Más nos estamos una nueva en una serie de enseñanza que ya hemos comenzado, una serie de enseñanza que comenzamos desde enero en nuestra congregación acerca de un nuevo comienzo con Dios. Hemos estado explicando que el nuevo comienzo es porque vamos a tener una nueva actitud, porque vamos a tener una nueva disposición, es porque queremos conocer al Señor nuevamente y queremos conocerle en verdad. Esta serie de enseñanzas ha girado en torno a la adoración. Comenzamos hablando acerca de quién es este Dios al cual nosotros estaremos adorando. Luego continuamos enseñando acerca de la necesidad de desear su presencia, el hermano Hervey estuvo dirigiéndonos acerca de adorar al Señor con nuestra obediencia y hoy venimos a hablar de adorar al Señor por medio de nuestro canto congregacional.
Esta enseñanza que les traigo hoy fue la misma enseñanza que les compartí en marzo pasado, fue lo mismo. Y hay que estar hablando, mire, en la misma enseñanza, no hay nada nuevo debajo del sol y la última vez, hermano, que yo miré, Dios seguía siendo Dios. En esto, los predicadores cristianos que predicamos su palabra la llevamos fácil porque lo más parecido a un predicador es un maestro de física. Quizás el maestro de física le enseña a usted hoy el firmamento y si usted no lo sabía, él le dice cuáles son los planetas, pero cada vez que él dé esa clase no le trae un planeta nuevo. Él le dice que los planetas siguen siendo los mismos y que giran alrededor del sol. Es lo mismo que te diré yo: Dios sigue siendo Dios. Por el asunto de nuestra serie, no quise cerrar sin volver a tratar el tema del canto congregacional.
Y lo que le voy a pedir, miren, yo escuché el audio, hermano, del sermón del año pasado, y yo le puedo decir con mucha humildad que el Señor como que me dio una gracia especial y yo no creo que vuelva a predicar ese sermón con tanta claridad como lo hice la primera vez. Es el mismo sermón y quizá hay cosas que yo he obviado que podría nuevamente recuperar, pero estaremos hablando acerca del canto congregacional y yo me dispongo hoy, hermano, a enseñarle a cantar. Pedro Pastor Pérez no entona claro, mire, cuando yo entono, Asaf esconde el arpa, hermano, cuando yo canto Asaf esconde el arpa.
Todos podemos aprender a cantar mejor al Señor
Pero yo lo que sé es que el manager, el entrenador de Michael Jordan, quizá no podía hacer el aéreo como lo hacía Michael Jordan, pero él podía enseñarle a Michael Jordan desde abajo cuál era el momento correcto para comenzar a dar el salto. Quizás yo no pueda entonar una canción, pero yo sé cuál es la canción que el Señor espera que usted le entone. Quizás, hermanos, usted tampoco tenga una gran garganta, pero yo puedo decirle, hermano, que todos nosotros podemos mejorar nuestra adoración congregacional y que el canto en nuestra iglesia es algo que debe ir in crescendo. Que quizás hace 2 años adoramos al Señor con una actitud, pero nuestra actitud en el 2013, al cual nuestra iglesia camina hacia su quinto año, debe ser una actitud cada vez mejorada.
Voy a buscar mi cuadernillo, hermano, mis notas, como buscaría un maestro de física sus cuadernillos, y vengo a enseñarle de las mismas cosas. Vengo a que hagamos un repaso sobre el canto congregacional. Hay cosas que uno no tiene que aprenderlas desde cero, hay que corregirlas. Y en la introducción le diré qué sucede con el canto congregacional: que toda la iglesia participa en el canto congregacional semana tras semana y, por eso, todos creemos que lo hacemos bien. Miren, cuando uno participa en algo rutinariamente, uno dice: ¿y qué me van a enseñar nuevo acerca de esto? Bueno, yo le diré que un médico una vez me enseñó a mí a caminar, ya yo estaba grandecito.
Pequeñito yo usaba botines, yo usaba unos botines para que mejoraran la postura y me llevaron donde un ortopeda y el ortopeda dijo: mire, usted no necesita botines, el problema suyo, su problema, no su condición, es que usted es suelto de coyunturas. Y ciertamente yo de niño tenía mucha flexibilidad, ponía las piernas de una manera y las ponía de otra, y él me dijo: los grandes deportistas trabajan para soltar sus coyunturas y usted ya vino así. Y lo que hizo el doctor Pulido fue que me motivó y después me dijo: venga, párese derecho. Yo le atribuyo esto, hermano, que hay en la familia Félix Casa, cuando uno está en la como el cuerpo medio redondito y ya va echado hacia adelante. A mí me dicen siempre: tú te pareces a Luigi, tu primo. ¿Y en qué nos parecemos Luigi y yo? Quizás que somos medio encampaítos los dos, pero como que nos paramos así.
Entonces el médico ortopeda me dijo: mire, párese derecho contra la pared. Y yo puse el cuerpo así. Suba más la cabeza, suba más la parte de atrás. Y vino y más o menos me orientó y me dijo: despéguese ahora de la pared, camine hacia adelante, haga así, recuérdese cómo es que usted tiene que caminar y deje de usar los botines.
Ilustraciones sobre aprender cosas que ya “hacemos”: caminar, respirar y cantar
Hermano, después de grande me enseñó este médico a mí a caminar. Y de un maestro de música, yo estaba dando solfeo y él me enseñó a respirar. El maestro Manuel, yo estaba dando el solfeo ahí en mi lección 31 y él se dio cuenta que me quedaba ahogado en medio de la lección. Iba un sol, si, un sol, la, do, sol, y como que me dejaba sin aire, y él me dijo: tiene que aprender a respirar. Imagínese usted, yo nací respirando. Bueno, pues el maestro Manuel me dijo que hay formas de respirar correctas y formas de respirar que son incorrectas y me dijo: tiene que respirar y hacer fuerza en el diafragma, metiéndose ahí cuando respira. Y él me dijo: hágase presión ahí.
Ahora, él quería que yo aprendiera a tocar un trombón de vara y él quería que yo desarrollara los ejercicios de respiración. Hermano, el profesor Manuel, después que yo tenía años respirando, intentó enseñarme a respirar. Y usted que está cantando al Señor desde hace años, usted me va a permitir que yo le enseñe a cantar. Y lo que les diré, y que veremos, es que al igual que cualquier otra forma de adoración, no podemos aproximarnos al canto según nuestro propio entendimiento, sino según las expectativas reveladas por Dios en las Escrituras. Una cosa es cantar y otra cosa es cantar al Señor. Y sin importar que usted crea que ya usted canta como mejor puede cantar, vengo a decirles hoy que toda nuestra iglesia puede aprender a entonar al Señor un canto congregacional aún mejor de cómo lo está haciendo.
