Muy bien, hermanos queridos, es Ruth, capítulo 3. Hoy tenemos por delante 18 versículos de la sagrada Escritura. La misma historia siempre: cuando se predica una serie de un libro completo, en esto se gana un paso, y es que no hay que poner el contexto, sino que ya saben dónde están. Hemos estado acompañando este relato, esta narrativa del Antiguo Testamento. Ya vimos 1, vimos Rut 2; cada vez que terminamos uno de estos capítulos, la historia queda en un momento y después la continuamos allí mismo. Ya nos quedan solamente dos capítulos, pero la parte gruesa, la parte central de la historia todavía no se ha desarrollado, y a partir de ahora es que comienza a desarrollarse.
Lo que haremos es leer los 18 versículos, después se los introduzco y, con la ayuda del Señor, estaré exponiendo primero del 1 al 7 y después del 8 al 15, concluyendo ya con los últimos versículos. Primero veremos la petición de Rut de que sea redimida y cómo esto sucedió; veremos también la respuesta de Booz ante la petición de Rut y después veremos la buena noticia con la que regresa Rut a su casa. Pueden ponerse por un momento sobre sus pies y leamos la Escritura primero, 18 versículos, luego se los estaré introduciendo. Dice así la sagrada Escritura. Es el libro de Rut, en el capítulo 3. Leeremos desde el versículo 1 y hasta el versículo 18. Dice así la palabra del Señor.
Ahora mismo, hermanos… Sí, gracias mamá querida. Rut, capítulo 3, desde el versículo 1 y hasta el versículo 18, dice así la palabra del Señor:
Después le dijo su suegra Noemí: Hija mía, ¿no he de buscar hogar para ti, para que te vaya bien? ¿No es Booz nuestro pariente, con cuyas criadas tú has estado? He aquí que él avienta esta noche la parva de las cebadas. Te lavarás, pues, y te ungirás, y vistiéndote tus vestidos, irás a la era; mas no te darás a conocer al varón hasta que él haya acabado de comer y de beber. Y cuando él se acueste, notarás el lugar donde se acuesta; e irás y descubrirás sus pies, y te acostarás allí, y él te dirá lo que has de hacer.
Y ella respondió: Haré todo lo que tú me mandes. Descendió, pues, a la era, e hizo todo lo que su suegra le había mandado. Y cuando Booz hubo comido y bebido, y su corazón estuvo contento, se retiró a dormir a un lado del montón. Entonces ella vino calladamente, y le descubrió los pies, y se acostó. Y aconteció que a la medianoche se estremeció aquel hombre, y se volvió, y he aquí una mujer estaba acostada a sus pies. Entonces él dijo: ¿Quién eres? Y ella respondió: Yo soy Rut tu sierva; extiende el borde de tu capa sobre tu sierva, por cuanto eres pariente cercano.
Y él dijo: Bendita seas tú de Jehová, hija mía; has hecho mejor tu postrera bondad que la primera, no yendo en busca de los jóvenes, sean pobres o ricos. Ahora, pues, no temas, hija mía; yo haré contigo lo que tú digas, pues toda la gente de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa. Y ahora, aunque es cierto que yo soy pariente cercano, con todo eso hay pariente más cercano que yo. Pasa aquí la noche, y cuando sea de día, si él te redimiere, bien, redímate; mas si él no te quisiere redimir, yo te redimiré. Vive Jehová. Descansa, pues, hasta la mañana.
Y después que durmió a sus pies hasta la mañana, se levantó antes que los hombres pudieran reconocerse unos a otros, porque él dijo: No se sepa que vino mujer a la era. Después le dijo: Quítate el manto que traes sobre ti, y tenlo. Y teniéndolo ella, él midió seis medidas de cebada y se las puso encima; y ella se fue a la ciudad. Y cuando llegó a donde estaba su suegra, ésta le dijo: ¿Qué hay, hija mía? Y le contó ella todo lo que con aquel varón le había acontecido. Y dijo: Estas seis medidas de cebada me dio, diciéndome: A fin de que no vayas a tu suegra con las manos vacías.
Entonces Noemí dijo: Espérate, hija mía, hasta que sepas cómo se resuelve el asunto; porque aquel hombre no descansará hasta que concluya el asunto hoy.
— Rut 3:1–18
Siéntense, hermanos queridos. Dice nuestra introducción que la historia que estamos viendo comenzó con precaridades en Moab, mejoró significativamente en Belén, en el tiempo de la siega, y ahora, al final de la siega, alcanza su punto más alto con la promesa de su redención. En forma dramática, esta es la historia de nuestra propia redención.
Una extranjera desprovista es acercada al pueblo del Señor y llega a ser objeto de la misericordia de un hombre próspero y piadoso. Después, en una acción arriesgada, ella se expone para pedir ser redimida y, en vez de ser rechazada por su condición de extranjera, por tomar ella la iniciativa, por el momento elegido para hacerlo, es recibida con una firme promesa y tratada con generosa ternura. Regresa a su casa descansada, con las manos llenas y con esperanza. Rut, en esta corta historia, representa toda la humanidad, y así como Booz… Asimismo Booz representa a Cristo, nuestro pariente redentor. Quiero mostrarle, hermanos, en estos 18 versículos de esta historia, que yo sospecho que son los versículos que usted ha estado esperando.
Porque es una historia que ustedes conocen, y todo el mundo opera que el capítulo 3 es como el capítulo de resolución. Aquí está la mayor tensión de todo el relato. Pero antes de comenzar a exponerlo, hermanos, yo tengo que darle contexto histórico de todas estas cosas, porque si no tiene el contexto histórico se están perdiendo gran parte de la enseñanza, y sospecho que le van a atribuir ustedes sus propias expectativas. Lo que está pasando aquí, hermanos, es algo que se llama, o lo que está por hacerse aquí es lo que el Antiguo Testamento le llama “el pariente redentor”. Esto es una ley que se da en el libro de Levítico, luego se explica en el libro de Deuteronomio, y es cómo debía proceder una viuda cuando quedaba desprovista para poder recuperar las propiedades de su difunto y poder darle heredero, y que se pudiera perpetuar el nombre del hombre que había muerto. Esto está en Deuteronomio capítulo 25. Lo que vamos a hacer es ir rápido al libro de Deuteronomio y después regresamos al libro de Rut.
