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Serie - La vida en santidad -El Exodo - Nuestra Salida

Éxodo 10:1-2

Después de creer en Cristo, no basta con entender el Evangelio; es urgente salir del mundo, y esa liberación del pecado es una obra milagrosa de Dios, no de nuestras propias fuerzas.

Predicado3 de marzo de 2013
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Como siempre hacemos, encomendémonos al Señor en oración para que sea Él quien permita que nuestro entendimiento sea aclarado y nuestra voluntad fortalecida. Cierren sus ojos ahí un momento y pidámosle al Señor en oración. Mira la congregación, Padre, aquí reunida. Mira las personas que están en diferentes momentos; mira aquellos que están hoy entre nosotros y todavía, Señor, no tienen la conciencia de ser cristianos. Mira aquellos, Padre, que están entre nosotros y son creyentes bautizados. Mira aquellos, Padre, que están entre nosotros y son creyentes de muchos años. Permite que tu Palabra, Señor, que cada vez que se lee es una palabra que se recibe nueva, encuentre buen espacio en cada uno de nuestros corazones.

Permítenos, Señor, entender tu voluntad y ponerla por obra. Permite que tu Palabra hoy, Señor, nos mueva. Te pido eso para mi congregación, Señor; permite que tu Palabra hoy sacuda esta iglesia. Permite, Señor, que allí, en el momento de nuestra comodidad, hoy escuchemos tu Palabra, y que tu Palabra sea como punzones sobre nuestros corazones. Permite que nos inquiete, Señor. Permite que nos conmueva, permite que tu Palabra, Señor, de algún modo sacuda nuestras vidas. Permite que esto, Señor, que la santidad que durante todo el mes de febrero estuvimos proclamando, y estaremos proclamando también en marzo, no solamente sea un tema distante que intelectualmente sea conocido por nuestra iglesia, sino que sea un tema cercano, que nuestra iglesia no solamente esté conociendo, sino que también esté viviendo.

Te pedimos todas estas cosas en el nombre de Jesús. Amén.

Busquen sus Biblias en el libro de Éxodo. Es sencillo, es el segundo libro de las Escrituras. Comienza la Biblia con Génesis, e inmediatamente después de Génesis, que significa “principio”, está este libro de Éxodo, que significa “salida”. Estaremos considerando diferentes porciones del libro de Éxodo, pero todas están conectadas sobre el mismo tema, y el mismo tema es la salida milagrosa del pueblo del Señor de Egipto, para llevarlo a caminar con Él en el desierto y luego entrarles en la tierra prometida. Dice el versículo clave de mi sermón, en el libro de Éxodo, capítulo 10, versículos 1 y 2:

Jehová dijo a Moisés: Entra en la presencia de Faraón; porque yo he endurecido su corazón, y el corazón de sus siervos, para mostrar estos mis signos en medio de ellos, y para que cuentes a tus hijos y a tus nietos las cosas que yo hice en Egipto, y mis señales que hice entre ellos, para que sepáis que yo soy Jehová.

— Éxodo 10:1–2

Y dice nuestra introducción que la milagrosa salida —esto significa Éxodo— del pueblo de Dios de la esclavitud de Egipto, bajo la poderosa mano de Dios y ante la oposición de Faraón, cuyo poder parecía ilimitado, ejemplifica nuestra propia salida. En contra de los deseos del diablo, luego de haber creído comenzamos a ser liberados del mundo de forma urgente, milagrosa y definitiva, con el fin de hacer de nosotros un pueblo santo. En sermones anteriores les he explicado lo que significa ser santo.

Esto es: un pueblo cortado de Egipto, separado de Egipto y dedicado exclusivamente a hacer la voluntad de Dios y no la de Faraón. Hoy aprenderemos que después de creer tenemos que ser liberados, y que la liberación es obra de Dios. Dijo una escritora hace muchos años que un ministro del Señor que ocupa el púlpito tiene que tener tan claro el objetivo de su sermón, que si acaso un ángel interrumpiera su camino, él podría decirle al ángel con total claridad a qué cosa fue hoy a su iglesia. Hermano, si a mí me preguntaran que a qué cosa vine hoy a esta congregación, yo vine a decirles dos cosas específicas: vine a decirles, en primer lugar, que después de haber creído es necesario salir del mundo.

Y, en segundo lugar, que ustedes no van a salir del mundo por sus propias fuerzas. Primera cosa que he venido a decirle a mi iglesia: que después de creer en el Señor —no solamente como un asunto intelectual— es necesario que esa convicción se anuncie en una salida del mundo. Y lo segundo: que ninguno de nosotros podrá tener victoria en vencer al mundo en sus propias fuerzas, que esto es una obra exclusiva del Señor para mostrar su gloria. La razón por la cual he seleccionado esta porción amplia de la Escritura para comenzar nuestra serie de sermones de santidad en el mes de marzo es la siguiente: muchas personas, cuando consideran la vida en santidad, al mismo tiempo consideran su impotencia.

