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Serie - La vida en santidad - Tres enemigos poderosos

1 Juan 2:15-17

La vida cristiana es una guerra en la que debemos luchar contra tres enemigos constantes: los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, permaneciendo en santidad en medio de un mundo opuesto a Dios.

Predicado3 de febrero de 2013
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Nos disponemos, Padre, a conocer ahora esta área también de tu revelación que se llama la santidad. Sabemos que tú eres un Dios santo y sabemos que tu voluntad es que seamos santos nosotros también. Permite que en esta nueva serie de sermones, en esta nueva serie de enseñanzas, esta iglesia crezca del mismo modo que entendemos que ha crecido en cuanto a la adoración. Permite, Padre, que al final de febrero nosotros tengamos un nuevo entendimiento de las expectativas que tú tienes al respecto de nuestras propias vidas. Permite que no seamos solamente cristianos de decirlo, sino también, Señor, que nos parezcamos cada vez más a ti. Permite que nuestro entendimiento pueda ser hoy aclarado por la obra sobrenatural de tu Espíritu Santo.

Y que esas áreas de nuestra vida, Señor, donde quizás hay aspectos que hemos tenido al descuido, puedan ser rediseñadas, Señor, para que también en eso nos parezcamos a ti. Condúcenos tú, dirígeme tú, en el nombre de Jesús, amén. Estaremos hablando sobre santidad, hermanos, y estos son de los temas que parecen viejos en las iglesias. Cada vez que seleccionamos un tema, la verdad es que la urgencia nos sigue, y la urgencia que ha motivado este tema es que veo que muchos hermanos, de algún modo, como que han descuidado esta área y se han enfocado quizás en conocer la voluntad del Señor, pero su vida no necesariamente está reflejando que están pasando tiempo con el Señor.

Me gozaba escuchando el testimonio de nuestra hermana Bertania, que decía cómo ya ella puede identificar que hay cosas en las cuales un cristiano no debe participar, aunque hayan sido cosas en las cuales uno participara durante toda la vida. Que hay cosas que el mundo considera que son cosas normales, que para nosotros como cristianos no son cosas que sea prudente participar, que no favorecen este proyecto de parecernos más al Señor. Acompáñenme en sus Biblias en el libro de primera de Juan, en la primera carta del apóstol Juan, en el capítulo dos. Y quisiera hacer algo que no siempre se me da, porque a veces se vuelve un poco complejo, y es que veamos paralelamente tres porciones de las Escrituras.

Tres porciones en armonía: Génesis, Lucas y 1 Juan

Estaremos hablando de tres enemigos poderosos que encontraremos en este transitar por el mundo, y veremos la armonía que tiene la revelación del Señor; que la misma advertencia que nos hace a nosotros el libro de Génesis es la misma advertencia que nos hace a nosotros el Evangelio con el relato de Cristo, y es la misma advertencia que nos hace a nosotros, ya en la postrimería de la revelación, el apóstol Juan. En tres porciones de las Escrituras se dice esencialmente lo mismo. Y estos tres enemigos poderosos no son tres enemigos poderosos porque Rafael quiso darle superpoderes y quiso decir, en un ejercicio retórico, que hay que cuidarse de eso porque eso tiene un gran poder, sino que son tres enemigos poderosos porque desde el comienzo de la revelación.

En el libro de Génesis, en la tentación; en el momento más alto en los Evangelios con Cristo; y al mismo tiempo también en la postrimería, ya con lo último que son las cartas del apóstol Juan, se nos dice esencialmente lo mismo: que los tres enemigos que hemos tenido en nuestro transitar hasta parecernos más al Señor han sido los tres enemigos de siempre. La primera parte está en la carta de Juan, primera de Juan capítulo dos. La otra es un versículo de las Escrituras, el capítulo 3 del libro de Génesis, y el versículo 6. Y también el Evangelio de Lucas en el capítulo cuatro. Ustedes pueden marcar esas tres porciones de Escritura y verán la armonía que tiene toda la revelación de Dios.

Les repito: la primera carta del apóstol Juan es al final, cerca de Apocalipsis, en el capítulo dos, de los versículos 15 al 17. La otra es el libro de Génesis, es el primer libro de la Escritura, en el capítulo 3. Y luego entonces veremos también el Evangelio de Lucas. Quiero buscarlo yo también en mi Biblia, les doy un chancecito para que las marquen. Allí pueden usar el marcador de sus Biblias. Es la tentación de Jesús, es Lucas, capítulo cuatro. Pero para que entiendan la urgencia del asunto, quiero que vean la armonía y lo insistente que ha sido el Señor en documentar en su Escritura las mismas cosas en las cuales tenemos que cuidarnos siempre.

Excelente: Génesis capítulo 3 y en el versículo 6. Tres enemigos poderosos. Dice así nuestra introducción: el hecho de que, por la voluntad de Cristo —esto es, porque en el Evangelio de Juan, en el capítulo 17, Él dice: “No te pido, Padre, que los saques del mundo, sino que los cuides del maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo… Tu palabra es verdad; santifícalos en tu verdad”—, el hecho de que por la voluntad de Cristo vivamos ahora mismo en medio del mundo, que es un sistema de valores opuesto a Dios, hace que tengamos que librar la lucha para vivir en santidad en terreno contrario. En la lucha por la santidad, hermanos, nosotros no somos un club, nosotros tenemos una gran carga porque vivimos en medio del mundo y el mundo se opone a nosotros.

