Siempre antes de empezar a predicar la palabra del Señor, es importante encomendarse a Dios en oración. Los cristianos hacemos esto porque entendemos que el Espíritu de Dios nos lleva a la verdad, y aquellas cosas que quizás nosotros no podamos entender tan fácilmente, Dios mismo, a través de su Santo Espíritu, nos ayuda a comprenderlas mejor. Al mismo tiempo, es un acto de humildad y de dependencia a Dios. Cuando nosotros predicamos y leemos la palabra del Señor, no es como si leyéramos un libro más. Estas son lecturas que tienen implicaciones de vida o de muerte; aquello que uno ve en la revelación de Dios, en su palabra, son cosas, hermano, trascendentales. Por eso, en humildad oramos al Señor y dependemos de Él. Le pido que cierren ahí sus ojos y nos encomendamos al Señor.
Nos disponemos, Señor, a conmemorar y a recordar tu precioso sacrificio por nosotros. Nos disponemos, Señor, a leer tu palabra. Estoy seguro que le has dado inteligencia a mis hermanos, a nuestros amigos que hoy nos visitan, para entenderla. Señor, el mejor uso que podemos hacer de nuestra inteligencia es disponerla para entender tu palabra. Ayúdanos tú. Te pedimos que sea tu Santo Espíritu hoy llevando nuestro pensamiento a tu verdad. Te pedimos que sea tu Santo Espíritu hoy, Señor, dándonos la fuerza necesaria para obedecer tu palabra. Te pedimos, Señor, que seas tú mismo, a través de la persona del Espíritu Santo, acompañando a toda la congregación en este proceso de enseñanza. Permítenos entender, Señor. Permítenos obedecer. Al mismo tiempo te pido, Señor, por aquellas personas que hoy nos visitan, que todavía no te han conocido a ti. Permite que, con la predicación de tu palabra hoy, Señor, su mente sea aclarada, sus ojos sean abiertos y que ellos puedan aferrarse a este precioso tesoro que se llama la salvación.
Te pedimos que hoy no solamente la iglesia crezca en conocerte, Señor, sino que aquellos que todavía no te han conocido te puedan conocer, todo esto para tu gloria, en el nombre de Jesús. Amén.
Hermano, yo estoy muy contento al predicar hoy porque, tal como les decía, lo que es Navidad y lo que es Pascua son actividades cristianas. Y a mí me sorprende el hecho de que el mundo no cristiano haya celebrado esto, aunque sea como días de asueto, aunque sea como días festivos. Pero mucha gente le dan un tiempecito en Semana Santa y no se les exige trabajar.
Importancia de entender y celebrar la Pascua
Si hasta el mundo que no conoce a Dios directa o indirectamente celebra, yo creo que deberíamos ser los cristianos los que tengamos la punta de lanza, entendiendo el significado que tiene la Pascua y celebrando esto con un entendimiento claro. No se trata solamente de celebrar Semana Santa porque “Semana Santa”; no se trata solamente de celebrar el nacimiento de Cristo porque “es el nacimiento de Cristo”. Lo que quiero es que, al final de la enseñanza de hoy, todos ustedes puedan celebrar con convicción.
La enseñanza de hoy requiere un poco de entendimiento; requiere que usted esté muy atento. Yo le decía al Señor en oración, y se lo digo ahora a ustedes, hermanos, en esta enseñanza, que el Señor los hizo inteligentes para que entendieran su palabra. Yo estoy seguro que usted tiene la capacidad de entender la palabra de Dios. No es la intención de Dios que ustedes se queden en la oscuridad. Hay personas que dicen: “Es que eso es muy complejo de entender”. No, hermano, Dios le dio a usted capacidad, inteligencia, y el mejor uso que le puede dar a su inteligencia es disponerla a inquirir en el consejo de Dios.
Pero al mismo tiempo no estamos solos en esto. El mismo Señor nos dijo que el Espíritu Santo nos llevaría a toda verdad. Estaremos viendo hoy, aprendiendo sobre la Pascua, y aprenderemos a reconocer a Cristo en diferentes símbolos. La enseñanza de hoy es una enseñanza alegórica, es una enseñanza muy simbólica, y por eso me gustaría que ustedes tomen nota. Me gustaría que ustedes anoten citas, me gustaría que cuando lleguen a su casa todavía profundicen más en esto que les estaremos expresando hoy, pero es una enseñanza muy rica.
Miren, quizás la Pascua en el Antiguo Testamento es la porción de la Escritura que más simbolismo tiene y de la que más significado podemos extraer. Esto es como un paquete continuo, es como un banquete continuo, es como ir a la palabra del Señor y tener significado, tener conocimiento y tener nueva luz en diferentes áreas. Le pido que esté muy atento, que tome notas, que recuerde todo lo que esto significa para que pueda meditarlo en su casa.
A modo de introducción les diré que los símbolos y las metáforas del Antiguo Testamento anunciaron las grandes verdades reveladas más claramente en el Nuevo Testamento y prepararon la mente del pueblo de Dios para que pudieran entenderlas y apreciarlas. Hay personas que me han preguntado que por qué el Antiguo Testamento es tan alegórico. Algunos me han preguntado que por qué como que no se puede entender a la primera.
Por qué Dios usa símbolos y figuras
Una persona una vez me dijo que Dios como que había elegido dar su enseñanza de una manera muy enredada, muy compleja, que si acaso la intención que cabía en Dios era que no entendiéramos. Nada más alejado de la realidad. Los símbolos y las señales nos permiten llegar a alguna parte. Por eso, cuando ustedes toman su examen para que les den el carnet de aprendizaje como conductores, en el librito del manual del conductor está lleno de símbolos y de señales. Los símbolos, las señales, lo que nos permiten es tomar una carretera y llegar con seguridad a algún sitio.
Así como cuando usted va a un lugar que no conoce, va mirando los letreros que hay en el camino y esos letreros le permiten saber si está más cerca o más lejos, estos símbolos, estas señales que hay en el Antiguo Testamento no son señales para confundir, son señales, son símbolos para conducir. Cuando los cristianos vemos los símbolos y las señales del Antiguo Testamento, entonces podemos, con seguridad, ser conducidos hacia Cristo.
Hay un principio en esto y es que la revelación de Dios ha sido progresiva y ha venido revelándose con cada vez más claridad, cada vez más claridad. Pero todos estos símbolos, todas estas señas del Antiguo Testamento nos permiten llegar hacia Cristo con mucha seguridad. Hoy estaremos viendo, hermano, un símbolo precioso, un símbolo muy claro del Antiguo Testamento, y cuando veamos este símbolo, entonces podremos identificar en él a Cristo.
Recuerden la metáfora del conductor. Las señales de “PARE”, las señales de velocidad máxima, las señales de curva fuerte en el camino no están en las carreteras para que el conductor se confunda. Están en las carreteras para que el conductor llegue a su destino con mucha seguridad. ¿Cuál es el destino que nosotros tenemos hoy? Nuestro destino es Cristo.
Al estudiar los símbolos y metáforas del Antiguo Testamento, nosotros podemos llegar hasta Cristo. Estaremos viendo la importancia de los símbolos como tal. Luego entonces nos moveremos un poco y analizaremos un símbolo, y aquí nos vamos a parar un ratico, hermano, y vamos a disfrutar este símbolo y vamos a ver todo el significado que esto tiene. Y luego veremos cuáles son las implicaciones de la Pascua para los cristianos: lo primero, importancia de los símbolos; en segundo lugar, el significado de la Pascua; y en tercer lugar, los cristianos y la Pascua. ¿Por qué es que este símbolo, esta metáfora, es tan importante el día de hoy? Vamos a la primera parte: la importancia de los símbolos. Miren, los símbolos son importantes porque nos recuerdan un significado profundo.
Dice el libro de Hebreos, en el capítulo 9 y en el versículo 23:
Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos.
— Hebreos 9:23
Aquí nos está hablando el escritor de Hebreos de que había figuras y que esas figuras anunciaban cosas celestiales. Y las figuras todas son figuras limitadas, pero cuando ustedes lo veían a nivel de figuras y después llegaba la realidad de Cristo, entonces podían relacionarlo. Cuando vemos al final de los evangelios los discípulos de Jesús, no todos entendieron todas las cosas con la misma claridad. Es más, fue después de su resurrección que ellos dijeron: “Ahora entendemos”. Es como si se les haya quitado un velo del rostro, como si sus ojos hayan estado hasta ese momento un poco cubiertos y ahora podían ver con claridad a Cristo a través de las figuras, de los símbolos y de las señales del Antiguo Testamento.
