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Nuevo Comienzo con Dios - Dios se revela a sí mismo

Éxodo 3

La adoración que Dios recibe comienza cuando conocemos quién es Él conforme a Su propia revelación y respondemos con dependencia, humildad y reverencia. No podemos adorar a un Dios inventado, sino al Dios que dijo: “Yo soy el que soy”.

Predicado6 de enero de 2013
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Pueden ocupar los primeros asientos. Después de este tiempo de enseñanza, terminaremos hoy de nuevo adorando al Señor. En la meta que tenemos en este año, hermano, queremos que la iglesia le preste cosas al Señor. Queremos adorar al Señor con intensidad, queremos cantar muchas canciones, queremos adorarle por medio de la obediencia, queremos tener la actitud correcta delante del Señor. Y este primer domingo del año comenzamos una nueva serie de enseñanzas, la cual hemos titulado “Un nuevo comienzo con Dios”.

Me parece valioso comenzar el año replanteándonos, hermano, y meditando en estas cosas: a qué Dios es que estamos adorando, a qué Dios es que estamos proclamando, cuál es la adoración que hemos estado llevando al Señor y cómo podemos hacer de esto algo mejor. Hoy precisamente estaremos hablando de Dios revelándose a sí mismo. En esta primera enseñanza, quizá la introducción a esta serie de un nuevo comienzo con Dios, acompáñenme en sus Biblias en el libro de Éxodo. Pueden buscar el libro de Éxodo en el capítulo 3. Leeremos desde el versículo 1 y hasta el versículo 18. Es Dios revelándose a sí mismo. Es el encuentro de Dios con Moisés.

Y me parece que en esta lectura podemos nosotros aprender 3 aspectos que podemos convertir en actitudes acerca de la adoración al Señor, y cuál es la adoración que el Señor está esperando de nosotros. Capítulo 3 del libro de Éxodo. Dice así la palabra del Señor:

Apacentando Moisés las ovejas de Jetro, su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.

— Éxodo 3:1–6

Dijo luego Jehová:

Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores, pues he conocido sus angustias, y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo. El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen. Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel. Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte. Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros. Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos. Ve, y reúne a los ancianos de Israel, y diles: Jehová el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me apareció diciendo: En verdad os he visitado y he visto lo que se os hace en Egipto; y he dicho: Yo os sacaré de la aflicción de Egipto a la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo, a una tierra que fluye leche y miel. Y oirán tu voz; e irás tú, y los ancianos de Israel, al rey de Egipto, y le diréis: Jehová, el Dios de los hebreos, nos ha encontrado; por tanto, nosotros iremos ahora camino de tres días por el desierto, para que ofrezcamos sacrificios a Jehová nuestro Dios.

— Éxodo 3:7–18

Oración inicial y tesis: la adoración comienza con una correcta idea de Dios

Permítanme dirigirles en adoración al Señor. En este momento hagámoslo por medio de oración. Nos hemos reunido hoy, Señor, con la intención de proclamarse. Nos hemos reunido hoy, Señor, con la intención de adorarte. Permite que en este momento, Señor, haya una manifestación de nuestra adoración por medio de obediencia, por medio de un cambio de actitud. Permite que en este momento que mi iglesia, Señor, expuesta, en contacto con tu palabra, permita que abramos los ojos a una nueva realidad.

Permite que este primer domingo del 2013, Señor, la Iglesia Evangélica Pez Mundial abra los ojos a la realidad tuya. Que aquellos de nuestros hermanos que están atados adorando de una manera nominal te adoren ahora en espíritu y te adoren en verdad. Aquellos que se han congregado hoy aquí, Señor, con la intención de solamente traer su cuerpo, entiendan cuál es el Dios que en esta iglesia adoramos. Y cuando entiendan, Señor, que es el Yo Soy, el gran Yo Soy, cambia su actitud, Señor, y se manifieste reverencia.

Permítenos, Padre, hoy que cuando analicemos, meditemos, cuando nuestros pensamientos sean conducidos por tu revelación, nuestro comportamiento cambie, nuestras actitudes cambien. Permite, Señor, que adoremos entendiendo al Dios que adoramos. Permite, Señor, que nuestra adoración esté centrada en quien tú realmente eres, de la manera que tú mismo te has revelado. Condúcenos, Señor, en este tiempo de enseñanza, para la gloria tuya y en el nombre de Jesús. Amén.

La adoración que Dios recibe comienza con una correcta idea de quién es Él. Domingo tras domingo, millones de personas se reúnen en un lugar de adoración a Dios y muchos de ellos cantan, pero sólo muy pocos de ellos realmente adoran. Adorar al Señor no es venir a un templo, abrir la boca y cantar canciones. Adorar a Dios comienza con entender a qué Dios es que estamos dirigiendo nuestras canciones.

Esta es la adoración que Dios recibe: cuando conocemos realmente a Dios en su majestad, su grandeza y su misericordia para con nosotros es que podemos adorarle correctamente. Cualquier persona canta, pero solamente algunas personas adoran. En esta lectura hemos visto a Dios comenzando un nuevo momento en la historia de Israel. Dios estaba comenzando un nuevo momento en su relación con ellos; cumpliría su promesa dada a Abraham de entregarles la tierra prometida. Todo comenzó con Dios revelándose a sí mismo y, al hacerlo, estableció el fundamento para su correcta adoración.

Hermano, no fue que aquel pueblo de Israel se inventó un dios y comenzó a adorarle; no fue eso. Fue que el único Dios verdadero se reveló a este pueblo y les dijo: “Este soy yo”. Y cuando Israel entendió quién era Dios, entonces Israel pudo adorar en espíritu y en verdad.

Conocer al Dios verdadero para adorarle en espíritu y en verdad

Cuando leo los salmos, hermano, entiendo que la adoración contemporánea está muy alejada de la adoración antigua, y no es porque el ritmo sea distinto. Realmente nosotros no sabemos cómo sonaba la música en el antiguo Israel, no sabemos. Pero cuando veo la letra de esos salmos, llego a la profunda conclusión de que quien quiso escribir ese salmo realmente había conocido a Dios personalmente. Y lo que la música de Israel decía realmente era lo que Dios mismo ya había dicho sobre Él.

Quiero animar a la iglesia a la adoración en este mes, hermano, pero quiero decirte que para poder adorar a Dios tendrás que conocer quién realmente es Dios. Es imposible adorar a Dios en verdad cuando tu dios es un invento. Es imposible adorar a Dios en verdad cuando tú no sabes quién es Dios. El Señor comenzó su nuevo momento con Israel revelándose a sí mismo, y cuando se reveló entonces Él les dijo: “Entonces ahora adoren”.

En este encuentro de Moisés con la zarza ardiente he dividido esto en 3 partes. Lo primero que quiero enseñarles es que Dios fue quien tomó la iniciativa de la revelación, no nosotros, y para conocer a Dios tenemos, hermano, que tener una profunda dependencia. Lo segundo: lo que conocemos de Dios hoy debe coincidir con lo que Dios reveló ayer. Nosotros que somos una nueva generación de cristianos no vamos a conocer a un dios nuevo; conoceremos al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Y lo tercero es que cuando realmente conocemos a Dios respondemos con temor, esto es, reverencia.

Y yo asumo que si acaso no somos tan reverentes como podemos ser, lo que significa es que no hemos conocido a Dios tan profundamente como lo podemos conocer. Que si realmente nuestra congregación entendiera cuál es el Dios al cual estamos sirviendo, en vez de una adoración nominal tendría una adoración profunda. Temblaríamos ante su presencia.

Cantamos, hay una canción que dice: “Yo quiero ver al Señor, yo quiero verle, yo quiero verle”. Hermano, yo leí en esta semana de un hombre que vio al Señor. Se llamaba Isaías. Este hombre se encontró con el Señor en el templo y cuando él fue al templo, él dijo que sus ojos vieron al Señor y que su presencia, hermano, era tan inmensa que era como que las vestiduras del Señor llenaban todo el templo. Y ¿saben lo que él dijo? “¡Ay de mí, moriré, porque soy un hombre de labios inmundos!”. Y el Señor tuvo que mandar un serafín a que tomara un carbón encendido y lo pusiera en sus labios para que él pudiera expresar una adoración correcta delante del Señor.