La ley del pariente redentor en Deuteronomio
Dice así el libro de Deuteronomio, en el capítulo 25, en la explicación de lo que está aquí por acontecer, una historia de redención. ¿Qué es la redención? De hecho, hoy me propongo explicarle a mis hermanos qué es lo que decimos los cristianos cuando decimos que Cristo es nuestro redentor. Gran parte de las expresiones teológicas que están en el Nuevo Testamento tienen su origen en la historia del Antiguo Testamento. Cuando un creyente dice que Cristo es su redentor, tiene que decirlo con entendimiento, saber lo que es un redentor. Me dispongo hoy a mostrarle a mis hermanos, a mostrarle a mi iglesia, partiendo de la historia de redención de Rut, qué es Cristo también para nosotros.
Cuando hermanos habitaren juntos, y muriere alguno de ellos, y no tuviere hijo, la mujer del muerto no se casará fuera con hombre extraño; su cuñado se llegará a ella, y la tomará por su mujer, y hará con ella parentesco. Y el primogénito que ella diere a luz sucederá en el nombre de su hermano muerto, para que el nombre de éste no sea borrado de Israel.
Y si el hombre no quisiere tomar a su cuñada, irá entonces su cuñada a la puerta, a los ancianos, y dirá: Mi cuñado no quiere suscitar nombre en Israel a su hermano; no quiere emparentar conmigo. Entonces los ancianos de aquella ciudad lo harán venir, y hablarán con él. Y si él se levantare y dijere: No quiero tomarla, se acercará entonces su cuñada a él delante de los ancianos, y le quitará el calzado del pie, y le escupirá en el rostro, y hablará y dirá: Así será hecho al varón que no quiere edificar la casa de su hermano. Y se le dará a este nombre en Israel: La casa del descalzado.
— Deuteronomio 25:5–10
Lo que establecía la ley de los antiguos, hermanos, es que cuando una mujer quedaba desprovista en su familia, un hombre tenía que rescatarla. Sin embargo, no todos los hombres querían verse en este compromiso de tener que rescatar. Si tenían que rescatar, tenían que pagar ellos la herencia, tenían que comprar ellos. Esto se utilizaba tanto cuando quedaba una viuda como cuando un familiar perdía sus propiedades; un familiar cercano tenía que rescatar. Quien iba a rescatar era un hombre que tenía dos cualidades: primero, debía ser un hombre piadoso para que quisiera hacerlo. La ley le establecía que debía hacerlo; sin embargo, muchos hombres no querían. De hecho, en Génesis hay un caso de un hombre que se negó a dejarle descendencia a su hermano. Por diferentes razones, un hombre podía negarse a cumplir esto. Si el hombre se negaba, entonces quedaba en una posición precaria delante de los ancianos del pueblo; quedaba como un mezquino, y esta viuda entonces tomaba un zapato para dejar a este hombre en vergüenza. Este era el procedimiento antiguo, y lo que Rut está por hacer ahora es buscar un pariente cercano que le redimiera a ella y que rescatara la herencia de su difunto marido.
Entonces, volvamos a Rut capítulo 3. Comencemos mirando, hermanos, esta petición de Rut de ser redimida y veamos luego la respuesta de Booz y el proyecto que comienza a emprender para que Rut tenga esto que había estado esperando.
Noemí impulsa a Rut a buscar hogar
Veamos primero, hermanos, estos versículos iniciales. Dice el versículo 1: “Después le dijo su suegra Noemí…” Esto nos coloca en el contexto de que no es justo la llegada, sino después que han pasado ya dos siegas; meses habían transcurrido desde que estas mujeres llegaron a Belén desde Moab. “Después le dijo su suegra Noemí: Hija mía, ¿no he de buscar hogar para ti, para que te vaya bien? ¿No es Booz nuestro pariente, con cuyas criadas tú has estado? He aquí que él avienta esta noche la parva de las cebadas”.
Primero, hermanos, quiero introducir esto mostrando que Rut fue con una petición delante de Booz animada por su suegra Noemí, y era muy a propósito que sea la suegra que estimulase a Rut a que tomara esta iniciativa. Primero, era ella la madre del difunto, y como la madre del difunto ella misma es quien está buscando el mejor interés de su nuera. Esto está evidenciando, hermanos, que Rut no salió a buscar un marido; ella no ha venido de Moab con la intención de casarse con Booz, o porque ha sabido que hay un pariente próspero. De hecho, el proyecto de Rut no era salir a buscar un marido; es Noemí que está tomando la iniciativa.
Luego de esto también, hermanos, tengo que decir que en la antigüedad se esperaba que fuese un familiar que atendiera estos asuntos. De hecho, era impropio que saliera una mujer de ella misma a buscar y conquistar a un hombre. Esto es algo relativamente contemporáneo; en el mundo antiguo no funcionaba así. Funcionaba con que un familiar de la familia salía y buscaba una esposa o un esposo para este familiar. Aquí vemos también que Noemí se sentía responsable por Rut; ella entendía que Rut era su familiar y que ella tenía que buscar el mejor interés de Rut la moabita, que era su familiar. Dice ella: “Hija mía”, o sea, ella lo entiende como un familiar muy querido, un familiar muy cercano: “¿No he de buscar hogar para ti…?”.
Que en la antigüedad se estilaba que era un familiar que buscaba, y de ahí es que viene aquello, hermanos, de que los matrimonios son asuntos de familia. Es algo que se ha querido ignorar en la actualidad, pero desde los tiempos bíblicos hasta tiempos muy recientes siempre se ha entendido que los matrimonios son asuntos de familia, y todo lo que transcurre en esta historia son dos familias que están haciendo un emparentado, están volviendo a hacer un compromiso, están haciendo un pacto, y por eso participa Noemí. Es ella que toma la iniciativa de enviar a Rut.
Al mismo tiempo, tengo que decirle, hermanos, que esto evidencia dos cosas del carácter de Noemí. Primero, que no está reteniendo a Rut, no se quiere quedar con ella para que le esté proveyendo, sino que quiere desprenderse. Y por otro lado, que ella está en un segundo estado de ánimo; se ve cierta esperanza en ella, ya comienza a planificar una boda. Aquí vemos que los tiempos van cambiando. Anteriormente, ella que vino con las manos vacías, aquella que le decía a Rut: “Yo no puedo buscarte un marido”, ahora en este momento, después de haber experimentado el favor de Dios, entonces pasa a otro momento emocional. Ella que decía anteriormente: “Yo he venido con la mano vacía, yo no tengo nada que darte; lo que te está esperando en mi pueblo es la viudez perpetua”, ahora ella dice: “Hija mía, yo tengo esperanza, cómo no; yo tengo que comenzar este proyecto de buscar para ti hogar para que te vaya bien”.
