Domingos 9:30 AM y 11:30 AM Gazcue, Santo Domingo
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Su carácter establece Sus tiempos

2 Pedro 3:8-10

Dios maneja el tiempo de forma diferente a nosotros: Su eternidad, paciencia y misericordia explican lo que percibimos como demora, especialmente en el regreso de Cristo y en Sus respuestas a nuestras oraciones.

Predicado24 de marzo de 2024
PredicadorJoel Peña
TranscripciónAutomática

Dios les bendiga. Guau, qué bendición estar aquí. He podido saludar a muchos de ustedes, he podido reconocer sus rostros de muchos momentos que hemos compartido. Qué honor que mi hermano Edwin haya orado por mí. Qué honor el poder estar en una iglesia donde un amigo personal es pastor, que admiro mucho y respeto mucho el llamado que Dios ha puesto en él.

Qué honor que mi familia también ha podido disfrutar de estar aquí. Mi esposa y mis hijos están allí. Hace un tiempo vinimos por primera vez y mis hijos eran unos niños y hasta bebés, si pudiera decir, y fueron profundamente impactados por la escuela dominical que aquí se desarrolla cada domingo. De verdad, Dios les bendiga, Dios les siga usando, Dios les permita seguir viviendo este ambiente familiar que se siente en todo sentido acá, ya sea que sean 10 de ustedes o que Dios les permita llegar a 50,000. Que Dios les permita seguir viviendo ese ambiente familiar y que las habichuelas con dulce lleguen a mi casa también.

Hablábamos con el pastor Rafael, de verdad que me alegraba muchísimo ver la lista, ver la anotación, los productos allí y hasta que se anotan para pelar batatas, guayar coco y todo eso. Guau, yo me imaginaba ese ambiente y de verdad que disfrútenlo, disfrútenlo, porque esto es parte de lo que es ser familia en Cristo. Hablando de tiempos, en cuanto a mis hijos que vinieron por primera vez, ya están mucho más grandes. Incluso Samuel, que está ahí, ya tiene 13 años, ya no va a la escuela dominical. Todavía Abby le queda un tiempito y fue ahora.

Cómo percibimos el tiempo en la vida diaria

Pero definitivamente hace poco Abby, por ejemplo, cumplió sus 10 años. Yo recuerdo que cuando ella cumplía sus 3, sus 4, ella se desesperaba porque llegara su cumpleaños. El desespero era tanto que nosotros le decíamos: mira, ya faltan dos meses. Y para ella eso eran como dos siglos. “¿Dos meses? No puede ser”. Y entonces pasaban un par de días y de nuevo preguntaba: “¿Cuánto falta ya?”. “Te dije que faltaban dos meses, todavía no ha pasado el tiempo”. “No, no ha pasado el tiempo, pero es corto el tiempo, son dos meses solamente”. Pero para ella el tiempo era algo muy grande, interminable, casi inalcanzable.

Sin embargo, hace poco cumplió los 10 años, como les mencioné, y ese desespere no era tanto. Ya ella sí seguía con la ilusión, ya que en mi casa mi esposa se ha dedicado a que los cumpleaños sean una tradición muy significativa y todo se detiene para celebrar un cumpleaños. Y todos nos montamos en ese autobús. Pero increíblemente tanto Samuel como Abby ya no tienen ese problema con el tiempo. Si le decimos dos meses, dicen: “Ah, ya está cerca, qué bueno”. Y yo me quedaba pensando: oye, cuánto han cambiado en cuanto al manejo del tiempo.

Sin embargo, sabemos que si extendemos ese tiempo y le decimos: mira, ya tú te vas a graduar del colegio a Samuel, que está ya en séptimo, tan solo te faltan unos 5, 6 años, Samuel diría: “Pero ahora que falta 5, 6 años, falta muchísimo”. Pero para muchos de nosotros hoy, 5 o 6 años pasan así, de una vez. Y cuando uno se pone a meditar, así pasan nuestras vidas. Nosotros estamos muy ligados profundamente al tiempo. Nosotros reconocemos que somos personas creadas por Dios, que somos limitados y no tenemos la bendición de contar con todos los recursos del mundo y menos con el tiempo. El tiempo pasa.

Y si usted quiere tener una prueba verídica de que el tiempo pasa, yo le invitaría a casa y le mostraría la foto de mi boda. Usted se daría cuenta que mi esposa sigue igualita, pero Joel ha cambiado mucho. Joel tiene menos cabello, pero más barriga. Tiene menos visión, incluso tiene que usar lentes, pero tiene muchas más canas por todos lados. Tiene menos energía, menos flexibilidad, menos atletismo, pero más colesterol, más hernias y gastritis por todos lados.

