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Una advertencia para el sicretistmo religioso

2 Reyes 17:24-41

Dios aborrece toda forma de idolatría y sincretismo, ya sea con imágenes visibles o con ídolos sutiles del corazón, y llama a su pueblo a adorarle solo a Él, dejando atrás toda herencia y práctica que compita con su señorío.

Predicado29 de enero de 2017
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Llevad allí algunos de los sacerdotes que trajiste de allá, y vayan y habiten allí, y les enseñen la ley del Dios del país. Y vino uno de los sacerdotes que habían llevado cautivo de Samaria, y habitó en Bet-el, y les enseñó cómo habían de temer a Jehová.

Pero cada nación se hizo sus propios dioses, y los pusieron en los templos de los lugares altos que habían hecho los de Samaria, cada nación en su ciudad donde habitaba. Los de Babilonia hicieron a Sucot-benot, los de Cuta hicieron a Nergal, y los de Hamat hicieron a Asima. Los aveos hicieron a Nibhaz y a Tartac; y los de Sefarvaim quemaban a sus hijos en el fuego para adorar a Adramelec y Anamelec, dioses de Sefarvaim.

Temían a Jehová, e hicieron del bajo pueblo sacerdotes de los lugares altos, que sacrificaban para ellos en los templos de los lugares altos. Temían a Jehová, y honraban a sus dioses, según la costumbre de las naciones de donde habían sido trasladados. Hasta hoy hacen como antes: ni temen a Jehová, ni guardan sus estatutos, ni sus ordenanzas, ni hacen según la ley y los mandamientos que prescribió Jehová a los hijos de Jacob, al cual puso el nombre de Israel. Con los cuales Jehová había hecho pacto, y les mandó diciendo: No temeréis a otros dioses, ni los adoraréis, ni les serviréis, ni les haréis sacrificios. Mas a Jehová, que os sacó de tierra de Egipto con grande poder y brazo extendido, a éste temeréis, y a éste adoraréis, y a éste haréis sacrificio.

Los estatutos, derechos, ley y mandamientos que os dio por escrito cuidaréis siempre de ponerlos por obra, y no temeréis a dioses ajenos. No olvidaréis el pacto que hice con vosotros, ni temeréis a dioses ajenos; mas temed a Jehová vuestro Dios, y él os librará de mano de todos vuestros enemigos. Pero ellos no escucharon; antes hicieron según su costumbre antigua.

Así temieron a Jehová aquellas gentes, y al mismo tiempo sirvieron a sus ídolos; y también sus hijos y sus nietos, según como hicieron sus padres, así hacen hasta hoy.

— 2 Reyes 17:27-41

Idolatría y sincretismo en Samaria

Idea Siria mandó diciendo: llevad allí algunos de los sacerdotes que trajiste de allá, y vaya y habite allí, y les enseñe la ley del Dios del país. Y vino uno de los sacerdotes que habían llevado cautivo de Samaria y habitó en Betel, y les enseñó cómo habían de temer a Jehová. Y estuvimos leyendo hasta el versículo 29. Pero cada nación se hizo sus propios dioses, y los pusieron en los templos de los lugares altos que habían hecho los de Samaria, cada nación en su ciudad, donde habitaba. Los de Babilonia hicieron a su Sucot-benot, los de Cuta hicieron a Nergal, y los de Hamat hicieron a Asima. Los aveos hicieron a Nibhaz y a Tartac, y los de Sefarvaim quemaban a sus hijos en el fuego para adorar a Adramelec y a Anamelec, dioses de Sefarvaim.

Temían a Jehová, e hicieron del bajo pueblo sacerdotes de los lugares altos, que sacrificaban para ellos en los templos, en los lugares altos. Temían a Jehová y honraban a sus dioses según la costumbre de las naciones de donde habían sido trasladados. Hasta hoy hacen como antes: ni temen a Jehová, ni guardan sus estatutos, ni sus ordenanzas, ni hacen según la ley y los mandamientos que prescribió Jehová a los hijos de Jacob, al cual puso el nombre de Israel. Con los cuales Jehová había hecho pacto y les mandó diciendo: no temeréis a otros dioses, ni los adoraréis, ni les serviréis, ni les haréis sacrificios; mas a Jehová, que os sacó de tierra de Egipto con grande poder y brazo extendido, a éste temeréis y a éste adoraréis y a éste haréis sacrificio.

Los estatutos y derechos y ley y mandamientos que os dio por escrito cuidaréis siempre de ponerlos por obra, y no temeréis a dioses ajenos. No olvidaréis el pacto que hice con vosotros ni temeréis a dioses ajenos. Mas temed a Jehová vuestro Dios y él os librará de mano de todos vuestros enemigos, pero ellos no escucharon. Antes hicieron según su costumbre antigua. Así temieron a Jehová aquellas gentes y, al mismo tiempo, sirvieron a sus dioses y también sus hijos y sus nietos, según como hicieron sus padres, así hacen hasta hoy. Pueden sentarse, amados hermanos.

He venido hoy principalmente a advertir a mi congregación. Recuerdo que hace 15 años la idolatría era un tema muy frecuente en los púlpitos. Yo escucho lo que se predica en los púlpitos y siento cierto vacío del tema entre los púlpitos cristianos. Todas las iglesias, hermanos, deberían tener precaución ante la idolatría; sin embargo, les diré que la iglesia en la República Dominicana debe tenerlo aún más. El Señor nos ha puesto a nosotros a servirle en medio de uno de los territorios más idólatras de todas las Américas.

No es un secreto para nadie que el crisol de razas que aquí se mezcló hizo que se mezclaran también los dioses. Y aunque la idolatría quizás ya no sea un tema tan común en los púlpitos cristianos, aunque no sea un tema, todavía sigue siendo un peligro real. Quiero enseñarles a mis hermanos lo que es el sincretismo religioso, lo que es la mezcla de creencias, y el alto celo que tiene su Dios para que en cada iglesia, en cada lugar donde se levanta el nombre suyo, sea adorado solamente el Dios verdadero.

Contexto histórico y paradoja del juicio de Dios

Esto que hemos estado leyendo es el episodio cuando el rey de Asiria conquistó y deportó a Israel, volviendo a repoblar la tierra con otros pueblos. Este pueblo mixto, que eventualmente fue conocido solamente como Samaria, desarrolló su propio culto, con su instrucción, sus sacerdotes y sus lugares de adoración, combinando la ley y el temor de Jehová con las deidades de sus propios pueblos y con la idolatría propia de Israel. Este sincretismo religioso —sincretismo es mezcla—, esta mezcla religiosa permaneció hasta los tiempos de Cristo y llegó a ser aborrecible para los judíos.

Hoy veremos cómo se desarrolla el sincretismo, con advertencias para que adoremos hoy al único Dios verdadero. Esto está más cerca de lo que quizás nosotros hemos creído, hermano. Uno puede comenzar adorando al Dios verdadero y después terminar refugiado adorando diferentes cosas. Desde este texto extenso estaré mostrando diferentes asuntos acerca de la idolatría y del sincretismo, y este es un texto paradójico, porque ya el pueblo del Señor no estaba en el territorio cuando esto sucedió y cuando esto se documenta.

Cuando esto se documenta, ya Israel no vivía allí, había sido deportado. Y otros pueblos de otras tierras habían ocupado el territorio que anteriormente había sido del pueblo del Señor, y el pueblo del Señor había sido expulsado de allí a causa de qué, a causa de la idolatría. Escuchen la paradoja: el Señor expulsa a su pueblo de ese territorio a causa de la idolatría; el territorio es repoblado con otras naciones, y entonces estas naciones combinan tres cosas: la adoración al Dios verdadero, el paganismo que ya los judíos estaban viniendo practicando, más sus cultos locales que habían traído desde otras partes.

Pretendo mostrar diferentes cosas, comenzando por el versículo 24 y 25, diciendo a mi iglesia que la idolatría es aborrecible para Dios, sin importar quién sea que la esté practicando. Y con esto pretendo subsanar un malentendido que hay en muchas congregaciones, de que nosotros no adoramos a dioses falsos, pero si ellos quieren adorarle, que le adoren. A quienes el Señor está reprendiendo aquí, a quienes les ha enviado leones, no es a su pueblo; es a otro pueblo de la tierra que está haciendo lo mismo que su pueblo estaba haciendo anteriormente.

