Lectura del pasaje
Estén conmigo en el libro de Éxodo, en el capítulo 35. Estaré leyendo la Sagrada Escritura, libro de Éxodo, en el capítulo 35 a partir del versículo 4. Hasta aquí el Señor nos ha ayudado y hemos estado acompañando al pueblo de Israel en esta jornada por el desierto.
Y habló Moisés a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: «Esto es lo que Jehová ha mandado. Tomad de entre vosotros ofrenda para Jehová; todo generoso de corazón la traerá a Jehová: oro, plata, bronce, azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras, pieles de carneros teñidas de rojo, pieles de tejones, madera de acacia, aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático, y piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y para el pectoral.» […]
Y vino todo varón a quien su corazón estimuló, y todo aquel a quien su espíritu le dio voluntad, con ofrenda a Jehová para la obra del tabernáculo de reunión. […] De los hijos de Israel, así hombres como mujeres, todos los que tuvieron corazón voluntario para traer para toda la obra que Jehová había mandado por medio de Moisés que hiciesen, trajeron ofrenda voluntaria a Jehová.
— Éxodo 35:4-29 (selección)
El pacto restaurado y la gratitud de Israel
¿Recuerdan que la última vez que nos vimos encontramos al pueblo de Israel fabricando un becerro de oro para producirse su propio culto? En aquel momento vimos el castigo del Señor sobre Israel, pues habían adulterado el pacto. Estos capítulos van muy rápido, pero cada uno de ellos menciona asuntos que son muy valiosos. En el capítulo 35, por ejemplo, el pacto fue restaurado y había gran entusiasmo en Israel. El Señor no les pagó como le correspondía, sino que les mostró también gracia.
Las últimas semanas hemos visto al Señor cuidando de Israel en todos los detalles. Vimos al Señor proveyendo para Israel agua. Vimos a Israel comiendo codornices provistos por Dios. Vimos un oasis. Después vimos cómo el Señor le dio victoria sobre sus enemigos.
Después el Señor le dio la ley y entró con ellos a iniciativa suya en relación de pacto. E Israel entonces faltó al pacto y el Señor le respondió con gracia. Esos capítulos son necesarios para llegar al capítulo 35, pues vemos a la nación de Israel ofrendar al Señor generosamente, de buen corazón, con alegría, se puede decir. Pero esto no fue un asunto espontáneo, es la respuesta pertinente a la gracia, sustento y provisión del Señor constante desde que la había sacado de Egipto. La gente ve capítulos como este y piensa como que era que el pueblo estaba alucinando, ¿no? El pueblo estaba agradeciendo, que es diferente. El Señor con fidelidad ha estado proveyendo para Israel.
Israel recibe ahora la instrucción de ofrendar para la construcción del tabernáculo. Y lo que aquí se presenta no es simplemente un mandato, sino una invitación a unirse en la adoración al Señor. Es cierto que el Señor lo ordenó, pero lo que el Señor ordenó fue el diseño de los elementos. Lo que el Señor ordenó fue el estándar de la adoración. Sin embargo, él permitió que fuera el pueblo voluntariamente, a iniciativa propia,
Una invitación a adorar, no una imposición
que se despojara de sus bienes valiosos para presentarlos a él voluntariamente en adoración. Clarifico esto, pues es necesario para entender el texto. El Señor no está demandando una ofrenda, está demandando un estándar de adoración, que es diferente. No es que el Señor está diciendo, «Para que ustedes satisfagan mi expectativa, deberían entregar piedras de ónice.» No. El Señor está mostrando que para que ustedes satisfagan mi expectativa, deberían adorarme en la manera correcta y legítima, voluntariamente, según lo que ustedes tengan.
Y si acaso Israel tenía algo para dar, era porque el Señor le había dado primero. El Señor no fuerza la mano de nadie. Yo no veo aquí al Señor estableciendo una ley para despojar a Israel. El Señor no fuerza la mano de nadie, la llena. Y si acaso Israel tiene piedras valiosas para ofrendar, debería recordar que meses atrás eran esclavos en Egipto y no tenían posesiones.
Ey, si tú fueras a adorar al Señor en tus propios medios, deberías dar una ofrenda de paja y ladrillo. Pero a causa de que el Señor te ha enriquecido, te ha prosperado, en este momento tú tienes algo para adorar y el Señor no demanda tus bienes, sino que te permite participar con ellos. No me pongo muy piquiñoso o muy técnico, pero esto es clave para entender la adoración. Adoración no es despojarte mecánicamente, legalmente de lo que tú tienes. Adoración es enriquecerte primero y llenarte de bienes, de forma tal que modelamos ante ti un estándar e Israel ahora responde con el corazón correcto y en gratitud delante de su Dios.
El mismo pueblo que escasos meses era esclavo es el mismo pueblo que ahora generosamente puede ofrendar. En este momento registrado con gozo en la historia de Israel, Israel está ofrendando y se convirtió con esto en un modelo que más tarde se repetiría. Se repitió en los días de David, se repitió en la iglesia primitiva que adora al Señor con generosidad y se ha repetido a lo largo de los siglos. Cada vez que el Señor liberta, provee para un conjunto de creyentes, la actitud natural de ese conjunto de creyentes ha de ser honrar al Señor en adoración. Y ofrendar para Dios es tan legítimo como cantar, como obedecer y como otras formas de adorar.
Donde ese reconocimiento florece, surge también el deseo de dar con generosidad y hermosear la adoración a Dios. El Señor que ha sido bueno con el pueblo, entonces ahora le permite al pueblo adorarle por medio de sus ofrendas. Comienzo con un llamado a ofrendar. Dice el versículo 4, «Y habló Moisés a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo, esto es lo que Jehová ha mandado. Tomad de entre vosotros ofrenda para Jehová. Todo generoso de corazón la traerá a Jehová. Oro, plata y bronce.» La iniciativa fue de Dios, no de Moisés. El Señor le dice a Israel, «Les permito adorarme.» Y ustedes que encontraron zarcillos con los cuales hacerse un becerro de oro, ahora yo les concedo adorarme. Ustedes que anteriormente por sus propios medios entendían que podían producir un culto y terminaron bebiéndose su propio ídolo, en este momento yo les concedo adorarme, pero no me van a adorar con otro becerro, me van a adorar según mis términos. Aquí está la clave para la adoración.
Adoración según los términos de Dios
La adoración no se trata principalmente de creatividad, se trata principalmente de desprendimiento obediente según los estándares de Dios. Donde quiera que la gente apela primero la creatividad, aparece un becerro.
Sí, porque vivimos en días donde todo el mundo se cree acreedor a Dios según los términos de Dios. Ey, el Señor no te está mandando que te despojes. Él te está mandando que si te vas a despojar lo hagas según sus términos. El Señor no te está limitando para que le adores, te está controlando porque sabes que adentro tuyo, recuerda lo que vimos la semana pasada, hay una fábrica de ídolos y si no te damos un estándar, tú vas a terminar adorando a Dios según tus términos. Sean cuidadosos con las cosas preciosas, porque las cosas preciosas no son valiosas para la adoración al Señor según nuestros términos, sino según los términos de Dios.
