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Parábola de los talentos

Mateo 25:14-30

Dios ha puesto talentos y tareas en nuestras manos, y un día vendrá a pedir cuentas de cómo los usamos para la expansión de su Reino.

Predicado14 de abril de 2024
PredicadorLuis Estévez
TranscripciónAutomática

Yo salí de la iglesia y vine para acá, y en la semana me dijeron “y se va para otra casa”. Yo les dije, no, no, no, yo no voy para casa ajena, yo voy para mi casa. Yo tengo otra casa donde yo voy también, y es esta iglesia. Qué bueno, de verdad, que me llena de mucho gozo estar aquí con ustedes y, sobre todo, compartir la Palabra del Señor, porque una de las cosas que nosotros tenemos que ver siempre es que, si algo, como decía Rafa, el Señor nos ha encomendado, es la gran tarea de llevar la Palabra.

Yo quiero hablar de eso, mis hermanos, en el día de hoy: qué tarea ha puesto el Señor en nuestras manos. Cuando a nosotros se nos encarga algo, cuando nos ponen alguna tarea, tenemos que entender que se nos está dando una gran responsabilidad. Y cuando una persona conoce al Señor, cuando una persona llega a una iglesia, tiene que saber que en ese lugar donde Dios te ha puesto, el Señor te ha dado tareas. El Señor te ha dado algo que cumplir, y no solamente te lo ha dado de manera particular, sino que te lo ha dado como iglesia también. Todos tenemos una gran responsabilidad delante del Señor.

Mientras estudiaba el texto que quiero compartir hoy, venía a mi mente una escena de la película del Hombre Araña. Es cuando Peter Parker entiende que tiene poderes, y en la primera escena de la película, ya siendo el Hombre Araña, él comienza a perseguir a los ladrones que asaltaron al tío Ben. Cuando el tío Ben está muriendo, le dice a él que tiene que saber lo que hace porque un gran poder conlleva una gran responsabilidad. En nuestras manos se ha puesto un gran poder, y es el poder del Evangelio. En nuestras manos se ha puesto un gran poder, y es todo lo que el Señor nos ha dado para el beneficio de su Reino, y entonces eso quiere decir que nosotros tenemos una gran responsabilidad, una responsabilidad que cumplir. Y para hablar de eso yo quiero que vayamos al capítulo 25 del Evangelio de Mateo.

Lectura de la parábola de los talentos

Mateo, capítulo 25. Vamos a leer un texto que todos hemos escuchado, a partir del verso número 14. En este texto se nos presenta la gran tarea que el Señor nos ha dado y cómo nosotros debemos enfrentar esa tarea. Así que yo quiero que leamos este texto pidiéndole al Señor que nos ayude a ver lo que Él tiene allí para nosotros. El versículo 14 comienza diciendo —si usted se quiere poner de pie, puede ponerse de pie—:

Porque el reino de los cielos es como un hombre que, al emprender un viaje, llamó a sus siervos y les encomendó sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y se fue de viaje. El que había recibido los cinco talentos enseguida fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. Asimismo, el que había recibido los dos talentos ganó otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.

Después de mucho tiempo, vino el señor de aquellos siervos y arregló cuentas con ellos. Y llegando el que había recibido los cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: “Señor, usted me entregó cinco talentos; mire, he ganado otros cinco talentos”. Su señor le dijo: “Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”. Llegando también el de los dos talentos dijo: “Señor, usted me entregó dos talentos; mire, he ganado otros dos talentos”. Su señor le dijo: “Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, en lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”.

Pero llegando también el que había recibido un talento dijo: “Señor, yo sabía que usted es un hombre duro, que siega donde no sembró y recoge donde no ha esparcido. Y tuve miedo, y fui y escondí su talento en la tierra; mire, aquí tiene lo que es suyo”. Pero su señor le respondió: “Siervo malo y perezoso. ¿Sabías que siego donde no sembré y que recojo donde no esparcí? Debías entonces haber puesto mi dinero en el banco, y al llegar yo, hubiera recibido mi dinero con intereses. Por tanto, quítenle el talento y dénselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, más se le dará, y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y al siervo inútil échenlo en las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes”.

— Mateo 25:14-30

Padre, gracias por tu Palabra, gracias porque tú nos dejas, Señor, todo lo que necesitamos para seguir adelante. Gracias porque nos enfrentamos a ella. Quita de mí cualquier pecado, cualquier distracción que impida que tu Palabra sea predicada, y quita de la mente y del corazón de mis hermanos lo mismo, de forma tal que tu Palabra sea recibida. Por tu Hijo, Jesús, amén y amén.