Nuestra naturaleza caída —estos son los deseos de la carne—, las tentaciones del entorno —estos son los deseos de los ojos— y la vida superficial —que es la vanagloria de la vida— son nuestros principales enemigos. Sin embargo, por la familiaridad y el continuo roce con ellos, muchos creyentes han bajado la guardia; en vez de defenderse, se acercan imprudentemente. Hoy aprenderemos que, para tener victoria, es necesario estar alerta. He escuchado yo el comentario vez tras vez de creyentes que tienen ya cierto tiempo en la iglesia, que comienzan a subjetivizar, comienzan a relativizar el juego con el pecado. Es más, en días pasados escuché yo a un creyente que yo consideraba que era una persona que, por los años que tiene en el Señor, ya debería manifestar cierto carácter cristiano, y él hablaba acerca de la santidad como si fuera un asunto de nuevo creyente.

Es más, que hay personas que han entendido que la vida cristiana en santidad y apartarse del mundo, eso era un asunto que se habla despectivamente; dicen: “No, eso era cristiano de la vieja guardia” o “eso es de algún tipo de iglesia que son iglesias muy rigurosas”, que algunos despectivamente llaman iglesias “trajatabla”, iglesias “RT” algunos le dicen. Que ya el cristianismo no se trata de eso, sino que se trata de ir a la iglesia, escuchar algunas cosas y volver a tu casa a hacer con tu vida lo que bien te parezca. Hermanos, les diré que la vida cristiana se trata de vivir en santidad, y que uno de los mandamientos más contundentes que ha dado el Señor lo dio en el Antiguo Testamento, comenzando su revelación, y le dijo al pueblo: “Sed santos…”

Sed santos, porque yo soy santo.

— eco de Levítico 11:44–45; 19:2; 20:7

El llamado a la santidad y el concepto de “mundo”

Porque yo soy santo. Y que lo que el Señor espera de ti no es solamente que tú asistas a la iglesia, sino que en tu vida diaria te apartes del pecado. Que el pecado no es un asunto filosófico, es un asunto real que desagrada al Señor. En la guerra, hermano, en la historia de la guerra, hay una anécdota de la Primera Guerra Mundial. Y es que en un momento estaban los ingleses contra los rusos y se encontraron allí en el terreno de batalla. Y la batalla se extendió durante muchas semanas y llegó el día de Navidad. Estaban en batalla, hermano, pero llegaron a estar tanto tiempo enfrentados el uno al otro, sin tirar ningún tiro, sino solamente mirándose y estudiándose, que llegó un momento que los soldados comenzaron a confraternizar.

Y los diarios de Inglaterra entonces publicaron que el día de Navidad los soldados de ambos lados se encontraban jugando fútbol. Cuando la vida cristiana es una vida de contraposición al mundo, y tú estás en medio de una guerra. Y estamos llamados a vivir alerta de por lo menos tres cosas que se insisten en las Escrituras. Y para tener éxito en la vida cristiana, en cada una de esas áreas debemos tener resoluciones firmes para tener cuidado. Vayamos a nuestra primera lectura en la primera carta del apóstol Juan. Dice así la Palabra del Señor, es el capítulo dos, del versículo 15 hasta el versículo 17:

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.

Porque todo lo que hay en el mundo: los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, no provienen del Padre, sino del mundo.

Y el mundo pasa y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

— 1 Juan 2:15–17

En todo taller de membresía yo me encargo de explicar a los hermanos lo que significa “el mundo”, pero voy a hacer ahora una repetición de lo mismo. La Escritura habla de “mundo” por lo menos en dos términos distintos. Habla del mundo en el sentido del “cosmos”, de la creación. Pero al mismo tiempo se habla del mundo en el sentido de un sistema de valores que se opone a Dios, y ese sistema es un sistema que ha sido iniciado por el diablo.

Mira, la gente cuando le hablan de estas cosas piensa que esto es una fábula, que el diablo no… El diablo es real. Era un ángel que estaba ante la presencia del Señor y que fue desechado, y cuando cayó, hermano, fue echado en la tierra. Y cuando llegó a la tierra comenzó a cambiar todo el sistema de valores para oponerlo a Dios. Y tú quizás no sabes que estás participando de ese sistema, pero estás participando; toda persona antes de venir a Cristo participa, porque Él dice que “el que conmigo no recoge, desparrama”. Yo no quisiera endulzarte la vida cristiana, hermano; la vida cristiana es una guerra, estamos en oposición al mundo.

Y hay tres áreas que se dan aquí de manera muy clara. Nos habla lo primero acerca del primer enemigo, que son los deseos de la carne. Miren, los deseos de la carne, hermano, muchas veces se confunden con los instintos, y para tener éxito en esto hay que saber diferenciar una cosa de la otra. El Señor nos creó a todos nosotros con un set de deseos que son deseos muy naturales y que son deseos genuinos. Y lo que utiliza Satanás para que uno deje de luchar contra la carne es decir que Dios está en contra de nuestros deseos, que son deseos naturales. Históricamente, Satanás ha exagerado el mandamiento de Dios para que uno no tenga el deseo de hacer la voluntad de Dios.

Los deseos de la carne: instintos trastornados

Les pongo un ejemplo: un instinto natural que tenemos todos nosotros es el instinto de alimentación. Pero el Señor ha dispuesto que nos alimentemos, no dándole rienda suelta a los deseos del instinto de alimentación, sino que nos alimentemos y comamos con prudencia. Y cuando se abusa de este instinto de alimentación, entonces se termina cometiendo gula. Ahora las personas quieren sacar el mandamiento diciendo: “Es que parece que Dios quiere como que uno se muera de hambre”. No, Dios no quiere que tú te mueras de hambre. El Señor quiere que tú sacies ese deseo, y para eso te puso el instinto, pero que lo hagas de manera prudente, de manera comedida. Es lo mismo que hace un niño: el niño sabe dónde están los chocolates en la casa, pero la madre le ha dicho: “No debes comerte las tablas de chocolate”.