El tiempo que pasa… y el que no trae cambios

Y eso es parte del tiempo, el tiempo determina muchas de las cosas que somos y hacemos y nos afecta de forma directa. Y muchas, y no quiero decir la mayoría, pero muchas de nuestras preocupaciones tienen que ver con el impacto que el tiempo tiene en nosotros, hermanos. Ya sea que el tiempo pasa y nos va cambiando, o que el tiempo pasa y no hay cambios. El tiempo pasa y cambiamos, nosotros nos ponemos más viejitos, pero a veces el tiempo pasa y hay circunstancias, cosas en nuestras vidas que no cambian.

Pasa el tiempo y muchos dirán por aquí: “Sigo soltero y soltera”. Algunos se desesperan. Pasa el tiempo y seguimos sin hijos, algunos dirían, orando por eso, esperando por eso, pero no llegan. Pasa el tiempo y no consigo trabajo, o el trabajo en el que estoy no cambia, la situación sigue difícil y el tiempo pasa y las cosas siguen igual. En fin, el tiempo pasa y los objetivos, sueños, metas que he tenido en el pasado como que no llegan. “Y, Señor, ¿y esto será tuyo? Porque yo creo que es bueno, pero no ocurre nada”.

Y uno que está relacionado con el texto que vamos a revisar hoy directamente es que el tiempo pasa y como que Cristo no viene. Alguna vez tú te has preguntado, o otros te han preguntado a ti, porque es muy frecuente: “Pero venga acá, ustedes dicen, predican y ponen letrero por todos lados: Cristo viene. Cristo viene pronto, pero Cristo no regresa”. Y no llega el momento en que él nos lleve con él y juzgue al mundo como él lo prometió y está descrito en la Palabra. Incluso en Hechos 1, nosotros vemos una promesa directa:

Este mismo Jesús que ustedes han visto subir al cielo, vendrá de la misma manera tal como lo han visto ir al cielo.

— Hechos 1:11

Eso es una promesa. Ustedes lo vieron subir, le dice a los discípulos. Ese mismo vendrá. Pero las cosas no cambian, y el reloj de Dios como que parece estar medio desincronizado con nuestro reloj. Nosotros queremos como que las cosas pasen de una vez y el reloj de Dios como que está en otro “mode”, en otro modo, en otro formato.

Burladores, juicio y la defensa de Pedro

Entonces nosotros nos preguntamos cómo es que Dios maneja sus tiempos, y la respuesta que vamos a encontrar hoy en el texto que vamos a revisar es que su carácter como Dios es el que establece sus tiempos. Quién él es establece sus “cuándos”, sus momentos. Y no hay una verdad más gloriosa, pero también más retante para seres como nosotros que conocer eso. Así que vamos juntos para meditar en esa gran respuesta que Dios nos da: su carácter establece sus tiempos.

Vamos a ir a Segunda de Pedro, capítulo 3. En la escuela dominical nuestro hermano que estaba dirigiendo mencionó el versículo central que vamos a estar meditando aquí. Y vamos a leer desde el verso 1 hasta el 10, aunque nos enfocaremos solo en el 8 al 10. Vamos a leer ese contexto. Segunda de Pedro, capítulo 3, del 1 al 10. Si ustedes tienen la costumbre de ponerse de pie, pues pueden ponerse de pie, y vamos a ir a este pasaje. Yo voy a estar leyendo de la versión Nueva Biblia de las Américas, hay algunas variaciones, no son muchas, pero allí está. Iniciamos verso 1:

Amados, esta es ya la segunda carta que les escribo, en las cuales, como recordatorio, despierto en ustedes su sincero entendimiento, para que recuerden las palabras dichas de antemano por los santos profetas y el mandamiento del Señor y Salvador declarado por los apóstoles de ustedes. Ante todo, sepan esto: que en los últimos días vendrán burladores con su sarcasmo, siguiendo sus propias pasiones y diciendo: “¿Dónde está la promesa de su venida? Porque desde que los padres durmieron, todo continúa tal como estaba desde el principio de la creación”. Pues cuando dicen esto, no se dan cuenta de que los cielos existían desde hace mucho tiempo, y también la tierra, surgida del agua y establecida entre las aguas por la palabra de Dios, por lo cual el mundo de entonces fue destruido, siendo inundado por el agua. Pero los cielos y la tierra actuales están reservados, por su palabra, para el fuego, guardados para el día del juicio y de la destrucción de los impíos. Pero, amados, no ignoren esto: que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con ustedes, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento. Pero el día del Señor vendrá como ladrón, en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas.

— 2 Pedro 3:1-10

Señor, queremos honrar tu Palabra y ayúdanos a, como ya hemos orado, hacer recipientes de ella con humildad. En el nombre de Jesús, amén.

