Nos encomendamos en oración. Tu palabra ahora será abierta, Señor. Durante todo este mes hemos estado hablando acerca de la vida en santidad. Permite, Señor, que lo que aquí hoy se exprese encuentre una expectativa especial, encuentre una receptividad especial. Te presento esta congregación aquí reunida, Señor. Mira esta preciosa oportunidad de reunirnos en torno a tu voluntad. Mira esta oportunidad única durante nuestra semana de permitir que sea tu palabra la que dirija nuestros pensamientos. Mira a las personas en sus diferentes momentos de cercanía contigo.
Te presento a aquellos de mis hermanos que han asumido ya la santidad, Señor, como una realidad para ellos. Te presento a aquellos que quizás por desconocimiento, quizás, Señor, por debilidad, por falta de valor, todavía tienen áreas de su vida que no han sido separadas totalmente para tu gloria. Permite que esta enseñanza, Padre, basada en tu palabra, pueda ser un pie amigo, pueda ser una palanca en su corazón, para que el peso sea cargado con más facilidad, para que se remueva la piedra, Señor, y que con libertad caminen hacia tu voluntad.
Te presento a aquellos que están aquí y que quizás durante un gran tiempo han estado considerando la hermosura de tu revelación, y comienzan a entender, Señor, que hay una armonía especial en tu revelación, que cuando tu palabra habla, tu palabra es viva, y que comienzan, por la obra milagrosa de tu Espíritu Santo, a ser despertados. Mira a aquellos, Señor, que comienzan milagrosamente a ser despertados de su sueño, de su insensibilidad, por la obra de tu Espíritu Santo. Permite que hoy escuchen tu voz y la obedezcan.
Permite que al final de este encuentro de tu iglesia con tu palabra, tu iglesia sea una iglesia distinta. Mira que aterrizamos este tema, Señor, que hemos visto desde diferentes perspectivas; ahora lo aterrizamos a nuestra vida diaria, a nuestras relaciones. Permite que hoy sea tu Santo Espíritu no solamente levantando el entendimiento, aclarando, trayéndolo a nuestra mente; que seas tú también, tu Santo Espíritu, trayendo nueva fuerza a nuestro hombre interior. Tú que has dicho, Señor, que pones tanto el querer como el hacer por tu buena voluntad, permite que esto, que lo asumimos como promesa, sea realidad para tu iglesia hoy. Condúcenos tú, Señor, dirígenos tú, en el nombre de Jesús. Amén.
Un pueblo cortado del mundo y dedicado a Dios
Hermano, cada vez que la iglesia habla de la palabra del Señor es una oportunidad extraordinaria. Quizás en su semana ustedes vieron cinco horas de televisión, escucharon cuatro horas de programas de radio, quizá vieron por lo menos los titulares de la prensa; pero esta es una oportunidad extraordinaria, porque durante cuarenta y cinco o cincuenta minutos, a veces hasta más, sus pensamientos pueden ser conducidos por la revelación de la palabra del Señor. Esto debemos verlo como un gran privilegio. Es más, hermano, a veces yo, cuando estoy predicando la palabra del Señor, encuentro que es un asunto tan útil, tan urgente, que hasta me paso de una hora. Yo he llegado a entender que la iglesia debe verlo también como un privilegio: que le den a usted diez minutos más de enseñanza de la palabra del Señor y se vaya a su casa extra satisfecho.
Acompáñenme en sus Biblias y transportémonos hasta el tiempo de los patriarcas, y veamos la santidad en nuestras relaciones ilustrada por la relación que mantuvo Abram con sus vecinos y con sus familiares. Tendremos diferentes lecturas del libro de Génesis; todas están allí. Para poder presentar estas verdades he tenido que utilizar grandes porciones del texto de las Escrituras, y por un asunto de tiempo no he podido incluirlas todas en mi sermón; pero de todos modos las puse allí en sus bosquejos, para que cuando ustedes estén en sus casas puedan leer de nuevo la historia, y las cosas que quizás yo les dé solamente a nivel de referencia ustedes puedan buscarles el sustento bíblico y abundar aún más en el entendimiento de este tema, que es la santidad en nuestras relaciones.
Para que vean, hermanos, que esto no es un asunto solamente del tiempo de los patriarcas, sino un asunto consistente en toda la revelación del Señor, también les he incluido en sus bosquejos un versículo de la primera carta de Pedro, en el capítulo dos y en el versículo nueve, que dice de la manera siguiente:
Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.
— 1 Pedro 2:9
Y dice nuestra introducción que el término santidad, qadash en hebreo, significa cortar, apartar o separar algo para dedicarlo exclusivamente a Dios. Por medio de ordenanzas, de metáforas e historias personales, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento manifiestan que el pueblo de Dios es un pueblo santo. Esto es: cortado del mundo, apartado del mundo, separado del mundo y dedicado exclusivamente a Dios.
Tres preguntas de quien se aparta del mundo
Esto, sin lugar a dudas, afectará nuestras relaciones, tal como se evidencia en la historia de Abram y su relación con sus familiares y vecinos. Su historia responde tres preguntas que son comunes a todo cristiano que busca la santidad al separarse del mundo. Hago una pausa aquí. ¿Quizá esta es la pregunta que tú te has estado haciendo mientras en nuestra iglesia hemos desarrollado esta serie de sermones acerca de la santidad? ¿Quizás es la pregunta que tú mismo te haces hoy, cuando entiendes las implicaciones que tiene la santidad en la vida práctica de un cristiano? ¿Quizás esta es la pregunta que se está haciendo una persona que ahora mismo está por considerar los caminos del Señor?
¿Cómo podré aumentar mis bienes, mi patrimonio, si me aparto del mundo? Si la santidad tiene implicaciones sobre nuestros bienes y nuestro patrimonio, quizás se preguntan también: ¿cómo nos relacionaremos yo y mi casa con nuestros vecinos? ¿Cuáles serán los amigos de mis hijos? ¿Con quién se casarán ellos? ¿Con qué gente conviviré yo? Y quizá también te has preguntado: ¿qué haré con mis familiares no creyentes? Si acaso, hermano, tú estás considerando seriamente ser cortado del mundo, ser apartado del mundo, ser separado del mundo, entonces yo supongo que te has hecho por lo menos una de esas tres preguntas. ¿Qué sucede con el cristiano cuando se aparta del mundo con relación a sus bienes? ¿Qué sucede con el cristiano cuando se aparta del mundo con relación a su convivencia? ¿Qué sucede con el cristiano cuando se aparta del mundo con relación a aquellos de sus familiares que no aman a Dios? Son tres preguntas que se responden de manera muy contundente en el caminar de Abram, el padre de la fe, hacia la promesa que le había sido dada por Dios.
Acompáñenme en sus Biblias, en el libro de Génesis, en el capítulo 12: Abram habitando en tiendas. En este primer punto estaremos viendo cómo impacta la santidad en nuestras posesiones. En el segundo punto estaremos viendo cómo impacta nuestra santidad en nuestras relaciones, y en el tercer punto veremos cómo afecta nuestra santidad a nuestros familiares, a nuestra casa, a nuestros seres queridos.
Es el llamamiento de Abram. Abram era como se llamaba naturalmente este hombre, cuyo nombre eventualmente fue cambiado por Dios de Abram a Abraham. Para fines de distinguirlo, hermano, y que no haya confusión, siempre lo llamaré Abram, pero ya ustedes saben que ese era su nombre antes de que fuera cambiado por el Señor. Dice así la palabra del Señor:
Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.
Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de setenta y cinco años cuando salió de Harán. Tomó, pues, Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, y todos sus bienes que habían ganado y las personas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron. Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Siquem, hasta el valle de More; y el cananeo estaba entonces en la tierra.
Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y edificó allí un altar a Jehová, quien le había aparecido. Luego se pasó de allí a un monte al oriente de Bet-el, y plantó su tienda, teniendo a Bet-el al occidente y Hai al oriente; y edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová. Y Abram partió de allí, caminando y yendo hacia el Neguev.
— Génesis 12:1-9
Hermano, la zona natural de Abram no era Canaán. El lugar donde él había vivido toda su vida no era la tierra que el Señor le dio como tierra prometida. Abram vivía en una ciudad ubicada dentro de la gran Mesopotamia; ese lugar es justamente donde la Escritura dice que estaba plantado el Edén, en medio de los ríos Éufrates y Tigris. Era un área muy fértil. En esa geografía está ubicada una zona que se llama la media luna fértil, y era uno de los lugares más fértiles que había en el mundo antiguo. De ese lugar de Mesopotamia fue del que el Señor sacó a Abram.
Nos da un poco más de luz sobre este mismo pasaje la manera como Esteban narra la peregrinación de Abram en su primer tiempo: él dice que Abram salió de Mesopotamia, de Mesopotamia fue hasta Harán, y de Harán comenzó a caminar errante en medio de la tierra, esperando la promesa del Señor.
Hermano, de algún modo, cuando leía lo que decía el libro de los Hechos acerca de esta misma historia, llegué a entender que el llamamiento de Abram vino del Señor antes de este momento. Dice aquí en el capítulo 12 del libro de Génesis que no fue esa la primera vez, el momento en que el Señor habló con él, sino que Jehová había dicho ya. Si buscan lo que está justo atrás, en la última parte del capítulo 11 del libro de Génesis, encontrarán las generaciones de Taré, que era el papá de Abram: de dónde venía esta gente y dónde vivió esta gente. El padre de Abram tuvo tres hijos. Uno de ellos se casó y se fue; el otro era el padre de Lot, que murió y dejó este hijo; y al parecer solamente quedaba Abram viviendo con su padre cuando el Señor le llamó.
Al parecer, la primera vez se mudó desde Mesopotamia y se fue a una ciudad que estaba un poco alejada del lugar donde él vivía, y esa ciudad se llamaba Harán. Y luego, en Harán, el Señor le recordó su llamamiento, y dejó Harán y se fue a vivir en tiendas. El llamamiento de Abram, hermano, de algún modo anuncia nuestro propio llamamiento. Cuando el Señor te llamó a seguirle, él no solamente te llamó para que dejaras donde estabas; él te llamó para que vivieras en santidad.
Y ahorita me pregunté: ¿por qué razón el Señor no pudo haber llamado a Abram y dejarlo en su mismo pueblo? Porque era un pueblo que se había corrompido. Iba a ser, por no decir imposible, muy difícil que Abram fuera el padre de la fe viviendo, conviviendo, relacionándose con todo un pueblo extraño. Y me llama la atención, hermano, lo progresivo del llamado: de Mesopotamia a Harán, y de Harán a vivir en tiendas. No me atrevería a decir esto sin advertir que quizás estoy abusando del texto, pero de algún modo, cuando estaba en Mesopotamia, estaba cerca; cuando se mudó a Harán se fue un poco lejos; pero cuando dejó Harán y comenzó a vivir en tiendas en medio del desierto, entonces estaba un poco más lejos.
Habitar en tiendas: peregrinos y extranjeros
Quiero animarles, hermanos, a que consideren cuál es su posición ahora mismo con relación al mundo. Quizá en esta iglesia tenemos hermanos que están viviendo en medio de Mesopotamia y dicen: «Eso es normal, yo estoy aquí en medio de todos ellos». Te llama el Señor a que te apartes, a que salgas de tu casa, de tu familia, de tu parentela; a que te vayas lejos. Quizás hay hermanos aquí que han abandonado un poco el mundo y dicen: «Ya yo no estoy en Mesopotamia, sino que estoy en Harán». Hermano, estar en Harán no es suficiente. Ese es el problema del cristianismo el día de hoy: que no está caminando hacia la voluntad del Señor, sino que se ha quedado en un punto medio. «No estoy muy lejos del mundo, pero tampoco estoy muy lejos de Dios».
Hermano, ¿saben cómo describe el Nuevo Testamento nuestro caminar en esta tierra? Dice que somos peregrinos y que somos extranjeros; que la voluntad del Señor para nosotros también es que metafóricamente habitemos en tiendas. Yo me pregunto: ¿esto no tendrá impacto sobre tu posición? Claro que sí. ¿Sobre tus bienes tendrá impacto? Una de las preguntas obligadas que me imagino que se hizo Abram fue: ¿y qué será de mí ahora? Yo, que estoy acostumbrado a vivir en una ciudad, que habito en esta ciudad, que aquí tengo mis relaciones comerciales, que aquí la gente me conoce, que en esta ciudad tengo mi nombre, ¿qué será de mi patrimonio ahora, viviendo errante?
¿Qué será de mis bienes cuando ahora esté moviéndome de un lugar al otro? ¿Qué pasará conmigo cuando comience a seguir la promesa del Señor en medio del desierto? Si tú estás aquí hoy presente y estás considerando el evangelio, esa es una pregunta normal. La gente se pregunta: ¿qué será de mi trabajo si yo me hago evangélico? ¿De qué me voy a ganar la vida, porque los oficios que tengo no son oficios agradables al Señor? Hermanos, el simbolismo de la carpa: la voluntad del Señor no era que Abram habitara en medio del pozo, en Mesopotamia, ni tampoco que habitara en medio de Harán; la voluntad del Señor para Abram es que Abram habitara en tiendas. Y quiero que mi iglesia completa entienda lo que significa una tienda: hermano, habitar en tiendas anuncia una transitoriedad.
Lo normal para un cristiano viviendo en medio del mundo es que cada cierto tiempo no quiera quedarse aquí. Por el hecho de que entendamos que estamos llamados a ser peregrinos y extranjeros, la tienda en esta tierra nos anuncia una transitoriedad. Estamos de pasada. Esto es raro, hermano, porque ahora mismo la corriente lo que nos anuncia es que los cristianos tenemos que establecernos en Mesopotamia, que tenemos que establecernos en el mundo, que dejes aquí la carpa, hermano, y construyas una casa grande. Pero dice la Escritura que somos peregrinos y extranjeros, y si acaso tenemos algo, que lo tengamos caminando. ¿Qué anuncia la carpa? La carpa anuncia una temporalidad, algo que es eventual, y que pronto estaremos mejor.
Mientras Abram iba caminando en medio del desierto, hermano, armando su carpa, su carpa estaba anunciando: yo estoy esperando algo más grande. Y yo no dudo, hermano, que mucha gente, como hay evidencia en la Escritura, quisiera convencerlo de quedarse en medio de ellos, y él les decía: no, esto es temporal, yo estoy esperando algo más grande. La carpa, hermano, anuncia también la fragilidad de nuestro transitar sobre esta tierra. ¿Has pensado lo que es vivir en una carpa, no tener paredes sólidas? Hermano, los cristianos vivimos en medio de este mundo llenos de fragilidad, pero cuidados por el Señor. ¿Y qué más anuncia la carpa? Movilidad. «Ahora yo te saqué de ese lugar porque era un lugar que se había hecho abominable ante mí, y te invito ahora a que vivas en una carpa, porque el mundo se seguirá destruyendo y cada vez te tendrás que mover».
