Hay un ánimo caldeado, la situación del país no está bien, y creo que la iglesia del Señor tiene que tener por lo menos una opinión al respecto. ¿Cuál es la voluntad del Señor? ¿Cómo reaccionamos nosotros como cristianos ante la situación del país? Oremos al Señor. Seguiremos la serie que comenzamos el domingo próximo, pero hoy estaremos hablando principalmente acerca de la situación en la cual está el país. Cierre sus ojos un momento y nos encomendamos delante del Señor.
Gracias, Padre, porque nos has permitido cantar. Gracias, Señor, porque vemos evidencia de tu mano obrando a favor de nosotros. Ahora venimos con humildad, porque como todo el mundo opina, Señor, todo el mundo habla, todo el mundo tiene una opinión u otra acerca de determinada situación, queremos conocer cuál es la opinión tuya al respecto de esto. Desde ahora, Señor, queremos orar por nuestro país. Mira esa situación en la cual está la República Dominicana. Mira las tensiones, Señor; mira las precariedades; mira los ánimos cómo están caldeados. Permite que prevalezca el buen juicio, Señor. Permite que se haga justicia. Mira cómo se clama, Señor: desde el grande hasta el pequeño en República Dominicana se clama por justicia.
Toma tú el control de toda esta situación, Señor. Y lo que queremos pedir es que tú te glorifiques en medio de ellas. Eso es lo que queremos pedirte, Señor: que la situación en la cual se encuentra la República Dominicana sea una situación para que la República Dominicana se encuentre contigo. Permite, Padre, que al final de esta situación no haya un lado que ganó y un lado que perdió. Permite que ganes tú. Ay, Padre, permítenos a nosotros como hijos tuyos en Santo Domingo, en República Dominicana, hacer nuestra parte. Algunos están invitando a protestar, Señor; otros están invitando a la subversión; otro lado se mantiene enredado en su juicio. Permite que la iglesia haga su parte para la gloria tuya. En el nombre de Jesús, amén.
En su programa tienen el bosquejo de la enseñanza de hoy: es una respuesta cristiana ante la situación del país. Les pido que me acompañen en sus Biblias en el libro de Primera de Timoteo, en el capítulo dos. Estaremos leyendo dos versículos, el versículo uno y el versículo dos. Es el apóstol Pablo escribiéndole a su hijo espiritual Timoteo acerca de cómo deberían comportarse los cristianos con respecto a las autoridades.
Déjenme darles un poco de contexto al respecto de esta lectura. Lo que sucedía en aquel momento es que la situación que tenía el pueblo con relación a la autoridad del momento era muy parecida a la situación que tiene el pueblo con relación a las autoridades de hoy. Eran autoridades que en la mayoría de los casos eran impuestas, que gobernaban al pueblo con mano dura. El pueblo no tenía mucha opción; ante todo esto era tómalo o tómalo. Y en medio de esta situación penosa, el apóstol Pablo le escribe a Timoteo y le dice:
Exhorto ante todo que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad.
— 1 Timoteo 2:1-2
Le dice el apóstol Pablo a Timoteo que ante la situación que tenían ellos con relación a la autoridad política del momento, les rogaba sobre todo que hicieran oraciones y que le pidieran al Señor por ellos.
Me preguntaba alguien que si acaso es válido que los cristianos protestemos; que si acaso es válido que los cristianos salgamos a la calle con pancartas; que si acaso es válido que ante la situación de injusticia que prevalece en el país los cristianos nos movilicemos. A mí me gustaría responder eso, pero antes de responder a aquello tengo que decirle: el paso previo ante cualquier acción en la cual un cristiano se va a involucrar o va a participar es orar. Como ciudadanos de este país realmente tenemos derechos, y la protesta como tal es un asunto válido, la misma Constitución lo permite; pero líbrenos el Señor de levantar una mano o de poner un letrero antes de rogarle al Señor por la ciudad, tal como nos dice la palabra del Señor.
Razones hay: el país no está bien
Razones hay. En la introducción les digo que nuestro país no está bien, eso se siente. Miren, esta semana pasada yo me preocupé. Yo no recuerdo un momento donde tantas personas estuvieran hablando de lo mismo. En las redes sociales no había otro tema; ese era el tema. La percepción de injusticia e ilegalidad es generalizada, y no es una percepción que a mí me parece que sea irreal, sino que tiene sus bases reales.
Son años tras año que vemos las mismas cosas, las mismas personas. Cuando el pueblo estaba esperando que se hiciera justicia y que por lo menos se culpara a alguien, todo se ha quedado igual. Lo que prevalece es la impotencia. Uno mismo ve esta situación y dice: ¿hasta cuándo? Y es normal que uno se desespere en medio de esta situación de injusticia y de ilegalidad, donde un grupo de personas opera a sus anchas y a los otros, entonces, las leyes les operan en contra. Qué injusto.
