Mensaje

El sosiego que está en Jesús

Juan 14:1-6

Lectura del pasaje

Que el Señor les bendiga mucho, mis hermanos. Abran la Sagrada Escritura, estén conmigo en el evangelio de Juan.

Vayamos juntos hasta Juan, capítulo 14. Es el evangelio de Juan en el capítulo 14.

Estaremos leyendo desde el versículo 1 y hasta el versículo 6 para poner la atención de la iglesia en el versículo 6 del evangelio de Juan, Juan 14:6, pero leeremos desde el 1 y hasta el 6. Y quisiera mostrarle a la iglesia desde esta porción de la escritura este sosiego que podemos encontrar en Jesús.

Evangelio de Juan, capítulo 14 desde el 1 y hasta el 6. Para poner la atención en el versículo 6 dice así la Sagrada Escritura, la palabra del Señor.

No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho. Voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino.

Le dijo Tomás: «Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?» Jesús le dijo: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí.»

— Juan 14:1-6

Leo de nuevo este versículo 6. Jesús le dijo, «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí.» Pueden sentarse ahí, mis hermanos.

Discípulos turbados al final del ministerio

Quizás la primera vez que muchos de ustedes leyeron esta porción del evangelio de Juan fue en un funeral. Me pasó a mí, yo era un niño y recuerdo que en el templo evangélico de Azua había fallecido un hermano, no recuerdo qué hermano era, pero recuerdo que había un culto funeral y en este culto funeral se leyó esta porción del evangelio de Juan, Juan 14 del 1 al 6, para mostrarle a la iglesia que en la casa de mi Padre muchas moradas hay. De forma tal que esta porción de la escritura dejó en mí como un sabor lúgubre, un asunto funerario y llegué a ver esta porción de la escritura como el texto que se lee en los funerales.

Sin embargo, yo creo que hay mucha vida en Juan, capítulo 14 del 1 al 6. Creo que hay mucho estímulo y sosiego para la iglesia en esta porción de la escritura. Creo que hay una oportunidad para interiorizar el evangelio de Jesucristo de forma tal que nos sintamos más vivos que nunca. El evangelio de Juan es un evangelio particular, pues se ocupa principalmente de las últimas semanas del ministerio de Cristo. Yo espero que usted lo haya leído, si no léalo. Pero el evangelio de Juan desde el capítulo 1 hasta el capítulo 21 es una larga presentación de las últimas semanas del ministerio del Señor. Por ejemplo, desde el capítulo 1 y hasta el capítulo 10 se ocupa del ministerio público del Señor y cubre aproximadamente 2 años y medio. Y después, desde el capítulo 11 y hasta el capítulo 21 rápido se concentran cerca de tres a 6 meses del ministerio de Cristo y el último estímulo del Señor para sus discípulos. Esta porción, por ejemplo, el Señor está hablando a discípulos que se encuentran agobiados.

El ánimo general era un ánimo así, era un ánimo de turbación, de preocupación, de incertidumbre. Ya parece que todo pasó y parece que todo pasó y yo me siento más o menos igual. Quiero implicarte en esta porción de la escritura, pues es el mismo sentimiento que frecuentemente nosotros tenemos como creyentes. Ya somos cristianos, ya estamos sirviendo a Cristo, pero pareciera que nuestra alma todavía no ha encontrado aquella cosa que nosotros creíamos que íbamos a encontrar en Cristo. Tomás que frecuentemente se lleva el golpe porque preguntó y él dijo claramente, «Yo no estoy entendiendo.» Quizás tú estás en ese momento donde ya algo se está terminando y a ti no te ha llegado lo que debería llegarte y tú dices, «Pero se va a acabar el asunto y yo no voy a sentir lo que tengo que sentir y yo no voy a saber lo que tengo que saber.» El Señor le dijo, «Yo soy el camino al Padre.» Y dice el cinco, le dijo Tomás, «Señor, no sabemos a dónde vas, cómo pues podemos saber el camino.» En los grupos siempre hace falta alguien así. Y ese tipo de personas en los grupos hacen un servicio tremendo porque probablemente todos los discípulos de Cristo tenían el mismo sentimiento, pero no se atrevían a decirlo. Le digo que Tomás se llevó el golpe, pero en el versículo 8 le dice Felipe. Felipe le dijo, «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Y Jesús le dijo, «Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me habéis conocido, Felipe. El que me ha visto a mí ha visto al Padre.» O sea, que no es Tomás o es Felipe. Los discípulos de Cristo todos se encontraban muy turbados en las últimas semanas de haber convivido con el maestro después de casi 2 años y medio de haber caminado con Jesús.

Esta porción de la escritura se predica frecuentemente en funerales y también en cultos evangelísticos para mostrarle a las personas que Jesús es el camino, es la verdad y es la vida. Y es muy apropiada la porción de la escritura para cultos evangelísticos. Sin embargo, estas personas que estaban interactuando con Jesús en este momento no están siendo evangelizadas, eran discípulos de Jesús que Jesús intencionalmente le había llamado a cada uno de ellos. Asumimos que eran salvos, eran hombres piadosos, hombres de Dios,

Conocer verdaderamente a Cristo y conocerle profundamente

pero que no habían todavía encontrado en Cristo aquello que en Cristo puede encontrarse. Quiero implicarte, el evangelio glorioso de nuestro Señor Jesucristo no es solamente una verdad para creerla, es una verdad para interiorizarla. Y podemos tener muchos años en los caminos del Señor y todavía estar como estaba Tomás, como estaba Felipe y como estaban el resto de los discípulos, muy ajenos a toda la vida que en Cristo puede ser encontrada.

Yo estoy persuadido que en Jesucristo hay más deleite que el deleite que en este momento yo particularmente he obtenido. Estoy persuadido que en Jesús hay más verdad que la verdad que yo he podido en este momento discernir. Y estoy seguro que en Cristo hay aún más dirección que la dirección que yo he podido obtener. De forma tal que un discípulo de Cristo anhela encontrar en Cristo todo aquello que Cristo dice que en él puede encontrarse. Cuando él estaba diciendo que yo soy el camino, la verdad y la vida, no se lo decía a un no creyente, se lo decía a sus discípulos. Y yo creo que la Iglesia de Cristo necesita reencontrarse con el Cristo de la iglesia de forma tal que Cristo sea tan glorioso, tan satisfactorio como Cristo dice serlo.

Una santa insatisfacción

Estaba el sábado pasado predicando a un grupo de jóvenes en la Iglesia Evangélica Dominicana. Para mí es muy grato compartir en esta iglesia. Y mientras predicaba otro texto del evangelio de Juan, yo sentía que este texto estaba informando mi predicación.