Esto lo he separado en 7 características que son esenciales y, en vez de tener una gran porción de las Escrituras, lo que tengo son 7 porciones concisas de las Escrituras donde exploraremos cada una de estas características. Lo primero que aprenderemos es que el canto congregacional debe ser un canto espiritual y verdadero. Luego aprenderemos que el canto congregacional tiene necesariamente que estar centrado en Dios y no en nosotros. También veremos que el canto congregacional es necesario, y hasta urgente, que sea un canto participativo. Luego entonces veremos que debe ser este un canto coordinado, un canto entendible, abundante en contenido bíblico, nuevo, con calidad musical, y, sorpréndase usted, también debe ser un canto con emoción.
7 características esenciales, y cada vez que uno hace un listado la gente dice: ¿y no aparecerá otra más? Quizá usted encuentre 15 características más, pero para mí estas son esenciales. Me pongo a entender en esto: esto no es un estudio exhaustivo acerca del canto congregacional, sino que, como pastor de esta congregación, a mí me parece que esas 7 cosas podríamos enmarcarlas en algún lugar y decir que son 7 características esenciales para decir que la iglesia del Señor junta pueda adorar al Señor como entendemos que el Señor espera. 7 características del canto congregacional. Lo primero que le diré es que el canto congregacional debe ser un canto espiritual y debe ser un canto verdadero. Espiritual y verdadero, ¿qué significa?
Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.
— Juan 4:23-24
En este versículo aprendemos esos dos aspectos: debe ser un canto no solamente verdadero, sino también debe ser un canto espiritual. Y permítame explicarle lo que significa cada una de estas cosas. Una cosa es cantar y otra cosa muy distinta es adorar. Y cualquier persona canta, pero no todas las personas adoran. Y en una congregación como esta, cuando todas las personas vuelvan a su casa, desde el cielo se entenderá que hubo un grupo de personas que cantó muy grande. Pero al mismo tiempo, dentro de ese grupo muy grande hubo un grupo que regularmente es más reducido de personas que adoró.
Y que el haber cantado, el haber ejercitado las cuerdas vocales siguiendo quizás los sonidos en el tiempo, no necesariamente significa que hemos adorado. Cualquier persona canta, pero solamente puede adorar a Dios correctamente aquella persona cuyo espíritu ha sido regenerado para tener comunión con Dios y cuyo entendimiento ha sido aclarado para relacionarse con Dios correctamente. Miren, cualquier persona hemos ido a una iglesia y canta, pero solamente una persona cuyo espíritu ha sido despertado por Dios y ha sido regenerado por Dios podría adorar correctamente.
Cantar en espíritu y verdad: regeneración y entendimiento
Hay una parte de ti que se murió cuando caíste. Esto la gente se resiste a entenderlo, pero dice la Escritura que antes de nosotros venir a Cristo estábamos muertos en nuestros delitos y pecados. Y el Señor le dijo a Adán que en el momento que le desobedeciera, en ese momento moriría, y Adán siguió respirando y usando sus cuerdas vocales, pero ante Dios murió espiritualmente, ya no podía tener comunión con Dios. Yo he predicado esto y a veces la gente me pone los ojos grandes, pero es imposible que una persona que está separada de Dios pueda adorar a Dios correctamente. Cualquier persona está invitada a cantar en la congregación de los santos, pero solamente puede adorar aquella persona cuyo espíritu ya tiene vida.
El canto congregacional debe de ser un canto espiritual. Dios es Espíritu. La imposibilidad de tener comunión con Dios que tiene una persona que está muerta en sus delitos y pecados es que la parte de él que se comunica con Dios está muerta y necesita ser regenerada, vivificada. Por eso, cuando vienes a la iglesia, la primera vez cantas, pero con el tiempo, y el Espíritu Santo comienza a obrar en tu vida, entonces comienzas a adorar al Señor. Lo que hace falta es espíritu, porque Dios es Espíritu. Si estás muerto en tus delitos y pecados, no podrás adorar a Dios.
Pero no solamente esto, hermano, no solamente hace falta estar vivo espiritualmente, también hace falta tener el entendimiento aclarado. Miren, el que no tiene idea de Dios ve a Dios mal. Dice la Escritura que tiene el entendimiento entenebrecido. Es como una persona que está perdiendo la visión. Cuando usted se va a examinar para licencia de conducir, le examinan la visión a ver si usted está apto para conducir un vehículo, porque si no ve los objetos adecuadamente, no los ve en su proporción, no los ve en su velocidad, es peligroso. Lo mismo tiene una persona que su entendimiento está oscuro: no puede adorar a Dios porque ve a Dios mal.
Él piensa que Dios es una cosa, pero Dios es una cosa totalmente distinta, pero sus ojos no pueden verlo. Cuando venimos a Cristo, el Señor no solamente despierta nuestro espíritu, también el Señor aclara nuestro entendimiento. Y cuando decimos que Dios es santo, hermano, ¡guau!, con qué diferencia lo dice una persona cuyo entendimiento ha sido aclarado que una persona que vino solamente a cantar. Entonces, mi primer punto: el canto congregacional no solamente tiene que ser un canto verdadero, sino que también tiene que ser un canto espiritual. Es necesario haber sido regenerado y es necesario haber sido instruido.
Segunda característica: el canto congregacional, aparte de ser un canto verdadero y espiritual, es necesario que sea un canto que esté centrado en Dios y no en nosotros.
Canto centrado en Dios, no en nosotros: sentimientos vs. convicciones
Quizás el pecado grave de nuestra generación es que hemos hecho del canto congregacional una oportunidad para adorarnos a nosotros mismos, y la adoración cristiana contemporánea en gran medida está centrada en nosotros y no en Dios. No se trata de cantar canciones para sentirnos bien, no. Tal como lo decía el maestro Gerson, se trata de cantar canciones en una respuesta a lo que Dios ya hizo. No vamos a la presencia del Señor a buscar, venimos a traer: a traer canciones, a traer letras, a traer actitudes. No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros. Dos veces lo dijo el salmista. Yo me pregunto: ¿y por qué el salmista lo dijo dos veces? Porque hay cosas que hay que repetirlas y hacer insistencia: no a mí, no a mí, no a mí.