En medio de esto, entonces, la carga tributaria es cada vez más pesada. Y no solamente esto, sino que uno siente —y yo particularmente como ciudadano de este país lo siento— que yo pago impuestos para resolver con mis impuestos los problemas de corrupción que históricamente se han hecho. Imagínense ustedes. La carga es mucha, y además de ser mucha, es más pesada por injusta.
Son asuntos por los que uno normalmente se desespera. Decía nuestro presidente, el presidente que elegimos, decía en días pasados que tenemos que apretarnos los pantalones, que le dejaron un hoyo muy grande. Pero uno se pregunta: ¿y qué se hizo con lo que se sacó del hoyo? Nadie es culpado por nada de esto. Y en medio de esto, hermano, por ahí viene Navidad, y se vislumbra que será la Navidad más lenta por lo menos de la década. Para nosotros los cristianos, Navidad es conmemoración del nacimiento de Cristo, pero para el que no es cristiano Navidad significa fiesta y compras, y al parecer habrá pocas fiestas y habrá pocas compras.
Yo he estado leyendo a la gente que opina en el país y todos concuerdan en que tarde o temprano —y más temprano que tarde— sucederá algo. Es más, yo hasta siento que hay gente que está como deseando que suceda algún estallido. Como se siente la cosa ahora mismo es como cuando va a venir un ciclón: paradójicamente, que viene el ciclón, que viene el ciclón. Se está esperando algo. Se esperaría que las autoridades flexibilicen, que las autoridades den un poco su brazo a torcer, pero al parecer la autoridad está parada en su posición y el pueblo está donde siempre ha estado. Se espera que algo suceda.
Como ciudadanos de este país tenemos razones para quejarnos y el derecho a protestar, pero como ciudadanos del Reino se espera de nosotros una respuesta distinta: orar por las autoridades. Ya sea porque están en eminencia, como dice Timoteo, o ya sea porque nos ultrajan, como dijo Cristo; pero primero, antes que cualquier otra cosa, tenemos que orar.
Y miren, cuando los cristianos le decimos eso a la gente, la gente dice: ahí viene a decir lo mismo de siempre. Es como que la oración la gente la entiende como el consuelo del que no puede hacer nada; entonces, aguántate con eso ahí. Se siente como eso: mira, la cosa está mala, nos están poniendo una carga fiscal para resolver unos problemas que anteriormente alguien creó, y entonces eso que sacó no lo vamos a poder buscar en aquel que lo tomó, sino que se lo vamos a pedir al pueblo. Hermano, tenemos que orar.
Yo siento que cuando uno le habla a la gente la razón por la cual tenemos que orar, la gente entiende que la oración es como la excusa del cristiano: como que lo están maltratando y uno dice «oren». Me gustaría poner esto en contexto y enseñarles a ustedes en cinco puntos principales cuáles son las razones ante las cuales un cristiano, cuando la autoridad es injusta, en vez de primero levantar la mano, en vez de primero levantar la pancarta, en vez de primero sublevarse, ora. Cinco razones por las cuales tenemos que orar. Les digo, quizá el próximo domingo retomamos el tema normal, pero como está el país tenemos que hablar de esto. ¿Cuáles son las razones por las cuales nosotros, ante la situación actual, en vez de protestar, en vez de quejarnos, lo primero que tenemos que hacer es orar?
Primera razón: orar es un ejercicio de amor cristiano
La primera razón es que orar es un ejercicio de amor cristiano. Miren, tengo que decirles algo que para ustedes quizás sea un balde de agua fría: si el Señor permite que el sol salga sobre los políticos, también ellos merecen nuestra oración. Dice la palabra del Señor en el libro de Mateo:
Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.
— Mateo 5:44-45
Esto es difícil. Yo no le voy a pedir que lo hagan con gusto. A mí me da lucha, la verdad. Me puse esta semana a orar y me daba lucha; yo me sentía como Jonás cuando lo mandaron a predicar a Nínive, que no quería ir. Me daba lucha tomar el nombre de las autoridades de turno, tomarlo y convertir eso en una oración ante el Señor. Pero tenemos que hacerlo. ¿Por qué tenemos que hacerlo? Porque es un ejercicio de amor. Un ejercicio es algo que usted hace no porque sea cómodo, sino porque usted sabe que es necesario.
Si el Señor también hace que salga el sol sobre ellos… Miren, la cosa más triste que está sucediendo ahora mismo en la República Dominicana no es que nosotros tengamos que pagar más impuestos: es que se ha violado la ley de Dios. Quizá yo podría sentirme mal porque me están cargando más, pero sobre todo mal se está sintiendo el Señor, que históricamente en este país se le ha dado la espalda para hacer lo que cada hombre entiende que se debe hacer. El más ofendido aquí no es Rafael; el más ofendido aquí es Dios. ¿Por qué tenemos que orar, hermano? Porque es un ejercicio de amor. Y si el Señor permite que el sol salga sobre esa gente que históricamente ha estado dándole la espalda, yo creo que nosotros también podemos ser imitadores del Señor, moviéndonos a favor de las autoridades.