Qué es una parábola y qué es el Reino de Dios

Cuando nosotros nos enfrentamos a este texto, nos estamos enfrentando a lo que conocemos en la Escritura como una parábola. Una parábola no es más que uno de los recursos que el Señor utilizó para enseñarnos. Es una historia o un dicho que ilustra una verdad o un principio espiritual, y se transmite a través de una comparación o de cualquier otra figura literaria. Por lo regular, las parábolas eran usadas para atraer la atención del oyente. No era simplemente fajarse a hablar, sino hacer algo de forma tal que creara el interés y que el que estuviera escuchando sintiera hambre de saber aquello de lo que se estaba hablando.

Jesús usó mucho el recurso de la parábola. En este Evangelio de Mateo nosotros tenemos por lo menos trece parábolas —son más, pero quiero apuntar a trece de manera particular— que son las que se conocen como las parábolas del Reino. Son aquellas que el Señor utilizó para enseñarnos cualidades o demandas, o lo que representa el Reino de Dios aquí en la tierra. ¿Y qué es eso, el Reino de Dios? Esta parábola que leímos comienza diciendo: “Porque el Reino de los cielos…”. ¿Qué es el Reino de Dios? ¿A qué se refiere el Nuevo Testamento cuando nos habla del Reino?

De manera escueta, breve: cuando nos habla del Reino, nos está haciendo alusión al dominio de Cristo sobre todas las esferas de la vida del hombre. Eso es el Reino de Dios, no es un reino terrenal. Como Él le dijo a Pilato: mi Reino no es de este mundo. Es el Reino que domina el corazón de cada uno de nosotros, entendiéndolo a Él como nuestro Rey. Cada una de estas parábolas que se hablan aquí como parábolas del Reino tiene una gran enseñanza para nosotros. ¿Y por qué, mis hermanos? Porque Mateo 16 dice que la Iglesia es la embajada del Reino aquí en la tierra.

En Mateo, capítulo 16, el Señor le dice a Pedro, después de hablarle de la fundación de la Iglesia: “Todo lo que ustedes aten en la tierra será atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra será desatado en el cielo”. Es decir, ustedes son los representantes del Reino aquí como iglesia. Y más adelante, el apóstol Pablo, en el capítulo 3 de Filipenses, dice que nuestra ciudadanía no es de este mundo. ¿Por qué? Porque nosotros somos los ciudadanos del Reino de Dios.

Una enseñanza directa para la iglesia: contrastes y una pregunta

Entonces, esto es una enseñanza directa para nosotros. Y dentro de esas parábolas del Reino está la que nosotros leímos en este momento: la parábola de los talentos, una parábola que nos habla de la mayordomía del Reino de Dios y de la tarea que cada uno de los creyentes tiene por delante. Aquí nos habla de quién nos asigna nuestra tarea, cómo debe ser nuestro accionar ante la tarea que el Señor nos ha puesto, qué podemos esperar ante el cumplimiento o la negación de lo que se nos ha encomendado. Esta parábola apunta directamente a nuestra vida y a la relación con el Reino en este mundo y en el mundo venidero, lo que es muy importante. También tenemos que tener una plena conciencia de eso.

El texto nos lleva a ver esto por medio de diversos contrastes. Él comienza hablándonos de un señor rico que le entrega unos bienes a quién: a sus siervos pobres. El que lo tiene todo se relaciona con aquellos que no tienen nada. Nos presenta siervos que tienen mucha capacidad y otros que tienen poca capacidad. Dentro de ellos nos habla del diligente y el negligente, del bueno y del malo. Nos habla de unos que son premiados y otro que es castigado. Nos hace un contraste también en la reacción del señor, dándole a uno y quitándole a otro.

Pero en medio de todo esto se contesta la pregunta que yo quiero hacerle a ustedes en el día de hoy, y es: ¿qué tienes en tus manos? ¿Qué tú tienes en tus manos de parte de Dios? Y cuando seguimos hurgando en este texto, lo primero que podemos ver es que nosotros tenemos una tarea por cumplir. Vete al texto una vez más, mira el versículo 14. ¿Qué es lo que dice el texto allí? “El Reino de los cielos es como un hombre que, al emprender un viaje, llamó a sus siervos y les encomendó sus bienes”. Esa palabra “encomendó” significa “le confió”. Es un verbo que implica poner algo bajo el cuidado o la protección de alguien. Está apuntando a la asignación de una tarea que debe ser cumplida con cuidado.

Este hombre puso una tarea en la mano de sus siervos. Y para entender ese cuidado que debemos tener, es bueno que veamos algunos detalles que nos da este mismo verso 14. Lo primero que tenemos que ver, mis hermanos, es que usted y yo tenemos una tarea que ha sido asignada por Dios mismo.

