Dispongámonos entonces, hermanos, queridos amigos. Pueden ir buscando la Sagrada Escritura en el Antiguo Testamento y vayamos juntos al libro de Rut. Pueden buscar la Sagrada Escritura, yo sé que mi hermana Mayra debe estar muy contenta porque este es el libro que ella ha estado utilizando para compartir la Escritura con otras personas en algo muy bonito. Primero fue nuestra hermana Maribel, que tuvo un tiempo especial de discipulado junto a nuestra hermana Mayra en el libro de Rut, y después nuestra hermana Mayra ha buscado otra hermana para hacer el mismo proceso, y esperemos que esto no se detenga, sino que continúe, una buscando a la otra. Gloria al Señor por estas hermanas virtuosas que el Señor ha traído a nuestra iglesia, que han tenido esta diligencia en permanecer en la Sagrada Escritura.
Pueden buscar, hermanos queridos, en el Antiguo Testamento el libro de Rut. Lo que haremos es leer el primer capítulo completo y después buscar sabiduría en el Señor para los momentos amargos de la vida. Rut está justo después del libro de los Jueces. Leeremos el primer capítulo completo, son 22 versículos de la Sagrada Escritura. Pueden ponerse por un momento sobre sus pies. Es el libro de Rut, en el capítulo 1 estaremos leyendo con la ayuda del Señor desde el versículo 1 y hasta el versículo 22, y en los próximos domingos, según el Señor nos ayude, estaremos cubriendo esta historia completa que son cuatro capítulos. Es una historia relativamente corta, hermanos, pero que nos da una preciosa lección acerca de quién es nuestro Dios y la manera en que nuestro Dios alcanza sus soberanos propósitos. Dice así la palabra del Señor:
Aconteció en los días que gobernaban los jueces que hubo hambre en la tierra. Y un varón de Belén de Judá fue a morar en los campos de Moab, él y su mujer y dos hijos suyos. El nombre de aquel varón era Elimelec, y el de su mujer Noemí, y los nombres de sus hijos eran Mahlón y Quilión, efrateos de Belén de Judá. Llegaron, pues, a los campos de Moab y se quedaron allí. Y murió Elimelec, marido de Noemí, y quedó ella con sus dos hijos, los cuales tomaron para sí mujeres moabitas; el nombre de una era Orfa, y el nombre de la otra Rut; y habitaron allí unos diez años. Y murieron también los dos, Mahlón y Quilión, quedando así la mujer desamparada de sus dos hijos y de su marido.
Entonces se levantó con sus nueras y regresó de los campos de Moab, porque oyó en el campo de Moab que Jehová había visitado a su pueblo para darles pan. Salió, pues, del lugar donde había estado, y con ella sus dos nueras; y comenzaron a caminar para volverse a la tierra de Judá. Y Noemí dijo a sus dos nueras: Andad, volveos cada una a la casa de su madre. Jehová haga con vosotras misericordia, como lo habéis hecho con los muertos y conmigo. Os conceda Jehová que halléis descanso, cada una en casa de su marido. Luego las besó, y ellas alzaron su voz y lloraron, y le dijeron: Ciertamente nosotras iremos contigo a tu pueblo. Y Noemí respondió: Volveos, hijas mías; ¿para qué habéis de ir conmigo? ¿Tengo yo más hijos en el vientre que puedan ser vuestros maridos? Volveos, hijas mías, e idos,
porque yo ya soy vieja para tener marido. Y aunque dijese: Esperanza tengo, y esta noche estuviese con marido, y aun diese a luz hijos, ¿habíais vosotras de esperarlos hasta que fueran grandes? ¿Habíais de quedaros sin casar por amor a ellos? No, hijas mías; que mayor amargura tengo yo que vosotras, pues la mano de Jehová ha salido contra mí. Y ellas alzaron otra vez su voz y lloraron; y Orfa besó a su suegra, mas Rut se quedó con ella. Y Noemí dijo: He aquí tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a sus dioses; vuélvete tú tras ella. Respondió Rut: No me ruegues que te deje y que me aparte de ti; porque adondequiera que tú fueres iré yo, y dondequiera que vivieres viviré.
Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová, y aun me añada, que solo la muerte hará separación entre nosotras dos. Y viendo Noemí que estaba tan resuelta a ir con ella, no dijo más. Anduvieron, pues, ellas dos hasta que llegaron a Belén; y aconteció que habiendo entrado en Belén, toda la ciudad se comovió por causa de ellas, y decían: ¿No es ésta Noemí? Y ella les respondía: No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara, porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso. Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías.
¿Por qué me llamaréis Noemí, ya que Jehová ha dado testimonio contra mí, y el Todopoderoso me ha afligido? Así volvió Noemí, y Rut la moabita su nuera con ella; volvió de los campos de Moab, y llegaron a Belén al comienzo de la siega de la cebada.
— Rut 1:1–22
Pueden sentarse, hermanos.
Importancia de Rut en la historia de Israel
Dice nuestra introducción que el libro de Rut es uno de los más preciosos relatos de la humanidad. Tiene el libro de Rut personajes vívidamente descritos, circunstancias con las que podemos identificarnos, decisiones imprudentes que se parecen a las nuestras, tiene tensión, tiene nudo, tiene desenlace. Pero también el libro de Rut es una parte importante en un relato mucho más grande: es la forma en que Dios ha estado moviendo la historia para alcanzar su propósito.
Dos viudas caminan hacia la ciudad de Belén en medio de dolorosas circunstancias y amplias precariedades. Su única esperanza era mendigar por pan, parecía que Dios se había olvidado de ellas, pero sin saberlo estaban precisamente en el centro del plan de Dios para la redención de su pueblo, siendo instrumentales para sus soberanos propósitos. Rut muestra cómo el plan de Dios avanza sobre nosotros, nos enseña que podemos estar siendo dirigidos por Dios aun en el momento amargo. Hemos seleccionado poner estos textos de un solo libro de Escritura en el Antiguo Testamento, un libro relativamente corto, y pretendo antes de exponer el texto tratar de entusiasmarles.
Me gustaría contagiar a mi iglesia con la expectativa de que hay mucho de Dios que podemos nosotros conocer en este pequeño librito, que el Dios soberano y grande se revela a nosotros y nos muestra cómo alcanza sus propósitos aunque nosotros nos sintamos desconcertados. Permítanme primero, como preámbulo, mostrarles la importancia que tiene esta historia para el pueblo de Israel. De hecho, el calendario litúrgico hoy se celebra el día de Pentecostés, y en el día de Pentecostés era uno de los días en que en Israel se leía precisamente el libro de Rut. Esto no ha sido algo intencional, hermanos, pero qué bueno que ha caído justo en el día en que los antiguos acostumbraban a leer completo ante la congregación el libro de Rut.
Este libro es importante para Israel por la perspectiva teológica que le muestra al pueblo del Señor: es que Dios es soberano y Dios está en control. Esto es un axioma para el pueblo judío, a diferencia de los gentiles que tienen una perspectiva aleatoria de la historia. Desde la mente de un judío, la historia es la historia de Dios y Dios es soberano y está en control de la historia. Este libro es importante para ellos porque refleja esto que es parte de su identidad: que no estamos en una creación que está suelta, sino que Dios tiene las riendas de la historia. Esto es una de las cosas en las cuales está afirmado el pueblo de Israel: que Dios es soberano y Dios tiene control de la historia. Cuando ellos leen este libro están afirmando esta que es su convicción.
También es importante, hermanos, porque el libro de Rut es una transición entre dos períodos en la historia de la Escritura, y es importante que la iglesia aprenda a distinguir la división del Antiguo Testamento. Está el tiempo de los patriarcas, después viene el tiempo de los jueces y después del tiempo de los jueces entonces viene el tiempo de los reyes, el tiempo de la monarquía, y la transición entre el período de los jueces y el período de la monarquía es el libro de Rut. Ellos atesoran este libro, le llamo librito, hermanos, por lo corto, pero en extremo significativo, porque este libro termina mostrando a la figura trascendental en la historia de Israel y es la figura del rey David.
Me permito leer los últimos versículos del capítulo 4, pueden ir allá. Esta historia termina con que Rut la moabita se casa con un hombre respetable entre el pueblo de Israel, de manera providencial, y a través de ellos el Señor entonces da curso a la genealogía que alcanza al rey David, y a través del rey David nació nuestro Señor Jesucristo. Esta historia es importante porque es antecedente de nuestro Señor Jesucristo.
Dice así la Escritura desde el versículo 16 en adelante: Y tomando Noemí el hijo, lo puso en su regazo, y fue su haya. Y le dieron nombre las vecinas, diciendo: Le ha nacido un hijo a Noemí; y lo llamaron Obed. Este es padre de Isaí, padre de David.
