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Ni extranjeros ni advenedizos

Efesios 2:19

El Señor nos ha hecho conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios; por lo tanto, un creyente no debe vivir como turista espiritual, sino como miembro comprometido de la iglesia local.

Predicado6 de agosto de 2023
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

No somos ni extranjeros ni advenedizos, dice asimismo la palabra del Señor, en Efesios 2:19. “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios”. Podemos leerlo todo junto, hermanos, es un solo versículo, muy sencillo: “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios”. Yo creo que algunos hasta se lo saben, hermanos, ese versículo: “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios”. Pueden sentarse, hermanos queridos.

En este versículo de la palabra del Señor hay una declaración importante al respecto de lo que ningún miembro de una iglesia debería ser. Ningún miembro de una iglesia debería ser un extranjero y ningún miembro de una iglesia debería ser un advenedizo. Lo que somos es conciudadanos, lo que somos es miembros de la familia de Dios. En cuanto a este texto, quisiera hoy edificar a la iglesia, tal cual les ha anunciado el proyecto principal de nuestra congregación para lo que queda de año, o sea, octubre, noviembre y diciembre, si el Señor nos ayuda.

Afirmar nuestra membresía significa cuatro cosas principales. ¿Qué es afirmar la membresía de una iglesia? Lo primero a lo que nos referimos cuando hablamos de afirmar la membresía de una iglesia es clarificar a toda la congregación lo que significa ser un miembro, con sus privilegios y sus responsabilidades. Si hoy, con la ayuda del Señor, puedo explicarles a ustedes lo que se espera, según las expectativas que Cristo tiene de su iglesia al respecto de un miembro de la iglesia, habremos alcanzado el propósito.

La primera cosa que estaremos haciendo, con la ayuda del Señor en este trimestre, es clarificar lo que significa ser un miembro de una iglesia, con sus privilegios y también con sus responsabilidades. Eso es lo primero: que cada uno entienda qué conlleva realmente llamarse miembro y no simplemente asistente ocasional, y que ese entendimiento venga de la palabra de Dios, no de nuestras opiniones.

Afirmar, extender y distinguir la membresía

Al mismo tiempo, queremos afirmar a cada uno de los miembros actuales, preguntándoles si han entendido lo que significa la membresía y volviéndoles a comprometer con la misma. Esto incluye volver a buscar a aquellos que se han alejado, restaurar a cualquier hermano caído y fortalecer a aquellos que están debilitados. Primera cosa: clarificar lo que es un miembro. Segundo: afirmar a todos los miembros de nuestra iglesia.

También, con la ayuda del Señor, estaremos extendiendo la membresía de la iglesia a aquellos que han creído en Cristo, que están entre nosotros y desean ser parte, aunque tampoco podemos obligarles, aunque queremos. He dicho ya tres cosas: lo primero, clarificar lo que significa ser un miembro con sus responsabilidades y también con sus privilegios; segundo, afirmar a todos los miembros, aquellos que están fuertes y aquellos que están debilitados, porque todos los miembros de una iglesia importan, ya que fueron comprados a precio de sangre.

También, cómo no, extender la membresía de nuestra iglesia a todos aquellos que han creído en Cristo, que están entre nosotros y desean ser parte de una iglesia local, porque no todo el mundo desea ser parte de una iglesia local, y con eso tenemos que hacer las paces. Y en cuarto lugar, con la ayuda del Señor, distinguir a los que son miembros de aquellos que no lo son, de forma tal que podamos ser hospitalarios con los extranjeros y advenedizos y cuidar especialmente a nuestros miembros.

Al respecto de estas cuatro cosas, hermanos, yo tengo una carga especial, porque a mí me pedirán cuenta por ti. Y si yo tengo que dar cuenta por el rebaño que el Señor de los pastores me ha encomendado, yo quisiera poder por lo menos decir que sé algo respecto de usted, que sé quién es, dónde está, cómo está y qué está pasando con su alma. No es un asunto administrativo, es una responsabilidad pastoral delante del Señor.

Es una responsabilidad solemne ante el Señor que tenemos los pastores, de dar cuenta al Señor por cada una de las ovejas que se nos ha encomendado. Había un anuncio que yo no escuché porque no soy de esa generación, recuerden que soy un millennial, pero me lo han contado. Producían en la televisión: “Son las 10:00 de la noche, ¿dónde están sus hijos? Son las 10:00 de la noche, ¿dónde están sus hijos?”. Era una presión hacia la familia donde le decían: no sea un irresponsable, son las 10:00 de la noche, ¿dónde están sus hijos?

Es el día del Señor, iglesias, ¿dónde están tus miembros? Estamos dando culto al Señor, ¿dónde está su pueblo? Somos ovejas de Cristo, ¿dónde está el rebaño? Esas preguntas deben pesar sobre nosotros, no para condenación, sino para despertar conciencia, amor y responsabilidad por los que el Señor añadió a esta casa.

El debilitamiento de la membresía y dos imágenes bíblicas

Hermano querido, son cuatro cosas realmente profundas a las que no podemos aproximarnos con ligereza, porque lo menos que quisiéramos es quitarle la dignidad de hijo a aquel que el Señor ha comprado a precio de sangre. Pero al mismo tiempo tenemos una solemne carga, y es que la membresía de la iglesia local, a nivel global y también a nivel local, se ha debilitado. Y no recuerdo otro momento en la historia de nuestra iglesia que hayamos tenido un nivel de compromiso tan bajo al respecto de lo que significa ser un miembro de la iglesia local.

