Dámosle al Señor su dirección. Si clamamos a ti, Señor, es porque nosotros mismos no podemos. Si venimos, Señor, al trono de la gracia a pedir oportuno socorro, es porque sabemos que, aunque lo entendamos, no podemos, Señor. Mira particularmente este domingo, donde ponemos tu Escritura sobre tu natividad nuevamente y vemos cómo el mundo nos arrastra, Señor. Reconocemos humildemente ante tu presencia que somos débiles y que si no fuera por tu gracia, Señor, también nosotros seríamos arrastrados. Mira que, Padre, me encomiendo yo especialmente, que he venido a alertar a mi iglesia, a mis hermanos, a esto que tú me has permitido en tu misericordia cuidar y conducir. Pon gracia, Señor, en las palabras para que entiendan el consejo y cultiven el discernimiento. Padre, cuídanos en esta temporada de manera especial. Mira cómo el mundo pretende arrastrarnos, confundirnos, desenfocarnos de nuestra misión.
Permite, Señor, que el entendimiento prevalezca, que manifestemos madurez en esta temporada, que el discernimiento no esté apagado, sino encendido. Y permítenos, Señor, entender lo que es la verdadera Navidad y, al mismo tiempo, saber cuándo el mundo no lo está haciendo. En todas estas cosas te queremos glorificar, Señor, queremos levantar tu nombre como iglesia. Y te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
Creo, hermano, que como predicador hoy la tengo fácil. Yo hace muchos años leí un libro de predicación en el cual se decía —decía este libro de predicación, lo leí hace mucho tiempo— que un predicador cuando va a ocupar un púlpito cristiano tiene que estar tan consciente de su propósito, que si un ángel le detuviera en el camino, él podría responderle al ángel a qué cosa va cuando se dirige a ocupar un púlpito cristiano. El propósito debe ser tan claro que, si uno fuera interrumpido por un ángel del Señor y cuestionado, uno pueda decirle: “Yo voy hoy a ocupar el púlpito cristiano con este propósito en mente”.
De camino de mi casa aquí no encontré ningún ser alado, ningún ángel me interrumpió, hermano. Aun así, yo tengo un propósito que he venido a perseguir, y creo, hermano, que es sabio denunciarlo. Si hubiese sido interrumpido y el ángel me pregunta: “Rafael, ¿a qué vas hoy a tu iglesia? ¿Por qué hoy vas a exponer la Escritura?”, yo podría decirle: “Tengo como propósito decirle a mis hermanos que lo que el mundo está celebrando en estos días no es el nacimiento de nuestro Señor”.
Lo que el mundo celebra no es a Cristo
Y punto. Ya nos vemos el domingo. Eso es a lo que yo he venido, hermano. Si el ángel me hubiera encontrado a mí, yo le digo: “Yo voy hoy para mi iglesia a decirle a mis hermanos que lo que el mundo está celebrando ahora no es a su Señor”. Y punto. Bueno, punto y seguido, porque yo pretendo demostrarlo por las Escrituras y recalcárselo con tanta intensidad como el Señor, por su gracia, me lo permita. He venido, hermanos, a decirles que no se confundan en este tiempo: el mundo no celebra a Cristo. No sea ingenuo. No se deje llevar por el viento.
Si usted quiere saber si el mundo está o no está celebrando a Cristo, salga a la plaza comercial y mire qué es lo que están celebrando. Yo hice la exploración, hermano, y fui a algunos lugares. Vaya a Galería 360 y busque ver la Encarnación de Cristo: ahí están celebrando “Alicia en el país de las maravillas”. Vaya a Ágora Mall y pregunte por Cristo: allá están ahora mismo recordando la preservación de la cotorra en Navidad. Y vaya al llamado Parque de las Luces, que supuestamente es “Brillante Navidad”, y encontrará un ser que está en una ostra, que supuestamente es Cristo, y personajes con cuerpo de sirena, que supuestamente uno es José y la otra es María.
Encontrará un cangrejo gigante y temas marítimos, parece “La sirenita”. Y el Señor les cuide de ver el show de mal gusto que se está dando allí, supuestamente que es la Navidad. Un grupo de afeminados dando vueltas y mujeres livianas levantando las piernas, y —lo digo sin ánimo despectivo— un enano al centro, mofándose de la Navidad. ¿El mundo está celebrando la Navidad? ¡Qué bueno, millones de personas celebrando! No. El mundo no está celebrando la Navidad.
Miren, aunque millones de personas pretendan hacerlo, quienes hemos recibido a Cristo como Señor debemos tener muy presente que el mundo rebelde realmente no celebra su nacimiento, y debemos ejercitar el discernimiento en esta época del año. Ellos pueden mostrar un interés superficial, indagar sobre la historia sin arrepentirse, o hasta turbarse por motivos errados, pero verdaderamente no celebran a Cristo. La verdadera Navidad sigue siendo una fiesta pequeña, en la que el grueso de la humanidad sigue estando ausente. Así fue antes, con unos pocos adoradores que vinieron de lejos, y así es ahora. La realidad, hermano, es que la verdadera Navidad nunca ha sido popular.
Fiestas del mundo y preocupación por la iglesia
La actitud de Herodes antes de que Cristo hubiera crecido es un ejemplo. Al parecer fue de los pocos en Israel que entendió las implicaciones de la Navidad, pero en vez de arrepentirse y recibirle, persiguió a Cristo, mostrando así su verdadera naturaleza. Eso mismo hace el mundo. Los que se pierden dicen celebrar la Navidad, pero lo que hacen es celebrarse a ellos mismos, aferrándose a sus pecados y mostrando al hacerlo la realidad de su perdición. El mundo no está celebrando la Navidad. La verdad es que el incrédulo no puede celebrar la Navidad tampoco.
Y nosotros no nos oponemos como iglesia ni a que haya fiestas, ni a que haya “angelitos”, ni a que hayan bonos navideños, regalías pascuales, cenas ni nada parecido, pero como creyentes tenemos que afirmar lo que dice la Escritura: que eso no es la Navidad. Y si le dan su bono en el trabajo, cójalo, hermano. Y si puede comer, coma. Pero no solamente reciba el bono y coma, sino que cárguese usted de entender lo que es verdaderamente la Navidad.
Yo realmente tengo poco ruido con que el mundo no celebra a mi Maestro. Me preocupa poco que en la “Brillante Navidad” haya un parque supuestamente navideño donde el supuesto Cristo esté dentro de una ostra. Me preocupa poco el tema de “Alicia en el país de las maravillas” que tienen en Galería 360, y que en vez de hablar de Cristo se esté hablando de la preservación de la cotorra en Ágora Mall. Me preocupa mucho, sí, que mis hermanos, sobre todo mis hermanos de esta iglesia local, entiendan que eso es la Navidad.
Yo no puedo agarrar al mundo, hermano, pero estoy llamando a advertirte a ti. El mundo seguirá en su hábito de propósito, pero la iglesia del Señor tiene que ser luz especialmente en este tiempo. Es más, si a mí me dijeran —yo sé que el Padre, cuando mira la creación, la mira a través de Cristo, Dios el Padre mira a Cristo cuando mira a los hombres— pero si a mí me preguntaran en qué momento del año sería más difícil que Dios el Padre mirara a la humanidad, yo le diría: en la Navidad. En ningún otro momento del año se ofende tanto a nuestro Señor como ahora. El hombre es más promiscuo en Navidad que en otra parte del año.
Es más dado a los excesos en Navidad que en cualquier otro momento. Los despropósitos navideños son vergonzosamente memorables. Si me preguntaran en qué momento el Señor no se siente agradado, yo diré: en la Navidad que el mundo celebra.
Lectura de Mateo 2 y personajes de la natividad
Acompáñenme a Mateo capítulo dos y veamos si el mundo verdaderamente celebra o no celebra la Navidad. Veamos la historia de un hombre que supuestamente quería celebrarla. Veamos el ejemplo negativo de uno que pretendía supuestamente adorar al Rey que había nacido. Leamos la palabra del Señor en el Evangelio de Mateo, en el capítulo dos, desde el versículo 1 en adelante.
Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta:
Y tú, Belén, de la tierra de Judá, No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará a mi pueblo Israel.
Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella. Y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
— Mateo 2:1-12
Pienso que he tomado un personaje raro para exponer hoy la Navidad. Yo preferiría hablar, por ejemplo, de Ana y Simeón, hombres piadosos. Yo preferiría, por ejemplo, hablar de hombres como Zacarías y mujeres como Elisabet; preferiría mil veces hablar específicamente de los magos de oriente y no de Herodes. Pero la realidad, hermano, es que hasta de los ejemplos negativos de las Sagradas Escrituras podemos aprender, y todo lo que hay en la Escritura está para tu deleite, está para tu beneficio, para tu edificación.