— Rut 4:16–17
O sea, estamos hablando de un antepasado del rey David y de un antepasado de nuestro Señor Jesucristo. Por eso esta historia es en extremo importante. Los judíos también ven aquí un estándar para la conversión. De hecho, hay una expresión entre los judíos que dice que para que un gentil sea aceptado dentro del pueblo del Señor hay que disuadirlo tres veces: se le dice primero que no, después que no y después que no, y si el gentil tiene tantas ansias y deseos de integrarse al pueblo del Señor, entonces se le permite la integración. Todo esto tiene su origen en el pequeño libro de Rut.
Esto es una dramatización de las leyes de Israel: por ejemplo, las leyes sobre el matrimonio, las leyes sobre la cosecha, las leyes sobre la tenencia de la tierra y también las leyes sobre el rescate a los desposeídos. Todas estas leyes que están como códigos en la ley de Moisés, aquí tienen una expresión dramática por medio de una historia. Me emociona predicar hoy de Rut porque la semana pasada estuve predicando acerca de la mujer virtuosa, y algunos autores han concluido que el poema de la mujer virtuosa probablemente fue inspirado en la historia de Rut. De hecho, en Rut capítulo 3 y versículo 11 a Rut se le llama virtuosa.
Y ahora no temas, hija mía; yo haré contigo lo que tú digas, pues toda la gente de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa.
— Rut 3:11
Y podríamos encajar una historia en la otra: lo que se describe de la mujer virtuosa en Proverbios 31 es lo que se dramatiza, es lo que se expresa en la vida piadosa de esta mujer moabita que es Rut.
Rut como pieza del plan de redención
Me permiten una ñaña, hermanos, como preámbulo para motivarles. Estoy entusiasmándoles acerca de un pequeño libro del Antiguo Testamento donde hay mucha provisión para nosotros al día de hoy en nuestra necesidad. Este libro, hermanos, es una pieza importante en el gran cuadro de la historia de toda la Escritura. La Escritura es un libro, hermanos, que tiene una historia que se está desarrollando, y una pieza importante de esta historia, que es el plan de redención de Dios para todos los hombres, es la historia de Rut, una mujer moabita que entró en manos de refilón al pueblo del Señor, llegó a ser parte de la genealogía de nuestro Señor Jesucristo y nos avisa desde antaño lo que hay en el corazón del Señor.
Nos avisa que de la simiente de David, de quien Abraham decía: “En ti serán benditas todas las naciones de la tierra”, una mujer moabita acepta al Dios de Israel y llega a ser parte del pueblo del Señor. En Rut, nosotros todos podemos sentirnos representados. Tengo agenda, hermanos, hoy. Uno no predica la palabra del Señor solamente por predicarla, yo tengo una intención, y es que Rut, hermanos, es un buen ejemplo de cómo los piadosos enfrentan las circunstancias difíciles.
Y yo quisiera empujar hoy a mi iglesia a que crezca en el conocimiento de su Dios y al mismo tiempo el reconocimiento de su Dios en su momento más amargo, en su momento más difícil. El pensamiento mundano y carnal nos dice que si somos el pueblo del Señor siempre las cosas estarán bien. Lo que nos dice el Dios de la Escritura, tal cual Él se ha revelado en su palabra, es que los piadosos también son afligidos, y que la aflicción en la vida del piadoso tiene propósito, y que estas cosas, hermanos, a veces son contrasentido.
Me gusta el libro de Rut porque estas mujeres, en su momento de mayor desamparo, estaban justo en el centro del plan de Dios para su pueblo. Cualquiera dijera: “Les fue mal, Dios se olvidó de ellas”, y aunque ellas no eran conscientes de esto, ellas estaban en ese momento, al momento de la profunda aflicción, en el centro del plan de Dios para su pueblo. Hermanos, yo he venido hoy a animar a mi iglesia a que no subestime su tribulación, a que no subestime su enfermedad, a que no subestime su momento amargo, que en el momento amargo Dios se puede estar glorificando de una manera extraordinaria. Lo que nosotros no entendemos en esto tiene sentido y tiene propósito.
Una más que me mueve, hermanos: esta gente no era gente perfecta, era gente que tomaba decisiones imprudentes, pero aquí vemos a un Dios soberano que, a pesar de gente imprudente tomando no las mejores decisiones, Dios sigue alcanzando su propósito. Yo quiero implicar a mis hermanos en esto: quizá las decisiones que han sido tomadas en tu vida no han sido las mejores decisiones, quizás tu accionar no ha sido el accionar correcto según el estándar, el plan de Dios para tu vida, pero yo quiero mostrarle a mi iglesia que aún Dios es tan poderoso, es tan grande, que Él se glorifica a pesar de nosotros y de todos modos alcanza su propósito.
Yo quiero mostrar gente que vive en pueblos donde no tenía que vivir, que asume compromisos que no tenía que asumir, y que aun en esas decisiones el Señor manifiesta su soberanía y se glorifica.
Cadena de tragedias en la vida de Noemí
Acompáñenme a Rut desde el versículo 1 del capítulo 1. Veamos primero una cadena de tragedias. Dice el versículo 1:
Aconteció en los días que gobernaban los jueces, que hubo hambre en la tierra; y un varón de Belén de Judá fue a morar en los campos de Moab, él y su mujer, y dos hijos suyos. El nombre de aquel varón era Elimelec…
— Rut 1:1–2a
El libro comienza poniéndonos un contexto histórico, nos dice que esto no es una fábula, esto ocurrió, realmente ocurrió en un tiempo específico: era el tiempo en que gobernaban los jueces. Todos los nombres que hay aquí, hermanos, serán nombres reales, el período histórico es un período histórico real. Y me da gusto, me da satisfacción poder exponer hoy a Rut, porque pareciera que el tiempo de los jueces, todo eso, es despreciable y no sucedió nada bueno.
Se hace un estereotipo de un período de la historia y se piensa que no hay nada que buscar. Hermanos, en los momentos de mayor oscuridad el Señor se ha reservado luz, en los momentos de mayor apostasía el Señor se ha guardado remanente, y en un período lamentable, en un período despreciable donde se dice que cada uno hacía lo que bien le parecía, que suceda una historia como la pequeña historia de Rut, hermanos, causa mucho aliento. En los tiempos más oscuros de la historia el Señor ha levantado luz.
Rut, hermanos, se podría decir que es un epílogo al libro de los Jueces y nos muestra que, a pesar de aquella cadena de eventos desafortunados, aun en el tiempo de los jueces Dios estaba glorificándose. Dios estaba haciendo una gran obra en medio de tiempos muy precarios, Dios estaba haciendo una gran obra utilizando personas muy precarias: una moabita y una familia desertora que deja el pueblo del Señor y se va a vivir entre los paganos, y de ahí el Señor saca grandes cosas.
Aquí hay seis eventos consecutivos, hermanos, que nos van colocando en el momento emocional. Aprendamos, hermanos, a leer la Escritura así: la Escritura te va colocando en el momento. Son seis hechos desafortunados, una cadena de tragedias que preparan el camino para mostrarnos primero la dramática conversión de Rut y después, hermanos, cómo el Señor alcanzó su propósito. El primero de estos eventos desafortunados es que hubo hambre en la tierra de Belén. Es paradójico, hermanos, porque el hambre en la tierra de Belén… Belén es “casa de pan”; en la casa de pan había hambre.
El primer evento desafortunado es que haya hambre en el pueblo del Señor. Un asunto consistente en el Antiguo Testamento es que el Señor utiliza fenómenos como el hambre para mover la historia y alcanzar un propósito. Del mismo modo sucedió con la historia de José, que es una historia relativamente paralela en su dramatismo a la historia de Rut. El Señor utiliza las circunstancias para mover la historia y alcanzar su propósito. La primera, el primer eslabón de una cadena de tragedias es que hubo hambre en la tierra donde vivían Noemí y su esposo. Esto fue lo que les obligó a refugiarse entre los paganos.
Pongo “le obligó”, hermanos, entre paréntesis, porque yo quiero implicarlos a ustedes. ¿Hay una circunstancia en tu vida que te está obligando a tomar una mala decisión? ¿Hay una circunstancia en tu vida que te está empujando a salir del pueblo del Señor y refugiarte entre los paganos? La circunstancia que les “obligó” a ello fue el hambre. Lo otro: se mudaron a un pueblo pagano donde había idolatría, mala conciencia, esta gente adoraba a un dios que requería sacrificios de niños. El pueblo del Señor tenía prohibido emparentar y habitar entre estos pueblos específicamente, pero al lugar que el Señor les había prohibido, ese lugar al cual se dirige Elimelec, se dirige Noemí y se lleva allí a sus dos hijos.