Hago una pequeña pausa para decirles: miren, las autoridades, por buenas que sean, siempre son gravosas. Hay algo en el ser humano que le hace resistirse a la autoridad. Entendemos que ahora mismo hay razones de peso para que haya malestar, pero ¿ustedes recuerdan en algún momento donde el gobierno haya sido bueno? ¿Alguien recuerda algún momento donde la gente dijera: ah, qué bueno el gobierno? Hermano, nunca hemos tenido un gobierno bueno. Hay algo natural en el ser humano. No estoy negando que existan razones ahora mismo, pero le quiero decir que lo natural en el ser humano es sublevarse contra la autoridad. Nadie quiere que nadie le diga lo que tiene que hacer; por eso está sublevado contra Dios, por eso se ha sublevado contra las autoridades políticas, por eso se sublevan los hijos contra los padres.
Hasta en la iglesia: el ser pastor, ser alguien que cuide de otro, hasta eso es gravoso para la gente. Tenemos que ser cuidadosos, porque aunque haya razones, hay que entender que el Señor nos exhorta vez tras vez a que oremos por las autoridades, porque esto es un ejercicio. Qué gravoso, pero qué saludable.
Primera razón, hermano, por la cual tenemos que orar: esto es un ejercicio de amor cristiano. Me gusta que el Señor da las dos cosas: nos dice «oren por ellos porque están en eminencia», y si no pueden orar porque están en eminencia, «oren porque los ultrajan». Yo creo que ahora mismo tenemos más razón para orar por lo segundo que por lo primero, pero oremos. Porque estén en eminencia o sea porque nos ultrajan, hermano, pero oremos. La actitud cristiana no se anula porque sean políticos, no se anula porque sean las autoridades del país, porque sean autoridades civiles. Tenemos que orar porque, aunque sean nuestros enemigos, el Señor nos ordena que oremos por todas las personas.
La primera razón, hermano, no es sencilla. ¿Tú quieres saber por qué razón, en vez de salir a la calle a manifestarnos, primero tenemos que orar? Porque es un ejercicio de amor cristiano. Y el amor cristiano no es un asunto de emoción, porque lo sienta: es una decisión. He decidido que voy a orar por ellos. Lo que le estoy pidiendo a ustedes, no crean que para mí es más fácil. Esta semana, hermano, yo nunca había tenido el deseo de salir y manifestarme —a mí siempre me pasaron por arriba—, pero estaba loco por que alguien me invitara a un lugar. Pero me pregunté a mí mismo: Rafael Pérez, ¿ya tú oraste por las autoridades? No, es más cómodo salir a una plaza a levantar la pancarta que ir delante del Señor a orar.
Segunda razón: reconocemos la soberanía de Dios
Lo segundo: miren, esto nos ayuda a reconocer la soberanía de Dios. Dice la Escritura en el libro de Daniel:
Él muda los tiempos y las edades; quita reyes y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos.
— Daniel 2:21
Miren, no hay ningún presidente de país grande o país chiquito que esté por encima de Dios. Yo predicaba el domingo pasado que el Señor es soberano en la creación, que él nos sigue a nosotros; y a pesar de que él permita que existan autoridades humanas que dirijan el destino de los pueblos, no hay nadie que esté por encima de Dios.
Me gusta un momento en que el Señor le dijo al profeta: mira, ve a tal país y unge a fulano por rey; después ve a tal lugar y unge a este por rey; y después ve a tal lugar. Y era fuera de Israel. O sea que el Señor está diciendo que él tiene dominio sobre cualquier rey y sobre cualquier emperador, sin importar dónde estén. Ciertamente en Latinoamérica los presidentes se creen que son faraones, pero a pesar de lo que ellos puedan creer, nosotros creemos que Dios es quien pone reyes y quita reyes; y que cuando yo le oro al Señor por ellos, yo estoy diciendo: Señor, mira ese que está ahí, que debería estar actuando como un representante tuyo, mira lo que está haciendo. De algún modo reconocemos que el Señor está por encima de ellos.
Cuando tú vas a un lugar y le dan un mal servicio, ¿qué es lo que uno pide enseguida? Déjeme hablar con un supervisor. Eso es lo normal. Uno pasa a un lugar y un empleado de primera línea le da un maltrato, y uno dice: ¿dónde está tu supervisor? Y si no es el supervisor, hay gente que pide al gerente, y hay gente que pide por el dueño, y busca el mando. Cuando tú le oras al Señor por la autoridad, le estás diciendo: Señor, ese que está ahí, que debería estar haciendo las cosas según la manera tuya, mira lo que está haciendo. Reconoces la soberanía de Dios sobre la autoridad. Hermano, nuestras autoridades nacionales no son la autoridad última.
