Eso es, hermano queridos, entonces nos disponemos a recibir el consejo de la sagrada Escritura. Con la ayuda del Señor avanzamos ahora hasta el capítulo cuatro del libro de Rut. Esto es un libro corto, hermano, pero es un libro que tiene tantas subidas y bajadas que parece mucho más largo. Hay unos viajes que son extensos y hay unos viajes que son muy accidentados. Este es un libro muy accidentado: cada vez comienza y termina con una incertidumbre, con una circunstancia difícil, y vemos al Señor glorificándose.
Hoy llegamos felizmente hasta el capítulo cuatro, que es el último. Tenemos por delante 22 versículos de la palabra del Señor, y este capítulo es donde las cosas entonces son consumadas. Hago solamente un resumen general a modo de introducción, diciéndole que la historia de Rut tiene subidas y tiene bajadas. Personas piadosas experimentan carencia e incertidumbre, pero siempre terminan mejor que como comenzaron.
El capítulo 1 comienza con Noemí y su marido yendo a Moab para quedar en peor posición que como salieron, pero termina el capítulo 1 con la conversión de una moabita y el regreso a Belén justo al comienzo de la siega de la cebada. Esta es la dinámica del libro: se comienza de un modo y se termina de otro, y en lo que parecía catastrófico entonces terminamos viendo la mano del Señor. El capítulo 2 comienza con Rut saliendo a recoger espigas sin la seguridad de poder alcanzar misericordia, pero termina con Rut regresando a su casa con las manos llenas y noticias de que ha conocido un posible redentor.
El capítulo 3, que fue el último que vimos, es distinto. El capítulo 3 comienza con esperanza: Noemí anima a Rut a que solicite ser redimida por Booz. Ella lo hace, él se muestra dispuesto, pero un nuevo obstáculo aparece en el camino. Existe un pariente aún más cercano y es quien tiene la primera opción. En este capítulo, que es el capítulo cuatro, es Booz quien experimenta más intensamente la incertidumbre. Tiene que hablar con el pariente más cercano y este inicialmente dice que quiere redimir. La historia entonces termina con la unión de Booz y Rut en un matrimonio honroso.
Veremos este matrimonio honroso que es desarrollado en completa pureza, legitimidad y certidumbre de que es Dios quien ha provisto; que es celebrado públicamente con la bendición de todo el pueblo; que repercute en bendición y alegría para los familiares; y sobre todo, hermano, la parte donde quiero hoy llegar y detenerme a mostrarles que en todo esto se alcanzan los eternos propósitos de Dios.
Lectura del texto y cierre del “asunto” pendiente
Leamos entonces capítulo cuatro de Rut desde el versículo 1 y hasta el 22, y luego estaremos exponiéndolo. Dice así la sagrada Escritura. Me veo en la necesidad de leer el 18 del capítulo 3, hermano, para poder unir un capítulo con el otro, donde dejamos la historia el domingo pasado. Es que Booz quiere redimir, pero hay un pariente aún más cercano quien tiene la primera opción. Entonces dice Noemí, versículo 18 del capítulo 3:
Entonces Noemí dijo: Espérate, hija mía, hasta que sepas cómo se resuelve el asunto; porque aquel hombre no descansará hasta que concluya el asunto hoy.
— Rut 3:18
Hoy estaremos viendo cómo concluye el asunto. Dice el capítulo cuatro:
Booz subió a la puerta y se sentó allí; y he aquí que pasaba aquel pariente de quien Booz había hablado, y le dijo: Eh, fulano, ven acá y siéntate. Y él vino y se sentó. Entonces él tomó a diez varones de los ancianos de la ciudad, y dijo: Sentaos aquí. Y ellos se sentaron. Luego dijo al pariente: Noemí, que ha vuelto del campo de Moab, vende una parte de las tierras que tuvo nuestro hermano Elimelec. Y yo decidí hacértelo saber, y decirte que la compres en presencia de los que están aquí sentados, y de los ancianos de mi pueblo. Si tú quieres redimir, redime; y si no quieres redimir, decláramelo para que yo lo sepa; porque no hay otro que redima sino tú, y yo después de ti.
— Rut 4:1–4
Y él respondió: Yo redimiré. Yo me imagino, hermano, el corazón de Booz en ese momento. Le digo, hermano, que este libro es corto, pero tiene tantos cambios, tanta incertidumbre, que uno siente que no son cuatro, sino cuarenta los capítulos. Entonces replicó Booz:
El mismo día que compres la tierra de mano de Noemí, debes tomar también a Rut la moabita, mujer del difunto, para que restaures el nombre del muerto sobre su posesión. Y respondió el pariente: No puedo redimir para mí, no sea que dañe mi heredad. Redime tú usando mi derecho, porque yo no podré redimir.
— Rut 4:5–6
Había ya desde hacía tiempo esta costumbre en Israel, tocante a la redención y al contrato, que para la confirmación de cualquier negocio, el uno se quitaba el zapato y lo daba a su compañero, y esto servía de testimonio en Israel. Entonces el pariente dijo a Booz: Tómalo tú. Y se quitó el zapato. Y Booz dijo a los ancianos y a todo el pueblo:
Vosotros sois testigos hoy de que he adquirido de mano de Noemí todo lo que fue de Elimelec, y todo lo que fue de Quelión y de Mahlón; y que también tomo para mí por mujer a Rut la moabita, mujer de Mahlón, para restaurar el nombre del difunto sobre su heredad, para que el nombre del muerto no se borre de entre sus hermanos, y de la puerta de su lugar. Vosotros sois testigos hoy.
— Rut 4:7–10
Y dijeron todos los del pueblo que estaban a la puerta con los ancianos: Testigos somos.