Hermano, mi oración en esta semana es que el Señor purifique los labios de esta congregación, que el Señor nos permita purificarlos para que le adoremos de una manera tal que el Señor nos reciba. Tres cosas veremos, y cada una de ellas anuncia una actitud. Lo primero: Dios tomó la iniciativa en la revelación, no nosotros. El cristianismo no es una religión inventada, fruto de la mitología, la ignorancia o lo ingenuo, sino revelada por iniciativa de Dios. Nuestro Dios es quien es, y su existencia no depende de nosotros; dependemos de Él para conocerle.

Dios toma la iniciativa: la revelación no es invento humano

Dios estaba ahí, Dios cabía en esta isla antes de que llegaran los conquistadores, y los taínos tenían sus deidades. Y yo les voy a decir cómo era que los taínos conocían sus deidades. Hay una planta alucinógena que se llamaba cohoba, que ellos molían eso y lo aspiraban. Y cuando lo aspiraban, entonces entraban en alucinaciones, y lo que ellos veían entendían que eso era dios. Eso es un invento. El cristianismo no es así. Los griegos tenían su panteón y sus deidades; ellos tenían el dios del fuego, el dios del agua y tenían hasta un escalafón entre esos dioses. Cuando el cristianismo entró en contacto, hermano, con la mitología griega, la dejó en ridículo. Los griegos inventaron sus propios dioses.

Pero en este tiempo no estamos muy lejos. En este tiempo dicen que hay más adoradores que nunca. La gente se ha inventado su propio dios y quiere adorarlo de sus propios medios. Quiero establecer claramente que si acaso en esta iglesia adoraremos correctamente, tenemos que comenzar adorando al Dios correcto. No el dios que se inventó Rafael Pérez, no el dios que tú tienes en tu imaginación, no es el dios creado; es el Dios que existe por Él mismo, el que se reveló. Y que si acaso Él no se revelara, hermano, todavía hoy estuviéramos nosotros dando tumbo.

“Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó de en medio de la zarza y dijo: ‘Moisés, Moisés’. Y él respondió: ‘Heme aquí’”. Cuando Moisés se encontró con su gente él no dijo: “Hey, tengo un dios nuevo y vine a traérselo”. No. Moisés no dijo: “Yo encontré un dios nuevo por ahí, miren”. No, no, no. Lo que él les dijo fue: “Dios se encontró con nosotros, nos ha llamado, y nosotros lo que hemos dicho es: Heme aquí”.

Quizá tú consideras que estás adorando al Dios correcto. Yo también entendía eso, hermano. Me doy cuenta de que Dios realmente existe, pero al día de hoy la gente de casi todo el mundo tiene una idea de dios muy propia, a veces con ligeras distorsiones, pero casi todo el mundo tiene una idea de dios. Y yo me pregunto, ¿de dónde la sacaste?

Bueno, “mire, de chiquito me enseñaron que existe un dios, realmente yo soy una persona muy temerosa de Dios”. Y yo le pregunté: “¿Y cómo tú conociste ese dios? ¿Y cómo es ese dios que tú estás adorando?”. “Bueno, el dios que todo lo sabe, el dios Dios”. No, no es “dios Dios”. ¿Cómo conociste las características de ese dios? “No, yo me lo inventé”. Eso sucede, hermano, casi como el amor; la gente se lo atribuye a cualquier cosa, también a dios. La gente se inventa un “ser divino” que está por allá arriba y cualquier cosa que yo diga a él le encaja.

Dios no es lo que tú quieres que sea; Dios es lo que es. Y lo que nosotros sabemos de Dios no son los atributos que nosotros le asignamos a Dios alegremente; lo que nosotros sabemos de Dios son los atributos que Dios, misericordiosamente, nos ha revelado. Si vamos a adorar en esta iglesia al Dios correcto, tenemos que entender la manera en que el Dios correcto se ha revelado a su pueblo. El cristianismo es una religión de revelación. Hay que ser poco creativo para eso, hermano.

Tengo quejas: siento que los compositores de música cristiana se están inspirando mal. Se inventan cualquier dios y comienzan a decirle cualquier cosa. Yo, que he conocido al Dios de la Biblia, cuando escucho esa canción, me pregunto: “¿Acaso le conoces? Si conocieras al Dios de la Biblia, no le cantarías así, porque eso lo ofende. ¿Acaso le conoces?”.

¿Te has visto tú en la necesidad de enviarle una tarjeta de regalo a una persona que no entiendes, una persona que no sabes quién es? Miren lo complicado: tú envías regalos a personas que tú no conoces y te preguntas: “¿Le agradará esta cosa? ¿Será el regalo ofensivo?”. Les pongo un ejemplo: a quienes nos gustan los libros pensamos que para todo el mundo un libro es un gran regalo, ¿no? Hay personas que quizá otra cosa sería para él más agradable que un libro. ¿Conoces tú la persona a la cual estás intentando agradar por medio de ese regalo? Si no le conoces, no lo envíes.

Hay que tener cuidado, porque la gente quiere adorar a Dios diciendo cosas, y yo me pregunto: antes de decir cosas, hay que saber a quién se las estamos diciendo. Antes de pretender adorar a Dios tenemos que entender a qué Dios es que estamos adorando. Es más, yo presupongo que nuestra adoración es tan repetitiva porque realmente nosotros no hemos conocido a Dios profundamente. Yo busqué, hermano, que desde el principio de los 90 hasta acá casi toda la música cristiana dice: te alabo, te alabo; te amo, te amo; te adoro, te adoro. Yo me imagino a Dios en el cielo harto de eso ya: “¿Hasta cuándo van a estar repitiendo lo mismo? ¡Que me conozcan para que me adoren en espíritu y en verdad!”.

Adorar al Dios revelado, no al dios “a mi manera”

¿Cómo vamos a adorar al que no conocemos? El Dios que en nuestra iglesia queremos adorar es al Dios que misericordiosamente se reveló a nosotros. Y cuando entendemos quién es Dios, cuando entendemos quién es Dios, hay palabras nuevas, hay actitudes nuevas, hay emociones nuevas, hay una nueva creatividad. Yo diría, hermano, que esta adoración incorrecta que es tan popular en este tiempo no es incorrecta por ser irreverente; es incorrecta por ser un poco tonta.

Antes se usaba una tarjetita grande, casi del tamaño de una tarjeta de crédito, que la vendían en las farmacias. Era la tarjeta que los enamorados regalaban: iban a la farmacia, compraban una tarjetita de estas que decía un mensajito bonito y atrás ponían su nombre. Hermano, cualquier persona con dos dedos de juicio se sentiría ofendida porque le regalen un asunto así. Ponle algo tú. Manifiéstame tú algo: “Nuestro amor es tal cosa, tal cosa, será para siempre”, y atrás tu nombre. Yo te diré si realmente tú conoces a la persona. Por lo menos tú lo motivas, tú le podrías decir: “Mira, esta tarjetica dice tal cosa y como nuestro amor es tan especial, entonces…”. Usted me capta el punto: cuando tú conoces a Dios, si la adoración no es nueva, por lo menos está motivada de una manera distinta.

Expresiones de una religión inventada. ¿Han escuchado personas que dicen: “Mira, yo amo mucho a Dios, pero a mi manera”? ¿Has escuchado tú gente que dice eso? “Sí, sí, yo amo mucho a Dios, pero a mi manera”. Vengo a derrumbar eso porque la adoración que Dios espera no es una adoración “a nuestra manera”, sino a la manera suya. Y lo que Dios hizo fue revelarse como Dios realmente era, y cuando Él se reveló así, les dijo: “Ya que tú sabes quién soy yo, entonces adórame como yo soy”.

Mira, por acá son muy rigurosos en eso. Yo tengo una relación con el Señor que es muy particular; eso es entre Dios y yo. “Es una relación tan particular que Él y yo tenemos, y Él y yo nos conocemos y hablamos”. Estás hablando al vacío. Estás perdiendo tu tiempo. Dice la Escritura que nuestras oraciones así no suben. O sea, tú estás clamando a un dios que tú te inventaste, a la manera que te inventaste tú. No pierdas tu tiempo.

