Tenemos la firme convicción, hermanos, de que el Señor dirige a su pueblo a través de su palabra. Y que cuando un pueblo está reunido, hermanos, es más que una reunión, el Señor está aquí. Lo mismo tengo que decirles sobre el ministerio de la palabra, una de las cosas a las cuales se dedican los ministros del Evangelio: dos cosas específicamente, a la oración y al ministerio de la palabra. Dios quiere reclamar por su pueblo, no quiere que dejemos de orar y al mismo tiempo no quiere dejar de proveer para su pueblo a través de la palabra; son las dos cosas que hacemos principalmente los ministros del Evangelio.
Si alguien pregunta: ¿qué hace un pastor en su día a día? Esas dos cosas, dedicarse a la oración y al ministerio de la palabra. Son dos cosas que vienen de la mano. Cuando le digo como es, cuando le comparto estas cosas, hermanos, es para cuidarles, no es con la intención de llamar la atención hacia mí mismo. Pero cada vez que su pastor viene a predicar la palabra del Señor, tenga la seguridad de que él ha buscado el rostro del Señor en oración porque quiere bendecir a su pueblo a través de la palabra. Tengo ese convencimiento de que no es solamente un discurso, de que cuando venimos a encontrarnos con la palabra del Señor se ha orado al Señor, hemos buscado su rostro.
La certeza, hermano, de que el Señor pastorea a su pueblo a través de su palabra debe estar en nosotros. Cuando usted ora al Señor en algo, usted sea tan diligente en orar como en permanecer en su palabra, porque regularmente el medio que el Señor utiliza para pastorear a su pueblo es la palabra. Lo mismo, hermano, le digo acerca de hoy y de los sermones que he estado predicando: he orado durante toda la semana, cada vez que voy a predicarle a usted la palabra del Señor, porque quiero que este pueblo sea dirigido a hacer la voluntad del Señor. Nos irá bien, hermanos, cuando hagamos como pueblo la voluntad del Señor.
Entonces, cuando hemos orado, hermanos, oramos para eso, para que el Señor nos indique por dónde es; esa es la expresión. Acompáñenme al Evangelio de Lucas en el capítulo 16. Pueden tenerlo allí marcado. Estaremos exponiendo desde el versículo 1. Y recibamos esto, hermanos, como lo que es: es la exposición de la palabra del Señor, es la dirección del Señor para su pueblo. Es la parábola del mayordomo infiel.
Evangelio de Lucas, capítulo 16. Estaremos leyendo desde el versículo 1 hasta el versículo 13. Pónganse un momento sobre sus pies para que leamos la Escritura.
Dijo también a sus discípulos: Había un hombre rico que tenía un mayordomo, y éste fue acusado ante él como disipador de sus bienes. Entonces le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo acerca de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo. Entonces el mayordomo dijo para sí: ¿Qué haré? porque mi amo me quita la mayordomía; cavar no puedo, mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que haré, para que cuando se me quite de la mayordomía me reciban en sus casas. Y llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? Él dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu cuenta, y siéntate pronto, y escribe cincuenta. Después dijo a otro: ¿Y tú, cuánto debes? Y él dijo: Cien medidas de trigo. Él le dijo: Toma tu cuenta, y escribe ochenta. Y alabó el amo al mayordomo malo, por haber hecho sagazmente; porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz. Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas. El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro? Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
— Lucas 16:1-13
Siéntense, amados hermanos.
El centro de toda esta parábola es el versículo 8, y es la resolución que el Señor da para todo el caso. Él dice: “Y alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente; porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz”.
Una parábola atípica y su dificultad
A modo de introducción les digo que esta es una parábola atípica. Quizá sea la parábola de más difícil entendimiento de todas las que el Señor narró. Nuestro Señor elige una imagen negativa para representar una actitud positiva, actitud que evidentemente espera ver manifestada en todos sus discípulos. Si los hijos de este siglo son tan sagaces en sus relaciones para alcanzar sus propósitos impíos y terrenales, nosotros deberíamos esforzarnos aún más para alcanzar el propósito eterno de Dios.
Debemos usar todos nuestros recursos para hacer amigos que nos reciban en las moradas celestiales; esto es, para alcanzar a otros con salvación. Lo que se exalta aquí en esta parábola no es la conducta pecaminosa del mayordomo. El Señor mismo le llama “el mayordomo malo”: él no es bueno. No es su infidelidad lo que aquí se está resaltando, sino su actitud, esta sagacidad que le permitió alcanzar un propósito que no era un propósito bueno. El Señor celebró la actitud, no su conducta.
Hoy veremos un dramático llamado de Dios a expresar una santa sagacidad en nuestras relaciones. De todas las parábolas que contó el Maestro, esta quizá era la más difícil. Estoy seguro que de todas las parábolas que contó el Maestro, en esta fue que a los discípulos se le quedaron los ojos grandes. Ellos se preguntaban: ¿qué es lo que el Maestro está diciendo? Esto ha traído mucha confusión porque las personas dicen: ¿cómo es que el Señor, que es perfecto, que es santo, que es fiel, que es un Dios que aborrece la maldad, elige el peor de los casos para enseñarle algo positivo a sus discípulos?
Ya yo les he dado ese preámbulo en otro momento, cada vez que narro las parábolas, pero seguiré diciendo: ¿por qué el Señor ha hablado en parábolas, en expresiones figuradas? Esto no es un hecho real, no es una historia histórica, es una parábola. Es un instrumento literario a través del cual se transmite un principio, una verdad. El Señor mismo decía que Él prefería hablar en parábolas porque había cosas que eran dadas a sus discípulos, no a los otros superficiales que pululaban alrededor del Maestro. Él decía: “Yo les hablo en parábolas para que oyendo no oigan y viendo no vean”, para ocultar una verdad espiritual.
El Señor está hablándole a sus discípulos, lo dice ahí: “Dijo también a sus discípulos”. ¿Por qué el Señor hablaba en parábolas? Porque el superficial que estaba ahí solamente por estar no iba a entender una parábola, pero el que era diligente en prestarle atención, en buscar la dirección, muchas veces los discípulos no entendían, y después le decían: Maestro, ¿qué es lo que eso significa? Al mismo tiempo, las parábolas sirven para hacer muy memorable una verdad. Si el Señor nos dice a nosotros: “Ustedes deben ser un poco más sagaces”, nosotros diríamos: Ah, qué bonito el Señor. Pero si nos da una imagen como esta, uno dice: ¡guau!
Yo creo que durante toda la semana los discípulos de Cristo tuvieron la cabeza grande, meditando primero en la capacidad del Señor de utilizar recursos negativos para dar instrucciones positivas. Y después, que el Señor hizo algo que ninguno de ellos se podía esperar: consideró a un malvado en su actitud y celebró la actitud del malvado. Yo creo que los discípulos estuvieron recordando eso durante mucho tiempo.
El impacto emocional y la sagacidad del mundo
También, hermanos, la parábola permite involucrar emocionalmente a una audiencia. Cuando el Señor hablaba en parábolas, eran parábolas que venían de la agricultura, de los negocios, de la familia. Apelaban a un oficio, apelaban a un temor o a una necesidad que era real en su audiencia, y ellos se sentían emocionados cuando Él hablaba por parábolas, Él quería involucrarles emocionalmente. Yo puedo decirle a la iglesia: esta parábola es como un “shock” emocional sobre la iglesia, como que el Señor te quiere “remeniar”. Es como si el Señor dijera: “Te estoy diciendo algo que primero te va a asustar, y después entonces te voy a decir cuál es la lección espiritual que hay detrás de esto”.
La lección espiritual, hermanos, el Señor la dio ahí. No hay que hacer gimnasia aeróbica para saber el significado de todo; el Señor ya lo dijo, está en el versículo 8: “Y alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente; porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de la luz”. El Señor quiere confrontarte. Y yo, como tu pastor, quiero que tú seas confrontado. Que consideremos lo diligentes que son los impíos y digamos: pero se nos están yendo adelante. Esa gente son perversos, pero organizaditos; ellos son malos, pero creativos; son impíos, pero sagaces.