Hay dos figuras que utiliza el apóstol Pablo para presentar a la iglesia del Señor, y estas dos figuras pueden ser un buen punto de partida para comenzar a afirmar la membresía de la iglesia. La primera es la figura de la iglesia como una ciudad, y la segunda es la figura de la iglesia como una familia. En este texto hay una declaración importante sobre la iglesia: “Ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios”.

Que el Señor me ayude, pero yo pretendo hoy invitar a los miembros de esta iglesia a que deshagan la maleta, a que dejen de comportarse como turistas, a que lleguen al pueblo del Señor y hagan tiempo en el pueblo del Señor. Que entendamos que si somos una familia, realmente tu presencia importa; y que si somos una ciudad, tu ausencia nos debilita, y que tendremos que dar solemne cuenta delante del Señor y queremos hacerlo con responsabilidad.

Siempre hay un superficial que se pregunta cuando predicamos de estas cosas: “Guau, pero entonces algunas personas se van a quedar atrás”. Hermanos, que importen los números correctos. Es mejor ser una iglesia muy pequeña, pero ser una iglesia, que ser una multitud muy grande sin ser realmente iglesia. El compromiso importa. Es cierto que venimos de un tiempo de pandemia donde todos hemos sido debilitados, pero ya la excusa no disculpa.

Si te has estado comportando como un advenedizo, no seas advenedizo. Si usted es un miembro de la familia y se ha estado comportando como extranjero, deshaga la maleta. Igual de claro: usted no está de tránsito. Ya yo creo que terminé de predicar, hermanos, eso era: “Ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios”. Y si usted tiene la maleta, deshágala, deje de vivir con la actitud de “yo estoy probando a ver” y asuma que este es su pueblo.

Dejar de ser turistas espirituales

No sea turista en el pueblo del Señor. Que la casa de Cristo no sea una atracción turística para ti, que sea tu casa. Que en el pueblo del Señor tú no te sientas en tránsito, que esta sea tu ciudad. Y no podemos estas cosas, hermanos, obligarlas ni demandarlas legalistamente, pero tenemos que predicarlas y también discernirlas. Comenzaré mostrando cuál es la razón que da el apóstol por la cual estas cosas son así.

Él dice “Así que…”, y ese “así que” es un nexo oracional. ¿Por qué está ahí ese “así que”? Ese “así que” está en el versículo 19 porque en los versículos 12 y 13 él había dicho una verdad importante. ¿Qué fue lo que él dijo?

“En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.”

— Efesios 2:12–13

Él está hablando de cuál era nuestra situación anterior, pero ahora, en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Hermano, el “así que” es un “así que” importante: por la sangre de Cristo. Nosotros, que anteriormente habíamos estado alejados, hemos sido acercados a la presencia del Señor y hemos sido insertados en medio del pueblo del Señor, dado el sacrificio de Cristo, dada la sangre de Cristo, dada su misericordia mostrada para con nosotros.

Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Hermano, ese “así que” importa porque apunta a la sangre de Cristo. Qué desperdicio es que aquel que fue comprado a precio de sangre para ser puesto en la familia de Dios, aquel que fue comprado a precio de sangre para recibir la ciudadanía del cielo, se comporte como uno más, como alguien que no tiene nada que ver.

“Así que ya no sois”, dice: “ni extranjeros ni advenedizos”. Después de ese “así que” están las implicaciones de esta declaración. Dice él “ya no sois”, y ese “ya no sois” deberíamos tenerlo todos nosotros como una blanda, una cariñosa reprensión: “ya no sois”. Ese “ya no sois” le corresponde a aquel que tiene un estado más alto y se sigue comportando como en el estado anterior.

Es como cuando ves a un niño adolescente que todavía tiene las actitudes de un niño pequeño y tú le dices: “Ya no eres un bebé”. O es la actitud de cuando encuentras a un adulto que tiene las actitudes de un joven y le dices: “Ya tú no eres un muchacho”. O es la actitud del anciano que ya por sus canas debería tener otro comportamiento y le ves teniendo el comportamiento de su primera juventud, y le dices: “Ya no eres…”.

“Ya no sois”: dejar de comportarse como extranjeros

Así que ya no sois. Hermano, yo siento que el Señor nos está como moviendo, nos está diciendo: “Mírame a los ojos, ya no sois. No se comporten como si lo fueran”. Hermano, ser un turista es una posición cómoda, pero no es la posición pertinente al pueblo de Dios. Un turista es alguien que está de tránsito. Un turista es alguien que no tiene nivel de compromiso alguno. Un turista es una persona que durante unos cuantos días está dedicado a que otros le agraden.

Esa no es la actitud que corresponde a aquellos que han sido comprados a precio de sangre. “Ya no sois”, te están diciendo. Hermano, mis palabras no pueden hacerte eso, pero yo le oro al Señor para que el Señor te inquiete, te puye, te contriste; que tú puedas sentir como si fuera su misma palabra, la del que te adquirió a precio de sangre, el que te integró a su pueblo. Ahora él te dice: “Ya ustedes no son, dejen de comportarse así. Ya no sois extranjeros ni advenedizos”.

