Domingos 9:30 AM y 11:30 AM Gazcue, Santo Domingo
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Reflexión especial-Su reino entre nosotros

Lucas 11:1-2

La verdadera transformación de una nación no vendrá de cambios de gobierno ni de sistemas políticos, sino del avance del Reino de Dios allí donde prevalece su voluntad: en la familia, en la sociedad y en cada área de nuestra vida.

Predicado18 de noviembre de 2012
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

El domingo pasado fue un domingo excepcional en nuestro plan de enseñanza y quise terminar este domingo. Hemos estado hablando sobre la situación de nuestro país desde una perspectiva cristiana. Hemos estado hablando acerca de qué hacemos los cristianos en tiempos de crisis, cuál debe ser la respuesta de la Iglesia ante estas necesidades. Y yo pienso que después del sermón que predicamos el domingo, muchos hermanos tienen la tentación de pensar que no tenemos otra cosa que hacer que cruzar los brazos. Pienso que algunos podrían pensar que no tenemos nada más que hacer que levantar los brazos y quedarnos ahí. Mi meta al final de la enseñanza de hoy es que cada uno de ustedes salga de aquí con una pancarta y se pare en algún lugar. Ese le adelanto que es la meta que tengo.

Yo espero que al final de la enseñanza de hoy todos nuestros hermanos salgan a la calle con una pancarta. Pero en vez de gritarle a Leonel improperios, o a Danilo, o a cualquier otro, algo parecido, le griten a la gente los mandamientos y les recuerden las ordenanzas del Señor. Esa es mi meta, motivarles hoy para que extiendan el Reino del Señor en todas las partes. Cierren sus ojos un momento y oramos al Señor. Nos encomendamos delante de ti en oración, Señor. Queremos que este modelo de oración que tú les diste a tus discípulos sea también ejemplo para nosotros. Permite que tu reino avance en medio nuestro, que venga tu reino, Señor, y que se haga tu voluntad. Que sea santificado tu nombre en medio nuestro. Nos encomendamos delante de ti, Señor, para que nos dirijas en este tiempo de enseñanza. Esto es lo que queremos, Señor: que tu reino avance.

Encomiendo las manos, Señor, cada par de manos que tienen cada uno de mis hermanos. Encomiendo sus pies y te encomiendo los míos. Permite que utilicemos todas las herramientas que tú nos has dado, que la pongamos, Señor, a la disposición de tu reino, que tu reino avance en medio nuestro.

Permítenos entender tu palabra. Permítenos, Señor, asumir como nuestro este modelo de oración. Desde ahora te pedimos, Señor, que venga tu reino y que se haga tu voluntad en medio nuestro. Esto para la gloria tuya, en el nombre de Jesús, amén. Una respuesta cristiana, hermanos, ante la situación del país: hoy estaremos hablando acerca del avance del reino en medio nuestro, “que venga su reino y que se haga su voluntad”. Acompáñenme en sus Biblias, en el Evangelio de Lucas, en el capítulo 11. “Su reino entre nosotros”: cómo trabajar para que avance el Reino del Señor. Capítulo 11 del Evangelio de Lucas. Esta es una porción de la Escritura que casi todo el mundo conoce: es el Padre Nuestro, es una de las porciones más conocidas de los evangelios y casi todo el mundo conoce esto de memoria. Es el Padre Nuestro. Los discípulos de Cristo le pidieron que les enseñara a orar y él les instruyó de esta manera, dice así la palabra del Señor.

Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

— Lucas 11:1–2

El modelo de oración y la tensión política en tiempos de Jesús

Le leo del versículo 1 y también el versículo 2: aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos”. Y les dijo: “Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. Esta primera parte del Padre Nuestro, la leo de nuevo. Les dice el Señor: “Decid”, o “digan: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. Que venga el Reino del Señor debe ser toda la expectativa, debe ser la expectativa que tengamos todos los cristianos. En su modelo de oración lo primero que el Señor les enseñó a sus discípulos a pedir era que fuese santificado el nombre del Señor, que viniera su reino y que se hiciera su voluntad. Hoy aprenderemos cómo trabajar para que venga su reino, su reino entre nosotros.

A modo de introducción, les diré que en tiempos de Cristo había mucha tensión política, como la hay hoy. La lucha se debatía entre cinco grupos con intereses políticos y religiosos diferentes, aunque con un mismo fin en común: alcanzar el bienestar sobre la tierra para el pueblo del Señor. Así como hoy hay diferentes movimientos, algunos que son movimientos organizados, otros que son movimientos más espontáneos, que buscan que en Santo Domingo, que en República Dominicana tengamos un país mejor y se viva mejor, en tiempos de Cristo estaba la misma discusión. Discutían todos estos grupos político–religiosos acerca de cuál sería la mejor manera de que el pueblo de Dios tuviera un bienestar sobre la tierra.

Estaba el grupo de los fariseos, por ejemplo, estaba el grupo de los saduceos, estaba el grupo de los herodianos, de los esenios y de los zelotes. Cada uno de estos cinco grupos estaba buscando esencialmente lo mismo: buscaban que el pueblo del Señor tuviera un bienestar sobre la tierra. Pero cada uno de ellos tenía un entendimiento distinto de cuál era la mejor manera en que se podía conseguir esto. Ante el activismo de estos grupos, Cristo presentó su reino como una alternativa, frente y al mismo tiempo superior. ¿Por qué Cristo hablaba de su reino en contraposición con lo que buscaban estos movimientos? Me permito explicarle qué buscaba cada uno de ellos. Si leen los evangelios encontrarán un grupo que se llamaban los fariseos. Miren, los fariseos eran estrictos en el cumplimiento de la ley y ellos decían: siempre y cuando el pueblo del Señor tenga un apego irrestricto a la ley de Dios, entonces al pueblo del Señor le irá bien.

Los cinco grupos: fariseos, saduceos, herodianos, esenios y zelotes

Y esta gente era en extremo celosa de que la ley de Dios se cumpliera. A veces, en su celo, se enfocaban más en los aspectos exteriores de la ley que en su aspecto interno, pero eran celosos en el cumplimiento de la ley. Del mismo modo, hay hoy algunas personas que dirán que si se cumple la ley, entonces al país le irá bien. Habían otros que decían que la razón no la tenían los fariseos, sino que había que buscar congraciarse con el estado de turno, para que el estado de turno entonces tuviera políticas a favor del pueblo del Señor. Este grupo se llamaban los saduceos. Es un grupo que buscaba insertarse en el poder político y trataban de que desde esa inserción, desde esos lugares de poder, entonces los gobernantes emitieran decretos, leyes y políticas a favor del pueblo del Señor.

Lo mismo dice hoy mucha gente: que es necesario que los cristianos lleguen a ser síndicos, gobernadores, legisladores, y que entonces al pueblo del Señor le irá bien. Había otro grupo que no solamente decían que había que congraciarse con el poder, sino que dentro del poder ellos habían buscado su candidato. Herodes el Grande había sido muy favorable hacia el pueblo de Dios. Entre las cosas que hizo Herodes fue que les construyó un templo muy bonito. Y miren, el templo de Herodes era un templo tan majestuoso que se dice que tenía una chapa de oro que a kilómetros de distancia se veía brillando. Ante la bondad y la generosidad de Herodes, muchos hombres de Israel en el tiempo de Jesús decían que la respuesta no era la que decían los fariseos, que tampoco la respuesta era la que decían los saduceos, que la respuesta estaba en hacer filas, en cerrar filas con Herodes.

Y que cuando entonces el pueblo de Israel cerrara fila con Herodes, entonces al pueblo le iría bien. Tres grupos, pero todavía había un cuarto: eran los esenios. ¿Saben qué hacían los esenios? Miren: “Esto aquí, esto se dañó. Esto no hay nadie que lo resuelva. No lo van a poder resolver los fariseos, ni los herodianos, ni los saduceos. Y la respuesta está en que cojamos el monte”. Y efectivamente eso fue lo que hicieron los esenios. Los esenios salieron de la ciudad y se fueron a vivir en cuevas, y dijeron: “Esta ciudad se desbarató, aquí no hay nadie que pueda resolverlo, y la respuesta está en que vivamos en el monte”. Entonces ellos promovían que se dejaran esas estructuras de la ciudad y que se fuera el pueblo de Dios que realmente quería hacer su voluntad, y que comenzaran a habitar en cuevas, en las afueras. Lo mismo en este tiempo: hay hermanos que dicen que la solución está en que los cristianos cojamos una guagua.

