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Ricos para con Dios

Lucas 12:13-21

Jesús confronta la avaricia y nos enseña que la verdadera riqueza no está en las posesiones materiales, sino en ser ricos para con Dios y ordenar correctamente nuestras prioridades espirituales.

Predicado24 de septiembre de 2017
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Y les pido que ahí donde están busquen la sagrada Escritura y vayamos juntos, hermanos queridos, hasta el libro de Lucas. Vayamos con la ayuda del Señor hasta el capítulo 12 del Evangelio de Lucas. Y, aprovechando esta serie de sucesos desafortunados que han sucedido en el Caribe principalmente, en México y en otras partes del mundo, lo cual quizás en las noticias no es tan popular por otros lados, pero que también han sucedido, pongamos nuestra atención por un momento en la importancia de tener las prioridades correctas y ser ricos para con Dios. Pónganse por un momento sobre sus pies y leamos. Es el Evangelio de Lucas en el capítulo 12. Estaremos leyendo desde el versículo 13 y hasta el versículo 21.

Dice así la sagrada Escritura: Le dijo uno de la multitud: Di a mi hermano que parta conmigo la herencia. Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor? Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo donde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: Derribaré mis graneros, y los edificaré mayores; y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate.

Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.

— Lucas 12:13-21

Puede sentarse, amados hermanos. En este momento, nuestro Señor Jesucristo había estado enseñando, había enseñado sobre diferentes temas, temas muy importantes. Entre los temas que había estado cubriendo nuestro Señor Jesucristo, esto está en el capítulo 12 desde el versículo 1 en adelante: una multitud se reunió y Él comenzó a enseñar a sus discípulos sobre diferentes asuntos. Entre estos asuntos importantes que nuestro Señor estaba tratando, estuvo explicando, por ejemplo, desde el versículo 4 hasta el versículo 7, que debemos tener valor ante la persecución.

Después, nuestro Señor Jesucristo estuvo explicando, del versículo 8 hasta el versículo 9, la importancia de confesar a Cristo, aun en los momentos de persecución. Versículo 11, versículo 12, nuestro Señor Jesucristo estuvo hablando a sus discípulos acerca de que confiaran que su buen Dios les iba a dar provisión en el momento que ellos lo necesitaran. Entre las cosas que nuestro Señor estuvo hablando en este momento, temas tan profundos como el cuidado que se debe tener ante la blasfemia al Espíritu Santo. Yo me imagino que nuestro Señor estaba emocionado disertando sobre estos temas, y cuando estaba disertando, entonces viene alguien, entra de la multitud y le dice: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia. Y el Señor aprovecha esta pregunta para dar una enseñanza importante acerca del cuidado que debemos tener ante la avaricia.

Quiero mostrarle primero, hermano, la solicitud que hace este hombre, la respuesta que le da el Señor. Quisiera tomar unos minutos después para mostrarle a la iglesia la parábola y el significado que esto tiene, y después quisiera aplicar directamente cuál es la lección principal que el Señor ha dado con el mensaje de la parábola. Esto es que tenemos que ser ricos, no para los hombres, sino ser ricos ante Dios. Comienzo hablando acerca de la solicitud de este hombre. Yo quiero imaginarlo como esta persona que tiene un problema en la cabeza, que no puede tener dos pensamientos al mismo tiempo. Quizás te has sentido tú en ese momento donde tú tienes un asunto que está llamando tu atención y, aunque recibes mucha información, tú todavía sigues en tu propio asunto.

Quizás es una deuda, quizás es un problema, quizás es una incertidumbre, pero este hombre estaba en medio de la multitud y nuestro Señor habló de diferentes cosas. Pero cuando el Señor le dio el chance, él coló ahí su pregunta. Le dice él: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia. Yo quiero pensar que este hombre vino desde su casa con esta solicitud para el Maestro. El Maestro está hablando de diferentes cosas que nada tienen que ver con la necesidad de este hombre, pero yo siento que él está esperando su momento. Quiero mostrarles, mis hermanos, en primer lugar la solicitud, y le diré que esta solicitud a todas luces es una solicitud un poco imprudente.

No tenía ninguna relación con lo que el Maestro estaba enseñando. Este hombre parece que quería hablar de su necesidad. Yo sé que usted se habrá sentido esa persona que se está explicando una clase, pero él no quiere entender la clase, él tiene su necesidad, él tiene su problema por delante. Hay una injusticia que se ha estado cometiendo contra mí, y es que mi hermano mayor, que es quien tiene que dividir la herencia, hemos heredado, pero él no me ha dado mi parte. Yo creo que el Maestro aprovecha la ocasión y le hable a mi hermano. Dice el capítulo 12, versículo 1, que había una multitud reunida, y a este hombre en medio de la multitud, él no tiene ninguna presión porque él tiene un problema.

Me estoy perdiendo mi parte de la herencia. Ahí él manda. Yo quiero comenzar inmediatamente a aplicar, yo quiero explicarles, aplicarles a ustedes esto diciéndole que, como iglesia, tenemos que ser muy cuidadosos ante aquello que pedimos delante de nuestro Señor, porque nuestro Señor conoce verdaderamente cuál es nuestro estado y cuál es nuestra necesidad. El Señor le respondió con un poco de desdén, le dice: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor? Y le dijo: Mirad y guardaos de toda avaricia. Yo me imagino que esto fue un cubo de agua fría sobre las expectativas de este hombre. Yo tengo un problema en mi casa, que no me han dado el pedazo de la herencia que me corresponde, y cuando vengo donde el Señor a preguntarle, el Señor me dice: Hombre, no te voy a dar atención a eso, y ten cuidado, ten mucho cuidado acerca de la avaricia.