La Escritura nos habla a nosotros con ejemplos positivos, como el ejemplo de estos hombres que he mencionado y mujeres de Dios, y también nos habla, por ejemplo, negativos como el ejemplo del perverso rey Herodes, que supuestamente quería adorar al Señor en su natividad y lo que terminó fue persiguiéndole. Hay hasta un libro, así se llama, “Las mujeres malas de la Biblia”, y habla específicamente acerca de mujeres que no tienen buen nombre, pero que también pueden ser un ejemplo, aunque sea un ejemplo a evitar. Doy ahí la ñoña porque creo que están considerando las hermanas leer el libro y ahí les colaboro.
Permítanme, hermano, mostrar aquí dos perfiles: primero el perfil de los magos de oriente y después mostraré el perfil del rey Herodes, y veamos esta comparación entre las actitudes de unos y las actitudes del otro. Me gustaría que, cuando hablemos de los magos de oriente, piensen que ese es el perfil de un creyente verdadero, y cuando veamos al rey Herodes, consideren que este es el perfil que describe la actitud del mundo en la Navidad.
Perfil de los magos: búsqueda, guía y adoración
Dice así el versículo 1 y versículo 2:
Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.
— Mateo 2:1-2
No me detendré en el personaje de los magos porque en otras exposiciones a la iglesia, en otros años, ya he hablado acerca de ellos. Solo resumo que muy probablemente eran sabios que venían del oriente. El término “magos” no necesariamente transmite la connotación que ha llegado a tener: personas que hacen ocultismo o magia. Entre los caldeos, por ejemplo, a sus sabios le llamaban magos, era el nombre genérico que se les atribuía, y muy probablemente estos hombres habían sido orientales sabios que habían entrado en contacto con las Sagradas Escrituras.
Algunos eruditos dicen que probablemente eran caldeos que habían sido impactados a través del testimonio de Daniel y llegaron a entender que había unas profecías mesiánicas de que vendría un libertador a través del pueblo de Israel, y cuando sucedieron estos acontecimientos entonces el Señor les advirtió. Pero quisiera detenerme este año en tres cosas que dicen aquí. Lo primero: a quién estaban buscando. Dice que vinieron a buscar al rey de los judíos. En segundo lugar, quisiera mostrarles también la forma en que fueron guiados: “Su estrella hemos visto”. Y la intención que les movía: “Venimos a adorarle”.
Voy a pasar un poco rápido porque mi personaje es Herodes, hermanos, pero para entender a Herodes hay que entender la contraposición con los magos. Lo primero es esto: “¿Dónde está el rey de los judíos?”. Esto llama la atención, y creo que todos los hermanos que han tomado talleres de membresía en los últimos años han estado buscando profecías mesiánicas. A mí me emociona el hecho de que el Señor no solamente diera testimonio a los judíos mismos, que tenían la ley, sino también al pueblo circundante, de que eventualmente nacería el rey de los judíos. Y esto debe ser así porque Cristo no nació solamente para los judíos; sin embargo, nació de los judíos.
Nuestro Maestro, hermano, no era un gentil, era un judío. Como tal, su nombre, Yeshúa, no es “Jesús” de origen gentil. Nuestro Maestro nació de los judíos. Sin embargo, Cristo es para todo el mundo. Y aunque sea para todo el mundo, debemos decir también que la salvación vino por los judíos. Como dice el libro de Romanos, los creyentes tenemos que tener un sentido de agradecimiento a Dios, sobre todo por haber utilizado a Israel como instrumento. El Mesías no se apareció de un pueblo en general; el Mesías vino de un pueblo específico, y ese pueblo fue el pueblo de Israel.
Siempre hay dos extremos: hay hermanos que ignoran totalmente a Israel y dicen: “Israel como pueblo no hay nada que buscar”. Sí, dice la Escritura, nosotros fuimos injertados en eso. Y hay otros entonces que no lo ignoran, sino que idolatran Israel y se convierte casi en la Virgen María de ellos, y todo es Israel, Israel, cantan canciones de sus días y demás. Un balance saludable para esto, hermano, es un sentido de agradecimiento a Dios por haber utilizado un instrumento tan malogrado como el pueblo de Israel.
Israel, los gentiles y la guía providencial
Es decir, podemos tener esas dos cosas en mente. Creo que tenemos una perspectiva saludable de Israel, pero no lo duden, hermano, dice la Escritura así mismo: dice que la salvación vino a través de los judíos. Bueno, el Señor también le dijo así a la samaritana, le dijo: “Ustedes adoran lo que no saben, porque la salvación viene de los judíos”. Usted no es judío, usted no está llamado a adorar a Israel, pero está llamado a reconocer que el Señor se encarnó en un pueblo determinado.
Pero también me emociona saber que desde la Encarnación de Cristo los gentiles fueron incluidos, y entre los primeros a los cuales Él se dio testimonio eran aquellos que venían del oriente. Y uno dice: ¡guau!, vinieron de lejos. De lejos vienes tú, y a ti también el Señor te ha traído en esto. Nosotros podemos unirnos porque tenemos que sentirnos identificados: estos hombres venían de lejos, y nosotros venimos todavía de más lejos, y aquí estamos. Gloria al Señor, porque ha reunido a un pueblo que estaba disperso en todas las partes del mundo.
Y aquí se cumple la promesa dada de que en Él, en su simiente, que es Jesús, serían benditas todas las naciones de la tierra. Tenemos a los judíos, ¿verdad?, representados por los pastores que aparecen en otro evangelio, y también tenemos aquí a los orientales que vienen de lejos y que también vinieron a celebrar al rey de los judíos. Me llama la atención, hermano, que comenzaron con la expectativa alta. Ellos no vinieron buscando: “¿Nunca ha nacido uno que iba a reinar?”. Ellos ya le trataban como el rey de los judíos. Y el convencimiento que tenemos los cristianos es ese: desde su Encarnación, ya Él era el rey de los judíos, no había que esperar.
Nosotros todavía no lo hemos visto descender con su corona y su trono, pero sabemos que Él es el Rey. Él que ha nacido no es un niño más, común y corriente. Me muevo un poco con relación a los magos y les diré la forma providencial en que fueron guiados. Dice: “Su estrella hemos visto”. Tengo que destilar respecto de esto, hermano, que el Señor, para atraernos, utiliza diferentes medios. Y puede utilizar desde fenómenos naturales y sobrenaturales hasta diferentes medios, pero el Señor se vale de instrumentos variados para traer a los hombres hacia sí.
Sin embargo, podemos ser atraídos por diferentes medios —ya sean predicadores, congresos, el testimonio de otros creyentes, canciones, una experiencia de vida— pero solamente hay un medio para salvarnos. Y sin importar cómo usted venga, nadie será salvo porque se quede viendo el firmamento y contemple las estrellas. No. Te lo diré, hermano: solamente en Cristo hay salvación.
Un solo nombre para salvación y la decisión humana
Dice así mismo el libro de los Hechos, capítulo cuatro, versículo 12:
Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.
— Hechos 4:12
Un oriental fue atraído por una estrella, pero la estrella no salva a nadie. Usted puede ser traído por el testimonio conmovedor de un creyente; el testimonio conmovedor de un creyente no salva a nadie. En ningún otro hay salvación. El Señor se vale de medios naturales o sobrenaturales para traernos, pero hay un camino, hay una verdad y hay una vida, que es Cristo.
No, mira, yo vine, lo que el Señor utilizó para salvarme fue a mi mamá, fue a mi tío, fue a un hermano. No. El Señor utilizó a Cristo; utilizó a tu tío para traerte, utilizó a tu padre para inculcarte, pero la realidad es que no hay salvación fuera de Cristo. Ellos fueron guiados por una estrella para que encontraran a Cristo. La salvación no está en el medio; la salvación está en Cristo.
Pero también le diré, hermano, que nadie ha encontrado a Cristo por sus propios medios, y en esto hay, como se podría decir, cierta contraposición. Tú no puedes llegar a Cristo y entenderle por tus propios medios. Si llegaste a abrirte a la realidad de Dios, el Señor por algún medio de gracia te atrajo hacia Él. Pero después de haber sido atraído hacia Él, tú tomaste una decisión. Y en esto quizás podemos nosotros cultivar cierta “dependencia responsable”: si tú tomaste una decisión por Dios, significa que fuiste colocado en la posición de tomar una decisión.