Y nos sublevemos como Enriquillo y que nos vayamos lejos. Pero había un quinto grupo, que era el grupo más violento de todos: se llamaban los zelotes. Los zelotes decían que lo que hacía falta era que los hijos de Dios tomaran las armas, que había que hacer una guerra de guerrillas. Que eso de estar “enriqueciendo celoso con la ley” que decían los fariseos no bastaba, que a los fariseos lo que les hacía falta eran pantalones. Que lo que hacía falta era destruir el poder político de turno y entonces que se levantara un grupo de gente que tuviera la voluntad de Dios, pero también que fuera gente aguerrida, gente valiente, y que los zelotes iban a lograr el bienestar para el pueblo del Señor. Eran cinco grupos que estaban en tensión en el tiempo de Cristo. Y muchas de las enseñanzas de Jesús son enseñanzas que tienen que ser entendidas a la luz de esos grupos.

Entre estos grupos habían unos que decían que no había que pagar impuestos porque eran impuestos abusivos, porque eran impuestos que se le daban a personas que no tenían temor de Dios. Y vinieron donde el Señor y le dijeron: “Señor, ¿debemos pagar impuestos?”. ¿Y qué le respondió el Señor? “Présteme una moneda”. Entonces les dijo: “¿De quién es esta imagen que tiene la moneda?”. Y tiene al César. Entonces les dijo: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. La pregunta era una chinita que le tiraron a Jesús, a ver si el Señor se congraciaba con uno de estos grupos. Miren, muchas de las enseñanzas de Jesús fueron tentaciones que venían de los fariseos, de los saduceos, de los herodianos, de los esenios, de los zelotes.

El Reino frente a los activismos humanos

Por lo menos uno de los partidarios de los zelotes llegó a ser discípulo de Cristo. Y era gente que intentaba que con violencia se estableciera el bienestar. Y se supone que algunos discípulos de Cristo, hasta el último momento, entendían que el Reino del Señor iba a ser un reino material, que en un momento el Señor le daría a un botón y bajarían los ángeles, destruirían a Roma y entonces se establecería el Reino del Señor sobre la tierra. Ante esta división política, ante este múltiple esfuerzo de activismo, ante estas iniciativas variadas al respecto de cómo el pueblo del Señor podía tener bienestar sobre la tierra, entonces el Señor comenzó a hablar de su reino. Y entre las cosas que él decía era que teníamos que orar para que viniera su reino y se hiciera su voluntad.

Les explicaré hoy dos cosas. Lo primero: qué es lo que significa el Reino desde los términos de Cristo. Y en segundo lugar: cómo logramos nosotros, como iglesia de Cristo, que el Reino avance sobre la tierra. “Venga su reino y que se haga su voluntad”. El significado del Reino, qué es el Reino si se entiende a la luz del Nuevo Testamento. Y, como veremos más adelante, el Reino es aquella parte del mundo en la que prevalece la voluntad de Dios en el mundo, del mismo modo que prevalece la voluntad del Señor sobre los cielos. Le doy un adelanto: la razón por la cual el cielo es tan bueno no es porque el cielo es un lugar blanco que está lleno de nubes. Probablemente el cielo no sea así. La razón por la cual el cielo es un lugar en el cual nosotros debemos desear estar es que en el cielo hay bienestar y hay plenitud de gozo.

Esencialmente porque en el cielo se hace plenamente la voluntad de Dios. La razón por la cual el cielo es tan atractivo es esa. Cuando la Escritura habla del Reino del Señor no está hablando de un reino político, ni de un reino militar, no está hablando acerca de un activismo social. Está hablando acerca de un nuevo ordenamiento donde en diferentes instituciones del mundo comienza a prevalecer la voluntad del Señor. Pero para que se entienda el concepto del Reino, que se entienda bien, que se entienda en su propiedad, primero hay que entender otros conceptos: hay que entender lo que es la creación, hay que entender lo que es el mundo, hay que entender también lo que es la iglesia, y después entonces entenderemos plenamente lo que es el Reino.

Pero Lucas, capítulo 11 y versículo 2, nos dice que debe ser santificado el nombre de Dios, que debemos desear que venga su reino y que debemos desear que prevalezca su voluntad. Tres cosas: “santificado sea tu nombre”, “venga tu reino” y “que se haga tu voluntad”. Cuando eso sucede, entonces hay bienestar. Les dijo: “Cuando oréis decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. El Señor nos dice a nosotros que en el cielo se hace su voluntad primero, y la razón por la cual el cielo es un lugar de gozo, es un lugar de paz, es un lugar de plenitud, es porque en el cielo no se hace la voluntad que el hombre de turno quiera que se haga.

Creación, caída y el alcance presente del Reino

En el cielo se hace la voluntad de Dios. Y si no se hiciera la voluntad de Dios, entonces el cielo sería un asunto igual que la tierra. Es más, que la tierra en un momento era una extensión del cielo. Miren, cuando el Señor creó el mundo, dice que él fue haciendo todas las cosas y al final, después de su creación, dijo: “Y he aquí que todo lo que he hecho es bueno en gran manera”. Al parecer, la creación antes de la caída era un lugar idílico, era lo más parecido al cielo, pero en vez de calles de oro, aquí era vegetación y asuntos parecidos. Pero el Edén como tal, de algún modo, era una extensión de la plenitud de gozo que había en el cielo. Y mientras tanto prevaleció la voluntad de Dios, el Edén fue un lugar de paz. Luego de la caída entonces vino la debacle.

La tierra no es un mejor lugar porque ahora mismo la voluntad de Dios no prevalece de forma general, sino solo sobre aquellos que permitimos que él voluntariamente reine en nuestra vida. Miren, dice el libro de Apocalipsis que llegará un momento en que el Reino del Señor no será un asunto que está en el corazón, que será un asunto espiritual, que será un asunto que nosotros voluntariamente lo asumimos, sino que llegará un momento en que el Reino del Señor cubrirá toda la tierra. Pero eso no ha llegado todavía. Ahora mismo el Reino del Señor no cubre toda la tierra. Ahora mismo cubre algunos corazones, sobre las personas que estamos sobre la tierra. La voluntad del Señor ahora mismo no corre como las aguas cubren la mar; así mismo su voluntad eventualmente rociará la tierra. Ahora mismo es un asunto que puede suceder en parte. Llegará un momento, es cierto. El cielo es un lugar mejor porque en el cielo se hace su voluntad.

El Reino de Cristo es ahora mismo, con relación al mundo, un asunto pequeño. Es un asunto que no es extensivo, no es demasiado grande, pero funciona. En aquellas personas donde el Señor reina se podría decir que ese es su Reino ahora mismo. La Escritura habla de dos reinos: habla de un reino actual, a ese podríamos llamarle reino temporal, y después Pedro habla del reino eterno. Es más, habla de que va a haber un cielo nuevo y una tierra nueva, habla de una nueva Jerusalén, una Jerusalén que va a descender desde el cielo. Llegará un momento sobre la tierra, hermanos, que no va a ser voluntario, que no será que los hombres vamos a mirar al Señor y le diremos: “Señor, voluntariamente hacemos tu voluntad”, sino que aquellos que no hagan la voluntad del Señor, que no quieran hacer su voluntad, serán destruidos.

Pero ahora mismo el Reino del Señor existe. Es más, cuando él vino, él dijo: “El Reino de los cielos se ha acercado”. Podemos ahora mismo parcialmente esperar al Reino, y eventualmente el Reino del Señor será un lugar pleno, será un lugar completo y cubrirá toda la tierra. Tres cosas que se confunden con el Reino, pero que no necesariamente lo son. Hay personas que cuando ven la Escritura que habla del Reino del Señor piensan que es un sistema político, un nuevo ordenamiento social. Es más, que en determinadas temporadas algunas personas decían que el comunismo era el Reino de Dios, y que cuando el comunismo avanzara entonces el mundo sería un lugar mejor. Pero eventualmente otro grupo dijo que no, que el capitalismo era, que cuando el capitalismo avanzara, el capitalismo era lo más parecido a la idea que el Señor tenía de cómo se debía administrar la tierra. Y luego aparecieron combinaciones.