Como es evidente, el escritor y autor de estas palabras, primero Dios y después el apóstol Pedro. Y es bueno conocer quién es este hombre, porque no es nada más y nada menos que un testigo ocular de todo lo que fue la vida de Cristo, sobre todo su ministerio. Él no solamente vio lo que Jesús hizo, sino que fue testigo ahí de primera fila de todas sus enseñanzas. Y él puede decir con toda seguridad, con toda claridad, que Cristo prometió que él retornaría. Y él en medio de esta carta, incluso esta es su segunda carta, como bien leímos en el verso 1, trata de aclarar que él quiere recordar, que él quiere enfatizar cosas que ya se han mencionado antes, tanto por los profetas como por aquellos enviados por Dios.

Esta es una de esas cartas universales, donde Pedro escribe no a una persona específicamente, no a una iglesia específicamente, sino a un grupo de hermanos, de iglesias. Como que dice: a quien reciba esto, esto es para usted, hermano, recíbalo. Toda una región de Asia era el objetivo de esta carta. Y allí, hermanos, nosotros podemos ver algunas cosas, vamos a ver algo del contexto antes de llegar al verso 8. Dentro de esas promesas, de esos mandamientos que Dios dejó a través de los profetas y apóstoles, estaba que Cristo volvería. Sin embargo, Pedro dice: dentro de ustedes, ustedes se encontrarán con personas que se van a burlar de esa promesa.

Como hablábamos hace poco tiempo, vendrían y se burlarían de esa esperanza que hay en ustedes de que Cristo va a volver. Y en el verso 3 y 4 se describe un poco a estos burladores. Dice: “Ante todo, sepan esto: que en los últimos días vendrán burladores con sarcasmo”. Hay otras versiones que no incluyen esa parte “sarcasmo”, porque en el original lo que está diciendo ahí es “burladores que se burlan”. Obviamente. Pero dice: “siguiendo sus propias pasiones, sus propias concupiscencias”. O sea, que ellos se burlan, pero detrás hay una motivación. Ellos tienen deseos de disfrutar esta vida, de disfrutar este mundo, de que nada los rija, y por eso comienzan a burlarse, por eso comienzan a decir: “¿Que viene quién? ¿Quién son ustedes que tienen esa esperanza?”. Pero detrás lo que quieren decir es: “Yo no me quiero someter a nada de eso, porque aquí es que yo quiero gozar mi vida”.

Intervenciones de Dios en la historia: creación, diluvio y juicio futuro

Y si Cristo de verdad viniera a juzgar, pues yo estaría en la primera fila de ese juicio. Pero “eso es mentira, eso no va a ser así, eso no va a ocurrir”, y estaban incluso negando cualquier intervención divina a través de los tiempos. Hay un par de cosas que ellos dicen en cuanto a sus argumentos para decir que Cristo no viene. Primero: “Eso es falso”. Y segundo: “Mira, desde que el mundo se creó, todo sigue igual. Dios no ha venido, no ha intervenido en ningún momento en la historia, nada ha pasado. Todo se creó, sigue la historia, como si todo se quedó rodando automático y no viene ningún juicio”. Eso es lo que decían estos hombres.

Pero Pedro defiende la verdad de Dios, ofreciendo tres respuestas a estos burladores, y son tres respuestas que tú y yo debemos conocer bien. El verso 5 dice: mira, la tierra fue establecida entre las aguas por la Palabra de Dios. Es cierto, Dios creó todo, pero fue por su Palabra, que cuando él dijo “que se haga”, todo se estableció. Y en ese momento, en medio de las aguas, la tierra surge. Segunda respuesta que le da: en la historia del mundo sí han ocurrido varios momentos en los que Dios ha intervenido para juzgar al hombre. Y dentro de esos, el verso 6 dice que Dios destruyó al mundo con agua.

Usted sabe cuál fue ese momento: el diluvio. Y fue a través de esa misma Palabra con la que Dios creó todo, que vino entonces el juicio y destruyó al mundo con un diluvio y todos fueron destruidos. Y yo tengo una nota aquí como medio científica, histórica y de investigación: hay no menos de 200 culturas, hermanos, alrededor del mundo, que tienen relatos del diluvio universal. Culturas que no tienen a nuestro Dios como Dios, sino que hasta son paganos y ateos, y hasta culturas que tienen muchísimos dioses, pero tienen en sus creencias los relatos de un diluvio universal. Y dice la cita: con una coherencia con el relato bíblico de aproximadamente un 80%.

De manera que alguien se encargó de ir pasando ese relato de persona en persona y de región en región, para que quede registro en casi todo el planeta de que hubo un evento cataclísmico en algún momento del pasado. Y ese es el elemento que los burladores aquí olvidan e ignoran. Cierra la cita. Los burladores ignoran que Dios en sus momentos ha venido con juicio. Y Pedro está aclarándoles: ustedes están equivocados, Dios sí ha venido, Dios sí ha actuado para juzgar al pecador.