Aunque ellos le hayan dado la espalda, ellos se deben a Dios, están bajo el dominio de Dios; y cuando tú le hablas a Dios por la autoridad, de algún modo estás reconociendo que Dios es soberano. Cuando tú te quejas irremediablemente, como que no hay salida, tú estás reconociendo que esa es la última autoridad. ¿Por qué razón ir donde el Señor? Porque ellos se deben al Señor y el Señor los quita y los pone. Ahí está lo que el Señor le dijo a Nabucodonosor. No hay una autoridad que esté por encima del Señor. Cuando clamamos al Señor y oramos por ellos, le estamos diciendo: Señor, tú estás por encima de ellos. Quéjate ante el Señor; eso es lo que puedo decirte.
Tercera razón: toda autoridad ha sido establecida por Dios
En tercer lugar, hermano, aparte de esto hay otra cita que es difícil. Dice:
Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.
— Romanos 13:1
No se me confundan con esto. Miren, que la autoridad sea de parte de Dios no significa que sea buena autoridad. El rey en Israel era el representante de Dios ante Israel, pero si ustedes buscan los reyes, principalmente los reyes del norte, hay una sucesión de reyes que no hacían la voluntad del Señor. Lo que significa esto es que ellos están ahí porque el Señor ha permitido que ellos estén.
Y yo me he preguntado esta semana, hermano: ¿qué será lo que el Señor nos está diciendo a nosotros con esto? Oye, ¿cómo habrá permitido el Señor que durante tantos años las mismas autoridades hagan lo mismo en República Dominicana? ¿Por qué el Señor lo permite? Y yo me preguntaba y me respondía al mismo tiempo: ¿será que el Señor está esperando que se colme el vaso para enseñarnos a nosotros que es necesario que prevalezca su palabra antes que cualquier cosa? Quizás el Señor le está diciendo a la República Dominicana que están confiando más en las alianzas políticas que en hacer la voluntad del Señor. Una realidad es que esta es la única nación del mundo que tiene la Biblia en su escudo, pero hace rato que no se le pregunta a Dios lo que se va a hacer.
Yo no le digo que esa sea la única respuesta, hermano; esa es una respuesta, una interpretación mía. Pero yo me decía: cuidado si es que el Señor está esperando que la gota colme el vaso para que en República Dominicana entendamos que la respuesta no la tiene ni un partido ni el otro, ni el reformista, ni la tiene ninguno tampoco. El problema que aquí hay es un problema moral muy fuerte. Hace años que en este país le dimos la espalda a Dios, y hoy la olla está hirviendo. Y a veces yo me pregunto: Señor, ¿hasta dónde vas a dejar que la olla hierva?
La primera razón, hermano, es que es un ejercicio de amor. La segunda razón es que nos ayuda a reconocer la soberanía de Dios. Miren, quéjense ante cualquiera, pero al fin último nosotros deberíamos poder quejarnos ante el Señor; por eso ten cuidado de cómo te quejas.
A veces uno piensa cuando se queja que es del Señor, porque es él quien permite que ese hombre esté ahí: Señor, ¿y cómo tú permites? Y no solamente eso, hermano: cuando uno mira para atrás, no se da cuenta de que hace rato que el Señor lo está permitiendo. Por lo mismo en Israel yo a veces me pregunto cómo el Señor permitió una sucesión de siete reyes malos que hicieron su propia voluntad y no la del Señor. Sepan que el Señor le dijo a Israel: cuando ustedes tengan un rey humano y dejen de hacer la voluntad mía para hacer la voluntad de los hombres, ese rey va a gravar sus impuestos, ese rey los va a hacer pasear delante de él, ese rey los va a explotar. El Señor les dijo: ¿ustedes quieren hacerlo a la manera del hombre? Cosechen ahí.
Bueno, no estoy defendiendo a nadie con esto. Lo que le estoy diciendo es que en fin último es el Señor quien ha permitido que esa gente prevalezca, y deberíamos nosotros preguntarnos qué lección el Señor nos está enseñando. Una buena señal es que en este país la Biblia está en el escudo. Es una señal; mejor señal sería que se pensara en lo que está en el escudo antes de cualquier decisión. Hace rato que en este país se dejó de pensar en Dios; estamos cosechando de algún modo.
Cuarta razón: nos recuerda nuestro lugar en el mundo
Lo tercero, hermano: esto nos recuerda nuestro lugar en el mundo. Miren, cada quien juega su función en una sociedad. Cada quien: el comentarista, el que promueve, ellos viven de eso, de que la gente llame para opinar sobre algo. Están jugando su función. Los abogados harán la suya, los políticos harán la suya, pero la iglesia tiene la suya. Y ante tal situación, hermano, lo que yo tengo que preguntarme es cuál va a ser la que yo juegue. Nosotros somos la iglesia. ¿Qué somos nosotros? Somos la iglesia del Señor. Dice así la palabra de él:
Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.
— Mateo 5:13
Nosotros somos la sal de la tierra. La iglesia tiene que jugar su función en los tiempos de crisis. Se ha demostrado históricamente que cada vez que hay una revuelta no hay una solución, sino que se vuelve más de lo mismo: aquellos que se quejaban de la autoridad se convierten en la autoridad.