Mire, en un momento cuando yo prediqué el año pasado, yo quise traer un cartel así grande para ponerlo en la entrada de la iglesia y decir: el canto congregacional de nuestra iglesia no está centrado en ti, sino en Dios. Nuestros músicos, cuando ensayan, ayer ensayaron desde las 10:00 de la mañana; cuando ellos ensayan, no ensayan para que tú te deleites diciendo: “¡Qué dedicación tienen ellos para agradarte a ti!” No, no, no, no. No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre sea dada la gloria, por tu misericordia, por tu verdad. No se trata de Rafael Pérez, se trata de Dios. No se trata de la congregación, se trata de Dios.
Cuatro diferencias entre el canto secular y el canto congregacional. Miren, en el canto secular se trata de mis sentimientos. ¿Sabe por qué razón se sintonizan emisoras como Estrella 90, como Estación? Se sintoniza porque queremos que nuestros sentimientos sean acariciados, nuestros sentimientos, esta parte que quizás es la parte más superficial del ser humano. La música secular es una música que alimenta tus sentimientos. No está eso siempre mal, lo que es un poco ingenuo es entender que eso es adoración. La tristeza: hay canciones que si tú estás triste te ponen todavía más triste. Hay otras que si tú estás alegre te dejan hiper. Las emociones del ser humano, esos son como cordones y la música mueve esas emociones.
Pero en el canto congregacional no cantamos para alimentar mis sentimientos, porque eso es una sensación muy limitada. Dice la Escritura que engañoso es el corazón del hombre. Tú hoy sientes una cosa y mañana la otra. El canto congregacional no está centrado en lo que podamos sentir, está centrado en lo que realmente creemos. Mis convicciones. Por medio de la música, por medio de las canciones, repetimos vez tras vez no lo que sentimos en el momento, sino lo que creemos hoy y queremos creer de aquí hasta la eternidad. Eso es lo que yo creo ante el Señor.
Yo quizá estoy triste, pero yo sé que mi gozo está en el Señor. Quizá me siento debilitado, pero yo sé que el Señor es mi fortaleza. No es mi estado de ánimo, porque el estado de ánimo de Rafael Pérez es como una chichigua en banda, hermano, no te miento. Hay veces que yo estoy medio apagado así y hay veces como que me subo. Tengo que tener control de mis sentimientos, porque si yo decido en base a mis sentimientos, decido mal. El canto congregacional no está centrado en lo que podamos sentir, está centrado en lo que realmente creemos.
Dos: en el canto secular se centra en mis necesidades, pero en el canto congregacional no. No le cantamos: “Ay Señor, provee, no soy nada, mira mi situación”, no, no, no, no. Decimos: “Tu fidelidad es grande”. No es lo que yo necesito; hay cosas que las necesitamos realmente, pero lo que yo declaro cantando no es: “Señor, ayúdame en esto, ayúdame en aquello”; no, no, no. Yo declaro cantando: “Señor, poderoso eres para hacer que abunden y sobreabunden estas cosas más allá de mis necesidades, de acuerdo a tus riquezas en gloria”. Los cristianos no cantamos nuestras faltas y está muy mal estas canciones de personas que han sido traídos de mucha vida, como hemos sido traídos todos nosotros, y se dedican a cantar su historia y mi historia en el Señor.
Hay que ser cuidadoso. No quiero descartar todas esas canciones, pero muchas celebran más como si tú fueras el Rambo que está en la lona, el boxeador, el Rocky Balboa que está en el round 7 y está noqueado, pero “me voy a levantar y me han dado y yo me levantaré”. Hermano, esto no es Rocky. En el canto congregacional no está centrado en mis faltas, sino en su carácter. Rafael Pérez cae muchas veces, pero Dios se mantiene inamovible. Tú te devuelves y avanzas, hermano, pero el Señor no se devuelve. Tú muchas veces te revuelcas en tus pecados, pero que tú te revuelques en tu pecado no es lo que hay que estar cantando todo el tiempo. Por eso lo que hay que decir es que sin importar la brújula del ser humano, hacia dónde vaya, el Señor sigue siendo santo, el Señor sigue siendo poderoso, el Señor sigue estando inamovible.
No cantamos nuestras faltas. Hay una canción testimonial que eso podría tener algún valor, pero tenemos que ser muy cuidadosos para que en esa canción lo que resalte sea el carácter de Dios y no la falta del ser humano.
Caprichos vs. promesas y prudencia con la música que escuchamos
Mis caprichos y sus promesas. Por regla general, hermanos, nosotros no hacemos de cada capricho que tenemos un canto. No. Lo que cantamos son las firmes promesas de Dios, porque un cristiano maduro sabe que lo que mejor le conviene desear es aquello que Dios ya prometió que habría de darle. Eso es el canto congregacional y en eso se separa del cántico secular. Aquí está la pregunta de siempre: “Entonces, los cristianos, ¿está mal que escuchemos tal emisora, tal canción?” Eso entra en un terreno, hermano, de las áreas de prudencia del cristianismo.
Ahora te tengo que dar la siguiente advertencia: si estás triste, ten cuidado con la canción que escuchas, porque probablemente esa canción te lleve a deshonrar a Dios olvidándote de su fidelidad. Ten cuidado con la canción que escuchas porque la canción que escuchas va a condicionar tu estado de ánimo. Ten cuidado con eso. O sea, son cosas que no son ni blancas ni negras, es como las conversaciones. Los cristianos no solamente hablamos en versículos, a veces hablamos del tiempo, hablamos de la muerte de alguien, hablamos de diferentes cosas, pero la conversación que más edifica es la conversación que está centrada en la palabra del Señor. Fuera de eso, conversa, pero ten cuidado con esas conversaciones porque podrían distraer tu atención.
Está muy mal, por ejemplo, que un cristiano, la canción que escuche, sea una canción que le recuerde un amor pasado, una canción que avive una llama de un sentimiento indebido. Un varón, hermano, que está luchando porque quiere honrar al Señor en su matrimonio y se pone a escuchar las canciones de infidelidad, las canciones de “no hay avance”, o sea, por un lado tú quieres racionalmente hacer la voluntad del Señor y la canción lo que te está anunciando es el sentimiento incorrecto. Sea muy prudente al respecto de esto. Pero en cuanto al canto congregacional, que esté centrado en mis convicciones, en su fidelidad, en su carácter y en sus promesas.