Después de creer, es necesario salir del mundo

Y escuchan al ministro del Señor predicar sobre estas cosas y dicen: “Eso que han predicado lo entiendo con total claridad, pero soy incapaz de salir de Egipto por mis propios medios”. Muchas personas quisieran consagrar su vida al Señor, pero están considerando la impotencia de su capacidad. Ellos dicen: “Es mi intención hacer la voluntad de Cristo y de verdad quiero salir, pero caramba, soy esclavo, ¿cómo poder salir por mis propios medios?”. Te vengo a decir hoy que es necesario salir después de haber creído, y te vengo a decir hoy que no podrás salir utilizando tus propias fuerzas. Acompáñenme en Éxodo, en el capítulo 4. Es solamente un versículo para ilustrar esta verdad. Es el versículo 31.

Dice así la Palabra del Señor:

Y el pueblo creyó; y oyendo que Jehová había visitado a los hijos de Israel, y que había visto su aflicción, se inclinaron y adoraron.

— Éxodo 4:31

Hermano, yo celebro la fe de este pueblo, que después de 400 años de vivir en esclavitud pudieron creer que la voluntad del Señor era libertarles. Y después de haber creído esto intelectualmente, entonces comenzaron a adorar al Señor. Primera cosa que vengo a decirles: aquí hay personas que ya creyeron en Cristo. Aquí hay personas que al día de hoy, por las señales que el Señor les ha dado a través de su Palabra, ya tienen la firme convicción de que lo que Dios ha dicho es verdad.

Hay personas aquí reunidas que no les hace falta otro sermón que les explique el Evangelio porque ellos ya entendieron intelectualmente el Evangelio, pero vengo a decirles que después de creer entonces tenemos también, y es necesario, salir. La voluntad del Señor no era solamente que Israel le adorara en Egipto y dijera: “Sí, entendemos que Dios se reveló”. No. La voluntad de Dios era que su pueblo en Egipto adorara al Señor, pero que entendiera que después de adorar, entonces viene el Éxodo. Lo que se celebra en Éxodo no es que el pueblo entendió y que creyó en el Señor; lo que se celebra en Éxodo es que después que el pueblo creyó en el Señor, entonces el Señor sacó a su pueblo milagrosamente de Egipto.

Quiero poner urgencia en esta congregación. Hermanos, no es necesario solamente creer en Cristo, es necesario apartarse para Cristo. No basta solamente con que tú intelectualmente reconozcas que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; es necesario que tú decidas consagrar tu vida a Aquel que es el Cristo, el Hijo de Dios. Ese paso es inmediato, urgente, posterior a haber creído. Iglesia que está aquí presente: ser cristiano no es solamente afirmar una doctrina bíblica, quizás conservadora podríamos decir; ser cristiano también es vivir esa doctrina, apartado del mundo, es salir de Egipto para caminar en el desierto. La vida de un cristiano no es solamente venir a la iglesia todos los domingos para que me prediquen un nuevo sermón de doctrina cristiana; la vida de un cristiano es venir a la iglesia el domingo para escuchar el sermón que va a vivir el lunes.

Iglesia congregada que está aquí presente: creer es necesario, pero después de haber creído es urgente haber salido. Aquí hay personas que están considerando el Evangelio, pero no entienden todavía su realidad ante el mundo. Tu realidad ante el mundo es que estás perdido en tus delitos y pecados, que eres esclavo del pecado. El mérito, quizás, de Israel, hermano, es que siendo esclavo entendió que en su esclavitud el Señor podría traer liberación. La realidad del ser humano natural y caído es que no sabe su propia esclavitud. Él se siente libre viviendo en un pueblo que no es de él. Si salieras a la calle ahora mismo a predicar la liberación del Señor, la gente se atrevería en la carretera y te diría: “Yo soy libre y hago con mi vida lo que bien me parezca”. Tú quieres saber si eres libre, intenta hacer la voluntad de Dios.

Y en esto paso a mi segundo punto: cuando intentemos salir del mundo, el mundo nos recordará que somos esclavos. Quizás te consideras libre; si quieres saber si eres libre o no, disponte a vivir en la voluntad del Señor. El mundo es esclavitud, y el hombre está en el mundo y no sabe que está en esclavitud. Recuerdo una película que vi hace muchos años de un norteamericano influyente que llegó a alguna de las dictaduras que están en África. Él llegó a esa dictadura y se hizo amigo del dictador, y cuando llegó el hombre llegó a tener una relación de intimidad tal con el dictador, que el dictador terminó haciendo de este hombre, que llegó libre, terminó haciendo su esclavo, pero él no sabía que estaba preso.

En un momento, entonces, él intentó salir del país y entendió su esclavitud. Quizás tú no sabes que eres esclavo del pecado; intenta dejar el pecado. Quizás tú no sabes que estás imposibilitado para hacer la voluntad de Dios; intenta hacer la voluntad de Dios.