La madre sabe dónde está la tabla de chocolate, pero su mamá no quiere que él se coma la tabla de chocolate. ¿Te has puesto a pensar por qué razón será? Probablemente porque la madre sabe que una tabla de chocolate podría ser muy dulce en sí misma, pero que es incomparable con un chocolate bien preparado y condimentado. Y la voluntad que tiene la mamá es que el niño no se atragante con cuatro tablas de chocolate, sino prepararle un gran tazón de chocolate, con la leche en su punto, con el azúcar donde va, con la canela al gusto. Hermano, el niño soy yo; yo recuerdo que me comía las tablas de chocolate.

Quiero darle esto, hermano, porque cuando se habla de los deseos de la carne, normalmente las personas dicen: “No, es que los cristianos se oponen a todo; ellos no quieren que uno coma, no quieren que uno tenga relaciones sexuales, no quieren que uno compre nada”. Hermano, todos son instintos que nos diseñó el Señor, Él los puso adentro de ti. Pero la voluntad del Señor es suplir ese instinto de acuerdo a sus riquezas en gloria y de una manera que produce plenitud.

¿Te ha pasado que tú te atragantas comiendo algo y como que no te da satisfacción? Que tú comes y “comí” y como que no te sale. Hermano, la voluntad del Señor es que nosotros seamos saciados. ¿Qué son los deseos de la carne? Son nuestros instintos naturales que, a consecuencia del pecado, han sido trastornados para que ofendan a Dios. El Señor dispuso que el hombre coma, pero el hombre no quiere solamente comer, sino también atragantarse. El Señor ha dispuesto el descanso. ¿Verdad que el cuerpo en un momento dado pide descanso? Es un deseo natural que hay dentro de todos nosotros. Ahora, el descanso, cuando ya el cuerpo llega a un nivel de descanso, el mismo descanso se vuelve gravoso.

Y lo que anteriormente te daba reposo, llega un momento que ya más bien cansa. Llega un momento, hermano, que la cama… como que hay un límite; que si se abusa de ella, ya comienza a molestar. La voluntad del Señor es el reposo, es una pausa, es el descanso, pero lo opuesto a eso, ¿sabe cómo se llama? Se llama pereza. Lo mismo sucede, hermano, con la sexualidad. La reproducción es algo muy bello que ha creado el Señor. Y hay un instinto, un instinto que para muchos también es sorprendente cómo se comienza a despertar, y hay un momento en la persona en que ese instinto se despierta, y es el instinto de reproducción. Ahora, cuánto daño se le hace al cuerpo, a la sociedad y a la familia completa cuando se le da rienda suelta al instinto de reproducción.

Diferencia entre instinto y carne; la primera tentación de Jesús

Los deseos de la carne no son tus instintos, pero Satanás quiere que tú confundas los deseos de la carne con tus instintos para que digas entonces: “Dios quiere como que me muera de hambre. Entonces Dios quiere que uno nunca haga tal cosa”. Hermano, la voluntad del Señor es que los deseos se sacien, pero que no se les dé rienda suelta. Esos son los deseos de la carne. Hay un aspecto de esto que tengo que decirte, y es que esto no hay que animarlo desde afuera. Hay una diferenciación entre los deseos de la carne y los deseos de los ojos, y es que los deseos de la carne ya están adentro de ti.

En la Edad Media se estilaba que los hombres, para vivir en pureza, se iban a vivir en los desiertos. Y se aislaban, y había monjes que se iban muy lejos. Mira, tú te puedes ir de aquí hasta Jimaní, y los deseos de tu carne estarán dentro de ti. Esta es una lucha compleja, hermano, porque los deseos que están fuera —los de los ojos— es más fácil controlarlos, pero los deseos que salen desde adentro de ti solamente con la ayuda del Señor, del Espíritu Santo, se pueden manejar. Hay una diferenciación: los deseos de la carne vienen desde adentro; los deseos de los ojos vienen desde afuera.

Ahora, yo les pregunto, hermanos: ¿y eso solamente lo enseñó el apóstol Juan por allá? No, no, no, no. Si ustedes buscan el Evangelio de Lucas, en el capítulo cuatro, verán que la primera tentación con la cual fue tentado el Maestro fue una tentación con alimento. Dice que tuvo hambre. ¿Pueden ver el paralelismo que hay aquí? Yo me pregunto: ¿ustedes creen que Cristo pensaba que comer era malo? No, Cristo sabía comer; Él había comido anteriormente. Pero en el capítulo cuatro del Evangelio de Lucas se relata que Satanás quiso aprovechar una necesidad que había en el Maestro, de alimentación, para convertirse en el proveedor del Señor. Aquí hay una alerta para nuestra iglesia, hermano: evita que Satanás se convierta en tu proveedor. Todos tus instintos fueron creados por Dios y la respuesta a todos tus instintos también vendrá de Dios.

El Señor respondió cada vez a Satanás en el capítulo cuatro. Ahora leo allá. Dice Lucas capítulo cuatro:

Por cuarenta días era tentado por el diablo, y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre.

Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.

Jesús, respondiendo, le dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios.

— Lucas 4:2–4

Hermano, la primera recomendación del enemigo poderoso que hizo el apóstol allá en su carta, la carta de Juan, fue que el enemigo se llamaba la carne. Y la primera tentación que le vino a Cristo fue la tentación en la carne. Y si buscan al mismo tiempo en Génesis, ¿con qué enfoque fue tentado el hombre en el Edén? Se encontrarán que el hombre fue tentado también con alimento, con comida. Es prudente que haga una digresión y hable un poquito del ayuno.

El ayuno y el dominio propio sobre los instintos

A veces yo he tenido el temor de invitar a nuestros hermanos a ayunar porque siento que la gente todavía no ha entendido —y he predicado esto ya dos veces—, todavía no ha entendido el sentido del ayuno. ¿Para qué razón ayuna un cristiano? ¿Hay algún mérito en pasar hambre? ¿Es que la comida es pecaminosa? ¿Es que tener el cuerpo libre de alimentos acaso tiene alguna virtud? Normalmente no se trata de eso. De lo que se trata es que los instintos que están adentro de nosotros, hay veces que hay que decirles al instinto: “No, no me dominas”.