Sin embargo, él termina con un tercer argumento. Primero, el argumento fue: Dios creó todo por el poder de su Palabra. Dios sí ha intervenido al mundo. Segundo argumento: lo hizo a través del diluvio. Tercer argumento: por la misma Palabra, en ese verso 7, los cielos y la tierra actuales están reservados para el fuego y el juicio y la destrucción. Él creó todo, juzgó en su momento, y no tengas dudas: él lo hará de nuevo porque lo prometió, por su Palabra. Y los hombres que han elegido vidas rebeldes y en pecado contra Dios se encontrarán con la gran realidad de que ese juicio será cierto y vendrá.

De los burladores a los creyentes: el tiempo de Dios y su eternidad

Ahora, hermanos, a mí me llama mucho la atención cómo Pedro está hablando de estos hombres, de esa gente que se burla, y les responde. Pero ahora él gira su atención y se enfoca en nosotros, en los creyentes, en el verso 8. Entonces él dice, con sus palabras bien pastorales: “Pero, amados, esto es para ustedes, no ignoren esto”. Y a mí me llama la atención esto, porque tal vez nosotros no somos de los burladores. Nosotros somos de los que creemos, nosotros sabemos que Dios viene, que Dios juzgará, que lo hizo en el pasado y lo hará de nuevo.

Pero tal vez nosotros sí podemos ser impactados por la duda que viene a través de esa burla y nosotros pensar: “Oye, pero no ha venido, ¿y por qué será que tarda tanto? ¿Qué le pasa al reloj de Dios?, como que no se compagina”. Y Pedro responde entonces, o quiere animar a los creyentes a creer que hay dos razones por las cuales a nosotros nos parece como que el tiempo no avanza y él se retrasa. Primera razón: el tiempo de Dios está establecido por su carácter eterno y atemporal. Verso 8, verso sumamente conocido por nosotros:

Pero, amados, no ignoren esto: que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.

— 2 Pedro 3:8

En el caso de ustedes, amados, es como quien dice: vengan a la recámara de Dios, vamos a entrar y te voy a mostrar a Dios. OK, vamos a entrar todos juntos, entramos y vemos a Dios allí, yo te quiero presentar a Dios aquí y quiero mostrarte cómo es él. Míralo a él, porque así entenderás cómo estás tú y qué debes creer tú. Tu día, tus años, no son sus años. Él desbarata todo esquema de medida tuyo, humano, limitado, porque en él no están. Él no encaja eso, él no entra a tu agenda y se amolda a tu agenda. Él hace trizas tu agenda.

Él desbarata cualquier parámetro temporal que tú y yo quisiéramos implantarle a él o forzarle a él. Él rompe esos parámetros y dice: mis propósitos son más importantes que tus tiempos y tus medidas. Mi voluntad es prioritaria a cualquier calendario tuyo. Por tanto, ahora que tú lo estás viendo, yo mido el tiempo de forma diferente. Increíblemente, Pedro está haciendo referencia a otro pasaje que se encuentra en el Antiguo Testamento:

Porque mil años ante tus ojos son como el día de ayer, que ya pasó, y como una vigilia de la noche.

— Salmo 90:4

Esto lo escribió Moisés en el Antiguo Testamento. Y yo sé que a través de los años de la iglesia cristiana muchas personas han querido como: “Ah, pero ahí hay un sistema de medida. Si pasaron mil años, se quiere decir un día para Dios, y si un día… ¿y ahora, y cuánto tiempo de creación, y cuánto falta?”. Y no, hermanos. Aquí analógicamente Dios está hablando, Dios te está haciendo comparaciones, y es que un día para él es como mil años nuestros. O sea, que para lo que para nosotros es mucho tiempo, para Dios es un soplo, es una vigilia de la noche, es nada.

Dios no mide el tiempo de nuestra misma manera y Dios no está ligado al tiempo. Es increíble, porque nosotros no entendemos eso, hermanos. Nosotros nacimos en el tiempo y moriremos en el tiempo y hacemos todo en el tiempo, pero Dios no está atado al tiempo. Para Dios, el presente, pasado y futuro es un mismo momento, y tú y yo nos quemamos el cerebro pensando en eso, pero esa es la realidad bíblica. Dios vive fuera de ese espectro temporal. Ahora, hermanos, si no llegamos por lo menos a intentar comprender esa cualidad de Dios, de eterno y atemporal, oh, hermanos, cuántas preocupaciones, oh, hermanos, cuántas cargas llevaremos.

Ver la vida desde la perspectiva de la eternidad de Dios

Oh, hermanos, solamente veremos una perspectiva muy corta de lo que Dios quiere que nosotros vivamos aquí en la tierra. Dios quiere que veamos las cosas como él las ve, para que cuando vengan esos tiempos de prueba, de dificultad, de dolor, nosotros podamos decir: esto no se ha acabado. Dios tiene un plan todavía, y no se mide porque yo tengo una semana en esta situación. Se mide con que él está poniéndome en su mesa de alfarero y sigue tallándome, y él tomará el tiempo que él quiera, porque su carácter, su forma de ser, es la que establece sus tiempos.