El Señor, hermanos, está tomando un ejemplo negativo para decirles: “Miren cómo va el mundo, ¿y ustedes van a seguir así? Miren los hijos de este siglo, qué nivel de sagacidad manifiestan, y ustedes, con los brazos cruzados”. Quiero mostrarles en primer lugar una explicación de la parábola misma; después me concentraré en la actitud que el Señor está celebrando de toda esta parábola, y después daré algunas lecciones más que el Señor también dio tomando la misma historia.
La parábola misma va desde el versículo 1 hasta el versículo 7. Primero, la audiencia: son sus discípulos, Él lo dice así mismo, “Dijo el Señor a sus discípulos”. Él no está hablando aquí a los fariseos, Él no está hablando aquí a los que estaban alrededor, Él está hablando a sus discípulos. El Señor quiere utilizar esta parábola para transmitirles una conducta que ellos deberían perseguir, una actitud que deberían cultivar. Él está hablando a sus discípulos, es un mensaje interno. Por eso quizá el Señor se aventura a lanzar algo tan extraordinario, porque siendo el mensaje interno hay más posibilidades de evitar la confusión, o hasta de corregir al que no entendió bien.
Todos los personajes de la parábola, hermanos, todos los personajes son malos. No hay ningún personaje aquí que uno pueda identificarlo ni con Cristo ni con su iglesia. Yo no puedo decir: mira, esta conducta celebrada es la conducta de Cristo; ninguno es bueno, todos son malos. Es malo el mayordomo, que Él mismo le llama “mayordomo malo”. Un mayordomo era un administrador, una persona que era puesta sobre un bien de alguien. En el mundo antiguo se estimaba que frecuentemente el mayordomo era alguien que crecía en la casa de ese señor y que después se le permitía administrar una de sus propiedades. Los mayordomos tenían plena libertad para disponer de unos recursos que no eran suyos.
Entre las cosas que hacía un mayordomo estaba disponer la comida de la casa, la comida de los otros sirvientes, hacer negocios en nombre de su amo; era como un agente de ese señor. Si un hombre era muy rico, no podía administrar todos sus bienes y ponía mayordomos. Este hombre operaba con plena libertad buscando el mejor interés de su amo. Malvado era él. También se mencionan los deudores, que son tan malos como el mayordomo, porque si malo fue el que lo ofreció, malos también fueron ellos que lo recibieron.
Les digo, hermanos: parábola donde ningún personaje es bueno. Usted anda buscando con cuál se identifica: yo me identifico con Juan, yo me identifico… ¿yo soy el mayordomo, yo soy el deudor, yo soy el amo? El amo tampoco era bueno. Cuando el amo viene y ve la actitud y descubre que no solamente lo había engañado primero, sino que lo engañó después, él se maravilló, lo alabó. Y uno diría: ¿y eso se alaba? Parece que este señor, dice la Escritura, que era rico; parece que vivía en otra parte. Dice: “Oigo de ti”, parece que él no veía la propiedad con sus ojos, sino que alguien fue y le dijo: “Mire, ese hombre está disipando tus bienes”. Disipando, disipando; no se sabe claramente si era que estaba abortando, muy probablemente era que estaba utilizando los bienes del amo para su beneficio, estaba siendo disipador, estaba siendo un mal administrador.
La actitud celebrada: santa sagacidad
¿Qué es esto que oigo de ti? Él le dice: “Da cuenta de tu mayordomía porque ya no podrás ser más mi mayordomo”. Entonces el mayordomo dijo para sí: “¿Qué haré? Porque mi amo me quita la mayordomía”. ¿Cuál es la actitud que se está celebrando? Está en el versículo 8: “Y alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente”. Toda esta parábola, hermanos, trata de una sola actitud. La actitud es la sagacidad. No está diciendo aquí: “Le alabo por haberle robado”, porque vino en su daño. Él no está alabando que le robara dos veces. Lo que está alabando es: guau, pero qué sagaz; impresionante; qué nivel de diligencia, qué inteligencia.
Y el Señor, entonces, viene después y explica la parábola. Él dice que esa actitud es la actitud de los hijos de este siglo. Hermanos, nosotros tenemos un problema como iglesia, y es que el mundo va rápido y se está jugando una pelota muy caliente, y yo siento que como iglesia estamos jugando “softball”. El mundo, hermanos, está demostrando niveles de diligencia para elaborar la maldad que dan mucha más luz que la Iglesia del Señor. El Señor nos está diciendo: “¡Ey, avívense, sean sagaces!” Dijo también el Señor: “He aquí, yo os envío como ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas”.
Interesante que en ese versículo Él menciona tres animales diferentes. Yo los envío como ovejas, un tipo de animal. Vean la personalidad de una oveja, así es que el Señor nos está enviando. Pero después nos dice: sean prudentes como serpientes. Bueno, nosotros tenemos que tener la docilidad de una oveja, tenemos que tener la prudencia de una serpiente y la sencillez de una paloma; ese es el perfil de un siervo del Señor. Ay, hermanos míos, muchos se han quedado en paloma todo, y el mundo se ha quedado en serpiente todo. Pero en el siervo del Señor debe haber una santa combinación, y es que usted junte oveja, paloma y serpiente, y ese es un siervo del Señor.
Hermanos, no digan: “Ay, yo no quiero ser serpiente, yo no quiero ser sagaz”. Es debido a tu llamado que el Señor quiere que manifiestes santa sagacidad. ¿Cuál es la actitud del mayordomo por la cual él es alabado? Hermanos, no es por su hurto, no es por sus trampas, no es por su inconducta; él es alabado por una actitud, y la actitud que está manifestando se resume en sagacidad. Lo primero que él manifestó fue un sentido de urgencia que yo quisiera que estuviera en todos mis hermanos. Cuando él vio la necesidad, dijo: “¿Qué haré?” Ese “¿qué haré?” yo sé que muchas veces se puede identificar. Escucha que va a perder el trabajo y comienza la máquina rápido: “¿Qué voy a hacer?”.
Yo siento que la mayoría reacciona muy rápido a una situación de peligro que te coloca en una posición de alerta, donde dices: “Tengo que buscar una salida, ¿qué haré?”. Oye, yo quisiera que, por impulsar la causa de Cristo, mis hermanos tuvieran ese mismo nivel de urgencia. El mundo se pierde, va detrás, va caminando hacia un despeñadero, y mis hermanos no están diciendo “¿Qué haré?”, sino: “Yo veo que se está perdiendo, sí, y está como más cerca del hoyo, yo creo que cae”. Hermanos, es la santa urgencia que un creyente tiene de rescatar al pecador: ese “¿qué haré?, ¿qué haré?” es la actitud que tenía el mayordomo infiel.
Lo que disparó su sagacidad, hermanos, fue la necesidad que él percibió. Dice: “Ahora sí es verdad que se me pone complicado el asunto. Voy a tener que cavar; yo no puedo cavar, yo soy un hombre de oficina”. El Señor quiere que tú te identifiques con esa actitud de cuando tú tengas una necesidad y digas: “Oye, pero a la verdad es que yo voy a tener que moverme rápido; voy a tener que ser diligente; no me puedo dormir, porque yo no puedo cavar, yo no tengo cuerpo para eso, yo no estoy acostumbrado a ese tipo de trabajo. Después, ¿qué hago? ¿Mendigar? Mendigar me da vergüenza”. El Señor está apelando a una emoción que hay en el ser humano, con sentido de supervivencia.
Hermanos, se trata de que nosotros deberíamos, por la causa de Cristo, tener un sentido de urgencia y un sentido de supervivencia. Que esto sea, hermanos, que tú tengas un nivel de urgencia y diligencia que tú digas: “¿Qué haré por mi Señor?, ¿qué haré por mi Señor? No me puedo quedar quieto”.
