Primera de Corintios 15. Estaremos leyendo dos versículos de la palabra del Señor. Primera carta de Pablo a los Corintios en el capítulo 15, para ver desde esta porción de la escritura. Quiero mostrarle el evangelio, pero sobre todo quisiera dejarle una idea en su mente, y la idea es que no basta con escuchar.
Además, os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis, por el cual, asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.
— 1 Corintios 15:1-2
Le muestro desde esta porción de la escritura que no basta con escuchar.
¿Qué es el evangelio?
Hay términos que uno lo utiliza de manera tan frecuente que se habitúa a ellos y puede asumir que ya los entiende. Cada vez que exponemos la escritura, termino la exposición diciendo cómo se ve el evangelio. Hoy quisiera hacerlo inverso. Hoy quisiera comenzar mostrándole a la iglesia qué es el evangelio. Muchos de ustedes tienen una definición del evangelio, pero yo quisiera mostrarles de dónde viene esta definición del evangelio. Asumo que la mayoría de ustedes ya fueron salvados, pero yo quisiera mostrarles cómo ustedes llegaron a ser salvados.
Hay un deseo en mi corazón en este año y es que toda la iglesia pueda frasear el evangelio, que pueda compartir el evangelio, que pueda describir la manera en que fue salvada, que tu testimonio no solamente diga que has sido salvo, sino que tú puedas incluir en tus testimonios de qué manera puntual tú fuiste salvado. Esto nos tomará algunas enseñanzas, pero hoy solamente quisiera advertirle que no basta con escuchar. Donde quiera que la iglesia está congregada, se esperaría que usted tenga el anuncio del evangelio, pero no basta con escuchar el anuncio del evangelio. Es necesario algo más.
El origen de la palabra «evangelio»
Con la llegada de Cristo se inauguró una temporada nueva en la humanidad. Sucedió algo que los seres humanos mayoritariamente no estaban esperando, pero que marcó la historia. Con la llegada de Cristo sucedió que los hombres obtuvimos esperanza de salvación. El Señor pagó el precio de nuestra salvación y probablemente tú ni siquiera te diste cuenta. Como fue un asunto inesperado para la mayoría de la humanidad, hubo que salir a buscar vocabulario y encontrar palabras para describir aquello que había acontecido. La humanidad, en suma, no estaba preparada para aquello que le llegó de repente y tampoco podía describirlo.
Es una realidad a la que tú no estabas habituado, y como no estabas habituado a ella, tampoco existía una palabra para describir lo que había sucedido. Entonces aquellos primeros testigos de Cristo tomaron vocabulario de la cultura, se apropiaron de este vocabulario y describieron lo que Cristo había hecho por nosotros. Por ejemplo, en el mundo antiguo donde había sucesión de reyes, cuando emergía un nuevo rey, entonces el rey mandaba por todo el imperio sus emisarios y estos emisarios iban a caballo difundiendo la noticia. De acuerdo al semblante del emisario, tú podías saber si eran buenas o malas noticias. Si el rey era bueno, entonces las noticias probablemente eran de una excepción fiscal o de un edicto de tolerancia. Pero si el rey era malo, probablemente lo que venía eran malas noticias, que se recrudecían las condiciones y se aumentaban los impuestos al imperio.
Estos emisarios, estos ángelos, cuando salían venían a caballo, venían con estandarte y de acuerdo a su actitud tú podías inferir si eran buenas o malas noticias.
Evangelio significa buenas noticias
El término evangelio significa precisamente buenas noticias. Y a esta audiencia de los corintios que estaban en una región romana, ellos podían saber lo que significaba buenas noticias: significaba que había un nuevo rey y que tenía unas nuevas condiciones y que estas nuevas condiciones eran favorables para ustedes.
Por eso dice el apóstol Pablo:
Además, os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado.
— 1 Corintios 15:1
«Yo les declaro esta buena noticia de parte del rey que yo les he compartido.» El apóstol Pablo está utilizando el vocabulario de su tiempo para describir una realidad impresionante que todos nosotros deberíamos recibir con alegría. Estos eran decretos favorables para el pueblo. Eran buenas noticias.
