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Bienaventurados los piadosos

Salmo 1:1-6

El Salmo 1 nos muestra la bienaventuranza de la vida piadosa, contrastando el fruto seguro del justo con la destrucción inevitable del impío, y nos llama a deleitarnos en la ley de Dios.

Predicado6 de marzo de 2016
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Que vayan buscando en sus Biblias, en su Escritura, el libro de Salmos, y consideremos juntos el primer salmo, Salmo, capítulo 1.

Si han sido un poco avispados, han visto, hermano, que he estado seleccionando para exponer porciones de la Escritura que son muy icónicas. Esto no significa que haya una parte de la Escritura que sea más importante o más relevante que otra. Sin embargo, hermano, hay porciones de la Escritura que históricamente han cautivado, especialmente, la atención del pueblo del Señor. Por ejemplo, Juan 3:16, hermanos, eso hay que exponerlo y re‑exponerlo, porque son porciones de la Escritura que el pueblo del Señor en su historia ha abrazado y el Señor ha bendecido a su pueblo a través de ellas. Es lo mismo, por ejemplo, con otras porciones que estaremos considerando.

Hoy tenemos el Salmo 1, que es la inauguración de todo el salterio, que es una porción de la Escritura relativamente corta, pero llena de la sabiduría de Dios, y que considero imprescindible que este salmo se conozca. Pueden buscar en sus Biblias, libro de Salmos, en el capítulo 1. Lo que haremos es leer la Escritura completa, estos 6 versículos; luego nos encomendaremos al Señor, y con su ayuda estaremos exponiendo esto en cada una de sus partes.

Ahí donde están, cierren sus ojos un momento y encomendémonos delante del Señor. Te pedimos, Padre, que utilices esta porción de la Escritura para mostrarnos a Cristo. Que utilices, Señor, esta porción de la Escritura para mostrarnos la urgencia de depender de ti. Que utilices, Señor, esta porción de la Escritura para traer con cuerdas de amor a aquellos, Señor, que hoy están entre nosotros, pero que no necesariamente se saben parte de nosotros.

Te encomiendo especialmente, Señor, aquellos de mis hermanos que quizás se han sentido descorazonados, se han sentido, Señor, dubitativos, tambaleantes en su fe. Que al recibir, Señor, tu exhortación se devuelvan. Mira a aquellos que quizás se sientan especialmente debilitados. Enséñales el camino, Señor, a la vida victoriosa, a la vida triunfante, a la vida plena. Utiliza esta porción de la Escritura, Señor, para refinar tu pueblo. Trae santidad, Señor, a través de la exposición de tu palabra. Trae santa urgencia, Señor, trae una pasión renovada por la vida piadosa.

Te pido en oración, Señor, que utilices esta porción de la Escritura, y cualquier otra que tú entiendas, para levantar una congregación de gente apasionada por ti.

Oración inicial y lectura bíblica

Le pido, Padre, que avives el fuego de mi iglesia, que avives el fuego de mi congregación, que estimules, Señor, nuestros afectos desde lo alto. Danos, Señor, en tu palabra alimento para ser victoriosos en diferentes áreas. Si apelamos a ti, Señor, es porque reconocemos que solos no podemos. Esto te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesucristo. Amén.

Acompáñenme, hermanos queridos, libro de Salmos capítulo 1. Dice así la palabra del Señor. Veremos la bienaventuranza de la piedad: bienaventurados los piadosos. Dice así la Escritura, libro de Salmos capítulo 1:

Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace prosperará. No así los malos, Que son como el tamo que arrebata el viento. Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio, Ni los pecadores en la congregación de los justos. Porque Jehová conoce el camino de los justos, Mas la senda de los malos perecerá.

— Salmo 1:1‑6

Dice en nuestra introducción que el mundo celebra, exalta e imita al malvado. Supuestamente se escandaliza ante la injusticia, ante la violencia o ante la inmoralidad, pero secretamente disfruta de todas estas cosas, y solamente se opone a ellas sinceramente cuando afectan sus intereses particulares. Buscar la piedad es visto como una debilidad, y aun entre los creyentes prevalece la idea de que un buen testimonio tiene que incluir grandes pecados dramáticamente descritos y con un final feliz, que frecuentemente es redención sin consecuencias.

El libro de los Salmos comienza exaltando al piadoso como alguien digno de imitar, mostrando los beneficios de una vida alejada del pecado y el seguro destino de unos y de otros.

Llamar bienaventurado a quien Dios llama bienaventurado

Hoy aprenderemos a llamar bienaventurado a quien Dios llama como tal. Esto no sucede en el vacío, hermano. Si he seleccionado esta porción, más allá de lo relevante que ha sido históricamente para el pueblo del Señor, es porque presiento que nuestra iglesia local, nuestra congregación, puede ser tentada, puede ser atraída a llamar a lo malo bueno y a lo bueno malo. Si expongo esta porción de la Escritura, hermano, lo expongo contra‑cultura. Yo sé que el mundo, a lo que nosotros llamamos bueno, ellos le llaman locura.

Pero mi preocupación en este momento no es sobre el mundo. Tengo una preocupación por ustedes, hermanos, tengo una preocupación por mí mismo, porque, por nuestro frecuente contacto con el mundo, podemos llegar, si no a participar, a desear las cosas del mundo y a entender lo que nosotros tenemos por la misericordia del Señor, no como fortaleza sino como debilidad. Comienza esto hablando acerca del privilegio de no haber estado. Y esto es contrario al mundo, porque el mundo considera un privilegio haber participado en determinados pecados. Lo que la Escritura enseña es que bienaventurado el varón que no anduvo en eso.

Comienza este salmo mencionando todas las cosas que ese varón no hizo. Bueno, el mundo exalta a quien lo hace. Vean las conversaciones del mundo y se darán cuenta que aquellos hombres y mujeres que llaman la atención de la gente son los hombres y mujeres que dicen que han “vivido mucho”, son los que tienen muchos pecados para contar, mucha maldad para compartir. Y aquel que ha vivido una vida piadosa como que no llama la atención. “¿Y tú? Tú como que ni una cosa ni la otra… qué vida más irrelevante”.

Por ejemplo, quien llama la atención del mundo es aquel que estuvo preso y puede hacer los cuentos de la cárcel. “Yo estuve preso, yo he sabido hacer tal cosa”. “¡Wow, estuviste allá!”, aplauso para eso. El que se crió entre delincuentes participando en sus pecados: “¡Guau, tú viviste entre delincuentes, qué vida más interesante!”. El que destruyó varias familias, que tiene tres divorcios: “¡Guau, tú te has casado tres veces, tú has pasado tres veces por eso, no, patrón, tú eres autoridad en esa materia!”. Son el que dice: “Me casé tres veces, tuve hijos con diferentes mujeres”. Hay uno que dice: “Yo tenía corazón de marino, malcante: tuve un hijo en cada puerto”. “¡Wow, un hijo en cada pueblo, yo tengo hijos que ni los conozco”, dicen. “¡Wow!”.

Haber tenido una variopinta experiencia de relaciones amorosas. Si una joven tuvo un solo novio, se casó y permaneció con él durante toda su vida, ella dice: “Fue mi único novio, mi único esposo, ese fue el único hombre que conocí”. Y el mundo dice: “Bah, qué aburrido”. La otra dice: “Yo tuve 15 hombres; algunos ni los conocí”. Eso llama la atención del mundo, eso se le llama “experiencia”. Haber engañado muchas personas, muchas instituciones o empresas y salido ileso: “Yo logré hacerlo y nadie me pudo demostrar nada”. ¿Qué dice la Escritura? “Bienaventurado el varón que no anduvo”. ¿Qué celebra el mundo? Esto es lo que el mundo celebra.

Tener lenguaje indecente, una actitud agresiva o indiferente, a eso le llaman “sofisticación”. Es una persona que siente que está como caminando sobre las nubes y mira a todos por encima del hombro. “¡Guau, qué sofisticado es!”.

La filosofía del mundo y el consejo de malos

Es aquel que tiene un lenguaje “sobrado”, un lenguaje indecente, que no puede unir tres oraciones sin decir una mala palabra. Ese sí: “Guau, mira, ese sí habla”. Algunos jóvenes lo hacen porque eso da como una impresión de madurez. Es una persona que se ha liberado, que no tiene que cuidar su vocabulario, sino que puede decir malas palabras: “Guau, fulano no puede decir dos cosas sin decir malas palabras, ese sí, es atractivo. Cuando fulano habla, hay que oírlo porque él dice malas palabras”.