La avaricia expuesta y nuestras prioridades delante de Dios

La evaluación que el Maestro hizo de su solicitud es que esta es una solicitud que ha sido movida por la avaricia. La respuesta del Maestro es un tipo de reprensión. Yo quisiera identificarte a ti, hermano, con la necesidad de este hombre, con las respuestas que el Señor le está dando, y es que él está delante del Dios que hizo el cielo y la tierra con el poder de su palabra, que puede resolver cualquier problema, y lo que él quiere que el Señor resuelva es un problema de herencia. Yo mismo puedo sentirme identificado. Cuántas veces vamos a la presencia del Señor con ruegos y súplicas muy oportunos desde nuestro punto de vista, pero el Señor está considerando que, dada tu necesidad y tu condición, lo que estás pidiendo es algo improcedente. Hay cosas más importantes que podrías estarle pidiendo a Dios en este momento.

Toma en cuenta, hermano, que cuando vas delante del Señor, el Señor no es solamente una persona que puede responderte, es una persona que te conoce verdaderamente. Y cuando una persona que es conocida por Dios ocupa su tiempo en la presencia del Señor pidiendo cosas de este tipo, esa persona está anunciando cuál es su orden de prioridad. A mí no me importan tanto las cosas espirituales que el Señor pueda darme, yo quiero que Él interceda delante de mis hermanos, como cualquier juez de la tierra, para que me den mi pedazo de la herencia. Iglesia, lo que quiero enseñarte en primer lugar es que Dios sí realmente te conoce, y Él sabe que tú tienes necesidades que sí son prioritarias ante los motivos de oración que estás llevando frecuentemente a su presencia. Un creyente debería entender que sus necesidades materiales tienen una importancia, pero que la importancia es secundaria con relación a sus necesidades espirituales, que a Dios le importa primero la situación de tu corazón.

Esta advertencia del Señor, dice “Mirad y guardaos…”, es como: usted tiene que estar muy atento, eso es peligroso. Lo que el Señor le está diciendo ahora a la multitud, no solamente a este hombre que ha venido a pedirle que interceda, es: Tengan cuidado, que eso es peligroso. Tú no sabes lo que estás pidiendo. Infiero que el Señor está proyectando el problema que este hombre está pidiendo, está diciendo: Tú quieres ser rico, tú quieres tener herencia, tú quieres tener campos productivos. Ten cuidado. Lo que el Señor te está diciendo, ah, hermano querido, yo quiero invertirle a esta iglesia porque yo conozco el pueblo que estoy sirviendo. Y ustedes son hermanos muy diligentes en diferentes áreas, pero al mismo tiempo les diré, hermanos, que nuestro orden de prioridad es anunciado según las oraciones que llevamos a la presencia del Señor. Yo quiero preguntarte, hermano: ¿Por qué has estado tú orando?

Si el Señor me permitiera sugerir cuál podría ser la lista de oración de mi pueblo, yo podría decirme: Ese hermano está orando por su trabajo, mis hermanos están orando por un aumento, mis hermanos están orando por pagar una deuda, están orando por comprar una casa, por cambiar el carro, están orando por poder llegar a fin de mes. Y quizás cuando vamos delante del Señor con nuestras oraciones, el Señor está pensando: Pero ustedes tienen una necesidad que es una necesidad aún más profunda, y están clamando por los asuntos secundarios. Quiero enderezar en mi iglesia cuál es el orden de prioridad con relación a la oración. Si tenemos el privilegio de ir a la presencia del Señor, hermano, por favor, que lo que primero salga en nuestros labios no sea pedirle al Señor: Señor, dile a mi hermano que parta su herencia conmigo. Hay asuntos que importan más.

El problema de la iglesia en ese tiempo, hermano, y el problema de la iglesia ahora, es el problema de la disponibilidad y la abundancia. Nosotros tenemos ahora mismo libre acceso a la presencia del Señor. Yo sospecho que este hombre estuvo esperando encontrarse con el Maestro a ver si el Maestro resuelve el problema de la herencia. Nosotros podemos ir en cualquier momento a la presencia del Señor y subir nuestra oración delante de Él. Hermano, ¿para qué estamos aprovechando este momento? ¿Para preguntar por asuntos secundarios? Yo estoy seguro que nuestro Señor quiere proveer, pero estoy seguro también de que Su palabra dice que “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas” —como el problema de una herencia— “son añadiduras”. En resumidas cuentas, hermano, lo que te estoy diciendo es que nos vemos feos cuando vamos a la presencia del Señor a pedirle por asuntos secundarios, porque el Señor verdaderamente sabe cuál es nuestra necesidad.

Si puedo ilustrar esto, es como una persona que va donde el banquero a pedirle crédito. Saben, en este momento el sistema financiero está interconectado, y cuando usted va aquí lo conocen aquí y lo conocen también allá. Y cuando tú estás solicitando crédito en algún lugar, esta persona tiene tu hoja de vida ante los ojos y está diciendo: Bueno, ¿y para qué usted quiere el crédito? Bueno, es un préstamo porque quiero irme de viaje. Y la persona está mirando cuál es su balance y le dice: Él quiere irse de viaje, pero no puede irse de viaje si aquí tiene cinco acreedores que casi le están quitando sus bienes, y él me pide a mí ahora un préstamo para el viaje.

