El problema de fondo de la iglesia en Corinto no era moral sino doctrinal: habían dejado de tomar en serio el contenido del evangelio. Pablo vuelve a lo primero y desglosa el credo más antiguo de la fe cristiana.
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Estaremos leyendo dos versículos de la palabra del Señor. Primera carta de Pablo a los Corintios en el capítulo 15. Quisiera mostrar en esta porción de la escritura a la iglesia lo que dice el evangelio. ¿Y qué más quisiera yo y cuál es mi deseo, mi oración? Y es que el evangelio te diga esto a ti. ¿Qué dice el evangelio?
Primera carta de Pablo a los Corintios en el capítulo 15. Es Primera de Corintios 15 3 y 4 para mostrar en esta porción de la escritura lo que dice el evangelio. Son dos versículos de la palabra del Señor, pero son de los dos versículos más densos de toda la escritura. Son dos versículos solamente, pero en estos dos versículos. Primera carta de Pablo los Corintios, capítulo 15. Dice así la Sagrada Escritura, la palabra del Señor.
Voy rápido, pues ya introduje el domingo pasado con los primeros versículos. Ahora vamos al tres y al cuatro. Y usted quizá sienta que vamos muy lento. Es que vale la pena ir lento cuando se trata de tu alma. Vale la pena ir muy lento cuando se trata de tu edificación. No soy místico ni críptico, pero yo creo que en estos versículos de la primera carta de Pablo a los Corintios, en el capítulo 15, se puede desbloquear algo para tu alma.
Si un creyente realmente lo entiende y se apropia de estas verdades, está en un terreno firme. No es publicidad, no es marketing, no es promoción vacía. Sobre todo en estos dos versículos está el evangelio. Es un nivel de densidad muy alto.
Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras.
— 1 Corintios 15:3-4
No se siente solamente, leámoslo la segunda vez. Dos versículos muy sencillos, pero aquí está el seguro de tu alma. Pocas palabras, pero mucho contenido. Proteína de alta calidad para tu alma. Poco carbohidrato, poca guarnición, mucha carne, directo al asunto. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí, que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras y que fue sepultado y que resucitó al tercer día conforme a las Escrituras. Pueden sentarse, mis hermanos.
El problema de fondo en Corinto
La iglesia de los corintios tenía tantos problemas, problemas prácticos que detenerse a hablar de doctrina parecía fuera de lugar. Eran tantas las urgencias que tenía esta iglesia, como si un paciente estuviera en intensivo, conectado a muchos equipos. Y usted quisiera entablar un debate filosófico con la familia. Desde el capítulo 1 hasta el capítulo 14 son tantos los problemas que se enumeran, asuntos urgentes que harían que todo el mundo se vuelva inquieto. Que cuando Pablo llega al capítulo 15 y comienza a hablar de fundamentos, parece, Pablo, tú eres un desconsiderado. En esta iglesia hay un hombre que está viviendo con la mujer de su padre.
Había hermanos demandándose en tribunales, llevándose los unos a los otros a la justicia. Había desorden en la mesa del Señor. Y Pablo va ahora a instalarse porque se instaló a hablar a la iglesia al respecto de la resurrección. Pablo, no estamos en resurrección, estamos en inmoralidad. Pablo, no estamos en resurrección. Yo tengo un pleito casado con mi hermano un tribunal y tú vienes a hablarme de la resurrección de Cristo.
Ay, hermano, es que el problema grave de la iglesia, el problema urgente de la iglesia no son los temas prácticos, es el evangelio. Es un tema doctrinal. Pablo se vuelve denso con relación a los asuntos prácticos que aquí habían. Y precisamente de eso se trata el asunto. El problema de fondo no es la moral, sino que el problema de fondo es la doctrina. Esta iglesia estaba como estaba, pues había dejado de tomarse en serio el evangelio.
Y de hecho, ¿de qué trata Primera de Corintios? Pareciera que es una carta muy práctica donde Pablo exhorta, reprende, corrige. No, es una carta para untarse el evangelio. Es una carta para llevar el evangelio a todos los aspectos de la vida. No hay un tema importante en esta carta donde Pablo no condujera el tema a Cristo. Pablo no es un mediador.
Pablo no es una persona que viene a aconsejar, a estimular. Pablo es un apóstol de Jesucristo y testifica el evangelio y puede conectar todos los temas de la vida importantes con Cristo. Pablo comienza en Cristo, permanece en Cristo y termina en Cristo. Está ya cerrando la carta, pero él vuelve al cierre de la carta y dice, “Ey, ey, ey, recuérdense, el evangelio.” El apóstol no quería simplemente corregir conductas, él quería que retuvieran el evangelio y hoy veremos cuál es el contenido de este evangelio y cómo esto hace sentido para nuestra alma.
Un preámbulo personal
Hago un preámbulo aquí. Esta semana pasada estuve organizando años de enseñanza en la página de la iglesia y me fue muy evidente un cambio. En los primeros años de mi ministerio, yo anhelaba ser el pastor más práctico. Yo quería predicar algo que la gente pueda vivir el lunes y yo decía que quería eh pastorear una iglesia que pueda vivir una doctrina práctica. No sé en qué momento sucedió. No hay nada dramático en esto, pero aparentemente en el 2013, 2014, 15 hubo un cambio y la enseñanza en nuestra iglesia dejó de ser tan práctica y se volvió, yo diría que densa, pero no es densa.