Memoria, repetición y nivel de interés
Todo esto es muy importante, todo esto tiene valor. Símbolos y metáforas. Miren, los símbolos son fáciles de recordar. Ustedes se sorprenderán. Hay personas que piensan que los símbolos son complejos; no, hermanos, los símbolos eran la manera que tenía el Señor en aquel momento de revelarse hacia el pueblo y que el pueblo entendiera con relativa facilidad y, además, que lo recordara. Si cada vez nos cambiaran la señal, hermano, sería difícil llegar a un destino, pero como la señal es estándar, como la señal se mantiene, entonces la señal se puede identificar, es fácil de recordar.
¿Han visto el letrero de PARE qué memorable es? Es una figura geométrica de color rojo y desde que usted ve esa figura geométrica de color rojo, usted dice: “Parece que ahí dice que hay que pararse”. Es más, se entiende hasta en diferentes idiomas. Y te ponen “STOP” en inglés, aunque tú no sepas lo que significa “stop”, tú sabes que ese símbolo con esa figura geométrica y en color rojo significa “PARE”. El símbolo que veremos hoy es la Pascua, y es el símbolo más mencionado en el Nuevo Testamento. Es como que el Señor quisiera que recuerdes esto para que cuando aparezca la Pascua real, entonces puedas apropiarte de ella. También los símbolos son fáciles de repetir.
Hermano, cuando a ti te cuentan una historia que es simbólica y tiene muchos elementos simbólicos, es más fácil que recuerdes esa historia a que si te ponen a recordar un ensayo muy extenso de 500 palabras. Es más fácil recordar una figura como la Pascua que recordar un largo sermón teológico sobre el significado de la Pascua. La Pascua es un símbolo, la Pascua es una figura, porque los símbolos y las figuras son fáciles de repetir. Quizás tú no recuerdes todo lo que yo te diga en la enseñanza de hoy, pero podrías ir al símbolo de la Pascua y, a través de sus diferentes elementos, extraer un nuevo significado. El Señor eligió símbolos y metáforas porque, aparte de ser fáciles de recordar, son fáciles de repetir.
Pero en este significado me gustaría detenerme: los símbolos comunican según el interés. Miren, hay personas que leen la Pascua en el Antiguo Testamento y para ellos es un cuadrado negro. ¿Han visto cuando ustedes van a un museo y le ponen esa figura, el cuadrado negro? Eso es ese arte abstracto que uno encuentra en algunos museos. Y cuando tú pasas por el museo y te ponen el cuadrado negro, hay personas que se quedan así, buscando el significado del cuadrado negro, y hay otros que pasan de largo y dicen: “Ok, ya lo vi, es un cuadrado negro”.
Hermano, la Pascua en el Antiguo Testamento muchas personas la leen y ven ahí un cuadrado negro. Dicen: “Yo no entiendo ningún significado; ya yo vi lo que dice”, y siguen caminando. Pero hay otro grupo de personas, que me gustaría que sea el grupo en el cual esté mi iglesia hoy, que son las personas que tienen un real interés. Son los que no solamente pasan por la Pascua, sino que cuando llegan a la Pascua se detienen. Y cuando llegan a la Pascua dicen: “Todo este simbolismo algo tiene que significar”. Y cuando llegan a la Pascua dicen: “Parece que si el Señor lo comunicó, Él quería que yo lo entendiera”. Y la persona que se sienta a analizar la Pascua es la persona que más significado extrae de esta figura.
Hay otros que verán la Pascua y dirán: “Ya yo vi lo que es, es un cuadrado negro”. Y hay otros que llegarán a la Pascua, se detendrán allí y extraerán gran parte del significado que en esta cantera teológica que es la Pascua está reservado para todos nosotros. Me gustaría que estén en este grupo.
Dios hablando por símbolos y parábolas
¿Por qué el Señor eligió símbolos y metáforas? Miren, Dios se ha revelado al hombre por medio de símbolos y metáforas, figuras literarias sencillas que transmiten un significado profundo. Y el nivel de significado que traigamos de este símbolo y de esta metáfora dependerá en gran medida de nuestro interés. Lo mismo hacía el Señor cuando estuvo ya en la tierra; Él hablaba por medio de parábolas, y sucedía con las parábolas que aquellos que lo que estaban buscando era a Jesús para perseguirle, a Jesús para contradecirle, las parábolas les parecían locuras.
Pero sus discípulos, que de verdad querían saber, decían: “Señor, ¿y qué fue lo que tú quisiste decir con esa parábola?”. Y el Señor tomaba cada elemento y lo cargaba de significado. Aquellos que de verdad están interesados podrán entender la Pascua y extraer de esto todo su simbolismo, todo su significado y todas sus implicaciones.
Me muevo rápido a la segunda parte, y aquí es que nos vamos a detener: ¿qué era la Pascua? La Pascua, me gustaría que analizáramos lo que era antes y lo que la Pascua es hoy para los cristianos. Pero antes de la introducción les diré esto: que la Pascua tiene su origen en Israel, en una ceremonia de siete días en la que participaba todo el pueblo, por familias, para recordar su liberación de Egipto. La palabra “Pascua” significa “pasar por alto”, y el momento más importante de la Pascua era el momento del cordero.
Acompáñenme ahora en sus Biblias, en el libro de Éxodo, en el capítulo 12. Leeremos la institución de la Pascua. Capítulo 12 del libro de Éxodo, desde el versículo 1 y hasta el versículo 17: la institución de la Pascua. ¿Cómo comenzó la Pascua? Mírenlo aquí:
Habló Jehová a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo: Este mes os será principio de los meses; para vosotros será éste el primero en los meses del año. Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia. Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas; conforme al comer de cada hombre, haréis la cuenta sobre el cordero. El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras. Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes. Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer. Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán. Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus entrañas. Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana; y lo que quedare hasta la mañana, lo quemaréis en el fuego. Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová. Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová. Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis. Siete días comeréis panes sin levadura; y así el primer día haréis que no haya levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado desde el primer día hasta el séptimo, será cortado de Israel. El primer día habrá santa convocación, y asimismo en el séptimo día tendréis santa convocación; ninguna obra se hará en ellos, excepto solamente que preparéis lo que cada cual haya de comer. Y guardaréis la fiesta de los panes sin levadura, porque en este mismo día saqué vuestras huestes de la tierra de Egipto; por tanto, guardaréis este mandamiento en vuestras generaciones por costumbre perpetua.
— Éxodo 12:1-17
Elementos básicos de la Pascua y la expiación
Hermano, ¿hay muchos elementos o no hay? Miren, lo primero que hace un cristiano serio cuando llega a la Pascua es que se detiene, porque él dice: “Aquí como que hay muchos significados revueltos, aquí hay muchas cosas al mismo tiempo; para entender esto se va a requerir un tiempecito”. La Pascua, hermanos, requiere que uno aplique su inteligencia a entender el consejo de la palabra del Señor. Ya sabemos qué es la Pascua. La Pascua era una fiesta. La palabra como tal significa “pasar de largo”. ¿Por qué pasaba de largo? Porque se sacrificaba un cordero y, cuando esta sangre del cordero era puesta en las puertas, entonces el Señor perdonaba la vida de estas personas que necesariamente tenían que morir.
Yo quiero que ustedes entiendan en la Pascua que los judíos y los egipcios por igual tenían que morir, porque ambos eran pecadores. Ahora, el Señor en su misericordia perdonó a aquellos que sacrificaron un cordero. Me muevo aquí un poquito y quiero que entiendan esto: la única forma de conciliar la justicia con la misericordia, dos atributos de Dios igualmente importantes, sin que se produzca una contradicción, era por medio de la expiación. Alguien tenía que morir en nuestro lugar.
Un principio en la Escritura, desde Génesis hasta Apocalipsis, es que “la paga del pecado es muerte”. Hermanos, lo que estableció el Señor para los pecadores era que los pecadores irremediablemente tenían que morir. Y el Señor no es hijo de hombre para que se arrepienta y para que mienta. Si el Señor dijo que el pecador muere, el pecador muere irremediablemente. Es que Dios es justo. Cuando se habla de que Dios es justo, no significa que Dios va a hacer lo que a ti te conviene, es que Dios va a hacer aquello que dijo, que Dios no va a variar su justicia.