Hermano creyente que estás aquí, quiero invitarte hoy a que cultives una perspectiva negativa hacia la idolatría, sin importar quién sea que la practique. Yo quisiera levantar la sensibilidad de esta iglesia.

Idolatría en la nación y el turismo religioso

Hace escasos días una gran cantidad del pueblo dominicano estaba peregrinando a los altares. Las fotografías que se veían de esa masa humana que iba caminando hacia los altares eran impactantes. Nosotros, como creyentes, podríamos decir: eso no somos nosotros, son ellos que van peregrinando hacia allá. Hermano, yo quisiera decirte que lo mínimo que debemos hacer nosotros como iglesia es lamentarnos, es cultivar una perspectiva negativa, es decir: eso es malo, no solamente cuando lo practica el pueblo del Señor; también si lo practicara cualquier otra tierra. De todos modos, es abominación delante del Señor.

Estas personas a las cuales el Señor está reprendiendo y les está mandando leones —que era una manera característica con la cual el Señor castigaba— no eran los judíos, no eran los israelitas, eran pueblos de otra tierra que estaban practicando idolatría. Pero sobre esos pueblos de otra tierra también Dios es soberano, y la idolatría es aborrecible sin importar que se practique en Israel o en otros pueblos. Quiero invitar a mis hermanos a que entiendan que la idolatría no es un tema sencillo delante del Señor, que eso no es algo “cultural”, como nos han dicho, que eso es abominación delante del Señor y que por eso pueblos completos han sido destruidos.

Asuntos prácticos, voy a ir seguido al grano. ¿No se han fijado que gran parte del turismo mundial es un turismo de idolatría? Vaya a cualquier destino turístico y pregunte cuáles son las atracciones, y las atracciones muy probablemente son cosas que están atadas con la ofensa a tu Dios: lugares, fiestas, atracciones. El turismo mundial es un turismo donde lo que prevalece son atracciones idólatras. He tenido yo la preocupación porque mis hermanos, cuando salen del país y van a esos destinos turísticos, se ponen el traje de turista y se olvidan de que son cristianos.

Sensibilidad cristiana en medio de la idolatría

“Oh sí, mira, aquí es un altar, aquí se hacen sacrificios humanos”, y el hermano dice: “Oh sí, muy bien, se hacían sacrificios humanos”. “Mire, este es el templo de tal deidad”. “Oh, ¡qué grande es el templo de esta deidad!”. Cuando Pablo fue a Atenas, él se escandalizó al ver la ciudad entregada a la idolatría, y esa no era la ciudad de Pablo. Hermanos queridos que están aquí presentes, yo quiero levantar la sensibilidad de mi iglesia a entender que no solamente deberíamos lamentar la idolatría cuando permea el pueblo del Señor, sino también en el lugar en el cual el Señor nos ha puesto.

Deberíamos nosotros como cristianos en este año cultivar —cuando hablo de cultivar, hermano, hablo de lo que quizá no esté en ti— una percepción negativa de la idolatría. Por contacto con la idolatría quizás tú has perdido la sensibilidad, por eso te digo: es cultivarlo. Deberíamos cultivar una percepción negativa, entender que eso es aborrecible delante de tu Señor. He estado hablando de salir a otros países; verás lugares donde habrá rituales, donde habrá deidades, donde habrán templos, donde habrán lugares de atracción a los que la gente va a querer ir a tomarse la foto. Como creyente, te estoy invitando a que no te unas, a que no participes.

Si eso es aborrecible al Señor aquí, también es aborrecible allá. El Señor no está en este momento reprendiendo a Israel; ya Israel fue reprendido, ya Israel fue expulsado del territorio. Está reprendiendo ahora a otras naciones que venían a practicar la misma idolatría. Pero no quiero dejar a ustedes con el pensamiento de la idolatría en otros países. ¿Qué diremos de nuestro propio país? Nosotros estamos rodeados de idolatría. La santería dominicana es un sincretismo entre el catolicismo romano y el vudú, y eso está ahí: está en la música, está en los lugares, está en la llamada “cultura”, está en los museos.

Eso que le llaman santería, que tiene nombres de “santos”, hay que ver las dos cosas. Lo primero es que en ninguna parte de la Escritura esas personas que supuestamente están ahí deberían ser adoradas. Un creyente rechaza ese asunto, aunque tenga un nombre cristianizado. Sucedió que cuando aquí había esclavitud y los esclavos vinieron con sus deidades, ¿qué hizo el catolicismo romano? Hizo un sincretismo, una convergencia.

La santería y el sincretismo afrocatólico

Bueno, estas personas que venían desde África adoraban a Anaísa Pie, y le dijeron: “A nuestra Anaísa Pie se le llama Santa Ana”. Anaísa Pie era, en sus deidades, la diosa del amor y del hogar. “Anaísa Pie… no, no le llamen Anaísa Pie, llámenle Santa Ana”. Y entonces, ¿qué lograron? ¿Que dejaron de adorar a Anaísa Pie y adoraban a Santa Ana? ¿Están adorando al Dios verdadero? No, están haciendo lo que hicieron los samaritanos. Adoraban a Belie… “no, no le llamen Belie, que eso es ofensivo delante del Señor, llámenle San Miguel”. Belie, Belie Allá… “no, llámenle San Miguel”.

Filomena no… Oggún Balendjó: son deidades. “No, Oggún Balendjó no; llámenle San Santiago, un espíritu guerrero”. Ellos adoraban un tal Barón, el Barón de… “esa gente dice: no, San Elías”. Metresilé: “no, esa es ‘la Dolorosa’”. Hermano, eso es lo que es la santería. Eso es lo que el catolicismo romano ha permitido, y nosotros vivimos rodeados de esas cosas, y algunos hermanos míos han llegado a entender que esos son asuntos como culturales. Son deidades. Estas personas adoraban a sus falsos dioses, y cuando vinieron aquí les pusieron nombres latinos, les pusieron nombres católico-romanos y entendían: “okey, ya las personas han sido cristianizadas”.

Hermano, rechacemos todas estas cosas, porque son ofensivas delante de Dios, y esto tiene todo, hermano, un ecosistema que está detrás, que incluye fiestas patronales, fiestas de palos, lugares de adoración, música “carnal”, le llaman “música raíz”. Usted habrá escuchado cualquier músico dominicano que dice: “No, vamos a incluir tales músicas, son músicas raíz”. No, esa era la música en la cual se adoraban esas deidades. Bueno, debemos evitar a toda costa cualquier expresión de complacencia con eso.

Patrimonio cultural vs. abominación espiritual

Tú me dices: “Yo nunca he estado en una fiesta de palos”. Hermano, es que en este tiempo ya no nos lo presentan así. Ahora toma la UNESCO y nos dice que eso es un Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Y tú dices: “Pero así sí… oh, si lo pone la UNESCO, lo que adoran sus deidades en un mes, y la UNESCO los reconoció como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad”. Y tú dices: “Oh, si me lo presentan como patrimonio cultural de la humanidad, así sí”. No, así tampoco. Eso era ofensivo cuando estaba en África, fue ofensivo cuando cruzó en barco y llegó aquí, y sigue siendo ofensivo para tu Dios al día de hoy.

Hemos estado enseñándoles, en primer lugar, que la idolatría es ofensiva delante del Señor, no solamente cuando llega a la iglesia, sino cuando cualquier persona la practica, y un creyente debería desarrollar una percepción negativa de cada una de esas cosas. Esos nombres atractivos que se le ponen: “expresiones culturales”, “lo que pasa es que es una expresión criolla”, “eso es nuestro”. No, no es nuestro. Y si en algún momento fue tuyo, ya no lo es. Bueno, yo quisiera decirle a todos mis hermanos que ya no hay otra cosa que le defina más a usted que que usted es hechura suya, creado en Cristo Jesús para buenas obras.

Y cualquier cosa que quieran ponerte como que sea tu herencia, tú rechazas eso por principio. Tú dices: esa ya no es mi herencia. Yo tengo una nueva identidad en Cristo; la herencia que yo tengo ahora, lo que es para mí “raíz”, es que yo soy hechura suya, creado en Cristo Jesús para buenas obras. Quiero desconectar a mis hermanos de esas raíces paganas. Recuerdo que hace cinco años comenzaron aquí un movimiento, un movimiento afrocaribe: “Vamos a buscar nuestra raíz cultural”. Tomaron hasta el Teatro Nacional para estas cosas, buscar eventos, “este es el momento, tenemos que buscar nuestras raíces del Caribe”. Yo no busco mis raíces allá, mis raíces están en Cristo, y si en algún momento esa fue su raíz, entonces despréndala.