¿Qué nos anuncia esto? Nos anuncia, hermanos, que los cristianos tenemos que tener una actitud en este mundo de que a cualquier cosa recogemos el bulto y montamos nuestra tienda en otra parte. Es evidente, hermano, que en tiempo de Abram había un gran deterioro moral sobre toda la tierra. Había alcanzado a Mesopotamia, pero también estaba alcanzando por allá a Sodoma y Gomorra, y en medio de todo eso el Señor le dijo a Abram: habita en tiendas, porque cuando te vayas allí, allí también va a alcanzar la maldad y vas a tener que moverte. No te comprometas con ningún lugar, no te quedes fijo: muévete. ¿Qué nos anuncia esto a los cristianos con relación a la santidad? Que no se trata de llegar a un lugar y quedarte allí, sino de mantener el ojo puesto en el lugar donde estamos.
Que como cristianos podemos vivir hasta en Egipto —y Abram estuvo en Egipto—, pero que Egipto no es nuestro lugar. Que podemos, hermano, puntualmente estar en diferentes lugares, pero que ninguno de esos lugares es nuestro lugar. Que somos peregrinos y extranjeros sobre esta tierra. ¿Y tiene impacto esto sobre tus posesiones? Claro que sí. Algo que me llama la atención sobre esto con relación a las posesiones de Abram es que Abram era rico antes de comenzar a habitar en carpas. Y muy rico. Y esto a mí, la verdad, me emociona, porque hay muchas personas a las que el Señor les ha permitido establecerse, desarrollar patrimonio, pero dicen: «¿Y yo voy a poder ahora hacerlo haciendo la voluntad del Señor en medio del mundo y moviéndome de un lugar a otro?». Hermano, sí se puede.
Abram fue bendecido por el Señor en Mesopotamia, en Harán, y habitando también en tiendas. Un consejo para mis hermanos con relación a sus bienes: en el mundo en que estamos habitando, cuando tú te estableces en un lugar, tú comienzas a competir con ese lugar. Una manera de preguntarte si estás establecido en el mundo o si estás viviendo el mundo de manera transitoria, como vivió Abram —y esto es lo que significa decir «estás separado para el Señor»—, es preguntarte: ¿estoy yo compitiendo según los cánones del mundo? Hermanos que están aquí presentes, digan ustedes si no sienten esa competencia. Cuando van con la vecina a beberse el café, la gente le anuncia a uno y le invita a competir: «Ya yo tengo esto, ya yo logré aquello». Hombres de esta iglesia, díganme si acaso no sentimos el aluvión del mundo, y uno ve los hombres que van por ahí haciendo y deshaciendo, y uno no quisiera imitar su camino. Familias que están aquí presentes, díganme si acaso los bienes materiales no están conspirando contra que su familia haga la voluntad del Señor.
La santidad y nuestras posesiones
Yo tuve un pensamiento esta semana, hermano, que me estremeció. Antes de que presentáramos a Jefferson Samuel aquí el domingo, yo pasé la semana pensando: muchas de nuestras familias, familias de nuestra iglesia y familias cercanas a nuestra iglesia, están teniendo hijos, y otros estamos deseando también que pronto el Señor nos permita ser padres. La realidad que yo conozco de mi iglesia, hermano, es que esta iglesia, cuando comenzamos hace cinco años, tenía mucha juventud comprometida, y eran personas que estaban solteras y que tenían vidas ajetreadas porque se hicieron disponibles para el Señor. Hermano, yo veo que el Señor está mandando ahora hijos a las familias de nuestra iglesia, y yo no veo en nuestras familias la disponibilidad para los hijos. Yo no veo el espacio donde vamos a poner los hijos en la familia, porque seguimos con nuestros ajetreos de siempre.
Escuchaba a una comunicadora en la televisión a la que le preguntaron: «¿Tú no piensas tener hijos?». ¿Y saben lo que había respondido? «Cada hijo significa siete años de atraso». Le preguntaron a una comunicadora joven en televisión: «¿Y tú no piensas tener hijos?». Ella dijo: «Bueno, cada hijo significa siete años de atraso; dos hijos son catorce años de atraso». Hermano, Mesopotamia se piensa así. Este mundo es un mundo materialista para el cual los hijos son un problema. Padres cristianos que están trayendo hijos al mundo: cada vez que traigas un hijo al mundo, tu nivel de vida se va a reducir. ¿Y saben dónde está el problema en nuestra sociedad? En que los padres están compitiendo a ver cuál tiene el mayor patrimonio, y la responsabilidad que el Señor les dio hacia los hijos la están desatendiendo. ¿Es fácil ser familia en este tiempo? No, no es fácil ser familia en este tiempo. Hay que meter tu familia en una carpa y vivir sobre la tierra de manera transitoria, esperando una promesa más grande.
Tuve otro pensamiento esta semana, hermano, y este lo comparto solo como un testimonio personal. Miren ahora mismo cómo están las cosas en esta sociedad dominicana, donde el Señor nos ha permitido estar. Será muy difícil hacer negocios y desarrollar grandes bienes y mantener al mismo tiempo nuestras convicciones cristianas. El materialismo del mundo se opone a las dos instituciones de Dios: a la iglesia del Señor y a la familia del Señor. Yo me puse a pensar: «Hermano Rafael Pérez, ¿llegará algún momento en que tú puedas desarrollar algún patrimonio familiar?». Los números no me dieron. Tuve que entender esto humanamente hablando: no calcula, porque cuando me traen aquella cosa, yo a veces digo que eso va en contra de mis valores, eso yo no lo hago. Les pongo un ejemplo, hermano, les pongo un ejemplo.
Nosotros vivimos en una sociedad donde ya no se respeta el día del Señor. Hace treinta años la familia dominicana, devota o no devota, iba a la iglesia el domingo. Ahora mismo, para un cristiano, siendo empleado de un lugar, eso es un inconveniente. Nosotros vivimos en una ciudad donde ya no se honra el día del Señor, porque nosotros queremos borrar el día del Señor. Y es cosa difícil siendo empleado, hermano, pero más difícil es ser empleador. Los negocios están diseñados ya de otra forma: los bancos abren el domingo, usted va a cualquier plaza comercial y están todos los bancos abiertos; ya el domingo es un día más. ¿Y cómo podemos los cristianos parar aquí? La única manera en que podemos convivir en este tiempo es metiéndonos en una carpa, hermano, y comenzar a vivir como vivía Abram, dependiendo del Señor.
Y paso con esto, hermano, al segundo punto, capítulo 13:
Subió, pues, Abram de Egipto hacia el Neguev, él y su mujer, con todo lo que tenía, y con él Lot. Y Abram era riquísimo en ganado, en plata y en oro.
— Génesis 13:1-2
Hermano que estás aquí presente: Abram fue bendecido por el Señor habitando en carpas. Abram fue bendecido por el Señor aunque no convivía con la gente que estaba alrededor. Abram fue bendecido por el Señor a pesar de la fragilidad de su situación. Lo primero, hermano, le hablé acerca de la santidad y las posesiones. Miren: desarrollar y tener posesiones en santidad en este tiempo es muy difícil, pero con la ayuda del Señor es posible. Permítanme una acotación intermedia; miren, antes de pasar al segundo punto, tengo que decirles que en este mundo en que nosotros estamos viviendo, para vivir en santidad y al mismo tiempo tener posesiones, tenemos que abandonar el pensamiento del mundo. Y para ilustrarlo, hermano, sigo en el 13:
Y volvió por sus jornadas desde el Neguev hacia Bet-el, hasta el lugar donde había estado antes su tienda entre Bet-el y Hai, al lugar del altar que había hecho allí antes; e invocó allí Abram el nombre de Jehová. También Lot, que andaba con Abram, tenía ovejas, vacas y tiendas. Y la tierra no era suficiente para que habitasen juntos, pues sus posesiones eran muchas.