Me muevo un poco más y avanzo. La característica número 3 nos dice: el canto congregacional debe de ser un canto participativo. Miren, no toda la música que escribe un cantante cristiano es adecuada para el canto congregacional, aunque no sea una mala música.
¿Cómo ilustro esto? Miren, yo escribo, por ejemplo, a veces transcribo mis sermones, a veces escribo otros artículos, sobre teología, sobre vida cristiana y demás, pero no todo lo que escribe Rafael Pérez es apto para predicarlo en una iglesia. Y hay cosas que quizás no son malas, pero no son aptas para eso. No todo lo que produce un escritor cristiano es adecuado para utilizarlo en la liturgia de adoración a Dios. Lo mismo sucede con la música. Miren, normalmente un músico es una persona que hace música para Dios, pero quizás él le puede escribir una canción a sus hijos, a su patria, a su esposa, y eso está muy bonito. Se aprovecha que esos son de aquí. Yo no sé si Gerson le ha escrito una canción a Karina, pero si le ha escrito una canción a Karina, es muy bueno que le escriba una canción a su esposa, pero que por favor no nos interprete la canción a Karina cuando nos está dirigiendo adoración, porque es distinto.
Yo no sé si Nicolás, que también compone canciones, alguna vez le ha escrito dos líneas a Priscila, pero por favor que lo mantenga ahí en el restringido espectro de su relación de noviazgo y futuro matrimonio. No son canciones para la adoración al Señor. No todo lo que canta un cantante cristiano es apto para el canto congregacional. Hay canciones que eso está en el aspecto de lo personal, de lo tuyo, de tu vida familiar. El canto congregacional es un canto que cualquier persona de la congregación podría cantarlo al Señor y debería de estarlo cantando. No es una canción que hable de tu familiar, de tu ser querido o de tu patria. ¿Una canción que hable sobre Azua? No, hermano. El canto congregacional es una canción que toda la iglesia podría hacerlo.
Hablando entre vosotros con salmos… Oiga, hermano, cómo nos recomienda Pablo que hablemos:
hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones.
— Efesios 5:19
Entre vosotros. No hay que cantar muy bonito, hermano. A nadie lo han sacado amarrado de una iglesia porque cantara feo. Claro está, como veremos más adelante, el hermano que dirige el canto congregacional y como él marca el tiempo, no pongamos al hermano que se cruza mucho, ¿me siguen en esto?, para que la adoración sea coordinada. Pero todo el pueblo debe por lo menos mover sus labios en adoración al Señor. Si tú cantas tan feo que cuando tú cantas Asaf esconde el arpa, canta bajito ahí.
Y tú cantas: “Santo, Santo, Santo”, pero que el Señor escuche que en ti hay la actitud de adorarle por medio de tus cuerdas vocales, entre vosotros, hermano, que sea un canto participativo. A veces se estila que en el culto existan dos momentos: uno es el canto congregacional, que normalmente se hace en forma de himnos, por lo que le explicaré, y después están las adoraciones, las canciones especiales, porque al igual que hay un hermano que quiere compartir un testimonio, hay un hermano que quiere dedicarle una canción al Señor que sale de él. Pero que, por favor, que no sea la mayor parte del culto que los hermanos le estén dirigiendo al Señor canciones personales, porque esto es entre todos.
Yo cogí un pique una vez, hermano, en el liceo, porque había un muchacho, siempre un estudiante que es como más despierto que los otros. Entonces nos mandan hacer un trabajo en grupo, y en grupo entonces hacemos la introducción al trabajo, pero él quería destacarse especialmente; él quería que lo pongamos dos veces: la introducción del grupo y una introducción suya donde él le pasaba coba a la profesora. O sea, “o estimada profesora…”. Vaya y dígaselo usted a la profesora, pero no utilicemos el trabajo del grupo para que alguien se exprese de manera particular.
Cuando es el canto congregacional, cuando es el culto de la iglesia, la mayoría de la adoración debe de ser una adoración apta para cantarse congregacionalmente. Por eso normalmente el ritmo que tiene un himno y la misma estructura musical, que tiene que ser repetitiva, favorece que la congregación cante los himnos. Por ejemplo, se canta una estrofa, se repite el estribillo, se canta otra estrofa y se repite el estribillo, y si usted no conocía el himno, por lo menos repite el estribillo. En un canto más personal, que es muy válido también, pero que no debe ser el grueso de la adoración pública del Señor, es una adoración que va desde el músico hasta el Señor directamente. Use eso en su casa, use eso en sus momentos de oración, pero por favor que la iglesia cante.
Es más, un buen parámetro para determinar si acaso tuvimos un buen momento de adoración congregacional es preguntar: ¿los hermanos cantaron? ¿Quién estaba al lado mío estuvo cantando o acaso solamente vinimos aquí como una multitud de espectadores?
Peligro de convertir la adoración en espectáculo
Doña ñapa en este punto: se ha hecho mucho daño al canto congregacional convirtiendo la liturgia cristiana en un evento y en un espectáculo. Hay iglesias que tienen tantos elementos que a veces esos elementos nacieron con una buena intención, pero se han convertido en un efecto distractor. Por poner un ejemplo, ¿cómo vamos a cantar un canto congregacional cuando nos están destellando los ojos con luces LED? Hay iglesias donde uno va a cantar al Señor y parece una discoteca, hermanos, la luces corriendo a todos los lugares. La luz por sí misma no es mala, quizá pueda ser un buen adorno, pero por favor que el adorno no nos distraiga.
Hay otros que anuncian como que “escuchar a fulano cantar, eso debe de ser…” y hay congregaciones que le han hecho un daño tremendo, que la gente va a ver determinada celebridad cantándole al Señor. Mire, si yo vengo de mi casa para acá, yo no vengo a ver lo bonito que tú le cantas al Señor, para eso usa la televisión, vaya a algún lugar. Cuando venimos a la iglesia, venimos a hacer algo que no podemos hacer desde nuestra casa por televisión, y es todo el pueblo como un solo hombre, con voces más altas o más bajas, cantando al Señor participativamente. Y cuando el pueblo entero canta, entonces yo puedo decir que se ha hecho un correcto canto congregacional.