Pero tú no fuiste colocado en esa posición por tus propios medios. Por eso, no siempre resolvemos que la salvación es del Señor, y que si aun nosotros decidimos, la gloria siempre será suya. Tú dices: “Mira, que yo fui puesto ante una puerta, yo la abrí”. Otro me dirá: “Una puerta fue puesta ante mis ojos y yo la abrí”. Bueno, pues una puerta fue puesta ante tus ojos. ¿Tienes mérito porque abriste la puerta? No. No tienes mérito por abrir la puerta, hermano. No hay manera de que un hombre lleve gloria en la salvación; la gloria siempre será de Dios en su salvación. Sea un medio, sea otro medio; el medio no es lo que importa. Lo que importa es que el Señor se valió de cualquier medio para colocarte en el momento de que tomes una decisión por Cristo.
Bendición y maldición, y el movimiento hacia Dios
Asimismo dice Deuteronomio, capítulo 11, versículo 26:
He aquí, yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición.
— Deuteronomio 11:26
Él la pone delante de ustedes. Por eso nadie debería hablar de su salvación como un mérito propio. “Yo fui, yo sabía, yo era un sabio de oriente, que yo encontré una profecía y salí a buscarla”. No. “Yo vi un hecho sobrenatural, que fue una estrella que se movía, y eso me hizo salir a buscarlo”. La gente ha intentado buscar explicaciones científicas: que si la conjunción tal, que si la conjunción de unos planetas. No busque eso. El Señor se valió de un medio que ellos podían entender para llevarlos hasta que se encuentren con Cristo.
Del mismo modo se valió contigo. Si has estado aquí, el Señor te trajo; si has decidido por Cristo, la gloria siempre será suya. Es rápido con los magos, hermanos: vinieron a buscar a un Rey, fueron guiados providencialmente por un medio, pero al final terminaron en Cristo. Y la intención que les movía era: “Hemos venido a adorarle”. Y en esto hay una evidencia de todo verdadero creyente: un verdadero creyente no es un curioso.
Es más, lo primero: si realmente tú has creído en el Señor, lo primero por lo que tú has venido a Él no es ni siquiera a buscar un beneficio temporal o material, ni siquiera la salvación, en primer lugar. Lo primero que tú quieres es darle gloria al Señor. Tú eres un adorador, tú fuiste creado para la adoración. Por eso, una marca de un verdadero creyente es que su corazón está inundado de gratitud al Señor. Y esto, hermano, debe ser manifestado, ese deseo. Mire, nosotros no vinimos aquí ni siquiera a hacernos preguntas. Yo me imagino que un sabio podría venir a hacerse preguntas de determinadas cosas. Ellos vinieron a adorarle.
Yo te digo, hermano: tú fuiste salvo por el Señor, tú fuiste atraído por el Señor para adorar la gloria de su precioso nombre. Por eso la iglesia cristiana es una comunidad de adoradores, y gran parte de lo que hace la iglesia del Señor es exaltar el nombre del Señor. Estos hombres vinieron de lejos, y más que cualquier otra cosa, dijeron: “Nuestro propósito, nuestro móvil, es la adoración al Señor”.
Sacrificio, distancia y amor en la adoración
Sin embargo, nos enseña, hermano, que para adorar a Dios tenemos que movernos. Dice: “Venimos”. ¿Saben por qué no hay más adoración al Señor ahora mismo? Porque menos gente viene. La intencionalidad es lo que hace falta. Para exaltar el nombre del Señor hay que moverse. Y alguien me dice: “Mire, que yo tengo dificultades, que yo vivo lejos, yo no me puedo congregar y no puedo ir a adorar al Señor”. No. Lo que falta no es distancia.
La gente siempre se me queja de eso: “Mire, a usted le pueden poner la iglesia en el patio de su casa o en la acera de enfrente, y si realmente no hay un corazón para la adoración, nunca vendrás a adorarle”. Estos venían de lejos. Yo me imagino, sí, eso son viajes de la antigüedad en camello, muy probablemente. Tiene un poco de fábula todo ese relato del esfuerzo, andar con los camellos, con los tesoros y demás, pero es que realmente así se viajaba en la antigüedad: era con dificultades y con peligros. Y ellos, con dificultades y peligros, se movieron y vinieron a adorarle.
La adoración requiere, hermano, ese componente sacrificial. Tengo ya meses orando al Señor para que, cuando nos permita en otro momento, la iglesia tenga un culto entre semana que sea de adoración. Y cuando lo anunciemos, usted va a encontrar personas que dicen: “Ah, es que yo estoy cansado”. Lo que falta no es descanso, lo que falta no es distancia, lo que falta es un corazón agradecido para adorar al Señor. Por eso ese refrán de que “no hay novia que viva lejos”.
“No, yo no salgo de mi casa después de las ocho, que la calle está dura”. No hay novia que viva lejos. Enamórese para que usted vea. Sí, sí, enamórese y usted va a ver si hay novias que vivan lejos. Bueno, lo que hace falta es un pueblo enamorado de su Señor, que quiera venir desde lejos para adorarle. Y cuando realmente el pueblo está enamorado del Señor, si hay que coger un camello, lo coge, y “hemos venido a adorarle”.
Pues hermano, no estoy convencido de que lo que más hace falta en una iglesia es que esté cerca; lo que más hace falta es un corazón más cerca de Dios. No habrá manera de que usted tenga una iglesia cerca de su casa, pues si la tiene usted, no la tendré yo. Tarde o temprano alguno de ustedes se sacrificarán para ir a adorar, pero si realmente están enamorados del Señor y han entendido que Dios merece su adoración, vendrán de lejos para adorarle como vinieron los magos de oriente.
Herodes: turbación, miedo y resistencia a Dios
Es muy interesante, hermano, en todas estas cosas. Dice así mismo: “Vinimos”. La adoración es algo que cuesta, es algo, hermano, en lo que usted se transporta para adorar al Señor. A mí me llama la atención eso, porque Pedro parece que en algún momento bajó su vocación, pero siempre fue muy arrojado, muy dispuesto para el Señor. Después de que el Señor partió, parece que había vuelto a sus ocupaciones de siempre y volvió a pescar y demás. Y cuando el Señor se reunió con Pedro para enrolarle de nuevo en el ministerio, Él no le dijo: “Pedro, ¿estás capacitado? Pedro, ¿tú crees más que los demás? Pedro, ¿tienes el tiempo disponible?”. No. El Señor le dice: “Ey, Pedro, ¿tú me amas? ¿Tú me amas, Pedro? ¿Verdaderamente me amas?”. “Entonces haz lo que te estoy diciendo que tienes que hacer”.
Hermano, para adorar al Señor lo que hace falta es un corazón que ame al Señor. Estos vinieron de lejos, y de lejos vinieron a adorarle. Pasemos entonces a la actitud de Herodes. Vemos aquí la actitud de unos que buscan al Rey de los judíos, que han sido traídos providencialmente para que le encuentren, y también la intención que les movía, que era una verdadera y genuina actitud de adoración. ¿Cuál era la actitud de Herodes? Es un retrato del mundo actual. Dice el versículo 3 que se turbó Herodes y se turbó con él toda Jerusalén.
La natividad de Cristo, hermano —y tengo que concluir providencialmente— fue un asunto que trajo conmoción en Jerusalén, una conmoción tal que estaban los ánimos caldeados, la gente estaba inquieta. Dice que se turbaron. “Oyendo esto, el rey Herodes se turbó y toda Jerusalén con él”. El nacimiento, la actuación de Jesucristo, quizás no produjo mucha adoración, pero fue algo que consternó, aunque haya sido por las razones incorrectas. La realidad, hermano, es que la consternación no era una consternación porque “ya llegó el Señor” y “estamos contentos de que se está consumando el programa escatológico”. Muy probablemente Herodes estaba turbado porque pensaba que iba a tener oposición, quizá una revuelta interna. Y el pueblo estaba turbado porque este Herodes sanguinario todo lo resolvía matando, persiguiendo, y dicen: “Bueno, si acaso va a haber una revuelta civil, muy probablemente padezcamos”.
No es un temor reverente como el que tiene un creyente. Aquí no era un temor reverente lo que había, hermano; era miedo simple y claro. Como miedo simple y claro hay al día de hoy en el mundo que se pierde. ¿Usted no cree que el mundo está atemorizado? Está atemorizado. Aun aquellos perversos se preguntan: “Oye, pero están sucediendo muchas cosas, como que estamos al fin de los tiempos; es que la violencia…”. Pero no es algo que les lleva a santificarse, sino algo que les lleva cada vez a ser más perversos.
Realmente el mundo, hermano, no está preocupado por los acontecimientos que anuncian la segunda venida de Cristo. No, no es que tiene la intención de que “venga tu reino y que sea establecido para siempre”. No. La verdad es que ellos lo que están es muy aferrados a su pecado, y si Cristo viene les va a suspender su pecado; ese es el problema principal.