Conocer determinadas subculturas de pecado. Hay algunos que conocen bien y dominan la cultura del trago. Conocen cada trago por su nombre, saben qué bebidas combinan, han probado todos los tragos. “¿Tú no bebes ni siquiera cerveza? No, yo sí conozco, mira, ese era duro, el otro también, wow”. ¡Qué interesante es! Y la subcultura de la vida nocturna les cautiva, les parece interesante: “Ese conoce el bajo mundo, él conoce todas las discotecas, él sabe dónde están los lugares”. Que tú nunca sales después de las 10.

Hermano, estoy haciendo un parangón para que entiendan cuál es la actitud del mundo. El mundo dice: “Bienaventurados los perversos, bienaventurados los que han participado”. El piadoso no sale en los canales de televisión, al piadoso no le hacen entrevistas.

Este salmo utiliza una estructura de progresión, cada vez aumenta más. Comienza diciendo: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos”. Es la primera etapa: bienaventurado aquel que no se expresa desde la filosofía mundana. Bienaventurado aquel para el cual el “nosotros” del mundo ni siquiera fue una opción que considerar.

Y les digo, hermano, el Señor llama a uno en diferentes momentos, y gloria al Señor por aquel que llamó después de una vida de 40 años de perversión. Pero bienaventurado aquel al cual el Señor le ahorró los 40 años. Es más, si me dijeran cuál es el testimonio “impresionante”, no es el hermano que ha destruido su vida 10 veces y el Señor se la reconstituyó, sino aquel que permaneció en los caminos del Señor y no destruyó su vida ni siquiera una.

Yo mismo tuve en algún momento de mi adolescencia que luchar con esto. Tuve el privilegio de conocer temprano los caminos del Señor, y eso me evitó grandes desgracias. Pero veía a mis amigos participando en esas desgracias, y yo entendía que mis amigos estaban bien. “He vivido poco”, podría pensar. El salmo ha venido a decirte que la bienaventuranza no está en participar, sino en no haber estado. Que es más bienaventurado aquel a quien el Señor trajo temprano que aquel a quien el Señor trajo después de tener las ataduras del pecado y estar casi caminando a la puerta de la muerte.

Primera etapa: “Bienaventurado el que no anduvo en consejo de malos”, la filosofía mundana. Quizá esta filosofía mundana comienza considerando el pecado como una opción, despertando el deseo, deseando replicar conductas desviadas, cierta curiosidad por el pecado. Bienaventurado aquel que no tuvo ni siquiera la curiosidad, aquel que no tuvo ni siquiera que ir a ver.

No estoy diciendo “no, el Señor, yo estaba entregado a eso”. Gloria al Señor que te sacó de allí, mostró su poder. Pero hay más poder en preservar al pecador de su seguro destino que en rescatar a un pecador ya cuando está por abrir la puerta. El poder del Señor se manifiesta de manera más grande en la preservación del hombre que en su regeneración.

El consejo de malos: influencias, cultura y Satanás

Nosotros tenemos una naturaleza caída y, que con esta naturaleza, el Señor te haya preservado de entregarte a eso, debes verlo como un enorme privilegio. ¿Qué es esto, el “consejo de los malvados”? Miren, el mundo tiene su filosofía. El mundo tiene sus preferencias, expresiones culturales retorcidas, inclinaciones. Hermanos que practican la maldad, ese deseo, ese consejo.

Gloria al Señor, hermano, de nuevo te digo: si el Señor te trajo de lejos, si tu testimonio es un testimonio de redención, donde el Señor te encontró ya que estabas hasta la puerta del abismo y te trajo aquí —como dice Judas, que el Señor rescató a algunos como del fuego—, era tan seguro su destino hacia el infierno que dice Judas que a algunos el Señor los saca como del fuego. Y gloria al Señor por aquellos. Pero aún más gloria al Señor por aquellos que se consideraron temprano el camino del Señor. El Señor les evitó tener que considerar ni siquiera el consejo.

Así comienza, hermano. Así comienza la estructura del pecado: te vas acercando progresivamente. Lo primero que llegas a aceptar es que el pecado es una opción. ¿Y cuántos son los hermanos míos el día de hoy que ya ven el pecado como una opción? Que ya entienden que esa es una posibilidad. Se marca el pecado, ya no se le llama maldad, sino que eso se llama “alternativa”. Gloria al Señor por aquel que no ha visto el pecado ni siquiera como una opción.

Esta manifestación, a veces, de andar en consejo de malos… No esperen que el malvado, al dar el consejo de malo, es como que va a venir formalmente y te va a aconsejar, y te va a decir: “Ven, hermano, que quiero darte un consejo pecaminoso formal para que peques”. El mundo no aconseja así. El consejo del malvado siempre es un consejo indirecto. No esperen esta formalidad, como que tú vas a recibir un “sellón” para aconsejarte a que practiques el pecado, no. El mundo no opera de ese modo, es sigiloso.

A veces son amistades que te inclinan hacia la maldad con su sola presencia. Y en esto uno tiene que ser cuidadoso, hermano, porque el ser humano repercute más sobre otro ser humano de lo que uno quisiera. Pasa tiempo con el impío y tendrás que hacer un gran esfuerzo para no terminar imitando su desvarío. Y pasa tiempo con el justo y verás cómo hace como un halo sobre ti. Los seres humanos nos imitamos los unos a los otros, aunque lo evitemos.

Habla con una persona que haya tenido el mismo jefe durante cinco años y te darás cuenta que hablan parecido, se conducen parecido, como cortados del mismo molde. Es que el ser humano repercute sobre el otro. Canciones, películas, series de televisión, países grandes que te quieren imponer su filosofía. Hermano, el mundo no es que te va a aconsejar formalmente. Te va a mostrar un modelo alternativo que ofende a Dios y te da una satisfacción puntual, y rápido te embarca hacia la destrucción.

Hay hoy hermanos que se refugian y dicen: “Eso no es nada, yo he asumido el pecado como noción, pero eso es algo cultural”. Culturalmente pecaminoso, culturalmente retorcido. Que algo sea “cultural”, que pueblos enteros participen de un pecado, no hace que lo bueno sea llamado malo, ni que lo malo sea llamado bueno. Lean el Antiguo Testamento y por sus pecados culturales el Señor destruyó pueblos completos. “En Noruega lo hacen así, ellos son más grandes que nosotros…”. Hermano, y en esto quiero animarte a que seas avispado, porque el consejo del mundo te llegará por vías que uno no está acostumbrado a ver como que son vías de consejo.

Miren, hay canciones de José José que han hecho más daño a generaciones que miles de consejeros. Y menciono ese hermano porque representa una generación; no es algo contra un artista específico. Pero, ¿cuántos pecados han sido cometidos influenciados por canciones? Miren, cada pecado tiene su banda sonora. Como la película que usted ve, que una película de acción tiene su banda sonora, cada pecado tiene su banda sonora. Por eso hay gente que prefiere pecar con unos que con otros. Dice: “Cuando yo voy a cometer tal pecado me gusta esa canción, y cuando cometo aquel me gusta esa otra, la banda sonora original de ese pecado”.

Ahí viene el asunto: como dicen algunos hermanos entonces: “¿No debemos escuchar música secular?”. Mire, un creyente escucha todo; todo lo filtra: todo lo justo, todo lo verdadero, todo lo que es de buen nombre. Pero yo te anuncio que, si acaso hay un pecado hacia el cual tú tienes una inclinación especial, te aseguro que debe haber una canción también que prefieres especialmente para cometer ese pecado. Estas canciones avivan el fuego.

Por eso dice Romanos 13:14:

…no proveáis para los deseos de la carne.

— Romanos 13:14

Por eso, para ser un creyente, hace falta una obediencia radical, donde tú cortas en asuntos que para el hombre “no serían nada”, pero tú entiendes que estás haciendo un bien para tu alma.

Y sí, el mundo también da su consejo directo. Frecuentemente Satanás aconseja indirectamente, pero sí, el mundo también da su consejo directo. Lamentable aquel creyente que, ante una crisis, ante un problema grave, se refugia donde el impío. ¿Cuántos matrimonios han sido destruidos porque el consejero fue un consejero malvado? ¿Cuántas vidas han sido dañadas porque el consejero fue un amigo que me dijo que lo que yo quería hacer “era lo que convenía”?

El consejero impío y la siembra de pensamientos

¿Cuántas son las personas que en este momento están teniendo una tentación especial de deshonrar al Señor en áreas de su vida y van donde el consejero inadecuado y se refugian en él? Normalmente ese consejero es el que les da la estocada final para caer. Para cada pecado que un creyente está presto a cometer, hay un consejero diabólico que está ahí dispuesto a decirle que lo que él llama “deseo”, el deseo, “conviene”.

Hermano, remenea este asunto. Me recuerda el rey Sísara, atormentado, perseguido, entrando a la tienda de Jael. Ahí fue que le clavaron la estaca en la sien. ¿Cuántos son los hermanos míos que tienen crisis en este momento en determinadas áreas de su vida y van donde el compañero de trabajo, van donde el amigo, van donde el familiar que no conoce el consejo de Dios, y entrar en esa casa significa su muerte?

