¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?
— Amós 3:3 (RV60)
No todo desacuerdo tiene que terminar en acuerdo para que la obra de Dios siga avanzando.
Existe una creencia muy extendida: que todo conflicto puede solucionarse si los seres humanos le dedicamos el tiempo necesario. Si conversamos lo suficiente, si nos sentamos las horas que haga falta, terminaremos poniéndonos de acuerdo. La Biblia cuenta una historia que pone en duda esa idea. Pablo y Bernabé, dos columnas de la iglesia primitiva, tuvieron un desacuerdo tan fuerte sobre si llevar consigo a Juan Marcos que terminaron separándose el uno del otro (Hechos 15:39). No se encerraron cinco años a negociar. Cada uno tomó su ruta y ambos siguieron sirviendo al Señor. La Escritura misma lo reconoce cuando pregunta si dos pueden caminar juntos sin antes ponerse de acuerdo (Amós 3:3). A veces la respuesta honesta es que no, y eso no es un fracaso. Por eso Dios tiene muchos equipos, muchas iglesias, muchas expresiones de la misma obra.
Conviene abandonar la idea de que en todo conflicto hay un bueno y un malo, como en las viejas películas de vaqueros. ¿Quién tenía la razón, Pablo o Bernabé? La pregunta está mal hecha. Los dos eran hombres piadosos, maduros, instrumentos del Señor, con personalidades y prioridades distintas. La razón la tiene Cristo, y todos caminamos hacia él. Que dos creyentes maduros no logren ponerse de acuerdo no significa que uno de ellos haya pecado. Bernabé valoraba la reconciliación y las segundas oportunidades; Pablo valoraba el compromiso firme con la misión. Las dos cosas son buenas, y precisamente por eso chocaron. La madurez no se mide tanto por la ausencia de desacuerdos como por la forma en que los cargas. No todo desacuerdo tiene que terminar en acuerdo para que la obra de Dios siga avanzando.
Aquí hay sabiduría práctica que vale oro. Cuando un asunto afecta a toda la comunidad, como ocurrió con la salvación de los gentiles en el concilio de Jerusalén, hay que sentarse y resolverlo. Pero cuando se trata de una aspereza personal entre dos hermanos, lo prudente es dejarla en lo doméstico y no paralizar a toda la iglesia con ella. Hay nudos que uno aprieta más mientras más los hala, y lo más sabio es soltarlos en manos más fuertes que las tuyas: entregárselos a Cristo. Hoy te invito a distinguir entre lo que el Señor te pide resolver y lo que te pide entregar. Pasar la vida entera intentando deshacer cada desacuerdo es una forma elegante de no avanzar.
Oración: Señor, dame discernimiento para saber qué conflictos debo resolver y cuáles debo poner en tus manos. Líbrame de la inmadurez de buscar siempre un culpable y de creer que solo yo tengo la razón. Ayúdame a no paralizar lo que tú quieres hacer por aferrarme a una aspereza personal. Confío en que tú eres quien tiene la última palabra, y hacia ti caminamos todos, para tu gloria.