Me imagino, hermanos, la mala conciencia que tenía Noemí, que tenía Elimelec: “Nosotros hemos tomado una decisión material, hemos tomado una decisión por el bien de nuestra familia, pero la decisión es irnos a habitar entre los pueblos que el Señor no quiere que nosotros tengamos contacto con ellos”. La primera cosa es el hambre en el pueblo de Belén, la ciudad de Belén; lo otro, mudarse a un pueblo pagano. La tercera, hermanos, de una serie de tragedias, de eventos desafortunados, es que se muere su marido y Noemí queda viuda y extranjera.
Se estila en consejería la expresión de que las crisis vienen por una combinación de tres eventos. Lo que se dice es que el ser humano tiene una capacidad de resiliencia que soporta el día malo, tiene una cierta capacidad de resistencia, pero que puede soportar hasta tres cosas; que más para allá eso es una crisis segura. De hecho, hermanos, eso es lo que es la crisis: usted tiene limitación económica, bueno, pues la ha tenido siempre, pero se le pone limitación económica, enfermedad, y dice, bueno, limitación económica y enfermedad, y se le muere un familiar. Eso es crisis.
Profundización en la crisis de Noemí
Yo te quiero colocar, hermano, a que puedas sentir por un momento lo que estaba sintiendo Noemí, una mujer piadosa, una mujer que amaba a Dios. Le están sucediendo una cadena de eventos desafortunados, una cadena de tragedias, y llegamos a la tercera: lo primero, tiene que mudarse de su ciudad, donde era la ciudad del pacto, donde era la ciudad de Dios; tiene que mudarse ahora a vivir entre los paganos. Experimenta hambre su pueblo; después, la muerte de su marido y quedar viuda y extranjera, y es una crisis segura. Después viene y se le casan sus hijos con mujeres moabitas.
Para una familia piadosa de Israel era una tragedia que sus hijos se casen con mujeres paganas. No se casa uno, se casan los dos. Después de todo, dura diez años esperando un nieto que no llega. Diez años esperando y no hay nietos, no hay descendientes, no hay nada, y antes de poder tener descendientes, en el año diez entonces mueren los dos hijos. Seis, hermanos; si la gente normalmente hace crisis con tres, Noemí tiene seis razones para hacer crisis. Entonces dice el versículo 6, leo el 5:
Y murieron también los dos, Mahlón y Quilión, quedando así la mujer desamparada de sus dos hijos y de su marido.
— Rut 1:5
Ser viuda es una cosa difícil; ahora, ser viuda y extranjera es doblemente difícil. A partir del versículo 6 entonces uno describe la lealtad de Rut hacia Noemí, y esto se pone en contrapeso con los versículos anteriores. Dice así el versículo 6:
Entonces se levantó con sus nueras y regresó de los campos de Moab, porque oyó en el campo de Moab que Jehová había visitado a su pueblo para darles pan.
— Rut 1:6
Hermano, esto es consistente: Dios está moviendo la historia. En el pueblo hay pan porque Dios ha resuelto darle pan; es la perspectiva que tiene un judío piadoso acerca de Dios y de la historia. La historia no son hechos aislados, Dios está moviendo la historia, y esta noticia es la que pone la historia de Rut y de Noemí en movimiento: Jehová había visitado su pueblo.
Me gozo porque los antiguos veían a Dios en las noticias. El asunto no es solamente “hay pan”, es que “Dios ha visitado su pueblo para darle pan”. Hermanos queridos, yo quiero invitarles a que se acostumbren a ver a Dios en las noticias. Un creyente no puede mirar los hechos en esta tierra como si fueran solamente hechos; nosotros queremos ver a Dios detrás de los hechos. Lo que hemos visto, hermanos, es que Dios utiliza las circunstancias para movernos.
Dice el versículo 7 que ella estaba como caminando en círculo:
Salió, pues, del lugar donde había estado, y con ella sus dos nueras; y comenzaron a caminar para volverse a la tierra de Judá.
— Rut 1:7
Hermano, es una sensación muy frustrante. Todo el que da una vuelta y quiere regresar, quiere regresar mejor. Todo el que sale de su casa para ir a otro “paraíso” quiere regresar y quiere regresar bien, quiere regresar “más que”. Hay toda una subcultura de dominicanos que están en el extranjero, que cuando vienen a su pueblo, el que no puede mostrar con realidad lo que tiene, por lo menos no se humilla, porque es muy duro llegar a tu lugar de origen cuando tú te fuiste a buscar una mejor vida. Porque tú te fuiste y cuando tú te fuiste diste un mensaje, cuando tú te fuiste tú le dijiste a quienes se quedaron: “Yo me voy, yo voy a venir mejor”, y cuando viniste llegaste peor que como tú te fuiste.
Ella está dejando ahora Moab para regresar a buscar en Belén lo que salió a buscar a Moab. Y aquí entonces, hermanos, hay una historia interesante: cómo Rut manifiesta su piedad, sus convicciones en Jehová y su resolución de integrarse al pueblo del Señor. Esto es en los versículos siguientes, hermanos. Toda esta historia, la historia de Rut, nos está mostrando que Rut tomó una decisión para integrarse al pueblo del Señor, no porque tuviera unas expectativas positivas de lo que iba a suceder.
De hecho, todas las circunstancias anteriores a la vida de Noemí nos muestran que cuando Rut resolvió unir su vida a la vida de Noemí y adorar al Dios que adoraba Noemí, no lo hizo porque tuviera razones materiales para hacerlo. Hermanos, todos estos versículos, del 1 al 5, nos están mostrando que una moabita está por convertirse al pueblo del Señor, pero no se está por convertir al pueblo del Señor porque tenga razones materiales para hacerlo. No es que ella le dice: “Wow, Noemí, a ti te ha ido tan bien que yo quiero ser parte de tu pueblo, Dios ha sido tan bueno contigo que yo estoy dejando atrás mi dios, estoy dejando atrás mi familia y yo me integro contigo; el pueblo para donde tú vas voy yo”. No.
La conversión de Rut y los intentos de disuasión
Ay, hermanos, la cosa más extraordinaria que yo encuentro aquí es que la conversión es un hecho extraordinario. Rut no está integrándose al pueblo del Señor porque a Noemí le haya ido bien sirviendo a Dios; se está integrando al pueblo del Señor porque Dios es soberano y llama a quien quiera llamar. El Señor reclutó una moabita para que se integrara en la genealogía, y lo hizo, hermanos, desde una perspectiva negativa. Rut está por convertirse al pueblo de Noemí, no porque tenga una evidencia de que este Dios es bueno materialmente hablando, no porque tenga una evidencia de que: “Guau, qué bien le ha ido a Noemí; tú tienes tu familia junta y tu marido y tus hijos, Dios te ha prosperado y yo quiero ser prosperada como tú”. No.
Lo que vemos desde el versículo 6 al versículo 18, hermanos, es un proceso de conversión. Dice el versículo 6:
Entonces se levantó con sus nueras y regresó de los campos de Moab, porque oyó en el campo de Moab que Jehová había visitado a su pueblo para darles pan.
— Rut 1:6
Salió, pues, del lugar donde había estado, y con ella sus dos nueras, y comenzaron a caminar para volverse a la tierra de Judá. Hermano, ese “volverse” es una expresión recurrente en el Antiguo Testamento para mostrar cuando una persona comienza a caminar hacia la voluntad del Señor, está dejando la decisión anterior para volverse a su pueblo.
Versículo 8, primer intento de disuasión, este va desde el versículo 8 hasta el versículo 10:
Y Noemí dijo a sus dos nueras: Andad, volveos cada una a la casa de su madre; Jehová haga con vosotras misericordia, como lo habéis hecho con los muertos y conmigo. Os conceda Jehová que halléis descanso, cada una en casa de su marido. Luego las besó, y ellas alzaron su voz y lloraron, y le dijeron: Ciertamente nosotras iremos contigo a tu pueblo.
— Rut 1:8–10
Hermano, parece que a esta mujer no le fue bien con su marido. Porque tal era el nombre de esos hombres: esos nombres que tenían… uno era “enfermizo” y el otro era como “quebrantado”. Parece, hermanos, que lo que dedicaron su matrimonio fue a cuidar de hombres enfermos, de hombres poco productivos, pero ellas permanecieron con ellos. “Ustedes hicieron misericordia con ellos y lo han hecho también conmigo; quieren permanecer conmigo”. A ustedes no les fue bien en su matrimonio, tuvieron diez años de esterilidad, tuvieron diez años de carencia, mueren los maridos.
