Es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados.
— 1 Corintios 11:19 (RV60)
El roce es señal de que todavía estamos trabajando juntos; el cariño que nunca discute suele ser cariño que ya se dio por vencido.
¿Alguna vez has visto un motor por dentro mientras funciona? Para que haya movimiento tiene que haber fricción. Las piezas se rozan, generan calor, se desgastan, y de ese roce nace el desplazamiento. Quita la fricción por completo y lo que te queda es una máquina detenida. La vida de la iglesia se parece más a eso de lo que nos gusta admitir. Vivimos en días donde parece que el ideal es no tener conflictos jamás, pasar por la vida siendo neutrales y agradables con todo el mundo. Pero todo lo que de verdad importa requiere esfuerzo, y dondequiera que dos personas trabajan juntas por algo valioso, tarde o temprano aparece el roce. La Escritura lo dice con una imagen muy física: así como el hierro se afila con el hierro, las personas nos afilamos en el trato unos con otros (Proverbios 27:17).
Aquí hay algo que conviene desenredar, porque mucha gente lo confunde. Cada vez que surge una desavenencia, alguien dice: «En esta iglesia ya no hay amor.» Y es al revés: ¿cómo que no hay amor, si lo que estamos haciendo es debatir? Para discutir con alguien hay que quererlo. Si no te importara, hace rato te habrías ido sin decir una palabra, y entre dos personas que se separan ya no queda ni siquiera conflicto. Lo contrario del amor tiene varios nombres, y todos se parecen: la desidia, la indiferencia, la indolencia. ¿Quieres saber cuándo alguien dejó de importarte? El día en que lo borras de tu vida y ya ni te molesta. Por eso, donde hay amor verdadero habrá roce, y el cariño que nunca discute suele ser cariño que ya se dio por vencido.
Entonces, ¿qué hacemos con el roce de servir juntos? No salir corriendo a buscar la comodidad. Dios nos puso en esta tierra para dar fruto que lo glorifique, y el fruto siempre cuesta. Una iglesia que se ama es una iglesia que elige quedarse junta y hacer junta la obra, sabiendo que en el camino habrá malentendidos, desgaste y momentos difíciles. Cuando eso ocurra, en lugar de declarar que se acabó el amor, conviene recordar que el calor que sientes es el calor del motor andando. Si te cuesta trabajar con alguien en la obra, quizá sea una invitación a madurar más que una señal para alejarte. Hoy, antes de huir de la fricción, pregúntate si lo que tienes delante es un problema que resolver o simplemente la prueba de que vas avanzando con otros.
Oración: Señor, gracias porque me pusiste a caminar junto a otros y no en soledad. Perdóname cuando confundo el roce con falta de amor y busco la comodidad antes que el fruto. Dame paciencia para soportar la fricción de servirte en compañía, y un corazón que elija quedarse en lugar de huir. Que el calor de trabajar juntos nos mueva siempre hacia ti, para tu gloria.