La tarea asignada por Dios y el privilegio de los siervos

El hombre que aparece en el versículo 14 es Dios en la persona de nuestro Señor Jesucristo. Él es el Señor del Reino. Él fue quien estuvo en medio de nosotros los hombres y que, después de morir, nos entregó una tarea y se marchó. Piensa por un momento en Mateo, capítulo 28: el Señor ha muerto, ha resucitado y le dice a sus discípulos: ustedes tienen una tarea de encargarse de mis bienes. ¿Cuál bien? El Evangelio, de llevarlo por todo lugar. Él les dice: “Hagan lo que yo hice”. El apóstol Pablo dice en 2 Corintios, capítulo 5, que no solamente nos entregó el Evangelio, sino que nos entregó otro de sus bienes, que fue la salvación; dice: “Porque a ustedes les ha sido entregado el ministerio de la reconciliación”.

Dios nos ha dejado una tarea, y ese mismo verso 14 nos enseña que es una tarea que conlleva un privilegio. No a todo el mundo el Señor le dio bienes. ¿A quién? Dice el verso 14 que les entregó sus bienes a sus siervos. Por lo cual, mis hermanos, la tarea que tenemos en las manos no fue encomendada a cualquiera. No cualquiera puede cumplirla, sino aquellos que somos los siervos o esclavos del Señor Jesucristo. A nosotros se nos ha encomendado la tarea. No cualquiera tiene el privilegio de poder desarrollar eso, de poder servir al Señor, de poder vivir para lo que el Señor quiere, sino que Él le ha encomendado una gran tarea a aquellos que son sus siervos.

Y se les entrega según su capacidad. Versículo 15: a uno le dio cinco, a uno le dio dos y a otro le dio uno. ¿Sabes qué quiere decir esto, mi hermano? Que Dios, aunque te ha puesto tarea, no te va a cargar con aquello que tú no puedes hacer. Dios te conoce, Él te asigna trabajo de acuerdo a la capacidad que Él te ha dado. Él mismo te ha dado la capacidad y sabe, mejor que nadie, las asignaciones que puede poner sobre ti. Él mismo ha fundado esta iglesia, Él mismo ha traído los dones que esta iglesia necesita y por eso le ha encomendado una tarea particular, diferente a la que le ha entregado a otras iglesias. Lo ha hecho según nuestra capacidad para que, en cada momento de nuestra vida como creyentes, para que a medida que los años vayan pasando, la iglesia vaya desarrollando de manera efectiva lo que Él le ha dado.

Y eso es algo importante, mis hermanos. Cuando tú te enfocas en algo que no está en tu capacidad, vas a fracasar. Como lo hice yo. Mi esposa, desde que se levanta hasta que se acuesta, está haciendo algo. Y ahora sí lo digo: ¡muchacha! Pero ya. Yo le digo: “Me enferma verte haciendo tanto oficio”. Pero mi esposa se enfermó un día. Y se enfermó mal, porque si yo me enfermo, yo lo anuncio y ejerzo mi enfermedad: “Yo estoy enfermo. Mi amor, añóñame, hazme una sopita, me duele…”. Yo ejerzo la enfermedad. Pero ella no.

Diferentes capacidades y la fidelidad en la tarea

Ese día ella estaba tan mal que tuvo que decir: “Celébrame tú”, tuvo que ceder. Y yo me puse la capa de Superman y le dije: “Tranquila, que yo resuelvo”. Y me levanté temprano, hice el desayuno, mandé a los muchachos para la escuela, después arreglé todas las cosas y comencé a cocinar, y llegaron los muchachos y seguía haciendo cosas y seguía haciendo cosas, y cuando dieron las seis de la tarde caí redondo. Le dije: “Mija, ¿y cómo es que tú puedes?”. Su capacidad no es mi capacidad. Eso pasa entre nosotros, mis hermanos. La capacidad de uno no es la capacidad del otro. Por lo cual, tienes que disfrutar en cada momento la tarea que Dios te ha encomendado, porque Él te ha dado lo que tú puedes hacer y lo ha hecho para que tú lo glorifiques a Él en la expansión de su Reino.

A veces estamos pensando en que yo quiero hacer lo que hizo fulano, pero Dios no te dio a ti lo que le dio al otro. Haz lo que Él te puso a hacer a ti. Para eso fue que Él te hizo. Concéntrate en tu tarea porque Dios te ha dado la capacidad como Él quiso dártela. Recuerda lo que dice el apóstol Pablo en 1 Corintios, capítulo 12; cuando está hablando de los dones espirituales, dice que el Señor distribuyó individualmente a cada uno según su voluntad. “Según su voluntad” suena muy bonito, pero a mí me gusta más como dice la Reina-Valera cuando dice “como Él quiso”. O sea, no te metas en eso. Dios te dio lo que Él quiso darte a ti y le dio al otro lo que quiso darle al otro. Así que disfruta la tarea que el Señor ha puesto en tus manos.