Y donde quiera que hay alguien con algo valioso, él entiende que ya está listo para adorar. No, el Señor no está mandando la cantidad, el Señor no está mandando tampoco el momento. Lo que el Señor está mandando es el estándar. Adórenme en estos términos. Una invitación generosa, un mandato, pero no un mandato según volumen, sino un mandato según las descripciones, una invitación que conlleva expresión, libertad, iniciativa. Esto es lo que es adoración. Ey, nadie en Israel podía decir, «El Señor me pidió la mitad de mis bienes.» Ahora todo el mundo en Israel va a decir, «Dios es grande.» Y él no está esperando que aparezca un becerro más grande o más pequeño. Él está esperando un tabernáculo, que era algo que no cabía en la mente de ninguno de ellos. Interesante cómo el Señor nos sorprende, pues utiliza nuestros propios medios para hacer cosas que son muy grandes.
Israel no podía producir este tipo de adoración. Este tipo de adoración comienza con la expectativa de Dios y se le comunica al pueblo, y esto es diferente. Aún antes de la calidad y la cantidad, ellos tenían que tener la voluntad de dar. Miren cómo se insiste. Dice el versículo 5, «Tomad de entre vosotros ofrenda para Jehová. Todo generoso de corazón la traerá a Jehová. Oro, plata, bronce.» Después dice el seis, azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras, pieles de carneros teñidas de rojo, pieles de tejones, madera de acacia, aceite para alumbrado, piedras, todo esto un detalle muy preciso, pero vuelve y repite. Todo sabio de corazón entre vosotros vendrá y hará todas las cosas que Jehová ha mandado. No es algo según tus términos, sino según los términos de Dios. Interesante que el Señor llenó del Espíritu Santo a personas en el pueblo de forma tal que los diseños no salieran de ellos.
Ey, la adoración no solamente requiere los materiales, requiere el diseño de Dios, el estándar de Dios, de forma tal que hombres específicos fueron llenados del Espíritu Santo para que le mostraran al pueblo cómo era que Dios esperaba que estas cosas se hicieran. Reiteradamente se repite: todo aquel en el cual haya voluntad, todo aquel que su espíritu lo impulse. Clarifico, aquí no hay una promesa de multiplicación, de retribución. Y el que traiga pieles de carnero, le vamos a dar lo otro. Y el que traiga materiales de bronce, entonces le vamos a dar plata. Y el que traiga plata, le vamos a dar oro. No, porque ya todo eso sucedió. Si acaso un hombre puede adorar a Dios con algo, significa que Dios le dio a ese hombre algo. La clave en la adoración es que no hay nada que nosotros podamos reclamar que es nuestro. De hecho, David en sus mejores años le dijo al Señor asimismo, «Señor, de lo que tú nos has dado, entonces nosotros te damos.»
Ay, ahora hay que llevar al Señor ofrenda. Vamos a orar a ver si el Señor nos prospera y podemos llevarle al Señor una ofrenda. Ey, si acaso tú tienes algo para dar es porque el Señor antes te dio. Esa es la clave.
Actitudes que debemos evitar
Aquí hay actitudes, hermano, que debemos evitar. Ha habido mucho daño en este mundo a causa del concepto de ofrenda.
Lo primero, ¿dónde comenzó Moisés? No comenzó Moisés, comenzó Jehová. Fue Jehová que quiso que su pueblo le adore. Moisés solamente dio el mensaje.
Otra cosa, aquí a nadie se le está presionando. No es que, miren, tienen que traer, tú cuatro carneros, tú sal y busca, ¿no? Es a todo aquel que su corazón voluntariamente le incline a hacerlo. Tampoco hay una abierta necesidad. Yo no creo que el pueblo del Señor debe adorar al Señor como dando pena. Ay, miren, si acaso nosotros no nos desprendemos, entonces no vamos a poder adorar a Dios. Él es el dueño del oro y la plata y nosotros tenemos el privilegio de desprendernos. Es distinto. Que a la gente le gusta como sentir eso para despertar la generosidad. Ay, hay una abierta necesidad, estamos corriendo, hay una urgencia. No hay urgencia alguna. Lo que debe haber es la urgencia en el corazón de nosotros. ¿Quién es Dios para ti? La pregunta que el adorador debe responder es otra. ¿Dónde estabas tú hace escasos 4 meses? ¿Qué ha hecho el Señor en ti en estos 4 meses? Y después pregúntate, ¿tú tienes algo que puedas ofrecerle al Señor en este trayecto? Y si es así, entonces adora. Ese es el estándar de Dios.
Hay otros, hermano, que están esperando que otros lo hagan para entonces ellos también hacerlo. Cada cual que su corazón le inquiete. Donde quiera que hay un pueblo que quiere adorar, hay alguien que está reclamando y señalando a alguien que tiene un recurso que podría darlo. Donde quiera que hay un pueblo reunido para adorar, hay alguien que anda señalando un lugar donde hay recursos, a ver si podemos ir a buscar. El Señor no está señalando Egipto, él no está señalando los caldeos, él está señalando su propio pueblo. Y es el propio pueblo que en este momento tiene el privilegio de adorar a Dios con sus bienes.
Lo peor que le puede pasar a nuestra adoración es que otros anulen nuestra generosidad. Ey, hermano, vamos a adorar al Señor. Vamos a adorar al Señor con generosidad. Vamos a adorarle con arte. Vamos a adorar al Señor con elaboración.
Yo conozco a alguien que podría proyectar algunos diseños. Yo conozco a alguien que tiene algunas piedras de engaste que se podrían utilizar. Ey, vamos a adorar al Señor con lo que el Señor le ha dado a su propio pueblo. ¿Ven cómo esto es diferente? En vez de mirar el pueblo del lado, vamos a ver lo que el Señor nos ha dado a nosotros. Es que el Señor a nosotros no nos ha dado mucho, pues parece que eso es lo que le espera. No es lo que el Señor le ha dado a otras naciones, a otros pueblos, es lo que el Señor le ha dado a su propio pueblo. Y lo que el Señor le ha dado a su propio pueblo es aquello con lo que su propio pueblo puede adorarle.
Adorar con los propios recursos
A mí me llama la atención que en una nación de esclavos aparecieran artesanos, porque a veces uno ve su realidad como iglesia, uno ve su realidad como pueblo y uno piensa que no tiene con qué adorar al Señor. Hermano, yo estoy persuadido de que donde quiera que el Señor se está levantando un pueblo y le está libertando para ser creadores, el Señor ha repartido sus dones de forma tal que, aunque tú no lo estés mirando, hay un talento que podemos presentarle al Señor. Quizás no estamos mirando adecuadamente, pero donde quiera que el Señor se ha levantado un pueblo y le ha libertado de Egipto, el Señor le ha dado a su pueblo todos los recursos con los cuales ese pueblo puede adorarle. Él no está esperando que le adoremos con el patrimonio de los otros, está esperando que le adoremos con nuestros propios bienes. Y eso es lo que hace que la adoración sea adoración.
Recuerdo un momento que David quiso un terreno para adorar al Señor y alguien le dijo, «David, te lo vamos a regalar.» Y él le dijo, «No, pues no le ofreceré a mi Dios un sacrificio que nada me cueste.» Hermano, donde quiera que hay una iglesia dando testimonio, ahí en esa iglesia están todos los recursos necesarios a nivel de arte, a nivel de tiempo, a nivel de la oración, a nivel de bienes materiales, para que ese pueblo pueda con humildad y dependencia exaltar el nombre de su Dios. Y si estamos intentando hacer algo para lo cual el Señor no nos ha dado los medios, entonces también estaría mal. ¿Por qué no podemos hacerlo? Porque probablemente estamos tratando de hacer lo que el Señor no quiere que se haga. Pues yo estoy persuadido que la adoración al Señor siempre y cuando se haga según sus términos ya tiene todo lo que el Señor consideró necesario para que su pueblo llegara a adorarle.