Urgencia, oportunidades y el enfoque en las relaciones
El mayordomo buscó rápido una solución antes de que llegara su amo. Consideró cuáles eran todas sus opciones; comenzó a buscar dónde estaban sus oportunidades. Iglesia, quiero explicar rápido: lo que te estoy diciendo es que, en cuanto al avance de la causa de Cristo y el avance de los hijos de la luz, tú deberías estar buscando oportunidades. Eso de quedarte ahí quieto, esperando que pase el tiempo porque algún día las cosas serán, no, hermano. El Señor espera ver de ti una diligencia que se manifieste en una santa urgencia y en buscar oportunidades.
Él hace una idea que le llegó como de repente: “Ya sé lo que haré”. Hermanos, cuando uno tiene un problema y le llega un “bajadero”, a veces uno está ajustado y ajustado, y le surge una idea. Oye, hay gente que está en medio de tensión, en medio de problemas, en medio de conflictos, en medio de carencias, necesidades, y van maquinando eso todo el día: “¿Cómo yo puedo salir de estas circunstancias?, ¿cómo yo puedo solucionarlo?, tengo un problema en el trabajo, ¿qué hago?”. A veces, ya por dormirte, se te prende el bombillo: “¡Ya sé lo que haré!”.
El Señor quiere que la pasión por su causa te lleve a ti a que maquines cuáles son tus opciones, tus oportunidades, hasta que te llegue una santa idea para hacer que avance la causa de Cristo y tú digas: “¿Qué haré?, ya sé lo que haré”. Este hombre, hermanos, no solamente tuvo la idea, sino que accionó, hizo la llamada. Yo creo que ya nosotros todos nos quedamos atrás, ya se nos fue el mayordomo, se nos fue por delante. La mayoría de mis hermanos quizá no llegan ni siquiera a maquinar ideas santas a favor de la causa de Cristo; ahora, este las hace, hace la llamada, tomó el riesgo de la llamada: “Vengan”.
Comenzó a llamar a cada uno de los deudores de su señor, y tuvo la intuición de saber a qué nivel perdonar las deudas para que ese hombre quede satisfecho con él. A uno, mira, a este al 50; pero al otro, no, al 80 está bien. “¿Cuánto tú debes?” “Yo debo cien.” “Ochenta, paga ochenta.” El 20% le descontó; a otro le descontó el 50%. Hermano, ese “leerla”, ese leer que es el sentido de intuición, frecuentemente se manifiesta en los comerciantes. Esa gente tiene dos símbolos de pesos en los ojos, anda buscando todo en dinero, mercado, mercado. Dicen: “Yo huelo negocio, yo huelo dinero”.
Gran parte de las parábolas del Señor, hermanos, son de asuntos de dinero, de negocios, y es que esa gente tiene una personalidad que no la tiene la iglesia de Cristo, y por eso la iglesia de Cristo quizá no está en mejor condición. El malvado comerciante dice: “Yo huelo el dinero, yo huelo los negocios”. Leen las noticias y las noticias significan cuánto eso va a incrementar su patrimonio. Una ley está por ser aprobada y ellos están buscando por allá, hermanos, cómo es que se van a aprovechar de esa ley. Algo sucedió y ellos ya tienen una solución. Esa sagacidad del impío, esa capacidad que tiene el impío de hilvanar cosas, el Señor espera que nosotros también seamos sagaces a favor de su causa, que no seamos un pueblo pasivo, que no seamos solamente paloma, que no seamos solamente ovejas, que tengamos, hermanos, también esa prudencia de la serpiente: esa capacidad de buscar oportunidades a favor de la causa de Cristo.
Quiero que mis hermanos sean sagaces en este año, que no sean hermanos pasivos, que no sean hermanos que se queden esperando que pase el tiempo, no. Me llama la atención de este hombre que su enfoque estuvo en las relaciones. Él dice: “Yo quiero hacer algo de forma tal que estas personas me reciban en sus casas, quiero tener una relación con ellos”. Bueno, los impíos así es que lo hacen. Algo que tiene el pueblo evangélico es que tiene cierta dificultad para relacionarse. Nosotros somos buenos tocando gente, pero no conectándonos.
Y el Señor quiere que tengamos la sagacidad de tejer relaciones. Miren, las relaciones son el activo más valioso que usted tiene. Si alguien me dijera: “Yo quisiera comenzar una empresa, pero no tengo dinero”, yo le diría: usted tiene algo más importante que el dinero, se llama las relaciones. Es más, su patrimonio está más determinado por sus relaciones que por su capital inicial. Cualquier trabajo que usted vaya a conseguir lo conseguirá a través de sus relaciones; cualquier oportunidad de negocio vendrá por relaciones. La relación, hermanos, es lo que conduce en el mundo, y el Señor le dice a sus discípulos, a ustedes que les estoy hablando: yo quiero que ustedes aprendan a invertir en relaciones.
Las relaciones son más valiosas, rinden su fruto a través del tiempo: tú tienes una relación y eso va a traer beneficios, beneficios, beneficios, beneficios durante mucho tiempo. Las relaciones son el principal medio para producir riqueza, no están sujetas a las frustraciones del mercado; el dólar, el peso suben y bajan, las relaciones se mantienen. No se agotan como se agota el dinero, como se agotan los bienes, no se pudren como se pudren los alimentos.
Ilustraciones sobre el poder de las relaciones
Recuerdo la película “Hotel Ruanda”, muy interesante. En Ruanda, había un hotel donde estaban hospedados dignatarios, embajadores y demás, y en medio de una crisis entre dos bandos, el hotel se encontró en el fuego cruzado. Secuestraron el hotel, se llevaron toda la comida del hotel, se llevaron todo el dinero del hotel, y estas personas quedaron en el hotel desamparadas. El gerente del hotel era un hombre sabio, que había invertido en relaciones, y cuando no hubo nada que buscar, se llevaron el dinero, se llevaron los alimentos, dañaron el hotel, solamente quedaba la gente.
Él dijo: “Hay que salir de estas circunstancias. Todo el que está aquí alojado tiene alguna relación en el exterior. Aquí hay gente que tiene empresarios que están en otra parte, tiene embajadas que están en otra parte”. Comenzó a hacer llamadas telefónicas, llamadas telefónicas, llamadas telefónicas. El hombre salvó la situación por medio de las relaciones de las personas que estaban en el hotel. Históricamente, hermanos, lo que ha hecho que más avance la causa de Cristo en la tierra no ha sido el dinero, han sido las relaciones. Es un centurión romano que el Señor inquieta y le manda a Pedro, y cuando Pedro llega encuentra que este, que es poderoso romano, vino al Señor. Es un Saulo, que era un principal pro judío, que el Señor agarra. Cuando agarra a Saulo, entonces el reino avanza entre ellos.
El Señor utiliza las relaciones para hacer que avance su causa. Quiero que mi iglesia sea inteligente, sagaz en utilizar las relaciones para que avance la causa de Cristo. Uno de los hombres más ricos de la tierra, Warren Buffett, dice —yo no lo escuché decirlo directamente, sino que lo vi en otro inversionista que lo citó— que para él lo más importante no es el dinero, sino las relaciones. Dice: “Yo tengo una amiga que sobrevivió al Holocausto judío y murió a los 104 años. Ella no se salvó porque tuviera dinero en los bancos judíos, ella se salvó porque tenía amigos no judíos que la escondieron en su casa”.
Dice Warren Buffett que él mide la riqueza no por cuánto dinero hay en la cuenta de banco, sino por cuántas personas, en una situación de necesidad, te guardarían en su casa. El principal capital que existe para hacer avanzar cualquier causa son los amigos. Hagan lo que hace el mundo, hermanos, salgan a buscar a los impíos contemporáneos, y se darán cuenta de que invierten en relaciones. Busquen cuáles son los capitanes de empresa que se unen, que no tan solo se unen en Cámara de Comercio o en clubes; aquel que elige almorzar en un restaurante porque en ese restaurante hace relaciones.