Disfruta eso y enfréntala con diligencia. Mira lo que dice el versículo 16. Si te vas al texto, hay algo sumamente importante allí. Después que el señor reparte los bienes, mira lo que dice el texto: “Entonces el que había recibido los cinco talentos, enseguida…”. Oye eso: enseguida fue y negoció con ellos y ganó otros cinco talentos. ¿Sabes lo que está diciendo? Que él fue diligente. “Enseguida” implica que se fue de ahí de una vez. Él no se quedó barajando, él no se quedó mirando: “Déjame ver si le dan al otro, déjame ver si me dicen…” No, no. Se lo dieron y él se fue a un lugar en otra dirección y dice el texto que se fue a negociar con lo que le habían entregado.

Se fue a comerciar, a hacer un negocio donde iba a vender o a invertir. Mi hermano, Dios ha puesto cosas en tus manos para que tú negocies. Y se puede escuchar un poquito raro, puede decir: “¿Cómo que yo voy a negociar con el Evangelio?”. No. Lo que quiero es traer a tu mente una ilustración de que Dios ha puesto en tus manos recursos, Dios ha puesto en tus manos talentos, Dios te ha dado fuerzas, Dios te ha dado la capacidad de pensar para que tú inviertas los bienes que el Señor ha puesto en tus manos. ¿Para qué? Para que tú lleves el Evangelio, para que el Reino de Dios a tu lado se expanda por la acción que tú estás haciendo en la gracia de Dios. Dice la Biblia, verso 17, que así lo hizo el segundo siervo.

Y en el verso 18 hay una palabra importante: “pero”. Ahí viene el problema. Pero hubo uno que escondió lo que Dios le había dado. ¿Tú sabes lo que está pasando? Que el Señor ha puesto muchas cosas en las manos, el Señor nos ha mandado a negociar y nosotros estamos diciendo: “Pero, Señor, es que yo no puedo. Pero, Señor, es que tú me diste uno, no como el de cinco. Pero, Señor, es que yo tengo que hacer algunas cosas primero”. Y el tiempo va pasando de manera inclemente, sin detenerse, y las oportunidades de negociar cada día se hacen más escasas. Y llegará un momento en que te quedarás con el talento que el Señor te dio en la mano diciendo: “Ay, Señor, si yo encontrara a alguien a quién venderle…”. Pero Él te lo puso y tú no lo hiciste.

Diligencia, fruto y el llamado a “negociar”

Así que, mi hermano, debemos cumplir nuestra tarea con diligencia. Todo lo que el Señor nos ha encargado como iglesia, todo lo que el Señor te permite servir dentro y fuera de la iglesia, enfréntalo con diligencia porque el Señor te ha dado un privilegio único, un privilegio que no le ha dado a nadie más que no sea a sus siervos. Tú eres parte de la institución más grande que hay en este mundo, que es la iglesia. ¿Y sabes por qué? Porque la iglesia es el Reino de Dios en la tierra. No sigas mirando para arriba, no sigas perdiendo el tiempo. Mira que el Señor dijo: camina hacia adelante.

Tú tienes un solo talento, pero pon los ojos en Jesús, y Él, que es el autor y consumador de la fe, te va a ayudar a negociar con lo que tú tienes que negociar. Él no te ha llamado a tener una vida inerte, Él te ha llenado de capacidades para que tú salgas a negociar. No escondas lo que Dios ha puesto en tus manos. No lo hagas. ¿Sabes por qué? Porque una vida de servicio pleno y de una buena producción es lo que Dios ha determinado para cada uno de nosotros. Juan, capítulo 15, allí nos habla de que el Señor es la vid verdadera y dice que nosotros no podemos hacer nada fuera del Señor, y dice que al ramo que no da fruto el Señor lo corta y lo echa en el fuego para que arda, porque ya no sirve para nada.

La Palabra dice que por lo que tú hagas, por tu fruto, es que se va a conocer verdaderamente si tú perteneces al Reino de Dios. Entonces toma lo que Dios te ha dado y sal a la calle a negociar. Sal a la calle a llevarlo, a invertir, a invertir tu vida en otros. Sal a vender el Evangelio con tus palabras, en el buen sentido de la palabra. Debemos trabajar para cumplir nuestra tarea porque Dios está trabajando y Él quiere que tú y yo seamos como Él. La Palabra dice que Dios trabaja, la Palabra dice que el Hijo trabaja, la Palabra dice que el Espíritu trabaja, y que nosotros, que somos sus hijos, tenemos que trabajar también.

Entonces, Dios ha puesto una gran tarea en tus manos. ¿Y sabes qué, mi hermano? Lo otro que enseña este texto es que Dios ha puesto una tarea que nosotros tenemos que reportar. Dios no te puso una tarea y se olvidó de eso.

