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La gloria que no verás

La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos, y daré paz en este lugar.

— Hageo 2:9 (RVR1960)

Lo que pones hoy en las manos de Dios se inscribe en un plan cuya plenitud quizá no alcances a ver.

Zorobabel, líder del pueblo de Israel después del cautiverio en Babilonia, recibió el encargo de poner los cimientos del segundo templo. El Señor le prometió por boca de Zacarías que sus manos terminarían la obra, y así fue: Zorobabel llevó la construcción hasta su dedicación. Sin embargo, la plenitud de la promesa estaba mucho más adelante. Dios había dicho que la gloria postrera de esa casa sería mayor que la del templo de Salomón. Esa promesa tardó más de cinco siglos en cumplirse, cuando el Hijo de Dios encarnado fue presentado en ese mismo templo. Zorobabel terminó su parte y se fue a dormir con sus padres. La gloria postrera la vieron otros ojos.

Tú compartes la impaciencia de Zorobabel. Quieres ver el cuadro completo. Quieres orar por algo y ver la respuesta, sembrar y ver la cosecha, formar a alguien y ver el fruto maduro. Pero los planes de Dios suelen tener una escala que desborda una sola vida. Un padre ora por su hijo y la respuesta a esa oración llega en los nietos. Una mujer enseña a niños en la iglesia durante veinte años, sin saber que uno de ellos pastoreará una congregación en otro continente. Un misionero muere sin haber visto un solo convertido, y la semilla que dejó germina cincuenta años después. La economía del Reino no funciona con plazos cortos.

La invitación es a soltar el control del calendario. Sé fiel con la pieza que Dios puso en tus manos, aunque no veas el edificio terminado. Ser cimiento tiene un peso enorme. Ser eslabón en la cadena de Dios tiene valor eterno. Lo que importa es que tu pieza encaje en la obra que él está haciendo y que la pongas con cuidado. La gloria postrera de la casa de Dios fue Cristo mismo. Tu fragmento de obediencia, por pequeño que parezca, encuentra allí su sentido último. Quizá no veas todo el resultado, pero verás al Dios para el cual trabajaste.

Oración: Padre, dame gracia para servir sin la urgencia de ver el final. Que me baste con poner bien la pieza que pusiste en mis manos. Tú harás el edificio. Tú llevarás la obra hasta su gloria postrera. Yo trabajaré confiado, sin desesperar. En el nombre de Jesús, amén.