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Cómo dar testimonio

2 Reyes 5:1-19

Dios está en misión dando testimonio de sí mismo, usando instrumentos humildes como una muchacha esclava, un profeta y unos siervos para hacer conocida su gloria y llevar salvación. Este texto muestra cómo la iglesia puede entender su posición y relaciones como oportunidades para dar testimonio fiel del Señor.

Predicado15 de julio de 2018
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Le invito a que busque la Escritura. ¿Pueden acompañarme en sus Biblias al segundo libro de Reyes? Vayamos al Antiguo Testamento, hasta el segundo libro de Reyes, en el capítulo 5. Le invito a que se pongan sobre sus pies cuando lo tengan, para que leamos 19 versículos de este capítulo. Segundo libro de Reyes, capítulo 5, estaremos leyendo desde el versículo 1 y hasta el versículo 19. Estaré leyendo todo el texto, pero les pido, por favor, que me acompañen en un versículo sí y uno no. Me pueden acompañar en el 2, en el 4, en el 6, en el 8 y así sucesivamente, de forma tal que en algunas partes podamos leerlo juntos y podamos mantener toda la atención en el texto bíblico.

Como es una historia, como esto es narrativa, es importante que leamos todo el texto antes de poder entenderlo, para no perdernos en el camino. Estaremos viendo la historia como se desarrolla y después exponiendo algunas partes de este texto bíblico para explicarle a la iglesia del Señor cómo dar testimonio. Es el segundo libro de Reyes, capítulo 5, es la historia de Namán cuando fue curado de la lepra. Comenzaré ya con el 1, ustedes me acompañan entonces en el 2, 4, 6. Yo estaré leyendo todos los versículos desde el 1 y hasta el 19, acompañado por ustedes. Dice así la sagrada Escritura, la palabra del Señor. Es la historia de Eliseo y Namán, segundo libro de Reyes, capítulo 5, desde el versículo 1 en adelante.

Namán, general del ejército del rey de Siria, era varón grande delante de su señor, y lo tenía en alta estima, porque por medio de él había dado Jehová salvación a Siria; era este hombre valeroso en extremo, pero leproso.

Y de Siria habían salido bandas armadas, y habían llevado cautiva de la tierra de Israel a una muchacha, la cual servía a la mujer de Namán. Esta dijo a su señora: Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra. Entrando Namán a su señor, le relató diciendo: Así y así ha dicho una muchacha que es de la tierra de Israel. Y le dijo el rey de Siria: Anda, ve, y yo enviaré cartas al rey de Israel.

Salió, pues, él llevando consigo diez talentos de plata, y seis mil piezas de oro, y diez mudas de vestidos. Tomó también cartas para el rey de Israel, que decían así: Cuando lleguen a ti estas cartas, sabe por ellas que yo envío a ti mi siervo Namán, para que lo sanes de su lepra. Luego que el rey de Israel leyó las cartas, rasgó sus vestidos y dijo: ¿Soy yo Dios, que mate y dé vida, para que éste envíe a mí a que sane a un hombre de su lepra? Considerad ahora, y ved cómo busca ocasión contra mí.

Cuando Eliseo el varón de Dios oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió a decir al rey: ¿Por qué has rasgado tus vestidos? Venga ahora a mí, y sabrá que hay profeta en Israel.

Y vino Namán con sus caballos y con su carro, y se paró a las puertas de la casa de Eliseo. Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio.

Y Namán se fue enojado, diciendo: He aquí, yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano, y tocará el lugar, y sanará la lepra. Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio? Y se volvió, y se fue enojado.

Mas sus criados se le acercaron y le hablaron, diciendo: Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías? ¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio? Él entonces descendió, y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio.

Y volvió al varón de Dios, él y toda su compañía; y se puso delante de él y dijo: He aquí ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel. Te ruego que recibas algún presente de tu siervo. Mas él dijo: Vive Jehová, en cuya presencia estoy, que no lo aceptaré. Y le instaba que aceptara alguna cosa, pero él no quiso.