El descuido del alma frente a las cuentas pendientes con Dios

Quizá el banquero te va a avergonzar, tal vez sí su préstamo no fue aprobado, pero después le va a decir a su compañero: Él está pidiendo dinero para irse de viaje, y él tiene cinco acreedores que están esperando de él. Tú vas a la presencia del Señor a decirle: Señor, te pido por los alimentos, te pido por mi casa, te pido por mi provisión. Y el Señor te dice: ¿Por dónde, en qué momento es que vas a pedir por las cuentas pendientes amplias que tú tienes conmigo? Es el caso de un hombre que va a la presencia del Señor a pedir por asuntos secundarios. Hermanos, si tenemos acceso a Su presencia, comencemos clamando por las cosas que son más importantes.

Esta advertencia sobre avaricia, hermano, yo quisiera que bien lo consideres, porque en este tiempo contemporáneo que estamos viviendo, la avaricia es un pecado celebrado. De hecho, el mundo celebra aquellos que tienen esa hambre, como ellos le llaman, una persona que es competitiva, una persona que siempre quiere más. A la luz de la Escritura, se presenta la avaricia, hermano, como un asunto que siempre está acechando nuestra alma. Ese término “avaricia” lo que significa es “demasiado” o “más aún”. Es una persona que nunca está saciada, sino que quiere aún más, aún más. En otra parte, la Escritura equipara la avaricia con la idolatría, dice: “la avaricia, que es idolatría”. Y esto es una persona que siempre quiere más, siempre quiere más, y ha reemplazado a Dios por los recursos materiales. Una persona que va a la presencia del Señor y pide por un asunto secundario le está diciendo a Dios: A mí no me importas tanto tú ni el deleite que tú puedas causarme, yo quiero que tú me ayudes a resolver el problema de la herencia.

Hermano, la pregunta que te hace tu pastor es: ¿Quién es Dios para ti? ¿Es una persona que logra que el pan esté sobre la mesa, o es Dios? ¿Quién es Dios para ti? ¿Es una persona que puede abrir la puerta y que me aprueben tal situación? ¿Qué es Dios para ti? Hasta que Dios no sea el centro de tu satisfacción y tu deleite, estarás siendo rechazado en Su presencia y te dirán: Lo que estás pidiendo no te corresponde. Hombre, ¿qué tengo yo que resolverte a ti ese problema? Tienes un abismo en tu alma, me estás pidiendo por pan. “Mirad y guardaos de toda avaricia, porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”.

Si organizas, hermano, tus oraciones —mi consejo siempre ha sido que anotes tus oraciones—, uno debería evaluar sus oraciones porque nuestras oraciones delante del Señor están anunciando cuáles son nuestras prioridades delante de Él. Un hermano que siempre está pidiendo por asuntos materiales, que está pidiendo más los medios de gozo que el gozo que viene del Señor, es un hermano que tiene prioridades incorrectas. No se nos describe cuál era la condición del hombre, pero el Señor le está diciendo: Tienes un problema de avaricia. Yo te puedo ayudar a que tu hermano te dé la parte de la herencia, pero déjame contarte esta parábola. Me voy a mover pronto, hermano, pero lo que el Señor está resumiendo es: “Mirad y guardaos de toda avaricia, porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”.

Es un cambio de paradigma, una orientación a los bienes o una orientación hacia Dios. Él es nuestra vida, Él es nuestro deleite, Él es nuestra porción, como dice el salmista. Lo que está diciendo es: Tengan cuidado con su orden de prioridad. ¿Qué es esto, hermano, de una vida que consiste en los bienes? Aquella persona que se regocija, no tanto en lo que está haciendo con lo que tiene, sino en lo que tiene. Eso anuncia, hermano, las prioridades. Es un cambio de paradigma: son aquellos que tienen muy claro lo que quieren, pero son nebulosos con relación al “¿para qué tú quieres eso?”. No es problema alguno que tú quieras que tu hermano te dé lo que justamente te corresponde, es legítimo. Ahora la pregunta es: ¿Para qué tú quieres eso?

Porque cuando yo tenga eso, entonces yo voy a estar saciado. Es un círculo vicioso que nunca produce satisfacción. El Señor está apuntando a dónde está la raíz del problema. No es tanto qué es lo que tú quieres, sino para qué es que tú quieres eso. Es tan triste, hermano, que aun entre los creyentes les establecemos a nuestros hijos metas que son metas completamente materialistas. ¿Cuál es tu ambición sobre tus hijos? Si te preguntaran: ¿Qué tú quisieras, qué tú proyectas para tus hijos, qué tú le pides a Dios por ellos? Cualquier padre dirá: Yo quiero hijos saludables, yo quiero hijos profesionales, yo quiero hijos que tengan familias felices. ¿Qué es lo que estamos pidiendo delante del Señor, iglesia? Es lo que quiero llamar tu atención.