Hace poco mencionaba cómo nuestros niños tienen problemas con el tiempo, y nosotros los vemos y decimos: “Ay, pobrecitos”. Y yo me imagino cómo Dios nos ve a nosotros también: “Ay, pobrecitos. Tú te estás preocupando por eso y yo tengo algo mucho mayor”. Pero, hermanos, a mí me gustó mucho que mientras yo estudiaba acerca de estos pasajes, yo encontré un artículo que me llamó mucho la atención, porque el título captura mucho, y es “La ineficiencia de Dios”. El título, y yo: “¿Cómo?”. Y el autor estaba hablando de cómo Dios “pierde” tanto tiempo en muchas cosas, en vez de lograrlo de una vez, si él puede hacerlo, por qué no lo hace.

Y él pasaba por muchos personajes de la Biblia para mostrar esto. Esto es un pastor que lo escribió. Al final él da la reflexión correcta, pero él quería mostrar que para nosotros, muchas veces, cómo Dios maneja el tiempo es ineficiente. Comencemos, por ejemplo, con Abraham y Sara. Se casan estos dos. Guau, Abraham, un hombre poderoso, era rico. Me imagino: “Mujer, no te preocupes, que todo está resuelto, vamos a tener hijos y muchos hijos, y los vamos a mantener todos, y nos va a ir bien”. Pasan 75 años y no viene el primer muchacho. Ellos tan viejos ya.

Y de repente viene un enviado de Dios y les dice: “Ustedes van a tener un hijo y Sara va a dar a luz”. Y ustedes saben qué ocurre, ¿verdad? Se ríen, se burlan, dicen: “¿Cómo va a ser? Este hombre acabado y esta mujer…”. Y viceversa. “Bueno, pero Dios lo dijo, Sara, si Dios lo dijo, vamos arriba”. Pasan 25 años más desde ese momento y a los 100 años queda Sara embarazada. Dios. Pero Dios maneja sus tiempos de acuerdo a su carácter: a quién él es, atemporal, eterno, sabio, soberano.

José en la cárcel. Ustedes saben la historia de José: nacido, favorito de sus padres, entregado por sus hermanos. Parece que José por fin, a pesar de esa entrega de sus hermanos, se pega con un hombre del gobierno, y está ahí con un buen trabajo. El hombre le entrega todo, le confía todo: “Esta casa es tuya, no te preocupes, solamente mi mujer no es tuya”. Pero es justamente esa mujer la que lo mete en un lío, lo acusa de violación, de abuso, y lo meten en la cárcel.

Dios “ineficiente”: Abraham, José, Israel, Moisés y Cristo

Y uno pudiera decir: bueno, se va a comprobar, esto va a venir, los fiscales y lo que sea, y se va a resolver. No. Pasa el tiempo y pasa el tiempo, y José no sale de la cárcel. Pero se encuentra con dos que parece que pueden ayudarle: un panadero y un copero de Faraón mismo. Incluso ese copero va a salir, y José aprovecha. Hermanos, a veces nosotros pensamos que no tenemos que usar nuestras relaciones; a veces hay que usarlas. Y José se acerca y dice: “Mira, recuerda de mí que estoy aquí, háblale a Faraón”. “Ah, sí, no te preocupes, estamos aquí”.

Y sale el copero, y el copero se olvida. Y tú puedes pensar como que, bueno, se olvidó por un par de semanas y después se recordó: “Mira, Faraón, ahora que me recuerdo…”. No, no fue un par de semanas. Por dos años ese hombre no se recordó de José ni de la revelación que recibió en la cárcel a través de José. Y tuvo que venir Faraón a necesitar a alguien que le interpretara su sueño y allí fue. Dos años más en la cárcel. Y tú puedes decir: “¿Qué pasa, Dios?”.

Yo voy a mencionar algunos ejemplos más, porque podemos tardar toda la mañana. Pero el pueblo de Israel, elegido por Dios, pequeño, la niña de los ojos de Dios, entregado en cautiverio por 400 años. Para Dios, según los cálculos específicos, en menos de un día, ¿verdad? Porque si son mil años… No nos vamos a poner a calcular el tiempo así, pero 430 años. Moisés tenía 40 años cuando fue enviado al desierto por defender a un judío. Y muchos pudieran decir, incluso esa era entonces su intención, dice Hechos, que él quería libertar a su pueblo. Y pudieran tener la esperanza: ya llegó el libertador.