Denso es esto, sustancioso. Queremos hablar de Cristo más claramente, más directamente. Y usted va a decir, «¿Qué yo hago con eso?» Salvarte. Usted podría llegar a la presencia del Señor con todo su problema práctico resuelto y perder su alma. Usted podría llegar a la presencia del Señor con todos los cheques en su vida. Mi presupuesto está check, mi agenda está check, el matrimonio está muy bien, la salud está muy bien, mi testimonio público está muy bien y tu alma.
El tema importante no es si lo periférico está funcionando, el tema importante es cuál es tu fundamento. Comienza el apóstol en el versículo 3 diciendo, porque primeramente os he enseñado, y quiero poner en tu mente que el evangelio es lo primero, no es un asunto de exclusión. Pablo estuvo hablando del carácter, del testimonio, de los dones para el servicio al Señor. Es un asunto de prioridad. En los primeros 14 capítulos vimos todo lo otro, a la luz de Cristo, pero ahora yo quiero que tú veas a Cristo directamente y que conozcas la obra de Cristo. ¿Cuál es mi aspiración? Que toda esta iglesia pueda frasear el evangelio.
El evangelio es lo primero
¿Cuál es mi deseo para ti? Que tú no solamente seas salvo, sino que tú puedas decir con tus propias palabras que es lo que Cristo hizo por su pueblo en la cruz del Calvario y concatenar el evangelio a tu necesidad puntual. Ese debate, si Pablo aquí está apelando a un asunto de orden o a un asunto de importancia. Y estos son uno de los casos afortunados en la escritura donde A y B son correctos. El evangelio es lo primero en orden y es también lo primero en importancia. Yo veo la gente aquí debatiendo.
Pablo se refería a que primeramente, porque lo primero es cuando recibe el evangelio, o es que el evangelio es prioritario. Ambas cosas. Quien no ha recibido el evangelio, toda doctrina secundaria le resbala. Quien no tiene todavía a Cristo, y Cristo es el fundamento, no necesita puertas y ventanas. Tú no necesitas la decoración. Hay gente que como es temporánea, ¿no?
«Que yo quiero un diseñador de interiores para que me ayude con su casa.» ¿Tú tienes una casa? Estoy pensando en la luminaria y la viga y las columnas. No, que yo estoy como considerando la pintura de las paredes. Hay paredes que pintar. Tú no necesitas lo secundario, tú necesitas lo prioritario.
Y si todavía tú no tienes a Cristo, tú puedes entusiasmarte con el color de las paredes, con la luminaria, con la decoración. Yo ahora la prefiero un poco como nórdica. A mí me gusta más tradicional. Ese no es el tema. El tema es si tú tienes a Cristo. De hecho, gran parte del debate en la vida cristiana está en los asuntos secundarios. Poca gente quiere debatir a Cristo. Pues, ¿saben por qué? Porque Cristo es denso. Cristo parece un asunto sencillo, pero es profundo, es alto, espacioso. Nos faltará vida para diseccionar esos dos versículos. ¿Quién no tiene el evangelio?
No tiene todavía un edificio cimentado. Y en los primeros versículos le decía que ustedes están firmes en esto. Si tú no tienes a Cristo, todo lo demás te sobra. La gente dice, «Pero es que yo como que veo muchas cosas, pero nada se me queda.» Cuando tú veas a Cristo más fijamente, lo demás se te va a quedar. Cuando tú te asegures, tú vas a comenzar con la decoración del alma.
Ay, hermano, como pastor, yo no quiero ya decorar tu alma. Yo quiero que tú tengas en Cristo una piedra firme en la cual tú te estés edificando. Y tú podrías llegar hasta con la casa más o menos desorganizada, pero trata de llegar con una casa. Oye, llega a la presencia del Señor con todo en orden. Todo en orden. «Apartado de mí, hacedores de maldad. Nunca os conocí.»
Porque primeramente os he enseñado. Primeramente. Intenta ver tu vida a la luz del evangelio, tus aflicciones, tus deseos, tu dilema. Esto es prioritario, esto no es lo accesorio. Sal del debate diario e instálate aquí. Él comienza poniendo su atención en lo prioritario. Después le dice el evangelio, se refiere a él como lo que asimismo recibí.
Un mensaje recibido y transmitido
Esa palabra importa. El evangelio no es un mensaje nuevo, es un mensaje firme que no cambia. El evangelio no es una innovación, no es para gente creativa, es para gente rigurosa. Son letras firmes en duro. Es algo estable, recibido y transmitido. Miren, yo tengo toda la vida en mi ministerio predicando Reina Valera del 60 y yo creo que en mi ya esos versículos están en mi corazón. Hay muchas traducciones de la escritura. Yo como que uno siempre está hablando. ¿Qué traducción?
¿Qué traducción? ¿Cuál es mejor? Son todas traducciones. No se escribió la Biblia en español, se escribió en otras lenguas que ya no existen. Entonces, tenemos la gracia de que, hermanos, dedican su tiempo a que tengamos la Biblia en nuestro propio idioma. Y en español somos agraciados que tenemos gran cantidad de traducciones al español y hay traducciones muy buenas como la Reina Valera del 60 que la que yo uso, pero hay muchas más y ninguna traducción es perfecta.