Ansiedad material y descuido del estado del alma

Generar ansiedad ante los escasos resultados materiales y ser al mismo tiempo displicentes ante el estado de nuestra alma, hermano. Estas personas que se sienten fracasadas porque está llegando el fin del año y todavía no han alcanzado sus objetivos materiales. Ahora te pregunto, hermano: Estamos por cerrar el año, ¿qué tal le ha ido a tu alma en el 2017? ¿Qué tan regocijado estás delante del Señor? ¿Cómo están tus cuentas con Él? No, yo quisiera que el Señor me permita cerrar el año bien. ¿Qué es cerrar el año bien? Quiero pasar ahora, hermanos, después de decirles que nuestras solicitudes delante del Señor anuncian nuestras prioridades, aunque sean delante de Él, y que un creyente que solamente está pidiendo por asuntos materiales es un creyente que tiene un orden de prioridad incorrecto.

Doy un año, hermano, pero me recuerdan los incrédulos. Ha visto usted a otra persona que no ha resuelto su problema de pecado con Dios y que no tiene amistad con Él, pero que siempre pide que el Señor bendiga sus alimentos y que le aleje del mal. El mal está en él, él está muerto en sus delitos y pecados, pero dice: Yo siempre le doy las gracias y le pido al Señor por los alimentos, y que nunca nos falte la comida. Y te pregunto: ¿Lo más importante es la comida? ¿Cuál es el orden de prioridad? El Señor ahora está anunciando una parábola, le dice: También les refirió una parábola diciendo: “La heredad de un hombre rico había producido mucho”.

Esto a mí me interesó especialmente porque el caso que se nos presenta no es un hombre que está disipando sus bienes, no es un hombre que está entregado a los vicios, no se nos está presentando en la parábola un personaje entregado a los vicios que está entregando sus bienes, que está entregado a la pereza. No, no. Te está enseñando un hombre productivo. Este hombre, hermano, yo podría defenderlo, yo lo tomo como un ejemplo: laborioso, productivo, previsor. Yo quisiera que ustedes fueran así hasta cierto punto. Lo que le quiero decir es que el ejemplo que el Señor está poniendo no es un ejemplo de un hombre que está abiertamente mal. Nosotros lo vemos y decimos: ¡Guau!, pero ese hombre vive a la luz de Proverbios.

Sí, de Proverbios, capítulo 10 en adelante, por eso visité Proverbios capítulo 1: ¿cómo comienza? ¿Quién es este hombre? Es un hombre rico, y que ahora mismo le está yendo muy bien. La Escritura no nos dice que este hombre se volvió rico en este momento, sino que parece que era rico desde antes en la mente del Señor. Es una parábola, dice Él: La heredad de un hombre rico había producido mucho, o sea, ya él es rico, y ahora ha cerrado un negocio importante. Él es rico y ahora ha entrado en una racha donde ha tenido mucha ganancia, es rico y ahora lo será más. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré porque no tengo donde guardar mis frutos? Es el problema que todos nosotros quisiéramos tener.

Ay sí, yo sé que tú quisieras ser el de la parábola: ser rico, y al mismo tiempo que la tierra esté produciendo mucho, que el problema tuyo sea: Yo no tengo donde guardar todo lo que tengo. Y dijo: Esto haré: Derribaré mis graneros y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes. Un hombre previsor. Ustedes me lo dejan, hermano, y yo puedo defenderlo desde Proverbios 10 en adelante. Lo que este hombre está haciendo es todo lo que dice el libro de Proverbios: que un hombre sabio guarda, que un hombre sabio mira, que un hombre sabio evalúa, que un hombre guarda, que un hombre no consume todo lo que tiene. Este hombre, ¡guau!, se parece a nosotros.

Usted ve a un creyente que está viviendo algo de esa realidad y dice: ¡Guau!, ese hermano lo está haciendo bien, no está dañando su heredad, sino que ¡bien! Y diré a mi alma… saben, aquí es que está el problema. “Y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; reposa, te come, bebe, regocíjate”. Tuve yo, hace poco, que escuchar una conversación la semana pasada de un incrédulo que estaba hablando acerca de cuál era su paradigma de vida. Yo trato de explicarlo, lo menciono como lo recuerdo. Desde que le conozco, es una persona que dice que su vida es beber y viajar, comer donde él quiere. Dice: Son las dos cosas que yo hago: yo tomo, yo como donde yo quiera, prender mi jipeta, llegar a Jarabacoa o llegar a Constanza y venir el mismo día. Dice él: Para mí eso es mi deleite. Él habla, dice: Mi guagua tiene las luces necesarias, yo le puse luces LED. Él me estaba explicando que hay diferentes luces LED, que hay unas que son expansivas, que hay unas que son directas. Dice: Yo no quiero tener problemas, yo quiero poder llegar a Constanza, almorzar y bajar el mismo día.

La conversación interna del alma y el verdadero problema del rico

Conmigo se cuenta para todos los coros, esa es la expresión que él dice: Conmigo, yo soy el que a mí es que no hay que dejar. Y alguien le dijo: Fulano, pero tú tienes que bajar un poco el ritmo, porque la vida no es solamente eso. Él dijo: No, yo no me pongo límites. Y tiene una razón muy profunda para hacerlo. Dice: Mi cuñada era una muchacha muy ordenada. Él hablaba de su cuñada con admiración, dice: Ella tenía dos maestrías, tenía muy buen trabajo, era una persona muy enfocada en sus asuntos. Yo le invitaba a diferentes cosas, ella nunca iba conmigo. Cuando la cuenta fue, tuvo un accidente, y parece que una astilla subió por una arteria y tuvo una complicación de salud y murió. Él fue la primera persona que llegó a la clínica cuando su cuñada estaba muriendo. Dice él: Mi cuñada me decía: “No me dejen morir, no me dejen morir”, y cuando él vio que su cuñada murió, él dijo: En ese momento yo tomé la decisión de no establecerme límites. Dice: La gente dice que lo único que uno se lleva de esta tierra es lo que uno goza, y ni siquiera eso. Ahí él puso una mala palabra. Entonces después dice: Y por eso es que yo…