Hermano creyente, yo quiero llamarte a que te desprendas de todas esas cosas que te quieren volver atrás, volver atrás. “Ah, pero tú estás renegando tu herencia africana”. No, no es al africano por su fisionomía, no es al africano por su pelo crespo, no es eso; estamos rechazando las deidades a las cuales esas personas adoraban.

Identidad en Cristo sobre herencias culturales

Como rechazamos también la deidad que adoraba el español y el “otro Cristo español” que nos trajeron aquellos. Nosotros decimos: ese tampoco es nuestro Cristo; nosotros adoramos al Cristo tal cual se reveló en las Sagradas Escrituras. Estoy advirtiendo a mi iglesia, porque te van a decir que eso es xenofobia, que eso es racismo, que eso es querer buscar tu raíz española. Es que tampoco en la herencia española, en ella yo me siento representado; yo solamente me siento representado en el Dios de la Biblia, tal cual Él mismo ha sido revelado.

Y fueron esos españoles —hay un libro que se llama así mismo, se llama “El otro Cristo español”— fueron ellos los que permitieron el sincretismo. Les digo, hermanos, cuando te quieran buscar tu herencia socioespiritual por España, cuando te la quieran buscar por África, yo te invito a que busques tu herencia en Cristo. No hay nada en lo cual nosotros podamos sentirnos más representados que en el lugar de dignidad que tenemos en Cristo Jesús.

Quiero invitar a mis hermanos que eviten darle a estos nombres agradables, que eviten permitir ser relacionados con esta gente. Cuando vengan con su santería, cuando vengan con sus nueve días, cuando vengan con sus rezos, cuando vengan con sus procesiones, cuando vengan con sus prácticas, no, hermano, no se deje involucrar en ese asunto. Estos samaritanos se mezclaron, se mezclaron, se mezclaron; lo que hicieron los judíos fue que también fueron al cautiverio y allá permanecieron, es decir, le dejaron el “blanco”, y cuando quisieron juntarse con ellos, hermano, no se lo permitieron.

“Ah, pero te van a decir: las iglesias deberían buscar su herencia africana”. ¿Qué herencia africana? Lo que yo podía tener, hermano, ya lo tengo: mi color de piel, la textura de mi cabello, y lo recibo con buen agrado. Pero cualquier herencia espiritual que me quieran empujar para allá, pero tampoco la española: que se queden con ella. Hermano, usted tiene una nueva identidad en Cristo. Por ahí viene el carnaval.

O en lo que es el catolicismo romano, que el catolicismo romano aúpa esas cosas: te dice que el carnaval es lo que va antes de la cuaresma, y que antes de limitar la carne durante 40 días deberíamos darle rienda suelta a la carne durante una temporada. Eso es lo que es carnaval. Usted encontrará a sus hermanos que dicen: “No, es una expresión cultural”. Y va a aparecer un malvado que anda por ahí dando vueltas, que se pone unos trajes africanos y sombreritos a decirnos que eso es nuestro patrimonio cultural, que hay que defender. No, hermano, ese no es nuestro patrimonio; nuestro patrimonio es Cristo. En eso nosotros no estamos representados y rechazamos esos estados, los rechazamos de raíz. En eso, nosotros que tenemos o no, no viene de tener Cristo, no nos sentimos representados; ninguna deidad diabólica debe ser vestida por un creyente ni celebrada, tampoco.

Carnaval, cultura y juicio de Dios

La última innovación del carnaval, ¿qué han hecho? Han puesto un “diablódromo”, y el hermano que se suba en el “diablo”… no, no, hermano, ese no es lugar para ti. Hermano, por cosas como estas el Señor ha destruido pueblos completos. Les digo que esta gente quería unirse cuando el pueblo del Señor estaba reedificando el templo. Esto está en Esdras, capítulo cuatro:

Oyendo los enemigos de Judá y de Benjamín que los venidos de la cautividad edificaban el templo de Jehová Dios de Israel, vinieron a Zorobabel y a los jefes de casas paternas, y les dijeron: Edificaremos con vosotros, porque como vosotros buscamos a vuestro Dios, y a él ofrecemos sacrificios desde los días de Esar-hadón rey de Asiria, que nos hizo venir aquí. Entonces Zorobabel, Jesúa y los demás jefes de casas paternas de Israel dijeron: No nos conviene edificar con vosotros casa a nuestro Dios, sino que nosotros solos la edificaremos a Jehová Dios de Israel, como nos mandó el rey Ciro, rey de Persia.

Mas el pueblo de la tierra intimidó al pueblo de Judá, y lo atemorizó para que no edificara.

— Esdras 4:1-4

Esta misma gente que se mezcló primero quiso mezclarse en la edificación del templo y no se le permitió, y después terminaron oponiéndose al proyecto de edificación. Hermano, cuando vengan con sincretismo, cuando te quieran unir, cuando te quieran aplanar todas esas cosas, di como Esdras: no, no, ustedes sirven un dios, y nosotros servimos al Dios verdadero; ustedes sirven a los dioses de la tierra, esa no es nuestra deidad.

Miren, cualquier esfuerzo… Me hablan cada cierto tiempo: “¿Qué deberíamos hacer con el catolicismo romano? ¿Qué deberíamos hacer con tal religión?”. Hermano, nosotros no deberíamos hacer nada con eso. Nosotros, nada con eso. Lo que deberían hacer ellos es arrepentirse de haber profanado el nombre de Dios, reconocer que eso es ofensivo delante del Señor y comenzar a adorar al único y verdadero Dios. No hay, hermano, comunión entre la luz y las tinieblas. Eso mismo dijo Oseas, en el capítulo cuatro y el siete; el Señor le dijo a Oseas de Efraín, que era como le llamaba: “Efraín se contaminó; déjalo. Déjalo, déjalo”. Esa gente jamás volvió, hermanos, jamás. Efraín se contaminó; déjalo, deja atrás, hermano, cualquier intento de reconciliación entre la luz y las tinieblas; opongámonos a eso.

Vivir rodeados de idolatría y la “Navidad” cultural

Hay situaciones aquí, hermano, donde uno, la verdad, que uno habita aquí en medio de la idolatría. Y cuando el Señor le da la sensibilidad a uno de estas cosas —porque yo sospecho que mi pueblo tiene ahora mismo la conciencia un poco cauterizada, y por contacto con la maldad nos están dando ahí—, hay alguien… Oigan la campaña del último carnaval: “Saca a pasear tu loco”. Esa es la campaña del último carnaval, ya se está promocionando el carnaval dominicano. Oye, hermano, oiga la campaña: “Saca a pasear tu loco”.

Y la idolatría está tan permeada entre nosotros, hermanos, como los hermanos de Corinto, los hermanos que vivían entre naciones idólatras. Nosotros estamos rodeados de idolatría. Usted está en un lugar de trabajo y usted va a tener, por lo menos, una vez al año que convivir con que se va a hacer algún asunto que va a ofender a su Dios. Esa es la realidad. ¿Y qué hacemos, hermano?

Mire, primero busque el rostro del Señor y entienda que el Señor para eso da una salida. Uno a veces siente que está arropado de la idolatría, que uno dice: “Oye, pero yo no podré…”. Yo terminé enero, hermano, agotado. Yo llegué, me acosté y me sentía como… Yo siento que la Navidad me la están invadiendo. Yo no sé si usted sintió esa Navidad, hermano, pero yo terminé esta Navidad agotado, porque ya yo no sé cómo aproximarme a la Navidad. Ellos supuestamente están celebrando el nacimiento de mi Señor, pero como lo están celebrando, el nacimiento de mi Señor es ofensivo para mi Señor.

Ellos supuestamente me dicen que estamos adorando al mismo Dios, pero yo sé que no estamos adorando al mismo Dios. Y yo encuentro que el mundo completo habla de “felicidad”, que para mí hay motivos para celebrar el nacimiento de mi Señor. Primero me dicen que estamos celebrando al mismo Dios, que estamos haciendo las mismas cosas, que tenemos “el mismo espíritu navideño”. Yo digo: oye, yo puedo comerme contigo el asunto, pero no estamos celebrando al mismo Dios.