Apareció, por ejemplo, la socialdemocracia, ese componente de iniciativa social al mismo tiempo de elección popular; otros pensaban que ese era el Reino. Y hubo quien dijera que lo que hacía falta era un dictador, que dijeron que lo que hacía falta era una monarquía al tiempo antiguo, y en base a eso entonces justificaron su sistema político. Lo que vengo a decirles es que el Reino del Señor no es un sistema político. Ahora mismo es un reino espiritual. Es un reino que no se ve, pero que se siente. Es un reino que no se ve, pero que se manifiesta. Es un reino que está presente, pero que no se puede agarrar. No tenemos un lugar donde digamos: “¿Dónde está la sede del Reino del Señor?”. En cada corazón de las personas que le han permitido que él reine, ahí está su reino en este tiempo. Es un asunto esencialmente espiritual, aunque se siente y se manifiesta. Por eso, el Reino de Cristo ahora no es un reino material.

Lo que el Reino no es: imposición, nación, institución política

Tampoco es una institución impuesta. Hay una corriente teológica en los Estados Unidos que se llama “dominion”, que entienden que lo que hay que hacer es imponer el Reino. Yo conocí a un hermano que es parte de esta corriente y vino aquí a la Lincoln y vio a muchos jóvenes que estaban bebiendo alrededor, y me dijo: “La solución está en que los cristianos asumamos el control de la Lincoln. Tenemos que comprar los negocios que estén alrededor y cuando compremos los negocios que están alrededor, entonces la Lincoln será un territorio para Dios”. Hermano, esto no es impuesto. No es marcar los puntos en un mapa, así una sombra, y decir: “Eso ahí es el Reino del Señor”. No. Ahora mismo es un asunto voluntario.

No avanza por medio de la violencia, no avanza así. Es más, que Pedro parece que todavía, cuando vinieron a buscar a Cristo, entendía que era un sistema impuesto. Y cuando vinieron a apresar a su Maestro, ¿saben qué hizo Pedro? Sacó una espada y tumbó una oreja de uno de los soldados, llamado Malco. Y ¿saben qué hizo el Señor? Tomó la oreja del suelo y se la puso, y milagrosamente le conectó de nuevo la oreja al militante. El Señor le estaba diciendo a Pedro: “Pedro, no es con espada. No es con ejércitos. Es de otra manera, una manera distinta”. El Reino del Señor no es una institución impuesta. En el siglo pasado algunas personas relacionaron Reino de Dios con Estados Unidos.

Y entendían que cada vez que los Estados Unidos iba a alguna parte de la tierra e imponía la democracia, entonces el Reino se estaba siendo extendido. Y vergonzosamente uno encuentra a grandes predicadores del siglo pasado aconsejando políticamente al presidente de turno de cómo era la mejor manera de que se podía imponer el Reino. Según las Escrituras, el Reino no es una institución impuesta. No es algo que llega por la fuerza, es una institución voluntaria. “Bueno, pero si se impone camina más rápido”. No, porque no caminaría de sinceridad, no caminaría de corazón. Otros dicen que el Reino es una institución general y que ya estamos en el Reino, y dicen que el Reino es todo esto. No. Todo es ciertamente del Señor; el Señor es soberano sobre la tierra, pero ahora mismo hay un príncipe que se llama “el príncipe de este mundo”, y ese es Satanás. La Biblia dice que el príncipe de este mundo ahora mismo, de manera espuria, de manera no real, ha sublevado el pueblo y se ha coronado en un lugar que no es suyo; por eso Cristo habla del príncipe de este mundo.

Sin embargo, al final, Satanás no hizo la tierra. Él no la sustenta. De Jehová es la tierra y su plenitud. Y aunque ahora mismo sobre esta tierra hay un reinado impuesto, un reinado falso, de todos modos el Señor es soberano sobre su tierra. Pero no es una institución general. Ahora mismo es particular. No podemos decir que toda la tierra es el Reino del Señor, sino que toda la tierra es del Señor, y dentro de esta tierra, aquellos corazones que le han permitido que el Señor reine, ese es el Reino. Me detengo un poco para explicar conceptos para que entendamos el Reino. La creación se refiere al universo, los cielos, la tierra, la naturaleza y el ser humano. Por medio de ella Dios ha revelado su gloria. Inicialmente todo su ordenamiento era bueno en gran manera. “Vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana del día sexto”. Una cosa es la creación y otra cosa es el mundo. No es lo mismo y tienen que aprender a diferenciarlo. La creación es la naturaleza, la creación son los animales, la creación es el hombre, la creación fue aquello que Dios hizo en el libro de Génesis. Pero aparte de la creación, la Escritura también habla sobre el mundo. ¿Qué es el mundo?

Mundo, creación, iglesia y Reino

El mundo es un sistema de valores opuestos a la voluntad de Dios, que afecta toda la creación como consecuencia del pecado y daña cada vez más su ordenamiento. Cuando nosotros creemos que el mundo está caído, no pensamos que la mata de plátano está enferma. Cuando los cristianos decimos que el mundo está sujeto a esclavitud, no estamos diciendo que hubo una mala cosecha. No es eso. Estamos diciendo que hay un sistema de valores que predomina en el mundo ahora mismo, que son valores que no toman en cuenta la voluntad de Dios. Y la razón por la cual ahora mismo la creación gime, como dice la Escritura, la razón por la cual ahora mismo tenemos los problemas que tenemos y las crisis que tenemos es que el mundo avanza cada vez más, y el impacto de Dios y de su voluntad sobre la tierra cada vez es menor.

Una cosa es la creación, la creación fue perfecta; una cosa es el mundo, el mundo es el sistema de valores que se opone a él. Eso es lo que es mundanalidad. Un hermano mundano no es un hermano que tiene muchos sellos en su pasaporte, que ha viajado mucho. Un hermano mundano es un hermano sobre el cual, en su corazón, todavía predominan los valores del mundo. Eso es lo que es mundanalidad. Cuando los cristianos decimos que nos oponemos a la mundanalidad, no es que tú te cierres en tu casa y no salgas. Es más, hay personas que han pensado “cásate con el mundo”, y por eso entonces no participan en ningún lugar, por eso no salen. Era lo que hacían los esenios. Oponerse al mundo no es oponerse a la creación; oponerse al mundo es oponerse a un sistema de valores que se opone al ordenamiento que el Señor le dio a su creación.

¿Saben cuáles fueron las primeras manifestaciones en la creación después de la caída? Los hijos primero se sublevaron entre ellos, y después los hijos se sublevaron contra los padres, y vino la violencia. ¿Qué es lo que pasa en la creación que después de la caída se ve en el libro de Génesis como que todo lo que sale es malo? Es que después de la caída, toda la creación entonces comenzó a producir un sistema cada vez peor. Y con el paso del tiempo, dice la Escritura, así mismo seguirá siendo el mundo hasta que llegará un momento en que vendrá el Señor y destruirá todo aquello. Es más, los cristianos no tenemos la expectativa de que el mundo completo torne a Dios. Nuestra expectativa es que así mismo como va a progresar la maldad, así mismo va a progresar el Evangelio, y que eventualmente el Señor construirá un cielo nuevo y una tierra nueva. ¿Qué es la iglesia?

Es el conjunto de los discípulos de Cristo, identificados principalmente por hacer su voluntad, permaneciendo en su palabra, y a consecuencia de ello evidenciar un fruto: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad y bondad. Eso es la iglesia. ¿Y qué es el Reino? Es del Reino que estamos hablando. Miren, el Reino se confunde con la iglesia, pero muchas veces el Reino es más grande que la iglesia. Es la influencia de la iglesia sobre el mundo, que lleva a establecer nuevamente la voluntad de Dios sobre la tierra, como sucede en el cielo, volviendo la creación a su ordenamiento original. La influencia de la iglesia sobre el mundo, a eso se le llama el Reino. Tengo que plantear la siguiente diferencia: hay sociedades donde no todo el mundo es cristiano, pero prevalecen los valores de Dios.

La sociedad dominicana en un punto, por ejemplo, se podría decir que los cristianos devotos no eran muchos, pero todavía habían valores predominantes que esencialmente eran cristianos. Uno de esos valores era la familia. Hay gente que habla de la familia dominicana y los valores de la familia dominicana. Miren, eso era un asunto de antes. Eso que se mencionaba en un momento, que “la familia dominicana” y “los valores tradicionales de la familia dominicana”, donde los padres eran responsables con los hijos y los hijos respetaban la posición de los padres, eso era un momento. Pero aunque no fueran cristianas las familias, esos eran valores cristianos que operaban dentro de la familia. A eso se le llama el Reino.

