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Mensaje

Un mejor modelo de unidad

Juan 17:21

La unidad de la iglesia no es un proyecto humano ni el resultado de acuerdos o estrategias, sino la respuesta del Padre a una oración que Cristo hizo por nosotros. Su modelo no es nuestra expectativa, sino la relación del Padre con el Hijo.

Transcripción automática

Cada año que el Señor nos concede es un año donde nos muestra su fidelidad. Si no fuera por la misericordia del Señor, no hay un día que nosotros podamos permanecer juntos. Hace rato nos hubiéramos dispersado. Muchas personas asisten al culto de una iglesia y pueden ver una congregación reunida, escuchar muy buena música, ser impresionados por los edificios o por un orador bien dispuesto. Pero la cosa más impresionante que tiene el pueblo del Señor no es la música, no es el edificio, no son los predicadores: es que donde quiera que hay una iglesia reunida por Dios, en esas relaciones hay algo mucho más profundo que el afecto. El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones.

Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.

— Juan 17:21

La unidad es una oración contestada

¿Por qué todavía hay iglesia en este mundo? Todavía hay iglesia porque Cristo en un momento oró por nosotros y el Padre concedió esa oración. ¿Cuál fue la oración? «Para que todos sean uno, como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros.» Hoy quiero testificar a la congregación que 16 años de historia no ha sido por nuestro poder ni por nuestra capacidad. No es que nosotros somos muy buenos; es que el Señor oró por nosotros y el Padre respondió a su oración.

Llegar a ser uno con nuestros hermanos es más que poesía. Se requiere encontrarnos en Dios, una relación con el Padre a través de Cristo. Más que un asunto social, es una realidad espiritual. La unidad no es un valor: es un milagro. La unidad no es una tarea para nosotros: es una oración contestada. La iglesia no es una porque nosotros queramos ser unos. La iglesia es una porque el Señor lo hizo. Y alguien dirá: «¿Cómo es que han logrado 16 años seguir juntos?» No lo hemos logrado. Él lo sigue logrando en nosotros.

Cristo oró por nosotros

En el capítulo 17 de Juan, el Señor oró a viva voz al Padre en presencia de sus discípulos. Si usted ve al Señor orando, usted podría saborear por un momento qué era lo que movía el corazón de Cristo. El contexto es que los discípulos estaban muy tristes. El Señor comenzó a hablar al respecto de la cruz, de aflicciones, de persecuciones. Les decía: «Ustedes ahora me ven, pero después no me verán.» En ese momento de mucha tristeza, aparece el capítulo 17, donde el Señor en medio de la aflicción ora por la unidad de la iglesia.

Dice el versículo 20: «Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos.» En este momento el Señor deja de orar por Pedro, por Juan, por Jacobo, y comienza a orar por nosotros en el siglo XXI. Él está orando por los que van a creer por el testimonio de estos, y ahí estamos nosotros. Cristo conocía los prejuicios que los judíos tenían respecto de los gentiles, y de ahí a pocos años la iglesia se llenaría de gentiles. ¿Saben lo difícil que fue convivir en una audiencia mezclada?

La iglesia es un morir soñando

Yo le quiero enseñar a la iglesia que la iglesia es un morir soñando. Son los lácteos con los cítricos, juntos, haciendo un asunto que termina siendo bueno. Pero si no se hace de la manera adecuada, se corta. Y en vez de morir soñando, usted se va a comer una borruga. Si usted saca a Cristo de la ecuación, se corta. Lo que hace que la iglesia permanezca en pie es que la fórmula de este asunto no se hizo en la tierra: se hizo en el cielo.

Al principio la iglesia era muy homogénea. Todos se parecían, un grupo de galileos con trasfondos similares cuyo referente era Jerusalén. Eventualmente serían un conjunto de gentiles cuyo referente sería Roma. Al primero que hubo que decirle «mata y come» fue a Pedro. Para un judío comer cerdo era la cosa más aberrante. Lo que estaban diciéndole a Pedro es: la iglesia no se va a parecer a ti, se va a parecer a mí. La membresía estará compuesta por gente que come y que no come cerdo. Hubo un problema tan grande que hubo que hacer un concilio. Pero antes de que ellos se reunieran, ya Cristo había orado por su iglesia.