Y cuando un cristiano se abstiene de consumir alimento durante un tiempo, le está diciendo a su propia naturaleza: “Mi naturaleza no tiene dominio sobre mí, sino que, con la ayuda del Señor, yo puedo ponerme sobre mi naturaleza”. El ayuno más común es el ayuno de ingerir alimentos, pero hay otros tipos de ayuno que también serían ayunos muy saludables. Un ayuno que quizás tú podrías hacer: el cuerpo quiere divertirse, es un deseo del cuerpo; llega un momento en que el cuerpo quiere distraerse, pero quizás tú puedes decirle a tu cuerpo: “Durante un mes, cuerpo, no hay televisión para ti”. Y es algo que tú amas, es algo que tú deseas, pero en eso, que quizás no es algo tan grave —que es dejar de ver tu programa favorito de televisión durante un mes—, tú le estás diciendo a tu ser interior: “No tienes dominio sobre mí, sino que, en mi cuerpo, en mi ser interior y en mis deseos, en todos ellos se enseñorea Cristo”.

Cuando un cristiano, hermano, deja de comer, por ejemplo, a las 3 de la tarde, el cuerpo comienza a mandarle alertas, comienza a mandarle señales. La primera comienza temprano, que es a las 9 de la mañana: “¿Y la comida, dónde está?”. Sí, yo sé que tengo el deseo de comer alimentos, pero con la ayuda del Señor yo tengo que decirme a mí mismo que tengo que tener dominio sobre la carne. Y lo que he visto, hermano, es que como uno no tiene dominio en algún área de los instintos, tampoco tiene dominio en las demás. Las personas que son compulsivas con su deseo normalmente son compulsivas en todo. Aquel que no puede controlar normalmente su alimentación, tampoco puede controlar su sexualidad.

Tampoco puede controlar el deseo de adquisición. Pero cuando tú logras tener victoria con la ayuda del Señor en alguna área de tus instintos, en alguno de los deseos de la carne, normalmente también tienes éxito dominando los demás. Parece rara la relación, pero si el Señor te ha dado a ti victoria en un área, también tú tienes la confianza para tener la victoria en la otra. Y tú eres una persona que te controlas por la voluntad del Señor y no por la voluntad de tus instintos. Normalmente, hermano, el hombre natural está dominado por su carne. Y él quiere hacer la voluntad del Señor, pero no puede. Primer enemigo poderoso: son los deseos de la carne. Adán y Eva fueron tentados en los deseos de su carne. Cristo fue tentado con los deseos de su carne. Y también dijo el apóstol Juan que tenemos que tener cuidado con este primer enemigo que se llama la carne, porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, son opuestos a Dios.

Hermano, quiero darte algunas recomendaciones para luchar contra este enemigo; solamente todo lo estoy esbozando porque en las diferentes enseñanzas abundaremos más en ello, pero para vencer la carne, hermano, te doy algunas recomendaciones. Son recomendaciones que a mí me han dado, de algún modo, algún fruto, algún resultado, y te lo comparto en mi experiencia. Lo primero que te recomiendo es que no exageres la satisfacción que da el pecado. Según la televisión, hermanos, según la televisión, no hay una cosa que dé más satisfacción que ese pecado que Satanás quiere que tú cometas en ese momento. Y tú mismo sabes que, después que cometes el pecado, no es tan satisfactorio como parecía. Que las cosas que a ti de entrada te parecen como que son la solución al problema del mundo, cuando ya tú las tienes, como que no encuentras que sean la cosa más grande.

Esaú, el plato de lentejas y la exageración del pecado

Satanás exagera la satisfacción del pecado, por lo mismo que le pasó a Esaú. Hermano, Esaú tenía la promesa del Señor, pero hubo un momento que llegó con hambre, cuando llegó a su hogar con hambre y su hermano Jacob le dijo: “Mira, te cambio la promesa que Dios te ha dado por un plato de lentejas”. Y él dijo: “Pero si yo me voy a morir de todos modos, ¿de qué me sirve la promesa?”. ¿Usted cree que se iba a morir de todos modos? ¿Usted no cree que por ahí, si él camina un chin más, aparece aunque sea hierba que él podía comer? No. Lo que pasa es que el guisado que tenía Jacob había atractivo. Y en la atracción, hermano, el convenio que él hizo hizo que el guisado se convirtiera en el fin de su vida.

Primera causa para vencer los deseos de la carne, hermano: dile a tus mismos instintos: “Instinto, yo sé que comer es bueno. He comido muchas veces, yo sé que comer no es la cosa más grande del mundo”. Instintos, hermano: por ejemplo, hay un instinto del ser humano que es el instinto de adquisición. Hay un placer en obtener cosas. Cuando tú compras algo, cuando tú compras algo, esa misma transacción de que algo pasó de ser la propiedad de alguien a ser la propiedad tuya, eso tiene un enorme placer. Por eso los compradores compulsivos no compran lo que necesitan, compran por comprar. Hay una satisfacción en la adquisición, en el decir: “Esto es mío”. Pero tú mismo sabes que muchas veces, después que tú adquieres eso que anteriormente era la cosa más grande, ya tú lo tienes, ¿y ahora qué?

El ser humano tiene la capacidad, hermano, de poner toda su atención sobre una cosa. Quizás es una prenda de vestir que tú piensas: “Guau, cuando yo tenga esa prenda de vestir, cuando yo tenga eso…”. Hermano, después que tengas la prenda de vestir, ya eso pasó, como que se convierte en una cosa más de muchas otras que tú has adquirido. Primera recomendación con esto, hermano: no exageres. ¿Recuerdas cómo Satanás engañó a Adán y Eva para que ellos cometieran el pecado? ¿Qué fue lo que les dijo? Hay una palabra brillante en su discurso, que es la palabrita clave. Vamos a Génesis, que lo tenemos ahí, ¿no? En nuestras lecturas, capítulo 3 del libro de Génesis, versículo 1:

Pero la serpiente —esto es, el diablo— era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho, la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?