Cristo debe ser más satisfactorio. Si él es vida, debería ser verdadera vida para nosotros. Cristo y su verdad debería ser para nosotros mucho más satisfactoria y la verdad del evangelio debería ser mucho más interiorizada de lo que quizás tú la interiorizaste en este momento. Y si Cristo es el camino, no puede ser que yo me sienta confundido. Sin embargo, por temporadas, por momentos en nuestro caminar con el Señor, nos vamos a sentir confundidos, nos vamos a sentir insatisfechos y vamos a sentir que todavía nos falta entendimiento. Esto es lo que está ocurriendo. Al final del ministerio público del Señor, los discípulos se encontraban profundamente turbados. El Señor ya le había dicho que se iba y ellos dicen, «Pero el Señor se va, pero todavía yo me siento igual.»

Yo leí esta porción de la escritura y no puedo evitar sentir la impotencia que sentían ellos. ¿Cómo yo le digo a la gente que realmente yo caminé con Jesús y mi corazón todavía sigue del mismo modo que seguía? Ey, por momentos en mi caminar con el Señor, yo he sentido que he estado viviendo, y le digo, hermano, abiertamente, pero al mismo tiempo con cuidado, como una falsa espiritualidad, donde yo predico verdades que son gloriosas, pero mi corazón sigue buscando su satisfacción en otras partes. De hecho, uno encuentra otras personas que pareciera que ya encontraron lo que uno dice que debía haber encontrado en Cristo. Y no puedo evitar decir como Tomás y Felipe, Señor, pero aquí estamos. Tú te estás yendo, ¿qué vamos a hacer con nuestro corazón? ¿Qué haremos con nuestras dudas? ¿Qué haremos con nuestros deseos?

Me parece que el camino para comenzar a tener profundidad en su vida espiritual es reconocer que necesitamos más de Cristo que lo que de Cristo en este momento nosotros tenemos. Eso no reduce a Cristo, sino que nos reduce a nosotros. De hecho, lo que hace la adoración cristiana es que nosotros exaltamos a Cristo como que Cristo está en un lugar muy alto y nosotros queremos a Cristo, pero todavía reconocemos que no conocemos tanto a Cristo como podríamos conocerle y que la vida de Cristo no se ha manifestado en nosotros tan profundamente como nosotros deseamos que se manifieste. Y si usted entiende que ya llegó, ya llegó. Cuando un creyente entiende que ya tiene todo el conocimiento que se puede tener, toda la vida que se puede tener y toda la dirección que se puede tener, ya llegó. Y cuando un creyente se manifiesta pobre delante de su Dios, entonces yo creo que está en el camino de enriquecerse.

De hecho, nosotros deberíamos tener una santa insatisfacción, un pleito en nuestro corazón. Señor, yo sé que tú eres satisfactorio. Yo sé que tú eres glorioso. Yo sé que tú eres la verdad, pero mi corazón todavía no está satisfecho. No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios, creed también en mí.

Cristo ofrece instrucción, no solo empatía

Parece una desconsideración que a personas que se encuentran agobiadas y turbadas, Cristo le da una clase. De hecho, cuando uno se siente agobiado, lo que quiere es que le pasen la mano. Los discípulos se encuentran confundidos y el Señor no va y les abraza, el Señor les instruye. Hermano, la empatía tiene su lugar, pero la empatía no marca la diferencia. Cuando tú te sientes agobiado, tú andas buscando que alguien te entienda, pero mi entendimiento no marcará la diferencia. Cristo en este momento está haciendo algo que parece inoportuno y es que a un grupo de discípulos confundidos, agobiados y abatidos le va a dar una clase de teología. Y qué difícil es tomar una clase de teología cuando uno lo que quiere es sosiego. Hermano, el conocimiento de Cristo es tu sosiego. En la interiorización de quién es Jesús para ti está tu deleite. Y en esta profunda verdad, yo creo que está tu dirección.

No es un abrazo, no es empatía lo que nos hace falta. Lo que nos hace falta es interiorizar profundamente quién es Jesús para nosotros. No, ya yo le conocí, le estoy siguiendo hace dos años y medio. Yo sé, pero Jesús es más glorioso de lo que tú estás mirando. De hecho, el evangelio de Juan, la gente ve los evangelios y piensa que son ideas fragmentadas como un compendio de cosas. El evangelio de Juan termina de este mismo modo, termina en el capítulo 21 diciendo que estas cosas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.

Vida eterna: no solo futura, sino presente

O sea, que el propósito del evangelio no es solamente que tú seas salvo de la condenación, que seas salvo de la muerte, sino que tú llegues a tener vida en el nombre de Cristo. Yo fui salvo de la condenación eterna cuando era muy joven, pero he llegado a ser satisfecho, relativamente satisfecho, a través del tiempo. Usted puede ser salvo, realmente salvo. Sus pecados pueden estar clavados en la cruz del calvario y vivir a blanco y negro. Sin embargo, uno interioriza el evangelio y estas cosas se han escrito para que creyendo tengáis vida en su nombre. O sea, que en el nombre de Cristo nosotros tenemos algo más que el triunfo sobre la muerte. Tenemos algo más que esperanza eterna. No solamente tenemos vida eterna. Escucha, el término vida eterna no significa solamente vida futura. Lo que significa vida eterna es una vida permanente. Es algo que va desde el tiempo presente y hasta la eternidad. De forma tal que un creyente no es una persona que camina en esta tierra solamente diciendo, «Yo soy salvo de la condenación», sino que está diciendo, «Yo también soy salvo de la intrascendencia, soy salvo de la insatisfacción, soy salvo de gastar mi vida en cosas que no producen nada para la eternidad, pero tampoco nada para el presente.» Ahí es que está la perfecta salvación. Amén.

De hecho, entender eso para mí marcó una diferencia, porque yo había sido salvo y yo creía que era salvo porque mis pecados habían sido perdonados y me iba a sentar en una piedra a vivir a blanco y negro, a esperar que Cristo venga. Cuando yo entendí esta verdad y es que tengo vida en su nombre, yo entendí que la vida es algo más que la esperanza de vida eterna. Es vida desde ahora y hasta la eternidad. Amén. Y cuando uno asume la vida cristiana con una perspectiva mucho más alta, una expectativa exaltada, la fe de uno se vuelve una fe contagiosa y los otros quieren saber lo que hay en el corazón de uno.

Le decía que el sábado le estaba predicando a un grupo de jóvenes y yo le decía a ese grupo de jóvenes que lo que yo recuerdo cuando vine a Cristo es que en mi corazón hubo satisfacción. Y le decía, hermano, no me da vergüenza decir todo eso como medio doblado, porque es que yo durante muchos años vivía así como sin ganas, sin gusto.

Pero cuando yo llegué a entender lo que era la vida de Cristo, comencé a mirar hacia delante y mi vida dejó de ser una vida blanco y negro y yo tuve verdadera satisfacción de forma tal que me ahorré la tarea de estar safaconeando por el mundo, buscando satisfacción donde satisfacción no hay. ¿Qué es lo que tiene un creyente? ¿Qué es lo que tiene un cristiano? Es una ventaja competitiva enorme. Nosotros hemos llegado a la fuente y la fuente es Cristo. Cristo es el camino. Él es la verdad y es la vida.