El mundo nos recuerda que somos esclavos cuando queremos salir

El segundo punto que vengo a compartirte: así como te decía primeramente que después de creer hay que salir, ahora te diré que cuando intentemos salir, el mundo nos recordará que somos esclavos. Esto es impotencia, incapacidad y frustración. Dice el capítulo 5, en el versículo 1:

Después Moisés y Aarón entraron a la presencia de Faraón y le dijeron: Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto. Y Faraón respondió: ¿Quién es Jehová para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel. Y ellos dijeron: El Dios de los hebreos nos ha encontrado; iremos, pues, ahora camino de tres días por el desierto, y ofreceremos sacrificios a Jehová nuestro Dios, para que no venga sobre nosotros con peste o con espada. Entonces el rey de Egipto les dijo: Moisés y Aarón, ¿por qué hacéis cesar al pueblo de su trabajo? Volved a vuestras tareas. Y dijo también Faraón: He aquí el pueblo de la tierra es ahora mucho, y vosotros les hacéis cesar de sus tareas. Y mandó Faraón aquel mismo día a los cuadrilleros del pueblo que lo tenían a su cargo, y a sus capataces, diciendo: De aquí en adelante no daréis paja al pueblo para hacer ladrillo, como hasta ahora; vayan ellos y recojan por sí mismos la paja. Y les impondréis la misma tarea de ladrillos que hacían antes, y no les disminuiréis nada; porque están ociosos, y por eso levantan la voz diciendo: Vamos y ofrezcamos sacrificios a nuestro Dios. Agrávese la servidumbre sobre ellos, para que se ocupen en ella, y no atiendan a palabras mentirosas.

— Éxodo 5:1–9

¿Tú quieres saber si estás esclavo? Dispónte a ofrecer sacrificio a tu Dios. ¿Quieres saber si estás atado? Intenta hacer la voluntad del Señor. Hermano, tercer punto, donde la gente se devuelve: el hombre viene a los caminos del Señor con el pecho abierto y quiere hacer la voluntad del Señor y dice: “Yo me voy a comprometer a ser un cristiano durante tres meses”. Al día siguiente está postrado en su pecado. El hombre vino a Cristo y está atado a sus pecados, y saca pecho y dice delante de todos: “Me propongo hacer la voluntad del Señor y jamás lo volveré a hacer”. Hermano, a los dos días está humillado.

Te estoy diciendo que hay que salir, pero también te estoy diciendo que no vas a salir en tu propia fuerza porque eres esclavo. Entiende esto: no está en tu capacidad hacer la voluntad del Señor. Es locura aspirar a hacer la voluntad del Señor en nuestras propias fuerzas. Nuevo creyente que estás aquí presente, persona que está considerando los caminos del Señor, considera la salida, pero considerando que serás ayudado por Él. No es posible que ninguno de nosotros vivamos en santidad en nuestras propias fuerzas. Y si acaso lo fuese, sería un ejercicio de vanidad, porque la gloria sería nuestra. Personas que están aquí y aún no son cristianos, ustedes no son libres. Eres esclavo de los vicios, eres esclavo de la vanidad. Dice la Escritura que ahora mismo hay un espíritu que opera sobre ti, en los hijos de desobediencia.

No tienes la potestad para hacer la voluntad de Dios, no tienes derecho, eres un esclavo. Y sabrás que eres un esclavo cuando intentes zafarte. Las esposas —las esposas de metal, las de los policías— tienen un mecanismo que cuando las personas son esposadas, inicialmente las esposas ni siquiera las sienten. ¿Sabes cuándo siente el preso las esposas? Cuando intenta zafarse; mientras más hala, más aprietan. Sabrás que eres esclavo del mundo cuando intentes hacer la voluntad de Dios: mientras más te muevas hacia Dios, más apretado te sentirás.

Las cadenas que atan al hombre a la esclavitud del pecado son cadenas reales. Por eso dice la Escritura que el Señor no solamente te perdonó, sino que también te libertó. El Señor no solamente trajo un decreto y te dijo: “Eres libre”; el Señor también te hizo libre. El Señor también rompió las cadenas que te ataban al mundo. Es una realidad, hermano: en tus propias fuerzas tú eres incapaz, eres impotente, tendrás frustración. Yo en los primeros años de mi vida cristiana luché vez tras vez por hacer la voluntad del Señor en diferentes áreas. Y llegó un momento en que, por la providencia del Señor, el Señor trajo, a través de una canción, a través de un himno, una porción de la Escritura. El himno es el himno que dice “Bautizados en tu muerte”. Y el autor de ese himno dice, en palabras, lo que dice el himno en música: que realmente nosotros nos morimos. Y ese himno dice eso porque también lo dijo Pablo. Pablo dijo que si realmente morimos con Cristo, nos hemos levantado en victoria.

En tu propia fuerza no podrás hacer la voluntad del Señor. Dice la Escritura que Él quiere sacar a todo su pueblo del mundo, pero en el mundo eres esclavo, eres impotente, no tienes derechos.

Toda la gloria de la liberación es de Dios

¿De quién es la gloria, hermano, en todo esto? La gloria es de Dios. ¿Hay mérito alguno para el hombre en la salvación? Ninguno. No podemos decir, nosotros ufanarnos y decir: “Yo tengo 20 años en los caminos del Señor”. No, hermano, tú no tenías capacidad para permanecer 20 años en los caminos del Señor. Celebramos, hermano, que por su misericordia hemos sido guardados; celebramos que en 20 años el Señor nos ha guardado y nos ha levantado. Celebramos, hermanos, que por la fuerza del Señor, y no por las propias, fue que salimos.