Digo algo más, hermanos, de este versículo 1, y es que quiero rescatar a todos los antiguos que entendían que la gente, cuando se casaba, encontraba hogar, le iba bien. Y como creyentes, hermanos, nosotros tenemos la solemne responsabilidad delante de nuestro Señor de enseñar una perspectiva positiva acerca del matrimonio. De hecho, ustedes vieron hoy en la clase bíblica que las mujeres antiguas entendían que no casarse era algo lamentable. Lo que ha establecido el Señor es el matrimonio; el matrimonio es un tiempo de prosperidad, el matrimonio es un asunto bendecido por el Señor. El matrimonio tiene una perspectiva de que quien encuentra matrimonio encuentra hogar, le va a ir bien. Ella entiende: “¿Cómo no buscar para ti hogar para que te vaya bien?”.
Matizo aquí también, hermanos: si no es la voluntad del Señor que usted haya encontrado un hogar en Cristo, tiene respuesta. Sin embargo, el hogar y el matrimonio siguen siendo un asunto positivo, y desde la Escritura tenemos que rescatar esta perspectiva positiva del hogar y del matrimonio. Ella quería un hogar para Rut para que le vaya bien.
Contexto oriental y providencia en el encuentro
Aquí también introduzco, hermanos, porque toda esta lectura es relativamente extraña para la mente occidental. Son prácticas que no son las nuestras; son maneras de comenzar un matrimonio que no son las maneras nuestras. Esta ley del levirato, esta ley del pariente redentor nos parece extraña. Todo lo que está aquí por acontecer es muy propio para las leyes orientales; así funcionan los orientales, así es el mundo oriental. Y este pasaje se encarga de dar evidencia, hermanos, de que todo lo que está sucediendo aquí es un asunto honroso. Estaré explicándolo un poco más hacia adelante.
En el versículo 2 nos dice cuál es el momento: el momento en la parva de la cebada, en la temporada donde ya ha terminado la siega, ya se tiene el grano. Entonces se prepara un lugar alto donde soplan los vientos para comenzar a desgranar, comenzar a mover la cebada para que el trigo caiga y el viento se lleve la paja. Esto era una fiesta; esto era un momento de celebración, era un momento de buen ánimo, era el final de una temporada.
Esto también es muy propicio porque ya habían pasado entonces dos siegas; habían dos temporadas en las cuales ellos habían estado juntos. Había pasado un buen tiempo, un tiempo prudente desde su viudez; había pasado un tiempo prudente desde su llegada. Ya Rut podía haberse dado a conocer; ya había evidenciado su carácter, ya había evidenciado también su conversión. Ya había trabajado dos temporadas al lado de Booz, demostrando diligencia, demostrando interés.
Me adelanto un poco, hermanos, y tengo que decir que para este momento ya Booz también había tenido la oportunidad de conocer a Rut. De hecho, hermanos, ya Booz había hecho hasta su propia investigación. Lo que se ve en los versículos 11 y 12 es que Booz no estaba en película; pastor Manuel estaba atento a la situación. Booz conocía cuáles eran los impedimentos; Noemí reía mucho… Yo tengo una bendición, hermanos, yo tengo el mejor trabajo del mundo, que es ponerle la Escritura. Ay, qué trabajo bueno es este, hermanos: poder dedicar tu tiempo a estudiar la Escritura. Y yo me he reído muchísimo esta semana, porque cuando Rut le dice que le redima, él ya sabe que no puede redimirla. Y si él ya sabe que no puede redimirla, es porque ya ha hecho su investigación.
En todo esto, hermanos, yo quiero mostrarle a mi iglesia que aquí hay dos asuntos providenciales. Lo primero es que Rut no está haciendo ninguna diligencia para conseguir un marido y consigue marido, y que Booz parece que tenía alguna expectativa, veía el impedimento y consigue esposa. Bueno, a nosotros nos han enseñado en este mundo caído que quien no es en extremo diligente para conseguir pareja, conseguir novio, conseguir esposo, conseguir esposa, no lo consigue. En esta historia vemos dos personas solteras que ninguno de los dos tiene que romper ningún brazo para conseguir esposa.
Parece que era el interés de Booz tener a Rut de esposa; él veía el impedimento, y aquí amanece Booz, despierta, y se encuentra que Rut está a sus pies. Y tenemos a Rut, que ya sabe que es su pariente y que puede redimirle, pero han pasado meses, han pasado temporadas y no ha hecho nada, no ha movido un dedo a favor de conseguir esto, y es su suegra Noemí que la envía. Dos personas, hermanos, que ninguno de los dos puede decir “fui yo que me busqué al otro, fue el otro que me buscó a mí”, hermanos. Los dos pueden verse en el centro de la providencia del Señor.
Hermanos queridos de nuestra iglesia local, yo quiero mostrarle que el hallar esposa y el hallar esposo, hermanos, es un proyecto del Señor también, y que en estas cosas no hay que mostrar una diligencia mundana, carnal, intencional, un asunto que como que raya en impiedad para casarse. Rut y Booz terminan casados, hermanos, más allá de cualquier expectativa que ellos mismos podían tener, porque los dos dudaban; Booz dudaba de que Rut pudiera ser su esposa, y Rut dudaba de que Booz pudiera ser su esposo, y ambos, hermanos, la divina providencia termina juntándolos.
Había razones puntuales para elegir este preciso momento. Esto que está haciendo Noemí es recordarle al pariente que puede redimir. Era muy propicio que se recordara, primero porque lo que establecía la ley era que la viuda tocara la puerta del pariente y le dijera: “Debes redimirme”. Sin embargo, un pariente piadoso debía haber tomado la iniciativa por sus propios medios. Y de hecho, una mujer que enviudaba y un pariente no venía a rescatarle, los parientes en general quedaban en una posición desfavorable, en su testimonio delante de la sociedad: “Aquí hay unas viudas desamparadas que no pueden cultivar su tierra y ustedes no han hecho nada para redimirles”.
De hecho, si Rut y Noemí no tuvieran el corazón que tuvieron, y si Booz no tuviera el testimonio… De hecho, Booz se estaba quedando mal. Esta mujer es una viuda, es pariente tuya, y tú no la has redimido. Él tenía una razón: es que no era el pariente más cercano. De hecho, lo que se ve en el capítulo siguiente es que el pariente redentor más cercano era el que tenía una objeción en el corazón para no hacerlo.