Y cuando se convierten en la autoridad, vuelven a hacer lo mismo. Como iglesia, quizás lo que nosotros tenemos que decirle a la República Dominicana es que, a pesar de que nos sentimos tan mal como todo el pueblo, entendemos que la solución no está en poner a uno o poner al otro, sino que la solución está en volver a hacer las cosas a la manera de Dios. Yo me siento animado a unirme a la bulla y a decir que la cosa no se aguanta; pero sería interesante que en medio de una circunstancia, en la sobremesa, cuando los cristianos estamos ahí, digamos: miren, yo pago lo mismo que están pagando ustedes y me siento tan mal como todos ustedes, pero me gustaría recordarles que la solución no está en poner a uno o poner al otro, sino en que volvamos a hacer la voluntad del Señor.
Quizá es la labor de la sal en este momento decirle a Santo Domingo que entendamos que el problema no lo tiene uno o lo tiene el otro, porque ya estuvo el uno y estuvo el otro. El problema es un problema moral, el problema está en el corazón. Es imposible que seamos una potencia económica si no nos convertimos en una potencia moral.
Hago una pequeña digresión para decirles: miren, una nación, antes de convertirse en una potencia económica, tiene que convertirse en una potencia legal, donde se respeten los ordenamientos; y para que se respeten los ordenamientos debe haber una potencia que sea moral, que la gente resuelva en el corazón hacer lo que se comprometió a hacer. ¿Saben cuál es el problema histórico en la República Dominicana? Que queremos tener progreso económico sin que nadie respete una ley u otra, porque en el corazón del hombre hay un problema. Para llegar a ser una potencia económica, primero se es una potencia moral: se desarrolla el carácter de la gente, la disciplina, la integridad, los valores; y después entonces la gente cumple la ley; y después que se cumple la ley, entonces hay progreso económico.
Una buena oportunidad en medio de esta crisis es para que la iglesia le diga a Santo Domingo que Santo Domingo necesita que se haga justicia —ciertamente, porque la justicia es un valor para nosotros—, pero que Santo Domingo necesita volver a Dios.
El corazón de Jonás: cuando no queremos que se arrepientan
Me muevo a algo. Acompáñenme en el libro de Jonás, en el capítulo cuatro. A Jonás lo enviaron a predicarle a una ciudad que sabía corrompida, y en el fondo su corazón no quería que Nínive se arrepintiera.
Lo que él quería era que Nínive fuera destruida. El Señor le envió a predicar a Nínive, y saben, él cogió un barco y se fue a la ciudad más distante. Él no quería predicar a Nínive; había un rechazo entre los judíos hacia esta ciudad. Él no quería que Nínive se arrepintiera. Y a lo último, hermano, el Señor lo llevó forzado a predicar a Nínive, y le predicó de mala gana, como entre los dientes. Decía: de aquí a poco esta ciudad será destruida. Es evidente que Jonás no aguardaba la esperanza de que Nínive se arrepintiera.
El Señor lo mandó a predicar a Nínive y él buscó por otro lugar; lo mandó un pez y lo depositó en Nínive. Y cuando él llegó a Nínive dice que él entró a la ciudad, y yo me imagino a Jonás arrastrando los pies, así: ahora me han mandado a predicarles salvación a este grupo de gente, que son unos patanes, que son unos sinvergüenzas, que no conocen al Dios verdadero. Y les decía como sin ganas: de aquí a poco esta ciudad va a ser destruida. ¿Y saben lo que pasó? Vamos a ver lo que pasó cuando predicamos sin ganas, entre los dientes. Dice que hubo un avivamiento, hermano: que se arrepintió el rey, se arrepintió todo el pueblo, ayunaron, y hasta los animales ayunaron.
Hermano, yo a veces siento que cuando uno ora por las autoridades, en el fondo uno no quiere que se arrepientan. Uno no quiere que lo destruyan, Señor, pero el político, el que se llevó tal o cual cosa… entonces imagínese usted que se arrepienta mañana, y que digan: hermano nuestro, que se arrepintió fulano. Y que diga: mira, yo no voy a poder devolverlo todo porque me comí una parte, pero lo que me queda… ¿Y qué tal si se arrepintió fulano y el Señor lo perdonó? Miren lo que dice Jonás capítulo cuatro:
Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó. Y oró a Jehová y dijo: Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal. Ahora pues, oh Jehová, te ruego que me quites la vida; porque mejor me es la muerte que la vida.
— Jonás 4:1-3
Oigan, hermano: cogió un enojo tan grande porque se arrepintió Nínive, que él quería que le quitaran la vida.
Bueno, es lo mismo. La gente quiere su cabeza, que los corten, que los tumben, y no que se arrepientan. Es difícil orar por ellos, hermano; es difícil orar por nuestras autoridades; es difícil orar por los políticos que han desfalcado, para que se arrepientan.