Yo comparé porciones y anuncié cuántos versículos, de algún modo, evidenciaban una acción de parte del pueblo de Israel y cuántos versículos evidenciaban una acción de parte de Dios. Hermano, ¿saben cuál fue la proporción? 99.5 a 0. Virtualmente no existe nada que el pueblo haya hecho para salir de Egipto. El Señor lo hizo todo, tú solamente creíste. El Señor mandó las 10 plagas y te libertó con su mano poderosa. El mérito, hermano, es el mérito de Dios. ¿Y creer acaso, hermano, creer, creer, no tiene mérito? ¿Tú has creído en que el Señor iba a hacer algo? El mérito y la gloria son de Dios. Y en esto, hermano, paso al tercer punto: las plagas testifican que, en nuestra liberación, el mérito es de Dios.

Dice el capítulo 10, desde el versículo 1 hasta el versículo 2, que leímos al inicio:

Jehová dijo a Moisés: Entra en la presencia de Faraón; porque yo he endurecido su corazón, y el corazón de sus siervos, para mostrar estos mis signos en medio de ellos, y para que cuentes a tus hijos y a tus nietos las cosas que yo hice en Egipto, y mis señales que hice entre ellos, para que sepáis que yo soy Jehová.

— Éxodo 10:1–2

Hermano que estás aquí, que eres un creyente comprometido, bautizado, es tu responsabilidad hablar a tus hijos y a tus nietos de cómo el Señor te sacó milagrosamente del mundo. Cuando tus hijos te pregunten: “Papá, ¿y por qué es que tú eres un cristiano?”, tú tienes que decirles: “Porque el Señor se encontró conmigo, yo creí al Señor, y el Señor milagrosamente me apartó del mundo”.

Cuando tus nietos te pregunten: “Abuelo, ¿y por qué tú eres un cristiano?”, tú tienes que decirles: “En lo mío no hay mérito alguno en mi salvación. Yo creí en el Señor y el Señor milagrosamente me apartó del mundo; en mis propias fuerzas yo era incapaz, pero por la misericordia del Señor he sido sacado”. Dice el Señor que Él estaba haciendo esto, que era una labor que intencionalmente postergó. Hermano, el Señor pudo haber sacado a Israel en el primer momento, pero esperó diez ocasiones. ¿Y por qué, Señor, esperaste tanto? Para hacerle entender al pueblo: “En sus propios medios no saldrán de Egipto; de Egipto los saco Yo”.

Hermano que estás aquí, el Señor te dice en esta tarde: “De Egipto te saco Yo; del pecado te saco Yo; del mundo te aparto Yo”. Debemos querer salir, claro está, hermano, pero no tenemos la capacidad para salir. Nuestro corazón desea todo, desea santidad, hermano, pero nuestra carne, nuestro cuerpo mortal, nos recuerda cada día que estamos incapacitados. Cuando las personas vienen a la iglesia y escuchan la predicación, ellos ven la hermosura de lo que se predica, pero dicen: “Es que ahora mismo yo me veo y yo no me imagino ni siquiera siendo un cristiano”.

Después de 400 años que el pueblo de Israel vivió en esclavitud, hermano, ¿usted se cree que ellos se imaginaban cómo era la vida de un hombre libre? Y me llama la atención que el Señor no les dio todo el plan. El Señor les dijo: “Yo les voy a libertar, caminarán por el desierto, entrarán a la tierra prometida”, pero el Señor no les dijo todo lo que encontrarían en el camino. La gente viene a Cristo hoy y dice: “Pero es que yo no sé qué va a ser de mí mañana, y la semana entrante, y pasado mañana”. Hermano, camina con el Señor, y el Señor en el camino entonces te mostrará su misericordia y te mostrará su voluntad.

Una actitud incorrecta que he visto en las personas que están considerando a Cristo es que ellos comienzan a ver su vida y dicen: “¿Acaso yo podría ser un cristiano? ¿Y podría ser yo como fulano? ¿Y podré yo apartarme de esto, apartarme de aquello?”. Hermano, mira: en tus propias fuerzas tú no puedes lograr ni siquiera el primer paso. El Señor, en su misericordia para libertar a su pueblo, abrió el mar en dos. Los que están aquí pueden entender esto, hermano: el Señor, en su misericordia, abrió el mar en dos. Y el Señor pudo haber bordeado el mar, hermano, pero el Señor los pasó por en medio del mar. El Señor abrió el mar en dos. Amigo que estás aquí, que estás considerando a Cristo y que estás mirando el gran abismo de tu vida con relación a la expectativa de Dios, te tengo que decir que en tu vida el Señor también puede abrir el mar en dos.

Que si realmente has creído a Cristo y has salido con Cristo, el Señor para ti abrirá un camino, aunque sea en medio del mar. Y todo cristiano aquí presente puede decir que en los últimos años ha visto cómo el Señor ha abierto ventanas de oportunidad para su vida donde él pensaba que era imposible. Uno de los problemas de la esclavitud, hermano, no es solamente físico, es también mental. La esclavitud realmente es una cadena que te ata y te lo recuerda, pero al mismo tiempo, hermano, hay una conciencia de esclavo. Hay una conciencia que te mantiene en el mismo lugar.