— Génesis 3:1

¿Eso fue lo que dijo Dios, hermano? El Señor dijo todo lo contrario. Oigan lo que dice Satanás: “Entonces el Señor les prohibió a ustedes que comieran de los árboles. Eso fue lo que el Señor hizo”. El Señor les dijo todo lo contrario: “Coman de todos los árboles del huerto, menos de uno”. Hermano, Satanás utiliza exagerar la ordenanza del Señor para que uno no haga la voluntad de Dios y no encuentre satisfacción. ¿O ustedes creen que Adán y Eva se encontraron satisfechos después que comieron? No.

Algo que tengo que decirte, hermano, es que la ley de Dios es perfecta y es agradable, dice la Escritura. La gente te dice: “No, es que los cristianos viven unas leyes que son excesivamente restrictivas”. No, hermano, no. El Señor nos ha permitido a nosotros comer de todos los árboles del huerto, pero también ha puesto límites a nuestra alimentación. Yo he analizado, hermano, vez tras vez, el capítulo 3 de Génesis, que, mente a mí me parece que, para entender la Biblia entera, este capítulo es un capítulo clave. Capítulo 3 del libro de Génesis. Y yo he entendido, hermano, que la razón por la cual el Señor puso ahí el árbol de la ciencia del bien y del mal era ponerle un límite a los instintos del hombre.

Entender que tú no eres Dios. Dios puede comer todo lo que quiera, Dios puede recoger todo lo que quiera; pero tú tienes un límite. Ahora, lo que nos vende el mundo precisamente es una vida sin límites. Deseos sin límites, lujuria, placer sin límite; un fin de semana sin límites. Hermano, las cosas que cuando el ser humano las pone sin límite, eso como que tiene un atractivo especial. El límite ha sido establecido por Dios para que no se abuse del instinto y podamos llenar la expectativa de satisfacción. Recomendación en esto: no exageres la voluntad del Señor.

Recomendación: bueno, esta recomendación como que se cae de la mata, pero es una recomendación natural. Busca la provisión del Señor. Para cada instinto Dios ha provisto. Hay gente que dice: “No, yo no descanso”. Es que estás descansando mal. Cuando descanses a la manera de Dios, verás que ese instinto que hay dentro de ti que te pide cama, se podría desarrollar de una forma tal que sea plena y genere satisfacción. Pues lo mismo con la comida, hermano. Algo que he notado es que cuanto peor como, como desordenadamente, ¿te ha pasado a ti eso? Que comes, comes, y como que no te sale. Yo me he llenado la barriga de disparate y como que… Ahora, cuando comes ordenadamente, entonces te encuentras satisfecho.

Instintos específicos: alimentación, posesión y reproducción

Menciono otras cosas, hermanos: la adquisición, que es un deseo de la carne, el deseo de poseer. Menciono esto, que es la alimentación, que es un deseo de la carne, hermano, que es el deseo de comer sin límite, porque son instintos. Y también menciono la reproducción, porque son instintos que están ahí. ¿Saben qué le dijo el apóstol Pablo a la iglesia como respuesta a tener dominio sobre el instinto de reproducción? Ustedes recuerdan lo que les dijo Pablo. Pablo le dijo a la iglesia: “Miren, dentro de ustedes hay un instinto calientito de reproducción. Y si ustedes no están teniendo éxito en eso, es mejor que se casen, porque es mejor casarse que estarse quemando”.

Mi consejo en esto, hermano: para el instinto de alimentación, coma, y coma bien, coma ordenadamente. Para el instinto de posesión, hermano, compre cosas y siéntase satisfecho con lo que el Señor le ha dado. Y para el instinto de reproducción, cásese. No es antinatural, hermano. Por eso el cristianismo no es una religión como estas religiones orientales, que las personas tratan de ausentarse de los placeres saludables que Dios les ha dado durante meses. No, hermano. Los cristianos no tratamos de ausentarnos de eso, sino de utilizarlo todo ordenadamente. Por eso la Escritura le llama a todas esas cosas, cuando están abusadas, cosas horrorosas.

Primer enemigo, ¿cuál era el primer enemigo? Los deseos de la carne. Algo que está dentro de nosotros y que nos estimula a deshonrar al Señor. En Génesis, ¿cómo se manifiestan los deseos de la carne? Por un fruto. En la tentación de Jesús, ¿cómo se manifiestan los deseos de la carne? Porque Cristo tuvo hambre. ¿Cómo le llama el apóstol Juan a esto? Él le llama así mismo, dice que es un enemigo que es parte del mundo, un sistema de valores opuesto a Dios. El cristiano, hermano, de aquí y hasta que nos encontremos en el cielo, vamos a estar luchando con los deseos de la carne.

Pero hay otro más, de las cosas que hay que vencer para vivir en santidad. Dice: “los deseos de los ojos”. Se parecen mucho los deseos de los ojos a los deseos de la carne. La diferencia está en que los instintos… eso sale solo, hermano. Los deseos de los ojos hay que estimularlos.

Los deseos de los ojos: estímulos externos y administración de la mirada

El ser humano es un ser de estímulos. Tú sales por ahí, hermano, y hay una serie de estímulos que están en el medio ambiente, estímulos que evocan en ti diferentes cosas. Cuando vas caminando, hermano, en el entorno, el entorno te va dando una retroalimentación a ti mismo. ¿Y esos deseos son pecaminosos en sí mismos? No, no. Desear es natural. El problema está, hermano, cuando se cultiva ese deseo y se acaricia. ¿Cómo le llamaba el apóstol Juan a esto? ¿Cómo le llamaba? “Los deseos de los ojos”.