Pero no. Se fue al desierto por 40 años más, para que entonces Dios libertara a su pueblo. “Pero, Señor, ¿no hubiera sido mejor agarrar a Moisés así, enviarlo al seminario un par de años, vuelve, está listo, suéltalo?”. No, no, no. Dios no trabaja en las formas que nosotros, lamentablemente, trabajamos. Su carácter, cómo él es, sus planes, establecen sus tiempos. Uno de los ejemplos más trascendentes para nosotros, del cual hemos cantado hoy, es Jesucristo mismo. La historia de la Palabra de Dios llega en los momentos en que los profetas ya no hablan más y dice la Palabra que hay 400 años donde no hay revelación, silencio completo de parte de Dios, hasta que un día el Mesías nace.

Y la esperanza de Dios, las promesas se van cumpliendo. Ya el Mesías, pero no esperen su momento todavía. Ese niño, ese adolescente, no va a ser todavía. Tienen que esperar 30 años más para que entonces se cumpla. Incluso Gálatas 4:4 dice de esta forma:

Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley.

— Gálatas 4:4

“Cuando se cumplió el tiempo establecido”. ¿Cuál tiempo establecido? El establecido por Dios. Él sabía el momento perfecto cuando iba a enviar a su Hijo, y en ese momento lo envió. Y allí se manifestó el que iba a salvar al mundo. Dios, hermanos, nunca está apresurado, Dios nunca está tarde tampoco. Él conoce más que nosotros, y nuestra respuesta a ese conocimiento, ante ese Dios ilimitado en conocimiento pero también en tiempo y fuera del tiempo, debería ser: confío en ti, Señor, manéjalo como tú quieras, tú sabes más que yo y tú lo haces mejor que yo.

Cómo cambiaría nuestra vida si confiáramos en el tiempo de Dios

¿Cómo impactaría, hermanos, nuestro conocimiento de que para Dios el tiempo no es tan relevante como para nosotros en nuestro día a día? ¿Cómo impactaría nuestra crianza? ¿Cómo impactarían nuestros matrimonios, cuando nosotros nos desesperamos porque este hombre o esta mujer está así? ¿Cómo impactaría nuestras iglesias? ¿Cómo impactaría la forma en que juzgamos a otros, si este Dios es tan sabio, increíblemente ilimitado?

Este es un ejemplo que a mí me rompe la cabeza: que dentro de esa eternidad él pide a sus hijos que en un punto X del tiempo digan: “Oren sin cesar”. OK. Y que Dios tome esa oración de ese hijito, de esa hijita, y la utilice para hacer su obra en un tiempo X. Hermano, eso a mí me rompe la cabeza, pero él quiere que nosotros confiemos en él, aunque el tiempo para él no es así, porque él quiere obrar a través de estos hombrecitos y estas mujercitas. Oh, bendito por eso. Por eso la Biblia habla:

¡Oh profundidad de las riquezas, de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!

— Romanos 11:33

Hermanos, tú tienes un Dios así: eterno, infinito, inagotable, y puedes ir a él con confianza, porque él responderá oraciones, pero lo hará mejor de lo que tú le pides. El futuro, hermanos, nos amedrenta muchas veces, pero en ese futuro ya Dios estuvo y eso debe traernos paz.

La famosa hermana que sufrió lo que es estar en los centros de concentración nazi, donde se castigaba y morían muchos judíos, ella estuvo allí. Y esta expresión es muy conocida, de Corrie Ten Boom: “Nunca tengas miedo de confiar un futuro desconocido a un Dios conocido”. No tengas miedo. La pregunta es si ese es un Dios conocido para ti, porque si es desconocido, te arropará el temor. Pero si es conocido, no temas.

Un famoso teólogo y pastor también, y autor de muchos escritos, F. B. Meyer, su nombre real es Frederick Brotherton Meyer, bueno, F. B. Meyer, escribió de una mejor forma y más expresiva. Dice: “El mañana llena de pavor a los hombres; sin embargo, Dios ya está en el mañana. Todos los mañanas de nuestra vida tienen que pasar por él antes de que puedan llegar a nosotros”. Dios ya estuvo allí, pero además de eso, todos tus mañanas que vendrán pasan por el filtro de tu Dios.

Un día como mil años y mil años como un día

Y nosotros podemos entonces descansar allí. Un día es para Dios como mil años, y mil años como un día. Yo sé que estamos en un solo verso y estoy hablando mucho de ese verso, pero a mí me impresiona, hermanos, cómo es nuestro Dios. Decía que es increíble cómo para mí muchas cosas no puedo lograrlas en un día y necesito varios días. Sin embargo, para Dios él puede lograr en un día lo que a mí me tomaría mil años.

Incluso uno de los ejemplos más maravillosos, vuelvo a Jesucristo, es que miles y miles de años de pecado, miles y miles de años del hombre esclavizado, miles y miles de años del hombre sin esperanza, esperando condenación, pero en un solo día el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo fue crucificado y todos los pecados del mundo fueron cargados sobre él y destruidos en un solo día por la intervención de Dios. Y el domingo que viene ustedes revisarán y adorarán al Señor, porque en un solo día le dio vida a aquel que no tenía vida, y nos promete vida a nosotros resucitando a Jesucristo.