En el camino, la verdad y la vida se puede resumir todo lo que un ser humano necesita desde ahora y hasta la eternidad. Amén. De forma tal que si una persona todavía no tiene a Cristo, su vida está en blanco y negro y tiene razones para andar como un poco apagado. Recuerda que Cristo no le está hablando a nuevos creyentes, le está hablando a creyentes que habían conocido a Cristo, pero no habían interiorizado el evangelio de Cristo.

Despertar el apetito por Cristo

Y si el Señor me concediera hoy animarte a abrirte el apetito solamente, escucha. ¿Qué espera el predicador? El predicador espera no necesariamente que tú interiorices hoy esta verdad, sino abrirte el apetito, que tú sientas que te estás perdiendo de algo, que tú digas, «Cristo ahí se ve en 4D.» Y yo siento que todavía tengo que estar moviendo la antena para sintonizar a Cristo. Tú dices, «Ahí Cristo se ve en alta resolución, pero en mi corazón todavía Cristo no se ve así. Yo sé que soy salvo, pero yo también quiero ser gozoso. Yo también quiero ser pleno, yo también quiero sentirme dirigido. Yo quisiera caminar sobre esta tierra como que sé para dónde voy de forma tal que deje de ser distraído por diferentes caminos, porque Jesús es el camino, él es la verdad y él es la vida.

Les decía que parece una desconsideración darle una clase de teología a quienes se encuentran confundidos, a quienes se encuentran agobiados, pero realmente eso es lo que tú necesitas. Es la persona que va al hospital, le van a atender y él quiere que le den abrazo. Vamos a darte medicina, vamos a suturarte, vamos a darte lo que hace falta, date el tratamiento médico porque lo que tú necesitas es salud. Tú andas buscando muchas cosas, pero tú lo que necesitas es a Cristo. Y tú crees que necesitas tanto eso porque todavía tú no has visto a Cristo como Cristo ha de verse. Mientras más glorioso se ve a Cristo, mientras más satisfactorio se vea a Cristo, menos van a estar tus ojos mirando otra cosa.

Recuerda, es un versículo corto dado por un grupo de discípulos agobiados que habían conocido verdaderamente a Cristo, pero no habían conocido profundamente a Cristo. Y son dos cosas distintas. Tú puedes conocer verdaderamente a Cristo, pero conocer verdaderamente a un Cristo parcial, no haber interiorizado a Cristo tanto como deberías. Y esta es la tarea de la vida de uno.

El «Yo Soy»: la deidad de Cristo

De hecho, el término con que Jesús comienza a presentarse, yo digo, «No, pero Jesús quiere echar ahora a los discípulos a poner los lápices a pelear.» Dice el seis, Jesús le dijo, «Yo soy el camino.» Yo me imagino que algún discípulo teólogo dice, «Aquí viene de nuevo la misma cosa. Yo soy.» Uno escucha ese yo soy y para nosotros eso es una palabra, dos términos, yo soy. Pero a un judío tú le pones un yo soy como ese y hay que pelear con él. O sea, que tú ves que estoy confundido y tú me vas a dar de nuevo en la misma herida. Tú vas a rascar de nuevo el mismo tema. Así es que es el tema. Para que Jesús sea satisfactorio para ti, tú necesitas creer que Jesús es quien Jesús realmente es. Y a menos que tú veas a Cristo como Cristo es, Cristo no va a ser para ti ni el camino, ni la verdad, ni la vida. De forma tal que si tú vas a luchar con una cosa, lucha con esta primero. Si Cristo es tu remedio, tú deberías creer que realmente Cristo es quien él es. Y ese yo soy para las personas que lo estaban recibiendo tenía todo el sentido del mundo. Es una palabra muy corta, pero una palabra muy ofensiva.

Era el término con que Dios se había presentado en el Antiguo Testamento. Cuando Moisés se encontró con la zarza ardiente, él le dijo, «¿Qué le diré al pueblo de Israel, que quién me mandó?» Y saben lo que le dijo: «Dile que yo soy te envió.» Señor, tú sabes que estamos afligidos, ¿verdad? Sabes que estamos agobiados, estamos turbados, ¿no hay un tema menos denso para que pasemos esta última semana? ¿No hay una cosa un poquito más ligera? ¿Alguno de ustedes no toca algún instrumento musical que pueda como hacer unos cuantos tonos para la atmósfera?

Vamos a hablar de los temas importantes. ¿Quién es Jesús para ti? Si él es tu camino, quiero saber quién es ese camino para ti. ¿Tú realmente has creído que Jesús es el yo soy? Que ese que se encarnó y en este momento está hablando con unos discípulos en la calle de lo que conocimos como Palestina, es realmente Dios hecho hombre.

La pregunta es retórica, pero respóndela. Ah, porque vamos a decir, es muy bonito decir, Jesús es el camino, es la verdad y la vida. El asunto es si tú crees que Jesús es el yo soy. Ey, ¿tú crees que el que le está hablando a su discípulo fue el mismo que le habló a Moisés? ¿Tú crees que fue el mismo que habló desde la montaña cuando la montaña soltaba fuego? ¿Tú crees que fue el mismo que le dio la ley? Él está diciendo, «Yo soy.» Y después dice, «El camino, la verdad, la vida.» La gente predica el texto, arranca por el camino; arranca por el yo soy. Porque cualquier filósofo anda buscando camino, verdad y vida. Ahora lo que ellos no andan buscando es un yo soy. Ey, ¿tú realmente has creído que quien te salvó a ti fue el mismo que salvó a Israel de Egipto?

Jesús dijo, «Ese yo soy.» No, eso fue… La gente piensa, y es verdad, hermano, uno a veces como predicador se dedica como pareciera un filólogo a hablar de los términos del significado en el hebreo y en el griego y en la minucia, en los peritos técnicos. Pero esto no es un peritaje técnico, este es el evangelio. Jesús reiteradamente y consistentemente se presentó como el yo soy, de forma tal que ese yo soy baña el evangelio de Juan. Él dijo, «Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tiniebla.» El yo soy. Después dijo, «Yo soy el que doy testimonio de mí mismo y el Padre que me envió da testimonio de mí.» Yo soy. «Yo soy la puerta. El que en mí entrare será salvo y entrará y saldrá y hallará pastos.» Yo soy. «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.» Yo soy. «Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador.» Y ahora dice, «Yo soy el camino, la verdad y la vida.»