He tenido, hermanos, aflicción desde diciembre. Veo los encartes, veo los periódicos, veo los anuncios, veo las vallas publicitarias, y digo: yo no me siento identificado. No es a mi Señor que están celebrando; se están celebrando ellos mismos. Y cuando me uno a celebrar con ellos, lo que estoy haciendo es participando en lo que participaron los samaritanos. Hermano, yo no sé todavía, pero hay una cosa que yo sé, y es que el Señor da salida.

Tentación, idolatría y la salida de Dios

Todavía yo no sé concretamente, hermano, porque le digo: me sentía arropado, yo sentía como que… ¿Qué hago? ¿Celebro, no celebro? Entonces me dicen: “Pero ven acá, es a Cristo que estamos celebrando su nacimiento”. Entonces yo digo: “Pues si están celebrando su nacimiento, deberían celebrar también su muerte, su pasión y su resurrección; deberían estar aquí con nosotros”. “No, nosotros celebramos que Jesús nació”. ¿Realmente están celebrando que Jesús nació? ¿Dónde están? Se están celebrando ellos mismos. Hermanos, están utilizando el nombre de nuestro Señor para sus borracheras, para sus inmoralidades. Eso es utilizar el nombre de Dios en vano.

Yo, cada vez que lo veía, decía: “No le den lo santo a los cerdos”. El Señor nos dijo a nosotros: no le den lo santo a los cerdos. Y me sentía, hermano, como que a veces me faltaba —estoy hablando figuradamente—, como que hasta me faltaba el aire, como que digo: “Oye, pero estamos rodeados; me salen por aquí que estamos celebrando Navidad, un villancico por allá”. Yo digo: estamos rodeados de esto. Eso no es Navidad lo que el mundo está celebrando.

He encontrado aliento esta semana en 1 Corintios, capítulo 10. Yo no me había percatado que este versículo muy recurrido, lo que Pablo está hablando aquí, aconsejando a los hermanos, es que ellos vivían arropados de la idolatría, y esta gente no encontraba manera de vivir y decían: “Estamos tan arropados en la idolatría que no hay manera de uno desarrollar una vida en este territorio sin ponerle la mano a esas expresiones idólatras”. Escuchen lo que les dijo el apóstol Pablo, versículo 13, y después leo el 14, que creo que debemos tener los dos versículos en perspectiva. Dice la Escritura, para el que está afligido, todo ese hermano que quiere honrar al Señor pero vive rodeado de idolatría, escuche lo que el Señor le dijo:

No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.

Por tanto, amados míos, huid de la idolatría.

— 1 Corintios 10:13-14

Tus hermanos sentían que no se podía hacer nada. Espérense, espérense, eso no es un asunto sin salida. El Señor va a dar una salida. Yo no sé cómo, hermano, pero cuando uno se propone, en medio del país en el cual el Señor le ha puesto, buscar el rostro del Señor y hacer su voluntad, el Señor nos da una salida. Yo no sé cómo el Señor nos va a ayudar este año, hermano, pero yo quiero invitar a mis hermanos a que desarrollen alguna sensibilidad especial para no dejarse llevar de esas cosas y que se opongan radicalmente a lo que Dios se opone. La idolatría ofende a Dios, la practiques tú o la practique tu primo; no importa. De todos modos es ofensiva.

Cómo responder a la idolatría en la práctica

Me dirán: “¿Y qué hacemos frente a estas cosas?”. Cosas así, rápido, hermano. Tal vez tú no vas a poder quitarle a una gente su ídolo de los ojos, ni quizás de la mano, ni quitarlo del lugar donde tú tienes que desempeñarte. Uno no vive en una teocracia; si viviéramos en una teocracia deberíamos tomar un garrote y salir a romper los santos. Pero no vivimos en una teocracia. Hoy, en el antiguo Israel, el profeta pudo quemar el “papá” de metal que tenían; sí, dice que el profeta fue y le quemó al papá de metal que tenía. Nosotros no tenemos ahora mismo esa prerrogativa, pero hay cosas prácticas que mi iglesia puede hacer.

Lo primero, hermano: no difunda eso. No lo difunda. Donde quiera que usted vea idolatría, donde quiera que usted vea adoración a esas deidades, no difunda eso. Eso no hay que celebrarlo; eso no hay que decir “qué bonito, qué bonito son los colores, qué vistoso”. Eso no hay que difundirlo. Si a usted lo tienen casi amarrado ya, hermanos, la opción… Mire, ya yo definitivamente me han amarrado casi; haga como hizo Daniel en Babilonia. Cuando a Daniel se lo llevaron cautivo, hermano, le estaban dando de todas esas cosas: comida de idolatría, una vida de idolatría. Y Daniel en Babilonia lo que hizo fue que se limitó.

Él dijo: “Eso no; yo no quiero los beneficios de esas cosas; déme lo que sea absolutamente básico para yo desarrollar una labor”. Y lo tomaba con dificultad. No se entregue, hermano, no se entregue cuando el mundo celebra este tipo de cosas. Si usted tiene que estar ahí, vaya, hermano, pero vaya, cierre la nariz, cierre un chin los ojos; no se entregue a eso.

Casos prácticos, por ejemplo, que hermanos me han preguntado: “Ah, se murió un familiar y hay que ir ahora a un asunto de idolatría, participar de esas cosas, ¿qué hacemos?”. Usted va y se solidariza con el familiar, hermano, pero que haya testimonio delante del Señor de que usted no está disfrutando eso. Usted va por su familiar, usted va por su compañero de trabajo, usted va por su amigo. “Ah, vinieron a hablar de San fulano, vinieron a traer tal cosa, una imagen con idolatría”. No participe. Vaya, dé un pésame, sea solidario, pero no se deje envolver de ese tipo de cosas.

El Señor ve el corazón, hermano. Y yo he estado, hermano, yo he estado en misa católica, yo he ido a esas cosas, he estado ahí, me siento, pero hago un esfuerzo intencional de que mi Señor sepa que yo no estoy… no hay en mí deleite en eso, hermano. Yo camino en medio de estas cosas; cuando las veo, que me llaman la atención, no, hermano, no. No hay deleite en eso, no lo hay. Y cuando usted intenta tener deleite en eso, rechácelo en el corazón. “¡Qué grandes son, qué bonitos son!”. Eso no es arte, hermano, se llama idolatría; es el arte al servicio de las deidades.

Sobre todo, quiero desestimular a mis hermanos a que no permita esas cosas en su casa. Hay algunos que son tan buenos anfitriones que le permiten hasta su dios a la gente. “Es que yo soy buen anfitrión”. No. Si usted viene a mi casa, en esta casa adoramos al Dios verdadero. Aquí eso no se permite; ustedes pueden ir. No ofrezca su casa, hermano, para que el nombre de su Dios sea avergonzado.

Quién es realmente Dios: no un “dios local”

Les he mostrado, en primer lugar, que la idolatría es abominable, sin importar que la practique quien la practique: la pueden practicar los pueblos de otras tierras o la puede practicar Israel. De todos modos es abominable; el Señor les mandó leones. Quiero mostrarles ahora cuál es la raíz del sincretismo, dónde está en eso la debilidad principal. Es el versículo 26: “Y dijeron ellos al rey de Asiria: Las gentes que tú trasladaste y pusiste en las ciudades de Samaria no conocen la ley del Dios de aquella tierra; y él ha echado leones en medio de ellos, y he aquí que los leones los matan, porque no conocen la ley del Dios de la tierra”.

¿Cómo que “el Dios de la tierra”? Hermano, el Dios al cual usted y yo servimos no es el Dios de Samaria, ni tampoco el Dios de Judá, ni el Dios de Europa, ni el Dios del Caribe. Nuestro Dios es soberano sobre toda la tierra. Esta gente tiene una idea de que Dios es una deidad local, y que lo que pasa es que esa deidad local, nosotros no sabemos cómo es que hay que hacerle el procedimiento para satisfacer la deidad. “No sabemos cómo apaciguar esa, específicamente, que está al nivel de todos los otros dioses; ¿cómo es el Dios de la tierra?”.

Hermano, mi Dios es soberano de toda su creación, y la jurisdicción de mi Dios alcanza Asia, Europa, Norteamérica, Sudamérica, porque me quieren enseñar como que: “No, es que ustedes tienen el Dios ‘de’…”. No, este es el Dios que nosotros adoramos como debe ser adorado, pero nuestro Dios rige toda la tierra. Él es el dueño, el soberano de la creación.