Leía la historia de cómo la esclavitud fue suspendida en Estados Unidos, y una de las cosas que dicen los historiadores es que, cuando llegó la emancipación, una gran cantidad de esclavos, lo que sucedió con ellos cuando les declararon su libertad fue que se quedaron inmóviles. “Yo nací aquí, yo he sido esclavo toda la vida; yo no sé ser un hombre libre”. Y les decían, después que alguien ya no podía retenerles legalmente, les decían los amos: “Ustedes no deben salir de esta casa, porque aquí yo les he preservado la vida durante 40 años. ¿Y qué será de ustedes viviendo en un mundo que ustedes no conocen? Ustedes no saben ser hombres libres; quédense aquí conmigo”.

Y es ahí donde, hermano, si estás aquí presente, el mundo te dice que es imposible vivir en el mundo alejado del pecado. Y los discípulos le dijeron al Señor lo mismo; le dijeron los discípulos: “¿Y quién entonces será salvo?”. Y les respondió el Señor: “Lo que para el hombre es imposible, es posible para Dios”.

Faraón quiere adoración sin salida: no podemos negociar con el mundo

Hermanos bautizados que están aquí, mi hermana Martha, mi hermano Julio, el mundo está contando con que ustedes cuenten con sus propias fuerzas. Primer error que comete un nuevo creyente es decirle al mundo que está contando con él mismo. Hay áreas de su vida donde todavía no saben cómo podrán hacer la voluntad del Señor. Lo que vengo a decirles es que si el Señor se encontró con ustedes para sacarles de Egipto, que si el Señor abrió la puerta de par en par, cuenten con que Él lo hará vez tras vez, vez tras vez. A veces el Señor no anuncia, solamente hace.

Esto me lleva entonces al cuarto punto: así como las plagas testifican que en nuestra liberación el mérito es de Dios, fíjense lo que propuso Faraón. Vayamos al capítulo 8, versículo 25 hasta el versículo 27. Dice así:

Entonces Faraón llamó a Moisés y a Aarón, y les dijo: Andad, ofreced sacrificio a vuestro Dios en la tierra. Y Moisés respondió: No conviene que hagamos así, porque ofreceríamos a Jehová nuestro Dios la abominación de los egipcios. He aquí, si sacrificáremos la abominación de los egipcios delante de ellos, ¿no nos apedrearían? Camino de tres días iremos por el desierto, y ofreceremos sacrificios a Jehová nuestro Dios, como él nos dirá.

— Éxodo 8:25–27

Hermanos, sabemos cuál es la tierra: la tierra de Egipto. Él anteriormente se oponía, hermano, no reconocía a Dios, pero después de ver la señal que el Señor mandó por medio de plagas, él les dijo: “Anden, ofrezcan sacrificio a su Dios en la tierra, háganlo”. Y Moisés respondió: “No conviene que hagamos así, porque ofreceríamos a Jehová nuestro Dios la abominación de los egipcios. He aquí, si sacrificáramos la abominación de los egipcios delante de ellos, ¿no nos apedrearían? Camino de tres días iremos por el desierto y ofreceremos sacrificios a Jehová nuestro Dios, como Él nos lo dirá”.

Hay una situación que vive un nuevo creyente cuando quiere glorificar al Señor, y es que el mundo te proponga que adores al Señor, pero que no salgas del mundo. “Sigue haciendo lo mismo que has hecho siempre, quédate aquí con nosotros. Eso de que algunos se ponen muy fanáticos, se convierten y se ponen muy en serio en esas cosas…”. ¿Sabes qué es lo que quería Faraón? Faraón quería que el pueblo adorara al Señor dentro de Egipto, en los términos de Egipto. ¿Y qué le respondió Moisés? “No, tres días de camino entre ustedes y nosotros, y adoraremos a Dios”. Dice al final: “Ofreceremos sacrificios a Jehová nuestro Dios, como Él nos lo dirá”.

De a poco, el mundo se convence, hermano, de que nosotros hemos sido llamados por Dios y está dispuesto a soltarnos, porque fue el Señor que nos está sacando con mano fuerte. Entonces el mundo quiere negociar con nosotros para que adoremos al Señor según los términos del mismo mundo.

Hermano, no podemos ofrecer al Señor sacrificios en los términos de Faraón; tenemos que ofrecer sacrificios a Dios como Él nos lo dirá. ¿No te has topado tú con personas que te quieren venir a redimensionar la voluntad de Dios y te dicen: “Mira, tú estás haciendo eso, pero el Señor no quiere que lo hagas así; tú puedes hacerlo asá”? ¿Y quién te dijo a ti que el Señor quiere que se haga “asá”? ¿No te has topado tú con personas que te vienen a decir: “Te estás tomando muy en serio la cosa esa de ser evangélico, mira el Señor no es tan riguroso”? ¿Y quién has conocido tú? ¿Acaso a Dios, para saber lo que Dios espera de mí?

Y le dijo Moisés a Faraón que no podían ofrecer sacrificios con la abominación de Egipto. Qué duro es decirle al rey de un país, al Faraón de un país, que lo que hay en su tierra es abominable para Dios. Hermano, no podemos ofrecer a Dios sacrificios con lo que el mundo ofrece. La gente quiere venir a Dios y darle una adoración según lo que encontró en el mundo y a la manera del mundo. Lo primero que nos propone el mundo es que adoremos, pero que no salgamos. ¿Han visto a estas personas que se llaman creyentes y viven en el mundo, codeándose con las cosas del mundo y rodeados del mundo, y participando en todas esas cosas, y solamente adoran al Señor los domingos?