— Génesis 13:3-6
Abram y Lot: apartarse a tiempo
Hermano, tocó todo lo que estoy afirmando aquí. A pesar de que los cristianos podemos vivir con dificultades en este mundo, la verdad es que si el Señor lo quiere, el Señor puede darte una casa; si el Señor lo quiere, puede dejarte tener unos bienes. Lo que quiero establecer, hermanos, es que la prosperidad de nosotros habitando en tiendas no depende de las variables que hay en el ambiente: depende de la provisión del Señor hacia nosotros. Que ciertamente es difícil vivir en santidad y al mismo tiempo desarrollar unos bienes y un patrimonio, pero con la ayuda del Señor es posible. Aquí viene el conflicto:
Y la tierra no era suficiente para que habitasen juntos, pues sus posesiones eran muchas, y no podían morar en un mismo lugar. Y hubo contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot; y el cananeo y el ferezeo habitaban entonces en la tierra.
Entonces Abram dijo a Lot: No haya ahora altercado entre nosotros dos, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos. ¿No está toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de mí. Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda.
Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, como el huerto de Jehová, como la tierra de Egipto en la dirección de Zoar, antes que destruyese Jehová a Sodoma y a Gomorra. Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán.
— Génesis 13:6-11
Hermano, ¿qué nos dice aquí acerca de la santidad en nuestras relaciones? Quiero comenzar analizando la actitud de Abram. Lo primero, hermano, es que Abram se dio cuenta de que esa relación con Lot no iba a prosperar. ¿Qué fue lo que el Señor le dijo a Abram? Que saliera de su tierra y también de su parentela y de la casa de su padre. Yo asumo, hermano —como no lo dice la Escritura, pero yo lo asumo—, que siendo Lot sobrino de Abram, y siendo que el papá de Lot murió, quizás Abram se sentía comprometido a mantener a Lot en su casa. Pero fíjense que los valores de Lot y los valores de Abram como que comenzaron a chocar, y hubo un altercado entre el grupo de uno y el grupo del otro.
¿Y saben qué hizo Abram? Cortó por lo sano. Evitó aumentar el conflicto. Quiero animar a mis hermanos que están aquí y que ahora mismo están participando en relaciones comerciales con inconversos: miren, cuando el Señor le abra una puerta, hermano, salga. No lo deje para muy después. A veces uno se siente así, siente que está atado a una relación en la que usted se entró y no encuentra cómo salir, y dice: «Mira, este hombre está conmigo hace años y está aquí». Hermano, mire, si el Señor le dio una ventana de oportunidad, glorifique al Señor con su santidad y salga de eso. No se ate en sociedades con inconversos.
Yo no quisiera, hermano, hacer de este sermón un testimonio personal largo, pero les diré que gran parte de mi dilema en los últimos años ha sido el Señor cuidándome de sociedades comerciales con impíos. Y yo he visto milagrosamente cómo el Señor me ha cuidado. Lo testifico así de rápido, no quiero hacer un testimonio largo. Hace cuatro años me llamó una persona que no tenía mis valores. Doy esto como un testimonio, es para ilustrar el tema con la mayor humildad, no es para exaltarme. Me llamó un impío, una gente que no tenía mis valores, pero que yo consideraba que era buena. ¿A ustedes les ha pasado eso? ¿Les ha pasado que ustedes ven a un hombre y dicen: «También es un hombre bueno»?
Hermano, me llamó un impío con un millón de pesos en la mano y me dijo: «Mira, yo quiero invertir en tu negocio». Y yo miré así y dije: «Pero es verdad, este hombre es un hombre bueno y tal cosa». Y yo le oré al Señor, hermano, y tenía ese dilema en el corazón. Hermano, tener una sociedad comercial no es un juego: el que te pone un millón de pesos en la mano te está poniendo no solamente el dinero, también la responsabilidad. Y yo le clamé al Señor con temor y temblor. Eso fue en un diciembre, y en enero la persona me llamó: «Mira, Rafael, yo te veo como que tú no estás a gusto».
Me llamó la persona y me dijo: «Yo te veo como que tú no estás a gusto. ¿Qué es lo que pasa? ¿Es que el dinero no es suficiente? Pero tú te das cuenta de que lo que quiero es ayudarte, que mi interés no es quitarte tu negocio». Hermano, yo no sabía decirle que lo que pasaba es que yo me estaba amarrando con un inconverso, que yo no lo quería tener, que me preocupaba la relación. Y el Señor se movió ahí, hermano, a un punto tal que me dijo: «Un momento, mira, yo veo que tú no estás a gusto. Lo que vas a hacer es darme ese dinero en trabajo, y toma». Y me devolvió los papeles de mi empresa: «Mira, toma tu empresa y llévatela». Y llamó a su abogado y le dijo: «Mira, tumba eso, que el negocio con esta persona no va».
En ese momento me sentí defraudado, hermano. ¿Y saben cómo me siento hoy? Miren cómo me siento hoy:
Entonces Abram dijo a Lot: No haya ahora altercado entre nosotros dos, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos. ¿No está toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de mí. Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda. Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, como el huerto de Jehová, como la tierra de Egipto en la dirección de Zoar, antes que destruyese Jehová a Sodoma y a Gomorra.
— Génesis 13:8-10
Evitó que se aumentara el conflicto. Fue enérgico en su solicitud, pero respetuoso: le dijo «te ruego». No consideró la riqueza de Lot como suya. Se aferró a su convicción, hermano, no a lo mejor de la tierra. Yo te pregunto a ti ahora: ¿quién era el que tenía el derecho sobre esa tierra? ¿Era Abram o era Lot? Era Abram. «Tú andas conmigo, Lot, tú estás conmigo, tú eres bendecido porque andas conmigo, tú eres mi sobrino, fui yo el que te sacó de allá». Lot, hermano, se sirvió con la cuchara grande, ¿y saben qué dijo Abram? «Que te aproveche». Hermano, para cuidar nuestras relaciones y vivir en santidad, a veces tenemos que aparentemente perder y dejar que el otro se lo lleve con la cuchara grande: «Mira, llévate eso».
Quiero animar a mis hermanos que están aquí presentes. Miren, yo he visto casos donde hay familias que están peleando por tierras; ¿han visto esos casos? Son casos muy tristes. Hermanos, si el pleito por la tierra está afectando tu santidad con el Señor, llévate la tierra, que el Señor me puede dar otra a mí. Hay gente aquí, hermano, que está aferrada a litigios, a un pleito, a un derecho, a una posesión. Te animo, hermano, a que si eso está afectando tu santidad, sueltes eso, dejes que el impío se sirva con la cuchara grande y dependas tú del Señor. Hermano, ambos tomaron caminos muy distintos.
Dos caminos, dos destinos
Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré.
— Génesis 13:14-15, 17
Hermano que estás aquí presente: humanamente hablando tú estás perdiendo, pero ante el Señor estás ganando. Ahora, para apartarse del mundo uno tiene que hacer sacrificios materiales; lo que te tengo que decir es que tu prosperidad no depende de eso. Tu prosperidad depende de que el Señor te puede bendecir. Ambos tomaron un camino distinto. Miren el camino que tomó Abram:
Abram, pues, removiendo su tienda, vino y moró en el encinar de Mamre, que está en Hebrón, y edificó allí altar a Jehová.
