¿Y que leamos en la Palabra del Señor cómo fue este nacimiento? Es tanto lo que se puede decir de la Navidad, hermano, y son tan pocos los domingos, que se ha ido muy cuidadoso, seleccionando como un poquito de todo, un poquito de cada porción, un poquito de cada parte. Hoy estaremos viendo exclusivamente el nacimiento de Cristo, y siempre que leemos la Palabra del Señor, comenzamos en oración, encomendándonos delante de Él. Le pido que cierren ahí sus ojos. Y a este que nació le oramos, ¿verdad?, para que sea el que nos dé el entendimiento.
Nos disponemos ahora, Padre, a leer tu Palabra en esta porción magnífica que nos habla sobre tu encarnación. Tú, que viniste y estuviste en medio nuestro, te pedimos que ahora aclares nuestro entendimiento para ver el verdadero significado que tienen cada una de estas cosas. Permite que en este relato podamos entender la intención que había en ti. Permite que en este relato, Señor, podamos entender el significado que hay aquí para nosotros. Permite que aquellos, Padre, en los cuales ya tú habitas podamos entender y valorar más lo que es tu presencia en nosotros.
Y que aquellos, Señor, que todavía están armados, que están al margen, puedan ver hoy, este primer domingo de diciembre, la extraordinaria oportunidad de que tú vinieras a habitar en medio nuestro, y el deseo que tienes de habitar en su corazón. Permite, Padre, que cada mente aquí presente, que cada corazón aquí presente, que cada voluntad aquí congregada esté dispuesta para la gloria tuya. Permite que sea tu Palabra hablando a nuestro corazón.
Ay, Padre, mira cómo la escultura popular compite y distorsiona las cosas que tú hiciste. Permítenos hoy volver a la fuente y que entendamos en tus palabras, Señor, que entendamos en tu Evangelio el verdadero significado que tiene cada una de estas cosas. Para la gloria tuya, Señor, te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
Hermano, ¿qué es el principal problema que tenemos en Navidad los cristianos para entender esto? Es que hay una competencia muy fuerte, y esa competencia se llama la cultura popular. Estamos en un momento que uno no sabe qué fue realmente lo que sucedió y qué fue lo que el hombre le puso después, porque en toda esta tradición navideña hay una gran cantidad de elementos que han sido puestos allí, que ya uno no sabe separar lo que es la revelación de Dios y lo que es quizá la tradición o la cultura humana.
Volver a la fuente: lectura de Lucas 2
A veces nos es difícil distinguir qué fue lo que realmente sucedió en el nacimiento o qué no sucedió en el nacimiento. Me gustaría que vayamos al libro de Lucas, Evangelio de Lucas, en el capítulo dos, y que busquemos en la fuente fidedigna cómo fue verdaderamente el nacimiento de Jesús. Que veamos y asumamos lo que está allí como que esa es la revelación de Dios, y que hagamos una diferenciación entre lo que es el nacimiento y lo que quizás nos dicen los medios que es el nacimiento.
Hoy me concentraré específicamente del versículo 1 hasta el versículo 7. ¿Qué sucedió en el nacimiento de Jesús? Dice así la Palabra del Señor, Evangelio de Lucas, capítulo dos:
Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado.
Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria.
E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad.
Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén,
por cuanto era de la casa y familia de David;
para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta.
Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento.
Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.
— Lucas 2:1-7
Hermano, de tan manera, tan poco sorprendente humanamente hablando, entró en esta tierra aquel que, con el poder de su Palabra, hizo el mundo y con su poder lo sustenta. El hecho más sorprendente, extraordinario y poderoso, que es la encarnación de Cristo, es Dios mismo haciéndose hombre. Se relata en el Evangelio de Lucas, que es quizá el Evangelio más ordenado, con estas palabras tan sencillas.
Quizá por eso la cultura popular le ha puesto tantos fuegos artificiales, porque cuando buscan en el Evangelio cómo se relata el nacimiento de Cristo, como que esto parece, de alguna manera, muy sencillo, como que hace falta algo más. Pero, relación al nacimiento del Señor, hermano, en esta porción de la Escritura, del versículo 1 al versículo 7, está todo lo que es necesario para que una persona entienda este hecho tan sorprendente y extraordinario. Me permiten, en primer lugar, hablarles del contexto de su nacimiento: nació en el Imperio romano.
Cristo en la historia: el contexto del Imperio romano
El Imperio más poderoso quizás que se ha levantado sobre esta tierra, es más, que al día de hoy se dice que si acaso Estados Unidos es tan poderoso como fue Roma en su mejor momento. El contexto del nacimiento de Cristo es puesto dentro de autoridades políticas, y las personas que aquí se mencionan no son personajes bíblicos. La gente cree que Augusto César como que es un personaje que se lo inventó Lucas, o que está ahí porque sí. No. Augusto César fue el primer emperador del Imperio romano. Es una persona que está ahí y está en la historia universal.
Lo primero que quiero establecer, hermanos, con esto es que Cristo, cuando se detalla su nacimiento, cuando se narra su nacimiento, es puesto en el contexto del Imperio más poderoso sobre esta tierra, y se mencionan por su nombre cuáles eran las autoridades del momento. Se menciona aquí, por ejemplo, a Cirenio, gobernador de Siria. Sucede que Siria era un departamento de Roma, y en Siria estaban diferentes subdepartamentos, y entre estos subdepartamentos de Siria que estaban dentro de Roma, entonces se encontraba Israel, que era una provincia.
Son mencionados estos personajes, hermanos, y yo tengo la convicción de que Lucas los incluyó para que nosotros, en este tiempo, entendamos que Cristo no es un invento histórico. Que no fue que en determinado momento los cristianos nos pusimos de acuerdo para inventarnos un Cristo. No. Cristo nació y fue un hombre real que nació en un momento preciso de la historia, cuando Roma estaba naciendo, cuando Augusto César era emperador y cuando Cirenio era gobernador de Siria.