¿Sabes que nosotros no podemos adorar al Señor con tanto gozo, con tanta libertad como quisiéramos? Porque no nos ha dado los medios. Ay, hermano, quizás nuestro corazón todavía no es tan generoso como debería. O quizás estamos intentando darle al Señor algo que el Señor no quiere recibir todavía. En tiempo de David se hizo otro templo que tuvo aún más esplendor que este.
Pero este es el que podemos hacer en este momento, una carpa, pero no era cualquier carpa. ¿Ven, hermano? El estándar que esto tiene. Es verdad que era una carpa lo que estaban construyendo, un tabernáculo, pero no era una tienda cualquiera. Le aseguro que era la mejor tienda que había en Israel en ese momento. Ningún príncipe habitaba una tienda como esa. ¿Por qué? Porque esta fue la tienda que el Señor eligió. No quisiera llenar esto, hermano, de citas y referencias. Yo creo que el punto se entiende. El punto es que Dios libertó a Israel, enriqueció a Israel para que Israel le adore. Y que cuando el Señor quiso que Israel le adorara, Israel no tuvo que esperar a ver si el Señor me prospera, con qué darle. Todo el mundo le dio lo que tenía. Quizás tú diste madera. Yo no debería dar madera porque el otro entonces tiene piedra preciosa. Pero qué importa, madera es lo que el Señor me dio y hace falta la madera.
Hay una cita de Benito Juárez que creo que aplica a la iglesia del Señor. Decía Benito Juárez, «Todo lo que México no haga por sí mismo para ser libre no debe esperar ni conviene que espere que otros individuos u otras naciones hagan por él.» ¿Qué era lo que Benito Juárez le estaba diciendo? Si nosotros realmente amamos nuestra nación, no deberíamos esperar que los vecinos vengan a luchar por ella.
Espero, hermano, no ser indiscreto si yo hago de esta cita nuestra y digo: todo lo que la Iglesia Evangélica Pez Mundial no haga por sí misma para expresar su adoración a Dios, no debe esperar ni conviene que espere que otras iglesias u otras instituciones hagan por ella. Siempre aparece un curioso diciendo, «Deberíamos mandar una carta a alguna parte.» Ay, hermano, si hay alguna carta que deberíamos enviar a alguna parte es a nuestro propio corazón. Pues yo estoy persuadido de que nosotros como iglesia tenemos todo lo que hace falta en este momento para adorar a Dios como Dios quiere que le adoren. No, pastor, que usted no sabe. Mire, nosotros deberíamos hacer tal cosa y ninguno de nosotros puede. Ay, hermano, si ninguno de nosotros puede, parece que esa no es la adoración que el Señor quiere de nosotros.
Bueno, los recursos materiales son tan legítimos como las voces, son tan legítimos como la obediencia, como cualquier otra cosa, pero para este aspecto de la adoración nadie entiende que puede. No, es que yo no tengo nada. Yo conozco una institución a la cual le podemos mandar una carta. Ay, hermano, no me aguanten aquí. No está mal que otras instituciones ayuden, porque el Señor despojó a Egipto para bendecir a Israel, para que Israel le adore. Lo que está muy mal es que cuando el Señor nos da el privilegio de adorarle, siempre estar apelando a que un vecino entonces aparezca para que haga por el pueblo del Señor lo que el pueblo del Señor debería estar haciendo.
Ese era el eterno debate entre los trinitarios y Pedro Santana. Los trinitarios, un grupo de muchachos, entendían que ellos podían con los recursos de la misma nación levantar un pueblo. ¿Y qué decía Pedro Santana? No, porque yo sé que en España hay recursos. Y cada vez que los trinitarios estaban hablando de libertad, Pedro Santana estaba señalando España.
Ese grupo de muchachos creía que desde el pueblo mismo se podía levantar un proyecto de nación, que no era así como el general Pedro Santana lo veía, pues miraba hacia España. De hecho, el grupo de muchachos sin muchos recursos en 1844 levantó una nación. Pero yo le aseguro que la nación que levantaron ellos, Pedro Santana decía por dentro, eso no es una nación de verdad. Y en 1861 nos anexó España.
Hermano, tu pastor vuelve y te pastorea. El Señor no está esperando que nosotros lo adoremos ni con más ni con menos de lo que el Señor en este momento nos ha dado. Y cuando el Señor requiere una adoración más alta, yo te aseguro que a ti mismo el Señor podría prosperarte. ¿Cuál es la lección espiritual aquí, hermano? Que Dios no está esperando que su pueblo salga a buscar prestado para adorarle. Adora al Señor con lo mismo que él te ha dado. Y tú me vas a decir, «Yo solamente tengo mi tiempo.» Rinde tu tiempo delante de Dios. «Es talento lo que el Señor me ha dado.» Usa tu talento. «Mira, yo solamente tengo unas cuantas blancas.» Da la ofrenda de la viuda al Señor. El Señor no está esperando un dramatismo en la generosidad. El Señor está esperando que haya generosidad en base a lo que el Señor mismo anteriormente nos dio. Y si para levantarte un ídolo tú te quitaste los zarcillos, para la correcta adoración no te va a quitar más de eso.
Es para no ofenderte, hermano. Pero todos nosotros si miramos hacia atrás podemos encontrar momentos en nuestra vida en que usamos nuestros recursos de manera inapropiada en proyectos que no agradaban a Dios. Y si alguno de nosotros hemos desperdiciado fortunas en cosas que no tienen un valor eterno, ¿no nos vamos a poder despojar con gozo para hermosear la adoración al Señor?
Clarifico, hermano, que esto no es un argumento en contra de ser acompañados, es un argumento en contra del paternalismo y la actitud servil. Yo me gozo en que en 18 años casi de ministerio nunca han faltado los recursos del Señor, hermano, con un grupo de gente con recursos básicos, porque no es que teníamos mucho, nunca han faltado los recursos del Señor. Y usted me dirá, «Pero no, todavía nosotros no hemos construido una mega iglesia.» Yo no creo que el Señor nos mandó a nosotros a construir una mega iglesia, infraestructuras grandes y relucientes. Y si el Señor quisiera que eso se haga, él avisará y usted lo va a sentir en su presupuesto. Cuando el Señor quiera hacer en medio de su pueblo cosas muy grandes, nos dará también recursos muy grandes para administrar. Esa es la dinámica de la adoración del pueblo del Señor. No es hacer lo que están haciendo al lado, es hacer lo que el Señor con dignidad a nosotros nos permite hacer. De forma tal que nos gozamos en eso.
El Señor estableció la forma en que lo haría el pueblo. ¿Cómo lo harían? Ellos darían sus posesiones más valiosas, pero no valía solamente con dar. Tenían que involucrarse.