Esto es un gran problema, porque dentro de todo ser humano hay una conciencia de Dios. Nosotros fuimos hechos para adorarle. Vaya al lugar más recóndito del planeta donde no hay, supuestamente, contacto con la civilización “europea” o moderna; desde allá esa gente tiene una conciencia de que existe un Dios. Y ante el desconocimiento del Dios verdadero, dice el libro de Romanos que han terminado adorando el palo, los animales, así mismo, y se han terminado degenerando. Eso es lo que es la degeneración.

Pero tenemos que ser cuidadosos: cuando la gente viene a la iglesia de Cristo también trae su concepción de quién es Dios. Preocupación pastoral he tenido yo, porque sospecho que puede ser que la gente llegue aquí y uno asuma que está adorando al Dios verdadero e integra “nuestro Dios”. Y ese asunto de “integrar” a nuestro Dios, hermano, es muy peligroso, porque Dios no se integra: Él reemplaza.

Conocer a Jehová como Él se reveló

Cuando una persona viene a Cristo, lo que tiene que hacer es reconocer que él tenía una imagen pobre, una conciencia de Dios; tenía un conocimiento, aunque sea distorsionado, de quién era Dios, porque dice Habacuc 2:14 que el conocimiento de la gloria de Dios llenará toda la tierra. Algo le ha llegado. Pero que no se aferre a que lo que él pensaba que era Dios es Dios; nuestro Dios es más grande que tu pensamiento.

Yo he tenido la carga de incluir en nuestros talleres de membresía más intencionalidad en ese asunto, porque uno asume que el dominicano medio dice que conoce a Dios, pero está mezclando a Jehová con Anaísa Pie, con Liborio, con cuanta cosa hay. Anaísa Pie, hermano. O sea, uno asume como que estamos hablando el mismo lenguaje: “Sí, el mismo Dios, papá”, me han dicho a mí. Eso de “que ustedes le llaman así, pero nosotros le llamamos…” No: Jehová de los ejércitos. Ese es Su nombre.

En un momento el Señor tomó a un pagano que era Ciro, lo quería utilizar para un propósito, y el Señor tuvo que explicarle quién era Él. El Señor se lo dijo a Ciro:

Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste, para que se sepa desde el nacimiento del sol y hasta donde se pone que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo.

— Isaías 45:5-6

Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay dos Jehová, no hay cuatro Jehová. Yo soy Jehová, y ninguno más hay. Jehová le está hablando a Ciro. Es como si le dijera: “Ciro, tú estás acostumbrado a diferentes cosas, pero yo soy Jehová y ninguno más hay; no hay otro Jehová, no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste, para que se sepa desde el nacimiento del sol y hasta donde se pone que no hay más que yo; yo Jehová y ninguno más que yo”.

¿Qué es lo que el Señor le está diciendo a Ciro? Él le está diciendo: “Yo tengo un nombre, Jehová es mi nombre”. Y quiero animar a mis hermanos a que le llamen a su Dios con los nombres con que su Dios se ha revelado. El nombre que Él eligió fue Jehová. Otro nombre puede ser “el Señor”, son nombres que Él ha elegido. Pero cualquier nombre “de cariño”, desecha todo eso, hermano, que por ahí que viene el problema. También tienen eso de buscarle “un nombrecito” y decir: “Así es que yo le digo de cariño”. No, hermano: “Yo soy Jehová, ese es mi nombre”.

Usted puede decirle “el Señor”, que Él también así se ha revelado. Así los antiguos le llamaban: el Señor. Arriba, Padre, eso de allá… Cualquier otra cosa que usted quiera ponerle, eso de que: “No, no, no, no le busque, hermano, no le busque”. Él es Jehová, el Señor. Y Él siempre está haciendo cosas grandes para revelarse. Él está diciendo: “Yo tengo mi nombre, no van a buscarme un equivalente a como adoraban a fulano: ‘si nosotros adoramos el otro…’”. No; “Yo soy Jehová”.

“No hay otros dioses”, les dice, “ninguno hay, eso no existe”. A mí lo que me llama la atención es que le dice: “Yo te ceñiré… aunque tú no me conociste”, está diciendo: “Tú no me vas a conocer por tus propios medios”. Si alguien quiere conocer al Dios de la Biblia lo conocerá porque el Dios de la Biblia se reveló. Nosotros no imaginamos a Dios. El problema del ser humano es que le da rienda suelta a su creatividad y piensa que Dios es lo que él quiere que sea. Dios no es lo que tú quieres que sea.

Cualquier cosa que nosotros conozcamos de Dios es revelacional: Él se nos va a revelar. Ciro no conoce a Dios, Dios le dice: “Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste”. Como que: “Tú no te has dado cuenta de que yo te escogí; porque yo soy Dios. Todo eso que tú adoras, 15 deidades, eso ninguno son Dios”. Ahí fue el problema del hombre con Dios: que piensa que le conoce.

Contra una fe supersticiosa y sin fundamento

Quiero estimularle a mi iglesia, no asumamos que la gente conoce a Dios; partamos de que no le conocen. “Te ceñiré, porque tú no me conociste”. Y el Señor le dice que su soberanía, hermano, va desde el nacimiento del sol hasta donde se pone el sol. A ese Dios es que tú y yo estamos sirviendo. Este no es el Dios de los españoles, no es el Dios de los africanos, no es el Dios de los judíos, no es el Dios de los europeos, no es el Dios de los asiáticos. No, este es el único y verdadero Dios que rige con soberanía toda la tierra y que su conocimiento llenará toda la tierra.

Seamos intencionales en este asunto. Les he mostrado, en primer lugar, que la idolatría ofende a Dios, sin importar quién sea que la haga. Tú dices: “No, él no es cristiano, lo puede hacer”. Él tampoco debe de hacerlo. Y yo no puedo quitarle su ídolo de la mano, pero tengo que decirle: esto es ofensivo delante de Dios, aunque no sea cristiano, aunque no sea del pueblo del Señor, eso es ofensivo a Dios.

Del mismo modo, les he mostrado que el sincretismo comienza con una pobre idea de Dios: ¿quién tú crees que es Dios? Cualquier idea que tú tengas de Dios que no parta de lo que Dios ha revelado… Él se reveló, hermano. Si Dios no se revela, nosotros todavía estuviéramos adorando los palos. Él se reveló, Él se presentó; el conocimiento que tenemos es revelacional.

No quiero dejar de mostrar, hermano, que el sincretismo hace una lectura supersticiosa de los acontecimientos. Esa superstición está haciendo un daño tremendo en el pueblo del Señor. Ellos dijeron, versículo 26: “Las gentes que tú trasladaste y pusiste en las ciudades de Samaria no conocen la ley del Dios de aquella tierra; y él ha echado leones en medio de ellos, y he aquí que los leones los matan, porque no conocen la ley del Dios de la tierra”. Y el rey de Asiria mandó diciendo: “Llevad allí a algunos de los sacerdotes que trajiste de allá, y vayan y habiten allí, y les enseñen la ley del Dios del país”.

¿Cómo que “el Dios del país”? Hermano, mi Dios es un Dios que trasciende las fronteras. Ustedes quizá no le conocían, pero van a tener que conocerle. Lo que más me preocupa es que esta gente dio una lectura errada de la realidad. El Señor estaba castigando por medio de leones, ellos entendieron: “Yo sé cómo satisfacer a Dios, yo sé cómo se apacigua cualquier dios”. Dios puede ser apaciguado, pensaron, y dijeron: “Nosotros servimos al dios de la lluvia y, cuando no hay lluvia, hacemos tal cosa y manda lluvia; servimos al dios del trueno y manda truenos”. Ellos están tratando de apaciguar a Dios. Superstición.

Ellos entendieron que si se mandaba uno que les diera el mecanismo para apaciguar, ya todo se resolvía. Ellos no quieren adorar a Dios, ellos no quieren ni siquiera conocerle; ellos quieren que manden uno, como mandan a un brujo, que conjure una cosa y desaparezca el problema. ¿Cómo comienza el sincretismo? Son la gente que se acerca a Dios buscando una necesidad muy puntual. Ellos no quieren conocer a Dios, no quieren relacionarse con Dios; a ellos les interesa un milagro.