El yo soy importa. Jesús no es un maestro. Jesús es el maestro. Él es singular, único, irrepetible. Es Dios hecho hombre. El mismo que nos dio la ley en el Antiguo Testamento fue el mismo que se hizo hombre, nació y en este momento nos está hablando. Y cuando Cristo es tomado como él realmente es, entonces él para ti puede ser un camino que sea satisfactorio, una verdad que sea satisfactoria y una vida que sea satisfactoria. Porque Platón dijo muchas cosas, pero nunca dijo un yo soy como este. Con todo el respeto para Platón, Sócrates, Aristóteles y los contemporáneos. Razona, hermano, un poquito esto. ¿Quién es Jesús para ti? Y si Jesús es para ti quien Jesús dice que es, yo creo que Jesús para ti puede ser más satisfactorio de lo que ha sido hasta este momento, puede ser más glorioso de lo que ha sido hasta este momento. Y la lucha de un creyente está en encontrar su gozo, su dirección, su satisfacción en el lugar correcto. Y el lugar correcto es en el yo soy. Si él es quien dijo que es, entonces hará en mí lo que él dijo que haría. Amén.

Yo estoy, hermano, en un pleito abierto contra mí mismo. Yo no estoy peleando contigo. Yo estoy en un pleito abierto contra mí mismo, porque yo quiero encontrar todo mi deleite en el lugar donde dice que este deleite debe venir. De forma tal que cada vez que me encuentro buscando satisfacción, trascendencia, realización en otras áreas que no sea en Cristo, entonces yo me devuelvo. Yo digo, eso puede ser relativamente satisfactorio, pero Cristo es verdaderamente satisfactorio, plenamente satisfactorio. Y alguien me dirá, «No, pastor, usted está hablando de eso, pero yo todavía no lo siento.» Tomás tampoco lo sentía y por eso se quejó. A lo de Tomás.

«Tomás 2.0»: la sinceridad del creyente insatisfecho

Ey, ey, ey, Señor, aquí hay uno en el siglo XXI. Tomás 2.0. Aquí estoy yo. Yo tengo tiempo escuchando estas cosas. Yo soy cristiano. Yo hice la oración del pecador, yo me bauticé y todas las cosas, pero mi corazón todavía no está todavía. Ay, hermano, yo creo que eso no ofende, sino que eso glorifica a tu Dios. Es un creyente sincero que va en oración a la presencia de su Padre y le dice, «Señor, yo soy nominalmente un cristiano, pero soy un cristiano insatisfecho. Soy un cristiano que todavía está buscando sus cosas fuera de ti.» Y yo quisiera que en el yo soy encuentre mi corazón lo que tú dices que mi corazón puede encontrar en él. Y yo sé que tú eres satisfactorio, pero no he podido en este momento degustarlo, no he podido en este momento interiorizarlo. Yo no me lo estoy comiendo, Señor. Interesante que a Tomás no lo reprendieron ni a Felipe tampoco.

Hay una hermosura cuando un creyente toma esa resolución y es una resolución de beber en Cristo, aunque todavía no ve el agua. Señor, yo no lo estoy sintiendo, pero yo quiero sentirlo. Amén. Yo todavía no estoy gustando de eso. Mi paladar, mi pupila todavía no lo sienten, pero yo quiero sentirlo. Señor, yo estoy relativamente insatisfecho, pero no me voy a satisfacer con las cosas que me ofrece el mundo, sino que yo voy a esperar a encontrar en ti mi satisfacción.

Y por fe yo sé que en ti hay deleite. Amén. Y yo veo a otros que parece que ya lo vieron y yo no lo he visto. Hay gente que uno pasa tiempo con ellos y dice, «Él tiene algo que yo no sé qué es. A él Cristo se le ve y a mí no.» Yo quiero que a mí se me vea Cristo, que se me muestre Cristo, que yo pueda saborear a Cristo de forma tal que interiorice a Cristo. Me he quedado en el yo soy, hermano, pero es que ahí es. A menos que usted destape eso, ahí no va a correr el agua. Usted primero cree esa verdad, que Jesús es quien dijo que era, y después usted sale a buscar en Jesús las cosas que en él están.

El pleito principal es quién es Jesús para ti, porque si Jesús todavía es para ti, un ser histórico, una persona del pasado, un maestro, un filósofo, ¿quién es Cristo para ti? Si él es el yo soy para ti, entonces pasemos a lo siguiente. Él se está revelando con este nombre. Y ahora hay tres descripciones de su obra en nosotros. Ay, hermano, vuelvo a la misma cosa. Si su persona todavía no es para ti, lo que dijo que era la obra de Cristo, tampoco se va a percibir en ti como debe percibirse.

De nada sirve buscar cómo es Cristo para ti el camino, la verdad y la vida, si tú no has entendido que él es el yo soy. Primero su deidad y después su obra en ti. No ponga la carreta detrás de los caballos. Perdón, no ponga la carreta delante del caballo, póngala detrás, ponga el caballo por delante de la carreta. Cristo es el que trae tracción. La deidad de Cristo, la persona de Cristo, la singularidad de Cristo es lo que trae tracción a la obra de Cristo en nosotros.

El predicador también lucha

Y vuelvo y clarifico, hermano, lo que se ha vuelto para mí un hábito en los últimos 2 años. Cuando usted me escucha predicar estas cosas, no crea que es que Cristo se ve para mí todavía en todos los colores posibles. Todavía hay cosas que se ven como brumosas, pero yo las sigo buscando. No es que el predicador está viendo a Cristo más claramente que tú. Lo que hay en mí es una resolución a que Cristo sea tan satisfactorio como él dice que es. De forma tal que cuando otras cosas me atraigan, yo puedo decirle como le dijo Pedro, ¿a quién iré, Señor, si no a ti? Solo tú tienes palabra de vida para mí.

Yo no predico estas cosas como que yo estoy saboreando a Cristo con ese nivel de intensidad. No puedo falsearlo, hermano. Todavía yo lucho buscando mi satisfacción en cosas donde no hay satisfacción y yo por convicción sé que de ahí no sale la satisfacción. Y así de ridículo nos vemos. Yo mismo me burlo de mí. Ahí está Rafael Pérez buscando donde no hay. Deja de buscar ahí que ahí no hay. Deja de buscar allí que allí no hay. Busca en Cristo que en Cristo hay. Esa es la lucha del creyente. Buscar agua en pozo donde no la hay. Nube sin agua, le dice la escritura así mismo. No hay ahí. Aquí hay.

Aquí hay tres descripciones de su obra en nosotros. Y para que su obra ocurra en ti, tú deberías recibir primero su persona. Dice el seis, yo soy el camino.

Cristo es el camino: dirección y destino

Interesante que a cada cosa el traductor le puso una y delante. Esto más esto más aquello. Yo soy el camino y la verdad y la vida. Así como te digo que Cristo todavía en mí no es tan satisfactorio como yo quisiera que lo fuera, al mismo tiempo yo te puedo decir abiertamente que yo creo que Cristo puede ser satisfactorio para mí y que esto que está aquí, yo lo creo sinceramente, y que he alcanzado niveles de crecimiento en cada una de esas tres áreas. Yo he encontrado en Cristo dirección. He encontrado en Cristo la fuente del conocimiento y he encontrado en Cristo también satisfacción. Y así como digo que he encontrado, es una razón para seguir buscando en Cristo todo eso. Cuando aquí dice que Cristo es el camino, es que Cristo es nuestra única esperanza de dirección. Y el ser humano no puede vivir sin una brújula porque somos seres de dirección.