El gesto arriesgado y honroso de Rut
Este momento, que es el momento, hermanos, de celebración, que es el momento del final de la cosecha, era un momento muy apropiado por diferentes razones. Primero, por la celebración misma. De hecho, hermanos, después de un momento de celebración uno se siente como más entusiasmado para asuntos de este tipo. Estamos cerrando un proyecto, ha sucedido algo importante, estamos celebrando, es el final de una jornada de trabajo, es un momento de concreción. Tenemos fruto de la tierra, es un momento, hermanos, de prosperidad.
Es también hasta un momento como de despedida, porque ya terminó la siega y Rut no tiene ya dónde espigar; ya se ha terminado la temporada de hacerlo. Y este momento, hermanos, era una forma muy discreta de recordarle al pariente que ya podía ser redimida, porque había que recordarle al pariente. Yo me infiero, me atrevo a inferir algunas razones. Lo que se ve a la luz del texto es que Booz era mucho más viejo que Rut. Y quizás él entendía como impropio que un hombre, en su momento de vida, estuviera pretendiendo a una joven; no era un asunto que iba con la personalidad de Booz. De hecho, cuando ella le dice que desea ser redimida, él se emociona y se sorprende.
Él dice: “Yo no esperaba que vinieras donde mí; quizás esperaba que fueras delante de los jóvenes”. Y en este momento, hermanos, también era un momento para dárselo como un recordatorio con relativa discreción. Me llamó la atención que Rut y Noemí no pretenden apelar solamente a la ley, sino que prefieren pedir un favor. De hecho, otra mujer podía ir a las puertas y difamarle: “Búsquenme a Booz, que Booz venga; lo que yo tenía que hacer era ir donde los ancianos y pedirle a los ancianos que me traigan a Booz. Búsquenme a Booz, que yo tengo tiempo trabajando en su territorio y él nunca me ha hecho una oferta. Búsquen a Booz, que me den sus zapatos”. Quizás pudiera ser la actitud.
Sin embargo, la actitud de Noemí, la actitud de Rut, es apelar al favor de Booz y pedirlo de otra manera. Esta historia, hermanos, puede parecer inapropiada solamente cuando se ignora su contexto. Una invitación sexual, o sea, irse a ofrecer sexualmente, eso era impropio tanto para Noemí como para Rut como para Booz, porque no a todos los hombres se les hace una oferta de ese tipo. Y, de hecho, quien ofrece esto muy probablemente termina reprendida; o sea, termina reprendida, termina en vergüenza.
Noemí no es nada parecido, hermanos. La parva de la cebada era un asunto donde había muchas otras personas involucradas; estaba en un lugar público. Cuando Booz se echa a dormir, dice que se echa a dormir ahí mismo en el montón de los granos, y lo que hizo ella es tirarse a los pies de Booz. Era una práctica oriental, que como dormían los siervos; los siervos dormían a los pies de su señor, y está demostrando dramáticamente: “Yo soy como la más humilde de tus siervas”. Se pone a los pies.
De hecho, recuerdo los cuentos de mi abuelo cuando cultivaban el café, que hacían una derramada y dormían todos juntos, y hay hasta unos cuentos donde uno de sus siervos le dice: “Hagan espacio que aquí dormimos dos como…” No, no dormían juntos, sino que dormían a los pies, pero dormían cerca. Lo que ella está haciendo es siguiendo las prácticas de la antigüedad. Sin embargo, sí está corriendo cierto riesgo de exposición, y esa es una mujer extranjera; es una mujer moabita. Booz estaba en la posición de difamarla y quizá tratarla como una prostituta, y cuando ella viniera, despedirla con vergüenza: “¿Qué tú buscas aquí?”. Vemos en todo el procedimiento de Booz que ella está tomando un riesgo de exposición, pero al mismo tiempo Booz la está tratando con mucha ternura y también con mucha dignidad.
En todas estas cosas también, hermanos, tenemos que partir del versículo 1: que Noemí estaba buscando un hogar para Rut, no un amante. Y eso marca toda la tónica. La expectativa que había en Noemí no era: “Ve, ofrécete a este hombre y convive con él”; esa no era la expectativa. Ella estaba buscando un hogar para que le vaya bien. Y tampoco, hermanos, un hombre con el testimonio de Booz estuviera buscando una querida, un amante o algo parecido; él estaba buscando una esposa.
Es más, hermanos, vemos aquí cómo se manifiesta el carácter piadoso de un hombre, que ante el deseo de su corazón elige respetar la ley y él pone una pausa; ofrece redención condicional: “Yo redimiré siempre y cuando el pariente más cercano no redima”. O sea, en esto vemos toda la piedad que se está anunciando.
Extender el manto: sumisión y protección
Dice más adelante: “Cuando él se acueste, notarás el lugar donde se acuesta; irás y descubrirás sus pies…” Descubrir sus pies, hermanos, era con lo que él se estaba cubriendo, con lo que se estaba arropando; es quitar un poco y ponerlo encima. Algunos han querido ver en esto —no autoridades, sino personas que les encanta la superficialidad— como que es un eufemismo para hablar del acto sexual. Eso no es “descubrir los pies”; descubrir los pies es una expresión de protección, es una expresión de seguridad, es una expresión de sumisión. Cubrir los pies, descubrir los pies y ponerse bajo el borde del manto de una persona, llegar a ti, eso significa también protección.
No sé si recuerdan aquella mujer que fue donde el Señor y quería tocar su manto. Decía “tocar el borde del manto”. Esto era una tela que utilizaban los judíos, que tenía cuatro puntas, y tocar el borde era una señal de buscar protección en esa persona. Era un asunto simbólico: que el borde de su manto lo tocaba, significaba que ella estaba bajo la protección de Booz. Ella se está poniendo bajo la protección de Booz, quizá tomando la palabra de que él decía que ella había venido a abrigarse; ella quiere que él sea el instrumento del Señor para su protección.
Versículos 5 y 6 en adelante: “Y ella respondió: Haré todo lo que tú me mandes. Descendió, pues, a la era, e hizo todo lo que su suegra le había mandado. Y cuando Booz hubo comido y bebido y su corazón estuvo contento, se retiró a dormir a un lado del montón”. O sea, de todo el montón de grano que se había estado limpiando, él se acostó allá a dormir. “Entonces ella vino calladamente, y le descubrió sus pies, y se acostó. Y aconteció que a la medianoche se estremeció aquel hombre y se volvió, y he aquí una mujer estaba acostada a sus pies”.