El evangelio es una noticia para proclamar
Pero para tú entender el evangelio, debes entender que existe un rey y debes entender que tu vida y existencia está en gran medida en la mano de ese rey. Y para que el evangelio tenga sentido para ti, tú debes entender que existe un Dios que puede regir el mundo. Y como este Dios puede regir el mundo, este Dios te comparte, te anuncia cuáles son sus condiciones. Cuando decimos que vamos a proclamar el evangelio, estamos diciendo que vamos a proclamar una nueva noticia. Dice de hecho el apóstol Pablo, «Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado es proclamación.» Te dejo la idea en la mente que el evangelio es una noticia para ser proclamada.
Cuando el evangelio se anuncia, es una noticia que se está dando a conocer. No es un argumento, no es un reglamento, tampoco son condiciones; necesariamente es un favor, es gracia, porque las noticias son buenas. Cuando cambiaba el rey, el pueblo estaba en expectativa. ¿Qué dirá? ¿Qué hará? Y este rey que ha llegado, entonces nos dice, «Lo que haré es bueno para ustedes. Es el anuncio de gracia, es el anuncio de favor, es una noticia para ser compartida.» El heraldo no llegaba a la plaza para debatir, él llegaba para anunciar.
El evangelio no es un argumento para debatir
Quisiera clarificar que el evangelio no se comparte en medio de controversias, en medio de debates, en medio de condiciones. Cuando a ti te mandaron a anunciar el evangelio, no te mandaron a establecer una escuela filosófica, no te mandaron a hacer polémica, no te mandaron a establecer un debate o un argumento. El evangelio no es un argumento para debatir, es una noticia para recibir. Y si la noticia se va a recibir, el hombre va a hacer algo con esa noticia, pero el emisario no tiene que razonar con el hombre. Imagínate que yo te hago el anuncio y tú me dices, «No me gustan las condiciones.» Yo te digo, «Hablas con el rey.» Muchos hermanos míos no comparten el evangelio porque entienden que el evangelio es un argumento, que el evangelio es algo que puede ser rebatido. Tú puedes recibir o no recibir el evangelio, pero yo tengo que anunciarte el evangelio. Yo tengo que proclamarte el evangelio. El evangelio no es un argumento para ser debatido, es una noticia para ser comunicada. Es la razón por la cual los apóstoles se movían. Los apóstoles de Jesucristo no estaban en un lugar estático, estaban anunciando aquí y después iban y anunciaban allá. ¿Y por qué? Porque el evangelio es una noticia para ser anunciada. La gran comisión no nos mandó a nosotros ni siquiera a dar estudios bíblicos, sino a anunciar el evangelio.
¿Qué fue lo que hizo el apóstol Pablo ante los corintios? Dice que él les declaró este evangelio. Él le predicó este evangelio. Si realmente entendemos esto, yo creo que más de nosotros estaríamos compartiendo las buenas noticias. Si realmente interiorizáramos que es una noticia para compartir, no pensaríamos tanto en lo que la gente hace con las noticias. Es como el cartero. El cartero puede traer buenas o malas noticias, pero él va a entregarte una carta. Tú puedes hacer algo con el evangelio. Yo quería ir un poco más profundo, pero yo quiero sobre todo que tú sepas que el evangelio es una noticia para ser proclamada. Para esto existimos como iglesia. ¿Por qué la iglesia está en Santo Domingo? ¿Por qué tenemos este culto? Tenemos este culto porque esta noticia necesita ser proclamada, necesita ser encarnada.
El evangelio también es para los creyentes
Me llama la atención que dice aquí «os declaro, hermanos.» O sea, que el evangelio no es solamente para aquellos que no han creído, también el evangelio es para ti. Yo entendí esto relativamente tarde. Yo veía el evangelio como el punto de entrada a la vida cristiana y yo veía que si ya yo tengo el evangelio, entonces yo puedo seguir. Vamos con lo siguiente. El evangelio no es el punto de entrada a la vida cristiana. El evangelio es la vida cristiana. Esta no es solamente la noticia que abre la puerta. Esta es la noticia que abre la puerta, es también la puerta, y es también el destino. El evangelio no es el punto de inicio. El evangelio es el punto de inicio y también es el final.
