darle lugar al diablo. Me dijo un pastor que en su iglesia los varones querían también estar entre los danzarines, y primero lo puso y después tuvo que pararlo, y me dijo: ahora les estoy enseñando danza judía, que se mueve para acá y se mueve para allá. Un hombre sabio se dio cuenta de que en aquella danza había una cosa, y dijo: no, así no, mi amor; mira, como los judíos, para acá y después para allá.

Actuar varonilmente en la iglesia requiere evitar los malos ejemplos. No asumas que tú sabes hacerlo. Quizás si a ti te dicen «compórtate varonilmente», tú vas a pensar en tu abuelo, y tu abuelo quizás no se estaba comportando varonilmente en los términos que Cristo espera que tú lo hagas. Quizás vas a apelar a tu papá, y quizás tu papá no es un buen ejemplo. Quizás ves a los tigres de por tu casa y dices: eso es, uno tiene que ser como el muchacho de por la casa. Eso no es. Compórtate varonilmente en los términos que ha indicado el Señor: una masculinidad que glorifica a Cristo. Y en la iglesia local estoy hablando, hermano. Recuerden que estos textos casi siempre se enfocan a lo familiar, y no es lo familiar, es lo eclesiástico.

Varonilmente es dejar las actitudes de niño

¿Qué es varonilmente? El mismo apóstol Pablo, escribiéndoles a los corintios, habló de lo que era un niño. Y dice él:

Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.

— 1 Corintios 13:11

Un creyente en su iglesia local que comienza a comportarse varonilmente hace lo contrario a como se comporta un niño. Estoy mostrando que varonilmente no es necesariamente el ejemplo que tú tienes en tu casa, ni el ejemplo que tú tienes en el barrio, sino comportarte varonilmente en los términos que el Señor ha señalado. Y una característica de convertirte en un varón según el diseño de Dios es dejar las actitudes aniñadas.

Hay un asunto importante, hermano, cuando un varón deja de ser niño. En los tiempos de antes, en el campo, los muchachos usaban pantalón corto y los varones pantalón largo. Le bajaron el pantalón: ya tiene el pantalón largo, eso ya no es un niño. En la sociedad ya no existen los códigos para decirles a los varones adolescentes: eh, ya no te luces. Decían en el campo: no, ya ofende. Son códigos que te están diciendo: ya no, niño, ya ofende. El muchacho crecía en el entorno doméstico y femenino, pero llegaba un momento en que era puesto al lado y le decían: espérate, ya no te luces, ya hay otros códigos, deja de ser niño.

Varonilmente es lo contrario al aniñamiento. Hablaba, pensaba y jugaba como niño, pero cuando fui hombre comencé a comportarme como hombre. ¿Y cómo me comienzo a comportar como hombre, pastor? ¿Qué es lo que hago? Bueno, tú eras un niño, ya tú eres un adolescente. Ya hay señales de que no eres el niño que eras antes.

Tu forma de hablar debería anunciarlo. La conversación de un hombre en su iglesia debe ser una conversación sustanciosa, madura, no los disparates del muchacho. ¿Has visto a este adulto que siempre está como en los mismos jueguitos del muchacho, y que toda su aproximación a la vida pública y social es como un jueguito? No puede ser que siempre estemos jugando. Hermano, yo entiendo, hay un espacio para el humor, hay un espacio para la chercha, hay un espacio para la distensión, pero también debería ser que cuando un hombre habla, ahí hay un hombre que habló, se va sintiendo el peso en sus palabras. Vamos a tener que enseñarlo, porque se ha perdido mucho.

Muchachos que pasan de quince años: cuando él habla, él quiere que la gente lo mire. Hermano, yo aprendí eso tarde, pero me di cuenta de que hay una manera de hablar como hacia adentro, con tonos femeninos. Yo aprendí que cuando yo hablo, yo quiero que la gente me mire. ¡Saludos! Habló un hombre. ¡Buenos días! Se siente cierto peso, y no es algo de poner la voz gruesa; es ponerle carácter a tus palabras.