Entonces Namán dijo: Te ruego, pues, de esta tierra no se dará a tu siervo la carga de un par de mulas; porque de aquí en adelante tu siervo no sacrificará holocausto ni ofrecerá sacrificio a otros dioses, sino a Jehová. En esto perdone Jehová a tu siervo: que cuando mi señor el rey entre en el templo de Rimón para adorar en él, y se apoyare sobre mi brazo, si yo también me inclinare en el templo de Rimón; cuando haga tal cosa, Jehová perdone en esto a tu siervo.

Y él le dijo: Ve en paz. Se fue, pues, y caminó como media legua de tierra.

— 2 Reyes 5:1-19

Pueden sentarse, hermanos queridos. Estaré mostrando desde este texto bíblico a la iglesia del Señor cómo nosotros podemos y debemos dar testimonio de las grandezas de nuestro Dios.

Dios está en misión y usa a su iglesia

Dice en nuestra introducción que dar testimonio no es primeramente algo que nosotros estamos haciendo para Dios, sino que es algo que Dios está haciendo para sí mismo desde la antigüedad. Y en la actualidad nos usa a nosotros, su iglesia, como instrumento. No es la iglesia que está en misión; nuestro Dios está en misión. Él se está promoviendo a sí mismo, se está dando a conocer, se está revelando. La misión del Señor no comenzó con la iglesia; el Señor se ha estado revelando desde la antigüedad a diferentes personas, a diferentes pueblos.

Sucede que en este tiempo el Señor, en su misericordia, ha utilizado como instrumento a su iglesia para seguirse revelando, pero es nuestro Dios que está en misión. No ignoremos esto. La iglesia no es pionera en contar las buenas nuevas; nuestro Dios desde la antigüedad mismo ha estado dando testimonio de sí mismo, él ha estado contando las buenas nuevas. Israel, por ejemplo, fue escogido por Dios para revelarse al mundo, y entre los profetas del Señor, otras naciones tales como Egipto, Siria y Babilonia fueron objeto de su labor y muy bien atendidas por los profetas del Señor.

Se ocupa tanto el Señor de dar testimonio de sí mismo que en un momento mandó su pueblo completo a Egipto, y en otro momento lo mandó completo a Babilonia, para que el Señor permitiera estas cosas, para que las grandes naciones de esta tierra tengan testimonio de que no hay Dios sino Jehová. Nuestro Dios está en misión. Y es en este contexto de la misión de Dios, Dios dando testimonio de sí mismo a todas las naciones de esta tierra, que debe ser leída y entendida la historia de Namán, un general del ejército de Siria que providencialmente fue llevado a Israel para que él y todo su pueblo supieran que no hay Dios en esta tierra sino en Israel.

Hoy consideraremos su historia para aprender cómo dar testimonio a quienes no han conocido las maravillas de Dios, en cualquier lugar en que seamos nosotros puestos. Visité de nuevo este texto bíblico; la última vez que lo hice fue en el 2014, abril de 2014. En aquel momento estábamos en el contexto de enseñar la salvación extraordinaria: cómo el Señor alcanzó con salvación a personas que, probabilísticamente hablando, no serían incluidas en el plan de redención, pero el Señor les alcanzó.

Agentes incidentales en la salvación de Dios

En aquel momento vimos a la ramera, vimos la historia de Namán, y la visitamos hoy nuevamente. Quisiera en este momento poner la atención de la iglesia sí en la salvación del Señor, pero sobre todo en cómo el Señor alcanzó este propósito de dar testimonio de sí mismo. Me gustaría que la iglesia entienda que podemos ser utilizados como instrumento, pero Dios es quien se está revelando a sí mismo, y te va a utilizar a ti, a mí y a otros más para alcanzar su propósito.

Quisiera mostrar desde este texto que todos los agentes son asuntos incidentales, porque el principal agente es Dios. Dios utilizó a una muchacha que había sido llevada como esclava, utilizó al mismo tiempo al profeta Eliseo y también utilizó a los servidores de Namán para alcanzar su propósito. Quiero mostrarle a la iglesia una perspectiva: que la salvación del Señor no es necesariamente un asunto de un solo tiro, que frecuentemente el Señor ha estado utilizando la convergencia de más de un instrumento para alcanzar a alguien con salvación.