Es útil toda, pero ninguna es perfecta, porque por eso hay revisiones y se traduce y luego se revisa porque buscamos siempre términos más precisos. Y yo que siempre hablo de Reina Valera, en este momento mi traducción se me quedó corta porque en ese versículo como se traduce en Reina Valera, porque primeramente os he enseñado lo que así recibí. Sin embargo, según los expertos, el mejor término para traducir esto no es enseñado, pues Pablo no se sentó a enseñarle el evangelio como quien necesitan esto, como buscarle la vamos a buscar aquí, buscar allá, no. Hay otras palabras que son más apropiadas. Por ejemplo, la Biblia de los Américas lo traduce, porque yo os entregué en primer lugar lo que yo mismo recibí. O sea, que Pablo no te está dando en este momento una cátedra.
Él te está diciendo, tómalo. Eso es tuyo. Si ese enseñe pareciera como que Pablo tiene algo que darle. Pablo no tiene nada que darle. De hecho, lo que dice después lo que yo mismo recibí. La NTV lo dice asimismo.
Yo le transmití a ustedes lo más importante y lo que me había sido transmitido a mí también. La noticia del evangelio es una transmisión. Usted no es productor, usted es la antena. Usted no está aquí para ponerle y quitarle. Usted da la carta, usted da el mensaje. El evangelio es un mensaje firme, tan firme que es algo para recibirlo y transmitirlo.
El original es un término técnico del mundo rabínico para la transmisión formal de la tradición. Es como si fuera una cadena de custodia. Alguien me dio esto a mí y me lo dio así. Ay, pero qué sencillo. Agárralo así de sencillo y sigue para adelante. Sígame en el pensamiento de que el evangelio no existe para hacerlo más sencillo o más complejo, existe para transmitirlo con fidelidad. Y tú dices, «Es que eso me parece muy sencillo.»
El credo: poca agua, mucho vino
Sigue ahí, sigue ahí. Que tú solamente tú lo ves sencillo por tu nivel de ingenuidad, por tu nivel de superficialidad. Si realmente tú entendieras el peligro que corre tu alma, tú te aferraras a eso que parece tan sencillo. Pablo como un maestro judío instruido a los pies de Gamaliel, él sabía lo que significaba transmitir algo. Entre la tradición rabínica de donde viene el término, ellos estaban claros lo que era transmitir. Cuando un rabino estaba buscando a un discípulo, había cantidad de muchachos que querían ser discípulos del rabino, pero el rabino buscaba una condición importante, capacidad de memorización y poca creatividad.
¿Y qué es más o menos que tú te ves haciendo en tu en tu vida, en tu futuro? A mí me gustaría hacer como siempre cosas nuevas. Yo no me limito a lo que me dieron. A mí me gustaría usar las cosas con mi propia palabra. Ah, tú no eres no. Ay, hermano, el evangelio no es para creativos, es para gente fiel que pueda recibir y transmitir.
Ay, que si la gente solamente se lo damos como nos lo entregaron a nosotros, entonces la gente no va a estar interesada. Ese no es el problema tuyo porque tú eres el cartero. No cambie la carta, entréguela como usted la recibió. Gamaliel recibió de un maestro, se llamaba Hilel, y Pablo recibió de Gamaliel. Y Pablo le dice entonces a Timoteo que busque hombres fieles capaces de ¿qué? De transmitir.
Hermano, transmita el mensaje. Porque si un hombre tan inteligente como Pablo no fue creativo, no sea creativo usted, Timoteo. Poca creatividad, mucha fidelidad. Diga lo que hay que decir y dígalo como usted lo recibió. ¿Y cómo es que yo lo recibí? Que Cristo Jesús murió por nuestros pecados conforme las Escrituras y que fue sepultado y que resucitó al tercer día conforme a las Escrituras.
El poder de un credo sencillo
Es el mensaje que hay que transmitir. Es un mensaje muy sencillo que te va a tomar tu vida, tu interiorizar ese asunto. Pablo sabía lo que estaba diciendo. Para que un maestro judío como Gamaliel recibiera a Pablo como su discípulo, Pablo debió demostrar fidelidad, capacidad de memorización. Ey, un alumno judío entre los 5 y los 12 años, muchos de ellos memorizaban el Antiguo Testamento completo, palabra a palabra.
O sea, te está diciendo, «No, yo lo voy a frasear, yo lo voy a decir, déjame decirlo yo.» No, no lo digas, no lo digas tú. Dilo como tú lo recibiste. Interesante, con relación al cúmulo de conocimiento que Pablo había memorizado — el evangelio, Señor, que no me lo tome en cuenta la palabra, lo hago para hacer el efecto — con relación al Antiguo Testamento que quizás el apóstol Pablo había memorizado palabra a palabra, el mensaje del evangelio parecía poca cosa. Pablo le dio el Pentateuco completo, le dio a los profetas. Y ahora, solamente esto es lo que hay que memorizar. Así es todo, qué sencillo. Fájate aquí, ven. Esto requiere tu vida.
Pablo no estaba improvisando, él estaba citando. Y esto que hay aquí es una fórmula que la iglesia primitiva repetía. Es lo que le llaman un credo. Esa expresión en versículo sencillo es un credo.