La relación con Dios, nadie tiene una relación con Dios “particular”. La relación con Dios siempre ha sido una revelada. Dios siempre se ha manifestado de manera colectiva y ha buscado pueblo para revelarse, generaciones para revelarse. No fue que Moisés bajó de allá y dijo: “Miren, ahora yo tengo un dios que es particular para mí, y ustedes adoren al que quieran”. No. Él dijo: “Yo he conocido al Dios al cual tenemos todos nosotros que adorar”. La relación con Dios no es particular. Si tú tienes una relación con Dios que solamente entienden tú y el supuesto dios al cual tú estás adorando, lo más probable es que no estés adorando al gran Yo Soy, sino a una realidad particular que inventaste para tu propia expectativa.

Hay gente que quiere buscar la experiencia cristiana rechazando la doctrina cristiana. Hermano, cantar es emocionante, sí, es verdad. Ser parte de una iglesia es un asunto chulo. Yo tengo mi iglesia a la cual yo me congrego y yo participo de toda esta parte como del suspiro de la vida cristiana, pero yo ignoro totalmente la doctrina cristiana. Hermano, la religión cristiana no es una religión de “yo siento y hago”; es una religión de “yo conozco y obedezco”. Eso es distinto.

¿Cuántos cristianos andan por ahí tratando de obedecer a Dios a sus propios términos? ¿No fue ese el problema de Saúl? Dios le exigió a Saúl que le obedeciera, que le adorara por medio de la obediencia. Saúl fue y ejecutó el mandamiento de Dios parcialmente. Y el Señor le mandó al profeta Samuel. Y cuando el Señor le mandó al profeta Samuel, le dijo: “Saúl, el Señor te pidió a ti que hicieras tal cosa de tal modo, ¿por qué no lo has hecho?”. “Sí, Samuel, yo lo hice… a la manera mía. Samuel, lo que pasa es que tú eres muy riguroso; a la manera mía yo lo hice”. El Señor le había dicho: “Ve y destruye a ese pueblo”, y Saúl andaba desobediente. Él fue y cogió un fin del pueblo, cogió lo mejor, sacó tal cosa; él destruyó, él obedeció al Señor según sus propios términos, lo que él entendía que había que hacer.

¿Y saben qué le dijo Samuel, con dolor, me imagino, al profeta diciéndole: “¿Se complace Jehová tanto en los sacrificios como en la obediencia?” No es la obediencia al Señor mejor que los sacrificios, y el estar presto a hacer su voluntad mejor que la grosura de los carneros. Ten cuidado, Saúl, porque tú estás adorando a Dios a tu manera y no a la manera de Dios. Y lo mismo tengo que decirle a esta congregación: quizás aquí hay personas que quieren adorar a Dios, pero a sus propios términos: “Yo voy al paso, yo lo hago según entiendo”. Hermano, si vas a adorar a Dios, no busques solamente la experiencia; busca la doctrina de Dios y adora a Dios según sus términos.

La revelación de Dios: parcial, suficiente, progresiva y consistente

Es lo primero que tengo que decirles, hermano, y digo esto con carga. El Señor espera una actitud de dependencia. Lo que sabemos de Dios es lo que Dios mismo se reveló. Este término “Yo Soy” tiene profundas implicaciones. Eso iba a estar en la memoria de Israel durante años: Yo Soy. Dios estaba revelando algo que me parece un poco técnico, pero necesario. Esto es útil para la adoración verdadera: son cuatro características de la revelación de Dios.

Mira, la revelación de Dios siempre ha sido parcial. Hermano, tú no vas a conocer a Dios ahora mismo totalmente. Hay gente que está esperando aquí que Dios se le revele totalmente para comenzar a obedecer a Dios parcialmente. No. Dios se revela parcialmente y tú le obedeces totalmente. Así es que va. Hay gente que dice: “Mira, a mí Dios me parece medio confuso, yo todavía como que no sé”. Siempre te va a parecer así. Él es inmenso, Él es grande, Él es trascendente. Él es el único ser increado que vas a conocer, y conocer a Dios solamente, hermano, ya eso es un gran privilegio. Ahora, pedirle que se revele totalmente, ¿quién eres tú?

Yo a veces me siento como un poco desconsiderado por las compañías que me llaman a ofrecerme cosas por teléfono y comienzan a pedirme datos personales. Me están llamando para ofrecerme un servicio, quieren que yo se lo compre y entonces me preguntan: “Dígame dónde usted vive, dígame su estado civil, dígame tal cosa”. Y yo le pregunto: “¿Y tú estás casada? ¿Cuánto te pagan ahí donde tú estás trabajando? ¿En qué horario tú trabajas, a qué hora tú sales?”. “No, señor, no estoy autorizada para responder eso”. “Ni yo tampoco”. Y yo cuelgo.

Hay gente que quiere coger a Dios y que Dios les revele: “Dime dónde tú naciste, dime quién tú eres, dime dónde tú estabas”. Hermano, lo que sabemos de Dios es que Dios se estuvo revelando consistentemente a los patriarcas. Comenzó con Abraham, después con Isaac, después con Jacob, después con Israel allá en el desierto; después le dio su ley, y Dios es quien ha dicho: “Este soy yo. Ustedes no me descubrieron, fui yo que elegí revelármelos a ustedes”.

¿Y cómo esto implica nuestra adoración? Sin importar que lo que nosotros sepamos de Dios no sea total, Dios está esperando de nosotros una adoración completa, una obediencia completa. Dice la Escritura que lo que conocemos ahora mismo, en parte, eventualmente conoceremos plenamente, pero ese momento no ha llegado. Hay preguntas. Yo he sabido de personas que se van al mundo porque no pueden responder una pregunta. Hay decisiones que Dios ha tomado a lo largo de la historia que yo todavía no las entiendo completamente. Y, sinceramente, le digo: perdí ya la expectativa de que yo ahora mismo voy a conocer eso.

Hay preguntas que cuando uno lee la Biblia dice: “Óyeme, pero tú estás como…”. Hay cosas que yo no entiendo, hermano, no entiendo de la revelación de Dios, pero ¿saben qué yo hago cuando eso sucede? Yo digo: mira, la mente de Rafael Pérez es como una pelota de jugar bolas. La mente de Dios, hermano, es como una pelota de playa. ¿Yo voy a intentar meter la mente de Dios en la mente de Rafael Pérez? Gracias a Dios que no lo he intentado, porque se me va a romper. Dios no cabe en mi razonamiento, hermano. La revelación de Dios es parcial, pero al mismo tiempo es suficiente.

Es suficiente, hermano. Lo que Dios espera de ti está claro ya. A los guardias les enseñan a recibir órdenes suficientes: “Mire, vaya allá y lleve eso”. “Bueno, pero ¿y no tenemos que…?”. “Llévelo, ya”. Lo que Dios nos ha dicho a nosotros no es ambiguo. Quizás hay ambigüedad entre nuestro conocimiento de Dios, tomando en cuenta lo grande que es Dios y lo pequeños que somos nosotros, pero lo que Dios espera de nosotros en cada dispensación es claro.

¿Acaso no le dijo Dios a Adán y a Eva que no comieran del fruto prohibido? ¿Era ambiguo el mandato de Dios? ¿Conocían Adán y Eva a Dios totalmente? No, no lo conocían, pero sabían lo que Dios esperaba de ellos. Sí, lo sabían claramente: que no comieran del fruto prohibido. Y cuando pecaron, el Señor les dijo: “¿Acaso no les dije yo que no comieran del fruto prohibido?”. Adán tenía un conocimiento de Dios parcial, pero de la voluntad de Dios para él, total. Eso significa, hermano, que la revelación del Señor, aparte de que es parcial, es suficiente.

Lo que Dios espera de Rafael Pérez, hermano, está claro. La Escritura en más de un lugar lo dice. “Mira, yo no voy a obedecer a Dios porque es que Él a veces dice una cosa y después la otra”. Ese no es Dios. Lo que Dios dice, hermano, lo dice aquí, lo dice allá. Dice que en Él no hay sombra de variación. Esas son excusas baratas que utilizamos los seres humanos para esconder nuestra responsabilidad delante de Dios: “Dios es muy complejo, Dios es muy confuso, la vida cristiana no es para todo el mundo, eso yo no lo entiendo bien”. Tú sí sabes bien lo que el Señor espera de ti. Lo que pasa es que alegas ignorancia para no hacer lo que tienes que hacer.