¿Y qué tiene que ver esto con los cristianos? Lo primero que tiene que ver es establecer que Cristo es histórico. Hermano, Cristo no es Santa Claus. Cristo no son los Reyes Magos. Cristo no es un personaje mitológico. Cristo no fue puesto ahí como para que el mundo tenga un personaje con el cual emocionarse. No. Cristo es una persona real que nació bajo un imperio real y gobernadores reales. El Cristo al cual servimos los cristianos no es un invento, el Cristo al cual servimos es un Cristo histórico.
Cristo realmente existió. Yo no sé si haga falta decir esto, hermano, pero tengo que decirlo: Cristo realmente vino, estuvo aquí. No porque el siglo pasado dijimos: “Como que hace falta un Cristo, a la humanidad le hace falta un personaje como Él, vamos a inspirarnos, que busquen algún letrado y que nos dibuje un Cristo”. No, hermano. Cristo es histórico, Cristo es real. Cristo nació en el Imperio romano en tiempos de Augusto César y cuando Cirenio era el gobernador de Siria.
Un Cristo real, no mitológico
Si usted lo busca en los mapas, va a encontrar cada uno de esos lugares. Esto no es El Señor de los Anillos, hermano, esto no es una fábula. El cristianismo no es un invento contemporáneo, el cristianismo es un hecho histórico, no es mitológico, hermano. Lo primero que quiero establecer es que se mencionan esos personajes políticos para dejar claramente establecido que nuestro Cristo es un Cristo real. No hace falta que lo repita, hermano. Mi primer punto en el sermón de hoy es que se establecieron allí esos nombres, se establecieron esos estados, se establecieron esas descripciones para decir que Cristo no fue que los judíos se lo inventaron.
No, los judíos quisieron desaparecerlo. Escuché a alguien que dijo que no es un invento judío. No, los judíos no querían a Cristo, ellos querían desaparecerlo. Si es por los judíos, si el acta de nacimiento de Cristo hubiera estado solamente en el templo judío, hace rato que Cristo hubiese salido de la historia. Pero el Señor, en su misericordia, permitió que el acta de nacimiento de Cristo se estableciera durante un censo de los romanos.
Hermano, aquí a la gente le alteran el acta de nacimiento. Usted nace en República Dominicana y le cambian el año, pero Roma era como Estados Unidos. Roma, eso era seguro, y cuando un censo romano se ponía: “Este hombre se llama José y pertenece al pueblo de Belén, y su mujer se llama María, y la mujer está embarazada justo en este momento”. Estamos colgando a Cristo, hermano, dentro de la historia. El Señor entró en la historia.
Y a mí, hermano, como cristiano, esto me emociona especialmente. Es Dios, el Dios que creó el tiempo, el Dios que hizo el mundo. Él se abrió en medio del tiempo, incluyó en medio del mundo y Él se hizo hombre. Cristo entró en la historia. Hermano, Cristo no tiene un comienzo, Cristo no tiene un final, dice que sus entradas y sus salidas son desde la eternidad y hasta la eternidad, y este que no conocía el fenómeno del tiempo —Cristo no sabe lo que es una hora o son dos, Él lo inventó, Él es el que lo puso en el libro de Génesis para darnos paradigma a nosotros— y Él, que hizo el tiempo, y Él, que hizo la materia, se hizo materia y entró, hermano, en esta su creación.
Y cuando usted ve que Él, su creación, entra de una manera, hermano, tan humilde, una manera que uno como que dice: “¿Y realmente entró así?”. Sí. Y Cristo estuvo aquí. El Imperio ni se enteró, hermano, pero le dio acta de nacimiento. Roma, eso le pasó quizá por encima, pero Cristo entró. Es lo primero. Tengo que pasar al segundo punto, pero el primero es eso, hermano: están allí esos nombres, están ahí estos emperadores, está allí el nombre de los gobernantes, están los lugares geográficos precisos para que entendamos que Cristo no es un invento, que Cristo es una persona real. Dios se hizo hombre y entró aquí. Y pudo haber nacido en cualquier otra parte, ¿hermano? No, no pudo haber nacido en otra parte.
Belén y el cumplimiento profético
De ningún modo, tenía que ser en Belén. Entonces aquí me muevo al segundo punto. El primer punto, hermano, es el contexto de nacimiento, que nos demuestra un Cristo histórico. Lo segundo es que fue un nacimiento que se podría decir imprevisto humanamente hablando, pero no fortuito, es decir, cumplimiento profético.
Miren, cientos de años atrás el Señor había hablado por medio de Miqueas y le dijo, Miqueas capítulo 5 versículo 2:
Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá,
de ti me saldrá el que será Señor en Israel;
y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.
— Miqueas 5:2
Cientos de años atrás, en tiempos de Miqueas, el Señor había dicho: “Eventualmente vendré a ustedes, entraré a la historia y entraré por este pequeño pueblo que se llama Belén”. No fue que Cristo apareció y dijo: “Aquí estoy, miren, hay una historia”. No, no, hermano. Israel estaba esperando a su Señor, estaba esperando un Mesías. Hay profecías que llaman profecías mesiánicas, y es una serie de elementos que tenían los judíos en tiempos de Jesús, por lo cual ellos estaban esperando a un judío que iba a ser el rey sobre Israel.
No fue que la historia se escribió hacia atrás. Perdone, hay personas que piensan que fue que Cristo vino, y después que Cristo vino, entonces hicimos toda una serie de documentación histórica para justificar un Cristo. No. Cientos de años atrás se había establecido que el Señor vendría a través de un pueblo pequeño llamado Belén. Y la espera y la expectativa de un Mesías era tan fuerte en tiempo de Cristo, que algunas mujeres esperaban, algunas vírgenes esperaban que ellas podrían ser depositarias de este hermoso milagro.