No solo dar, sino involucrarse
No fue solamente den y vengan en 3 años que vamos a tener un tabernáculo listo. No, no. Ofrenden e involúcrense. Ofrenden y trabajen, ambas cosas. Primero iban a dar de sus posesiones. Y esa variedad de materiales a mí me impresiona porque ahí hay materiales que yo mismo no puedo distinguir en el siglo XXI. Pedrería, hermano, que usted jamás ha usado. Los esclavos están usándola.
Ey, ahí hay piedras que yo no sé cómo entendieron que fueran valiosas, porque tú eres un esclavo. Lo mismo que tenían los egipcios en las orejas, se lo quitaron y se lo pusieron al pueblo del Señor. ¿Saben para qué? Para que el pueblo del Señor después se lo pueda quitar y se lo deje al Señor en adoración. Esa es la dinámica. Deja ir a mi pueblo para que me adore y para que mi pueblo me adore. Eso que tú tienes ahí guindando, quítatelo y pónselo. Yo me imagino a la señora de Egipto quitándose su cintillo. Ay, no, no te me vayas así tan vacía. Ven, ponte esta cosita. Y esas piedras de ónice que aparecen ahí, hermano. Yo me imagino a los príncipes en Egipto diciéndole a los que estaban anteriormente haciendo ladrillo de paja, toma esto. Y él dice, «¿Qué será esto?» Algo que el Señor eventualmente usará en su santuario. Eso es lo que es, hermano. El mejor uso de los bienes que el Señor nos ha dado es rendir nuestros bienes en adoración al Señor.
Materiales preciosos, tejidos y fibras, pieles de carneros teñidas de rojo, pieles de tejones, aceite para alumbrado, madera de acacia, piedras preciosas, pero aún más valioso que todo eso, su propio tiempo. Dice a partir del versículo 10, «Todo sabio de corazón entre vosotros vendrá y hará todas las cosas que Jehová ha mandado.» O sea, que él no está esperando que tú solamente financies el proyecto, sino que construyas. Eso es lo que es adoración. Adoración no es que tú te despojas de un poquito de tu presupuesto para que contratemos un equipo de profesionales que nos dirijan la adoración. Adoración es que tú te despojes de tu presupuesto y también de tu tiempo para que juntos vengamos como pueblo a exaltar el nombre del Señor. Amén.
Esa es la diferencia de la adoración en tiempo de Jesús y la razón por la cual Jesús volteó las mesas. ¿Saben por qué Jesús volteó las mesas? Porque Israel llegó a ser elaborado y sofisticado en su adoración y ya ellos pagaban con generosidad para que otro adore. Y tú decías, «Yo voy del pueblo para el templo, pero yo no quiero estar carreando un corderito y demás. Yo lo compro ahí en la entrada.» El Señor no quiere que los corderitos, las palomas y la ofrenda se compren en la entrada. Él no está buscando un culto profesional. Está buscando que el pueblo mismo se involucre en la adoración. De forma tal que el consumismo cristiano es algo que no tiene que ver con nosotros. ¿Saben qué es el consumismo cristiano? Unas cuantas familias ricas que se despojan del 7 al 15% de sus posesiones para que un pueblo vaya y sea entretenido con un culto que ellos mismos no lo sienten propio. ¿Saben qué es adoración? Es cuando tú te estás quitando los zarcillos y también sacrificaste unas cuantas horas extra para venir a adorar al Señor con nosotros. No es solamente lo material, el tiempo cuenta. No es solamente lo material, el talento cuenta. No es solamente lo material, la artesanía cuenta. De forma tal que deberíamos tener el carácter de cuando alguien nos dice, «Miren, vamos a darle lo que hace falta,» decirle que no, que lo que hace falta está dentro de nosotros.
Yo le oraba al Señor ayer, hermano. Yo había deseado predicar textos como este. Le oraba al Señor ayer para que el entusiasmo no me traicione. Yo conocí al Señor en una iglesia muy rica. Esa gente en los años 60 y 70 desarrollaron una denominación a nivel nacional y los documentos históricos de la iglesia donde yo conocí al Señor providencialmente llegaron a mi mano. Un pastor de Nueva York me mandó un fajo de documentos y entre ellos está el presupuesto que la misión manejaba en la República Dominicana en los años 70, millones de dólares con una obra nacional. Señor, me cuide, hermano, y quizás no tenga que darle cuenta.
Pero una obra nacional parásita que era sostenida desde Estados Unidos por familias ricas y la obra local nunca aprendió a desprenderse. Todavía están haciendo grupos de ADR para determinar qué fue lo que pasó con esa obra nacional. Yo le explico qué fue lo que pasó. La iglesia local y nacional nunca aprendió a desprenderse. Y cuando los misioneros dejaron de mandar los dólares, ¿sabes qué pasó? Que se dejó de predicar el evangelio y se involucraron en controversias por propiedades. Se involucraron en controversias por control, en luchas intestinas de poder. Es que cuando tú mismo no te desprendes ni participas y todo te lo mandan desde otra parte, tú no entiendes lo que es adoración. Adoración no es solamente tener templos hermosos donde dar culto. Adoración es cuando un pueblo humilde se desprende de lo poquito que tiene y de su tiempo y se involucra en la adoración y la siente suya. Es el pueblo que dice, «Yo no estoy solamente participando en algo que están pagando desde fuera, estoy participando en algo a lo que yo mismo estoy contribuyendo.» «Este es nuestro culto» es lo que debe decir el pueblo de Dios. Ahí están los templos vacíos, ahí está la infraestructura, ahí están los registros, ahí están los documentos, ahí están las fotografías. Algunos de ellos se reúnen cada cierto tiempo a recordar los buenos tiempos.
Hermano, adoración no es cuando los ricos se despojan para que los pobres adoren. No. Adoración es cuando los pobres que hace 5 meses eran esclavos son prosperados misericordiosamente por el Señor y ellos mismos no solamente dan, sino que también participan. Que el Señor nos libre, hermano, de parasitar la adoración. Que el Señor nos libre de consumir cultos. ¿Tú te das cuenta cuándo tú estás consumiendo el culto? ¿Sabes cuándo? Cuando tú dices, «No, yo di mi diezmo, mi ofrenda y yo llego aquí a evaluar.» Y cuando faltan recursos, lo primero que están pensando no es si el Espíritu Santo capacita a alguien para que lo haga, sino a quién podríamos contratar. ¿Con cuánto más logramos eso? Vaya, hermano, no es presupuesto lo que hace falta, es corazón, es carácter, es desprendimiento, es excelencia, es el testimonio de que Dios nos sacó de Egipto con su mano poderosa, le dijo a faraón, deja ir a mi pueblo para que me adore. Eso es lo que hace falta. La misión no avanza con presupuesto solamente. La misión avanza con presupuesto, también avanza con corazón, involucramiento personal.
Tú te das cuenta de que estás parasitando el culto cuando tú comienzas a consumirlo, cuando tú sales de tu casa y tú dices, «Ya yo mandé primero mi dinero. Espero que la experiencia esté al nivel 10.» ¿Y tu corazón dónde está?
Del versículo 10 hasta el 19 se muestra el involucramiento directo, que era lo que hacía falta en el templo. En los días de Jesús se muestra que Israel sentía esa obra como suya. Esta no es la obra que los arquitectos hicieron. De hecho, el Señor llenó del Espíritu Santo a dos hombres y les dijo, «Yo les voy a llenar del Espíritu Santo para que ustedes le enseñen a los otros.» Interesante, no es para que nosotros vengamos a preguntar si terminaron la obra y cuánto les falta, no. Ellos fueron llenos del Espíritu Santo para que involucraran al pueblo y que se hiciera una obra con excelencia.