Jehová haga a la mujer que entra en tu casa como a Raquel y a Lea, las cuales edificaron la casa de Israel; y tú seas ilustre en Efrata, y seas de renombre en Belén. Y sea tu casa como la casa de Fares, el que Tamar dio a luz a Judá, por la descendencia que de esa joven te dé Jehová. Booz, pues, tomó a Rut, y ella fue su mujer; y se llegó a ella, y Jehová le dio que concibiese, y diese a luz un hijo. Y las mujeres decían a Noemí: Loado sea Jehová, que hizo que no te faltase hoy pariente, cuyo nombre será celebrado en Israel. El cual será restaurador de tu alma, y sustentador de tu vejez; pues tu nuera, que te ama, lo ha dado a luz; y ella es de más valor para ti que siete hijos. Y tomando Noemí al hijo, lo puso en su regazo, y fue su haya. Y le dieron nombre las vecinas, diciendo: Le ha nacido un hijo a Noemí; y lo llamaron Obed. Este es padre de Isaí, padre de David. Estas son las generaciones de Fares: Fares engendró a Hezrón; Hezrón engendró a Ram, y Ram engendró a Aminadab; Aminadab engendró a Naasón, y Naasón engendró a Salmón; Salmón engendró a Booz, y Booz engendró a Obed; Obed engendró a Isaí, e Isaí engendró a David.
— Rut 4:11–22
Gloria al Señor, porque de David entonces salió nuestro Señor Jesucristo. Tengo que exponer el mandato de capítulo final y yo no quería que termine. Hermanos, de verdad, en el mandato que yo tengo tengo el mejor trabajo del mundo. ¿Sabes lo que es el mandato? Dedicarse tu tiempo solamente a estudiar estas cosas. Ese es mi deleite.
Este capítulo, el capítulo cuatro, hermano, es un capítulo también de provisión. Quisiera mostrar primero la forma en que fue desarrollada esta unión matrimonial en completa pureza, legitimidad y dirección de Dios. Estos son los versículos del 1 y hasta el versículo 10. Aquí hay un gran cambio de atmósfera. Esto pasa de encontrarnos, hermano, en la era, con Rut durmiendo a los pies de Booz, teniendo una conversación acerca de la posibilidad de su redención, a algo que usted podría encontrar aquí con ribetes románticos, pero a la luz de la noche. De repente entonces cambia en un momento la escena y nos encontramos un proceso legal, sumamente aburrido, como son las cosas legales.
Booz en la puerta: proceso legal y legitimidad del matrimonio
Bueno, tú sabes lo que es usted pasar de estar en la era de la cebada, Rut a un lado, Booz al otro, hablando de la posibilidad de su redención, de que sí, él elogiándola, diciendo que quiere redimirla, hasta cierto enamoramiento… y de golpe todo esto se detiene, se pone en pausa, y él dice: Nada se hará hasta que hable con el pariente más cercano al día siguiente. Y estamos en el día siguiente.
Ya no está en escena Rut, está solamente Booz. Él está honrando lo que le dijo a Rut, que iba a resolver el asunto; se está comportando como esperaba Noemí, y es que le iba a resolver el asunto al día siguiente. “Booz subió a la puerta y se sentó allí, y he aquí pasaba aquel pariente de quien Booz había hablado, y le dijo: Eh, fulano, ven acá y siéntate. Y él vino y se sentó.” Hermano, estos son los procesos legales tal cual sucedían en el mundo antiguo. La puerta de la ciudad era donde se hacían los negocios, donde se hacían los contratos. En la puerta de la ciudad se sentaban los ancianos. Quizás era lo más parecido a un tribunal contemporáneo. Se hacía a las afueras de la ciudad, se sentaban allá; era un lugar de negocios, un lugar de acuerdos.
Booz estuvo esperando y llamó al pariente cercano. Dice que después llamó a diez de los ancianos. En la tradición judía, diez hacía quórum y era el número mínimo necesario para que algo sea firme. Lo que está pasando aquí, hermano, es un proceso legal. Quiero mostrar, hermano, que esta unión matrimonial fue desarrollada en completa pureza, pero también en completa legitimidad. Así como expliqué en el capítulo 3 que Booz se comportó como un hombre piadoso y eligió detener todo, poner el freno, parar el acelerador de su corazón y honrar un compromiso en completa pureza, hermano, así como vimos en capítulo 3 la pureza en la cual se está desarrollando esta unión —nada inmoral, ningún desliz, todo para la gloria del Señor— ahora veremos la legitimidad.
Hermano, los procesos legales al respecto, estas cosas pueden ser aburridas, pero son necesarias. Y yo quisiera mostrarle hoy a mi iglesia la importancia de hacer las cosas bien, de no solamente dejarnos llevar del corazón y de los arrebatos emocionales, sino hacer las cosas correctamente. Lo que Booz está haciendo es hacer las cosas correctamente. Porque tal cual les enseñé en el capítulo 3, él no está buscando una muchacha, él no está buscando una amante; él está buscando una esposa legítima. Entre todos los diez ancianos, hermano, había una tradición judía de que diez hacía quórum. Cuando habían diez ancianos congregados y se tomaba una decisión, esa decisión era una decisión firme.
En la sinagoga, por ejemplo, nada se hacía hasta que se reunían diez varones. Se entendía que diez era el quórum. Y recuerden aquel momento cuando Abraham estaba intercediendo a favor de Sodoma: fue reduciendo, reduciendo, reduciendo hasta que llegó al número diez. Cuando llegó al número diez, el Señor lo detuvo. Lo que había en la mente de los antiguos es que si alguien no conseguía diez testigos, diez ancianos para algo, eso como que no valía la pena, no era algo legítimo. Diez era seguridad.
Llamó al pariente, y al pariente, hermano, le llaman “fulano”. El nombre que se le da… no conocemos el nombre del pariente. “Fulano, ven aquí”, y lo sentó. Hermano, hacer todas estas cosas requiere cierto nivel de entereza. Yo quiero reforzar este pensamiento en la iglesia: los asuntos matrimoniales son asuntos para demostrar entereza de carácter. Miren, cuando un hombre ha resuelto que se va a casar, que está enfocado en eso, hermano, está demostrando entereza, y hace falta entereza.
Lo más fácil sería dejar las cosas como estaban, guardar el secreto en su corazón de que había un pariente más cercano, hacer de Rut su esposa y que todo quedara allí. Pero no: Booz está haciendo las cosas de manera legítima. Él es un hombre de los que caminan a la derecha. Recuerden que en todas estas cosas había un riesgo operativo enorme, como de hecho sucedió, y es que este hombre quería redimir. Él está corriendo un riesgo, hermano.