“Vuelvase cada una a la casa de su madre; Jehová haga con vosotras misericordia”, hermano, ella no las está despidiendo como asunto malo, ellas están en su legítimo derecho de regresar. “Regresen, váyanse”. Interesante: ella está hablando de la misericordia de las nueras hacia ella, no de la misericordia de Dios hacia ella. Ella no tiene a Dios como el Dios que hizo misericordia conmigo, sino el Dios que me amargó, el Dios que me afligió. “Ustedes han hecho misericordia conmigo; Jehová haga con vosotras misericordia; no es como Jehová la ha hecho conmigo, sino como habéis hecho ustedes con los muertos y conmigo”.
“Os conceda Jehová que halléis descanso; ustedes tienen diez años pasando trabajo, tienen diez años de aflicción; que reposen, que hallen descanso cada una en casa de su marido”, o sea, que se casen de nuevo. Luego las besó y ellas alzaron su voz y lloraron y le dijeron: “Ciertamente nosotras iremos contigo a tu pueblo”. Hermano, de nuevo me impresiona mucho el hecho de que no había una expectativa positiva, no había una experiencia agradable con Dios. Nosotros estamos precondicionados a pensar que la gente va a venir a Cristo porque nos va a nosotros boyante.
“Guau, a ti te ha ido bien, yo quiero servir al Dios que tú sirves; como yo te veo a ti, tú te ves rozagante, tú te ves bien, tú te ves en abundancia; yo quiero…” Aquí, Rut fue diez años esperando un hijo y no llegó, quedó viuda en una tierra extranjera, como mucho tiene una nuera vieja, una nuera anciana. Hay hambre, hay hambre, y vinimos para acá porque había hambre, ahora regresamos para allá porque tenemos hambre. “No importa, nosotros iremos contigo”. Primer intento de disuasión, hermanos: aquí en este primer intento Noemí está reconociendo el derecho legítimo que tenían ellas a regresar, pero también se nos muestra el carácter de Noemí.
Carácter piadoso de Noemí y segunda disuasión
Al parecer, hermanos, en medio de su dificultad, en medio de su trajín doloroso, en medio de su cadena de tragedias, esta mujer era una luz encendida, que a pesar de su tragedia pudo dar buen testimonio a sus nueras. A pesar de sus pérdidas familiares, a pesar, hermanos, de sus tribulaciones familiares, a pesar de su carencia, parece que Noemí tenía, aun con todo esto, un carácter que le permitía besar a sus nueras, darles un beso; que le permitía desearles lo mejor, un nuevo matrimonio; reconoció la fidelidad de estas mujeres.
Hermanos, Noemí no se había amargado completamente, sino que podía sentir un dolor, pero al mismo tiempo tener un trato afable hacia estas mujeres. La aplicación aquí, hermanos, es que esto evidencia el carácter piadoso que tenía esta mujer, era una mujer desprendida, sensible, dispuesta a reconocer al otro en medio de su carencia particular. También con esto yo quisiera animar a mi iglesia a que rompamos algunos prejuicios sociales. Lo que se nos dice la sociedad contemporánea es que la relación entre suegra y nuera es una relación inviable, lo que se nos enseña a nosotros en un mundo caído es que esa relación siempre tiene que ser una relación tensa.
Eso es lo que se ve, hermanos, pero en el pueblo del Señor esos estereotipos deben ser rotos. En el pueblo del Señor las nueras y la suegra pueden tener un trato tan agradable que las nueras quieran permanecer con la suegra aun cuando ya no estén legalmente vinculadas. El segundo intento va del versículo 11 al versículo 14. Aquí ella les expresa, hermanos, primero su legítimo derecho a regresar, ahora desde el versículo 11 al 14, segundo intento: ella les expresa los grandes impedimentos.
Y Noemí respondió: Volveos, hijas mías; ¿para qué habéis de ir conmigo? ¿Tengo yo más hijos en el vientre que puedan ser vuestros maridos? Volveos, hijas mías, e idos, porque yo ya soy vieja para tener marido; y aunque dijese: Esperanza tengo, y esta noche estuviese con marido, y aun diese a luz hijos, ¿habíais vosotras de esperarlos hasta que fuesen grandes? ¿Habíais de quedaros sin casar por amor a ellos? No, hijas mías; que mayor amargura tengo yo que vosotras, pues la mano de Jehová ha salido contra mí.
— Rut 1:11–13
Hermano, esto es consistente en la historia de Noemí: ella entiende que en su circunstancia hay un solo causante, que es Dios. Y esto es un balde de agua fría sobre mucho pensamiento carnal que hay en el pueblo del Señor, que siempre anda buscando el culpable de turno para su tragedia. Hermano, usted no está ni más allá ni más acá de la voluntad del Señor para usted, y usted puede salir a buscar entre los culpables de turno. ¿A quién pudo haber salido a buscar ella, hermanos? Hay mucha gente, pero ella entiende que es Dios que lo está haciendo.
“Es Dios, es el Todopoderoso que me ha afligido”. Yo me pongo, hermanos… no es que yo quiera desvirtuar el personaje, pero Noemí con mucha facilidad pudo haber tenido una raíz de amargura hacia su marido: “Fue Elimelec que le faltó la fe y nos mandó para este pueblo pagano y por eso Dios nos está castigando, lo que pasó es que el marido mío fue el malvado, por él estamos donde estamos”. Quizás, hermanos, ella pudo haber acusado a sus difuntos hijos que no regresaron: “Esos muchachos que se casaron… porque la realidad, hermanos, es que el ser humano no es racional en su tragedia: ‘Se casaron con esas mujeres malas, yo les dije que no se casaran con esas mujeres, se casaron, y por eso estamos donde estamos’”.
Quizás ella podía haber acusado a los moabitas: “Este pueblo, por ellos…”, o hacia Israel: “Hay hambre porque los líderes de Israel no eran líderes buenos”. Lo que dice el libro de los Jueces es que cada quien hacía lo que bien le parecía, “y por la debilidad de sus líderes, porque no fueron líderes como Josué, como Moisés, el pueblo estaba pasando hambre, por ellos es que estamos donde estamos”. Quizás ella misma: “Son mis malas decisiones, mi asunto”. Lo muy interesante en todo esto, hermanos, es que no hay ninguna evidencia en el texto bíblico de que ellos hayan vinculado sus malas decisiones a su mal destino.
Ella no está diciendo “Dios me está castigando”, no; “El Altísimo, el Todopoderoso a mí me ha afligido”, por la razón que la haya tenido, que yo en este momento desconozco. En este segundo intento de disuasión dice: “Es Dios que está contra mí; Jehová ha salido contra mí”. Hermano, ella está diciendo: “Regresen, hijas mías, no vengan conmigo, porque Dios a mí me ha afligido; yo soy peligrosa, no anden conmigo”. Ella lo que está diciendo es: “Yo soy un riesgo, a mí se me muere el marido, se me mueren los hijos, yo soy una mujer, Dios está en contra mía y yo no quiero que a ustedes les pase lo que me está pasando a mí. El Todopoderoso ha salido contra mí”.
Bueno, si Dios ha salido contra alguien, yo no quiero estar al lado de esa persona. Lo dramático de esto es que ella está diciendo: “Mire, Dios ha salido contra mí; por eso ha sucedido todo esto; váyanse lejos y vuelvan, que el problema está en mí”. Aquí vemos, hermanos, entonces el segundo intento: ¿cuáles son los dos caminos? Versículo 14:
Y ellas alzaron otra vez su voz y lloraron; y Orfa besó a su suegra, mas Rut se quedó con ella.
— Rut 1:14
Ambas nueras lloran, Orfa regresa, ella consideró su situación, hermanos, y vio que no había camino. Y yo estoy honrando, he tratado de entender: entre los pueblos orientales las decisiones son así, son decisiones muy de un paso. Quizás Orfa tendría la decisión de irse desde el primer momento, pero entre los orientales se acostumbra ese estilo: primero “sí”, después “no”, ese juego de insistir y declinar.
Tercer intento y declaración de Rut
En Oriente las cosas son más una danza donde tú dices: “Toma esto”, “No, no”, “No, no te preocupes, sí, tómalo”, “No”, “Ah, ya que me insististe entonces sí”. Así son las cosas en el mundo oriental. Parece que Orfa, hermanos, consideró su situación y vio: “Dios está contra ti, no tenemos esperanza; además, Rut quiere ir contigo; que te cuide Rut, yo regreso”. Esto se sale de la Escritura, hermanos, pero en el Talmud judío hay toda una fábula al respecto de lo que pasó con Orfa. De hecho, el Talmud judío —eso no es Escritura, son fábulas judías— dice que cuando Orfa regresó se prostituyó y terminó engendrando a Goliat, el que después fue vencido por David.
