Y Pablo, escogiendo a Silas, salió encomendado por los hermanos a la gracia del Señor.
— Hechos 15:40 (RV60)
Mientras tú esperas que vuelva el de siempre, Dios ya está preparando al que todavía no has visto.
Después de separarse de Bernabé, Pablo se puso de nuevo en marcha, y el verbo que usa el texto vale la pena mirar de cerca: «escogiendo». Miró a su alrededor y se preguntó quién estaba disponible, quién estaba dispuesto, y eligió a Silas. No paralizó la misión esperando que Bernabé cambiara de opinión. Y lo más interesante es que Silas no apareció de la nada. Ya era uno de los delegados que el concilio de Jerusalén había enviado. Antes de que existiera siquiera el conflicto entre Pablo y Bernabé, Dios ya estaba levantando a Silas. Lo que pasaba es que nadie lo estaba mirando, porque todos los ojos estaban puestos en Bernabé.
Dios está levantando nuevos instrumentos todos los días. El problema casi siempre está en nuestra mirada, que se queda fija en la gente de siempre. Hay un fenómeno curioso con el talento: solemos verlo solo cuando ya está terminado. Piensa en personas que conociste hace años, cuando eran apenas unos muchachos en los que tú no veías nada especial, y que hoy son pastores, maestros, líderes que el Señor usa con poder. Uno se sorprende y dice: «¿Y esto estaba ahí?» Claro que estaba. Lo que ocurría es que tú estabas aferrado a lo que siempre habías visto. Cuesta mucho reconocer el don que viene creciendo en la generación que viene detrás. Mientras tú esperas que vuelva el de siempre, Dios ya está preparando al que todavía no has visto.
El gran peligro es aferrarnos a una fotografía: la iglesia tal como estaba en nuestra memoria, el mismo equipo, los mismos cinco amigos del alma, las relaciones de siempre. Pablo nos muestra otro corazón. Después de Silas integró a Timoteo, luego a Priscila y Aquila, y al final de su vida hasta volvió a contar con Juan Marcos, aquel mismo joven por el que se había separado de Bernabé. Ese es el corazón abierto que la obra necesita: gente dispuesta a trabajar con quien el Señor traiga en cada temporada. Así que la pregunta con la que cierro esta semana es la misma que enfrentó Pablo. ¿Vas a volver a lo de siempre para hacer lo mismo de siempre, o sales con un corazón abierto hacia lo nuevo que Dios quiere hacer contigo? ¿Cómo está tu corazón hoy?
Oración: Señor, abre mis ojos para ver a los instrumentos que ya estás levantando y que yo no he sabido mirar. Perdóname cuando me aferro a la fotografía de lo que fue y me pierdo lo que tú estás haciendo de nuevo. Dame un corazón abierto, como el de Pablo, dispuesto a trabajar con quien tú traigas en cada temporada. Que no me quede esperando al de siempre mientras tú ya tienes preparado a un Silas, para la gloria de tu nombre.