Mientras expongo este texto bíblico, me gustaría que recuerdes tu propia experiencia de salvación y que seas muy agradecido de todos los instrumentos que utilizó el Señor para alcanzar su propósito. Quizá solamente recuerdas el último, pero me gustaría mostrarte que antes de ese último hubo un penúltimo, y antes un antepenúltimo, y aún un tras-antepenúltimo instrumento que utilizó el Señor para alcanzarte a ti con salvación. Quiero mostrar a todos estos aquí como agentes del Señor, pero quiero establecer que es Dios que está en misión.

Esta no es la misión del profeta Eliseo, esta es la misión de Dios. Esta no es la misión de una muchacha que fue llevada cautiva, es la misión de Dios. Y estoy seguro que tampoco era la misión primariamente de los siervos de Namán que le dijeron: “Ve y haz lo que te dice el profeta”; es la misión del Señor. Todos nosotros somos agentes en la mano de un Dios que se está revelando a sí mismo. Es como poner piedras para cruzar un río: tú eres una piedra y yo soy la otra, y nosotros no conocemos la tercera piedra, pero yo estoy seguro que el Señor sabrá levantarse instrumento para dar testimonio de sí mismo.

La muchacha esclava y tu posición providencial

Comenzaré mostrando la primera parte de esta historia. Es una muchacha que fue utilizada providencialmente por el Señor para hacer algo que, a la luz del texto bíblico, ella no estaba esperando. Un grupo de circunstancias adversas a su vida terminan llevándola a un pueblo que no era el suyo; llegó como esclava. Pero esta muchacha esclava fue el instrumento que utilizó el Señor para desencadenar un proceso que tocó a dos naciones, de asuntos de muy altas instancias. ¿Qué había de especial en ella? Hermano, nada: es Dios que está en misión.

Quiero mostrarte, hermano querido, que ninguno de nosotros somos tan especiales como para reemplazar a Dios. Dios tiene más pasión misionera que todos nosotros. A modo de preámbulo, hermano querido, hay que considerar que estamos hablando aquí de una historia, de un testimonio del Señor a una nación que no era Israel. Hemos sido precondicionados para entender que solamente en Israel hubo testimonio. Israel fue el instrumento especial de Dios, elegidos para que en ellos sean benditas todas las naciones de la tierra, pero la salvación del Señor no está circunscrita a una nación. Dios se está revelando a todas las naciones de la tierra; en la tierra habrá conocimiento de la gloria del Señor como las aguas cubren el mar.

El propósito central en el plan de redención es comunicar a las criaturas las grandezas del Creador, y Dios está en ese propósito. Comienza la historia presentando al personaje central que es Namán, pero inmediatamente se nos presenta el primer instrumento utilizado por el Señor en este proceso de salvación, que fue una muchacha. Son los versículos 2 y 3:

Y de Siria habían salido bandas armadas, y habían llevado cautiva de la tierra de Israel a una muchacha, la cual servía a la mujer de Namán. Esta dijo a su señora: Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra.

— 2 Reyes 5:2-3

Esta muchacha encontró la esclavitud de la peor manera posible: siendo un botín de guerra. Las dos maneras principales en que en la antigüedad alguien entraba a la esclavitud, maneras excepcionales, eran estas: la primera, usted podía caer en deuda, podía comprometer sus bienes a un punto tal que su integridad misma se veía comprometida y tendría que entregarse como esclavo. Lo otro es que vinieran y se lo llevaran por la fuerza física, como botín de guerra. Una incursión del ejército de Siria en Israel toma a esta muchacha presa. ¡Qué manera, hermanos, de llegar a una nación que no es la tuya!

Me llama la atención que, a la luz del texto, es evidente que esta experiencia traumática a ella no la paralizó, sino que la colocó en la posición precisa de ser instrumento a los planes y propósitos de Dios. Quiero llamar la atención de mi iglesia al respecto, hermano, de asumir su posición actual, física y de situación, como una oportunidad. Tú en este momento has sido llamado conforme al propósito del Señor; no estás ni más ni menos que donde el Señor quiere tenerte. Y si el Señor quiere tenerte ahí, yo estoy convencido, a la luz del texto bíblico, de que el propósito central por el cual el Señor nos tiene en cualquier parte es que demos testimonio.