“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos”. Ni indirectos ni directos. Bienaventurado el varón que no anduvo en eso. ¿Qué es lo que hace Satanás más frecuentemente? Que siembra un pensamiento. Satanás siembra un pensamiento, espera que florezca el deseo y que se manifieste el fruto del pecado. La gente mira a Satanás, a veces esperando que Satanás va a venir, la va a agarrar por los brazos y la va a llevar a cometer pecado. No. El acaso de Satanás es que sugiere cosas.

Cristo en el desierto tuvo que soportar a Satanás sugiriendo cosas. Entre las cosas que sugería, era una tentación elaborada. Le decía: “Oye, ¿pero tú no eres el Hijo de Dios? ¿Tú no fuiste el que creaste el cielo y la tierra con el poder de tu palabra? ¿Cómo va a ser que este, que creó el cielo y la tierra con el poder de su palabra, tenga hambre? Haz que estas piedras se conviertan en pan”.

Ese consejo de Satanás, hermano, es un asunto elaborado. Lo que está diciendo es: “Eso no es digno de ti. Estás en medio de una aflicción, estás por cometer un pecado”. Escoges la voz así de Satanás que te dice: “Pero tú te lo mereces, tú estás siendo muy riguroso contigo mismo”. El consejo diabólico regularmente viene con un pensamiento inoculado en tu mente que te dice: “Pero tú mereces algo más. Eso es una injusticia que se está cometiendo contra ti. Vas muy en serio, te estás tomando esto demasiado a pecho. Ámate a ti mismo. Tú tienes dignidad”.

¿Quién no quiere escuchar ese consejo? Hermano, ¿qué hombre nacido de mujer, inclinado al pecado, no quiere ese consejo? “Tú mereces algo más, tú estás por encima de esa circunstancia, eso no es nada”. ¿Quién no quiere eso? Lo que Satanás quiere, hermano, es inocular ese pensamiento en tu mente de que “nada es nada”.

Era Pedro siendo usado por Satanás, diciéndole a Cristo: “Ten compasión de ti, que tal cosa no te acontezca, Maestro, ten compasión de ti”. ¿Qué es lo que dice el Señor? “Niégate a ti mismo”. ¿Y qué dice Satanás? “Ten compasión de ti”. “¿Y tú vas a destruir el viejo hombre con sus deseos? ¿Y tú realmente vas a sacrificar eso? Ten compasión de ti”.

Por eso le dijo el Señor a Pedro: “Apártate de mí, Satanás”. No esperes a Satanás con una recomendación directa de que practiques el pecado. Espera a Satanás diciendo: “Ten compasión de ti, ten amor propio”.

Primer paso, hermano, que va describiendo el salmista: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos”. La primera batalla, hermanos, es la batalla en la mente: no dejarte aconsejar por Satanás, no dejar que el malvado marque el paradigma. Pero él sigue subiendo la progresión. Después dice, eso es lo primero: “Bienaventurado el que no anduvo en consejo de malos”. Lo segundo: “Ni estuvo en camino de pecadores”.

El camino al pecado: acercarse y “solo mirar”

El pecado comienza manifestándose, hermano, con el deseo; el deseo avivado, el deseo cultivado. Tú querías la santidad, hermano, pero vas a encontrar una imagen, vas a encontrar un deseo, vas a encontrar un pensamiento que va a apartar tu corazón de lo que convenía y glorificaba al Señor, a lo que te da una satisfacción temporal y te lleva a la destrucción. La segunda etapa es caminar en un acercamiento al pecado, un avance progresivo.

Me recuerda a Lot, dice que iba moviendo sus tiendas hasta que llegó a Sodoma. Algunos están ahí en la primera etapa, que es el consejo. Ya otra cosa es. Casi nadie, al caminar hacia el pecado, dice que va a pecar. “Yo estoy dando una vuelta, eh…”. “No, yo estoy pasando por aquí, pero tú sabes que eso puede terminar en pecado, ¿verdad?”. “Yo soy fuerte, yo puedo”.

Él dice: “No, no, no, yo voy a la playa a bañarme, pero tiene traje de baño puesto, tiene la neverita, tiene chancleta, lentes de sol, va camino a la playa, hace calor”. “Yo solamente la miro, yo no…”. Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos ni estuvo en camino de pecadores.

Hermanos, conducirte rumbo al pecado… “Ah, pero me devolví, el Señor venció”. Gloria al Señor si, en vez de devolverte, no tuviste que salir. Yo no estoy diciendo aquí: “Bienaventurado el que se devolvió”, y sí, bienaventurado el que se devolvió. Pero aún más bienaventurado el que no salió de la casa de Dios para caminar a la tienda del pecado.

Muchos se escudan en su prudencia, en su madurez. “Eso a mí no me afecta tanto como me afectaba antes, ya yo puedo”. Proverbios 3:5, aunque lo citemos de memoria, dice:

Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia.

— Proverbios 3:5

¿Cuántos son los hombres prudentes, las mujeres prudentes que han terminado deshonrando al Señor? “Yo soy prudente, yo me contengo, yo…”. Hermano, la exposición te libra o te mata. El Señor libra de la exposición.

“Yo puedo caminar por ahí, eso a mí no me da”. “¿Pero qué ustedes creen? El Señor va conmigo”. Hay otros, caldeados, que están dando un mal testimonio de Cristo en determinadas áreas de su vida, y se están excusando en que Dios conoce su corazón. “Yo no he pecado, no me juzgue, yo no he pecado. ¿Tú me viste cometiendo el pecado? Yo no he pecado”.

A todas luces hay un contexto pecaminoso. A todas luces hay un ambiente de pecado. A todas luces hay evidencia de que estás, si no estás pecando, estás camino, hermano. “No, es que tú eres demasiado riguroso, yo no estoy por pecar. El Señor conoce mi corazón”. Bueno, el asunto, hermano, es que hay gente que está tan envuelta en su asunto, que ya parece que pecó. Está envuelto el pecado, y puede ser que, de hecho, no haya consumado el pecado, pero está camino, hermano, está camino a ese asunto.

Bienaventurado el que no caminó. Bienaventurado el que no dio una apariencia de pecado. Bienaventurado aquel que no solamente no ha pecado, sino que también ha evitado que sus hermanos piensen que está pecando. Gloria al Señor por eso.

Por eso, hermano, ser creyente es más que venir a una iglesia. Es comprometerse con obediencias radicales.

“¿Hermano, qué te hace saliendo de ese lugar?”. “No, yo no estaba ahí haciendo nada”. Y puede ser, hermano, que no estuvieras haciendo nada, “mirándolo”. Y, de hecho, hermano, puede ser que no estuviera sucediendo “nada”, pero la pregunta es: ¿qué haces en ese lugar? ¿Qué haces lejos de tu campamento?

Estamos en guerra, hermano. Un soldado no sale solo a exponerse al campamento enemigo, no haga eso. Y les digo, mire, puede ser que ahí haya personas que no hayan cometido determinado pecado, pero están siendo ocasión de caer para los pequeños. Y dice la Escritura que cuidado con hacer caer a uno de estos pequeñitos; como mejor le sería amarrarse una piedra al cuello y echarse al mar.

Hay gente que ellos mismos no han pecado, pero han puesto cantidad de gente a pecar hasta con sus comentarios. Es quizás David, hermano, de camino a pelear, ¿saben? En un momento, el que fue eventualmente el rey David, en un momento de debilidad, estaba en el campamento de los filisteos. Y se unió con los filisteos de camino a pelear contra el pueblo del Señor. Y ahí va el rey David, hermano, a pelear contra el pueblo del Señor. “David, ¿a dónde tú vas? El pueblo sobre el que tú vas a reinar eventualmente, tú eres el futuro rey de Israel, ¿qué haces peleando contra el pueblo?”.

“Bueno, estoy aquí en medio de ellos, yo me estoy yendo, ellos me están invitando, no puedo decir que no…”. El Señor providencialmente rescató al rey David de un despropósito de ese tipo. Pero gloria al Señor por aquel que no caminó a pelear contra el pueblo del Señor. “Bienaventurado el que no anduvo en consejo de malos ni estuvo en camino de pecadores”.

Sentarse en la silla de los escarnecedores

Tercera etapa. La primera es, hermano, el consejo. La segunda etapa es el camino. ¿Cuál es la tercera etapa? Dice: “Ni en silla de escarnecedores se ha sentado”.

“No, yo no me voy a hacer aquí, yo estoy solamente respirando un chin, que estoy aquí sentado en esta silla, pero… yo sé que este no es mi lugar, yo estoy aquí sentado temporalmente. En un momento me senté aquí, tú sabes, para respirar un chin, tomar un refresco”. No. Bienaventurado el que no se sentó.

