Les invito, hermanos queridos, a que busquen en sus Biblias y continuemos, con la ayuda del Señor, en el capítulo dos del libro de Rut. Es uno de los libros históricos del Antiguo Testamento, justo después del libro de los Jueces. El domingo pasado estuve exponiendo Rut capítulo 1 y, con la ayuda del Señor, hoy llegamos hasta Rut capítulo dos. Pueden buscar en sus Biblias Rut, capítulo dos, desde el versículo 1 y hasta el versículo 23; es la continuación de la historia de Rut. Doy un momento para que todos puedan buscar el texto. Lo que haremos es leer todos estos versículos desde el 1 y hasta el 23 y luego, con la ayuda del Señor, ver esta manifestación de su oportuna providencia.
Estos capítulos están contrastados. Ambos capítulos tratan de la providencia del Señor. El capítulo 1 nos enseña cómo el Señor, en su providencia, utilizó la carencia para colocar a unas mujeres en la línea de su propósito. En el capítulo dos vemos también al Señor utilizando su providencia. Algunos le han llamado a esto la providencia negativa y la providencia positiva, o el favor del Señor de un modo o el favor del otro; no me gusta el término porque ambas son positivas. Lo que vemos aquí es al Señor utilizando las circunstancias para colocar a su pueblo en su propósito. Sin embargo, hermanos, si a mí me dieran a escoger entre Rut 1 y Rut 2, yo me quedo con el dos; siempre preferiría hablar del favor del Señor hacia sus hijos que hablar de su disciplina.
Póngase un momento sobre sus pies y leamos todo este texto, desde el versículo 1 y hasta el versículo 23. Es la continuación de la historia de Rut: ya están en Belén, ya han sido traídas por el Señor, ya han sido colocadas por el Señor en la actitud correcta, que es la actitud de recibir. Dice así la Sagrada Escritura:
Tenía Noemí un pariente de su marido, hombre rico de la familia de Elimelec, el cual se llamaba Booz. Y Rut la moabita dijo a Noemí: Te ruego que me dejes ir al campo y recogeré espigas en pos de aquel a cuyos ojos hallare gracia. Y ella le respondió: Ve, hija mía. Fue, pues, y llegando, espigó en el campo en pos de los segadores; y aconteció que aquella parte del campo era de Booz, el cual era de la familia de Elimelec. Y he aquí que Booz vino de Belén, y dijo a los segadores: Jehová sea con vosotros. Y ellos respondieron: Jehová te bendiga. Y Booz dijo a su criado el mayordomo de los segadores: ¿De quién es esta joven? Y el criado mayordomo de los segadores respondió y dijo: Es la joven moabita que volvió con Noemí de los campos de Moab. Y ha dicho: Te ruego que me dejes recoger y juntar tras los segadores entre las gavillas. Entró, pues, y está desde por la mañana hasta ahora, sin descansar ni aun por un momento. Entonces Booz dijo a Rut: Oye, hija mía, no vayas a espigar a otro campo, ni pases de aquí; y aquí estarás junto a mis criadas. Mira bien el campo que siegan, y síguelas; porque yo he mandado a los criados que no te molesten. Y cuando tengas sed, ve a las vasijas y bebe del agua que sacan los criados.
Ella entonces, bajando su rostro, se inclinó a tierra y le dijo: ¿Por qué he hallado gracia en tus ojos para que me reconozcas, siendo yo extranjera? Y respondiendo Booz, le dijo: Es sabido todo lo que has hecho con tu suegra después de la muerte de tu marido, y que dejando a tu padre y a tu madre, y la tierra donde naciste, has venido a un pueblo que no conociste antes. Jehová recompense tu obra, y tu remuneración sea cumplida de parte de Jehová, Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte. Y ella dijo: Señor mío, halle yo gracia delante de tus ojos, porque me has consolado, y porque has hablado al corazón de tu sierva, aunque no soy ni como una de tus criadas.
Y Booz le dijo a la hora de comer: Ven aquí, y come del pan, y moja tu bocado en el vinagre. Y ella se sentó junto a los segadores; y él le dio del potaje, y comió hasta que se sació, y le sobró. Luego se levantó para espigar. Y Booz mandó a sus criados, diciendo: Que recoja también espigas entre las gavillas, y no la avergoncéis. Y dejaréis también caer para ella algo de los manojos, y lo dejaréis para que lo recoja, y no la reprendáis. Espigó, pues, en el campo hasta la noche; y desgranó lo que había recogido, y fue como un efa de cebada. Y lo tomó, y se fue a la ciudad; y su suegra vio lo que había recogido. Sacó también luego lo que le había sobrado después de haber quedado saciada, y se lo dio. Y le dijo su suegra: ¿Dónde has espigado hoy? ¿Y dónde has trabajado? Bendito sea el que te ha reconocido. Y contó ella a su suegra con quién había trabajado, y dijo: El nombre del varón con quien hoy he trabajado es Booz. Y dijo Noemí a su suegra: Sea bendito de Jehová, pues que no ha rehusado a los vivos la benevolencia que tuvo para con los que han muerto. Después le dijo Noemí: Nuestro pariente es aquel varón, y uno de los que pueden redimirnos. Y Rut la moabita dijo: Además de esto me ha dicho: Júntate con mis criadas hasta que hayan acabado toda mi siega. Y Noemí respondió a Rut su nuera: Mejor es, hija mía, que salgas con sus criadas, y que no te encuentren en otro campo. Estuvo, pues, junto con las criadas de Booz espigando hasta que se acabó la siega de la cebada y la del trigo; y vivía con su suegra.
— Rut 2:1–23
Pueden sentarse, hermanos queridos.
Tal cual les he compartido, el capítulo 1 y el capítulo dos de esta pequeña historia están contrastados. Así como en el capítulo 1 veíamos una cadena de tragedias, una cadena de infortunios, en el capítulo dos vemos una cadena de providencia favorable. Regresaron de Moab hasta Belén con las manos vacías; regresaron viudas, regresaron sin ninguna esperanza, y ahora el Señor está por cambiar el tiempo. Yo quiero vivir a la luz de esta realidad: yo no conozco cuál es el día, yo no tengo el calendario de Dios, pero yo sé que mi Dios puede cambiar los tiempos. Así como anteriormente todo eran noticias malas, así como anteriormente todo era sin esperanza, ahora las noticias buenas comienzan a llegar. Yo quiero servir al Dios que da una cosa y también la otra, pero yo quiero esperar cosas de estas.
Rut no sabía que su tiempo estaba por cambiar. Recuerdo aquella canción que fue memorable para nuestra iglesia, cuando decíamos: “El día vendrá, y sin saber tu temporada cambiará”. Yo quiero vivir la realidad de que la temporada en nuestra iglesia puede ser distinta; yo no conozco el día porque no conozco el calendario, pero sí conozco al Dios, y sé que ese Dios puede determinar el día. Yo sé, hermanos, que en esta tierra nos tocarán tiempos de un tipo y del otro, pero yo quiero preparar a mi iglesia para que reciba también este tiempo. Creo que ustedes vieron que el domingo pasado fui diligente en enseñar a mi iglesia que tiene que reconocer a Dios aun en su momento más amargo; ahora quiero preparar a mi iglesia también para que reciba a Dios en el momento dulce. Yo no quisiera ser una iglesia de una sola temporada, una iglesia de un solo tiempo; no quisiera convertirme solamente en un predicador que prepara la iglesia para el día malo, yo le digo: el día bueno también viene.