Es progresiva. ¿Qué me refiero cuando digo que es progresiva? Miren: Abraham conoció de Dios lo que Dios le reveló a Abraham. Isaac conoció de Dios lo que Dios le reveló a Isaac más lo que Dios le había revelado a Abraham; y luego Jacob conoció de Dios lo que Dios le reveló a Jacob más lo que Dios le reveló a Isaac más lo que Dios le reveló a Abraham. Moisés sabía de Dios lo que Dios le dijo a Moisés más lo que Dios le dijo a Jacob, más lo que Dios le dijo a Isaac, más lo que Dios le dijo a Abraham. Hermano, después vinieron los profetas; lo que sabían en tiempos de Cristo acerca de Dios era lo que el Señor había dicho por medio de la ley, por medio de los profetas, por medio de Moisés, por medio de Jacob, por medio de Isaac, por medio de Abraham.

Es progresiva: cada generación conoce a Dios más claramente. Sorpréndase, pero usted conoce el plan de Dios de manera más perfecta que lo conoció el rey David. ¿Acaso vio David el misterio de la cruz? ¿Acaso vio David a Cristo glorificado, hermano? ¿Acaso vieron los patriarcas a Dios haciéndose hombre? No. Ellos lo que vieron fue un destello, algunos una luz. Hubo otros. Hermano, nosotros, después de ellos, vino una generación en la cual Cristo estuvo en medio de ellos durante 33 años. Bueno, eso es un montón de tiempo, más de la edad que tengo yo ahora mismo. Estuvo Cristo en medio de nosotros dándote testimonio de quién era Dios. Y después de eso, entonces, el Cristo glorificado se apareció por allá al apóstol Juan.

Conocemos a Dios parcialmente según aquello que Él nos ha revelado, pero lo que conocemos es suficiente para hacer su voluntad. Su revelación nos ha sido dada progresivamente a lo largo de la historia hasta alcanzar su mayor claridad en Cristo. Pero todas sus revelaciones, de Génesis a Apocalipsis, hasta Juan, aquí viene la cuarta característica: son consistentes. No era diferente el Dios que conoció allá Moisés en medio de una zarza ardiente al Dios que conoció Abraham. No era diferente el Dios que conoció Isaac en el templo al Dios que conoció Ezequiel en su visión. No era diferente ese Dios que conocieron Adán y Eva cuando hablaban con Él, al Dios que se hizo hombre y del cual Juan decía que no era digno de desatar la correa de su calzado.

Dios se ha revelado progresivamente, hermano, pero Dios siempre ha sido igual. Una característica de Dios es que Dios es inmutable; no cambia, hermano. Y eso es una verdad que a nosotros nos ayuda mucho, porque si sirviéramos a un dios que hoy sea cuadrado y mañana triangular, y pasado mañana redondo, a un dios, hermano, que hoy sea como un octágono y mañana sea como otra figura geométrica, gran problema tendríamos. Pero la forma en que adoraron a Dios los antiguos, y Dios recibió con agrado su adoración, es la misma forma en que podemos adorar a Dios los contemporáneos, y Dios también recibirá nuestra adoración.

Doy mi primer punto, hermano: la adoración a Dios hay que partirla de su entendimiento. Sabemos de Dios lo que Dios nos ha revelado, y eso nos hace dependientes. Dependientes de que tu adoración no es a la manera tuya. Tú dependes de conocer a Dios para adorar a Dios correctamente. Y este Dios que se reveló, ¿quién Él dijo que era? Él dijo que era: “Yo Soy”.

“Yo Soy el que Soy”: el Dios autoexistente, eterno e incomprensible

¿Qué le había preguntado Moisés? ¿Qué le preguntó? “¿Qué nombre les diré que me ha enviado?”. Y Jehová le dijo. Hermano, eso tiene su sabiduría. Los egipcios eran paganos. Israel había vuelto al paganismo. “¿Y quién eres tú? ¿Tú eres el dios de la luz, tú eres el dios del agua?”. “Ninguno de esos. Yo Soy el que Soy”. Lo natural sería pensar que a Moisés se le reveló una de las deidades que ya se conocían. Y ¿saben qué le dijo Dios? “Mira, cuando te pregunten quién fue que se te reveló, tú les dices: se me reveló el que es. Yo Soy el que Soy se me reveló”.

“¿Pero cuál eres tú? ¿Tú eres Zeus, tú eres cuál, tú eres Brahma, cuál eres tú?”. “Yo Soy el que Soy. Tú no me vas a poner nombre. ¿Quién eres tú para ponerme nombre? ¿Tú me creaste? No. ¿Tú me conocías antes de que yo te me revelara? No. ¿Para qué te voy a dar un nombre si no tendrías un punto de referencia?”.

Hermano, miren ese asunto de “Yo Soy el que Soy”. ¿Usted quiere conocer a Dios y adorarle correctamente? Entienda que está adorando a Aquel que dijo: “Yo Soy el que Soy”. Tú no estás adorando el osito que usan en Asia, esos muñequitos que hacen así. Tú no estás adorando al señor barrigoncito que le ponen la cosa alrededor. No, no, no, no. Tú estás adorando a uno que, con tus propios medios, no le podías haber adorado. Estás adorando a uno que, con tus propias fuerzas, no le podías haber conocido. Estás adorando a uno que trasciende el tiempo y el espacio.

Yo leí, uno de los últimos libros que he leído es la biografía de Albert Einstein que escribió Isaac… no recuerdo ahora el apellido del historiador, pero él hizo esta biografía, hermano. Y cuando él explicaba lo que era la luz, el espacio y el tiempo, yo digo: “¡Guau! Pero yo estoy hablando de un Dios que yo no podría colocarlo en medio del espacio-tiempo”. Un Dios… la luz quizás es el punto de referencia más exacto para definir cualquier otra magnitud física. Tú estás adorando al Dios que hizo la luz, y ¿cuál es tu punto de referencia para entender a Dios? Ninguno.

En física, las magnitudes, el punto de referencia más fijo es la velocidad de la luz. Y lo más nuevo que hay en física es la teoría de cuerdas, y la teoría de cuerdas y otras manifestaciones, pero miren: ni la teoría de la relatividad ni la teoría de cuerdas, todas ellas necesitan tener un punto fijo a partir del cual se definan todas las demás magnitudes. ¿Y quién es Dios? El Dios que creó las magnitudes. ¿Para qué te voy a dar mi nombre si tú no tienes un punto de referencia?

Estás adorando, miren, las cuatro cosas que significa “Yo Soy”: el autoexistente, eso significa “Yo Soy”. No lo intentes. Tú eres un ser creado, y un ser creado no puede dimensionar en su mente a un ser increado. ¿Dónde comienza un círculo? ¿Alguien sabe dónde comienza el círculo? Dele la vuelta con el dedo y búsqueme dónde comenzó el círculo. ¿Porque el círculo comenzó? “Yo Soy” significa, hermano, el autoexistente.

La existencia de los dioses de la mitología griega dependía de que los hombres adoraran a esos dioses. Cuando los hombres dejaron de adorar a esos dioses, los dioses desaparecieron. El Dios de Israel, durante 400 años, se olvidaron de la adoración a Dios, y ¿saben qué pasaba con Dios? Dios seguía siendo Dios. Tú puedes cerrar los ojos a la realidad de Dios y Dios va a seguir sentado, hermano, en su trono. Hay gente que es ignorante, hay gente que es necia y dice: “No, yo me voy a hacer de cuenta que Dios no existe”. ¿Importa a Dios que tú digas que Él no existe? Dios sigue existiendo. Tú cierras los ojos y Dios sigue estando ahí.

El eterno e inmutable. No lo busques en tu mente, hermano, que no tiene un punto de referencia. Tú no eres eterno, tú eres temporal. Y un hombre temporal, el cual su existencia nunca ha sido más de 900 años, y en los últimos tiempos casi ninguno llega a 100, ¿cómo dimensionamos a un Dios eterno que no tiene comienzo ni tiene fin? Eso nosotros lo sabemos por revelación, hermano. Un físico no encontró esta magnitud que dijo: “Mira, Dios es eterno”. No. Dios dijo: “Yo soy eterno”. Y nosotros, que somos seres temporales, no podíamos entender eso. Nosotros lo entendemos por fe, hermano, por convicción.