Un día de cuentas delante del Señor

Dios te puso una tarea que debe ser reportada. ¿Qué pasa en el verso 19? “Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos y arregló cuentas con ellos”. A veces a nosotros nos asignan una tarea y pasa el tiempo y nosotros no hacemos nada, y cuando viene uno: “Fulano, ¿tú hiciste lo que yo te dije?”. “Ah, yo creía que eso se te había olvidado, porque tú no me dijiste nada de eso”. Al Señor no se le olvida lo que Él dio. Al Señor no se le olvida la tarea que puso en tus manos ni la que puso en la mano de esta iglesia, y va a venir un día en que el Señor viene a ajustar cuentas con nosotros. Dice aquí que arregló cuentas con ellos: Él vino a resolver un asunto pendiente.

Eso es lo que dice el texto: vino a llegar a un acuerdo con los siervos. Cristo viene a arreglar cuentas con nosotros, a aclarar sus obligaciones financieras, tanto para cobrar como para pagar. Tú y yo vamos a dar cuenta, tenemos que reportar, mis hermanos, lo que el Señor ha puesto en nuestras manos. ¿Tú sabes por qué? Y lo vamos a hacer en el momento más inesperado. ¿Sabes por qué? Porque Cristo viene. Cristo viene, Él lo ha prometido en su Palabra. Él dijo: “Yo me voy, pero vuelvo”. Él lo ha prometido. Nosotros no sabemos cuándo Él viene, pero sí estamos seguros de que Él viene.

Y tú sabes lo que dice la Palabra: que cuando Cristo venga nosotros le daremos cuenta a Él de todo. La Palabra dice que aun de toda palabra ociosa que salga de nuestra boca nosotros vamos a dar cuenta al Señor, eso dicen las Escrituras. Sobre todas las áreas de nuestra vida nosotros daremos cuenta al Señor, y le daremos cuenta de lo que hemos hecho con lo que Él ha puesto en nuestras manos. Y si tú te miras y te analizas, hay mucho que Dios ha puesto en tus manos en este momento, muchas cosas el Señor ha puesto. Cristo viene, mi hermano, y tú y yo le vamos a dar cuenta de todo lo que a Él le pertenece.

¿Y tú sabes lo que le pertenece al Señor? Absolutamente todo. Por lo cual tú no solamente le vas a dar cuenta al Señor de lo que tú hiciste o dejaste de hacer aquí en la iglesia, tú le vas a dar cuenta al Señor de lo que tú hiciste o dejaste de hacer en tu vida particular, en tu matrimonio. Tú sabías que tu matrimonio también le pertenece al Reino de Dios, porque tú eres un ciudadano del Reino. Todo lo que tú tienes es de Él.

Negociar con hijos, familia y el tiempo que se nos da

Y le vas a dar cuenta al Señor de qué manera tú negociaste con tus hijos, de forma tal que ellos aprendieran el Evangelio, conocieran a Cristo y le amaran a Él. Tú sabes que tú le vas a dar cuenta al Señor también de cómo tú negociaste con toda la gente que te rodea. Cuánta gente sedienta que está al lado de ti, como orábamos hace un momento, y tú, que tienes la solución de su vida, lo escondiste y no le vendiste nada, no le ofreciste la solución. Le vamos a dar cuentas al Señor. Es un reporte repentino que debe ser la causa de nuestro movimiento diario, de que tú y yo trabajemos por Él cada día de nuestra vida, para dedicarnos a velar por los negocios del Reino con más ahínco y con más diligencia cada vez.

La vida va corriendo y tenemos múltiples ofertas y demandas, y nosotros estamos apostando muchas veces más al reino de la tierra que al Reino de Dios. No pierdas de vista que vas a darle cuenta al Señor. No pierdas de vista que el Señor te va a pedir el balance de lo que Él te ha entregado. Esa es la mayor razón para nosotros andar y aprovechar el tiempo, siendo sabios y actuando como los sabios. Recuérdate que Efesios, capítulo 5, dice que nosotros debemos andar aprovechando bien el tiempo porque los días son malos. Los días son malos.

Pero ese reporte no es para que tú vivas con miedo, mi hermano; es para que tú vivas confiado en el Señor, en que tú vas a lograr lo que el Señor ha puesto en tus manos. Él es el que te ha dado la capacidad, Él es el dueño del Reino, Él te ha escogido para hacerlo. Así que, si tú tienes miedo de negociar, pídele al Señor: “Señor, si tú me mandaste, tú me vas a abrir la puerta de cómo hacerlo”. Y avanza en lo que el Señor tiene para ti. No pierdas tiempo, porque el Señor te ha llamado, te ha sacado del reino de las tinieblas al Reino de la luz y te ha dado una tarea: que anuncies en todo lugar las excelencias de Aquel que te llamó.

¿Qué estamos haciendo con la tarea que el Señor ha puesto en nuestras manos? ¿Qué hace Pez Mundial con la tarea que el Señor le ha encargado? ¿Qué hacen ustedes como creyentes con lo que Dios ha puesto bajo su responsabilidad?