Un creyente no puede operar como extranjero, porque eso afecta tanto la moral como el testimonio de la iglesia del Señor. ¿Qué cosas nos hacen mucho daño en este tiempo? Que la moral de la iglesia está en el suelo. ¿Por qué? Porque nuestros conciudadanos y nuestros miembros no sabemos dónde están. “Ya no sois”, y hay como una tristeza pasiva donde estamos extrañando a gente que probablemente no nos está extrañando a nosotros.

“Ya no sois”. Me dediqué esta semana a estudiar procesos de ciudadanía de diferentes naciones. Nunca me quiero como dedicar mucho a eso, hermano, yo no soy abogado, y cuando hablo de estas cosas hablo como un lego, y lo que hay aquí no es un asunto de derecho migratorio literal, lo que hay aquí es una ilustración de una verdad. El apóstol Pablo está tomando la realidad de lo que significaba la ciudadanía en las naciones antiguas para mostrar lo que significa ser un miembro de la familia del Señor.

Pero estudiando este proceso de ciudadanía en naciones contemporáneas encontré diferentes cosas. Estudié naciones de Europa, estudié Norteamérica, que es lo que más nosotros conocemos. De hecho, muchos de ustedes han vivido el proceso de ser nacionalizados en otro pueblo. Lo que encontré es que llegar a ser un ciudadano es un proceso muy valioso para quien lo desea, pero es formal y es ordenado, no un capricho.

La ilustración de la ciudadanía: privilegios y responsabilidades

Usted no llega a una nación de esta tierra y le dice: “Yo me siento como ustedes, denme la ciudadanía”. No, no, no. Este proceso es ordenado, es un asunto legal que toma tiempo y que solamente aquellos que realmente quieren ser ciudadanos logran ser ciudadanos. Vi que las naciones desean aumentar su población, pero conservando su identidad, esto es, su idioma, su cultura y su historia. Y casi todas, cuando tú quieres ser ciudadano, te dan un curso, aunque sea introductorio, de la historia de esa nación.

Te dan vocabulario básico del idioma, algo de su cultura. Y tú ves a los extranjeros hablando de “los padres fundadores” y uno se pregunta: “¿Qué es lo que pasa?”. “No, que me van a dar el examen”. Porque no solamente están esperando que seas miembro, están esperando que tú ames esa nación, están esperando que tú te asimiles a esa nación y que tú asimiles la nación también.

Encontré que casi todas exigen un proceso de residencia antes de otorgar la ciudadanía. Y este asunto de residencia implica que hay que hacer horas en esa nación, no es que usted va a ser ciudadano y se queda aquí; no, usted se va, convive allá, pasa tiempo allá y después aplica a la ciudadanía de allá. No es que usted se va a quedar desde aquí esperando que se la den: “Yo me voy a quedar desde aquí, cuando yo quiera que me la den…”. No, usted no va a ser ciudadano.

Yo creo que estas cosas deberían anunciarnos un poco al respecto de las expectativas que Dios tiene para la ciudadanía del cielo. El pueblo del Señor tiene una identidad, tiene una historia, tiene una cultura, y aunque deseamos su expansión, deseamos crecer con nuestros distintivos particulares y con un alto nivel de compromiso. No hay poca diferencia entre ciudadano y ciudadano; hay una diferencia abismal entre ser un ciudadano y ser un extranjero.

Hermano, ser un ciudadano del pueblo del Señor es un alto privilegio. Es algo que no deberíamos considerar nosotros como poca cosa. La iglesia como una nueva ciudadanía, cuando nos dice “ya no sois extranjeros”, implica que hay derechos y hay responsabilidades. Yo creo que los hermanos del primer siglo entendían esto mejor que nosotros, porque muchos de ellos habían pagado alta suma de dinero para ser ciudadanos romanos.

Muchos de ellos habían sufrido en carne viva las diferencias que hay entre ser un extranjero en una ciudad romana y ser un ciudadano. De hecho, el apóstol Pablo, que fue un precioso instrumento que el Señor utilizó, él tenía ciudadanía romana, y en determinados momentos, por su ciudadanía romana, tuvo un trato distinto por parte de las autoridades.

Ciudadanía romana y ciudadanía celestial

No todo el que vivía dentro de una ciudad romana era ciudadano; muchos de ellos eran tenidos como extranjeros, sin derecho, de hecho eran esclavos de ciudad y así mismo se les llamaba. Solamente resumo asuntos que vimos: cómo el apóstol Pablo apeló a su ciudadanía romana para buscar protección física, porque la ciudadanía romana incluía la protección de la integridad física y moral de todo ciudadano.

No se permitía que un ciudadano romano fuera torturado sin causa. No se permitía que un ciudadano romano experimentara algún tipo de asunto humillante como la crucifixión. No se permitía que un ciudadano romano fuera juzgado por una autoridad que no fuera romana. Y por eso, cuando el apóstol Pablo dijo “Apelo a César”, lo embarcaron y lo mandaron hacia Roma, protegido por un contingente militar. ¿Por qué? Porque era un ciudadano romano.

Y Pablo, que era un ciudadano romano, nos dice a nosotros: nosotros tenemos una ciudadanía que es aún más alta. Somos conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Y muchos de mis hermanos toman estas cosas como si fueran cosas rutinarias, procedimientos administrativos. Hermano, no es un procedimiento administrativo, es un asunto espiritual, es una realidad que afecta quién tú eres delante de Dios y delante del pueblo de Dios.

