Hicimos una pausa de dos semanas mientras hablábamos acerca de los temas de actualidad, de lo que está pasando en el país y demás, y continuamos ahora el tema de la mayordomía, hablando ahora acerca de la mayordomía en los negocios. Damos continuidad a este tema acerca de la mayordomía, en un aspecto que considero también necesario, y es la mayordomía en los negocios. ¿Qué piensa Dios sobre estas cosas?
La forma en que vamos a estar desarrollando la enseñanza hoy es algo que hace muchos años yo hacía en la iglesia Lucerna. Yo comencé a predicar porque los de la iglesia me daban una oportunidad cada dos meses para desarrollar una cápsula interactiva acerca de un tema práctico. Entonces lo que hacía era que yo llevaba a veces diez preguntas, a veces llevaba doce preguntas, y tratábamos, con la congregación, de responder a esas preguntas desde el punto de vista de Dios.
Y es lo mismo que haremos hoy. Tendremos una introducción al tema, tratando de concatenarlo con lo que habíamos visto ya de cómo administrar para la gloria del Señor, y después entonces entraremos al tema de los negocios. Pero yo, en vez de traer la enseñanza ya totalmente cerrada, lo que he hecho es proponer ciertas preguntas distintas acerca de los negocios, buscando que cada uno de ustedes participe con intervenciones cortas acerca de lo que creen al respecto.
Es importante también que anoten citas bíblicas, que anoten opiniones de sus hermanos, y lo que queremos con esto es que aprendamos a responder asuntos desde el punto de vista de Dios. Quizás en otros temas el año entrante, así mismo, quizás una vez cada dos meses también, tengamos una enseñanza de preguntas y respuestas, buscando que toda la iglesia se integre en esto, que participe. Antes de comenzar, acompáñenme en sus Biblias en el libro de Génesis, que fue justo donde dejamos la enseñanza hace tres domingos, capítulo 1 del libro de Génesis y en el versículo 28, en la enseñanza de la mayordomía cristiana.
Dice así la Palabra del Señor en el libro de Génesis, capítulo 1, versículo 28. Es el sexto día de la creación, el último día de la creación; el séptimo descansó. Dice así:
Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.
— Génesis 1:28
El Señor, después de haber creado al hombre, culminó la creación y les dijo: multiplíquense, fructificad, y al mismo tiempo les dijo: sojuzgad la tierra y señoread sobre ella. Para hacer un resumen rápido de la enseñanza sobre mayordomía, me gustaría que algún hermano diga con sus palabras lo que recuerda que es mayordomía cristiana, o cuando un cristiano habla de mayordomía, ¿a qué cosa se está refiriendo? ¿Qué es ser un mayordomo del Señor? Vamos a escuchar aquí a nuestra hermana Marta, qué Marta recuerda que es mayordomía cristiana.
¿Qué es la mayordomía cristiana?
Amén, así es. Eso es mayordomía cristiana: es administrar las cosas tomando en cuenta que, al fin y al cabo, no son nuestras, sino que son del Señor. También hablábamos sobre mayordomía, y decíamos que lo que nosotros tenemos tiene una razón por la cual no es totalmente nuestro. ¿Alguien recuerda la razón por la cual las cosas son del Señor y no de nosotros? Vamos a escuchar aquí a la hermana Maribel, ¿por qué es?
Amén. Dice la Escritura que de Jehová es la tierra y su plenitud, y que de Él es el mundo y también los que en el mundo estamos habitando. ¿Y por qué razón, si esto es del Señor, el Señor nos lo puso a nosotros? ¿Qué entendía Él que… para qué estaba dando la tierra en administración? ¿Cuál era el objetivo que tenía cuando le dice aquí, en el versículo 28: “fructificad, multiplicaos, llenad la tierra, sojuzgadla y señoread en los peces del mar”? ¿Por qué razón Él le puso eso? Ajá, el hermano Edwin, Edwin, eso tiene que ver exactamente con eso.
Dice la Escritura que Dios ha puesto en nosotros su imagen y ha puesto en nosotros su semejanza. También explicaba algunas cosas de lo que significaba la imagen de Dios en nosotros. ¿Recuerdan algunas características de lo que es la imagen de Dios en nosotros mismos, en qué se expresa esa imagen? Lilian está ahí como recordando. Hay cosas en las cuales se expresa la imagen de Dios en el hombre. ¿En qué podemos ver la imagen de Dios? Al igual que Dios, nosotros somos… tenemos capacidad.
Así es. Decíamos que Él ha puesto en nosotros inteligencia, eso lo hizo Dios, ¿verdad? También nos ha dado múltiples habilidades, múltiples dones. Y nos ha dado el deseo de administrar cosas, el deseo de prosperar, de multiplicar cosas. En todo eso nos parecemos al Señor, y cuando lo hacemos bien, entonces le damos a Él la gloria, haciendo aquello que Él siempre ha hecho.
Hablamos también, recuerdo, de una enseñanza sobre el trabajo, y decíamos que el trabajo, cuando se hace a la manera de Dios, entonces produce satisfacción. Así es, somos imitadores del Señor. Nuestra introducción dice que los negocios, en sus diferentes expresiones, no son ni malos ni neutrales, sino esencialmente buenos, excelentes oportunidades para expresar la imagen de Dios en nosotros y darle a Él la gloria. Las consecuencias del pecado han alcanzado todas las áreas de la vida del hombre, y los negocios no son la excepción, pero eso no debería ser una excusa para apartarnos, sino una razón para esmerarnos en devolver la imagen de Dios a los negocios.
Prejuicios históricos sobre negocios y cristianos
Miren, hay ciertos prejuicios en cuanto a los negocios y los cristianos, y esos prejuicios se deben esencialmente —he encontrado dos razones históricas para poder explicarlos—. Siento que algunos hermanos tienen cierta aprehensión hacia los negocios y piensan que un cristiano como que no debería participar en esas cosas, que negociar como tal es un asunto perverso, que negociar se presta para asuntos malvados y que un cristiano no debería de ser un hombre de negocios.
La intención que tengo con esta enseñanza es que reflexionemos alrededor de estas siete preguntas y que busquemos cuál es la perspectiva de Dios en los negocios. ¿Qué piensa Dios de los negocios? También, a modo de introducción, les diré que en la Escritura no aparece Dios hablando de “los negocios” como tal. O sea, no hay una porción de la Escritura que sea como un manual de negocios ni nada parecido.