Eso no tiene ningún sustento en la Escritura, pero se ve que entre los judíos, hermanos, quedó una perspectiva negativa acerca de Orfa. Primer intento, hermanos: “Ustedes tienen el derecho legítimo de regresar, regresen”. Segundo intento: “Yo soy una mujer que Dios ha venido contra mí, no vengan conmigo; además, hay razones fisiológicas, hay razones humanitarias por las cuales no conviene que ustedes vengan conmigo”. Orfa regresa, Orfa besó a su suegra, mas Rut se quedó con ella.
Toda esta historia desde el versículo 6 en adelante, la historia de Rut, nos está enseñando su conversión, y lo que nos está poniendo en contraste primero son las limitaciones materiales. Rut se convirtió al pueblo y al Dios de Noemí, no porque tuviera a Noemí boyante ni en dinero, ni en hijos, ni en prestigio. Rut se convirtió al Dios de Noemí y a su pueblo no necesariamente porque había un grupo de gente que lo estaba haciendo; de hecho, Orfa regresó y ella permaneció. Está contrastando la decisión de una y la circunstancia en la cual fue tomada.
Ahora desde el versículo 15 hasta el 18 aquí vemos el tercer intento de disuasión. En este tercer intento le dice ella:
Y Noemí dijo: He aquí tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a sus dioses; vuélvete tú tras ella.
— Rut 1:15
Aquí tengo que hacer una pausa necesaria, hermanos. El dios y el pueblo están vinculados en la Escritura. Si usted va a pertenecer a servir a un dios, usted va a pertenecer a un pueblo; si usted va a pertenecer a otro dios, va a pertenecer a otro pueblo. Esas cosas en la Escritura están vinculadas. Estaban tan vinculadas que no se esperaba que si Orfa regresaba a su pueblo siguiera sirviendo al Dios de Israel. “No, vuélvete a tu dios y a tu pueblo”. Si una gente ha conocido al Dios verdadero, lo que va a buscar es el pueblo verdadero.
Si una gente va a servir al Dios de Israel, va a buscar al pueblo de Israel; esas cosas son indivisibles. Tu Dios tiene un pueblo, y si tú no vas al pueblo de Dios tú no vas a servir a Dios, ese es el pensamiento, y eso aplica también para nuestros días. Usted no puede servir, convivir y disfrutar un pueblo sin usted orar al Dios de ese pueblo. Usted tiene que seleccionar, colocar dónde usted va a servir: si sirve a un Dios, usted va a buscar el pueblo de ese Dios; usted no puede vivir entre los moabitas y al mismo tiempo pretender ser un adorador del Dios verdadero.
En este intento dice ella: “Ella ha regresado a su pueblo y a su dios; vuélvete tú tras ella”. Versículo 16:
Respondió Rut: No me ruegues que te deje y que me aparte de ti; porque adondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová, y aun me añada, que solo la muerte hará separación entre nosotras dos.
— Rut 1:16–17
Hermano, aquí vemos una conversión dramática, una decisión. Esto no es que Rut está emocionada, esto es que aquí hay una decisión firme, hermanos. Esta decisión firme se manifiesta en estos versículos: “No me ruegues que te deje y me aparte de ti, porque adondequiera que tú fueres iré yo, y dondequiera que vivieres viviré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios mi Dios; donde tú murieres moriré yo y allí seré sepultada; así me haga Jehová…”. O sea, no es cualquier dios, es ese Dios que yo me estoy preparando para servir porque lo he conocido, y sé que es un Dios poderoso, y sé que es un Dios que tiene control de la historia, y sé que es un Dios que hace cosas.
“Así me haga Jehová y aun me añada que solo la muerte hará separación entre nosotras dos”. Y viendo Noemí que estaba tan resuelta a ir con ella, no dijo más. He escuchado año tras año que se predica esta historia, hermanos, y solamente se nos destaca el carácter afectivo que había entre Noemí y Rut, y dicen: “Esa es la relación de una suegra y una nuera”. Eso es verdad, pero yo quiero ver a Dios detrás de todas estas cosas, hermanos. Yo quiero ver que más allá de solamente un asunto afectivo, porque afecto tenía Orfa, afecto tenía, que lloraba con ella y la besaba, yo quiero ver la mano del Señor añadiendo aquí a una moabita a su pueblo.
Yo quiero ver, hermanos, más allá de la historia, porque esto no es Corín Tellado, esta es la revelación de Dios para su pueblo, y yo quiero ver la revelación de Dios a su pueblo, a un Dios que está detrás de esta historia afectiva. Aquí no solamente yo veo un asunto superficial de un amor y una fidelidad de una nuera hacia una suegra; yo quiero ver aquí, hermanos, que Dios está detrás de la historia y que está trayendo a una moabita a que se integre al pueblo del Señor.
Resolución radical y propósito de Dios
¿Cómo habló esta mujer, hermanos? Como habla una persona a la que Dios le está llamando. Versículo 18:
Y viendo Noemí que estaba tan resuelta a ir con ella, no dijo más.
— Rut 1:18
Hermanos, si usted va a traer a alguien a los caminos del Señor, yo quiero animarle a que usted trate de buscar ese mismo nivel de resolución. Cuando uno está añadiendo a alguien, cuando está invitando a alguien a los convenios del Señor, uno debería tener primero la conciencia de que es Dios que hace esto, hermanos, Dios es quien pone esta convicción, pero también debería tener un poco de limpia conciencia al no poder integrar a alguien al pueblo del Señor si esa persona no tiene resolución.
Si tú vas conmigo para Belén, si tú te integras con mi pueblo, a mí me interesa saber si tú tienes esta firme resolución. Al ver esto, parece que Noemí descansa, dice: “Y no dijo más”. Yo quiero mostrarles desde los versículos 15 hasta el 18: aquí invita a Rut a volver a sus dioses. Esta es la frontera más grande: “O sea, ya tú ves que tú estás dispuesta a soportar ir conmigo, estás dispuesta a soportar esto, ahora yo quiero ver si tú estás dispuesta a dejar tus dioses; vuélvete a tu pueblo y a tus dioses”. Es la frontera espiritual.
Lo que he visto, hermanos, es que las carencias manifiestan la esencia de una persona, los momentos de dificultad disuaden a los superficiales pero comprometen a los que verdaderamente han sido llamados. A Rut la moabita la intentaron desalentar tres veces, y ella no cedió. Es una decisión firme, ella quería ser parte del pueblo del Señor; “Yo quiero que tu Dios sea mi Dios y tu pueblo sea mi pueblo”. Eso es una resolución firme de seguir la profesión y seguir al Dios verdadero.
Este asunto de personas que están como que… “No, no se le puede hablar muy duro, porque se desmotivan rápido”. Si alguien realmente ha sido llamado, usted lo disuade y él permanece. Hermano, yo he visto en la Escritura y he visto en la práctica que realmente cuando el Señor está haciendo algo, mire, usted puede empujarlo, usted puede ponerle pruebas. Yo he visto personas que han sido defraudadas en el pueblo del Señor, casi desmotivadas en el pueblo del Señor, han sido hasta engañadas por hermanos suyos, hasta por líderes suyos, y la persona que tiene convicción permanece en los caminos del Señor.
Le dice: “Mira, me van a disuadir cinco veces, pero yo sé al Dios que he conocido, y a ese Dios, y a ese pueblo, al Dios y al pueblo que yo voy a servir”. La conversión, hermanos, no es sencilla. Lo que está sucediendo en Rut es que esta mujer se está integrando al pueblo del Señor, y se está integrando de verdad. Esto es resolución radical, hermanos, en medio de la mayor incertidumbre. Decisiones como esta no se toman porque todo esté tranquilo, hermanos, esto es algo que viene del corazón, esto es una decisión radical que está colocando a Rut en una posición precaria.
Y en medio de la mayor incertidumbre, Rut no sabía que su historia iba a cambiar. De hecho, hermanos, tampoco sabía que ahí estaba Booz y que el Señor quería encarnarse en la historia a través de esa genealogía. Ella no sabía eso, ella no sabía que Israel tenía una genealogía, ella no sabía que Booz era de la tribu correcta, que había que ser, no sabía que era el linaje del cual iba a venir; ella no sabía nada de eso, hermanos. Ella está caminando, tomando una decisión que la coloca en estrecho, y esa es la realidad de cualquier persona que se está integrando al pueblo del Señor.