La característica número cuatro: el canto congregacional debe de ser un canto coordinado. Cada cierto tiempo aparece un movimiento dentro de las iglesias propugnando una adoración imprevista, una adoración aleatoria, una adoración que, según lo que yo sienta, canto o no canto. Un asunto que es muy posmoderno, es una adoración subjetiva desesperante. Yo recuerdo un momento que vi un director de adoración que era medio bohemio, y él parece que se creía que era Alejandro Filio, Pedro Guerra o algún trovador de Cuba, y él con su guitarra se paraba allá con una cara melancólica y se quedaba así. Todo el mundo veía su cara. Y a veces rasgaba un re séptima y después decía: “Estoy triste, entonces como estoy triste voy a interpretar tal canción”, y así, así.
Y tú te quedabas como esperando, a veces se quedaba en largos silencios, era la congregación entera: “¿Con qué seguimos? ¿Cuál es la próxima? ¿Con qué vamos a estar adorando al Señor?”, y él allá perdido, hermano, en su introspección. Y después despertaba con un do mayor y pasaba a otra. Hermano, el canto congregacional debe ser un canto coordinado por una persona que estimule al pueblo, no a que se distraiga, sino a que adore.
Y Quenanías, principal de los levitas en la música, fue puesto para dirigir el canto, porque era entendido en ello.
— 1 Crónicas 15:22
Miren qué característica: era un principal entre los levitas, fue puesto para que dirigiera el canto, y la razón es porque este hombre, Quenanías, era entendido en ello. En Israel, hermano, había hermanos que se preparaban para dirigir el canto congregacional, para que no sea un asunto que el pueblo se quedara sin canciones. ¿Cómo va a ser esto, que venimos a adorar al Señor un día y no sabemos cuáles son las canciones? ¿Qué cantamos?
Algunos utilizan un recurso un poco informal: es una canción a petición, que quizá es bonito de vez en cuando, hermano, pero no puede ser que tú vengas a la casa del Señor y tú no sepas qué le vas a cantar. Mire, cuando llega las 6:00 de la tarde del sábado y yo todavía no tengo las canciones del domingo, yo me siento incómodo, porque yo quiero saber que en mi iglesia al día siguiente no es que se va a aparecer a cantar ahí lo que salga, no. Es que dispusimos un canto congregacional, que es un canto que ha sido coordinado. Dice también:
Porque desde el tiempo de David y de Asaf, ya de antiguo, había un director de cantores para los cánticos, alabanzas y acciones de gracias a Dios.
— Nehemías 12:46
Desde Asaf, ya de antiguo, había un director de cantores para los cánticos y alabanzas y acción de gracias a Dios. Cuando yo canto, Asaf esconde el arpa, pero desde Asaf ya había un director. Yo me imagino este hombre, hermano, diciendo al pueblo: “Primero ustedes, y ahora ustedes. El primer grupo, tal grupo, ahora el siguiente”. Me lo imagino dirigiéndoles, marcando el tiempo, coordinando el canto congregacional. Cuando usted vea que un hermano se para aquí a dirigirnos a la adoración, él no está aquí para que nosotros le veamos cantar, él está aquí para coordinar a la iglesia completa en el canto congregacional. Y a veces te busca con los ojos y a veces hace así, y a veces dice: “Todos juntos”, y a veces dice: “Pónganse de pie”. Ponerse de pie es un acto de adoración al Señor también.
A la iglesia le voy a pedir: sean flexibles y déjense dirigir. Otra gente quiere adorar al Señor y trae el cuerpo como un tronco, y cuando le dicen: “Vamos de pie”, dice: “Estoy cansado”. Haga un sacrificio, hermano, y párese a adorar al Señor, déjese coordinar.
Coordenadas del canto: tiempo, sentimiento y sentido
¿Qué aspectos de la adoración congregacional deben ser coordinados? Hay 3 partes principales. Lo primero que debe ser coordinado es el tiempo. La música es el arte de combinar sonidos en el tiempo. Entonces es necesario que el hermano que conozca un poco de esto marque el ritmo, pero no marque el ritmo para que tú te quedes atrás, marque el ritmo para que no te pierdas. Y él pone la cadencia; la cadencia se usa a veces, o sea, marcar, marcar para que usted sepa. A veces te marcan con el pie, es para que entiendas. Hasta los aplausos se coordinan.
¿Tú has visto una gente cruzado en un aplauso? O sea, si la canción va “pa, pa”, él va “pa-pa-pa”. No. Es necesario hasta que el aplauso se coordine delante del Señor, porque lo que menos queremos, hermano, es desorden. Si usted no le da al violín, dele a las palmas, pero dele a las palmas coordinadas. Si tú no tienes buen ritmo, mira un hermano que tú sepas que se cruza poco, mira cómo está aplaudiendo el hermano y síguele, síguele, hermano. O sea, no puede ser que en una misma canción cada quien esté en un tiempo distinto.
El sentimiento también se coordina. Mire, no es lo mismo cantar un salmo de gratitud que cantar un salmo de confianza. O también una persona que canta: “Tú has sido fiel, tú has sido fiel”, hermano, no es para cantarlo jubilosamente brincando; es una canción reflexiva: “Tú has sido fiel, tú has sido fiel”. Es una canción reflexiva, es para ser cantada con gratitud, con calma, meditando. El detalle está en que a veces, por la timidez, hay hermanos que se paran aquí delante para coordinar la adoración, y yo mismo recuerdo cuando comencé a predicar, yo quería esconderme así detrás del púlpito, hermano, y hacer así, que no me vean, y predicar así.
Cuando los hermanos están comenzando quisieran esconderse detrás de los muros, como guardaditos así. Si usted se paró aquí para dirigir el canto congregacional, que se le vean las manos. Si usted se paró aquí para dirigir el canto congregacional, que se sienta su voz. Si usted se paró aquí para dirigir el canto congregacional, que marque el tiempo de algún modo que sepamos cómo seguirle. Pero es necesario también que se marque el sentimiento. Hay una canción, hermano, que es una canción explosiva que va hacia afuera, que es para cantarla con energía, y hay una canción que es una canción para cantarla meditativamente.
No es lo mismo, hermano. O sea, si usted busca en los salmos, arriba muchos salmos dicen “salmo de gratitud”, “salmo de alabanza”, “salmo de celebración”. Si estamos celebrando, se canta con una actitud de celebración. No es el mismo himno que se le canta a un hermano cuando se está despidiendo en el funeral que un canto que se entona aquí cuando la iglesia entera está celebrando. Hay que administrar la emoción. El ser humano contagia con sus emociones. Tú ves un hermano que está cantando con gozo y, de algún modo, como que te transmite a ti ese gozo. Tú ves un hermano… A veces se estila que los cantantes cristianos todos quieren cantar así, cerrando los ojos, y: “Abre los ojos, yo quiero verte…”. La mirada. O sea, yo quiero que tus ojos me indiquen algo.