Quizá el asunto tuyo no es la bebida, quizá el asunto tuyo no es ese tipo de vanidad, hermano, pero por adentro, todos nosotros tenemos una conversación donde nosotros le hablamos a nuestra alma. ¿Y qué es lo que le decimos a nuestra alma? Adentro todo ser humano entabla una conversación interna consigo mismo y él se dice: Estoy bien, yo estoy bien, o estoy mal. Esa conversación es lo que él está diciendo: “Le diré a mi alma, alma mía…”. Ay, hermano, el estado de tu conversación interna está anunciando cuál es tu orden de prioridad. Para este hombre, su orden de prioridad es: “Mis recursos materiales”. “Diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate”.

El problema de este hombre no se dice aquí que su problema era que era rico, en ninguna parte se dice que ese fue el problema. Tampoco se nos dice que su problema era que la heredad había producido mucho. De hecho, es un gran privilegio, dice Deuteronomio que el Señor nos enriquece. ¡Gloria al Señor por eso! El problema del hermano está en cómo él asumía sus bienes y cuál era su actitud ante sus posesiones materiales.

La actitud de este hombre hacia sus bienes habla de cuál es el estado de su corazón. El Señor nos ha dado a nosotros, hermano, un precioso recurso para medir cuál es el estado de tu alma. El alma no se ve, pero se manifiesta. Tú quieres saber cuál es el estado del corazón de un hombre, mira a ver cómo ese hombre utiliza sus bienes materiales. Tú quieres saber cuál es la prioridad de él, pregúntate: ¿Cómo este hombre usa lo que el Señor le ha dado? El problema no es que este hombre fuera rico o que haya tenido una gran cosecha ese año. De hecho, hermano, el problema no es ni siquiera que él quisiera tener el granero más grande. Yo les recomiendo a todos ustedes que si tienen ese problema, reconstruyan sus graneros. Eso está bien, el problema no es ese.

El problema es que él entendió que verdaderamente sus recursos materiales podrían darle verdadera seguridad y verdadera satisfacción. El engaño de esta vida está en cuando uno entiende que los bienes materiales son necesarios o determinantes para tener satisfacción y tener seguridad. El Señor le llama a eso “necio”. Si al día de hoy tú todavía no te estás gozando, sea cual fuera tu situación, por la seguridad y el gozo que encuentras solamente en el Señor, tú puedes tener los graneros rebosantes y reconstruirlos, y de todos modos no tendrás gozo. Es un círculo vicioso. Cuando ustedes me ven a mí, hermano, que hablo de esto con mucha seguridad, la seguridad no me la da la Escritura solamente, yo también vivo a la luz de esta realidad. Hermano, me tengo que predicar todos los días que en dos pesos más o dos pesos menos no está mi felicidad. El engaño que tú tienes que combatir durante toda la semana es el engaño del mundo que te está bombardeando, que el próximo aumento salarial verdaderamente te va a colocar en el estado de deleite que tú siempre has estado esperando. Nunca llega.

Que el granero más grande es lo que te va a dar la seguridad, y cuando tú tienes el granero más grande, tú piensas: No, el granero más grande no da la seguridad. Hermano, he venido a moverte y a decirte: No le digas a tu alma: Ahí está la seguridad, ahí está el deleite. Ahí no está la seguridad, ahí no está el deleite. Sí, tú puedes hacer el granero más grande, hazlo, pero dile al granero: Tú eres granero, y tú eres un medio a través del cual el Señor podría darme seguridad, pero si no es a través de ti, el Señor me mandará mi seguridad de otra parte. El granero puede no estar lleno, y aun tú deberías contar que tu seguridad no está en el granero. Es el problema, hermano, de romper este discurso que nos dice que la seguridad y la felicidad está en los bienes materiales. No.

Diligencia material y negligencia espiritual: la necedad del rico

Me impresiona que un hombre tan sabio, un hombre tan productivo, un hombre tan previsor, una persona que no estaba esperando que llegara la cosecha, sino que antes de que la cosecha llegara ya estaba calculando, haya podido tener esta capacidad de previsión de no esperar que llegue la circunstancia. Un hombre próspero, visionario, pero con los asuntos espirituales se haya comportado de una manera tan torpe. Él hizo arreglos para sus granos, pero no hizo arreglo para su alma. A mí me llama la atención el nivel de diligencia que los hombres pueden manifestar ante diferentes cosas, pero el nivel de imprevisión que tienen con su alma. Hay gente que no corre riesgos en su vida en absolutamente nada. Hay personas que para toda decisión necesitan tener tres capas de protección y dicen: No, yo no me expongo, yo me voy siempre a lo seguro. Pero en su alma son tan irresponsables. Lo que el Señor le está diciendo es: Necio. Tus necedades son anunciadas por la cantidad de arreglos que haces para tus bienes materiales y los pocos arreglos que haces para el asunto de tu alma y para tu bienestar eterno. Eres necio. Necedad es tener esta capacidad de ocuparnos, preocuparnos y de ser diligentes ante nuestro empleo, ante nuestro trabajo, ante nuestras oportunidades, ante nuestros bienes materiales y tener una completa pasividad con relación a tu alma. Es necedad, lo que dice la Escritura.