— Génesis 13:18
¿Qué fue lo que removió? Su tienda. Abram tampoco contaba con ese pedazo de tierra. Leo el 12:
Abram acampó en la tierra de Canaán, en tanto que Lot habitó en las ciudades de la llanura, y fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma.
— Génesis 13:12
Hermano, miren qué camino más distinto. El camino que tomó Abram es el camino de la santidad, el camino de separarse para el Señor, el camino de habitar en tiendas. El camino que tomó Lot fue el camino de caminar hacia Sodoma. Damos un gran salto ahora, hermano, y pasemos a considerar los dos destinos distintos. Vean el 19:
Llegaron, pues, los dos ángeles a Sodoma a la caída de la tarde; y Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. Y viéndolos Lot, se levantó a recibirlos, y se inclinó hacia el suelo.
— Génesis 19:1
Hermano, había una costumbre antigua de que los hombres más dignos de una ciudad estaban en la entrada. Eso era como el parque, lo que ahora mismo es el parque: los hombres más dignos de un lugar se ponían a la entrada, en la entrada se hacían negocios, en la entrada se veía al que venía caminando. Al parecer en Sodoma, hermano, Lot llegó a ser uno de los principales.
Y dijo: Ahora, mis señores, os ruego que vengáis a casa de vuestro siervo y os hospedéis, y lavaréis vuestros pies; y por la mañana os levantaréis, y seguiréis vuestro camino.
— Génesis 19:2
¿Ven adónde vienen? «Yo vivo aquí, yo soy de aquí, yo no soy como Abram, que tiene una tienda y anda por ahí dando vueltas; no, hermano, mi casa está en Sodoma». ¿No te has sentido tú así alguna vez, cuando visitas a un impío que no sabe dónde está parado, y él quiere enseñarte su casa en Sodoma? Él quiere enseñarte sus bienes y quiere ostentar de tal cosa: «Vengan a mi casa, que yo tengo una casa en Sodoma».
Y ellos respondieron: No, que en la calle nos quedaremos esta noche. Mas él porfió con ellos mucho, y fueron con él, y entraron en su casa; y les hizo banquete, y coció panes sin levadura, y comieron.
— Génesis 19:2-3
Hermano, miren la actitud de los ángeles. Este hombre no se da cuenta de lo que está pasando.
Pero antes que se acostasen, rodearon la casa los hombres de la ciudad, los varones de Sodoma, todo el pueblo junto, desde el más joven hasta el más viejo. Y llamaron a Lot, y le dijeron: ¿Dónde están los varones que vinieron a ti esta noche? Sácalos, para que los conozcamos.
— Génesis 19:4-5
Hermano, en el vocabulario de la Escritura «conozcamos» es «para que tengamos relaciones sexuales con ellos». A mí lo que me llama la atención es cómo Lot encontró que esa ciudad era una ciudad acogedora para él. ¿Cómo este hombre llegó a entender que tener una casa en una ciudad donde desde los más jóvenes hasta los más viejos están pidiendo «sácalos porque queremos violarlos» era estar cómodo? ¿Cómo Lot se sintió cómodo en Sodoma? ¿Acaso a Lot no le picó? ¿Acaso no percibió el riesgo? ¿Acaso no se estaba dando cuenta del error que estaba cometiendo?
Entonces Lot salió a ellos a la puerta, y cerró la puerta tras sí, y dijo: Os ruego, hermanos míos, que no hagáis tal maldad. He aquí ahora yo tengo dos hijas que no han conocido varón; os las sacaré fuera, y haced de ellas como bien os pareciere; solamente que a estos varones no hagáis nada, pues que vinieron a la sombra de mi tejado.
— Génesis 19:6-8
Hermano, ¿en qué ciudad está viviendo Lot? Pueden ver los dos caminos. El camino de Abram es habitar en tiendas, moviéndose cada cierto tiempo: «Veo que por aquí esta gente se está corrompiendo, me muevo un poco más; se me acercan por aquí, me alejo también». Y mientras tanto Lot fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma, y allí construyó su casa.
Y él no notaba nada de esto. Estaba en Sodoma entre los principales, a la puerta de la ciudad, y él no notaba nada de esto. Y ahora vienen y le dicen: «Saca esos hombres que los vamos a violar». Y su respuesta fue disponer de sus hijas. Hay que decir, no sé si a favor de Lot, que en los pueblos antiguos, en los pueblos semitas, había una tradición de que había que cuidar, sobre la propia vida, la vida de un huésped; y quizás, cuidando la vida de sus huéspedes, está ofreciendo a sus hijas. Pero no se da cuenta. Lot, si te quieren violar tus hijas y tú no te das cuenta… Hermano, yo saco una lección que yo quiero vivir a partir de esto con mi familia desde hoy: hay que resolver vivir en santidad temprano, hermano, antes de que las cosas se pongan muy difíciles.
Hay que decidir mover la tienda temprano, antes de que las cosas se corrompan demasiado. El pecado te alcanza y llega un momento en que tú no te das cuenta de lo que estás viviendo. Tu casa está en la ciudad donde los hombres violan; tu casa está en la ciudad donde van a violar a tus hijas. Leo algo más:
Y ellos respondieron: Quita allá; y añadieron: Vino este extraño para habitar entre nosotros, ¿y habrá de erigirse en juez? Ahora te haremos más mal que a ellos.
— Génesis 19:9
Tú piensas que tu vecino diga que tú también eres de allí, pero no: para ellos tú eres un extraño que está viviendo en medio de ellos, y cuando les convenga lo que te van a decir es: «Quítate del medio, que tú no eres nadie para estar disponiendo cosas». ¿No te has sentido tú así, hermano? Eso pasa cuando uno está conviviendo con el impío, y ha convivido con el impío durante cinco años, y cuando uno viene a levantar un dedo a favor del Señor, dice el impío: «¿Quién eres tú para venir? ¿Fulano, pero eres tú? ¿Y quién eres tú?».
A veces en el trabajo, hermano, uno no participa. Cuando usted tenga un trabajo nuevo, yo doy el consejo así: si tú llegas nuevo a un trabajo, inmediatamente anuncia tu convicción. «Mira, yo soy un cristiano, yo soy un evangélico, estoy al servicio de todos ustedes, en lo que pueda amar al prójimo lo haré, pero no participo en eso». Levanta tu voz a tiempo, porque si tú dejas mucho tiempo para levantar tu voz, te van a decir: «¿Quién eres tú para ponerte por juez?». Para vivir en santidad hay que resolverlo temprano. «Y ellos respondieron: Quita allá; ahora te haremos más mal que a ellos». Primero íbamos a violar a los ángeles que están en tu casa; ahora también te vamos a violar a ti.
Verdad que parece inverosímil, hermano; esto parece como un asunto que nunca pasará en Santo Domingo. Y pasará que mis amigos se corrompan a un punto tal que quieran violar a mis hijas, y sucederá que llegará un momento en que aquellos con quienes convivo… Hermano, sucede. Sucede. Quizás aquí no es exagerado. A veces tú estás conviviendo con el impío y llega un momento en que el impío te agarra y te dice: «Ahora ven, hace rato que te tenía ganas». Ten cuidado, hermano, con quién convives. Ten cuidado con quién convives, porque para vivir en santidad en nuestras relaciones, hermano, hay que apartarse.
Y hacían gran violencia al varón, a Lot, y se acercaron para romper la puerta. Entonces los varones alargaron la mano, y metieron a Lot en casa con ellos, y cerraron la puerta.
