Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.
— Zacarías 4:6 (RVR1960)
Tu escasez es el espacio que Dios usa para mostrarse.
Zorobabel fue uno de los líderes que el Señor levantó cuando Israel volvía del cautiverio en Babilonia. Le tocó una tarea grande y desproporcionada: reconstruir el templo en una ciudad arrasada, con un pueblo empobrecido y rodeado de enemigos. Mientras buscaba cómo emprender semejante obra, llegó la palabra del Señor por medio del profeta Zacarías. Una afirmación que reordenó todas las prioridades: con el Espíritu del Señor de los ejércitos se levantaría aquel templo. Esa palabra alcanzaba para sostener todo lo demás.
La tentación de Zorobabel también es la tuya. Cuando ves que sobran recursos (dinero, tiempo, gente, talento), tiendes a creer que Dios está en el asunto. Cuando esos recursos escasean, dudas de que Dios esté trabajando. La historia bíblica suele invertir esa lógica. Israel construyó el tabernáculo con la abundancia que sacó de Egipto. David y Salomón levantaron el primer templo en una era de prosperidad. Zorobabel construyó el segundo en medio de la pobreza, y de aquellos tres templos fue el suyo el que terminaría recibiendo al Señor encarnado bajo su techo. Hay momentos en que Dios reduce los medios para asegurar su gloria, pues con abundancia siempre aparece alguien dispuesto a quedarse con el crédito de lo que solamente él hace.
Esto vale para cada recurso que has ido sumando con los años. Tu sabiduría, tu liderazgo, tu elocuencia, tu experiencia ministerial. Ninguno de esos méritos compra el uso que Dios pueda darte. Si él utilizó a Ciro, a Nabucodonosor y hasta a la burra de Balaam, tu currículo tampoco será lo que incline la balanza. Consagrarte vale por tu propio bien, por la obediencia que él te pide y por tu santidad. Que ese valor no se confunda con la pretensión de poner a Dios bajo contrato. Donde hay menos confianza en lo nuestro suele haber más espacio para lo suyo.
Oración: Padre, tu obra no necesita el peso de mi brazo ni la abundancia de mis medios. Cuando me tiente a medirte por lo que tengo o por lo que me falta, recuérdame que el avance de tu obra está en ti. Quita de mí el ansia de hacerme trascendental. Quiero servirte sin pretender hacerte cargo. En el nombre de Jesús, amén.