Antes de poner las Escrituras, hermano, me gustaría hacer un preámbulo. Y es que no piensen que la iglesia se dedique a enseñar a padres o a enseñar a mujeres o a enseñar niños. Las Sagradas Escrituras son para todas las generaciones. No hay tal cosa como una enseñanza que sea exclusivamente para los padres o exclusivamente para mujeres. Escucho a veces que se habla, por ejemplo, de la mujer virtuosa y se piensa que eso deberían escucharlo las damas. Eso deberían escucharlo los hermanos de la congregación. No es el propósito de las Sagradas Escrituras. Las Sagradas Escrituras son para todas las generaciones y no hay un segmento de la iglesia que pueda ser bendecido en detrimento del otro. Lo que estaré compartiendo hoy quizás le compete más directamente a los padres, pero le compete también a los hijos. Le compete también a las madres, le compete también a las esposas, le compete a cualquier creyente que quiere enterarse acerca de la voluntad del Señor en este asunto tan importante.
Por eso invito a las hermanas que estén especialmente atentas, por eso invito a los jóvenes que no piensen: “Esto es para sus padres”, por eso invito a toda la congregación que reciba la Palabra del Señor como la Palabra del Señor. Quizás la gran pérdida es cuando uno piensa que se le está predicando la Palabra del Señor a segmentos específicos de la población. La Palabra de Dios es para todo el mundo. Sin embargo, hoy es el Día del Padre, en Santo Domingo se está celebrando y como iglesia queremos enseñar la voluntad del Señor al respecto. Acompáñenme ustedes al segundo libro de Crónicas en el capítulo 28… perdónenme, es un error, es primer libro de Crónicas en el capítulo 28.
Y gracias al Señor también que nos da en esta ocasión especial la oportunidad de visitar el Antiguo Testamento. Durante todo este año he estado exponiendo el Evangelio de Mateo, específicamente el Sermón del Monte, pero en momentos como este nos desviamos un poco, y qué bueno que tenemos la oportunidad para considerar una parte y la otra de las Sagradas Escrituras. Primer libro de Crónicas en el capítulo 28. Tanto los libros de Crónicas como los libros de los Reyes son libros sumamente interesantes. Nos describen la historia del pueblo del Señor durante el tiempo de la monarquía. En el 2014 estuve exponiendo ampliamente acerca del Antiguo Testamento y visitamos estas porciones de la Escritura, aunque no entramos en detalle en el capítulo que estaremos hoy exponiendo y considerando. A fin de resumen, les recuerdo que los libros de Reyes y los libros de Crónicas se parecen mucho. Quizás la única diferencia es que el pueblo se dividió en dos: por un lado se estableció el reino del norte y por otro lado se estableció el reino del sur.
Contexto de 1 Crónicas y el legado de David
El libro de Crónicas compete específicamente al reino del sur, así como los libros de los Reyes competen a los reinos del norte. Pero hay historias que aparecen en los libros de las Crónicas y otras al mismo tiempo se repiten en los libros de Reyes; quizás cambia el énfasis. Hoy estaremos considerando aquel momento histórico en que el rey David estaba ya saliendo y estaba comenzando su reinado el rey Salomón. Acompáñenme en sus Biblias, primer libro de Crónicas, capítulo 28, y estaremos leyendo desde el versículo 9 y en adelante. Hablaremos acerca de dejar a nuestros hijos un legado superior. Dice así la Palabra del Señor: después de haber hablado al pueblo y a otras audiencias, el rey David se dirige específicamente a su hijo Salomón y le dice:
Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para siempre.
— 1 Crónicas 28:9
Dice nuestra introducción que en cada padre existe el deseo natural de pasar un legado a la generación siguiente, de hacer que las cosas que consideran valiosas o más valiosas lleguen de forma segura a las manos de los suyos. Dejar algo a sus hijos ha sido la motivación constante para el trabajo, para emprender negocios o hasta para cultivar un buen nombre delante de los hombres. Todo esto es bueno, pero hay un legado que es superior. Uno de los consejos más memorables de todo el Antiguo Testamento fue el que le dio el rey David a su hijo Salomón. Al llegar al final de sus días le animó a reconocer a Dios.
Mira, pues, ahora que Jehová te ha elegido, para que edifiques casa para el santuario; esfuérzate, y hazla.
— 1 Crónicas 28:10
A servirle con un corazón perfecto y a cumplir con su vida su propósito. Este, y no otro, es el legado superior. Quizás los padres que están aquí presentes ya han estado considerando qué es lo que le van a dejar a sus hijos. Quizás los hijos que están aquí presentes y han recibido algunas cosas de sus padres. Es la cosa más natural que una generación quiera ayudar a la generación que viene entrando. Pues que los hombres procrean, su vida comienza a tomar cierta estabilidad, comienzan a preocuparse por la generación que viene entrando y hacen preguntas que son preguntas existenciales. Trabajan con más denuedo, comienzan a tomar resoluciones que entienden que no solamente les afectarán a ellos, sino también a sus familiares.
Legados comunes y el legado superior
Todo padre busca dejar algún legado a sus hijos, y este legado puede ser un legado variado. Quizá la cosa más básica que un padre puede dejar es su propio nombre, y uno encuentra generaciones completas que han llevado el mismo nombre, porque se entiende, entre nosotros se acostumbra a poner así. Bueno, conmigo ocurrió, hermano, a mí me pusieron el nombre de mi padre; sin embargo, yo no me conozco con el nombre que a mí más me gusta, que es Ernesto. Él se tomó el boleto para él y me dejó a mí la “Rafael Ernesto”, pero a mí me llaman… entonces me pusieron “junior”. Bueno, a mí me gusta Ernesto, ese es el nombre que yo quisiera, pero él lo ocupó primero. Pero parte del legado que un padre le deja a un hijo es ponerle un nombre, si no el propio, el nombre que él elige.
Y esto ha traído problemas históricos. Los padres… y cuentos, hermanos, rarísimos de padres que van a declarar un hijo supuestamente con un nombre y terminan poniéndole otro. Parte de lo que un padre quiere es dejarle algo a su hijo, aunque sea su propio nombre o el nombre que él elija. Hay otras familias donde se espera que los hijos continúen con el negocio familiar, y se dice: “Nosotros somos una generación… somos abogados de cuarta generación, somos ingenieros de quinta generación”. He escuchado también que dicen: “Yo soy pastor de cuarta generación, mi abuelo, mi papá, mi bisabuelo eran pastores”. Es un orgullo para cualquier padre que un hijo continúe con su oficio. Hay otros que esperan que su hijo mantenga el buen nombre de la familia.
Y le dicen: “Entre nosotros no se obra así. En esta familia tenemos un nombre, ese nombre lo hemos estado cuidando”, y ese legado de un nombre familiar se va pasando de una generación a otra generación. En familias de comerciantes, por ejemplo, se espera que la generación siguiente aumente el patrimonio. Y escuchaba en días pasados a uno de los hijos de los empresarios de nuestro país. Es comerciante como de cuarta generación, y él estaba hablando de cómo los negocios familiares han estado aumentando en la generación suya. O sea, él está diciendo: “Así mismo yo lo he hecho bien; mis abuelos italianos llegaron aquí en tal año, y desde tal año a tal año subió el patrimonio, y en nuestra generación ha aumentado el patrimonio familiar”.