Miren cómo sucedió: el Señor hizo el mundo, puso las leyes físicas, creó los elementos básicos, creó la materia y permitió que el hombre comenzara a sojuzgar esas cosas, a fructificar en esas cosas, y eventualmente entonces encontramos que se comienzan a manifestar los oficios en la Escritura. ¿Cuáles fueron los primeros oficios que se manifestaron? Carolina tiene… La agricultura fue lo primero. ¿Quién fue? Abel. ¿Qué era Abel? ¿Pero qué era, qué? ¿Qué no especifica? Bueno, Caín sí especifica qué hacía Caín y qué hacía Abel. Ajá, agricultores. Son los primeros oficios.
Interesante que el Señor no dijo “sean agricultores” y fueron agricultores; el Señor no dijo “sean ganaderos” y fueron ganaderos, sino que el Señor, ¿qué hizo? El Señor hizo las plantas, el Señor hizo el ganado, el Señor hizo la tierra, el Señor hizo los recursos naturales, y el hombre comenzó a administrar esos recursos, y eventualmente aparecieron los oficios. Después de esos oficios, algo muy interesante es que los siguientes oficios que aparecen en la Escritura, ¿alguien sabe cuáles fueron?
Oficios, ciencia y tecnología a la luz de la creación
Lo único que se mencionan… Antes de eso hay otro oficio que se menciona. Son los descendientes, precisamente de Caín, los cainitas. ¿Qué fueron ellos? Fueron músicos. Oigan qué interesante, qué interesante. Ahí estaban Tubal-caín, estaba Jubal, Caín, y después de los músicos entonces aparecen los constructores. Aparece un hombre llamado Nimrod, que comenzó a construir.
Es muy interesante que, si uno hiciera un estudio —eso fuera un estudio muy interesante de hacerlo—, y es ver cómo diferentes oficios se comienzan a manifestar en las Escrituras desde el libro de Génesis, pasando por todos los libros históricos. Y así aparecieron músicos, así aparecieron agricultores, aparecieron ganaderos, constructores de tiendas, de edificaciones, orfebres; aparece que en un momento se trabajaba con madera y después se trabaja con metales pesados. Pero en la Escritura comienzan a aparecer los oficios.
Lo que les quiero decir con esto es que las diferentes expresiones del trabajo y de los negocios no aparecen todas detalladas en las Escrituras, pero sí es evidente que el Señor hizo esos elementos y que nos dio las leyes físicas, y esa combinación es lo que se llama ciencia. Entonces, pregunta: ¿qué es la ciencia? La ciencia es la combinación de diferentes leyes físicas que ha hecho Dios, junto con una serie de elementos que ha creado Dios, y cuando se recombinan aparecen desde la guitarra hasta el iPad.
Cuando usted combina esos diferentes elementos, las leyes físicas que Él ha puesto… Bueno, tenemos que ir a un ingeniero, que es el hermano Virgilio. La electrónica de consumo, por ejemplo, si usted lo busca a un nivel muy básico, encontrará que eso está lleno de semiconductores. ¿Y qué son los semiconductores? Elementos que ha creado Dios, que están ahí, y cuando se combinan, cuando se combinan con la electricidad —la electricidad es un fenómeno físico—, el hombre no creó la electricidad, el hombre no creó los semiconductores, pero usted sigue buscando y encontrará hasta el televisor.
Y uno dice: ¿y Dios está detrás del televisor? ¿Dios es el creador del televisor? No, pero Dios recibe la gloria última por el televisor, porque creó el fenómeno que es la luz, creó los semiconductores, creó lo que es la multiplicación de las ondas y el espectro, y todos aquellos elementos, y actualmente el hombre llegó a tener un televisor.
Con esto quiero explicar que, aunque en la Escritura no se mencionen cada uno de los oficios, todos los oficios tienen que darle la gloria al Señor, porque el Señor hizo los elementos de los cuales ellos dependen y, al mismo tiempo, hizo las leyes físicas por las cuales ellos tienen que regirse. Ahí uno podría encontrar multitud de elementos.
Les menciono, con relación a los negocios específicamente, que siento dos aprehensiones de los cristianos, y veo dos razones para esto. La primera razón que veo es un mal uso de diferentes textos bíblicos, y cuando son sacados de su contexto, entonces como que parece dar la idea de que es incorrecto que el cristiano participe en estas cosas. Esa es la primera razón: versículos sacados de contexto, y cuando la gente lo entiende así, piensa que es malo hacer negocios.
Y la segunda razón es una razón ya histórica. Miren, en un momento todos los hombres eran artesanos y sucedió que, si usted era ganadero, entonces tenía leche; si usted era herrero, entonces trabajaba con metales. Pero cada quien tenía un oficio, y en la era feudal esos oficios se hacían para un señor feudal. Eventualmente surgieron otros modelos económicos, las finanzas contemporáneas… Bueno, hay que estudiar economía ahora mismo en la universidad para entender diferentes modelos de negocio, pero en todos esos modelos de negocio se opera con las mismas leyes que Dios ha creado y manejando las mismas cosas.
Les pongo un ejemplo de esto, y es cuando se pasó del feudalismo al capitalismo, cuando se comenzó a trabajar con capital. El capital es un invento como tal. Tengo que definir también lo que es un invento. Cuando el hombre inventa, no es que el hombre crea algo, sino que transforma los elementos que Dios ya ha creado previamente y, de esa transformación, hay algo que aparece nuevo. A eso se le llama tecnología. Hoy como que tenemos una enseñanza sobre ciencia.
Miren, ¿qué es la tecnología? Cuando digo “mira, la tecnología es el uso de las leyes físicas en beneficio del hombre”, eso es lo que es la tecnología. Y hay tecnología agrícola, hay tecnología mecánica, hay tecnología electrónica; hay diferentes usos de la tecnología. Es utilizar leyes que Dios ha creado: la ley del movimiento, la ley de la transformación de la materia; todas esas leyes se combinan y sale la tecnología.
Hubo un momento en la historia del hombre que hubo un parteaguas, y ahí nació el capitalismo, y ahí comenzó a surgirle al cristiano como el problema con el dinero. El dinero, no solamente para el cristiano sino para cualquier hombre de la Edad Media, era un asunto, un fenómeno muy nuevo y que parecía hasta cierto punto sospechoso.
Del trueque al dinero y la sospecha hacia el capital
La gente estaba acostumbrada a que: yo tengo una granja de pollos, llevo dos pollos y me dan una silla, y eso todo el mundo lo entendía. O sea, si usted trabajó, tenía dos pollos, fue a un lugar y le dieron una silla. Pero el que tenía una silla decía: “yo voy a buscar esto, yo voy a buscar…”, y después de la silla lo voy a cambiar para que me den una rueda. Entonces iba y por la silla le daban una rueda. Eventualmente las cosas cambiaron y el hombre entonces inventó la moneda, y esa moneda inicialmente estaba hecha de metales preciosos, pero eventualmente llegó a ser una moneda simbólica, a ser papel moneda.