Iglesia querida, yo quisiera comenzar a aplicar esto temprano y decirte que la vida piadosa requiere tener este tipo de exposición: hay cosas que tú en tu corazón quieres hacer, pero tú te expones a que esas cosas no sean hechas porque tú quieres hacerlo a la manera del Señor. Lo que Booz está haciendo es que probablemente ya él tiene un enamoramiento. Vimos en el capítulo 3 que evidentemente él había estado haciendo averiguaciones al respecto de la posibilidad de que él redimiera a Rut, pero ha encontrado un impedimento legal, y él no guarda esto en su corazón, sino que él sale a hacer las cosas correctas.
Hermano querido, muchas veces, queriendo caminar en el camino de la fe, tendremos que exponernos a que los deseos de nuestro corazón no sean concretados porque tenemos que hacerlo a la manera del Señor.
“Yo redimiré”: tensión, riesgo y la sabiduría de Booz
Y él pasa ahora, hermano, a una explicación sincera del caso. Dice el versículo 3: “Luego dijo al pariente…” Él está explicándole el caso. El pariente no está al tanto, pero lo va a poner al tanto: Noemí, que ha vuelto del campo de Moab, vende una parte de las tierras que tuvo nuestro hermano Elimelec. Esto de vender, hermano, es que en la antigüedad se estilaba que las tierras permanecieran en la familia y había un derecho legítimo sobre esa tierra. Muy probablemente lo que ella estaba buscando es que este pariente redentor comprara su tierra porque ya la había vendido. Es una posibilidad. Ella no tiene los recursos y tiene que apelar a Booz. Lo que se esperaba de acuerdo a la ley era que un pariente cercano ayudara a este familiar en esta transacción, que redimiera.
Él está explicando el caso: “Y yo decidí hacértelo saber…” Es él quien está tomando la iniciativa. No fue que el pariente se enteró de que Booz estaba por casarse con Rut y que no se lo ha dicho, hermano. No: es él que, antes de que esto llegara al oído de ninguna persona, toma la iniciativa y hace las cosas correctas: “hacértelo saber y decirte que la compres en presencia de los que están aquí sentados y de los ancianos de mi pueblo. Si tú quieres redimir, redime; y si no quieres redimir, decláramelo para que yo lo sepa, porque no hay otro que redima sino tú, y yo después de ti”. Y él le respondió: “Yo redimiré”.
Ay, hermano… ese “yo redimiré” duele. Eso es lo que le pasa, hermano, a los justos. Ahí es que a uno le llega a la mente el pensamiento; ahí es cuando uno se pregunta, hermano, si acaso no han ido demasiado lejos en aquello de vivir de acuerdo a su convicción. Cuando uno escucha el “yo redimiré”, ahí es cuando se pregunta: “Guau, cuidado si estoy exagerando mi piedad. Cuidado si me he puesto demasiado; cuidado si yo no debí haber hecho esto, sino quedarme en silencio; cuidado si debía haber esperado que pase el tiempo”. Ay, hermano querido, muchas veces, en hacer aquello que agrada a nuestro corazón y que son asuntos legítimos, recibiremos un “yo redimiré” y en ese momento uno tiene que confiar en que su destino está en la mano del Señor.
Tengo que matizar un poco diciendo que, sin mentir, Booz presentó el caso de una manera conveniente, porque estaba enamorado, hermano. O sea, yo puedo decir que es real: vengo a donde ti, me paro en la puerta, te puedo explicar el caso, pero tampoco es que te lo voy a poner favorable a que tú redimas; soy yo que quiero redimir. Son asuntos así, hermano, donde yo veo que sin mentir, sin mentir… porque miren lo que dice el versículo 5: “Entonces replicó Booz…” O sea, él estaba, hermano, con el siguiente escenario preparado. No, pero hermano, usted quiere hacer algo y usted piensa: “Mira, si sucede esto, yo puedo todavía hacer un segundo intento”.
El pariente dijo: “Yo redimiré”. Pero Booz vino preparado, hermano. “Entonces replicó Booz: El mismo día que compres la tierra de mano de Noemí, debes tomar también a Rut la moabita, mujer del difunto…” Y la descripción que le hace, hermano, de todas estas cosas no es algo como que motiva mucho. Mire, de nuevo: Booz no está mintiendo, hermano, pero está siendo diligente porque quiere redimir. En primer lugar, mire: antes de que él dijera que iba a redimir, él mencionó a Noemí, no a Rut. Después presentó la necesidad de ambas cosas juntas: tierra y matrimonio. Ojalá tierra, cualquiera la compra. Ahora, hay que preservar también el nombre familiar, y ahí no todo el mundo quiere entrar.
Sin embargo, lo que Booz está deseando es lo que el otro está rechazando. Quizás a Booz ni siquiera le importaba la tierra, él lo que quiere es redimir, él quiere casarse con Rut. Booz transmitió un sentido de urgencia: “el mismo día…”, “tú debes…”, “esto es rápido”. O sea, “yo creo que tú me das una respuesta hoy”, y esto es algo pronto. Hermano, y a Rut él no mintió en ningún momento, pero él no la presentó como algo deseable. Pero también, hermano, no seamos tan buenos que terminemos en lo ridículo: “Mira, esta Rut, que es la mujer más virtuosa entre nosotros…” No, hermano. O sea: “Rut la moabita, la viuda del difunto, trabajadora, sí…”. Sí, todo lo que él estaba describiendo, hermano: “Mira, debes tomar a Rut la moabita”: es una extranjera. Lo primero, “moabita”, y a un judío “moabita” no le gustaba como calificación de mujer.
“Mujer del difunto”, hermano… recuerda que a Noemí se le murió el esposo, se le murieron los dos hijos; los hombres están muriendo. O sea, no es algo agradable; él no la está dibujando como: “¡Guau, Rut, una mujer virtuosa que se levanta temprano a espigar, que trabaja, que se esfuerza, que ha cuidado de Noemí!” No, hermano. No presenta nada que sea mentira, pero tampoco es una oferta de: “Aquí está la moabita, una extranjera, mujer de difunto; se están muriendo los hombres en esa familia”. Causa un poco de risa, hermano, pero en el mundo antiguo la gente se llevaba de esas cosas: “Oye, se le han muerto…”. De hecho, hay un caso paralelo a esto, que es el caso de Judá: que dio a su hijo en matrimonio con una, y se le murió; y después el otro; y después el último hijo no se lo quiso dar.