El incomprensible. Yo recuerdo que en mi adolescencia yo quemé mucha energía tratando de entender los misterios de Dios, hermano. A la primera que yo le agoté la fuerza fue a mi mamá. Mi mamá era mi referencia como cristiana y yo le decía: “Mami, ¿y cómo es esta cosa? ¿Qué dice aquí esto y cómo eso se explica?”. Y ella trataba, hermano, ahí de ayudarme. Yo iba donde mi mamá y le decía: “Mami, ¿cómo es esto? Mira, dile a Dios que tal cosa… ¿y qué significa eso?”. Le agradezco que ella hacía el esfuerzo de explicarme, pero llega un momento que yo siento que la saturé y comenzó a decirme: “Eso hay que preguntárselo al pastor. Esa pregunta hay que preguntársela al pastor”. Yo no le había dado vacaciones.

Yo recuerdo que terminé el bachillerato, me instalé en la escalinata de la iglesia de Lucerna, y yo estaba ahí, hermano, con un fajo de preguntas. Llegaba Parra en su carrito; no recuerdo exactamente el modelo, tenía un Toyota station. Él llegaba en su carrito, manejándolo, parqueaba el carro; ahí estaba Junior sentado en la escalinata con mi fajo de preguntas: “Pastor, yo quiero que usted me diga aquí esto y yo quiero que usted me explique tal cosa”. Preguntas que yo tenía, por ejemplo: “¿Y qué pasó con los gigantes aquellos de que se juntaron los hijos de Dios con las hijas de los hombres y salió una generación de gigantes? ¿Y Matusalén? ¿Y Melquisedec? ¿Que recibió los diezmos de Abraham? ¿Y quién era Melquisedec?”. Y Parra, hermano, con su corazón de pastor, me respondía preguntas, pero llega un momento que siento que lo saturé y fue y me matriculó con 15 años en un seminario bíblico. Él mismo me llevó.

Yo tenía 15 años. Él fue, me inscribió. Y recuerdo que murió la directora del instituto, supe hace días, pero recuerdo cuando él me llevó, hermano. Yo siempre he tenido cara de más niño de la cuenta, un muchachito así, y yo fui a estudiar teología al instituto bíblico. El pastor me llevó en su carro, él fue y me llevó con tres hermanos más de la iglesia. Yo vi que a todo el mundo lo inscribieron. Cuando me iban a inscribir a mí, ella le ponía objeciones. Le decía: “Pero es un niño…”. Y le decía: “No, pero…” Yo recuerdo que Parra decía: “Junior, ve sal, ve sal, déjame hablar con Tita”. Así que Parra le decía: “Junior, ve sal, ve sal, déjame hablar con Tita”. Y yo salí, hermano, yo vi a Tita ahí en la oficina, Parra dándole la explicación, y después que yo volví, ya yo estaba inscrito.

Hermano, pero tampoco en el instituto bíblico respondieron todas mis preguntas. Es que Rafael Pérez está adorando desde su juventud aquel Dios que es incomprensible. ¿Usted entiende lo que es adorar a un Dios incomprensible, hermano? Que hay que ser cuidadoso con lo que uno dice de Dios, porque no lo comprendemos claramente. La razón para que la adoración sea según la revelación es que si tú no entiendes lo que Dios ya reveló de Él, tú vas a adorar improvisando. Y tú le vas a atribuir a Dios atributos que no tiene, cosas de Dios que Dios no es. Por eso es que la adoración a Dios tiene que estar ajustada a su revelación, porque si tú eres creativo, terminas adorando al coco, a la palma, a la naturaleza, como dice el libro de Romanos.

Sabiendo que conocieron a Dios, no le adoraron como a Dios ni le dieron gloria, y comenzaron a hacerse sus propias deidades. El que es fiel y veraz. Hermano, en este año estamos hablando de adoración, y yo quiero animarte a que cuando tú adores a Dios seas muy cuidadoso con lo que tú vayas a decir. Miren, estoy animando desde ahora a nuestros hermanos que participan del ministerio musical: sean cuidadosos con las canciones que seleccionen. Y les estoy diciendo a mis hermanos aquí: “Cada vez que ustedes vean un atributo ahí, cada vez que vean un atributo de Dios revelado, sean cuidadosos y cuando tú entiendas lo que significa, dígalo, porque Dios lo dijo”.

Si tú vas a decir que Dios es perfecto, tú no vas a decir que Dios es perfecto porque tú viste su perfección. ¿Cómo tú la viste? Tú vas a decir que Dios es perfecto porque Dios dijo que es perfecto. Cuando tú digas: “Dios es fiel, fiel es Dios, Dios es fiel, otra vez, Dios es fiel”, tú vas a decir “Dios es fiel” porque ya Dios te dijo a ti que Él era fiel. Alguien aquí ha podido constatar empíricamente su fidelidad a través de la historia, pero sobre todo Él dice que es fiel. Cuando tú digas: “Santo, santo, santo”, es porque ya Dios dijo que era santo.

Ese es mi primer punto: que nuestra adoración a Dios tiene que estar ajustada a la revelación de Dios. Lo segundo: humildad. Aquí me voy a mover ya rápido. Pero te diré que lo que conocemos de Dios hoy debe coincidir con lo que Dios ya dijo ayer. El cristianismo es una religión histórica. Si vas a conocer a Dios, tendrás que mirar hacia atrás.

Humildad histórica: el Dios de Abraham, Isaac y Jacob es el mismo de hoy

Todo tiempo aparece un culto nuevo. Alguien ingenioso se inventa un culto nuevo y una manera de adorar una deidad, pero eso poco prospera durante mucho tiempo, porque tarde o temprano los hombres entendemos que eso se cae de la mata. Ahora, el Dios que nosotros pretendemos adorar es el mismo Dios que adoró doña Julia en su juventud. Yo conozco a doña Julia adorando al Señor. Lo que estamos cantando, el himno que cantamos ahorita, que dice… ¿cómo es que se llama la canción? “Que mi vida entera esté consagrada a ti, Señor”. Ese es el mismo himno que cantaba doña Julia en su juventud, allá en el templo evangélico del Dr. Tejada Florentino.

Cuando estamos cantando, hermano, decimos: “Que mi vida entera esté consagrada a ti, Señor, que mis manos puedan guiar el impulso de tu amor. Lávame en tu sangre, Salvador; lávame en tu sangre, Salvador”. Y yo veo a doña Julia diciendo: “Lávame en tu sangre, Salvador”. Hermano, eso es verdad. Desde su juventud y hasta su ancianitud, los bisnietos de ella van a adorar a ese mismo Dios. Lo que yo estoy diciendo con esto, hermano, es que tenemos que ser humildes y entender que el Dios que nuestra generación está adorando es el mismo que las generaciones anteriores han adorado.

Es el mismo Dios que ha sido adorado de generación en generación, y que nuestros antepasados cristianos adoraron a este mismo Dios que adoramos nosotros hoy. No hay que ponerle ni quitarle nada. Vamos a revisarla, sí, pero vamos a revisar. Yo entiendo, hermano, miren, la adoración cristiana, dice la Escritura, el mismo Salmo, que traigamos un cántico nuevo. Pero aunque el cántico sea nuevo, tratemos de que el cántico tenga verdad.

¿Qué implica el hecho de que entendamos que lo que conocemos de Dios hoy debe coincidir con lo que conocemos de Dios ayer? Miren, nuestra religión cristiana no es una religión de tradiciones. Hay una diferencia aquí entre el cristiano protestante y el católico. El catolicismo es una religión tradicional y se hacen las cosas porque se han hecho siempre. Y tú le preguntas al sacerdote: “¿Y por qué es eso?”. “Porque siempre lo hacemos así, porque esa es la tradición, y la tradición…”. Es importante, pero el cristianismo no es una religión tradicional, es una religión histórica. Y tiene su diferencia.

La tradición no necesariamente sucedió. Yo me reí mucho en diciembre porque salió la noticia de que el Papa quitó al buey y al burro del nacimiento. Los quitaron. Salió así mismo: Benedicto dijo que no había burro y que no había buey. Miles de años después, el Papa de Roma escribe un libro y él dice: “Ya no hay burro, no hay buey”. Yo pregunté: “¿Pero cómo es esto, que ponen y quitan las cosas al nacimiento?”. Lo que pasa es que eso es una tradición. El cristianismo es histórico. Nosotros no sabemos si había burros, no sabemos si había bueyes, no sabemos. Lo que sabemos es que el Salvador sí estaba ahí. Eso es histórico.