Este versículo 8 es importante, hermanos, porque aquí descarta que era una estratagema de ellos dos, que era que estaban de acuerdo; Booz no sabía lo que estaba por acontecer. Él está siendo sorprendido, él se ha estremecido, él se ha sorprendido de encontrar allí a Rut. “Entonces él dijo: ¿Quién eres? Y ella respondió: Yo soy Rut tu sierva; extiende el borde de tu capa sobre tu sierva, por cuanto eres pariente cercano.”
Lo dejo hasta aquí, hermanos, en este momento. Un momentito, estaré leyendo los otros versículos. Esto que está sucediendo aquí, hermanos, es una petición discreta de redención. Me llama la atención que Noemí haya pensado hacerlo de esta manera y no ir directamente a las puertas de la ciudad. Ella está apelando al carácter de Booz; ella está esperando su temperamento; ella está esperando que un hombre piadoso haga lo que, según la ley, debería haberse hecho. Booz tiene una razón para defender, y es que no es el pariente más cercano; quizás por esto no había tomado la iniciativa. Sin embargo, Rut no lo sabía, y en este momento entonces está por ser sorprendida.
¿Cuál es la actitud con la que Rut se acercó, hermanos? Era una actitud de humildad; ella lo está pidiendo desde abajo. Recalco esto: Rut tenía el derecho legal de ir a las puertas de la ciudad, de pedir ser redimida para recuperar sus tierras, pero ella se expone durante mucho tiempo, prefiere espigar durante todos estos meses, y al final, en vez de apelar a un derecho delante de Booz, ella está pidiéndolo como si fuera un favor, de una manera como si fuera una solicitud. Ella se presenta como su sierva, se coloca a sus pies; esto de colocarse a los pies, hermanos, es hacer dramáticamente lo que está diciendo ahora con palabras: “Yo soy tu sierva”. Era como dormían los siervos.
El reconocimiento de la virtud de Rut
Entonces veamos ahora, hermanos, cuál es la respuesta de Booz. Primero, está sorprendido de encontrar una mujer a su lado, y la expresión en el original, hermanos, es muy fuerte. Esta traducción “se estremeció” es muy buena; es cuando una persona se encuentra como sorprendido o absorto: “Yo no sé qué está pasando, qué es lo que ha sucedido aquí”. En todo esto, hermanos, yo quiero ver también la piedad de Booz. Booz no estaba esperando algo como esto, aunque yo infiero que en el corazón de Booz había un deseo genuino de redimir a Rut. Quizás, hermanos, Booz hasta había orado al respecto de estas cosas.
Me recordaba, cuando leía estas cosas, hermanos, cómo se despertó un día Adán y encontró a Eva; es como: “Yo no lo he salido a buscar, y el Señor me está proveyendo”. Rut, en este momento, está convirtiéndose también en la provisión para Booz, pero Booz no lo estaba esperando; Booz se estremece, Booz no está esperando tener un encuentro de este tipo. Esto es un encuentro inesperado, es un encuentro no previsto. Le pregunta: “¿Quién eres?”. O sea, él no sabe quién es que está en este momento a sus pies.
El hecho de que fuera un hombre mayor, hermanos, quizás él no esperaba ser una opción para Rut. También le está sorprendiendo el hecho de que él supiera también que era un pariente secundario, que no era el pariente primario. Esto le da un argumento muy fuerte para ir a las puertas. Cuando Booz va entonces a la puerta, ya él llega a las puertas de la ciudad no buscando un interés propio, sino buscando que Rut le ha pedido que la redima, que aquí hay una mujer desamparada, que hay una viuda en Israel.
Yo me reía un poco con esto, porque cuando llegamos a la puerta de la ciudad, él llega ya con un asunto humanitario: allá no solamente que “yo quiero redimir”, es que “yo quiero redimir y ella me ha pedido a mí que le redima, que le redima, y yo he puesto el asunto en pausa”. También en esto veo, hermanos, que Booz entendió claramente el mensaje de Noemí y de Rut; él supo qué era lo que estaba sucediendo. O sea, se ve que es un código en la antigüedad, esto de la redención y la manera de pedirlo; se ve que no era la primera vez que algo como esto se estaba pidiendo.
Dice el versículo 10 y 11: “Y él dijo: Bendita seas tú de Jehová, hija mía; has hecho mejor tu postrera bondad que la primera, no yendo en busca de los jóvenes, sean pobres o ricos. Ahora, pues, no temas, hija mía; yo haré contigo lo que tú digas, pues toda la gente de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa”.
Parece que para Booz era un asunto muy importante que, si él se iba a casar, casarse con una mujer virtuosa y que tenga el reconocimiento público de ser como tal. Con esto quiero hacer un llamado, hermanos, tanto a las mujeres de nuestra iglesia como a los hombres, a que ser reconocidas como virtuosas o ser tenido como virtuoso sea un asunto de mucha estima. De hecho, yo he llegado —aunque no hay evidencia bíblica— a concluir que esta descripción que se hace en Proverbios 31, si no fue inspirada directamente por Ruth, fue influenciada por el temperamento y el carácter de Rut la moabita. Él dice que el obstáculo que podía ver era que no lo fuera, y “todo mi pueblo sabe que tú eres una mujer virtuosa”.
El versículo 12 presenta ahora el obstáculo legal, además del obstáculo de la edad. Dice así: “Y ahora, aunque es cierto que yo soy pariente cercano, con todo eso hay pariente más cercano que yo”.
Aquí vemos que Booz conocía. Quizás había manifestado cierto interés en ella, que había preguntado, que sabía quién era el pariente, que sabía que ese pariente existía. No sabemos qué nivel de parentesco tenían; quizás era un primo, no lo sabemos. Sí se puede inferir a través de la historia que, si existía, no eran gente muy cercana; quizás por los años que hacía que ellos se habían apartado de Belén ya no había tanta familiaridad, no había tanta cercanía, pero Booz sí sabía que este pariente existía.
La promesa que está haciendo es una promesa condicional. Él dice: “Yo quiero redimir, pero tengo que darle a él la primera opción”, y esto también habla muy bien del temperamento de Booz en el tiempo de los jueces. Había un hombre que una ley remota como esta, que era un pedacito, un pedacito del libro de Levítico, la tenía presente. Y, aunque fuera su deseo redimir, él anteponía su deseo a que la ley sea cumplida.
