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Serie-La iglesia en las escrituras-El testimonio de la Iglesia

Tito 2:1-15

Este segundo capítulo de la carta de Pablo a Tito describe cuál será la evidencia de que la sana doctrina está transformando la vida de los diferentes grupos que componen la iglesia: hombres mayores, mujeres mayores, hombres jóvenes, mujeres jóvenes y siervos. Pablo enseña que el verdadero avance de la iglesia no se mide por años o número de miembros, sino por vidas cambiadas que adornan la doctrina de nuestro Salvador y avergüenzan a los adversarios.

Predicado21 de abril de 2013
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Cierra sus ojos un momento ahí donde están y permítanme orar por ustedes, también por mí, para que el Señor nos acompañe en este proceso. Tenemos ahora el privilegio, Señor, de abrir tu palabra y usarla para este tiempo de instrucción. Mira que está aquí congregada hoy, Señor, en gran medida lo que es nuestra iglesia, y mira nuestra iglesia, Señor, que podría ser mejor en diferentes áreas, entre ellas su testimonio. Permite que cada persona aquí congregada hoy pueda ver la hermosura que hay en tu revelación y sentir, Señor, que no son las palabras del pastor Rafael que me están hablando, sino que son directamente tus palabras, porque lo son. Haznos humildes, Señor, permite que esta soberbia natural que hay en el hombre, que tenemos por dentro, ceda hoy, y gane tu revelación.

Mira estos temas, Señor, que son temas muy prácticos; permite que cada grupo de personas aquí congregadas, los hermanos más adultos, las hermanas más adultas, las jóvenes, los jóvenes, permite que todos los grupos aquí representados puedan recibir tu consejo y ponerlo por obra. Que sea tu Santo Espíritu en medio nuestro. En el nombre de Jesús, amén. Hermanos, estamos en una serie de enseñanzas en nuestra iglesia que comenzó nuestro hermano Edu el domingo antes pasado, que continué yo el domingo pasado y ahora también me mantengo en el mismo tema acerca de la iglesia en las Escrituras. Estamos viendo el consejo de Dios en este tema que dentro de la teología se llama eclesiología, es la doctrina de la iglesia. ¿Cómo es una iglesia cristiana? ¿Cómo puede mejorar una iglesia cristiana? ¿Cuáles son las características de una iglesia viva?

Hoy veremos cuál debe ser el testimonio de la iglesia del Señor. Este tema, al mismo tiempo, entra dentro de tres sermones, una serie de tres sermones que estoy predicando yo acerca del libro de Tito. Comencé el domingo pasado con el capítulo primero del libro de Tito, hoy continuaré con el capítulo dos y el próximo domingo, entonces, estaremos cubriendo el libro de Tito completo, predicando acerca del capítulo tres. Son pocas las oportunidades que tenemos en nuestra iglesia de tomar un libro de la Escritura y poder presentarlo expositivamente durante tres semanas. Esta es una. Hay otros libros que, por su extensión, no podamos detenernos tanto tiempo porque hay que enseñar todo el consejo de Dios, pero tenemos la oportunidad de ver un libro de la Escritura, que es la carta de Pablo a Tito, considerarla desde el primer capítulo, el segundo capítulo y el tercero, y que tengamos Tito completo en nuestra mente. Qué gran cosa es esta, hermanos, tener un libro completo de la Escritura muy fresco en nuestra mente.

El avance real de la iglesia y la importancia del testimonio

El domingo pasado, cubriendo el capítulo 1, les enseñé cómo mejora la iglesia del Señor: que mejora por medio de una enseñanza apostólica bien fundamentada, conducida por un liderazgo que sea un liderazgo cualificado. Hoy veremos cómo se expresan esas mejoras por medio del testimonio de la iglesia. Busquen el capítulo dos de la carta de Pablo a Tito, que aquí estaré deteniéndome durante todo este tiempo de enseñanza. Dice nuestra introducción, que está en su programa, que este segundo capítulo de la carta de Pablo a Tito describe cuál será la evidencia de que la sana doctrina está transformando la vida de los diferentes grupos que componen la iglesia: hombres mayores, mujeres mayores, hombres jóvenes, mujeres jóvenes y sirvientes.

En la primera parte, que se compone desde el versículo 1 y hasta el versículo 10, Pablo da instrucciones sobre lo que se debería comenzar a manifestar en la vida de los cretenses. Y en la segunda, que va desde el versículo 11 hasta el versículo 15, enseña cuál es la fuente que tenemos para vivir una vida piadosa: no solamente nuestra decisión de vivir de una manera diferente, sino la transformación profunda que solo puede ocurrir por la gracia de Dios manifestada para salvación de todos los hombres. Estas vidas, que son vidas cambiadas, conforman el testimonio de la iglesia: evitando que la palabra de Dios sea blasfemada, avergonzando a nuestros adversarios y adornando la doctrina de nuestro Salvador.