Y si estuviéramos ante la presencia de un Dios que no solamente es totalmente justo, sino también totalmente misericordioso, ¿cómo un Dios misericordioso podría perdonar a los hombres sin entrar en una contradicción? Es como si tú le dijeras a tu hijo que no vas a hacer algo y después tu hijo hace lo que tú no querías que hiciera; entonces tú dices: “¿Cómo hago ahora? Porque yo le dije que si hacía tal cosa entonces no iba… ¿Cómo ahora le doy el permiso?”.
Yo soy un padre justo, y si yo le dije a mi hijo que si hacía tal cosa entonces no le iba a poder dar el permiso para participar en eso que mi hijo quiere, si mi hijo me defraudó, ¿cómo podría yo, sin hablar mentiras al mismo tiempo, concederle? ¿Cómo conjugo el amor y la justicia? Miren, en esto ha tropezado mucha gente, porque hay mucha gente que ha creído en un Dios solamente misericordioso, dejando de lado la justicia de Dios. Y hay otros que han creído en un Dios solamente justo, dejando de lado su misericordia.
Ilustraciones sobre justicia, misericordia y expiación
Hermanos, Dios es el creador del cielo y de la tierra. Y Dios, creador del cielo y de la tierra, estableció que “el alma que pecare, esa alma ciertamente morirá”. Yo quisiera ponerles esto todavía más gráfico. Imagínese, hermano, que yo tengo un negocio que es mío. Si en este negocio que es mío yo digo que no hay remedio para ninguna persona si no cumple lo que está establecido, y llega un empleado que es muy bueno, que es ejemplar, que es muy bueno, hermano, y falla en eso, yo digo: “Caramba, yo que dije ahora ante todos los empleados, ¿cómo salgo de esta situación? Si ya a todos los demás yo les dije que el empleado que faltara en eso irremediablemente iba a ser despedido, ¿cómo ahora yo podría aplicar la misericordia?”. Hermanos, son disyuntivas. Cómo un Dios totalmente justo podía perdonar a un hombre que ha fallado precisamente en lo que el Señor había establecido que no se debía fallar: “el alma que pecare, esa alma morirá”.
Bueno, la única manera de conciliar dos atributos de Dios sin que entren en contradicción es por medio de un término que se llama expiación. Expiación es poner a alguien en tu lugar. Pongo otro ejemplo más. Imagínense ustedes que hacemos una gira. Ya no se hacen giras; ¿qué ha pasado con las giras, que ya como que no se hacen giras? Pero hacemos una gira y que vamos para un río. Y anunciamos el pasaje al río: son 500 pesos; el que no venga con sus 500 pesos irremediablemente no entra a la guagua. Y va a haber una persona que va a venir para la gira que vamos para el río, pero va a venir, y va a decir: “Ay, caramba, Rafael, van todos para la gira, para el río, yo quiero ir, pero no tengo los 500 pesos, ¿qué hago?”.
Y todo el mundo está escuchando, que está montado en la guagua, que ha pagado sus 500 pesos. Yo digo: “Todas estas personas que están aquí ya pagaron sus 500 pesos y yo fui el mismo que dije que aquel hombre que no trajera sus 500 pesos, que el pasaje para la gira era 500 pesos, irremediablemente se quedaba en la ciudad”. Hay dos cosas que yo puedo hacer con ese hombre: o yo puedo decirle: “Usted no se baña en el río, se queda en la ciudad porque no trajo sus 500 pesos”, o me pongo la mano en mi propio bolsillo y le doy 500 pesos. Después le digo: “Toma, paga”. Usted me dirá: “Pero, Rafael, al final tú lo dejaste ir como quiera”. Sí, pero ahí no entra en contradicción, porque yo mismo, que establecí que el pasaje al río eran 500 pesos, fui el mismo que me puse la mano en los bolsillos y dije: “Mira, toma tus 500 pesos y paga la persona”. Eso es lo que es el concepto de expiación.
Es que alguien toma tu lugar. Ese concepto de expiación… Pongo un ejemplo más: imagínate que tengas que hacer unas horas extras. Algunos empleados acostumbran a que, si me toca hora extra, yo cambio mi horario con otra persona. Le digo: “Fulano, ¿tú puedes trabajar mis horas de hoy? Mira, tal día yo tengo una actividad, ¿tú crees que puedas venir en mi lugar? ¿Tú crees que puedas venir a trabajar por mí?”. Eso es difícil de pedírselo a una persona, pero hay gente que tiene una relación tan estrecha, hay personas tan misericordiosas que tú les dices: “Mira, yo no puedo venir ese día, ¿tú podrías venir en mi lugar?”. El concepto de expiación nos enseña que el Señor, sin entrar en una contradicción con sus dos atributos —por un lado su amplia justicia y por el otro su amplia misericordia—, proveyó para que alguien muriera en tu lugar.
A través de la ceremonia de la Pascua, el pueblo de Israel comenzó a establecer que la paga del pecado era la muerte. Y esta ceremonia creó una ceremonia simbólica a través de la cual se sacrificaba un cordero. Le significaba a ellos: “El que tenías que haber muerto eras tú”.
De los corderos a Cristo, el Cordero perfecto
Y eventualmente, cuando llegó Cristo, que es el sacrificio perfecto y real, esto que durante cientos de años Israel participó como ceremonias expiatorias simbólicas e imitadas era para que, al llegar el momento, pudieran recibir el real y perfecto sacrificio de Cristo. Hermanos, si Israel no hubiera estado sacrificando tantos corderitos año tras año, cuando llegara Cristo no iban a entender el sacrificio de Cristo. Si el Señor les hubiera dejado así y les hubiera dicho: “Miren, solamente los perdoné y sigan de largo”, ellos no entenderían lo desagradable que eran sus pecados ante el Señor. Pero como el hombre es pecador, y el Señor dijo que el hombre que pecara, el alma que pecare ciertamente morirá, entonces el Señor proveyó primero un corderito, y después a Cristo, en expiación por nuestros pecados.
Dice Romanos:
Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
— Romanos 6:23
Y dice también la Escritura:
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.
— Juan 3:16
Vuelvo a la imagen de la guagua. Es como decir: “Porque de tal manera el Señor te amó que, a pesar de que Él estableció la regla de que sin el pasaje no se montaba nadie en la guagua, Él mismo se puso la mano en los bolsillos y te dio esta dádiva. Te dio este regalo para que, a través de ese regalo, entonces seas incluido en el paseo”, con relación a la salvación. Hermano, nosotros todos estábamos irremediablemente perdidos, pero por la misericordia del Señor, Él nos dio a su Hijo unigénito para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.
Así que podemos entender que Cristo es el Cordero de Dios. Hermano, ya tiene significado la canción que estamos cantando: “Digno es el Cordero, Santo, Santo, Santo es Él. Digno eres de recibir la gloria, el honor…”. Por eso es que nosotros cantamos al Cordero, porque entendemos que ese Cordero santo, ese Cordero precioso, murió en nuestro lugar. Por eso es que las películas de la muerte, pasión y resurrección de Jesús tienen significado para los cristianos. Quien no entiende la Pascua a veces ve a Cristo solamente como haciendo un ridículo en una cruz. Ahora, aquel hombre que entiende que Cristo está en la cruz en su lugar, siendo el Cordero inmolado y perfecto, siendo su expiación, entonces celebra la cruz y celebra el sacrificio de Cristo en su lugar.
Habían tres símbolos principales en la Pascua, y todos estos símbolos apuntan a Cristo. Primer símbolo: en la Pascua había un cordero, y no era un cordero como cualquier otro. Era un cordero perfecto. ¿Por qué razón el cordero tenía que ser perfecto? ¿Por qué tenía que ser perfecto? Dios buscaba un cordero especial, no de los que tuvieran fallas, porque este cordero perfecto estaba anunciando al Cristo perfecto que murió en tu lugar. Ya que este cordero era una imagen de Cristo, era una figura de Cristo, el cordero mismo tenía que ser perfecto. Él iba a ser una sustitución: en vez de morir tú, entonces moría el cordero; y en vez de morir nosotros hoy, entonces murió Cristo.