Hermano, y en Génesis, ¿cómo eso se manifiesta? Vayan a Génesis 3, versículo 6. Miren lo que dice el 6:

Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos…

— Génesis 3:6a

No solamente hay adentro de Eva un instinto que le dice: “Hay que comérselo”. También hay en sus ojos: “Y se ve bueno”. A mí me ha engrandecido ver la precisión que tiene la revelación de Dios. El primer ser humano, hermano, experimentó lo mismo que estamos experimentando nosotros en este tiempo: los deseos de los ojos. No solamente yo te digo: “Yo lo necesito, me lo quiero comer”, sino que también digo: “Y se ve bien”.

Vuelvo a la metáfora del niño. Al niño le dijeron que no se coma la tabla de chocolate, pero él sabía que hay un gabinete donde ahí están guardadas las tablas de chocolate. Y el niño dijo: “Yo no me lo voy a comer, yo solamente lo voy a mirar”. Y buscó el chocolate, hermano, abrió así la casa y se quedó mirando el chocolate. “Yo no le estoy fallando al Señor todavía, yo solamente estoy mirando la tabla de chocolate”. Hermano, ese es el proceso de la tentación. Hay un deseo adentro de comerse el chocolate, pero también el chocolate se ve bien.

Lo que espera el Señor no es que tú te quites los ojos. Lo que espera el Señor es que tú administres tus miradas. Hay cosas que están en nuestro entorno, que se oponen a la vida en santidad. Y esto puede sonar fuerte, pero miren: es imposible que para una mujer cristiana no encuentre en el día algún hombre que le sea atractivo. Toda mujer cristiana, cuando sale a su trabajo, encontrará un hombre que, si no fue por la forma en que se acercó a ella y la saludó, quizá por su trato, quizá por su físico, quizá por su forma de verter… miren, toda mujer cristiana va a encontrar un hombre en el día que le va a ser atractivo. Y lo mismo: todos los hombres cristianos encontramos en el día a día personas del sexo opuesto que nos son atractivas.

¿Pero acaso un cristiano, hermano, no cultiva esos pensamientos? ¿Ustedes me pueden entender esto? No es pecaminoso, hermano, que los ojos reposen un lugar. Lo que es pecaminoso es que tú te deleites en esa mirada, que coseches esas cosas, que lo comiences a avivar. Dice la Escritura que eso es como un fuego que se aviva. Un fósforo encendido, hermano, un fósforo encendido tiene un potencial inofensivo. Pero ese mismo fósforo, si usted comienza a cultivarlo y a jugar con el fueguito, podría ser que haga un fuego que te destruya a ti, te consuma, y también a todo lo que tú tienes alrededor.

Muchas familias han sido destruidas porque un hombre imprudente cultivó lo que no tenía que haber cultivado, porque una mujer imprudente se dejó seducir por la pequeña llama. Dice así mismo el libro de Proverbios: “¿Tomará el hombre fuego en su seno sin que sus vestidos ardan?”. El fuego comienza, hermano, con una pequeña chispa, pero eventualmente se lleva todo el bosque. Los deseos de la carne; pero nos habla también de los deseos de los ojos.

Recomendaciones para los deseos de los ojos, hermanos. Primera recomendación, rápida: aparte la mirada, y si es necesario, huya. Dice la Escritura: “Huid de la fornicación”, “huir de la tentación”. El héroe en la fe, hermano, no es el que se queda con los ojos pegados tratando de resistir; el héroe en la fe es el que, cuando vio, corrió. Ese es un héroe en la fe.

Huir de la tentación y cuidar las relaciones

Un héroe en la fe fue José. Dice que la mujer de Potifar se le había estado insinuando. Y llegó un momento, hermano, que la insinuación no solamente fue insinuación, sino que lo agarró así por la ropa. Yo… a mí no me han enseñado una foto de la mujer de Potifar, hermano, pero yo sospecho que era bonita. La mujer de este hombre, yo sospecho que era bonita, y que sería atractiva para José. Pero ¿sabe qué hizo José, hermano? “Ven, que voy a resistir la tentación”. No, hermano. Dice que le dejó la ropa en la mano y se fue.

Hermano, loable en los caminos del Señor es dejarle la ropa en la mano; eso es lo loable. Es huir por tu vida. Hay lugares, hermano, donde tú te has encontrado como cristiano que tú no sabías para dónde era que ibas, pero te encontraste ahí. Y cuando te encuentras dices: “Mira, yo no sabía que yo venía a este lugar, pero lo que aquí va a pasar no me está agradando, y con el paso del tiempo me va a gustar menos”. Huye, hermano; huye de la tentación, que es lo que dice la Escritura.

Hay gente que quiere tumbar pulso con el pecado, hermano. No haga eso, que Satanás tiene años en esto. Dice la sabiduría popular: “Sabe más el diablo por viejo que por diablo”. O sea, hay gente que quiere venir a abráciar con el pecado. Los deseos de los ojos son muy poderosos.

Estímulo para esto, hermano: miren, en cada instinto nuestro, aparte de donde sale interno, también hay un estímulo externo que lo aviva. Si ya tú tienes en tu casa lo que tú vas a necesitar para comer, ¿para qué hay que estar mirando el menú? ¿Para qué hay que estar mirándolo? Si tú tienes en tu casa ya la ropa que te vas a poner, ¿para qué es para “mirar solamente”? Esto mismo es la estrategia normal del que vende por catálogo: “¿Tú tienes dinero en este mes?”. “Mira, yo no tengo dinero, a mí no me da”. “Míralo, míralo; aunque sea míralo solamente, por mirarlo”. Los deseos de los ojos, hermano, que estimulan otros instintos.

