Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?
— Juan 14:5 (RVR1960)
Reconocer que te falta más de Cristo es el primer paso honesto hacia encontrarlo.
Al final de dos años y medio caminando con Jesús, los discípulos se sentían turbados. No eran recién llegados: habían seguido al Señor de ciudad en ciudad, habían visto milagros de cerca, habían escuchado cada una de sus enseñanzas. Y aun así, cuando Jesús anuncia que se va, el ánimo general es de confusión y angustia. Tomás lo dice en voz alta: «Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?» Felipe va un poco más lejos: «Muéstranos al Padre y nos basta.» A ninguno de los dos los reprende el Señor. Los escucha.
Hay algo honesto y necesario en esa clase de confesión. Reconocer que llevas tiempo en los caminos del Señor y que todavía tu corazón no ha encontrado todo lo que esperabas encontrar en Cristo no es una señal de fracaso espiritual. Puede ser la señal de alguien que todavía está buscando con sinceridad. Lo que preocupa en la vida del creyente no es sentirse insatisfecho; lo que preocupa es conformarse con esa insatisfacción y dejar de buscar en el lugar correcto.
Piensa en alguien que entra a una tienda buscando un artículo específico. Da vueltas entre los pasillos, no lo encuentra, y en algún momento tiene que elegir entre preguntarle a alguien dónde está o salir convencido de que el artículo no existe. La primera opción requiere admitir que no sabes. La segunda requiere fingir que ya revisaste todo. Los discípulos eligieron la primera. Tomás preguntó. Felipe pidió. Y esa apertura fue exactamente lo que le permitió a Jesús responderles.
Si en este momento el evangelio te parece más un deber que una fuente de deleite, si Cristo te resulta más familiar que satisfactorio, si llevas años en la fe y todavía sientes que algo te falta, esa sensación tiene un nombre: es el punto de partida. Llévala al Señor con la misma franqueza con que Tomás llevó su confusión. La pregunta sincera no lo ofende. La turbación honesta no lo aleja. Y el Cristo que respondió a Tomás es el mismo que te responde a ti.
Oración: Señor, te traigo lo que tengo: una fe real, pero también una insatisfacción real. Sé que eres más glorioso de lo que he podido ver hasta ahora. Sé que en ti hay más de lo que hasta el momento he experimentado. Te pido que me lo muestres. Que mi corazón deje de buscar en lugares donde no hay nada y aprenda a esperarte a ti. Amén.