Cuando los valores del Reino marcan la sociedad

Es la influencia de la voluntad de Dios prevaleciendo en diferentes lugares. Quizás no eran lugares donde las personas podrían decir que eran discípulos de Cristo, pero todavía los valores de Cristo se manifestaban en esos lugares. Cuatro conceptos: la creación, hecha por Dios perfecta en su momento original; el mundo, después de la caída, donde el pecado ha ido avanzando, ha ido deteriorando la creación de Dios; es la obra de Satanás, Satanás ha querido dañar el diseño de Dios. Después viene la iglesia, que es una multitud de personas que han recibido a Cristo como su Señor y Salvador, los cuales no solamente tienen los valores de Dios, sino las convicciones de Dios, y por ellos viven. Y al mismo tiempo este Reino, que es la influencia de la iglesia sobre el mundo. Quizá esto se entienda más con esta imagen.

Todo esto, todo esto, todo esto es la creación. El Señor hizo todo lo que aquí hay. Pero dentro de la creación hay un sistema muy grande, que son los valores del mundo. La Escritura detalla en diferentes lugares estos valores. ¿Cuáles son? Inmundicia, fornicación, desorden, guerras, conflictos, irreverencia, falta de reconocimiento de Dios, borracheras. Todo eso es mundanalidad. Ahora, dentro del mundo está una institución de Dios que se llama iglesia. Y cuando la iglesia va operando dentro del mundo, los valores de la iglesia prevalecen. Eso se llama Reino. Pongo un ejemplo: que en un lugar como el nuestro, los dominicanos llegamos a entender que robar es malo. Deténganse a pensar en esto. ¿Cómo una sociedad donde al mismo tiempo se quiere desplazar a Dios, al mismo tiempo se quiere oponer a Dios, entiende que robar es malo?

La fidelidad es un valor en esta sociedad. Y a cualquier persona a la que le han sido infiel siente que se ha cometido una injusticia contra ella: “Mi pareja me fue infiel”. ¿Y por qué razón la infidelidad es mala? ¿Porque no me conviene? No, debe haber algo que nos diga que la infidelidad es mala. Los valores de Dios prevalecen hasta cierto punto en la sociedad. Algo a mí me sorprende mucho: que los dos temas nacionales, los dos temas en el país en esta semana, fueron dos, por lo menos en las redes sociales. El primer tema, que desde la semana pasada prevaleció en las redes sociales, fue “Leonel miente”.

Y se pedía a gritos la cabeza de Leonel y de sus funcionarios. Miren, con ese asunto se armó una revolución porque “son ladrones”. ¿Y quién le dijo a usted que robar es malo? Deténganse a pensar en ese absurdo. Si usted no toma en cuenta a Dios, ¿por qué razón robar es malo? Pero al mismo tiempo, la misma persona que decía que robar es malo, que “había que meter presos a todos los corruptos”, estaba pidiendo que se le manden la foto de una modelo que estaba rodando en internet. Y al mismo tiempo que prevalecía el asunto de que robar es malo, al mismo tiempo la gente quería ver la foto de esa modelo. Entonces uno ve esta paradoja de la sociedad: por un lado robar es malo, pero la inmoralidad sexual no.

Como que somos selectivos en tomar de la mano los valores de la iglesia. Todavía prevalecen y la gente sabe que robar es malo. ¿Por qué robar es malo? Porque dice la Escritura en el libro de Deuteronomio: “No robarás”. Robar es malo porque la ley dice que no robes, robar es malo porque Dios dice que no robes. Esos son dos sistemas que se oponen, hermano. El Reino del Señor avanza y al mismo tiempo avanza el mundo. Las personas quieren hacer sus propias leyes y el Señor les dice: “Mías son las leyes”. La influencia de la iglesia sobre el mundo, a eso se le llama el Reino. Y esto no comenzó hoy, hermanos. Miren, dos mil años de historia tiene la iglesia. Y en esos dos mil años de historia hemos visto el avance del Reino en diferentes instituciones.

Les tengo que decir, antes de pasar allá, que la iglesia busca la consagración a la voluntad de Dios diciendo que es buena, agradable y perfecta. El Reino sigue unos valores que se entienden que son buenos. ¿Han visto la gente que habla de “valores, valores”? Bueno, tuvimos una campaña que lanzó la primera dama el año pasado, que es la campaña de valores: honestidad, qué sé yo qué. Y yo siempre me pregunté: ¿y de dónde sacaron los valores de la honestidad? Es interesante, porque la sociedad quiere tener valores sin tener a Dios. Y si sacamos a Dios de la ecuación, la verdad es que aquí todo el mundo que coja lo que pueda y se comporte como mejor le parezca, porque si Dios no está en la ecuación, entonces los valores carecen de sentido. Pero el Reino sigue unos valores que se entienden que son buenos.

En el mundo, pero no del mundo: misión de la iglesia

Hay gente aquí que entiende que la fidelidad es buena, que la honestidad es buena, que la obediencia es buena. Entonces, ¿por qué eso es bueno? ¿Porque son asuntos que hemos entendido que son buenos los cristianos? No. Los cristianos entendemos que eso es bueno porque es la voluntad de Dios, y estamos consagrados a vivir de acuerdo a su voluntad. Y el mundo, el mundo rechaza la voluntad de Dios y vive según unos valores relativos. Ese fue el mundo: unos valores que son como relativos. Y tú le preguntas a una persona: “¿Y por qué tú crees lo que crees?”. “No, porque yo creo que eso es bueno”. ¿Y quién te enseñó que era bueno? Repito, hermanos: si sacamos a Dios de la ecuación, carece de sentido.

Dice la Escritura:

No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo.

— Juan 17:15–18

Los cristianos estamos dentro del mundo, pero vivimos en el mundo de una manera diferente. Queremos que en el mundo prevalezca la verdad de Dios. Queremos que en el mundo prevalezca la voluntad de Dios. Y eso, hermanos, va a estar luchando hasta que venga Cristo en su segunda oportunidad. Esa tensión se va a estar ahí dando. Avance del Reino, la segunda parte: la iglesia de Cristo trabaja para que el Reino avance en todas las instituciones de la sociedad. Queremos que en la familia el Reino avance. ¿Cómo avanza el Reino en la familia? Cuando la familia se conduce según la voluntad del Señor. Pero al mismo tiempo queremos que avance el Reino dentro de la escuela. ¿Y cómo avanza el Reino en la escuela? Cuando el sistema educativo se rige según la voluntad del Señor.

Y también queremos que el Reino avance en los negocios. ¿Y cómo avanza el Reino en los negocios? Cuando se hacen negocios siguiendo la voluntad del Señor. Y queremos también que el Reino avance en el Estado. ¿Y cómo avanza el Reino en el Estado? Cuando se hacen leyes y se hace que se cumplan esas leyes siguiendo las leyes de Dios. Trabajamos para que avance el Reino en todas las instituciones de la sociedad con el objetivo de que los beneficios del reino temporal, para los creyentes y no creyentes, despierten el interés de todos por el Reino eterno. Miren, cuando se hacen leyes tomando en cuenta a Dios, hasta el que no cree en Dios se beneficia de esas leyes. Cuando la moralidad cristiana avanza en la sociedad, hasta el que no es cristiano se beneficia.

Del avance de la moralidad cristiana. Cuando se hacen negocios con justicia, cuando se hacen negocios con prudencia, cuando se hacen negocios con contentamiento, el que compra y el que vende se favorecen, aunque no entiendan que lo que se está haciendo es la voluntad del Señor. El avance del Reino le conviene a todos. La iglesia trabaja para que avance el Reino porque es algo que le beneficia a la iglesia y al mismo tiempo se convierte en un testimonio al mundo. Dice la Escritura que nosotros somos una ciudad asentada sobre una colina. Históricamente, el Reino ha avanzado en diferentes áreas. Le pongo así siete ejemplos rápidos. El lugar de la mujer en la sociedad: ¿saben qué lo cambió?

