Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.
— Juan 14:6 (RVR1960)
Ya que Cristo es la verdad, el creyente tiene una fuente de conocimiento que no engaña.
Vivimos en un mundo con una habilidad extraordinaria para crear expectativas que no cumple. Pienso en algo muy cotidiano: el dispositivo nuevo que en tres meses ya dejó de satisfacer, el logro que costó años y que al llegar no se sintió como esperabas, la relación que parecía ser la respuesta a todo y que con el tiempo reveló sus límites. Esas cosas no son malas en sí mismas; el problema es que les pedimos más de lo que pueden dar. Y cada vez que algo prometía llenarte y no lo hizo, dejó un sabor de desconfianza.
Cuando Jesús dice «yo soy la verdad», le habla directamente a quienes antes quedaron desencantados con otras fuentes. Está diciendo que en su persona hay una fuente de conocimiento que no engaña, que no tiene letra pequeña, que no cambia de acuerdo a las condiciones del momento. El mundo produce engaño con una consistencia asombrosa: estafas filosóficas, estafas religiosas, estafas tecnológicas. Cada nueva promesa de trascendencia llega con todo el aspecto de lo definitivo, y al poco tiempo hay que buscar la siguiente. El creyente que ha encontrado en Cristo la verdad tiene una referencia firme desde la cual puede evaluar todo lo demás.
Las promesas de Cristo son ciertas porque él es quien es. Sus palabras tienen peso porque su persona tiene peso. En un tiempo donde todo parece negociable, donde las verdades se ajustan según quién las diga y con qué propósito, poder decir «tengo una fuente que no defrauda» es el descanso de alguien que encontró suelo firme después de mucho tiempo pisando terreno inestable. La pregunta que queda es personal: ¿cuánto espacio ocupa Cristo como esa referencia en tu vida, como aquello desde lo cual lees el mundo, tomas decisiones y evalúas lo que te ofrecen?
Oración: Señor, te pido que seas tú mi referencia. Que tu verdad me oriente cuando tengo que decidir, cuando tengo que evaluar, cuando el mundo me ofrece lo que dice que me hará bien. Confío en que lo que tú dices es cierto. Ayúdame a vivir de acuerdo a eso. Amén.