Usted no se integra al pueblo del Señor porque le enseñen el video y usted vea que todo lo de adelante a partir de esto será bueno. Usted se integra al pueblo del Señor esperando ser parte de algo que usted conoce hasta cierto punto, que es el plan de Dios. Lo que sabe un creyente es que cuando él es parte del pueblo del pacto es parte del propósito de Dios para su pueblo. Por eso dice la Escritura —y se lo repito cada vez que lo digo, el versículo, porque hay que leerlo con cuidado— dice la Escritura, dice la palabra de Dios:
Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
— Romanos 8:28
A los que aman a Dios, todas las cosas… La ayuda no viene después, dice esto, lo advierte al principio y lo advierte al final. Primero: “A los que aman a Dios”, no a todo el mundo. Anda la gente cantando “Todo obra para bien”, y eso ya es un cliché, que la gente dice “Todo obra para bien, todo obra para bien”. Lo que la Escritura dice no es “Todo obra para bien”, sino “A los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien”. Una traducción directa de eso sería: “Todas las cosas tienen sentido, todas las cosas tienen propósito”. No es necesariamente que todas las cosas serán agradables, sino que todas las cosas son significativas.
A los que aman a Dios, como Rut la moabita, todas las cosas les ayudan a bien, y después dice esto: “A aquellos que conforme a sus propósitos han sido llamados”. Cuando usted es parte del pueblo del Señor, usted es parte de los propósitos de Dios y su vida tiene sentido, su vida tiene intencionalidad, su vida tiene propósito. Rut la moabita se integró al pueblo del Señor y su vida comenzó a ser parte de un propósito más grande, que no cambió de repente, hermanos, pero alcanzó el propósito de Dios.
La meta en la vida de un cristiano no es pasar esta existencia sin incertidumbre, no es pasar esta existencia sin carencias, no es no experimentar la enfermedad. La meta de un creyente es esto que nosotros no entendemos del todo, pero que sabemos por fe que es así: que somos parte del propósito de Dios, y si somos parte del propósito de Dios, nuestra vida tiene significado, nuestra vida tiene un feliz término.
El sufrimiento y la visión del plan de Dios
Hablaba, llamé a alguien esta semana, una amiga muy querida de muchos años, y cuando le llamo a ver cómo está, le llamé para un trabajo, algo que me haga, y me dice: “Mira, dame un momento para decirte mi situación”. Ella es abuela recientemente y su nieta tiene un cáncer en el cerebro, tiene un tumor en el cerebro, está afligida en todo esto. Dice: “Yo estoy tratando de encontrarle propósito a todo esto”, y le digo: “Cuando el Señor está haciendo algo, Dios tiene propósito”. El asunto no es “se va a sanar la nieta”. Muy probablemente sí, es probable que no.
Ahora, lo que yo sé es que el Señor va a alcanzar su propósito, en una vida de 70 años, en una vida muy corta, pero Dios alcanza su propósito en la vida de un creyente, hermanos. No es que si la situación de Rut va a cambiar en un momento va a cambiar en otro; no es “¿Va a pasar hambre o no va a pasar hambre?”, es si Rut va a ser o no va a ser parte del propósito de Dios para su pueblo. Lo que está por suceder en este momento es que Rut dice que sí, por convicción, afirma que ha sido llamada directamente por el Señor.
No es que va a cambiar su vida dramáticamente y que va a vivir una vida de riqueza, de bonanza, sino que Rut está siendo parte del propósito de Dios para su pueblo. Y el deleite de un creyente, hermanos, mi deseo para todos ustedes no es que tengan vidas de opulencia, y si el Señor se lo ha dado, como se lo dio en un momento, en una temporada, a Rut, téngalo. Mi deseo para ustedes es que sean parte del propósito de Dios para su pueblo, y que cuando todo se desaparezca, hermanos, porque toda esta tierra va a llegar un momento que todo será pasado por fuego, todavía va a haber algo que va a haber prevalecido, y son los propósitos de Dios para su pueblo.
Que cuando tú puedas ver la gran historia, tú veas que tú eres por lo menos un punto en esta cadena de hechos providenciales que el Señor ha estado desarrollando para alcanzar su propósito en su pueblo. Lo que tú no entiendes es que tú lo entiendas así. Yo a veces me he preguntado… todo este primer capítulo de Rut habla de una mujer desesperada porque no entiende lo que Dios está haciendo. En la convicción de Noemí, ella está siendo afligida por Dios, ella no entiende que Dios la está llamando, que Dios la está trayendo, que Dios está desarrollando un engranaje que ella no ve.
Ella solamente se ve como una mujer afligida que conoce un Dios Todopoderoso —dice dos veces “Todopoderoso”— pero ella no entiende el plan. Hermanos, yo no entiendo tampoco el plan. Una impotencia en la consejería pastoral es que las personas vienen con su aflicción y esperan que uno les muestre el mapa de Dios. Y yo quisiera poder decirles: “Oh sí, Noemí, mira, lo que pasa es que Dios a ti te está trayendo de regreso a Belén porque en Belén está comenzando ahora mismo la siega de la cebada, y hay un hombre piadoso que se llama Booz, que es un hombre que el Señor ha reservado porque Él quiere que se integren en el linaje del rey de Israel, y el Señor te está llamando a ti y a esa moabita; no era casualidad, sino que ella tenía que ser integrada también, y por eso las ha llamado juntas”.
“Y lo que ha pasado es que a ti se te tuvo que haber muerto el marido, porque si no se te muere el marido ese hombre nunca te iba a dejar volver para acá, y era contigo el asunto”. Oye, hermanos, pues yo quisiera ver el plan de Dios así para mi vida y no lo veo. Mis hermanos esperan que yo tenga como el oráculo para enseñarles todos los detalles minuciosos, los pequeños engranajes del plan de Dios. Hermanos, yo les digo: “Mira, vamos quedándonos dominando, porque yo creo que algo Dios está haciendo”.
“Pero, pastor, ¿qué de manera precisa?”, “Yo creo que usted también diga el plan, yo quiero…”. “Mira, yo no te puedo, yo te puedo leer Rut desde el capítulo 1 al capítulo 4, yo te puedo demostrar que cuando ellas no entendían Dios lo estaba haciendo, y cuando se entendían más desafortunadas estaban más en el centro del propósito de Dios para su pueblo”. Para eso existe la palabra del Señor, hermanos, porque yo en este momento no veo de manera precisa cuál es el detalle puntual de todas las cosas que Dios está haciendo, pero yo veo a Rut del capítulo 1 al 4, yo veo que Dios es fiel, yo veo, hermanos, que Dios tiene planes, que no hay coincidencias.
Yo me imagino ahora a Rut hablando en el cielo con Noemí, imagino cuando se conozcan. Yo creo que ella ya no diría “Dios ha venido contra mí y yo soy una mujer amargada”, sino: “Mira, yo soy una mujer privilegiada”. “Pero se te murió el marido, se te murieron los dos hijos…”, “Pero es que la vida no se trata de tener un marido y tener dos hijos, hermanos; la vida se trata del propósito de Dios para su pueblo, y tú puedes estar en el propósito de Dios para su pueblo sin marido y sin hijos, hasta sin nietos; Dios puede alcanzar contigo su propósito”.
Ay, hermanos, yo quisiera desalentar toda expectativa mundana y carnal de que Dios está con nosotros cuando nos está yendo bien. Dios estaba con Noemí y Dios estaba con Rut, y les estaba yendo humanamente mal, muy mal, pero todavía Dios estaba actuando. Dios, hermanos, alcanza su propósito hasta a pesar de nosotros.
Regreso a Belén y amargura de Noemí
La resolución que está tomando Rut es… ella no veía. Ella no tenía Rut capítulo 2 en mano; si ella tuviera Rut capítulo 2, tuviera de risita; si tuviera Rut capítulo 3, hermanos, tuviera más risita; y si llega al capítulo 4 y ve que David, el rey de Israel, y después si ve Lucas en los primeros capítulos y se da cuenta que es de la genealogía del Maestro, hermanos, yo imagino… En estos momentos solo hay calamidad, en este momento solo hay dolor.
Ay, hermanos queridos, ahora que Dios te está visitando con enfermedad, ahora que Dios te está visitando con una enfermedad catastrófica, ahora que te están visitando con hambre, ahora que te están visitando con carencia, ahora que has perdido un familiar, ahora quizá estás más cerca del plan del Señor que ayer. Quizá el hambre te ha acercado más al propósito de Dios, quizá la enfermedad, quizá la pérdida familiar. Todo, a los que aman a Dios y son llamados conforme a su propósito, tiene sentido, tiene propósito, tiene significado.
La resolución de Rut, hermanos, ella confirmó que estaba tomando una decisión voluntaria: “No me ruegues que te deje y me aparte de ti…”, todo es voluntario, “Tú no me lo estás pidiendo, soy yo que quiero hacerlo; yo quiero que tu Dios sea mi Dios y tu pueblo sea mi pueblo”. La resolución radical de Rut es que ella ata todo su destino al destino de Noemí, a la mujer que Dios ha venido contra ella: “Yo estoy amarrada a ti, mi destino es tu destino, y yo veo que no te está yendo bien”. Bueno, eso es lo que es una conversión genuina: una persona que viene al Señor no necesariamente porque Él le esté dando un pan hoy y otro mañana.