Había una expectativa de cumplimiento profético. Pero no solamente eso, hermano, miren: se dijo el pueblo, se dijo la familia, se dijeron sus características, se dijo cómo iba a crecer, se dijo lo que iba a hacer, se dijo hasta cómo iba a morir. Hermano, la vida de Cristo se documentó cientos de años atrás para que cuando Cristo viniera pudiera ser reconocido. Y Cristo dijo eventualmente: “A los suyos vino, y los suyos no le recibieron”.
Quizá la profecía más importante era la profecía de Miqueas, que decía que iba a ser de la ciudad de Belén. Belén era la ciudad anunciada. El nombre Belén, Belén Efrata, significa: Belén significa “casa de pan” y Efrata significa “fructífera”.
Providencia: el censo y el viaje a Belén
Y ahora yo entiendo, hermano, cómo es que esta ciudad es casa de pan y cómo es que esta es la ciudad fructífera. Esta pequeña ciudad que quizá no tenía mérito alguno en Israel, el Señor dijo: “De esa ciudad, de esa casa de pan y de esa ciudad fructífera, de ahí es que se va a levantar el Señor”. Ese censo, hermano, fue un asunto providencial.
Mire, José ya no vivía en Belén. La familia de José, desde hacía años, había salido de Belén. Esa era la ciudad donde vivía, donde vivía él, él vivía en Nazaret. Yo a veces me imagino, hermano, el espectáculo profético en el cielo. O sea, Cristo dice: “Llegó el momento, llegó el tiempo, me voy a encarnar, voy a entrar en la historia”. Yo me imagino los ángeles en la expectativa en el cielo, porque ya ellos habían anunciado a esta mujer que iba… Entonces, imagínese los ángeles en el cielo. Ya un ángel, nueve meses antes, le había anunciado a esta mujer, que no estaba viviendo en Belén, que ella tendría en su vientre al Salvador del mundo. Un ángel se lo había anunciado; ella vivía en Nazaret.
Y viene el primer mes, viene el segundo, y los ángeles dicen: “Bueno, según la profecía, va a nacer de una virgen, pero esa virgen está viviendo ahora mismo…”. ¿Usted se imagina, hermano, la emoción en el cielo? “¿Y qué será lo que el Señor va a hacer? O sea, ya está embarazada la virgen, ya Él se encarnó, ya se encarnó, en ese momento el Señor hizo el milagro, está en el vientre, pero ahora mismo ese vientre está en una virgen que está a 130 kilómetros de distancia del lugar donde la profecía de Miqueas dijo que iba a nacer el niño”.
Y llega el mes cinco y los ángeles esperando: “La virgen está… y el Señor está en el mundo, pero no está en Belén, ¿qué haremos?”. Llega el siete, llega el ocho, llega el nueve. Hermanos, si no nace en Belén, no se cumple la profecía y nos dirían que no era el Mesías. Al llegar al mes nueve, entonces a Roma se le antoja que hay que censar el Imperio: “Vamos a hacer un censo y que vengan todos los hombres a sus lugares de origen”.
Hermano, en el mes nueve el Señor determinó un censo para que sea movido el lugar donde vivían María y José, y que dejaran su pueblo donde vivían ahora mismo para que vayan a su ciudad de origen, a Belén, la pequeña ciudad que el profeta Miqueas dijo que en esa ciudad iba a nacer el niño.
Un viaje humanamente imposible, pero guiado por Dios
Un censo providencial, milagroso. Miren en la condición que estaba María: estaba embarazada. Solamente un censo decretado por Roma, solamente así se podía justificar el viaje. ¿A qué mujer con nueve meses en el vientre, embarazada, se le ocurre moverse caminando, hermano, a pie? Porque tenían quizás un burriquito, pero lo más probable es que la mitad del recorrido lo haya hecho a pie.
Yo calculé la distancia. Miren, moverse… Yo calculé la distancia, hermano. La distancia que había de donde estaban María y José hasta Belén, había cerca de 130 km, y eso era diez días a pie. Aproximadamente la misma distancia que hay de Santo Domingo a La Vega, o la misma distancia que hay de Santo Domingo a San José de Ocoa.
¿María que recoja, que vamos para Ocoa a pie? No. Eso solamente será posible porque era Roma, o sea, era la obligatoriedad de que el Imperio más grande sobre esta tierra le dijo: “Todos los hombres tienen que volver a su lugar de origen”. Yo me imagino la risa de los ángeles: “¡Wow, Señor, pero tú sí eres fuerte! Esperaste nueve meses, hermano, y que el muchacho no nazca en el medio…”. Entonces, hablan, ¿no?, por las embarazadas, a veces las mandan a caminar: “Rica, da un paseíto para que nazca el muchacho”. Solamente por la providencia del Señor, el Señor no nació entre Nazaret y Belén caminando por ahí.
Gloria al Señor por su providencia. ¿Hermano, por qué razón fue así? Es para que nosotros entendamos que la profecía del Señor se cumple, y se cumple con precisión. Y que tenía que nacer en Belén. Bueno, el Señor movió el poder mundial y le puso a César Augusto la intención de crear un censo, porque solamente con la obligatoriedad del censo era posible que se cumpliera la profecía.
José ya no tenía familia en Belén. Para una familia humilde era una imprudencia salir desde un pueblo al otro. La gente no se movía a hacer turismo como hoy, no tenían los medios para hacer el viaje. La evidencia de que no tenían familia en Belén es que no fueron recibidos en casa de nadie.
Hermano, el cumplimiento profético en esto es un asunto extraordinario. Esto nos enseña, aparte del punto número uno, cuando dice que Cristo es histórico y es real, al mismo tiempo nos dice, hermano, que las profecías fueron cumplidas con precisión cuando parecía imposible.