Un creyente vive a la luz de esta buena noticia. Si tú asumes que el evangelio es para los no creyentes, entonces tú no te vas a predicar a ti mismo el evangelio. Fíjense que el apóstol Pablo le ha escrito 15 capítulos a la iglesia en Corinto. Era una iglesia que tenía gran cantidad de complicaciones, pero después de él dar consejos a la luz del evangelio sobre estas complicaciones, él le recuerda el evangelio. ¿Qué sucedía en la iglesia?
- ¿Había divisiones y grupos? Él le decía: «Ni Apolos ni Pablo salvan, Cristo salva.» Es el evangelio.
- ¿Había inmoralidad sexual? El argumento de Pablo fue: «Es que Cristo compró sus cuerpos.» Abandonen la inmoralidad porque ya ustedes no se pertenecen. Cristo en el evangelio les compró.
- ¿Había pleitos ante tribunales? Él le decía: «Considera lo que Cristo ya pagó por ti.»
- ¿Matrimonio y soltería, un tema espinoso? Él le dice: «Las instituciones temporales no se comparan con tu salvación.»
- ¿Había desórdenes en la cena del Señor? Él le dice: «El propósito más alto de la cena del Señor es anunciar el evangelio.»
- ¿Había dones espirituales? Él le decía: «No son para lucirse, sino que son para edificar a aquellos a los cuales Cristo salvó.»
- ¿Otros dudaban de la resurrección? Él le dice: «Sin resurrección no hay evangelio.»
Hermano, te he estado persuadiendo de que el evangelio no es el punto de entrada a la vida cristiana. Tú como hermano necesitas todavía el evangelio. De hecho, la madurez espiritual no es tener mucha filosofía y capas de filosofía; es haber interiorizado el evangelio a un punto tal que tú llegas a ver a Cristo en todas las áreas de la vida. Antes yo creía que un creyente maduro era un creyente filosófico que podía establecer muchos argumentos. Ahora entiendo que un creyente que ha madurado lo que hizo fue que estableció aún más el fundamento. Es un creyente que está bien fundamentado en Cristo, que puede ver a Cristo, que puede articular a Cristo, que puede verbalizar a Cristo.
No basta con entender: hay que recibir
Pero no basta con que tú escuches o entiendas el evangelio. Quizás ya tú sabes que el término viene del mundo de los reyes que mandaban edictos y estos edictos se comunicaban, y si los edictos eran buenos, eran buenas noticias, y ahí venía el evangelio. Pero que tú entiendas eso no marca mucho la diferencia porque tú eres un cristiano, no un historiador.
Recuerda que yo vine a persuadirte de que no basta con escuchar. Quizás ya tú me escuchaste decir que el evangelio son buenas noticias, que se proclaman, que no son argumentos. Pero eso no se queda ahí. Dice él:
…el cual también recibisteis.
— 1 Corintios 15:1
Sabes que el evangelio tú tenías que recibirlo, tienes que apropiarte del evangelio. Ese término «recibisteis» no es simplemente escuchar, es asir, es agarrar, es apoderarte de algo. Hay algo que se te está ofreciendo y tú tienes que extender la mano para recibir eso. Y cuando tú te encuentres ante el tribunal de Dios, tú vas a decir, «Señor, el pastor de mi iglesia predicaba el evangelio todos los domingos. Cuando él terminaba de predicar, él decía, ¿cómo se ve el evangelio?» Y tú puedes tener todo el fraseo del mundo, tú puedes tener toda la historia del mundo, toda la cultura del mundo, pero lo que te van a preguntar es si tú recibiste o no recibiste el evangelio.