Una tarea que será juzgada por Cristo

Dios te ha llamado y te ha encomendado una gran tarea, una tarea que tiene que ser reportada y tendrá que ser reportada en su momento. Pero también, mi hermano, no pierdas de vista que es una tarea que va a ser juzgada. Esto se sigue complicando. Mateo 25: el Señor les puso una tarea, pero Él no vino y dijo: “Vamos a ver qué hicieron, muchachos, qué me trajeron”. Él vino con seriedad, recibió el reporte y emitió un juicio con ese reporte. Dios va a emitir un juicio por lo que tú estás haciendo o estás dejando de hacer. Pero hay cosas buenas aquí, y lo primero que tenemos que saber es que nuestra tarea será juzgada con fidelidad, porque será juzgada por Dios mismo.

Dice el texto que el Señor no mandó un auditor externo: vino Él a pedir cuentas. Lo hizo fielmente. Mateo, capítulo 12, versículo 36, dice que cada uno dará cuenta de su tarea en el día del juicio, y Jesús mismo es el juez que estará presidiendo aquel estrado. Dice Romanos, capítulo 14, verso 12: “De modo que cada uno de nosotros dará cuenta a Dios de sí mismo”. Dios mismo será nuestro juez. 2 Corintios, capítulo 5, versículo 10, dice: “Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo”. Dios va a juzgar nuestra tarea con fidelidad.

Pero, mi hermano, no te asustes. ¿Sabes lo que va a pasar? Que Dios lo va a juzgar con gracia. Vuelve al texto, mira el versículo 21, qué sucede allí. Aquí hay algo precioso que debe llenarnos de ánimo. Versículo 21: viene el que le da diez talentos y el Señor le dice: “Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”. Versículo 22: llega el que le dieron dos talentos y entrega cuatro, y en el versículo 23 el Señor le dice exactamente lo mismo que le dijo al que le entregó diez talentos: “Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”.

Dios juzga la fidelidad, no la cantidad

Dios va a juzgar nuestra tarea con gracia. Con fidelidad, pero también la va a juzgar con gracia. Así que concéntrate en hacer lo que Dios te ha pedido, porque Dios no va a juzgar la cantidad del resultado, Dios va a juzgar la fidelidad que hemos tenido en obedecerlo. Eso es lo que Dios va a juzgar. El que entregó diez no fue delante de Dios más importante que el que entregó cuatro. Lo importante fue que ambos fueron fieles, obedecieron al Señor. Ambos fueron fieles y pusieron a producir lo que el Señor les había dado. Ambos fueron fieles y empujaron el Reino de Dios al crecimiento que el Señor les había pedido.

Es por eso, mis hermanos, que una iglesia pequeña como esta es tan importante delante de Dios como una iglesia que tiene diez mil miembros. Es por eso que una iglesia pequeña se goza en la presencia de su Dios haciendo lo que Dios le ha encomendado, como lo hace una iglesia grande también. Porque Dios no va a juzgar la cantidad del fruto, Él va a juzgar la fidelidad que nosotros tenemos cuando negociamos, cuando sembramos. Y eso es algo maravilloso, eso es algo precioso, eso es algo esperanzador. No importa lo que esté pasando en otro lugar, lo importante es que aquí seamos fieles en hacer lo que Dios quiere que nosotros hagamos. Eso es lo importante.

Es por eso que hay pastores conocidos que llenan el mundo con sus palabras, y hay pastores que escasamente los conocen, aún en su congregación. Pero Dios está mirando un corazón fiel, Dios está mirando un corazón que lo ha dado todo para que el nombre de Cristo sea glorificado. Y en el día del juicio, y en el día en que Él venga a saldar cuentas, ambos escucharemos decir: “Bien, siervo bueno y fiel”. ¿Qué cosa puede llenar más tu corazón que la expectativa de que, cuando Cristo venga, tú puedas escucharlo decir: “Bien, siervo bueno y fiel”?

Él no te va a decir: “Las publicaciones tuyas fueron fantásticas, tú tuviste más ‘likes’ que todo el mundo”. Él te va a decir: “Tú fuiste fiel”. “Señor, pero conmigo se convirtieron diez gente…”. “Pero tú fuiste fiel. Lo que yo te di fue para diez gente, no fue para mil. Tú fuiste fiel”. ¡Qué ánimo me da eso, mis hermanos! Qué ánimo y cuánto gozo rebosa en mi corazón cuando yo puedo entender —y quisiera que tú entiendas— que el Señor no te va a juzgar porque tú hagas lo que hizo otro, sino porque tú seas fiel en hacer lo que Él te pidió que hicieras.

Concéntrate en tu tarea, no en la del otro

Simple: concéntrate en tu tarea. Concéntrense en hacer lo que Dios ha determinado para esta congregación. Dios te va a preguntar por lo tuyo, no por lo mío; y a mí me va a preguntar por lo mío, no por lo de ustedes. Y es un gozo poder compartirlo, pero a la larga yo no puedo decir: “Señor, chánceame a Rafa, ven, yo te voy a decir qué fue lo que pasó…”. No, no, no. Rafa le va a dar cuenta al Señor y yo le voy a dar cuenta al Señor, cada uno de manera particular.