Y cuando comenzó el capitalismo, el capitalismo era una representación de los bienes físicos, y ya la gente no tenía un cartón de huevos, sino que tenía 500 pesos. En la humanidad había cierta aprehensión de hacer comercio en base a asuntos que no tuvieran una representación real. Por ejemplo, si tú, en vez de tener pollo, lo que tienes es un saco de dinero, parecía que eso era malo, que usted tenía que tener pollo. Pero el dinero como tal es un invento del hombre.
¿Qué es lo que hace el dinero? Es preservar de estos bienes que Dios creó el valor que ellos tienen en el mercado, los preserva durante un tiempo. Y ya tú no tienes que comerte todos los pollos que tú tienes, sino que tú los vendes y los guardas en dinero. Si tú tenías una granja de pollos, tú tenías que tener pollos cada vez que tú querías tener otra cosa. Lo que permite el dinero es que tú vendas tu producción y guardes eso durante un tiempo.
En la Escritura se menciona el dinero y se mencionan las transacciones económicas. Un asunto en el cual los cristianos podemos tener paz en los negocios es que gran parte de las parábolas de Jesús nacieron en un contexto comercial, y Él no habló de eso con vergüenza. Es más, Él mismo se presenta en sus parábolas, por ejemplo, en la parábola de los talentos, como un capitalista: una persona que tenía unos bienes y consiguió hombres para ponerlos a trabajar con los bienes.
Hay otro lamento que recuerdo. En los años 70 era muy común: los comunistas hablaban en contra de los burgueses, en contra del capitalismo, y decían que el capitalismo era malo, que usaba el trabajo del hombre y demás. Y el comunismo como tal es opuesto al cristianismo. Un fenómeno en la historia es que el protestantismo como tal impulsaba el capitalismo, porque decía que el hombre fue creado por Dios y que todas estas manifestaciones de comercio se podían utilizar para la gloria del Señor.
El comunismo se oponía y decía que el proletario no debía ser puesto al servicio del burgués. Y la burguesía como tal tenía que ver con eso: los burgueses eran personas que salían del feudalismo, se iban a una ciudad, y en esa ciudad comenzaban a comercializar, siendo intermediarios de los artesanos. Y esas personas que hacían comercio, como no trabajaban con las manos, entonces la gente decía que eran explotadores; hacían un trabajo de inteligencia que era muy novedoso para aquel momento.
Claro, quizá yo no sabía albañilería, pero sabía de una persona que necesitaba una mesa y sabía de un hombre que podía construir una mesa. Entonces me colocaba en el medio entre la oferta y la demanda, y yo en aquel momento me llamaba un burgués. O sea, eran personas que vivían de hacer intermediación entre los artesanos y las necesidades.
Me gustaría que leamos a la luz de las Escrituras y que busquemos diferentes expresiones de comercio, y con lo que usted conozca de la Escritura, o lo que a usted le parezca que sea la voluntad de Dios, que todos nosotros respondamos acerca de la opinión de Dios acerca de los negocios.
La primera pregunta que les tengo es una pregunta que genera cierto debate. Se habla del trabajo secular y del trabajo ministerial, y que cuál de los dos trabajos es mejor; que si debería ser la voluntad del Señor que todos nosotros trabajáramos solamente en la iglesia, o que se debería elegir un hombre entre ser un hombre de negocios o ser, por ejemplo, un pastor. ¿Cuál de las dos cosas sería mejor? ¿Sería mejor el trabajo secular o sería mejor el trabajo ministerial? Denme una opinión al respecto, ¿cuál a usted le parece que sería mejor? Escuchemos a Lilian, intervenciones cortas. ¿Cuál le parece a Lilian que es mejor?
¿Ok, alguien tiene alguna otra opinión al respecto? O sea, ¿han escuchado esa separación entre el trabajo secular y el trabajo ministerial, y lo secular como que es un trabajo inferior, como que es algo que se hace, pero que no es lo mejor que se puede hacer? Escucho aquí a Ismenia, excelente. Dice que desde el principio la Escritura se ve así. Escucho aquí el hermano…
Esa separación entre lo secular y lo ministerial, que yo fustigaba mucho eso en el pasado, de que un pastor solamente se dedicara al pastoral, y hubiera… En la Edad Media… Pablo después lo anunció hoy. Qué interesante. A pesar de que Pablo vivió de las ofrendas de la iglesia, fue a la ciudad y en algún momento dijo: “no, el que no provee para los suyos se ha negado la fe”.
Él era médico… —perdón, Lucas era médico— y Pablo era tejedor de tiendas. Y dice que pensaba porque eso es un impedimento, o le impedía desarrollar… Yo entiendo que, tal como dice Lilian, tiene que ver con el llamado y también con la gente. Está muy bien. Ahí mismo, alguien más acerca de esta separación entre trabajo secular y trabajo ministerial. Escuchamos al hermano Virgilio.
Él dice que el trabajo secular es para poder mantener nuestro cuerpo, para poder habilitarnos, para poder comer, para poder solventar nuestras necesidades físicas; pero necesitamos un cauce en la otra parte, que es la parte espiritual, para alimentar nuestro espíritu en la forma en que nosotros vamos conduciendo el camino. Amén, muy bien, muy bien.
¿Alguien más tiene opinión al respecto? Trabajo secular, trabajo ministerial, escucho aquí a Nicolás, después a Caro. Doy hasta dos.
Nicolás dice: “para algunos el trabajo secular… yo no estoy trabajando para el diablo”. Y no es así, siempre y cuando ese trabajo sea de acuerdo con la voluntad del Señor. El trabajo es un trabajo, porque como cualquier otro trabajo espiritual el principal es servir a Dios, simplemente sucede el llamado a un pastoral, pero tienes el llamado dentro de otra empresa.
Muy bien. En opinión aquí de Caro: trabajo secular, trabajo ministerial, ¿cuál de los dos es mejor? Ah, dice Caro que el ministerial “sale más bueno”. Bueno, les doy la respuesta que yo anoté, les doy la mía.
Trabajo secular vs. trabajo ministerial
Miren, en la Biblia no hay una diferenciación cualitativa de mejor o peor entre el trabajo secular y el trabajo ministerial. Eso no existe en las Escrituras. Esas son divisiones que ha puesto el hombre para decir que unos pueden trabajar en el trabajo de la iglesia y otros pueden trabajar en cualquier tipo de cosa. La Escritura no hace esa diferenciación.