Él nos ha llamado de las tinieblas a su luz admirable para que anunciemos la grandeza de aquel que nos pasó de las tinieblas a su luz admirable. Hermano, el propósito principal en todo esto, lo que Dios primariamente está haciendo, es darse a conocer, y nosotros hemos sido llamados, reclutados como agentes para anunciar las grandezas de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable.

Aceptar tu circunstancia como providencia

Yo no sé cómo el Señor te trajo hasta aquí, pero tú estás en este momento en el lugar donde el Señor te puso, si has sido llamado conforme a su propósito. Esto es un asunto básico para un cristiano y de las cosas principales que tú debes resolver en tu vida: entender, hermano, asumir tu posición actual como una providencia del Señor. No te estoy diciendo que tu posición actual es agradable, no te estoy diciendo que tu posición actual es un lugar cómodo, no te estoy diciendo que es lo que tú habías soñado para tu vida. Lo que te estoy diciendo es que, si has sido llamado conforme a los propósitos del Señor, tú no estás ni más ni menos que en el centro de la voluntad del Señor para tu vida.

Tú vas calculando, hermano, que hay como 15 versículos que siempre están en mi predicación, y son versículos recurrentes. No es, hermano, un capricho; es que quiero que estos versículos se interioricen en la vida de nuestra iglesia, que estén en el corazón de nuestra congregación. Uno de estos versículos es aquel texto bíblico que nos dice que a los que aman a Dios, y hemos sido llamados conforme a su propósito, todas las cosas ayudan a bien. Y alguien dirá: “No es a bienestar, hermano”. Es que ayudan a algo que es bueno, algo que es productivo, algo que tiene significado, algo que tiene propósito.

Yo creo que la Escritura lo que está diciendo no es que todas las cosas serán agradables para ti, sino que todas las cosas en tu vida tienen sentido a la luz de un propósito que el Señor está alcanzando. El propósito principal de Dios es revelarse a sí mismo, y el Señor te ha colocado a ti en el lugar preciso, en las circunstancias precisas, para Dios darse a conocer. Yo quisiera ayudar a que la iglesia haga este crossover, de mirar más allá de sus circunstancias.

Un creyente que es quejumbroso está avergonzando el nombre del Señor. Una persona que no ha llegado a tener deleite de su posición actual es una persona que no ha llegado a entender la soberanía de Dios en sus propósitos; avergüenza al Señor. Un creyente tiene que hacer las paces: que llegará como llegará, tú estás al día de hoy en la circunstancia precisa que el Señor te ha colocado, y tú no sabes de manera puntual todo el plan de Dios, pero hay una cosa que tú tienes que tener clara: es que Dios te llamó para dar testimonio.

La queja, el mundo caído y la misión de Dios

Frecuentemente las personas vienen a la reunión pastoral y dicen: “Pastor, yo no entiendo lo que está pasando en mi vida”. Yo tampoco lo entiendo, pero hay una cosa que sé: que el Señor nos ha llamado para dar testimonio, y que estas circunstancias en tu vida deben ser conducentes a que la manifestación de la gloria del Señor sea evidente para alguien más. El Señor te ha colocado ahí para darse a conocer.

¿Para qué el Señor permitió que Israel estuviera en Egipto? ¿Para qué permitió que Israel estuviera en Babilonia? Para alcanzar sus propósitos. Hermano querido, yo no puedo decirte de manera puntual, izquierda o derecha, qué es lo que va a pasar en adelante, o qué Dios de manera puntual está haciendo, pero conocemos el plan general de Dios. Y el plan general de Dios es que él se está dando a conocer, él mismo se está revelando, hermano, se está magnificando.

Cosas generales, hermano, para poder hacer este crossover de la queja a entender tu punto actual como una oportunidad: tienes, hermano, rápido que entender que estás en un mundo caído, entender que la misión de Dios está por encima de nuestra comodidad y entender que Dios está en control, que él está atento y que ha permitido esa cosa. Uno le dice más rápido, hermano, de lo que uno la puede digerir o interiorizar. Eso parece una perspectiva muy negativa de la vida cristiana, pero si nosotros entendemos que Dios es un Dios soberano, entendemos que todas las cosas en nuestra vida Dios las ha permitido.