Agradezco haber tenido una iglesia local, porque mi iglesia local me tomó en serio como varón. La primera institución que a mí me tomó en serio fue una iglesia. Cuando en mi iglesia local yo, siendo un adolescente, hablaba, mis hermanos me tomaban en serio. Ellos entendieron que ya él no es junior, el niño; él es un muchacho que se está proyectando y tiene deseo de servir al Señor. Y en mi iglesia local, cuando yo hablaba, mis hermanos me atendían y me tomaban en serio, comenzando por mi pastor.

Vamos a tomar en serio a los varones. Un muchacho de diecisiete años ya no está para estar jugando. Ya cuando el muchacho dice algo, se comprometió. Entre los judíos, la palabra de un muchacho de trece años ya era firme. Se entendía en los tiempos atrás que un hombre hablaba con su palabra, que un hombre te miraba a los ojos y te daba la mano, y eso era. Un hombre. Un hombre habló.

Hermanos, como varones tenemos que comportarnos varonilmente, dejando de hablar como niños. ¿Estás viendo que siempre quieres ser como el payaso de la fiesta? Hay un momento para relajarse, hay un momento para hacer un chiste, pero no puede ser que toda tu aproximación sean payasadas. Cuando era niño, los jueguitos, las payasadas; pero cuando fui hombre, ya yo hablaba como hombre.

La mente de un hombre. Dice: pensaba como niño, y ahora pienso como hombre. La mente de un hombre debe amueblarse de forma tal que cuando ese hombre opine, su opinión tenga cierta sustancia. Un hombre debe aprender a argumentar, a ganar una discusión sin violencia, con argumento. Y eso se ejercita: la retórica, la prestancia, el estudio, la sustancia. Deja de pensar como muchacho; piensa de forma tal que la gente diga: wow, mira ese muchachito cuando opina, habla como un hombre. Sí, porque piensa como un hombre. No es que hable con la voz gruesa; es que él realmente tiene su mente amueblada de forma tal que ya no piensa como niño.

El niño vive en un mundo de ilusiones; lo que tiene un hombre es que entiende que este mundo es real. En este mundo las cosas no son ideales. Hay hombres de cuarenta años que todavía están diciendo: si yo hubiera nacido en tal familia. Este mundo no es ideal. La vida no tiene aire acondicionado. En este mundo hay sufrimiento, hay injusticia, hay cosas que no deberían haber sucedido, pero sucedieron. Y actuar como hombre es dejar de pretender un mundo de ilusiones.

¿Han visto a estos varones de veintisiete años que esperan que todas las cosas giren en torno a ellos? Ahora todo es un derecho: ¡yo tengo derecho! Compórtese varonilmente. En este mundo hay que tener cierta entereza y endurecer el cuero para que usted salga adelante. Este mundo no gira alrededor de ti. Dejar de pensar como niño es dejar de pensar que este mundo es ideal.

Y a los adolescentes a veces yo les hablo, hermano, y algunos se me han asustado, se me han generado problemas. Recuerdo a un muchacho ya mayor de edad a quien yo le dije: mira, yo veo las cosas y me doy cuenta de que tu papá parece que no quiere hacer algo por ti, y tú vas a tener que echar para adelante. Yo vivo regalando cursos, dando entrenamiento a muchachos jóvenes, y a todos les doy el mismo discurso. Les digo: mira, esta es un área donde tú puedes ganarte la vida. Un hombre debe aprender a ganarse la vida. Mañana tú vas a querer casarte, vas a querer enamorarte, vas a querer buscar una muchacha y vas a querer poder comprarle un helado. Tú vas a querer dejar de andar a pie. Y tú debes proyectarte como varón de forma tal que puedas sostener una casa.