Esa es la resolución que se toma. A mí me gusta, hermanos, la resolución de Job. Por ejemplo, Job 13:15 dice:
He aquí, aunque él me matare, en él esperaré.
— Job 13:15
“No, Señor, yo quiero que tú me dejes con vida porque yo quiero disfrutar…” Hermanos, hasta más allá de tu vida Dios te puede matar, y que a ti te fue bien Dios matándote. Tú puedes morir y terminaste bien, hermanos. Ay, “qué tragedia, murió joven…”. Tú no sabes lo que Dios está haciendo. Al rey David el Señor le dio un hijo por unos días, y ese hijo tuvo propósito, y murió el niño. Y tú dices: “Guau, el Señor fracasó, murió el niño”. Si el niño murió, pero el Señor utilizó la vida de ese niño para su propósito, su significado. Ese era un propósito de unos cuantos días. Gloria al Señor por las vidas que alcanzan los propósitos del Señor en tres días, cuatro días.
“Ah, no, ¿qué sentido tiene un niño que murió tan joven?” Dios alcanzó su propósito, hermanos; Dios es soberano, Dios es grande, nosotros guardemos silencio ante nuestro Dios. Dice el salmista, el Salmo 73:26:
Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.
— Salmo 73:26
“Es Dios para siempre”, no “porque me está yendo bien”, es lo que dice: “Mi carne y mi corazón desfallecen, pero Él es la roca de mi corazón y mi porción para siempre”. A Pedro no le dijeron: “Vete tú con los otros, que se están yendo”. Se están yendo, dice que algunos dejaron de seguirle. Y les dice el Señor a los doce discípulos: “¿Y ustedes se quieren ir también?” Dijo Pedro:
Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
— Juan 6:68
Me gusta la resolución de María. Cuando a María, hermanos, no le preguntaron para decirle si quería ella; María amaneció embarazada. La soberanía de Dios está tan fuerte que Él puede lograr que una virgen amanezca embarazada, y después le explica el ángel. No fue así para María, de que: “María, te aparece, tú sabes que el Señor tiene un plan, un propósito, comenzó allá con Abraham, después caminó con Rut, has leído la historia de Rut, después de rey David, toda esa gente, y ahora te hemos seleccionado a ti y a tres más para que nos digan una de ellas, ¿qué te parece?”. No.
Amaneció embarazada, hermanos, y sabes lo que dijo María:
He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra.
— Lucas 1:38
Hermano querido, esa es la reacción que tiene un creyente cuando le llega la enfermedad. Tú acabas de ver la enfermedad y dices: “He aquí el siervo del Señor, hágase conmigo conforme a su palabra”. La enfermedad no te va a tratar ni mejor ni peor de lo que el Señor soberanamente ha determinado. Cuando venga el problema familiar, cuando venga la crisis, cuando venga la limitación, entonces tú vas a decir: “Aquí está el siervo del Señor, aquí está la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a su palabra”.
Si usted le pregunta a Noemí en la presencia del Señor: “Noemí, ¿qué te parece tu historia?”, ella dirá: “He aquí la sierva del Señor, hágase conmigo conforme a su palabra”. Hermanos, Dios es soberano, Dios es Todopoderoso. Dice que ella prometió ante Jehová permanecer con Rut hasta la muerte. ¿Cuáles son las implicaciones de la decisión? Se va sin esposo. ¿Qué expectativa tenía Rut de casarse? Ninguna. Le digo: “¿Y usted, Rut?” Y Rut dice: “No, pero ahora sí, ¿para dónde es que vamos, mami?” “Yo me voy contigo”.
Rut 1 es cuando tú estás entregando tu vida a una anciana que no tiene marido, que no tiene expectativas de conseguir marido, que no tiene expectativas de procrear, que no tiene expectativas de darte marido a ti. Ahí es que se ve: es quedarse sin esposo. Virtualmente, Rut estaba dispuesta a quedarse sin esposo. En la expectativa suya, las implicaciones, hermanos, eran seguir al lado de una mujer atribulada que ni siquiera era su familiar directo.
Porque al lado de una mamá cualquier mujer se queda. “Mami, yo te voy a cuidar hasta el final”. Pero al lado de una suegra, hermanos, se está quedando. No hay un vínculo de sangre, no hay… Tendría que integrarse a la vida de otro pueblo y practicar otra religión. Lo otro también, hermanos: yo tengo que ver a Dios detrás de esta decisión de la moabita. Experimentar junto a Noemí el estigma social de quien regresa con las manos vacías. Cuando se burlan, eso que le dicen “Noemí” es una compasión con burla junta.
Aplicaciones: cómo asumir el momento amargo
Ellos fueron el tema. Nadie que sea reconocido públicamente ante la sociedad se libra de la comidilla por ser atribulado. “Oh, fulana, a esa gente le fue mal”, y el atribulado… toda la gente lo tiene en la mira. “Eso fue porque se fueron para Moab, eso fue porque sucedió tal cosa, eso fue que Dios los castigó”. Hermanos, es duro, es duro estar ahí en eso, y ella estaba dispuesta a tragarse el trago amargo, la amargura de Noemí: “Dame un pedazo que yo la trago contigo”.
Las aplicaciones de esto, hermanos, es que la fe verdadera es un don de Dios, y que la fe verdadera permanece en las carencias y vence las circunstancias. Yo quiero animar a mis hermanos a que tengan una fe de aquella que permanece en la carencia y se fortalece. Ahí es que uno ve los hombres y las mujeres de Dios en la historia, hermanos, que en medio de su fortaleza, ahí es que conocen a Dios más profundamente, como Job, que cuando perdió los familiares, perdió el patrimonio, lo perdió todo, dijo:
De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven.
— Job 42:5
Cuando la aflicción es un precioso momento para conocer profundamente a Dios, a su carácter y a su provisión. Mucha gente ha visto el mapa de lo que Dios está haciendo a través de la aflicción, y la aflicción te permite entender profundamente lo que Dios está haciendo. La fe verdadera no precisa de beneficios materiales para manifestarse. La fe verdadera resiste cualquier intento de disuasión. La fe verdadera actúa con valentía en los momentos de incertidumbre, en las curvas de la vida.
Hay momentos donde tú no sabes lo que viene después, pero tú sabes algo ahora, y tú lo sabes dos veces: que Dios es Todopoderoso. “Mami, ¿tú sabes qué vamos a hacer en Belén?” “No sabemos, quizá tengamos que morir, no de hambre, pero Dios es Todopoderoso”. Termino con el regreso a Belén. ¿Qué pasó cuando llegaron a la ciudad? Versículo 19 en adelante, de un regreso muy precario, hermanos, un regreso no triunfal. Bonito cuando alguien llega triunfante. “Guau, regreso triunfal, por la puerta grande”.
Anduvieron, pues, ellas dos hasta que llegaron a Belén; y aconteció que habiendo entrado en Belén, toda la ciudad se conmovió por causa de ellas, y decían: ¿No es ésta Noemí? Y ella les respondía: No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara; porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso. Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías. ¿Por qué me llamaréis Noemí, ya que Jehová ha dado testimonio contra mí, y el Todopoderoso me ha afligido?
— Rut 1:19–21
Yo les digo, hermanos, que es una mezcla. Si alguien aquí ha experimentado eso, cuando la gente comenta este tipo de cosas, es una mezcla entre compasión y burla. Esto es un poco de compasión, pero también un poquito de cuestionamiento: “¿Y esa no es Noemí, esa no fue la que se fue de aquí, que iban a triunfar en Moab? ¿No era que había pan allá? Ah, están regresando. ¿Y qué trajeron? ¿Y el marido y los hijos?” “¿Cuántos nietos tú tienes, Noemí? ¿Cuántos nietos te ha dado el Señor?”
Y ella les respondía: “No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara, porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso. Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías. ¿Por qué me llamaréis Noemí…?” Noemí significa “dulce” o “agradable”. “¿Por qué me llamaréis dulce o agradable, ya que Jehová ha dado testimonio contra mí y el Todopoderoso me ha afligido?” Esos son unos niveles muy profundos, hermanos, de fe en el pueblo del Señor, cuando tú llegas ya a ver a Dios en tu circunstancia.
No el marido que te ha afligido, no la sociedad que te ha afligido, no el empleador que te ha afligido, “la esposa esta que me ha afligido, la familia de ella que me ha afligido, o el esposo este o la familia del esposo que me ha afligido, o el gobierno este que me ha afligido, o el cliente aquel que me ha afligido”. Hermanos, no, que el Señor no se va a dejar mal, al final tú te das cuenta que puede haber cualquier agente, pero quien está detrás de cualquier agente es Dios.