La consecuencia natural de servir a un Dios que está en control de su creación es entender, hermano, que nosotros estamos al día de hoy en la situación que el Señor permitió. Lo que permitió en la vida de esta muchacha, que se la llevaran como esclava, ¿para qué? Hay asuntos llenando la vida de la gente que se convierten, hermano, en asuntos paralizantes y que hacen que no se alcance el propósito. Uno de ellos es esa queja, ese siempre estar buscando un “para qué”. “¿Para qué, hermano?” Yo no sé el para qué último ahora; yo sé que has sido pasado de las tinieblas a su luz admirable para que anuncies las grandezas de tu Dios y des testimonio. Siempre lo podemos hacer.

Ejemplos bíblicos y heridas de la vida moderna

Es interesante que se menciona aquí que esta muchacha servía a la mujer de Namán. Cuánto me recuerda la historia de José en la casa de Potifar, vendido como esclavo y terminando allí sirviendo a Potifar y siendo un instrumento en la casa de Faraón. Así es. Cuánto me recuerda Daniel en Babilonia. Cuánto me recuerda Ester entre los persas. Son personas que llegaron a donde llegaron no por su propia voluntad, sino por los propósitos y designios del Señor, y ayudaron en ese lugar a que se comuniquen las grandezas de su Dios.

Si estoy mencionando a Daniel en Babilonia, a Ester en Persia, a Israel en Egipto y en Babilonia, entonces usted dirá: “¿Y para qué el Señor permitió que estos asuntos hostiles vinieran a tu vida?” Hermano, deja de estar llamando la atención a ti mismo, porque tú no eres más importante que el común del pueblo del Señor. Nosotros hemos sido llamados por el Señor para anunciar sus propósitos, y él es soberano de nuestra vida y permite que experimentemos todas estas circunstancias.

Al día de hoy yo he encontrado tres cosas principales que hacen que la gente se detenga y no anuncie la grandeza del Señor. No las menciono, hermano, para disgregar el tema; las menciono para que no seas atrapado en un asunto: “Ah, ahora estoy cautivo aquí, vamos a esperar lo que Dios está haciendo”. Hermano, da testimonio. Estamos viviendo en una sociedad donde la herida social ahora mismo más sangrante que tenemos es la destrucción del proyecto familiar. ¿Cuántas personas tienen ya 20 años victimizándose porque su proyecto familiar fracasó?

Que si te alcanzó un divorcio, ya sea que seas un cónyuge que haya abandonado, ya sea un cónyuge cuyo proyecto haya fracasado, que seas un hijo que haya experimentado el divorcio de tus padres. Hermano, entiende que hasta eso en el Señor tiene propósito, tiene valor, y que todas esas cosas ayudarán a que el propósito del Señor se alcance. No es que como cristianos veamos el divorcio como algo normal; no. El divorcio siempre es doloroso, el divorcio siempre trae circunstancias que traen heridas que, hasta cierto punto, nos acompañarán para siempre. Hay cosas de esas que no se podrán borrar, pero yo sé que hasta de ahí el Señor puede sacarte y alcanzar su propósito.

Pasado oscuro, inconstancia y fidelidad de Dios

Si estás sufriendo una pérdida, sufriendo, hermano, sigue avanzando, que el Señor tiene propósito. Hay otros que vienen de un pasado oscuro: problemas con la ley, adicción, inmoralidad. Que eso haya sido tu pasado, hermano, no tiene que decir que eso vaya a definir tu futuro. Sigue avanzando; eso fue un momento difícil en tu vida, pero si has conocido el Evangelio, tú en el Señor ya estás completo, ya no hay ninguna cosa que estás buscando en el pasado, estás rastreando todas las cosas hacia allá.

Hay otros que han sido inconstantes; la inconstancia les ha definido, y se van a pasar, van a morir en la inconstancia. Hermanos, agárrese del Evangelio, que si alguno está en Cristo, nueva criatura es. Esta muchacha llegó fruto de un asunto hostil, dramático, doloroso, pero ella se mantuvo aquí al pie del cañón, sirviendo, siendo la sierva de la mujer de Namán y dando testimonio del Dios que permitió que ella llegara allí siendo una esclava.