Nosotros necesitamos un sentido de ubicación. ¿Dónde estoy? ¿Cómo llegué aquí? ¿Hacia dónde estoy caminando? El ser humano necesita eso. Tú necesitas eso, aunque tú no sepas que lo necesitas. El ser humano no puede vivir sin un destino, no puede vivir sin una brújula, no puede vivir sin un GPS. Nosotros fuimos creados para ser dirigidos. Y cuando nosotros no hemos encontrado todavía la fuente de nuestra dirección, nos encontramos mareados, desubicados, temerosos. Si usted tiene dos ojos, está acostumbrado a ver, imagínese que por un momento usted tendría que vivir sin la vista, usted se sentiría un poco descolocado como a tientas. Y así andamos nosotros hasta que encontramos a Cristo.

De forma tal que cuando una persona llega a encontrar a Cristo, se siente más perdida que nunca y al mismo tiempo más ubicada que nunca. Yo no sé si eso se entiende. Cuando una persona llega a Cristo se siente como desubicada, como que estoy caminando en un mundo nuevo, pero este mundo por lo menos tiene señalización.

Usted aterrizó en un territorio que usted no conoce, pero al mismo tiempo usted puede ver que este territorio tiene como asuntos que son consistentes, como que van en una dirección. Usted nunca ha manejado aquí, se siente un poco temeroso, pero usted ve que aquí hay como una dirección concreta. Eso es Cristo. Cristo es el camino. Y cuando usted viene a Cristo, usted viene a Cristo después de haber estado buscando en otros lugares dirección y ha encontrado la dirección en Cristo. Y todavía probablemente usted esté un poco a tientas caminando en Cristo, pero está caminando hacia una dirección correcta y hay un sentido de avance.

Todos vivimos de acuerdo a algo, algún código, a una norma, a unos valores. Perdón, perdón, hermano, que uno se entusiasma. Quien aún no ha encontrado el camino, siempre está en modo exploración. Anda siempre buscando señal, anda siempre mirando para dónde caminan los otros y por donde va la multitud. Él quiere ir y después se da cuenta que en la multitud nadie sabe para dónde va, pero él va con la multitud.

El hombre sin Dios simula seguridad

Ese era yo cuando tenía 15 años buscando señal en diferentes lugares. Yo decía, «No, por ahí es, por aquí voy.» Y después, «Por ahí no, por aquí tampoco.» Y yo, «¿Hasta dónde voy a buscar?» Yo conocí a Cristo desde antes de los 15 años, pero en eso estaba yo buscando donde se movía el mundo, buscando alguna dirección. Alguien que me diga que por aquí vamos a llegar. Sí, vamos a llegar, vamos a llegar. Y estamos llegando, no sabemos, pero vamos a llegar, vamos a llegar. Por aquí se llega así.

¿Qué peso da cuando una persona en su juventud dice, «Sigan ustedes»? Pero Jesús ya yo sé que es el camino. Sigan buscando. Yo no puedo apagarle a la gente el GPS para que siga buscando. Sigan buscando, pero el que ya sabe para dónde va soy yo. Sentido de dirección. La mayoría de los hombres terminará siguiendo a alguien que parece que sabe para dónde va y ese que tú estás siguiendo tampoco sabe para dónde va. Dice la escritura que son ciegos, guías de ciegos. Todos lo hacemos. El ser humano anda buscando alguien que le represente, un líder. Yo creo que parte de lo que está afectando nuestro país en este momento es que los tres líderes históricos ya no están y la gente se ha quedado sin dirección porque la gente decía, «No, yo sigo a fulano.» Y como que voy por ahí. Y ahora se ha dado cuenta que estamos dando vuelta y todo el mundo tanteando.

Jesús dijo, «Yo soy el camino. Eso que tú estás buscando está en Cristo.» Un sentido de dirección, un sentido de ubicación, un sentido de propósito, un sentido de avance, un sentido de destino. Algo importante que uno tiene cuando uno viene a Jesús es que realmente uno se siente dirigido y uno se siente destinado. Ya uno sale de la improvisación.

¿Cuáles son las alternativas fuera de Cristo para un camino? Recuerda que el ser humano no puede vivir en el vacío. Aún el que no sepa para dónde va, él simula que está llegando. Siempre fui muy desubicado, sobre todo en el transporte público, y frecuentemente me dormía en la guagua y cuando me pasaba a mí me daba vergüenza que me vieran como desubicado. Yo iba para la 8 y medio de La Mella y no pedía la parada. Al Almirante llegaba y yo mapeaba con actitud en la guagua. Claro, pues si ya me pasé, si yo iba para Lucerna, ya por el Almirante. Dos cuadras más marcan la diferencia. Entonces yo me despertaba primero, veía que ya me había pasado y con actitud yo decía, «Chófer, me deja la próxima parada.» Como que yo sé para dónde voy. Hace rato que me pasé y ya voy por el Almirante.

Ese es el hombre sin Dios. El hombre sin Dios siempre está simulando una seguridad. Yo estoy muy ordenado, yo sé para dónde voy. Yo tengo mi vida controlada. Dice la escritura en Proverbios 3 del 5:

Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová y apártate del mal, porque será medicina a tu cuerpo y refrigerio para tus huesos.

— Proverbios 3:5-8

Cuando uno viene a Cristo, uno dice, «Ya yo no tengo que simular. Yo probablemente esté un poco mareado todavía, pero por lo menos yo soy un mareado que sé para dónde voy.»

Hay otros que son orgullosos, altivos, no quieren mostrar que estaban tanteando. Está visto el que le mandan a su trabajo y él no sabe lo que está haciendo y dice que está resolviendo y con una seguridad y una cosa. Busca un youtuber que le enseñe. Ya la gente no lee tutoriales, sino que usted busca un youtuber que le diga cómo es. Pero la gente con una seguridad dice que sabe lo que está haciendo. Tú no sabes lo que estás haciendo. Ey, el hombre sin Dios vive durante años en esta tierra sin saber claramente lo que está haciendo ni por qué lo está

La exclusividad de Cristo como camino

haciendo. Y tú miras para atrás y tú dices, «¿Por qué tú tomaste esa decisión? ¿Y cómo esa decisión hacía sentido? ¿Y cómo tú sabías que eso era bueno?» No, yo estaba improvisando, pero con una seguridad que improvisan que parece que saben para dónde van. Hay que ser humilde, decir, «Señor, yo no sabía para dónde iba. Yo estaba dando vuelta aquí, me iba por ahí, me iba por allá hasta que llegaste tú. Y cuando llegaste tú, yo tenía un norte hacia donde estaba caminando.» De forma tal que yo digo abiertamente que Jesús es el camino.