De pronto, al final de toda esta descripción, le dice que el hijo no será suyo, que parece que es lo que ha puesto en alerta a fulano. “Fulano” le llama el texto, no despectivo, hermano, sino que es como el texto le llama. Es lo que le ha puesto en alerta, diciéndole: “Mira, lo que podría suceder es que, si fulano no tenía más hijos aparte de este y moría, toda su heredad iba al hijo de Rut, que no era suyo, sino que legalmente correspondía al otro”. Entonces está diciendo: “Puedo dañar mi heredad si emparento con esta”, diciendo: “No, redime tú, yo te doy mi derecho”, y con mucho gusto se quitó el zapato.
Hermano, yo quiero ver en esto la poderosa mano del Señor. Mire, a veces las cosas están muy cerradas. Les digo: seamos diligentes, seamos sabios, sin mentir, pero tocando a la puerta. Y a veces, hermano, uno se goza de decir: “Mira, no fue algo que yo lo hice por la izquierda, no fue algo que tuvo que hacerse de manera ilegítima, sino que yo me expuse a no poder redimir, y el Señor me ayudó y me dio esposa”. Gloria al Señor por provisiones de este tipo.
La providencia de Dios y la renuncia de “fulano”
Entre todo esto, hermano, la respuesta no deseada, el “yo redimiré”, da muy duro. Algo que me anima en todo esto, hermano, es que cuando Booz pensó en Rut en aquel momento en la era, él no se dejó llevar de su corazón. Tengo que apelar ahora al capítulo 3. Dice el 3:12:
Y ahora, aunque es cierto que yo soy pariente cercano, con todo hay pariente más cercano que yo. Pasa aquí la noche; y cuando sea de día, si él te redimiere, bien; redímate. Mas si él no te quisiera redimir, yo te redimiré, vive Jehová.
— Rut 3:12–13a
Aguanten aquí, hermano: una promesa condicional. Mire, en gran medida uno no se encuentra a veces atado a decisiones imprudentes porque no ajusta su corazón. Si tú sabes que algo no es seguro, si usted no tiene seguridad, no haga una promesa como que usted va a hacer eso. Él sabía que la posibilidad de que este hombre quisiera redimir y casarse era real, y él le dijo a Rut: “Yo quiero hacerlo, pero yo condiciono toda mi expectativa a que yo pueda hacerlo”.
Con esto estoy animando a mis hermanos a que consideren de antemano, hermano, que muy probablemente lo que ustedes quieren hacer no será hecho, y que cuando eso suceda sea Dios glorificado. No es que Booz tiene entre ceja y ceja que “Rut va a ser mi esposa”. Ese no es el caso. En este momento, hermano, no estamos viendo un amor platónico llevado por las emociones; estamos viendo un hombre con convicciones, que tiene un interés genuino y legítimo en redimir a Rut, pero que condiciona la posibilidad de redimirla a que el Señor haga un milagro, y es que ese fulano no quiera redimir.
Quizás, hermano, porque Booz ajustó su expectativa desde el principio, en este momento pudo comportarse con la altura que lo hizo. Me he dado cuenta de que para poder glorificar al Señor en el momento álgido, uno tiene, en el momento calmo, que tener expectativas razonables de vivir una vida piadosa y hacer la voluntad del Señor. Él le prometió a Rut, hermano, no pajaritos en el aire. Le dijo: “Si él no te redime, yo te redimiré”. Ay, hermano, el mundo contemporáneo sí hace promesas platónicas: tantos “te prometo que tú vas a ser mi esposa”… Espérese: “Si el Señor me da los medios, si el Señor me da la gracia, si el Señor no permite que tal cosa se concrete, si no, sea el Señor glorificado”.
Hasta donde fuera posible, él puede prometerle. Él dice: “Vive Jehová”. Se está comprometiendo hasta donde es posible. En gran medida el ser humano se encuentra enredado en asuntos donde tiene que deshonrar al Señor porque temprano, cuando tiene que tomar… y mire que era difícil, porque él tomó esta decisión en presencia de Rut, mirando ahí el deseo de su corazón, mirándolo con sus ojos frente a él, a la luz de la noche. Él está diciendo: “Yo no te prometo redimirte; yo prometo hacer todo lo posible, hasta donde cuanto sea legítimo”.
Ay, hermano, un esposo, una esposa, es el mejor regalo que se puede recibir del Señor. Dice asimismo el libro de Proverbios, hermano, que el hallar esposa… Sin embargo, tengo que decirle en todas estas cosas que antes de tener esposa Booz era un soltero, al parecer, pero tenía una vida plena. No es que él ha puesto toda su esperanza en que la solución para su vida es un matrimonio con Rut.
De hecho, hermano, eso es muy occidental. Los orientales, los judíos sobre todo, no tenían ese movimiento del corazón que se manifiesta por acá como “leyó”; ellos entienden que todo es del Señor y que el matrimonio, en el mundo antiguo, hermano, sobre todo, es un asunto de pacto. Él, antes de permitir que su corazón corra, fue temprano y miró si eso era posible. “Si es posible, yo voy a tomar una decisión; si no es posible, entonces puedo retroceder”.
Las posibles razones que tenía fulano para no redimir… Dice que “no sea que dañe mi heredad”. Eso no queda del todo claro, qué era lo que había en su mente. Pero yo infiero, hermanos, que lo que está pensando es precisamente eso: que ese hijo no sería suyo, el hijo que pudiera conseguir con Rut. Que si moría sin otro heredero, la tierra quedaría en otra familia. Quizás no quería casarse con una moabita.
Ay, hermano, yo lo que estoy convencido es que este hombre no sabía lo más valioso que tenía Rut. Y lo más valioso que tenía Rut es lo que aparece en el capítulo 3, versículo 11:
Ahora, pues, no temas, hija mía, porque yo haré contigo lo que tú digas, pues toda la gente de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa.
— Rut 3:11
Él no sabía, hermano, qué era lo que se estaba verdaderamente haciendo. La razón por la cual no se documenta su nombre tampoco queda clara, pero yo entiendo que quizás es un asunto de no deshonrarlo sin necesidad. Porque la opción era redimir, y él de buena gana se quitó el zapato a Booz. Y de hecho, hermano, quien no quería redimir en Israel podía tener un sobrenombre vergonzoso, y el texto quizá está evitándolo. No dice la historia; se queda como “fulano”.