— Génesis 19:9-10
Hermano, si los ángeles no meten a Lot en su casa, lo violan. ¿A qué nivel de perversidad tenemos que llegar? ¿A qué nivel de perversidad, hermano, tenemos que llegar en nuestra ciudad para que tú entiendas que eres un peregrino y extranjero en esta tierra? ¿Hasta dónde tiene que ser aumentada la maldad para que entendamos que somos santos en medio de un mundo caído? Que los valores de esta gente no son nuestros valores; que la única manera en que podemos vivir en santidad, hermano, es como Abram, habitando de lugar en lugar.
Y dijeron los varones a Lot: ¿Tienes aquí alguno más? Yernos, y tus hijos y tus hijas, y todo lo que tienes en la ciudad, sácalo de este lugar; porque vamos a destruir este lugar, por cuanto el clamor contra ellos ha subido de punto delante de Jehová; por tanto, Jehová nos ha enviado para destruirlo.
— Génesis 19:12-13
Hermano, hay gente que se llama cristiana y no se da cuenta de que esta tierra está a punto de ser destruida. Hay gente, hermano, que se llama cristiana y está habitando en medio del pecado y no se da cuenta del hedor que está subiendo delante del Señor. Nuestra conciencia se endurece, hermano, en el contacto con el pecado; uno llega a ver las cosas como normales. El convivir con el pecado, hermano, hace que cosas que antes escandalizaban ya uno siga de largo y diga: «Sí, de eso ha habido mucho, de eso ha habido mucho».
Entonces salió Lot y habló a sus yernos, los que habían de tomar a sus hijas, y les dijo: Levantaos, salid de este lugar; porque Jehová va a destruir esta ciudad. Mas pareció a sus yernos como que se burlaba.
— Génesis 19:14
No dejarlo para muy tarde
Hermano mío, yo te pregunto —y no quiero adelantarme al tercer punto, pero te pregunto—: ¿con quiénes estás relacionando a tus hijos? ¿Con quiénes están conviviendo tus hijas? ¿Con quiénes están pasando tiempo? Los yernos de Lot, cuando él les fue a decir «miren, esta ciudad es tan detestable ante el Señor que la van a destruir», ni se dieron cuenta. Vinieron los ángeles por la misericordia de Abram, que intercedió a favor de su familia. «Intercedió a favor mío y los ángeles me dijeron que lo van a quemar», y los yernos de Lot se burlaron de él.
Y al rayar el alba, los ángeles daban prisa a Lot, diciendo: Levántate, toma tu mujer, y tus dos hijas que se hallan aquí, para que no perezcas en el castigo de la ciudad.
— Génesis 19:15
Y Lot todavía… Hermano, la experiencia anterior hace que cualquier hombre cuerdo haga su bulto. No me digan ustedes: la experiencia anterior de «van a violar a tus hijas, van a violar a tus visitantes y te van a violar a ti» hace que cualquier hombre prudente haga su bulto y diga: «Yo no puedo vivir con esta gente». No, hermano, Lot siguió normal. Al otro día tuvieron los ángeles que decirle a Lot: «Esto pasa rápido, levántate». Al rayar el alba los ángeles daban prisa a Lot, diciéndole: no te quedes durmiendo durante mucho rato, párate de ahí.
Gente que está aquí congregada hoy que todavía no tiene la bendición del Señor y no se sabe parte del pueblo del Señor: miren, no dejen esto para muy tarde. Si el Señor te mandó un ángel, si el Señor te mandó un sermón, si el Señor te mandó una inquietud en tu mente acerca de lo depravada que está esta ciudad, hermano, lo depravado que está el mundo y el destino que le espera al mundo, no te quedes dormido ahí, como que se quedó Lot esperando mucho rato, que quizá el ángel que te avise no te despierte.
Le dijo el ángel a Lot: «Levántate, toma tu mujer y tus dos hijas, para que no perezcas en el castigo de la ciudad». Según la Escritura, hermano, hay dos destinos: está el destino del mundo y está el destino de los santos, y los del mundo serán destruidos. Asimismo leíamos esta semana en nuestros pasajes que esta tierra será destruida por fuego, y que vendrán cielo nuevo y tierra nueva. Y no solamente será destruida la tierra, hermano: será destruido el mundo con la gente que hasta ahora mismo está estorbando al Señor. Personas que están aquí reunidas, miren el destino que le espera a este mundo: la destrucción. Si el Señor misericordiosamente llama a tu puerta y te dice «sal de aquí», no lo dejes para muy tarde.
Hermano, Lot era tan necio que no solamente se estableció en Sodoma, sino que no entendió lo que estaba pasando en Sodoma y Gomorra, y cuando los ángeles le dijeron lo que estaba sucediendo, él dijo: «Yo lo voy a pensar, déjenme ver». Es como en el caso de personas a las que uno les dice: «Mira, te estás perdiendo, estás muerto en delitos y pecados, estás fuera de la misericordia del Señor, estás fuera del reino del Señor. El Señor tiene un plan de salvación para ti; abandona el mundo y ven a Cristo». Y la gente te dice: «Es verdad, el mundo está mal. Ayer iban a violar a mis visitantes y también a mis hijas iban a violar. Pero tengo mucho sueño». Lot, ¡levántate!
Gente que está aquí presente, mi amigo, hoy es como que remedio a la congregación: ¡levántate, levántate, que Sodoma va a ser destruida! Oigan, hermano: Lot quizá eres tú. ¿Y qué fue lo que hizo Lot, que ya sabía lo que iba a pasar? Aquí hay gente congregada que sabe cuál es el destino que le espera a este mundo caído. Aquí hay gente a la que el Señor ha estado enviando mensajeros a darle la noticia. ¿Pero saben lo que hizo Lot, hermanos? Se detuvo. «Déjeme pensarlo, déjeme…».
Y deteniéndose él, los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer y de las manos de sus dos hijas, según la misericordia de Jehová para con él; y lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad.
— Génesis 19:16
Es el versículo 16, y dice claramente: «según la misericordia de Jehová». Hermano, Lot estaba tan atado a Sodoma y Gomorra que si no fuera porque los ángeles lo agarran por las manos a él, a sus hijas y a su mujer, como un decreto directo del Señor, no sale. Quizás hay gente, hermanos, que está atada a las cosas del mundo, a los placeres de la carne, a la vanidad de la vida, y que como Lot, aunque el Señor le enseña claramente el destino, se quedan ahí parados y no salen.
Y cuando los hubieron llevado fuera, dijeron: Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas.
— Génesis 19:17
¿Y quieren ver, hermanos, lo necio que fue Lot? En vez de salir huyendo y recordar que Abram prudentemente habitó en tiendas; en vez de huir lo más lejos de Sodoma y de Gomorra que pudiera encontrar, del norte al sur y del este al oeste, entonces les dijo: «No, no, no, ese no». Hermano, ¡iría a pique! ¿Cómo que no? ¿Qué sabes tú? El pecador haciendo sugerencias, hermano; salvado la vida milagrosamente por la misericordia del Señor hacia su tío Abram, que intercedió por él. ¡En medio del huidero, Lot haciendo sugerencias! «No, no, no, espérense, ángeles, ángeles, ángeles, no, no, no».
Y Lot les dijo: No, yo os ruego, señores míos. He aquí ahora ha hallado vuestro siervo gracia en vuestros ojos, y habéis engrandecido vuestra misericordia que habéis hecho conmigo dándome la vida; mas yo no podré escapar al monte, no sea que me alcance el mal, y muera. He aquí ahora esta ciudad está cerca para huir allá, la cual es pequeña; dejadme escapar ahora allá.