Quiero mostrarle a la iglesia que, administrada con sabiduría, una posición muy humilde puede tener un gran impacto. Nuestros hermanos más influyentes muy probablemente son los que en su apariencia no anuncian gran cosa. El nivel de influencia de esta muchacha superaba su posición. Hermano, valora tus relaciones. Si ella fuera ciudadana en Siria y fuera la amiga de la señora, muy probablemente no tuviera tanto acceso como siendo su sierva. El Señor permite a veces, hermano, que estés en este tipo de relaciones, que son relaciones donde quizás uno no entablaría las relaciones más cómodas, pero te permite tener un acceso directo al corazón de la gente.

La persona que te ayuda en tu casa muy probablemente tiene sobre tu vida hasta más influencia que tu pastor. Qué hermoso sería si fuera una mujer piadosa que el Señor te envía. Pero vamos a ponerlo inverso: muy probablemente si usted es una trabajadora en la casa de alguien, probablemente tenga en esa familia más influencia de la que usted valora. Hermano, valora el lugar donde el Señor te ha colocado. Hay cantidad de relaciones que no son las relaciones más deseadas por los hombres, pero son las relaciones donde mejor podemos nosotros servir a los intereses de nuestro Señor.

Ejemplos de influencia silenciosa

Una película que fue muy popular en días pasados se llamaba “El mayordomo de la Casa Blanca”. Muy buena película, una película interesante; se le da un giro, una orientación desde los problemas raciales. El personaje en la vida real se llamaba Eugene Allen. Y con su sola presencia en la Casa Blanca, siendo un mayordomo, quizás logró más que muchos activistas por los derechos de los negros. ¿Y qué es lo que él tomaba en la Casa Blanca? Servía; era el mayordomo. Ah, pero él era el consejero principal del presidente. No, él era quien le llevaba el agua.

Pero pudo llevarle el agua a ocho presidentes en 34 años, hermanos, y con mucho silencio, prudencia, discreción, logró influenciar la Casa Blanca a un punto tal que lo último que presenció fue el primer presidente negro sentado en el lugar donde estaba sirviendo. Dice él: “Cuando yo llegué a la Casa Blanca, los negros teníamos que ir a baños que estaban aparte. Cuando salí de la Casa Blanca, lo último que vi fue que en la Casa Blanca había un presidente negro que estaba sentado en el Salón Oval”. Quizás ese hombre, Eugene Allen, logró más con su influencia directa sobre los presidentes de los Estados Unidos que muchos activistas que estaban levantando pancartas.

Lo que no muestra Hollywood es que este hombre, Eugene Allen, no solamente era el mayordomo de la Casa Blanca; era un hermano nuestro en el Señor, era un diácono en su iglesia. A Hollywood no le interesa mostrarlo desde esa perspectiva, pero en gran medida cómo este hombre aprendió a incidir, a influenciar, lo aprendió en las sagradas Escrituras. Dice su pastor: durante casi 60 años, Eugene Allen —ya está con el Señor— fue un fiel miembro de la Primera Iglesia Bautista de Washington, en la que sirvió como diácono. Fue visto por todos como un hombre de sólida fe cristiana y humildad.

Los líderes de la iglesia que convivieron con él lo describen como un pacificador. Él se encargaba de dar la bienvenida cada domingo a las personas que llegaban al culto, y a menudo ayudaba en la cocina cuando tenían comidas o celebraciones especiales. Decía su pastor: “No solo era un sirviente en la Casa Blanca, también estaba trabajando en la obra del Señor”.

Tu trabajo y tus relaciones como campo misionero

¿Cuántas personas tienen empleos que no son los empleos más rimbombantes, pero son los empleos que más influencia terminan teniendo en la sociedad? Hermano querido, quiero exhortarte a que entiendas que estás en este momento en el trabajo, en la familia, en el país, en el negocio que el Señor ha permitido que estés, y que la razón principal por la cual estás ahí es para anunciar la grandeza de aquel que te llamó de las tinieblas a su luz admirable.

Qué hermoso es saber que durante 34 años tuvimos un hermano nuestro en la Casa Blanca, siendo cercano a muchos presidentes. Quizás es la maestra de escuela que piensa: “Mi vida no es tan relevante como la vida de un ejecutivo”. Mire, usted está cuidando el tesoro más valioso de la mayoría de los ejecutivos que tiene este país. ¿Qué no daría un hombre por el bienestar de sus hijos? Y usted tiene la oportunidad de impactar los hijos de muchas familias de la República Dominicana todas las semanas. No solamente “soy una maestra”; según como orientas tu posición, hermano, o como la asumes, serás útil para los propósitos del Señor.