Pero al mismo tiempo, “fulano” no es el centro: él no quiso redimir y le pasó su derecho a Booz. Y no hay en esto un asunto negativo. Tampoco el escritor —que probablemente podemos inferir que fue Samuel— documenta de manera precisa la razón por la cual no menciona el nombre. Quizás lo que está evitando es tirarle un mal nombre a toda esa familia, llamándole a su pariente “el descalzo”, que era como se le llamaba. Se quedó como “fulano”, para dejar eso así, hermano. Si el Señor se glorificó, ya no hay que estar echando vergüenza. Camine hacia adelante, hermano; si el Señor abrió una puerta, camine por ahí, deje a fulano como fulano y siga pasando hacia allá.
Quiero mostrar cuatro lecciones acerca del matrimonio, pero antes le doy una ñapa. Y es que la renuncia de fulano a su derecho confirmó definitivamente, hermano, la providencia de Dios. Esos impedimentos hacen que el Señor se glorifique. A veces tú tienes que tomar una decisión, las cosas están cerradas, y tú tienes que clamar al Señor, tienes que esperar en el Señor, tienes que depender del Señor. Y cuando esa puerta se abre, hermano, tú no solamente cruzas, sino que cruzas envalentonado. Tú dices: “Fue el Señor que abrió la puerta. Ya no es que yo estoy cruzando solo, sino que fue el Señor que proveyó, fue el Señor que puso gracia; el Señor ha respondido”.
Gloria al Señor. Muchas veces el Señor muestra obstáculos en nuestras decisiones para glorificarse y darnos todavía más seguridad. Yo me imagino, hermano, que ahora Booz no solamente quiere redimir, sino que va a redimir con convicción, con confianza, sin mala conciencia, con total seguridad y con un zapato en la mano, hermano. Gloria al Señor: así sí; así sí, hermano. Eso es algo que da satisfacción: haber hecho las cosas bien y visto en esto la voluntad del Señor.
El matrimonio como pacto formal, público y honroso
Ahora, cuatro lecciones acerca del matrimonio, partiendo de lo que hemos visto en este capítulo cuatro del libro de Rut. Lo primero, hermano, es que más que enamoramiento, el matrimonio es un pacto. Hay enamoramiento, puede haberlo, hermano, pero sobre todo hay un pacto. La Escritura muestra el matrimonio como un pacto matrimonial. Alguien podría decir: “Ah, pero Booz y Rut todavía no se conocen del todo, no están muy enamorados, él todavía no le ha mandado flores…” Hermano, quítale eso, porque esto es un asunto principalmente de pacto.
Lo que Booz sabía es que Rut iba a ser su legítima esposa y que le iba a honrar un pacto. Lo que Rut sabía es que Booz podía redimirla y que ella iba a obrar un pacto. Hermano, el matrimonio, desde el punto de vista de la Escritura, puede incluir enamoramiento, pero el enamoramiento son cosas que van y vienen. Cuando usted está casado, usted está en una relación de pacto, y lo más importante es que usted honre ese pacto que está por hacer.
Lo segundo que le diré es que el matrimonio, según las Escrituras, es un hecho formal, establecido ante las autoridades legítimas. Ahora mismo lo que prevalece es el romanticismo, que siempre termina mal, donde te dicen que no importa la formalización de un matrimonio, que lo único importante es que estén enamorados. Más que enamoramiento, aquí vemos, hermano, un hecho formal que está siendo establecido delante de diez ancianos de una ciudad.
Alguien me ha dicho a mí: “Ah, pero en la antigüedad no había jueces civiles…” Claro que no, eso es algo que viene de manera más contemporánea, quizá del derecho romano, pero había ancianos. Y en cada sociedad ha habido la manera de legitimar las cosas, de darle formalidad. Miren qué curioso: esto se hizo con un zapato en la mano, pero ese zapato era simbólico. Ese zapato hoy podría ser, hermano, ir dando y recibiendo, al día de hoy, que te den un acta de matrimonio; algún papel que tú puedes decidir. Esto no solamente es una emoción de un momento, sino que estamos comprometidos públicamente delante de una autoridad.
Eso, hermano, era la tercera cosa: lo legal. El “contrato” en aquel momento era un zapato. Y yo quisiera animar a todos los solteros de mi iglesia a que piensen que cuando se vayan a casar deben honrar al Señor honrando la institución del matrimonio, haciendo las cosas de la manera correcta. Eso de que: “No, estamos enamorados, nos encontramos en la era, aquí nos besamos, nos llegamos a conocer y después nos mudamos…” Hermano, ese no es el modelo bíblico. El modelo bíblico es que las cosas se hacen bien. Un matrimonio es más que un entretenimiento, más que un enamoramiento: es un pacto, es un hecho formal establecido ante autoridades legítimas.
Es un contrato legal que se formaliza, aunque sea con un zapato, y es un hecho público. Antes era un asunto privado; ahora, dice el texto: “Booz dijo a los ancianos y a todo el pueblo…” Miren, cuando alguien entra en pacto matrimonial, eso no es un secreto; eso es algo público. Y solamente aquel que tiene cosas que guardar tiene la necesidad de hacer esto en lo privado. Un matrimonio, hermano, es un asunto social. Dice que ahí habían diez ancianos, pero parece que estaba todo el pueblo, porque lo dice así mismo el versículo 9 y el versículo 10: todo el pueblo estaba presente.
El matrimonio, hermano, es un hecho público, y así lo muestra la Escritura. ¿Cómo podemos nosotros honrar esto en nuestro tiempo? Miren, cuando alguien se casa debe haber un testimonio público, aunque sea la cosa más sencilla. Pero la sociedad debe saber que estas personas están contrayendo matrimonio. Ellos en la era todavía tenían privado el asunto, pero ahora toda la ciudad dice que hay testigos de que él está tomando a Rut, su esposa, por su mujer. No es solamente que se quede aquí entre ellos, sino que todos deben saberlo.
Al día de hoy nosotros, como iglesia, tenemos que encargarnos de que cuando alguien entra en pacto matrimonial, aunque sea la cosa más sencilla, dé un testimonio público. Por eso las bodas, hermanos, son necesarias. Y, sobre todo, los que estamos en iglesias evangélicas no tenemos excusa. Miren, la iglesia más humilde puede hacerle una boda honrosa a sus miembros, y es el deleite de cualquier iglesia hacerlo.