— Génesis 19:18-20
Tú no has hallado nada, hermano: fue Abram el que intercedió por ti. Y tu problema no es de cercanía; tú lo que necesitas es estar lejos. Parece que Lot entendió: «Mira, el Señor va a consumir a Sodoma y Gomorra, pero si me mantengo en una ciudad que esté vecina, cuando la consuma yo puedo volver allá y sacar algo». Permítanme, oigan esto, hermano: «He aquí ahora esta ciudad está cerca para huir allá». No te estamos diciendo que te vayas a lo cerca; te estamos diciendo que salgas. Y está pidiendo que lo dejen ir a una ciudad que está cerca «la cual es pequeña; dejadme escapar ahora allá». Como no es allá pequeña, hermano, Lot sigue atado al materialismo del mundo. Un hombre con dos signos de peso en los ojos.
Lot, en medio de la urgencia de su vida, está pensando todavía en sus posesiones materiales y está pensando: «Mira, ya que van a quemar mi casa, hay una ciudad que está ahí mismo cerca; esa ciudad no es nada, eso es pequeñito, déjame ir allí». ¿Tiene influencia, hermano, la vida en santidad sobre tus posesiones? Sí, hermano, tienes que liberar todo ese asunto para hacer la voluntad del Señor. ¿Tiene influencia la vida en santidad sobre nuestras relaciones? Sí, hermano, tenemos que anhelar convivir con gente santa, no vivir en medio de los perversos.
¿Y saben cómo terminó la vida de Lot y de su familia? Aquí les resumo: Sodoma y Gomorra no solamente afectó a Lot, sino que también afectó a su mujer y a sus dos hijas. Hermano que estás aquí, el lugar donde estás conviviendo ahora mismo te está afectando a ti y está afectando también a tu casa. La mujer de Lot estaba tan atada como Lot, hermano, y cuando iba caminando dice que miró hacia atrás, así como deseando, y se convirtió en una estatua de sal. ¿Y las dos hijas de Lot, saben cuál fue su destino? Emborracharon a su papá para que su papá las embarazara. Los valores del mundo operando en la familia de Lot.
La santidad en nuestra familia
Termino, hermano, con mi tercer punto: la santidad en nuestra familia. Comparemos el destino de la casa de Lot y de la familia de Lot con el destino de la casa de Abraham y la familia de Abraham en ese capítulo 24. Oigan, hermanos, no me voy a resistir, voy a leer también el 23. Miren cómo se relacionó Lot y miren cómo se relacionaba Abraham:
Fue la vida de Sara ciento veintisiete años; tantos fueron los años de la vida de Sara. Y murió Sara. Y se levantó Abraham de delante de su muerta, y habló a los hijos de Het, diciendo: Extranjero y forastero soy entre vosotros.
— Génesis 23:1-4
Los hijos de Het, hermano, eran la gente que era dueña de la tierra. Al final de su vida, hermano, ya Abraham viejo, ya su mujer muerta, al final de su vida habló a los hijos de Het diciendo: «Extranjero y forastero soy». ¿Qué era Abraham después de tantos años? Extranjero y forastero. Hermano, al final de su vida, ¿saben cuántos metros de tierra tenía Abraham legalmente en Canaán? Ninguno. Y Lot sí tenía su casita en Sodoma y Gomorra. Abraham no tenía ni siquiera dónde sepultar a su muerta, porque no tenía ni parte ni suerte con los cananeos. Él sabía que a esa gente la iban a destruir y él no quería correr la misma suerte que ellos.
Y se levantó Abraham de delante de su muerta, y habló a los hijos de Het, diciendo: Extranjero y forastero soy entre vosotros; dadme propiedad para sepultura entre vosotros, y sepultaré mi muerta de delante de mí. Y respondieron los hijos de Het a Abraham, y le dijeron: Óyenos, señor nuestro; eres un príncipe de Dios entre nosotros; en lo mejor de nuestros sepulcros sepulta a tu muerta; ninguno de nosotros te negará su sepulcro, ni te impedirá que entierres tu muerta.
— Génesis 23:3-6
Miren: no es que ellos no quisieran darle su tierra; es que era él el que no la quería. Hermano, el regalo del impío a veces daña. Los moradores de Canaán le querían regalar la tierra a Abraham, y miren lo que les dijo Abraham:
Y Abraham se levantó, y se inclinó al pueblo de aquella tierra, a los hijos de Het, y habló con ellos, diciendo: Si tenéis voluntad de que yo sepulte mi muerta de delante de mí, oídme, e interceded por mí con Efrón hijo de Zohar, para que me dé la cueva de Macpela, que tiene al extremo de su heredad; que por su justo precio me la dé, para posesión de sepultura en medio de vosotros.
— Génesis 23:7-9
¿Están oyendo, hermano? «Yo no quiero que ninguno de ustedes me regale su tierra, yo no necesito tierra. Lo que yo quiero es sepultar a mi muerta». Y ahí se envolvieron en una discusión, hermano, y al final le dijo al hombre:
Entonces Abraham se convino con Efrón, y pesó Abraham a Efrón el dinero que él dijo, en presencia de los hijos de Het.
— Génesis 23:16
¿Por qué lo hizo así, hermano? Para que no vinieran a decir que aquel y él eran socios, para que no vinieran a decir que eran amigos, para que no quedara la idea de que fueron los de Canaán los que le dieron su tierra. No, no, no: que quede testimonio de que la tierra se la compré.
Y quedó la heredad de Efrón que estaba en Macpela al oriente de Mamre, la heredad con la cueva que estaba en ella, y todos los árboles que había en la heredad, y en todos sus contornos, como propiedad de Abraham, en presencia de los hijos de Het y de todos los que entraban por la puerta de la ciudad. Después de esto sepultó Abraham a Sara su mujer en la cueva de la heredad de Macpela al oriente de Mamre, que es Hebrón, en la tierra de Canaán. Y quedó la heredad y la cueva que en ella había, de Abraham, como una posesión para sepultura.
— Génesis 23:17-20
Hermano, al final de su vida, lo único que tuvo Abraham suyo en la tierra de Canaán fue un cementerio. Yo he hablado diferentes cosas, pero miren: esto tiene implicaciones profundas en la vida de un cristiano. Uno se siente triste cuando ve la tierra que tienen los malvados y lo poco que uno tiene. Como Abraham, hermano, vamos a habitar en tiendas y vamos a permitir que el Señor nos prospere a su manera. Al final de su vida, las transacciones de Abraham fueron comprar un sepulcro para su mujer y mandar a buscar una esposa para su hijo. Leo lo último, es el capítulo 24, del 1 al 8:
Era Abraham ya viejo, y bien avanzado en años; y Jehová había bendecido a Abraham en todo. Y dijo Abraham a un criado suyo, el más viejo de su casa, que era el que gobernaba en todo lo que tenía: Pon ahora tu mano debajo de mi muslo, y te juramentaré por Jehová, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo habito.
— Génesis 24:1-3
Jehová había bendecido a Abraham en todo, habitando en carpas. «No tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos» —hermanos, los que tenían la tierra sucia, despojada, los de Sodoma y de Gomorra— «entre los cuales yo habito». Yo estoy aquí de paso; no se casen con esas mujeres. Padres cristianos que están aquí: ¿con quién se van a casar tus hijos? Hermano que estás aquí, ¿con quién se van a casar tus hijos? ¿Sabes con quién se van a casar tus hijos? Con aquellos con quienes tú estás relacionando a tus hijos.