Yo quisiera tener el calendario, hermanos, y decirte que el día bueno es mañana; puede ser mañana, puede ser pasado, pero en Dios están ambos días, están en su corazón: Rut 1 y también Rut capítulo dos. Les digo, a modo de introducción, que esta historia, la historia de Rut, no cambió de repente. Ella había resuelto dejar a su pueblo y a sus dioses y asumir un pueblo y un Dios, y en ese momento su historia no cambió. Quizás hoy aquí hay alguien que hoy va a poner en Cristo su confianza. Yo les digo: si hoy pones en Cristo tu confianza, tu historia va a cambiar; yo no sé si hoy mismo, mañana, pero tu historia tendrá que ser distinta.
El inicio de la cadena providencial y la ley de las espigas
La historia de Rut no cambió de repente, tampoco cambió sin propósito. Al tomar la decisión de permanecer junto a Noemí y unirse a su pueblo, refugiándose bajo las alas de Dios, su condición siguió siendo precaria, pero ahora Dios comienza a cambiar los tiempos. Su favorable providencia aligera su carga mientras la va acercando a su propósito. Son pequeños detalles: puertas abiertas, asuntos inesperados, algo está cambiando la historia. Dios no solamente está trabajando para que Rut se sienta mejor; Él está cumpliendo su propósito en ella, que es algo aún más relevante que ser parte del pueblo, tener alimento o un marido. Mientras recoge espigas entre los desamparados, Rut la moabita está por convertirse en uno de los antepasados de nuestro Señor Jesucristo.
Hermano, tu Dios puede recogerte de tu día malo; tu Dios puede rescatarte en tu momento de infortunio. Esta historia es una historia favorable y, desde el versículo 1 hasta el versículo 9, lo que comienza a describirse en Rut capítulo dos es una cadena de hechos providenciales que no son coincidencia. ¡Cuánto se parece esto a Rut capítulo 1, pero al revés! En Rut capítulo dos ahora tenemos el caso contrario. De hecho, hermanos, Rut capítulo dos, desde el versículo 1 y hasta el versículo 23, es una cadena larga de providencia, con una exhortación en medio. Recuerdo estar en mi casa mirando todo lo que tenía para exponer; lo que acostumbro hacer es que voy leyendo el texto durante la semana, voy tomando notas, vuelvo y estudio.
Y le decía yo a Caro: “Caro, es que yo no encuentro que esto tenga ninguna estructura; esto es como que el autor se dedicó a hablarnos de la providencia favorable y desde el 1 y hasta el 23 es lo único que dice; todas son buenas noticias”. De hecho, aquí no hay mucha estructura; le digo: usted toma el versículo 1, comienza, llega al versículo 23 y encontrará providencia favorable, con una pausa corta en medio, donde nos dice la actitud de Rut y la actitud de Booz ante estos favores, y después más providencia favorable. Es como que el Señor abrió la llave. Yo anhelo que a ti, en tu vida, te llegue ese día; anhelo que mis hermanos un día despierten y todo estaba oscuro, todo estaba gris, y ahora sale el sol. Yo anhelo ese día para mi iglesia, y yo sé que mi Dios tiene también el día favorable.
Yo quiero hacer una apología, hermanos, porque no quiero convertir a mis hermanos en cristianos tristes, apagados, que solamente asumen como estoicos que el Señor les ha visitado con amargura. Yo quiero decirte que el Señor cambia los tiempos, y desde el versículo 1 hasta el versículo 23 lo único que hay aquí es providencia favorable. Es bueno. Comienzo exponiendo el versículo 1, que es un versículo necesario porque nos coloca en la posición de que Rut no sabía lo que estaba pasando. Dice Rut 2:1:
Tenía Noemí un pariente de su marido, hombre rico de la familia de Elimelec, el cual se llamaba Booz.
Pero Rut no le conocía. El versículo 1 está ahí para colocarnos en la actitud correcta, y es que estamos siendo sorprendidos por la providencia del Señor; Rut no sabía que ese día las cosas estaban por cambiar. Entonces la historia, en cuanto a la acción, comienza en el versículo dos, después de decirnos qué sombra existía, que Rut no lo conocía, y que parece que Noemí tampoco estaba contando con esto.
Y Rut la moabita dijo a Noemí: Te ruego que me dejes ir al campo y recogeré espigas en pos de aquel a cuyos ojos hallare gracia.
Hay hermanos que leen esto y piensan que ella está pensando en Booz; no está pensando en Booz, no le conocía. Y yo les pedí el domingo anterior que por favor guarden las novelitas de Corín Tellado, que esto no es eso. Aquí todavía no hay historia romántica, no hay deseo de conquistar un hombre, no hay nada parecido; lo que encontramos es una mujer desamparada que sale a espigar.
En la antigüedad se estilaba, por ley de Dios, en Levítico y después recalcado en Deuteronomio, que cuando se fuera a cosechar, cuando se fuera a la siega, los campos no podían ser cegados hasta lo último que se encontrara, sino que había que dejar un poquito para los pobres. Después de terminar la siega, entonces venía el tiempo de los desamparados. ¿Para quién estaba reservada esta práctica de recoger espigas? Estaba reservada para la viuda, para el huérfano y para el extranjero. Rut la moabita dice: “Por lo menos yo cumplo con dos: soy viuda y soy extranjera”.
Eran las leyes humanitarias del Antiguo Testamento. No se podía segar un campo hasta lo último; había que dejar un poquito para los pobres. Esta providencia favorable, esta cadena de asuntos no coincidenciales, asuntos improbables, comienza con que Noemí tuviera un pariente cercano, y sigue con que esta mujer saliera a espigar y consiguiera dónde hacerlo, porque había también un gran impedimento. La ley establecía que después de haber cegado venían los pobres, los huérfanos, los extranjeros y podían buscar, pero no necesariamente en el mismo momento de la siega.
Cuando se estaba cegando, era una práctica que a los desamparados se les podía permitir estar ahí, pero estabas a expensas de que te dieran el permiso. Ella salió sin tener la seguridad de que podía lograrlo. Aquí hemos visto dos hechos: que Noemí tuviera un pariente así, y que Rut se atreviera a salir sin seguridad de éxito.
El perfil improbable de Booz y la guía invisible de Dios
Lo primero que vemos es que Noemí tuvo un pariente, y primero, un pariente piadoso. Hermano, en el tiempo de los jueces, cuando cada cual hacía lo que bien le parecía, que el Señor haya preservado un hombre así ya es un hecho providencial. Y después, un hombre rico, en medio de un tiempo de hambruna; termina la hambruna y aparece que Booz es rico. Son dos actos de la providencia: que tuvieran pariente, que fuera piadoso en el tiempo de los jueces, y al mismo tiempo que prosperara en medio de la hambruna; después, que este pariente estuviera soltero. Eso es demasiado pedir.
Rut no se levanta un día y le dice al Señor: “Yo quiero conocer un hombre como Booz”. No, ella no cuenta con nada de esto. Entre las características de Booz está que es rico; el término “rico” es más que acaudalado, es próspero, un hombre próspero, que es mejor que rico porque es una actitud del corazón. También es un hombre devoto, que se evidencia por el saludo que tiene con sus siervos. Es un hombre admirado por sus siervos, diligente en sus negocios; fue a supervisar cómo va la siega. Dice la Escritura que es un hombre sabio, que tiene cuidado de sus ovejas. Es un hombre generoso, un hombre reconocido por los ancianos de su pueblo, como se ve en el capítulo cuatro.