A veces es un recurso que transmite reverencia, pero a veces es timidez. A veces todo se canta así, sin que me vean, sin que me… Es igual que un predicador, hermano. El día pasado yo fui a una iglesia y había un maestro que trazaba la palabra del Señor, hermano, con rectitud. Oye, pero ese hombre como que lo que decía y lo que sentía no iba de la mano. O sea, me está hablando de un asunto y me lo dice… Yo: “¿Pero ese hombre está vivo? ¡Muévanlo!” ¿Cómo va a ser que tú me vas a estar hablando de la liberación del Señor, de su pueblo en medio de un acto milagroso, y tú no vas a estar predicando eso así, como que tú me estás hablando de un periódico?
Me está hablando de la transfiguración, me está hablando de la muerte y pasión de Cristo. No es lo mismo la muerte y pasión que la entrada triunfal en Jerusalén. No es lo mismo. El mismo predicador, hermano, hace énfasis; un predicador tiene que vivir lo que está predicando. Yo termino cansado a veces, hermano, porque es que yo a veces tengo que saltar y afirmar, porque es que tengo que sentir lo que estoy predicando. El sentimiento emociona, hay que poner el sentimiento, hay que poner el sentido.
¿Qué es poner el sentido? Hay canciones que la primera vez que se cantan hay que explicarlas. Entiendan: esto es una canción nueva en el repertorio de la congregación. Es una canción que quizá debamos decir: “Esta es una canción que guarda estrecha relación con tal salmo que fue entonado por el rey David en tal momento particular de su vida, y es una canción que nos recuerda en tal aspecto a nosotros también, en nuestra propia necesidad”. Eso es ponerle el sentido.
Tampoco es prudente que a cada canción que se va a entonar se le tenga que poner el sentido. Yo tengo un amigo que me ama, eso todo el mundo lo entiende. O sea, no hay que hacer un largo preámbulo para tal canción. Sino que, si la canción ya los hermanos tienen el sentido, solamente se anuncia la canción. Uno quiere evitar que se convierta como en pequeñas predicaciones cada canción, o sea, es poner el tiempo, poner el sentimiento, poner el sentido, pero que cada cosa esté en su lugar. Una adoración congregacional debe de ser una adoración coordinada y los hermanos deben prepararse para coordinar la adoración.
Pasamos al siguiente, que nos dice que el canto congregacional debe ser un canto entendible. Esto se entiende a la primera, que sea claro. Yo recuerdo claramente que la primera vez que prediqué este sermón les decía que una canción cristiana no debe buscar ser obtusa innecesariamente. Hay compositores que quieren pasarse de listos y buscar adjetivos rebuscados y buscar unas rimas complicadas y primero negar una cosa para después terminar afirmándola más adelante, a veces hasta doble sentido cristiano.
Yo recuerdo una canción que se hizo muy popular. No es una crítica barata, o sea, no es una mala canción per se, sino que se prestaba a confusión, que cuando él comenzaba la canción tú creías que él estaba cantando como si fuera hembra: “Me viste a mí cuando nadie me amó, me amaste a mí cuando… y me diste nombre, yo soy tu niña, tu niña…”. Pero es un hombre. Después: “La niña de tus ojos…”. Hay otra que dice: “Me sedujiste, Señor, me sedujiste…”. Es como que buscan, hay que ser cuidadosos. Las metáforas, las metáforas son útiles, hermano, pero tratemos de ser prudentes e innecesariamente no prestar a esa confusión, que se entienda rápido.
¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento. … Pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida.
— 1 Corintios 14:15,19
Tengo que confesar que hay música cristiana que a mí me parece que está escrita en lenguas.
Ritmos, claridad y letras con contenido
Y aquí se aparta el asunto acerca de los géneros musicales. Miren, no hay un género musical que podamos decir que sea piadoso o impío por sí mismo. Hay géneros musicales más apropiados para la adoración congregacional y otros que son menos apropiados para la adoración congregacional. Hubo un momento que yo le daba seguimiento a unas bandas de rock, unas bandas que decían que eran bandas de metal cristiano, y la música sonaba como rayos… “TE AMO…” y tú: “¿Dijo ‘te amo’?” Y sí: “Fue como tú, ahorita, ‘te amo’, sí fue ‘te amo’, sí”. Esa es metal cristiano.
El metal es un ritmo estridente que mueve las emociones, pero que desfavorece al sentido. ¿Por qué no debemos adorar al Señor en metal? Porque no entendemos. O sea, ¿por qué? Porque es una música que está hecha para mover el cuerpo, para sentirla, no necesariamente para entenderla. Hay ritmos que favorecen el canto congregacional y hay otros que lo desfavorecen. En eso también tiene que ser una música entendible.
La letra. Hago pausa aquí. Tampoco se eche muy abajo, hermano, y busque un diccionario. Porque si acaso vamos a estar siempre simplificando la letra de la música cristiana y buscando el adjetivo más común… Si usted no sabe lo que significa “refulgente”, busque un diccionario, porque la canción dice “luz refulgente”. O sea, no es que haya que a toda la canción buscarle el adjetivo más llano, porque también el cristiano tiene que tratar de cultivar su mente.
¿Qué es lo que ustedes tienen que buscar? Si aquí normalmente las canciones se cantan cuatro veces, si la primera vez que se cantó la canción usted no entendió un adjetivo, un artículo o algo parecido porque escapaba a su vocabulario, busque un diccionario y venga el próximo domingo a cantar con entendimiento. La advertencia está para que no busquemos música cristiana que sea necesariamente obtusa, música cristiana que sea innecesariamente complicada. La música cristiana se debe entender claramente.
Otra advertencia: sucedió un momento que apareció un movimiento de gente que cantaba música cristiana que no se sabía si era para Dios o para la pareja. Entre ellos apareció un productor cristiano de Miami que buscó una muchacha con una linda voz, que venía de una familia cristiana, y le hizo una producción que la intención es clara: si se canta en la iglesia, es para el Señor, pero si se canta en tu casa, es para tu esposa. Cuando tú vas a cantar, la música cristiana debe estar claramente definida como una canción para el Señor. Que no haya como que se preste a confusión.