El cordero, los panes sin levadura y las hierbas amargas
Aparte de esto, hermano, había panes sin levadura. No solamente se comía un cordero en la Pascua, sino que el cordero era acompañado por un pan sin levadura. Esto es lo más parecido a una galleta. La levadura hace que el pan crezca, pero la levadura en el Antiguo Testamento era un símbolo del pecado, era un símbolo de los elementos adulterados. Los panes sin levadura anunciaban una purificación. Esto le estaba diciendo al pueblo: “El Señor ciertamente puso un cordero en tu lugar, pero de parte tuya debe haber una intención de purificarte”. No basta con decir: “Ahí está el cordero y murió en mi lugar”. Es necesario que, cuando voy a participar del cordero, lo acompañe por panes sin levadura y que saque la levadura de mi casa, anunciando la purificación que un cristiano debería siempre anhelar.
Y también, hermano, se había de comer con hierbas amargas. Y esas hierbas amargas nos deben recordar a nosotros lo que es la amargura del pecado y la vida que vivíamos antes de Cristo. Esto quizás eran raíces de árboles, quizá era rábano, y ellos comían esas hierbas amargas con dificultad. Y después que comían esto con dificultad, entonces comían el cordero, y quizás la carne del cordero les sabía dulce. Es para que tú te recuerdes cómo era tu vida antes de venir a Cristo, cómo el Señor perdonó tus pecados, cómo el Señor te libró de todo el pecado, y esa amargura la puedas recordar a través de esta comida.
Tres símbolos principales tenía la Pascua: en la Pascua había un cordero perfecto en sustitución por tus pecados; en la Pascua había panes sin levadura, que anunciaban la purificación que todo hombre de Dios debe anhelar; y en la Pascua había hierbas amargas, un recordatorio de su amargura, era la amargura que el pueblo había tenido en Egipto. Y Egipto, de algún modo, simboliza nuestra salida del mundo para entrar en la familia de Dios.
Pero, fuera de estos tres símbolos principales, donde quiero detenerme es en el proceso mismo de la Pascua. Miren, elemento por elemento, en el proceso de la Pascua se está anunciando el sacrificio de Cristo en expiación por nuestros pecados. Lo primero que había que hacer era seleccionar y guardar, cuatro días antes, un cordero que fuera perfecto. No era como: “Mira, el día de la Pascua tú puedes salir a buscar un cordero”. No, hermano. Había que hacer una selección de un cordero perfecto cuatro días antes.
¿Ustedes creen que fue casualidad que el Señor entrara a Jerusalén cuatro días antes de su crucifixión? En el momento que el Señor entró a Jerusalén era el mismo momento en que muchas familias estaban buscando su cordero.
Jesús entrando como el Cordero de Dios
La Pascua anuncia a Cristo. Y el Señor entró, en la lectura que tuvimos en el Domingo de Ramos, a Jerusalén precisamente el día en que muchas familias en Jerusalén salían a buscar su cordero perfecto. Por eso dice también Juan:
He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
— Juan 1:29
El Señor estaba simbolizando: “Ustedes hoy están buscando un cordero limitado para simbolizar lo que es la expiación por sus pecados. Hoy ha entrado a Jerusalén el Cordero perfecto, que ofrecerá un sacrificio una vez y para siempre”.
Miren, un domingo como hoy era el domingo que muchas familias estaban buscando el cordero. Era el domingo en que muchas familias estaban yendo a su rebaño: “Vamos a buscar el mejor de los corderos, vamos a revisarlo durante cuatro días”. Yo asumo que se buscaba con cuatro días de antelación para que no viniera a ser cosa de que se hiciera una mala elección. O sea, en cuatro días había tiempo para que, si no el padre de familia, su esposa, si no sus hijos, detectaran cualquier imperfección en el cordero.
Hermano, cuando el Señor entró de manera triunfal, aunque humilde, a Jerusalén, comenzó la mayor inquisición que en su persona había habido en todo su ministerio. Miles de autoridades judías comenzaron a hacerle preguntas contundentes, comenzaron a revisarlo por todos los lados. Le preguntaban una cosa, le preguntaban lo otro, lo analizaban por arriba, lo analizaban por abajo. No sabían lo que estaban haciendo; lo que estaban haciendo era constatar la perfección de este Cordero inmolado de Dios.
El Señor entró domingo, hermano, cuatro días antes de que llegara la Pascua, porque Él mismo era nuestra Pascua. Y cuatro días antes, todas las autoridades judías comenzaron a constatar que el Cordero era perfecto y que no había mancha alguna. Luego de esto, había que inmolarlo con toda la congregación. Miren, no era un acto secreto de que: “Vamos a inmolar el corderito escondido”. No. Toda la congregación, toda esa familia, tenía que estar presente cuando su corderito iba a ser inmolado.
¿Ustedes creen que fue casualidad que la crucifixión de Cristo fue un evento público y que todo Israel dijo: “Crucifíquenlo, crucifíquenlo”? Así como toda familia tenía que estar presente cuando se iba a inmolar el cordero, lo mismo todo el pueblo estuvo presente cuando nuestro Señor, nuestro sacrificio perfecto, fue crucificado.
La sangre en los dinteles y la Cruz
Esa participación congregacional en la inmolación del cordero de la Pascua anuncia perfectamente cómo todo el pueblo participó en esta preciosa ceremonia, en este precioso “ritual” que es la crucifixión. Al mismo tiempo, había que poner la sangre en los dinteles. Recuerden, la palabra “Pascua” significa “pasar de largo”, y donde estaba la sangre en los dinteles, dice que pasaba el ángel de la muerte y que no se llevaba al primogénito: les perdonaba la vida.
Hermano, los dinteles, decía el texto, eran los dos postes y el dintel de arriba; era como en una puerta, en la entrada. En los dos postes y en el dintel, la parte de arriba, se ponía sangre; ahí se rociaba la sangre y, cuando el ángel del Señor veía la sangre, entonces seguía de largo. Yo no quiero que ustedes sean tan altivos para pensar que son perfectos ante Dios. Bueno, cuando uno viene a la presencia del Señor y uno puede cantar ante el Señor, y uno puede pararse ante el Señor y no ser destruido, la única explicación teológica que encontramos para eso es que cuando el Señor te ve a ti, Él mira la sangre. Él mira el sacrificio de Cristo y aquellas virtudes que tenía Cristo entonces, por consecuencia, se te imputan a ti. Y por eso un cristiano puede, con libertad, pararse delante del Señor: es porque la sangre de Cristo le cubre.
Esa sangre en los dinteles de las puertas, que impedía que el ángel de la muerte entrara a esa casa y destruyera, es lo mismo que un cristiano tiene cuando ha aceptado la sangre de Cristo como preciosa marca de su salvación. El Señor ve la sangre y pasa de largo. Pero podríamos decir también lo siguiente, sin abusar mucho del significado: miren, la puerta estaba construida con dos columnas de madera; en cada columna de esas había que poner sangre. ¿No les parece a ustedes un poco parecido a como sucedió, que el Señor fue crucificado en un madero, con dos columnas puestas así, y en esta columna hubo sangre, y en esta punta hubo sangre, y en la otra punta hubo sangre? En el sacrificio de Cristo en la cruz, así como la sangre era puesta en la puerta, así mismo fue puesta la sangre en la cruz.
Otra cosa que había que hacer era asarlo completamente al fuego. Y se especificaba, hermano, completamente. No era que podíamos decir: “Mira, vamos a tomar medio cordero y dejamos la otra parte para mañana”. No, no. Había que asarlo completamente al fuego.
Comer todo el cordero y el llamado a tomar a Cristo completo
Es la totalidad. ¿Dónde vemos que, cuando Cristo murió, se constató que murió totalmente? Había otra porción de la Escritura donde nos dice a nosotros que el cuerpo del animal no se podían quebrar sus huesos, sino que había que asarlo completamente, pero manteniendo su misma integridad ósea. No se podía quebrar. Señores, cuando Cristo fue crucificado vinieron los romanos y dijeron: “Vamos ahora a quebrar los huesos”. Y quebraron los huesos de aquellos que estaban al lado de Jesús. Y cuando llegaron a Él, uno de ellos dijo: “Oh, pero parece que se murió; vamos a ver si es verdad que se murió”. Y clavaron una lanza. Pero los huesos de Cristo, ningún hueso de Cristo en la crucifixión fue quebrado. El mismo profeta lo había anunciado así.
¿No quiere saber usted si Cristo es el Cordero inmolado de Dios? Pregúntese por qué ni un hueso de Cristo fue quebrado. Miren, los romanos eran bárbaros en sus crucifixiones. Eso de quebrar los huesos era que tomaban una herramienta y le daban, le daban, y parece que el dolor producía la muerte. Estaban allá agonizando ya en la cruz y venían, tomaban una herramienta, les daban golpes, les daban golpes, para quebrar sus huesos, para machucarlos. Le infligían ahí un dolor muy fuerte, pero al mismo tiempo le destruían la estructura.