¿Qué otro derecho tenía un ciudadano romano? Tenía derecho a la libertad, no podía ser tenido como esclavo de nadie; ninguna otra persona podía esclavizar a un ciudadano romano. Él podía representar a su ciudad, participando en asambleas, ser electo, elegir él mismo a sus autoridades. Un ciudadano romano podía tener propiedades y realizar contratos. Él podía trasladarse de una ciudad romana a otra ciudad romana conservando sus derechos.

Él tenía el derecho a tener una familia; la familia era la unidad administrativa básica dentro de Roma, y un ciudadano romano podía tener otros que dependían de él y él les representaba ante las autoridades superiores. Todos esos son privilegios de ciudadanos. Hay hermanos míos que tienen privilegios de ciudadanos, pero siguen comportándose como si fueran extranjeros, esclavos, hombres comunes y corrientes.

Hermano, ya no sois ni extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. He hablado al respecto de los privilegios, pero el ciudadano romano también tenía responsabilidades. Primera responsabilidad que tenía un ciudadano romano: él tenía que defender su ciudad, por lo cual hacían servicio militar obligatorio. “Ah no, que la defienda otro, que yo vivo de los privilegios”. No. “Usted es parte de esta ciudad, luche por esta ciudad”.

Responsabilidades del ciudadano y del miembro

De hecho, hermano, tomen esto como una clase más de historia que de Biblia, pero una de las cosas que anunció la caída del Imperio Romano fue cuando Roma llegó a tener un ejército profesional que no defendía la ciudad por convicción, sino por interés monetario. Cuando ya delegaron la defensa de la ciudad en un ejército profesional, entonces comenzó la caída de Roma, entre otras cosas. Un ciudadano tiene que defender su ciudad.

Otra cosa que tenían que hacer ellos: tenían que contribuir con el sostenimiento, por eso daban tributos. Tenían que contribuir con el desarrollo y crecimiento de su ciudad. Y para que la ciudadanía tuviera sentido, había procedimientos que anunciaban quién era y quién no era un ciudadano. Por ejemplo, un ciudadano tenía una vestimenta que era diferente. ¿Y por qué él se vestía de manera diferente? Porque él era ciudadano y tú no.

Nadie podía pretender ser un ciudadano si era un esclavo. De hecho, un esclavo que pretendía ser ciudadano era reo de muerte. O sea, usted no podía llegar a una asamblea romana y decir: “Aquí yo soy ciudadano”, porque si se sospechaba de su ciudadanía y se demostraba lo contrario, estaba en peligro. Ah, pero hay cantidad de gente que entonces dice: “Yo soy miembro de tal iglesia”, porque fueron tres veces.

Sobre todo, los mismos ciudadanos estaban al tanto de quiénes eran sus conciudadanos, pues participaban frecuentemente de asambleas y hacían servicio público. Y si usted estaba sirviendo como un ciudadano, parece que quien le dio ese servicio de ciudadano entendía que usted tenía la ciudadanía. Hermano querido, he estado presentando la iglesia en esta imagen de la iglesia como una ciudad para mostrar que la iglesia tiene responsabilidades, también tiene privilegios, y que ser parte de la nueva ciudadanía que tenemos en el Señor es algo que no debería ser tenido por poca cosa.

Por favor, hermano, si usted tiene esto, póngalo en valor. Si usted es parte de esta ciudad, compórtese como un ciudadano. De hecho, en el mundo antiguo, las ciudades competían las unas con las otras, a ver cuál tenía más pompa, más brillo, más cultura, más arte, mejores murallas. Yo le pregunto a mis hermanos: ¿Usted sabe cuál es el estado de su pueblo?

“No, yo estoy aquí…”. Pero, ¿usted sabe cómo está su iglesia? ¿Su iglesia está fortalecida o está debilitada? ¿Sabe si nos van a invadir o si estamos ganando la guerra? ¿O vamos a esperar “a ver qué pasa”? Hermano, ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Lucha por esta familia, preserva esta familia, cuida esta familia, sostiene esta ciudad, hermano. No seas un consumidor, sé un ciudadano.

La iglesia como familia: advenedizos y miembros

Primera imagen: la iglesia como una ciudad y el privilegio de la ciudadanía, comparando esto con lo que Pablo tenía más cerca, que era la ciudadanía romana. Hablemos ahora de la iglesia como una nueva familia: “Ya no sois advenedizos, sino miembros”. La descripción más pobre de advenedizo que yo puedo encontrar es “un aparecido”, alguien que cayó allá de repente.

Y eso no está mal, hermano, en toda familia hay gente que cae, gente que llega. De hecho, una familia fuerte, hermano, es una familia donde cae gente, esas son dinámicas bonitas. Yo le doy gracias al Señor porque yo conocí dinámicas familiares de pueblo y dinámicas familiares de gran ciudad, y estaba recordando cuando vivía en Azua y cómo era la dinámica familiar. En los pueblos, las familias son muy distintas: aparece gente todos los días.