Hay otros que esperan transmitirle a sus hijos su pasión hacia un deporte, hacia un partido político, hacia algún pasatiempo, pero los padres quieren dejar algo. Algunos acostumbran a dejar una prenda, quizás un reloj que perteneció al tatarabuelo. De lo más variopinto, hermano, se puede dejar. Sin embargo, he venido hoy a hablarles de un legado superior. El rey David quizás se sintió conforme porque dijo: “Bueno, a mi hijo Salomón le estoy dejando el reino”. Sin embargo, ese no era el legado que David quería dejarle a Salomón, y se lo dejó cuando estaba caminando en la postrimería. El rey David no tenía dudas de que Salomón iba a ser rey. Su propósito era que fuera más que un rey.
El gran deseo que había en el rey David no era tanto que su hijo Salomón llegara a ser rey, y quería que su hijo llegara a ser rey; el anhelo ardiente en el corazón de David está en los versículos siguientes. Dice la Palabra del Señor, versículo 10:
Mira, pues, ahora que Jehová te ha elegido, para que edifiques casa para el santuario; esfuérzate, y hazla.
— 1 Crónicas 28:10
El legado más importante que tenía el rey David no era el prestigio del reino de Israel. El legado más grande que él quería dejarle a su hijo era una pasión por su Dios y una pasión por la casa de Dios. Lo que estaré compartiendo, hermano, quizás son seis maneras en que nosotros como padres cristianos podemos transmitir este legado de la pasión por Dios y por su obra a la generación siguiente. En primer lugar, déjenme explicarles lo que dice el versículo 9.
Reconocer al Dios de nuestros padres
Le decía el rey David: “Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre”. Hermanos, estas cosas que he mencionado anteriormente, algunas son asuntos a evitar. Hay muchas cosas que son buenas; no está mal dejarle una casa a un hijo, no está mal dejarle un oficio a un hijo, no está mal decir: “Ya yo gradué a todos los míos, y todos los hijos míos son profesionales”. Pero el legado más importante que un padre creyente puede dejarle a los suyos no es el negocio familiar. El legado más importante es que tus hijos tengan tanta pasión por Dios como tienes tú y tanta pasión por extender la casa de Dios como la que tú tuviste en tu generación. “Y tú, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre”.
Es como un testimonio de primera mano que le está dando. Él está diciendo: “Tú, hijo mío, adora al mismo Dios que me has visto a mí adorarle”. Escuchaba a un crítico que decía que los padres cristianos somos desconsiderados porque no permitimos que nuestros hijos tomen sus propias decisiones, sino que les instruimos en la Biblia, en la religión cristiana y todas estas cosas. Ellos entienden que a los niños hay que dejarles la mente en blanco y que ellos eventualmente la irán amueblando de las cosas que encuentren sobre el camino. Es una locura. ¿O acaso no mandas tú a tus hijos a la escuela porque estás persuadido de que lo que van a aprender allí es bueno? ¿O acaso no te preocupas tú por el rendimiento que pueda tener y quieres que tu hijo cada vez llegue más lejos?
Un padre cristiano no deja la generación siguiente al descuido, sino que ora al Señor y hace todo lo que esté a su alcance para pasarle a sus hijos un legado espiritual, hermano. Y si tú fuiste exitoso en graduar a tus hijos y dejarles un patrimonio y fracasaste en que tus hijos conozcan al Dios verdadero y dediquen gran parte de su vida para extender su obra, fuiste exitoso en los asuntos temporales, pero fracasaste en tu misión eterna. Es más, gran parte del privilegio que tenemos los padres cristianos es hacer eso: es darle a nuestros hijos un legado espiritual. Quizás no puedas dejarles grandes bienes materiales, pero si tus hijos llegan a conocer al Dios verdadero y sirven a Dios con pasión, mereces un aplauso como padre.
Hacer esto, hermano, no elimina una decisión que tus hijos tendrán que tomar eventualmente, pero ayuda mucho. Un padre cristiano no puede producir un hijo cristiano, pero puede desearlo. Un padre cristiano no puede producir la regeneración, pero debe alentarla. Un padre cristiano no puede producir por sus propios medios hijos piadosos, pero debería anhelar profundamente tener hijos piadosos y dar los pasos necesarios para que tal cosa se haga. Pongo el ejemplo de la pasión más regular que tienen los padres. Todo padre tiene un plan para un hijo que incluye, por lo menos: “Yo quisiera que mis hijos… si pudiera decir tres cosas: que mis hijos se gradúen, yo quisiera que mis hijos se casen y me den nietos”. Todo padre quiere eso.
Es más, los abuelos compiten entre ellos a ver: “¿Y ya te dieron nietos? ¿Ya tienes?”. “No, todavía no, estamos esperando, están medio lentos esos muchachos”. Hermano, nada de eso es asunto accesorio, todas son cosas importantes, pero la cosa más importante que un padre cristiano desea tener es que sus hijos sirvan al Dios de sus padres, y no solamente que lo sirvan, sino que lo sirvan con denuedo, con intención. Y esto tiene, hermano, hasta cierto testimonio de parte de David. Él está diciendo: “El Dios de tu padre, el Dios que tú sabes que ha tenido misericordia de mí, el Dios que por amor a su nombre me eligió como rey de Israel, el Dios que hizo de mí aquello que yo por mis propios medios no pude haber hecho”. Cuando David está diciendo a Salomón que reconozca al Dios de tu padre, lo que está diciendo es: “Reconoce a aquel que ha bendecido mi vida, reconoce a aquel que tuvo de mí misericordia, reconoce a aquel que me llamó cuando mi padre natural no me llamaba, tuvo de mí misericordia, me colocó por rey sobre sus hijos”. Es un testimonio.
Pero le dice: hazlo con un corazón perfecto y con ánimo voluntario. Qué interesante estas dos expresiones. “Hijo mío, reconoce a Dios”, pero no solamente de un asunto mecánico e intelectual, reconócele con un corazón perfecto y con un ánimo voluntario. Esto de tener un corazón perfecto apunta mucho al corazón de David, porque dice la Escritura que David llegó a tener un corazón conforme al corazón de Dios. ¿Qué es un corazón perfecto, hermano? No es un corazón que no falla, no es un corazón inmaculado, es un corazón que tiende a hacer lo que Dios quiere que se haga.
El corazón perfecto y la intención de buscar a Dios
¿Qué era la cosa que había en el corazón de David que impresionaba a Dios el Padre? Era esta: David tenía una predisposición a hacer la voluntad de Dios. Y cuando David entendía que Dios iba a la derecha, aunque diera la vuelta larga, hermano, David caminaba a la derecha. Había una resolución en la vida: hacer la voluntad del Señor. Así es mantener un corazón perfecto, no es un corazón que nunca ha fallado, es un corazón que se parece al corazón de Dios. Y también le dice: hazlo con un ánimo resuelto, con ánimo voluntarioso; hazlo según su voluntad y hazlo con una buena disposición. Que seas dispuesto a servir al Señor, hermano. Qué hermoso sería si todos estos niños que han llegado a nuestra iglesia a través de padres fueran conocidos por tener un corazón perfecto y un ánimo dispuesto para servir al Señor.