Y le dije eso a uno y se ofendió. Hay varios que se han ofendido. Es como: ay, que me están diciendo que las cosas no son ideales. No, no son ideales. En este mundo un varón tiene que pensar como varón y echar para adelante. Ponte en tu estudio, ponte en tu trabajo. No todo el mundo va a estudiar; yo lo mando para Infotep. No todo el mundo tiene que ser profesional, pero tienes que tener un oficio, ganarte la vida. Yo veo a los muchachos que les gusta el dinero desde temprano: sí, que te guste, pero de la manera legítima. Vamos a trabajar.

Dejar de pensar como niño es dejar de entender este mundo como un mundo de fantasía. Esto no es fantasía, esto es realidad. Y la realidad necesita hombres que piensen masculinamente, que deben ir pensando por delante. Pues yo veo a las muchachas que se van proyectando y los muchachos están todavía como pensando en el mundo de la ilusión. «Dejé de pensar como niño», decía el apóstol Pablo.

Dice también: «jugaba como niño». La conducta de un hombre debe anunciar madurez, disciplina, compromiso, rectitud, sentido de utilidad. La vida no es un juego. Te das cuenta de que un hombre todavía es niño porque solamente hace cosas que le son cómodas. Yo me gozo en ver varones que están luchando por el oro, haciendo cosas que quizá ellos no quisieran hacer, pero saben que le hacen bien a su iglesia, le hacen bien a su familia, le hacen bien a su sociedad.

Qué bonito un hombre que dice: ¿te gusta tu trabajo? No me gusta, pero aquí es que me gano el sustento. No: yo voy a renunciar porque mi trabajo no me gusta, me picaron un ojo. Qué bonito un hombre que dice: ya esto no es un juego; yo sé que me dolió, pero vamos a darle. La conducta de un hombre debe anunciar su madurez.

Tarde o temprano un hombre va a tener que disciplinarse para hacer lo que hay que hacer cuando hay que hacerlo. Y si tú no fuiste disciplinado en un momento de tu vida, vas a tener que aprender disciplina ahora, y saber que la indisciplina cuesta mucho, sobre todo en dignidad. ¿Ha visto un hombre que pierde dignidad, que está en la mano de otro, que lo pone a saltar y a brincar? ¿Sabe por qué? Porque no hizo a tiempo lo que había que hacer.

Un hombre sabe que necesita ahorros, porque el ahorro te evita la vergüenza. Bonito un hombre que dice: yo sé que hay que tener sus dos, tres pesos guardados, porque mañana va a haber un momento duro y yo no quiero tener que llamar a mami o a manita. Manita, mira, que no puedo pagar la casa, a ver si tú me ayudas. O a un amigo. Bonito un hombre que dice: no, mi amor, hay que ahorrar; no podemos salir ahora, hay que ahorrar, porque hay que tener un fondo de emergencia para mañana. Son actitudes varoniles. ¡Dejar de jugar! Perdóname, hermano, si yo me entusiasmo con toda esta cosa, pero creo necesario mover a mi pueblo al respecto.

Sobre todo, varonilmente se conforma al diseño de Dios para un varón, que es ser cabeza. Y aunque tú no seas un esposo, aunque tú no seas un pastor, tú debes ser un varón, y un varón tiene vocación de principal. Vocación significa conocer las Escrituras, poder asumir responsabilidad por otros, representar a la iglesia local, poder nutrir a otros, poder cuidar de otros.

Me gocé esta semana que pasó por aquí alguien que venía a verme a mí; no me encontró, y yo tampoco sabía que la persona venía, y me dijo: no, encontré a tal hermano de la iglesia y me reuní con él y me dio unos cuantos consejos. Habló de él como si fuera… yo me sentí tan bien, hermano. Apareció un varón que tiene la capacidad de recibir a alguien que tiene una necesidad y darle un consejo, de hablarle con propiedad, como un cristiano. Porque casi siempre hay que mandárselo a un hermano para que lo aconseje. Pero ¿ven qué es lo que pasa? Y habló, y él se abrió ante el varón, y ya no hubo que hablar con el pastor. Yo hablé con él. Hermano, yo me sentí tan bien.