Si usted tiene un nacimiento, no hay que guardar el burro, no hay que guardar el buey, hermano; esos son asuntos culturales. Lo que nosotros sabemos históricamente es que Cristo nació. Sí había Cristo, sí Cristo. Quiten el burro, quiten la paja. Yo me reía porque en un colegio hubo una controversia porque decían que si acaso los reyes eran así o eran asá. Hermano, no sabemos si había un rey morenito, como algunos han dicho; no sabemos, no sabemos si eran cuatro, si eran tres, si eran seis, no sabemos. Lo que sabemos es que los sabios, hermano, vinieron a adorar al Señor.

Esta es la diferencia entre lo tradicional y lo histórico. Lo tradicional apela a las emociones; lo histórico apela a los hechos. Los cristianos no hacemos las cosas “B” tras “B” porque las hemos hecho siempre; las hacemos “B” tras “B” porque el Señor, en algún momento de su historia, dijo: “Hazlo”. Nosotros no adoramos al Señor domingo tras domingo porque nos parece bonito; adoramos al Señor porque el Señor nos dijo: “El que es digno de recibir la gloria, la honra…”. Por eso le adoramos.

¿Y qué implica esto? “Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob”. Moisés pudo haber entendido que este es “su” Dios, un Dios particular. Ahí está el grupo de personas que tienen para sí un mundo particular. Ahí está el grupo de personas que, al día de hoy, tienen un dios imaginado: “No, yo voy a adorar a un dios que yo me inventé”. No. “Mira, Moisés, Yo vine y no me revelé porque no solamente soy el Dios tuyo; yo soy el mismo Dios que era el Dios de tu padre, el Dios de Isaac, el Dios de Abraham, el Dios de Jacob”.

¿Cómo usamos esto, hermano, cómo lo aplicamos? Miren, tenemos que leer la Escritura con el objetivo de entender cómo Dios se ha revelado a cada generación. Yo te animo a que cuando tú leas el libro, por ejemplo, del profeta Isaías, tú digas: “¿Qué el Señor le reveló a la generación de Isaías?”. Su santidad. Su santidad. Te animo, hermano, a que cuando tú leas la historia de Moisés sacando su pueblo de Egipto, tú entiendas que Dios le reveló al pueblo en ese momento su fidelidad; 400 años después, lo que Dios dijo que iba a hacer, se hizo.

¿Y qué reveló Dios en la generación de los antiguos? ¿Qué les reveló Cristo a sus contemporáneos cuando se hizo hombre? Su amor. “De tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo”. Ah, entendemos que Dios es santo porque se lo reveló a Isaías. Ah, entendemos que Dios es fiel porque se lo reveló a Moisés. Sí, entendemos que Dios es amor porque se lo reveló cuando Él mismo se hizo hombre. También, hermano, adora a Dios en cuanto a lo que Dios se ha revelado.

Pasa tiempo con creyentes maduros. Los nuevos creyentes tienen una mente muy fértil; en su pasión se inventan dioses. Hay muchas personas que tienen tanta emoción y tanta efusividad cuando vienen a Cristo que ellos mismos se inventan la ley y los profetas, hermano, y comienzan y dicen: “No, a Dios yo no le voy a hacer esto ni aquello; voy a glorificar a Dios con un pie adelante, siempre para glorificar a Dios. Entonces me voy a levantar con el pie derecho”. Y tú le preguntas: “¿Y de dónde tú entendiste que se glorifica a Dios levantándote siempre con el pie derecho?”. “Sí, antes de despertar yo me voy a poner atento porque voy a glorificar a Dios sacando primero el pie derecho”. ¿Y dónde es que…? Los nuevos creyentes son así, hermano, son muy emocionales.

Quieren ponerle tanto a Dios. Se parecen a los enamorados nuevos. Los enamorados nuevos hablan tanto embute, hermano. “Y tus ojos, y tu cabello, y tu cuello…”. Y después, cuando uno sigue casado, uno le habla con amor a su pareja, pero ya de manera más concreta. Pasa tiempo con creyentes maduros que te enseñen la correcta adoración. Yo te animo a que tú pases tiempo con creyentes maduros que te digan: “Mira, el Dios al que hay que adorar es un Dios fiel, es un Dios poderoso, es un Dios misericordioso, es un Dios santo”. Pasa tiempo con creyentes maduros que te orienten en tu adoración.

Haz preguntas. Yo veo que la gente, cuando viene a Cristo, seguido quiere que le digan qué es lo que Dios espera de ellos, pero no quiere que le digan quién es Dios. “Mira, yo soy cristiano, yo quiero que tú me digas ahora si yo debería hacer esto o no debería hacerlo”. Lo primero que tú debes saber es: Dios es o no es. Sencillo. Si tú eres nuevo creyente, enfócate en conocer el carácter de Dios. Y cuando tú sepas quién es Dios, ya tú sabes que un cristiano no hace ciertas cosas. Ustedes no pueden entender esto: la gente quiere que le den ordenanzas directas: “Mira, no bebas, no fumes, no visites esto, no visites lo otro, no digas esto, no digas aquello”. No, no, no.

Lo primero que tienes que conocer es: Dios es santo, Dios es fiel, Dios es eterno, Dios es inmutable, en Dios no hay sombra de variación. Conoce primero el carácter de Dios. Cuando conozcas ese carácter de Dios, entonces vas a entender los mandamientos de Dios. ¿Saben por qué Dios puso sus mandamientos? Para que le adoremos correctamente. Por ejemplo, un mandamiento que Dios puso fue: “No matarás”. ¿Pero y por qué? Porque nosotros no somos dueños de nadie. Dios es un Dios creador. Si tú no has hecho a nadie, ¿qué derecho tienes tú a quitarle la vida? Dios es quien pone la vida. Un atributo de Dios es que Dios es creador, y como Dios es creador, te dice: “No matarás”.

Dios nos dice a nosotros, por ejemplo: “No dirás falso testimonio”. ¿Por qué? Porque una de las características de Dios es que Dios es fiel. Dios no dice una cosa y después la otra. Y Él espera… dio un mandamiento porque los mandamientos nos permiten adorar a Dios con precisión. Los mandamientos no existen porque sí; los mandamientos existen porque Dios es así. Mira, cada ordenanza de Dios apela a un atributo de Dios.

Santidad y consagración: quitar el calzado de los pies

Está largo el sermón de hoy, hermano. Y lo que usted no sabe es que todavía falta. Pero yo le pedí que este año me aguanten, hermano, porque yo le oraba al Señor y yo le decía: “Señor, permíteme este año predicar 40 sermones en mi iglesia como si fueran los 40 sermones que yo voy a predicar en mi vida”. No significa esto que yo me voy a morir pronto, hermano, no significa esto que me voy, sino que yo le oraba al Señor para que me permita predicar 40 sermones este año como si fueran 40 sermones finales. Imagínense que el Señor me quiera trasladar a mí para otra parte, que yo me pueda ir de aquí con la satisfacción de decir: “Mira, Señor, yo me encargué este año de decirle a mis hermanos quién eres tú”. Y en 40 sermones les enseñé que tú eras fiel, que tú eras santo, que tú eras…

Es por eso, hermano, que estoy predicando largo. No es para importunarte, es que solamente tengo 40 sermones este año. Busca un hermano mayor. Agradezco a un Parra que cuando yo era nuevo creyente iba a mi casa y me enseñaba quién era Dios. Cuando yo creía que conocía a Dios, Nahum iba con unos folleticos a mi casa y me decía: “Rafael, ¿quién tú crees que es Dios?”. Y después iba al folletico y decía: “Busque en Isaías capítulo 6”. Y él me decía: “Mira, este es Dios”. Me decía: “Junior, ¿qué tú crees que es la santidad?”. Yo decía: “Mira, yo creo que santidad es estar sin pecado”. “Mira lo que dice la Biblia que es santidad”. Eso, habla con un hermano mayor o un líder.