Tomando esto en cuenta, te digo, hermano, que el privilegio de cada generación de creyentes que ha adorado al único Dios verdadero es sentirse representada en algún lugar de adoración. Donde quiera que Dios se ha revelado como el único Dios verdadero, una generación de creyentes tiene el privilegio de adorar al Señor según sus términos. Y cuando usted encuentra en algún lugar que alguien hizo aunque sea un altar de piedra para adorar al Señor, diga, «Esa gente, el Señor le dio piedra.» De forma tal que la historia de la infraestructura religiosa, usted puede ver que es la historia de la provisión de Dios para su pueblo y la historia de un pueblo que aprendió a desprenderse adecuadamente.
Del 20 en adelante usted va a ver el pueblo haciendo esto que le mandaron a hacer.
La adoración requiere reflexión
Dice así el versículo 20. Y salió toda la congregación de los hijos de Israel de delante de Moisés. Me gusta cómo lo pone la Nueva Traducción Viviente. Dice, «Y se fueron a sus casas.» O sea, que esto no fue, «Dime tú lo que tú vas a dar y tú con cuánto vas a aportar.» Se fueron. Yo me imagino que Moisés dijo, «Yo no sé lo que va a pasar.» O ellos entienden o no entienden. Hagan grupo de dos en la casa y pónganse a reflexionar. Ellos se fueron a sus casas, no es que aquí han visto esas personas que comienzan a levantar fondos en público. El que pueda dar 100, el que pueda dar 500, el que tenga una piedra, el que pueda hacer tal cosa, esto no es una subasta, hermano. Esto es una adoración que sale del corazón y de manera reflexiva.
Esto no es un de repente que tú tienes que darlo. No, no, no. Vaya y reflexione a ver, y piense en su liberación y piense que usted hizo un ídolo hace escaso tiempo y el Señor tuvo misericordia, y piense que el Señor le perdonó la vida. Vaya a su casa y reflexione. Esto no fue un de repente, de aquí rápido, de que vamos a comenzar a lanzar dinero. Ay no, hermano, esto no es una feria. La adoración requiere reflexión. Dios no está apurando el de repente porque en ese de repente es que mucha gente se siente engañada, en el fragor ahí de un discurso, de un orador, de alguien que tiene la capacidad de engatusar y que despoja a alguien. Ay, hermano, la adoración no es cuando a ti te despojan de algo.
Yo les hago una anécdota. En algún momento yo sentí que alguien me despojó de mi propia sangre. Andaba con Fausto Liriano, no sé cuánto tiempo de amigos. Estábamos en algo en Miami y fuimos a Walmart y saliendo del Walmart una señora nos interrumpió y nos dijo, «En un hospital a 300 millas de aquí hay una niña que en este momento está muriendo y necesita tres pintas de sangre.» Y miró a Pololo, que era grandecito. Mano, a mí no me gustan las agujas, pero hay una niña 300 millas de aquí que en este momento está muriendo. Oye, tienen una furgoneta así larga y por una puerta tú entrabas, te tomaban los datos, te hacían una tipificación, te colocaban en una camilla y en un asunto de 5 minutos yo vi la sangre que bajaba así de mi cuerpo y la ponían como una mecedorita así y la sangre mía iba saliendo a borbotones. Y después me dijeron, «Párese.» Yo salí y me paré, me dieron una Coca-Cola y una papita y me dijeron, «Gracias, usted ha salvado a la niña.» Y le dijeron a Pololo, «Gracias, tú has salvado a la niña.» Y yo sentí que me habían estafado.
O sea, es la urgencia. Yo quería salvar a la niña y me di cuenta que realmente, yo digo, técnicamente quizás hay muchas niñas que están muriendo, pero yo quería saber a cuál niña fue que yo salvé específicamente. Era un argumento, hermano, para que donáramos sangre. Y yo he visto lugares donde alguien se levanta: tenemos tal cosa, una necesidad en este momento, al que tenga que dar… No, hermano, la adoración al Señor no necesita esas urgencias. La adoración al Señor es adoración, pues es un asunto reflexivo. Usted puede ir a su casa, pensar lo que el Señor ha hecho en su vida, pensar cómo el Señor le prosperó, reflexionarlo concienzudamente y tú dices, «Mi amor, la maderita esa que teníamos, en vez de hacer la casita del perro con ella, vamos a adorar al Señor,» o decirle, «Mi amor, los zarcillos esos que tú tienes, tú eres bonita como quieras.» Con que tú te quites los zarcillos esos no es que nos vamos a arruinar. Quítate la cosa esa y vamos a llevarla para que se adore al Señor con eso y que eso tenga un valor eterno.
Eso es lo que es adoración, que el pueblo puede reflexionar al respecto, no de lo que tiene, sino de lo que Dios le ha dado; al respecto de su libertad, al respecto de su victoria, al respecto de su provisión. Mi amor, nosotros estamos comiendo todos los días y el maná sigue lloviendo. Podemos ahorrar un poco menos y despojarnos. Eso es lo que es adoración.
Y salió toda la congregación de los hijos de Israel de delante de Moisés. Y dice el 21, «Y vino todo varón a quien su corazón estimuló.» Eso es lo que es adoración, hermano. Un corazón que ha sido estimulado. Recuerda que no es la urgencia de un momento. No es anotar ahí cada uno, el que va a dar esto y el que va a dar lo otro. No es eso. Es una reflexión. Para que adoración sea adoración, hace falta reflexionar. Reflexiona lo que Dios te ha hecho. Reflexiona de dónde él te sacó.
Me cogió con eso, hermano, en la semana, en reflexionar. Y estuve pensando en todos los lugares donde he vivido, comenzando por Miguel Ángel Garrido 122 en el pueblo abajo de Azua. Y después recordé la mudanza cuando vinimos a Santo Domingo y después recuerdo cuando compramos un apartamento en Santo Domingo. Yo recuerdo la alegría que había en mi casa cuando compramos un apartamento y después recuerdo cuando me casé, que Caro y yo no sabíamos dónde íbamos a terminar viviendo y terminamos viviendo en un sitio, hermano, que podíamos decir que era un sitio de lujo y recuerdo que el Señor nos permitió comprar un apartamento.
Yo no merecía nada de eso. Y después yo vi que realmente mi adoración en cuanto a desprendimiento material está como un poco estancada, porque el Señor cada vez me da más, yo sigo dando lo mismo. Reflexiona en tu casa un poco tú. Ay, hermano, yo estaba muerto en mi delito de pecado y estoy en Cristo. ¿Cómo yo podría pagarle a mi Dios?
Porque cuando yo hice mi becerro de oro, no me cortó, sino que renovó el pacto y me extendió su misericordia. Pero yo no puedo reflexionar por ti. A todos ustedes yo les conozco y yo veo que año tras año la vida de ustedes en muchos sentidos está mejor. La pregunta es, ¿cómo está nuestra generosidad? Alguien va a decir, «Mira, lo que pasa es que el pastor está predicando esto, pues estamos cerrando el año y quizás las finanzas de la iglesia.» Hermano, yo pastoreo gente que es real y testifico, hermano, que en 18 años nunca ha faltado el recurso.