El impacto histórico del Reino: mujer, vida, ciencia, esclavitud

Que Cristo tuviera mujeres en su círculo cercano fue un asunto escandaloso en el primer siglo. Pero Cristo comenzó a reconsiderar el lugar de la mujer en la sociedad. En tiempos de Cristo las mujeres no hacían preguntas ni tenían respuestas. Si una mujer preguntaba, lo que se le decía era: “Cállese”. Cristo, por primera vez entre los rabinos, comenzó a contestar preguntas de las mujeres y a incluir mujeres y a contar a las mujeres entre sus discípulas. Algo muy interesante es que había un grupo que seguía a Jesús, que se llamaba a sí mismo “las mujeres”. Los maestros de antigüedad no tenían eso, Cristo sí. ¿Saben qué eran las mujeres en el imperio romano? Eran objetos. Los hombres buscaban una mujer para tener hijos, y cuando buscaban la mujer, disfrutaban de la mujer y la mandaban a un lugar aparte. Las mujeres no eran parte de la sociedad, sino que eran objetos de la sociedad. A mí me sorprende que en esta sociedad nos dicen a la iglesia que nosotros somos retrógradas con relación al lugar de la mujer. ¿Saben qué llegó a ocupar el lugar que llegó a ocupar la mujer entre los cristianos?

El lugar de “vaso más frágil”, de un regalo dado por Dios al hombre en condición de administrador. Y la dignidad de la mujer es hoy lo que es porque la iglesia se ha encargado de que prevalezcan los valores del Reino. La campaña que se hace de “no a la violencia contra la mujer” y “no al maltrato contra la mujer”, ¿por qué? En una sociedad sin Dios, si acaso no existieran los valores absolutos en la sociedad, prevaleciera la fortaleza del más fuerte. Y cuando la mujer viene al enfrentamiento con el hombre, entonces el hombre que es más fuerte la domina. Ahora, en la sociedad cristiana las mujeres son vaso frágil.

Esta sociedad que habla de “no al maltrato contra la mujer”, indirectamente está anunciando los valores absolutos de Dios, pero no quiere mencionar a Dios. La mujer tiene su lugar distinguido en la sociedad porque los cristianos, durante dos mil años de historia, hemos estado diciendo: la mujer no es un instrumento, la mujer no es un objeto, las mujeres no son para usarlas y desecharlas, las mujeres no son solamente con el objetivo de traer hijos al mundo. Las mujeres son vaso frágil, creado por Dios, y los hombres no estamos para destruir el vaso, estamos para celebrar el vaso de Dios. El valor que tiene la mujer en la sociedad depende en gran medida de los valores del Reino. Hermanos, el respeto de la vida: miren, en el imperio romano la patria potestad del padre incluía que un padre, si no quería, podía asfixiar a un hijo.

En tiempos romanos, cuando un padre tenía, principalmente si tenía hijas, eso no lo dice Rafael Pérez, lo dicen los historiadores —busquen a Paul Johnson, que quizá es el mayor historiador contemporáneo—, él les dirá que en el imperio romano prevalecían los hombres sobre las mujeres porque los padres, cuando tenían hijas, las dejaban a las afueras de la ciudad. El respeto de la vida, oponerse al aborto, oponerse a esta arbitrariedad, a esta distinción de que si es varón y me conviene entonces le dejo vivir, y si es hembra la asfixio o la dejo a las afueras de la ciudad, es un valor cristiano. Cuando el cristianismo llegó a Roma le dijo a Roma: la vida la da Dios. Los hijos no son un instrumento útil, como si fueran un florero en la casa. Los hijos son tesoro de Dios, los niños son de Cristo, dice el himno.

Que se respete la vida en la sociedad, desde el embarazo y hasta el nacimiento, no era un valor de Roma, no era un valor de los paganos. Es un valor del Reino de los cielos. Y cuando la iglesia avanzó, le dijo a los romanos: no puede ser que se dejen abandonados los hijos a las afueras de la ciudad. No puede ser que los padres puedan asfixiar a los hijos. No puede ser que los hombres tengan mujeres solamente con la intención de tener hijos varones. Los hijos, hembras y varones, son un regalo de Dios. Y el respeto de la vida es un valor del Reino. En el siglo XX, ¿saben qué sucedió? Que la iglesia perdió su influencia en la sociedad, y al mismo tiempo perdieron los valores en la sociedad.

Cuando retrocede el Reino y avanzan las tinieblas

Hermanos, no es un asunto raro que en el primer siglo los padres tuvieran el derecho de asfixiar a sus hijos o dejarlos a las afueras de la ciudad, y que después, durante diecinueve siglos, se entendiera que la vida es un regalo de Dios y que los hijos no son posesión de los padres, sino que son posesión, en última instancia, de Dios, y que en el siglo XX cantidad de estados en este mundo hayan promovido leyes a favor del aborto, ignorando el respeto de la vida. La iglesia retrocedió en su influencia al mundo. El Reino, así mismo, perdió sus valores y se comenzaron a hacer abortos. ¿Saben la cantidad de abortos que suceden hoy en la República Dominicana? Es que la influencia del Reino es una lucha, hermanos. Miren, es una lucha. El Reino avanza y avanza el mundo.

Tengo que moverme al otro, pero les digo en segundo lugar que el respeto de la vida, eso no se lo inventaron los Estados Unidos, eso no se lo inventaron los romanos, no se lo inventaron los bárbaros tampoco. Eso es un valor de la iglesia, que promovió eso dentro de los valores del Reino. La revolución científica: “La iglesia se opone a la ciencia”. Hermano, lo que hay hoy de ciencia hay hoy de ciencia por un valor del Reino, y es que el conocimiento, en última instancia, es conocimiento de Dios. ¿Saben? Cuando ustedes escuchan hablar de los clásicos, “ah, que los clásicos, que vamos a leer a Homero y demás”, lo que sucedió fue que cuando Roma fue destruida vinieron los bárbaros y quemaron los libros. ¿Y saben quiénes salvaron los conocimientos de la humanidad en la Edad Media? Los cristianos.

Hubo una revolución científica porque los cristianos guardamos el conocimiento clásico, porque lo atesoramos al mismo tiempo como conocimiento de Dios. Es más, que lo que hoy se entiende como ciencia nació en la iglesia. Ahora nos quieren acorralar a los cristianos, diciendo que los cristianos no son científicos. Hermanos, si hay ciencia, hay ciencia porque los hombres de Dios en la Edad Media evitaron que los bárbaros destruyeran el conocimiento científico que había en el momento. Y la revolución científica nació en la iglesia. Siglo XVII: miren, hasta el siglo XVII todos ustedes podían tener esclavos en su casa, y eso lo tenía el hombre más digno de la sociedad. Lincoln tenía esclavos en la suya, Churchill no, pero Washington tenía esclavos en la suya.

Lo normal en la sociedad era que los negros fueran tratados del mismo modo que se trataba a la mujer. Y hasta que los cristianos nos opusimos, la gente tenía esclavos, hermanos, como un asunto normal, y los compraban en el mercado de esclavos, iban a los lugares y venían los barcos. ¿Y por qué hoy, al día de hoy, a alguien se le repugnaría tener esclavos en su casa? Porque es repugnante. ¿Por qué? Porque los cristianos en el siglo XVII le dijimos a la sociedad que, a pesar de que la esclavitud era una operación muy lucrativa, al mismo tiempo violaba el precepto de Dios de que el Señor a todos nos hizo libres. No fue Inglaterra que dijo: “Miren, la esclavitud ya no nos conviene y vamos a…”. No, no, no.

Fue un grupo corto, quizás de cien cristianos, que se paró a Inglaterra en dos pies, y les dijimos a los poderosos de aquel tiempo: “La esclavitud es incompatible, y tú no puedes ser un cristiano y al mismo tiempo ser esclavista”. La esclavitud desapareció en el mundo porque prevalecieron los valores del Reino. Los derechos individuales, hermanos: hasta algo muy reciente, el hombre era posesión de su Estado. Y si acaso tú vivías en España, tú eras posesión de la corona, y la corona podía conducir desde el matrimonio hasta la religión de los pueblos. Los derechos individuales son un valor de los cristianos, y los promovimos en el Reino. Y cuando el Reino avanzó, entonces aparecieron los derechos individuales y eventualmente apareció también la democracia.

Eso tiene que ver con la iglesia. “¿Y qué papá les empeña?”. Hermanos, todo lo que está ahí detrás son valores que son valores del Reino de los cielos, que son valores de los cristianos y que los cristianos expresamos esos valores dentro del mundo, y el mundo fue un lugar mejor. Muchos de esos esclavos que fueron libertos por la influencia de la iglesia no se hicieron cristianos, pero se vieron libres. Muchos de esos hijos que tuvieron vida porque los cristianos nos opusimos al aborto y al abandono de los hijos a las afueras de la ciudad, muchos eventualmente fueron perseguidores de los cristianos, pero ellos mismos vieron la luz porque los cristianos dijimos que la vida era un valor de Dios.