Booz, la ley y la providencia
Esto es totalmente contrario, hermanos, a lo que prevalecía en tiempo de los jueces y a lo que prevalece el día de hoy. Al día de hoy, si un hombre deseara una mujer y encontrara algún obstáculo, él no pondría esa situación en las manos del Señor; él no confiaría completamente en la providencia. Cuando Booz está diciendo aquí: “Pasa aquí la noche, y cuando sea de día, si él te redimiere, bien, redímate; mas si él no te quisiere redimir, yo te redimiré. Vive Jehová”, hermano, Booz está haciendo una promesa condicional, dice: “Yo tengo el deseo de hacer lo que tú me estás pidiendo; sin embargo, yo tengo primero que cumplir la ley del Señor”.
Hermanos queridos, vuelvo a afirmar las mismas cosas: cuando usted está deseando algo, cuando usted está buscando algo, usted debe ser diligente en esto, debe llevar su petición delante del Señor. Hasta donde sea piadoso, usted debería accionar. Pero entendamos, hermanos, que cuando el Señor está en las circunstancias, el Señor abrirá la puerta. Entendamos que no hay que tener en esto una diligencia que supere la piedad, porque cuando las cosas son del Señor, las cosas suceden. Si era la voluntad del Señor que Rut y Booz se casaran, el Señor iba a disponer los medios para que este matrimonio sucediera, no de manera ilegítima, no transgrediendo la ley, sino que sucediera con buen testimonio y también con el favor del Señor.
Quiero mostrarle a mi iglesia que estas cosas no hay que presionarlas, no hay que forzarlas. Booz mismo, que tenía ahí al lado, a sus pies, a Rut, él mismo detuvo cualquier cosa que hubiese en su corazón, y condicionó su oferta de redención a que el otro pariente, que era más cercano que él, entonces quisiera redimir.
Me llama la atención que dice el versículo 14: “Y después que durmió a sus pies hasta la mañana…” O sea, el autor quiso especificar que, como estaba durmiendo, era a sus pies y hasta la mañana. Sin ánimo de volver a usted, hermanos, van para allá; de manera contemporánea esas cosas no suceden. De manera contemporánea, por lo menos hubiese amanecido durmiendo a su lado y comienza la… “No, pero yo no le he tocado; no, pero no ha sucedido nada…”, hermano. Ella siguió durmiendo a sus pies. ¿Usted puede entender? O sea, comenzó la historia con Rut a los pies de Booz, y amaneció Rut a los pies de Booz.
Entonces ahí es que comienza la gente: “Oye, pero aunque sea durmiendo al lado, ¿por qué no estás haciendo nada?, aunque sea para que nos escuchemos…”. Hermano, el carácter de Booz permitió que en esta situación no se transgrediera la ley y no hubiera nada impío, nada que pudiera afectar el testimonio, la piedad, la imagen de Rut, porque al final también la cuida. Dice el 14: “Así pues, durmió a sus pies hasta la mañana; se levantó antes que los hombres pudieran reconocerse unos a otros, porque él dijo: No se sepa que vino mujer a la era”.
Todo lo construido aquí es que Booz hace una promesa condicional de redención. Booz resiste la tentación, hermanos, de tener cualquier aproximación a esa Rut, porque no le correspondía, y había un pariente más cercano. Esto hubiese sido un gran problema si el pariente quería redimir. Por otro lado, protegió el honor de Rut, evitando una percepción de inmoralidad.
Booz llena las manos de Rut y se integra a la familia
Lo que pasa en el 15 es que la devuelve a su casa con las manos llenas. Dice él: “Después le dijo: Quítate el manto que traes sobre ti, y tenlo”. De nuevo, hermanos, el manto no es ropa completa; es una pieza de su vestimenta. En una situación de necesidad se podía utilizar como si fuera una bolsa. “Quítate el manto que traes sobre ti, y tenlo. Y teniéndolo ella, él midió seis medidas de cebada y se las puso encima, y ella se fue a la ciudad”.
Él la despide, hermanos, con las manos llenas, lo que era una buena señal de interés familiar. Está mandando ahora un mensaje a la suegra; está diciendo: “Yo la estoy devolviendo; la he recibido”. El hecho de que la mandara con algo de su propiedad significa que él entendió el mensaje; significa que él la está devolviendo con agrado; significa que no ha sido avergonzada; significa que salió bien. Todo esto, hermanos, es muy simbólico y también muestra cierta gracia de Booz manejando las relaciones.
Vuelvo a hablar, hermanos, aquí acerca de la importancia de que se vea el matrimonio como un asunto familiar. Booz, desde este momento que solamente la posibilidad está, ya está manifestando un genuino interés en la familia de Rut. Esas cosas van desapareciendo, pero en tiempos antiguos se enseñaba que un hombre tenía que siempre llegar con las manos llenas; esa era una práctica de la antigüedad. De hecho, decían los antiguos hombres que un hombre siempre llega a la casa de su novia con algo; eso de llegar con un presente son señales, hermanos, son señales de provisión, son señales de que tienes un interés genuino en esa familia. Son señales de que tú has hecho esta gestión, pero no te quedarás desabastecida, sino que el grano seguirá llegando, la provisión seguirá llegando. Son señales de que quiero integrarme con la familia, y asimismo se lo manifestó Rut cuando llegó a su casa.
Ahora los versículos que van del 16 al 18: “Y cuando llegó donde estaba su suegra, ésta le dijo: ¿Qué hay, hija mía?”. Es la expectativa, hermanos, de que algo ha sucedido. Hermanos queridos, una decisión de este tipo cambiaba totalmente las realidades de Rut y la realidad de Noemí. Noemí estaba esperando que llegara con buenas noticias; le dice: “¿Qué hay, hija mía?, ¿qué es lo acontecido?”. “Y le contó ella todo lo que con aquel varón le había acontecido. Y dijo: Estas seis medidas de cebada me dio, diciéndome: A fin de que no vayas a tu suegra con las manos vacías”.
Lo que Booz está haciendo es integrarse en la familia, es dar un mensaje a la familia, es reconocer también a Noemí por su diligencia, por su interés. Es decir que él tiene un interés firme en todas estas cosas, y sobre todo confirmar que ha sido despedida Rut no en vergüenza, sino de una manera favorable. Si hubiera sido despedida en vergüenza, se va con las manos vacías, pero como fue despedida de manera agradable, entonces Rut regresa con las manos llenas.