Nunca ha faltado, hermano. Y dentro de lo que es nuestra liga de iglesia, iglesia pequeña, somos quizás de las pocas iglesias que opera con por lo menos dos veces su presupuesto por delante. Hablen con Jonathan que lleva las finanzas. Quizás a veces lo que esperamos, quizás lo que sobra, quizás lo que falta, hermano, pero nunca ha faltado abiertamente. Quizás puede faltar a nivel financiero. ¿Pueden entenderme? Es que el Señor en un año nos prospera y nos da más y el otro año quizás da un poquito menos y después da todavía mucho más, hermano. Pero año tras año el Señor ha sido fiel. Amén.
De forma tal que nuestra ofrenda, nuestra generosidad no es un asunto de abierta necesidad, es gratitud. Y para que la gratitud sea gratitud, no podemos tener un estorbo en el corazón. Tenemos que entender que el Señor nos ha enriquecido. Tenemos que entender que el Señor nos ha salvado y que el Señor merece lo mejor de nuestra adoración. Amén. De hecho, mi oración es que toda esta iglesia sea prosperada de forma tal que podamos hacer para el Señor cosas aún más grandes. La ofrenda a Dios no es una ofrenda de abierta necesidad, es ofrenda de lo que Dios nos ha dado. Entonces nosotros le damos.
Ofrendaron con voluntad. Lo primero que sucedió es que fue voluntario, o sea, con voluntad tenían que ofrendar. A mí me impresiona, hermano, que tengamos que ofrendar. Si tú tienes un talento, eso te lo dio Dios. Si tú realmente tienes bienes materiales, te los dio el Señor. Sorprende la calidad de los materiales presentados.
El arte tiene su lugar en la adoración
Nadie trajo un ladrillo de paja. Madera de acacia. Aceite. ¿Y qué tú vas a hacer con ese aceite? Son perfumes y cosas así que esta gente está trayendo. Piedras preciosas. La calidad de estos materiales sorprende. Esto no era un culto pobre. Hay cantidad de gente que el Señor ha enriquecido, que le encanta que la iglesia tenga un culto pobre. Un culto pobre, un culto que sea como muy plano, donde nada sea hermoso, donde no exista arte. No, porque todo eso es idolatría. Idolatría era el becerro que tú estabas haciendo por allá. Eso sí era idolatría. ¿No han visto esos cultos pobres que promueven algunos? Que no haya nada, que no haya ningún arte, que todo sea como blanco y negro, que podamos estar a ras del suelo, una falsa humildad, un minimalismo. No, no, no. El culto del Señor es un culto exuberante, es un culto glorioso. Y tú dices, «Pero él necesita eso.» No, él habita en gloria. En este momento los ángeles están diciendo, «Santo, santo, santo.» Y todo eso, él no lo necesita, lo necesitas tú. Es tu privilegio.
Ellos tenían prohibido hacer esas imágenes, pero esto está lleno de planos. Éxodo completo y Levítico están llenos de planos de diseño. Es que las imágenes que ofenden son los becerros que nosotros nos hacemos. Pero lo que Dios mandó como legítimo se hace. Ha habido todo un debate en esto. Pues los reformadores en el siglo XVI se dieron cuenta de que el catolicismo romano estaba lleno de cosas que eran superfluas, que ya habían perdido el sentido, y anhelaban que se adorara al Señor en espíritu y en verdad sin todos estos elementos, y algunos fueron iconoclastas.
De ahí salió el barroco. ¿Saben? La gente no se figura que el barroco fue la respuesta del catolicismo romano después del Concilio de Trento, porque los reformadores en su ala radical decían que el arte no tenía lugar. ¿Y saben qué dijo el catolicismo romano en el Concilio de Trento? Vamos a redoblar la apuesta. Ahora no solamente vamos a tener arte, sino que vamos a poner arte en cada centímetro de los lugares de adoración. Y uno ve el barroco y dice que toda esa elaboración era diciéndole al culto pobre que querían hacer algunos: Dios merece todo nuestro arte, Dios merece toda nuestra ciencia, Dios merece toda nuestra artesanía. Y el barroco se llenó de detalles. Es para decirle al pueblo, Dios merece adoración con todos los elementos.
Hermano, el arte no está mal. Lo que está mal es hacer del arte un fin en sí mismo. Es adorar esas cosas. Tú no adoras el tabernáculo, tú adoras a Dios en el tabernáculo. Tú no adoras los lugares de adoración, tú adoras a Dios en un lugar de adoración. Es no confundir los medios con los fines. Pero el arte tiene su lugar. Esto está lleno de arte. Aquí hay artesanos haciendo cosas con diligencia, con detalle, con esmero.
Es verdad. Miren, por temporada podemos sacrificar un poco el nivel de calidad para involucrar a otros, pero no nos vamos a quedar ahí. Llenos del Espíritu Santo y llenos de un estándar de artesanía. ¿Han visto esas personas que quieren adorar en la música y dicen, «Mira, para incluirlo a él…»? Uno habla de esto y parece como que uno domina todas las áreas. Yo no soy músico, hermano, me gusta la música, y así como me gusta la comida me gusta la música, no es que yo sepa cocinar ni que sea músico, pero yo sé que hay gente que solamente se sabe tres acordes y quieren con eso hacer 50 canciones, canciones planas. Métele una novena ahí de vez en cuando, una séptima, unas cuantas transiciones, ¿no? Que no sea tan plano para que todos los músicos puedan, pero vamos a subir el nivel de los músicos.
Y en la oratoria lo mismo. ¿Han visto ese predicador que no tiene retórica alguna, ese predicador que no tiene ningún arte al poner su idea? No, pero es que la Palabra llega, pero que se esfuerce un poco más. El culto pobre no es el estándar. El Señor merece lo mejor de nosotros y no está esperando ni más ni menos que lo que nos ha dado. Y si yo puedo hacer presentaciones comerciales con unos niveles de elaboración muy alta, yo debería poder hacer una liturgia para adorar al Señor con todos los recursos que el Señor nos ha dado. Porque los mismos que quieren un culto pobre son los mismos que tienen su becerro de oro. ¿Y tu empresa más o menos cómo se ve?
A mí se me salió en algún momento, hermano. Se me salió, me traicionó la emoción, pero alguien decía, «La iglesia no necesita nada más de estas cosas. Lo importante es que el Señor esté en todos los lugares.» Y yo le dije, «Pero tu casa se ve bonita.» «Sí, es que a la mujer mía le gusta mucho esa cosa.» Oh, ¿y ella no ha considerado ponerle así al santuario más o menos como se ve su casa? Eso fue lo que David pensó. David quería construirle a Dios una casa bonita. Le decía, «Señor, yo me siento mal teniendo un palacio como este y que todavía tu arca esté habitando en tiendas.» Y saben lo que el Señor le dijo, «Mira, es que yo no necesito ese tipo de cosas.» Pero eso que está en tu corazón es bueno. El arte tiene su lugar, el diseño tiene su lugar, la artesanía tiene su lugar. Lo malo no es presentar esos recursos delante del Señor. Pues si fuera malo presentar esos recursos valiosos en adoración, sería malo también poseerlos para nosotros mismos. Si el ónice fuera pecaminoso en el santuario, fuera pecaminoso también en tu casa.