¿Y qué más vemos en este hombre soltero? Yo quiero ver la providencia de mi Señor aun en la soltería; solamente el Señor sabe de qué mujer ha cuidado a Booz. Quiero mostrar asuntos que aparecen circunstanciales y que, si usted es carnal, le parecen de novela, para que ustedes vean la poderosa mano de Dios hilando cosas a favor de sus siervos. Noemí no salió de Moab esperando esto. No dijo: “Mira, vámonos para allá porque yo tengo un familiar que se llama Booz”; parece que ni Noemí ni Rut estaban contando con esto. Noemí era quien le conocía, y parece que no estaba al tanto, no conocía lo que era su vida, no lo tenía presente. Booz, para Rut, era un perfecto desconocido; de hecho, ella trabajó con él y después fue que supo que era familiar de Noemí.
Primero, dos hechos improbables, providenciales, favorables: que Noemí tuviera un pariente con estas características, piadoso en el tiempo de los jueces y al mismo tiempo próspero en medio de la hambruna; después, que este pariente estuviera soltero. La tercera providencia es que Rut saliera a espigar sin seguridad de poder hacerlo y lo lograra. Ella salió a buscar, no que conociera a nadie por su nombre, porque era una extranjera; salió a ver quién tenía misericordia de esta mujer desamparada y le permitía, antes de que sucediera el tiempo normal, comenzar a espigar.
“Te ruego que me dejes ir al campo y recoger espigas en pos de aquel a cuyos ojos hallare gracia.” Ella dice: “Yo voy a apelar a la misericordia de alguien para que no nos muramos”. La providencia del Señor se manifiesta en que, aun en esa circunstancia, dado que existía la ley, pero la ley todavía no había comenzado la operación plena, y dado que estamos en el tiempo de los jueces, donde cada cual hacía lo que bien le parecía, y dado que ella era extranjera y moabita, tenía menos probabilidades, aun así vemos la providencia del Señor: ella llega y encuentra dónde espigar, gloria al Señor.
Dice el versículo 3:
Fue, pues, y llegando, espigó en el campo en pos de los segadores; y aconteció que aquella parte del campo era de Booz, el cual era de la familia de Elimelec.
Ese “aconteció” es importante. Ella no lo sabía, hermanos; tocó así la providencia del Señor. Hermanos queridos, lo que estoy es preparándolos a ustedes para que, cuando el Señor comience a visitarles de forma favorable, en cada una de esas cosas ustedes puedan ir diciendo: “Gloria a Dios, gloria a Dios, gloria a Dios”. El Señor hace una raya así para su siervo, donde todas las cosas comienzan a estar a su favor.
La providencia es esa que hace que Rut termine, sin conocerle, pisando los campos de Booz. Aunque el autor lo introduce en el 1, ella no sabía que él existía, no sabía que era un pariente, no sabía que era un hombre devoto, no sabía que Él podía redimirla; no sabía nada de esto. Ella está espigando, recogiendo lo que caía, va detrás de los segadores recogiendo lo que caía sin saber dónde estaba ni quién era ese hombre. Y sucede que también la “coincidencia” —pongámosle providencia— permite que Booz viniera a ver a sus segadores y encontrara ahí a Rut.
Dice el versículo 4 y 5:
Y he aquí que Booz vino de Belén, y dijo a los segadores: Jehová sea con vosotros. Y ellos respondieron: Jehová te bendiga. Y Booz dijo a su criado el mayordomo de los segadores: ¿De quién es esta joven?
Más adelante, en los versículos 6 y 7, si entendemos bien —porque la traducción de Reina-Valera del 60 no lo deja tan claro, pero en otras sí—, es que Rut había hecho una pausa, y en ese momento en que Rut hizo una pausa fue el mismo momento en que llegó Booz a visitar.
La Biblia de las Américas traduce el versículo 7 así: “Te ruego que me dejes espigar y recoger tras los segadores entre las gavillas; y vino, y ha permanecido desde la mañana hasta ahora; no se ha sentado en la casa sino por un momento”. Ese momento del día, de la mañana, en que ella hace la pausa, es el mismo momento del día en que llega Booz, y cuando llega Booz entonces la reconoce y pregunta: “¿Quién es esa mujer?”. Esa “casa” era un cobertizo, algo que ellos hacían improvisado para estar ahí cuando estaban cegando. Todas estas cosas no las podemos ver como alegres coincidencias; es que la providencia del Señor ha comenzado a visitar a Rut y a Noemí y a su familia.
Luego tomemos el versículo 6: el mayordomo sabía de la llegada de Rut y de Noemí, y sabía el contexto en que esto había sucedido. Tal como lo dije en el capítulo 1, esta historia fue una historia conocida en Belén; esto fue un hecho asombroso, y a este hombre le había llegado. Y cuando habla de ella transmite con fidelidad cuál es el perfil de esta mujer. Él pudo haber dicho cualquier cosa: “Ah, esa es una mujer que está espigando, viene detrás de los segadores”. Pero no, él sabe quién es Rut. La ha visto desde temprano, ha podido leer su temperamento y da una buena retroalimentación.
Dice que ella pidió permiso, dice que rogó que se le permitiera espigar, dice que llegó por la mañana, que ha estado trabajando sin descanso. Todas estas cosas no puedo verlas como casualidades, como hechos aislados; tengo que ver necesariamente que la providencia favorable del Señor sigue avanzando a favor de esas mujeres. Después dice el versículo 8 que Booz le permitió entonces estar junto a sus criadas. Ella, que entró como desamparada, en este momento, de golpe y porrazo, cambia su condición: ya no es una desamparada que viene aquí y está detrás del último, recogiendo lo último que quedó.
“Y aquí estarás junto a mis criadas.” Ahora se le permite estar entre las criadas de Booz: “Tú eres parte de la familia, tú eres parte de nosotros; estás bajo nuestra protección”. Y después dice que la pone bajo la protección de sus criados: “Porque yo he mandado a los criados que no te molesten”. Antes los criados podían molestarla como extranjera, podían aprovecharse de ella; ahora dice que los criados tendrán que cuidarla. Y que si acaso tiene sed, “ven y toma de las vasijas que los criados han traído; eso que anteriormente te podía molestar ahora te protege, y ellos mismos van a cargar el agua”.
Ay, hermanos queridos, yo creo que tú anhelas un momento como ese; yo creo que tú anhelas una racha como esa, cuando el Señor comienza a hacer que todo obre para dos cosas: para colocarte en una posición materialmente mejor, pero también para acercarte más a sus propósitos. Porque es doble lo que aquí está sucediendo: no solamente que materialmente la vida de Rut mejora, es que Rut queda en mejor posición material, pero al mismo tiempo queda más cerca de los propósitos del Señor. Esas son las dos cosas que quiere un creyente: un creyente quiere caminar relativamente cómodo en esta creación y al mismo tiempo estar en el centro de la voluntad de su Dios.
Humildad de Rut y devoción de Booz ante la gracia de Dios
Parece que Booz también conoce la historia, aunque no conoce a Rut personalmente. Lo que él dice es, en el versículo 8:
Oye, hija mía, no vayas a espigar a otro campo, ni pases de aquí; y aquí estarás junto a mis criadas. Mira bien el campo que siegan, y síguelas; porque yo he mandado a los criados que no te molesten. Y cuando tengas sed, ve a las vasijas y bebe del agua que sacan los criados.