Y Jehová le dijo: ¿Haces tú bien en enojarte tanto? Y salió Jonás de la ciudad, y acampó hacia el oriente de la ciudad, y se hizo allí una enramada, y se sentó debajo de ella a la sombra, hasta ver qué acontecería en la ciudad. Y preparó Jehová Dios una calabacera, la cual creció sobre Jonás para que hiciese sombra sobre su cabeza, y le librase de su malestar; y Jonás se alegró grandemente por la calabacera. Pero al venir el alba del día siguiente, Dios preparó un gusano, el cual hirió la calabacera, y se secó. Y aconteció que al salir el sol, preparó Dios un recio viento solano, y el sol hirió a Jonás en la cabeza, y se desmayaba, y deseaba la muerte, diciendo: Mejor sería para mí la muerte que la vida. Entonces dijo Dios a Jonás: ¿Tanto te enojas por la calabacera? Y él respondió: Mucho me enojo, hasta la muerte. Y dijo Jehová: Tuviste tú lástima de la calabacera, en la cual no trabajaste, ni tú la hiciste crecer; que en espacio de una noche nació, y en espacio de otra noche pereció. ¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?
— Jonás 4:4-11
Hermano, si nosotros nos compadecemos de la pequeña plantica, cómo no nos vamos a compadecer de la ciudad, cómo no nos vamos a compadecer de este país, cómo no nos vamos a compadecer de las autoridades, cómo no vamos a concederles que se arrepientan.
Hay una diferencia entre el cristiano y el inconverso: cuando el inconverso protesta, lo que pide es la cabeza; cuando el cristiano protesta, lo que pide es que se vuelvan a Dios. Hay una diferencia entre la protesta de un cristiano y la protesta de cualquiera: cualquiera pide que venga guerra, que venga revuelta, que vengan estallidos sociales. ¿Saben lo que pide el cristiano? Que se arrepientan, para que prevalezca la paz y vivamos reposadamente en piedad y honestidad. Nosotros lo que reclamamos, hermanos, no es que caigan; nosotros lo que reclamamos es que se vuelvan a Dios.
Déjeme decirle: porque le lleven la cabeza a alguien no hay justicia. Humanamente hablando se siente bien, porque mira, a puros apuros lo metieron preso; pero detrás de ese fulano hay cinco fulanos más que están haciendo turno en batería. Se siente bien el pueblo, ciertamente, pero eso es lo mismo que cuando la gente decía «crucifícale, crucifícale». Se siente bien el pueblo, hermano, pero atrás hay cinco más.
Miren, el problema que hay en República Dominicana, el problema que tenemos en nuestro país, no es que un gobierno o que el otro: es que hay un problema en el corazón de la gente. ¿Usted se da cuenta de que la gente se queja por la botella, pero si alguien tiene la botella y sepa que me ayuda, entonces yo estoy bien? Ciertamente la corrupción gubernamental es amplia, pero en esta ciudad no hay nadie que no diga que tiene un primo, un tío que no esté pegado de esa teta, de esa vaca. Y usted no le ha cerrado la puerta de su casa a su tío, ¿verdad? Ni a su primo. Es más, entre ustedes debe haber alguno que en algún momento ha bebido de ahí.
No niego, hermano, que entre nosotros hay alguno. Ojalá haya trabajado; una de esas gentes que haya hecho su trabajo, que le hayan pagado por algo, no lo dudo. No dudo que entre alguno de ustedes alguno haya tomado su botellita; yo no, el Señor me libre, pero yo no dudo de eso. El problema está en que cuando el inconverso pide, pide que se quite aquel para ponerme yo. Cuando el cristiano pide, pide: Señor, que prevalezca la justicia y que el pueblo se arrepienta, porque esa es la realidad. O sea, tú veías la campaña, uno de un lado tirándole al otro, ¿pero para qué? Para subir yo.
Esa es la diferencia en cómo protestamos los cristianos y cómo protesta el inconverso. El inconverso protesta para subir él; el cristiano protesta para que prevalezca la voluntad del Señor. Yo te quiero decir: si tú quieres protestar, protesta; pero a primera hora ora, y después procura que el objetivo de tu protesta no sea que caiga el gobierno, que no sea que caiga fulano, sino que el gobierno se arrepienta, que se arrepienta el pueblo. Porque la corrupción en este país, hermano, no está solo en el Estado; hasta en lo chiquito aquí ya está. ¿La prueba nacional cómo fue? Miren, aquí no hay un área de la vida nacional donde la corrupción no haya llegado, hasta en la familia. Pero aquel que es un prohombre está diciendo que fulano tiene dos mujeres.
¿Ustedes lo ven? ¿Cómo es el asunto, que a uno le molesta el pecado del otro, pero se hace de la vista gorda ante el pecado propio? Los cristianos protestamos, sí, es verdad que protestamos; pero lo que protestamos no es para que caiga uno y se levante el otro. Protestamos para que prevalezca la justicia de Dios, para que se haga la voluntad del Señor, para que el pueblo se arrepienta.