Algo que yo veo es que en las emisoras seculares están poniendo música cristiana, pero normalmente buscan la música cristiana más superficial. No ponen estos himnos antiguos que dicen: “De Jehová es la tierra y su plenitud…”. No, buscan la canción como media superficialona, que tú podías cantársela a la pareja o cantársela al Señor. Tenemos que ser cuidadosos con esto, no prestarnos a confusión. Tristemente, o sea: “Búscame una canción que preferiblemente no mencione el nombre de Dios…”. No seamos tampoco muy rigurosos, porque no todos los salmos mencionan el nombre de Dios, pero se sabe quién es el Altísimo, ¿verdad que sí? ¿Verdad? Altísimo no es el hijo suyo ni su marido, se sabe quién es el Altísimo. O sea, que sea un canto entendible, que no haya que estar buscando, dije: “¿Lo oí? ¿No lo oí?” No, se entiende claramente que es para el Señor.
La característica número 6: el canto congregacional debe ser abundante en contenido bíblico. Debemos repetirlo: tiene que ser abundante en contenido bíblico. Lo que nosotros cantamos, hermano, es lo que el Señor nos reveló. Por eso dice el libro de Colosenses:
La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.
— Colosenses 3:16
Una buena canción cristiana tiene suficiente contenido bíblico para llenar las expectativas del nombre de Dios. Por eso el músico cristiano cuando hace canciones no se inspira en el aire, no, hermano, busca la inspiración segura de lo que Dios ha revelado. Cuando uno termina de cantar un buen himno, la cabeza de un hermano queda como inundada de la palabra del Señor en música.
Tú quieres saber si el himno es muy bueno, si te deja suficiente… A la yuca le sacan como la “maiboa”, la sustancia, ¿verdad? Si me deja suficiente “maiboa” espiritual, suficiente sustancia, o es una canción prescindible que dice tres cosas dos veces para adelante y para atrás. Hay canciones cristianas que su pecado no es que son pasiones incorrectas, sino que son canciones prescindibles. O sea: “Te alabo, te amo, te alabo, te amo, te alabo, te amo…”. Que diga algo más, que de algún modo apele a una porción sustanciosa de las Escrituras.
Aquí vuelvo a mi apelación, que se ha vuelto recurrente, porque es el ser de los himnarios. Ahorita me preguntan: “¿Y por qué la gente piensa que nosotros usamos el himnario cristiano?” El himnario que sea, miren, puede ser Himnario de Vida Cristiana, puede ser Himnario Digno de Gloria y Triunfo, puede ser “Adoremos”. La razón por la cual existen los himnarios es que los himnarios son canciones que han sido compuestas y seleccionadas por personas que se prepararon para eso y que han sido incluidas en el himnario por su relevancia para la adoración congregacional.
En un himnario es raro que usted encuentre una canción que no diga algo. Y usted se puede encontrar una. No está mal que no solamente cantemos canciones del himnario, hay canciones contemporáneas, pero debe haber una buena selección. Debe haber una selección que de algún modo se revise la letra, se revise el sentido: ¿qué es lo que la canción nos está diciendo?, ¿qué es lo que vamos a poner a la iglesia a decir? Por favor, ahí voy sacando humo por la cabeza. En días pasados aquí tuvimos una actividad. La crítica no es a los hermanos, porque dudo mucho que haya sido esa la intención, ¿me entienden? Dudo mucho que haya salido de ellos como de sobra al Señor, no, estoy completamente convencido de que su intención era buena, pero los hermanos trajeron una pantomima.
La canción lo que decía era: “Este es mi año, este es mi año, esta va a ser mi año, lo voy a lograr con el Señor; este es mi año, este es mi año, este es mi año…”. Es una canción de pasión cristiana sumamente superficial, lo mismo que anda cantando a los muertos en monte de ocasión. Una canción de ultratumba que supuestamente es una canción cristiana. Entonces la canción dice: “Este es mi año, lo voy a lograr porque me lo he propuesto”. Hermano, eso no es cristianismo, eso se llama positivismo. Yo quise pararme, por prudencia no me paré, hermano, yo quise pararme y quitarla, porque estoy poniendo a mis hermanos a que centren la adoración en ellos mismos y no en Dios.
Por su gracia estamos aquí, dice la Escritura. De nuevo le digo, seamos cuidadosos porque la intención, dudo mucho… Quizás por la inexperiencia, hay gente que piensa que cualquier cosa bonita se le puede cantar al Señor. No, hermano. El Señor ha dicho cómo espera que se le adore, especialmente la adoración congregacional. Amplia en contenido bíblico. O sea, que la Escritura de algún modo emane de allí, que pueda salir la Escritura de ese himno.
Y termino con la característica número 7: el canto congregacional debe ser nuevo, debe tener calidad musical y debe de tener emoción.
Cantadle cántico nuevo; hacedlo bien, tañendo con júbilo.
— Salmo 33:3
Tres características más del canto congregacional: debe ser un cántico nuevo, tenemos que hacerlo bien y hay que hacerlo con júbilo. Nuevo, con calidad musical y con emoción.
Cántico nuevo, bien hecho y con júbilo
Con relación a lo que significa que el canto sea nuevo, les advierto que traer un canto nuevo no significa componer un himno cada domingo, sino seleccionar aquellas canciones que guarden relación con lo que Dios ha estado haciendo recientemente en la congregación. Eso es un cántico nuevo.
Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.
— Lamentaciones 3:22-23
Hermanos, si las misericordias del Señor son nuevas cada mañana, tú podrías seleccionar un himno para el canto congregacional que de algún modo guarde relación con lo que el Señor ha hecho. Por ejemplo, hoy hemos tenido aquí testimonios de provisión de Dios y hemos visto en este año, hermano, que el Señor ha estado proveyendo para nuestra iglesia en diferentes sentidos. Ha estado proveyendo salud, ha estado proveyendo conocimiento, ha estado proveyendo empleos. Quizá buscar un cántico nuevo es buscar algún buen himno congregacional que guarde relación con la provisión del Señor, ya sería un cántico nuevo ante el Señor.
Pero no solamente eso, también dice que tenemos que hacerlo bien. Hermano, la expresión que se utiliza en hebreo antiguo es la misma expresión que se utilizó cuando Abel le llevó una ofrenda al Señor, que dice que esa ofrenda fue agradable al Señor porque era una ofrenda que había sido dispuesta, una ofrenda que había sido preparada para el Señor. El canto congregacional debe ser un buen canto musicalmente hablando, un canto que tenga cierta calidad. La música es como cualquier arte. Si tú tienes, por ejemplo, habilidades en la ebanistería, hay muebles y hay muebles. Hay mesitas y hay mesitas. Por regla general, un buen ebanista utiliza por detrás la misma calidad de madera que la que utiliza en el frente. Un mal ebanista lo que hace es que por dentro pone caoba y por detrás pone “plywood”.