Después de toda esta providencia, todo esto que el Señor ha estado hilando, entonces llega al centro del pasaje, que son los versículos 10 al 13: cómo responde Rut y cómo responde Booz ante todos estos favores. Pero antes de esas cosas, hermanos, tengo que aplicar.
¿Qué podemos ver en estos primeros versículos? Primero, el cuidado que tuvo Rut de Noemí: un cuidado tierno, tomó la iniciativa. Rut evitó que fuera Noemí quien saliera a espigar. Noemí ya era una anciana. El hecho de tener a Rut evitó que Noemí tuviera que salir ella a recoger estas espigas; es un cuidado tierno hacia ella.
Quiero decirles, hermanos: Rut no estaba orando por ninguno de estos favores. Y aguanten, que no quiero desmeritar la oración. Sin embargo, quiero mostrarles que, a diferencia de los paganos, nosotros entendemos que el Señor tiene cuidado de sus hijos aun en aquellos asuntos donde nosotros no hemos pedido intencionalmente. Fue muy popular un librito en algún momento que nos decía que, si acaso no pides con total intencionalidad, con total descripción, con asunto muy claro, el Señor no te iba a cuidar. Hermano, el Señor te va a cuidar; ora, es lo que quiero decir. Lo que quiero mostrar en esto no es que la Escritura nos esté mostrando que Noemí se dedicó a la oración, que Rut se dedicó a buscar el rostro del Señor y en todas sus peticiones el Señor la recompensó; es que ellas están, de hecho, ya en las manos del Señor.
Orar, hermanos, no es lo que quiero decirte que no hagas; lo que quiero decirte es que aun en aquellos momentos donde tú no has orado por algo de manera intencional, aun ahí el Señor te está cuidando. Los paganos te dicen que si acaso a los dioses no se les piden las cosas, no se les hacen los rituales, entonces los dioses no responden. Nosotros entendemos que estamos bajo las poderosas alas del Señor y frecuentemente oramos por cosas especiales, pero también entendemos que, en los asuntos excepcionales, aun cuando nosotros no estamos orando, el Señor nos cuida. ¿Cómo hubiera orado Rut por Booz? ¿Por qué pudo haber orado ella? “Ay, Señor, te pido que preserves a un hombre piadoso, que tenga un corazón honrado en su pueblo, un hombre que tenga buen testimonio. Señor, te estoy orando por un hombre que sea rico; te estoy orando por un hombre que al mismo tiempo sea soltero; Señor, te estoy orando…” No, hermano, ella no sabía ni que existía.
Por eso dice Efesios capítulo 3, versículo 20 en adelante:
Y a aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.
— Efesios 3:20–21
Hermano, ora por tus necesidades, pero entiende que en todo momento tu Dios te está cuidando. No quisiera que mi iglesia entienda que solamente Dios te cuida por las cosas que tú pediste; Él te va a cuidar allí y Él también te va a cuidar allá. El tierno cuidado del Señor estuvo obrando a favor de Rut y a favor de Noemí en toda circunstancia.
Y yo creo, hermanos, que el Señor nos sorprende, nos da más allá. Por eso dice 1 Corintios capítulo 2, versículo 9:
Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.
— 1 Corintios 2:9
Yo creo que el Señor prepara asuntos de este tipo de antemano. Y no es porque nosotros lo podamos pedir de manera explícita. Hermano, si yo hubiera recibido en mi vida solamente lo que yo he pedido, es muy poco del Señor; el Señor me ha dado más allá de lo que yo ni siquiera pudiera desear. Hay cosas que el Señor te ha reservado que tú ni siquiera conoces cuáles son. Estoy enseñando aquí una provisión que Rut no estaba preparada ni siquiera para pedir a ese nivel, y Dios a ese nivel está respondiendo.
Los piadosos vemos a Dios, hermanos, en nuestra circunstancia; vivir es vivir esperando ser sorprendidos por el Señor. Dos cosas más de aplicación y me muevo. Que la providencia del Señor te encuentre trabajando. Ese día Rut salió de su casa esperando que habría un campo donde iba a poder espigar; ella salió en fe, salió en diligencia; era una mujer esforzada, y por eso salió. Que la providencia del Señor te encuentre trabajando; dice la Escritura también que Dios bendice al diligente. Dios puede sorprenderte, Dios puede deleitarte el día de hoy, pero que te encuentre trabajando, porque esas cosas no solamente glorificarán al Señor, sino que lo glorificarán dos veces: tanto por tu testimonio como por su providencia.
Hemos visto hasta aquí una cadena de favor. Hemos visto hasta aquí, hermanos, que el día de Rut cambió y cambió de repente. Yo me encuentro a primera hora de la mañana en la incertidumbre de si podré espigar, y a mediodía, más o menos, ya soy parte del proyecto. Yo salí de mi casa sin saber si alguien me iba a dar la concesión de permitirme espigar, y ya al mediodía tengo agua, tengo protección y soy parte de la gente; ya no soy un desconocido que se le ha permitido, sino que soy parte. Ya el dueño de la propiedad me conoce, y ya me ha garantizado que voy a poder seguir espigando. Así, hermanos, yo quiero que el Señor cambie tu día de esa manera.
Aquí es que uno se separa de aquellos que solamente predican estas cosas y de otros que nunca las predican, porque no quiero dejar de predicar estas cosas. Es el dilema que uno tiene cuando ve la Escritura: hay algunos que te dicen que en el Señor, si tú eres suyo, solamente hay tiempo favorable. Yo te digo: hay de los dos. Pero, hermano, no queremos solamente el momento amargo; yo creo que Dios puede prosperarte, yo creo que Dios puede bendecirte, yo creo que el Señor puede cambiar tu día a favor, yo creo que el Señor puede hacer cosas grandes en medio de nosotros y estoy preparando mi iglesia para que reciba también del Señor ese día.
Lo que vemos ahora es el centro de esto, el corazón del texto. Esto va como una guagua que prende y termina en el versículo 23, pero hace una pausa del 10 al 13 para mostrar la actitud de Rut y la actitud de Booz ante todos estos favores. ¿Qué dice Rut? Estoy en Rut 2:10:
Ella entonces bajando su rostro se inclinó a tierra, y le dijo: ¿Por qué he hallado gracia en tus ojos para que me reconozcas, siendo yo extranjera?
Yo me imagino, hermanos, que ella estaba abrumada. Yo recuerdo momentos así; tú quizás recuerdas momentos donde en el corazón todas las cosas, el Señor comienza a abrir puertas, abrir puertas, abrir puertas, abrir puertas, y la emoción que hay en el corazón es: “¡Wow! El Señor me ha deslumbrado, me ha sorprendido”. Lo que dice Rut es: “¿Por qué he hallado gracia en tus ojos para que me reconozcas, siendo yo extranjera?”. Ella no se lo aplica como un derecho; no dice: “Claro, esto me tocaba”. Ella está diciendo: “¿Qué fue lo que pasó, qué fue lo que sucedió?”.
Me gusta la respuesta que le da Booz, en el versículo 11:
Y respondiendo Booz, le dijo: Es sabido todo lo que has hecho con tu suegra después de la muerte de tu marido, y que dejando a tu padre y a tu madre, y la tierra donde naciste, has venido a un pueblo que no conociste antes. Jehová recompense tu obra, y tu remuneración sea cumplida de parte de Jehová, Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte.