Un comerciante también desayuna en ese mismo lugar porque ahí vienen otros comerciantes y, cuando a alguno le falta, el otro le ayuda. Cuando hay una oportunidad, el otro se la dice, y desayunan entre ellos y de esos desayunos salen negocios. Eso lo hacen los impíos. Hay gente que se inscribe en un gimnasio, no porque les guste tanto el ejercicio, sino para pasar algún amigo en ese gimnasio. Hay un restaurante aquí en la zona colonial que es donde van los políticos, regidores; todo el que quiere poder político va a ese lugar y come ahí.
Hay gente que practica determinado deporte no porque le guste; le estoy hablando, hermanos, no para despertar en ustedes un interés carnal por el dinero, sino para enseñarles una fotografía de cómo opera el mundo. El mundo opera en relaciones. Hay gente que estudia en determinados lugares: “¿Tú estás con fulano? Yo también estoy”. Aquí hay programas de estudio que están hechos para empresarios, y cuando salen de ahí, saben quién estaba en tal programa y comienzan a conectarse.
Hay gente que hace viajes para viajar, pero en esos viajes, como viajan con otras personas, tienen mucha oportunidad para conectarse. Frecuentemente en el mismo avión, en el mismo destino, tenemos mucho momento para hablar y, a través de ese viaje, surgen muchas cosas. Y los regalos; hay gente que sabe regalar. Una buena secretaria se caracteriza porque sabe dar el regalo correcto a la persona correcta. Un asistente ejecutivo que sabe que ese hombre poderoso tiene que recibir el regalo correcto. Hay gente que sabe mandar el regalo correcto.
Lo que les estoy diciendo, hermanos queridos, es que son sagaces haciendo amigos. Me llama la atención la actitud del amo. Al amo ya lo engañaron, ya disiparon sus bienes, pero cuando él vio lo que este hombre había hecho, dice el versículo 8: “Y alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente”. Él lo alabó. Había tenido doble pérdida, y lo alaba. ¿Y por qué? Porque el amo está viendo la sagacidad; el mayordomo se está perdiendo, pero la realidad, hermanos, es que quizá este amo, él mismo, en esas circunstancias, hubiera hecho lo mismo. Porque los impíos se parecen entre sí, y dice: “Guau, pero mira cómo está pensando salirse de debajo del camión. Yo, en su situación, quizás hubiera hecho lo mismo; ese hombre es inteligente”.
Además, el mundo, los negocios del mundo, hermanos, celebran esas cosas. El mundo caído celebra esa astucia pecaminosa. Eso lo he visto yo y lo he escuchado, hermanos: empresarios que saben que algún proveedor suyo, algún colaborador, les está engañando, y lo dejan ahí. Dicen: “Él me engaña, pero me produce más de lo que me está quitando”, y se gozan. Me dijo uno una vez: “Es como beberse un chin de veneno todos los días, eso no nos intoxica. Lo que hay es que no bebérselo junto”. Oiga el paradigma que este hombre tenía. Él sabía que esa persona le estaba robando, le estaba disipando sus bienes, decía: “Un chin de veneno al día, nadie se muere de eso, lo que hay es que no bebérselo junto”. Él está diciendo: “Él me está disipando, pero oye, mira qué diligente es, él es el que me trae los negocios, él es el que me mantiene el negocio caminando”. Es más, quizás lo contrató por esa personalidad.
Sagacidad del impío y desafío a la iglesia
Ustedes buscan un gerente de ventas en un periódico, lo que los empleadores despliegan de atrás nunca dice: “Se busca hombre con actitud pasiva, con dificultad para relacionarse, que sea mudo”. Siempre se busca alguien que sea enérgico, activo. Buscan el perfil, buscan “networking”, eso es lo que es: capacidad de tejer relaciones, es lo que se busca. Alguien que sepa introducirse en los lugares. En el mundo, hermanos, ese tipo de actitud, aunque hace daño, se celebra. Quizá por eso fue que lo contrataron: “Oye, ahora yo recuerdo que por eso fue que yo contraté al hombre este, por la diligencia que él tiene, aunque me hace daño, es celebrable”.
Les diré, hermanos, que esa sagacidad, aunque se utilice para asuntos incorrectos, también se puede utilizar para asuntos positivos. Pero aun cuando se usa para asuntos correctos, hermanos, la sagacidad misma, no la conducta, no el pecado, es impresionante. Yo no quiero, hermanos, que ahora yo sienta que estoy como haciendo una oda al robo, al hurto; nada más alejado de la realidad. Es que el Señor quería crear esa sensación, que usted mirara al malvado en su asunto y dijera: “No, pero es que así es que ellos van”. El malvado va en un 115 y nosotros vamos en bicicleta. Sagaces, hermanos; que nos despertemos, que entendamos que el reino del Señor necesita gente sagaz que haga que camine la causa de Cristo.
¿Recuerdan aquella película “Atrápame si puedes”? Eso está basado en una historia real. Ese delincuente existió, todavía está vivo. Lo alabaron; se llama Frank… no recuerdo el apellido ahora mismo. Es ahora un consultor internacional en seguridad electrónica. Era tan inteligente que ejerció tres oficios distintos sin haberlos estudiado formalmente. Fue copiloto, médico, abogado. Y como abogado pasó el examen de la barra de abogados de ese estado. ¿Qué dicen los biógrafos de él? Que dedicaba largas horas a estudiar cualquier oficio. No era que él decía: “No, que yo voy a ser médico, estoy aquí durmiendo, viendo televisión”, no; él se dedicaba a anatomía, a estudiar, estudiar, estudiaba derecho. Dicen que él leyó, leyó, leyó hasta que pasó el examen.
¿Qué tenía esta persona? Una diligencia extraordinaria. Uno dice: “Pero es un delincuente diligente, un malvado sagaz”. En todos sus oficios este hombre tuvo un desempeño aceptable; sanó gente siendo médico. Uno dice: “Pero, ¿y este hombre?”. Hermanos, hay gente que es así; le maravillan al Señor por lo formidable que son en su maldad. Babilonia era formidable; los babilonios, hermanos, eran malvados, pero formidables. Tú ves su ejército en formación y tú dices: “Esa gente son fuertes”. Es verdad que el Señor es más fuerte, hermanos, pero el faraón con su ejército a caballo, yo me imagino el sonido, y a Moisés se le pone el corazón chiquito.
Lo que le quiero decir con esto, hermanos, es que el pecador, a pesar de su maldad, tiene cierta diligencia, tiene cierta disciplina. Hitler era disciplinado. Uno dice: “No hablemos de Hitler”, pero era disciplinado. Busquen a Trujillo, a Mussolini; toda esa gente eran personas que sabían de economía. Lo que a mí me sorprende de este Frank, que era estafador, es que en todos sus oficios él se presentaba a trabajar. Uno dice: “Pero si tú te vas a delinquir, vas a cometer maldad, para qué te quedas en tu casa”. No, él llegaba y trabajaba; entonces, a pesar de todo, era trabajador.
Cuando lo atraparon, era tan impresionante su capacidad para hacer fraude, que el gobierno de los Estados Unidos le condonó gran parte de su condena para que fuera consultor del gobierno de Estados Unidos en seguridad. Y gran parte de los mecanismos de cheques que se usan al día de hoy fue ese delincuente que los implementó. Hermanos, será malvado, pero sagaz, formidable, impresionante. Lo que le quiero decir con esto, hermanos, es que dejemos la posibilidad de estar esperando que la causa de Cristo avance solamente con la mano para abajo y que comencemos a idear cosas de forma tal que el nombre del Señor sea exaltado entre los hombres.
¿Cuál es la conclusión del Señor en esto, hermanos? Ya les dije lo que dijo el amo, pero ¿qué dijo el Señor respecto de esa actitud? Dijo el Señor, versículo 8: “Y alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente”; y después viene la evaluación y la lección que da el Señor.
El contraste entre hijos de luz e hijos de este siglo
¿Cuál es la lección que da el Señor acerca de esto? Que no es bueno, que todos los personajes son malvados, que no hay nada ético en la historia, nada ejemplar en su conducta. La lección que el Señor da es esta: “porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de la luz”. Oye, el Señor nos está confrontando, hermanos. Uno ve al impío y dice: “Ah, qué impío, que lo consuma el Señor”, pero trabajan, se esfuerzan. Yo he visto unas cuantas industrias pecaminosas, hermanos; yo puedo decir muchas cosas de ellos, no comparto sus industrias, pero puedo decir: esa gente se levanta temprano, abre el negocio y se duerme tarde. Y son negocios que están muy presentes, están ahí.