Hermano, al Señor en la cruz sus huesos milagrosamente no fueron tocados. Yo me pregunto: ¿y qué misericordia fue esa que pudo tener ese soldado? Si a los otros le quebraron los huesos, ¿por qué a este no? A este no porque era el perfecto Cordero de Dios, y el cordero no podía tener ni un hueso quebrado. Había que comerlo completo y en un solo momento. Había que calcular: “¿Vamos a ver aquí? ¿Hay estómago para que nos podamos comer el cordero, o tenemos que invitar a otra familia?”. Dice el Señor que había que calcular según el hábito que tenía de comer cada uno. Era un compromiso. Como es el Cordero de Dios, hermano, había familia que traían corderos y decían: “Mira, ese cordero está un chin grande, vamos a buscar otra familia más, porque hay que comérselo completo”.
Había que hacer un cálculo, hermano, a ver si se iba a poder comer la familia completamente ese cordero. Hermano, con Cristo sucede lo mismo. Hay personas que han querido tomar partes de Cristo y nunca han tenido un sacrificio perfecto. Hay personas que han querido tomar: “Mira, yo quisiera tomar de Cristo las enseñanzas que hablan sobre el amor”. Otro diría: “Yo quería tomar de Cristo las enseñanzas que hablan sobre la justicia”. A Cristo hay que comérselo completo o no comérselo. Tú no puedes tomar a Cristo por pinzas. Tú no puedes decir: “Mira, a mí me gusta tal parte de Cristo, me gusta la otra”. A Cristo se come completo y en un solo momento.
Esto anuncia, hermano, nuestra salvación. Hay personas que quieren venir a Cristo como por acercamiento, de que: “Mira, yo voy a comer un poquito de Cristo hoy, y el próximo año como otro chin”. Hermano, en el momento que tú resuelves seguir a Cristo, resuélvelo seguir a Cristo totalmente. Tú no puedes comerte a Cristo por parte. Si Cristo es el Cordero perfecto del Señor, esto no se podía guardar para el otro día. Te pregunto a ti: ¿todo esto está anunciando a Cristo?
Miren algo que se pregunta cualquier persona que está por poner su fe en Cristo: “¿Estoy yo dispuesto a tomarme a Cristo completo, a comerme a Cristo completo, hasta sus últimas consecuencias? ¿Estoy dispuesto yo a consumir la última parte de la doctrina de Cristo?”. Comer a Cristo, hermano, es vivir de acuerdo a su voluntad. ¿O solamente me interesan elementos de Cristo? Podrías tomar elementos de Cristo, pero si solamente tomas elementos de Cristo, Cristo para ti es un buen banquete, es una buena comida, pero no es un sacrificio expiatorio. Para aquellas personas para quienes Cristo realmente ha perdonado sus pecados, es para aquellas personas que no se comieron a Cristo por parte, sino que se comieron a Cristo completamente.
Urgencia, peregrinaje y santificación
¿Qué nos dice la Pascua? Había que comerlo con urgencia, pronto, vestidos y listos para salir. Había que comérselo así, con una actitud que dijera: “Pronto vamos saliendo”. Hermano, ¿cómo vivimos los cristianos en la tierra? No como peregrinos y extranjeros. Cuando una persona ha logrado apropiarse de Cristo, ya su vida la asume con una perspectiva temporal. Él dice: “Yo estoy diseñado para vivir con el Señor para siempre; yo voy a salir de aquí”. Lo mismo tenía Israel cuando Israel estaba en Egipto y comió la Pascua. Ellos comieron la Pascua vestidos, porque entendían que de manera milagrosa, prontamente, el Señor iba a permitir su liberación.
Y era difícil. Imagínese un grupo de hombres que han sido esclavos durante toda su vida, que les dicen: “Mira, el Señor te va a sacar de aquí, de Egipto, de una manera milagrosa. Va a tener que abrir el mar en dos para que tú pases por ahí en medio”. Era difícil de creer. Es más difícil de creer eso que creer que el Señor volverá una vez y se va a llevar a su pueblo a vivir con Él para siempre, y que aquellos que han comido a Cristo completamente, aquellos que se han aferrado al sacrificio de Cristo, eventualmente se irán con Él. Los cristianos vivimos en esta tierra de manera rápida, de manera ligera; vivimos como peregrinos y extranjeros.
Por eso podemos vivir con una perspectiva eterna. Así como la Pascua había que comerla con urgencia, pronto, vestidos y listos para salir, en el momento que usted se hace cristiano, usted se prepara para la eternidad. No significa, hermano, que usted no trabaje; lo que significa es que toda tu vida ya tiene que girar con una perspectiva eterna. Eventualmente el Señor vendrá y se llevará a su pueblo de manera rápida, de manera expedita. Un cristiano tiene que estar listo para salir. Hermano, ¿qué es “listo para salir”? Es que tú tienes que tener tu vida viviendo de una manera agradable al Señor, estar preparado.
Algo sucede aquí: el Señor no nos dijo una fecha. Él nos dijo: “Vivan hoy con la perspectiva de que puede ser hoy mismo el arrebatamiento de la iglesia. Vivan hoy con la expectativa de que hoy mismo puede venir su liberación”. Así mismo, el cordero había que comerlo con urgencia, pronto, vestidos y listos para salir. Se acompañaba de pan sin levadura. El pan no era parte del sacrificio, pero de algún modo les ponía a ellos en la mente que quien participara en el sacrificio debía ser una persona que había quitado la levadura y se había preparado para eso.
La levadura es un símbolo del pecado. Y aunque el Señor inmediatamente perdonaba sus pecados y no los tomaba en cuenta, también les decía el Señor: “Recuérdense que la levadura no es buena. Recuérdense que la levadura yo la rechazo”. Israel, hermano, preparaba panes sin levadura porque esos panes sin levadura significaban pureza. Y esto es un símbolo de la santificación en que debe vivir un cristiano. Se lo explico así: bueno, el Señor, en el momento en que tú le aceptas como tu sacrificio perfecto por ti, que es Cristo, en el momento que tú aceptas a Cristo, tus pecados todos son perdonados. Pero, hermano, ya que Cristo perdonó tus pecados, trata de quitarle la levadura al pan. Ya que el Señor perdonó tu pecado, trata de quitarle la levadura al pan. Trata de no pecar. Trata de vivir de una manera agradable a Él. Trata de cada vez tener una vida más perfecta.
Limpiar la casa de toda levadura
¿Sabe por qué el pecado es sinónimo en la Biblia de levadura? Porque el pecado aumenta y pone cosas donde no hay. La levadura se la ponen al pan, y donde hay un poquito de masa, esa levadura le mete aire, y hace que las cosas crezcan. La levadura no produce masa; lo que hace es que exagera lo que hay ahí. Lo mismo es el pecado, hermano. El pecado es una ilusión, el pecado es una falsedad, el pecado es una tergiversación de la intención de Dios para el hombre. El Señor quiere que tú saques la levadura del pan, porque en esa acción de sacar la levadura del pan está una actitud de vivir de una manera santa y agradable al Señor.
Pero no solamente eso, hermano: que siete días antes había que sacar la levadura de toda la casa. Había que limpiar la casa para sacar eso. Significa, hermano, que cuando tú participas de la mesa del Señor, cuando participas de la Pascua con el Señor, cuando su sacrificio es real para ti, de algún modo tú tendrías que sacar de tu casa aquellas cosas que no agradan a Dios. No es posible que participes de la Pascua con una casa desorganizada. Hay todo tipo de personas que se hacen cristianos, pero siguen viviendo comiendo lo mismo que comían y siguen participando en los mismos ambientes que participaban.
El Señor te dice: “Cuando vas a participar de la Pascua, tienes que limpiar la habitación”. El Señor te dice: “Cuando aceptas a Jesucristo como sacrificio en tu lugar, como tu Salvador personal, de algún modo tienes que limpiar tu vida”. Y esa limpieza de sacar la levadura… Bueno, los judíos eran en eso perfeccionistas. Ellos buscaban el último granito de levadura que por casualidad había caído cerca de la casa, y barrían todo eso, hermano, y lo sacaban. Lo que ya no tenemos es que ser minuciosos con el pecado que está alrededor nuestro.