Con escuchar el evangelio, con frasear el evangelio, no es suficiente. La cultura general no salva, la historia no salva, las doctrinas secundarias no salvan. La doctrina principal es la que salva. Dios ha querido salvar a los hombres a través de Cristo de forma tal que usted tiene que hacer algo con la noticia. Lo que usted tiene que hacer con la noticia es recibirla. Y yo quiero persuadirte de que recibir a Cristo y recibir el evangelio no es solamente un asunto como que sucede por defecto. Debe haber una intención formal de recibir el evangelio. Para apropiarte de él es necesario recibirlo. Yo le predico a una gran cantidad de personas que yo sé que ya han escuchado muchas veces la palabra evangelio, pero yo todavía no sé si han recibido el evangelio. Mi urgencia contigo no es que tú puedas frasear, que tú puedas hablar. Tú puedes tener todo el vocabulario cristiano, puedes tener toda la cultura cristiana, tú puedes tener toda la historia de la iglesia y no haber recibido el evangelio y sería un gran desperdicio.
Recibir requiere formalidad
Muchos se arrepentirán cuando lleguen a la presencia del Señor de no haberse arrepentido. Figuro que estás en la presencia del Señor y te preguntan, «¿Recibiste el evangelio?» Y tú vas a decirle, «El evangelio es la buena noticia.» No te estamos preguntando si tú sabes lo que es el evangelio. Te estamos preguntando si tú recibiste el evangelio. Y tú vas a frasear y tú vas a decir: «Conozco el término, conozco la palabra, de dónde viene. Se repitió muchas veces en mi iglesia, pero yo como que no recuerdo bien si yo llegué a recibirlo.» Ese no es el momento para decir si tú recuerdas bien o no recuerdas bien.
Dirán que no rechazaron el evangelio. Pero ¿sabes lo que le dirá el Señor? «Tú no rechazaste el evangelio, pero el que conmigo no recoge, desparrama. Apartaos de mí, hacedores de maldad. Nunca os conocí.» Hermano, es peligroso porque hay una gran cantidad de personas que pueden asumir que ya recibieron el evangelio. En el mundo romano, recibir o no recibir cosas no era una emoción. Parte de la cultura en que nos ha tocado vivir es que se le ha quitado la formalidad, se ha quitado la institucionalidad. La gente vive en eso de «yo estoy aquí, como yo estoy aquí, yo tengo el evangelio.» ¿Tú tienes o no tienes el evangelio?
Es un mal de nuestro tiempo. La tierra, gran parte de la tierra en nuestro país, no tiene titularidad. ¿Ustedes sabían eso? La gente vive toda su vida sobre un terreno que no es suyo y cuando aparece el dueño, entonces le tiran piedra. Usted no es dueño ni propietario, usted es un invasor. Trate de tener por lo menos un cintillo, pero eso no es suyo. Pero la gente dice, «¿Qué importa que no sea mío? Si yo vivo aquí.» Es que tú no solamente quieres vivir ahí. Tú quieres tener la titularidad del lugar donde tú estás viviendo. Por eso tierra se da. Trate de recibirla formalmente. ¿Qué importa? Todos los vecinos saben. Yo sé que ellos saben, pero debe haber un mecanismo donde te diga que la tierra es suya.
En el matrimonio la gente no se quiere casar, sino que se muda. Y tú le preguntas: «¿Qué es ella tuya?» «Mi pareja.» Hermano, no hay una cosa que se escucha más simple que alguien diga, «Mi pareja, mi pareja tiene los patitos, tiene los pollitos.» Y alguien dirá, «Ella es mi esposa, él es mi esposo.» ¿Cuánta falta hace la doctora Yadira Murel que le llamamos a la gente para pedirle consejo de inmigración? Le decía, «A mí me pidieron juntos con mi esposo.» Y ella le decía, «¿Y usted está casada?» «Tenemos 15 años.» No es eso lo que yo le pregunto. «¿Usted está casada?» Entonces yo le decía, «Deje de llamarle marido que ese no es su marido, esa es su pareja, eso es tal cosa, pero eso para fines legales no tiene.» Bueno, estoy apelando a situaciones que estamos viviendo todos los días para terminar en Cristo. Alguien te va a preguntar, «¿Tú recibiste a Cristo?» «Yo me estoy congregando desde los 12 años.» No es si tú te estás congregando lo que te estamos preguntando, es si tú recibiste a Cristo.