Cuando se busca a Dios solo por conveniencia

Les interesa cerrar un negocio, como el bandido que anda detrás de Dios. Ellos no aman a Dios, ellos quieren tranquilidad; ellos lo que quieren es que los leones se apacigüen. No es que quieren conocer a un Dios personalmente, no es que quieren adorarle, no es que quieren exaltar su nombre. No, no, no; ellos quieren que los leones se apacigüen, su tranquilidad. El que termina en sincretismo es aquel que no ama a Dios de corazón, sino que ama su comodidad, ama su beneficio, ama los asuntos muy puntuales que Dios podría darle.

La gente que peregrina aquí no peregrina por asunto de adoración; no, ellos peregrinan para que se sane un hijo. Ellos peregrinan para conseguir una cosa, una cosa puntual. Eso es lo que esta gente está buscando: tratar a nuestro Dios como tratan a sus deidades. Ellos pretenden resolver problemas por sus propios medios. Pero, digo, la iglesia evangélica se ha llenado de eso, hermanos, de superstición.

Estos malvados han llegado a entender que ellos pueden adorar a Dios por sus propios medios, que ellos saben lo que Dios está demandando. “No, yo sé lo que falta: que nos manden un sacerdote”. Y el rey les manda un sacerdote. Eso era mucha gente para un sacerdote. Pero es que ellos no están esperando, cuando uno piensa, le ponen el nombre “sacerdote”, uno piensa que es un proyecto de instrucción nacional. No: que ponga un altar, que haga lo que ellos hacen y que dejen de venir los leones. No es, hermano, un proyecto de que: “Vengan, que vamos a buscar…”. No. Ellos quieren que también se les exalte como “el dios no conocido” que tenían allá.

A mí me sorprende que esta gente cree que conoce a Dios y que puede satisfacer a Dios por sus medios. Como hay cantidad ahí, la media del dominicano piensa que sabe lo que Dios necesita. La media de los dominicanos piensa que, si se lo propusiera, pudiera llegar a agradar a Dios. Dicen: “Yo sé lo que Dios espera: que deje la bebida”. “Eso es lo que Dios espera”. No, eso no, hermano, eso es superstición. “No, yo sé lo que Dios espera: que yo no haga tal cosa”. Eso es superstición; tú no sabes lo que Dios espera de ti.

Es la humildad que necesita tener un nuevo creyente: cuando alguien viene a los caminos del Señor reconoce que ha ofendido a Dios y que tampoco sabe lo que hay que hacer para agradar a Dios. Esta gente piensa que sabe lo que Dios está esperando: “Mándale un sacerdote y se va a resolver el problema”.

No, no, no. No permitamos que los paganos piensen que conocen a nuestro Dios. Entre cristianos se mezcla esa misma superstición. ¿Cuántas cosas puedo decirles de eso, hermano? Pero son muchos los evangélicos que le atribuyen a los lugares fuerza espiritual. Dicen: “Aquí sí, aquí en este pedacito; aquí sí, aquí hay fuerza, aquí hay fuerza. Vamos a otro lugar, que aquí sí; aquí sí, aquí sí, eso aquí sí era duro”. Eso es superstición.

Nuestro Dios puede hacer grandes obras aquí, allá y acuya. Él no está limitado geográficamente para hacer cosas. No quiero decir, hermano, que los lugares de adoración no sean lugares de adoración; tienen una memoria para su pueblo, el pueblo está acostumbrado a que el Señor obre y el Señor no se opone a los lugares de adoración. Lo que le quiero decir es que no piensen como que es el lugar de adoración que tiene el poder; Dios es poderoso para hacer cosas grandes en medio nuestro.

Supersticiones “evangélicas” y pactos mercantilistas

Atribuirle a un altar, atribuirle a un pedazo de terreno, atribuirle… No significa eso, hermano, que no haya lugares reservados para adoración a Dios. Lo que quiero decir es que el poder no está en el lugar, el poder está en Dios. Hay otros que le atribuyen poder sobrenatural a sus líderes y no al Dios que puede utilizar a un líder. Dicen: “Fulano de tal, ese sí, ese sí”. Hermano, él no, Él es Dios. El mismo Pablo decía: “También nosotros somos hombres como ustedes”.

Hay gente que va de un lugar al otro buscando su bendición: “Aquí es que se está orando, aquí es que está la cosa, aquí es que está, aquí es que está”, como van buscando un brujo más fuerte. Dicen: “Por San Juan hay un jefe fuerte”. Y la gente va de una iglesia a otra iglesia buscando dónde es que va a encontrar… “El Señor no me ha bendecido porque todavía ahí tengo que llegar”, y ven a ver si saben ahí… como iba la gente detrás de Liborio.

La gente va detrás del lugar de adoración, porque ahí es que Dios está haciendo cosas. Hermanos, Dios hace cosas en cualquier lugar. Dios no está limitado a eso. No significa que no haya lugares, hermanos, que estén experimentando avivamientos reales, los hay. Lo que le quiero decir es que quitemos la superstición que pueda haber detrás de eso, de entender que podemos movernos como se mueve la gente detrás de la brujería.

¿Cuántas son las personas que utilizan “mantras”, expresiones? “No lo recibo, no lo recibo, declaro…”. Ese asunto de “no lo recibo, no lo recibo”, hermano, ¿tú crees que realmente puedes cuidarte con sortilegios? “Declaro, el Señor lo va a hacer”. ¿Cómo sabes tú? Yo sé, hermano, que el Señor va a hacer aquello que Él dijo explícitamente que va a hacer. Otra cosa es que tú lo desees. Hermano, yo deseo que seas bendecido, es otra cosa. “Declaro bendición sobre ti”. Tú no eres Dios. ¿Quién eres tú? Eso es superstición, hermano, esas mismas cosas. Eso no viene de nosotros desde la Biblia, eso nos viene desde África, ese asunto de declarar.

Cuando el Señor le decía a un profeta que declarara —el Señor le decía: ve y manifiéstale tal cosa al pueblo— era porque el Señor ya había dicho que lo iba a hacer. Pero si el Señor no te ha dicho a ti que va a hacer algo, ¿por qué tú lo declaras?

Y tantos otros, hermano, que no son ni siquiera “malos”, pero como que están ahí. Por ejemplo, cada vez que alguien piensa que menciona el nombre de Satanás: “El Señor lo reprenda”, es como que piensa que si no pone ese “clavito” ahí al final, como que le va a venir algo. Hermano, tu vida está en la mano del Señor. Eso de estarse cuidando como por sortilegio: “Que el Señor reprenda… mis pies, que el Señor los reprenda…”. Hermano, ¿el Señor no los reprende? ¿Cómo que si tú no lo dices, como que va a entrar? Eso es superstición.

Le digo, hermano, quizá la intención no es mala, pero es supersticiosa. Tú creer que puedes, como, alejar espíritus con abrir la Biblia en páginas específicas. Y esta expresión: han visto a las personas que relacionan toda tragedia con un castigo y toda prosperidad con una bendición. A veces es al revés. A veces el Señor te disminuye para cuidarte y no te engrandece, hermano, para que no te pierdas. Y a veces castiga concediendo. Pero hay otra persona que ve que alguien tiene una tragedia en su vida y está relacionando: “Eso es maldición, eso es pecado, eso es tal cosa”. Espérate, hermano.

Dice el libro de Eclesiastés que a todos nos llegan buenos y malos tiempos, y el justo los sufre, hermano. Puede ser puesto en estrecho sin merecerlo. Entonces esa lectura supersticiosa de que donde quiera que hay enfermedad, donde quiera que hay algún tipo de limitación, eso es que “hay maldición”. Espérate. O que donde quiera que hay prosperidad hay bendición. Muchas veces la prosperidad es lo que les hace daño. Mira, las naciones más prósperas ahora mismo no son las más santas. Pero se hace relacional la prosperidad.

Eso es lo mismo que hacen los brujos, que hacen la santería, que hacen tal cosa: “Siembra, cosecha, pacta con el Señor hoy, ven, ven pacta, pacta con el Señor, pacta”. Aguanten ahí, hermano.

