Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.
— Juan 14:6 (RVR1960)
Antes de que Cristo sea para ti el camino, la verdad y la vida, tienes que reconocerle como quien realmente es.
En Juan 14, uno de los discípulos de Jesús llamado Tomás le hace una pregunta directa: «Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?» Jesús le responde, y al hacerlo empieza por su propio nombre. «Yo soy el camino, la verdad y la vida.» Para un lector moderno, «yo soy» son dos palabras ordinarias. Para cualquier judío que escuchaba a Jesús en ese momento, esas palabras cargaban un peso completamente distinto. «Yo soy» era el nombre con que Dios se había presentado a Moisés en la zarza ardiente: «Di al pueblo que Yo Soy te envió.» Usar ese nombre para referirse a uno mismo era una declaración de identidad divina, y todos en esa sala lo sabían.
Eso explica por qué Jesús empieza por ahí. Antes de hablar del camino, antes de hablar de la verdad, antes de hablar de la vida, primero el nombre. Cualquier filósofo puede hablar del camino. Un maestro puede hablar de la verdad. Un médico puede hablar de la vida. Pero ninguno de ellos puede decir «yo soy» con el peso con que Jesús lo dijo. Lo que separa a Cristo de cualquier otro maestro es su naturaleza, y esa diferencia lo cambia todo. Cristo es Dios hecho hombre. El mismo que le habló a Moisés desde la zarza es el que en este momento le está hablando a sus discípulos.
Hay una tendencia natural a saltarse ese nombre e ir directo a las promesas. Cristo es mi camino, Cristo es mi verdad, Cristo es mi vida. Todo eso es hermoso y verdadero. Pero si Cristo todavía es para ti una figura histórica, un buen ejemplo moral, un maestro del pasado, las promesas quedan flotando sin fundamento. Es como edificar sobre una superficie que no has verificado. La solidez viene de la persona que hace las promesas, y eso requiere haber creído quién es esa persona antes de pedir lo que puede darte.
Tómate un momento hoy para pensar en eso concretamente. ¿Quién es Jesús para ti? El mismo que sacó a Israel de Egipto, el que habló desde el monte Sinaí, el que caminó sobre el agua, es el mismo que dice «nadie viene al Padre sino por mí». Creer eso no es un ejercicio reservado para teólogos. Es el suelo desde el cual todo lo demás tiene sentido, y el punto al que hay que volver cuando la fe empieza a sentirse vacía.
Oración: Señor Jesús, ayúdame a creer con mayor profundidad quién eres tú realmente. Que el Yo Soy sea para mí una realidad viva, y que esa realidad cambie cómo me relaciono contigo hoy. Que cuando diga que eres mi camino, mis palabras tengan el peso de alguien que ha creído primero en tu persona. Amén.