Y aquí es cuando la gente se sienta en el pecado y ya ese pecado le está definiendo. Cuando ya te sentaste en la silla, o sea, no es ya un asunto de que estás deseando y dices: “Yo me podría sentar en la silla”. Eso es lo primero: “No es nada sentarse en la silla, yo puedo sentarme y pararme”. Ya no es un asunto de que vas de camino a la silla, sino que estás sentado en ese pecado.

El Señor tenga misericordia, hermano, porque pararse de ahí, una vez sentado, no está fácil. Es más difícil. Es más fácil devolverse del pecado, es más fácil luchar en el pensamiento y rechazar un pecado, que pararse del pecado.

Y aquí es que la gente me dice: “Pero todos los pecados son iguales. Todos los pecados son lo mismo, ese pecado que aquel, y todos tenemos pecados”. Sí, es verdad, hermanos, todos los pecados acarrean la misma condenación. Usted será destruido, usted será condenado por un pecado de lo que los hombres llaman “chiquito”, o por un pecado grande. Todos los pecados condenan del mismo modo. Pero las consecuencias temporales… hay pecado y hay pecado.

Mire, no es lo mismo. ¿Es lo mismo comerse un dulce que no te correspondía, que desear a la mujer del prójimo? ¿Es lo mismo? Sí, hermano, todos condenan. Pero hay pecados que tienen consecuencias temporales que son más amplias. Y lo que no te dijo Satanás cuando te los enseñó, es que esas consecuencias se quedan.

Satanás crea un contexto de pecado que es ideal. Eso parece ideal. El pecado, según Satanás, ni siquiera emite CO₂. El pecado, según Satanás, es un asunto, hermano, que “no pasa nada”. No, el pecado deja consecuencias y frecuentemente las consecuencias se quedan ahí instaladas, y hay que vivir con ellas.

“No, el Señor me restauró”. Sí, el Señor te restauró, y te dejó ahí eso para que tú te recuerdes lo que hiciste. Muchas enfermedades están ahí en el cuerpo todavía: “No, que no es nada, yo salí de ahí”. El testimonio público, hermano, se queda ahí. Ser desechado para determinadas áreas del servicio al Señor también se queda.

Hay algunos que, por su pecado, están descartados. “No, el Señor me perdonó”. Sí, es verdad, el Señor te perdonó. El asunto está en el corazón de uno, no en el corazón del Señor. Porque, ¿cuántas son las personas que quisieran ir atrás en su vida a dejar de cometer determinados pecados, que les instalaron hoy asuntos con los que han tenido que vivir?

Y ahí es después que la gente quiere buscarle una alternativa al Evangelio y decir: “La voluntad del Señor no es esa, sino la otra”. No. La voluntad del Señor era que en aquel momento, cuando eso solamente era un consejo en tu vida, cuando solamente era la posibilidad de cometer ese pecado, lo rechazases en tu mente para que te fuera bien. La voluntad del Señor era que, cuando ibas caminando hacia el pecado, de ahí te devolvieras. Pero fuiste, lo deseaste, caminaste y te sentaste en esa silla, y ahí te quedas, hermano; tendrás que morir con ese asunto.

Esperemos que cuando el Señor haga que todas las cosas sean perfectas de nuevo, ahí tú tendrás una plena libertad. Pero tendrás que vivir con eso. Hay cosas que no se sacan de la vida. Pero el hombre natural te dice que hay cosas que se pueden sacar, que hay pecados cuyas consecuencias se pueden eliminar. Eso es lo que quiere decirte Satanás. Hay pecados, hermano, que dejan sus consecuencias instaladas.

Israel, hermano, fue destruido por el Señor, y se le quitó el reino. Y el Señor vino y redimió gran parte de Israel. Y los discípulos dijeron: “Señor, tú te estás yendo ya, pero aquí estamos presos todavía, tú sabes. Nosotros somos ‘claud’ todavía, esta gente… ¿Tú vas a liberarnos a nosotros en este tiempo o en el otro?”.

Yo creo que el Señor en su corazón no se lo dijo así, yo no estoy especulando, hermano, porque no sé quién se lo ha estado diciendo. Pero podría decir: “Sí, es que esas eran las consecuencias de su pecado, y se las voy a dejar ahí para que se recuerden, y no les voy a quitar el pie de Roma del cuello, no se lo voy a quitar. Eso se va a poner peor”. Ustedes están redimidos, tienen un reino celestial, gloria al Señor, sí. “¿Y el pie de Roma no me lo va a quitar?”. No.

“Oh, pero Cristo vino aquí y dejó a Roma instalada, hermano, doblegando a su pueblo”. Ay, hermano querido, te digo esto con tristeza: hay decisiones que tú tomaste hace diez años que esa decisión hoy te sigue acompañando. Y hay algunos que están hoy de camino a tomar esas decisiones, y si te sientas mal, muy probablemente o no te paras, o si te paras, te paras mal.

“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado”.

Escarnecedor, hermano. El escarnio es la burla. Porque todo el que se sentó en el pecado se burló de Dios. No hay un pecado que sea agradable a Dios; todo pecado es una declaración de intención contra Dios. Hay algunos que dicen: “Yo amo a Dios”. “¿Y qué haces en ese pecado entonces?”. Y uno dice: “Ay no, pero es que ellos son buenísimos, ellos aman al Señor”. ¿Y dónde están, que no están aquí?

Instalarte en un pecado y decir que amas a Dios es burlarte de Él. Porque Él es el soberano, Él es el rector, Él es el que tiene autoridad moral y legal sobre el universo, Él es el dueño. Tú no puedes operar contra Dios y decir que estás en una actitud agradable. Se llama “silla de escarnecedores” porque el pecado es escarnio contra Dios.

Cada vez que un hombre peca le está diciendo a Dios: “Yo no me siento satisfecho en ti. Yo creo más en lo que Satanás me está diciendo que en lo que tú me dices que es bueno”. Cada vez que te entregas al pecado estás manifestando una declaración de intención. Estás diciendo: “No me someto a tu voluntad. Voy por la libre, voy por mi propio camino. Le compré el plan al diablo, no compré lo que tú proveías para mí. Entendí que eso era malo y dije: lo que Satanás me está dando es bueno”.

Pecar es burlarse contra Dios. No puedes burlarte contra Dios y seguir ileso. Algunos dicen: “Mi pecado solamente lo comido yo. Mi pecado, yo no le hago daño a nadie, eso yo lo cometo en lo privado, yo soy muy discreto. Mi pecado no le hace daño a la iglesia, mi pecado no le hace daño a nadie más”. Le hace daño a Dios. Te burlas contra Dios. Por eso todo pecado es una silla de escarnecedor.

Cada vez que pecas estás diciendo: “Dios, yo no me siento bien con lo que tú me has dado, no me siento deleitado en ti; salgo a buscar mi deleite en otra parte”. Bienaventurado el que no salió a buscar su deleite en otra parte, el que no se burló contra Dios.

Está muy denso el Salmo 1. Está muy denso el Salmo 1, hermano. Esa es la palabra del Señor. Y si eso te está haciendo una roncha en el alma, gloria al Señor por eso, hermano. Nosotros somos un pueblo diferente. No podemos ser una iglesia “cristiana” sentada en la silla de los escarnecedores y decir: “Estamos aquí por el mismo tiempo, levantamos manos santas”. No aplica.

Les he mencionado lo primero que dice el salmo, y es una escala peligrosa: desear, caminar y sentarse. ¿Qué más dice el salmo? Versículo 2. Primero dice estas escalas del pecado; ahora describe la ley de Dios y nuestra actitud hacia ella. Dice el salmo, en el versículo 2:

Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche.

— Salmo 1:2

Él no hace aquello, y cuando no hace aquello, bienaventurado. Llámale bienaventurado a ese, a esa, al que el mundo llama “irrelevante”. Al que no ha salido a buscar, ese es el bienaventurado.

Delicia en la ley de Dios y disciplina espiritual

Segunda parte, hermano: nuestra actitud hacia la ley de Dios, nuestra actitud. Dice: “Sino”, o sea, no aquello, sino esto: sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche.

Arranco, hermano, por el deleite. El deleite espiritual, hermano, que tenemos, nos lleva a permanecer en ella. Yo pienso que hemos enfatizado más las disciplinas espirituales que los deleites espirituales. Creo, hermano, que históricamente los creyentes hemos enfocado más la disciplina espiritual que el deleite espiritual.

Se te podría preguntar, hermano, pero la mejor pregunta que te puedo hacer no es: “¿Estás orando? ¿Estás adorando al Señor? ¿Te estás congregando? ¿Estás sirviendo en algún ministerio?”. No, hermano. Eso es bueno, pero la mejor pregunta es: ¿Estás encontrando en Dios tu deleite? ¿Te estás sintiendo tan sobrecogido por Dios, a un punto tal, que quieres permanecer en Él?