En la Escritura solamente hay dos diferenciaciones: un trabajo que es para la vanagloria del hombre y un trabajo que es para la gloria del Señor. Fuera de eso, les digo —y quiero animarles— a que no piensen que solamente en un trabajo ministerial pueden glorificar al Señor. Es muy bueno que usted sea un gran médico para la gloria del Señor. Sería una gran cosa que usted sea un gran ingeniero para la gloria del Señor. Podría ser que usted sea un gran ministro para gloria del Señor y también un gran escritor para la gloria del Señor.
La Escritura habla de diferentes oficios. Lo que la Escritura dice es que todos debemos trabajar. Hay casos también de personas que han ejecutado más de un oficio al mismo tiempo. Lucas era médico, y al mismo tiempo era un escritor, y acompañaba a Pablo en sus viajes misioneros. Miren que el evangelista Lucas, al mismo tiempo era evangelista y al mismo tiempo escritor. El apóstol Pablo —como ha mencionado también el hermano Edwin— tenía un oficio que era tejedor de tiendas. Y él a veces tejía tiendas y con eso se sostenía, y a veces se sostenía con su trabajo ministerial; hacía las dos cosas.
Así les quiero decir que ambas cosas tienen dignidad. Muy triste es ver personas que no entienden el valor que tiene el trabajo ministerial, que piensan que solamente haciendo empresas o teniendo una carrera en una organización hay mérito. Para la gloria del Señor se puede hacer una cosa o se puede hacer la otra, y todo tiene dignidad.
Al mismo tiempo, Pablo mismo igualó en derechos y responsabilidades el trabajo ministerial con los demás trabajos, y afirmó que todo lo que hagamos debemos hacerlo para la gloria de Dios. Un pastor y un mecánico podrían igualmente glorificar al Señor. No es dónde tú lo haces, sino con qué intención tú lo haces y cómo lo haces. O sea, ¿lo haces correctamente, respetando la voluntad del Señor? ¿Lo haces para su gloria? No hay diferenciación.
Quiero animarles: hay diferentes vocaciones. Así como, por ejemplo, hay un músico, también hay un profesor, y también hay un misionero o hay un pastor. Lo más importante es saber dónde Dios te ha puesto a ti, y cuando tú encuentras lo que Él te ha puesto, entonces tú le glorificas en la sección que sea. Pero esta diferenciación entre secular y cristiano no es una diferenciación bíblica.
Es importante separar, como dice Carolina: hay un ministerio que tiene un gustico especial. Hay veces, hermano —tengo que moverme a la otra—, pero hay veces que los asuntos ministeriales como que dan un deleite especial y tú sabes que directamente se está haciendo para el Señor. Pero lo mismo puede hacer un panadero, y hacer esos panes para la gloria del Señor.
Inclusive, cuando tú tienes un trabajo ministerial, puedes no hacerlo para la gloria de Dios, sino para la gloria tuya. Gloria al Señor. Miren qué interesante. Es importante que, sea que ustedes sean mecánicos, panaderos, ingenieros, médicos, pastores, obreros, misioneros, tengan mucho cuidado de la vanagloria: hacerlo todo para la gloria del Señor.
Les doy una respuesta más. Dicen algunas personas que los ricos no pueden ser cristianos y que la riqueza y la acumulación de riqueza no es compatible con la vida cristiana. Les pregunto a ustedes: ¿son malas las riquezas y la acumulación de dinero? ¿Está malo acumular? ¿Está malo querer tener?
Uno responde: “no, no es malo”. Pero… ¿qué tanto? La Biblia dice que “el amor al dinero es la raíz de todos los males”, y que “con más facilidad entra un camello por el ojo de una aguja que un rico en el Reino de los Cielos”. ¿Qué hacemos con los ricos? ¿Es mala la acumulación? Escucho por allá a Patricia. ¿Qué nos dice Patri?
Excelente. Patri dice que está bien ser próspero, es correcto, siempre y cuando sea honradamente. Vamos a escuchar por aquí algún hermano que no haya tenido participación aún. ¿Es malo enriquecerse? ¿Está malo desear ser rico? Respóndanmelo así: ¿está malo desear ser rico? Porque se ve medio feo cuando un hermano diga: “yo quiero ser rico”. Escuchamos aquí…
Ok, dice que si uno desea ser rico entonces tiene amor a lo material. ¿Quién me responde? Qué interesante, ¿verdad? Gente que no haya participado todavía: ¿es mala la riqueza per se? ¿Es malo ser rico? ¿Es malo decir que se desea acumular riqueza? Escuchamos aquí a Lilian.
Oh, interesante. Entonces no está tan malo que tengamos algún hermano rico, ¿eso no? No, no, no está malo, que no está en camino. Porque quizá tengamos algún hermano en la congregación que tenga unos millones guardados y piense que eso está mal. Otra oportunidad: ¿qué dice la Escritura? He escuchado al hermano Edwin.
A Salomón, ese era rico, sí. David también, sí. Abraham, ay sí. Pero tampoco —dice Lilian— las Escrituras condenan a un hombre que sea rico por sí mismo, por ejemplo, con su trabajo y administración. Yo entiendo que lo que tiene que ver es con la idolatría, cuando tú amas al dinero, que lo pones en lugar de Dios. Es un problema. El afán, la fiebre por buscar dinero, por estar tan mal enfocado, entonces enriquecerse…
Bueno, le doy otra más. Doy aquí a Nicolás.
Leí una vez en un libro muy interesante —no recuerdo bien cómo se llama—, pero decía: “enriqueceos todos lo que podáis… honradamente. Honradamente, acepta el dinero; más que honradamente no puedes tratar de hacerte de dinero. Hazlo honradamente; pero si no puedes, suelta el dinero”. Oigan.
Riqueza, bendición y advertencias bíblicas
Bueno, vamos a resumir un poco, porque hay una preguntita, hermano, que nos va a tomar un tiempecito debatirla. Vienen porque se van complicando. Miren, ¿qué dice la Escritura respecto a esto? La Escritura no se opone a los ricos como tal. Es más, relaciona las riquezas con la bendición de Dios. Miren qué interesante: la Escritura relaciona la riqueza bien habida con la bendición de Dios.
Sí advierte, en 1 Timoteo capítulo 6, sobre el amor al dinero como la raíz de todos los males. O sea, un buscar dinero por buscarlo. Algo importante es no responder “cuánto dinero tú quieres”, sino “para qué tú quieres ese dinero” y “en qué manera tu fortuna va a contribuir con la gloria del Señor”. Recuerden: somos mayordomos del Señor. Lo importante no es qué tanto tú tienes, sino cómo estás administrando eso para la gloria del Señor.