Uno dice: “Pero es un negocio que ofende al Señor”, sí, pero él es más diligente que tú en honrar a tu Señor. “Ah, pero es un malvado, es un pecador”. Sí, es pecador, pero disciplinado, y tú no tienes ni siquiera la mitad de la disciplina que tiene él. Es verdad que son negocios de lujuria, pero son creativos. Y la creatividad de nosotros para exaltar al Señor, ¿dónde está? ¿Qué dijo el Señor acerca de ellos, hermanos? Primero le siguió llamando malos, malvados. Pero nos advirtió de la sagacidad que tienen los hombres de este tiempo; nos comparó con ellos. Desde allá nos está diciendo: compárense con ellos, ustedes van a ver lo pasivos que son. Compárense con ellos, ustedes se darán cuenta lo poco diligentes que son.
Miren, el avance del reino del Señor requiere una actitud activa. Un siervo del Señor tiene que buscar el mejor interés de su Señor con una actitud activa. Como iglesia, hermanos, no podemos estar cada uno aquí de brazos cruzados. Nosotros necesitamos tener una actitud activa para el avance de la causa de Cristo. El ejército del Señor necesita gente así: estrategas. Yo les decía “capitanes” en días pasados: estrategas, gente que esté en el cuarto de guerra, tejiendo estrategias para hacer que avance el Evangelio.
Las primeras agencias misioneras fueron gente así, gente sagaz que entendían dónde había oportunidades. Yo leo la historia de ellos, hermanos: cuando las Rusias comunistas no se podía entrar, ellos encontraron la manera de entrar. Si nos dicen que no, nosotros soltamos, pero esas agencias misioneras ideaban cosas. Imaginen la cantidad de historias que hay de cómo lograban introducir Biblias en la Unión Soviética. Era contrabando, las estaban entrando; era ilegal entrar la Biblia. De hecho, era ilegal, hermanos, pero el pueblo soviético necesitaba la verdad. Ayer me estaba explicando una persona cómo era la estrategia que utilizaban las agencias misioneras para hacer que recursos evangelísticos llegaran a la Unión Soviética cuando eso estaba cerrado.
La China comunista llegó a tener Biblias. Dicen esas personas que quemaban las Biblias, pero también llegó a tener misioneros, misioneros sagaces. Gente que no se conformaba con que les dijeran que no, sino que si les decían que no por aquí, buscaban por allá. Hermanos, el avance de la maldad debería motivarnos a redoblar el esfuerzo. Un hombre impío en su impiedad con tanto nivel de disciplina y diligencia, levantándose temprano, debería impresionarnos. Debería hacernos decir: “Oye, pero si esos son ellos para difundir la maldad, para difundir el pecado, ¿qué estamos haciendo nosotros?”. Yo quiero hacer lo mismo que hizo el Señor, que fue enseñarles un caso así, muy fuerte, para confrontarlos.
Quiero mostrarles dos casos, hermanos. Hoy estamos a 22; el día 20 despacharon al embajador de los Estados Unidos que estaba en la República Dominicana. Descansamos, eso fue un descanso. El pueblo evangélico se siente así como: “Guau, descansamos”. ¿Qué daño hizo esta gente, hermanos? Fueron casi cuatro años siendo enérgico, diligente, sagaz, introduciendo su agenda. Ellos hicieron un trabajo aquí, casi cuatro años. El daño que hicieron esos malvados en este país todavía lo estaremos recogiendo por décadas.
¿Saben cuánto costó eso a la agenda homosexual? Mandar ese hombre para acá: un millón de dólares. En la segunda campaña de Obama, él se movió con el “lobby” homosexual y le llevaron a Obama, para su reelección, un millón de dólares en donaciones. Un millón de dólares. Le toca una embajada. Inaudito: un hombre con su esposo, que los dos funcionaban como embajadores. Era el primer caso en el mundo diplomático de encontrar una dupla de embajadores, porque le mandan un embajador con su acompañante. Aquí teníamos dos que los dos, hermanos, funcionaban haciendo que su plan avance hacia un lado y hacia el otro.
Ejemplos modernos de sagacidad mundana
¿Cuál es la foto? Ellos fueron, él y su esposo, a una escuela de niños a mostrarse: “Vamos a iniciar un trabajo aquí”. El daño que hicieron esos malvados en este país, hermanos, lo veremos por años. ¿Usted cree que ese millón de dólares, que son unos 46 millones de pesos, es mucho dinero para el daño que esa gente hizo en este país? Ellos supieron utilizar las instituciones, utilizaron el poder, escalaron al poder, le dieron embajadores, establecieron aquí la figura.
Ese es el primer caso. Yo quiero escandalizarte, hermano, que tú entiendas la pelota que se está jugando, para que dejes la pasividad. Doy el segundo caso. Se habla mucho de Profamilia, y que Profamilia, y que Profamilia aquí. Hermanos, mire, eso no es mentira, hay una agenda que es real. Yo conozco ese asunto. Profamilia está trabajando en el país en tres áreas principales. Están buscando difuminar la promiscuidad sexual, sexualizar a los niños. Eso no es, hermanos, un mito evangélico, de que nosotros decimos eso. Vayan a buscar el material que ellos quieren que llegue a las escuelas, y ellos recomiendan películas pornográficas que los niños vean películas pornográficas, entre ellas una película que cualquier creyente debería escandalizarse, que narra la historia de un hombre mayor que termina conquistando a una niña menor para tener sexo con ella. Se llama “Lolita”, y eso está en el currículo que ellos recomiendan.
No es que los evangélicos estén en contra de cualquier asunto sexual. Profamilia la comenzaron los evangélicos. Los evangélicos fueron los primeros que comenzaron a hablar de planificación. Pero la agenda de ellos ahora es ponerle rueditas a la promiscuidad, sexualizar la generación nueva, sexualizarla. Después enseñar que el género es una preferencia: que si usted quiere decir que usted es otra cosa, ahora hay una lista. Antes era “homosexual y lesbiana”; ahora es LGBT; ahora es LGBTI. Lesbiana, gays, bisexuales, transgénero, intersexuales. Se les va a acabar el abecedario.
Profamilia está trabajando aquí para hacer que avance eso. Y siempre la gente escucha que, además de eso, están buscando otra cosa: que el aborto sea legalizado en la República Dominicana. Y el primer paso para esto es buscar algo que no es un problema en el país, que no es un problema real del país. Buscan los casos de embarazo fuera de centro, inventan asuntos de que los médicos van a ser perseguidos. ¿Qué médico está aquí preso porque haya intervenido un caso donde había un embarazo no viable? Ningún médico está preso, pero quieren crear un sentido de que aquí los médicos van a ser apresados. Es el paso previo para legalizar el aborto.
¿Quién está detrás de ellos? Planned Parenthood. Ellos están detrás, poniendo dinero, dinero, dinero. Y la gente menciona eso y piensa como que eso es un asunto pequeño. Investiguen de dónde viene, hermanos, de dónde eso viene. Yo no sé cuánto es el dinero que está entrando a favor de esa agenda en el país, pero sí sé quién está detrás de eso: una de las fundaciones más grandes a nivel mundial, la Fundación Bill & Melinda Gates, que están poniendo dinero para que la agenda de Profamilia avance en la República Dominicana.
Y la donación de ellos, de Bill y Melinda Gates, que son las personas de las fundaciones con más efectivo que hay en este mundo, está llegando, y yo verifiqué sus opciones. Así mismo dicen: donaciones para la República Dominicana. Y uno dice: “No, esos son ellos”. Es gente apasionada. Eso es gente apasionada, con recursos casi ilimitados, que están tratando de ser sagaces para que esa agenda avance en nuestro país.
