Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún.
— Filipenses 1:18
Un creyente maduro aprende a gozarse por el avance del evangelio, aunque no sea él quien lo esté predicando.
Pablo está preso. No puede moverse, no puede predicar en los lugares donde quisiera, y hay gente aprovechando su situación para ocupar su espacio. Cualquier otro hombre habría tenido razones suficientes para el desánimo. Pero Pablo escribe desde esa celda con un entusiasmo que sorprende: «Me gozo, y me gozaré aún». No es resignación ni estoicismo. Es el gozo genuino de alguien que ha entendido que lo que importa no es quién predica, sino que Cristo esté siendo predicado. Un gozo que no depende de que él sea el protagonista: hay creyentes predicando con buenas motivaciones y otros con motivaciones equivocadas, soldados escuchando el evangelio en el pretorio y una iglesia en Roma que se está envalentonando. El nombre de Cristo avanza en todas direcciones, por caminos que Pablo no trazó, y Pablo se goza de todo eso.
En un cumpleaños me encontré con una señora que conoció al Señor a finales de los 80. En medio de la fiesta, casi sin darse cuenta, comenzó a contarme cómo había llegado a Cristo, los avatares que había atravesado, cómo el Señor la había guardado a través de pérdidas que habrían doblegado a cualquiera. «Y todavía estoy en el Señor», decía. Yo no podía dejar de escucharla. No era un culto, no había un púlpito, no había ningún programa. Era simplemente una creyente que llevaba décadas caminando con Cristo y no podía evitar que eso se notara. Eso produce gozo. Ver a alguien que conoció al Señor en otro tiempo y todavía está en Cristo es una de las evidencias más claras del avance impredecible del evangelio.
¿Cuándo fue la última vez que te gozaste genuinamente porque el evangelio estaba avanzando, aunque no fuera a través de ti? Quizás un conocido abrió los ojos a la realidad de Cristo, quizás alguien dio un testimonio valiente, quizás escuchaste una exposición donde Cristo era tan central que te sentiste sobrecogido. La noticia más importante que está ocurriendo en este momento no es ninguna de las que aparecen en los titulares; es que Cristo está siendo predicado: en lugares que no esperabas, por personas que no elegiste, de maneras que no planeaste. Ese deleite sincero por el avance del reino, aunque tú no estés en el centro, es una señal de que el evangelio ha echado raíces profundas en tu corazón. Y en eso hay razón suficiente para gozarse.
Oración: Señor, quiero tener el gozo de Pablo: un gozo que no dependa de que yo sea el protagonista, sino de que tu nombre esté avanzando. Abre mis ojos para ver el avance del evangelio a mi alrededor y dame un corazón que se deleite genuinamente en eso. Que mi vida valga la pena no por lo que yo logré, sino por lo que tú hiciste a través de mí y a pesar de mí. Amén.