Y pasan por ahí, hasta se quedan y cenan con nosotros, cosas que en una ciudad grande son como abruptas. En los pueblos eso es normal: gente que llega a visitar, “Déjame visitar a fulano”, y caen allá, y se sientan en una mecedora y te hacen tres horas bien. El advenedizo puede llegar, puede estar; ahora, tarde o temprano, el advenedizo va a tener que pararse de la mecedora, porque ya vamos a entrar para nuestras habitaciones, y a las habitaciones el advenedizo no pasa.

De hecho, había códigos familiares donde había zonas de la casa donde, si usted era advenedizo, podía estar: la terraza, la galería. Con un poco de confianza usted podía llegar a la cocina, pero no abra la nevera. Pero las habitaciones eran asuntos íntimos, privados, reservados para los miembros de esa familia. Y encontrar a un advenedizo en las habitaciones, hermano, eso era un asunto preocupante: “¿Y éste qué hace aquí?”.

“No, porque yo tengo tanto tiempo entre ustedes…”. No, tú aquí no duermes, tú aquí puedes venir, tienes acceso a determinadas cosas. Hermano, lo que estoy marcando es una diferencia: hay que ser miembro. Es un asunto de intimidad, es un asunto de cercanía, es un asunto de sentir que somos parte de la misma cosa, dormimos juntos, nos cuidamos entre nosotros. Yo quiero saber de quién me cuido y de quién no, porque con los miembros de su familia…

La familia es un lugar de seguridad, la familia es un lugar donde usted no tiene barreras, la familia es un lugar donde usted no se está cuidando, donde no anda en guardia. Ahora, cuando el advenedizo llega, la familia se comporta de manera diferente: sale de las habitaciones y pasa a la terraza, a la galería o hasta la cocina si es un advenedizo de confianza.

Pero hay una diferencia entre un advenedizo y un miembro. Hay hermanos que no son más que advenedizos: por favor, tengan un poquito más de confianza en medio del pueblo del Señor y valoren esto que usted tiene, y es que hay gente que le considera y le da un trato de hermano: “Dios te bendiga, hermano”, porque somos parte de la misma familia.

Características de una familia fuerte y la vocación de permanencia

Mostré ya a la iglesia como una ciudad, ahora la iglesia como una familia. Les he enseñado a todos ustedes que son miembros de esta iglesia, en los talleres de membresía, que una familia fuerte –al igual que una iglesia fuerte– tiene tres características básicas. Lo primero que tiene una familia fuerte, que debe tener también una iglesia fuerte, es un liderazgo estable.

El liderazgo de una familia no puede estar cambiando todos los fines de semana: “Mira, este es tu papi hoy, este es tu papi mañana…”. No, no, la gente necesita una autoridad estable. Y durante un mínimo de 20 años las personas tienen un liderazgo estable que forma su carácter, forma su mente. Las personas que cambian de liderazgo familiar cada cierto tiempo siempre están recomenzando, y las iglesias que tienen un liderazgo volátil pasan por lo mismo.

Con la ayuda del Señor, por su misericordia, que él me siga ayudando, hermano, esa fue la razón por la cual yo me comprometí con esta misma iglesia local. Durante muchos años yo entendía la necesidad de establecer un liderazgo en una iglesia local durante muchos años, que no fuera un asunto de “mira, que Rafael se comprometió y que al año tres consiguió una oportunidad de irse a pastorear en otra parte”. No, hermanos, yo me comprometí en esta iglesia local a pastorearla, por la misericordia y con la ayuda del Señor, a largo plazo, un mínimo de 25 años.

Porque este proyecto, hermanos, es un proyecto a largo plazo. Una iglesia estable necesita tener liderazgo estable. Pero así como tiene un liderazgo estable, debería tener miembros estables y altamente comprometidos. Una iglesia donde no hay un liderazgo fuerte, asimismo en la membresía es una membresía volátil, donde las personas están aquí tres meses, después cuatro años no se sabe.

Hermano, haga por lo menos bloques de cinco en cinco. Usted dice: “Mira, yo estoy comprometido en esta iglesia; si el pastor está 25, por lo menos a 10 años, a cinco. Yo quiero un proyecto a largo plazo. Yo quiero en esta iglesia ser parte, no estar de tránsito, no ser un advenedizo”. El advenedizo no está ahí para siempre, hermano; el miembro, sí.

Familias fuertes tienen liderazgo estable, tienen miembros altamente comprometidos y tienen procesos de integración entendibles. No está cerrada la membresía, hermano, es una membresía a la que usted puede llegar a ser miembro si usted entiende los privilegios de una ciudad y si usted entiende los compromisos, si usted entiende el compromiso de un miembro y entiende el privilegio de ser miembro de una iglesia.

Implicaciones de ver la iglesia como familia

Hay varias implicaciones de ver la iglesia como una familia. La primera de ellas es que las relaciones familiares tienen una vocación de permanencia. Y yo hice espacio en mi corazón para ti, yo espero que tú lo hayas hecho para mí también. ¿Tú entiendes lo que es vocación de permanencia? Esto no es un curso que estamos haciendo, no es una carrera corta.

Con mis hermanos yo estoy tratando de envejecer junto con esta gente. Y mi deseo es que nuestros hijos puedan criarse juntos, que nosotros podamos tener experiencias juntos, que mi enfermedad sea la tuya y podamos acompañarnos, que aquí a mí me puedan hacer mi culto memorial y a ti también, que los muchachos que están subiendo sean los líderes de tu iglesia mañana. Hay una vocación de permanencia, hermano, esto no es transitorio.