Irracionalidad del pecado y falsa piedad de Herodes
Estaba preocupado por Cristo, sí, pero el problema de Herodes era que él no quería soltar su trono. Y si viene, dice: “Voy a tener que dejar mi trono”. Ese es el problema. El problema del hombre con la segunda venida de Cristo no es que Cristo venga, que va a establecer su reino; es: “Me van a quitar mi trono de pecado y entonces me van a condenar, y no voy a poder seguir pecando abiertamente”. No, no vas a poder. El Señor ha establecido el límite. Como Herodes no iba a poder seguir reinando perversamente para siempre, se turbó. Pero no era una turbación de: “Ay, ya viene Cristo”, no. La turbación era: “Me van a quitar mi trono de pecado”.
Porque él no había roto pierna y brazo para ser rey sobre Jerusalén. A él no le correspondía, él era edumeo; al mismo tiempo tenía ascendencia de los edomitas. No era un hombre que tuviera derecho al trono de David, lo usurpó. Y al verdadero y legítimo que se podía sentar en el trono de David estaban llegando noticias de que había nacido.
Y en esto les digo, hermano: miren al mundo. El mundo dice que “se está sorprendiendo por Cristo, está preocupado”, “yo creo que estos son los finales de los tiempos” y “voy a tener que dejar de pecar y voy a tener que rendirle cuentas al Señor”. No es un temor que santifica. Y la paradoja en esto, hermano, es que los verdaderos creyentes no tememos a la escatología. “No temáis”, dijo el Señor. Bueno, que se turbe el mundo con las cosas; cuando Cristo venga va a haber turbación del mundo. Tú estate quieto.
Si algo me ha enseñado a mí Apocalipsis, hermano, es que al final Cristo reina, y yo con Él. Si algo me ha enseñado Apocalipsis, hermano, es que la iglesia reinará con el Señor. Que se turbe el mundo, hermano, ante la segunda venida de Cristo, como se turbó ante la primera, pero la iglesia —dice la Escritura— “el justo estará confiado como un león”. Bueno, la escatología no le echa miedo al creyente de que “ay, ¿y cómo será la escatología y qué va a suceder?”. Mira, que suceda de derecha a izquierda o de izquierda a derecha, pero al final tu Rey reina. No hay temor, hermano. Que se turben aquellos; los creyentes, ningún creyente verdadero se turbó con Cristo. Ana y Simeón le cargaron y se emocionaron. Los magos vinieron de oriente, estaban emocionados, dicen que estaban conmovidos ante esto que había sucedido. El que se turba es el que tiene sus cuentas pendientes con Dios.
Temor irracional y religiosidad vacía
Con esto tengo que parecerme a la segunda, hermano: miren, así como en la primera venida de Cristo hubo turbación, la habrá en la segunda. No te turbes tú, confía, hermano, confía que el Señor, tu Rey, viene pronto a reinar. Es la esperanza que tiene la iglesia verdadera del Señor. No hay tal cosa en otro corazón. Mire, el temor del incrédulo es tan irracional que Herodes ya tenía treinta y cinco años reinando, era un anciano, iba a morir pronto; ya había matado a su esposa y a muchos de sus hijos para que no le quiten su trono, y ahora está tratando de matar a un niño que todavía, humanamente hablando, no tiene los medios para quitarle su trono.
Yo me pregunto: si ya tenía treinta y cinco años reinando, era un anciano y estaba pronto a morir, ¿qué le preocupa el que haya nacido un niño? Es casi deliracional el pecado, hermano. El pecado no es un asunto lógico, el pecado es locura, dice la Escritura.
Oh, pero yo le he dado testimonio de Cristo a personas que ya no tienen ni siquiera algunos medios para practicar determinados pecados, y todavía se aferran a su pecaminosidad. Yo digo: “Amigo, pero suelte ese bagazo que usted tiene ya, que eso no sirve para muchas cosas, y entréguese a Cristo y tenga la vida eterna”. “Ay no, déjeme con mi pecado, que yo siempre he sido así”. La incredulidad, hermano, la rebeldía de corazón, eso es irracional. Herodes debía haber dicho: “Ya tengo treinta y cinco años reinando, ya yo me voy a morir pronto, viene ahora uno que es el Rey de los judíos. Invítale y ven”.
De hecho, cuando ya tú estás en el momento de “ya yo no voy a estar aquí”, pero es que el pecador, hermano, un pecador es irracional. Herodes no perseguía a Cristo porque Cristo en el momento fuera una amenaza para él; no. Pero los reyes del mundo no están ahí todavía reinando. ¿Cuántos reyes temporales no han venido después de poder? Herodes el Grande ya no era el que reinaba en tiempo de cuando Cristo cumplió su ministerio público. Su temor era un temor irracional. Lo mismo el pecado: aferrarse al pecado, aferrarse a la rebeldía contra Dios no es algo lógico, es locura, dice la Escritura.
Pero en su locura dice que se turbó. Me llama la atención que Herodes se interesó por las Escrituras, pero también por las razones incorrectas. Oh, por ejemplo, en este tiempo la sociedad le hace a uno preguntas bíblicas. Dice: “Bueno, ¿y qué, según las Escrituras, más o menos, es lo que tiene que suceder? ¿Conoce algún sistema escatológico?”. Algunos me dicen: “Mire, yo veo eso que está sucediendo allá en Medio Oriente, eso debe ser las señales que se dicen en la Biblia. ¿Qué es lo que dice la Biblia al respecto de eso?”.
La sociedad se interesa, hermano, como se interesaba Herodes. Dice que la reunió:
Y convocados todos los principales sacerdotes y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo.
— Mateo 2:4
Un creyente parece: “Guau, pero entonces tú crees en las Escrituras, tú crees en las Sagradas Escrituras a un punto tal que tú puedes tomar decisiones basadas en ellas”. Hermano, creer en el Señor no es solamente un asentimiento superficial de lo que dice la Biblia; es actuar en consecuencia.
Conocer la Escritura sin obedecerla
Y la realidad, hermanos, es que las Escrituras no son eficaces en sí mismas, en el sentido de que, por simplemente leerlas mecánicamente, transformen. La gente piensa como que la Biblia, por leerla y por depositar en ella sus ojos, sucede algo. No. El Espíritu Santo es quien lleva la palabra a aplicarla en el alma. Eso no sucede de manera mecánica.
Herodes convocó a lo mejor que había, lo más reputado en cuanto a erudición, y les preguntó sobre las Escrituras. Le dieron una respuesta bíblica y correcta. Óyeme, pero no sé si halarme los cabellos por lo menos de los maestros de la ley. Porque que también Herodes, que era un perverso, ni siquiera era de ese pueblo, tuviera que pedirles, pero ellos identificaron la profecía, hermano, y lo que dijeron era verdad: “En Belén de Judea”. Pero ninguno fue.
Un pueblo turbado de que ha nacido un rey, y que es un rey, y convocan a sus maestros, a los maestros de su pueblo, y ellos identifican:
Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta:
Y tú, Belén, de la tierra de Judá, No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará a mi pueblo Israel.
— Mateo 2:5-6
Y lo dejaron ahí.
Hermano, leer la Biblia y conocer las Escrituras no salva; hay que moverse hacia Dios. Hay que ir a Belén, hay que ir a Cristo. Ser un erudito no ha producido nunca salvación. Ser ducho en la palabra del Señor tampoco; lo que produce salvación es moverse en consecuencia. Y a mí me parece que los maestros de Israel estaban más perdidos que el mismo Herodes, porque ellos sí conocían las Escrituras, pero ¿cómo va a ser que el pueblo está turbado porque ha nacido un Rey, que tú busques y sepas dónde el Rey va a nacer, y nadie fue?
Miren, la curiosidad morbosa no lleva salvación. Hay gente que viven haciendo preguntas, buscando aparentes contradicciones en la Biblia: “Mire, pero aquí dice así, allí dice asá, míralo, ahí dice al revés, ¿no dice contra esto?”. Eso no salva. Por eso dice el apóstol que no perdamos tiempo en discusiones necias que para nada edifican. Esa curiosidad de gente que anda buscando siempre misterios; hay cosas en la Escritura que no están reveladas, hermano, la Biblia le llama eso “misterios”.
Hay gente que está condicionando moverse a que les respondan un misterio. Ahí se van a quedar detenidos; se van a perder en asuntos terciarios. Hay asuntos de la vida cristiana: todo lo que es fundamental para la vida cristiana está en más de una parte de la Escritura y no hay duda alguna. Asuntos terciarios, hermano, son asuntos sobre los cuales a veces la gente quiere pelear; por los terciarios se están perdiendo en lo claro. Lo fundamental: “Cristo ha nacido y hay que ir a Cristo”.