¿Qué es un credo? Un credo es un resumen muy conciso de doctrina útil para que una persona reflexione en eso durante toda su vida. Un credo tiene mucha densidad.
Había un problema en el mundo antiguo y es que el vino se producía en un país y se consumía en otro. Entonces, mover toneles de vino era sumamente costoso y alguien se ingenió algo y dijo, «Ven acá, pero si lo diluimos, le sacamos el agua y transportamos el vino como una reducción, y cuando llegue entonces el tónel al otro lado lo volvemos a hidratar y tenemos el vino completo.» Así transportamos menos agua.
¿Qué es lo que tiene un credo? Un credo tiene poca agua y mucho vino, tiene la sustancia. Y aquí en este credo que al parecer es un credo que la iglesia primitiva repetía vez tras vez está el evangelio de forma tal que los creyentes podían memorizarlo. Muchos de ellos eran personas que no tenían capacidad de leer, no sabían leer, no tenían acceso a documentos, pero tenían acceso a un estribillo corto que edificaba su alma y mientras más lo repetían, más cosas tenían para reflexionar. Tú puedes decirle, «Yo le voy a dedicar una semana completa solamente la primera palabra.» Magnífico. Ahí hay Cristo.
¿Y por qué Cristo? ¿Y por qué no le llaman Jesús? ¿Y por qué el credo dice Cristo y no Jesús? Reflexiona en eso una semana, date y vas a comer bien, sustancioso. Y la segunda semana, entonces tú te mueves y te mueves de Cristo. Después tú pones murió y tú dices, ¿por qué tenía que morir?
¿Y por qué tuvo que morir? Y después tú le dedicas la tercera semana por nuestro pecado. Y tú vas a decir, «Y tenemos y por qué nuestros y por qué no sus y eso es lo que es un credo. Un credo tiene tanta sustancia que tú le vas metiendo mucha agua, le vas metiendo mucha reflexión y siempre puede tener buen vino. Cómete eso, hermano. Disfrútalo, interiorízalo, repítetelo.» Dice Pablo a los mismo Corintios en el capítulo 2, que cuando fui a vosotros
Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado.
— 1 Corintios 2:1-2
Pablo no era un epicúreo, Pablo no era un retórico, Pablo no era un sofista, Pablo era un testigo de Cristo y compartía el evangelio de manera sencilla. Y él mismo dice, «Estuve entre ustedes con demasiado temor porque yo sé que ustedes estaban esperando como que yo mate la vaca y le traigo este asunto y ustedes dicen: eso es, eso es, sí.» Y ahí tú puedes ser salvo. Qué simple, ¿no? Sigue con tu filosofía, saca tu rollo y tu libro y dale para adelante, cómete todos los rollos, bébete esto. Aquí está tu salvación. Esa transmisión se hace por obediencia y fe.
No estamos esperando de nosotros. No está la carga en ti, tampoco está la carga en mí. El poder está en el evangelio. Esto parece muy católico, tener credos y tener confesiones, pero le hace bien a tu alma. Si tú fuiste católico, te enseñaron por lo menos el credo de los apóstoles. El credo de los apóstoles no es un asunto católico, es un asunto cristiano del primer siglo.
Creo en el Señor Jesucristo es un credo y esto es otro. Las iglesias confesionales tenemos problema y es que tenemos que usar demasiada agua para mostrar a Cristo. Las iglesias que son más de liturgia alta y confesionales, la gente tiene sustancia, van a la carne directamente. Oye, hermano, son como cetogénicos, sacan los carbohidratos. Vamos allá. Escuché una persona que decía que comenzó a discipular a sus hijos con un credo y le ponía a repetir estas cosas y que notó que cuando discipulaba a sus hijos con un credo como este, por ejemplo, sus hijos comenzaban a orar de manera diferente.
Su fraseo cambió. Quizás si anteriormente decían, «Mi hijo, vamos a orar.» ¿Y por qué tú vas a orar? «Gracias, Señor, por los alimentos.» Hermano, no está mal orar por los alimentos, pero si tu nivel de sintetización de la doctrina cristiana solamente llegó a tema de alimento, tu nivel de madurez y de profundidad deja mucho que desear. «Mijo, ora.» «Gracias, Señor, por los alimentos.»
Hermano, yo estoy en este proceso. No me burlo de ti, me burlo de mí mismo. Pero a veces tú le dices a un niño que ore ya para dormirse y vuelve a orar por los alimentos. No estamos comiendo. Decía esa persona que cuando comenzó a discipular a sus hijos con un credo, los hijos comenzaron a orar de manera diferente. Yo no recuerdo toda la historia, pero yo supongo que si anteriormente decían, «Gracias, Señor, por los alimentos,» ahora podrían decir, «Gracias, Señor, por morir en la cruz del Calvario por mis pecados.»
Discipulando con un credo
Ey, un muchacho que ora así, oh, oh, oh. Pero oró como un hombre, no, oró como un cristiano. Porque hasta el incrédulo ora por los alimentos. Si anteriormente decía, «Cuídanos durante la noche.» Ay, qué lindo. Su besito y vamos a dormir.