Con esto se asegura la gloria de Dios
Con esto se asegura la gloria de Dios. La diferencia está, hermano, en que cuando usted protesta y se hace lo que usted quiere, usted gana. Yo disfruto mucho recordando aquella gente de cuando estaban por poner la cementera en Los Haitises. Esos muchachos yo los conozco; no es que sean amigos míos, pero yo los conozco. Y cuando eso, hermano, cuando lograron que no se pusiera la cementera en Los Haitises, salieron todos a decir: nosotros fuimos los que logramos que no se ponga la cementera en Los Haitises, y por nosotros se salvó. Cuando un cristiano ora, él no puede decir que fue por él que no se puso la cementera; él dice: la gloria es de Dios.
Esta es la diferencia. Cuando protesta el hombre y su protesta gana, entonces dice: ganamos nosotros, se hizo lo que yo quería. Cuando un cristiano protesta y se hace la voluntad del Señor, entonces no hay gloria para ninguno de nosotros. ¿Sabes por qué razón muchos no quieren que el gobierno cambie? Porque si el gobierno cambiara, entonces carecería de sentido su papel. Una de esas personas yo la busqué en Facebook, porque le encanta esa cosa, y así mismo decía: no, nosotros fuimos los únicos, nosotros fuimos los únicos que fuimos allá, que vivimos en Gonzalo, que cogimos lucha. La gloria es mía. Pero si prevalece la voluntad del Señor, la verdad es que la gloria no es de nadie de nosotros, y todos vivimos en paz, quieta y reposadamente; prevalece la piedad, dice la Escritura.
Esto nos distingue como pacificadores
Termino aquí: esto nos distingue como pacificadores. No quisiera ver a ninguno de mis hermanos que anhele que en el país haya una revuelta, que anhele que haya una revolución. Yo tengo temor porque mi generación no ha vivido eso; pero cuando miramos para atrás sabemos qué es lo que es una revolución, sabemos qué es lo que es un golpe de Estado, sabemos lo que es la inestabilidad. Eso significa hambre, eso significa gente muerta, eso significa personas que se irán al cielo sin Dios, eso significa padres que no verán a sus hijos. La mayoría de la generación que está representada ahora mismo en el país no sabe lo que es una guerra civil, no sabe lo que es un estallido social, y espera eso como el ignorante que espera que venga un huracán: vaya a la barquita, para que usted vea lo que es un huracán.
¿Saben por qué, hermano? No debemos nunca desear que sea alterada la paz. Nosotros, como dice la Escritura, debemos anhelar que vivamos quieta y reposadamente. Al impío le encantan los estallidos. Hermano, yo recuerdo que en Azua yo era un niño, pero cuando había huelga había dos cosas que se hacían seguido. Lo primero es que los huelguistas quemaban los archivos del INAPA, para que no se pague el agua; y eso se celebraba como un triunfo: quemaron el archivo del INAPA, ya no hay que pagar. Y lo otro es que se rompía la pollera y cada uno agarraba un pollo. ¿Se recuerda eso? Yo veía gente bajando la Miguel Garrido con un pollo. ¿Qué fue lo que pasó? No, que en la huelga se rompió la pollera y cada uno agarraba el suyo.
Es más, no solo con una revolución: el impío gusta de esas cosas. Al impío le gusta que haya ese tipo de incertidumbre, le gusta que haya ilegalidad, la anarquía. Hermano, el cristiano no anhela la anarquía. Nosotros debemos orar porque en Santo Domingo, porque en la República Dominicana prevalezca lo quieto y reposado, porque prevalezca la justicia. Dice así la palabra del Señor, que esto nos distingue como pacificadores:
Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
— Mateo 5:9
Hermano, qué hermoso sería si en medio de esta situación alterada en que se vive en la República Dominicana la iglesia del Señor se empantalonara, y en vez de agarrar un saco de piedras para ir a romper los cristales, saliera a la ciudad y le dijera: Santo Domingo, República Dominicana, estamos como estamos porque le dimos la espalda a Dios. Qué hermoso sería si nosotros protestáramos haciendo más que nunca la voluntad del Señor. Qué hermoso sería que nuestra protesta fuera no hacer negocios con ninguno de esos impíos, no aceptar ningún tipo de prebendas de ese tipo. Qué hermoso sería si se protestara así.
Lo más cómodo es tirar piedras, hermano, porque no hay mérito para el hombre. Lo difícil es que prevalezca la voluntad del Señor. Por último: el hombre natural quiere ser reconocido como un activista, le gusta tirarse la foto. Este asunto ha traído que todo el que va a una manifestación busca que le tomen su foto para Facebook, para que parezca que estuvo ahí. Yo busqué el Facebook de uno de esos activistas que le digo que yo conozco, y lo tiene clasificado por protesta: manifestación frente a tal lugar, piquete frente a tal otro, como si fuera un currículum. Bueno, al hombre natural le gustan esas cosas, quiere ser reconocido como un activista, quiere decir: no, yo tiré piedras en tal lugar, yo era de los que estaba en tal sitio. Quiere ser reconocido; le gusta eso.