Hermanos, hay tres cualificaciones, de algún modo, que uno podría usar para decir que una iglesia está avanzando. Podríamos decir que la iglesia está avanzando por sus años, y cada vez que tenemos un nuevo cumpleaños decimos: la iglesia ya tiene cinco años, para la gloria del Señor. Y eso no es malo, eso es bueno. Sin embargo, es un indicador que se puede prestar para confusión y que, en algunos casos, como les prediqué —lo tengo muy claro en mi memoria— en el tercer aniversario de esta iglesia, les enseñé que muchas veces un cumpleaños no es motivo de celebración, sino de lágrimas. Triste sería que después de 20 años encontremos que nuestra iglesia cumplió, como iba a cumplir de todos modos, año tras año, pero que no avanzó tanto como debería de haber avanzado.

Hay otra manera en que se podría cuantificar, de algún modo, si la iglesia está avanzando, y es el número de sus miembros. Cuando comenzamos esta congregación teníamos un número muy pequeñito de miembros y el número al día de hoy no es tampoco que muy grande, pero hay más. Y el hecho de que en estos cinco años el Señor haya alcanzado personas en nuestra iglesia para salvación nos indica que el Señor, de algún modo, se ha estado moviendo en nuestra iglesia, porque ninguno de ustedes pudo haber procedido a salvación por las herramientas persuasivas de ningún hombre. La salvación es obra del Señor, y el número de sus miembros es una evidencia de que una iglesia está avanzando.

La evidencia contundente: vidas transformadas

Sin embargo, hermanos, yo he encontrado a través de la carta de Pablo a Tito, en el capítulo dos, una evidencia todavía más contundente de que una iglesia está avanzando, y la evidencia contundente de que la iglesia está avanzando es que la vida de aquellos que se consideran miembros de una iglesia está siendo transformada. El testimonio de vidas cambiadas definitivamente es el indicador más preciso de que la iglesia está avanzando. Que cumplamos un año más ayuda, que tengamos unos cuantos miembros más es positivo, pero que la vida de nuestra gente realmente esté cambiando para reflejar más la vida de Cristo en ellos es el testimonio irrefutable de que definitivamente la iglesia avanza. Hoy veremos el testimonio de la iglesia.

Acompáñenme en el capítulo dos de esta carta de Pablo a Tito. Estaremos viendo estos 15 versículos, los cuales he dividido en dos grupos de versículos. La primera parte, que compone del versículo 1 y hasta el versículo 10, veremos lo que se debe estar evidenciando en nuestra iglesia; y en la segunda parte, que va desde el versículo 11 y hasta el versículo 15, veremos cuál es la fuente para que tal cosa se comience a manifestar. Dice así la palabra del Señor, es la carta de Pablo a Tito, capítulo dos:

Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Que los ancianos sean sobrios, serios, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la paciencia. Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada. Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes; presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros. Exhorta a los siervos a que se sujeten a sus amos, que agraden en todo, que no sean respondones; no defraudando, sino mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador. Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecie.

— Tito 2:1–15

Hermanos, en el primer capítulo de esta carta el apóstol Pablo le dijo a Tito cuáles eran las cosas que se tenían que corregir. En el segundo capítulo le dice el mismo Pablo a Tito, después de estas correcciones, cuáles son las cosas que se deberían de comenzar a manifestar. Y creo que en nuestra iglesia tenemos un buen tiempo para comenzar a revisar estas cosas. Después de predicar el evangelio durante cinco años, es esperable que en la vida de los hombres, que en la vida de las mujeres, en la vida de los jóvenes, alguna cosa se manifieste distinta.

Y lo que se debería estar manifestando en la iglesia del Señor, si realmente se está predicando la sana doctrina y hay un liderazgo cualificado que está revisando estas cosas, lo he dividido así mismo en grupos. Primero veremos lo que se debería estar manifestando en los hombres mayores, que el apóstol les llama ancianos, después veremos lo que se debería estar manifestando en las mujeres, después en los jóvenes y después veremos lo que se debería estar manifestando en los siervos.

Recibir el sermón de manera introspectiva

Cuando tú veas esto, hermano, entonces pregúntate: ¿realmente la doctrina me está aprovechando? Cuando veas esto, entonces pregúntate: ¿realmente el testimonio de la iglesia está mejorando? Como iglesia evangélica no solamente queremos ser una iglesia que cumpla un año más, no queremos ser solamente una iglesia que bautiza un miembro más. Queremos ser una iglesia que tenga un buen testimonio, para que el adversario se avergüence y no tenga nada que decir contra nosotros. Este es el móvil, hermanos. Es un sermón que tiene que ser recibido de manera introspectiva.

Estaré exponiendo lo que se debería estar manifestando en diferentes grupos de la congregación y, cuando analicemos palabra por palabra, me gustaría que te preguntes tú mismo: ¿me parezco a ese? ¿Soy yo un poco más como ese hombre, como esa mujer? ¿Las características las tengo yo? Me gustaría, hermanos, que pongamos nuestra mente en que nuestra iglesia no solamente mejore teniendo una enseñanza bien fundamentada y un liderazgo cualificado, sino que en nuestra iglesia se evidencien aquellas cosas que se evidencian cuando se está predicando la sana doctrina.