¿Cómo lo hacen, hermanos? ¿Cómo es que actúan? Lo primero que hacen es formar líderes de opinión, y cada vez que ese tema está debatiéndose, uno encuentra cinco autoridades que hablan las mismas cosas. El mismo discurso, el mismo discurso: “el derecho de la mujer”, “la salud”, “la violencia”. Siempre usan un caso aislado, “Esperancita”. ¿Se recuerdan de Esperancita? Eso lo usaron. Forman líderes de opinión, lo crean. Instituciones: han tomado la familia, han tomado la escuela, han tomado el Estado. Estas personas operan desde arriba, hacen que leyes pasen, nuclear la opinión favorable. Desde que ellos se enteran de que alguien está a favor de ellos, lo atraen, lo buscan, cierran filas con ellos, para que opinen la misma cosa.
Saben nadar y guardar la ropa. Por ejemplo, sorpréndanse: la esposa de Bill Gates, Melinda Gates, es católica. Y dicen las directoras de la editorial de esta institución internacional: “Nosotros sabemos que ella es católica, y que ella, por sus convicciones y porque ella respeta la posición de su iglesia, no va a donar en programas que vayan directamente a favor del aborto. Ella dona para una línea de ayuda, asesoría para jovencitas, ayuda en tal cosa”, fortaleciendo la mano del impío, como dice la Escritura.
Bueno, pues en todo caso lo que quiero es que ustedes despierten, iglesia. Que seamos en esto más enérgicos y que entendamos: “Y alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente; porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de la luz”. Iglesia, no nos quedemos parados aquí, esperando que la causa de Cristo avance. La causa de Cristo necesita gente enérgica, gente diligente, gente que tenga un pensamiento estratégico, gente que quiera articular recursos y, sobre todo, sus relaciones, a favor de la causa de Cristo.
Ganad amigos con sabiduría: instrucciones prácticas
Vuelvo al tema de las relaciones. Dice el Señor en el versículo 9:
Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas.
— Lucas 16:9
El Señor está llamando a sus discípulos a que aprendan a relacionarse. No quiero agotar todo esto hoy, hermanos, ese tema requeriría más de un sermón, pero quiero darles instrucciones prácticas: ¿cómo podemos tener más sagacidad en nuestras relaciones?
¿Quién no es sagaz? Un creyente que no es sagaz es un creyente que vive para sí mismo, que deja pasar el tiempo, que si las cosas suceden, suceden, y si no suceden, no suceden. ¿Y quién es un cristiano sagaz? Es uno que intencionalmente anda contemplando todas las posibilidades de hacer que la causa de Cristo avance en esta tierra.
Recomendaciones prácticas, hermanos; usted quiere anotar por lo menos dos de esas para integrarlas. Como iglesia tenemos que buscar intencionalmente a quienes otros dejan fuera. Uno no es más eficiente en hacer que avance la causa de Cristo porque a veces uno está buscando siempre el “top, el top”. Vamos a buscar aquel que nadie lo está buscando. La verdad es que Cristo era muy eficiente, hermanos, en hacer discípulos, pero que los cogía desde abajo.
Imaginen que Cristo quisiera tener doce discípulos y dijera: “Yo quisiera tener como discípulos a Herodes, a Pilato, a José de Arimatea y a Nicodemo, me gustan mucho”. No, hermanos, Él iba al bajo. A la orilla del lago, hermanos, ahí era que Él iba, y los reclutables: “Sígueme”. “¡Guau, me está llamando el Maestro! Claro que sí, ¿a quién hay que seguir? Vamos contigo”. Después, es verdad, hermanos, que vinieron José de Arimatea, Nicodemo y los demás, pero Cristo buscaba al que otros no iban a buscar. Los discípulos que el Señor tomó eran los discípulos que un rabino no tomaría.
Ya habían sido tomados, un hombre que era pescador como Pedro, Jacobo y Juan, ya habían ido a una escuela, y el rabino los dejó para pescadores. Los judíos vivían así, hermanos: el judío era instruido en la sinagoga desde muy temprana edad, y cuando el maestro veía que tenía potencial, hablaba con el papá y le decía: “No lo mandes a pescar, que se puede salir de ahí un rabino”. Al que el Señor buscó fue aquel que los otros rabinos le habían dado “bola negra”. Les dijo: “Síganme, y os haré pescadores de hombres”.
Iglesia, este año queremos evangelizar a las personas que otros quizá no están evangelizando, al que otros le dan “bola negra”. Tráigalo. Inviertan hoy en los recursos de mañana. Miren, el tiempo pasa rápido. Quien hoy es un niño, mañana es un adolescente; quien hoy es un adolescente, mañana es el capitán de una empresa. Como iglesia, tenemos que tener la mirada en buscar esas generaciones que vienen subiendo y reclutarlas para la causa de Cristo.
Yo les digo, hermanos: si como iglesia invirtiéramos solamente quince años en formar una generación, nosotros tuviéramos ahí los líderes que van a estar dirigiendo esta nación pasado mañana. Me gozo en el testimonio del pastor Hermes Betancourt. Siempre fue pastor de una iglesia pequeña, y de hecho, después de su muerte, la iglesia que él sirvió sigue siendo una iglesia pequeña. Pero todavía escucho yo los testimonios de los jovencitos que él reclutó para la causa de Cristo. Entre ellos, ingenieros, médicos, odontólogos, que él ayudaba; ingenieros electromecánicos, ingenieros electrónicos. Son solamente los casos que a mí me han llegado de refilón.
Haciendo una maestría, me encontré con un pastor, y cuando estábamos hablando de cómo conoció al Señor, me decía: “Yo conocí al Señor porque había un pastor que casi nadie lo conoce, se llamaba Hermes Betancourt, que iba a mi casa, me buscaba a mí y a mi mamá, y nos llevaba a la iglesia. Después nos llevaba a la casa, y después me buscaba y me llevaba a la iglesia, y él nos ayudaba a que llegáramos a la iglesia, y así yo conocí al Señor a través de él”. Un ministro el día de hoy, gloria al Señor. Una inversión.
Hasta la pelota sabe que hace eso. Las Ligas Mayores tienen oficinas aquí, andan reclutando esos prospectos que van subiendo porque ellos quieren tener equipo dentro de diez años. Digo esto, hermanos, sin ánimo de ser imprudente, pero yo me gozo de la inversión espiritual que hizo Hermes Betancourt en Juan Fuerte. Juan Fuerte se viene perfilando como el ginecólogo, como una autoridad en esa materia. El que me ha consultado, el que más hablo. Ustedes buscan a Juan Fuerte en Instagram, van a ver que toda la semana está subiendo un nuevo parto, un nuevo parto. En su perfil, lo primero que dice es “Pro vida”. Lo aseguramos ahí.
¿Oye, hermanos? ¿Se imaginan que la maldad hubiera reclutado a Juan Fuerte, y que el que viene subiendo como el ginecólogo de las personas, el que es autoridad en asuntos de obstetricia en el país, fuera a favor de aquella agenda? Lo primero que dice en su perfil es “Pro vida”, y he escuchado yo el comentario que él dice: “A mí hay que convencerme para que yo…” Ese es el perfil que estamos buscando: recluten a esa gente a favor de la causa de Cristo.
Identificar dones y contener la maldad
Iglesia, tenemos que aprender a identificar los dones. Hay personas que tienen dones que pueden ser útiles para la causa de Cristo. Reclútalos, búscalos, acércalos. Mire, yo tengo monitoreadas por lo menos tres personas a las que les doy seguimiento y no son ni siquiera cristianos. ¿Por qué les doy seguimiento? Porque si por lo menos no logro traerlos a Cristo, yo puedo ser un muro de contención para que la maldad no avance tan rápido.
¿Qué es lo que yo hago mensualmente? Los llamo: “Vamos a vernos en un café, quiero saber qué tú estás haciendo”. Les doy seguimiento a tres. Gente que ha trabajado conmigo, personas muy talentosas, que digo: “Mira, ese yo lo conocí trabajando conmigo, y si el mundo lo agarra y le pone rueditas, el hoyo que le va a hacer a la cosmovisión cristiana en este país va a haber que traer camiones de tierra para llenarlo”. Digo: “Lo mejor que yo puedo hacer es que, aunque él no sea ahora mismo abierto a la fe cristiana, lo mejor que puedo hacer es beber un café con él todos los meses”. Porque por lo menos, si no lo alcanzo, hermanos, por lo menos lo contengo.