Yo he titulado esta Navidad “una fiesta pequeña”, porque la realidad, hermano, es que cuando Cristo nació, Jerusalén entera se turbó, pero Jerusalén completa no estuvo allí. Se turbó y se quedó donde estaba. Y en la fiesta, ¿quiénes estuvieron, hermano? Pastorcillos; se habla de una multitud de ángeles, gloria al Señor; y unos sabios de oriente, que vinieron y se movieron. Y todo un ventajado pueblo grande que estaba turbado, ahí está todavía. Todavía siguen turbados.
No piense, hermano, que el mundo va a celebrar la natividad de nuestro Señor. El mundo no la celebra, no puede celebrarla. Por eso el Señor le dijo a los maestros: “Déjenlos ahí, que ellos son ciegos que están guiando a ciegos”.
Una fiesta pequeña: pocos adoradores
Observe ese perfil, hermano: una ciudad turbada, y el número de los que verdaderamente fueron a celebrar que había nacido. Compare, hermano, ¿qué porcentaje era? Eso era 0.0… aplicado a la humanidad ahora mismo que celebra a Cristo. El mundo ahora mismo no está celebrando a Cristo, hermano; está participando en una turbación, en un despropósito, en una fiesta donde se celebran ellos mismos. Pero a Cristo verdaderamente lo está celebrando la iglesia de Cristo.
Si el mundo estuviera celebrando a Cristo, las iglesias estuvieran llenas de adoradores, y los bares vacíos. Con esto tengo que decir, hermano, que lo más importante no es ni siquiera tener el mapa. Hay que estar atentos, hermano, a las Escrituras; hay que actuar en consecuencia. Él llamó a todos. Hombre, tú di que tienes un interés en la Escritura, pero era un interés superficial.
Dice el versículo 7 y el 8:
Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella. Y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore.
— Mateo 2:7-8
Qué vil mentira, hermano. La adoración que le dan los hombres en Navidad a Cristo, la adoración que pretendía dar Herodes, esa es la adoración del mundo. Dos cosas, hermano: sin pretenderlo, Herodes fue utilizado por Dios para confirmar la fidelidad de las Escrituras, sin pretenderlo. Oigan qué instrumento utilizó el Señor: a éste, para convocar a lo mejor del pueblo y confirmar que en Belén era.
Pero tengo que decir, hermano, que en cuanto a esto, no es suficiente con confirmar las profecías. Hay que moverse en consecuencia; hay que dar un paso por el Señor. La adoración que estaban expresando esta gente, hermano, el pueblo, Herodes, nunca fue verdad. Lo que realmente querían era matarle. Miren, la única razón por la cual Satanás está muy interesado en la Navidad es para dañarla.
El diablo nunca está interesado en glorificar al Señor. ¿Usted cree que es verdad que el mundo está poniendo presupuesto y presupuesto para “celebrar a Cristo”? Mentira, hermano. Satanás lo que se interesa en esto es para cubrir la creación de pecado. Eso es lo que hace Satanás en Navidad: llenar la tierra de pecado y de maldad, para confundir su significado.
Hay dos cosas en las cuales el diablo ha sido muy exitoso. Lo primero: nos han presentado a Santa Claus, que ya eso supuestamente es la Navidad. Ya el sombrerito, el traje rojo y todas las cosas, el color rojo, eso es Navidad. El diablo ha sido, hermano, genial en eso. Se ve que sabe por viejo más que por diablo, como dice el refrán. Ha llenado la mente del mundo de que Navidad es eso. Y lo segundo: que la Navidad es un tiempo para celebrar en familia.
Confusión del mundo y discernimiento del creyente
Y nosotros no nos oponemos a la celebración con la familia; fue la primera institución que Dios creó. Pero unir la familia en Navidad no es celebrar la Navidad. Y si, como creyentes, estamos diciendo —y lamento esto, hermanos, que algunas canciones que uno canta dicen eso— que la Navidad es el tiempo para compartir, que es el tiempo para ser generoso, eso no es Navidad, hermano.
Satanás solo está interesado en la Navidad porque al hacerlo nos confunde. Mire, si usted realmente se siente cómodo celebrando la Navidad con el mundo, muy probablemente se hubiera sentido cómodo en el antiguo Israel adorando a los baales con sus hermanos. Hacían sus fiestas, hacían sus ruidos y demás. No eran de otros pueblos; los que se estaban perdiendo, hermanos, eran judíos. Y el profeta les dijo: “Ese no es el Dios que nosotros adoramos; nada de eso es verdad”.
Si usted realmente, hermano, se siente cómodo celebrando la Navidad con el mundo, muy probablemente usted no ha entendido la Navidad. Y de nuevo, hermano, no es que se ausente de la fiesta navideña; no es que se ausente de las comidas. Ese no es el propósito. El propósito es la diferenciación: es celebrar la Navidad verdaderamente.
Según Génesis, capítulo 3, versículo 15, hay dos simientes, y mientras más pasa la historia, más se nota esa lucha entre dos simientes. Eso es una lucha histórica. El mundo está dividido entre personas que quieren hacer la voluntad del Señor y adorarle, y personas que se oponen a Dios, algunos más abiertamente que otros, pero el incrédulo, la incredulidad, no es un estado neutro.
Cristo dijo:
El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.
— Mateo 12:30
No es que la humanidad está como en un neutro, de que: “No, nosotros no nos decantamos”. Está en contra de Dios, y se manifiesta en la manera en cómo celebran.
Dice Juan, capítulo 8, versículo 44:
Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.
— Juan 8:44
Es lo que Satanás ha hecho en la Navidad, hermano: confundir. Usted pregunte a un niño al día de hoy qué es la Navidad, y le va a salir con miles de cosas. Pero pregúntele también a un hombre, que le va a salir con miles de despropósitos. La Navidad verdadera solamente la celebran creyentes que tienen el discernimiento ejercitado; y los otros se confunden y se van detrás de los adornos.
Y de nuevo, hermano, ahí viene el tema: “¿Y los adornos y los arbolitos?”. El problema no es un arbolito; el problema es que usted pierda el sentido de lo que es verdaderamente la Navidad, que no es eso. No son los dulces, no son los pastelitos, no son los bombillitos. Navidad es otra cosa.
Haga si usted quiere su pastel en hoja, pero no deje de entender lo que es la Navidad. Ni se una al mundo que se opone al Señor. No duerma con el enemigo, hermano, en eso. No se deje engañar de que “vamos a celebrar todos Navidad”. No. Yo puedo celebrar Navidad; yo no sé qué Navidad tú vas a celebrar, pero no tenemos la misma celebración.
Rechazo al espectáculo del mundo y confirmación bíblica
En el Parque de las Luces, hermano, cuando a mí me tocó dos veces ver ese show de mal gusto —estábamos destruyendo los botones— yo quise desaparecer de ahí. Mire, yo no soy muy violento, hermano, pero a mí se me subió como el espíritu de los reformadores magisteriales, que querían… Yo quise agarrar al enano y apearlo yo del barco, hermano. No es verdad, hermano. Yo me sentí miedo de mí mismo, porque yo no había sentido esa reacción. Pero un grupo, un doble sentido con la música navideña, una sensualidad, unos gestos morbosos de “vamos a hacer tal cosa en Navidad”, y que “le van a tirar del barco” y “vamos a tirarlo”… Yo quise que lo tiren: “Tírenlo, tírenlo, yo lo ayudo yo”.
Si usted va, hermano, si usted disfruta eso, usted está tan perdido como el mundo. La realidad de Herodes no es que quiere celebrar a Cristo; Herodes quiere matar a Cristo. El programa de Satanás es sacar a Cristo de la Navidad.
Me llama la atención, hermano, que hasta en eso el Señor se glorifica. Confirmó el Señor la Escritura, eso sí. Mire qué interesante, porque ellos primero vieron un fenómeno, pero después tuvieron las Escrituras, hermano. Él les dice: “Así está escrito. Está escrito por el profeta”. Les dijeron: “En Belén”. Yo me imagino, hermano, la alegría que le dio a estos hombres cuando dijeron: “Guau, ahora no solamente tenemos la estrella, sino que también tenemos las Escrituras”.
Por eso un creyente se emociona con las Escrituras, hermano. Y puede que tengamos otras cosas para llegar a Cristo, pero las Escrituras son lo que nos dan seguridad; es la palabra profética más segura. Y me llama la atención que la gente puede ser atraída por diferentes medios, pero siempre se confirmará la Escritura y terminará en Cristo.
La gente puede venir a Cristo hasta por un susto —hay gente que se ha soñado cosas— pero siempre, hermano, ha terminado constatando en la Escritura las profecías y buscando a Cristo. No hay nadie que por un susto se salve, no hay nadie que por ver una estrella se salve; todos nos salvamos constatando la Escritura y caminando hacia Cristo.