Ser estoico no es nuestro paradigma, hermano. El cristianismo es un asunto de deleite, de gozarse, de plenitud. Es verdad, hermano, miren, hay veces que vas a tener que orar porque tu carne se revela contra el Señor, y hay veces que vas a tener que congregarte contra viento y marea, y hay veces que vas a tener que adorar al Señor sacrificando tu ser interior para adorar. Pero la mejor pregunta no es esa; la mejor pregunta es: ¿Estás encontrando tu deleite en Dios? Y si no lo estás encontrando, hay una pregunta todavía mejor: ¿Tú sabes que solamente en Dios está tu deleite?

“Yo no quiero ir, hermano, no, no…”. Meditar en ella de día y de noche… No, no, no. Lo primero es esto, hermano: la actitud que tienes hacia Dios. ¿Tú sabes que realmente Él es deleitoso? ¿Sabes que solamente en Él hay plenitud? ¿Tú sabes que solamente hay una verdadera satisfacción en Dios?

Porque lo que hace Satanás es que busca huecos donde todavía tú no has permitido que Dios te satisfaga y te enseña su alternativa. Miren, si no tenemos pasión por Dios, no tendremos pasión por hacer su voluntad, no tendremos pasión por celebrar su presencia, no tendremos pasión por su pueblo. Ajá, y de que han dejado de congregarse… El problema no es si te estás congregando o no; el problema es si tú tienes pasión por Dios a un punto tal que llegas a tener una pasión por el pueblo de Dios.

La mejor pregunta no es si tú estás leyendo tu Biblia. Es si realmente tú encuentras tu deleite en Dios, a un punto tal que quieres considerar su voluntad. Filipenses 4:4 dice:

Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!

— Filipenses 4:4

Y de nuevo, hermano, hay veces que hay que disciplinarse y hacer las cosas en obediencia. Pero regularmente, regularmente, regularmente debe haber en ti pasión. Si no hay un deleite por su ley, no hay una permanencia en su ley. Si no hay, hermano, ver la ley como el Salmo 119 lo describe así mismo, hermano: eso como comida, como pan, como dulce, como miel. Si tú no entiendes que eso es bueno…

Y miren, hay veces, hermano, que yo he tenido disposición en el cuerpo que hace que cuando el paladar se afecte—la gripe hace, hermano, que el mejor salmón, cuando llega al paladar, como que no sabe a nada—pero yo se lo atribuyo a mi gripe. Pero yo sé que eso es bueno. Un creyente lo primero que tiene es un axioma: que la palabra de Dios, su ley, es buena, que es deleitosa; que cualquier problema, el pecado, está en él.

Si yo todavía no estoy encontrando el deleite que debo encontrar en Dios, no es que Dios es menos deleitoso hoy que ayer, es que mi pecado me está afectando el criterio. El paladar hay que limpiarlo a veces para uno poder saborear la hermosura de un manjar. Hay veces que el pecado ha contaminado tanto tus percepciones, tus deseos, tus intenciones, que lo que Dios te está proveyendo tú no encuentras esa satisfacción. Satanás hace eso, porque él no está buscando tu deleite; está buscando tu insatisfacción para que maldigas a Dios, para que seas un escarnecedor.

Por eso, hermano, la mejor pregunta no es si estás permaneciendo en ella de día y de noche. La primera pregunta es si la ley de Dios, para ti, axiomáticamente, es un deleite. Miren, cuando ahí habla de “la ley de Dios”, eso es mucho más que un código. “Ah, la ley de Dios es el libro de Levítico, ¿verdad?”. No, no, no. Está hablando de la ley de Dios como su voluntad expresa. Es que un Dios bueno solamente puede producir una ley que sea buena, un Dios que aboga por tu deleite, no por lucir una ley que busque tu insatisfacción.

La ley de Dios es buena porque Dios es bueno. Si Él es lo culmen de la bondad, entonces la expresión de Dios hacia uno también tiene que ser buena, porque la expresión del autor no puede estar por debajo o no puede negar la esencia del autor. Si la esencia de Dios es la verdad, si cualquier satisfacción permanente está en Dios, la ley de Dios tiene definitivamente que ser buena.

Por eso, hermano, tú te dices a ti mismo, cuando las cosas de Dios no te dan placer, tú dices, axiomáticamente, por definición: “Sea Dios veraz y todo hombre mentiroso”.

“Oye, pero ¿qué pasó? Como que viene al culto…”. Hay gente que viene a la casa del Señor, al culto de adoración, y se van apagados, y dicen: “Como que yo siento que esto ya no me está dando la satisfacción que me estaba dando antes, como que no hay deleite en esto, se me está volviendo gravoso. Yo voy a dejar de congregarme”. Hermano, el problema no está en el culto cristiano, el problema está en ti. Si el hedor está en la nariz, por muy bueno que sea el olor del ambiente, nunca tendrás un olor agradable.

Por eso dice la Escritura que nos despojemos del pecado. El pecado daña la satisfacción en Dios, hermano. Lo primero que te he enseñado es que la ley de Dios debe producir un deleite en ti, toda la voluntad de Dios expresa, hermano. Todo lo que Dios ha dicho, todo lo que el Señor ha ordenado, tú vas diciendo: “Eso es bueno, eso es bueno, eso es bueno. Eso me produce un deleite. Y si yo no estoy captando ese deleite es porque tengo que santificarme más en el Señor, porque tengo que consagrarme más a Él”.

Si, a la manera de Dios, no estoy encontrando satisfacción, nunca encontraré satisfacción a la manera del mundo, a la manera del diablo. En Cristo está mi deleite, eso es axiomático. Eso es como el 1, hermano, en los números naturales. ¿Y de dónde viene el 1? Es una postulación. Hermano, por definición, es verdad.

Miren, la ley de Dios incluye todo el Pentateuco, incluye toda su Escritura. Eso es un deleite, hermano, es una aproximación a la mente perfecta. “¡Guau!”, o sea, la ley de Dios expresa, nos permite acercarnos, aunque sea aproximadamente, a lo que es la mente perfecta de Dios. Cuando tú ves la ley de Dios y ves sus expresiones, tú estás viendo algo muy grande que está detrás de esa ley.

Entrar a Disney World es entrar a la mente de Walt Disney. Y cuando tú entras, te le enseñan lo que esta mente de este creativo pudo concebir: sus personajes, sus atracciones, sus grandes parques. Tú dices: “Guau, este hombre soñó todo esto y después lo construyó”. Eso es ir a Disney, hermano.

Ahora imagínese usted lo que es ir a la palabra del Señor y tratar de ver las implicaciones que tiene. “¡Guau!, pero qué perfección hay aquí, qué sabiduría, qué asunto más armonioso, qué asunto más verdadero”. Es una aproximación a la mente de Dios. Y eso es determinante para tu felicidad. “¿Qué tú quieres?”. “Yo quiero ser feliz”. Tú no podrás ser feliz fuera de la fuente de la felicidad; la fuente de la felicidad es Dios.

Meditar de día y de noche: profundidad y aplicación

Bueno, después, hermano, de hecho, he hecho un intento, que creo que no ha despegado mucho, creo que ha sido pobre, por apasionarte un poco con la Escritura. O sea, tú deberías ver la Escritura así, como: “¡Guau!, aquí viene la mente de Dios, aquí hay perfección, aquí hay sabiduría”. He hecho un intento que quizá no ha pegado mucho, hermano, pero lo que quiero es transmitirte pasión por su voluntad expresa. Que cuando Dios dice “sí”, tú digas: “Guau, sí, me conviene”.

Sin embargo, también tengo que darte algunos motivos, razonablemente, por los cuales conviene meditar en ella de día y de noche. Oye, tú estás notando, hermano: “De día y de noche”. Alguno va a decir: “Ah, está bien, entonces en la mañana…”. No, hermano. De día y de noche es eso: rodeado de su palabra, rodeado de su voluntad, un asunto que tú llevas caminando contigo. Eso es como: “Pónganla por las paredes”, como les decía el Señor a Israel, “pónganla en su casa”.

¿Y por qué hay que meditar en ella de día y de noche? El más superficial solamente llega a tener un entendimiento mecánico de la voluntad de Dios. Dice: “Bueno, Dios no quiere que yo haga eso, y como yo estoy yo me devuelvo, mi Señor, yo no lo hago”. Ahora, que no solamente obedeces, es verdad, hermano, debe haber una resolución en uno a la obediencia. Hay cosas que todavía yo no he entendido por qué el Señor las ha establecido, pero yo las estoy obedeciendo. No las entiendo, me pueden pesar, pero yo no puedo competir con Dios.