Decía Martín Lutero, él decía: “Yo no puedo impedir que los pájaros vuelen sobre mí, pero puedo evitar que pongan una casa en mi cabeza”. Un cristiano no puede evitar vivir aislado de un mundo pecador. Sin embargo, hermano, sabemos que hay cosas en las cuales participamos que son levadura para la masa, que adulteran la esencia de Dios en nosotros, que deberíamos sacar. Todo aquello… la Pascua preparaba a Israel para que limpiara su casa y al mismo tiempo le permitía comer un pan sin levadura.
Había que asegurarse de sacar toda la levadura. Pero, aparte de esto, el ángel de la muerte pasaría por cada casa. Esta es la consecuencia, hermano. La muerte es una realidad, y es una realidad muy triste para aquellos que no han puesto en Cristo su esperanza. La muerte acecha; hoy tú estás aquí y mañana tú no sabes dónde estás. Ahora, ¿qué tenemos los creyentes? Los creyentes sabemos que tenemos en Cristo vida eterna. Nosotros sabemos que estamos preparados, que si hoy, hermano, tenemos que partir de aquí, nuestra vida no se perderá; nuestra vida está segura en las manos del Señor.
Poner la sangre de Cristo en el dintel, hermano, es curarte en salud antes de que venga ese suceso que iba a venir. El Señor no les dijo si iba a venir a las 10, si iba a venir a las 11. Pero el Señor les dijo: “El ángel de la muerte vendrá”. Y es mejor que, cuando pase, la sangre esté sobre el dintel.
La realidad de la muerte y la necesidad de estar preparados
Hermano, la muerte un día va a venir. Amigo, la muerte un día va a venir a tu vida y lo mejor es que la sangre de Cristo esté sobre tu cabeza. Lo mejor es que te encuentren preparado. Lo mejor es que la muerte, el ángel de la muerte, te encuentre habiéndote ya apropiado de este sacrificio, habiendo rociado tu vida con su sangre. La única esperanza que tiene un cristiano después de la muerte es que la sangre de Cristo haya sido eficaz para su vida. Fuera de eso, hermano, solamente hay perdición.
Por último lugar, había que recordar la Pascua de generación en generación. A los niños había que instruirlos en el significado de la Pascua. Normalmente el hombre más viejo de la casa tenía la participación principal en la festividad de la Pascua. Él tenía el honor de poder relatar la historia del Éxodo para toda la familia. Hermano, una buena actitud en Semana Santa es recordar el sacrificio de Cristo por nosotros. Y si tú eres cabeza de una casa, si tú eres el más grande en tu hogar, asume la función de recordarles a tus seres queridos que el Señor murió en su lugar, que para ellos hay esperanza.
Es recordar este significado, hermano, no solamente celebrar por celebrar; es celebrar con sentido. Cuando los cristianos participamos en la Pascua, hermano, tenemos que recordar en qué estamos participando y hacerlo de generación en generación. Este es el proceso de la Pascua. ¿Ven cómo todo esto anunciaba a Cristo?
Hermano, en un momento sería una locura que los judíos no entendieran qué tan querido era su Pascua. Era una locura que ellos no entendieran cómo cada cosa encajaba en su lugar, y cómo cada aspecto del sacrificio de Cristo tenía que ver también con nuestro propio sacrificio.
El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él y dijo:
He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
— Juan 1:29
Hago una pausita aquí para darle una ñapa a nivel de simbología. No bastaba solamente con sacrificar un cordero. Había familias que sacrificaban el cordero y se lo comían, pero no… De poco servía sacrificar el cordero si no se ponía la sangre en el dintel.
Fe, sangre en el dintel y eficacia del sacrificio
Ciertamente Cristo murió por todo nuestro pecado, pero el ángel de la muerte solamente perdona a aquellos en cuya casa la sangre de Cristo está puesta sobre su cabeza. Investiguen en esto. No hace falta solamente que Cristo muriera en tu lugar; también hace falta que tú vayas al Cordero y tomes de su sangre. Hay personas que han pensado: “No, ya Cristo murió por todo el mundo”. Ciertamente murió por todo el mundo, pero su sangre solamente es eficaz para aquellos que se apropian en fe de su precioso sacrificio. Lo que era poner la sangre en el dintel para los judíos, para los cristianos significa apropiarse en fe del sacrificio de Cristo.
Así como antes, quien ponía la sangre en el dintel era quien tenía la fe de que el ángel iba a pasar y le iba a perdonar; eso era fe, ¿o no era fe? Así mismo, hermano, quien hoy tiene su fe en el Señor es aquella persona que entiende: “Mira, yo entiendo que acepté el sacrificio de Cristo y que un día el ángel va a pasar por frente de mí y la sangre de Cristo está sobre mi cabeza”. Eso es la fe de un cristiano en este tiempo. Así como anteriormente no hacía falta solamente sacrificar el cordero, sino también tomar de su sangre y untarla en la puerta, no solamente hace falta que Cristo muriera en tu lugar. Ya Él murió.
La paradoja de la cruz, hermano, es que Cristo murió por todo el mundo. Porque “de tal manera amó Dios al mundo”; no poco amó Dios a un grupo de personas, no, amó Dios al mundo completo. Ahora, el sacrificio del Cordero solamente es eficaz para aquellos que toman de su sangre y la colocan en el dintel. Colocar la sangre en el dintel para un cristiano en este tiempo es la fe, hermano; es apropiarse por fe del sacrificio de Cristo, poner la sangre en el dintel.
También veremos adelante otra Escritura. Dice así: los cristianos y la Pascua. ¿Qué hacemos los cristianos? ¿Tenemos que sacrificar todavía los animalitos? ¿Qué hace un cristiano en la Pascua? ¿Qué es lo que tenemos que hacer? Mire, nosotros en la Pascua recordamos el sacrificio que Cristo hizo por nosotros una vez y para siempre, y al mismo tiempo invitamos a otros a celebrar con sentido.
Quiero que me acompañen ahora, hermano, a la Pascua en Jesús. Ya vimos cómo es la Pascua en el Antiguo Testamento y para qué se hacía. Ahora veamos a Cristo celebrando la última Pascua. Hermano, esto era un ceremonial que tenía cientos de años de historia. Esto era un asunto ancestral. Vamos a ver ahora en la Biblia cómo se celebró la última Pascua.
La última Pascua con Jesús y sus discípulos
Acompáñenme al libro de Lucas, en el capítulo 22: la celebración de la última Pascua. Capítulo 22 del Evangelio de Lucas. Hermanos, ¿recuerdan en qué momento entró Jesús a Jerusalén? En el momento en que estaban buscando un corderito perfecto para ponerlo en su lugar. En ese momento entró Cristo. Y les dije ya que en la última semana, esa semana que comienza el domingo, le hicieron a Jesús preguntas contundentes, lo tuvieron inquiriendo en diferentes áreas, lo tuvieron revisándolo de la misma manera en que se revisaba un cordero.
Leamos ahora a Cristo en la Pascua, Lucas capítulo 22, desde el versículo 1:
Estaba cerca la fiesta de los panes sin levadura, que se llama la Pascua. Y los principales sacerdotes y los escribas buscaban cómo matarle; porque temían al pueblo. Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era del número de los doce; y éste fue y habló con los principales sacerdotes y con los jefes de la guardia, de cómo se lo entregaría. Ellos se alegraron, y convinieron en darle dinero. Y él se comprometió, y buscaba oportunidad para entregárselo a espaldas del pueblo. Llegó el día de los panes sin levadura, en el cual era necesario sacrificar la pascua.
— Lucas 22:1-7
Llegó el momento. ¿No llegó el momento? Llegó el momento: había que sacrificar el cordero. Hermano, todo ese simbolismo, año tras año, estaba esperando a Cristo. “Llegó el día de los panes sin levadura, en el cual era necesario sacrificar el cordero de la Pascua”. Y Jesús envió a Pedro y a Juan diciendo:
Id, preparadnos la pascua para que la comamos. Ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que la preparemos? Él les dijo: He aquí, al entrar en la ciudad, os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle hasta la casa donde entrare, y decid al padre de familia de esa casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos? Entonces él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto; preparad allí. Fueron, pues, y hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua.
— Lucas 22:8-13
¿Vieron que se parece un poco a cuando entró en Jerusalén, que mandaron a buscar el pollino? Dios preparó todo en cuanto a la Pascua de forma tal que el ceremonial encajara perfectamente en Cristo.
Estoy en el versículo 14:
Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca!