Recomendaciones para esto: hermano, cuida tus relaciones. Hay círculos sociales que avivan un instinto. Hay hermanos que dicen: “No, lo que hay que hacer es anularse”. No, no es eso. Les pongo un ejemplo muy práctico. Miren, los gimnasios son lugares donde gran parte de las personas que van allá van a provocar a los otros con su cuerpo. Y es evidente que es así, que muchas personas van a los gimnasios. ¿Eso significa que los cristianos no podemos ir al gimnasio? No. Lo que significa es que cuando un cristiano va al gimnasio, él trata de poner la máquina caminadora de frente a la pared, para no ver el contoneo de la persona que está al frente. Él trata de utilizar una ropa que no es una ropa que avive el fuego y despierte el deseo de los demás.

Por regla general, un cristiano no anda ni avivando el fuego de los demás ni avivando el suyo propio. ¿Me pueden entender con esto? La respuesta no es aislarte, sino comportarte con prudencia. Hay círculos sociales, hay reuniones donde se aviva la ostentación, donde las personas se reúnen para ostentar. Y hay lugares, hermano, donde cuando tú vas te sientes chiquito, y no solamente chiquito, sino que haces cualquier cosa que está a tu alcance, carnalmente hablando, para sentirte grande.

Hay reuniones donde una gente, supuestos amigos, comienzan a mencionarse sus logros el uno al otro y sus éxitos profesionales y lo que tienen, hermano, y eso está avivando ante ti un fuego. Hay veces que tú te has sentido satisfecho, y cuando te pasas dos conversaciones con una gente, ya tú sientes que te falta algo. Tres enemigos poderosos, hermano: el primer enemigo poderoso tú lo tienes por dentro; el segundo viene desde afuera.

Cuida tus relaciones, cuida tu entorno, adminístrate. Decía Martín Lutero: “Yo no puedo evitar que las aves vuelen sobre mí, pero puedo evitar que hagan un nido en mi cabeza”. Yo no puedo evitar que un pensamiento pase por mí. Lo que yo puedo evitar es cultivar ese pensamiento.

La vanagloria de la vida: ostentación y deseo de ser como Dios

Tercer enemigo poderoso, hermano: la vanagloria de la vida. Dice así mismo: “los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida”. Hermano, ¿y cómo se manifestó en Adán y Eva? Le dijo la serpiente a Eva: “Si tú comes de esto, vas a tener conocimiento, la sabiduría va a venir a ti y vas a ser como Dios”. Hermano, mire, eso es jactancia y ostentación: ser como Dios.

Pero lo mismo que está jugando ahora mismo, quizá en muchos de ustedes, que cuando te dicen: “Tú debes ser como Dios”, tú dices: “Yo puedo hacerlo”. La gente dice: “No, tú tienes que tener presencia; cuando tú entras a los lugares se sienta el aura de que ahí hay un poderoso”. La jactancia, la tentación, el deseo de avasallar, de andar por la vida así, pavoneándose.

Así como te dije que la respuesta para los instintos es satisfacerlos a la manera de Dios, asimismo te diré, hermano, que el Señor nos hizo a nosotros para llamar la atención hacia Él. Por regla general, un cristiano no llama la atención hacia sí mismo en nada. Y les digo áreas donde no llama la atención. Miren, no llama la atención hacia sí mismo a través de su vestimenta. Si usted se vistió, hermano, para que la gente vea cosas en su cuerpo, perdió el tiempo. Está llamando la atención hacia ti.

Si usted se vistió para que la gente vea que usted tiene encima ochenta mil pesos juntos en un atuendo, perdió el tiempo. Pero uno lo dice así, pero a todo el mundo le gusta tener, qué sé yo, una camisa que la marca no se ve; eres tú, eso está dentro de ti. Bueno, sí, ahora hay marcas que te las ponen por fuera, así de grande, para que tú sepas que esa… hermano, un cristiano no viste para ostentar su físico, para exhibir el cuerpo, hermano. Eso es bonito, eso es bueno, pero cada vez que tú haces de eso tu objetivo, que la gente que te vea diga que fuiste al salón ayer, o que tienes el moño más alto… No está mal desear acicalarse físicamente. El asunto está, hermano, en hacer de eso el centro de tu vida, en llamar la atención hacia ti mismo. Con eso llama la atención hacia Dios.

Con las actitudes. Ven, hermano, hay una manera de tomarse una foto que dice una cosa, y otra manera de tomarse una foto que dice otra. Hermanas de otra congregación, sean prudentes en esto. La hermana dice: “No, yo no enseño nada con mi cuerpo”, pero tu rostro está diciendo algo. ¿Verdad que hay una foto que invita? Hay cierto ángulo de la cara, hay cierto… Hermano, ahora mismo todo el mundo tira besitos en Facebook. No me envíes besitos. Sí, porque tú me estás tirando besitos en Facebook, tú no metas esa foto de perfil; tú me estás provocando con un gesto, como tú me estás provocando.

Lo mismo los hombres-objeto. Hay gestos, hermanos, que de alguna manera ostentan algo. Por regla general, hermano, el cristiano llama la atención hacia Cristo. La vanagloria de la vida con las posesiones, por lo que la gente piensa de ti. ¿Tú te has preguntado qué piensa Cristo de ti?

¿Cómo se manifestó esto en Cristo, hermano? Miren, de una manera muy sutil, pero que también podemos ser presa de ella en la tentación espiritual. “Si tú eres Hijo de Dios —le dice Satanás—, tírate de aquí abajo, tírate, para que el Señor mande ángeles y te recojan, y tú digas: ‘Yo soy el Hijo de Dios, y a mí me mandan ángeles para que me recojan’”. Mano, el ser humano… nosotros, adentro de nosotros, tenemos una doble naturaleza ahora mismo. Está lo que se le llama “el viejo hombre”, que está ahí debajo. Todavía eso está ahí. Cuando uno viene a Cristo no recibe una “buena vida” y ya; lo que hacen es como… es como amarrar un perro con un gato, eso es lo más parecido. Tú agarras un perro con un gato y lo amarras así. Adentro de nosotros hay una nueva naturaleza que desea hacer la voluntad del Señor, pero hay un viejo hombre, hermano, que está suelto.