Luego, entonces, vemos en todo esto que Noemí parece que entiende muy bien, tiene un profundo conocimiento de la personalidad del hombre. Lo que ella dice es, versículo 18: “Entonces Noemí dijo: Espérate, hija mía, hasta que sepas cómo se resuelve el asunto; porque aquel varón no descansará hasta que concluya el asunto hoy”. Ella tiene una firme convicción de que Booz va a hacer todo lo posible para que esto que se suceda, esto que ella ha estado deseando, asimismo suceda. Es una confianza plena en la promesa que Booz ha hecho y en la confianza de que al final todo esto terminará de manera positiva.
De Rut y Booz a Cristo nuestro redentor
A donde yo he querido llegar, hermanos, es a mostrarle a mi iglesia el paralelismo que tiene esta historia con nuestra propia redención. Dice la portada de su programa que “Cristo es nuestro redentor”. ¿Qué es lo que dice la iglesia cuando la iglesia dice: “Cristo es mi redentor”? Cuando la iglesia está diciendo, hermanos, que Cristo es su redentor, está reconociendo la posición precaria que tenía antes de que Cristo le mostrara su favor. Cuando la iglesia está diciendo que Cristo es su redentor, lo que está apelando es que anteriormente nosotros éramos extranjeros, sin ningún tipo de expectativa positiva de que nuestra realidad podía cambiar.
Y como dice el libro de Efesios, en el capítulo 2, del versículo 12 hasta el versículo 13:
En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.
— Efesios 2:12–13
Cuando la iglesia dice que Cristo es su redentor, lo que la iglesia está diciendo es que anteriormente tenía la posición de extranjero, que anteriormente no tenía ni parte ni suerte en las promesas, y ahora en Cristo tiene ciudadanía; ahora en Cristo tiene pactos, promesas; ahora en Cristo tiene esperanza, y todo esto ha sido posible por la sangre de Cristo.
Cuando una iglesia dice que Cristo es su redentor, está pensando, hermanos, en algo como Booz. El redentor tiene las dos cosas: Cristo tiene los recursos y Cristo tiene el deseo. No todo pariente puede ser pariente redentor. Para que un pariente fuera pariente redentor tendría que ser una persona con capacidad económica para comprar la heredad, con capacidad de redimir, con capacidad financiera. Cuando una iglesia dice que Cristo es su redentor, lo que está diciendo es que Cristo tiene no solamente la disposición, sino también los recursos. Por eso dice el evangelio de Marcos, en el capítulo 10, versículo 45:
Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.
— Marcos 10:45
Cuando una iglesia dice que Cristo es su redentor, entiende que en Cristo su sangre, su vida, tuvo tanto valor que, con el sacrificio de Cristo, se puede redimir no solamente a uno, sino a muchos. Cuando una iglesia dice que Cristo es su redentor, lo que está afirmando es que nosotros fuimos comprados por Cristo a un precio. Así mismo dice la primera carta de Pedro, en capítulo 1, del versículo 18 al 19:
Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.
— 1 Pedro 1:18–19
Cuando decimos que Cristo es nuestro redentor, nosotros decimos que nosotros fuimos donde Cristo; Cristo quiso redimirnos y tenía los medios para hacerlo. Cristo es piadoso; Cristo es un mejor Booz; Cristo es más piadoso que Booz y tiene más recursos que Booz para redimirnos.
Cuando una iglesia dice que Cristo es su redentor, lo que dice es que nosotros nos hemos acercado con confianza. De hecho, hermanos, usted podía acercarse a un redentor y que el redentor no quisiera redimirlo, pero nosotros nos hemos acercado a Cristo, y Cristo ha querido ser nuestro redentor. Por eso dice el libro de Hebreos, en capítulo 4, versículo 16:
Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.
— Hebreos 4:16
Cuando la iglesia está diciendo que Cristo es su redentor, debería pensar que Cristo es un tipo de Booz, o que Booz es un tipo de Cristo. La iglesia lo que debió pensar es que nosotros, que no teníamos ninguna esperanza, nosotros que llegamos de Moab a Belén con la intención de recoger migajas, de recoger lo que sobraba, hemos tenido el privilegio de que el hombre más importante en esta tierra se ha afiliado a nosotros y que nos ha redimido por su gracia, hermanos. Nos ha redimido a precio de su sangre, y ha pagado un alto precio para que nosotros seamos sus hijos.
Seguridad en la redención y llamado a clamar
Ay, hermanos, yo me gozo en este último versículo del capítulo 3 que dice: “Espérate, hija mía, hasta que sepas cómo se resuelve el asunto, porque aquel hombre no descansará hasta que concluya el asunto hoy”. Nuestro Señor Jesucristo vino a redimir, hermanos, y encontró obstáculos por los cuales no podía redimirnos, y quiso redimir, y Él no descansó hasta pagar el precio de nuestra completa redención. Yo me gozo en esto porque yo veo la obra de mi Señor: cuando Booz quiso, vio que podía redimir, él fue diligente en hacer todo lo que estuvo a su alcance para redimir. Cuando Cristo decidió comprar un pueblo, pagó con su propia sangre; nos tomó primero y nos amó hasta el final.
Yo quiero animar a la iglesia, hermanos: la redención nuestra es un asunto seguro, pero se va mostrando como por etapas. Y a veces, hermanos, uno tiene la duda de que: “Guau, ¿y se concretarán las promesas del Señor?, ¿sucederá?”. Ay, hermano, yo le diré que aquel hombre, que es tu Señor, no descansará hasta que concluya el asunto. Cristo, hermanos, está redimiendo su iglesia, y Él quiere redimirla. Si Booz, hermanos, que era Booz, no hubo obstáculo que se lo impidiera, sino que llegó y fue diligente hasta el final para lograr… Y otro, y luego por predicar… Y al final Booz no descansó hasta que logró redimir, hermano, porque él quería redimir.
La iglesia, a veces, sabe que las promesas del Señor son reales, son ciertas para su pueblo, pero a veces nota como que todo está en pausa. El pariente ha mostrado interés, nos ha dado las arras del Espíritu, hermanos, nos ha dado algo firme para que sepamos, como le dieron a Rut algo para que llevara a su casa: “Mira, para que tú sepas que esto va en serio, toma esto, para que no llegues con las manos vacías y que se vea que tengo un interés en redimirte”. Hermanos, el Señor le ha dado a su iglesia evidencia de que tiene un interés genuino en nuestra completa redención, y aunque esto, por fe, ya sucedió, hermanos, nuestra historia se va desarrollando; pero yo creo que la historia de todos los creyentes llegará también a Rut capítulo 4 y terminará muy gloriosa, hermanos, viendo que todo esto es real.