Asúmelo, hermano, con causa, con propósito, con sentido, con significado. No solamente eres una maestra; tú tienes horas al día disponibles para tocar la vida de una familia a través de sus hijos. Una empleada doméstica sabia tiene más acceso que los mejores vendedores de esta tierra. La secretaria de un hombre poderoso, miren, hay secretarias que tienen más influencia que los consejos administrativos. Y tú dices: “No, yo soy solamente una secretaria”. Una secretaria no; vaya a ver qué secretaria es con más influencia sobre las decisiones de ese hombre, muy probablemente más que sus mejores asesores.

Te estoy animando, hermano, a que entiendas tus relaciones a la luz del testimonio que puedas dar para el Señor. Ella fue llevada como esclava, fue puesta en la casa de Namán, y no fue ni siquiera que le habló a Namán; fue a la esposa de Namán que le dijo: “Allá, en la tierra de la cual ustedes me fueron a buscar, allá hay profeta que puede sanarle de su lepra”.

Conversaciones sencillas que abren puertas

Quiero invitarte a que administres tus relaciones con sabiduría, pero al mismo tiempo quiero mostrar cómo una conversación casual tuvo un impacto impresionante. No estamos hablando aquí de que ella buscó un podio, que se subió a una silla para darle un discurso, que le dio una charla motivacional; no. ¿Qué fue lo que ella dijo? “Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra. Allá”. Y eso fue dar testimonio del Señor.

A nosotros se nos ha precondicionado entender que dar testimonio del Señor es predicar un sermón expositivo de cuatro puntos, tres ilustraciones, introducción, conclusión, llamado al altar. Hermano, a veces solamente hay que decirle: “Mira, el Dios verdadero puede resolver ese problema”. Ella solamente dejó caer la posibilidad en una conversación, hermano, y eso tuvo un impacto tremendo.

Hermano querido, quiero llamarte a que administres mejor tus conversaciones. ¿Pero cómo va a ser que los creyentes nos confundamos en la misma cháchara del mundo, hablando de las mismas cosas que el mundo habla, de apolocar? Ahí, deja colar por un momento los propósitos, las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. De hecho, un creyente en la oficina, un creyente en la casa, tiene que ser la persona que conduzca su conversación a llamar la atención acerca de las virtudes de aquel que lo llamó de las tinieblas a su luz admirable.

La pregunta álgida para un creyente es: hermano, ¿realmente tú estás maravillado ante la grandeza del Dios que tú has conocido? ¿Dios es para ti un tema de conversación? Si tú no estás maravillado ante la grandeza de tu Dios, tú nunca vas a hablar de tu Dios. Esta muchacha parece que estaba maravillada ante el poder del Dios que ella había conocido. Un creyente que está maravillado, un creyente que está sobrecogido, es un creyente que habla de la grandeza de su Dios.

Señalar poder y gracia sin complicarse

Ella solamente dijo: “En Samaria hay profeta del Señor; el profeta del Señor puede sanarle”. Recomendación de vida: se ha tenido al creyente como un hablador, una persona que siempre está hablando de todas las cosas, de todos los temas. No; un creyente que a veces maneja el silencio, para que cuando él hable sus palabras tengan un poquito de peso. Y quiere el Señor que tu palabra no solamente tenga peso, sino que también tenga sustancia, y que esté anunciando los propósitos de Dios.

Quiero invitarte a señalar el poder y la gracia de Dios, sin pretender dar respuestas pormenorizadas sobre cada asunto particular. He visto que como pueblo, a veces, como que los hermanos no saben anunciar la grandeza de Dios sin polemizar o sin sobreexplicar. A veces solamente hay que decir: “En Dios hay poder, y en el Señor también hay gracia”. Dos cosas, hermano, son dos informaciones muy valiosas: que el mundo sepa que en Dios hay poder y que en Dios hay benevolencia.