Quizá encontraron hasta fuerte, hermano, para lo que faltaba. Quizás eran menos de diez kilómetros para llegar de Jerusalén a Belén, pero ahora tenemos las Escrituras, hermano. Yo me imagino que ya iban por ahí. Volvieron a ver la estrella, pero ahora también tenían la seguridad de las Escrituras que les confirmaban que en Belén era. ¿Y dónde está Jerusalén? ¿Dónde está el pueblo? ¿Dónde están los que vinieron a recibir a su Rey? No había nadie, hermano.
La Navidad es una fiesta pequeña. Ese grupito, el grupito que celebra verdaderamente la Navidad. A diferencia de Herodes, los magos sí expresaron adoración.
Adoración centrada en Cristo, no en María
Miren qué fue lo que hicieron. Versículo 11:
Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.
— Mateo 2:11
Aquí vengo, permítanme hablar un momento a quienes vienen del catolicismo romano. En ninguna parte de la Escritura usted encontrará ningún hombre adorando a María, ni siquiera cuando tenía a Jesús al lado. Y en esto no quiero ser ofensivo, con cualquier personaje que haya tenido un entendimiento y demás. Eso de la veneración de María, de la adoración de María, suelten eso en banda, hermano, porque cuando vinieron aquí, dice que ellos vieron al niño. Esa es la mamá; es el niño. A éste estamos adorando. A Él le adoraron.
Dice el texto: “Lo adoraron”; es singular. Le adoraron al Rey. Dicen los católicos: “Pero ¿cómo podemos amar al niño si no amamos a la madre?”. Sí. Ahí el Rey que ha nacido, Cristo, no le ofendía, hermanos, pero siempre se refería a María como “mujer”. “Mujer…”. Y ese distanciamiento —lo que pasa es que María no le debía nada de adoración— fue un instrumento igual que Israel, igual que Zacarías, igual que todos los otros. Fue igual que los pastores, igual que los ángeles, para darle gloria.
María tiene el mérito de haber sido utilizada por el Señor, una hermana nuestra que se gozará eventualmente la gloria junto a todos nosotros. Oh, pues yo estaba en este campamento, estábamos en la Vega, era un campamento salesiano, y me impresionó. Yo estaba hablando del “Divino Niño”. Y me pusieron un afiche “full color” de este tamaño, y yo estaba fijándome que la proporción de María era como de 4 a 1. O sea, María enorme y el niño pequeñito en el centro.
No. Miren aquí cómo dice: “Al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron”. No dice: “La adoraron”, ni “los adoraron”, sino: “postrándose, lo adoraron”. “Y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes” al niño, no a la mamá ni al papá.
Gozo anticipado y actitud del adorador
Entre los presentes estaban oro, incienso y mirra. Déjenme aquí aprovechar, hermano, para recalcar un poquito cómo se adora al Señor. Lo primero: quien adora al Señor tiene una expectativa de gozo antes de entrar a la casa. Dice el versículo 10:
Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.
— Mateo 2:10
“Llegamos, lo encontramos”. Un adorador se emociona antes de entrar a la casa, hermano. Si usted verdaderamente es un adorador del Señor, usted viene en el carro cultivando eso, esperando el momento en que “vamos a adorar al Señor, vamos a adorar, vamos a encontrarnos con Él, vamos a celebrarle”. Usted no espera aquí que le pongan gozoso.
Aquí hay casi un asunto retórico para yo no botar en eso, como pastor en esta iglesia, siempre poniendo la intención. Me doy cuenta: cuando yo pongo la intención —“hermano, tenemos que adorar al Señor con vehemencia, Él merece la adoración”— entonces usted levanta su palma, entonces se pone de pie, y si no, se queda como ahí rezagado. Estos hombres, antes de ver al Señor, el saber que iban a ver al Señor ya les traía una expectativa y una emoción grande. Dice que tenían gozo.
Yo te pregunto, hermano: ¿tú entras a la casa del Señor gozoso, o tú esperas venir a la casa del Señor para que te pongan gozoso? Si tú eres como estos hombres, dice que ellos desde afuera, al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. La vida de un creyente, la vida de un adorador, es una vida gozosa. Tú tienes que cultivar eso, hermano; eso se cultiva sobre todo con convicción. Si tú sabes con quién te vas a encontrar, entonces tú tienes una expectativa de gozo.
Si tú crees que es María la que está del otro lado, no te emociones mucho. Si tú crees que es José, no te emociones. Pero si tú crees que el Rey ha nacido, entonces tú te emocionas. Si tú crees que es el Señor en medio de la alabanza de su pueblo, aun antes de que el pueblo del Señor esté congregado, ya en ti hay una expectativa de gozo. Tú estás esperando el domingo, dices: “Voy a adorar al Señor el domingo”. Y cualquier día entre semana que el pueblo se reúna para adorar al Señor, tú no estás esperando; tú estás anticipando el gozo. Tú te vas emocionando, y la gente te debe preguntar: “¿Y qué es lo que te pasa?”. “Es que ya viene el domingo, ya viene el día en que nos reunimos para adorarle”.
Antes de entrar al lugar donde estaban —que muy probablemente ya era una casa— aquí hay otras cosas. La tradición popular enseña como que los magos vinieron y que ellos estaban todavía en un pesebre. No, hermano, eso fue una noche. Después, evidentemente, estaban en otra parte. Dice que “entraron en la casa”. Ya estaban en otro lugar.
No es como lo ponen, de que con animales y demás. Suelten eso, hermano. Suelten eso, quédense con la convicción, quédense con que ahí, a pesar de que parecen cosas pequeñas, está el Señor. Y dice que lo adoraron, hermano, y cuando le adoraron trajeron cosas que eran valiosas.
Dar lo mejor al Rey: sacrificio y ofrenda
Ahí el hermano dice: “Oye, pero hubieran traído el oro y dejen lo otro”. Es que en la antigüedad eso también valía mucho. Incienso, mirra… “Pero dejen eso, traigan el oro”. No. Es que todas esas cosas, hermano, eran regalos que se acostumbraba dar cuando se iba a visitar un Rey; se le daban regalos de Rey. Por ejemplo, el oro estaba muy relacionado con la majestad de un Rey. Salomón tenía oro alrededor; David, el templo… Es muy característico del poder del Rey. Le trajeron oro, pero también le trajeron otros asuntos para fragancias y demás. Gloria al Señor por todo esto. Todos fueron regalos costosos.
Y si alguien me pregunta: “Pastor, ¿qué hay que hacer para adorar al Señor?”. Lo primero: anticipe el gozo y discipline su corazón para que anticipe el gozo desde el sábado. Un creyente no llega aquí el domingo con el corazón en otra cosa, de que ahora, en el momento, “yo quiero gozarme en la adoración del Señor”. No. Usted comienza a anticipar el gozo, no superficialmente, sino apelando a la convicción. Si tú sabes con qué convicción te reúnes, para qué te reúnes, por qué te reúnes, si tú sabes de dónde vienes. Y si te vienes de lejos, hermano, gócese más, como se gozaron estos en el camino.
En el camino anticipa el gozo: “Guau, la iglesia me queda lejos; ahora voy caminando hacia allá. En promedio voy a encontrarme con mis hermanos, y el Señor se mueve en medio de la alabanza de su pueblo. Él está allí en medio nuestro. Él se goza de habernos reunido”. Gócese desde antes, lo primero.
Después, lo que usted tiene que hacer es adorar a la persona correcta. No adore a los padres, no adore la iglesia, no adore los instrumentos. El ser humano tiene la idolatría enraizada; somos hombres caídos y con facilidad adoramos instrumentos. Dice: “Mira, fulano, ese sí… Él es el que me dirige en la adoración, pero cuando él no lo hace…”. Hermano, no dirija ese elogio mal. Ese es José, esa es María; son instrumentos. Es el becerro, son pastorcillos. No, no son el objeto de adoración. Solamente adore al Señor.
Y hay veces que hay que hacer un esfuerzo para uno dejar de ver el instrumento limitado y ver a quién es que estamos adorando. Estamos adorando a Cristo. Por eso, hermano, le digo: un creyente inmaduro hay que estarlo ayudando demasiado, empujando, evitando distracciones. Un creyente disciplinado adora al Señor hasta en condiciones precarias.
Y usted va a ir a un lugar donde le va a ser difícil adorar; proteja un corazón disciplinado. Dice: “Yo sé… Ay, hermano, adore al Señor, aunque no haya mucha gente”. Estos no encontraron aquí la multitud que encontraron en Jerusalén. “Oye, no está bueno el asunto; date al pueblo. Y la gente, vengan, vamos para allá, adorarle, para que vayamos mucho, y cuando vamos mucho entonces ahí es que está el Señor”. No, hermano, parece que solamente estaban los padres y ellos. Y ahí, ellos le adoraron.