¿Han visto a estas personas que de lunes a sábado viven haciendo lo que les da su gana y los domingos entonces vienen a levantar manos “santas” delante del Señor? ¿Han visto a estas personas que se llaman cristianas y que “tesoro a su Señor”, que se llaman “nacidos de nuevo”, pero todavía están postrados en la cama del pecado? Eso es lo que quiere Faraón. Faraón quiere que tú adores al Señor en su cultico aquí, y sigas siendo esclavo. Hermano, el Señor no solamente quiere tu adoración, el Señor quiere libertarte. El Señor quiere sacarte, el Señor quiere apartarte; el Señor no quiere lo que el mundo quiere. El mundo te dice: “Quédate aquí, no salgas”.

Acompáñame ahora en Éxodo, en el versículo 28 del mismo capítulo 8:

Y dijo Faraón: Yo os dejaré ir para que ofrezcáis sacrificios a Jehová vuestro Dios en el desierto, con tal que no vayáis más lejos; orad por mí.

— Éxodo 8:28

Cuando Moisés se le negó y le dijo que no, que se iban a ir lejos y que iban a ofrecer sacrificios según lo que Jehová les pidiera que ofrecieran, miren lo que dijo Faraón: “Yo os dejaré ir para que ofrezcáis sacrificios a Jehová vuestro Dios en el desierto, con tal que no vayáis más lejos. Orad por mí”. Hermano, el mundo primero te propone que te quedes en el mundo, que adores, pero que no salgas. Luego el mundo te propone que salgas, pero que no te vayas muy lejos. “No camines mar adentro, muy lejos de la orilla, porque puede ser que te ahogues. Sé cristiano y ve a tu culto el domingo, pero no te comprometas demasiado”.

“Tú puedes ser un cristiano ‘light’; mira fulano, también es cristiano y él no lo está tomando tan en serio como tú. Mira sultano, que trabaja contigo, él es un cristiano y tú ves una gente que va a su iglesia…”. De a poco, el mundo trata, hermano, de que vivamos en ese sincretismo de no salir de Egipto, adorando a Dios en Egipto y según los términos de Egipto. Entonces te dicen: “Vete al desierto, pero no te vayas muy lejos del desierto”.

Salir con todo, sin dejar “ni una pezuña” en Egipto

Hermano, si usted se enrumbó en el desierto rumbo al Señor, usted no tiene otro destino que no sea la tierra prometida. No puede el mundo ser mi hogar; en gloria tengo mi mansión. No puede el mundo ser mi hogar. Si hemos salido de Egipto, hermano, para Egipto ni miramos. Lo que nos queda por delante es la tierra prometida. Si has salido del mundo, para atrás ni para coger impulso, hermano. Más cerca está la gloria que la esclavitud del pecado. El mundo te dice: “Sal, pero no te vayas muy lejos”. Hermano, tú tienes que ir tan lejos como el Señor te lo permita. Tu destino no puede ser el mundo; hay que quemar el barco.

El bautismo, de algún modo, significa y simboliza que quemaste el barco. Cuando tú invitas a tus familiares, a tus amigos, y tú te zambulles en las aguas, hermano, y haces así al salir, le estás diciendo: “¿Vieron que me morí? ¿Vieron que me morí? ¿Lo entendieron? Me vieron, me morí y nací de nuevo”. Hermano, Faraón te dice: “Vete, pero no muy lejos, para que vuelvas para acá a ser esclavo de Egipto”.

Después de eso, lo primero que te propone es que adores, pero que no salgas. Lo otro es que salgas, pero no muy lejos. Acompáñame en Éxodo 10, del 7 al 11:

Entonces los siervos de Faraón le dijeron: ¿Hasta cuándo será este hombre un lazo para nosotros? Deja ir a estos hombres, para que sirvan a Jehová su Dios. ¿Acaso no sabes todavía que Egipto está ya destruido? Entonces Moisés y Aarón fueron vueltos a traer ante Faraón, el cual les dijo: Andad, servid a Jehová vuestro Dios. ¿Quiénes son los que han de ir? Moisés respondió: Hemos de ir con nuestros niños y con nuestros viejos, con nuestros hijos y con nuestras hijas; con nuestras ovejas y con nuestras vacas hemos de ir; porque es nuestra fiesta solemne para Jehová. Y él les dijo: Así sea Jehová con vosotros, ¿cómo os voy a dejar ir a vosotros y a vuestros niños? Mirad cómo el mal está delante de vuestro rostro. No será así; id ahora vosotros los varones, y servid a Jehová, pues esto es lo que vosotros pedisteis. Y los echaron de la presencia de Faraón.

— Éxodo 10:7–11

“Vayan ustedes, pero dejen a los niños”. Vayan ustedes y vengan cada cierto tiempo aquí; váyanse solos y vengan cada cierto tiempo a ver a sus hijos. El mundo, hermano, nos propondrá primero que adoremos para que no salgamos, luego que salgamos pero no muy lejos, y luego que salgamos pero mantengamos las relaciones en Egipto. No voy a abusar mucho de la metáfora, hermano, porque esto es un ejemplo, no significa que todo literalmente cuadra. Pero lo que esto transmite es la idea de que el mundo quiere que tú te separes para el Señor, pero que mantengas las relaciones con el mundo, para que tengas que estar peregrinando a Egipto cada cierto tiempo.