Es como el médico. Yo voy al médico y él me pone varias cosas en el cuerpo, hermano, y yo algunas las entiendo, otras no. Pero, bueno, ya he tenido casos donde yo le hago preguntas a los médicos. Y lo que quieren es que uno confíe en que ellos saben. Dios, hermano, está a un nivel excelso, a un nivel más alto. Cuando Dios dice que algo hay que hacerlo, uno lo hace. Pero cuando uno medita en la ley de Dios de día y de noche, llega un momento en que llega a entender por qué el Señor lo estableció. Y tú dices: “Yo tengo un ratico obedeciéndote en esto, Dios, pero ahora yo he llegado a entender no solamente la mecánica de la ley, sino el espíritu de la ley”.

Y ya yo no solamente obedezco, sino que obedezco diciendo: “Gloria al Señor por su sabiduría, porque estableció esto para el bienestar mío, aun cuando yo no podía entender que esto me convenía”. Solamente meditar en ella de día y de noche hace eso.

También nos permite aplicar la voluntad del Señor, hermano, en áreas de nuestra vida en las que no había tenido antes su debido alcance. La voluntad del Señor va como rodeando a uno, va entrando como por los recovecos del alma. Y hay veces que, cuando estás meditando en ella, dices: “Oh, pero mira este pedacito aquí de mi existencia, ese se había quedado suelto. Aplico la voluntad del Señor”. Y tú dices: “¡Guau!”. Pero sigo meditando en ella y digo: “¡Guau!, pero ahí como que yo no…”. Hermano, quien no medita en ella de día y de noche, pierde tremendas oportunidades para ajustar áreas de su vida a la voluntad del Señor.

Uno habla de lo que está haciendo en el momento. He estado buscando propiedades, hermano; yo ando con una cinta métrica para todos los lugares, comparando espacios, digo: “Mira, aquí cabe, aquí cabe, aquí cabe”. “¿Usted es ingeniero?”. “No, es que estoy embuido de esto ahora mismo”. Me llama una persona por una propiedad que parece apta, apropiada, pero no tenía cinta métrica. ¡Qué desesperación! Yo le dije: “Mire, yo le voy a pedir que vuelva en la tarde, porque yo voy con un corredor de bienes raíces que anda con la cinta métrica”. Entonces me llamaron en el momento y yo no andaba en mi carro.

Bueno, qué bueno es andar con la palabra del Señor para medir áreas de tu vida. Y tú dices: “Guau, mira aquí; aquí cabe, aquí cabe su voluntad, aquí puedo vestirme de ella”. Hermano, rodéate de la palabra del Señor de día y de noche. En ella se resuelve el dilema de la vida.

Un creyente tiene una sabiduría que viene de lo alto, que en dilemas donde el hombre se pondría la cabeza grande, él dice: “No, eso no se parece, eso no se parece a Dios”. Es por descarte, hermano. Uno dice: “¿Cuál de las dos, sí o no, me parece que glorifica más al Señor?”. El pastor tiene que tomar un camino o el otro. Entonces, los dos caminos le parecen aceptables. “Pero, ¿en cuál de los dos yo creo que el Señor será más glorificado?”.

El plan de Dios, hermano, en Dios es lícito, y de hecho todo en Dios busca su propia gloria. O sea, no hay una decisión donde Dios no ande buscando manifestar su gloria, porque en Él es lícito hacerlo. Entonces, hay cosas… Yo quiero saber dónde está Dios involucrado, y digo: “¿Dónde Él se glorificaría más?”. Y es más sencillo, porque si yo me pongo a mí como objeto de comparación seré confundido, pero cuando pongo la gloria del Señor, digo: “Señor, mira, si esto glorificara más al Señor, parece que esa es la voluntad del Señor”.

Y dilemas de la vida se resuelven rápido. Nos hace sabios para salvación: uno termina apareciéndose a aquello que uno contempla. También, hermano, la palabra del Señor tira al piso, al pecado, la ilusión del pecado. La Escritura le quita la escarcha al pecado, le quita el brillo. Porque la Escritura, hermano, la verdad… Usted lee el Antiguo Testamento y ahí a veces uno encuentra más pecados que virtudes. Pero en eso, hermano, el Señor le estaba quitando la escarcha al pecado, le estaba enseñando: “Mira, eso parece interesante, pero mira a fulano; eso comienza así y termina asá. No es tan interesante como parecía”.

La realidad, hermano, es que si alguien no va llenando su mente de las historias de la Escritura, de los momentos en que Dios se glorificó por su pueblo, siempre verá el pecado como asunto atractivo. Pero cuando tú ves el pecado, y tú te recuerdas de David y Betsabé, dices: “Oye…”. Cuando tú ves el pecado y tú te recuerdas de lo que fue Ismael en el pueblo del Señor, dices: “Oye…”. Cuando tú ves el pecado y tú ves a Salomón, y luego lo ves con tantas mujeres, tú dices: “Es verdad que la tentación puede ser interesante, pero mira a Salomón cómo terminó”.

La Escritura desmonta eso, hermano. Es que cuando tú solo pones el pecado se ve blanco y negro. Le quita el contraste; como que no se ve tan interesante. Les he mostrado, en primer lugar, hermano, la aproximación: esto de primero el consejo, después el camino, después la silla. En segundo lugar he estado mostrando nuestra actitud hacia la ley de Dios: primero el deleite, y luego la importancia de hacerlo de día y de noche. Terminaremos mostrando las consecuencias de uno y del otro.

El árbol junto a corrientes de agua: fruto y perseverancia

Versículo 3 al 6: dice, esta es la consecuencia de uno, del piadoso. Dice:

Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace prosperará.

— Salmo 1:3

Hermano, ¿por qué buen negocio es la piedad? ¿Por qué es bueno ser piadoso? ¿Por qué es bienaventurado el piadoso? Lo primero, hermano, tengo montes de razones. “Corrientes de agua” son como los medios de la gracia del Señor fluyendo a favor del creyente, fluyendo a favor del creyente, hermano. Todos los medios de la gracia del Señor parten de su voluntad expresa. No dependen de la variación del clima.

El que no es piadoso ni ha estado permaneciendo en la Escritura depende de la variación del clima espiritualmente hablando. Hay veces, hermano… Mire, hay una provisión que es congregacional. Oye, yo no quiero establecer—hablo ahí como en un momento de locura, porque no quiero ser categórico en eso—sino que eso es lo que yo he podido como aproximarme a la mente de Dios. Y yo he visto que hay unas bendiciones que son como congregacionales, que cuando el Señor viene a su pueblo, como que a todo el mundo le llega algo. El Señor visitó a su pueblo y tú estabas aquí, como que te tocó algo.

Pero hay otro asunto, hermano, que llega como por las raíces, que se va como irrigando. Y cuando el pueblo del Señor no está en su mejor momento, hay gente que no se seca. Y es verdad: tú ves que la gente se seca y el otro sigue con sus hojas verdes.

Y es verdad, vas a una conferencia, hermano, y el Señor te deslumbra con una expresión de su sabiduría, y tú dices: “¡Guau!, me fui de aquí lleno”. Pero no podemos vivir de conferencia en conferencia. Hay que esperar la próxima. No, hermano. El que lo hace, el que medita, el que no depende de un evento, el que no depende de estar en grupos grandes, el que depende del Señor de día y de noche buscando su voluntad, dice que ese está como sembrado junto a corrientes de aguas. El sistema radicular le va alimentando, y se seca la gente al lado de él y sus hojas están verdes.

Y tú dices: “Pero mira ese…”. Hay veces que vienen plagas al pueblo del Señor, que se llevan así, con herejías, con cosas que destruyen. Y el que depende solamente de la provisión colectiva se seca. Y otro, que está como junto a la corriente de las aguas, permanece.

Me gusta esto, hermano: “da su fruto en su tiempo”. La vida de un creyente debe ser una vida fructífera. Pero hay gente a quienes se les está haciendo tarde. Ha pasado un año, ha pasado el otro, y su vida todavía sigue como en el mismo punto. “¿Pero dónde está la vida victoriosa? ¿Dónde está el fruto del Espíritu Santo? ¿Dónde está el gozo, el amor, la paz, la paciencia, la benignidad? ¿Dónde está la bondad, la mansedumbre, el dominio propio?”. Hay gente que como que eso se les ha ido de largo, como que permanecen igual.

Permanece en Dios y en su palabra. Santifícate para hacer su voluntad. Apártate de la impiedad y darás tu fruto en tu tiempo. Si me dijeran, hermano, cosas que deberían estar manifestándose en la vida de un creyente, que son ciclos naturales, eso es esperable. “Yo voy a sembrar algo…”. Yo llamo a papi: “Papi, los plátanos, ¿cuánto tiempo es que…?”. Y a veces le digo: “Estoy para ciclo corto, no estoy para ciclo largo”.