Valores absolutos y la incoherencia de una sociedad sin Dios

Y muchos de los gobernantes que por la democracia han llegado a colocarse en posición de influencia, que cuando llegaron a las posiciones de influencia usaron la democracia para promulgar leyes en contra de la voluntad de Dios, ellos pueden operar en democracia porque los cristianos dijimos que los derechos individuales eran valores del Reino. Tengo que pasar y expresar la segunda parte, pero les diré, hermanos, que cuando avanza el Reino la sociedad es mejor. La iglesia tiene que avanzar porque cuando avanza el Reino la sociedad es mejor. Le conviene a la iglesia, pero le conviene también al país. Alerta: en una sociedad con valores relativos, en la que se rechaza la existencia de Dios Creador y de leyes morales absolutas, es un absurdo hablar de ladrones, de infieles, de homicidas o quejarse por estas cosas. Si no existiera Dios, eso no serían pecados, serían solamente salidas.

Yo me pregunto: ¿y por qué razón es que yo no puedo quitarle la vida a otro hombre? ¿Y por qué razón es que yo no puedo ir al Estado y coger dos millones de pesos? Perdónenme, pero nosotros vivimos en una sociedad que ha sacado a Dios de la ecuación. Las películas nos dicen que robar es bueno. “La gran estafa” no fue una película que llevó a millones de gente al cine, a enseñar que si tú robas, pero robas con elegancia, y logras que la tecnología y demás te ayuden, tú te puedes robar los cuartos y no hay problema. Eso fue lo que nos enseñó el cine. Pero esa misma gente que celebra esa película, cuando viene el Estado y se roba los cuartos, entonces dice que está mal. ¿Porque está mal?

Hermanos, ¿la infidelidad no es lo que más se ve en la televisión y la inmoralidad sexual? Pero las parejas van agarradas de la mano al cine a ver la inmoralidad. Y del cine salen y entonces piensan vivir en fidelidad. Hermanos, si Dios no está en la ecuación, los valores no existen. ¿Y por qué los hijos tienen que ser obedientes a los padres? Un valor entre los cristianos es que los hijos tienen que tener cuidado de sus padres, y el que no provee para los suyos ha negado la fe. ¿Y por qué es que tenemos que cuidar a los envejecientes? Porque “los envejecientes ya no significan nada”. Miren, en las sociedades materialistas, cuando una persona pasa de los 65 años es enviada a un lugar para que se muera.

En las sociedades cristianas los ancianos se celebran. Para nosotros es un valor tener ahí sentada a doña Julia. Usted le diría, en una sociedad materialista: “¿En qué ayuda doña Julia a la sociedad, sentada en una silla de ruedas?”. Pregúntele a un cristiano. El cristiano le dirá que en las canas hay sabiduría. Cuidar al envejeciente no es un valor del mundo, es un valor del cristiano, hermano. Lo que estoy demostrando en todo esto, lo que estoy diciendo en todo esto, es que nosotros tenemos el derecho de decirle a esta sociedad que esta sociedad, la verdad, es que es un absurdo que intentara hablar de robo sin hablar de Dios, que intentara hablar de infidelidad sin hablar de Dios, que intentara hablar del maltrato contra la mujer sin hablar de Dios. Es un absurdo.

Porque Jehová es nuestro juez, Jehová es nuestro legislador, Jehová es nuestro Rey. Él mismo nos salvará. Hermano, la razón por la cual la iglesia se opone a todo eso es porque eso dice la palabra de Dios, es porque es la ordenanza de Dios, es porque Dios lo dice así. En fin último, hermano, la razón por la cual podemos decir que es malo robar es porque el Señor dice en el libro de Deuteronomio: “No robarás”. Es el fin último. Hay valores porque hay un Dios. Termino con esto: he sentido tristeza en lo profundo de mi corazón esta semana, porque veo hermanos, líderes de congregación, que han puesto su esperanza en el sistema político y han quitado su esperanza de Dios.

Es más, me mandó un mensaje ahí un pastor que me decía —quise leérselo por la tristeza que me causó—, lo que él me decía es: “Los pastores, en vez de estar en el Parque Independencia, en vez de estar en tal lugar, lo que están es hablando disparates desde la iglesia”. Hermanos, no está mal protestar para que prevalezca la voluntad de Dios, pero la verdad es que, como pastor, ustedes y yo no tenemos mucha esperanza en que entre que caiga un gobierno y se levante otro las cosas sean distintas. Yo no aguardo ninguna esperanza de que el sistema actual pueda cambiar porque quiten a uno o pongan a otro. “Que quiten a Guillermo Moreno y pongan a fulano”. No tengo ninguna esperanza en eso. No tenía esperanza tampoco en que cuando saliera Leonel y pusieran a Hipólito de nuevo, o pusieran a Danilo, las cosas iban a ser distintas. La sociedad dominicana no cambiará revolucionando el sistema político. La sociedad dominicana cambiará cuando prevalezca la voluntad de Dios.

La verdadera esperanza: valores del Reino y no banderías políticas

La solución no está en una bandería política, hermanos. La solución no está en una nueva ley, la solución no está en poner una nueva ley. Yo me río porque en este país hay cinco leyes que no se cumplen, y hacen veinticinco leyes más tratando de que se cumplan las primeras cinco. Sin Dios es imposible que el sistema legal prevalezca. Por eso, antes, cuando se legislaba, se ponía una Biblia. Hermanos, sin Dios es imposible que se cumpla la ley. Digámoslo de claro: ¿para qué vamos a cumplir la ley si la hizo solo un hombre y si mañana la van a cambiar? No hay sociedad, no hay sociedad con bienestar sin que prevalezcan los valores de Dios. Si ustedes quieren protestar —alguien me preguntó: “¿Y no vamos a salir nosotros a decir algo?”—, no sea así. Vamos a salir a la sociedad con pancartas grandes. Si hay que salir, vamos a salir, pero vamos a poner pancartas grandes. ¿Qué es lo que vamos a hacer? “No matarás: lo dice Dios”.

“No robarás: lo dice Dios”. “Honra a tu padre y a tu madre: lo dice Dios”. Levantar una pancarta para que tranquen a fulano, la verdad es que no tiene mucho mérito. Siete formas de hacer extender el Reino: ¿cómo logramos que el Reino avance? La primera: celebra el modelo original de la familia, aunque el mundo que se opone a la voluntad de Dios se proponga cambiarlo, se burle o lo destruya. La familia es la matriz de los valores del Reino, hermanos. Por ahí comenzamos. Es un asunto estadístico, miren estos estadísticos, estos son numeritos. El 100% de los ladrones tuvieron una mamá y un papá, eso no falla. Estadístico, hermano, miren, son numeritos que vienen a dar, vine a hablar con estadísticas hoy, hermano.

El 100% de los hombres que maltrataron a una mujer tienen una mamá y tienen un papá, estadística. Más del 90% de aquellos que son infieles tienen mamá y tienen papá, eso es estadística. El modelo original de Dios en la familia es una mala palabra al mundo: un hombre para una mujer y una mujer para un hombre son malas palabras en una sociedad sin Dios. Pero quiten a Dios de la ecuación: ¿por qué razón un hombre tiene que permanecer con su esposa? ¿Por qué tiene que permanecer con su esposa? “Ay, porque yo la amo”. Pero él dice también que ama a la amante. Porque Dios lo dice, por eso es. Sin importar lo que el mundo diga, Dios lo dice. “Por tanto”, dice la Escritura, “dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”.