La respuesta que él da es una respuesta piadosa. Es como si dijera: “Mira, es verdad, soy un hombre, soy el dueño, pero sobre todas estas cosas hay algo que es mucho más grande que tú; tú estás refugiada bajo las alas de Dios”.
¿Cómo responde Rut? Primero, con absoluta humildad. Aquí se evidencia la gloria del Señor y también el carácter piadoso que ella tenía. Dice que se inclinó; era una práctica inclinarse ante alguien que era mayor, ante alguien que tenía más dignidad. Se está inclinando; no es una mujer altiva. Ella no asumió todo esto como un derecho, sino como gracia, hermanos, gracia inmerecida. Me gusta Rut 1 porque nos coloca en la posición correcta: la posición de recibir. Y cuando recibas, tú no vas a entender que lo mereces, tú no vas a entender que era lo que te tocaba. Aquí no vemos a Rut defendiendo un derecho; ella está diciendo: “He recibido gracia; ¿por qué he hallado gracia?”.
Esta historia es una historia paralela a la historia de nuestra salvación. Nosotros vinimos a Cristo, fuimos rescatados en nuestra más absoluta carencia, y la pregunta que todo creyente verdadero se hace es la misma: “¿Por qué he hallado gracia?”. Ella no entendió que esto era normal, no entendió que era un derecho. El ser humano, aun en su desamparo, manifiesta el ego. Es tan malvado el asunto del ego que hasta en nuestro más profundo desamparo florece. Nosotros somos pobres y pensamos que tenemos derechos; aquí está el famoso titular en cada noticia: “Somos padres de familia”. La gente está empoderada en su pobreza, manifestando ego. Ella no está empoderada en su pobreza; está recogida, y dice: “Yo he hallado gracia; yo no merecía nada de esto, yo soy extranjera”.
Ella no ignoró su condición de extranjera. Me gusta que ella dice que Booz ha consolado su corazón; ella estaba siendo hablada muy duro por la vida, y ahora está respirando. Póngase, hermano, en el lugar de una persona que viene de un país extranjero, una persona que llega en total precariedad, en total desamparo, y comienza a ver como que el sol está saliendo, y dice: “Wow, estoy respirando por primera vez en mucho tiempo”. Pero si me gusta la actitud de absoluta humildad que está manifestando Rut, me gusta todavía mucho más la actitud de devoción que está mostrando Booz. Booz está apuntando toda la gloria hacia Dios. “No soy yo, no soy yo; es que tú te has refugiado bajo las poderosas alas de Dios.”
Yo les he dicho, hermanos, que cada vez, mientras más estudio esto, más me convenzo de que el hombre verdadero de Proverbios es Booz, y que la mujer virtuosa de Proverbios 31 es Rut. ¿Qué es lo que dice Proverbios del hombre verdadero? Que no es vano, que no es un hombre que llama la atención hacia sí mismo, que no es un hombre que con sus palabras trata de engrandecerse. Booz pudo haber dicho: “Soy rico; este es el campo de Booz. Aquí la gente está muriendo de hambre; yo soy próspero, tengo sirvientes. Además, eso que yo te estoy dando a ti a mí no me cuesta mucho, tengo demasiado; darte un poquito más, un poquito menos…”. ¡Quiten todo eso de ahí, hermanos! Esto es un hombre piadoso que toda la gloria se la da a su Dios.
Él está diciendo: “Tú te has refugiado bajo las poderosas alas de Dios”. Quiero decirles esto: todos los bienes de un hombre piadoso son una extensión de las poderosas alas de Dios. Cualquier cosa que usted pueda hacer por el necesitado, cualquier cosa que pueda hacer por la desamparada, cualquier cosa que pueda hacer por la viuda, son las poderosas alas de Dios que se están extendiendo. La gloria no es para ti; no es vanagloria, es gloria para Dios. Cuando hagas misericordia, recuerda a la persona: no es que usted es bueno; recuerde que usted está ahora mismo bajo los dominios de las poderosas alas de Dios.
“¿Y por qué yo llego a esta casa y me dan comida?” “Ah, tú sabes, es que yo soy cristiano, yo soy bueno, es que somos una familia piadosa.” No. Es que esta casa es parte del dominio de las poderosas alas de Dios. “¿Y por qué tú, siendo mi empleador, no me despides, sino que me das una segunda oportunidad?” “Es que esta empresa es una extensión de la izquierda de la poderosa ala de Dios, y mi casa la mano derecha.” Hermanos queridos, yo quiero invitarles a que vean que cualquier expresión de gracia que pueda salir de ustedes hacia el carente, hacia el necesitado, es una expresión de la gracia del Señor. Booz no está llamando la atención hacia él; está llamando la atención hacia Dios.
Primero afirma su testimonio; esas son actitudes a cultivar. Dice: “Es sabido todo lo que has hecho con tu suegra”. Como dice Proverbios 31 al final, que sus hechos la preceden. “Yo he sabido de ti; no te conocía personalmente, pero había escuchado la historia, que fue popular entre nosotros, de todo lo que has hecho por tu suegra.” ¡Ay, hermano, que tu testimonio te preceda! Uno puede llamar a aparecerse a Dios ayudando hasta al malvado; sin embargo, ayudar al piadoso da mayor satisfacción. Usted debe ayudar a cualquier persona, pero ayudar al piadoso da más satisfacción. ¡Qué bueno ayudar a una persona que uno está convencido de que es una persona de corazón piadoso, una persona que ha demostrado carácter!
Y no es que se gana; él no está diciendo: “Tú te lo ganaste”; no le está pagando una remuneración de justicia. Él está diciendo: “Yo he escuchado tu testimonio”. Lo primero: tú has dejado un pueblo y te has refugiado en otro, has venido al pueblo del Señor y estás bajo las poderosas alas de Dios. Él la afirma dentro del pueblo: “Has venido a un pueblo que no conociste”. Él no la está excluyendo; la está integrando. Está diciendo: “Sí, tú has llegado; entre los moabitas quizá hubieras muerto de hambre. Estás en Israel y estás ahora mismo en la propiedad de un hombre piadoso de Israel”. Él no lo dice así, pero lo que está diciendo es: “Este pueblo es distinto; aquí las cosas son distintas; estas son las poderosas alas de Dios.”
Y rápido, Booz le apunta a Jehová como su proveedor: “Jehová recompense tu obra”. No “yo”; rápido, Jehová, tu proveedor. No es que quiera ser en extremo puntilloso, como vocal de último periquito, pero me gusta cómo Booz presenta a Jehová, Dios de Israel. No son asuntos ambiguos; usa el nombre de Él: Yahvé. Él no dice “el Dios de por ahí”; dice:
Jehová recompense tu obra, y tu remuneración sea cumplida de parte de Jehová, Dios de Israel.
Eso es un recuerdo importante para una gente que acaba de llegar a un pueblo extraño. No a cualquier dios, no son los dioses de Moab; es Jehová, el Dios de Israel. Al lugar al cual tú te mudas, al pueblo al cual tú hiciste tuyo, al Dios al cual tú hiciste tuyo, ese te recompense, porque te has refugiado bajo sus alas.
Después de todo esto, hermanos, vemos del versículo 1 al versículo 9 una cadena de favores; desde el versículo 10 hasta el versículo 13, la actitud piadosa con que responden Rut y Booz, ambos siervos de Dios, piadosos. Se ve que el autor quería destacar el corazón correcto de estas personas. Lo que sigue, del versículo 14 al versículo 23, vamos a ponernos sentados y mirarlo, diciendo: “¡Wow, wow, wow! Y se puede todavía más”. Eso es lo que la Escritura llama “gracia sobre gracia”.