También advierte, en el libro de Lucas, en el capítulo 12 (el rico insensato), sobre la confianza desmedida en el dinero. Había un hombre que tenía un granero, después destruyó el granero y construyó uno más grande, y el Señor le dijo: “necio, esta noche vienen a pedirte tu alma”. No te dice que no confíes jamás en el dinero, sino que no pongas tu confianza en el dinero como que si el dinero fuera la respuesta a todas las necesidades.
Al mismo tiempo, Santiago capítulo 5 nos habla sobre enriquecimiento ilícito. Dice que hay unos ricos que se han enriquecido dejando de pagarle el dinero al jornalero, por ejemplo: “miren los ricos opresores”. O sea, las riquezas mal habidas, personas que han logrado enriquecerse por medio de la evasión, por medio de la explotación, por medio de actos ilícitos. El libro de Santiago, en el capítulo 5, habla sobre eso.
Al mismo tiempo nos habla sobre los ricos que trastornan la justicia, que ya tienen tanto dinero que ellos logran que prevalezca su opinión, aunque no tengan la razón. En el libro de Santiago también se habla sobre eso. Pero, fuera de la influencia del pecado en la riqueza, las riquezas pueden ser una gran herramienta para glorificar a Dios y bendecir a otros.
Un asunto característico en la parábola de los talentos es que, cuando los mayordomos administraban bien los recursos de Dios, entonces Dios les daba más de sus recursos para administrarlos. Cuando ustedes vean a una persona que tenga una fortuna bien hecha, piensen: parece que este es un buen administrador, parece que ha glorificado a Dios con las riquezas, parece que no está sirviendo a las riquezas sino al Dios que enriquece. Dice la Escritura también que no deberíamos servir a la riqueza, que no deberíamos dedicarnos solamente a eso.
Fuera de esto, hermanos, si el Señor le ha prosperado, dele la gloria al Señor por esto. Y si no, entonces tenga contentamiento.
Paso a otra preguntita, y esta me parece que va a ser más complicada. Es correcto tomar dinero prestado o prestar dinero con interés. Oigan la pregunta: ¿es correcto tomar dinero —o sea, tomar préstamo, tomar préstamo y pagar al tanto— o prestar dinero a rédito, decirle: “mira, te voy a dar tanto para que tú me devuelvas tanto adicional”? Los banqueros están levantando la mano por allá.
Vamos a comenzar primero con los artesanos, con los orfebres, con los músicos y después llegamos a los economistas. Pero respóndame, hermano: ¿es correcto prestar dinero a rédito? ¿Es correcto tomar dinero prestado? ¿Qué me dice el hermano Virgilio?
Él recuerda ese pasaje donde el Señor le dice a Israel que se hicieran fuertes y poderosos y que consiguieran mucha riqueza para que le prestaran a otros pueblos. Oigan, dice: así mismo, la Escritura dice: “ustedes prestarán y no tomarán prestado de nadie”. Oigan.
Es que si se le presta a un hermano… y que se le cobren réditos, y se le cobren intereses… Denme opiniones. ¿Quién más tiene? ¿Debemos o no debemos tomar dinero prestado? Escuchemos a Lilian.
Ella menciona el caso de Ananías y Safira, por ejemplo, que vendieron una propiedad y presentaron una cosa que no era la realidad, y que no había la capacidad… Habla de capacidad de pagar, y que ellos presentaron la totalidad del dinero. Oigan, interesante.
Opiniones, opiniones: ¿debemos tomar dinero prestado? ¿Es correcto prestar dinero con interés? Escucho a Jonathan por allá.
Él dice: “es muy probable que el préstamo con interés se preste a abusos”. O interesante, o sea que…
Sigo preguntando. Lo que queremos de nuevo, les digo, en esto es que tratemos de buscar el consejo de Dios sobre estos temas, porque la gente se pregunta eso, y esa gente que presta —el usurero en la sociedad— está muy mal visto. O sea, eso… Escuchamos a Ismenia aquí.
Ella dice que hay ocasiones donde uno presta sin interés a un hermano, y otras donde se utiliza el sistema financiero de una manera sana. Oiga.
Interesante este comentario de Ismenia. Aquí la hermana Bertania, ¿qué nos dice? Vamos a ver.
Ella dice que muchos prestamistas abusan del necesitado. Dicen: “abusan del necesitado”. Por aquí voy, por allá. ¿Qué nos dice Tomás acerca del préstamo bajo interés? Escuchemos a Tomás.
Tomás dice: “todo me es lícito, mas no todo me conviene”, y ciertamente hay un mal testimonio con relación al usurero. Escucho ahí a Patricia, después aquí a Lilian. ¿Qué nos dice Patricia? ¿Debemos o no debemos prestar dinero, Patri? ¿Debemos o no debemos tomar dinero prestado?
Excelente. Aquí vamos a escuchar a Lila, Lila Andino. Tú dinos: ¿está mal prestar un dinerito y que nos den el módico tanto, si tú entiendes que…?
Ella dice: si tú te vas envolviendo en ese mundo, hasta que tú puedes caer en una trampa. Entonces, si tú entiendes, uno tiene que ver su capacidad. Yo entiendo que no es que esté mal usar instrumentos financieros como cristianos; pero, según prestamos, la verdad es que nosotros, es verdad que somos oficiales y la batalla es muy dura cuando uno sale agregando cosas. Eso es algo que es demasiado difícil, que tú sales de una deuda para entrar en otra.
Entonces, si tú entiendes que no vas a poder, mejor no te metas. También otra opinión por aquí. Les recuerdo que el objetivo de esto, hermanos, son cosas que ustedes ven en la vida diaria. Son muchas las personas que van a venir donde ustedes: “mira, yo tengo un problema, no tengo dinero, préstame tanto, por ahí yo te lo devuelvo en tanto tiempo y te doy tanto adicional”. Son cosas que la gente enfrenta en su día a día.
La pregunta a la luz de la Escritura es: ¿debemos los cristianos prestar o tomar dinero? Bueno, hay varias porciones de la Escritura que se podrían tomar en cuenta. A veces se malusa la porción del libro de Romanos donde dice el apóstol Pablo a los romanos: “no le deban nada a nadie”. Y algunos hermanos toman esto como una excusa para decir que los cristianos no podemos tomar dinero prestado.
El contexto del versículo no es eso. Lo que él está diciendo es que no dejen de pagar los compromisos que han asumido, y entre esos compromisos menciona los impuestos, entre esos compromisos menciona la honra. Le dice el apóstol Pablo a la iglesia: no le deban nada a nadie; al que honra, denle su honra; al que dinero, denle su dinero. Lo que le está diciendo el apóstol es: no sean mala paga, no se queden con lo ajeno. Eso es lo que está diciendo la Escritura.