Algo más se le dice. Él dice que Dios entiende el pensamiento. Y esto es significativo porque lo que David le está diciendo a Salomón es: “No te preocupes solamente por hacer la obra, preocúpate por desear hacer la obra. No te preocupes solamente por obedecer mecánicamente al Señor, preocúpate por desear ardientemente en tu corazón hacer la voluntad del Señor”, porque el Señor no solamente ve las obras hechas, también ve con qué intención y con qué actitud esas obras se hicieron. Esta era quizás la diferencia que tuvo Saúl con otros reyes de Israel, que Saúl hacía lo que había que hacer, pero su corazón no quería hacerlo. Y cuando venía el profeta a reprenderle, él decía: “Pero ya yo hice la obra del Señor”. Él siempre creía que había hecho ya la obra del Señor. Quizás tus manos hicieron la voluntad del Señor, pero tu corazón no estaba dispuesto.
Él está diciendo: “Hijo mío, ten cuidado y no te conformes solamente con complacer a tu Dios superficialmente. Preocúpate por hacer la voluntad del Señor con sinceridad de corazón, porque el Señor conoce la verdadera intención antes que la intención llegue a las manos”. Entonces después le anuncia la intencionalidad, le dice: “Si tú le buscares…”. Y en esto, no te… mire, hermano, siempre, no, no, no es un asunto de que “yo salgo a buscarlo o que yo me encuentro con eso en la Escritura todos los días”. No, no quisiera yo hacer de este púlpito un púlpito contra tal sistema doctrinal, pero yo creo que hay que enseñarles a nuestros hijos que hay que tener una intencionalidad en la adoración a Dios. No te conformes con esperar, como esperan algunas corrientes doctrinales, de que “si mi hijo va a ser salvo, él será salvo y Dios tendrá misericordia de él”. No. Búscalo intencionalmente, le dice.
Se lo leo, hermano, miren lo que le dice el rey. Él le dice:
Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para siempre.
— 1 Crónicas 28:9b
Hermano, el creyente que está aquí no se conforme solamente con decir: “Si mi hijo está predestinado para salvación será salvo”. No. Instruye a sus hijos para que busquen a su Dios. Miren, esos sistemas doctrinales a veces puede ser que terminen en una cosa, terminen en la otra, pero asegúrese usted, hermano, de que sus hijos entiendan que tienen que buscar al Señor, que la relación con Dios no es un asunto pasivo donde estoy yo aquí y permanezco altivo, y si Dios me buscara, me buscará. Sí, Dios es soberano, pero:
Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.
— Jeremías 29:13
Alerta, hermano. Para esto, miren, lo más frecuente en las Escrituras es encontrar a padres fieles con hijos perversos. Eso, si usted lo busca, si usted medita en las Escrituras, usted termina con las manos en la cabeza. Y usted dice: “Pero caramba, ¿y cómo es que los hijos de Elí eran hijos perversos?”. Un hombre como Elí, hermano, un hombre con el corazón que tenía Elí. Dice la Escritura que Dios le reprendió a Elí y murió desnucado, porque cuando se enteró de que a sus hijos el Señor les había castigado y les había cortado la vida, dice que se cayó y se desnucó. Así murió Elí. Y Samuel, hermano, Samuel, el dolor de Samuel al final de su ministerio fue que el pueblo le dijo: “Samuel, tú lo has hecho muy bien, pero nosotros no queremos que tus hijos juzguen sobre nosotros, sino búscanos rey”.
Hermano, no salga a buscar muy lejos. Vayan ustedes a iglesias de gente muy apasionada con las Escrituras que regularmente tienen hijos que no tienen la misma pasión que ellos. Con esto quiero enseñar a la iglesia, hermano, que no dejemos el asunto al descuido de que “mis hijos vienen a la iglesia, mis hijos son parte de un lugar cristiano”. No. Anima a tus hijos a que busquen a Dios intencionalmente. Tú eres profesional, tú no te conformas con decir: “Mis hijos saben que tienen que…”. No, hermano, tú buscas la manera de que tu hijo apruebe la materia. Es más, un padre debería, yo quisiera hacer algunos checklist así que uno debería ir haciendo, pero por falta de tiempo no lo hago. Pero un padre debería sentarse cada cierto tiempo a reflexionar: “¿Cómo están mis hijos creciendo en la gracia del Señor? ¿Cómo están creciendo en el conocimiento del Señor? ¿Mis hijos tienen a Dios presente en su vida? ¿Su vocabulario parece el vocabulario de un cristiano? ¿Sus anhelos son anhelos por cosas profundas o mis hijos tienen una mente vendida al mundo?”.
“¿Mis hijos son carnales? ¿Mis hijos son violentos? ¿Son compasivos mis hijos? ¿Su corazón se parece al corazón de Cristo?”. Hermano, cada vez que te encuentres es una oportunidad. No dejes que el árbol crezca demasiado torcido. Dedícate, con la ayuda del Señor, a ayudar a los suyos a buscar a Dios intencionalmente. No lo sueltes, hermano. Lo primero que hizo David para pasar un legado espiritual a su hijo Salomón fue que lo invitó a reconocer a su Dios. En segundo lugar, lo que hizo el rey David fue que le animó a cumplir con su vida el propósito de Dios. Dice el versículo 10:
Mira, pues, ahora que Jehová te ha elegido, para que edifiques casa para el santuario; esfuérzate, y hazla.
— 1 Crónicas 28:10
Padres que están aquí presentes, nuestra responsabilidad ante el Señor es poner una buena visión en la mente de nuestros hijos. Miren, solamente hay dos maneras de vivir: se vive para la gloria de Dios o se vive para la vanidad de esta vida. Y un padre cristiano debería trabajar intencionalmente para que sus hijos anhelen vivir vidas que glorifiquen al Señor. En cada hijo hay un llamado único del Señor, y tu llamado como padre está en identificar y alentar eso que el Señor quiere hacer con el corazón de tu hijo. Tú deberías ver cada hijo como un proyecto. Es más, deberías anhelar, cada vez que el Señor te ha dado un hijo, deberías anhelar: “¿Qué el Señor quisiera hacer con este? ¿Qué quisiera hacer con el otro? ¿Qué propósito tendrá el Señor con este hijo que me ha dado?”.
Sembrar visión espiritual en nuestros hijos
Lo que le dijo David a Salomón fue: “Jehová te ha elegido. Dios tiene planes grandes para tu vida, hazlo. No permitas que tu vida se desperdicie”. Qué tristeza es para un padre tener hijos con vidas desperdiciadas, vidas que no glorifican al Señor. ¿Por qué tenemos que hacerlo, hermano? Porque los padres tenemos un poco más de perspectiva. Antes que tu hijo entienda de manera concreta cuál es la voluntad del Señor, tú como padre, que le ves desde arriba, has estado viendo en él manifestarse los dones que el Señor ha puesto. Has visto la personalidad que tiene tu hijo, has visto su carácter, y cuando tú juntas esas cosas tú podrías inferir: “Parece que Dios quiere utilizar a mi hijo para esta cosa o para la otra”, y comienzas a alentarlo.
Miren, el mundo secular y mundano está lleno de padres influyentes que pusieron una visión, regularmente muy carnal, en la mente de sus hijos. Estuve reuniendo algunos ejemplos. Han visto quizás jugar tenis a las hermanas Williams, a Venus y a Serena. Miren, el papá de esas dos jóvenes, Richard Williams, él dice en sus entrevistas regularmente, él dice: “Yo procreé para producir campeonas mundiales”. Es un hombre muy carnal. Él dice que por televisión vio un reportaje donde a una tenista le dieron unos millones de dólares y él dijo: “Eso es lo que yo quiero para mis hijas”. Él era un hombre muy pobre, no sabía jugar, no sabía jugar al tenis. Pero él dice que antes de concebir ya había resuelto que sus hijas iban a ser campeonas mundiales.
