Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido han redundado más bien para el progreso del evangelio.
— Filipenses 1:12
El evangelio no avanza cuando tus circunstancias mejoran, sino a través de ellas tal como están.
Es tentador esperar que mejoren nuestras circunstancias o que el Señor responda un motivo de oración puntual para entonces predicar el evangelio. Algo del tipo: «Señor, permite que se detenga el sufrimiento para que pueda hacer avanzar tu causa». Parece razonable esperar que las condiciones mejoren antes de estar disponibles para el Señor. El problema es que ese momento de disponibilidad perfecta no llega. Siempre habrá aflicción, siempre habrá incertidumbre, siempre habrá razones para esperar un poco más. El Señor no prometió que detendría la aflicción; lo que dijo fue que en el mundo tendríamos aflicciones, pero que podemos confiar en Él, pues ya ha vencido al mundo.1
Pablo escribió estas palabras desde una prisión en Roma. Llegar a Roma era su deseo, pero no de ese modo. Quería ir como predicador libre; llegó arrestado, embarcado bajo custodia militar, y confinado en una prisión domiciliaria con un soldado amarrado a su muñeca. Lo que parecía una derrota resultó ser, en palabras del propio Pablo, un avance para el evangelio. No a pesar de sus circunstancias, sino a través de ellas. El Señor no esperó a que Pablo estuviera libre para usarlo; lo usó preso. El momento era ese, no uno mejor que vendría después.
Piensa en el lugar donde estás ahora mismo, con las circunstancias que tienes encima. La disponibilidad no es un estado que se alcanza cuando todo está en orden; es una postura del corazón que dice: «Señor, permite que tu causa avance a través de lo que estoy viviendo». Quizás hay algo que llevas meses esperando que se resuelva, una limitación que sientes que te impide ser útil. Lo que Pablo nos muestra es que el Señor puede estar usando exactamente eso para colocarte frente a alguien que necesita escuchar del evangelio. No cuando salgas de ahí. El momento es ahora, desde ahí.
Oración: Señor, confieso que con frecuencia espero mejores condiciones para servirte. He pensado que cuando esto pase, cuando aquello mejore, entonces estaré disponible. Hoy quiero creer que puedes usar mis circunstancias tal como están. Abre mis ojos para ver la oportunidad que hay en medio de lo que estoy viviendo, y dame la disposición de aprovecharla. Amén.
Footnotes
-
Juan 16:33 ↩