Gracia sobre gracia en la comida, la espiga y el efa de cebada
Es que, de a poco, el Señor comienza a mostrar su favor, y Él no lo hace a nivel normal, a nivel pequeño; al Señor le gusta llevarlo a un punto glorioso, a un punto donde tú tengas que decir: “Definitivamente Dios está en el asunto”. Ya Rut ha recibido mucho, ya vemos cómo está respondiendo, y si el Señor había mandado agua, ahora está por abrir la llave de la abundancia. Si lo que hemos visto hasta ahora eran asuntos poco probables, pero el Señor los permitió, lo que comienza a suceder desde el versículo 14 hasta el versículo 23 nos deja diciendo: “¡Guau! El Señor se está desbordando; es todavía más, más, más del favor del Señor a favor de esta mujer”.
Dice así el versículo 14:
Y Booz le dijo a la hora de comer: Ven aquí, y come del pan, y moja tu bocado en el vinagre. Y ella se sentó junto a los segadores; y él le dio del potaje, y comió hasta que se sació, y le sobró.
Ya le estaban dando agua; ahora también le van a dar pan. “Ven aquí y come del pan y moja tu bocado en el vinagre”; ella se sentó junto a los segadores, y él le dio del potaje y comió hasta que se sació, y le sobró. Cuando el Señor te muestre su favor, no lo reniegues. No digas: “Ay, no, Señor, tú sabes…” Hermano, coma pan; hace tiempo que no comía bien, coma. Deléitese en lo que son legítimos favores. Hay que recibir el favor del Señor; así como usted fue fiel en el momento del trago amargo, ahora deléitese en que el Señor no solamente le ha traído agua, le ha traído protección, sino que también le ha traído pan. Gloria al Señor; Dios es bueno, Dios es fiel.
Aquí me veo en la necesidad de hacer una pausa necesaria. Le voy a pedir a mi iglesia que, hasta este momento de Rut, hasta Rut capítulo 2, descarte cualquier actitud romántica. Primero, porque los orientales no se enamoraban como se enamoran en Occidente y con la mundanidad que prevalece hoy, que cualquier actitud favorable de un hombre hacia una mujer se entiende que la está enamorando y pretendiendo. Quítenle esa carnalidad para que puedan entender a Rut. Después se van a enamorar, y aquí habrá enamoramiento, pero hasta el momento descarten cualquier asunto romántico. No es que Booz esté pretendiendo a Rut, no es que la esté conquistando.
Cuánta gente he visto yo leyendo esto como si Booz estuviera preguntándole al mayordomo: “Oye, ¿y esa quién es?” de un modo carnal, como si fuera un hombre de novela mirando la belleza física. No, hermanos, quiten eso para que entiendan la historia, para que entiendan lo que Dios quiere enseñarles. Descarten ese asunto que todavía no ha llegado. Se enamoran después y después tienen un hijo; eso viene, pero no es todavía. Aquí lo que vemos, hermanos, son dos personas piadosas que están interactuando. Quizás este hombre ha entendido que, aunque es un familiar indirecto suyo, dice: “Bueno, si es familiar, lo mínimo que yo puedo hacer es permitir que tenga un poco más”.
Quizás está mirando a una persona piadosa que está llegando al pueblo y se ha sentido como se sentiría cualquier hombre piadoso en el llamado de rescatar a una extranjera, de rescatar a una viuda, a una desposeída. Hago esta pausa porque no quisiera llevar a los hombres de esta iglesia a pensar que cada vez que van a rescatar, cada vez que van a ayudar, cada vez que van a proveer para alguien, es como que “Ah, está pasando ahí como con Rut”. No, hermanos. Aquí vemos un hombre piadoso que está haciendo lo que un hombre piadoso hace, y es extender las poderosas alas del Señor.
Sí quiero llamar a todos los creyentes congregados a que entiendan que sus posesiones —su cebada, su trigo, su empleo, su negocio— son una extensión de las poderosas alas del Señor; eso sí. Entonces nos montamos de nuevo en la guagua de la providencia. Miren lo que sigue. Hasta aquí uno había dicho: “Guau, Rut, pero a ti te está yendo este día…”. Hermanos, no ha terminado; este es el día del favor del Señor. Yo estoy anhelando que llegue el día del favor del Señor: cuando los resultados médicos sean buenos, cuando la noticia del proveedor sea buena, cuando el cliente que no terminaba de pagar se quede, cuando la propiedad se termine vendiendo, cuando en la familia las cosas comiencen a ir bien, cuando los cónyuges se pongan de acuerdo, cuando todo lo que anteriormente eran malas noticias, tensión, preocupación, comience a ser cambiado.
Estamos en la mitad del día todavía, hermanos; ahora es que esta gente está almorzando. Después del almuerzo el Señor sigue mostrando su gracia. Primero la llama a que coma de su pan; se estilaba ese pan, mejor traducido “grano tostado”, se tomaba lo que se iba espigando, ahí mismo se tostaba un poquito y se comía. “Ven, come”; y ese “vinagre” era una bebida, una especie de vino ligero con agua, que mojaban el pan; era la alimentación antigua: pan y vino.
Después le dice, en el versículo 15:
Luego se levantó para espigar. Y Booz mandó a sus criados, diciendo: Que recoja también espigas entre las gavillas, y no la avergoncéis. Y dejaréis también caer para ella algo de los manojos, y lo dejaréis para que lo recoja, y no la reprendáis.
Ya es una gran concesión y sigue avanzando. Trato de explicar lo que era esta práctica: los desposeídos venían después que el grupo había pasado atando gavillas; se tomaban las espigas, se ponían en manojos, se ataban. Si algo caía de eso, alguien venía detrás y agarraba un poquito; ese era el premio del mendigo, lo que caía ahí. Lo que quedaba después de todo eso era lo que hasta ese momento había estado espigando. Ahora le permiten que espigue aún más de cerca; tiene expectativa de tener todavía más grano, de tener menos cansancio, de recoger más.
“Y dejaréis caer también para ella algo de los manojos.” Oye, hermano, si el Señor quisiera proveerte a ti a esos niveles y lo hace, hay un momento en que tú dices: “No, pero definitivamente el Señor me está mostrando su favor. Esto ha sido una evidencia de que su mano ha estado en esto”. Y, al mismo tiempo, tú dices: “El Señor me está acercando a sus propósitos; gloria al Señor”.
Versículo 17:
Espigó, pues, en el campo hasta la noche; y desgranó lo que había recogido, y fue como un efa de cebada.
Esto ha sido tan bueno que parece la pesca milagrosa. Nunca antes un mendigo había podido recoger tanto; nunca antes un extranjero, una viuda, una desamparada había podido recoger tanto. Estuve buscando la equivalencia: un efa equivale aproximadamente a 37 litros. Se estima que, en la antigüedad, una persona por día requería de medio a un litro para subsistir, y ella, en un solo día, ha estado recogiendo 37 litros. Comió grano tostado, lo mojó, y hasta guardó un chin; le dieron del potaje, dice que guardó de eso. ¡Un día extraordinario, hermano! Es la muestra del favor de Dios hacia Rut; gloria al Señor.