La fidelidad de Dios en las profecías
Vemos… y no, cuando llegó el 9.9, hermano, los ejércitos celestiales no dijeron: “Esto fracasó. Señor, ¿tocará cambiar la profecía para decir que eres de Nazaret?”. El Señor no cambia lo que dijo, hermano. En el mes nueve Él logró que llegaran 130 km para que ese muchacho naciera en Belén. Y les digo, nosotros estamos esperando la segunda venida de Cristo, y ahora mismo parece imposible humanamente hablando. Hermano, uno tira los cálculos, uno dice: “Esto no da, no hay manera en que Cristo venga otra vez, esto se quedó como está”. Si el Señor logró que, con nueve meses, María se moviera de Nazaret a Belén para que el muchacho cumpliese la profecía, yo creo, hermanos, que cumplirá las profecías finales con la misma precisión con que cumplió las profecías iniciales.
Tenemos ventaja los cristianos con relación a los judíos, y es que los judíos no habían visto el cumplimiento profético inicial, nosotros sí. Y si el Señor cumplió inicialmente su profecía… pero esta es una, hermano. Mire, el temor que yo tenía, inicialmente había pensado predicar el sermón del cumplimiento profético: profecías que estaban en el Pentateuco, profecías del libro de Génesis, profecías de los Salmos, profecías de los profetas mayores y menores. Más de 40 profecías fueron cumplidas al dedillo.
Hago una pausa, que me voy de Navidad a Semana Santa. Hay una profecía muy curiosa que a mí me causa… que había dicho que le iban a dar vinagre, y Cristo en la cruz, ya agonizando, hermano, pidió: “Denme de beber”, y dice que le acercaron vinagre para que se cumpliera la profecía. Hermano, el Señor agonizando en una cruz, allá estaba cumpliendo profecías.
Hermanos, amigos, el Señor prometió una vez que vendría a establecer su reino, y vino. Y prometió cuando vino que regresaría y que estaría preparando lugar para nosotros y que regresaría a establecer su reino material. Humanamente hablando, eso parece imposible, pero si se cumplió una vez, se cumplirá las veces que sean necesarias, porque Él dijo que de una tilde o una coma no faltarán hasta que todas estas cosas sean cumplidas.
Me muevo un poco más. El primero es que Cristo es histórico. Tengo que repetir: Cristo no es Santa Claus, Cristo no es Rodolfo el reno, Cristo no es nada de eso, hermano. Cristo es real, histórico, nació bajo el Imperio romano, en tiempos de Augusto César y cuando Cirenio era gobernador de la provincia de Siria, y fue incluido su nombre ahí en el censo de los romanos. Lo segundo, hermano: las profecías se cumplieron. Esta es una, hermano, pero se cumplieron más de 40 al dedillo. Nada, es más, que cuando Cristo dijo en la cruz que ya todo está hecho, lo que estaba diciendo es: “Ya yo cumplí todo lo que había que cumplir, aquí estoy”.
No hubo lugar para Él
Entonces me voy al tercero, tercero de mis puntos: no encontró lugar. Y esto es más fácil decirlo, hermano, que vivirlo. Tú sabes lo que es el que hizo el cielo y la tierra que no encontrara lugar en la tierra. Que el dueño de este asunto no encontrara lugar. Si alguna persona tenía que encontrar lugar, o si no, que le fabricaran el lugar, era el dueño de esto, el que hizo con el poder de su Palabra el cielo y la tierra, pero Él no encontró lugar.
Y lugares habían. Dice que no había lugar en el mesón, pero lugares habían. Voy a hablar del mesón en un momento, pero lugares habían. Hoy, ¿cuántas casas no habían en Belén? No es la primera vez que un muchacho va a tener que dormir en el piso porque llegó el tío y hay que darle la cama, no es la primera vez. Hoy cuántas veces en una casa donde duermen cinco duermen seis, abren espacio. El problema no era falta de habitación, el problema era que no sabían quién era el que estaban recibiendo.
Hermano, si no había en casa, no había palacios allá. Herodes no le podía dar un lugar. Pero yo menciono así, mencionando así… y las escuelas de los filósofos, ¿no podían hacer un espacio ahí entre una silla y la otra y poner al niño? Y en el templo, hermano, en el templo había espacio, habían habitaciones ahí en grandes cantidades, ¿y no cabía en el templo?
En la sinagoga, ¿no lo podían acoger? “Bueno, denle ahí, hagan un espacio con el negocio de alguien”. El asunto es que Él… no es que no dio espacio, no, no es que Él no encontró espacio. Hermano, de algún modo esto estaba augurando un asunto mucho más complicado que iba a suceder después. Escúchame esto: las personas que todavía no tienen espacio para Cristo en su corazón.
Cuando Cristo nació, vino físicamente, y para Él no hubo espacio ni en las casas, ni en los negocios, ni en las escuelas, ni en los templos. Nadie le abrió un espacio al Señor. Y después, cuando Él dijo quién era y demostró quién era, entonces le dijo a los hombres: “Ahora ustedes, espiritualmente, denme espacio en su vida”, y nadie tiene espacio.
Las excusas de ayer y de hoy
La falta de espacio para Cristo inicialmente fue cuando apareció una pequeña camita. Pero la falta de espacio para Cristo en ese tiempo, la verdad es que no hay espacio en el corazón. No quisiera hacer aquí la labor de defender a estos habitantes de Belén. Tampoco fue que Cristo no encontró espacio. Yo podría decirle que Cristo llegó tarde, probablemente. El que era suelto y venía caminando, corriendo, se fue primero y entró donde pudo. Pero el que venía en el vientre de la mamá, la mamá dando pasito a pasito, llegó de último: “Señor, llegaste tarde, no hay espacio para ti”.