Lo primero que él hizo fue aprender a jugar. Lo interesante: él es el entrenador, fue el entrenador tanto de Venus como de Serena, y él era el que las entrenaba, pero él no sabía jugar. Él tuvo que aprender a jugar. Después él dice que escribió un manual de más de setenta páginas de cuál iba a ser el método que él iba a emplear para que sus hijas fueran campeonas mundiales. Dice él que el jardín de su casa andaba lleno de mensajes, y que cuando sus hijas iban caminando se topaban con mensajes que él había puesto para llenar su mente, bombardear su mente con este hambre de ser campeonas mundiales. Algo que hizo fue que se mudó para estar más cerca del lugar donde sus hijas podían entrenar, porque él había procreado campeonas mundiales.
Váyase a buscar a Venus y a Serena Williams, hermano, y usted encontrará campeonas mundiales. Y si le pregunta: “¿Y por qué usted lo hizo? ¿Es que usted ama el deporte, es que usted ama el tenis?”, él dice: “No, yo lo que encontré es que a través de ese deporte mis hijas podían ser campeonas mundiales multimillonarias”. Oiga, hermano, los padres cristianos… yo siento que a veces somos muy pasivos en producir hijos santos, en producir hijos siervos del Señor, en producir hijos que hagan grandes cosas para el Señor. Si este carnal llenó el jardín con letreros para que sus hijas sean campeonas mundiales, ¿qué no deberíamos hacer nosotros para ayudar a que nuestros hijos sean hijos que glorifiquen al Señor con sus vidas?
Este señor Williams, después que sus hijas fueron campeonas mundiales, tuvo otro hijo más, y le preguntaron: “¿Y este va a ser también campeón mundial?”. Él dijo: “No, no, el presupuesto que yo tengo para él es mucho más que ser multimillonario, ya yo estoy contemplando que él se dedique a explotar minas de oro. Minas de oro; estoy haciendo investigaciones”. Si los hombres carnales pueden colocar en sus hijos una visión que ofende a Dios pero que logra que se concreten las cosas, cuánto más no deberíamos hacer los padres cristianos y ser diligentes en no dejar la mente de nuestros hijos al descuido, sino hacer todo lo que el Señor ponga en nuestras manos para llenar su mente de la Palabra del Señor, para llenar su corazón de la pasión por Dios, para darle un ejemplo cristiano.
Para hacer lo que le dijo David a Salomón: “Esfuérzate”. Él está diciendo: “No te quedes así, como esperando que algún día tú vas a construir una casa. Esfuérzate y hazla”. Hay más padres. Miren, hay un ajedrecista, se llama Laszlo Polgár, que produjo tres campeonas mundiales. Él y su esposa se casaron y dijeron: “Nosotros queremos demostrar que si a un niño desde muy temprana edad se le comienza a inculcar un valor, un proyecto y una visión, logra grandes cosas”. Tres campeonas mundiales produjo.
Y le preguntaron al padre de Tiger Woods que cómo su hijo ha logrado tales rendimientos, porque desde niño ya estaba ganando campeonatos. Él dijo: “Mi hijo tiene en su mente que Dios le llamó para algo muy grande”. Padres cristianos que estamos aquí, ¿cuál es la visión que ponemos en la mente de nuestros hijos? Conocen a Charles Stanley, el predicador de televisión, tremendo predicador. Su hijo Andy Stanley dice que sus padres desde niño le inculcaron en su mente que Dios le había llamado para algo grande. Y que cada vez que su padre iba a dormir le decía: “Mi hijo, tu vida debe valer la pena, tu vida debe ser rendida para algo muy grande”.
Y él dice que creció siendo un niño preguntándose: “¿Qué es lo que mi padre me está diciendo con algo muy grande?”. Le voy a decir: quizás no tiene un púlpito todavía tan alto como su padre, pero es un hijo devoto del Señor, un pastor, un ministro del Evangelio. Y él dice que la visión espiritual que su padre clavó en su mente fue lo que le permitió tener cuidado en momentos difíciles de su vida. Él sabía que su padre le decía desde la cama: “Mi hijo, Dios te ha elegido para algo grande”.
Y tú dices: “Pero yo no sé si mi hijo ha sido elegido para algo grande”. Hermano, no hay un ser humano que no haya sido creado para un propósito mayor. Dice la Escritura:
Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
— Efesios 2:10
Quizás yo no sé para qué Dios quiere usar a mi hija, pero tengo la responsabilidad como padre de decirle: “Mi hija, Dios te ha llamado de antemano, Dios te hizo con un propósito, tu vida debe valer la pena para algo grande”. Hermano, si hasta los perversos les meten una visión a sus hijos, ¿no deberíamos hacerlo los santos? Yo sé cuál es el método para producir delincuentes. ¿Usted quiere saber cómo es que se producen los delincuentes? Yo tengo la fórmula; no la use, pero yo tengo la fórmula.
¿Usted quiere producir un hijo perverso? Yo tengo la fórmula de cómo se hace un hijo perverso. Tres pasos. Usted sigue esos tres pasos con todos sus hijos. Usted lo mira a los ojos así y le dice: “Usted, hijo mío, no me venga aquí dañado. Y prefiero llevarle comida a la cárcel que flores al cementerio”. Eso es un hijo… esa es una visión para producir delincuentes. Gran parte de los delincuentes de esta tierra tuvieron una mamá o un papá que les dijo: “Aquí no me venga dañado”. Eso es una visión que se le mete a un hijo.
Hermano, hoy cuando ustedes acuesten sus niños, díganles: “Mi hijo, que tu vida valga la pena para algo grande, que tu vida no se desperdicie, que cumplas en tu vida el propósito del Señor”.
Crear un entorno saturado de Palabra y servicio
Y esto no es raro, hermano, porque este es el modelo de Dios para los padres. Dice Deuteronomio capítulo 6, versículo 6:
Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.
— Deuteronomio 6:6–7
Padres creyentes, ¿cuál es el reto? Crear en nuestras casas el entorno necesario para ser campeones mundiales para el Evangelio, para ser gente que ame a Dios, para crear hijos santos. Que seamos intencionales en estas cosas. En primer lugar les he mostrado cómo se transmite un legado. Lo primero: invita a tus hijos a reconocer a tu Dios, y no tengas en esto aprehensión, hermano. Si tú crees que el cristianismo es la verdad, si tú crees que Cristo es quien dijo que era, no tienes que tener ningún temor para instruir a tus hijos en los caminos del Señor. En segundo lugar, llena su mente con una visión.
Quizás tú no sepas ponerle nombre todavía, pero tú sabes que fuimos creados para buenas obras y que esas obras se prepararon de antemano para que anduviésemos en ellas. Y cuando tú encuentras que tu hijo tiene una pasión especial, un don especial, comienza a avivar el fuego de ese don para que la gloria sea puesta al Señor. Quiero mostrarles, hermano, otra cosa que hizo el rey David para preparar a Salomón a recibir un legado. Esto está en los versículos que van desde el 11 hasta el 19. Lo que él hizo fue disponer de antemano herramientas para que su hijo pueda hacer aquello que Dios quería que fuera hecho. Y lo hizo de antemano. Miren, antes de que Salomón llegara a ser rey de Israel, miren todas las cosas que había dispuesto ya el rey David. Él le dijo:
Y dio David a Salomón su hijo el plano del pórtico del templo, y sus casas, sus tesorerías, sus aposentos, sus cámaras, y la casa del propiciatorio.