Él tiene todo en su orden perfecto, hermano. Confía, obedece y gózate en el camino. Segundo punto, y este es el último, así que tranquilos. El tiempo de Dios está establecido por su carácter, ya vimos atemporal y eterno, pero ahora dice que está establecido por su carácter paciente y misericordioso. Verso 9:

El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con ustedes, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento.

— 2 Pedro 3:9

Hay una razón adicional. Ya tú estás, tú sigues en la recámara con Dios, ya conoces que él es eterno, atemporal y que maneja el tiempo de una forma diferente. Allí, en esa recámara, Dios quiere mostrarte algo más de cómo él es, y es un Dios abundante en paciencia y misericordia.

La paciencia y misericordia de Dios en el aparente retraso

Que incluso en nuestras medidas de juicio él también rompe esas medidas, porque él es más paciente que nosotros, más misericordioso que nosotros. La paciencia divina está en el centro del aparente retraso de Dios para nosotros. Esa paciencia mueve a Dios a seguir con una puerta abierta para que más personas vengan y se arrepientan.

¿Sabes por qué el “retraso” de Dios, hermanos? No es porque él sea lento conforme a su promesa; no, él no es lento. No es porque él no cumpla su promesa; no, él siempre cumple lo que dice. No es porque él sea infiel a su Palabra; no, él es más fiel que cualquiera de nosotros. No es porque él no diga la verdad; él es veraz en gran manera. No es porque él sea impotente, indiferente, nada de eso, ni porque esté ocupado haciendo otras cosas, no. La razón por la que se demora, aparentemente, para nosotros, es su paciencia para que la gente se arrepienta.

Hermanos, yo no sé tú, pero yo muchas veces he deseado: “Señor, ven ya, por favor. Ya está bueno, tanta maldad, tanto dolor, tanto pecado en mí mismo. Señor, yo quiero estar libre ya. Ven mañana mismo, hoy mismo, ahora, mira, se acabó el culto, vámonos”. Pero yo me quedé pensando: ¿qué pasaría si hace 30 años un hermano, así como lo que yo estoy diciendo, hubiera orado de esa forma y Dios hubiera respondido esa oración? Yo no sé tú, pero Joel Peña no hubiera sido salvo. Joel Peña hubiera estado en el infierno ahora mismo.

Pero Dios, que es paciente, que es misericordioso, ha esperado todos estos años para que Joelito entrara, fulanito que está aquí entrara, y estemos hoy aquí adorando. Y cuando yo entendí eso, yo le dije: “Señor, tómate tu tiempo”. Quién sabe si todos esos familiares, amigos, relacionados, compañeros de trabajo vienen a la salvación porque Dios fue paciente, no como yo. Bendito sea ese Señor. Bendito sea el Señor. Oh, cuán paciente él es.

La Palabra de Dios dice, el mismo Pedro en la primera carta:

Quienes en otro tiempo fueron desobedientes, cuando una vez la paciencia de Dios esperaba en los días de Noé, durante la construcción del arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por medio del agua.

— 1 Pedro 3:20

O sea, que en ese momento cuando Dios dijo: “Ya viene el juicio”, Dios esperó más. “Vamos a esperar que Noé construya el arca todavía, vamos a esperar”. Y en ese tiempo, dice la misma Biblia en Segunda de Pedro 2:5, que Noé fue un pregonero de justicia. O sea, que hombres y mujeres recibían la respuesta, o por lo menos la información: “Viene juicio, arrepiéntanse, prepárense”. Y Dios esperaba, esperaba y esperaba.

Ejemplos de la paciencia divina: Noé, Sodoma y Gomorra, Nínive

Y así mismo es hoy, hermanos. El juicio, no hay duda de que vendrá. Tú y yo nos encontraremos con Dios en un momento y tendremos que brindar respuesta. Ahora él espera, él es paciente. Sodoma y Gomorra: “Viene juicio”. Abraham y Dios, en su carácter paciente, se pone a conversar con ese finito hombre. “¿Tú no crees que si hay 50…?”. Y Dios conversa con él. Tú te das cuenta de un Dios tan paciente que se pone a negociar con este hombrecito, hasta que llega el punto que el hombrecito no tiene argumentos y viene el juicio.

Y si hablamos de un Jonás que, después que predica “Nínive será destruida”, y se arrepiente toda esa gente, el hombre se queja y se pone ahí debajo de la calabacera y comienza a pelear con Dios: “Yo sabía que tú eras clemente”. ¡Mira cómo habla con Dios! “¿Por qué tú eres así?”. Él estando debajo de una higuera con sombra que Dios le proveyó, muestra cómo Dios es tan paciente. Y Dios es paciente contigo, mucho más de lo que nosotros nos imaginamos.