Tú le quieres presentar el evangelio a alguien y te va a decir: «Ya yo me congrego.» Congregarse no salva. «Me estoy congregando en una iglesia grande.» Congregarse en una iglesia grande tampoco salva. «Me estoy congregando en una iglesia de sana doctrina.» El asunto es que tú estás en una iglesia de sana doctrina, pero sigues estando enfermo en tus delitos y pecados. Eso no salva.
El apóstol Pablo le dijo: «El evangelio que yo os he predicado y el evangelio que ustedes recibisteis es la razón por la cual te llamo hermano.» Usted puede tener todos los años del mundo congregándose, pero debe haber un momento en que usted tome una decisión y diga: «Yo he recibido formalmente a Cristo.»
Recibir a Cristo es un acto formal
Porque esto no nació en el mundo occidental, nació en el mundo romano. En el mundo romano estaba muy claro quién era o quién no era ciudadano. Y de aquí es que viene la expresión que tantas veces mencionamos del libro de Efesios, que dice que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. El asunto no es si usted está entre nosotros, el asunto es si usted es un conciudadano de los santos — un asunto legal — y un miembro de la familia de Dios — que es un asunto legal. La transferencia de la tierra en el Imperio Romano requería testigos. Y en el antiguo Israel, cuando una persona iba a hacer negocios, tenía que dar un símbolo.
Por ejemplo, tenía la transacción del zapato y si una persona adquiría una posesión de otro, como no existían contratos comerciales, se quitaba un zapato y se lo daba. Y yo me reí mucho ayer pensando en esto, porque yo escribo raro y mi firma me da lucha repetirla siempre igual, pero mire, si alguien ve un zapato mío va a decir, «Ese calza 11 y medio, gambado.» Ese es de él, él lo vendió, no hay duda. Por ejemplo, Booz cuando iba a hacer un contrato, llevó un zapato. ¿Por qué lleva un zapato? Porque un zapato tiene. Eso, en mi caso, es más fuerte que la huella digital. Alguien le entrega un zapato y dice, «No, mira, me vendió la tierra. Yo tengo su zapato.» ¿Y cómo tú tuviste su zapato? Él me lo dio. Bueno, si en el mundo antiguo se entregaba un zapato por una tierra, tú vas a decir que tú recibiste a Cristo así por inercia. «No, que yo estaba ahí. Eso lo estaban dando.» No es si lo estaban dando, es si tú lo agarraste.
En el antiguo Israel había leyes. La gente ha exagerado la institución de la esclavitud. Era una manera de trabajo. Una persona entregaba su libertad a otro para trabajar y cuando se terminaba su tiempo, había esclavos que eran tan bien tratados que querían quedarse en la casa de sus amos. Pero la ley no le permitía solamente decirle al amo, «Yo quiero quedarme en tu casa.» Porque usted podría decir, «Ese hombre es un desconsiderado que ha retenido esa persona cuando se terminó su tiempo. Ya él obtuvo su libertad y el amo le retuvo.» ¿Y sabe qué decía la ley? Que si un esclavo quería quedarse en la casa del amo, tenía que ir donde su amo y el amo iba a ir a la puerta de la casa, iba a poner la oreja de la persona y se la iba a perforar. Y tú dices, «¿Para qué se usaba eso?» Para que no vayas tú a decir que ese hombre está retenido fuera de la ley. «Tú realmente quieres estar en mi casa, permite que yo vaya a la puerta de mi casa. Mira, mi casa comienza ahí y termina ahí. Tú quieres ser miembro de mi casa. Ahí en la puerta de mi casa, yo quiero perforarte la oreja de forma tal que cuando tú camines la gente diga, ahí está.» Ahí le perforaban la oreja.