Es sentir que hay varones en la iglesia que tienen prestancia, que pueden decirle a una persona: la palabra de Dios dice. Uno escucha a un varón diciendo «la palabra de Dios dice», y eso es algo que glorifica al Señor. Eso es varonilmente.

Estéfanas y los hombres que sostienen la iglesia

El versículo 15 al 16 habla de otro varón, Estéfanas. Dice:

Hermanos, ya sabéis que la familia de Estéfanas es las primicias de Acaya, y que ellos se han dedicado al servicio de los santos. Os ruego que os sujetéis a personas como ellos, y a todos los que ayudan y trabajan.

— 1 Corintios 16:15-16

Aunque el nombre parece femenino, es varón. Aquí hay un hombre que encabeza un proyecto familiar y lo dirige a que sirvan a Cristo. Qué hermoso es un hombre que involucra lo suyo en el servicio del Señor, que tú lo ves con su esposa y sus hijos sirviendo a Cristo. Y habla de la familia, escuchen: de la familia.

El sueño de un hombre piadoso es que su familia entera sirva a Cristo. Sentir que tus hijos, tu esposa, tus hermanos, tus padres, que sirvamos al Señor. Sentir que tu familia puede ser usada por el Señor para edificar a su pueblo. Hermoso. Gloria al Señor por Estéfanas. Estéfanas, un aplauso desde el siglo XXI. Que haya algún Estéfanas entre nosotros que diga «yo también»; que haya un Apolos, un Timoteo.

Termino con el 17 al 18, hermano. Tres hombres se mencionan:

Me regocijo con la venida de Estéfanas, de Fortunato y de Acaico, pues ellos han suplido vuestra ausencia, porque confortaron mi espíritu y el vuestro. Reconoced, pues, a tales personas.

— 1 Corintios 16:17-18

Tres varones. Ya hay un prejuicio con las mujeres, que las mujeres tienen que tener una cuota, que el cincuenta por ciento debe ser… me van a volver loco. Suelten a Pablo. Yo creo que las mujeres de Corinto estaban muy contentas de que sus maridos tuvieran la prestancia de ir a representar a la iglesia ante el apóstol Pablo. Creo que una hermana debería decir: wow, que mi marido está siendo convocado para que sirva a su iglesia local, lo están pidiendo. Acaico, dale, mi amor, que yo cuido aquí mientras tú llegas. Fortunato, que no te detenga nada, ve y reúnete con ellos. Estéfanas, hacia adelante.

Dice Pablo de Estéfanas, de Fortunato y de Acaico, que han suplido vuestra ausencia. Es como: mira, esa gente conoce tanto la iglesia, ama tanto la iglesia, que reunirme con ellos tres es como si yo me hubiese reunido con toda la iglesia de los corintios. Qué hermoso es un hermano que conoce los detalles de su iglesia a un punto tal que él puede representar bien a su iglesia. Es decir: yo conozco la visión de mi iglesia, conozco la doctrina de mi iglesia, conozco las necesidades de mi iglesia, y yo puedo hablar por mi iglesia. Yo siempre he tenido a Edwin al lado mío, hermano, y me gozo un mundo de tener a mi hermano Edwin.

Pero hay muchos otros varones que resuelven cosas en PezMundial; lo que pasa es que casi no se ven. Vivimos en una sociedad donde los hombres siempre están siendo muy cuidadosos de proyectarse, pero esta iglesia tiene hombres que mueven mil cosas y resuelven, hombres que resuelven y que tiran hacia adelante cantidad de cosas.

De hecho, yo me gozo en que cada vez menos del trabajo administrativo y operativo de la iglesia viene a mis manos directamente. ¿Saben por qué? Porque hay hombres con prestancia. Esta semana hubo situaciones, que nos quedamos sin algo, y tres hombres de la iglesia resolviendo: llamamos aquí, llamamos allá. Rafa, ¿te parece? Que resuelvan ustedes, denle hacia adelante, que yo tengo una mano enferma y no estoy muy disponible. Me gozo de que las cosas ya no dependan de mí exclusivamente.