— Lucas 22:14-15
Como que Él está diciendo: “Miren, desde que yo instituí esta ceremonia, yo estaba esperando el momento en que la vaya a terminar”. Era un anhelo en el corazón de Dios, un anhelo, hermano, que tenía cientos de años, que llegaría un momento en que Él mismo participaría como sacrificio en su última Pascua.
Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios. Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.
— Lucas 22:16-20
La Cena del Señor y el nuevo pacto
La última Pascua simbólica fue esa. A partir de ahí, ya no hace falta un corderito simbólico, porque el Cordero perfecto fue Él. Él les dijo: “Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí”. Si uno analiza que esto es el monumento de la Pascua, esto tiene un gran significado: es que Él está diciendo: “Lo que ustedes se van a comer ahora es verdaderamente mi cuerpo. Esto era lo que ustedes habían estado haciendo”.
En un momento antes de esto, el Señor le dijo a los discípulos: “Van a tener que comerse mi cuerpo y beberse mi sangre”, y ellos no entendieron. Pensaron: “Ahora sí es verdad que se volvió loco: que hay que comérsele el cuerpo y beberse la sangre”. Miren, para los judíos fue muy raro. Es más, fue tan raro que el evangelista cuando lo escribe dice: “Y a partir de ese mismo momento muchos dejaron de seguirle”. La gente no entendió.
Hermano, comerse el cuerpo y beberse la sangre de Cristo es aferrarse por fe a que este es el sacrificio por nuestro lugar. Esto es lo que significa: “Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí”. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa diciendo: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama”.
El mismo Señor se comió un corderito. Oigan qué paradoja: Él mismo, que era el Cordero perfecto, en la última cena de Pascua simbólica comió el cordero, y después que lo comió entonces les dijo: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre”. Cuando el Señor ve la sangre, ahora eso es lo que es el pacto; cuando Él ve la sangre de Cristo sobre nosotros, pasa de largo. En un momento todos nosotros nos encontraremos ante el tribunal de Dios, y lo único que puede salvar a una persona en ese momento es que la sangre de Cristo haya sido eficaz en su vida, por fe.
En un momento tú vas a estar ante Dios, y lo único que te va a eximir de la destrucción eterna es que el Señor va a ver a Cristo, y te va a preguntar: “¿Aceptaste el sacrificio de Cristo en tu lugar?”. “Ay sí, Señor; una vez, en una iglesia que se llamaba Pez Mundial, ahí predicaron, y yo me apropié de ese asunto por fe, de que Cristo murió en mi lugar”. “Perfecto, eres perdonado. No es por tus méritos, es por los méritos de Cristo; no es por tu propio sacrificio, es por el sacrificio de Cristo”.
Mas he aquí, la mano del que me entrega está conmigo en la mesa. A la verdad el Hijo del Hombre va, según lo que está determinado; pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado! Entonces ellos comenzaron a discutir entre sí, quién de ellos sería el que había de hacer esto.
— Lucas 22:21-23
En este momento, el Señor tomó la Pascua judía, donde había un corderito inocente que era puesto en lugar del otro, y Él, que realmente era inocente, del mismo modo que inocente era el cordero, asumió nuestro lugar.
Cristo, nuestra Pascua, y el fin del ritual
En Lucas 22, del 1 al 21, vemos a Cristo diciéndonos que Él mismo es nuestra Pascua. Me muevo aquí un poquito. Dice Pablo:
Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.
— 1 Corintios 5:7
Oigan lo que dice Pablo. Estoy en el Nuevo Testamento, hermano, estoy después de Cristo. Dice: “Limpiaos, pues, de la vieja levadura” —¿de cuál levadura me voy a limpiar?— recuerden, la levadura es el símbolo del pecado, hermano. La levadura era el símbolo de la contaminación. La levadura era el símbolo de lo impuro. Le está diciendo el Señor: “Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra Pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros”.
Hermano, los primeros discípulos del Señor entendieron: ya no hay que buscar un nuevo corderito, porque el Cordero perfecto ya murió en mi lugar. Ya no hace falta que estemos participando de todo aquello; lo que hace falta ahora es que nos alejemos del pecado y que aceptemos el sacrificio perfecto de Cristo en nuestro lugar.
Miren, con la llegada del Cordero de Dios —lo que anunciaba el símbolo—, terminó la Pascua como ritual, pero aún mantiene su valor como recordatorio del sacrificio de Cristo por nosotros. Lo anunciamos cada vez que compartimos el pan y el vino. Decía el mismo apóstol Pablo:
Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.
— 1 Corintios 11:26
Bueno, cuando la iglesia partimos el pan y el vino, lo que estamos diciendo es que en un momento de la historia el Señor mismo se hizo hombre. Un Cordero perfecto, revisado por todo el mundo, a ver si había falta en Él, y no encontraron ninguna falta. Y ese Cordero perfecto, inspeccionado cuatro días antes, tal como sucedía con el cordero de la Pascua judía, en un momento murió por nosotros, en nuestro lugar, tal y cual había sido escrito.
Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.
— Juan 19:30
“Consumado es” y el fin de los sacrificios
Cuando Jesús hubo tomado el vinagre en la cruz, dijo: “Consumado es”. Hermano, hay pocas expresiones que yo encuentre tan contundentes en la Biblia como esa. Mire, cuando yo leo eso yo me estremezco. El Señor en la cruz, ahí, estaba escrito que le iban a dar a beber vinagre mezclado con hiel. Y Él, ahí en la cruz, crucificado así, dijo: “Ya yo cumplí todo lo que de mí habían escrito en la ley y en los profetas. Ya de mí se cumplió todo. Ya yo entré cuando había que haber entrado. Ya yo participé donde había que haber participado. Ya a mí me entregaron como se entregaba el cordero, como había que hacerlo. Ya a mí me han puesto aquí. ¿Qué es lo que falta por cumplirse?”. Y allí quedó una profecía muy antigua que decía que, estando en la cruz, le iban a dar a beber vinagre mezclado con hiel, y Él dijo: “Tengo sed”, y le dieron vinagre.
Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: “Consumado es”. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu. Hermano, ese “consumado es” terminó con años de rituales ceremoniales. Ese “consumado es” terminó con años de ofrecer un corderito ahí en nuestro lugar. Hermano, ese “consumado es” significa que aquel a quien los símbolos habían estado señalando, que aquel que en la carretera nos habían dicho: “Ya está cerca, ya solamente faltan como 100 años”, hermano, aquel que durante siglos se había esperado, ya llegó, ya se entregó, ya se sacrificó. Y “consumado es” es el sacrificio por nosotros.
Dice que en aquel mismo momento se rasgó el velo del templo, hermano. Eso indica que ya no hay que ofrecer un nuevo cordero, que ya no hay que poner un nuevo sacrificio. Hermano, esa es la hermosura que tiene la Pascua para un cristiano. Estamos comenzando a celebrar hoy Domingo de Ramos, el domingo que el Señor entró en Jerusalén. Estamos celebrando que aquello que durante años los judíos hicieron ceremonialmente ya tuvo su consumación en el sacrificio perfecto que es Cristo por todos nosotros. Ya no hace falta ofrecer un nuevo sacrificio, sino solamente aceptar el sacrificio de Cristo, recordarlo con agradecimiento y purificarnos por medio de la santificación. Para eso es la Semana Santa.
Dice la Escritura:
Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.
— 2 Corintios 5:21
Llamado personal: apropiarse del Cordero
Lo más precioso que yo tengo para decirle a usted, hermano, en este comienzo de Semana Santa, es que el Señor murió en nuestro lugar. Aquí hay personas que ya se apropiaron del sacrificio de Cristo, hermano. Aquí hay personas en quienes ya la sangre de Cristo funciona a su favor. Aquí hay personas que ya tienen seguridad de vida eterna en el Señor, ya saben que el Señor, cuando les vea, no tomará en cuenta sus pecados por causa de Cristo. Aquí hay gente para quienes ya este Cordero, que fue sacrificado por todos los hombres —no solamente por algunos, que murió por todos nosotros—, no solamente el Cordero murió, sino que esa gente fue a su sangre y la roció sobre su cabeza.
Pero al mismo tiempo, pienso que aquí hay gente que quizás, a pesar de que Cristo murió en su lugar, todavía la sangre de Cristo no ha sido puesta en su dintel. Hermano, no juegue con esto. El ángel de la muerte es real. La mortandad, como en Egipto, hermano, no fue corta. El clamor que hubo en Egipto no fue corto. Tal como el Señor dijo, sucedió. En un momento vino el ángel de la muerte y barrió con todos en aquella casa donde no habían puesto la sangre en el dintel.