Hay un viejo hombre que está suelto, hermano. Y eso se manifiesta hasta en la vida espiritual. Hay gente que ostenta su conocimiento bíblico, ostentando. Hay gente que saca su conocimiento bíblico para explotar a los demás que no saben. Ay, hermanos, humildemente les diré que los primeros años de mi caminar cristiano, cuando yo predicaba, yo predicaba así. Yo recuerdo que siempre hablaba de los últimos datos, escribía y yo quería, hermano, que cuando yo predicara la gente dijera: “Guau, ese muchacho se sabe la Biblia”. Ostentación.

He visto otros que ostentan sus avances espirituales. Es bello, hermano, hay un testimonio que glorifica al Señor y un testimonio que le da gloria al hombre. Hay gente que está testificando llamando la atención hacia sí mismos. Qué hermoso, hermano, que alguien diga: “Mira, yo tenía una atadura en mi vida en esta área y el Señor me ha dado la victoria”. Y qué feo es, hermano, el que dice: “Yo tengo cuatro años que no hago tal cosa”. Vanagloria de la vida.

Resumen de los tres enemigos y preguntas de aplicación

Les resumo cómo se ven, para terminar aquí. Los deseos de la carne se veían en Adán y Eva, que dijeron que era bueno para comer, para alimentarse, la alimentación. Se veían en Cristo, que tuvo hambre y le pidieron pan. El Señor desea que tú te alimentes, pero el Señor ha puesto límites a cada uno de tus instintos. Los deseos de los ojos se manifestaron en Adán y Eva, que dijeron que el fruto no solamente era bueno para comer, sino que también era deseable, era agradable a los ojos. ¿Cómo se manifestó en Cristo? Le enseñaron los reinos del mundo, comenzaron a avivar ese deseo que hay en el ser humano.

La vanagloria de la vida. ¿Cómo se manifestó en Adán y Eva? Él les dijo que el fruto era bueno para alcanzar sabiduría y después les dijo que iban a ser como Dios. ¿Cómo se manifestó en Cristo? Le dijo Satanás que hiciera ostentación de su posición como Hijo de Dios y que el Señor iba a mandar ángeles para rescatarle.

¿Cómo podemos nosotros tener éxito en estas áreas, hermano? Primero, que tenemos que ser intencionales. Yo estoy seguro que lo que yo he hablado aquí, de algún modo, ha resonado en ti en algún área de tu vida. Quizás hay partes de ti que te están alejando de la vida en santidad; estos enemigos poderosos que están ahí. Recuerda las preguntas de discipulado: de estos tres enemigos estudiados, hermano, ¿cuál te ha estado afectando a ti especialmente en los últimos tiempos? ¿En qué área de tu vida tuviste tu última gran victoria para la gloria del Señor? ¿Y en qué maneras puedes mantenerte alerta ante los diferentes enemigos?

En todo este mes, hermano, estaremos hablando de santidad, y en esta introducción lo que quiero es exhortarte, quiero animarte a que entiendas que tú estás en medio de una guerra. Y que estas luchas son luchas reales, y que, a menos que intencionalmente tomes resoluciones, nunca vas a ser exitoso venciendo la carne, venciendo los deseos de los ojos y venciendo la vanagloria de la vida. Permítanme orar por todos nosotros, y también oro por mí.

Oración final por victoria sobre los tres enemigos

Padre, como te pedíamos en enero, ahora te pedimos en febrero. Antes te pedíamos que nos permitieras conocerte para adorarte correctamente. Ahora te pedimos, Señor, que nos ayudes a tener victoria en una vida en santidad.

Te encomiendo mis hermanos que están siendo especialmente tentados, quizás esta semana, quizás, hermano, que han sido tentados en esta semana por estos instintos que tú has puesto en ellos: instinto de adquisición, instinto de alimentación, instinto de reproducción. Lo que te quiero pedir, Señor, es que tú proveas para nuestros instintos a la manera tuya. Que no sea el diablo nuestro proveedor, sino que seas tú. Ay, Señor, tú has dicho que tú sabes que nosotros tenemos necesidad de todas estas cosas. Mira a mis hermanos que necesitan, Señor, respuesta tuya para satisfacer los instintos que tú les pusiste. Responde a mis hermanos, Padre, para que en esas áreas puedan tener victoria.

Mira a aquellos que están siendo estimulados desde afuera a que hagan cosas que son ofensivas a ti. Te pido, Padre, que tú les des el valor de mover la mirada. Te pido, Señor, que les des el valor de mover el pensamiento. Te pido, Señor, que les des las fuerzas para poner sus ojos, Señor, en las cosas que contribuyen a la edificación suya y también del pueblo de Dios.

Mira, mis hermanos, Padre, que quizás han sentido tentados a competir con el mundo. Mira a mis hermanos que quizás han sentido tentados a ostentar sus conocimientos, a ostentar su madurez cristiana, a ostentar su santidad, a ostentar sus recursos materiales, a ostentar el carro, la ropa, a ostentar sus títulos. Permite, Señor… Mira a aquellos que quizás han sentido tentados a ostentar su ingenio a través de las redes sociales, o a ostentar su figura física a través de fotografías que quizá, Padre, no son fotografías que el hombre natural considere imprudentes, pero que no son prudentes para un hijo tuyo.

Permite que llamemos la atención hacia ti. Permite que cuando la gente nos vea, Señor, te vea a ti. Padre, danos victoria en cuanto a la tentación y permítenos vivir una vida en santidad. Todo esto te lo pedimos para la gloria tuya, en el nombre de Jesús, amén. Que el Señor les bendiga mucho, que puedan tener victoria en esta semana. Nos vemos el próximo domingo.

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