Su nivel de conocimiento de la iglesia era como tener la iglesia completa. Habían confortado el espíritu de Pablo y también el de la iglesia. Dice él respecto de ellos: me regocijo, me alegro, estoy exultante con la venida de Estéfanas, de Fortunato y de Acaico, pues ellos han suplido vuestra ausencia, porque confortaron mi espíritu y el vuestro. Reconoced, pues, a tales personas. Un aplauso a esos hombres que resuelven en su iglesia, que buscan oportunidades, necesidades. Pastor, ¿qué es lo que hace falta? ¿Dónde hay que resolver?

Yo hice un acuerdo tácito con Edwin. Le dije: mira, si va cualquier gente rara un domingo buscándome, tú la atiendes. La iglesia pulula de mucha gente alrededor que siempre dice que quiere buscar al pastor; cosas que unas veces son reales y otras no son reales. Y Edwin le sale: dígame. No, que el pastor, ¿dónde está? Dígame. Una vez vino uno que era un estafador ya conocido en el mundo de las iglesias, un europeo haciendo cosas, y él fue y lo filtró rápido. No, venga, hable conmigo. No, que con el pastor. Yo soy el pastor, le dijo. Y es verdad: que Edwin hable ante una persona que está llegando a la iglesia es como si hablara yo, lo que a mí me descansa un mundo. El pueblo del Señor necesita unos cuantos Estéfanas, necesita unos cuantos Fortunatos y unos cuantos Acaicos, hombres que puedan representar a la iglesia.

El evangelio devuelve el diseño

Parece que esos tres emisarios llegaron ante Pablo desde Corinto y luego volvieron a Corinto. Y lo que Pablo dijo, ellos fueron los primeros que lo ejecutaron. Gloria al Señor, porque ellos alegraron el corazón de Pablo y también el de la iglesia. Y Pablo llama a que se reconozca a esos tres hombres.

Iglesia, tómate la tarea de que cada vez que un varón, joven o viejo, de tu iglesia haga algo, tú seas el primero en destacarlo. Hermana, tómese usted la atribución de que cada vez que un hombre de su familia, su hermano, su hijo, su esposo, haga algo para el Señor, usted sea la primera que lo anime: dale, mi amor, lucha por el oro ahí, que esa es la casa del Señor.

¿Cómo se ve el evangelio? Hermano, el evangelio retorna todo al diseño de Dios. Nosotros venimos a Cristo muy maltratados, muy malogrados, muy desfigurados en nuestro diseño. Las hermanas vienen a Cristo con referentes que son incorrectos; los varones vienen a Cristo con referentes que son incorrectos. Pero cuando venimos a Cristo, el evangelio lo corrige todo. El evangelio no anula nuestra masculinidad; permite que nuestra masculinidad se exprese tal cual Dios la diseñó, para la gloria suya y el beneficio de su iglesia.

Espero que el Señor nos conceda hombres. Hombres de más de setenta: incorpórense en su iglesia, comprométanse. Me gozo con mi hermano Raúl cada vez que llega: pastor, yo quiero venir esta semana, ¿cuándo podemos resolver algo? Raúl, el papá, está resolviendo cosas en esta iglesia desde que esta iglesia comenzó. Todavía recuerdo la iluminación de la iglesia, con los bombillos que poníamos en la plataforma; ahí estaba Raúl tirando paquetico en su iglesia. Y todavía, entrado en años, él mantiene el mismo ánimo de empujar a su iglesia local. No, pastor, ya yo tengo sesenta, que empujen los muchachos. Que empujemos todos.

Y hablando de los más jovencitos, me gozo en ver hermanos míos jóvenes que ya le van tomando amor a la iglesia del Señor, que quieren poner la mano en el arado, que quieren hacer cosas. Démosles compromiso, vamos a darles cancha. Démosle cancha a Timoteo, démosle cancha a Pablo, y también démosle cancha a Apolos.

Sobre todo, hermanos, recuerden seguir cultivando a Cristo.

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