Y ¿qué le dijo Moisés? “Mira, nos vamos nosotros, nuestras ovejas, nuestras posesiones; nos vamos con todo. No queremos dejar nada en Egipto”. Leamos ahora Éxodo 10, del 24 al 29:

Entonces Faraón hizo llamar a Moisés, y dijo: Id, servid a Jehová; solamente queden vuestras ovejas y vuestras vacas; vayan también vuestros niños con vosotros. Y Moisés respondió: Tú también nos darás sacrificios y holocaustos, que sacrifiquemos para Jehová nuestro Dios. Nuestros ganados irán también con nosotros; no quedará ni una pezuña; porque de ellos hemos de tomar para servir a Jehová nuestro Dios; y no sabemos con qué hemos de servir a Jehová hasta que lleguemos allá. Pero Jehová endureció el corazón de Faraón, y no quiso dejarlos ir. Y le dijo Faraón: Retírate de mí; guárdate que no veas más mi rostro, porque en cualquier día que vieres mi rostro, morirás. Y Moisés respondió: Bien has dicho; no veré más tu rostro.

— Éxodo 10:24–29

Cuando leí la respuesta de Moisés, hermano, me gocé. Me pareció como pan dulce en la boca. Faraón le dice: “Vayan, sirvan a Jehová; solamente queden sus ovejas y sus vacas”. Y Moisés respondió: “Tú también nos darás sacrificios y holocaustos que sacrificaremos para Jehová nuestro Dios. Nuestro ganado irá también con nosotros; no quedará ni una pezuña, porque de ellos hemos de tomar para servir a Jehová nuestro Dios, y no sabemos con qué hemos de servir a Jehová hasta que lleguemos allá”.

Hermano, cuando sales al mundo para adorar al Señor en el desierto, tú no sabes todavía todo lo que el Señor espera de ti. Pero lo que sí sabes es que, en el mundo, no dejes ni la pezuña. Tú todavía no sabes claramente lo que el Señor te demandará en el desierto, hermano, pero tú sabes claramente que la voluntad del Señor es que salgas, pero que salgas definitivamente. Luego dice el texto que Faraón se enojó:

Retírate de mí; guárdate que no veas más mi rostro, porque en cualquier día que vieres mi rostro, morirás. Y Moisés respondió: Bien has dicho; no veré más tu rostro.

— Éxodo 10:28–29

Hermano, la valentía que los hijos del Señor tenemos no es porque estemos contando con nuestras propias fuerzas, hermanos, pero sí hay que decirle al mundo: “Bien has dicho, no volveré a ver tu rostro; eso es verdad”. No es que estamos sacando pecho ante el pecado, hermano; no es que estamos sacando pecho ante el mundo, sino que, con la valentía que nos da la promesa del Señor, si acaso tengamos que decirle a Faraón: “Faraón, bien has dicho, no volveré a ver tu rostro”, dígaselo. Sal del mundo definitivamente.

La persecución más fuerte viene cuando ya hemos salido de Egipto

Tengo que terminar, este es el momento. Acompáñenme ahora en Éxodo 14, del 5 al 10. Milagro tras milagro, señal tras señal, poder tras poder, el Señor milagrosamente sacó con mano fuerte al pueblo de Israel, lo sacó de Egipto. Y cuando lo sacó, hermano, y el pueblo va caminando en el desierto, miren lo que sucedió. Leemos Éxodo 14, versículos 5 al 10:

Y fue dado aviso al rey de Egipto, que el pueblo huía; y el corazón de Faraón y de sus siervos se volvió contra el pueblo, y dijeron: ¿Cómo hemos hecho esto de haber dejado ir a Israel, para que no nos sirva? Y unció su carro, y tomó consigo su pueblo; y tomó seiscientos carros escogidos, y todos los carros de Egipto, y los capitanes sobre ellos. Y endureció Jehová el corazón de Faraón rey de Egipto, y él siguió a los hijos de Israel; pero los hijos de Israel habían salido con mano poderosa. Siguiéndolos, pues, los egipcios, con toda la caballería y carros de Faraón, su gente de a caballo y todo su ejército, los alcanzaron acampados junto al mar, al lado de Pi-hahirot, delante de Baal-zefón. Y cuando Faraón se hubo acercado, los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí que los egipcios venían tras ellos; por lo que los hijos de Israel temieron en gran manera, y clamaron a Jehová.

— Éxodo 14:5–10

Hermano, lo último que te diré en este sermón es que cuando Dios nos libera de Egipto, enfrentaremos en la salida la mayor persecución que en nuestra existencia hayamos experimentado. Si usted se bautizó el miércoles, prepárese, que lo que queda de aquí en adelante es que el mundo preparará los carros, que vendrá el pueblo entero, que vendrá Faraón con toda su gente a intentar volver a esclavizarte a la esclavitud del pecado. El mundo se vuelve más agresivo con nosotros mientras más lejos del mundo nosotros estamos.

