Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.
— Proverbios 3:6 (RVR1960)
Dios puede ser nominalmente importante en tu vida y, en la práctica, no participar en ella.
Casi todos hemos estado en un grupo donde nadie nota que estamos ahí: no nos ven, no nos dan parte, no nos involucran. Hay personas que lo dicen con esas palabras: «Aquí me siento como si no existiera.» Así puede sentirse Dios en su relación contigo. Tú dices que él es tuyo y sabes que eres suyo, y aun así pueden pasar días, y hasta semanas, sin que lo reconozcas en ninguno de tus caminos. El versículo insiste en una palabra pequeña y exigente: «todos». Todos tus caminos, incluido ese tramo cotidiano que te parece tan insignificante que ni se te ocurre llevárselo. Reconocer a Dios es darte cuenta de que está ahí, presente y atento: que él tiene un interés activo en ti y que tú tienes un interés activo en él.
Hay relaciones que se enfrían sin que nadie las rompa. La persona sigue siendo nominalmente importante, pero en la práctica ya no participa de tu vida. Vale la pena preguntarse cómo está esa relación con Dios, y ser honestos: a menudo uno reconoce que él estuvo presente en una reunión o en una conversación solo cuando ya pasó, cuando el texto pide reconocerlo mientras ocurre. «En todos tus caminos» apunta a lo ordinario: cuando almuerzas, cuando conduces, cuando trabajas, cuando piensas. La delicadeza de la relación con Dios aparece cuando llegas a contar con él para las cosas que parecen mínimas, porque hasta quien no cree cuenta con Dios para las cosas grandes.
El reto que tienes por delante es vivir de manera menos suelta: que Dios deje de ser un departamento de tu existencia o una hora marcada en el calendario, y se convierta en una conciencia que te acompaña en las conversaciones, en las decisiones, en el trabajo y en el descanso. El terreno de esta relación es lo cotidiano; cuando se vuelve demasiado formal, también se vuelve distante. Quien camina así no sale de su casa sin contar con que Dios va con él, ni entra sin entender que con él vino. Cuando reconoces a Dios de esa manera, tu vida diaria empieza a parecerse a un acto de adoración, y por lo general tu entorno lo nota antes que tú.
Oración: Señor, quiero reconocerte mientras vivo, en el momento mismo en que las cosas pasan. Hazte presente en lo pequeño y en lo cotidiano, y dame una conciencia constante de que vas conmigo en cada camino. Que hoy no te me vayas de vista. Amén.