Hermano, tu seguridad legal, jurídica, vale eso. Cuando tú llegas a la presencia del Señor, tú quisieras tener por lo menos un zapato. Cuando tú llegas a la presencia del Señor, tú quisieras tener la oreja perforada. Cuando tú llegas a la presencia del Señor, tú quisieras que las arras del Espíritu Santo estén en ti y que tú puedas decirle, «Realmente yo soy salvo. Yo he recibido a Cristo y Cristo me dio su Espíritu Santo.» Quiero desanimar a la gente que piensa que ser creyente es un asunto emocional, es un asunto accesorio, es un asunto secundario. No. Es un asunto importante. Tú no solamente debes escuchar el evangelio, tú debes recibir el evangelio. No basta con escucharlo.
Yo terminé el año peleando con un banco. Sí, pues hace unos 4 años hice un préstamo hipotecario donde me dijeron que el préstamo era tasa fija y el préstamo dice así mismo, tasa fija. Yo estaba negociando el préstamo, fui allá y necesitaba el préstamo, necesitaba, tenía la necesidad del asunto. Préstamo hipotecario. Me dijeron, «Su préstamo es tasa fija durante la vida del préstamo.» Y yo leí el contrato. Ay, hermano.
Y en el contrato no se especificaba en ninguna parte que era tasa fija. Yo le pedí, pero «eso no lo dice.» Me dijo, «No, el título del préstamo en la plataforma dice que es tasa fija, entonces nunca le van a subir la tasa.» Y yo no sé, hermano, si yo soy psicorrígido o autista. Una de las dos. Pues yo me atraqué, hermano. «Deme, póngamelo en el contrato.» «La plataforma es que emite el contrato de manera automática y no se puede.» Deme una carta. No sé si para alguno esto sirve de algo.
Me dieron una carta y la carta decía que su préstamo era tasa fija durante la vida del préstamo. Pasaron 4 años y me aumentaron la tasa, hermano, y ese préstamo se fue por allá, que yo no iba a poder pagar ese asunto y salí a buscar los documentos. Yo que guardo papelito y cosas, hermano. Pero en gran medida eso significaba si yo podía llevar a mis hijos a comer un helado, ¿no? Si yo voy a vivir con una presión financiera hacia allá, hermano. Y cuando apareció esa carta y yo vi el logo de la institución financiera en esa carta y yo vi mi nombre en la carta. Encontré el documento. Pero encontrar el documento no basta. Después tuve que dedicar un mes a pelear con el asunto y pagar en sobreprecio la primera cuota. Pero me bajaron la cuota, hermano.
El evangelio se recibe, no se asume
Hermano, cuando usted llega a la presencia del Señor, trate de no llegar con mano pelada y que «a mí me dijeron.» Diga que usted no solamente escuchó el evangelio, sino que usted objetivamente recibió el evangelio. Por eso dice la escritura:
El que creyere y fuere bautizado será salvo.
— Marcos 16:16
Porque el bautismo es un asunto público. El bautismo es una decisión objetiva. Usted va a recordar el momento de su bautismo. Estoy demostrando, hermano, que el evangelio es una noticia para ser proclamada, pero también para ser recibida.
Perseverar: estar firmes en Cristo
Esa es una noticia para tú perseverar en ella. El término «perseverar» lo traduce en otras traducciones como la Nueva Biblia de las Américas, la NBLA, como «en el cual están firmes.» Le dice, «El evangelio es un asunto para tú afirmarte en ello. Si realmente tú crees que tú eres de Cristo, si realmente tú entiendes que Cristo pagó lo que hacía falta, entonces tú deberías afirmarte en esa posición.» Y ahí es que comienza la madurez cristiana. La madurez cristiana comienza cuando una persona se afirma en Cristo. «Regáleme un libro de doctrina. Yo quiero ir a un instituto bíblico.» Hermano, vaya a los seminarios, vaya a los institutos, pero los institutos bíblicos no son los que te van a afirmar. Lo que te va a afirmar es tú entender el evangelio cada vez más, interiorizar el evangelio cada vez más, predicarte el evangelio cada vez más. Eso significa literalmente estar firme. Recuerda que los primeros testigos salieron a buscar vocabulario de su cultura y tampoco había una figura que la gente entendiera, y utilizaron un vocabulario militar. En la formación de los griegos cuando iban a la batalla, y que eventualmente heredaron las legiones romanas, los soldados hacían una fila con el escudo y cuando el comandante les decía que tienen que estar firmes, lo que está diciendo es que el escudo no baje y que no rompan la formación.