Aquí se engloban la cantidad de personas que en su vida no le hacen espacio al Señor porque entienden que el Señor llegó tarde. “Ay, si acaso el Señor hubiera llegado cuando yo era un niño. Si acaso hubiera llegado en mi juventud, en mi adolescencia. Ay, si acaso el Señor hubiera llegado cuando yo estaba en los 30, en los 40 años. Ya yo estoy viejo para Cristo, ya no hay espacio en mí para Cristo”. Hermano, Cristo no llegó tarde. Cristo llegó en el momento que tenía que haber llegado.
Yo no sé cuál fue tu caso, si tú fuiste alcanzado siendo un niño, o si ya eres un adulto y todavía no tienes a Cristo en tu corazón. Hermano, Cristo no llega tarde, Cristo llega en el momento que tiene que llegar. Quiero defender al pueblo de Belén. Vamos a decir que por el censo las calles estaban congestionadas. Usted sabe lo que es una ciudad congestionada. Lo más parecido a la Navidad occidental era quizás ese censo romano: los tapones, Puerto la Yola. Yo me imagino esa ciudad llena de gente así, hermano, por donde quiera, y una mujer embarazada en medio de una multitud caminando.
“¿Hay espacio?” “No, no hay espacio, no, no hay espacio, no hay espacio en ninguna parte, ¿están locos ustedes buscando espacio a esta hora?”. La iglesia de Cristo predica a Cristo buscando espacio para Cristo, y todo el mundo le dice lo mismo: “Han llegado tarde, aquí no cabe, tengo muchas cosas que hacer”.
Quiero disculpar a la ciudad de Belén, hermano. Quizás la gente estaba haciendo reparación a última hora en su casa. Sí, porque viene el primo fulano, el tío fulano, que vienen ahora para Belén, que van a su censo. “Arreglen la casa, arreglen la casa”. Yo me imagino que quizá no había espacio porque las casas estaban reservadas para las personas dignas que iban a venir.
Quizás los comerciantes tampoco, hermano, porque yo me imagino que en Belén ahí todo el que vendía algo estaba en la calle tirado vendiendo: algunos vendiendo comida, otros vendiendo sábanas, la gente vendiendo cosas. Cuando hay una feria, una actividad en el Palacio de los Deportes, que aparecen todos los vendedores: el frío-frío, el palito de coco, todo el mundo vende algo. Yo me imagino que esa era la oportunidad en Belén. Al mismo tiempo, siendo la ciudad alborotada, no había espacio.
En Belén, hermano, quizá había gente que hacía 15 años que no se veía, y las familias iban a reencontrarse. Ay, hermano, qué tristeza es que en el tiempo que menos tiempo hay para Cristo en el corazón es en Navidad. En la Navidad nuestra está todo el mundo reparando la casa. En la Navidad nuestra todo el mundo está armando banquetes. En la Navidad nuestra está todo el mundo reparando su casa a última hora. En la Navidad nuestra está todo el mundo con la expectativa de que viene un familiar. En la Navidad nuestra está la ciudad alborotada y nadie anda pensando en Jesús.
Distracciones navideñas y ceguera espiritual
La única razón que yo encuentro para un pueblo que era tan celoso del cumplimiento profético para no haber reconocido a Cristo es que estaban distraídos. ¿Y qué pasó cuando lo reconocieron? “Óyeme, Señor, pero yo sabía que tú ibas a venir, pero no ahora. En medio de este jolgorio, en medio de este julepe, en medio de tanta confusión en esta ciudad”.
Cristo llegó, hermano, en un momento en que Belén, que era una ciudad tranquila, estaba agitada. Y en Belén no hubo lugar para el Señor. ¿Qué podemos aplicar de este tercer punto, hermano? Lo primero es que nuestros ajetreos normalmente impiden que veamos a Cristo con claridad. ¿Sabes por qué la gente no reconoce que Cristo es el Señor y que Él es el Rey que merece nuestra gloria? Es que están tan ajetreadas en su vida, en la vida de la gente, en sus compromisos, sus trabajos, sus negocios, en que el dinero no da, en tratando de producir el último peso.
Estamos tan ajetreados, hermano, cambiando, que si no hacemos una pausa y entendemos, no vamos a poder reconocer a Cristo. En Navidad, hermanos, en Navidad hay tanto alboroto que probablemente la gente no entienda de qué se trata la Navidad. ¿Qué podemos aplicar de esto? Miren, necesitamos ser ayudados por el Señor misericordiosamente para que nuestros ojos sean abiertos y entendamos que el Mesías está allá abajo.
¿Usted se imagina usted en el mesón y el Mesías allá abajo?
El mesón y la sociedad que recibe a todos menos a Cristo
Hablo del mesón y me muevo al punto cuatro. Lo primero es que Cristo es histórico, indudablemente histórico. Lo segundo es que Cristo cumplió la profecía con precisión y al dedillo. Hermano, en Cristo se cumplieron todas las profecías que anunciaban que vendría un Mesías. Lo tercero es que Cristo no encontró lugar, y no por falta de espacio, hermano, fue por falta de entendimiento. A una mujer le dijo una vez: “Si tú supieras quién es el que habla contigo…”. Imagínese Dios mismo hablando contigo, y ella le dijo: “No, pues dame agua”. Y Él le dice: “Mira, si tú supieras… oye, si acaso tú pudieras abrir los ojos y entender quién es que te habla”. Es que se veía tan humilde.
Lo que se ve es que viene por ahí una mujer embarazada. Eso es lo que le da pena a la gente: “Pero tanta necesidad que hay ahora mismo y tanto ajetreo en la ciudad, ojalá que encuentre algún lugar”. Bueno, el tercero es ese: Cristo no encontró lugar, y no por falta de espacio. Si entendieran que era Cristo, cualquiera le daba su cama.