El hermano Virgilio, le pregunté: “Hermano Virgilio, mi matica en el patio, usted me dijo que ahora… ¿Y qué es lo que pasa que no ha echado los cocos?”. El día pasado me llevó el hermano Virgilio dos cocos. ¿Cómo lo llevó? Yo tomé los cocos, los amarré y los puse, los enganché de una percha. Dije: “Claro, venga…”. Y se veía bonita mi mata, hermano, como si hubiera tenido su fruto en su tiempo. Le amarré dos cocos, sí, hermano, y mi matica, ¡qué linda se veía!

Ya me dijo alguien después: “Es que tú le has estado haciendo algo a la mata y no has permitido que produzca su fruto en su tiempo. Quizá tuviéramos comiendo coco por ahí”. Hay hermanos que espiritualmente hablando nos hemos quedado esperando el fruto. Yo digo: “Oye, pero ha pasado un año, han pasado dos, han pasado tres, y el hermano como que sigue en el mismo punto, como que tiene todavía las mismas luchas de siempre”.

Deben haber hitos en la vida de un creyente, hermano: victorias, momentos en que, con la ayuda del Señor, tú te remeneas de ese pecado que te ha estado impidiendo, y tú digas: “Ya no más eso en mí. Victoria en el Señor, libertad en Cristo. Muerto el pecado, que se manifieste Cristo en mí”. Y tú mires atrás y digas: “Bye bye, nos vemos”.

Y yo, como que a veces veo a mis hermanos y digo: “¿Ha habido victorias en su vida? ¿Ha habido momentos así, todos, donde ha prevalecido David contra Goliat?”. Eso yo lo dudo. Hermano, hay que permanecer en el Señor para dar su fruto en su tiempo.

Cosas así que uno esperaría que se manifiesten: un deseo intenso por las cosas de arriba; una firme resolución de apartarse del mundo de buena gana —no apartarse del mundo mordiéndose la lengua: “Ahora como soy un cristiano tengo que…”. No. Debe haber, hermano, en el creyente verdadero, un vivo afecto por el Señor. No una lucha donde tú mecánicamente dices: “Bueno, ya que me convertí, ya que me voy a bautizar, ya que soy cristiano, yo me voy a apartar de eso. Pero no es que yo ni siquiera esté convencido de que eso sea malo, sino que a mí me toca…”.

Debe haber un vivo deseo por el Señor, deseo genuino, que se manifieste. Una clara evidencia del carácter de Cristo en ti, hermano. Quizá el 360 alrededor nuestro esté opaco, pero deben haber por lo menos ribetes de tu vida donde podamos ver a Cristo. Y yo sé, hermano, que el carácter de Cristo se va formando en nosotros por partes, pero queremos ver aunque sea el dedo meñique de la mano izquierda de Cristo en ti. Queremos ver algo.

Una consistente y fructífera militancia como siervo del Señor en algún ministerio. Queremos ver eso. Dice el salmo: “Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas”, y por eso “da su fruto en su tiempo”. Y lo otro: “su hoja no cae”. Resiste los cambios del clima, hermano.

Hay gente que ahora mismo tú la ves fructífera, pero es porque no ha cambiado la temporada. Pero la temporada va a cambiar. Hermano, hay que poner raíces en la vida espiritual de uno que lleguen hasta la presencia de Dios, porque el clima va a cambiar. Esos que dicen, “hay plantas que se siembran en tal temporada, porque si no se siembran no les da tiempo a desarrollar las raíces para resistir la temporada difícil”.

La realidad, hermano, es que si no está eso de permanecer en el Señor de día y de noche, tú puedes verte reverdecido ahora mismo, pero no le des mucho tiempo: tú estás en un tarro. Hay gente que espiritualmente están en un tarro ahora mismo, que si alguien no fuera y les pusiera un chin de agua encima, se secan. No. Quiere el Señor que tú no estés en un tarro, hermano, espiritualmente hablando, sino que estés sembrado junto a corrientes de aguas. Para que cuando alguien se le olvide ponerte la agüita, no te seques.

Yo temo, hermano, de que hay gente que si no les ponemos la agüita se nos secan y tengamos que trasplantarlos mientras tanto. Pero quiere el Señor sembrarte junto a corrientes de aguas.

Permanece en las crisis de la vida. La vida tiene sus curvas. Hay gente que piensa que todo es lineal. Si la vida fuera estable, cualquiera fuera militante en los caminos del Señor. Ahora, cada vez que se dobla hay un grupo que sigue por ahí, al precipicio. Si la vida fuera estable, si esto fuera un asunto así, como que no cambiara… Pero la realidad, hermano, es que vienen crisis. Y en esas crisis hay que estar bien, bien enraizado en el Señor, junto a corrientes de aguas, para soportar; si no, hermano, te mueres.

Permanece en las crisis de la vida. Permanece en las diferentes etapas. Hay gente que ha sido fructífera, que ha sido un buen niño cristiano, pero en la adolescencia se le desbarata el asunto. Ahora, si estás junto a corrientes de aguas, puede ser un niño cristiano y un adolescente cristiano, un joven cristiano. En esa transición en la vida, cada vez que se transiciona, tú vas a encontrar que hay gente que ya no está aquí. Tú dices: “Pero fulano, yo lo formé un niño en la iglesia; pero después de la adolescencia yo seguí en los caminos del Señor, ¿y él? ¿Qué pasó?”.

Y hay gente, hermano, que después que pasan de la adolescencia a la juventud también se van. Y otros de la juventud a la adultez. En esas transiciones de la vida, hermano, el que no tiene raíces se seca. Y en la adultez a la mediana edad… Tú no sabes la cantidad de gente también que se seca, porque cada momento de la vida tiene sus retos especiales. Y, hermano, el que no esté conectado a la fuente se seca.

Esas crisis, de manera de edad… En Cristo están sus respuestas. Y la vejez… Ahí le deducen sobre la vejez, qué cosa es. Pero la realidad, hermano, es que hay gente que, transicionando de la mediana edad a la vejez, termina negando a Cristo. Que el Señor se glorifique, hermano, y que tú tengas una vida fructífera en todo tiempo.

Hermano, en los diferentes estados… Estoy buscando quizás muchos ejemplos, pero la realidad es que no es lo mismo ser un cristiano soltero que un cristiano casado. Y son muchas las personas que, en la soltería, son creyentes fervientes, creyentes militantes, que pueden servir al Señor en un ministerio; se casan, y ya: “Yo no tengo, no es igual, ya yo no puedo hacerlo”. ¿Y qué pasó, hermano? Es que no estabas junto a la corriente de las aguas. Porque si hubieras estado junto a la corriente de las aguas, das tu fruto en tu tiempo y tu hoja no cae.

Hay gente que se les marchita la vida cristiana cuando les llegan los hijos. La realidad, hermano, es que hay que tener buena raíz en el Señor para soportar los diferentes momentos de la vida: la soltería, el casamiento, los hijos, la viudez, la soledad en casa. Todas esas cosas, hermano… al final dice: “Y todo lo que hace prosperará”.

Es asertivo, hermano, en sus proyectos. El impío da vueltas como usted no se imagina; es un trompo. Porque él no sabe para dónde va, hermano. El impío da vueltas como un trompo. El creyente dice: “Así mismo”. Dice: “El impío está agitado”. El creyente permanece firme como un león, y lo que hace prospera.

El destino del impío: tamo que arrebata el viento

Concluyo, hermano. He preferido saltar la virtud que pasa y la consistencia… No me interesa tanto. El malvado es una advertencia; por eso no le dedicaré mucho tiempo, solamente lo leo. ¿Cuál es el destino de ellos? Dice:

No así los malos, Que son como el tamo que arrebata el viento. Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio, Ni los pecadores en la congregación de los justos. Porque Jehová conoce el camino de los justos, Mas la senda de los malos perecerá.

— Salmo 1:4‑6

“Son como el tamo que arrebata el viento”, hermano. Son los cereales; cuando los están limpiando, cuando están limpiando cereales, lo muelen. Por ejemplo, el trigo. Dicen: “Vamos a aventar el trigo”. Agarran el trigo y comienzan a tirarlo, y esa paja que el viento se va llevando… Dice: “Así mismo son los impíos”. La verdad, hermano, es que vuelan alto, llegan lejos. Lejos van, hermano. Y el justo cae en el mismo campo.

Cuando las circunstancias de la vida, hermano, aventan el trigo así, uno ve al justo que cae como parado, como que lo zarandearon y cayó ahí. Y el impío, lejos, hermano, lejos, como los vientos del Sahara, van por ahí.