Un cristiano puede tomar dinero prestado, siempre y cuando tenga la intención de pagar, y debe pagar. Esto de que: “no, yo tengo deuda por ahí…” Hermano, un cristiano paga sus compromisos, no le debe nada a nadie.
Con relación a Israel, en Israel se prestaba; pero los préstamos en Israel tenían tres características que nosotros tenemos que tomar en cuenta también para el préstamo contemporáneo. Por ejemplo, en Israel estaba prohibido prestarle a los pobres. ¿Y qué se hacía con los pobres? Se les daba generosamente. Le dijo Moisés al pueblo: cuando vengan los pobres a ustedes a pedirles dinero prestado, no le presten al pobre, porque cuando usted le presta al pobre, lo que está haciendo es despojándolo.
Por ejemplo, una persona tiene una situación de salud y te dice: “mira, yo no tengo ni en qué caerme muerto. Lo único que yo tengo es una tierrita; te doy mi tierra para que me preste”. Usted sabe que no tiene un medio con qué devolverle la tierra. No le tome eso, no le preste dinero porque usted lo que está haciendo es despojándole, que es injusto. Es injusto usted prestarle al que usted sabe que no tiene con qué pagarle.
Por ejemplo, un banco que le va a prestar a una persona para comprar una propiedad y sabe que al final lo que va a hacer es despojarle de la propiedad y también despojarle de su dinero. Dice la Escritura que no le prestemos a aquel que no tenga la capacidad. ¿Y qué es lo que debemos hacer? Generosidad. Dice la Escritura que, cuando venga el pobre, cuando venga el extranjero a donde ti, y que tú sepas que no te va a poder pagar, no vengas a prestarle interés, porque ni te va a poder pagar el capital ni te va a poder pagar los intereses. En ese caso, operar con generosidad.
En otro lugar dice la Escritura que entre Israel, entre los hermanos, no se podía prestar con interés, pero al extranjero sí. Oigan un casito interesante. ¿Cuál es el principio aquí? Que no pienses sacarle el último peso a todo el que tú tengas alrededor.
¿Cómo podemos nosotros aplicar esto? Mira, si hay un hermano que tiene una necesidad y necesita 2000 pesos, no le estés calculando con la calculadora de números grande. Hay veces que hay que quitarle el 5, quitarle el 15. Hermano, toma los 2000 pesos y cuando tú puedas tú me lo devuelves. Entre los hermanos, entre el que no puede nada, entonces generosidad, y entre los hermanos, ¿qué es lo que tenemos que hacer? Prestar sin interés. Desprendimiento.
¿Han visto esta persona que presta y ya le quiere prestar a los hijos? Miren, ese interés por el dinero… Llega un momento que a la gente se le nublan los ojos y quiere apretarle al vecino, al hijo, al hermano: “Fulano, pero tengo dinero aquí, toma tú…”. No, hermano. O sea, entre el que no tiene, el desposeído, generosidad; entre los hermanos, que es lo que tenemos que hacer, ayudar con libertad. Un hermano tiene una necesidad; no hay que estarle buscando siempre el día, buscarle más. Si usted no se dedica a eso, o sea, si usted no es un banquero, si usted no es un prestamista, ¿qué es lo que tiene que estarle buscando y que le devuelva el 15?
Entre los hermanos, dice la Escritura, aquellos que son cercanos a ti, ayúdales con libertad y que te lo devuelvan sin interés. El extranjero, ¿qué es el extranjero? Bueno, con el extranjero, negocio. ¿Es lícito hacerlo? Claro que es lícito hacerlo. ¿Es injusto hacerlo? No es injusto hacerlo. Lo que tenemos que tener es la precaución —de nuevo les digo—: es muy triste ver prestamistas, ese préstamo para necesidad que a veces se ve en los barrios. Una persona que no tiene con qué comer, y le dice: “mira, tú me das tanto y yo te lo devuelvo…”.
Hay gente que tiene 15 años endeudados con un prestamista. Es injusto ese préstamo para necesidad. Ese hermano, hay veces que lo que hay que hacer no es prestar sino dar: “mira, yo necesito una medicina para mis hijos, tú me puedes prestar a cambio…”. Ese tipo de préstamo que tiene ese componente social, dice el Espíritu, aquel cristiano debe compartirse con generosidad.
Entre hermanos, con libertad: “hermano, úsalo y me lo devuelves”. Y entre el que tú no conozcas, entonces haz comercio, que no está mal comercial. Ahora, haz comercio. La Escritura habla de que tengamos una tasa justa. ¿A qué se opone la Escritura en el libro de Proverbios? A que tú prestes tratando de duplicar tu capital en un año. Usted calcula, ¿sabe lo que es un préstamo a un 20% de interés mensual? Calcula eso por 12.
Entonces, no es que te paguen ni los intereses ni te paguen el capital. Lo que estás haciendo es haciendo a los hombres dependientes de ti. Dice la Escritura: entre el que no tiene nada, generosidad; entre los hermanos, libertad; y entre los otros, entonces comercio.
Me muevo rápido a otra pregunta que tenemos, otra pregunta que responde: ¿es correcto pagarle a otro para que haga el trabajo? “Con el sudor de tu frente te ganarás el pan”. “El que no trabaja, que no coma”. O sea, si tú tienes fortuna, ¿eso está bien, que tú le pagues a una gente que haga todo el trabajo y que tú lo único que hagas es disfrutar, que tú no sudes? ¿Hay que sudar siempre para comer? Es una pregunta interesante.
Te comerás el pan con el sudor de tu frente, ¿y el que no suda? Doy oportunidad allá a Jonathan. Pues no; todos… Hay ciertos prejuicios: “eso no, ese no suda, ese no trabaja, trabajo tengo yo, que trabajo aquí picando piedra. Esos son ahí bonitos, en oficina”. Escucho aquí a Lilian, vamos. Pero Lilian ha respondido antes: un hermano que no me haya respondido. Escucho aquí al hermano…
Pues Lilian dice: hay trabajo intelectual y hay trabajo físico. El que está en oficina, que muchas veces la gran mayoría de las veces tiene más responsabilidad, por lo que se está confirmando que alguien que se está fajando a picar piedra y, ante cualquier error, tú tienes que responder; tu responsabilidad vale incluso más. O sea, la sustancia del trabajo intelectual igual es trabajo.
¿Yo creo que sea… y pagar a más gente para que te trabaje en tu casa y te haga los oficios? Eso no está malo. Miren, ustedes se ríen, pero esas cosas son comunes. Hay gente que piensa que eso está mal, pagarle a una persona para que… Vamos a escuchar.