Quizá ahora dice, «Permítenos confiar plenamente en el testimonio que hemos recibido.» Ay, hermano, yo no oro así. ¿Sabes qué? Ahí es que nos sacan la milla. Ahí es que nos sacan la milla. Uno ve desde muchachito la gente con densidad. ¿Quién es Dios? Y te pueden responder rápido quién es Dios. ¿Qué es el evangelio? Y te responden rápido qué es el evangelio. Tú le preguntas a un adulto cristiano que su vida es solamente de adoración, su vida es solamente de leer libros ligeros. Tú le preguntas, «¿Qué es el evangelio?» «Yo me estoy congregando.»
Quizá anteriormente oraba, «Ayuda a mamá y a papá en su trabajo.» Quizá ora ahora, «Recuérdale a papi y a mami el evangelio.» Qué hermoso es que los hijos de nosotros oren para que nosotros recordemos el evangelio. «Señor, mira a papi que está muy atareado. Permite que papi recuerde el evangelio.» Esa es la oración. «Sana abuelita.» «Que el poder que levantó a Cristo de los muertos acompañe a abuelita en su aflicción.» Ay, ay, ay, pero un diácono…
Lo que te estoy diciendo es que aquello que tú estás rumiando en tu mente está afectando los deseos de tu corazón y está afectando la manera en que tú oras. Y que un credo sencillo como este, que te dice en palabras muy sucintas, porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí, que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras y que fue sepultado y que resucitó al tercer día conforme a las Escrituras, puede traer durante décadas edificación para tu alma.
Lo que Cristo hizo, no lo que tú haces
Imagínate que alguien repita durante 70 años eso mismo y se lo diga a su alma y se mude de una parte a la otra. Ahí hay un credo para orar. El evangelio es la obra de Cristo por nosotros. Interesante que esto comienza con un ¿Qué Cristo? Estoy cansado de que no den receta.
Tienen que hacer, tienen que hacer, tienen que hacer. Dime lo que Cristo hizo. ¿Se han fijado? Cada vez que uno va a una conferencia sale con un listado nuevo de cosas, cosas por hacer, cosas por hacer, y tú agarras el listado y lo doblas y lo pones al lado de todo el cúmulo de cosas por hacer. Aquí no te están diciendo lo que tú tienes que hacer, te están diciendo lo que Cristo hizo. Y el evangelio comienza interiorizando lo que Cristo hizo, no tú. El evangelio no es una tarea.
El evangelio es algo que tú recibes porque Cristo ya lo hizo por ti. ¿Qué Cristo? Ay, hermano, qué expresión más bonita. Que tú, no, no es que tú haz esto, haz esto, y tú haz esto también al otro.
No está mal, hermano, actuar así. Hubo un movimiento muy popular que hizo unas pulseritas que decían, What would Jesus do, qué haría Jesús. La gente se pone la pulserita, ¿qué haría Jesús? Pero yo creo que hay algo aún más poderoso. Está útil, hermano, no hay nada en contra de aquello, muy útil saber cómo actuaría Jesús. Sí, porque ahora van unos hermanos y se quitan la pulserita. No te la quites. Pero hay algo más potente que tú pienses qué haría Jesús en tu lugar. Y es, ¿qué hizo Jesús una vez y para siempre? Amén.
Ey, lo que te saca para adelante en la aflicción es tú decir, ¿qué hizo Jesús? Está complicado el asunto. Mira hacia atrás y tú te vas a dar cuenta de algo que es sencillo y no complicado. Está inestable el asunto ahora mismo, poco seguro. Mira hacia atrás a lo que hizo Jesús y te vas a dar cuenta que es completamente seguro. Dos veces nos dicen, conforme a las Escrituras, conforme a las Escrituras. No es emoción, no es un asunto pasajero, es algo muy seguro. Está sellado.
¿Qué vamos a hacer ahora en adelante? Yo no sé qué vamos a hacer ahora en adelante, pero yo sé lo que se hizo una vez y no se ha dejado de suceder. Eso no se borra. Es lo que Cristo hizo. Y esto nos humilla de principio a fin, pues nosotros somos el objeto y no la causa.
El ser humano rechaza el evangelio porque el evangelio pone toda la carga, todo el poder en Cristo y te pone a ti completamente pasivo, en la lona. Te contaron siete, no te puedes levantar, pero te dicen, este es el evangelio, que Cristo murió por nuestros pecados. Gloria al Señor. Cuando tú estabas en tu impotencia, cuando tú estabas ahí abajo, cuando ya tú no tenías aliento, cuando ya tú no podías pararte, te plancharon.
Recuerdo la lucha, hermano. Yo era apasionado de la lucha. Te plancharon, pero a veces cuando le iban a planchar, el luchador hacía así, ay, y subía el hombro. Y si tú eras el hombre fuerte, te parabas de ahí y ganabas y toda la cosa. No confíe en usted mismo que no se va a poder parar. O si tú eras de la cuadra, podía venir alguien que le daba un golpe al árbitro, sacaba el asunto y volteaba y te ponía hacia arriba. Y milagrosamente el árbitro como que despertaba, «¿Qué me pasó?» Y venía y contaba, una, dos y tres, y tú ganabas. Ni te vas a poder levantar de tus pecados, ni nadie que no sea Cristo va a venir en tu rescate. Pero este es el evangelio, que Cristo murió por nuestros pecados.