Identifica en tu iglesia a alguien que te pueda mentorear y dile: “Mira, yo quiero que tú me ayudes a conocer mejor a Dios. Pasa tiempo conmigo”. Lee buenos libros. No los busques en la librería cristiana más cercana, no. Las librerías ahora publican los libros que se venden. Normalmente tienen mucho color en la portada, tienen la letra grande y poca sustancia. Pregúntale a un creyente maduro: “Recomiéndame ahí un buen libro en el cual tú entiendas que yo pueda conocer el carácter de Dios”. Y los libros que te voy a recomendar son libros que quizás haya que salirte a buscarlos en algún lugar, que no aparezcan en la librería. La tragedia del libro cristiano es que los mejores libros no se publican; se publican los libros nuevos porque son los que venden.

Pero mira a ver, hermano. Un libro que a mí me marcó el año pasado fue “El fin por el cual Dios creó el mundo”, de Jonathan Edwards. Y cuando yo entendí eso, hermano, yo me quedé con los ojos así, y lo primero fue que yo sentí una profunda humildad. Yo sentí: “¡Guau, Dios, yo siento que tú no te me has revelado a mí como te les revelaste a estos hombres!”. Inicialmente me sentía un poco celoso, hermano. Digo yo: “¿Algún día yo podré escribir como escribía, con la convicción que escribía Jonathan Edwards?”. Y después leí su biografía, hermano, y ¿saben qué entendí? Que Jonathan Edwards no solamente era un escritor, sino que era un hombre de Dios, que buscaba la santidad día tras día, hermano.

Antes de escribir, él se consagraba al Señor y decía: “Señor, aquí está mi pluma, aquí están mis ideas”. Era un hombre, hermano, un hombre que atemorizaba a los cristianos por su santidad. Era incómodo estar al lado de él. Y por eso, hermano, escribió de Dios como escribió. Escucha sus cantos, cómo cantaba la generación anterior. Hay gente que piensa… miren, este himnario, cuando yo hablo de himnario “Gloria y triunfo”, la gente piensa que yo soy un tradicionalista, que me gustan los himnos de “Gloria y triunfo” porque: “Ah, lo que pasa es que eso fue lo que él conoció cuando chiquito, y él piensa que eso…”. No, hermano, esa no es la razón. Esa no es la razón.

Miren, yo tengo el índice del himnario y yo tengo ahí marcados los himnos que yo conozco. Miren qué es lo que sucede: la música cristiana no la puede escribir todo el mundo. El que escribe canciones a Dios es una persona que tiene una estrecha relación con Dios. Los escritores que hicieron estos himnos, hermanos, eran hombres de Dios. En este tiempo casi todos los músicos seculares tienen una canción cristiana. “Mira la canción cristiana de fulanito”. Y ¿saben qué dice? Cacharada, cacharada: “Te amo, te exalto, Dios, Dios te amo, acércate a mí, permíteme…”. Pongo este ejemplo, hermano, con mucho amor porque es un miembro de la iglesia. Miren, si ustedes buscan las primeras canciones que escribió Nicolás para el Señor, y ustedes le piden a él que escriba hoy una canción, yo les aseguro que esa canción hoy, aunque musicalmente no sea mejor, tendrá que ser mejor teológicamente. ¿Por qué? Porque no me diga Nicolás que cuando él tenía un mes caminando con el Señor escribía igual que cuando tiene 4 años caminando con el Señor.

No puede ser, no puede ser. O sea, no puede ser que un hombre que lleva la espalda a Dios, sea correcto o no. Hay gente que se dedica a escribir canciones: “Escríbeme una cristiana y escríbeme una”. Ponen: “Dios, te exalto, te amo”, y muchas cosas en medio. Ahora, hermano, una persona que ha conocido a Dios sabe lo que dice: “Al Alto y Sublime que habita la eternidad, y su nombre es el Santo de Israel; a Él sea la gloria, el honor por los siglos de los siglos”. Eso es lo que dijo Isaías. ¿Usted cree que Isaías era una persona que estaba por ahí dando vueltas y le pidieron que escribiera una canción? No, hermano. Isaías era una persona que se encontró con el Señor, y cuando se encontró con el Señor, ¿saben qué sucedió? Dice él que él vio.

Él vio. Usted sabe lo que vio; usted lea su revelación, búsquelo en Isaías, hermano, qué fue lo que él vio cuando se encontró y se dio cuenta de que estaba en la presencia del Señor. Él vio que por encima de Él había serafines; cada uno tenía seis alas: con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban. Miren los serafines. Eso será algo así como un ángel, pero en vez de dos alas, el Señor le puso seis. ¿Para qué el Señor le puso seis alas al serafín? Él, el serafín, habita en la presencia de Dios, hermano, y dos de esas alas son para cubrir su cara, y las otras dos son para cubrir sus pies, y con las otras dos es que vuelan.

Cuando Dios quiso hacer una criatura para que habitara en su presencia, Él le puso seis alas en vez de dos, para que se tape la cara, se tape los pies, y con las dos que le quedan, con eso vuela. O sea, la santidad de Dios que vio Isaías, hermano, te está diciendo que nosotros queremos adorar a Dios; venimos así, frescos. Y el Señor tiene serafines para su adoración y le hizo dos alas para que se cubran. Cuando Isaías vio, dice: “Yo me voy a morir”. Él dijo: “Me voy a morir, porque yo he visto a Dios y yo soy sucio de labios”. Y los papás de Sansón, cuando vieron al Señor, ¿qué fue lo que le dijo el papá a su mujer? “Recoge, que nos morimos ya, hemos visto al Señor”.

Sé humilde. Dice la Escritura: “Se escribirá esto para la generación venidera, y el pueblo que está por nacer alabará a Jehová”. Termino aquí.

Reverencia práctica: labios limpios y pies limpios ante la presencia de Dios

Cuando realmente conocemos a Dios, respondemos con temor; eso significa reverencia. Bueno, el próximo domingo aquí vamos a tener un culto de adoración. Y no un culto diferente, es el mismo culto que tenemos siempre, pero a mí me gustaría que el próximo domingo, aquí, con un entendimiento de que al Dios que vamos a adorar es el Dios que se reveló a nosotros, vengamos diferentes. Y que cuando entonemos una palabra, usted entienda: “Cuidado con lo que estoy diciendo, porque estoy ante la presencia del Señor”.

Y que usted se cuide durante la semana. ¿Sabe qué hizo el Señor con Isaías? Dice que le mandó un carbón encendido para que le purificara los labios, porque su boca no estaba digna para proferir palabras delante del Señor. Y yo te pregunto a ti, hermano, ¿qué hubiera pasado ahora el próximo domingo? ¿Verdad que tú vienes? ¿Quiénes vienen de los que están aquí el próximo domingo? Me gustaría, hermano, que esta semana tú hagas un esfuerzo de entender: “Mira, el próximo domingo yo voy a adorar a Dios, ¿están limpios mis labios? ¿Están limpias mis manos? ¿Y mis ojos? ¿Y mis oídos?”. Y que tú le digas: “Señor, mira, pásame un carbón por mi cuerpo y purifícame, porque yo quiero adorarte”.

A veces siento aprensión, porque veo aquí a los músicos dirigiéndonos en adoración y el pueblo… a veces hay gente que saca el celular. Yo creo que el Señor me ayuda, pero a veces yo he tenido la tentación de ir, hermano, y quitárselo así y decirle: “Tú estás ante la presencia del ser más digno que hay sobre esta tierra, que se puede posar sobre esta tierra”. He visto gente que viene a la casa del Señor, hermano, y están adorando al Señor, y ellos están aquí pensando en mañana y distraídos.

Yo no me imagino a Isaías ante la presencia del Señor de esa manera. Miren qué hizo Moisés: el Señor le dijo: “No te acerques, quita tu calzado de tus pies, porque el lugar que tú estás, tierra santa es”. Y dijo: “Yo soy el Dios de tu padre”. Entonces Moisés cubrió su rostro. Le doy un truquito: un buen parámetro para tú saber si realmente has adorado al Señor es que tú te sientas sobrecogido por su misericordia. Tú quieres saber si tú perdiste hoy, domingo, tu tiempo, o si realmente tú adoraste al Señor, pregúntate: “¿Me sobrecogió la misericordia del Señor y puedo decir que por su gracia no he sido consumido?”. Porque si Rafael Pérez hoy adoró al Señor y todavía está aquí en pie, parece que la misericordia del Señor es grande, porque Él es santo y yo soy pecador.