Quien está firme no es una persona que está sola y que dice «vengan contra mí», sino una persona que está formada junto con el ejército. De forma tal que estar firmes para nosotros es un asunto plural, comunitario. La gente ha difundido la idea de que los devocionales, las disciplinas espirituales son asuntos privados de cada quien, ¿no? En una legión, en una formación griega que iba hacia la batalla, tú no podías defenderte tú solo. De hecho, el escudo estaba diseñado de forma tal que cuando tú lo subías, tú te protegías y le protegías la mitad a tu compañero. Cuando tú decías que estabas firme, estás diciendo, «Yo estoy firme y tú también lo estás.» Hermano querido, estar firmes en Cristo es un asunto necesario para que cuidemos la iglesia del Señor. Estar firmes en Cristo es un asunto necesario para mantener los distintivos cristianos. Tu firmeza me afirma a mí, mi firmeza te afirma a ti. No es si él está firme, no es si tú estás firme, es si estamos firmes en Cristo, si estamos formados juntos. Más que un esfuerzo por ganar tu salvación, es un esfuerzo por no retroceder del lugar donde Cristo te ha puesto. Y el trabajo del enemigo es hacer que el creyente pierda su firmeza, que tú pierdas la seguridad de tu salvación, que pierdas tu distintivo, que tú ya no entiendas lo que Cristo ha hecho. Y mientras menos tú entiendas eso, más vulnerable serás.
Un creyente es tentado cuando deja de ver a Cristo y su obra en la cruz. Y la obra de Cristo en la cruz es lo que permite que tú superes la tentación. Tú estás firme mirando a Cristo y quien deja su firmeza es aquel que ante el fragor de la batalla, su instinto de supervivencia le hace soltar su escudo y soltar la formación y agarrar otra cosa. Cada vez que un creyente deja de confiar en Cristo para confiar en otra cosa, ha perdido su posición de firmeza. Tú estás firme en Cristo, eso significa que Cristo te satisface, que Cristo es tu seguridad, que Cristo es tu garantía, que cuando te faltan muchas otras cosas todavía tú tienes a Cristo y por eso estás firme.
Esa dinámica militar es lo inverso de la firmeza individual. Tú quieres estar firme en Cristo.
La promesa del evangelio
Y entonces, ¿cuál es la promesa del evangelio?
…si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.
— 1 Corintios 15:2
Qué noticia para una persona es saber que aquello con lo que contó y en lo cual construyó su vida no existía. Qué gran decepción es haber pasado tu vida como si estabas seguro para luego entender tu vulnerabilidad. La condición es retener la palabra — y la palabra es Cristo. Más que aprender cosas nuevas es retener lo que recibiste. Y si la palabra es Cristo, tu meta es aceptar a Cristo, sostenerte en Cristo, soltar cualquier cosa menos a Cristo.
¿Cómo se ve el evangelio?
Yo casi siempre termino diciendo cómo se ve el evangelio. Quise hoy hacerlo a lo inverso, pero te digo:
Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.
— 2 Corintios 5:19
Esta es la noticia que debemos proclamar, pero también es la noticia que debemos recibir formalmente. Es la noticia en la cual estamos firmes y es la razón de nuestra esperanza. No basta con escuchar, no basta con entender. Tú tienes que recibir el evangelio y apropiarte de él.
Si tú viste un heraldo de Cristo hoy diciéndote que el Señor ha elegido salvarte, yo te invito a que no solamente escuches la noticia y celebres, que tú preguntes: ¿qué hace falta?
Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo.
— Hechos 16:31
Si tú no tienes seguridad de tu salvación, yo te invito a que tú vuelvas a preguntarte a ti mismo. Y esas cosas no avergüenzan. Hay personas que después de 10 años congregándose llegaron a ver a Cristo. Se han dado casos de personas que aun después de haber servido a una iglesia como si fueran miembros se dieron cuenta de que su fe no era real, y entonces vieron a Cristo. Es mejor desperdiciar 10 años y ser salvo.