Cuántas cosas podría decir acerca de nuestra redención desde la redención de Rut; permítame una más, hermanos. El hecho de que fuera la viuda desamparada que tuviera que pedir socorro, ayuda, misericordia: “Sácame del desamparo, estoy aquí; que no puedo sembrar mi tierra, estoy aquí ahora mismo en dominio, por favor redime”. Yo creo que es una razón poderosa para que defendamos la oración del pecador. Se ha levantado movimiento que dicen que hay que orar de un modo o del otro… Hermano, yo no sé; no es un asunto de un modo o del otro. Yo sé que el que quiera misericordia tiene que clamar por misericordia.
Y a la luz de esto, hermanos, yo me doy cuenta que cualquier persona que no ha encontrado un redentor, cualquier persona que ve que en su vida está todavía espigando, como espigan los que están desamparados, pero que hay un pariente redentor, yo quiero decirle a las personas que todavía no tienen en Cristo la seguridad de su salvación que hay pariente redentor. Que cuando uno quiere ser redimido, uno pide ser redimido, y que Cristo ha dicho, hermanos, que todo el que a Él viene, Él no le echa fuera. Él no le rechaza; lo que el Padre le ha dado, Él no le echa fuera.
Hermano, si usted viene a la presencia del Señor, hay un riesgo de exposición, es verdad, hermano. Quizás Rut pudo ser devuelta de la era en vergüenza: “¿Tú no sabes que yo tengo todos estos años que no me he casado?, por alguna razón no lo habré hecho. ¿Qué haces tú viniendo a buscar de mí? Además, tú eres una extranjera; además, eres una mujer muy joven, tú no debes estar pensando en un hombre en mi condición; además, yo no quiero dañar mi heredad; además, yo no quiero…”. Hermanos, pero él quiso hacerlo.
Cualquier persona que hoy esté congregada, que no tiene la seguridad de que va a ser recibida por el Señor, yo le digo que se acerque confiadamente, como se acercó Rut. Que escuche a Noemí como escuchó Rut; que escuche a alguien que le está diciendo: “Acércate, apela al Señor”. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Hermanos, el Señor puede socorrerte, amigo; el Señor puede socorrerte. La cosa más preciosa que yo encuentro de esto, hermanos, es que todos nosotros fuimos en algún momento como Rut. Todos nosotros nos acercamos al Señor en medio de incertidumbre; todos nosotros apelamos por gracia, hermanos, sin saber que esto era posible. Todos nosotros hicimos un movimiento que era un movimiento audaz.
¿Qué tenía Rut que darle a Booz?, ¿con qué podía ella pagar?, ¿por qué se acercó, hermanos? Y cuando se acercó no fue rechazada. Yo quiero mostrarle a toda mi iglesia que se identifique con Rut: era una extranjera como nosotros, estaba desprovista como nosotros, apeló a algo, hermanos, porque le dijeron que se podía apelar, como nosotros, y cuando fue encontró misericordia, como nosotros. Gloria al Señor de nuestra redención.
Oración final: gratitud y confianza en el Redentor
Preparémonos entonces, hermanos, para completar esta serie de exposiciones, viendo la formulación de todo este asunto y viendo la diligencia de un hombre que quiere redimir para lograr alcanzar su propósito. Oro por toda la iglesia, para que pueda afirmarse en que Cristo es nuestro redentor.
Gracias, Señor, por la narrativa del Antiguo Testamento. Gracias, Padre, por haber ilustrado nuestra salvación con tanta historia. Ay, Señor, desde antes que todo fuera un hecho, ya Tú habías estado trabajando desde la antigüedad para describir, narrar cosas a las cuales nosotros podemos apelar para entender nuestra salvación.
Aproveche ahí, hermano querido, y dele al Señor la gloria por su salvación. Reconozca que usted era un extranjero; reconozca que estaba anteriormente cogiendo espigas; reconozca que se expuso al acercarse a uno que era superior a usted, a uno que era perfecto, a uno que es santo, aleluya, a uno que no conoció pecado, y que usted se acercó en su precariedad y que Él no le devolvió. Gracias, Señor, por la salvación de mi alma. Gracias, Señor, por nuestra redención. Permítenos, Padre, identificarnos profundamente con esta historia. Permítenos, Señor, vernos a nosotros ilustrados en la vida de Rut.
Padre, desde ahora nos estamos gozando porque sabemos que esto para nosotros es ciertísimo. Gracias, Padre, por las muestras de favor que tú nos das y que nos recuerdan que somos tuyos y que estás genuinamente interesado en tu pueblo. Padre, nosotros creemos lo que creía Noemí, y es que cuando está un hombre interesado en que una cosa suceda, hará todo lo que esté a su alcance para que tal cosa, Señor, sea concretada. Nos gozamos en nuestra salvación, buen Señor. Nosotros, que tenemos las arras del Espíritu, Señor, y sabemos que esto va en firme, estamos esperando la resolución de todo este asunto también.
Ay, Señor, enséñale a mis hermanos, que puedan sentir, Padre, que puedan sentir en su corazón la firme seguridad de que tú alcanzarás con tu pueblo tus propósitos y que esta historia termina en redención, Señor, y que todo esto es firme, Padre, y es seguro, porque en ti son el sí y el amén; tú lo has dicho.
Bendice, Padre, también con salvación el día de hoy. Si hay alguna persona congregada hoy que no tiene la seguridad de su salvación, si hay alguien que se siente tímido de venir al Señor, ay, Señor, utiliza tu Santo Espíritu para invitarnos a Él; nos atraes con cuerdas de amor. El Padre envía el Espíritu; el Espíritu y la novia dicen: “Ven, Cristo”, y nos acerca. Nos invita a pasar confiadamente, a pesar de que no tenemos nada de nosotros que podamos darle.
Si hay alguien que quiere poner en el Señor su confianza, puede apelar a la promesa de redención:
Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados.
— 2 Corintios 5:19
Cristo ha venido a redimir; Cristo tiene, en Él, que ha comprado un pueblo a precio de sangre. Y cualquier persona que clama por redención, en Él hay abundancia. Él puede enriquecerle; su patrimonio no se daña cuando Él extiende sus alas sobre alguien. Si alguien aquí hoy congregado puede poner en Cristo su confianza, que sienta la promesa, que es cierta, de que al que a Él viene Él no le echa fuera; no regresará avergonzado, sino que regresa a su casa con promesa de redención y con las manos llenas.
Gracias, Padre, por la esperanza de nuestra salvación. En el nombre de Jesucristo. Amén.