Tú quieres saber, cuando vuelvas para tu casa hoy, si tú adoraste hoy al Señor, pregúntate eso: “¿Me sentí un poco atemorizado? ¿Pude sentir la santidad de Dios y mi pecado?”. ¿Tú te has sentido indigno alguna vez ante alguien, que tú sientas que todo el mundo te mira? Que te invitaron a una fiesta y la fiesta era de blanco y tú llegaste con color y todo el mundo de blanco, y tú: “Ay, ay, ay…”. Uno ha querido devolverse. Es lo mismo. Fácilmente uno no entra. Hermano, ¿tú te imaginas ahora mismo al Señor en el cielo, rodeado de ángeles, serafines, diciendo: “Santo, santo, santo”, y todos aquí abajo en la tierra jugando con el celular mientras tanto se está cantando al Señor?

¿Tú has imaginado lo que es los ángeles allá, hermano, diciendo: “Eres santo, santo, santo”, y tú aquí distraído como que nada está pasando? Miren, eso es fuerte, hermano. Lo malo es que el Señor allá, dice Él que sus ojos se posan sobre la tierra buscando hombres para mostrar su misericordia. Que cuando el Señor mira para acá, por allá arriba están diciendo: “Santo, santo, santo”, y tú estás aquí diciendo: “¿A qué hora es que van a terminar de cantar?”. Hermano, les dije al comenzar el culto de hoy que aquí no hay nada, nada, nada que te anuncie la presencia del Señor. Otro atributo de Dios es que Dios es invisible. Él se hace a veces manifiesto, pero naturalmente Él no se ve. Lo que hace santo un lugar de adoración no son los ornamentos, ni la liturgia, ni los adoradores, sino la santa presencia del Señor.

¿Sabes por qué tal lugar es santo ahora mismo? ¿Por qué tal lugar es santo? Porque por convicción sabemos que Dios está aquí. Eso de quitarse los zapatos, hermano, ¿sabes lo que es? “Ay, está el Señor ahí, sabrá Dios lo que he pisado yo por ahí, sabrá Dios la inmundicia que hay en mis pies. Es el Señor, es el Señor que está ahí”. “Sí, sí, quita el calzado de tus pies”. O sea, eso donde se arrastra la inmundicia de la tierra. Eso es lo que le está diciendo, eso es lo que significa.

Hermano, yo no te voy a pedir que vengas el próximo domingo aquí a adorar al Señor descalzo, pero te voy a pedir que por favor dejes la inmundicia fuera. Hay gente que camina hacia la presencia del Señor y dice que no siente nada y dice: “Yo como que no… no sé qué es lo que pasa”. Hermano, es que tú tienes la inmundicia en los pies. No hay una persona a la que la adoración al Señor le parezca más insípida que aquel que está muerto en sus delitos y pecados. La gente dice: “Ay, los muchachos como que no adoraron bien, como que hoy la música como que no tuvo… como que le faltó algo”. ¿Sabes, hermano, qué es? Que tú tienes que quitarte el calzado de tus pies.

Y quizás la inmundicia está ahí, y la caca de perro que quizás pisaste, dejarla afuera y decirle: “Señor, mira, dejé toda la inmundicia, y ahora vengo a tu presencia limpio y te digo: Santo, santo, santo”. Usted me entiende, hermano. No, no es literalmente que te estoy diciendo que vengas descalzo el próximo domingo. Te estoy diciendo que hagas un esfuerzo durante la semana de purificarte. Qué diferente sería la adoración de nuestra iglesia si cuando viniéramos ya a cantar, la gente dijera: “Yo me he estado preparando para adorar al Señor en santidad, y los pecados en los cuales estaba participando, para la gloria del Señor, yo me he apartado. Me he consagrado al Señor”.

Hermano, yo miré esa mata en esta semana y yo estoy esperando ya el domingo una multitud de gente consagrada al Señor que venga aquí, dejó la inmundicia atrás. “Quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es”.

Un llamado final a una adoración con zapatos limpios

El mismo monte donde él anteriormente había estado llevando las ovejas; el monte no es distinto, es el mismo monte. Y después, dice la tradición, la gente siguió ahí llevando animales. ¿Sabes por qué era santo el monte? Porque en el monte estaba el Santo. El lugar donde vamos a adorar el próximo domingo es la misma plaza esta de aquí. Mucha gente come aquí pica pollo, aquí la gente come los sándwiches; es el mismo lugar donde la gente viene entre semana a hacer diferentes cosas. Pero los domingos, hermano, ¿saben por qué este lugar es santo? Porque Dios es santo.

Finalmente, existe una diferencia entre un músico y un adorador. El músico conoce la combinación de los sonidos en el tiempo, y ¿saben qué conoce el adorador? A Dios. Termino aquí, hermano. Díganme: ¿saben cuál es la diferencia entre un músico y un adorador? El músico sabe combinar los sonidos en el tiempo, y el adorador conoce a Dios. En dependencia, en humildad y en reverencia. No todos nosotros podemos ser buenos músicos, pero todos podemos ser adoradores.

Cierre sus ojos un momento, agarre a un hermano que tenga ahí cerca y dígale al Señor: “Señor, santifica a mi hermano. Quita el calzado de sus pies, porque el lugar que él pisa santo es”. Pídele al Señor ahí: “Señor, quita el calzado de mi hermano”. Dile: “Iglesia, consagrémonos al Señor este primer domingo del año”. Me disculpo con usted, hermano, porque tenemos ya casi media hora sobre el tiempo. No siempre será así; normalmente terminamos a las 2:30, pero tengo que aprovechar para decirte, hermano, que el Señor espera una adoración de gente que se han quitado los zapatos, que dejan la tierra atrás, que vivamos en santidad.

Yo no sé cómo tú has estado viviendo hasta este momento. Pídele al Señor ahí con intensidad: “Señor, santifica a mi hermano, conságrale para ti. El domingo va a estar adorando conmigo aquí. Que sus pies no estén sucios”. Intercede ahí por tu hermano, pídele al Señor: “Señor, permíteme que mi hermano sea evaluarte de la santidad, de la vida consagrada al Señor, que se aparte de la inmundicia, de la lujuria, de la lascivia, de la fornicación, que se aparte, que cuide sus pies, que no ande en consejo de malos, que no se siente en silla de escarnecedores”. Iglesia Pez Mundial, en este año vamos a adorar mejor, pero porque vamos a venir con los zapatos limpios.

Permítanme orar por mi congregación.

“Gracias, Señor, porque tú me has permitido predicar el primero de mis 40 sermones de este año. Gracias, Señor, porque me has permitido a mí también en este tiempo limpiar mis labios. Gracias, Señor, porque tú has permitido que comience este año con libertad, Señor, con libertad. Gracias porque me has permitido comenzar un año en victoria, Señor, apartándome de la inmundicia. Gracias, Señor, porque hoy pude adorar con más libertad que en otros tiempos.

Hermano que estás ahí, ay Señor, mira mis hermanos aquí congregados, pasa carbón encendido por sus labios. Mira aquellos, Señor, que haya que purificar sus manos. Mira aquellos, Señor, que haya que purificar sus ojos. Mira aquellos que haya que purificar sus oídos, Señor. Trae santidad a tu monte, iglesia. Levanta aquí, Señor, una multitud de adoradores que levanten a los cielos, Señor, manos limpias, porque sobre la tierra están con pies limpios. Permite que el próximo domingo, Señor, la gente adore en santidad. Hermano, yo no sé de qué es que tú tienes que apartarte, pero todos nosotros tenemos que despojarnos de algo.

¿Qué es lo que hay en tus zapatos? ¿Qué fue lo que pisaste? ¿Pisaste lodo? Limpia el lodo de tus pies. Hermano, yo no sé con qué es lo que tú has pisado, pero aprovechemos este primer domingo del año para que sea un domingo de consagración. Aparta, aparta, aparta el calzado de tus pies, porque el lugar que pisas santo es. Permite, Padre, que en esta iglesia haya reverencia. Permite, Padre, que en esta iglesia haya dependencia. Permite, Padre, que en esta iglesia haya santidad. Desde ahora te presentamos el culto del próximo domingo, Señor”.

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