Nosotros somos sal y somos luz. Como iglesia yo te animo a que tú agarres a uno de esos formidables en el mundo, que tú lo ves descollando, y si lo dejas, la maldad lo va a reclutar. Agárralo, porque si el Señor nos da el beneficio de tenerlo entre nosotros, gloria a Dios; pero si no, por lo menos somos muro de contención para que la maldad no vaya tan rápido.
Aprovechen con inteligencia los momentos de transición. El ser humano normalmente está cerrado; sus relaciones casi no cambian. Tiene un mismo amigo de siempre, tiene sus mismos relacionados de siempre. Hasta que no se muda, hasta que no se gradúa, hasta que no se casa, hasta que no tiene hijos. Todos esos son momentos de transición donde la gente está abierta a tener nuevas relaciones. Cuéllate tú.
“Mas yo os digo, ganad amigos”, está diciendo el Señor. Conéctense, relaciónense, hagan ese vínculo. Lo mínimo que tú deberías estar haciendo el día de hoy es preparar el camino para que germine la semilla. En los últimos tiempos en que yo trabajé para una empresa, yo me dispuse, hermanos, que si yo no iba a lograr que estas personas me visitaran en mi iglesia, por lo menos yo iba a lograr ser un referente para ellos sobre temas espirituales. Yo me ponía a disposición, recursos que les recomendaba. Así, hermanos, preparar el terreno. Tú dices: “Ahora mismo no hay ahí vida espiritual, pero yo quiero crear el contexto de forma tal que la vida espiritual florezca”.
Cosas que tú podrías estar haciendo: buscar oportunidades. En tu trabajo tú deberías ser un referente para eso. Hay un hombre en este país que se llama Barney Morgan, un evangélico. Cuando los evangélicos en República Dominicana eran apedreados, y decían que el evangélico era loco y que ser evangélico era ser ignorante y ser pobre, Barney Morgan llegó al país siendo un misionero norteamericano y tomó las instituciones. Él buscó todo ese asunto, hermanos, de instituciones de beneficencia en la República Dominicana, instituciones de asistencialismo. El pionero en eso fue Barney Morgan, comenzó desde hospitales hasta escuelas de enfermería, medios de comunicación.
Y cuando vino el ciclón San Zenón que desbarató esto, ¿quién dirigió el proyecto de canalizar fondos internacionales para la reconstrucción de la República Dominicana? Fue un hermano, Barney Morgan. Después de Barney Morgan, el Evangelio llegó a la clase media y alta de la República Dominicana, y por primera vez el pueblo dominicano abrió los ojos de que “Mira, esta gente no es lo que nos habían dicho”. Barney Morgan quizá no fue muy bueno predicando, hermanos, pero por lo menos preparó el terreno para que germine la semilla.
En tu trabajo, lo más sencillo que tú puedes hacer es tener una Biblia. Y tú me dirás: “No, que yo la tengo en el celular”. No, una Biblia física. Mira, la Biblia llama la atención de la gente. Tú pones una Biblia en tu escritorio, alguien te pregunta: “¿Y qué es eso?” “Es una Biblia, mírala, ojeala”. Ver una Biblia física es muy impresionante para la gente. Tú la ves todos los días, que ya has perdido la emoción, pero cuando el impío ve una Biblia… oye, y los numeritos chiquitos, y las letras. Una conversación: “¿Tú quieres leerla? Yo te regalo una, o vamos a leerla juntos”.
Contextos favorables y testimonio público
Miren, tener una Biblia, hermanos, llama la atención. Son cosas así que tú podrías estar haciendo. Destácate por razones positivas. Un creyente que tiene un perfil público como cristiano y al mismo tiempo es reconocido como una persona que se destaca en su área está creando un contexto favorable para que otra persona diga: “Oye, pero yo puedo ser cristiano y puedo ser un buen profesional”. Un empresario cristiano que tiene un perfil público como cristiano y también como empresario, como hombre de negocios, y es exitoso, está creando un ambiente favorable para que germine la semilla, y otra persona diga: “Mire, pero yo también puedo ser un empresario y ser cristiano”.
Cultiva una actitud de servicio a todo el que tú puedas. “No, pero ¿para qué yo le voy a dar servicio si ellos no vienen a la iglesia?” Sírveles. Crea puntos de referencia, puntos de República. La música cristiana en el carro no puede faltar. Yo escucho muchas cosas, hermanos, en mi carro, no piensen que yo vivo en una burbuja y que solamente escucho música cristiana. Yo escucho noticias, programas de radio variados. Pero si yo voy a llevar a una persona en mi carro, la conversación que yo quiero tener con él, yo no quisiera que sea acerca del programa radial que estoy escuchando. Yo quisiera poner una música cristiana, de forma tal que la persona por lo menos me pregunte.
Porque la música que está sonando en la radio del carro condiciona la conversación. Si usted pone un programa noticioso, de lo que van a estar hablando es de eso: “Ay, ¿tú viste? Mira esta noticia. ¿Y supiste? ¿Van a devolver o no van a devolver?”. Yo no quiero hablar de ese tema, yo quiero poner una música que exalte el nombre de mi Señor, porque quizá, eso no está seguro, pero quizá esa música cree una conversación que pueda ser utilizada por el Señor para alcanzar a alguien con salvación.
Habla de tu iglesia con emoción. Mire, yo me voy a arriesgar en este asunto de la iglesia: yo tengo un problema, yo creo que ustedes hablan de su iglesia sin entusiasmo. Lo mínimo que usted tiene que hacer por su iglesia local es hablar de su iglesia con entusiasmo. Usted llega el lunes: “Yo estaba en mi iglesia, y adoramos al Señor, y tuvimos un tiempo de alabanza, y se predicó la palabra del Señor, y eso estuvo bueno”. Usted llega el lunes a su trabajo: “Oye, tú no sabes lo que pasó en mi iglesia ayer”.
Hay hermanos que el lunes no hablan de su iglesia. No, hermanos, hable de su iglesia. Una iglesia evangélica debe tener ese gozo saludable, no para romperle el ojo a nadie, no para decir que su iglesia es la mejor, pero lo mínimo que un miembro de una iglesia debe tener es un entusiasmo saludable por su iglesia. Si no, dice la Escritura: “El que conmigo no recoge, desparrama”.
Estamos en este proyecto juntos. Todo miembro de iglesia debería estar aquí aupando a otros, diciéndoles: “Mira, yo quiero llevarte a mi iglesia para que tú veas, yo quiero que tú conozcas a mis hermanos, mi escuela bíblica, la predicación, el devocional, yo quiero que tú veas mi iglesia”. Un santo entusiasmo. Si nosotros tuviéramos entusiasmo, yo les aseguro que la gente en nuestro entorno preguntaría: “Oye, ¿y a qué hora ustedes se reúnen, y dónde?”. Sí, hermanos, lo que les digo es que ese santo entusiasmo crea un ambiente favorable que podría ayudarnos a ganar amigos para encontrarnos con ellos en las moradas eternas.
El programa de su iglesia, regáleselo a alguien, eso es real. Miren, frecuentemente sobran programas. Pregúntele a la hermana: “¿Sobró alguno? Yo quiero dárselo a alguien de mi trabajo”. Y déselo entonces, para que esa persona vea que es el Evangelio lo que se predica, que aquí se canta al Señor, que aquí se habla de la parábola del mayordomo infiel. Que él vea: “Ah, pero mira, Lucas 16… ¿qué es Lucas 16?” “Es el Evangelio de Lucas, el capítulo 16”. Seamos sagaces, hermanos. Lo que estoy diciendo es: sé sagaz para que la causa de Cristo avance.