El primer grupo: lo que se debe evidenciar en los hombres mayores. Aquí la pregunta natural es: ¿a partir de qué edad consideramos que es un hombre mayor? Miren, hay que partir del contexto judío y, en el contexto judío, un hombre dejaba de ser considerado un muchacho a los 12 años. O sea, a partir de los 12 años la persona tenía responsabilidad ante Dios, era lo que se entendía; los mozalbetes estaban de 12 para abajo. Y todavía no muy lejos, hermanos, una persona de 25 años ya era un hombre hecho y derecho. Ha pasado, quizá, una generación donde como que la muchachada llega más lejos, y ahora mismo uno encuentra personas que están en 30 años que dicen: no, yo todavía soy un muchacho, o gente que ya cumplieron los 20 que se consideran adolescentes.

Cualquier persona que ya deje de ser considerado muchacho, que ya esté pensando por sus propios medios, debería integrarse en este grupo de los hombres mayores. Y lo primero que nos dice al respecto de esto es que tienen que ser hombres sobrios. Hombres de nuestra iglesia, nos demanda el Señor a través de Pablo que un hombre que está recibiendo la doctrina cristiana tiene que ser un hombre sobrio. Yo tuve que hacer un estudio minucioso palabra por palabra, porque esto no se escribió en español, se escribió en griego, y los términos que en griego significan algo muchas veces en las traducciones pierden el sentido. Encontré que lo que significa el término sobrio es un hombre moderado, un hombre que tiene límites en todos los aspectos de la vida. Un hombre que no se desborda. Sobriedad: característica que tiene que tener un hombre cristiano, debe de ser un hombre sobrio.

Características de los hombres mayores: sobriedad, seriedad y prudencia

Con límites, con fronteras, una persona que no sale de su lugar. Lo que dice la Escritura en el libro de Santiago de los mundanos es que van de un lado al otro. Lo que dice la Escritura de los hombres cristianos es que tienen que manifestar sobriedad. Esto se debe expresar en tu trabajo, esto se debe expresar en tu descanso, se debe expresar en tu comida, en tu bebida, en tu diversión. Hermanos, a mí el Señor me ha hablado en todo esto. Describe a un hombre con control total sobre su ser interior. Hombres que están aquí presentes, esto es lo que el Señor espera de ti. El Señor espera que si estás recibiendo la sana doctrina seas un hombre sobrio.

Pero al mismo tiempo dice que tiene que ser un hombre serio. Algunas traducciones traducen eso como un hombre grave. Lo que el texto transmite es un hombre que sea digno de respeto, tanto por su comportamiento como por su porte. El hombre de Dios, el hombre maduro de Dios, el hombre que ha estado en años, de algún modo los años le tienen que pesar. He visto con alarma algunos hombres cristianos que todavía están como muchachones, todavía están al nivel de los jueguecitos, al nivel de las informalidades, como en la adolescencia. Ahora hay un fenómeno donde un hombre adulto es adolescente.

Dice la Escritura que se debe manifestar en un hombre de Dios, que compone el primer grupo que describe Pablo a Tito, que aparte de ser un hombre sobrio, moderado, con límites, debe ser un hombre serio. Y el término serio en el original transmite tanto la conducta interior como lo exterior, tanto lo que tú eres para ti mismo como lo que la gente considera de ti. Esa seriedad, hermanos, que lleve a la dignidad del respeto era lo que ustedes veían anteriormente en los hombres adultos, cuando un hombre se paraba ante una comunidad: “Está fulano que está hablando”. Hermano, ese hombre que cuando se paraba la gente oía, porque va a hablar fulano, debe ser un cristiano entre la sociedad. Un hombre cristiano debe ser un hombre digno del respeto de la sociedad.

Pero al mismo tiempo dice que debe de ser un hombre prudente. Otra traducción sería un hombre sensato. ¿Y qué es la prudencia, hermanos? Un hombre prudente podría ser descrito como un hombre que no cree todo lo que escucha; eso es prudencia, no creer todo lo que escucha. Un hombre que no se aventura a emitir juicios, que ve una situación y guarda distancia, dice: déjame verlo de nuevo, no quiero decir que uno ni que el otro, déjame guardar distancia. Es un hombre prudente, un hombre que es cuidadoso en sus decisiones, un hombre que no dice todo lo que piensa. Me llama la atención que, en cuanto a la doctrina cristiana, no solamente se nos dan instrucciones, sino que nos dan explicaciones.