En la sociedad contemporánea estar en pareja es un asunto coyuntural: si económicamente me conviene, lo hago, y si no nos conviene, nos dejamos. Yo he escuchado personas: “Fulano, ¿y tu esposa?”. “No, no, no, no, es que no nos convenía, y al final estábamos teniendo más problemas que beneficios, y nos dejamos de eso”. En una sociedad de valores relativos no puede funcionar. La familia es la familia porque Dios lo dice. “Ay, es que él me dijo que me ama”. ¿Por qué razón una mujer no debería abandonar a su marido cuando se queda sin trabajo si hay otro hombre que sí le está resolviendo su problema, por poner un ejemplo? En esta sociedad de valores relativos, si sacamos a Dios de la ecuación, la verdad es que la familia no tiene sentido. Juntémonos como podamos, busquemos mujeres para tener hijos y hombres para que sean padrotes, y tengamos una sociedad de gente suelta. La familia es una institución de Dios. Primera cosa que tenemos que hacer nosotros para que avance el Reino, hermanos: permanezca en su familia, celebre su familia. Pero no solamente eso: “Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor”. Mala palabra en esta sociedad: “Mi papá no es de este tiempo, mi mamá no tiene poder sobre mí, yo soy grande. Yo puedo, soy mayor de edad”. Hermanos, una sociedad donde los hijos no respetan a los padres no puede prevalecer. ¿Y por qué razón un hijo tiene que respetar a un padre? Porque Dios lo dice. Fuera de eso, no hay razón. “Mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor”. ¿Qué? Mala palabra en la sociedad contemporánea. “¿Cómo va a ser que una mujer tiene que estar sujeta a su marido?”. Claro, porque el marido el Señor te lo puso a ti por provisión. Y el Señor te puso ahí para que… “Maridos, amad a vuestras mujeres”. La campaña del cristiano no es para que el hombre no le entre a trompadas a la mujer, es para que el hombre ame a su mujer en todos los sentidos. Dijo alguien en la prensa: “No, porque las mujeres provocan”, como si eso fuera excusa. No, hermano. Es interesante la sabiduría de Dios. La sabiduría de Dios no es que a la mujer no se le maltrate y la mujer haga cualquier cosa. No. Es: “Mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, y maridos, amad a vuestras mujeres”. Y miren fuerte como lo puso el Señor, porque nos dice que las amemos de la misma manera que ama el Señor a su iglesia.

Siete maneras prácticas de hacer avanzar el Reino

Primera cosa, decía este hermano: vamos a celebrar el modelo de Dios en la familia: un hombre con una mujer. No dos mujeres juntas adoptando hijos, no dos varones juntos. No. Muéstreme así, porque aquí vino el presidente, el director de una revista de farándula de Estados Unidos, y él vino aquí a hablar de su último libro. ¿Y de qué trata su último libro? Del proceso que él tuvo con su marido gay para adoptar una niña. Y toda la prensa presente y tal cosa. Hermanos, si no prevalecen los valores de Dios, es imposible que tengamos bienestar. Segunda cosa. La primera: celebremos el modelo de Dios. Antes de leer esto, alerta: el mejor indicador del avance del Reino es el estado de la familia. Allí donde la familia funciona bien, siguiendo la voluntad de Dios, también funciona bien el resto de la creación. Segundo lugar, la segunda de las razones que tenemos: establece prioridades según los valores del Reino.

Tengo que decir esto fuerte porque yo siento que la prioridad de muchos de mis hermanos no son los valores de Dios. Tú le preguntas a una persona: “Fulano, ¿tú dejaste un trabajo donde tú estabas relativamente bien y te fuiste a trabajar en unas condiciones…? ¿Y por qué?”. “Bueno, porque tú sabes que el dinero ahí…”. Fulano, hermano, los valores tuyos no deben ser los valores del mundo. ¿Cuántas personas han tenido que cometer actos ilegales porque el Señor lo tenía bien en un lugar, pero se fueron a otro lugar para ganar dos pesos más? La competitividad, el deseo inapropiado de tener más que el otro, la falta de satisfacción con las cosas que ya Dios nos dio. Hermano, establece prioridades en tu vida según los valores del Reino. Dice la Escritura: “Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás será añadido”. ¿Cuándo fue la última vez que tú colocaste primero los valores de Dios en tus decisiones?

Es más, que la tendencia que yo veo es que los cristianos operan como puedan y después tratan de hacer la voluntad de Dios. “Fulano, ¿tú te aseguraste si en ese lugar sería apropiado que un cristiano trabajara? ¿Tú te aseguraste si en ese lugar tú podrías hacer la voluntad de Dios?”. “No, yo lo que sé es que me van a pagar bien, y después que el Señor me ayude”. Bueno, que prevalezcan los valores del Reino en tus decisiones, en tus prioridades. Me muevo al tercer punto de las formas: haz de la voluntad de Dios una norma activa y presente, no una tradición pasiva y recordada. A mí me da lucha esto, hermanos, pero yo quiero que la voluntad del Señor sea mi brújula.

Y que sea un asunto activo, que no sea arqueológico, que no sea como un rumor distante, una tradición, un valor. No. Un valor es una convicción profunda. ¿Cuándo fue la última vez que en tus decisiones esto fue un asunto activo, que no fue solamente algo como un recuerdo que está ahí? ¿Cuántas personas se llaman cristianos y operan como opera el mundo y después dicen: “Fulano, tú sabes que yo soy cristiano, eso es mi tradición, yo de chiquito voy a la iglesia”? Que sea un asunto activo, que no sea un asunto para guardarlo para después. En cuarto lugar, deléitate haciendo la voluntad de Dios. Dice el salmista:

El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, Y tu ley está en medio de mi corazón.

— Salmo 40:8

Para que la voluntad de Dios te agrade tú tienes que aprender a que te agrade. Una de las razones por las que agrada es que uno sabe que la única forma en que uno será racionalmente feliz en esta tierra es haciendo la voluntad de Dios. Y a veces es difícil hacerlo, hermanos, pero yo sé que todo lo demás es arena. Hay decisiones, hay cosas que yo tengo que hacer en mi vida porque es que yo sé que fuera de la voluntad de Dios, hermanos, no hay esperanza.

Vamos a tratar de que eso sea agradable, que no sea como un saco de piedras que uno tiene puesto encima. “El hacer tu voluntad me ha agradado”, dijo él. Dice la Escritura también que la voluntad de Dios es agradable, aparte de perfecta. Me muevo al quinto: explica el avance del Reino, es decir, la voluntad de Dios en cada institución de la sociedad, como la mejor alternativa ante la crisis actual. Qué hermoso sería si en esta familia, en dondequiera se está hablando de la crisis, de la situación del país, qué hermoso sería que si donde hay un cristiano, el cristiano le diga a los fariseos, le diga a los saduceos, le diga a los esenios, le diga a los zelotes: “Todos ustedes tienen medios con los cuales la sociedad pudiera ser mejor, pero déjenme enseñarles la de Cristo. ¿Ustedes han oído hablar del Reino?”.

Y entonces arranca: “¿Han oído hablar del Reino? El Reino, ¿y qué es eso?”. “Mira, esos son estados de las cosas donde prevalece la voluntad del Señor y nos va bien”. Triste es ver al cristiano opinando de estas cosas como si no supiera la solución, como que somos ignorantes de cuál es la solución. Hermanos, el mundo no será un mejor lugar a menos que prevalezcan los valores del Reino. La oportunidad de oro la tiene la iglesia en este tiempo. Miren, yo tengo una emoción adentro, así, como que se me mueve. Yo creo que nosotros tenemos un escenario ideal para decirle a la sociedad dominicana que es necesario “Dios, patria y libertad”: primero Dios, después la patria y después la libertad. Yo estoy loco por decirle a toda la sociedad, hermanos; yo también estoy loco porque me inviten a algún lugar donde mucha gente me oiga para decirle “Dios, patria y libertad”. No “libertad, patria y Dios”. No. Dios, patria y libertad. Y estoy loco por leerle a la gente la Biblia que está abierta en el escudo y decirles qué es lo que eso dice: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. No es “conoceréis al PLD y el PLD os hará libres”, no es “conoceréis a la Reformista y la Reformista os hará libres”, no es “conoceréis el PRD y el PRD os hará libres”, no es “conoceréis a Moreno y a Guillermo Moreno y Guillermo Moreno os hará libres”. No. Es “conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”.

Aprovecha ahí, hermano, en tu trabajo, cuando estén hablando de las cosas, tú dices: “Ey, ey, ¿han oído hablar del Reino de Dios?”. “¿Y qué es eso?”. “Esto de que cuando prevalece la voluntad de Dios nos va bien”. Se lo dejo ahí de tarea. Qué hermoso sería si nosotros colocáramos el avance del Reino como la solución a la crisis. En sexto lugar, dice aquí: levanta tu voz como lo hacían los profetas, apuntando a Dios. Alguien me dijo: “Pero los profetas del Antiguo Testamento, ellos se quejaban contra los reyes; los cristianos podemos quejarnos”. Sí, pero ¿saben para qué se quejaban? ¿Para qué se quejaban los profetas del Antiguo Testamento? Escudriñemos los textos: “Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos y volvamos a Jehová”. Eso decían los profetas. Y después me dijo alguien: “Pero los profetas del Antiguo Testamento, ellos protestaban a los reyes”. Sí, ¿para qué?