Ustedes ahora mismo están un poco al margen porque dicen: Yo no soy terrateniente ni tengo lo que tiene este hombre, ese no es mi problema. Yo sé, hermano, que todos ustedes tienen, aunque sea pequeño, ustedes tienen sus graneros. Y el que menos de ustedes tiene algo, tiene. Esa no es mi preocupación: “Cuando yo tenga graneros y cuando tenga grandes cosas, cuando yo tenga ese problema, yo voy a comenzar a pensar en la avaricia”. No, hermano, este es el momento de pensar cuál será la situación. Este hombre al cual el Señor tiene como primera audiencia todavía no ha recibido una herencia, pero el Señor quiere que en este momento, antes de recibir la herencia, él entienda que ahí no está la satisfacción.

“Ah, cuando yo tenga el problema yo pensaré en la avaricia, yo me cuido de eso cuando llegue”. No, hermano, el momento de cuidarte de la avaricia es cuando todavía la herencia no ha llegado, cuando todavía tu hermano no te ha dado nada. Quizás hoy el Señor está mirando, hermano, que quizás sea providencial que su hermano mayor no haya repartido la herencia. Gracias al Señor, la ha estado cuidando. Si a este hombre dominado por la avaricia usted le da herencia, lo perdemos. Quizás el Señor ha manifestado su amor a este hombre dejándolo en la situación donde está. Hermano, el momento de comenzar a cuidar tu corazón, tu mente de la avaricia no es cuando estén los graneros grandes y la cosecha por llegar, es hoy.

“Yo no tengo graneros”, esa es la expresión, hermano. No evadas la doctrina, no evadas la enseñanza del Señor con esto porque algo tienes. Quizás tu pequeño granero, tu cartera de clientes, si tú eres comerciante, por lo menos uno o dos clientes tú tienes, pero tú quisieras tener diez. Y no está mal querer tener diez o tener cien. Yo quisiera que todos ustedes sean propios empresarios exitosos, yo quisiera. Ahora, yo quisiera que ninguno de ustedes entendiera que en tener diez clientes más está su deleite. Sí, ya yo tengo la oficina, pero la oficina no está quedando como estrecha, yo quisiera otra oficina, el negocio necesita otra oficina. Eso es tu pequeño granero. O la remodelación de la sala de la casa.

Tú estás en tu casa y tú dices: Necesitamos muebles nuevos. Quizás no tienes para los muebles, pero por lo menos para la cortina o para la pintura de la casa, porque viene llegando diciembre. Pero todos nosotros tenemos esta capacidad de ver lo que tenemos ahora mismo y desear tener algo diferente. Es el granero. ¿Qué me dicen del año del carro? ¿Cuántos son los años? No, siempre, siempre entre cinco años, y después se cambia, y después subirle los años al carro, hermano. Sí, es que eso tiene su aplicación, y no está mal, hermano, querer subirle los años al carro, porque mientras menos años, hay menos problemas, más seguridad, menos visitas al mecánico. Hay menos estar afligido ahora mismo porque: “¡Guau, Señor, si tú me permitieras subirle, aunque sea… yo no te pido que sea del año, pero si me permites subirle aunque sea tres años al carro…!”.

No está mal, hermano, desear un granero más grande, no está mal desear los cielos que construirse, los nuevos. El problema grande está cuando tú has condicionado que en eso está tu deleite, en eso está tu felicidad. No está ahí. Y tienes que decírtelo a tu alma todos los días, porque hay cantidad de cosas que vienen a ocupar tu atención en ese sentido. La naturaleza de tu trabajo: quien es empleado quiere ser empleador, y quien es empleador quisiera buscar a alguien que atienda ese negocio, “yo ser solamente inversionista”. Ese es el dilema de la vida. Quien es empleado está buscando poner un negocio propio y quien tiene un negocio propio está buscando quien se lo atienda. Esa es la dinámica de la vida, y no está mal nada de eso, hermano. Lo que está mal es entender que puedes decirle a tu alma que en eso encontrarás seguridad o en eso encontrarás deleite. No hay deleite y no hay seguridad.

Ricos para con Dios: ambición santa y perspectiva eterna

Con esto, hermano, lo que estaba anunciando es que tenemos que tener una perspectiva eterna. Yo me gozo en la explicación que está dando el Señor. Nos dice que seamos “ricos para con Dios”. Qué bueno que ya eres rico delante de los hombres. Ahora te pregunto: ¿Eres rico para con Dios? Hace unos cuantos años, hermano, en mi viejo hombre y mi naturaleza caída, yo tenía la expectativa de ser rico. Y si tú me hubieras conocido a mí cuando tenía 19 años, yo te hubiera dicho que yo quería ser rico. Muchos de ustedes no saben que yo estudié un tiempecito en APEC. Ese tiempito en APEC yo le invertí, me instalé en la biblioteca y leí todos los libros de negocio que pude haber leído, todas las revistas de negocios que pude haber leído. ¿Y qué logré con todo aquello?

