Saltar al contenido

El gozo de ser útil

Y confiado en esto, sé que quedaré, que aún permaneceré con todos vosotros, para vuestro provecho y gozo de la fe, para que abunde vuestra gloria de mí en Cristo Jesús, por mi presencia otra vez entre vosotros.

— Filipenses 1:25-26

Tener una iglesia que se goce en tu servicio es una razón importante para persistir.

Pablo está preso, tiene detractores, no sabe con certeza cuándo terminará esa situación, y aun así su pensamiento va hacia los filipenses. Si el Señor le permite dos años más, podría hacer que la iglesia tenga un poco más de gozo. Si le da cinco, quiere que sigan creciendo en la fe. No está pensando en su comodidad ni en su reputación. Está pensando en el provecho de otros. Esa orientación hacia afuera, en medio de una circunstancia que justificaría todo lo contrario, es uno de los rasgos más notables de este pasaje.

Hay una idea equivocada que hace mucho daño en la iglesia: asumir que toda gloria es inapropiada, que un creyente maduro no debería sentir satisfacción por el fruto de su servicio. Pablo desmonta esa idea sin disculparse. Tenía una profunda satisfacción de que los filipenses estuvieran contentos con el ministerio que el Señor le había concedido, y esa satisfacción era una razón legítima para persistir. No es vanidad. Servir a la iglesia del Señor y ver que ese servicio produce fruto en otros es una de las alegrías más legítimas que un creyente puede experimentar.

Esto tiene una aplicación que va en dos direcciones. Hacia quienes sirven: el fruto visible en la vida de otros es un incentivo legítimo para no rendirse. Y hacia quienes son servidos: los hermanos que te sirven fielmente semana tras semana, los que cuidan los detalles que tú no ves, los que llevan años poniendo su tiempo y sus dones al servicio de la iglesia, merecen gratitud. Pablo valoraba a los filipenses; los filipenses deberían valorar a Pablo. Esa reciprocidad, dar y recibir, es una de las formas en que Cristo sostiene su iglesia.

Oración: Señor, gracias por los hermanos que me sirven con fidelidad y por la alegría de poder servirles también. Ayúdame a no dar por sentado el sacrificio que los otros hacen por nosotros. Y cuando sienta que ya no tengo nada que aportar, recuérdame que mientras haya alguien que pueda beneficiarse de mi presencia, tengo razones para persistir. Amén.