Recuerda lo que pasó con Pedro en Juan, capítulo 21. El Señor ha resucitado, se encuentra con ellos, le pasa la causa más amorosa del mundo —o sea, la pausa, se la pasa a Pedro— después de Pedro haber traicionado al Señor. Y cuando Pedro vuelve a la vida otra vez, le volvió el alma al cuerpo, va caminando con el Señor y Juan, aquel que amaba al Señor, dice el texto, viene caminando con ellos. Y Pedro le dice: “Señor, y si tú me estás encomendando esto, ¿y qué va a pasar con aquel?”. Y el Señor, con la diplomacia, con la finura, con la elegancia que lo caracterizaba, le dice: “¿Y a ti qué te importa lo que va a pasar con él?”.

Eso es lo que dice Juan, capítulo 21, en los versículos 21 y 22. El Señor le dice: “Pero Pedro, ¿y a ti qué te importa eso? Concéntrate en lo tuyo”. Dice: “¿Y a ti qué? Si yo quiero que él dure hasta que yo vuelva, ¿a ti qué te importa, Pedro?”. Concéntrate en tu tarea. Porque a ti no te debe importar lo que el Señor le mandó hacer al otro, te debe importar hacer lo que Él te mandó hacer a ti. Concéntrate en negociar con los recursos que Él te dio. ¿Sabes por qué? Porque esta tarea será también juzgada con justicia.

Dios le dice al siervo que no trabaja, versículo 26: “Tú eres un siervo malo y perezoso”. La Reina-Valera dice: “Tú eres un negligente”, pero me gusta que la Nueva Traducción Viviente le pone un poquito más todavía de fuego y le dice: “Tú eres un perverso”. Concéntrate en hacer lo que Dios te mandó, porque solamente aquellos que son unos perversos van a pasar por alto la voz y el mandato de Dios a su vida.

Excusas, miedo y desconocimiento del carácter de Dios

Concéntrate en lo que Dios te ha dado porque no vamos a poder comprar la justicia de Dios. Este hombre tuvo excusas maravillosas: “Señor, lo que pasa es que yo tenía miedo y tú eres un hombre muy duro, y yo guardé el talento, yo no lo perdí, yo no lo perdí, aquí está”. Y el Señor le dice: “Tú eres un perezoso, negligente, perverso. Yo no te mandé a eso, tú eres un desobediente”. No importa la excusa que tú puedas ponerle al Señor, tú nunca comprarás la justicia de Dios. Y las excusas tuyas, tu realidad, no escapan a las manos del Señor, así que las excusas no son válidas.

Nosotros tenemos que ver lo que Dios ha puesto en nuestras manos y cumplirlo. ¿Sabes por qué? Porque este hombre dice: “Señor, yo tuve miedo”, y el Señor sabe que detrás del miedo hay una vida que no confía en Él. Él le dice: “Señor, yo sé que tú eres un hombre duro”, y el Señor sabe que detrás de ese pensamiento lo que hay es una vida de lejanía que no conoce el carácter de gracia y amoroso de Dios. Es verdad que Él es duro —porque el Señor no dice que no—, pero también el Señor sabe que detrás de esa dureza hay una fuente inagotable de gracia que va a recompensar el mínimo de los esfuerzos que nosotros hagamos por su Reino.

El Señor le dice: “Tú no tenías que hacer nada, lo hubieras puesto en el banco, y aunque sea los intereses me hubieses dado”. El Señor sabe que detrás de la pereza hay un carácter que no conoce a Dios, que no sabe que Él mismo, Jesús, dijo: “Yo trabajo, y mi Padre que está en los cielos trabaja”. Mi hermano, cuando nosotros no trabajamos por la tarea que el Señor nos ha encomendado, estamos diciendo: “Señor, yo no quiero ser como tú”. Estamos diciendo: “Señor, yo no sé lo que tú haces; tú estás allá arriba en el cielo flotando allá nada más…”. No nos damos cuenta de que el Señor sigue trabajando, comenzando por trabajar diariamente en nosotros.

Trabajando para quitar la impureza de nuestra vida y hacernos cada día más como Él. Es una tarea que tiene que ser enfrentada. ¿Sabes por qué? Porque el Señor, en Cristo, ya te lo ha dado todo, comenzando por el perdón de tus pecados. ¿Y sabes qué? Sin tú merecerlo. ¿Por qué negarnos a trabajar para el Señor cuando el Señor te ha dado aún más de lo que mereces?