No te apoyes en ti mismo. Dice también el mismo proverbio, no seas sabio en tu propia opinión. Teme a Jehová y apártate del mal, porque será medicina a tu cuerpo y refrigerio para tus huesos. Qué bonito se ve una persona que sabe para dónde está caminando. Tú dices, él no anda de manera estrafalaria, él no anda de manera muy pomposa, pero él anda como con dirección, como que él sabe para dónde va. El camino de un creyente en esta tierra no es una línea derecha, puede ser un camino zigzagueante, pero hay una tendencia, hay una dirección, hay un norte.

Probablemente él tenga que bordear obstáculos, desviarse por tramos cortos, pero él sabe para dónde va. Eso es un creyente que encontró que Cristo es su camino. ¿Cómo viven los que no tienen a Cristo? El primero, un camino de autosuficiencia. Otro de autosalvación, aún otro vive en el camino del relativismo. Dice, «Nadie sabe para dónde va, nadie está llegando. Todos estamos en lo mismo.» No, no estamos todos en lo mismo. Cuando yo llegué a Cristo, una de las cosas que yo vi es que no todos estamos en lo mismo. Porque el mundo quiere vivir eso como, no, esto es una improvisación, todo el mundo está improvisando, nadie sabe. Por algún lugar se llega; no, no se llega; no, que no importa. Mira, yo estoy aquí, yo voy a llegar. Tú no vas a llegar por ahí. Cristo es exclusivo. Él dijo, «Y nadie viene al Padre si no es por mí.» O sea, que no hay cuatro caminos, no hay cinco caminos. Se ve tan bonito eso.

Hay un youtuber que estaba mirando entrevistas, celebridades, filósofos y demás. Él iba a hablar con una persona que cree en Dios o en lo que él entiende que es Dios. Y él hizo una introducción como de 3 minutos explicando por qué él tiene la necesidad de justificar que va a entrevistar a una persona que cree en Dios. Pero él quiere mostrar que él es inclusivo, expansivo. Él cree en Dios, pero esto no es religioso. Él cree en Dios, pero tal cosa. Yo dije, «Pero déjalo hablar, déjalo hablar.» Lo que pasa es que no admiten que realmente hay gente que cree que solamente hay un camino. Y lo que es distintivo del creyente y lo que ofende del creyente es que nosotros no podemos imponerle eso al mundo, pero tampoco podemos comprarle la locura al mundo de que por cualquier lugar se llega. Porque esa no es la parada de San Juan, sino la de Samaná. Y San Juan y Samaná no van en la misma dirección. Ah, pero hay gente que va en una guagua rumbo a Samaná y dice que va para el sur. Y hay gente que va para la casa del Padre por el camino incorrecto.

Yo soy el camino y la verdad y la vida. Singular, singular, singular. Y después dice, «Todavía no lo han entendido. Nadie llega al Padre si no es por mí.» Se volvió loco. Eso es mentira. Tírenle piedra. Esa es la realidad. Decirle a un mundo incluyente que Cristo es excluyente, ofende. Y en ese relativismo probablemente vivías tú. Te he dicho solamente su nombre, el yo soy, y después que él es el camino.

Cristo es la verdad: conocimiento confiable

Perdón, él dice, «Yo soy la verdad.» Alguien dirá, «A mí la verdad no me importa.» Dice que no le importa, que no piensa en la verdad. A todos nos importa. Lo que pasa es que cuando tú no tienes la capacidad de poder discernir algo, te sientes tan mareado, tan confundido, que ni siquiera lo intentas, pero a ti te importa la verdad. Nadie quiere sentir que gastó 10 años de su vida en algo que no iba para ninguna parte. Y si usted ha sido estafado en algún momento, yo creo que usted puede tener empatía. Y no hablo de las estafas más dramáticas, pero todo el que ha sido estafado en algún momento con algo puede sentir el desperdicio que tú sientes, haberle invertido tiempo a algo que no era verdad.

Este mundo está lleno de estafas, estafas filosóficas, estafas religiosas, estafas intelectuales. Y cada vez que una persona se siente estafada, lo más impresionante es eso. Ahí veía yo un documental de cómo funciona la estafa y frecuentemente las personas que fueron estafadas, aún después que la estafa se hace evidente, siguen defendiendo al estafador. Ellos todavía dicen, no, mira, realmente él estaba bien intencionado, lo que pasa es que no le dieron el tiempo suficiente. Ya soltaron a Mantequilla, hermano. Y había gente esperando a Mantequilla. Dicen que cuándo es que va a salir Mantequilla porque yo tengo aquí unos cuantos pesos que podría invertirle.

Impresionante. En este mundo de engaño, de injusticia y maldad, los seres humanos andan engañados y siendo engañados en eso que andan. Y aquí hay una comunidad singular de gente que no es más grande que ellos, ni más inteligente que ellos, ni más sabia que ellos, que providencialmente ha sido salva y ha visto el evangelio diciendo que ellos ya encontraron la verdad. Y tú no puedes persuadir a los otros de que eso es una estafa, déjalo en su efervescencia. Pero tú debes humillarte y persuadirte a ti mismo de que gastaste mucho tiempo en lugares donde no había y buscando cosas de donde no salían. De forma tal que cuando un creyente dice que Cristo es la verdad, en eso hay un sentido de descanso. Es decir, por fin yo llegué a un punto donde no voy a ser engañado, donde no voy a ser estafado. Si Cristo es la verdad, sus promesas son ciertas, son verdaderas. Lo que él dice es cierto.

Recuerda que somos seres racionales, necesitamos discernir. Aún el que dice que no tiene un código lo tiene. Miren, el tigre del barrio, él siente que tiene un conocimiento superior. El tigre es tigre porque él se cree más sabio que la media. O sea, los seres humanos necesitamos o por lo menos pretendemos creer algo, tener un conocimiento superior, poder saber, no, a mí nadie me engaña, yo sé, porque tú piensas que tú tienes conocimiento. Hay muchas alternativas para esto fuera de Cristo. Mencionaré dos.

La ciencia sin Dios está llena de engaños. Ciencia y tecnología se parecen. La tecnología sin Dios está llena de engaño. Yo he mencionado eso en los últimos años, vez tras vez, vez tras vez. La religión predominante en nuestros días es la electrónica de consumo, un dispositivo que te va a cambiar la vida, que cuando tú te lo pongas te va a sentir relevante, importante. Eso lo promocionan y cuando la gente hace fila para comprar ese dispositivo y cuando usa ese dispositivo, se siente como superior, trascendente, importante.