Esto a mí me impresiona. Decía que si hay alguna persona que no tiene a Cristo todavía, que escuche esto solemnemente. Dice la Escritura: “Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio, ni los pecadores en la congregación de los justos”. Hay gente que cree que al final de los tiempos, cuando Dios juzgue, va a poder levantarse y va a poder establecer una defensa, va a poder, hermano…

Dice la Escritura que solamente—yo a veces pienso que es que el Señor le va a permitir ver a Cristo en un momento. Hoy cantábamos eso, hermano: ver a Cristo, ver a Cristo. Cristo es “versus” vanidades, versus maravillas. Ver su perfección. En un momento, el pecador, sus ojos se le van a abrir de nuevo, y va a poder ver a Cristo. Y cuando vean a Cristo, quedarán sin palabra, hermano. Quedarán avergonzados, quedarán reprendidos.

Gente que está esperando el juicio final como un asunto de que: “Yo vengo aquí con un caso, con carritos de documentos, a presentarlos…”. Hermano, cuando el pecador vea a Cristo—si no lo ve ahora, cuando lo vea en su gloria, en su segunda venida, en el resplandor de su gloria—solamente eso lo condenará. “No se levantará”. Está tan amarrado, está tan sin argumento, que cuando quiera levantarse no se levantará. No habrá nada que decir.

Pero me gusta, hermano, que dice: “Porque Jehová conoce el camino de los justos”. Hay cierta soledad en caminar haciendo la voluntad del Señor. Hay cierta soledad en vivir una vida piadosa. El hombre no te conoce, hermano, ni te busca, ni te celebra. Si tú fueras un pecador popular, la gente te llamaría; pero como tú lo que quieres es la voluntad del Señor, tú pareces irrelevante. Pero te digo: Dios te conoce. Y si el Señor me conoce, hermano, ¿para qué yo quiero que me conozca otro? Si el Señor me conoce, a veces uno dice: “Pero mi piedad, ¿para qué sirve?”. Sirve para que Dios te conozca.

“¿Y mi piedad, que no la está mirando nadie? Porque dime tú, ¿quién es tú para la gente estar mirando tu piedad?”. Él te conoce, hermano, Él te conoce. Con eso tenemos que terminar, hermano: Dios conoce el camino de los justos, y eso es suficiente.

La piedad no es tema popular. La piedad no es celebrada en la televisión, en la radio, en las películas, en las series de televisión, en las canciones populares. Nadie celebra al piadoso. Pero Dios te conoce. Oro al Señor porque aquí haya gente que Dios le conozca por su piedad.

Oración final y llamado al arrepentimiento

Cierren sus ojos un momento y presento la congregación ante el Señor.

Oh Señor, que la piedad de esta iglesia local sea conocida. Quizá no seremos celebrados por el mundo, Señor, pero que seamos conocidos por ti. Oro primero por mis hermanos creyentes que están sintiendo la tentación de asumir la filosofía mundana, el pensamiento de este mundo. Trae claridad al pensamiento, Señor. Líbranos de la influencia satánica que quiere inocular pensamientos de pecado. Cuídanos, Señor, de conversaciones que corrompen las buenas costumbres. Cuídanos, Señor, de acariciar lo malo y a lo malo llamarle bueno.

Mira a aquellos que estaban caminando ya, Señor, devuélvelos, Padre, por misericordia, por amor a tu nombre, devuélvemelos, Señor. Mira a los hermanos míos que estaban caminando hacia el pecado, que están viendo la vitrina, devuélvelos, Señor, por amor a tu nombre.

Hermano, si tú has sentido hoy la reprensión del Señor en algún pecado, en alguna área de tu vida, en alguna conducta que está ofendiendo al Señor, te invito solamente a que no seas un escarnecedor. No te burles de Él, glorifícale y devuélvete. Ah, y pido aun por aquellos que quizás ahí, en lo secreto, han vuelto a ser presa del pecado.

Si el Señor rompió la cadena, hermano, no la pongamos voluntariamente. Si el Señor te rescató de allí, si el Señor nos rescató de allí, ese ya no es nuestro lugar. Si el Señor hoy ha puesto en ti sensibilidad y un poco de fuerza para pararte de la silla, yo te invito hoy a que te levantes de ahí, de la silla del escarnecedor, y que camines a la casa de tu Señor. Ese no es tu lugar. No puede el mundo ser mi hogar, dice la canción.

Pon pasión en esta iglesia, Señor, por tu voluntad. Pon una pasión renovada, Señor, por ti; una pasión por Dios, un deleite, Señor. Levanta esta congregación de gente que se deleiten, que se regocijen, que sonrían al vivir sus vidas, Señor, a la luz de tu voluntad. Trae una celebración de la vida piadosa en nuestra iglesia.

Mantengan sus ojos ahí cerrados, y pido a todos mis hermanos que me ayuden a interceder. Si aquí hoy hay alguna persona que ha sido confrontada por el Señor y se ha descubierto a sí misma en el camino del impío, el Señor ha provisto. El Señor ha provisto.

Arrepentíos, y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; y vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio.

— Hechos 3:19

Dice la Escritura que no es la voluntad del Señor que ninguno se pierda, sino que todos procedan al arrepentimiento. Ah, y si tú has sentido reprensión del Señor, parece que el Señor ya te está considerando como hijo, porque dice la Escritura que un buen padre disciplina al hijo.

Si tú has sido sensible hoy a la voz del Señor, eso no es natural. El pecado insensibiliza; el pecado cierra los oídos a la voz de Dios y los ojos a su gloria. No puedes ver a Cristo. Si has visto a Cristo, significa que Él te está llamando.

¡Guau!, si quisiera el Padre hoy mostrarte a Cristo y pudieras verle ahora, antes de que llegue el juicio final, donde tendrás que ver a Cristo. Si el Señor te permitiera verle temprano, de forma tal que en vez de ser destruido seas edificado… Ah, y si el Señor te permitiera hoy, pecador, ver a Cristo y no tener que esperar ver a Cristo con su rostro refulgente en el juicio final, ¡qué privilegio sería que veas a Cristo hoy en el año agradable del Señor, en el año de la misericordia! Hoy verás a un Cristo misericordioso, un Cristo paciente, que no te ha destruido por su paciencia.

Quiera el Señor que lo que tengas que ver no sea al Cristo justamente airado, haciendo que prevalezca su justicia por medio de tu destrucción. Si tú has hoy sentido la reprensión de Dios, arrepiéntete. “Arrepentíos, convertíos”, un sentimiento del corazón que rechaza el pecado y una decisión, una actitud de caminar hacia la virtud. Arrepentíos, convertíos, para que sean borrados vuestros pecados.

Hermano, oro ahora un momento por personas que tengamos en medio nuestro que no tienen la convicción de que Cristo les ha dado paz. “A los suyos vino, y los suyos no le recibieron; mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. Quiere el Señor que entres por esa puerta siendo enemigo y salgas siendo hijo.

Yo, y miles, millones de cristianos, en 2000 años de historia, nos hemos arrepentido en oración. Siempre recuerdo que no hay plantillas para hacer esto, pero puedo decirte cómo se hace en una oración. En una oración de arrepentimiento no debe faltar la confesión de pecado. A modo general, porque los pecados son muchos. Tú dices: “Señor, yo reconozco mi desvarío, reconozco que soy pecador, me confieso como un pecador. Manifiesto que yo soy el impío. Manifiesto que la silla es mía. Quizá estaba presentando a otro en la silla. Manifiesto que la silla es mía. La silla del escarnecedor es la mía”.

Ahora dile ahí al Señor: “Yo te pido que perdones mis pecados, que me recibas como tu hijo, que inscribas mi nombre en el libro de la vida, que me siembres junto a las corrientes de las aguas, y que en mi vida eventualmente dé mi fruto, para tu gloria, a su tiempo; que mi hoja no caiga, que prospere mi camino, que es el camino tuyo”.

Si has hecho esta oración en fe, no es un ejercicio mecánico; es un ejercicio de convicción. Y puedes tener la confianza de lo que dice el Señor: que todo lo que el Padre le ha dado vendrá a Él; lo que a Él viene, Él no le echa fuera. Él no te echa fuera. También dice la Escritura:

El que creyere y fuere bautizado, será salvo…

— Marcos 16:16

Eso es lo que hay que hacer mañana. Será un gusto, en esta iglesia local, acompañarte a las aguas del bautismo. Que el Señor ponga en ti convicción.

Oro por toda esta congregación: bendice este pueblo, Señor, con resoluciones piadosas. Bendice este pueblo, Señor, con un paladar limpio, con ojos limpios, con oídos limpios, Señor, para ver la hermosura de tu santidad y regocijarnos haciendo tu voluntad. Gracias por tu palabra, Señor. Gracias por el Salmo 1. Ay, Padre, que no termine hoy domingo. Permite que el gozo llegue el lunes y que se irradie durante la semana. Que permanezcamos en tu palabra, Señor, de día y de noche.

Todo esto para tu gloria, en el nombre de Cristo. Amén.

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