Un modelo superior de unidad

¿Cuál es el modelo? «Como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti.» La unidad de la iglesia no es uniformidad ni estandarización. No somos uno porque hayamos perdido nuestras diferentes personalidades; somos uno porque hemos sido colocados en Cristo Jesús. El Padre y el Hijo tienen su característica distintiva, tienen su persona. El Hijo no tiene que dejar de ser el Hijo para unirse al Padre. Y tú no tienes que dejar de ser tú para unirte conmigo. Lo que los dos tenemos que hacer es unirnos en Cristo.

Hay muchos grupos de afinidad en esta tierra, pero la iglesia no es un grupo de afinidad. Tú y yo no tenemos que tener algo aparte de Cristo para ser hermanos. Lo que tenemos en común es a Cristo. Nosotros somos una iglesia que se reúne en Gascue, pero estamos repartidos en esta ciudad, y no nos encontramos porque vivíamos cerca. Nos encontramos porque Cristo nos encontró a cada uno y nos reunió en algo más grande que nuestras individualidades.

Mientras nos aferremos a nuestros modelos incorrectos fuera de Dios, siempre estaremos insatisfechos, decepcionados y divididos. Mientras más veamos a Cristo, más vamos a ser la iglesia que Cristo quiere que seamos. No hay iglesia posible para quien ignore lo sobrenatural de la iglesia. No hay iglesia posible para quien busque en sus hermanos lo que solamente en Dios va a poder encontrar. Tú no me vas a satisfacer y yo no te voy a satisfacer. Todos estaremos satisfechos en Dios. Y ahí está nuestra unidad.

El misterio de la unidad

Yo no entiendo la Trinidad. Usted me dice: «Explícame la Trinidad.» Yo no entiendo ese asunto. Lo recibo, lo disfruto, lo reconozco, pero el mecanismo en el cual existe un Dios con tres personas es un misterio para mí. Tengo 16 años en el ministerio pastoral y todavía no sé responder cómo funciona una iglesia. ¿Qué es lo que Cristo hace en nosotros de forma tal que nosotros, que éramos ajenos a la vida de Dios, ahora hemos sido despertados a una nueva comunidad de fe, esperanza y amor?

En la relación del Padre con el Hijo vemos que el Hijo se subordinó al Padre sin perder su dignidad, su deidad o su personalidad. No tenemos que ser todos iguales para estar unidos. Con facilidad podemos servirnos y ser servidos sin perder nuestra dignidad. Sirviendo nos parecemos más a Él que siendo servidos. También vemos que el Hijo deseaba realmente estar con el Padre: «Glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.» Todo verdadero creyente debería desear volver a reunirse con sus hermanos, anhelar estar en medio del pueblo del Señor.

Un testimonio al mundo

Dice el Señor: «Para que el mundo crea que tú me enviaste.» ¿Qué queremos que el mundo vea cuando viene a la iglesia? Lo más importante: queremos que el mundo vea lo diferentes que somos y lo cercanos que somos también. Que diferentes generaciones se pueden encontrar en Cristo. Que diferentes estratos sociales se pueden encontrar en Cristo. Que la gente más rara de esta tierra, en Jesús, puede encontrar algo que nos une a todos.

Yo creo que la iglesia debería generar ante el mundo una santa curiosidad. Que se pregunte el mundo cómo es posible que personas tan distintas hayan permanecido juntas durante tanto tiempo. Cómo es posible que realmente quieran estar juntos sin tener un interés secundario. Roma no supo responder ese asunto. Los emperadores mandaban a preguntar a los cristianos por qué se reunían, y como no sabían responder las preguntas, perseguían la iglesia. Lo que mantiene la iglesia marchando es que aunque no pueda verse, nosotros creemos que realmente el Señor está aquí.

El evangelio es la buena noticia de que al restaurar nuestra relación con Dios en Cristo, podemos llegar a tener unidad con nuestros hermanos. Dentro de nosotros hay un sentido de comunidad, a veces más vivo, a veces más maltratado, pero siempre queremos ser parte de algo. La única manera de ser parte de la iglesia es encontrarnos en Cristo. La unidad de la iglesia no es el resultado de acuerdos o estrategias, sino la respuesta del Padre a una oración que Cristo hizo por nosotros. Este año no vamos a trabajar para estar más unidos; vamos a trabajar para parecernos más a Cristo. Mientras más nos fundamos en Cristo, más unida estará la iglesia del Señor.