Alguien que tiene el valor para manifestarse: yo no me quedé callado. Ese es el hombre natural: en esta ciudad quedan hombres que tienen pantalones. Ese es el hombre natural. En ser un pacificador no hay mucho mérito, porque ahí la gloria es del Señor; la foto no se sube a Facebook. Imagínense que en Santo Domingo todo cambiara de momento para bien, ya todo el mundo trabajara para glorificar al Señor: no hay mérito para nadie, porque la gloria es del Señor. El hombre natural quiere ser reconocido como activista, alguien que tiene valor para manifestarse; el hombre de Dios quiere que Dios sea glorificado.
La tarea: cinco minutos al día por nombres difíciles
Es mi oración, hermano, y quiero animar a todos ustedes: regálenme cinco minutos de su día. Regálenme cinco minutos para que oren por gente difícil. Quiero invitarles a que tengamos una cadena de oración durante esta semana: cinco minutitos ahí. Busquen su programa, que en la parte de atrás está. Yo los invito a que cinco minutos al día —algunos en la mañana, algunos en la tarde, algunos en la noche— oren ahí porque el Señor les dé sabiduría a los gobernantes. El hombre natural pide su cabeza; nosotros vamos a pedir que el Señor les ponga sabiduría en su cabeza, que se la abra y que se la meta.
Hermano, sabiduría. Miren, ¿y uno hará eso con sinceridad? Es difícil. Les menciono su nombre no porque sean de un partido o lo otro, sino porque son la autoridad. Pídanle al Señor ahí que le dé sabiduría a Danilo Medina; y cuando te pongas en una oración, mire, eso da lucha: Señor, dale sabiduría a nuestro presidente Danilo Medina, permite que vea con claridad. Qué bonito sería si nuestro presidente se arrepiente como se arrepintió, hermano, Nínive. Da lucha, ¿verdad?
Después, después pídanle ahí al Señor en oración: Señor, dale sabiduría a nuestra vicepresidenta, Margarita Cedeño, y a su esposo. Pídanle por el esposo, que es hombre influyente. Imagínate. Da lucha, hermano. Miren, la tarea de esta semana, hermano: pídanle al Señor que le dé sabiduría a Danilo Medina, nuestro presidente; a Margarita Cedeño de Fernández, nuestra vicepresidenta, y a su esposo.
Háganlo así, hermano, se lo pido. Miren, yo intenté hacerlo, yo oré por dos de ellos; me ha dado lucha, es verdad. Tuve que hacerlo como Jonás, hermano, oré así entre los dientes. Pídanle ahí al Señor que le dé sabiduría al presidente de la Cámara de Diputados, al presidente del Senado, la Cámara alta y la Cámara baja. Hermano, no se quejen: pídanle ahí. ¿Cómo se llama el de la Cámara de Diputados? Abel. Pídanle ahí por el honorable Abel Martínez, hermano, en oración ahí ante el Señor. No, no es relajo. Miren, ¿lo están tomando a broma? No, no es de mentira, es de verdad. No, no es broma, hermano.
Abel González, en oración. Son cinco minutos por la semana; tiene siete días. Hermano, les pido ahí su oración esta semana por Reinaldo Pared. Pidan ahí por él. No, no se quejen; procuren, oren por esa gente. Oren ahí, hermano. Miren, ¿cómo se llama el nuevo de la policía, el jefe de la policía de ahora? Se me ha ido el nombre volando. Oren por ese hombre ahí. No les voy a pedir que me lo digan, sino que resuelvan hoy sus cinco minutos: para el lunes, para el martes, para el miércoles, jueves, viernes y sábado. Oren al Señor por nombres difíciles; pídanle al Señor que esa gente se arrepienta de corazón.
Los políticos también se arrepienten; ellos son hombres y tienen alma y tienen corazón, son creación de Dios. En el fondo de ellos, aunque lo tengan medio oscuro, oscuro, oscuro, en el fondo, en el fondo, hay algo de la imagen de Dios. Así mismo, hermano: aunque te tengan, dice la Escritura que no le tenemos que devolver mal por mal, sino que por el contrario, bendecir. Es un reto, hermano, pero conviértanse en activistas espirituales. Sí, conviértanse en eso, hermano. Les digo: eventualmente, después que usted ore por ellos, después que usted haga todo lo posible, si usted quiere hacer un piquete frente al Palacio, hágalo, hermano; pero sobre todo, cuando vaya frente al Palacio, vaya y ore por las autoridades que están en el Palacio. La iglesia del Señor es una fuerza diferente en el mundo. Nosotros no somos parte de todo, hermano; nosotros somos una ciudad asentada sobre un monte, dice la Escritura.
Que la iglesia tenga la moderación en esta situación, que seamos nosotros los que oremos por ellos. No le voy a decir que oremos por todos los nombres, pero vamos a orar por lo menos por los principales ahora. Es raro, hermano, ir a orar al Señor por esas personas. Tómese ahí de la mano de alguna persona que tenga cerca y oremos al Señor porque en Santo Domingo no venga ninguna revuelta popular, no venga ningún golpe de Estado, no vengan crisis, sino que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y en honestidad.