Entre estos favores voy describiendo: que Booz le diera a comer de su pan, de su vinagre y de su potaje, tanto que hasta le sobró (versículo 14); que Booz le permitiera espigar entre las gavillas sin ser avergonzada; que ordenara que se le dejara caer algo adicional para aumentar todavía lo que podría recolectar; y que ella pudiera terminar el día con esa cantidad: tenía comida, por lo menos, para dos semanas.
Yo no sé si mi iglesia está preparada para ver que su Dios responde a esos niveles. Yo quiero que usted amplíe su expectativa sobre el favor del Señor. Hago una pausa más: en ninguna de estas cosas Rut ha tenido que forzar. Fue popular hace unos años una canción de una artista “cristiana” que decía: “Arrebato lo que es mío, arrebato mi familia, arrebato mi salud…”. Hermano, Rut no ha tenido aquí que arrebatar nada; no ha tenido que empujar para quitarle nada ni a Booz, ni al diablo, ni a Dios, ni a nadie. Es solamente la favorable providencia del Señor.
Yo quiero enseñarles a mis hermanos que no hay que arrebatar, que no hay que quitar nada. Cuando Dios quiera mostrarte su favor, te lo mostrará; cuando el Señor quiera hacer una racha de favor hacia ti, lo hará. No hay que arrebatar, no hay que pelearle a nada ni a nadie, no hay que quitárselo a nadie; tu destino está en las manos del Señor, y el Señor hoy puede cambiar tu destino. Esa es la mano que yo quisiera que tú veas: que te levantes todos los días con el entusiasmo de que hoy el Señor puede cambiar tu historia. Hoy puede ser que la noticia buena llegue; hoy puede ser que cambie la circunstancia. No hay que arrebatar nada; es esperar con piedad la oportuna providencia del Señor.
Si la noticia ha estado buena hasta aquí, llegamos al final del día.
El asombro de Noemí y la revelación del redentor
Además de ver a esta mujer diligente, que después de todo esto ella misma desgrana el grano, vemos que la providencia sigue avanzando. Si era poco con un palito, “pan, pan, pan”, y luego llevarse la paja y dejar el grano, ella misma se sienta a hacer ese trabajo. Le está tocando mujer diligente; esa es la de Proverbios 31, hermano. Llegó a su casa con la comida ya desgranada; no llegó con los haces sin procesar, se sentó y lo desgranó ahí mismo.
La mañana fueron noticias buenas; en la tarde la noticia fue mejor; y cuando llegue a su casa la noticia todavía va a ser mejor. La providencia del Señor la seguirá visitando. Dice el versículo 18:
Y lo tomó, y se fue a la ciudad; y su suegra vio lo que había recogido. Sacó también luego lo que le había sobrado después de haber quedado saciada, y se lo dio.
¡Qué ternura! Eso es bonito: una persona que cuando está comiendo piensa, piensa en otro: “Oye, hay alguien a quien yo puedo llevarle esto”. La providencia del Señor también está visitando a Noemí. “Señor, tú me estás ayudando; primero consiguió dónde espigar, después me está trayendo grano, también está trayendo un poquito”.
Versículo 19:
Y le dijo su suegra: ¿Dónde has espigado hoy? ¿Y dónde has trabajado? Bendito sea el que te ha reconocido.
Aquí es que estoy demostrando, hermanos, que no fue que esto estaba planificado. No fue que ellas estaban de acuerdo: “Ve a tal campo y permite que Booz te vea”. No, hermano; ella no sabía si iba a conseguir dónde espigar. Consiguió providencialmente espigar ahí. “¿Dónde has espigado hoy? ¿Y dónde has trabajado? Bendito sea el que te ha reconocido.”
Y contó ella a su suegra con quién había trabajado, y dijo: El nombre del varón con quien hoy he trabajado es Booz.
Ay, ahora ella dice que “trabajó con Booz”. Ella ya se siente en nómina. Yo he tenido momentos así donde me siento tan agraciado por el Señor que es como que “ya estoy en nómina”, ya no es que soy un pedigüeño que está por ahí detrás de cualquiera, sino que soy parte; estoy ahí con sus criadas. “El varón con quien hoy he trabajado es Booz.” Es un empleo; ella ya se siente parte del equipo, ya está integrada. “Yo bebo agua con ellos, me dan de lo que comen, lo que tú estabas comiendo yo comí; me cuidan, me han permitido optar a estar aquí; soy recurrente, soy parte del equipo.”
Así se siente uno a veces cuando el Señor, para acercarte a su propósito, te coloca un momento precario y tú permaneces ahí fiel, y tú esperas que el Señor cambie los tiempos con fidelidad. Ahí no maldices a Dios, no te quejas agriamente; tú permites que el Señor se glorifique, y después el Señor cambia los tiempos. Entonces tú te encuentras diciendo: “Guau, pero esto es como caminando en el aire; esto avanza por aquí, aquello avanza por allá, y las cosas se tornan a favor”. “¡Guau, Señor!” Tú te sientes como ella dice: “Yo estoy trabajando con Booz”.
Versículo 20:
Y dijo Noemí a su nuera: Sea el bendito de Jehová, pues que no ha rehusado a los vivos la benevolencia que tuvo para con los que han muerto. Después le dijo: Nuestro pariente es aquel varón, y uno de los que pueden redimirnos.
La mejor noticia viene ahora. Según la ley, el redentor era un pariente cercano que, cuando una mujer quedaba viuda, tenía que tomar la tierra y redimirla, tomarla y darle descendencia. Noemí está diciendo: “Él puede ser instrumento que Dios utilice para redimirnos”. ¡Guau! Yo me imagino que Rut se rió aquí, hermanos. “Señor, primero encuentro dónde espigar; después me protegen, me cuidan, me dan agua, me dan comida; yo vi a alguien que dejaba caer un poquito así y era para mí. ¡Guau, Señor! Y cuando llego a casa, traigo comida para dormir, le traigo granos, y me recibe con la noticia de que yo he estado durante todo este día al lado de aquel que puede ser la respuesta del Señor para nuestra necesidad.”
Eso es lo que yo le llamo gracia sobre gracia. Dice el Salmo 40:5:
Has aumentado, Jehová Dios mío, tus maravillas; y tus pensamientos para con nosotros no es posible contarlos ante ti. Si yo los anunciare y hablare de ellos, no pueden ser enumerados.
— Salmo 40:5
El Señor muestra su favor en cadeneta, de ese tipo, de forma tal que uno tiene que decir: “Gloria a Dios, gloria a Dios, gloria a Dios”. En su mano están mis tiempos.
Las noticias son: si es el redentor, según la ley, es la persona que puede casarse con ella legítimamente. Se estilaba que la herencia venía por el lado del marido, de forma tal que los campos de Noemí, para poder redimirlos, para poder sembrarlos, tenían que casarse, que haya un matrimonio que los recupere. Si esa puerta se abre, hermano, se recuperan los bienes de Noemí y ya no solamente van a poder ahora sembrar esas tierras; su condición va a mejorar de manera abismal. Un esposo para Rut, con tal perfil; no un esposo cualquiera, sino ese es el esposo.
Y después, la historia termina con el primer nieto para Noemí, que tuvo diez años esperando nieto y nunca le llegó. ¡Guau, hermano! Yo me imagino que Rut esa noche se sentó en su cama y dijo: “¡Wow! Que amanezca, que quiero seguir…”
Lo más hermoso es que esta mujer era tan piadosa que esperó meses esperando que el Señor se glorifique. ¿Saben que la gente carnal de este tiempo escucha noticias de este tipo y comienza así: “No, si él es el redentor, ahora hay que picarle los ojos, ahora hay que hacer tal cosa…”? Ella siguió espigando al otro día como había espigado.