Pactos, ofrendas y el corazón delante de Dios

Una manifestación de adoración genuina cuando el Señor te ha concedido algo, si hay una actitud genuina de adoración, es recibida por el Señor. Ana lloró en la presencia del Señor por un hijo y le dijo: “Señor, si tú me concedieras, si le concedes un hijo a tu sierva, yo le dedicaré para que sirva en tu santuario”, y así lo hizo. Otra cosa es que tú digas: “Si tú no me das tal cosa, yo te doy tal cosa”, una actitud mercantilista, como lo que les señalé en el libro de Malaquías, que quieren hacer de esto una transacción económica y utilizar a Dios como si Dios fuera una deidad cualquiera.

No, hermano. No está mal que tú digas delante del Señor: “Señor, mira, si tú permites que esta situación se resuelva, yo me comprometo a honrarte en tu presencia”. Pero es que hay una actitud de adoración. Pero si no, tú sigues siendo soberano. Y otra cosa es: “Estoy pactando ahora 500 pesos con la expectativa de 10,000; 500 no, 5,000, yo quiero medio millón, hermano”. Eso es; “Siembra, cosecha, manda tu ofrenda para que seas bendecido”. Hermano, quizá ya tú estás siendo bendecido, o quizás lo que te venga no sea lo que tú piensas.

Pero ese asunto de pensar, de hacer de Dios, hermano, un Dios mercantilista, eso es santería, eso son sortilegios, eso es superstición. Les he mostrado, en primer lugar, que la idolatría ofende a Dios siempre, hermano, que no es solamente “la nuestra”, sino la de cualquier otro. Donde quiera, eso objetivamente es malo. Les he mostrado, en segundo lugar, que un pobre entendimiento de quién es Dios, como una deidad local —el “Dios de la tierra”, el “Dios de ese pueblo”— es lo que conduce al sincretismo. Dios es Dios, hermano: “Reconoced que Jehová es Dios; él nos hizo y no nosotros a nosotros mismos”.

Les he mostrado que este sincretismo apela a la superstición: superstición, cosas que son de santería, que no tienen nada que ver con una herencia judeocristiana, hermano. Eso no es bíblico. Voy cerrando, mostrándoles que el sincretismo pretende integrar sin dejar atrás lo que ellos hicieron. Está en los versículos 29 al 34: “Pero cada nación se hizo sus dioses, y los pusieron en los templos de los lugares altos que habían hecho los de Samaria, cada nación en su ciudad donde habitaba”. Cada uno, hermano, hizo su propio dios; no se desprendió.

Ellos pretendían integrar sin dejar atrás. Mire, la vida cristiana es tanto una construcción como una destrucción; la vida cristiana es tanto de recibir cosas como de dejar cosas. Si usted vino a Cristo y usted solamente integró, usted está haciendo sincretismo. Porque nadie que viene a Cristo llega en blanco. Todo el mundo trae ideas, todo el mundo trae conceptos, todo el mundo trae tradiciones, todo el mundo trae una herencia, todo el mundo trae una vivencia cuando está viniendo a los caminos del Señor.

Integrar a Cristo exige dejar atrás los ídolos

Usted hace dos cosas: usted renuncia y usted asume. Hay cosas para dejar y hay cosas para tomar. Pero no se trata solamente de integrar cosas en tu vida, se trata también de dejar cosas atrás. Esta gente no dejó nada atrás, sino que integró a Dios. Hay asuntos, hermano, que tienen que ser dejados. Mire, los ídolos contemporáneos no son solo estatuas; los ídolos contemporáneos son conocimientos, seguridades, actitudes.

¿Cuántas personas el día de hoy, en su mente, convergen el humanismo con cristianismo, la vanidad, la mundanalidad con la vida cristiana? La gente quiere unir eso; eso no es compatible. La mundanalidad es un dios de este tiempo. Ese pensamiento mundano, ese pensamiento de vanidad, esa vanagloria, esa mundanalidad no es compatible. Creyente, deja eso atrás e integra lo otro; limpia la casa.

De hecho, el bautismo cristiano, hermano, lo que significa es que tú estás muriendo. Si usted está ahora abriéndose a conocer algo nuevo… Hay gente que quiere convalidar su conocimiento y quiere venir de atrás con más experiencia y buscarle un equivalente, lo que hacían los españoles con los africanos: buscarle un equivalente. Yo lo mencioné ahorita, hermano, y vi que algunos se le pusieron los ojos raros, los ojos grandes: Anaísa Pie y demás. Esos no son los dioses de nuestro tiempo.

El dios de nuestro tiempo es el deseo de dominar y de controlar a los otros. Adentro de todo ser humano está eso: sentirse que él es dios, que él controla, que él domina. A eso también se le llama, a veces, “celo por la casa del Señor”. Es lo mismo que hay detrás: son gente que son muy celosos de la casa del Señor y lo que quieren es dominar y controlar a otros.

El dios de otro tiempo, hermano, es no ser disciplinado, ir por la libre, no tener ninguna autoridad sobre nosotros. Falta de disciplina. La gente le llama a eso “disposición de servicio”; es un problema. Ese es su dios: la falta de disciplina, y que no le pongan la mano a eso; gente que no termina nada para el Señor, sino que va pasando… “Ah, es que él es muy dispuesto”. Inconstante, que se ama a sí mismo.

Hay gente que su dios es la soberbia y son poco humildes. Son aquellos que viven de “pica pleito en pica pleito”, y siempre tienen un conflicto con un hermano por una discusión que tuvieron en cosas pequeñas. ¿Sabes qué es lo que pasa? Son soberbios, poco humildes. “No, lo que pasa es que tiene celo por la doctrina”. Bueno, no le busque un nombre atractivo a su problema de carácter que está haciendo de eso un dios. Un dios es cualquier cosa que reemplace, cualquier cosa que reciba tu adoración, cualquier cosa que se cuide en exceso, cualquier cosa que te provea lo que solamente Dios puede proveerte.

La “seguridad” de este tiempo. “Ay, que es muy trabajador”: ha hecho del trabajo su dios. Si usted viene a Cristo, todas esas cosas tienen que menguar y Cristo, hermano, limpia el territorio. Después, Cristo nace en usted. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas”. Entonces viene la gente y me dice: “Es que yo siempre he sido así”.

Ídolos del corazón: familia, trabajo y ego

Es como me dicen los otros: “Es que nosotros venimos de África”. No, este ya no es así. Conocimientos, seguridades… Ahí está el dios de la familia, es un dios de este tiempo. Ese dios se difunde y se promueve, y nosotros no es que no estemos de acuerdo con la familia, estamos de acuerdo con la familia, pero primero Dios y después la familia. Hay hermanos míos que están entrampados en sus relaciones familiares al día de hoy, y la familia natural, algo que es bueno, se ha convertido en un lastre, porque primero sirven a su familia y después sirven a su Dios.

¿Y qué es eso del dios de la familia? No que si alguien con autoridad en esa casa habla ahí, todo el mundo corre. “Tío fulano nos manda a buscar, vamos a peregrinar para donde tío fulano: no, es que es un compromiso familiar”. Primero Dios y después tío; primero Dios y después el padre; primero Dios y después la madre. Hermano, la familia es una institución creada por Dios, pero primero Dios y después la familia.

Prácticas familiares… Hay gente que al día de hoy prevalece más en su cosmovisión la herencia familiar que la identidad en Cristo. Tiene más de lo que le llaman la gente “formación familiar”, y es que en tu familia te dieron cierta personalidad, cierta formación. Defienden más su formación familiar que su formación cristiana. Son los dioses de este tiempo, hermano: la riqueza, el nombre, la vanidad, la vanagloria.

La gente entonces defiende eso como si fuera… Es lo mismo, hermano: si usted va a servir al Señor, si usted va a adorar a Dios —Dios no es “el dios de la tierra”, Dios es soberano— cualquier deidad, cualquier cosa con la que usted esté sirviendo constantemente, eso es puesto de lado. Entonces alguien me va a decir: “¿Y la familia no es mala?”. No, la familia es creación de Dios. Como creación de Dios es la lluvia. Antes, el dios de la lluvia… Ellos adoraban las cosas que Dios les estaba dando: la lluvia, la tierra, la vegetación, los alimentos.

Dios es el Dios de la familia, Dios es el Dios del trabajo, Dios es el Dios del país. Dios es tu proveedor. Cualquier persona que está buscando fuera de esto, hermano, está intentando integrar a Cristo sin dejar algo atrás. Cuando uno viene a Cristo deja sus seguridades, quita cualquier vínculo. Y eso se debe sentir.