Una tarea que será recompensada: más trabajo y más gozo

El Señor ha puesto en nuestras manos una tarea. Y hay algo más que yo quiero que tú veas de esta tarea, y es que el Señor ha puesto en nuestra mano una tarea que será recompensada. Una tarea que cumplir, una tarea que reportar, una tarea que será juzgada y una tarea que será recompensada. Versículos 21 y 23: el Señor nos muestra que nuestra tarea será recompensada con su bondad. Él dice: “En lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”. Dios recompensará nuestro trabajo con más trabajo. Ahora tenemos poco, pero si somos fieles, el Señor nos va a dar mucho. Ahora podemos decir: “No tenemos muchos recursos”, pero sé fiel al Señor y gózate en lo que Él te ha dado, porque luego Él te va a dar mucho.

Pero lo “mucho” no significa lo que tú consideras mucho. Lo mucho significa lo que Él considera mucho. Dios te va a dar mucho. Dios recompensará tu trabajo con su presencia, mi hermano, con su presencia cada día en medio nuestro, pero con su presencia en la eternidad, porque Él dice: “Ven a mi fiesta conmigo, ven a celebrar conmigo, ven a mi gozo”. Es lo que le está diciendo. Y no te quiero decir que lo que tú hagas en este mundo es lo que va a comprar tu salvación, pero verdaderamente, si tú eres salvo, Dios te ha puesto una tarea que tienes que cumplir.

Y esa salvación se va a notar a través de lo que tú hagas con ella. ¿Sabes por qué? Porque también Dios te va a recompensar con castigo. Dice el texto: al siervo malo, quítale lo que yo le di y dáselo al otro. Y a veces nosotros decimos: “Señor, ¿y por qué tú no nos has quitado esto o aquello?”. Porque tú no estás cumpliendo con tu tarea. Dice: “Quítaselo y échalo a la oscuridad”. ¿De dónde Dios nos ha rescatado, mis hermanos? De la oscuridad. ¿Y nos va a tirar Dios otra vez a la oscuridad? Un examencito para la clase bíblica de hoy, porque yo escuché que estábamos hablando de la seguridad de salvación. Dios no nos va a echar otra vez a la oscuridad si somos sus siervos.

Pero hay algunos que quieren estar “en la tarea” y no son siervos del Señor, y esos no la van a cumplir. ¿Y por qué quiero apuntarte eso, mi hermano? Porque la realidad es que, cuando tú te niegas a cumplir con tu tarea, te estás comportando como uno de ellos, como uno de los impíos.

¿Qué estás haciendo con lo que Dios puso en tus manos?

Estás obviando que Cristo te ha salvado, estás obviando que Cristo te ha hecho parte de su Reino, estás obviando que Cristo te ha dado un privilegio único que no se lo da a todo el mundo. Lo ha puesto en nuestras manos porque nosotros somos sus esclavos, sus siervos, sus hijos. ¿Qué tú estás haciendo con la tarea que el Señor te ha encomendado? ¿De qué manera tú estás negociando con ella? Tú estás mirando la iglesia y estás diciendo: “Aquí hay muchas cosas que hacer”, ¿pero tú las estás haciendo? Dios ha puesto talentos en tus manos y probablemente estás diciendo: “Señor, todavía no ha llegado el tiempo de que tu casa sea edificada. Padre, yo tengo que trabajar y tengo que estudiar, yo tengo que estudiar a los hijos, tengo que atender al esposo, yo tengo que hacer cena todas las noches, Señor…”.

¿Qué tú estás haciendo con lo que el Señor te ha encomendado? ¿Qué está haciendo Pez Mundial con la tarea que Dios le ha dado? Muy bonito el culto el domingo, “¡guau, glorioso!”. ¿Pero qué está pasando después del culto? ¿Estamos nosotros cumpliendo con nuestra tarea? No debe haber mayor satisfacción en la vida de la iglesia y en la vida de los creyentes que escuchar al Señor decir: “Bien, siervo bueno y fiel”. Cuando tú piensas en la tarea de esta iglesia y en tu tarea a nivel personal, ¿cuál es el sonido que retumba tu corazón? ¿Qué estás escuchando que Cristo dice cada vez que se acaba el día y te vas a la cama? ¿Te está diciendo “siervo bueno” o “siervo negligente”?

Pídele al Señor cada día que te ayude a vivir para Él con fidelidad. Cristo viene, mi hermano, y lo que este texto quiere hacer es preparar tu corazón para que sepas lo que debes hacer hasta que Cristo venga. Cristo viene, y mientras Él llega, que cada día tú escuches a Él decir: “Bien, siervo bueno y fiel”. Que cuando nos vayamos cada día, al poner el candado de la puerta, escuchemos al Señor decir: “Siervo bueno y fiel, lo hicieron bien en el día de hoy”. ¿Qué tú tienes en las manos y qué estás haciendo con lo que el Señor te encomendó? Esa es la pregunta que yo quiero que quede en tu mente esta mañana, y que avancemos.

El Reino de Dios es como el hombre que nos dejó una tarea, y nosotros somos los esclavos del hombre. Hagamos.

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