Dice el versículo 21:
Y Rut la moabita dijo: Además de esto me ha dicho: Júntate con mis criadas hasta que hayan acabado toda mi siega.
Hay trabajo para largo; vamos a poder comer. “Noemí, vamos a poder comer; están cambiando los tiempos. El Señor nos está visitando. Cómete el chin que te traje, mira, disfrútalo. Disfruta el favor de tu Dios. No te limites; gózate el favor de tu Dios y su visita.”
Versículos 22 y 23:
Y Noemí respondió a Rut su nuera: Mejor es, hija mía, que salgas con sus criadas, y que no te encuentren en otro campo. Estuvo, pues, junto con las criadas de Booz espigando hasta que se acabó la siega de la cebada y la del trigo; y vivía con su suegra.
Aquí no hay, siquiera al final del capítulo, una evidencia de que se esté forzando algo. Quiero enseñar, hermanos, que el piadoso espera la respuesta de su Dios. Esto no hay que estar forzándolo; no hay que estar arrebatándolo; no hay que estar pretendiendo; no hay que estar transgrediendo límites. Vienen dos cosechas: primero la cebada y después el trigo. No hay evidencia de que tuvieran contacto más allá del campo; no se describe que estuvieran como enamorándose, que estuvieran juntos en otra cosa. Ella permaneció ahí, esperando que el Señor diera una respuesta.
Concluyo con lo siguiente: aquí hay algo que es aún más importante que la mejoría en su situación material, y es que al final de esto Rut ha sido puesta por Dios en una mejor situación material y más cerca del plan de redención de Dios. Más cerca de que el Señor alcance su propósito en ella. El propósito del Señor era integrar a una moabita en la genealogía de nuestro Señor Jesucristo, y al final del capítulo dos ella termina en mejor situación material y más cerca del propósito del Señor.
Ay, hermano, mi oración como tu pastor es que al final de esta temporada tú termines mejor materialmente y más cerca del propósito de Dios para tu vida. Oro al Señor por mi iglesia: “Ay, Señor, gracias por conocer una temporada de aflicción especial. Tenemos provisión especial. Queremos que tú cambies nuestros tiempos. Señor, queremos despertarnos un día y que las noticias sean buenas. Queremos, Señor, encontrarnos con noticias buenas al comenzar el día, también al mediodía, en la tarde, en la noche, Señor, y dos siembras después. Queremos ser visitados por tu providencia. Queremos estar en el centro; queremos ver cómo tú abres puertas a favor nuestro. Ay, Señor, danos esa constancia de esperar en tu fidelidad sin transgredir, esperar en tu fidelidad sin maldecir, esperar sin perder la devoción; esperar ahí con fidelidad. Danos, Señor, la entereza de Rut, que salía a espigar, Señor, en medio de su carencia. Visítanos.”
“Señor, estamos recibiendo de ti un tiempo y el otro con el mismo tesón, la misma constancia; cambia nuestro tiempo, cambia la temporada, trae buenas noticias. Permite, Señor, que el ruego, el pedido de oración de mañana, sea motivo de acción de gracias. Señor, visita este pueblo con pan, visita este pueblo con provisión, da un efa por día. Manifiesta tu bondad para con los tuyos; sobre todo, Señor, danos la satisfacción de ver cómo tu propósito se alcanza en nosotros. Más allá de nuestra comodidad material, permítenos sentir que estamos en el centro de tus propósitos. Gracias por el tierno aliento, Señor, de tus poderosas alas; gracias por eso que sentimos cuando estamos bajo tus poderosas alas.”
Llamado a refugiarse bajo las alas de Dios
Mantén tus ojos ahí cerrados; oro un momento. Quizás hay alguien aquí que se siente lejos de Dios. Quizás haya alguien aquí hoy congregado que no se siente bajo las poderosas alas del Señor. Quizás alguien ha estado aquí ajeno, alejado de la ciudadanía, de los pactos, de las promesas del Señor. Hoy es día de salvación. Primero, Rut cambió su relación con el Dios del pacto, y después comenzó a ser visitada por el favor del Señor.
Aquí hay alguien que hoy puede pasar al capítulo 1 de Rut y aceptar al Dios de Israel como su Dios; al Dios de Rut y Noemí como su Dios; al Dios de Booz como su Dios; al Dios de este pueblo como su Dios. Dice la Escritura que Rut la moabita se parece tanto a aquella mujer que dijo: “Aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Lo que está más lejos del Señor hoy puede ser acercado. Quizás tus pecados han hecho separación entre tú y Dios; quizás tu dejadez ha hecho separación entre tú y Dios; quizás los afanes de este mundo han hecho separación entre tú y Dios; quizás estabas alejado de la ciudadanía de Israel, de los pactos de las promesas. Hoy el Señor puede integrarte a su pueblo y ya estarás en su propósito, y mañana el Señor podría mostrarte su favor.
Si hay alguien aquí que quiera poner hoy en el Señor su confianza, puede, con sus ojos cerrados, hacerlo. No hay una plantilla de arrepentimiento; lo que hay es una decisión como la que tomó Rut en el capítulo 1: “Tu Dios será mi Dios, y tu pueblo será mi pueblo.” Quizás aquí hay alguien que quiere servir al Dios al cual nosotros le estamos sirviendo. Aquí hay gente que ha sido visitada por el favor del Señor, que puede testificar que Dios es bueno, que Él es fiel, que cumple sus promesas, que no nos deja desamparados.
Dice la Escritura:
Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
— 1 Juan 1:9
Y dice también:
Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados, a fin de que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio.
— Hechos 3:19
Dile al Señor ahí, en oración: “Señor, yo quiero que tú seas mi Dios; yo quiero sentir tus poderosas alas; yo quiero sentirme en el centro de tus propósitos; yo quiero confiar en ti para que cambies mis tiempos”. Si puedes hoy, ante el Señor, confesar tus pecados, sobre todo el pecado de la incredulidad, el pecado de la falta de adoración a Dios, de la falta de darle gloria, el pecado de haber vivido indiferente, dile al Señor: “Perdona mis pecados, acéptame en tu pueblo. Quiero que seas mi Dios; quiero ser visitado por tu favor”.
Si tú te has arrepentido de corazón, acércate a mí; será un gusto recibirte en nuestra iglesia, darte los rudimentos básicos de la fe cristiana y acompañarte hasta que confieses a Cristo en las aguas del bautismo. Oro por mi iglesia, aquí congregada:
“Señor, visita nuestra iglesia; mira que estamos preparándonos desde hoy hasta el jueves para buscar especialmente tu rostro. Queremos ser visitados, queremos poner en ti toda nuestra esperanza; ponemos en ti toda nuestra esperanza. Apelamos a tu fidelidad; trae buenas noticias a esta iglesia, Señor. Permite que los planes y proyectos, que los sueños, avancen; permite que nuestro ministerio avance, Señor; permite que las familias avancen; permite que los planes y proyectos avancen. Trae, Señor, más rachas de favor providencial, de forma tal que tengamos todos que decir: ‘Gloria a Dios, que nos ha visto’.”
“Gracias, Padre, por tu palabra; gracias por la bendición de estar hoy congregados. En el nombre de Jesucristo, nuestro poderoso Salvador. Amén.”