La marca es la religión de nuestros días. Y cuando ya tú consigues con qué comprar esa marca, ya no era esa, sino la otra. Y siempre estamos como tarde. Los seres humanos andamos buscando fuera de Dios lo que solamente en Dios se puede encontrar. Trascendencia, relevancia, importancia, deleite. Visto la capacidad que tiene la tecnología para hastiarnos. Tú dices, «Ya yo vi eso.» Okay. Lo otro y lo otro. Y recuerdo, wow, salió una plataforma nueva, vamos a ver lo que tiene. Y al poco tiempo, como ya no encuentras qué ver, compraste el dispositivo, no lo has terminado de pagar y ya te abrumó. Ya tú abres los cajones en tu casa y encuentras esos dispositivos que te ofrecían en otro momento darte satisfacción, darte tranquilidad, darte plenitud y tú dices, «Todos me dejaron insatisfecho.»

Y los avances científicos, hermano, vaya atrás en la ciencia y usted se va a dar cuenta cómo vamos de desencanto en desencanto. Y cada vez, oh, oh. Y después en el mismo punto, el mismo punto. No está mal la ciencia, no está mal la tecnología, lo que está mal es buscar fuera de Cristo lo que solamente en Cristo puede encontrarse. Él es el camino, pero también él es la verdad. Él es una fuente confiable de conocimiento. La parte que a mí más me habla de esta porción era la tercera descripción.

Cristo es la vida: plenitud, no solo pulso

Esa fue la que a mí me pastoreó especialmente. Él dijo, «Yo soy el camino y la verdad.» Pero esa, hermano, esa a mí me habla profundo. Es la vida. Y aquí me pongo, hermano, un poco técnico, pero por necesidad. Solamente clarifico que cuando en el evangelio de Juan aparece la palabra vida, no está hablando de vida solamente como signos vitales, pulso, como le tomaron el pulso. Sí, está vivo. Ah, okay. Eso no, es un término mucho más profundo. El término original es zoé y transmite más allá que existencia física. Es un término muy rico, pues describe una persona que ha encontrado algo que no solamente permite que tenga pulso: trascendencia, deleite, significado. De hecho, dice que la vida, él era la vida y la vida era la luz de los hombres. Vida es algo que está en Dios y que Dios se lo comunica a la criatura.

Y usted, imagínese lo pleno que debe sentirse estar en la presencia de Dios. Y eso que él tiene en la presencia, él se lo pone a su criatura. De forma tal que cuando Cristo es eso para ti, tú no solamente dices, yo tengo tiempo por delante. No. Tengo deleite por delante, satisfacción por delante, relevancia por delante, trascendencia por delante. Es una persona que no solamente tiene pulso, es una persona que realmente tiene aquello que estaba en Cristo.

Yo creo que ningún ser humano se conformaría solamente con tener vida física. Decir, «Tengo pulso.» Usted no quiere tener pulso. Usted quiere tener satisfacción, quiere tener deleite, plenitud. Lo que Cristo está diciendo cuando él dice que él es la vida es que él es la plenitud, que eso que tú estabas buscando en otra parte está en él. Porque cuando él llamó a sus discípulos tenían pulso todos ellos, pero no tenían vida en este sentido. ¿Y cuál es la diferencia entre un creyente ahora y lo que era la vida de ese creyente antes? Que él tenía vida física, pero esta vida que él ha encontrado en Cristo es algo mucho más profundo que la vida física. Es un sentido de satisfacción profunda, de plenitud, de realización, de trascendencia. Es lo que ha habido eternamente en el Padre y también en el Hijo, que en este momento también ha sido colocado en nosotros, hermano. Es el adorno en la vida cristiana. Una persona que sale ya de lo meramente biológico dice, «Ya esto no es solamente biología. En mí hay algo que va más allá de la biología. Es un sentido de profundidad, de trascendencia, de relevancia.»

Es verdad que significa vida natural, pero la vida natural la tenemos todos los seres vivos. Significa también ese tipo de vida singular que tienen el Padre y el Hijo. Dice Juan 5:26 que el Hijo tiene vida en sí mismo y el Padre también tiene vida en sí mismo. Hay una vida superior que se encuentra en él. No es que yo crea estas cosas y no las sienta, yo lo creo. Yo lo creo, pero también quiero sentirlo. Y ese tipo de vida yo quisiera experimentarlo y que tú lo experimentes también.

Reflexiona ahí un poco, hermano. ¿Qué tan satisfactorio es el evangelio en este momento de tu vida? Reflexiona. Para ti el evangelio es algo que solamente te salvó del castigo eterno, o tú crees que te estás salvando también para una vida trascendente? ¿Hasta qué punto estás esperando en Cristo? ¿Estás esperando en Cristo para el más allá o también estás esperándolo para aquí y ahora?

Fuera de Cristo las personas andan buscando eso. Los seres humanos tenemos como un rumor, un vestigio de que debe haber algo más profundo. El ser humano no se conforma solamente con estar vivo. Todo el que está vivo dice, «Yo me estoy perdiendo de algo.» Dice, «¿De qué te estás perdiendo?» Yo no sé lo que es, pero en algún lugar debe haber algo de lo cual yo me estoy perdiendo, porque pareciera que en la conciencia de nosotros hay reminiscencia de que fuimos creados para un tipo de vida más alto que el tipo de vida que estamos viviendo.

Ni la terapia ni el turismo llenan ese vacío

Yo quizás no pueda verbalizarlo, tú no puedas verbalizarlo, pero hay un rumor en nuestro corazón que nos dice que fuimos creados para algo más. Y ese algo más los creyentes por lo menos sabemos dónde está. Ey, eso es lo que hace un creyente, una persona que dice, ese deseo que hay en tu corazón, que tú no sabes ponerlo en palabras, de saber qué es lo que te hace falta, lo que tú necesitas, te voy a ahorrar 5 años de terapia, yo sé dónde está. No, no, para las otras cosas vaya a la terapia. Pero la terapia no satisface eso. Es que la gente dice, «Pero es que ya yo he logrado lo académico, ya he logrado los estudios, el reconocimiento, he viajado, otro viajecito, que ya yo me doy cuenta que en el viajecito como que no lo voy a encontrar, como que es más de lo mismo, al final quiero volver a dormir en mi cama.» Es que tú lo que necesitas no lo vas a encontrar en un destino turístico exótico, lo vas a encontrar en Cristo porque él es tu vida. Y cuando Cristo nuestra vida se manifiesta, entonces tú vas a tener eso que estamos diciendo que se puede tener.

He estado mostrando el yo soy y después las tres cosas que Cristo es para nosotros. El yo soy no necesita de ti para serlo. Él es lo que es, tú lo quieras o no lo quieras, tú lo entiendas o no lo entiendas, pero las otras tres cosas tú deberías quererlas. Y recuerda mi expectativa. Mi expectativa no es que tú lo tengas en este momento, sino despertar el apetito en ti de forma tal que puedas esperarlo, que puedas clamar por eso, que puedas buscarlo en Cristo. Que este pleito en el cual yo estoy inmerso conmigo mismo, de forma tal que Cristo sea tan satisfactorio como Cristo dice que es, que tú también lo estés teniendo en tu corazón, que tú digas, «Yo quiero tener la vida de Cristo en mí.» Pareciera que ya lo dijo todo, pero él quiere mostrarte ahora que esto es singular.