Si tú no puedes presentarlo al Señor en adoración, tampoco deberías quererlo para tus hijos. El estándar, hermano, es eso. Yo estoy muy persuadido de que el lugar de adoración siempre tiene que estar un poco por delante de nuestra propia casa, porque es la respuesta corporativa de nosotros en adoración delante de Dios.
Una excelencia dependiente y reverente
¿Qué es un estándar para la adoración, hermano? Yo le llamo a eso una excelencia dependiente y una excelencia reverente. ¿Qué es una excelencia dependiente? No es que estamos tratando de hacer más allá de lo que el Señor nos ha dado. Excelencia dependiente es que todo lo que el Señor nos ha dado, de eso le damos. Dependemos de él. Señor, ¿tú quieres algo más? Danos algo más. Una excelencia dependiente y una excelencia que sea reverente. No daremos ni retendremos nada de Dios. Pues si le podemos dar algo, es lo que él nos ha dado primero. No mediremos lo que damos en base a lo que hacen o tienen otros, sino a nuestra propia mayordomía. Que el Señor en su adoración esté representado en nuestras propias vidas, en nuestro propio corazón y también en nuestras propias casas. Hablo un chin de artesanía.
Artesanía llena del Espíritu Santo
Dice del 30 al 35: «Y dijo Moisés a los hijos de Israel, mirad, Jehová ha nombrado a Bezaleel, hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá, y lo ha llenado del Espíritu de Dios.» Hermano, eso es importante. Quien quiera adorar al Señor con arte, con diseño, con artesanía, que se llene del Espíritu de Dios, porque con eso con facilidad se hacen los ídolos. ¿Recuerdan que Aarón utilizó su arte para tallarle los detalles al becerro?
Si tú no estás lleno del Espíritu Santo, tú te vas a ir por lo superficial, por lo estético, por lo impresionante, por lo grande y reluciente. La adoración a Dios necesita el Espíritu de Dios. Bezaleel, ven. Lleno del Espíritu Santo. ¿Para qué? Para proyectar diseños. Esa es la artesanía. Ellos fueron llamados y capacitados milagrosamente. Se les dio el Espíritu Santo y el Espíritu Santo se manifestaría en sabiduría, en inteligencia, en ciencia y en todo arte. Ese es el culto cristiano. Los incrédulos llegan a un culto cristiano y dicen, «¿Cómo lo logran?» Lo primero es que el Espíritu Santo ha sido derramado en nuestros corazones abundantemente.
Y aún antes que eso, el Señor nos sacó de Egipto con su mano poderosa. El Señor ha mostrado su misericordia sobre su pueblo. Todavía la gente anda con la cabeza rápida pensando cómo es que iglesias muy humildes pueden hacer tan grandes cosas con gratitud y llenos del Espíritu Santo. Sabiduría es conocimiento práctico; inteligencia es entendimiento, comprensión profunda; ciencia, entender las leyes que Dios ha establecido en su creación; arte, un trabajo bien ejecutado. Más que funcionamiento, el arte genera admiración, hermano. Hasta las estacas del tabernáculo habían sido diseñadas y tú dices, «Pero eso va abajo de la tierra y eso hay que ponerlo y quitarlo.»
El Señor me ha dado a mí el gozo, hermano, en esta temporada que estamos haciendo nuestra iglesia, hasta software para adorar al Señor con eso. Y estaba hablando con Jorner el otro día de algo que estamos haciendo y él dice, «Mira, eso yo lo hice, pero yo quiero volver a hacer esa parte.» Yo dije, pero eso todavía ni lo hemos lanzado. Ya tú quieres rehacerlo. Me decía, «No, es que eso se hace para el Señor y yo creo que puedo hacerlo mejor.» Gloria a Dios. Bueno, esa es la actitud. Yo estoy seguro de que Dios mira los muebles por detrás. Amén.
Perdóname que hable un poco de mí mismo, hermano, y el momento de locura. Para adorar al Señor, yo aprendí a escribir. Para adorar al Señor aprendí a diagramar, aprendí a diseñar, aprendí herramientas de diseño, aprendí a programar y todavía yo me tiro para la zona colonial caminando, buscando dónde aparece el papel del gramaje adecuado que yo creo que hace falta para imprimir los materiales de mi iglesia. Y alguien me va a decir, «Pero eso no importa.» Es que yo creo que el Señor siente el gramaje. Y tú me vas a decir, no, eso es vanidad.
El lino fino, pelo de cabra, piedras preciosas, lo que el hombre no ve. ¿Usted cree que el hombre está mirando la calidad de la estaca que está enterrada allí abajo? El hombre no la está mirando, pero el Señor lo ve. Y eso es lo que hace que sea adoración. La adoración es ese aspecto en nuestras vidas que nos permite hacer lo que hay que hacer porque sabemos que Dios está mirando. Si nosotros entendiéramos que solamente el hombre lo ve, no lo hiciéramos.
Pero yo creo que el Señor lo recibe. Las estacas del tabernáculo que estaban clavadas debajo de la tierra, el Señor mandó a que se hicieran con una madera específica, con una dimensión específica y con una calidad específica. Y llenó a los hombres del Espíritu Santo para que lo hicieran. Y yo creo, hermano, que eso no solamente está en mí. Esta iglesia tiene gente que ama ese tipo de cosas. Lo que tenemos es que mantenernos amando a Dios a través de esas cosas. Amén. Porque cuando comencemos a exigir eso por superficialidades, hemos perdido el camino, pero yo creo que Dios lo ve.
Raúl Fernández dice, «Mira, ahí hay un tomacorriente que yo quiero que Raúl me traiga porque eso yo quiero cambiarlo.» Yo le veo en ese ardor, hermano. Yo digo, eso es bonito. Porque hace 18 años estaba el mismo Raúl Fernández conmigo poniendo bombillos de 4 watts detrás de la plataforma para poder iluminar las plantas desde abajo. Y el domingo pasado yo tuve que ir a agarrar a mi hermano Bienvenido porque él quería ir a remendar la puerta que estaba mala. Y hermano, quédate tranquilo que en la semana lo van a hacer. Tuve que irlo a agarrar y él decía, no, eso está sonando, hay que hacerlo. Y después que yo mismo lo agarro así, hermano, Bienvenido, venga que eso lo van a reparar en la semana, yo digo en mi corazón, gracias Señor que en esta iglesia todavía hay gente que le duele tu lugar de adoración. Porque hay cantidad de gente que solamente se congrega como se congregarían en un mall, como se congregaban en un café o en cualquier lugar, pero no tienen ardor por la casa del Señor.
Los artesanos no reemplazarían al pueblo, ellos los ayudarían a establecer un estándar de adoración, un estándar en la talladura. No era para que ellos lo hicieran y nosotros lo miráramos, sino para que nos enseñaran cómo eso se hace.