— 1 Crónicas 28:11
Lo primero que le dejó fueron planos. Y Salomón no se hizo en un día, hermano. Salomón estaba… o más bien David estaba creando las herramientas que su hijo Salomón eventualmente comenzaría a utilizar. Si leen los versículos que van desde el 14 hasta el 18, encontrarán que durante su reinado David guardó en el tesoro del reino reservas específicas de oro y plata para que se construya la casa del Señor. Y más adelante, dice el 19:
Todas estas cosas, dijo David, me fueron trazadas por la mano de Jehová, que me hizo entender todas las obras del diseño.
— 1 Crónicas 28:19
Diseños específicos para la casa de Dios.
¿Qué aplicación podemos tener nosotros como creyentes en este tiempo de preparar de antemano recursos para que nuestros hijos glorifiquen al Señor? Que así como tú ahorras para la carrera de tus hijos. Hay padres que dicen: “Mi proyecto de familia es dejar a cada uno aunque sea profesional, dejarle a cada uno, ayudar por lo menos con su boda para cuando se casen”. Y algunos que tienen un chin más, un chin más, quisieran que sus hijos viajen después de eso, que sigan en ellos, que le den para adelante, que trabajen, que estudien, que se pongan a producir. Pero “mi plan de vida es ese”, dicen ellos. ¿En lo ministerial está eso en el presupuesto familiar?
¿Y la disposición de servir al Señor, ese es un proyecto de vida en tu familia? Miren, los mormones en esto nos superan con creces. Esos mormones, los jovencitos que andan en la calle, a veces en bicicleta, a veces a pie, de dos en dos. Las familias de ellos ahorran durante años para enviarlos a servir dos años de su vida a toda parte del mundo. Y uno le pregunta a esa gente: “¿Cómo ustedes financian esto?”. “Mis padres estuvieron ahorrando para que yo fuera de misiones desde que yo nací”, eso es lo que te dicen. ¿Y los creyentes evangélicos, cómo estamos al respecto de esto? “Ah, tú quieres servir al Señor, dale para adelante, a ver si el Señor te da los medios”. Hermano, dispón tú herramientas para que tus hijos puedan servir a Dios.
¿Qué herramientas un padre puede disponer para sus hijos? Oportunidades de capacitación ministerial: “Mi hijo, tú tienes ese don, ¿qué tal si tú aprendes a usar eso para glorificar al Señor en tu iglesia?”. “Guau, mi hija, te gusta hacer eso, ¿y cómo tú podrías hacerlo para la gloria del Señor?”. Transporte a actividades de la iglesia: “Oh, pero tú dispones de un transporte para que te lleve a tu hijo de un lugar al otro y para venir a la casa del Señor siempre estás cantaletoso: ‘Eso es muy lejos, que estoy cansado’”. Pero si fuera para una sala de tareas tú le llevas. Dispón los medios para que tus hijos lleguen a la casa de Dios. Una práctica que estoy alentando hace años en nuestra iglesia local es que, como familia, bloqueemos los domingos por amor a nosotros y también a nuestros hijos.
Disponer recursos y tiempo para el Reino
Los hijos de un creyente deben hacer el hábito de congregarse, y si tú tienes todos los fines de semana una salida: “Ah, que tengo que descansar, que voy para mi casa en La Romana”, ¿cuándo es que tus hijos van a congregarse con regularidad hasta que les haga falta? “Ay, pero que es el día que yo tengo disponible”. Ese es el día del Señor, y los creyentes consagramos el domingo por amor a nuestro Dios, pero también por amor a nuestros hijos. Un niño que gran parte de los domingos del año ha estado en una escuela bíblica, en su corazón se va haciendo un hábito, una disposición, a un punto tal de que cuando él se encuentre que el domingo está en otra parte, te va a preguntar: “Papi, ¿por qué no nos congregamos en la iglesia? ¿Y por qué no fuimos hoy a la iglesia?”.
Hermano, debes hacer el hábito de congregarte por amor a tu Dios y por amor a tus hijos. Intégrate a su ministerio. Quiero alentar a los padres que tengan aquí niños en Pez Mundial Niños que se involucren en esas cosas. Hablen con su maestra, estén enterados, vayan y vean qué es lo que ustedes hacen, cómo lo hacen: “¿Puedo yo ayudar?”. Yo he visto que los hijos que llegan lejos en algo tienen un padre al lado que está alentando eso que el hijo está haciendo. Deberías ponerte a la disposición. El primer recurso en su ministerio de niños deberías ser tú.
Padres de adolescentes de nuestra iglesia, acérquense a su hermana Priscila y pregunten: “¿Qué actividades tienen? ¿Cómo ayudo? ¿Cómo yo podría también participar? ¿Qué hace falta en el ministerio de los adolescentes?”. Intégrate en el ministerio de tus hijos; cuida su alma; que ellos vean que para su padre eso es importante. ¿Y hasta qué nivel debo hacerlo? Piensa: cuando tu hijo te reprobó una materia, ¿qué haces? Mira, los padres voltean el cielo, buscan una sala de tarea, buscan un tutor: “Que mi hijo no repruebe, que mi hijo no repruebe”, hacen lo que haya que hacer para que su hijo no se quede detrás. Y espiritualmente hablando, permites que se queden rezagados.
“¡Ay, mi hijo ama tanto la música!”. Busca la manera de que tu hijo tenga un instrumento musical y que se integre aquí en la iglesia. Ora por sus misiones. Respalda moralmente sus proyectos espirituales. Es bonito cuando unos padres respaldan a sus hijos en el anhelo que tiene su hijo de hacer la voluntad del Señor. Bueno, una cosa que lo digo, y perdónenme el momento de locura, como dice el apóstol Pablo, y no quisiera hablar de mí, pero algo de lo que yo le estoy eternamente agradecido al Señor es que me bendijo con una familia que ha respaldado siempre mi ministerio. Yo recuerdo cuando yo comencé a desear comenzar una iglesia, sembrar una iglesia, y comuniqué tal cosa a mi mamá. Yo recuerdo que mi madre tuvo lágrimas de agradecimiento al Señor, y mi padre, que no era un creyente… usted lo ve que está sentado aquí, y usted busca a mis hermanas, que están también desde el primer momento en mi ministerio. Hermano, respalden los ministerios de sus hermanos, los ministerios de sus hijos, los ministerios de sus familiares. Hagamos viento a favor para que en eso el Señor sea glorificado.
“Ay, mi hijo dice que tiene el llamado del Señor para tal cosa, pero yo como que estoy pensando…”. He escuchado, oye, son cosas que dice la Escritura que hay cosas que ni se nombran, son tan vergonzosas que ni aun deberían nombrarse. Pero escucharon mis oídos a un padre decir que estaba buscando la manera de desalentar a sus hijos en esas cosas, “porque se distraen, y después entonces solamente quieren estar haciendo las cosas de la iglesia”. Quiera el Señor que si esa es la pasión de tu hijo, quiera el Señor que seas tú como aquella madre que dispuso vestiduras para que su hijo pequeñito estuviera entre los sacerdotes atendiendo la casa del Señor.