Nadie viene al Padre sino por mí

Qué único. Cualquier cosa buena que hay en esta tierra es una expresión de algo que estaba primero en el Padre. Porque Dios es bueno. Y Dios que es bueno ha hecho una creación que es buena y ha hecho una expectativa de bondad en todos nosotros. La última parte del versículo dice así, interesante. Yo lo tengo subrayado en mi Biblia. Nadie, y nadie viene al Padre sino por mí.

¿Cuál es la necesidad principal que hay en esta creación? Si usted le pregunta a las Naciones Unidas, le va a decir que hay una. Si le pregunta a la FAO, le va a decir que hay otra. Si usted le pregunta a UNICEF, UNICEF le va a dar otra necesidad. La necesidad principal que hay en esta generación es que nosotros, los seres humanos, fuimos creados para vivir en comunión con Dios. Y algo sucedió que nos separó de Dios. Y cuando nos separó eso de Dios, perdimos toda capacidad de encontrar deleite, plenitud o trascendencia. Se quebró algo y hasta que eso que se quebró no se restaura, el ser humano se siente como en una orfandad permanente generación tras generación. Nosotros fuimos creados para vivir en comunión permanente con nuestro creador. De forma tal que en el libro de Génesis encontramos que Dios el Padre se paseaba en medio del huerto y hablaba directamente a sus criaturas. Y la necesidad principal que tienen todos los seres humanos de todas las épocas, de todas las regiones, de todas las naciones, es volver a tener comunión con Dios el Padre, pues esa comunión se fracturó.

El drama de la creación es ese. La historia de la redención es esa. Hasta Génesis capítulo 3, todo era bueno en gran manera. Después nuestros padres pecaron y cuando pecaron fueron separados de la presencia de Dios. Y ellos que antes podían interactuar con Dios, hablar con Dios y Dios se paseaba en el huerto, entonces se escondieron, se sintieron avergonzados y Dios tuvo que irlos a buscar. Y uno dice, «Wow, pero realmente hace falta desde Génesis capítulo 3 hasta el evangelio documentar en extenso lo que es el esfuerzo del hombre para volver a tener comunión con Dios por su propio medio sin lograrlo.»

Evidente que el Señor quería que nosotros sintiéramos nuestra incapacidad, nuestra impotencia. Es la torre de Babel. Hagamos una torre cuya cúspide llegue al cielo, porque andamos buscando en esta orfandad espiritual en la cual vivimos volver a tener comunión con Dios. Y la comunión con Dios no la tendremos por nuestros propios medios. Yo soy el camino, yo soy la verdad y yo soy la vida. Y nadie viene al Padre si no es por mí. La ciencia no te va a llevar al Padre. La filosofía no te va a llevar al Padre. El avance tecnológico no te va a llevar al Padre. Tu esfuerzo moral no te va a llevar al Padre. Y nadie viene al Padre si no es por mí. ¿Por qué queremos ir al Padre? Porque el Padre es la fuente de todo lo bueno. Él es bueno y todo lo que hace es bueno en gran manera. Y nosotros fuimos diseñados para esa bondad. Nosotros fuimos diseñados para ese nivel de plenitud de forma tal que fuera de Dios siempre nos encontraremos insatisfechos.

El dolor más grande en el mundo es esa orfandad por rebelión. Tú fuiste creado para vivir en paz con Dios, en deleite constante, en comunión con la fuente de la vida, pero estás separado de Dios a causa del pecado. Y Cristo es el único camino posible al Padre. Él es la única vía posible para tu satisfacción, para tu conocimiento, para tu verdad. Si hay algo bueno en esta tierra, es reminiscencia de algo que Dios hizo.

Ese es el arco de la historia. Lo leo rápido. Primero, la creación. Fuimos creados para vivir en comunión con Dios en un entorno ideal donde todo era bueno en gran manera. Luego vino la caída. Nuestros padres le creyeron la mentira a la serpiente. Intentaron buscar conocimiento y satisfacción sin Dios. Y a causa de eso vino la rebelión y la caída, el justo castigo de Dios. Después viene la restauración. Cristo resuelve el problema del pecado y nos vuelve a traer a una comunión con el Padre. Eso que Felipe deseaba, lo deseo yo también. Muéstranos al Padre y nos basta. Ahí sí, el Padre, ¿verdad? Claro, porque de ahí es que viene lo bueno, de ahí es que viene el deleite. Si algo bueno en esta tierra vino del Padre, yo quiero que tú me muestres al Padre. Tanto tiempo han estado conmigo y todavía no lo han visto. ¿A quién han visto? Han visto al Padre.

Y una esperanza de consumación. Cristo ha prometido que volverá otra vez para consumar todas las cosas y devolverlas a su estado original. Buena en gran manera. Esa expectativa de dirección, esa expectativa de conocimiento, esa expectativa de satisfacción solamente se encuentra en Cristo, porque Cristo es el único camino posible hacia el Padre. Estas no son cosas que tú te instalas, como que tú tomas eso y te lo llevas a tu casa. A ti lo que te instalan es comunión con Dios a través de Cristo. Y en esa comunión está tu dirección y en esa comunión está tu verdad y en esa comunión está también tu deleite. ¿Cómo se lee el evangelio?

El evangelio en este texto

¿Cómo se ve el evangelio? El evangelio es la buena noticia de que Cristo ofrece descanso al corazón turbado. En él el extraviado halla camino, el confundido halla verdad y el vacío halla en Cristo vida. No se trata solamente de una enseñanza moral o de una promesa futura, sino de una realidad presente y también palpable. Una comunión viva con Dios que renueva todas las áreas de la vida. Por eso él dijo en el versículo 1, «No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios, creed también en mí.»

Hermano, si tú te encuentras relativamente insatisfecho, este es tu momento. Si tú puedes reconocer que hay en ti vestigio de plenitud y hay en ti un rumor de que debe haber algo bueno en alguna parte, este es tu momento. Aquí está Cristo. Mientras Cristo está siendo predicado, todavía hay oportunidad de restaurar esa comunión con el Padre que se fracturó. Y cuando esa comunión con Dios se restaura, entonces la plenitud y los colores vuelven a la vida del ser humano. Oro por la iglesia para que se rebele contra sí misma en vez de rebelarse contra Dios y para que luche el pleito que todo creyente debe luchar para que Cristo sea tan satisfactorio para nosotros como Cristo dice serlo. Que la pregunta de Tomás y el anhelo de Felipe sea una realidad presente para todos nosotros.

Gracias, Señor, por tu palabra.