Pero aprovecha esa paciencia. Disfrútala para buscarle, rendirte más a él, porque eso es lo que está diciendo aquí: Dios es paciente para que mucha gente se arrepienta. Puede ser que hoy Dios ha dedicado este día para que hoy sea el día donde tú abras tus ojos y digas: “Dios, tú me esperaste hasta hoy. Heme aquí, yo me arrepiento. Tú me esperaste hasta hoy, a pesar de las veces que yo te negué, que fui rebelde, que te tiré puertas en la cara”.

Sí, porque él quiere y anhela tu arrepentimiento. La Biblia es increíblemente reveladora de cómo Dios es, donde muestra que Dios va a hacer juicio, pero Dios no quiere ese juicio. Tú puedes entender eso, hermanos. Ezequiel 18:32 dice:

Porque yo no me complazco en la muerte de nadie —declara el Señor Dios—. Arrepiéntanse y vivan.

— Ezequiel 18:32

“No queriendo que nadie perezca”, ese es su deseo, “sino que todos vengan al arrepentimiento”. Yo no puedo entrar en un conflicto teológico que hay en esa expresión ahora mismo, porque muchos entienden que eso quiere decir que Dios traerá a todos al arrepentimiento. Pero no es así. Muchos oirán y se arrepentirán, y la Biblia habla de que esos que se arrepentirán y oirán, de alguna forma Dios trabajó en ellos mucho antes de la fundación del mundo.

Por tanto, tú y yo no sabemos eso. Tú y yo tenemos una labor: seguir pregonando el arrepentimiento y salvación, y Dios se encargará de llamar a los suyos. Pero esperar en él y confiar en sus relojes es la mejor inversión que tú puedas hacer con tu fe. Hermanos, cerramos con el verso 10:

Pero el día del Señor vendrá como ladrón, en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas.

— 2 Pedro 3:10

Pedro reitera y recuerda casi como un “copy-paste”. Usted sabe lo que es eso, ¿verdad? Copió y pegó las palabras de Jesucristo: “Como un ladrón vendrá”. Y Jesucristo le añadía, ¿verdad?: “Como un ladrón en la noche”. Y Pedro recuerda esas palabras, dice: “Pero el Señor vendrá como ladrón”. La paciencia un día llegará a su límite. Como las diez vírgenes, un día se cerrará la puerta.

El día del Señor y el llamado final a confiar y arrepentirse

Yo no conozco un predicador serio que se goce predicando esto. Yo no conozco un predicador que tenga o quiera parecerse a Dios que disfrute decir: “Y tú vas para el infierno”. Eso es imposible, porque él no se complace, ¿cómo lo haremos nosotros? Pero un día llegará. Y ese día vendrá como ladrón, nadie lo esperará. Nadie dirá: “Lo voy a dejar para cuando tenga tantos años, que voy a buscar al Señor”. No, hermano, tú no gobiernas tu tiempo, Dios lo hace. Y un buen día esa paciencia terminará.

Dice que la hora nadie la sabe, pero pasará con gran estruendo, dice aquí. Serán destruidas todas las cosas con fuego intenso y serán quemadas. Las obras más grandiosas del ser humano ya no estarán. Cuando los pecadores, tú y yo, nos paremos delante del trono de Dios, nadie habrá que pueda decir, para atrás: “Mira Dios, todo lo que he hecho”. No estará. Eso no servirá de nada, todo se habrá ido. Lo único que importará será: “Señor, yo he creído en el que tú enviaste, yo vengo aquí por él, él fue el que me trajo”. Y él te abrirá la puerta porque has creído en su Hijo.

Hermanos, nosotros hemos conocido, lo hemos revisado y recordado: Dios es, por tanto, Dios hace, en su tiempo. Su carácter establece sus tiempos. ¿Cómo ha estado tu relación con los tiempos de Dios? Esa es una pregunta de hoy. La invitación es: conócele. Y si le conoces, confía en ese Dios porque lo hará mejor que tú.

Cierro con un pasaje bíblico, Hebreos 9:28, y lo voy a leer en la Nueva Traducción Viviente, porque comprobé que es fiel esa traducción en este pasaje y tiene el mismo contenido, pero lo dice en un lenguaje más entendible:

Así también Cristo fue ofrecido una sola vez y para siempre, a fin de quitar los pecados de muchas personas. Cristo vendrá otra vez, no para ocuparse de nuestros pecados, sino para traer salvación a todos los que esperan con anhelo su venida.

— Hebreos 9:28 (NTV)

¿Cuántos esperan ese momento? Apocalipsis dice, ¿verdad?: “Señor, ven”. La iglesia dice: “Ven”. El Espíritu dice: “Ven”. El Pez Mundial que pueda hoy diga, que pueda hoy diga: “Ven, Señor Jesús”. Porque ese día celebraremos, cenaremos no solo con habichuela con dulce, sino con su misma presencia.

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