No solamente le llevó al santuario, sino que cosió vestimentas para que con dignidad su hijo sirviera al Señor. Padres que están aquí presentes, les invito a invertir en los ministerios de sus hijos, a alentar las actitudes espirituales. Pues yo, uno de los niños días pasados, estaba terminando el taller de membresía y uno de los niños se me acercó y me dijo: “Yo quisiera ser un pastor”. Hermano, yo quise saltar, yo quise saltar de alegría: “Sí, mi hijo, Dios puede hacerte un pastor”. Aliéntalo de nuevo, hermano. El ministerio pastoral no es el único ministerio, pero cualquier oficio que anhele tener tu hijo, anímalo a que haga ese oficio para la gloria del Señor. “Mami, yo quiero ser un ingeniero”. “Sí, pero tú sabes que tienes que glorificar al Señor con tu oficio”. “Papi, yo quisiera ser un comerciante”. “Pero tú vas a hacer un comerciante diferente, ¿verdad?”. “Ah, pues yo quisiera ser médico como tú, para servir, ¿verdad?, a las personas, no solamente para lucrarte, sino para servir, para sanar”.
¿Qué hizo David? David dispuso de antemano las herramientas que eventualmente estaría utilizando su hijo Salomón. Amplias herramientas, hermanos: planos, oro, diseños, mira, hasta relaciones ya dejó hechas David para que Salomón tuviera gente que iba a proveer madera y demás para el santuario. Hermano, involúcrate en el ministerio de tus hijos, alienta el ministerio de tus hijos, permite que tus hijos tengan pasión por las cosas del Señor. En cuarto lugar, tenemos que enseñarles que podemos impulsar a nuestros hijos con nuestro testimonio personal. Dice el versículo 20:
Dijo además David a Salomón su hijo: Anímate, y esfuérzate, y manos a la obra; no temas, ni desmayes, porque Jehová Dios, mi Dios, estará contigo; él no te dejará, ni te desamparará, hasta que acabes toda la obra para el servicio de la casa de Jehová.
— 1 Crónicas 28:20
Impulsar con nuestro testimonio y amor a la casa de Dios
¿Y por qué David podía decirle que el Señor no lo dejaría ni lo desampararía? Porque él anduvo huyendo después que fue ungido durante años, y el Señor no le dejó ni le desamparó. Y sucedió en la vida de David lo mismo que el Señor dijo que tenía que haber sucedido. Anima a los tuyos con tu propio testimonio personal. Padres creyentes que están aquí, tus hijos no conocen tu parte oscura. Hay una parte de tu vida que tus hijos quizás no recuerdan, era la parte de tu vida donde tú estabas muerto en tus delitos y pecados, donde estabas entregado a la vanidad de tu mente. Es necesario que un padre eventualmente llame a un hijo y le diga: “Hijo mío, yo no siempre fui un padre cristiano. Hubo momentos en que yo no glorifiqué al Señor”.
Muéstrale a tus hijos cómo era tu carácter antes de Cristo. Quizás tú puedes decirle: “Hijo mío, ven acá. Mira, tú ves que yo trato de decir siempre la verdad y te he enseñado a decir la verdad. Durante parte de mi vida, en mi boca hubo mentira”. Puedes llamarle y decirle cómo era tu matrimonio antes de Cristo: “Hijo mío, tú ves que tu mami y yo estamos juntos y que nos queremos y que nos amamos; eso es el Señor que lo ha hecho. En otro momento no éramos así”. “Hijo, tú me ves cómo yo trabajo en mi oficina, ¿verdad? Tú ves que yo pongo un horario y que trabajo hasta las cinco y vengo a mi casa; es que yo leí en la Biblia que dice que tanto se afana el necio trabajando, que no conoce el camino a la ciudad”.
Me recuerda mucho esto a aquel gadareno que el Señor libertó. El gadareno quería irse con el Señor: “Señor, a donde tú vayas yo te seguiré”. El Señor dijo: “No, no me sigas, ve a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas ha hecho el Señor contigo y cómo ha tenido misericordia de ti”.
Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.
— Marcos 5:19
Quisieras poder contarle a tus hijos cómo tú llegaste a ser un cristiano, cómo cambió tu práctica profesional después que Cristo comenzó a ser una parte central de tu vida, cómo cambió tu agenda. “Oye, papi, ¿tú has hecho ese sacrificio para servir al Señor?”. “Sí, mi hijo, lo he hecho y no me arrepiento de haberlo hecho”. Padres que están aquí presentes, permitan que su propio testimonio, su caminar con el Señor, sea lo que caliente a la generación siguiente. Que así como David caminó con el Señor, le dijo: “El Señor nunca te dejará ni te abandonará, porque a mí ni me ha dejado ni me ha abandonado”.
Que sea tu testimonio personal lo que impulse a tus hijos o lo que les nutra. Pero no solamente fueron palabras de David. No solamente fue un asunto de: “Yo quisiera que tú hagas tal cosa y mi vida va por otro rumbo”. No, hermano, es que eso es lo que era la vida de David. Pocos personajes bíblicos han sido tan apasionados por Dios y por su casa como el rey David. Es más, yo siempre le veo a David un rey con corazón de sacerdote. David hacía instrumentos musicales, proyectaba diseños, buscaba la manera de que se atienda el santuario en ese programa. Y tú dirías: “Tú eres un rey tonto, vete a pelear la batalla”. Él quería estar haciendo el instrumento musical y componiendo los salmos.
“David, sal a pelear”. “Espérate, déjame ver si termino aquí el salmo tal, a ver si es que te lo mato cantando cuando vaya”. ¿Cómo yo te pregunto, hermano? ¿Tus hijos saben cuál es tu ministerio, por ejemplo? “Papi, ¿qué tú haces en la iglesia?”. “No, yo me congrego”. “Pero, ¿qué tú haces? ¿Cómo tú sirves al Señor?”. Bueno, eso es una razón para que pronto tú te involucres en algún ministerio de la iglesia. Y que tus hijos te vean: “Papi, ¿cómo es que tú…? Yo veo como que tú dedicas mucho tiempo”. “Es que esto es lo más importante: primero el servicio a Dios y a su casa, y después el oficio, después la carrera, después las vacaciones y después cualquier otra cosa”. Que para ti eso sea una prioridad.
Que con tu testimonio impulses a tus hijos. Por eso los hombres específicamente tenemos que asegurarnos de que en nuestra casa haya un ánimo de sacrificarse por la obra del Señor. Por eso, hermano, tengo amplias diferencias con aquellas iglesias que desalientan hasta que las hermanas sirvan en la iglesia. Las hermanas deben servir a la iglesia sujetas a su marido, pero su marido debería ser el primero que aplauda el ministerio de su esposa, a un punto tal que sea prioridad en su vida que su esposa esté sirviendo al Señor con los dones que el Señor le ha dado. Y debería involucrar a su esposa en el ministerio, debería buscar oportunidades de servicio para ella. Es verdad, hermano, una mujer cristiana debe estar sujeta a su marido, pero si su marido es un hombre creyente, está sujeto a Dios, y el deseo que hay en el marido creyente es que su mujer esté involucrada en el servicio al Señor, que sus manos se pongan en la casa de Cristo.