Guau, hermano, mucha gente, cuando se encuentren con el Señor cara a cara, le dirán lo mismo: “Señor, es que tú estabas ahí, pero yo no sabía que eras tú. Es que me estaban hablando, y yo no sabía que era de ti que me hablaban. Es que me estaban predicando, pero yo tenía como los ojos cerrados así, Señor, y no entendía. Es que no pude reconocerte. Si acaso reconociera quién es Cristo, tú mismo duermes en el piso”. Bueno, cualquiera se queda afuera sabiendo que Cristo está dentro.
Me muevo entonces al punto cuatro, que es el mesón. Miren, el mesón no es un hotel. Los judíos no tenían ese concepto de hotel occidental. El mesón entre los judíos y los pueblos antiguos orientales… había una cultura de hospitalidad, y la cultura de hospitalidad decía que si acaso venía un extranjero, tú tenías que darle espacio. Había que hacer espacio para el extranjero, y si había que darle tu comida, le dabas tu comida. Si había que darle tu cama, se le daba la cama.
En los pueblos había lugares que se llamaban mesón, que era como un conjunto de habitaciones, con un lugar abajo para los animales y arriba habitaciones vacías, en las cuales no había ni muebles, ni había agua, ni había nada, sino una habitación vacía en que el transeúnte entraba, dejaba un poco de dinero, iba, lavaba su tela y ahí dormía. Eso era el mesón.
Hermano, en el mesón, sorprendentemente, para tú entrar a un mesón no tenías que tener dinero. Para dormir en el mesón no importaba tu nacionalidad. El judío que quizá no recibía en su casa a un pagano, el mesón lo recibía, porque se entendía que la hospitalidad había que ofrecérsela a todo el mundo. En el mesón todo el mundo era recibido, siempre y cuando llegara a tiempo.
¿Qué es el mesón, hermano? Miren, en toda la sociedad actual hay espacio para todo el mundo. Nosotros vivimos en una sociedad donde el culto más raro aquí tiene espacio, pero Cristo no. Cristo es incómodo en el mesón de la sociedad.
Inclusivos con todo… menos con el Cristo bíblico
En el mesón se encontraba el árabe, el fenicio, el egipcio, el judío. Cualquier persona coincidía en el mesón y todo el mundo bien. Esta sociedad ha logrado coincidir con todo el mundo, menos con Cristo. Los canales de televisión… miren, ahora mismo en la televisión dominicana hay espacio para el esoterismo, hay espacio para la homosexualidad, hay espacio para el lesbianismo, hay espacio para la vida libertina, hay espacio para cualquier tipo de cosa, hermano, pero para el Cristo genuino no hay espacio. Para Cristo no hay lugar en el mesón.
Esto es un asunto raro, hermano. Por los medios hay lugar. En las conversaciones… miren, las conversaciones de sobremesa, se puede hablar de cualquier caballá que el hombre se lo imagine, pero no traiga el tema de Cristo. Mire, usted puede hablar ahí, en las empresas, después que la gente come y se encuentra. Mira, ahí se habla de temas, y ahí se habla de moralidad, y ahí se habla de fidelidad, y ahí se habla de chisme, y ahí se habla de espectáculos, se habla de política, se habla de negocios. Permítame un chin hablar de Cristo. “No, no, no, no, de Cristo no”. Para Cristo no hay lugar en el mesón.
En el mesón de esta sociedad, hermano, cabe todo el mundo, pero Cristo no. Cristo es incómodo. Hay medios aquí que quisieran tener pastores en los medios, y siempre van en el mismo tipo de pastor. No, esto no es una crítica gratuita, hermano, no es una crítica gratuita, pero hay medios aquí que quieren darle un espacio de inclusión: “Sí, porque ya tenemos aquí a este, tenemos a aquel, que venga algún hermano…”, que no hable de Cristo. “Pero espérate. Nos piden que hablemos de Cristo, pero sin hablar de absolutos. Nos piden que hablemos de Cristo, pero sin condenar la inmoralidad. Es más, hay quienes no piden que llevemos a Cristo, pero que le llevemos la hoja tapada así”.
En el mesón, en el mesón, en el mesón donde todo el mundo se encontraba y donde se permitía la presencia de todo el mundo, Cristo no encontró lugar en el mesón. Hermano, en esta sociedad se recibe… miren, Nancy Álvarez, Ana Simó y la doctora Polo aquí tienen espacio. Ellos tienen espacio. Pero los valores de Cristo, la familia, absolutos, ¿qué no? Eso es un asunto retro. “Ataquen eso, saquen eso. Traigan una persona que lo flexibilice, que diga que es un cristiano, pero que hable de una manera más relativa”.
Cristo pica en la sociedad. No hay lugar para Cristo en el mesón. No había lugar en las casas donde se recibían aquellos que eran afables a ti, pero tampoco había lugar en los lugares públicos donde se recibía a todo el mundo.
Nacido entre animales: humillación y gracia
Al final, Cristo terminó naciendo, hermano, en el lugar donde tenía que haber nacido: en el abrevadero de los animales. Óigame, hermano, usted verá. El que hizo el cielo y la tierra, al creador del tiempo y del espacio, al que hizo la luz, hermano… miren, físicamente, a mí me emociona ese fenómeno. Él hizo la luz, Él hizo el tiempo, Él hizo el espacio, y para Él, hermano, no hubo lugar en el mesón y nació donde comían los caballos.
Dice mi predicador favorito del siglo XIX —que ustedes saben cuál es—, él decía que Cristo nació donde comían los animales para que entendamos que nosotros somos animales. Es como una broma, ¿verdad?, pero dice Spurgeon: “Él nació donde abrevan los animales para que entendamos que nosotros abrevaríamos de Cristo cuando éramos animales”.