Cristo murió por nuestros pecados
El hombre natural no desea esto. El hombre natural desea vivir su storytelling, su historia, donde él es el protagonista. Aquí el protagonista es Cristo. La actitud normal del hombre es rechazo, aunque sea un rechazo pasivo, negación del problema. No hacía falta que él venga y muere en mi lugar. Por eso tú tienes que repetirte el credo para que recuerde que tú eres un pecador.
Esto tiene implícito que nosotros merecíamos la muerte y el castigo. Dice, por nuestros pecados. Por lo mío. Ey, hermano, tú necesitas reconocer que Cristo murió por tus pecados. Y tú dices, «Pero si él murió por mis pecados, ya soy salvo, ¿para qué yo necesito reconocer?» Ahí es que está la trampa. Ahí estaba el problema de los corintios, que los corintios tenían un evangelio cierto, pero habían dejado de pensar en el evangelio.
Y como habían dejado de pensar en el evangelio, entonces estaban corriendo peligro. Tres partes principales, con una importancia fundamental para la iglesia, tres partes dignas de retener: muerte, sepultura y resurrección. Este no es el álgebra de Baldor, no hay que hacer los ejercicios para mañana, con esto tú te salvas. Cristo murió por tus pecados, fue sepultado y fue levantado de entre los muertos, y eso salva.
Tú eres un rayón en tu mente, aunque tú todavía no seas salvo. Quizá en algún momento de necesidad te alcanza esta verdad, que tú no vas a poder lidiar siempre con tu pecado, tú no vas a poder administrar siempre tu pecado, tu pecado tarde o temprano te va a destruir. Pero a veces ya cuando tú estás así, ya en la lona, en la lona, ya, ya, tú dices, «Ay, sí, en algún momento yo escuché que Cristo murió por nuestros pecados conforme las Escrituras, fue sepultado y resucitó de entre los muertos conforme las Escrituras.» Y quien cree en eso es salvo. Amén. Oye, qué sencillo y qué poderoso. Cristo murió, Cristo fue sepultado y Cristo resucitó.
Cristo murió por nuestros pecados. Esto algunos lo encuentran innecesario. Dicen, «¿Y por qué tenías que morir? ¿Y por qué el Señor no nos perdonó administrativamente? El Señor le hubiera agarrado la página y borrarla y ya.» El Señor no borró la página. ¿Saben por qué no? Porque él es justo y un Dios justo no va a pasar por alto el pecado. Dice la escritura que la paga del pecado es muerte. Más el regalo, la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.
La severidad del pecado
Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
— Romanos 6:23
O sea, que el Señor no lidió con nuestros pecados de manera administrativa. No fue que eludió el asunto, sino que él pagó. El justo por los injustos, para que tú tengas esperanza. Esto confirma la severidad del pecado. El pecado no es algo sencillo, no es algo privado, no es un hobby. Cada vez que se peca, eso sube. Es una notificación así push que llega al cielo.
Pecó, pecó. Condenación, muerte, castigo. Ay, después también hay otro mensaje que viene del cielo a la tierra. Creyó, creyó, creyó. Justificación, perdón, esperanza. Es el evangelio y eso es lo que nosotros necesitamos. «Pastor, vamos a movernos directamente a las cartas de Santiago y vamos a dar ahora asuntos prácticos.» Porque qué tal, hermano, yo sé, eso hace falta también y es muy necesario. Pero a ti Santiago te sobra. El que no entendió el evangelio, de su Biblia le sobran páginas.
Quienes encuentran que Dios es sumamente riguroso y muy exigente, solamente están ignorando la santidad de Dios. Es un Dios muy santo que no tiene compañerismo ni comunión alguna con el pecado. Y la razón por la cual nosotros podemos tener comunión con Dios es porque Cristo murió por nosotros.
Cristo fue sepultado
Después dice que Cristo fue sepultado y en esta parte los predicadores casi siempre vamos rápido porque hay como poco que decir. ¿Para qué lo sepultaron? De hecho, la sepultura de Cristo es un momento donde lo que queda es silencio. En la muerte nosotros podemos instalar un año completo: hablar de la crucifixión, hablar de la corona de espinas, hablar de los látigos. Vamos a hablar entonces de las últimas palabras en la cruz.
Se habían cultos de siete palabras sobre la cruz. Ahora de la sepultura no hay siete palabras que decir. Esto como poco, un silencio sepulcral. Sin embargo, su sepultura nos muestra que su muerte no fue una dramatización, sino un hecho real y atestiguado. Y dio el chance de que se pueda constatar. Hay gente que no han podido heredar porque no apareció el acta de defunción.
Y tú dices, «No, él desapareció y no ha vuelto. Vamos allá a partir la herencia.» No. «¡Oye, sí está vivo!» Y entonces, vamos a quedar aquí. «No, mira, el hombre no volvió.» Y entonces, no, acta de defunción. Y hay un procedimiento legal para declarar que una persona está muerta. Y el Padre no solamente quiso clavar a su Hijo en una cruz, después quítenlo y ya.