Y lo mismo los hijos. Te pregunto: ¿ya hay una oportunidad de servicio para tus hijos? ¿Ya encontraste qué ellos hacen para el Señor? “No, yo todavía”. Busca oportunidades para los tuyos. Ve a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo. Déjenme mostrarles cuál fue la motivación del ejemplo. Voy al capítulo 29, leo los versículos 3 y 4. Esto dice el rey David:
Además de esto, por cuanto tengo mi afecto en la casa de mi Dios, yo guardo en mi tesoro particular oro y plata que, además de todas las cosas que he preparado para la casa del santuario, he dado para la casa de mi Dios: tres mil talentos de oro, de oro de Ofir, y siete mil talentos de plata refinada, para cubrir las paredes de las casas.
— 1 Crónicas 29:3–4
Generosidad de corazón, tiempo y recursos
Además de esto, por cuanto tengo mi afecto en la casa de mi Dios… Guau, hermano, esa expresión de ese versículo ha estado como rodando en mi mente: “Por cuanto tengo mi afecto en la casa de mi Dios”. Eso es: por cuanto este es mi deleite, por cuanto esta es mi mayor satisfacción, por cuanto yo no encuentro otra cosa que me dé tanto sentido de propósito como poner mis manos en la casa del Señor, por cuanto tengo en eso mi deleite. Hermano, que las cosas en tu casa sean así mismo. Que tú sientas, y puedas decirles: “Tú sabes, yo soy débil con servir al Señor, esto para mí es como comer. Mi deleite es servir a mi Dios y poner mis talentos, poner mis dones, poner mi patrimonio, todo lo que el Señor me haya dado, para servir”. No es solamente un asunto que yo hago mecánicamente, “que hay, porque hay que hacerlo, tú sabes, hay que hacerlo”. “Papi, ¿por qué tú vas tanto a la iglesia?”. “Pues porque los cristianos tenemos que ir a la iglesia”. “No, mi hijo, no. Por cuanto tengo en esto mi deleite, por cuanto esta es mi mayor satisfacción, mi hijo, yo espero el culto del domingo. Papi, como que te veo con una alegría el sábado… yo estoy esperando: mañana nos vamos a congregar, mira, ya nos vamos para la iglesia”.
Que en tu casa sea como un cumpleaños venir a la casa de Dios. Por eso siempre anhelo: ponle a tus hijos las mejores prendas, elegante a tus hijos: “Mijo, vamos a servir al Señor, vamos a edificar y a ser edificados, vamos a gozarnos con su pueblo”.
“Por cuanto tengo mi afecto en la casa de mi Dios”, él le dice: “Yo guardo en mi tesoro particular…”, oiga, ya no estamos hablando aquí del tesoro del reino. David administró el reino de forma tal que haya reservas para el santuario, pero él dice ahora: “Tú sabes, mi hijo, que como esta es mi debilidad, como este es mi profundo deseo, como yo no encuentro otra cosa que me dé tanto deleite, tanta satisfacción, de mi tesoro particular…”, o sea, ya no el del reino, sino el tesoro de David: “Yo guardo en mi tesoro particular oro y plata, y además de todas las cosas que he preparado para la casa del santuario, he dado para la casa de mi Dios: tres mil talentos de oro…”.
Te pregunto, padre que estás aquí: ¿empujar la casa del Señor con tus talentos es para ti un deleite? No estamos hablando de firmar un cheque, no, no, no. Un cheque no resuelve el problema. Primero tú pones tu corazón, primero pones tu deleite, primero pones tu satisfacción en eso, y después viene tu contribución. Hermano, no es solamente ser generoso con tu patrimonio, es que tu corazón y tu dinero vayan al mismo lugar. Si tú rindes al Señor tu patrimonio y no has rendido tu corazón, no es el caso. Primero tú rindes al Señor, le dices: “Señor…”. Hermano, ¿tú tienes algún oficio? ¿Tú has orado alguna vez, le has dicho al Señor: “Señor, si tú ampliaras mi negocio de forma tal que yo contribuya más generosamente a tu casa; si tú permitieras que en mi oficio yo tenga ese ascenso, Señor, y yo tendría más tiempo disponible para dedicarme a servir en un ministerio; Señor, si tú facilitaras mi vida…”? Y ese libro de Santiago que dice que pedimos y no recibimos, porque pedimos mal, para gastar en nuestros deleites.
Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.
— Santiago 4:3
“Oh, Señor, si tú me permitieras aumentar mi patrimonio y que me fuera de vacaciones, yo dejara de trabajar, yo me dedicara solamente…”. Quiera el Señor levantar en esta iglesia padres que puedan enseñarles a sus hijos que contribuir generosamente con la casa de Dios es la especialidad de la gente de Dios, es su satisfacción profunda. “Tengo mi afecto en la casa de mi Dios”. Miren, los latinoamericanos en esto estamos años luz detrás de los gringos. Las iglesias en Estados Unidos, esa gente son extremadamente generosa con la casa de Dios. Tú estás hablando ahí de una institución que uno se pregunta: “¿Y cómo es que estas instituciones logran hacer tantos proyectos? ¿Las misiones que llegaron aquí, cómo se financiaban?”. Creyentes que el Señor prosperó dedicaron gran parte de su patrimonio para que la casa de Dios sea aumentada, para que los proyectos de la iglesia se impulsaran. Parte de su cultura es dedicar parte de su patrimonio formalmente para que la casa de Dios sea edificada.
Por eso, hermano, alguien… siempre la gente me pregunta: “¿Y cuándo es que nuestra iglesia va a construir? ¿Y cuándo se va a hacer?”. “Cuando el Señor nos prospere a alguno de nosotros”. Eso es lo que falta. Yo lo digo esto en broma, hermano, no me gusta casi hablar del tema, pero le dije a una persona, me dijo: “Oye, y cuándo… ¿qué vamos a hacer?”. “Cuando el Señor haga que tú seas rico y el Señor te bendiga”. Esa es la manera. O sea, uno debería, como creyente, que el Señor le permita administrar cada vez un patrimonio más grande para contribuir todavía más generosamente para la gloria del Señor y para el testimonio de nuestros hijos.
Pero mientras tanto, hermano, o tú tienes uno o tienes dos, sé como la viuda, que en tu casa tu contribución a la casa de Dios, en tu tiempo, en tu patrimonio, con tus dones, sea un tema manifiesto. Y enséñale esto a tus hijos. Entre las posibilidades, por ejemplo, lo más básico: un padre le enseña a un hijo cristiano a ser generoso con sus recursos materiales. Por eso los niños, antes que los niños sepan contar, ya uno les va enseñando a ofrendar. Y uno le pone una moneda, de esas monedas que suenan, y le dice: “Mira, de eso yo te estoy dando, y de esto tú vas a tener que desprenderte cuando vayamos al templo. Y cuando den las ofrendas, mi hijo, tú pones en el ofrendario; esa es tu ofrenda al Señor”. “Papi, ¿no puedo comprar dulces? ¿No me voy a poder ir para el colmado? No puedo ir tal cosa”. “No, mi hijo, esa es tu ofrenda al Señor”. Y hay un dolorcito en su corazón que tiene que ser cultivado. Y es el dolorcito que va a decir: “Esto significa chucherías, pero esta es una ofrenda al Señor”. Y eventualmente ese dolor se convierte en gozo.
Y llega un momento en que el niño está esperando el ofrendario, y dice: “Aquí está mi ofrenda, me está doliendo un chin, pero voy a agradar al Señor”. Gloria al Señor por esos padres que les enseñan a sus hijos a ser generosos con la casa de Dios. Por lo mismo, hermano, con su tiempo: enseña a tus hijos a ser voluntarios y disponer en su agenda de la semana tiempo donde ellos rindan ese tiempo a ser voluntarios en algún proyecto del Señor. No es que les enseñes que para todas las cosas hay que pagarme, “todas las cosas, si no hay dinero yo no voy, si no me pagan yo no lo hago”. No. Enseña a tus hijos a rendir de manera voluntaria gran parte de su tiempo para la gloria del Señor.