Lo que logré con todo aquello fue que mi avaricia se colocara no en nivel 10, sino en nivel 15. Yo aprendí todo lo que se puede aprender en los negocios, aprendiendo de la sociedad. Aprendí qué es una sociedad anónima, qué son empresas limitadas, qué es una junta, qué son accionistas. Yo tenía tres planes de negocio. A cada rato me encuentro yo con planes de negocio. Y toqué puertas de inversionistas que usted no se imagina, pero yo quería ser rico, hermano. Al respecto de esto, yo sé lo que se siente ese deseo. Lo que el Señor está diciendo es: Yo quiero que ustedes se hagan ricos, pero ricos para con Dios. En aquel momento yo encontré alguna literatura que decía cuáles eran las cualidades de los hombres más ricos de la tierra. No quiero citarle el libro ni mandar a usted a leer ese tipo de cosas.

Porque lo que va a hacer es que va a elevar su avaricia. Hay unos libros, hermano, que si usted se pega de esos, usted renuncia el lunes. Es verdad. Hay por ahí unos cuantos libritos que usted lee un libro de eso y usted no se siente contento con su trabajo. Usted dice: “Hay que renunciar”. ¿Y qué tú vas a hacer? “Yo no sé, pero…”. No, hay libros, hermano, que no son del todo malos. De hecho, yo encontré siete características que tienen los hombres más ricos de esta tierra que yo quisiera que usted anotara esas características para que sea rico para con Dios. ¿Quién es alguien que es rico para con Dios? Es una persona que tiene esa misma característica que tenía aquel que era próspero, que aumentaba sus graneros, que los destruía y construía graneros más grandes, pero no para su vanagloria, su vanidad, sino para la extensión de la causa de Cristo y el avance de su reino en esta tierra. ¿Quién es rico para con Dios? Uno que tiene este mismo mecanismo interno que le lleva a ser más, pero no para su interés, sino para el interés de su Señor, uno que lo hace, no aquí solamente en esta tierra, sino con un valor eterno.

¿Cuáles son las características? Mire, lo primero que tienen los hombres más ricos de esta tierra, lo que los hace ricos… aguántenme aquí, saben que alguien que es rico no es simplemente una persona que tiene dinero. Eso no es lo que es riqueza. Riqueza es una capacidad de producir, una capacidad de multiplicar. Eso es algo que tiene que ver con el carácter, con la actitud. No se burlen solamente de eso. Encontré que los hombres más ricos de esta tierra tienen una capacidad de trabajar que está por encima de la media, son laboriosos, trabajan más que los demás. Cierta literatura decía que los hombres que son ricos, si la gente hace ocho horas diarias, ellos hacen catorce.

Y que no tienen problema en trabajar más allá de la media, son en extremo laboriosos. ¿Cuándo usted va a ser rico para con Dios? Cuando en las causas de Cristo y en su obra usted sea extremadamente laborioso y usted trabaje más que la media. Si sus hermanos sacrifican a la semana cuatro horas para el Señor, usted va a sacrificar ocho. ¿Por qué usted va a sacrificar ocho? Porque yo quiero ser rico para con Dios. Características que encontré en estos hombres que eran ricos: estaban dispuestos a tomar altos riesgos para maximizar sus oportunidades, salían de su zona de confort. Hermano, ¿cuándo fue la última vez que usted salió de su zona de confort para atender la causa de Cristo? “No, yo hago lo mínimo, yo no me expongo”. No. Usted nunca va a ser rico para con Dios. Usted va a estar en la barrera.

No va a salir en la revista Fortune. Lo que tienen estos hombres es que tienen la capacidad de correr un riesgo enorme. Cuando la mayoría de los hombres generaban un estrés que no podían soportar, ellos iban más allá con tal de poder hacer que su negocio avance. Por eso eran ricos. ¿Quién es rico para con Dios? Una persona que tiene la capacidad de sufrir estrés por la causa de Cristo. ¿Cuándo fue la última vez que el avance de la causa de Cristo te colocó a ti en una posición de estrés, de tú sentir como que: “Mira, estoy como forzado, estoy pesado, estoy cargando duro”? Es rico para con Dios. Ah, porque no lo quiero dejar ahí, que no sea: “Hermano, váyase desde aquí y sea rico para con Dios”. Yo quiero decirle qué es lo que hacen los ricos de esta tierra para ser ricos delante de los hombres. Dos cosas le he mencionado.

Laboriosos, lo primero: trabajan más que la media. Lo segundo: corren altos riesgos para maximizar sus oportunidades. Esos que son ricos al día de hoy estuvieron casi a punto de quiebra o quebraron tres veces. Después estaba mirando yo, entre los que recuerdo ahora, el presidente de Virgin Atlantic. Esta persona corrió unos riesgos operativos en su vida que estuvo enfermo todo el tiempo, vivía al borde de la quiebra. Sí, es rico al día de hoy para con los hombres. Hermano, ¿cuándo fue la última vez que usted verdaderamente sintió que estaba en estrecho por hacer la causa de Cristo, que sintió como: “¡Guau!, yo siento que estoy como abrumado, estoy cargando, pero estoy contento porque la causa va avanzando”? ¿Cuándo fue la última vez? Así vivía el apóstol Pablo. Ustedes leen las cartas de Pablo y Pablo vivía al borde de la muerte, con un estrés operativo enorme. Rico para con Dios. ¿Quién es rico para con Dios? Decía la revista aquella que leí hace muchos años…