Él pudo resucitar desde ahí, no. Sepúltenlo porque en la sepultura se está constatando que realmente su muerte expiatoria por nosotros ocurrió. Y tú dices, «¿Para qué Cristo permanece tres días debajo de la tierra?» Para que tú y yo podamos reflexionar respecto del hecho ciertísimo de que él murió por nuestros pecados. Cada día que Cristo estaba ahí nos estaba dando a nosotros años, años para reflexionar respecto de su obra en la cruz. Que no vaya muy rápido, reflexiona aquí.
Yo veo eso en el proceso de la cruz. Yo veo que la sepultura es el momento de reflexión. Piensa aquí. En la tumba, él estaba asumiendo después del castigo la más alta denigración. La tumba es soledad, es entierro, es impotencia. Al mismo tiempo es completamente a la mano del Padre.
Interesante que la resurrección de Cristo se la atribuye al Padre y esto también tiene una razón y también se le atribuye al Espíritu Santo. O sea, que Dios mismo le está levantando y cuando él está allí pasivo, él está esperando que el Padre le levante. Tú estás muerto y tú estás sepultado. Y tú te vas a levantar de ahí por el poder del Señor. Recuerden que yo estoy instalado en la confesión de fe y todo, hermano. Uno de los redactores, de los comentaristas de la confesión de fe de Heiderberg, dice él, sacaría su ursino, dice él, un comentarista original, dice él, que con su sepultura Cristo ha asegurado que nuestras tumbas ya no son tumbas, sino dormitorios, donde descansaremos hasta que suene la trompeta.
Y aquí agrego yo, no él, que así como en la cruz Cristo pagó el pecado y en la resurrección Cristo venció la muerte, en la tumba, con tres días, él transformó nuestra espera. Que también nos aflige. ¿Y cuándo es que el Señor va a venir? ¿Y cuándo es que el Señor lo va a hacer? ¿Y cuándo todo esto va a terminar? Él estaba ahí tres días abajo esperando que el Padre quiera. Y yo te digo a ti lo mismo, cuando el Padre quiera.
¿Y cuándo se acabará la aflicción? ¿Y cuándo será? Pero si ya realmente él murió por nuestro pecado, ¿por qué él no viene otra vez? Cristo aguantó tres días, hermano. Pero él es Cristo y él es eterno. Si él soportó tres días bajo la tierra, nosotros podemos soportar una existencia de 70 o de 100 años con más facilidad, porque para él que es eterno, él tuvo tres días mostrándonos nosotros, eh, aguántense, que su promesa es cierta.
Y cuando se terminó todo el escándalo, cuando se terminó todo el movimiento, cuando ya todo se había apagado, entonces se levantó con poder y asimismo seremos levantados nosotros. Este es el evangelio, hermanos, que Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado para que todo el mundo dé testimonio, que den testimonio los romanos, que den testimonio los judíos, que den testimonio a su propio amigo.
La resurrección: reivindicación de la creación
Los discípulos de Cristo le hicieron todo lo que se le hace a un muerto para que entiendan ellos mismos que el hombre realmente se murió. Porque si ellos no entienden que el hombre realmente murió, todavía ellos mismos estaban muertos en su delitos y pecado. Era necesario que llevaran las especias y que pusieran todo aquello para que ellos entendieran que su salvación era cierta. Alguien dirá, «Ustedes no son salvos. Él no murió nada.» ¿Cómo que no? Yo fui que presté la tumba. ¿Cómo que no? Yo fui que fui a ungirlo. ¿Cómo que no? Yo le vi. Ay, sí, hermano.
La tercera pata del evangelio. Recuerda, Cristo muere. Cristo fue sepultado y todo eso tiene valor. Instálate un mes ahí a pensar la sepultura y qué significa la sepultura y qué es lo que es ese silencio. Y cuando ya nadie estaba esperando, y tu alma se va como recomponiendo: la resurrección. Que fue sepultado y que resucitó al tercer día. Y después viene y lo cierra: conforme a las Escrituras. Sello, sello, sello.
Muchos sellos. Que me pongan muchos sellos a las cosas que valen la pena. Sellitos, sellitos, sellitos, muchas cosas ahí. Sellos tintados. Para los griegos, aquí era que realmente a la iglesia de los corintios, que tenía una fuerte influencia griega, les molestaba el asunto. Según los griegos, el cuerpo era algo negativo de lo cual había que liberarse. Y ellos entendieron que cuando Cristo murió, dejó el cuerpo. Y como dejó el cuerpo, su estado ahora sin cuerpo era mejor que su estado anterior con cuerpo.
De hecho, para un griego, el hecho de que Cristo muriera, ellos lo entendían muy valioso, porque eso es lo que queremos todos, salir de este cuerpo y poder entrar a una existencia mística, etérea, así como sin cuerpo, incorpórea. Y ellos no creían que realmente nosotros íbamos a resucitar porque entendían que eso no era necesario.
De hecho, el tema con lo cual termina la carta de Pablo a los corintios, hablando de la resurrección de Cristo, es para hablar después de nuestra propia resurrección. Para un griego esto no tenía sentido alguno. Aunque Pablo recordó la obra completa de Cristo, esta era su preocupación principal: quería decirles de la resurrección de Cristo.
Y quería decirles: realmente el cuerpo vale la pena. Para estos creyentes, por la influencia de los griegos, el estado espiritual era el estado deseable. Decían, «Estamos muy claros de que no morimos, y cuando morimos, si hemos sido salvados, estamos en espíritu con Dios y como que nos unimos a un éter.» Ah, caramba. Cristo no solamente murió, sino que resucitó. Recogió el cuerpo otra vez.