Yo me gozo en eso: que una gente de una iglesia diga que se va a casar, y su iglesia siempre tiene el deseo de hacerlo y le busca las facilidades: que vamos a hacerlo en el templo, que se va a dar un testimonio de que esto sucedió. La gente me dice: “Ah, pero es que son muy costosas”. Mira, las iglesias evangélicas, primero, no cobramos por eso. Yo no conozco ningún pastor serio que tenga un “fee”, un pago por oficiar bodas. Es un deleite, hermano, porque cuando participamos como iglesia y cuando un ministro participa, él siente que está fortaleciendo, está honrando esta preciosa institución que Dios ha creado, que es la familia.
En cuanto sea posible, hermano, todo lo que pueda dar testimonio de ese matrimonio debe buscarse. Si se puede hacer una boda en una iglesia, que se haga una boda. Si se puede dar algún tipo de banquete, de picadera o lo que sea, que se dé. Si se pueden tomar fotografías, que se tomen fotos. Si se pueden hacer invitaciones y poner una fecha, decir: “Las familias fulano y fulano invitan”, todas esas cosas contribuyen a un matrimonio honroso. Todos son elementos simbólicos.
Quien hace una invitación de boda no es una persona que está haciendo un proceso loco; es una persona que se ha sentado, que ha meditado y sabe lo que está haciendo. Y quien manda invitaciones, aunque la gente no vaya, eso da un mensaje. Cuando te mando una invitación, aunque tú no vayas, tú ves esa invitación y dices: “Guau, ellos se están casando. Eso significa que no se están avergonzando de lo que están haciendo, que lo que están haciendo no es ilegal, no es ilegítimo, que es algo honroso, que hay alguien más que pone su prestancia para que esto suceda”.
Ay, hermano, esto quizá no tiene que ver demasiado, pero algo se ha venido perdiendo. Han pretendido, con las bodas, poner no “las familias invitan”, sino “los novios invitan”. Eso es feo. Los matrimonios son asuntos de familia. Son dos familias que están dando sus hijos en matrimonio, y aunque sea usted que pague su boda, lo más bonito es honrar a sus padres y decir: “Las familias tal y tal invitan al matrimonio de sus hijos”. Todo eso, hermano, contribuye a que se haga público esto y a quitar cualquier apariencia de vergüenza en el matrimonio.
Booz está dándole la formalidad a su matrimonio que sus medios y contexto social se lo permiten. Buscó los ancianos de la ciudad y lo hizo delante de todo el pueblo, con un zapato en la mano. Él proclamó: “Esta va a ser mi esposa”. Gloria al Señor.
Quiero mostrar en esto, hermano, gracia. Conozco que muchos hermanos míos, ya sea por ignorancia, porque no conocían estas cosas, no tuvieron una boda. Quizás muchos hermanos míos solamente se juntaron. Quizás tenemos, en nosotros, hermano, que ya sea por ignorancia o por desobediencia, no han hecho las cosas de la manera en que la Escritura enseña. ¿Qué hacemos, hermano? No podemos darle para atrás al matrimonio, pero hay algo que usted sí puede hacer.
Lo primero: usted se arrepiente y le dice al Señor que si usted hubiera sabido ahora, lo habría hecho de manera distinta. Y usted fortalece la generación siguiente. Hay muchas personas a las cuales usted puede darle testimonio de cómo se hace un matrimonio para que sea honroso. Usted puede recomendarle a alguien que tenga un zapato en la mano y que honre al Señor. Lo mínimo que debemos hacer es eso. No nos quedemos en las cosas de que no; por lo menos, con sus hijos tenga usted la expectativa de poder hacérselo bien.
Booz no es “Romeo”: integridad contra el romanticismo desordenado
Reconozco esto, hermano: la familia ha estado en emergencia, ha estado debilitándose. Y al día de hoy muchas personas no han tenido la experiencia de haber tenido una entrada al matrimonio con un testimonio público de legitimidad, de honra, de respaldo. Entonces usted se prepara para fortalecer la generación siguiente. Que el Señor le bendiga, entonces, ya sea con sus hijos, con sus relacionados o cualquier persona a la que usted pueda darle un consejo.
Aplico todo esto, hermano, y me muevo: miren, debemos exponernos a hacer lo correcto. La integridad en los asuntos privados es más atractiva que la osadía. Booz no es un nuevo Romeo. Si Booz fuera un Romeo, estuviera el día de hoy huyendo con Rut hacia los campos, huyendo con Julieta hacia los campos de Moab. No, hermano, él no es Romeo; él no es una persona que se está dejando llevar de su corazón. Él es un hombre cristiano, piadoso, que está haciendo la voluntad de su Padre.
En esto, hermano, no es Romeo y Julieta, es Booz y Rut. Y en Booz y Rut las cosas se hacen bien. No al amor platónico, es lo que estoy diciendo; sí al amor comprometido. No a los arrebatos pasionales; sí a las cosas bien hechas, que el Señor sea glorificado en todas estas cosas. Primer aspecto, hermano, del matrimonio de Rut: esto es legítimo, esto es honroso, esto es puro, aquí no hay vergüenza.
Lo segundo: esto va a ser celebrado y va a tener la bendición de todo el pueblo. Dice así los versículos 11 al 13:
Y dijeron todos los del pueblo que estaban a la puerta con los ancianos: Testigos somos. Jehová haga a la mujer que entra en tu casa como a Raquel y a Lea, las cuales edificaron la casa de Israel; y tú seas ilustre en Efrata, y seas de renombre en Belén. Y sea tu casa como la casa de Fares, el que Tamar dio a luz a Judá, por la descendencia que de esa joven te dé Jehová. Booz, pues, tomó a Rut, y ella fue su mujer; y se llegó a ella, y Jehová le dio que concibiese, y diese a luz un hijo.
— Rut 4:11–13
Aguanten ustedes: cuando usted participa en una ceremonia de bodas, usted no asiste allí solamente con la intención de dar un respaldo, de comer un bizcocho, de compartir. Usted está allí siendo testigo. Cuando una iglesia tiene un culto porque se va a oficiar un matrimonio y usted asiste, usted está diciendo: “Testigos somos”. Usted está diciendo: “Yo estoy aquí atestiguando”.