Una hermana dice: “yo no creo que sea injusto, siempre y cuando tú estás trabajando en algo que produce ese dinero y honrando al Señor con eso”. Pero a la vez dice: “tampoco es justo que tú te pases cinco días tratando de obtener el dinero para poderle pagar a otra persona”. Claro. Vamos a escuchar aquí a Marta. ¿Qué nos dice Marta?
Ella dice: “primero, ese es un trabajo también; la persona que está en casa está trabajando, y el que administra también está trabajando”. Interesante.
Me dice: “no…”. Por ahí viene otra preguntita, que hay que responderla, y tenemos ya solamente diez minutos. Escucho aquí a Raquel. Vamos a ver, Raquel, ¿es justo eso, pagarle a otro para que haga el trabajo?
Raquel dice: “sí, es justo; siempre que tú seas justo, que tú pagues lo que es debido, y que seas agradecido con ese trabajo”. O interesante. Bueno, ¿qué dice la Escritura? Escucho ahí a Patri, esta última y nos movemos.
Patricia dice: “está bien mientras tú no explotes al otro, mientras no abuses de su necesidad”. Excelente. Vengo aquí al hermano Virgilio. ¿Qué nos dice el hermano Virgilio?
Excelente, muy bien. Miren, según la Escritura no hay un trabajo que sea más digno que otro. No hay un trabajo que sea más “lindo” que otro. O sea, usted limpiar una casa, usted trabajar en plomería, electricidad, usted pintar… No hay un trabajo que usted pueda decir: “no, ese es un trabajo vergonzoso” a la luz de la Escritura.
Y miren qué grandes hombres de Dios tuvieron trabajos muy humildes. Es más, el trabajo que se supone que tuvo Cristo era un trabajo de carpintero. O sea, no era que Cristo era un gobernante o un asunto. Les estoy diciendo con esto que, a la luz de la Escritura, no hay una diferenciación entre un trabajo que tenga más dignidad que otro y todos los trabajos se pueden hacer para la gloria del Señor.
Al mismo tiempo, el Señor, en sus parábolas y en sus enseñanzas, habló de hombres que ponían a otros hombres a trabajar. ¿Qué dice la Escritura, por ejemplo? Dice la Escritura que tenemos que pagar, que pagarle lo que es justo. Dice que es incorrecto tratar a las personas como si fueran posesión propia. O sea, tú no posees a un ser humano.
Es incorrecto que, cuando una persona depende de ti para comer, tú quieras extorsionarla para que trabaje en unas condiciones que son inhumanas. Un cristiano no pone a una persona a trabajar así. Entiende, sobre todo, que este también tiene la imagen de Dios. ¡Qué asunto interesante!
¿Por qué fue suprimida la esclavitud? Porque los cristianos predicamos que el trabajo esclavista no era un trabajo que dignificaba al Señor, que glorificaba al Señor; que el trabajo de explotación, el trabajo debe ser voluntario. En el trabajo se deben respetar jornadas laborales, se debe entender que las personas tienen dignidad, y sobre todo, que sepamos que la gente no es nuestra.
¿Cuántas personas tratan a otra persona como si fuera un animal? Eso de disponer de la gente como si las personas no tuvieran valor no es una actitud cristiana.
Propiedad privada, comunismo y comunidad cristiana
Antes de irnos, hay dos preguntitas aquí que ustedes tienen que… no se pueden ir de aquí sin decírmelo, y nos quedan cinco minutos. Los primeros cristianos vendieron sus propiedades, todo, y se lo dieron a los pobres. El libro de los Hechos lo dice así mismo: que ellos vendieron todo lo que tenían y se lo daban a los pobres.
Entonces, ¿a qué los cristianos nos oponemos a la propiedad privada? También dice la Escritura que, si uno va a ser discípulo de Cristo, tiene que renunciar a todos sus bienes. ¿Y acaso no es esto que el cristianismo se opone a la propiedad privada? ¿Podemos nosotros tener propiedad, podemos nosotros… o hay que venderlo todo?
Respóndanme esa. Ustedes han leído el libro de los Hechos, ¿verdad? Lo primero: los cristianos vendían todo lo que tenían. No, no lo vendían… Lo vendían, lo vendían. Que me diga Tomás por allá: “hay que comprar también”.
Escuchemos aquí a Bertania, ¿qué nos dice? Ella dice: “Cristo dijo: el que no deja padre, madre, casa, tierras por mí, no es digno de mí. Y si deja todo, recibirá multiplicado”. Y dice que lo recibirá aquí…
Oigan, qué interesante. Miren interesante esa perspectiva, es verdad. Dice que si uno deja por Él, lo va a recibir aquí y allí. Jacqueline, ¿está bien? ¿Tenía un título grande de propiedad que diga “eso es mío”? Respóndenos.
Allá lo que dice Jacqueline es que era un asunto voluntario, y que el mismo Pedro le dijo a Ananías y Safira que no estaban obligados a vender lo que tenían, ciertamente; y que si lo vendían, no estaban obligados a traerlo todo. También, ¿qué nos dice aquí Ismenia? ¿Podemos tener carro?
Selene, escucho allá. Que nos diga Jonathan. Él dice: “el Señor le ha dado bienes a algunos para administrarlos, y eso es válido”. Oye, pues gloria al Señor. Doy aquí una con Edwin y nos movemos a la otra. Tienen que responderme si los cristianos podemos usar o no tarjeta de crédito. Que nos diga aquí Edwin.
Edwin dice: “si tienes dominio propio, úsala; evidentemente, si no, es peligroso, porque entonces tienes que defenderte de la deuda”. Excelente.
Miren, el cristianismo no es comunismo. Hay gente que confunde los términos entre lo que es comunidad y lo que es comunismo. Eso no es lo mismo. El comunismo es tener de manera obligatoria e impuesta todas las cosas en común. Comunismo es lo que hay en Cuba, que usted no puede tener algo suyo porque el gobierno se lo impone.
Otra cosa es usted decidir tener bienes en común para beneficiar a su hermano, y otra cosa es que a usted se le obligue a tener bienes en común. En la iglesia primitiva hay una práctica inicial donde los cristianos se estaban muriendo de hambre, y sus hermanos se desprendieron de sus bienes para que el hermano coma, pero no hay evidencia de que fue una práctica consistente a través de toda la Escritura.
Y tal como ha dicho Jacqueline, en aquel mismo momento se evidencia que era una práctica voluntaria. Le dijo el apóstol Pedro a Ananías y Safira: ustedes no estaban obligados a vender eso; ustedes lo hicieron voluntariamente y engañaron al Señor diciendo que su ofrenda era más de lo que realmente había sido. O sea, menos de lo que había sido, pero ustedes quisieron aparentar más.