Características de los ricos de la tierra aplicadas a la riqueza espiritual

Que estas personas tenían doble característica: previsoras y visionarias. Vivían dos mundos más hacia delante que el común de los hombres. Eran aquellos que estaban diciendo: El mercado va a cambiar dentro de un año, y ya yo estoy viviendo a la luz del cambio del mercado. Hermano, ¿cuándo fue la última vez que usted se sentó a mirar las oportunidades que los cambios demográficos, las oportunidades que estas tragedias que han ocurrido están abriendo para la causa de Cristo? ¿Cuándo fue la última vez que usted vio una oportunidad y dijo: “Mira, ahora mismo está sucediendo… sabe cuánto venezolano hay en República Dominicana ahora mismo?”. Yo quisiera que algunos de ustedes estén soñando. Esas personas que están rellenando República Dominicana ahora mismo necesitan el Evangelio. Están llegando a un país donde nadie los conoce, están buscando estructura. Yo tengo que comenzar a reclutar esos venezolanos y traerlos a la causa de Cristo. Eso es rico para con Dios: una persona que ve los cambios políticos, económicos, demográficos, y él vive dos mundos más adelante que la media. Ese es rico.

Previsores y visionarios, esa es una característica. Otra característica: han entrenado su mente para buscar oportunidades, y donde las personas solamente veían fracaso, ellos veían el signo de peso, veían el signo de dólar. Son ricos. ¿Ha visto usted a otra persona que le pasa delante un edificio? Hay gente que si el edificio no está pintado, no lo compra. Hay uno que cuando el edificio está cayéndose dice: “Ahí está el negocio”. Hermano, ¿cuándo fue la última vez que usted vio una gran oportunidad para el avance de la causa de Cristo donde la gente se burlaba de usted? “No, ahí no hay nada que buscar”, y usted decía: “Claro, ahí está”. Escuchaba yo a un padre que ha entrenado a sus hijos para esto. Tiene cinco hijas hembras.

Y él las entrenó para que cada vez que pasaban por un lugar donde la gente estaba quejándose, ellas tenían que decir “opportunity, opportunity, opportunity”, “oportunidad, oportunidad, oportunidad”. Él iba con las hijas en el carro y cuando las hijas veían algo así gritaban. Él estaba entrenando la mente de ellas para que donde los otros se quejaban, ellas vieran oportunidad. Un mal servicio, tenían que decir: “Oportunidad, oportunidad, oportunidad”. Hermano, una persona que es rico para con Dios es alguien que ha entrenado su mente para buscar oportunidades para la causa de Cristo y sale a la calle buscando: “¿Dónde, dónde, dónde, dónde?”. Ese es rico para con Dios. ¿Quién es rico para con Dios? Le he mencionado ya cuatro características. Decía aquella revista que estaban dispuestos a hacer grandes sacrificios en el presente para tener medios productivos en el futuro. Decía la revista: Están dispuestos a comenzar más de una vez, tienen historias de caídas y levantadas. Decía como última característica que estas personas todas tienen un denominador común y es que son ambiciosos. No son conformistas.

El Señor está tomando esta parábola de un hombre que hizo sus graneros más grandes para decirles a sus discípulos. Y luego resume lo que este hombre dice: “Y dijo: Esto haré: Derribaré mis graneros, y los edificaré mayores; y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?”. Versículo 21: “Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios”.

Hermano, mi deseo para ti es que tú seas rico para con Dios. Doy un versículo, hermano, y con esto cierro. En el Nuevo Testamento, el hombre más acaudalado, a la luz de su manera de describir esto y comportarse que yo conozco, es el apóstol Pablo. Este hombre hizo grandes sacrificios personales. Este hombre fue laborioso, estuvo dispuesto a tomar grandes riesgos para maximizar las oportunidades. Este hombre se entrenó para buscar oportunidades donde la gente no veía nada. Este hombre estuvo dispuesto a experimentar carencia para el avance de sus proyectos. Este hombre estuvo dispuesto a recomenzar más de una vez. Este hombre tenía una santa ambición, un deseo de llegar con la palabra de Cristo allí donde no había llegado.

Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.

No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

— Filipenses 3:7-14

Que el Señor pueda colocar en todos sus corazones una santa ambición para ser ricos, no delante de los hombres, sino ser ricos delante de Dios. Oro por mi iglesia, que el Señor nos acompañe.

Oración final: anhelo de verdadera riqueza espiritual

Júntales, Padre celestial, a estos hermanos míos con una pasión desbordante por hacer grandes cosas para Dios y delante de Dios. Sácalos, Señor, de este engaño de vivir buscando cosas que perecerán, cosas que de aquí a poco, Señor, ya no estarán. Enséñales, Señor, a que hagan graneros aún más grandes, trabajando en este tiempo para la gloria tuya y por tu causa. Prepáranos, Señor, para anhelar cruzar aquel momento donde nos acompañarán nuestras obras, como dice Apocalipsis 14:13, y donde todo estará seguro.

Ay, Padre, mira cómo he tratado de poner en mis hermanos solamente en ti su confianza, solamente en ti, Señor, su deleite. Permítenos encontrar, Señor, gozo y satisfacción en ti. Que el granero que más nos represente, Señor, sea el granero de la obra de la causa de Cristo en nuestra generación. Que no encontremos deleite, Señor, en una cosa más, un deleite más profundo en ninguna otra cosa que no sea en lo que encontramos en ti, Señor y para ti. Levanta entre nosotros, Señor, gente que sea rica para con Dios. Gracias por tu palabra predicada. Gracias, Señor, también por la celebración del mes de la Biblia. Todas estas cosas para la gloria tuya, en el nombre de Cristo. Amén.

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