Hermano, lo que el Señor dijo se cumplirá. Eventualmente todos nosotros nos veremos ante el Señor, y lo único que nos salvará de que su ira pase de largo es que la sangre de Cristo haya sido puesta, en fe, sobre nuestras cabezas. Si has escuchado el significado de la Pascua, si has escuchado que Jesús murió en tu lugar, lo único que tengo para decirte hoy es que no seas necio, que procedas al arrepentimiento. Le pido que cierren sus ojos un momento.
Si aquí hay personas que todavía no tienen la seguridad de que el sacrificio que el Señor hizo es un sacrificio válido para él, de nuevo te digo:
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.
— Juan 3:16
Del mismo modo dice Romanos:
Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
— Romanos 6:23
La sangre de Cristo fue derramada en tu lugar, pero quizá todavía no ha sido puesta sobre tu vida. Mantenga sus ojos ahí cerrados.
¿Cómo pongo la sangre de Cristo sobre mi vida? En un acto de fe. Dice la Escritura:
Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
— 1 Juan 1:9
Y dice también:
Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.
— Juan 1:12
¿Cómo pongo ahora la sangre que Cristo derramó en la Pascua a favor mío? ¿Cómo yo me apropio de esa sangre? Es tan sencillo como confesar en fe tus pecados delante de Él y decirle que te cubra con su sangre. En fe, así como tenían fe los judíos al poner la sangre en el dintel, tenemos fe los cristianos al poner nuestra fe en el Señor Jesús.
Oración de arrepentimiento y urgencia de responder
Yo no puedo orar por ti para que la sangre de Cristo obre a tu favor, pero puedo indicarte cómo hacerlo. Podrías decirle en oración: “Señor, te pido que perdones mis pecados”. Puedes decirle al Padre: “Yo acepto el sacrificio de Cristo en mi lugar”. Como las hierbas amargas que se llevaban a la boca, tú puedes decirle: “Recuerdo, Señor, que mi pecado es desagradable ante ti”. Como los panes sin levadura, podrías decirle al Señor: “Señor, yo trataré de sacar toda la levadura que hay en mi vida”. Y como el cordero sustituto lo hizo a favor tuyo, podrías decirle: “Señor, acepto el sacrificio de Cristo en mi lugar”.
Qué bonito sería si recordaras este domingo, primer domingo de la Pascua del 2012, como el domingo en que la Pascua funcionó a tu favor. Qué bonito sería si recordaras este día como el día en que dejaste de ser una persona que escuchaba hablar sobre Cristo y aceptaste el sacrificio de Cristo en tu lugar. Espera un momento ahí. Estoy hablando con las personas que todavía no han aceptado al Señor como su Salvador personal. Eso es lo que es un Salvador: alguien que te salva de la muerte.
Ahí con tus ojos cerrados puedes decirle al Padre, en oración: “Padre, yo reconozco que soy un pecador. Reconozco que necesito alguien que muera en mi lugar, porque si no irremediablemente moriré, porque soy pecador. Si no he pecado con mis actos, he pecado con mis pensamientos; si no he pecado con mis pensamientos, he pecado con mi desobediencia al Señor”. Dice la Escritura:
Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.
— Romanos 3:23
Doy un chance ahí para aquellos que quizás nos visitan por primera vez o tienen un tiempo visitando nuestra iglesia, pero todavía no han aceptado a Cristo como su Cordero salvador, que se puedan poner la sangre en el dintel, que puedan poner la fe en el lugar correcto, para que tengan la seguridad de que un día, cuando se encuentren con el Señor, la ira de Dios pase de largo.
Quizás estás ahí meditando, quizás estás pensando. Es el momento de arrepentirte. Hoy es el momento de convertirte. En la Pascua, el cordero había que comérselo rápido. En el momento no se podía guardar para algún otro día, no se podía guardar para otro momento; tenían que comer el cordero ahí, en el momento que era puesto en su mesa. Hoy el Cordero está delante de ti; no cierres tu boca.
No postergar la salvación
Había que comerse el cordero en ese día; no se podía guardar el cordero para comérselo mañana ni para invitar más gente. No postergues tu salvación. Hay gente que ha estado aquí jugando con Dios, jugando a que “puedo convertirme mañana”, jugando a que “puedo hacerlo el mes siguiente”. Hay gente que está aquí esperando “saber más”. Lo que necesitas saber es que tú eres un pecador y que los pecadores irremediablemente mueren, y que la única manera en que un pecador tiene esperanza es cuando Cristo es puesto en expiación por sus pecados, porque:
La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
— Romanos 6:23
No dejes esto para después. Tu Pascua es hoy. De nuevo, es tan sencillo como que reconozcas ante el Señor que eres un pecador y que aceptas el sacrificio de Cristo en tu lugar.
En oración, dile ahí al Señor: “Señor, reconozco que soy un pecador. He pecado en tantas maneras que no podría mencionarlas una tras otra. Pero al mismo tiempo acepto hoy lo que el pastor Rafael ha dicho, y es que Cristo murió en mi lugar, que Él es mi Pascua, que Él es mi sustituto, que Él es el Cordero perfecto de Dios que quita el pecado del mundo”. Como dijo Juan: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.
Por amor a ti quiero dar un tiempo más. Quizás el Cordero está oliendo ante ti, quizás el cuerpo de Cristo está ante ti, quizá su sangre está ahí esperando y tú estás postergando este momento. Recuerda que la Pascua se comía en ese mismo día. No esperes a que el ángel de la muerte visite tu casa. Gente de esta iglesia, oren ahí por sus amigos que el Señor pone cerca de ustedes, que el Señor les dé valor para confesarle.
Ay, amigo que nos visitas hoy, que todavía no eres un cristiano, que todavía la sangre de Cristo no está obrando a favor tuyo, la única esperanza que tiene un pecador más allá de la muerte es la expiación de sus pecados en Cristo. Te leo de nuevo los versículos; te los digo:
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
— Juan 3:16
Porque “la paga del pecado es muerte, mas el regalo de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”: eso es la Pascua para un cristiano.
Todos los cristianos, en un momento, aceptamos a Cristo como nuestra Pascua, a Cristo como nuestro Salvador, y le recordamos nuestra vez a través del pan y del vino. Si has hecho esta oración de arrepentimiento… A veces uno ora por cosas que son de un extremo valor, pero en el momento no lo puede valorar tanto. Te digo que lo valores. Si has hecho esta oración, oración de arrepentimiento hoy, cree en esto. Así como los judíos creían y ponían la sangre en el dintel, los cristianos creemos y ponemos nuestra fe en Cristo. Cree en esto; cree que el Señor ha perdonado tus pecados; cree que en Él tienes vida eterna, y puedes tener la confianza de que un día te vas a encontrar ante el tribunal de Dios y su ira pasará de largo.
Oración final por la iglesia y enfoque de Semana Santa
Oro por toda la iglesia. Mira a mis hermanos, Señor, que has alcanzado con tu sangre en diferentes años. Mira a aquellos que alcanzaste en el 2011, Señor, y aquí bautizamos. Mira a aquellos que alcanzaste en el 2010, en el 2012. Mira a aquellos, Señor, que alcanzaste con salvación en el 2009. Mira a aquellos del 2008. Mira a aquellos que alcanzaste con salvación por los años 90. Mira a aquellos que alcanzaste con salvación por los años 80, Señor. Mira a aquellos que comienzas a alcanzar con salvación hoy.
Permite que en esta Semana Santa tu iglesia recuerde, Señor, que la muerte le pasó de largo, Señor, pero que le tocaba a ellos. Permite que tu iglesia recuerde esta Semana Santa, Señor, que no por sus méritos, sino por los méritos de Cristo. Permite, Señor, que cuando la gente piense en pelota de playa, que piense en espagueti, la comunidad cristiana Pez Mundial piense en cruz, que piense en sacrificio, que piense en misericordia y justicia funcionando al mismo tiempo.
Te celebramos a ti, Señor, tú que eres totalmente justo y totalmente misericordioso. Te celebramos a ti, Señor, en quien no hay sombra de contradicción. Te celebramos a ti, Señor, que inventaste esto que se llama expiación para seguir siendo justo y obrar en misericordia. Gracias, Señor, por tu gracia. Gracias, Señor, por tu regalo perfecto. Gracias, Señor, por Cristo Jesús. Amén.