Por eso le digo que hay muebles y hay muebles, y también le diré que musicalmente hablando hay canciones y hay canciones. Hermano, qué bueno es ver personas que dedican su vida a prepararse en la armonía, por ejemplo, para lograr que la música cristiana armonice. La armonía la hizo Dios. Qué hermoso es ver una persona que se dedica a leer para cultivar el idioma y poder buscar el adjetivo apropiado que describa ese atributo de Dios. Es una canción bien hecha.
Yo siempre recuerdo las canciones, por ejemplo, de Crystal Lewis, como que eran canciones… como canciones. Siempre recuerdo, por ejemplo, las canciones de Peregrinos y Extranjeros, como que eran canciones… Parece, hermano, que quien hizo esa canción se sentó a hacerla. Y hay canciones que parece que son como “medialabola”, como que dicen algo para adelante y para atrás.
Doña ñapa, hermano: la música cristiana no es un relajo, esto es sublime, es reverente. Hay por ahí ciertas expresioncitas inadecuadas, de gente que comienza a hacer canciones como para burla, para relajo, y yo he oído gente que se relaja con eso. Y siempre les recuerdo la canción aquella de: “Satanás es un perro que no tiene dientes y por más que ladre nunca nunca muerde, y allá en el Calvario Cristo lo venció…”, y tú ves la gente ahí. Y yo he visto iglesias, esencialmente iglesias pentecostales, darle diez vueltas a ese asunto ahí: “Allá en el Calvario Cristo lo venció, y para que no muerda todos los dientes le quitó, y le quitó…”, y la iglesia: “Y le quitó…”. Una canción irreverente.
El mensajero de Dios dice que en un momento se encontró con Satanás y él no se atrevió a proferir palabra, dijo él, sino que se lo entregó al Señor. ¿Usted sabe quién es el diablo, hermano? Mire, Satanás era el ángel más poderoso que había en el entorno del Señor. Y para la maldad tiene tanto poder. Tenga cuidado con estar jugando con esas cosas. Hay otra que dice: “Ahora Satanás se ha vestido de bombero y a todos los cristianos quiere apagarle el fuego…”, y toda la iglesia: “No lo apagará, no lo apagará, porque el fuego del cielo… el fuego de Jehová…”. Y uno se ríe, uno se ríe, hermano, pero con esas cosas no se juega.
La canción cristiana debe guardar cierta reverencia, o sea, que se sienta que es un himno para Dios, que no es un himno chabacano, que no es un himno… Hasta la tonalidad, hermano. Hay sonidos que parecen mambo violento, que están escritos ahí en dos golpes. Eso no tiene calidad musical. Saque ese asunto, guarde ese asunto por ahí, no lo traiga a la adoración al Señor. Eso es música muy rupestre, eso se celebra ahora, que es una expresión popular, que si el “mambo violento”, que si “el merengue de calle, que lo hace un loco el toque…”. Mire, yo no se lo he dicho porque a veces uno cuando comienza a practicar algo y lo anuncia, se vuelve tema y la gente le pregunta, pero yo estoy aprendiendo a tocar tambora.
Y yo he aprendido, hermano, que tocar tambora y dar los toques adecuados es un asunto. El merengue tradicional es un merengue acompasado; ese merengue de calle lo que tiene es: “tun-tun-tun…”. Eso agarra un palito y dale ahí, dale, eso cualquier persona que tenga cierta agilidad en la muñeca lo toca. Ahora, el merengue tradicional, ese es un merengue que tiene cierto compás y que hay que tener cierta cultura musical para entender cómo eso se toca. Lo mismo pasa con los himnos, hermano. Un himno debe tener cierta calidad musical, cierta calidad en su letra. Dice la Escritura que lo hagamos bien. O sea, si es un himno para el Señor, hagámoslo bien. Por eso ensayamos la música, por eso la disponemos con antelación.
Y también nos dice que tenemos que hacerlo con júbilo. Ciertamente, hermano, le digo con tristeza, a veces, como su pastor, yo he sentido como que en esta iglesia se canta al Señor y como que es un asunto: ponen la boca, pero como que no hay un júbilo, no hay una emoción, como que no hay un sobrecogimiento acerca de lo que se está cantando. La canción cristiana debe ser una canción jubilosa. Nosotros somos el pueblo de Dios, hermano, y tenemos el privilegio de cantar al Señor canciones. Cada expresión, si en un domingo hay 5 canciones, 5 canciones son expresiones, hermano, de adoración al Señor, y hay que hacerlo con júbilo.
Trata de hacer que no solamente esté en tu mano, en tu boca, trata de que tu entendimiento esté aquí, que tu mente esté aquí, que haya cierta emoción en la canción. Son 7 características que considero esenciales en la canción cristiana congregacional: debe ser espiritual y verdadero; el canto congregacional debe estar centrado en Dios; debe de ser participativo, coordinado, entendible, abundante en contenido bíblico, nuevo, con calidad musical y debe de tener emoción. De nuevo le digo, yo no creo que vuelva a predicar este sermón con la intención de aquella vez, y tratemos como iglesia de cultivar esta cosa que para nosotros es un gran privilegio: poder ser pueblo de Dios y el pueblo que adora al Señor en espíritu y también en verdad.
Oración final y despedida
Pónganse de pie un momento y terminemos nuestro culto orando al Señor.
Gracias, Padre, porque hemos tenido un buen tiempo en tu presencia. Termino pidiéndote por mis hermanos, por mí, por mi congregación. Permite que esta iglesia, Señor, crezca en su canto, permite que en esta iglesia, Señor, crezca en su canto. Permite que no solamente crezcan los músicos y los cantores, permite que crezca la congregación, Señor. Gracias por este gran privilegio de poder entonar a ti tantos himnos el día de hoy. Gracias, Padre, porque salimos de aquí jubilosos, gracias también porque tú nos diriges a través de tu palabra. Permite, Señor, que domingo tras domingo nuestra adoración ante ti sea más sublime, sea más elaborada, sea más reverente, esté mejor dispuesta, todo esto para tu gloria. En el nombre de Jesús, amén.
Que el Señor les bendiga, que el Señor les guarde, nos vemos el próximo domingo.