Estos testigos bendicen: “Jehová haga…”; están invocando el nombre del Señor. Primero le desean fecundidad: que sea como Raquel y como Lea. Hermano, en toda la historia de los patriarcas, la infertilidad es algo que los visitó por temporadas. Y hay una constante en la Escritura, y es que en esos retos familiares uno de los lugares donde el ser humano se muestra más impotente es al momento de concebir. Esto nadie puede asegurarlo, nadie puede determinarlo. Los hijos son una bendición del Señor.
Y los casos que usted va a ver de mayor debilidad de un ser humano: una persona quizá tiene los medios, tiene el deseo, tiene las cosas, y no puede concebir. Concebir es un regalo del Señor, y hay que hacer las paces con ese asunto. Entre los patriarcas, hermano, la infertilidad era algo que iba y venía. Eso venía generación tras generación. Ahora lo que vemos es que, frecuentemente, el Señor utiliza la infertilidad para alcanzar su propósito; y frecuentemente, después de que viene una mujer estéril y el Señor hace una gran obra, se levanta un gran instrumento. Ha pasado vez tras vez en la Escritura, y esta no será la excepción.
¿Cuántos años tuvo casada Rut? Diez años; nunca concibió. Quizás no había expectativa. Y una de las posibilidades que Booz quizás estaba pensando: “Wow, pero esta mujer…” O quizá fulano tuvo diez años casado y nunca tuvo hijos, y ahora yo me voy a casar con ella. Booz, a la luz del relato, hermano, parece que era un hombre mayor; según los judíos tenía 80 años, aunque definitivamente está exagerado, pero era mayor. Podía llamarle “mi hija”.
Y el Señor se glorifica. Hermano, está demostrando que él está honrando la bendición que el pueblo le dio cuando se casaron. Primero le desearon que fuera fecunda como Raquel y también como Lea. Lo otro que le están deseando es honra: “seas tú ilustre en Efrata y de renombre en Belén”. Son dos nombres para llamar la misma ciudad. Un matrimonio honroso, hermano… aguántenme aquí: el matrimonio es algo que honra. Una persona casada tiene otra distinción. El soltero no es lo mismo que el casado. El casado tiene más prestancia.
De hecho, hermano, hay determinadas cosas para las cuales se pregunta si alguien es casado, porque una persona que tiene familia, alguien que tiene casa, está en una posición más ventajosa que alguien que está soltero. Ahora Booz, que ya anteriormente era considerado como un hombre honorable en Israel, también se casa, hermano, a tener una casa honrosa. Gloria al Señor.
Y lo otro, hermano, donde yo más me emociono, es que le desean que su matrimonio, más que solamente su alegría, su compañerismo, alcance los propósitos del Señor. Le dicen que sea como la casa de Fares. Hermano, ese es el linaje real. Fares es el hijo de Judá, a través del cual vino la descendencia que llegó hasta David, y de David, Cristo. Lo que le están deseando es que ese hijo suyo sea por ahí que venga la descendencia real que va a estar edificando la casa de Israel. Gloria al Señor.
Hermano, yo quiero animarle a que vea su proyecto familiar como instrumento para el propósito del Señor. Que el Señor alcance sus propósitos a través de nuestras familias. ¡Qué deleite será esto! Hermano, el Señor escuchó la oración; bendijo a Rut y a Booz. Y la estéril ahora, hermano, está concibiendo. Gloria al Señor por cada una de estas cosas. Celebremos todo esto con bendición.
De la amargura a la alegría: Noemí restaurada
Ahora la historia cambia y quita a Booz y a Rut, y la historia termina como comienza: con Noemí. Cambia todo esto, y ahora desde el versículo 14 en adelante hay una transición:
Y las mujeres decían a Noemí: Loado sea Jehová, que hizo que no te faltase hoy pariente, cuyo nombre será celebrado en Israel. El cual será restaurador de tu alma, y sustentará tu vejez; pues tu nuera, que te ama, lo ha dado a luz; y ella es de más valor para ti que siete hijos. Y tomando Noemí al hijo, lo puso en su regazo, y fue su haya. Y le dieron nombre las vecinas, diciendo: Le ha nacido un hijo a Noemí; y lo llamaron Obed. Este es padre de Isaí, padre de David.
— Rut 4:14–17
Después entonces viene la genealogía. Lo más interesante en toda esta cosa es ver cómo el Señor alegró el corazón de Noemí y cómo terminó Noemí regocijándose. Primero, cuando no tenía ninguna expectativa, ahora tiene un hijo y le permiten ser su haya. Hermano, ella fue la que lo crió; ella fue la que tuvo el beneficio de darle a este niño los fundamentos básicos de la fe. Gloria al Señor por todas estas provisiones.
Quiero mostrar, hermano, en esto algo muy interesante: legalmente —y ahora sí era el temor de fulano— el hijo no iba a ser de Booz, sino del pariente que había muerto. Sorpréndase usted: en la genealogía quien aparece es Booz. Hermano, Dios es soberano y Él hace las cosas como Él quiere. Humanamente hablando, Booz ha tomado un riesgo: se ha casado y ese no sería su descendiente, sino que sería el hijo del pariente anterior. El Señor es tan misericordioso, hermano, que quien fue asentado… Creo que las tres veces que esta genealogía aparece en la Escritura, aparece Booz.
Se estilaba el no querer casarse con la viuda para no darle descendencia a otro, no fortalecer la casa del otro, sino fortalecer la casa propia. Booz salió a buscar edificarle el nombre al difunto, y terminó él estando en la genealogía del Maestro. Hermano, gloria al Señor.
Estos últimos versículos son los versículos más aburridos, pero son los que yo encuentro más preciosos. Las genealogías nunca han sido interesantes, hermano; leer genealogías no es algo agradable. De hecho, en los libros del Antiguo Testamento, cuando llega la genealogía, son tediosos: “y fulano engendró al otro, y el otro al otro, y el otro al otro…” Pero esa genealogía, hermano, tiene sentido. Vayan a Mateo capítulo 1, y vamos a leer los versículos. Pasaron años, años, y ahora se va a presentar en el Evangelio a nuestro Señor Jesucristo.
Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham. Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos. Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara. Fares a Hezrón, y Hezrón a Ram. Ram engendró a Aminadab; Aminadab a Naasón; y Naasón a Salmón. Salmón engendró de Rahab a Booz. Booz engendró de Rut a Obed. Obed a Isaí. Isaí engendró al rey David.
— Mateo 1:1–6a
Aquí entonces entramos, hermano: no aparece el pariente aquel, aparece Booz. Esta familia está en el centro del plan de Dios. ¡Guau, hermano! Si el Señor permitiera que tu familia esté en el centro del plan de Dios y que tu familia sea, hermano, instrumental para que el Señor alcance su propósito en tu tiempo… Hermano, esta gente afligida, esta gente en incertidumbre, estaban en ese momento en el centro de los propósitos del Señor.
Luego sigue:
…y el rey David engendró a Salomón, de la que fue mujer de Urías. Salomón engendró a Roboam; Roboam a Abías; y Abías a Asa. Asa engendró a Josafat; Josafat a Joram; y Joram a Uzías. Uzías engendró a Jotam; Jotam a Acaz; y Acaz a Ezequías. Ezequías engendró a Manasés; Manasés a Amón; y Amón a Josías. Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, en el tiempo de la deportación a Babilonia. Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel; y Salatiel a Zorobabel. Zorobabel engendró a Abiud; Abiud a Eliaquim; y Eliaquim a Azor. Azor engendró a Sadoc; Sadoc a Aquim; y Aquim a Eliud. Eliud engendró a Eleazar; Eleazar a Matán; Matán a Jacob; y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo.
— Mateo 1:6b–16
Hermano, los dos últimos versículos de Rut quizá no son los versículos más entretenidos, pero son los versículos que más alimentan nuestra convicción. Esta gente estaba justo en el centro del plan de Dios para su tiempo. Estos versículos no son los más emocionantes, porque son genealogía, pero sí son los versículos más importantes del libro. Muestran el avance, hermano, del plan de Dios.
El tema central de la Biblia es el plan de redención de Dios: cómo el Señor le dio una promesa a Abraham de que en su simiente serían benditas todas las familias de la tierra, y esa simiente fue creciendo hasta que nació nuestro Señor Jesucristo. Esta historia demuestra —porque fue escrita en retrospectiva— cómo Dios alcanzó su propósito; y toda esta familia tuvo, en uno de sus descendientes más ilustres, a David. También confirma la soberanía de Dios. Booz, sin pretenderlo, hermano, terminó en la genealogía, porque no era el que le tocaba, pero el Señor lo incluyó, del mismo modo en que incluyó a la ramera Rahab, del mismo modo en que incluyó a Tamar, que se disfrazó de prostituta, del mismo modo que muchos otros fueron incluidos que no eran las personas perfectas, pero fueron las personas que el Señor quiso poner en su ascendencia.
Esta historia, hermano, muestra cómo Dios cambia la historia. Lo que comenzó de manera muy precaria terminó sirviendo al propósito del Señor. Mi deseo, hermano, y oración es este mismo: que nos comportemos de manera honrosa, que glorifiquemos al Señor viviendo con piedad, que experimentemos con dignidad las adversidades de la vida, hermano, y que podamos terminar con la convicción de que fuimos instrumentales para el propósito del Señor en nuestro tiempo; que también en tu familia el Señor alcance su propósito. Oro por todas las familias aquí congregadas.
Oración final y aplicación para nuestras familias
Ay, Señor, hemos visto aquí cómo Tú has cuidado la simiente, Señor, la promesa. Ay, Señor, gracias por hombres como Booz, que ponen el estándar bien alto; gracias por mujeres como Rut, Señor, que desafían a todas las creyentes de nuestro tiempo; gracias, Señor, por mujeres como Noemí.
Padre, nos gozamos al ver al justo florecido. Nos gozamos, Señor, en ver que nuestra historia termina bien. Nos da satisfacción, Señor, el sentirnos que somos parte de un nuevo pueblo. Padre, nosotros por ascendencia no estamos ahí en esa genealogía, pero por fe hemos sido injertados, Señor, y la sangre de Cristo nos ha hecho parte de un nuevo pueblo. Gracias, Padre, porque también nosotros hoy podemos ser parte de tu propósito.
Padre, mira aquellos de mis hermanos que están aquí congregados y quizás tienen la tristeza de que su familia no comenzó de la manera ideal, de la manera, Señor, como debe comenzar una familia. Permite que ellos, con su consejo y su ejemplo, cambien, Señor, la historia. Mira aquellos que aún no se han casado, Señor; enséñales que no hay que imitar al mundo, que no hay que adelantarse a tu tiempo, Señor, sino que Tú tienes reservado.
Mira cuántos años esperó Booz, y el Señor le proveyó. Provee Tú, Señor, a las “Ruts” de nuestra iglesia de “Booz”; y a los “Booz” de nuestra iglesia, de “Ruts”. Provee a todas nuestras familias, Señor, de mujeres como Noemí, que con su consejo y sabiduría edifiquen generaciones. Permite, Señor, que las mujeres más grandes, adultas de nuestra iglesia, las ancianas, puedan ser una fuente, Señor, confiable de consejo; y que encuentren mujeres jóvenes en las cuales, Señor, instruir, y ellas mismas sembrarse. Dales a ellas la satisfacción de ser la haya de alguien.
Permite, Padre, que entre nuestros hermanos se formen generaciones, que la simiente, Señor, la simiente que ahora se ha multiplicado en Cristo, alcance mucho más después de nosotros. Padre, bendícenos, sobre todo, con que nuestra historia termine viendo que avanzó tu propósito con nosotros. Queremos ser usados, Señor, aun en nuestros momentos de aflicción, para que Tú hagas lo que quieres hacer. Danos el gozo, Señor, de ver que más allá de tener esposo o esposa, más allá de tener, Señor, trigo, cebada, más allá, Señor, de tener nietos o no tenerlos, estamos sirviendo a tus propósitos.
Danos, Señor, la convicción de estar en el centro de tu propósito. En toda esta cosa te glorificamos en Jesucristo, el descendiente de Booz; en Jesucristo —¡aleluya!— Jesús el Cristo, el descendiente de Noemí, el descendiente de Rut, de Booz, de Noemí; en Jesús el Cristo, nuestro Señor y nuestro Salvador. Amén.
Que el Señor les bendiga, hermano querido. Terminemos con alabanza.