En el capítulo 1 solo dice que esperábamos algo por aquí, luego dice: mira, lo que estamos esperando es que los hombres sean sobrios, que sean serios y que sean prudentes. Sería lamentable que después de recibir cinco años de doctrina cristiana todavía no tenga conectado el oído con la boca, la mente y la boca. Hay hombres que no tienen límites, que les llegó una idea y van pensando y hablando, pensando y hablando, pensando y hablando. Es un personaje que a veces como que habría que taparle la boca, porque enseña falta de doctrina, y otro que por la imprudencia, la ligereza de sus juicios, es ese hombre que, en una reunión donde se está debatiendo algo, sale con asuntos desproporcionados, que emite juicios de valor sin pensarlo dos veces. Es imprudencia.

Fe, amor, paciencia y el llamado a dejar la ligereza

Nos dice también otra característica: que debe ser sano en tres áreas distintas. Debe ser sano en la fe —esto es hacia Dios—, debe ser sano en el amor —hacia el prójimo— y al mismo tiempo tiene que manifestar paciencia. ¿Qué es la paciencia? Bueno, el libro de Romanos describe, con el mismo término, otras cualidades y dice que es una cualidad interna que resulta de las pruebas. Un hombre paciente es un hombre que ante la adversidad no se zarandea, un hombre que tiene la experiencia necesaria para decir: mira, estamos ahora mismo ante esta eventualidad, ante este conflicto, pero no estoy volviéndome loco, no estoy corriendo, no estoy desesperado. Es un hombre que se mantiene paciente, esperando. Dice que la prueba de nuestra fe produce paciencia.

El hombre ligero se exaspera ante cualquier circunstancia, el hombre que ha sido probado entonces ha generado dentro de él el ser paciente, el no querer las cosas para hoy. ¿Han visto estas características de inmadurez del hombre que quiere todas las cosas para el día siguiente? “No, yo quiero eso hoy, yo quiero eso ahora”, y andan como vendidos tras sus deseos. Dice la Escritura que un hombre cristiano debe de ser un hombre paciente. Hermanos que están aquí presentes, todo esto no es solamente para los hombres, también las hermanas deberían considerar esto. Los hombres que componen la iglesia del Señor deben ser hombres pacientes, deben ser hombres que manifiesten un amor hacia el prójimo, una fe hacia Dios; deben ser hombres prudentes, hombres serios, hombres sobrios, moderados, que les pese el ruedo del pantalón.

La ligereza debemos sacarla de nosotros, no defenderla como “esa es mi personalidad”. Miren, eso de que “esa es mi personalidad” le ha hecho un daño tremendo a la iglesia del Señor. “Ah, que yo soy así, que yo soy…”. No, tú no eres así, tú no eres así: así es que tú has aprendido a ser. La gente se aferra a su personalidad: “Que yo soy así, medio relajado, medio destemplado”. No. Un hombre cristiano no es un hombre destemplado. “Ah, es que yo hablo así, yo no le pongo límites a lo que digo”. Claro que hay que poner límites. Hombres de nuestra iglesia, el Señor nos invita a ser sobrios, a ser serios, a ser prudentes y a ser sanos en diferentes áreas.

Permítanme ahora decirles el consejo de Dios para las mujeres. Dice que las mujeres mayores, que se traduce como ancianas o mujeres maduras, lo primero que tienen que ser es que sean reverentes en su porte.

La vestimenta y el porte reverente de la mujer cristiana

Me llama la atención, hermanos, que cuando la Escritura habla de normas de vestir nunca dice que la mujer debe utilizar falda tres cuartos, blusa tres cuartos, falda bombacha o usar una cosa u otra. No. El Señor te dice cómo debe vestir una mujer cristiana: una mujer cristiana tiene que ser reverente en su porte. ¿Sabes lo que significa la traducción literal? Que vista como si va a servir en el templo del Señor. Una mujer que sea reverente en su porte, en el original, dice: una mujer que vista como si va a servir en el templo del Señor. Aquí no hay que salir a medir si la falda llega aquí, o si el pantalón marca o no marca, o si la blusa es escotada o no es escotada. Hermana, ¿estás tú vestida como que vas a servir en el templo del Señor? ¿O acaso te sentirías avergonzada?

Hay gente que dice: “No, lo que pasa es que yo me vestí así porque es que yo no voy para la iglesia”. Hermanos, dice la Escritura que una mujer cristiana tiene que vestir todo el tiempo como que va a servir en el templo del Señor. Y alguien me preguntó: “¿Y por qué no dice también que los hombres que vistan así? ¿Por qué dice que las mujeres sean así y los hombres entonces?”. Los hombres, normalmente, también: hombre, viste prudentemente. Pero sucede lo siguiente: miren, atraer por medio del físico, por medio de la vestimenta, es mayor tentación para una mujer que para un hombre. Provocar al sexo opuesto a través de una ropa es más sensible en las mujeres que en los hombres, porque los hombres somos más visuales.