“El Todopoderoso”, dice ella dos veces. Versículo 22:
Así volvió Noemí, y Rut la moabita su nuera con ella; volvió de los campos de Moab, y llegaron a Belén al comienzo de la siega de la cebada.
— Rut 1:22
Hermanos, ¿cómo asume un creyente en los momentos amargos? ¿Cómo asume un creyente el trago amargo, cómo asume la circunstancia difícil de la vida? ¿Cómo asume un creyente la pérdida del empleo, cómo asume el creyente la destrucción del proyecto familiar? ¿Cómo asume el creyente la rebeldía de un hijo, cómo asume un creyente la limitación económica? A la luz de todo esto, hermanos, yo quiero darle seis cosas que usted debería tratar de evitar si usted es un creyente.
Evite que las pérdidas amarguen sus relaciones. Yo vuelvo a Noemí, que ya tiene un asunto con Dios, que dice: “Dios me ha amargado”, pero todavía ella no se ha amargado con las nueras, todavía ella no se ha amargado con las personas que le están preguntando. A cualquier atribulado le preguntan: “¿Y esa no es Noemí?” y ella no dice “No me llamen así”, sino que les responde. Ella no les dice malas palabras, no les agrede: “Ustedes son unos frescos, ustedes no se metan en mi vida”.
No se da el permiso. La gente se da los permisos en los momentos de tribulación de que su carácter se denigre. Evite que las pérdidas amarguen sus relaciones. Esta es una mujer que en medio de la amargura suya no la está difundiendo, ella no está amargando a las nueras, las está aconsejando, las está besando. Es una mujer que en medio de su dolor puede tener una respuesta dulce a pesar de su tribulación. Eso es lo primero, hermanos: evite que el momento amargo amargue todas sus relaciones.
Evite que la pérdida la lleve a un estado de inoperancia. Hermanos, esta mujer lo ha perdido todo, pero todavía entiende que Dios está trayendo pan allá; ella va para allá, se está moviendo. Que la carencia material no te lleve a un estado de inoperancia, no te lleve a ignorar la soberanía de Dios en tu circunstancia. En una circunstancia dolorosa, en una historia complicada, Dios sigue siendo soberano y Dios sigue estando detrás de la historia.
Es muy fácil sacar a Dios de la ecuación, pero cuando tú sacas a Dios de la ecuación ya tú te das el permiso de hacer muchas cosas. Pero cuando tú pones a Dios en la ecuación, tú no tienes ni más ni menos que lo que Dios te ha permitido. Tú no tienes ni más ni menos de lo que Dios ha reservado. Evite simular, evadir o disfrazar los hechos que Dios soberanamente le ha colocado. No querer llevarlo, hermanos, a un asunto de imprudencia.
No tienes que andar por la calle siempre gritando tu carencia; ten un poco de dignidad también, porque un creyente no es un indiscreto. Pero la tribulación, hermanos, cuando está reconocida, cuando usted sabe que usted no tiene ni más ni menos, eso no es vergüenza. No es vergüenza tener un estado de precariedad porque el Señor está alcanzando su propósito en ti. No es vergüenza estar enfermo, no es vergonzoso. No es que yo quiero llevar a mis hermanos ahora a que anden por ahí gritándole a todo el mundo: “Mira, tengo un conflicto familiar, tengo una situación con mi esposa, tengo una situación con mi esposo, y yo quiero tal cosa”. No es eso, hermanos.
Lo que quiero llevarte es a que entiendas que ser atribulado soberanamente por Dios, Todopoderoso, doblemente Todopoderoso, eso no avergüenza. No hay que simular, no hay que evadir, hay que reconocer cuál es tu verdadera condición. Evite que estas circunstancias disminuyan tu fe en Dios. Hay gente que piensa que si la cosa no nos está yendo bien, Dios se fue. Leímos el libro de los Hechos recientemente, hermanos. En el momento de mayor precariedad de Pablo, cuando iba preso y escoltado rumbo a Roma, estaba en el centro del propósito de Dios para ese tiempo.
Ahí preso y escoltado rumbo a Roma, Pablo espiritualmente estaba triunfando, en un barco rumbo a Roma, ahí estaba en el centro del propósito de Dios para esos pueblos. No “si estuviera en mi casa fresco, tranquilo…”. Cuando Pablo estaba con los pies en el cepo, ahí, con los pies en el cepo, estaba en el centro del propósito de Dios para ese tiempo. Hermanos, que la circunstancia no disminuya la fe en tu Dios. Y por último, evite que las circunstancias dañen tu testimonio.
Usted sigue siendo un cristiano atribulado. No porque ahora el Señor… “Ah, yo hago esto, no, ahora el Señor me ha metido en esta situación, entonces yo…” No, no hay que volverse violento, maldiciente, no hay que volverse duro. “No, que tú no sabes lo que yo he experimentado”. Yo lo que sé es que fue Dios que te puso ahí. “Yo soy así porque mis circunstancias…” No, no, ahí todavía tú tienes que ser piadoso.
Noemí subestimó, hermanos, la provisión de Dios. Dice: “Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto vacía”, y esa no era toda la prueba. Allí estaba Rut y ella estaba ahí, ella no estaba sola, había una moabita. “¿Y qué hace esa nuera contigo?” “Yo me fui llena…” Hermano, a veces uno le sigue la pista a la mente y comienza a divagar y tú terminas ignorando lo que Dios te está dando. Es verdad, hermanos, que Él la dejó sin marido, el Señor la dejó sin hijos y nietos, pero le dio una buena nuera. Y, sobre todo, había algo que se estaba haciendo, que ella no tenía en el momento el derecho a entender, pero Dios lo estaba haciendo y era bueno a favor de ella.
En medio de la circunstancia, hermanos, no se cierre los ojos, a pesar de que haya enfermedad, que haya carencia, que haya tribulación. El Señor compensa bien, hermanos, y te manda una cosa y también te manda la otra. Las pérdidas familiares fueron lo que le permitieron regresarse a su pueblo. Si no pierde a los hijos y al marido quizás se queda, muere como moabita, quizá muere en un pueblo extraño, pero como el Señor la dejó libre… Ay, hermanos, y no quiero ser demasiado duro, pero son muchas mujeres que si el marido no las hubiera dejado desabastecidas no se encuentran con el Dios verdadero.
Muchas personas que si el Señor no les quita algunas cosas no encuentran la otra. Dios le proveyó a Rut una suegra que era mejor que muchos hijos, y llega justo en medio de la siega de la cebada. Así sí.
Conclusión y oración final
Concluyo, hermanos, mire, yo lo escribí para concluir así mismo. Hermanos, mi deseo como su pastor es que su diabetes, su hipertensión, su cáncer, su situación económica, su matrimonio difícil sean llevados con tanta convicción en el Señor que atraigan a otros a su fe y sirvan para el avance de los propósitos de Dios. Oro por mi iglesia, que el Señor permita que su amplia tribulación se sienta en el centro del propósito de Dios para su tiempo.
Padre, me doy el permiso de decirle a mi iglesia que si ha sido llamada conforme a tu propósito aun en la carencia está triunfando. Aquí estamos, Señor, triunfando con los pies en el cepo; aquí estamos, Señor, triunfando con las pérdidas familiares; aquí estamos, Señor, triunfando en medio de una enfermedad; aquí estamos, Señor, triunfando en medio de carencias materiales, en medio de conflictos, aquí estamos triunfando, Señor. Permítenos sentirnos como se sentía Pablo, esposado en un barco rumbo a Roma, en el centro del propósito de Dios para su tiempo.
Permítenos vernos a nosotros como se puede ver en retrospectiva a Rut y a Noemí: señoras atribuladas, viudas desamparadas, que vienen a mendigar a Belén, pero se encuentran en el centro del propósito de Dios para su tiempo. Permítenos, Señor, afirmar nuestra fe en el Dios Todopoderoso, Todopoderoso, que alcanza su propósito a pesar de nosotros. Permítenos sentir, Señor, la convicción de que vamos contra pronósticos, que tu iglesia siempre es victoriosa y va triunfante.
Padre, gracias por esta corta historia que nos recuerda lo grande que es nuestro Dios y lo feos que nos vemos nosotros, Señor, cuando nos quejamos contra ti. Tú eres sabio, Señor, tú eres Todopoderoso, tú no estás obligado a enseñarnos la agenda, tú no estás obligado, Señor, a mantenernos al tanto. He aquí, Señor, tu siervo; hágase conmigo conforme a tu voluntad. Bendice, Señor, a mis hermanos en sus tribulaciones, dales, Señor, este sentido triunfante aun en medio de la más profunda angustia. Todo esto, Señor, para tu gloria, en el nombre de Jesucristo. Amén.