Riquezas injustas y fidelidad en lo poco
El Señor termina toda esta exposición con otras lecciones que solamente tendría que mencionar, pero Él dice:
Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas.
— Lucas 16:9
El Señor está quitando la vista de lo terrenal y la está poniendo en lo eterno. Está quitando la vista de los asuntos que te satisfacen a ti para hablar de su propósito. Él está diciendo: utiliza tus medios. Me impresiona, hermanos, cómo Él le llama a los bienes materiales “riquezas injustas”. Otra traducción dice “bienes de este mundo”, “bienes mundanales”, “bienes malvados”, bienes que son limitados. Lo que está diciendo es que esos bienes son muy precarios. Que lo mejor que tú puedas hacer con los bienes que has recibido del Señor es utilizarlos para propósitos que sean eternos. Esos bienes son precarios, eso no es lo mejor, son bienes injustos.
Son injustos, hermanos, porque frecuentemente se utilizan para propósitos de vanidad, de vanagloria. Todo lo que uno tiene del Señor, Él dice para qué es: “Si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?” Yo creo, hermanos, que si el Señor te ha dado algo, es mejor poner eso a disposición del Señor que gastarlo en vanagloria. Son bienes injustos cuando se utilizan para enseñar que tienes una marca, una moda, por decir que tienes más que el otro. Nada de eso ayuda a la piedad, son bienes muy precarios.
Además, pueden ser un estorbo. Dice el versículo 13 que eso puede ser un estorbo:
Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
— Lucas 16:13
Hay mucha gente que no tiene tiempo para el Señor porque está sirviendo a dos señores. La riqueza hay que servirla. Un malvado me dijo que su problema al día de hoy era poder mover capital, y que eso requería un trabajo constante. Él tiene tanto ya, que su problema es asegurarse de mandarlo de un banco para otro, que eso tenga una parte aquí y otra allá. Y ese es su problema: está sirviendo a la riqueza, es el empleado de su dinero.
Además, hermanos, eso es injusto porque es incomparable con lo que dice el versículo 11 y 12: lo verdadero, lo eterno, lo verdaderamente satisfactorio. La vida temporal tiene una frontera de tiempo. Si tú miras tu existencia, imagínate una soga que tenga 500 metros de largo, y hazle un nudo. Y ponla en horizontal. Tu vida temporal es el nudo, y todo lo demás es la eternidad. Y falta soga. Nuestra vida temporal, dice la Escritura, es un pestañear.
Lo mejor que podemos hacer con nuestro tiempo, nuestros amigos, nuestras relaciones, nuestro dinero, nuestro oficio, nuestro trabajo, nuestro talento, es invertirlo en algo que tenga un valor eterno, algo que es verdadero y permanece. El Señor está poniendo primero los ojos en las cosas de más arriba, en propósitos eternos. Invierte en propósitos eternos.
Alguien me dirá: “Oye, pero es que yo no tengo nada. Si yo fuera fulanito de tal, yo agarrara todo eso y lo dedicara al Señor, pero como yo no soy fulanito de tal y no tengo lo que tiene él, entonces no puedo hacerlo. Yo sé que fulanito de tal…”. Ustedes están buscando un hombre. El Señor, aquel que ha ido dos veces ya a declarar si el dinero se lo pagaron a él o si era para los otros. Si yo fuera él, que lo han llamado dos veces para que diga si el dinero se lo pagaron a él, si yo fuera él, yo dedicara todo eso a favor de la causa de Cristo.
Tú nunca vas a ser él, quizá, porque quien no es fiel en lo poco tampoco es fiel en lo mucho. Y eso no lo digo yo, hermanos, lo dice el Señor:
El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.
— Lucas 16:10
Y me interesa que dice “en lo muy poco”, no en lo poco, sino “en lo muy poco”. Ayer alguien decía: “Yo no tengo nada, mira, yo no tengo…”, muy poco. El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel. Y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. Si tú no lo estás haciendo ahora, no lo vas a hacer nunca. Si al día de hoy tú no estás siendo sagaz para hacer que avance la causa de Cristo con los medios que tú tienes, nunca lo vas a hacer.
El Señor nos advierte, hermanos, que las riquezas son caras de tener. Parece una paradoja, pero es intencional. Las riquezas son caras de tener, requieren mucho, mucho esfuerzo. “No podéis servir a Dios y a las riquezas”. Hermanos, ¿qué tú estás haciendo con tu vida al día de hoy?
Llamado final y oración por santa sagacidad
Termino aquí, hermanos: ¿qué estás haciendo con tu vida al día de hoy? Si tu vida ahora mismo no está encarrilada en algo que persiga propósitos eternos, estás perdiendo el tiempo. De aquí a poco tú no existirás. Antes que tú han existido cientos de generaciones de las cuales no hay memoria. ¿Cómo nos aseguramos tener una vida significativa, una vida trascendente, una vida que valga la pena? No haciéndose más rico, sino invirtiendo más en propósitos que sean eternos.
“Y alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente; porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de la luz”. Hermanos, que el Señor traiga una pasión renovada en ti para cultivar relaciones, para ser estratégico, para invertir con sabiduría en que más personas sean encontradas en las moradas eternas. Oro al Señor para que despierte en esta iglesia una santa sagacidad.
Señor, muévenos como iglesia, sácanos de nuestra zona de confort. Mira, mis hermanos al día de hoy tienen poco tiempo porque están sirviendo a las riquezas. Mira a aquellos cuya visión, Señor, es tener una casa propia, tener un carro mejor, tener viajes por el mundo. Mira los propósitos de vanidad, Señor, y estórbalos. Permítenos buscar primeramente el reino de Dios y su justicia, esperando que todas esas cosas sean añadidura.
Crea, Señor, una iglesia apasionada, un santo entusiasmo, Señor, de forma tal que podamos hacer amigos, que la gente quiera venir donde nosotros venimos y hacer lo que nosotros hacemos. Despierta en mis hermanos una santa sagacidad, de forma tal que cada persona que vean sea una oportunidad, Señor, que cada relación sea un proyecto, que cada oportunidad sea accionada, que hagamos la llamada que hay que hacer, Señor, que busquemos la persona que haya que buscar.
Padre, quita de nosotros este egoísmo de buscar la gente que reúna un perfil, y haz que busquemos los marginados, la gente que buscó David, Señor, cuando tú lo mandaste a una cueva y de ahí salió con reino. Señor, mándanos a la orilla del lago a buscar aquel que ya otro rabino lo dejó de lado. Trae a esta iglesia, Señor, uno que es mejorable y mejóralo. Levántate un ejército en medio nuestro, Señor.
Padre, mira cómo el mundo avanza en medio nuestro con su maldad, con su sagacidad, y mira nosotros aquí solamente esperando. Levanta entre mis hermanos paladines, campeones, estrategas, gente, Señor, que haga estrategias, planes y proyectos para que tu causa avance en medio nuestro. Aumenta nuestra iglesia, Señor, pon en nosotros una santa ambición, un deseo intenso de lograr más para tu gloria, más para tu gloria.
Señor, entusiasma a tu pueblo. Mira cómo he reprendido a mi iglesia; permite que mis hermanos sean entusiastas de su iglesia local, no porque su iglesia local sea la mejor, sino porque es la iglesia que tú les has dado. Crea en nosotros una pasión renovada por lo que tú estás por hacer en medio de este pueblo. Que queramos estar en cada culto, Señor, que la gente nos vea que estamos resplandecientes porque vamos a juntarnos con nuestros hermanos. Quita la apatía, quita la dejadez, Señor, y pon tú la diligencia.
Ayúdanos a crear contextos favorables para que tu causa avance. Permite, Señor, que estos hermanos míos y también yo seamos memorables un día cuando nos veamos en tu presencia, que hayamos utilizado, Señor, nuestros bienes no para injusticia, no para propósitos egoístas, sino, Señor, para propósitos eternos. Bendícenos, especialmente gracias por este tiempo en tu palabra. Recibe ahora también, Señor, esta última manifestación de alabanza para tu gloria. Lo hacemos en el nombre de Jesús. Amén.