Sí, la Escritura nos dice en diferentes pasajes también sobre el comportamiento de un hombre, pero dice que las mujeres cristianas tienen que vestir siempre como que están ante el Señor. Les digo, hermanos, no pierdan el tiempo diciendo que si la Escritura dice que si falda, si pantalón, que si licra o si no licra, que si escote o no escote. No. La Escritura lo que dice es que la mujer cristiana en todo tiempo viste como si fuera una servidora del templo del Señor. Cuando vas para tu trabajo, pregúntate antes de salir: si acaso fuera a servir en el templo del Señor, ¿estoy bien vestida? Cuando vayas a llevar a tus niños al colegio, pregúntate. Yo he visto gente que lleva los niños al colegio en la ropa con que durmió.

Tú encuentras la gente saliendo en automático, con la bata de dormir y todo lo demás. ¿Estás tú vestida como que vas a servir en el templo del Señor? Esa es la norma, la norma que el Señor ha establecido para la vestimenta de una mujer cristiana. Pero la reverencia en el porte, hermanos, no solamente incluye la vestimenta, también incluye las actitudes. Hay que tener cuidado en esto, porque, hermanos, las actitudes son difíciles de identificar, pero hay algo que la gente dice: “No, yo no tengo una actitud sensual, sino una actitud sexy, un poco pícara”. Hermano, ten cuidado con las actitudes, porque las actitudes entran en el universo de cosas que son difíciles de describir. Ahora, yo te pregunto: ¿qué es lo que hay en tu corazón? El Señor ve el corazón y Él ve las actitudes.

En sus conductas, primera cualidad de las mujeres cristianas que contribuyen al testimonio de la iglesia. Les digo, así como contribuye al testimonio de la Iglesia Evangélica Pez Mundial el hecho de que los hombres de esta iglesia manifestemos sobriedad, seriedad, prudencia y salud en la fe, en el amor y en la paciencia, al mismo tiempo contribuye al testimonio de la Iglesia Evangélica Pez Mundial que nuestras hermanas sean reverentes en su porte. Y tengo que hacer énfasis en esto, hermanos, porque no tenemos un anotador aquí revisando eso antes de salir. Hermanos, no esperen que alguien venga a censurarles, no esperen que alguien se detenga en su casa —aunque hay que hacerlo en determinados casos—, pero no esperen eso. Vistan siempre, no solo cuando van a la iglesia. La gente dice: “Que esta es ropa de iglesia”. Hermanos, el templo del Señor somos nosotros, la iglesia eres tú donde tú estés.

No digas que esa es la ropa de iglesia y esa es la ropa de estudio. Hermana, una mujer cristiana no tiene diferente ropa: tiene una vestimenta para cualquier lugar. Lo que es apropiado para venir a la iglesia es apropiado para ir a cualquier otra parte. No tengas un doble estándar. Vístete ante Dios y no ante tus hermanos.

Las calumnias, la “diabla” y el llamado a ser maestras del bien

Otra cualidad, hermanos, esta es fuerte. Miren, cuando yo busqué en el original lo que significaba que no sea calumniadora, yo me tuve que echar para atrás. ¿Saben lo que eso significa en el original, hermanos, no ser calumniadora? ¿Alguien sospecha? Saben cómo dice eso en el original, hermanos? En el original eso dice: que no sean diablas. El mismo adjetivo que se le atribuye a Satanás es el adjetivo que se atribuye a esa mujer. Dice que es una mujer diabla. ¿Y qué es ser una diabla, un diablo? Hermanos, ser calumniadora, ser acusadora, oponerse, atraer con perversión. Eso es lo que hace Satanás.

Bueno, en el original el término tiene toda esa connotación. Dice que una mujer que no sea diabla, que no sea una mujer calumniadora, que no sea una mujer acusadora, que no sea una mujer opositora, que no sea una mujer que atraiga a los hombres con perversidad. Hermana, no seas diabla. Parece que todo dice el mundo: “Mira, una diablona”. Sí, una diabla dice ahí. A veces la gente no me capta la idea. ¿Qué hace una mujer que atrae con perversidad? Eso es lo que hace Satanás. Miren, Satanás dice que se viste de ángel de luz para traerte con perversidad y llevarte hacia el abismo. Dice que hay un tipo de mujer que se ha preparado para atraer con perversidad.

Proverbios 7, desde el versículo 7 en adelante, dice:

Había entre los simples, consideré entre los jóvenes, a un joven falto de entendimiento, el cual pasaba por la calle junto a la esquina e iba camino a la casa de ella, en la tarde del día, cuando ya oscurecía, en la oscuridad y tinieblas de la noche. Cuando he aquí una mujer le sale al encuentro, con atavío de ramera y astucia de corazón. Alborotadora y rencillosa, sus pies no pueden estar en casa; unas veces está en la calle, otras veces en las plazas, acechando por todas las esquinas. Se asió de él, le besó, con semblante descarado le dijo: Sacrificios de paz había prometido, hoy he pagado mis votos; por tanto he salido a encontrarte, buscando diligentemente tu rostro, y te he hallado. He adornado mi cama con colchas recamadas con cordoncillo de Egipto. He perfumado mi cámara con mirra, áloes y canela. Ven, embriaguémonos de amores hasta la mañana, alegrémonos en amores; porque el marido no está en casa, se ha ido a un largo viaje; la bolsa de dinero llevó en su mano; el día señalado volverá a su casa. Lo rindió con la suavidad de sus muchas palabras, le obligó con la zalamería de sus labios. Al punto se marchó tras ella como va el buey al degolladero, y como el necio a las prisiones para ser castigado; como el ave que se apresura a la red, y no sabe que es contra su vida, hasta que la saeta traspasa su corazón. Ahora pues, hijos, oídme, y estad atentos a las razones de mi boca. No se aparte tu corazón a sus caminos; no yerres en sus veredas. Porque a muchos ha hecho caer heridos, y aun los más fuertes han sido muertos por ella. Camino al Seol es su casa, que conduce a las cámaras de la muerte.

— Proverbios 7:7–27

Esa mujer que se prepara, que se prepara, que se prepara para atraer con astucia, es una diábola. Mujeres cristianas, está llena la cultura popular de consejos de cómo ser una diabla. Están llenas las revistas Cosmopolitan y otras más de trucos donde nunca mencionan al marido, siempre mencionan a la pareja o al novio. ¿Han caído en esa cuenta? ¿Han visto alguna revista Cosmopolitan que mencione “cuando estés con tu marido”? No. ¿Qué dice la revista Cosmopolitan? “Cuando estés con tu novio, con tu pareja, con tu acompañante”. Una mujer cristiana no se atavía con lujos para atraer al hombre que no le corresponde.

No sale de la intimidad de su casa a enseñar su intimidad por las calles. Hermanos, si uno no ve el término como está en Reina-Valera, uno solamente entendería que es calumnia con las palabras. No. Es ser una diábola: una mujer que se ha preparado para, con la astucia de la maldad, hacer que los hombres caigan. Pero no solamente esto, dice que no debe ser esclava del vino. Y después, entonces, nos dice, hermanos, lo que sí debería de ser una mujer cristiana: no seas irreverente en tu porte, no seas una diabla, no seas una esclava del vino; más bien sé una maestra del bien, que enseñe a las mujeres jóvenes.

Qué linda meta para una mujer cristiana: crecer en la virtud para enseñar a las mujeres más jóvenes. Y después nos dice diferentes cosas que les tienen que enseñar.

Prioridades del amor, prudencia y cuidado del hogar

Enséñenles a las jóvenes a amar a sus maridos. ¿Cuántas mujeres adultas han dañado matrimonios jóvenes? ¿Cuántas mujeres ancianas han dañado matrimonios jóvenes porque en vez de enseñarles a las jóvenes a amar a sus maridos, enseñan a las jóvenes a cuidarse de sus maridos? Escuchaba una entrevista donde esta persona, que sale en televisión, decía —después de enésimo divorcio—: “Lo que pasa es que a mí mi mamá me enseñó que yo tenía que prepararme para no aguantarle nada a ningún hombre”. ¿Cuántas mujeres jóvenes no ha sido ese el consejo que han recibido de sus madres? “Prepárate, mi hija, para que no le aguantes nada a ningún hombre”. Dice la Escritura que las mujeres mayores deberían enseñar a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos.

Que su primera responsabilidad de amor… Hago aquí también un siguiente ñapa, hermanos, una ñapita. Antes de hablar de que les enseñen a amar a sus hijos, les enseñen a amar a sus maridos. En el rango de prioridad de una mujer cristiana, primero su marido y después sus hijos. ¿Qué se utiliza en la cultura popular? Los hijos arriba y el marido si llega. ¿Qué enseña Pablo a Tito? Primero ama a tu marido y después ama a tus hijos. En el rango de afecto de una mujer cristiana, primero su marido y después sus hijos. Bueno, también les dice que tienen que enseñar a amar a sus hijos después de haber amado a sus maridos.

Mujeres cristianas aquí, el testimonio de la iglesia del Señor en gran medida está condicionado a que tú ames como dice la Escritura: primero tu marido y después tus hijos. Bueno, también se les dice a las ancianas que sean prudentes. No tengo que aplicarlo porque ya lo expliqué, qué es una persona prudente; ya lo expliqué cuando estaba explicando porque la misma exhortación se la dieron a los ancianos. Es el sensato: no creer todo lo que escucha, no aventurarse a emitir juicios, ser cuidadosa en sus decisiones, no decir todo lo que piensa. Qué gotera en la cabeza es la mujer que dice todo lo que piensa. Yo he estado en conversaciones con otra pareja donde esta mujer dice todo lo que le va llegando a la mente así, y yo digo: oye, pero debe estar avergonzado este hombre.