Y eso rompe las expectativas del hombre contemporáneo, porque el hombre contemporáneo no quiere vínculos de ningún tipo, quiere andar siempre por la libre. Y si usted quiere andar siempre por la libre, usted no está listo ni para una ciudad ni para una familia. Yo admito eso, hermano, que hay gente que quiere ser siempre extranjera y siempre quiere ser advenediza; usted puede hacerlo, pero no dentro del pueblo de Dios.

La familia puede ser acogedora con los advenedizos, pero tiene espacios que son espacios de intimidad para los miembros. Los miembros de una familia están al tanto de su situación, sus planes, sus expectativas. “¿Ah, y usted es miembro de esta familia? ¿Tú sabes si comimos o no comimos este domingo?”. Yo estoy hablando de lo espiritual, hermano. ¿Cómo va a ser que usted sea miembro de la iglesia y no sepa si su iglesia se reunió o no se reunió? ¿Si el candelero está encendido o le fue quitado? ¿Si la iglesia está en ruinas o la iglesia está fuerte?

Nehemías, cuando estaba en Persia, le trajeron un informe de cómo estaba su ciudad y dice que Nehemías se sintió fuertemente contrariado, se sintió triste y clamó al Señor por el estado en que estaba su ciudad. ¿A ti te carga la ciudad de Dios?

“¿Y la iglesia, cómo está?”. “Bueno, yo no sé, hace mucho que yo no voy, pero eso como que antes estaba muy bien, o como que no estaba muy bien…”. ¿Somos tu familia o no somos tu familia? Se espera que los miembros de una familia lleguen a la casa o por lo menos avisen. Un hijo fuera de casa a altas horas de la noche produce una gran preocupación.

Y un miembro de la familia de Dios en el día del Señor, que no está en la casa del Señor, si es consciente, produce una tristeza. No te tenemos aquí, nos preocupamos por ti, pero tú no tuviste siquiera la cortesía de decir que no ibas a llegar. Aun los hijos adultos, si son hijos conscientes, le dicen en su casa: “No me esperen hoy, que vengo un poco más tarde”, si son hijos conscientes.

La descortesía espiritual y el día del Señor

Hablaba con mi hermano él el otro día, y le decía: es que yo me siento triste, me siento mal por el nivel de descortesía de mis hermanos. Lo estamos esperando, a ti no te llegó, y tú ni siquiera avisas que no vas a ir; no sabemos si estás enfermo, no sabemos si estás apagado, no sabemos si estás debilitado. “¿Y qué pasó con el hermano?”. “No, que él no llegó”.

¿Cómo te sientes tú en tu casa cuando tus hijos no llegan? “Son las 10:00 de la noche, ¿dónde están sus hijos?”. Es el día del Señor, ¿dónde están tus miembros? Algunos, hasta en su mente y corazón, ya se apartaron de la iglesia, pero ni siquiera tuvieron la cortesía de decir: “No me esperen”. Miren, uno de los duelos más tristes es el duelo del desaparecido.

¿Saben cuál es el duelo del desaparecido? Una persona de la cual tú no sabes si se murió o si está viva. Tú no sabes si está enfermo, si está preso, tú no sabes si tú estás en su corazón, en su agenda o no lo estás. La persona solamente se fue sin causa. Es la gente que no llega a su casa y no dio explicación alguna, no se sabe por dónde anda, desaparecieron solamente.

Y podemos decir que eso, cuando se hace a conciencia, es una abierta desconsideración a la familia. ¿Y quién es el que tiene la responsabilidad de avisar? El que no va a llegar. Lo normal es que usted esté aquí, que usted llegue, si usted está enfermo, para que oren por usted; si usted va de viaje, para que su iglesia lo sepa; si tiene alguna limitación que le impediría llegar, algo tan básico como un pasaje, o algo tan complejo como que usted tiene un cónyuge inconverso que probablemente le pone dificultades para congregarse.

Por lo menos ponga al tanto al liderazgo de su iglesia de qué es lo que está pasando. Por favor, hermano, tome esto con amor, aunque quizá se sienta confrontado. Si su familia le está llamando, significa que somos familia, que le estamos amando. Si su ciudad le está convocando, significa que su ciudad le considera parte. Pero yo quisiera que en algún momento dejemos de llorar, hermanos, y pongamos los ojos en el futuro.

Porque no podemos pasarnos aquí 15 años llorando porque alguien desapareció. Yo le pregunto, hermano: ¿qué significa para ti el día del Señor? ¿Qué es el día del Señor? “Bueno, el día del Señor es que los domingos nos reunimos en la iglesia, si podemos”. ¿Qué es el día del Señor para ti? ¿Realmente tú entiendes que tu Señor tiene un día? ¿Realmente tú entiendes que tu Señor merece adoración? ¿Realmente entiendes que esto es prioritario?

“Bueno, el día del Señor es el domingo en que yo voy a la iglesia…”. Hermano, el día del Señor es un día especial, particular, que los cristianos consagramos para adorar el nombre de nuestro Dios, y hacemos ingentes esfuerzos para que nada bloquee el día del Señor.

¿Qué significa para ti el día del Señor?