Miren, yo admiro profundamente a Alfonsina Mañón, yo admiro a esa señora. Yo he visto cómo ella, que tiene dos generaciones —uno grandecito y uno más pequeño—, tiene el calendario de todos los campamentos evangélicos que se hacen en el país: que hay un campamento cristiano en tal lugar, para allá van sus hijos; que hay una actividad de jovencitos allá, allá van sus hijos. Esa señora vive rotulando a sus hijos: actividad cristiana, actividad cristiana. ¿Sabe con quién van a convivir tus hijos? Con la persona con la que tú fomentes su relación.
Padres cristianos que están aquí: es urgente que los padres cristianos que tienen a sus hijos todavía bajo su dominio oren por sus hijos e instruyan a sus hijos para que se casen con los hijos de Dios. Es urgente, hermano, que tú animes a los hijos tuyos, a tu casa, a hacer relaciones con los hijos de Dios.
Y el criado le respondió: Quizá la mujer no querrá venir en pos de mí a esta tierra. ¿Volveré, pues, tu hijo a la tierra de donde saliste? Y Abraham le dijo: Guárdate que no vuelvas a mi hijo allá.
— Génesis 24:5-6
Que venga ella aquí, que venga ella aquí, donde él vive conmigo; pero que no vaya mi hijo allá, no vaya a ser que imite sus costumbres. La santidad en tu familia, hermano. Termino aquí. Te he dicho que vivir en santidad va a ir, humanamente hablando, en detrimento de tus bienes; pero también te diré que el Señor te puede bendecir habitando en carpas. También te he dicho, hermano, que tienes que cuidar la santidad en la gente con la que tú convives: elige con quién vas a pasar tiempo, con quién vas a convivir, porque tu mujer, tu esposo, tus hijos, tus hijas van a terminar imitando las costumbres y los valores de esa gente. Y termino diciéndote, hermano, que tienes que buscar la santidad en tu familia.
Quizá tus hijos ya están grandes, hermano, y tú llegaste a los caminos del Señor ya adulto y perdiste la oportunidad de instruir a tus hijos acerca de la santidad en los caminos del Señor. Pero si tus hijos todavía están en tus manos, haz lo que esté a tu alcance para que tus hijos hagan relaciones con gente de piedad. Hermano, está el camino de Lot, que es el camino del mundo, es el camino del pecado, es el camino de la reprobación; y está el camino de Abraham, que es el camino de la santidad, es el camino de la separación, es el camino de la piedad. «Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable». Que el Señor le bendiga. Cierren sus ojos y nos encomendamos al Señor.
Llamado final y oración
Hermano que estás aquí, te invito hoy a tomar una resolución a favor del Señor. Quizá para vivir en santidad tendrás que sacrificar temporalmente tus bienes, quizá oportunidades de negocios, quizás el hecho de decidir por convicción no aliarte al impío. Decide, hermano, en este momento, aunque humanamente hablando afecte tu patrimonio. Quizá decidir no aliarte con los impíos afecta tu trabajo actual, afecta tu negocio actual. Te invito, hermano, a resolver en este momento hacer la voluntad del Señor, aunque el mundo vaya en otra dirección. Habita en carpa, no busques establecerte.
Hermano que estás aquí, amigo que estás aquí, gente que está aquí hoy congregada: te invito a analizar tus relaciones cercanas ahora mismo, con quiénes convives. Cuidado, ¿estás pasando como Lot, que estás en medio de tus amigos y no te has dado cuenta? ¿Cuál es la gente que está haciendo influencia sobre tu familia, sobre ti? Recuerda que tú eres santo para el Señor, que estás separado para el Señor. Puedes estar en medio de ellos, pero ellos no tienen parte ni suerte contigo.
Padre que estás aquí presente, ¿cómo va la santidad en tu casa? ¿Han entendido tus hijos la importancia de hacer la voluntad del Señor? ¿Entiendes el destino que le espera a Sodoma y a Gomorra? ¿Entiendes lo que enseña el Nuevo Testamento, que esta tierra de aquí a poco será destruida, que los elementos caerán al suelo y que se levantará un cielo nuevo y una tierra nueva? Si has entendido que a esto le espera la destrucción, haz lo que está a tu alcance para sacar a tus hijos de allí.
Padre que estás aquí, que tus hijos no son creyentes; padre que estás aquí, que tus hijos no son creyentes: clama en este momento por tus hijos. Pídele al Señor en oración por los tuyos. Dile al Señor con sinceridad: «Señor, yo llegué tarde a tus caminos. Yo llegué a tus caminos cuando mi vida ya estaba hecha, cuando mis hijos ya eran grandes. Ten misericordia de mis hijos, como la tuviste de mí». Tus hijos van a ser destruidos por fuego, dice la Escritura, si acaso no proceden con arrepentimiento y no abandonan el mundo. Abandonar Sodoma y Gomorra, como fue estimulado a hacerlo Lot, es abandonar el mundo y todas sus cosas.
Hermano creyente que estás aquí, quizás como Abram el Señor te ha llamado a habitar en carpitas, y lo entiendes, pero estás habitando en medio, entre Mesopotamia y la tierra prometida; quizás estás en Harán. Dice la Escritura que el que conmigo no recoge, desparrama. Hermano, no te quedes en un punto medio con relación a la santidad práctica: resuelve en esta tardecita hacer la voluntad del Señor. Si estás aquí hoy congregado y no tienes la convicción de ser parte del pueblo del Señor, dice la Escritura que si escuchas hoy su voz, no endurezcas tu corazón. No seas tan imprudente como Lot, que estaba dejando las cosas para muy después. El fuego está cerca. Quizás aquí hay personas congregadas que no tienen la plena convicción de que el Señor ha perdonado sus pecados, de que han sido sacadas del mundo y han sido puestas en la ciudad de Dios, que es la iglesia.
Si esa es tu realidad, te animo a abrir tú mismo la puerta y salir corriendo rumbo a la voluntad de Dios, rumbo a su promesa. Te invito a huir del mundo. Si no eres un cristiano, puedes ir al Señor con tus palabras: «Señor, he escuchado al pastor que ha predicado aquí estas cosas hermosas y me ha animado a dejar el mundo, a hacer sacrificios materiales, sacrificios familiares, para hacer tu voluntad. Te pido, Señor, que perdones mis pecados, que despiertes mi sensibilidad para vivir en santidad, que me aceptes como tu hijo, y que de aquí en adelante camine en tiendas, porque soy peregrino y extranjero sobre esta tierra para hacer tu voluntad».
Termino orando por toda mi iglesia. Padre, te pido por mis hermanos que tengan que hacer sacrificios materiales para hacer tu voluntad en medio de esta tierra; te pido, Señor, que para que tu nombre sea puesto en alto, ellos sean bendecidos. Permite que mis hermanos, cada vez que hagan un sacrificio material mayor para vivir en una santidad cada vez más plena ante ti, Señor, reciban de ti una provisión más grande. Permite que, como Abram, Señor, que ya tenía un poco cuando salió de Mesopotamia, ellos sean ampliamente prosperados habitando en esta tierra de manera frugal, sin aferrarse a las cosas que están aquí; que como Abraham, Señor, solamente tengan quizás su sepulcro seguro, pero que sepan, Padre, que la bendición tuya está sobre su vida. Bendice esta iglesia aquí congregada, Señor, y que lo mismo que sucedió con Abraham, Señor, puedan decir asimismo que son muy ricos a la manera tuya y no a la manera del mundo.
Gracias, Padre, por este mes en el cual hemos estado hablando sobre santidad. Permite que el mes entrante, Señor, el ahondamiento espiritual de tu palabra sobre este mismo tema tan urgente esté tan dispuesto como ha estado hasta ahora. Todo esto te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén. Que el Señor le bendiga, hermano, y que vivan en santidad para la gloria suya.