Voz profética y testimonio luminoso en medio de la crisis

¿Para qué protestaban? Para que volvamos a la voluntad de Dios. Qué hermoso sería si en medio de estas protestas y demás uno viera que se levantaran pancartas grandes. Yo anoté algunas pancartas. Sí, en medio de la protesta, así donde dicen… Yo vi una que me dio mucha risa, que decía: “Agarren su cartera, que fulano está fuera”. Y la gente se ríe de todas esas cosas y yo también me río, pero yo quisiera ver, hermanos, así, que cuando el flash de la televisión apunte, aparezca una pancarta grande, grande, grande, grande, así, que diga: “Honra a tu padre y a tu madre”. Sin importar que tú seas de un lado o del otro, que tú seas de los gobernantes o tú seas de los gobernados, “honra a tu padre y a tu madre”. Sería hermoso. Pancartas, hermanos, así, grandes, grandes, grandes, grandes, grandes, así: “No robarás. Deuteronomio capítulo 6”.

Grande, así, en letras grandes, hermanos. Deuteronomio, sobre todo para que sepan que es de la Biblia. Pancartas así: “No codiciarás a la mujer de tu prójimo”. Y que cuando estén todos en la marcha “contra el maltrato a la mujer”, así la subamos alto: “No codiciarás a la mujer de tu prójimo. La ley de Moisés lo dice”. Qué hermoso sería, hermanos, una que diga: “Ama al Señor tu Dios sobre todas las cosas”. Esa es la voz profética del Antiguo Testamento. No era una voz para que suba uno y baje el otro, era una voz para que suba Dios. “Volvamos a la voluntad de Dios”. Termino con este, el séptimo: comparte tu testimonio con humildad, de forma tal que Dios sea glorificado. Porque dice la Escritura:

Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

— Mateo 5:16

No quiero culpar a nadie, no quiero culpar a nadie, pero una de las razones por las cuales la sociedad dominicana está como está es porque los cristianos estamos participando del sistema. Dejamos de ser un referente moral. Dice la Escritura que los hombres van a ver nuestras buenas obras y glorificarán a nuestro Padre que está en los cielos. Tengo que confesar que hace mucho que las buenas obras de los cristianos como que no son populares, no son visibles. Participamos del mismo sistema. Yo no sé cómo cambiar eso, hermanos, pero quizá entre ustedes hay gente que está ahí.

Un asunto, por ejemplo: miren, hasta el último momento, yo estoy en este año haciendo una transición, como les he contado, pero hasta este año una lucha que yo he tenido es cobrar los impuestos y no… y miren, a veces pasé facturas sin valor fiscal, porque “no, yo no voy a pagar impuestos”, me decían, y yo daba mi bracito a torcer. Y en otra ocasión me planté y dije: “Miren, aunque se roban los impuestos, yo soy un hijo de Dios, yo no puedo estar participando en esas cosas”. Yo no quiero pensar que aquí hay hermanos que estén participando en ventas donde mojen la mano para que les pasen la suya. No quiero pensar.

Yo no quiero pensar que aquí hay personas que están participando en cosas en las que no deben participar. La razón, hermanos, por la cual la sociedad no tiene un referente es que la iglesia no es referente. Antes, cuando el mundo iba mal, miraba hacia la iglesia, y la iglesia mandaba el mundo hacia Dios. Ahora, cuando la sociedad va mal, ¿a dónde mira el mundo? ¿Cuál es la salida ahora mismo? Antes, cuando la sociedad se caía, la gente miraba hacia la iglesia, y la iglesia enseñaba a Dios. Que la iglesia, que la sociedad haya dejado de mirar a la iglesia, la verdad es que debería darnos un mensaje a nosotros. Ese mensaje llega sin pancarta.

Hoy se están levantando pancartas contra los gobernantes, pero mañana quizás las pancartas estén allá afuera y nos digan: “Ustedes dejaron de instruir a este pueblo, ustedes comenzaron a participar”. Hermanos, y no era que “evangélico con papá” lo que uno veía en la… Y yo veo a mis hermanos participando en eso, hermanos, y jugando, como buscan así, luego los corderitos buscando su lado en la teta de la vaca. Yo veo a mis hermanos en eso. “Vamos a hacer aquí una asociación, vamos a ponernos de acuerdo para que nos construyan los templos, para que nos den las facilidades, para que nos den exoneraciones”. Hermanos, dejamos de ser un referente moral. Dice la Escritura que nuestra luz alumbre delante de los hombres.

Y no esperen que la iglesia cambie como institución. Hermano, cambia tú. Mi reto es que mis hermanos y yo, de la iglesia, hagamos la voluntad del Señor, que su luz nos alumbre. Razones hay para protestar, razones hay, hermanos. Sobre todo protestemos para que nosotros y los otros hagamos la voluntad del Señor.

Oración final: “Venga tu reino” en cada área de nuestra vida

Cierren sus ojos ahí y oremos para que prevalezca el Reino. Confesamos delante de ti, Señor, que la solución es el Reino. Rogamos delante de ti, Señor, y decimos: venga tu reino. Permite que se haga tu voluntad, Señor, en nuestras familias, que se haga tu voluntad en nuestros negocios, que se haga tu voluntad, Señor, al mismo tiempo en nuestras relaciones interpersonales. Permite que nuestras prioridades sean las prioridades del Reino. Ay, Señor, te ruego que la iglesia de nuevo alumbre delante de los hombres, para que pueda ser un referente.

Mira, Señor, a nuestro país, cómo está. No te distraigas, hermano, y ruégale ahí al Señor: “Que venga tu reino”. Dile con tus palabras. Ruégale ahí al Señor, hermano, con tus palabras. Dile: “Que venga tu reino”.

Que venga tu reino, Señor. Que venga tu reino en mis decisiones. Que venga tu reino en mis relaciones. Que venga tu reino en mis negocios. Que venga tu reino, Señor, en la institución donde estudio. Que venga tu reino en la escuela. Que venga tu reino en la universidad. Que venga tu reino en el Estado. Que venga tu reino, Señor, en las cámaras legislativas. Que avance tu voluntad en este mundo, Señor, para que vivamos mejor. Que seamos la luz, Señor, que seamos la luz en la casa. Hermanos, mi reto es que sean luz.

Devuélvenos, Señor, a un estado de las cosas donde prevalezca tu voluntad. Devuélvenos, Señor, a un ordenamiento del cual nunca debimos haber salido. Mira a mis hermanos que… Ay, Señor, mírame a mí, mira a mis hermanos, que a veces queremos hacer a los hombres la causa de nuestros propios problemas. Enséñanos, Señor, que el mal está en mí, que no es justo ni aun uno. Enséñanos, Señor, que la reflexión es que los políticos de algún modo son la expresión de sus pueblos. Permite que mejoren las cosas, Señor, no porque hablamos muy duro, sino, Señor, porque hablamos lo que teníamos que hablar. Permite que cambie el país, Señor, no porque la protesta fue grande, sino porque la protesta fue mejor. Permite, Señor, que avance el país, no porque ganó una posición o porque ganó la otra, sino porque avanzó tu voluntad.

Que venga tu reino y que se haga tu voluntad. Te pido ahí, hermano, que tú le pidas al Señor en oración que te ayude a ser luz en esa área de tu vida donde quizás hay tinieblas. Tú sabes cuál es. Pídele al Señor ahí que te permita hacer su voluntad en esa área de tu vida donde está siendo difícil hacer su voluntad. Pídele al Señor ahí en oración que te permita ser luz en esa área de tu vida. Tú sabes dónde está tu problema, tú sabes dónde las tinieblas están alcanzando; yo sé dónde están las mías. Que alumbre nuestra luz, Señor, delante de los hombres, para que la gloria sea dada a ti.

Termino pidiéndote, Señor, que en esta semana especialmente nuestra gente brille. Permítenos ser luz, Señor, en diferentes aspectos. Permítenos ser luz. Pídele al Señor ahí que te permita brillar, especialmente en esta semana.

Permite, Señor, que la iglesia brille en esta semana. Ay, Señor, permítenos aprovechar esta oportunidad de crisis. Permítenos aprovechar esta oportunidad de crisis, Señor, para que venga un avivamiento real. Permite, Padre, que después de esta devastación lo que venga sea tu palabra, que sea tu voluntad. Que seamos un pueblo, Señor, más de acuerdo a tu corazón, que crezca tu reino en medio nuestro, para la gloria tuya y en el nombre de Jesús. Amén.

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