Situaciones de salud, situaciones de enfermedad, caos, asuntos de causa mayor, hermano, claro que pueden aparecer. Pero por el día del Señor usted debe luchar. Usted debe querer congregarse, debe tener la disposición de hacer ajustes. Aquí está el problema: “Bueno, es que yo voy a luchar porque el pastor me dijo que tengo que hacerlo…”. Hermano, si es así, no lo haga.

Ahora, yo le pregunto: ¿a usted le importa su Señor?, ¿a usted le importa el pueblo de Dios? Hay gente que termina unos amores, o se dañan unos amores, por cosas como esta: el muchacho está en algo y la muchacha quiere realmente avanzar, y él le dice: “Yo voy a venir a verte solamente en el mes de noviembre”. Si la muchacha es responsable, le dice: “Tú estás terminando los amores”.

Todo lo que tú estás diciendo es que tú no quieres ser parte de una dinámica conmigo. Una mujer responsable, si el marido le dice: “Mira, yo voy a tener que hacer un trabajo en el extranjero por tiempo indefinido, yo quizá esté por allá cinco años…”. O sea, tú lo que me estás diciendo es que durante cinco años tú no vas a ser parte de esta familia. “No, pero nos llamamos…”. “Yo no me casé para un Zoom, yo no me casé para una llamada, yo me casé para tener una vida contigo”.

Y los miembros de una familia también lo propio: “Papi, ¿yo vengo cada cinco meses por aquí?” ¿Usted es miembro de esta familia? ¿Usted es parte de esta casa? Esta es tu casa, no es que “por aquí yo estoy más cerca”, esta es tu casa.

Digo esto, hermano, porque pareciera que en estos días el trabajo es la excusa que disculpa cualquiera. Hay hermanos que te hemos traído, que “los pasajes”, que “estoy trabajando los domingos…”. Yo puedo entender, hermano: mira, quizás tú necesitaste de tu trabajo, entendemos, pero también debemos entender que no es tu trabajo el que te sostiene, sino el Señor.

Pero el día del Señor… Entonces yo te pregunto: tú lo que me estás diciendo es que en este año no vas a ser parte de tu iglesia, ¿verdad? “No, yo voy a seguir siendo parte, lo que pasa es que yo no voy a estar allá…”. Hermano, hay que ser parte, no es un asunto formal, es residencia, compromiso en el lugar.

“Ah, tú me estás diciendo que no nos vamos a ver, eso es lo que me estás diciendo, y me lo dices sin ninguna tristeza, sin ninguna carga, como si fuera eso una información que se da: mira, te voy a dejar de ver durante un año”. “¿Y por qué?” “Porque voy a trabajar los domingos”. “Ah, está bien, hermano, nos vemos…”.

Pero entonces me voy yo entristecido y digo: “Pero él no estaba triste…”. Si yo no puedo estar un día, un día, en la casa del Señor, yo me sentiría contrariado. Porque yo te amo, porque tú me importas, porque tu vida para mí es importante. Ahora te pregunto: ¿tú me amas?, ¿tú me quieres ver? “Nos vemos en noviembre, a ver si esos amores prosperan…”.

Hermano, por favor, entienda: son relaciones con permanencia, y usted hace falta. “Ah, es que yo puedo escuchar el sermón por allá…”. Sí, hermano, usted puede escuchar, pero no es solamente un asunto de comer; ser parte de una familia no es solamente un asunto de comer, es un asunto de convivir.

No solo consumir, sino convivir y servir

Lo que aquí está sucediendo sucede con el roce, cuando usted viene a la casa del Señor. Un domingo usted no viene solamente para que le den comida, usted viene para ver a sus hermanos, para ver cómo están. Usted viene para ser parte de esto, para vivir la experiencia de estar aquí, usted viene a edificar y a ser edificado, usted viene a usar sus dones.

“Yo durante, yo voy a estar como un año y medio por ahí, si aparece alguna oportunidad…”. Hermano querido, por favor entienda que importa que usted esté aquí. ¿Qué significa para ti el día del Señor? Ni extranjeros ni advenedizos conocen lo que vive el Señor; los miembros sí.

Pero la gente desea el amor de una iglesia sin el compromiso de sus miembros, y eso es irresponsable. La gente desea una iglesia transaccional, donde ellos sean amados cuando llegan, pero sin compromiso. Usted lo que quiere es servicio al cliente, eso es. A mi total, tú vas a un lugar, servicio al cliente, que parece que te ama y no te ama.

“Estamos aquí para servirle con una sonrisa de par en par…”. Y tú dices: “Usted para nosotros es la persona más importante…”. ¿Realmente? Ay, hermano, yo tuve que participar en una reunión donde un cliente me invitó con un proveedor suyo que lo estaba invitando. Y cuando llegó a la reunión, las personas que le mandaron no lo conocían, y él es el principal cliente en ese asunto para ese servicio.

Oigan, hermano, le hicieron una mala pasada. El cliente llegó, y le trataron como un desconocido, y él dijo: “¿Para qué ustedes me invitaron a esta reunión?”. Y la persona dando vueltas, como que no sabe muy bien, buscando, y al final él dice: “¿Usted no me conoce?”.