La hospitalidad, hermano… no hay espacio. Mire, para hacerle espacio a Cristo, nosotros tendremos que colocarnos en una posición incómoda. La hospitalidad para Cristo requiere, hermanos, sacrificio para nosotros. La hospitalidad de Cristo en nuestras vidas se traduce en sacrificio. Si tú has recibido una persona en tu casa, ustedes regularmente le han dado su cama, su comida, su mesa, su agenda. Recibir a alguien en tu casa afecta tu agenda.
Miren, para mí esto me tocó especialmente cuando yo estuve en Santa Bárbara con Carolina. Nosotros fuimos a la casa de unos conocidos y les dijimos: “¿Podemos estar en su casa? Queremos visitar Santa Bárbara”. “Oh sí, vengan a nuestra casa”. Hermano, estuvimos dos días en esa casa, y cuando llegamos nos dieron una habitación. Oigan, una cosa… yo dormí, hermano, en una marquesina… no. Esa casa fue diseñada por un arquitecto que vive en ella. O sea, el dueño es un arquitecto, y él diseñó una casa en medio de una zona boscosa donde las paredes del fondo son cristales, y cuando tú duermes, tú duermes en una cama muy cómoda, pero tú sientes que estás durmiendo como en el campo.
Hermano, la alfombra tiene calefacción, y cuando te levantas y caminas sobre esa alfombra, sí, entonces tú sentías los pies tibios y tú sentías como un ambiente así acogedor. Y el baño, hermano, miren… y yo estuve ahí dos noches, hermano, dos días y dos noches, con mi esposa, en esa habitación. Y nos dieron su comida, y nos dieron su agenda, y ellos nos transportaron. Había un jacuzzi de agua termal ahí al lado de la habitación. O sea, que tú corrías ese cristal y donde tú entrabas, hermano, era un agua tibia así, y el asunto estaba tan bueno que nosotros solamente pusimos las manos así en el agua y seguimos disfrutando de la casa.
Bueno, la segunda noche nosotros estábamos… yo pensaba: “Oye, pero si esa es la habitación que nos han dado a nosotros, yo me imagino dónde están durmiendo esta gente”. O sea, si uno se imagina: “El que tiene una cama tan cómoda, unas paredes de cristal, el que tiene así un techo de madera, el que tiene agua termal al lado, el que tiene una alfombra climatizada, el que tiene un baño tan cómodo, yo me imagino dónde están durmiendo esta gente”.
La segunda noche estábamos en la sala y la niña de ellos comenzó a decirle: “Papi, papi, yo quiero que tú me dejes dormir contigo, yo quiero que tú me dejes dormir contigo”. Y él le decía: “No, no, Nicole, tú no puedes dormir con nosotros”. “Sí, papi, yo quiero dormir contigo, yo quiero dormir contigo”. “No, Nicole, los niños no pueden dormir fuera de la casa”. “Sí, papi, yo quiero dormir contigo”. “No, Nicole, tú tienes que dormir en tu habitación”. ¿Saben qué es lo que había sucedido? Ellos nos habían dado su habitación y estaban durmiendo en el patio, en una casita de campaña.
Una ilustración de verdadera hospitalidad
Hermano, cuando yo escuché ese asunto, yo quise que me tragara la tierra. Esa gente, durante dos noches, durmieron al ras del piso para que Rafael Pérez y Carolina García vengan y duerman en su habitación. Nos dieron su casa y ellos durmieron fuera. Se sacrificaron durante dos noches, y lo hicieron tan bien, hermano, que nosotros ni siquiera nos enteramos.
Eso es lo que es hospitalidad: es hacer espacio en ti para que venga otro y tenga lo que tú entendías que debías tener tú. Bueno, quisiera que Cristo en esta Navidad encuentre espacio en tu corazón. Que muramos nosotros para que nazca Él. Que nos pongamos de un lado y entendamos la dignidad que Él tiene. Vamos a ver todo lo que es tener a Cristo en tu corazón, en la parte más profunda de tu vida. Aquel que hizo el tiempo, aquel que hizo la luz, aquel que hizo la materia, aquel que te hizo a ti, ahora dice que Él quiere vivir adentro de ti. ¿Hay espacio para Cristo?
Hermano, mi oración es que Cristo, que no encontró lugar ni en las casas ni encontró lugar en el mesón, hoy encuentre lugar en tu corazón y encuentre lugar también en tu familia. Es mi oración que Cristo ahora sí encuentre espacio. “No, Señor, que estoy muy ocupado, no, mañana…”. Hay gente que dice: “¿Cómo voy a permitir yo que Cristo entre en mí, siendo yo tan sucio por dentro?”. Si Él encontró espacio, hermano, donde comían las vacas y los animales, yo creo que Él encontrará un poquito más de sucio que eso. Si Él ya está en lo que nuestro corazón es, ante el lugar más sucio que el abrevadero, no sería un asunto tan difícil.
Bueno, el abrevadero nunca fue más digno que cuando tuvo a Cristo dentro. Tu vida nunca fue más digna que cuando tuvo a Cristo adentro. Es mi oración que en esta Navidad, a pesar del alboroto, a pesar de del mucho movimiento, a pesar de la falta de espacio, Cristo encuentre lugar en tu corazón. Dice el libro de Apocalipsis:
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo;
si alguno oye mi voz y abre la puerta,
entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.
— Apocalipsis 3:20
Ten tus ojos cerrados un momento y oremos para que el Señor encuentre espacio en tu corazón en esta Navidad.
Primer llamado: creyentes que no dan a Cristo la mejor habitación
Quiero orar dos veces hoy. Quiero orar primero por mis hermanos que ya le dieron a Cristo espacio, pero no le han dado a Él la mejor habitación. Mantén tus ojos ahí cerrados un momento. Oro por aquellos que quizá, por ignorancia, solamente le han dado a Cristo un pequeño espacio en su balcón. Oro por aquellos que están aquí, que ya Cristo está en su casa, pero que no tiene su habitación principal.