Pero al mismo tiempo he visto hombres que desnudan su familia y dicen todo lo que piensan. Hombres imprudentes. Hermanos de nuestra iglesia, hermanas, la prudencia fue recomendada para ambos grupos, tanto para las ancianas como para los ancianos. Ser castas. Esto es ser puras: puras en sus pensamientos y puras en sus acciones. Eso que tú has estado escuchando, ¿estimula la pureza, estimula la castidad o estimula la impureza o la vida licenciosa? Ese consejo que te están dando, ¿a dónde te está llevando? Hermanos, urgente, urgente, urgente, urgente, hermanas de nuestra iglesia, le decía Pablo a Tito que las mujeres cretenses cristianas tenían que ser reconocidas por ser cuidadosas en su casa. El principal trabajo de una mujer cristiana es cuidar de su casa.

¿Qué dice la sociedad contemporánea? “No, de mi casa cuida una trabajadora, yo trabajo igual que mi marido”. No está mal que las mujeres cristianas sean laboriosas y trabajen, pero entiende que ante el Señor tiene su nivel de prioridad. Así como la prioridad del marido debe ser sustentar a los suyos, la prioridad de la mujer debe de ser cuidar la casa, atender a su responsabilidad. Te pregunto, te pregunto, te pregunto —acaso yo no quiero mirar a mis hermanas, pero les pregunto—: ¿acaso sabes tú lo que van a comer tus hijos y tu marido? ¿Acaso sabes tú cómo se dispone la limpieza de tu casa? ¿Acaso sabes tú a qué huele tu casa? ¿Dispones tú los muebles, cómo se organizan? ¿Dispones tú cómo se va a vestir la cama? Hermana de nuestra iglesia, una responsabilidad de una mujer cristiana es ser cuidadosa de su casa.

Y esto, hermanos, choca de frente con la cultura popular, de frente, así, de frente, de frente, de frente. Una mujer cuidadosa de su casa. “Yo… mi mamá me dijo a mí que yo tengo que estudiar porque yo no voy a ser la trabajadora de mi casa”. Es un honor, dice la Escritura, que las mujeres cristianas sean cuidadosas de su casa, que su principal trabajo… Bueno, también dice que debe ser bondadosa, esto es, buena, amable, no dura o áspera. Qué fea es una mujer cristiana que tiene como la formación de hombre. Algunas de nuestras hermanas han tenido en la vida que abrirse camino por diferentes cosas, pero eso ya les ha dañado a un punto tal que no reflejan la feminidad que debe reflejar una mujer cristiana.

Sujeción al marido y corrección de malentendidos

Esta traducción, hermanos, dice asimismo que no sea áspera. ¿Han visto una mujer que en sus formas, que en su forma de hablar, que en su forma de caminar, en su forma de vestir, en su forma de conducirse, salta a los demás, transmite así como si fuera un hombre? Y uno, aparte, dice: ¡wow! Pero una mujer cristiana tiene que reflejar esa feminidad. Y, por último, dice con las mujeres que estén sujetas a sus maridos. No dice el original que la mujer… Hay gente que dice: “No, la mujer tiene que estar sujeta al hombre”. No. La Escritura en ninguna parte dice que la mujer debe estar sujeta a los hombres, dice que la mujer está sujeta a su marido.

Hay un solo hombre al cual tú tienes que manifestar sujeción, y ese hombre es tu marido. Yo he tenido discusiones con pastores que dicen: “No, dice la Escritura que la mujer tiene que estar sujeta al hombre”. No, no, no, dice la Escritura que la mujer está sujeta a su marido. Por favor, Carolina no va a estar sujeta a ningún hombre más que se sujeta al suyo. Hermanas de nuestra iglesia, no estás llamada tú a sujetarte a los hombres, estás llamada tú a sujetarte a tu marido. Me dicen: “Ah, pero ¿y en tu iglesia donde tú pastoreas las hermanas dan escuela bíblica?”. Y digo: bueno, si tú hablaras con sus maridos, si preguntaras si están de acuerdo.

Prudencialmente, hermanos, quizá las mujeres de esta iglesia no lo han sabido, pero antes de cualquier cosa con las hermanas yo llamo al marido y le pregunto: “Mira, estamos pensando en recomendar a fulana para tal cosa, ¿estarías tú de acuerdo?”. “Oh, encantado, claro”. Bueno, pues su marido está de acuerdo. ¿Pueden entenderme en esto? O sea, no es que la mujer está sujeta a todos los hombres, la mujer está sujeta a su marido, y si su marido está de acuerdo… Ahora, también les diré, hermanas: si su marido en algún momento considera que usted está faltando a sus primeras labores, a sus prioridades, por atender otras cosas, el primero que le diré, hermana, váyase y atienda su casa antes de estar moviendo cosas en la iglesia, es el Señor y luego yo.

Mujeres sujetas a sus maridos. Después de esto se nos habla de la juventud. Hermanos, a los tres grupos Pablo les dijo la misma característica. ¿Cuál fue la característica que habló de todos los grupos? La prudencia. Dice: así como los hombres mayores deben ser prudentes, así como las mujeres mayores deben de ser prudentes y enseñar prudencia a las mujeres más jóvenes, asimismo los jóvenes sean prudentes. Y Tito —perdón, aquí también se lo dice a Tito—: sé tú ejemplo de ellos en toda buena obra, en tu comportamiento, que siga la instrucción; en la enseñanza, mostrando integridad.