Y con la actitud de servicio al cliente: “Estamos aquí porque estamos buscando esto y aquello…”. Y él le dijo: “No, pero ustedes no saben quién soy yo, ustedes no me conocen, ustedes no me están dando un trato… Ustedes deberían primero preguntar a qué usted vino a la reunión, y después verme”. Y él le dijo: “Oye, perdóname, pero yo tengo que irme a otra reunión”, y se fue, y les cerró.

Hay creyentes que quieren una iglesia con servicio al cliente: que usted llegue y el pastor tenga un rostro resplandeciente, y que haya alguien esperándole, y le acomode en una silla, y usted vuelva, y cuando usted se va hacemos todo así. Hermano, aquí la gente importa; usted no es un número, usted no es un registro en una tabla. Usted es un conciudadano de los santos y un miembro de la familia del Señor.

Y lo que queremos darle a usted no es servicio al cliente, lo que queremos darle es una relación de vida con vocación de permanencia, relaciones profundas y no transaccionales. Si usted quiere eso, vaya a ver que en cualquier tienda de esas se lo dan, con un guion bonito; aquí queremos algo más profundo.

La herida de la ausencia y los compromisos del miembro

Frecuentemente la gente dice estar muy dolida porque se desapareció durante seis meses y nadie se preocupó. Ahora, yo me pregunto: ¿no deberíamos nosotros estar igualmente dolidos por el hecho de que durante tantos meses tú no supieras cómo están tus hermanos, si tu iglesia aún existe, si se reúne o no, si tiene alguna necesidad? Tu displicencia y descortesía ofenden al pueblo del Señor.

“Ah, es que nadie me buscó…”. Hermano, Ángel Perdomo número 12. Ángel Perdomo número 12. 809-819-1549. 809-819-1549. El que se desapareció fuiste tú. Quien no llamó fuiste tú. Y el pueblo entonces triste aquí, como con una herida clavada por un hermano que probablemente en este momento no está triste ni está deseando la membresía de una iglesia.

Yo se lo enseñé en los talleres de membresía: un miembro de una iglesia como esta se comprometió a respaldar nuestras actividades con su tiempo. Y, por favor, hermano, si tú no vas a respaldar las actividades, avisen. ¿Cuáles son las actividades principales de esta iglesia, hermano? Tenemos un culto dominical que comienza a las 10:30 y tenemos una escuela bíblica los jueves a las 7:00 de la noche.

Y se espera que los miembros de iglesia estén ahí. “Ah, es que yo no voy a poder llegar…” Avísenle, porque le están esperando, y la gente está entristecida por usted, y usted en otra cosa, hermano, qué feo se ve eso. Los miembros de una iglesia se comprometen a sostener nuestro proyecto con sus recursos materiales, los miembros de una iglesia cuidan nuestro testimonio viviendo de una forma distintivamente cristiana.

Hay un problema con esto: ya que si usted y yo somos hermanos, sus acciones están anunciando mis acciones. Soy solidario con usted. En lo humano, la gente entiende como usted, así como su familia. Dicen: “No, esa familia son así…”. “Los de tal familia son así…”. De la Iglesia Evangélica Pez Mundial, eres tú.

“Ah, que queremos fortalecer el testimonio de la iglesia…”. “Ah, pero eso es el nuevo sermón…”. No, hermano, vamos a caminar todos de manera un poco más correcta, con compromiso, sin displicencia. Esto no es para que usted se sienta acusado, es para que usted revise si realmente está caminando como miembro o como turista.

Iglesia acogedora, pero también comprometida

Ya, hermano, termino, ya voy. Mientras trabajamos para ser una iglesia acogedora –y hablo de una iglesia acogedora en la que cuando el advenedizo viene se siente bien–, al mismo tiempo debemos trabajar para ser una iglesia comprometida. ¿Qué es una iglesia comprometida? Una iglesia comprometida sabe dónde están sus miembros, porque ellos dicen dónde están.

Una iglesia comprometida ve una actitud creciente de cerrar filas con el proyecto de Dios. Las ciudades y las familias comienzan a ser destruidas cuando sus conciudadanos y miembros se aproximan a ellas superficialmente, y lo mismo pasa con la iglesia. Hermano querido, si usted es un miembro, no se comporte como extranjero ni como un advenedizo; sea un miembro, no un turista.

Oraré por la iglesia en un momento. Pero, si por la razón que fuera usted no cree que pueda comprometerse a largo plazo en un proyecto, siga viniendo como advenedizo, que está bien. ¿Me entiende? Eso no ofende, eso está bien: pase de vez en cuando, reciba la palabra, sea bendecido. Pero, por favor, hermano, no se llame miembro, entienda la diferencia.

Que los números que importen sean los números correctos. Que el Señor permita que la membresía de esta iglesia vuelva a su mejor momento. Que en vez de tener una membresía dispersa, tengamos un pueblo, hermano, bien apertrechado para hacer la voluntad del Señor. Que el Señor nos lo permita.

Que nos permita el Señor afirmar a cada uno de los miembros actuales de esta iglesia. Que el Señor nos permita restaurar a los hermanos que están caídos, fortalecer a los que están débiles. Y al mismo tiempo, que nos permita tener limpia conciencia para cuando el Señor nos pregunte. Hermano, un día el Señor de los pastores me preguntará a mí por ti, y yo quisiera saber dónde tú estás.

Un día el Señor me preguntará por ti, hermano, y yo quisiera tener limpia conciencia.

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