Lo más peligroso del sincretismo, hermano, es que esto permanece ahí y se propaga con el tiempo, y el tiempo es lo que le da como su justificación. Dicen los versículos 40 al 41, son los últimos que leeré: “Pero ellos no escucharon; antes hicieron según su costumbre antigua”. Hermano, cuando tú tienes que tomar una decisión, ¿qué prevalece en ti? ¿Por qué decides lo que decides? ¿Por qué haces lo que haces? ¿Lo haces porque “yo siempre lo he hecho así”? No. “Porque a mí me enseñaron a hacerlo así en mi casa”. No. Eso no es lo que prevalece.

Esa costumbre antigua, hermano, está muy integrada en nosotros. Al menos que rompamos con eso, va a seguir ese temperamento, esa personalidad, ese carácter que tú tienes, esa forma de ser. Está integrada. Cada vez que tú tienes que elegir honrar a Dios o honrar tu pasado, ellos siguen haciendo según su costumbre antigua. “Así temieron a Jehová aquellas gentes y al mismo tiempo sirvieron a sus ídolos”. Hermano, el temor era real, pero su corazón estaba en otra parte. Y entonces se petrifica con el tiempo, dice: “Y también sus hijos y sus nietos, según como hicieron sus padres, así hacen hasta hoy”.

Herencias que se petrifican y la advertencia final

Hermano, eso se fue propagando, se fue propagando, se fue propagando y pasaron cientos de años, hasta que se encuentra nuestro Maestro con una samaritana. Y le dice la samaritana al Señor: “Pero nuestros padres adoraron en este monte”. Los samaritanos hicieron su propio templo, su propio monte, su propio culto y hasta su propio Pentateuco. Y después, pasado el tiempo, decían: “No, esto vale, porque esto es un asunto que tiene cientos de años”.

Bueno, eso es lo que pasa cuando tú no rechazas eso: tú lo vas afirmando, lo vas afirmando, lo vas afirmando, y generación tras generación. Yo quisiera que sembráramos el principio en nuestra iglesia, hermano, de rechazar todo eso: la idolatría más aberrante y también la idolatría más pequeña; los asuntos más grotescos y los asuntos más sutiles. En todo creyente, hermano, hay una guerra: usted va a tomar decisiones, va a pensar, se va a conducir; usted va a afirmar su pasado o va a afirmar lo que el Señor está haciendo hoy.

Mi deseo para esta iglesia es que podamos rechazar tajantemente la idolatría de cualquier tipo que sea, y que lo que prevalezca en nosotros, hermano, no sea lo que aprendimos en el pasado, sino lo que el Señor está haciendo hoy. “Así temieron a Jehová aquellas gentes, y al mismo tiempo sirvieron a sus ídolos, y también sus hijos y sus nietos, según como hicieron sus padres, así hacen hasta hoy”.

Quiero hablarle a mi iglesia. Les he mencionado algunos ídolos contemporáneos: gente que quiere servir a Dios y a esos ídolos. No se puede servir a Dios y a las riquezas. No se puede servir a Dios y a la familia. No se puede servir a Dios y a la vanidad. No se puede servir a Dios y a la mundanalidad. En otra temporada, en otra época, quizá la lucha era por el ídolo físico; hermano, la lucha en nuestro tiempo es por los ídolos que están en el corazón.

De nuevo le pido a mi iglesia: cualquier persona que esté diciendo el día de hoy: “Es que yo soy así”, está viviendo de su pasado. Cualquier persona que esté diciendo hoy: “Es que a mí me enseñaron, que yo soy así”, está viviendo del pasado. Está adorando al dios de sus padres, está adorando al dios de los abuelos, porque el personaje depende hoy más de su formación familiar que de sus convicciones. Está dependiendo de aquella cosa. Cualquier persona que ponga en primer lugar la familia, el trabajo, el hijo, la madre, cualquier persona que ponga algo que riña con Dios, está siendo idólatra.

Oremos al Señor para que el Señor nos purifique.

Llamado a pureza y oración de salvación

Y le ruego que podamos servir al único Dios verdadero. “Yo soy Jehová, y ninguno hay más; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste, para que se sepa desde el nacimiento del sol y hasta donde se pone que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo”. Póngase un momento sobre sus pies y oremos al Señor. Desde luego, nuestro ministerio de adoración nos despide con alabanza.

Ay Señor, la lucha de antes de tu pueblo sigue siendo la lucha de hoy. La idolatría, Padre, sigue siendo real entre nosotros. Mira a estos hermanos míos, Señor, y mírame a mí. Mira cómo vivimos permeados de un país idólatra, Señor, que no te ama a ti. Y mira los nuevos ídolos que van surgiendo cada cierto tiempo. Padre, te pido que nos prevengas de los ídolos de antes y de los ídolos de ahora. Cualquier cosa, Señor, que nos quiera anclar al pasado y que quiera reñir con lo que tú estás haciendo, Padre, que sea en este momento desterrada de en medio nuestro.

Mira a mis hermanos, Señor, cualquier atadura de esas cosas que prevalezca en ellos, Señor, rómpela tú. Permite que los ídolos hoy sean rotos. Ay, Señor, pero sobre todo te pido por el ídolo más difícil, que es el ídolo sutil que está en nuestro corazón: la mundanalidad de este tiempo, la vanagloria de la vida, los temperamentos, Señor, y cómo los afirmamos, la “formación familiar”, entre comillas, que riñe, Señor, con lo que tú estás haciendo. Enséñanos dónde hay idolatría en nosotros, Señor; cualquier cosa a la que nos estemos aferrando que quite tu lugar.

Mantén tus ojos cerrados. ¿Aquí hay alguien hoy que ha estado adorando otra cosa como su único Dios verdadero? Si hay alguien aquí hoy que ha sido evidenciado como una mixtura en su corazón, si hay alguien aquí que esté buscando de Dios y buscando también de los ídolos, si hay alguien aquí hoy que ha sido persuadido por el Señor de dar un paso en el camino correcto y quiera servir al Señor, este es un momento de salvación.

Ya le mencioné una mujer samaritana que se encontró con el Señor; el Señor le dijo que la salvación era de los judíos, que ellos estaban errados, y después le dijo que de aquí a poco donde quiera se levantarán manos santas delante del Señor, que Él anda buscando verdaderos adoradores, sin importar el trasfondo. Hoy el Señor puede pasar la página. El Señor puede pasar la página. Él ha dicho: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron; mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les ha dado potestad de ser hechos hijos de Dios”.

Tu idolatría ha ofendido a Dios; tu vanidad ha ofendido a Dios; tu materialismo ha ofendido a Dios; tu soberbia ha ofendido a Dios; tu falta de humildad ofende a Dios; el sentir que puedes avasallar a los hombres ofende a Dios. Ay, pero el Señor también es amplio en misericordia.

¿Puedes decirle al Señor, ahí en tus palabras, si el Señor hoy te ha llamado, te ha reprendido, si has sentido el toque del Señor? Puedes decirle: “Señor, perdona mis pecados; depongo en este momento mis ídolos, dejo en este momento mi vanidad, mi soberbia, mi materialismo; quito mis seguridades y permito, Señor, ser sustentado por ti”. Pídele al Señor en oración: “Perdona mis pecados, acéptame como tu hijo, escribe mi nombre en el libro de la vida”. Él ha dicho que todo lo que el Padre le ha dado vendrá a Él, y al que viene Él no le echa fuera.

Si tú te has arrepentido hoy de tus pecados delante del Señor, yo te invito a que te acerques a nuestra iglesia. Será un gusto recibirte, enseñarte, ponerte frente al Dios verdadero tal cual Él mismo se ha presentado, se ha revelado en las Escrituras. Será un gusto darte la ley del Señor.

Oración final por la iglesia

No solamente darte “un sacerdote”, sino darte una iglesia que te ayude a aplicar a tu corazón la ley del Señor. Oro por toda mi iglesia: bendice, Señor, esta iglesia con todo tipo de bendición. Quita la superstición de en medio nuestro, Señor; quita la idolatría. Haznos puros en tu Palabra, Señor; haznos puros en tu verdad. Permítenos crecer en tu Palabra, Señor; que luchemos, Señor, pero que tú venças.

Acompáñanos también esta tarde en nuestro bautismo. En el nombre de Jesucristo, nuestro Salvador. Amén.

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