Oro por aquellos que permitieron que Cristo entrara, pero que le dieron el mueble. Oro por aquellos que ya tienen a Cristo en su vida, pero necesitan tener a Cristo no en su vida, sino en el centro de su vida. Si acaso eres tú un cristiano en cuyo centro de su vida todavía está el yo y no Cristo, este es un momento para que le digas: “Señor, te doy mi habitación, te doy mi cama, te doy el mejor espacio de mi casa. Si tengo que salir yo y dormir a la intemperie, dormiré, pero habitarás tú en mi corazón”.
Hermano que estás aquí, esto es una oración sincera ante el Señor que tienes que hacer. Responde la pregunta: ¿Tiene Cristo tu mejor habitación?, ¿tiene Cristo tu mejor espacio?, ¿está Cristo en tu corazón totalmente o está en una parte de tu vida?, ¿está cerca?, ¿tienes a Cristo en el patio?
Es el momento de que le digas al Señor: “Señor, hasta este momento entiendo que estabas cerca, pero no en el centro. Te invité a entrar hace mucho tiempo y te di espacio, ahora te doy mi mejor espacio. Tú eres el Rey. Tú eres el Rey”.
Hermano, ora ahí al Señor, si ya eres un cristiano. Si tienes a Cristo dentro de la puerta, pero no en el mejor lugar. Te pregunto: ¿a dónde va tu tiempo? Te pregunto: ¿dónde está tu agenda?, ¿dónde van tus recursos materiales? Dice la Escritura que donde esté el tesoro del hombre, allí estará también su corazón. Te invito a darle a Cristo tu mejor espacio. Te invito a ser el mejor de los anfitriones.
Segundo llamado: abrir el corazón a Cristo por primera vez
Hay personas que están entre nosotros, para los cuales Cristo es todavía un personaje que se menciona para esta época, pero que no entienden la relevancia que tiene Cristo. Él es Dios hecho hombre, que entró por una ciudad humilde que se llama Belén, y desde ahí salió y predicó el Evangelio, y luego mandó a que se predicara el Evangelio en todas las partes del mundo. Este Cristo que te estamos predicando es el Cristo que puede entrar hoy a tu vida.
Fueron muchas las habitaciones que le dijeron que no. Fueron muchos los espacios de los cuales se le dijo: “No hay lugar para ti”. Cristo está tocando hoy tu corazón, y te pregunto: ¿acaso tú abrirás tu puerta y le darás tu cama? Cristo está tocando hoy tu vida, y te pregunto: ¿acaso te harás de la vista gorda o acaso cerrarás los oídos ante esta realidad?
La realidad es que el que te creó hoy te toca. La realidad es que el que te dio la vida hoy quiere darte la vida eterna. La realidad es que este que hoy te predicamos es el creador del cielo y de la tierra, que humildemente, este primer domingo de diciembre, está tocando tu corazón y te dice: “¿Hay acaso un lugar para mí?”.
Amigo que estás aquí hoy, si has estado escuchando, pero no tienes la plena convicción de que el Señor en ti encontró su espacio, este es el momento de abrir la puerta. Todos los cristianos hemos abierto la puerta a Cristo desde nuestro corazón a Cristo por medio de una oración donde le invitábamos. Con tus palabras puedes decirle: “Señor, este domingo de diciembre hago espacio en mí para ti. Este domingo de diciembre me salgo yo para que entres tú. Este domingo de diciembre te doy espacio en mi vida, en mi corazón”.
“Yo estoy a la puerta y llamo”, dice el Señor. “Si alguno oye mi voz y abre la puerta, yo entraré, cenaré con él y él conmigo”. Es tan sencillo como que le abras la puerta de tu vida al Señor con una oración de arrepentimiento. No puedo invitar al Señor por ti porque tu casa no es la mía. Cada quien abre su puerta.
Dile al Señor en oración: “Señor, perdóname, porque anteriormente habías pasado cerca y yo no había entendido quién eras tú. Te invito a que este domingo de diciembre vengas a mi corazón. Que entres a lo profundo de mi ser y que te quedes conmigo para siempre. Perdona mis pecados”.
Puedes decirle, dile que tu pesebre está sucio. Dile: “Señor, mi corazón está sucio. Te pido que lo limpies tú”. Dice la Escritura que si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad. Si tienes la humildad, si tienes la hospitalidad para permitir que Cristo venga a tu vida, si le has hecho esta oración con sinceridad, te doy la bienvenida a la familia de Dios. Te doy la bienvenida a este ejército de personas a los cuales sí le han dicho que sí a Cristo.
Dice la Escritura también que el que creyere con su corazón y se bautizare, dando un testimonio público, ese será salvo. Será un placer para nuestra iglesia recibirte, darte instrucción cristiana y acompañarte en este hermoso camino que es el reconocimiento del señorío de Cristo en cada aspecto de nuestras vidas.
Oración final y dedicación del mes de diciembre
Oro por toda la congregación. Padre, comenzamos diciembre con expectativas. Queremos que este diciembre sea tuyo. Queremos, Padre, que en medio del bullicio se escuche que diciembre eres tú, que Navidad eres tú. Queremos, Padre, traer el verdadero significado de la Navidad.
Gracias por este primer domingo en tu presencia. Gracias, Padre, porque hemos cantado villancicos. Gracias, Señor, porque este domingo hemos recordado que tú viniste, que estuviste en medio nuestro y que has encontrado espacio en algún corazón. La gloria a ti por todo esto, Señor. La expectativa tenemos de todo este mes de Navidad. Padre, te celebraremos a ti, para tu gloria en nuestro corazón, en el nombre de Jesús. Amén.
El Señor les bendiga mucho.