Y los griegos están diciendo, «Pero la película como que comenzó.» No se trataba de dejar un cuerpo. Si ya él dejó el cuerpo, ¿para qué lo busca de nuevo? En su cosmovisión, el cuerpo y la materia eran malos, algo de lo cual nosotros deberíamos liberarnos. Y si una persona se liberó del cuerpo, entonces está mejor. Pablo le está diciendo: Cristo resucitó y esto es cardinal para la salvación, pues nosotros también resucitaremos.
O sea, que nuestro futuro no es una existencia incorpórea, inmaterial, flotando así como si fuéramos humo, sino que nosotros mismos vamos a ser resucitados. Al resucitar su cuerpo, algo que sería inesperado para la mente de un griego — yo no esperaría que la historia terminara así — Dios está confirmando un interés activo en su creación. Tu cuerpo le pertenece a él. Y cuando uno comienza a interiorizar el evangelio en esos dos versículos, uno comienza a ver el cuerpo en todo el Nuevo Testamento. Nosotros somos el cuerpo de Cristo.
El cuerpo es el templo del Espíritu Santo. Él no maltrata el cuerpo. Y uno dice, «Pero, ¿qué marcado interés tiene tanto? Parece que el Señor quiere más el cuerpito este que lo que lo quiero yo.»
Pues yo lo veo en el espejo y yo digo… pero él tiene un interés en el cuerpo. De hecho, hermano, aquí es que los predicadores siempre como que comenzamos a disgregar, pero esa es una de las razones por la cual históricamente los creyentes hemos evitado la cremación, porque entendemos que esto no lo hicimos nosotros, sino que esto es de Dios. Y que él te lo prestó. Y que eso hay que dejar que se descomponga de manera natural, como el Señor determinó que se descomponga. Y que se recomponga cuando suene la trompeta. Y alguien te va a decir, «Pero vamos a ir más rápido, que esa materia…» Y tú le vas a decir, «Espérate, que este cuerpito Dios me lo dio.» Y parte de la imagen de Dios en nosotros está en este asunto. ¿Qué es lo que se expresa aquí? Cuando Cristo resucita, él está reivindicando su creación original.
Él resucita con un cuerpo mejor y nosotros también resucitaremos con un cuerpo mejor. Un mejor Adán, dice la Escritura. Quédense con la mente, hermano, de que nosotros no somos solamente espíritus. El Señor no diseñó espíritus con cuerpo para que nosotros vayamos atrás ahora a ser solamente espíritus, sino que siempre vamos a ser espíritus corpóreos. Y que el Señor está esperando que tú entiendas esta doctrina para que tú mires un porvenir no griego, sino un porvenir cristiano. Y con un porvenir cristiano donde el Señor suena la trompeta y nosotros resucitamos en Cristo con un cuerpo glorificado y con ese cuerpo glorificado nos dedicamos de nuevo a servir a Cristo.
Conforme a las Escrituras
Recuerda, hermano, que mi aplicación está muy por debajo del credo. Faltan palabras para uno describir el misterio que aquí está sucediendo. Solamente diré, hermano, que esto, no lo mío, sino lo que aquí está, los dos versículos, se corresponden con la Escritura. Las dos veces dice conforme a las Escrituras. No fue un accidente, no fue una improvisación. Es una reiteración para crear un efecto. Nos muestra que esto fue un plan anunciado desde tiempo antiguo y precisamente cumplido en Cristo.
Todo según lo prometido, todo verificable y todo muy confiable. Les hablé de credo, hermano. Yo no tengo quizás el nivel técnico para hacer uno, pero yo tomé los versículos y traté de hacer un credo responsorial en base a estos dos versículos.
Un credo responsorial
¿Qué es el evangelio? El evangelio es la buena noticia de lo que Dios ha hecho por los hombres. ¿De dónde viene este mensaje? Ese mensaje fue enviado por Dios directamente por medio de sus apóstoles, recibido y transmitido por la iglesia fielmente desde el principio. ¿Qué hizo Cristo por nosotros?
Cristo murió en una cruz por nuestros pecados, tomando nuestro lugar. Fue sepultado confirmando que su muerte fue real y resucitó confirmando que el Padre aceptó su sacrificio. ¿Por qué murió Cristo? Porque la paga del pecado es muerte. Nosotros merecíamos el castigo y él lo recibió a nuestro lugar. Siendo Dios justo, no podía ignorar el pecado o simplemente tolerarlo.
¿Por qué importa su sepultura? Porque confirma que su muerte fue real, no aparente. ¿Fue esto algo inesperado? No. Todo ocurrió conforme a las Escrituras, según el plan anunciado desde tiempo antiguo y precisamente cumplido. ¿Cómo sabemos que esto es verdad?
Porque fue predicho por los profetas, atestiguado por testigos oculares y transmitido fielmente hasta nosotros. ¿Qué debo hacer con este mensaje? Debes recibirlo. Debes retenerlo. Y también debes proclamarlo. Ay, hermano, que el Señor nos conceda este año que podamos frasear el evangelio. Oro por ti y que el Señor traiga edificación a nuestras almas.