Pero le digo: el corazón de un adorador, hermano, es un corazón disciplinado. Es un corazón que anticipa el gozo. Es un corazón que se concentra en adorar a quien hay que adorar. No adora el templo, no adora la silla, no adora el clima, no adora el instrumento que nos está dirigiendo, sino adora al Señor que está ahí.
Postración del corazón y desprendimiento generoso
Aunque sea, hermano, yo me pongo en lugar de ellos, y es difícil adorar al Señor en forma de niño, por ejemplo. Hay que hacer un esfuerzo por entender que ese es el Rey. No parece ser el Rey. En el culto de la iglesia, hermano, hay que hacer un ejercicio de discernimiento espiritual para uno entender que Cristo está aquí. Porque uno dice: “Pero ¿y Él realmente está aquí? Pues yo no le veo”. Sentimos su presencia, hermano: su gozo, su paz, sobre todo la convicción. Nos dice que Él está donde hay dos o tres reunidos en su nombre.
La convicción que tenían estos era: “Este es el Mesías, el que está ahí”. Y todavía Él no puede —quizás, todavía el Señor se limitó y Él creció— todavía quizás no puede devolverse y todas estas cosas. No es que no pueda; no encuentro la palabra, todavía no lo hace. Pero ellos sabían que el Señor estaba ahí. Dice que se postraron.
Y en la adoración al Señor, hermano, siempre debe haber un debido recogimiento. Postrarse es reconocer que Él es grande, y que tú eres pequeño. Es como postrarte. Y tú me dices: “Pastor, entonces, ¿debemos adorar de rodillas siempre?”. No. No necesariamente. A veces uno se postra poniéndose de pie.
Después puedes entender la sabiduría que hay detrás de eso. A veces postrarte es no quedarte en esa indiferencia de: “Estoy aquí adorando al Señor, como de costumbre”, sino ponerte de pie y levantar tus manos. Es manifestar que Él es superior. Postrarte no es necesariamente la actitud del cuerpo; es sobre todo la actitud del corazón. Es la actitud con que tú adores.
Te pregunto: ¿tú estás postrado, estás reconociendo su grandeza, o todavía te entiendes superior? No importa que tú seas un principal entre tu pueblo; cuando tú vienes al Señor, tú te postras. Y esa actitud tú la debes cultivar como adorador: expresarle esa exaltación por medio de su postración, por medio de decir: “Señor, tú allá y yo aquí”.
Pero no lo dejaron ahí, hermano. Dice que trajeron cosas. Y el Señor no necesitaba cosas. La verdad, hermano, es que Él es el dueño del oro y la plata. El oro es suyo, el incienso es suyo, la mirra es suya, esos camellos son suyos, esos hombres son suyos. Uno no le da al Señor algo material porque el Señor necesite eso material.
Si lo hiciéramos, hermano, “¿qué le vamos a dar al Señor?”. Si el Señor no pudiera recibir cosas materiales para agradarle, ¿qué le daríamos? Cuando usted adora al Señor con algo material, hay una actitud de desprendimiento; hay ahí sacrificio. Porque si a ti Él te importa, tú te sacrificas. Ellos vinieron de lejos, hermano, y trajeron sus tesoros.
Con esto les diré que tenemos que estar dispuestos a sacrificar cosas, entre ellas cosas materiales, para adorar al Señor. Y que en ese desprendimiento hay adoración. Y hagámoslo con gozo. Por eso, cuando un creyente ofrenda, hermano, no ofrende como si fuera eso un asunto casual, de “me metí la mano a ver si hay algo y lo tiro ahí”. A mí me da pudor hablar de esto, hermano, porque es lo que hacen los falsos pastores: que viven pidiendo dinero y demás. Pero tampoco nosotros, por huir de lo falso, dejemos la adoración atrás.
Yo enseño a mi iglesia que uno adora al Señor con gusto. Algo que uno debe hacer es preparar su ofrenda, por ejemplo. Y no es mucho o poco, hermano, lo que usted vaya a dar, pero prepárelo para el Señor. No ofrende un regalo como que “salimos en el camino, no te preocupes, en Jerusalén compramos algo”. “Paramos el camello ahí, compramos algo en la tienda, tú vas ahí cargado de oro, no; vámonos livianos, que en el camino aparece algo”. Hermano, la adoración al Señor es algo que se dedica al Señor, es algo que se selecciona para el Señor. Y estoy hablando de lo material en este momento.
Mire, cuando usted vaya a ofrendar al Señor, si usted tiene que meterse la mano en los bolsillos, a ver si hay algo, hermano, usted no trajo un regalo al Señor. Anticípelo; anticipo en su casa, dispóngalo, preséntelo. Traiga tres regalos. Yo he vivido en mi ministerio evitando hablar de este tema durante tantos años, pero me tocó, hermano, porque estas personas trajeron cosas materiales.
Mire, si usted va a ofrendar dinero al Señor, no envuelva el asunto de que lo tiró ahí como algo. Dispóngalo. Si es posible, hermano, póngalo bonito en un sobre. Si son cosas para el templo, tráigalas con cuidado. Pero hay en esto cierta gracia de regalarle al Señor, de que te desprendas de manera bonita, de que no sea como un evento de “si hay algo”. No, hermano, disponlo primero en tu corazón y después preséntalo para el Señor.
Cuidando la actitud al dar y servir
Tú no llegas y vuelves un regalo en un cumpleaños de que, delante del cumpleañero, traes “alguna moña aquí de la que le quitaron” y le dices: “Pásenme una que yo se la pego aquí. No importa cómo quiera; lo que importa es el regalo”. Importa el regalo y también el “delivery”, hermano, la presentación. Aprenda a adorar al Señor con gracia, como hicieron estos hombres. Vinieron de lejos con sus tesoros y los abrieron delante del Señor. Gloria al Señor por eso.
Dice: “Le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra”. Tengo que moverme hasta el final. Digo eso: todos fueron regalos costosos, y evidentemente fueron traídos intencionalmente desde lejos.
Doña Fernanda, a veces lo que vale no es tanto lo material del regalo, sino la diligencia que se ha mostrado en buscarlo. Por eso, cuando ustedes van a un lugar lejano y usted le trae a alguna persona un recuerdo, puede ser algo pequeño, pero ahí se manifiesta: “Guau, esta persona se movió con esto desde allá; lo trajo consigo”. Primero me tuvo presente, es lo primero que se manifiesta: “Me recordó, estaba atento”. Y después, quizá no es algo muy valioso, pero es algo muy especial.
Traten, hermano, de hacerlo de corazón, porque el Señor ve las actitudes. Me llama la atención que Él vio lo que la viuda dio, y Él dijo que ella dio más que los otros. Parece que el Señor está consciente de qué es lo que tú le estás dando en adoración. He hablado de los recursos materiales porque fueron recursos materiales que estas personas trajeron, pero en cualquier otra área también, hermano, en tu ministerio al Señor, en tu servicio en su casa, sirve al Señor con gracia, sirve al Señor con deleite.
Me muevo hasta el final. Y así como fueron ellos guiados providencialmente hacia Cristo, Herodes fue intencionalmente dejado por Dios en su confusión. Y esa es una cualidad de Dios, hermano, que a mí me aterroriza. El Señor, a los necios, los deja en su necedad, los deja en su incredulidad.
Y guau, hermano, que Dios no te entregue, amigo que estás aquí, que el Señor no te abandone, no te cambie la ruta como hizo con Herodes. Dice:
Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
— Mateo 2:12
Guau, hermano, el Señor les dijo: “No vayan a él”. Yo diría: “Señor, pero permite que vayan, porque quizás se convierta”. El Señor dijo: “No vayan”. A algunos, el Señor les dijo: “Sacudan el polvo cuando no les reciban”.
Dios suelta al incrédulo y prioridad de obedecer a Dios
De las cualidades de Dios, hermano, que a mí me parecen así, como que me atemorizan, es que a veces al incrédulo lo suelta. Lo entrega. Yo he encontrado personas que están sin Dios y van como en un círculo vicioso, cada vez están más lejos de Dios, más lejos de Dios. ¿Qué pasa? El Señor les soltó.
A Herodes, el Señor le cambió la ruta a estos hombres para que no volvieran. Dijo: “Desvíense”. “Siendo avisados por revelación en sueño que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino”. Y alguien me dirá: “Pero estos hombres sí son desleales, porque el hombre buscó la profecía; que vayan y le digan que lo encontraron, porque fue él que buscó la profecía”. Bueno, hermano, nuestra lealtad principal es a Cristo.
Lo siento por el pecador, pero yo no estoy llamado a deshonrar a mi Señor para complacerle a él. Humanamente hablando, eso como que hace sentido, porque Herodes fue el que les facilitó la profecía. Herodes fue el que trajo a los sabios; Herodes fue el que les dijo dónde era: “En Belén”. “Que vuelvan donde Herodes, que sean agradecidos”. Bueno, primero a Dios y después a los hombres.
