Conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte.
— Filipenses 1:20
Lo que se debate en tu aflicción no es tu comodidad, sino la gloria de Cristo.
Cuando la vida aprieta, los temores salen a la superficie. Algunos son evidentes: el diagnóstico médico que cambia todos los planes, la situación económica que no mejora, la relación familiar que lleva demasiado tiempo rota. Pero debajo de esos temores visibles suele haber otro más difícil de admitir: el temor a lo que la gente pensará de nosotros, a perder la imagen que hemos construido, a descender en la consideración de quienes nos rodean. Es un temor que raramente nombramos con claridad, pero que gobierna muchas de nuestras decisiones.
Pablo, desde su celda, nombra cuál era su principal temor. Lo que realmente le afligía era la posibilidad de avergonzar a Cristo, de perder alguna oportunidad para que Cristo se viera grande a través de su vida. «Tengo la plena seguridad y la esperanza de que jamás seré avergonzado, sino que seguiré actuando con valor por Cristo»1, escribe. El temor de Pablo era un temor orientado hacia Cristo, hacia su gloria, y eso organizaba todo lo demás.
Cristo es superlativamente grande, inconmensurable. No hay manera de hacerlo más grande de lo que ya es. Lo que sí podemos hacer es que nosotros mismos, y las personas a las que les damos testimonio, lo perciban en toda su grandeza, gloria y poder. Magnificar a Cristo es lograr que alguien pueda verlo como realmente es: presente en tu circunstancia, más firme que tu incertidumbre, más real que el dolor que estás atravesando. Y es precisamente en la circunstancia difícil donde eso se ve con mayor claridad, cuando no hay solución fácil a la vista y Cristo sigue siendo suficiente.
Oración: Señor, confieso que mis temores con frecuencia apuntan hacia mí: mi imagen, mi comodidad, lo que otros pensarán de mí. Quiero que el temor que guíe mi vida sea el de Pablo: no avergonzarte, no desperdiciar una oportunidad para que te veas grande. En medio de lo que estoy enfrentando hoy, ayúdame a hacer esa pregunta primero. Amén.
Footnotes
-
Filipenses 1:20 (NTV) ↩