Saltar al contenido

Cristo se sentó

Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios.

— Hebreos 10:12

El evangelio empieza con lo que Cristo ya hizo.

Hay un tipo de predicación que, con las mejores intenciones, termina produciendo el efecto contrario al que busca. Sale uno de una conferencia, de un culto, de un retiro, con una lista nueva de cosas por hacer. Siete principios. Cinco pasos. Tres compromisos que asumir antes del lunes. La lista se dobla y se guarda junto con las otras listas anteriores que tampoco se completaron. Y uno sale con más peso del que entró, no con más libertad.

El evangelio no comienza con lo que tú harás. Comienza con lo que Cristo hizo. Esta diferencia parece pequeña pero lo cambia todo. Cuando la mirada se pone en la acción de Cristo, una acción ya realizada, terminada, sellada, la carga cambia de lugar. Tú no eres el protagonista de tu salvación. Eres el beneficiario. Y hay una diferencia enorme entre la persona que lleva la carga de su rescate sobre sus hombros y la persona que sabe que ese rescate ya ocurrió.

Hubo un tiempo en que unas pulseras populares llevaban grabada la pregunta «¿Qué haría Jesús?». La pregunta tiene su utilidad: ayuda a pensar antes de actuar, a considerar cómo se conduciría Cristo en una situación determinada. Pero hay algo todavía más sólido que preguntarse qué haría Jesús. Y es saber qué hizo Jesús, de una vez y para siempre. La primera pregunta te invita a imitarlo; la segunda te invita a descansar en lo que él ya cumplió. Las dos tienen su lugar, pero cuando uno está en la lona, cuando la vida ha puesto el peso encima, lo que sostiene no es la imitación sino la obra terminada.

Nosotros somos el objeto de esa obra, no su causa. El evangelio pone toda la carga, todo el poder, en Cristo. Eso puede resultar incómodo para quien está acostumbrado a resolver sus propios asuntos. Pero es precisamente ahí donde el evangelio se distingue de cualquier otra propuesta: no te pide que subas; te dice que alguien bajó por ti. Y lo que tienes que hacer es recibirlo. Cristo se sentó, ya la obra fue consumada. No hay nada más que pueda ser agregado.

Oración: Señor, ayúdame a dejar de intentar ser el protagonista de mi propia salvación. Que pueda descansar en lo que ya hiciste, sin añadir condiciones ni méritos propios. Que hoy recuerde que no me pediste que te rescatara a ti, sino que creyera en lo que tú hiciste por mí. Amén.