Y seriedad. Miren, ahora mismo los movimientos que nos hablan de que los jóvenes tienen que… Hermanos, joven cristiano, dice la Escritura que tiene que utilizar su fortaleza. Decía Juan, escribiendo: “Os escribo a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes; os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno”. Y le decía aquí Pablo a Tito —y en otro lugar a Timoteo— que los jóvenes tienen que ser ejemplo en buenas obras, manifestar integridad y también manifestar seriedad. Esto es totalmente contrario a una ola de movimientos juveniles que se ha levantado al interno de la iglesia, donde prima la informalidad y la chabacanería.

Los jóvenes: prudentes, íntegros y serios

Y en algunas iglesias, por falta de conocimiento, lo que han hecho es que han aislado los jóvenes: un grupito aparte para que tiren brinco los sábados, y les dan una enseñanza medio ligera. Hermanos, un joven cristiano no es chabacano, no es un joven que vive de relajos. Un joven cristiano, en su comportamiento, debe ser serio y manifestar una enseñanza íntegra. Claro, hay asuntos que adornan la juventud, o sea, no le pido a un joven que vaya al ritmo de un anciano; el joven va más rápido, el joven tiene bríos, tiene fuerza, pero al mismo tiempo tiene seriedad, tiene prudencia, al mismo tiempo tiene integridad. Los jóvenes cristianos tienen que ser ejemplo, hermanos, en esta sociedad donde la juventud es una juventud chabacana, informal, una juventud medio “latinosa”, ser ejemplo de que yo soy un joven cristiano. Y dice la Escritura aquí: dale tú ejemplo, Tito, que eres un joven.

Hermanos, ¿a quién fue que mandaron a corregir esta iglesia? A un joven. ¿Quién era Tito, hermanos? Un joven. Timoteo, también un joven. ¿Saben qué edad tenía Cristo durante su ministerio público? 30 años. ¿Usted se imagina a Cristo pegando brincos y chabacanería y en asuntos? No, hermanos, no. Cristo, a los 30 años, hombre formado. Les digo de nuevo: no significa esto que esté mal que existan espacios donde la juventud comparta, pero, hermanos, buscar que los jóvenes —“es que son jóvenes, que tienen mucho brinco” y que tengan una enseñanza medio relajada—, no, no, no, no. Un joven cristiano tiene una enseñanza íntegra, se comporta con seriedad y manifiesta al mismo tiempo prudencia.

Voy resumiendo. Dice también que tengan palabra sana —esto es, doctrinalmente correcta— y que sean irreprochables. ¡Wow, hermanos! Oigan el término que le aplican a la juventud. Dice que la juventud de las iglesias cretenses debería de ser una juventud irreprochable, que no haya nada que decir contra los jóvenes. Gloria al Señor, hermanos, que la juventud de nuestra iglesia sea una juventud prudente, una juventud íntegra, una juventud seria, una juventud de la cual no haya nada que decir. Y por último nos habla de los siervos, y también por ahí. Nosotros tenemos siervos… “¿Como en la antigüedad?” “No, no tenemos siervos”. Y eso es una conquista del cristianismo, la eliminación de la esclavitud. Sin embargo, en tiempos de Pablo había todavía relaciones de subordinación que eran impuestas, y al día de hoy todavía existen relaciones de subordinación.

Hay jefes, hermanos. Todo el que tiene un asunto donde tiene un supervisor, un jefe, le aplican estos consejos. Cualquier relación de subordinación, donde tú tengas un jefe, un gerente, un responsable, aplica esto. Dice que tiene que ser sujeto a tus amos, que buscas agradarles, no solamente cumplir. Hay gente que dice: “Yo vine y cumplí mi trabajo”, con una cara de tela, algo mandado. Un cristiano, en su trabajo, dice que él busca no solamente cumplir, sino que busca agradar. Dice que no es un defraudador, y el término significa una persona que sustrae. Ay, hermanos de nuestra iglesia, en su trabajo no sustraigan.

El creyente como empleado: fidelidad y testimonio en el trabajo

¿Qué sustraen? “No, pastor, yo nunca me le he robado nada a ese empleador”. No, pero quizá tú le estás robando su tiempo, quizá te estás robando los lapiceros, las resmas de papel, las fotocopias. Son cosas, hermanos… Miren, toda lucha. Yo he tenido relaciones laborales, ahora yo puedo decirlo fácil porque yo no tengo un empleador, pero, hermanos, yo sacaba copias del trabajo de estudio bíblico: estudio bíblico en tal lugar y yo quería fotocopias en el trabajo. La fotocopiadora, las impresoras láser, cuando las impresoras láser no eran… Yo tenía una láser en el trabajo.

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