Yo estas semanas, hermano, o sea, yo me preparo para predicar y yo trato de verlo mejor. Y salí a ver los talleres de la boutique Hermes en París y cómo hacen estos bolsos que te los venden por miles de dólares. Años de entrenamiento a los artesanos que van a trabajar con el cuero. Mostrándoles, toman la herramienta, le dicen, «Mira, tú tienes que respirar cuando vas a cortar y después tienes que exhalar.» O sea, que una cartera Hermes, no es que alguien fabricó eso y lo cortó, sino que le están mostrando a la persona los ejercicios de respiración de forma tal que el cuero termine bien. Tienen una puntada de cómo cosen los bolsos, que es la marca de ellos, y mira, se cose con dos agujas, entra una por aquí y otra por allá. Y eso es para la vanidad y la vanagloria de los hombres, que quienes compran eso ni les importa cómo se fabricó. Lo que les importa es que tenga el logo delante.
Y si eso es, hermano, para la vanidad, y los hombres tienen ese nivel de dedicación, ¿no me voy a gozar yo cuando yo veo por aquí pasar a mis hermanos como hormiguitas a hacer diferentes cosas para adorar al Señor? Hay días específicos que yo vengo a la iglesia en la tarde porque quiero ver a mis hermanos llegando, porque están llegando como llegaba Israel a traer su ofrenda delante del santuario, y la gente eso no lo ve. Me dirán, «Yo creo que Dios lo está mirando y que él se está gozando.» Y eso es lo que hace que adoración sea adoración. Y yo creo que en cada uno de nuestros ministerios necesitamos tener gente llena del Espíritu Santo, también llena de habilidad. Las dos cosas. Que establezca el estándar. Ah, tú quieres hacer eso para el Señor. Vamos a repetirlo de nuevo.
Pero eso da desespero, cuando alguien quiere hacer algo con calidad para Dios y siempre aparece una persona que no quiere dar la misma ofrenda. Fulano, dedícate a la madera. Dedícate a la madera porque sí, ese alto nivel de elaboración es necesario y en vez de reducir el nivel de la ofrenda, deberíamos elevar el nivel de la elaboración, decirle a la gente, miren, así es que lo vamos a hacer, mantener el nivel y elevarlo.
A nivel de finanzas, hermano, yo me gozo de que esta iglesia tiene mejor práctica financiera que la mayoría de las pymes de este país. Quizás grandes empresas pueden tener más, pero los niveles de elaboración que hay, desde rendición de cuentas hasta cómo se hacen los números, hermano, pocos negocios tienen ese nivel de elaboración. Y alguien me va a decir, «Esto no es una empresa, esto es una iglesia.» Ay, no, hermano, es que el Señor se está gozando en esos reportes financieros. Yo le doy para atrás reportes financieros de hace 15 años y eran iguales, un nivel de calidad muy alto. ¿Por qué? Porque Dios requiere lo mejor de nuestra gestión.
El sentido de pertenencia en el pueblo. Tenemos que transmitir ese sentimiento, decirle a los más jóvenes, mi amor, esto no es solamente traer el cuerpo. Yo le oro al Señor para que mis hijos entiendan que en mí no solamente hay un pastor, que realmente yo quiero hacer esto y que vean que esto para mí no es solamente un trabajo, sino que es un deleite. El fracaso en mi vida sería que mis hijos entiendan que para mí esto es un trabajo. Esto no es un trabajo solamente; trabajo es lo que hacemos en la empresa. Esto para mí es un deleite. Esto para mí es la parte más dulce de mi día. Esto para mí es mi especial tesoro, hermano. A los más jóvenes tenemos que enseñarles eso.
La actitud. Gente celosa, gente reverente, gente dispuesta a hacer grandes sacrificios. Tenemos que modelar la participación. Aquí no venimos a consumir adoración. Esto no es un espectáculo. Esta es la iglesia de Cristo. Y nuestro privilegio es dedicarle al Señor este culto. Amén. ¿Cómo termina esto, hermano?
La abundancia de la ofrenda
Del capítulo 36, del 1 al 7, se nos muestra la abundancia de la ofrenda. Dice así, pues, el versículo 1 del 36: «Bezaleel y Aholiab y todo hombre sabio de corazón, a quien Jehová dio sabiduría e inteligencia para saber hacer toda la obra del servicio del santuario, harán todas las cosas que le ha mandado Jehová.» Y Moisés llamó a Bezaleel y a Aholiab y a todo varón sabio de corazón, en cuyo corazón había puesto Jehová sabiduría, todo hombre a quien su corazón le movió a venir a la obra para trabajar en ella. Y tomaron de delante de Moisés toda la ofrenda de los hijos de Israel, que los hijos de Israel habían traído para la obra del servicio del santuario, a fin de hacerla. Y ellos seguían trayendo ofrenda voluntaria cada mañana. Tanto que vinieron todos los maestros que hacían toda la obra del santuario, cada uno de la obra que hacía, y hablaron a Moisés diciendo, «El pueblo trae mucho más de lo que se necesita para la obra que Jehová ha mandado que se haga.» Entonces Moisés mandó a pregonar por el campamento, diciendo, «Ningún hombre ni mujer haga más para la ofrenda del santuario.» Así le impidió al pueblo ofrecer más, pues tenían material abundante para hacer toda la obra y sobraba.
Hermano, esa debe ser la expectativa y ese debe ser el motivo de oración. Pues tenían material abundante para hacer toda la obra y sobraba. Pretendo, hermano, tomar ese versículo 7 y ponerlo en mi corazón primero y después recordármelo frecuentemente. A veces uno dice, «¿De dónde vendrá el recurso?» Pues tenían material abundante para hacer toda la obra y sobraba.
Y ellos seguían trayendo ofrenda voluntaria cada mañana. Tanto, que vinieron todos los maestros que hacían toda la obra del santuario, cada uno de la obra que hacía, y hablaron a Moisés, diciendo: «El pueblo trae mucho más de lo que se necesita para la obra que Jehová ha mandado que se haga.» Entonces Moisés mandó pregonar por el campamento, diciendo: «Ningún hombre ni mujer haga más para la ofrenda del santuario.» Así se le impidió al pueblo ofrecer más, pues tenían material abundante para hacer toda la obra, y sobraba.
— Éxodo 36:3-7
El evangelio en este texto
¿Cómo se ve aquí el evangelio? Miren, el evangelio se figura desde el éxodo: deja ir a mi pueblo para que me adore. El evangelio es la buena noticia de que hemos sido libertados del pecado y prosperados en Cristo para que expresemos nuestra adoración a él en completa libertad y en un abierto desprendimiento. El Señor te salvó, ¿sabes para qué? Para que le adores.
Sin embargo, aún con todos estos materiales valiosos, el tabernáculo requeriría un gran altar de bronce junto a la entrada para presentar sacrificios, pues la paga del pecado es muerte, sin importar todo el arte que tú le pongas. Del mismo modo, aún con su gran desarrollo artístico, la liturgia cristiana necesita mostrar claramente a Cristo, pues la gente no será salvada por nuestros edificios. La gente no será salvada por nuestros decorados y tampoco por nuestra música. Dice la escritura
Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.
— Romanos 6:23
Que la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios, el regalo de Dios, es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro. La liturgia cristiana no salva, el edificio cristiano no salva, la oratoria no salva, como tampoco salvaba el santuario. Se requiere sacrificio, y el sacrificio Cristo lo hizo por nosotros. Lo más hermoso que puede hacer la iglesia de Cristo es proclamar a Cristo como su prenda más valiosa. Ese es nuestro especial tesoro, hermano. Y eso es lo que nosotros podemos dar. Oramos al Señor para que el Señor permita que esta iglesia crezca en expresión.