Lo que es evidente en la Escritura es que debemos administrar la propiedad que el Señor nos ha dado para la gloria suya, pero el cristianismo históricamente ha promovido la propiedad privada. Es más, el capitalismo tiene mucho que ver con el protestantismo, porque una práctica protestante era la libertad. Decían que usted tiene que tener la libertad para comercializar y que tiene que honrar a Dios con esas cosas.
Esta es una pregunta un poquito más trivial, pero hay gente que dice que el sello de la bestia es la tarjeta de crédito. Hay otros que dicen que la tarjeta de crédito, eso es demoníaco, que eso no hay que tenerlo, que los cristianos tenemos que pagar en efectivo. Hay muchas cosas que nos dicen. ¿Debemos o no debemos usar la tarjeta de crédito? Que me diga aquí Raquel. ¿Tienes una? ¿Raquel tiene su tarjetita de crédito, la tiene ahí?
Ok, aquí escuchamos. Ella dice: “si se usa con responsabilidad, es una herramienta; ahora, si se usa para endeudarse, es un problema”. Ah, interesante. Una última aquí, ¿dónde está Lilian? Estás acá de la mano. Vamos a darle a Caro, que no ha participado. ¿Qué nos dice Caro?
Caro dice: “si usted no tiene dominio propio, no la use”. Oigan esto: si usted no tiene dominio propio, no la use. Excelente.
Tarjetas de crédito, consumismo y límites del cristiano
Resumo aquí —se me están quedando dos, pero miren—. La tarjeta de crédito como tal es también un invento del hombre, que ha utilizado… y es muy complejo, es muy complejo. Pero en el fondo, en todo eso usted va a encontrar a Dios, porque están utilizando recursos de Dios, entre esos recursos, el tiempo. Sin embargo, en todas las formas de negocio y de comercio hay una propensión al pecado en la cual un cristiano tiene que estar muy atento para poder glorificar al Señor.
Si un hermano va a trabajar en la banca, por ejemplo, tiene que depender mucho del Señor porque se cometen injusticias ahí, y un cristiano debería participar con mucha conciencia. Si usted va a trabajar en el mundo del entretenimiento, por ejemplo —ahí mucha gente dice: “un cristiano puede trabajar en una publicitaria”— claro que sí, pero tiene que estar muy, muy consciente de cuáles son sus convicciones, porque hay cosas en las cuales un cristiano no debería de participar. Voy allá, hermano mío.
Con relación a la tarjeta de crédito, una precaución de esto es que, por alguna razón, la tarjeta de crédito es propensa al consumismo, a consumir sin necesitar, y a un consumo de vanidad. Es muy fácil ustedes pasar la tarjeta para comprar cosas que, si usted estuviera dando el dinero uno encima del otro, entendiendo que ese dinero es de Dios, usted no las compraría.
¿Qué precaución hay que tener con la tarjeta de crédito? Entender lo primero: no ser dominado por esas cosas. Pagar la tarjeta de crédito. El dinero no se ve en papeleta cuando se compra, pero después hay que llevarlo a lo físico. Usted lo consume en plástico, pero lo paga en papel, 1% por otro lado. Las tarjetas de crédito tienden a tener intereses que son abusivos, pero en eso también está claro el asunto de prudencia.
Les digo esto, hermanos: miren, yo no sé el oficio en que se desempeña ninguno de ustedes. Lo que dice la Escritura es que los negocios se pueden usar para la gloria del Señor; que en las diferentes prácticas comerciales los cristianos tenemos que distinguirnos; que, sobre todo, tenemos que tener un comercio que sea con la dignidad del ser humano, para la gloria del Señor, y un enriquecimiento que no sea desmedido.
Dice la Escritura en el libro de Proverbios que es una virtud enriquecerse poco a poco. El hermano de uno dice ahí: “una ñapita más, rapidito”.
Hay que ver con el cristiano, indirecta o directamente. Por ejemplo, se me quedó esa pregunta; estaba… vamos a tener que seguirla. Y también dentro de la industria del entretenimiento, algunas ramificaciones.
Soy así, en resumen, hermanos: un cristiano nunca pondría un negocio ni participaría en un negocio de asuntos que por convicción no consume. ¿Me entienden esto? Si usted no consume eso por convicción, usted no debería promover eso.
Tengan cuidado, porque la gente, cuando participa en negocio, a veces hace una segregación. Yo les pongo un ejemplo. Miren, yo fui al súper, y se me acercó una joven y me estaba proponiendo un producto que lo que el producto anunciaba era: “compra este asunto, llénate de mujeres”. Y yo le pregunté… Yo no le pregunté, pero deseaba preguntarle: “¿a usted le gustaría que su marido lo consuma?”.
O sea, no a mí… Ella no se acercó a mí; se lo ofreció al que estaba al lado mío, no a mí. Pero si me lo ofrecía, la respuesta la iba a dar: es un desodorante que te dice: “usa este desodorante, llénate de mujeres”. Entonces yo le quise preguntar: “¿a usted le gustaría que su marido lo use?”.
Por regla general, un cristiano no produce ni negocia ni comercia con aquello que por convicción… —y me tengo que… tengo que cerrar aquí; vamos a tener que, aunque sea dos veces al mes, ¿verdad?, vamos a tener que armar la tertulia—. Pero despido esto, hermanos: un cristiano, todo lo que sea justo, todo lo que sea de buen nombre, si hay virtud alguna, en eso pensad.
Amén. Oremos al Señor.
Permita, Padre, que en las diferentes maneras en que mis hermanos y yo trabajemos y comerciemos, siempre te glorifiquemos a ti. Cuídanos, Señor, de trabajos donde tengamos que explotar al pobre. Cuídanos, Señor, de negocios de tentación. Cuídanos, Señor, de la avaricia, de la falta de contentamiento. Permite que en la práctica comercial —que sea en la ingeniería, en la manufactura, en la industria de servicios, hasta en el entretenimiento— donde nosotros participemos, marquemos la diferencia.
Permite que en esto, Señor, seamos mayordomos tuyos, que lo hagamos para la gloria tuya, que lo hagamos magnificando tu nombre. Si acaso, Señor, mis hermanos y yo hemos estado participando en cosas que no te agradan, permite que tu Espíritu nos confronte y que seamos nosotros sensibles, y que dejemos de ofenderte en ese aspecto.
Permite, si acaso, Señor, tú quieres que alguno de mis hermanos tenga fortuna, si acaso es tu voluntad que tengamos ricos entre nosotros, permite que no sean de los ricos que menciona Santiago, sino de los ricos que han edificado tu reino con sus riquezas, para la gloria tuya siempre. En el nombre de Jesús, amén.
Que el Señor les bendiga mucho. El próximo domingo comenzamos con estudios de Navidad.