Hay un tipo de cristiano que el mundo no persigue, que el mundo celebra: es el tipo de cristiano que quiere ofrecer al Señor sacrificio, pero no salir de Egipto totalmente. Hay un tipo de cristiano que el mundo persigue, pero no de manera agresiva: es el tipo de cristiano que ya se separó de Egipto, pero todavía entra a Egipto de vez en cuando. Hay un tipo de cristiano, hermano, que vive al borde de la muerte y que enfrenta situaciones que solamente, por la providencia del Señor que abrió el mar en dos, puede salir bien parado de esa situación, y ese es el cristiano que no solamente abandonó el mundo, sino que no dejó en el mundo ni siquiera la pezuña.

Hermano de mi iglesia, yo quiero animarte que, si vas a ser cristiano, que lo seas tú. Yo no sé qué tanto el mundo te está persiguiendo, pero tú puedes determinar qué tan lejos del mundo estás según con cuántos carros tú tienes detrás. Te doy ejemplos prácticos: decídete, hermano, en la participación de conversaciones cuando la gente ofende a tu Dios, a defender a tu Dios. Yo mismo antes me quedaba callado, y cuando la gente ofendía a mi Dios, ¿sabes qué hacía? Me quedaba en silencio. Quizás tú, igual que yo, haces eso cuando la gente ofende a tu Dios, no participas, te mantienes neutral en una conversación.

Quizás por eso las personas del mundo todavía te consideran como parte de ellos y te conocen así. Hermano, cuando hayas salido de Egipto y estás lejos de Egipto, Egipto afilará sus carros contra ti. La mayor hostilidad en la vida de un cristiano se enfrenta cuando ese cristiano está fuera de Egipto, hermano, cuando Egipto ya se le fue de las manos. Satanás, con sus huestes diabólicas, enfilará sus cañones sobre ti. Hay gente que después de venir a Cristo pierde familiares; hay gente que después de venir a Cristo le sobrevienen enfermedades; hay gente que después de venir a Cristo entonces pierde su trabajo; hay gente que después de venir a Cristo entonces comienza a decir: “Se me han caído encima todos los palitos de la casa”.

Lo que sucedió fue que saliste. Hermano, la voluntad del Señor en nuestra consagración no es una consagración parcial; es que no tengamos parte ni suerte con Egipto.

Cierren sus ojos un momento y les conduzco en oración. Quiero hablar primero con las personas que están aquí y que todavía no han decidido salir del mundo. Quiero hablar con las personas que están aquí visitando y que han escuchado la Palabra del Señor respetuosamente, pero que no tienen la convicción de que han salido del mundo. Amigo que estás aquí hoy, no podrás salir del mundo por tus propios medios. Hay una cosa que tú puedes hacer, y es creer en el Señor. “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo”, dice la Palabra de Dios.

Si estás considerando la vida cristiana, pero todavía no has dado un paso de fe, de creer en el Señor y de tener la resolución de salir, con su ayuda, del mundo, quizás este primer domingo de marzo del 2013 sea día de salvación. Resuelve, en esta tarde de domingo, salir del mundo y consagrar tu vida al Señor. Haz una oración discreta, en tu mente, y dile: “Señor, te pido que perdones mis pecados. He escuchado que hace falta creer en ti para después salir. En este domingo, domingo 3 de marzo, yo pongo en ti mi convicción, te acepto como mi Salvador y me pongo en tus manos para, con tu ayuda, poder vencer el mundo”. Es una oración sencilla, procesada con sinceridad delante del Señor.

El Señor escucha tu oración, perdona tus pecados y comienzas en este momento a hacer tu mochila, porque no hay mucho tiempo para ti en el mundo. No puede ser el mundo tu hogar. Lo que te queda de aquí en adelante es ver la poderosa mano del Señor, cómo puede comenzar a rectificar todas las áreas de tu vida, para que en vez de avergonzarle le honres.

Tú que eres un cristiano, que estás aquí hoy, pero un cristiano que ha salido del mundo a medias, un cristiano que todavía quiere que el mundo le celebre, un cristiano que todavía entiende que puede ser libre viviendo en Egipto, has escuchado con claridad la Palabra de Dios predicada. Te animo, hermano, a orar al Señor por una completa consagración, que tu salida no sea parcial, que no dejes en el mundo ni siquiera las pezuñas de tus animales.

Oro por toda la iglesia. Padre, has puesto carga en mi corazón esta semana por animar a mi iglesia a que se consagre totalmente a ti. Permite que esta Palabra que ha sido hoy predicada sea una Palabra ahora cultivada en cada uno de los corazones aquí presentes, que así, cual semilla, Señor, la planta crezca, dé su fruto y que en esta tierra te dé gloria. Permite que en esta semana y en lo adelante mis hermanos consigan victoria sobre esas áreas en las cuales el mundo intentaba mantenerles postrados. Permítenos levantarnos, Señor, y como iglesia brillar para tu gloria, y celebrar, Padre, nuestra completa liberación. Permite, Padre, que aquellos a los cuales ya tú has perdonado sus pecados también, Señor, puedan testificar que han sentido que sus pecados fueron perdonados, pero también, Señor, que ellos mismos han sido liberados del poder del pecado.

Todo esto para la gloria tuya, en el nombre de Jesús. Amén.

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