Y usted encontrará personas que le demandarán una lealtad que deshonra al Señor: “Entrégame a mi Maestro, al que yo encontré, a este que lo quiere asesinar”. No. Les dijeron así a los apóstoles una vez: que dejen de predicar, que dejen de dar testimonio. Y ellos respondieron, Pedro y los apóstoles:
Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.
— Hechos 5:29
Entonces diré: “Ay, pero magos de oriente, no sean tan desconsiderados, vengan de nuevo por Jerusalén, den la vuelta larga, y entren por aquí otra vez”. Hermano, ellos se fueron por allá.
Y yo digo: si aquí hay una persona que no tiene a Cristo todavía, yo tengo que decirle con solemnidad, en Navidad: no espere que lo suelten, no espere que el Señor le cambie la ruta, no espere el momento de que el Señor diga: “Hasta aquí”. Herodes se le dio testimonio durante años. Se le dio testimonio: los profetas le dieron testimonio, las Escrituras dieron testimonio a Herodes, el hecho de que esos magos vinieran de lejos a adorar al Señor dio testimonio a Herodes. Y Herodes no se movió.
Aquí hay alguien quizá que todavía no se ha movido a favor del Señor. Este es el momento de moverse; no espere que el Señor cambie la ruta. El Señor dijo: “Hoy es el día de salvación”. No esperes y digas: “En algún momento volverán, si no lo encontraron. En algún momento volverán”. Jamás Herodes se encontró con el Maestro. Mandó a matar a los niños, buscó por un lugar y por el otro. El Señor, cada vez, protegió y huyó de él. No se encontraron.
Murió sin verle. Por eso, hoy es día de salvación. Eso es lo que dice la Escritura: no posterguen este asunto. “Tiempo agradable” es este, oído, dijo el Señor.
Llamado a la salvación y oración por la iglesia
Caigan donde están, hermanos míos. Cierren sus ojos un momento y ayúdenme a interceder. Yo he tratado de cargar con el sentido de celebrar verdaderamente la Navidad junto con el grupo pequeño de verdaderos adoradores, como los magos, y alejarme del grupo grande que se turba, pero verdaderamente no celebra.
Pero les pido que intercedan conmigo ahí, porque quizás hay aquí, en el número chiquito, uno que está aferrado ahí a su incredulidad y no se ha movido para venir al Señor. Si tú eres un creyente, si tú reconoces a Cristo, te pido que clames ahí conmigo por la salvación de las almas. Una iglesia debe orar apasionadamente para que la gente venga a Cristo y se convierta. Yo les decía hace dos domingos que el Señor se glorificará hasta en la perdición de esos, pero no queremos que se pierdan.
La realidad, amigo que estás aquí hoy, que todavía no te has movido a favor de Cristo, para adorar a Cristo, para servir a Cristo, para reconocer a Cristo, es que tú tienes que ver este momento en su iglesia como un momento providencial. Si tú estás aquí hoy, es porque el Señor ha tenido misericordia de ti. Quizás mañana no estés aquí.
“Buscad a Jehová mientras puede ser hallado; llamadle en tanto que está cercano”. Llegará el momento en que no habrá otro encuentro. Llegará el momento en que quedarás fuera. Pero hoy puedes ver la Navidad, hoy puedes ver que ha nacido un Salvador, que es Cristo el Señor.
Si, al ver el mal testimonio de Herodes y la forma en que el Señor le habló de tantas maneras y permaneció en su incredulidad, has sido movido por el Señor, yo te invito a que no solamente te quedes en oírme, sino que vayas a Cristo. El Señor utilizó algún medio para traerte, lo confirmó por las Escrituras y te envió a Cristo. Camina a Cristo hoy.
¿Cómo caminamos los creyentes a Cristo? Dice la Escritura:
A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.
— Juan 1:11-12
El Señor mismo decía que todo lo que el Padre le diera vendrá a Él, y el que venga a Él, Él no le echa fuera. Si el Señor hoy te ha traído con cuerdas de amor, si el Señor ha permitido que hoy se ha predicado con la verdad del Evangelio, yo te invito a que reconozcas hoy que nació en Belén de Judea tal cual. Este es el Evangelio: que Cristo vino conforme a las Escrituras, murió conforme a las Escrituras y que vendrá conforme a las Escrituras.
Si hoy puedes creer que verdaderamente, tal cual lo atestiguaron los profetas, tal cual lo confirmaron los magos de oriente, tal cual hasta Herodes lo entendió, si hasta los impíos entendieron esto, yo te invito a que no seas como los impíos que entienden y se quedan sentados, sino que camines a Cristo.
Justificación por la fe y renuncia al trono del pecado
Eres pecador, Él es Santo. La única manera de reunir a hombres pecadores con un Dios santo se llama justificación. Dice su palabra:
Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.
— Romanos 5:1
Y esto no es de nosotros, sino que es un don de Dios. Tú no necesitas ser bueno para ser salvo; lo que necesitas es ser humilde y reconocer que eres un pecador. Dice su palabra:
Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
— 1 Juan 1:9
Es que le digas al Señor ahí —no es que le digas: “yo voy a ser bueno, yo voy a moverme hacia tal cosa”— es que le digas al Señor: “Reconozco mi incredulidad, reconozco que he estado aferrado a mi trono de pecado, reconozco que he estado luchando contra ti, que he estado desparramando, que no he estado haciendo las cosas que convienen. Que he estado enemistado con Dios”.
Qué peligro estar enemistado contra Dios, una criatura limitada, enemistada contra el Dios Todopoderoso. Humíllate ante el Señor para que Él te levante.
Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él os exalte cuando fuere tiempo.
— 1 Pedro 5:6
Dile ahí al Señor: “Señor, me reconozco como un pecador, me reconozco como un Herodes, uno que había estado escuchando, pero no se movía. Pero en este momento confirmo las Escrituras de que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que tal cual lo dice Mateo capítulo dos, en ti se cumplió la profecía. Naciste en el momento que había que nacer, donde había que nacer, viviste como había que vivir, moriste como había que morir, resucitaste como tenías que haber resucitado. Fuiste resucitado por el Padre, dando testimonio de que recibió tu sacrificio”.
Dice su Escritura:
El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.
— Marcos 16:16
Creer, no como Herodes: creer y moverse, creer con una fe viva, una fe eficaz. Creer no como creía Herodes a los sabios que le dijeron dónde era que estaba, a los maestros que le dijeron dónde era que estaba. El que creyere y fuere bautizado será salvo.
Los creyentes damos un testimonio público de nuestra fe en Cristo. Ponemos primero una fe sincera en Él, de forma tal que ya tenemos salvación en el momento; pero demostramos que hemos nacido en Cristo y muerto al mundo por medio de las aguas del bautismo.
En esta temporada el Señor ha estado agregando personas a nuestros talleres de membresía, y pronto tendremos bautismo en nuestra iglesia. Qué gozo será acompañarte a las aguas, y que salgas de allá con vestiduras blancas diciendo que has muerto al mundo, has muerto al espíritu de Herodes, y has nacido a la familia de Dios.
Oración final por discernimiento y verdadera celebración
Mantén tus ojos ahí cerrados, hermano; ahora oro por ti. Ay, Padre, quieras tú poner discernimiento en esta iglesia que me has dado para cuidar. Mira que yo mismo, Señor, a veces me he sentido responsable de permitir que celebremos hasta cierto punto como celebra el mundo. Danos, Señor, sabiduría, discernimiento para resistir al mundo en este tiempo, para resistir la invitación de Herodes, Señor, que lo que quiere es perseguirte; para no correr con los que se pierden, Señor, ni participar en sus despropósitos.
Si tenemos, Señor, que estar en las cenas, que estemos con los impíos; si tenemos, Señor, que participar en las actividades laborales, que lo hagamos. Pero permítenos, Señor, tener actividades como esta donde la iglesia verdaderamente te celebra. Que anhelemos más, Señor, el sencillo culto dominical que la pomposa fiesta laboral. Permítenos, Señor, celebrar especialmente en este tiempo. Nosotros sí lo hacemos, Señor, con significado; para nosotros sí es verdadera Navidad.
Bendice esta iglesia, Señor, con discernimiento. Permite que en esta semana, que ya se arrecia, Señor, el esfuerzo diabólico para alejarnos de nuestras convicciones y llevarnos a celebrar superficialidades, permite que tu Santo Espíritu, Señor, nos cubra, nos proteja y nos permita resistir al mundo; que en todas estas cosas tu nombre sea levantado.
Te glorificamos a ti, Señor, en el nombre de Jesús. Amén.