Mano, la compasión, la misión, la misericordia, el ser generoso en sus relaciones también se enseña. Una de las maravillas que tiene una iglesia, hermano, es que usted comparte con personas que no necesariamente son como usted, pero usted tiene que compartir con ellos y sacrificarse. “Papi, pero yo veo que solamente tú te juntas con los mismos cinco amigos de siempre, con personas que son como tú”. “No, mi hijo, mira, nosotros nos juntamos con personas de todo. Este tiene más que tú, papi, y tú te juntas con él. Pero este tiene menos que tú, ¿por qué tú no te juntas con él?”. Ser generosos en las relaciones también se le enseña a los hijos. ¿O no conocen ustedes niños que discriminan?
Y cuando comparten con otros niños que no son como ellos, dicen: “Ay, es que él no es como yo, él está vestido de manera diferente, él no tiene tal cosa”. Un padre le siembra a sus hijos en el corazón el ser generoso en sus relaciones, a un punto tal que él no se une, como dice el libro de Proverbios, con aquellos perversos que andan conspirando contra el justo, sino que cuando tu niño ve a alguien que está siendo maltratado, él lo que sienta es dolor en su corazón. Hay padres que enseñan a sus hijos a unirse con los fuertes de este mundo: “Mijo, júntate con aquel que da, con aquel que domina, con aquel que vence, con el imponente”. Y hay padres que les dicen a sus hijos: “Hijo, pasa tiempo con el pobre, con el menesteroso, con el que nadie busca”. Qué bonito es un niño cristiano que cuando llega al colegio busca a sus amiguitos que nadie los busca, y les dice: “Vengan conmigo, vengan, pasen tiempo conmigo”. ¿Y qué es lo que pasa? Tiene un corazón generoso. Eso es un corazón que puede ser muy útil para la gloria del Señor. Y hay otros padres que, a veces por desconocimiento, lo que producen son unos niños elitistas que solamente: “Si tiene tanto o más que yo, con él sí; si sabe tanto o más que yo, con él sí; si puede tanto o más que yo, con él sí”. Hermano, enseñemos a nuestros hijos a que miren para abajo. Dile: “Mijo, pasa tiempo con él. Tú tienes más, no importa, es el Señor que te lo ha dado. Compártelo”.
Orar por los hijos y confiar en la gracia de Dios
Termino con la parte que encuentro más necesaria de todas. Les he dicho en primer lugar, hermanos, que inviten a sus hijos a reconocer a su Dios. En segundo lugar, les he animado a que les animen a cumplir con sus vidas el propósito de Dios, a entender que su vida puede valer la pena para la gloria del Señor, que su vida no es una vida más. Les he animado a que dispongan de antemano herramientas, como dispuso David, para que sus hijos cumplan un ministerio.
Y les he dicho que ayuda mucho impulsarle con nuestro propio testimonio, al mismo tiempo darles un ejemplo de generosidad, y no solamente en el dinero, hermanos. Generosidad en las relaciones, generosidad en el tiempo. Qué bonito es una persona que puede disponer de sí mismo para servir a alguien. ¿Han visto este joven que solamente vive para su deleite, que diga: “Bueno, si me van a atender a mí, si me van a agradar a mí, entonces yo lo hago”? Qué bonito es un joven que puede atender a otros y agradar a otros. Eso glorifica al Señor. Termino con la parte que entiendo que es más urgente, hermano. Capítulo 29, al final. David terminó orando. Leo los versículos 18 y 19 del capítulo 29. Dice:
Jehová, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, nuestros padres, conserva perpetuamente esta voluntad del corazón de tu pueblo, y encamina su corazón a ti. Asimismo, da a mi hijo Salomón corazón perfecto, para que guarde tus mandamientos, tus testimonios y tus estatutos, y para que haga todas las cosas, y te edifique la casa para la cual yo he hecho preparativos.
— 1 Crónicas 29:18–19
Un padre piadoso ora por los suyos, para que los suyos puedan hacer la voluntad de Dios, para que los suyos sean preservados en los caminos del Señor y para que los suyos rindan su vida al servicio en la casa del Señor. Tengo que terminar aquí, hermano, pero te diré: tu esfuerzo, humanamente hablando, puede ser utilizado por el Señor, pero no lo garantiza. Nuestros hijos mañana tomarán decisiones de glorificar al Señor o no hacerlo. Pero si acaso tienes que sufrir un hijo perverso, que lo sufras no por falta de diligencia.
Que si acaso, hermano, te toca la tristeza de tener hijos que no amen a Dios, que tengas la conciencia tranquila de que desde niños estuviste llenando su mente de su Palabra, estuviste orando por ellos, estuviste encomendándolos al Señor. Si el Señor te ha dado el privilegio de ser padre, de tener hijos, deberías orar tanto por la salvación de tus hijos como por cualquier otra cosa. Una oración frecuente debe ser: “Padre, permite que mis hijos sean salvos”. Eso no debe faltar, hermano. Cuando tu hija ya va caminando con conciencia, ya va entrando en ciertos años que ya puede tomar decisiones, deberías estar orando por su bautismo: “Señor, permite que mi hijo sea bautizado, permite que mi hija sea bautizada, permite que sea un creyente”.
Ora por sus ministerios. Tú le dices: “Señor, yo he visto que tú le has dado creatividad, he visto que le has dado dones, le has dado la facilidad para esta área o para la otra. Permite que utilice todo eso primero para tu gloria y después para su satisfacción personal”. Que no falte en la agenda de un padre una oración constante por un hijo.
Vamos a practicar esto, hermano. Oremos por los niños, oremos por los padres. Si no ha sido tu realidad, yo te invito a que no te conformes y comiences a disponer desde ahora los recursos, las oraciones, el buen ejemplo, el testimonio, para que tus hijos puedan recibir de ti este legado, que es el legado supremo, el legado superior, que es una pasión por Dios y por su obra. Ahí donde están, hermanos, les pido que cierren sus ojos un momento y oremos por los padres y oremos por los hijos.
Te encomendamos, Señor, los padres que están aquí presentes. Sabemos, Señor, que lo que tú esperas de nosotros quizá está muy lejos de nuestra realidad actual. Te rogamos, Señor, que podamos como padres sentir esta carga santa por producir una generación santa, una generación de gente que te sirva, una generación generosa. Danos la bendición, Señor, de tener hijos creyentes. Padre, mira aquellos padres que quizás pueden estar pensando que hasta ahora no habían tenido el conocimiento para hacerlo. Ten misericordia de sus hijos, Señor, y dales el gozo de ver hijos que permanezcan en tu Palabra, que rindan sus vidas a hacer tu voluntad.
Al mismo tiempo, Señor, te pedimos que la generación siguiente de tu iglesia sea una generación todavía mejor. Danos el gozo, Señor, de que el testimonio no termine con nosotros, sino como te pedía el salmista, que antes de que su cuerpo fuera al sepulcro pueda dar testimonio a la generación siguiente. Bendice, Señor, los padres, bendice los hijos, bendice las familias aquí representadas. Todo esto para tu gloria, en el nombre de Jesucristo. Amén.