Hermano, son asuntos muy grandiosos para conocer. “Explícame cómo el poder funciona, asegúrame”. No, hermano, yo solamente sé que en el Señor hay poder y también sé que en el Señor hay rica gracia. Que Dios sea un Dios poderoso y al mismo tiempo un Dios fenomenalmente bueno, que el Señor no solamente tenga la capacidad de accionar, sino que quiera accionar a favor tuyo, es una información valiosísima. Y no hay que ser un experto para darla. Ella dejó caer, en una conversación quizás casual, el poder de Dios y al mismo tiempo la disposición de Dios para actuar.

He estado mostrando, en primer lugar, que asumas tu posición actual como una oportunidad. Hermano, mira tu trabajo a la luz de los propósitos del Señor, mira tu barrio a la luz de los propósitos del Señor, mira tu familia a la luz de los propósitos del Señor. Asómate allí, hermano, como uno que ha sido puesto para anunciar las grandezas de nuestro Dios. La forma en que ella dio testimonio fue sencilla, pero al mismo tiempo fue muy oportuna.

Buen testimonio y malas maneras de testificar

Doy algunas razones por las cuales este fue un testimonio oportuno. Quiero mostrarle, hermano, que dar testimonio puede ser un asunto muy sencillo; no hay que ser un experto para hacerlo. La primera de estas razones ya la he mencionado: ella señaló el poder y la gracia de Dios sin entrar en pormenorizaciones. Lo otro: ella trató de mostrar la respuesta de Dios para una necesidad muy puntual, que era la lepra. Cuánta gente no tienen problemas al día de hoy para los cuales en el Señor hay respuesta, y tú sabes que en el Señor hay respuesta, pero tú no muestras al Señor.

Uno viene con problemas en su familia: “¿Qué tú crees que yo puedo hacer?” Pero ¿cómo va a ser que un creyente arranque por los asuntos terciarios? Arranca por lo primero. “Mira, cuando tu relación con Dios está comenzando bien, tu relación con tu marido, con tu esposa, con tus hijos, comienza a mejorar, porque la relación cardinal, la relación con Dios, está siendo atendida”. No: “Mira, yo creo que te puedo recomendar un terapeuta, déjame darte un número”. No vaya por la rama. No es que estemos cerrados a la rama, hermano, pero el corazón donde comienza a mejorar el proyecto familiar es: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y las demás cosas os serán añadidas”.

¿Pero cómo va a ser que, como creyente, nuestra primera respuesta a la necesidad de la gente sea la respuesta terciaria? Yo veo que últimamente mis hermanos ya ni siquiera ocupan el asunto de la oración. Alguien tiene problemas, y los hermanos ni siquiera dicen: “Pero déjame orar, vamos a orar”. ¿Cómo va a ser que nuestra primera respuesta a los problemas de la humanidad, hermano, a la miseria en la cual vive la gente sin Dios, sean las soluciones prácticas? No; primero vamos a buscar la providencia del Señor, vamos a buscar su dirección, primero orar al Señor y después cualquier cosa.

Con esto lo que he estado diciendo es que ella intentó mostrar la respuesta de Dios a una necesidad puntual. Ese hombre tiene lepra y no ha aparecido aquí nadie que pueda ayudarlo con eso, pero yo sé que en el pueblo del Señor hay poder. Hay gente que están experimentando en estos momentos con situaciones familiares, con problemas en la crianza de sus hijos, con problemas para tener dominio propio. Hermano, es fruto del Espíritu Santo; eso hay que enseñarlo como algo que viene del Señor. Eso no es fruto de la persuasión ni de la terapia; son cosas que vienen desde arriba: amor, gozo, paz, templanza, dominio propio. Eso es lo que la gente necesita, y todas esas cosas están en el Señor.

Sin controlar el proceso ni entrar en pleitos

Me gusta que ella no intentó controlar el proceso ni mostrarse ella misma como un intermediario. Ella no dijo: “Yo puedo llevarlo, quizá una oportunidad para visitar a la familia”. No. “Hermano, no; que vaya, que allá lo sana Dios, Dios resuelve”. Es poner confianza en que en Dios hay poder y en Dios hay benevolencia: “Vaya a Samaria, y allí hay profeta del Señor que puede sanarle”.

Me voy a detener un momento para demostrar al mismo tiempo maneras incorrectas de dar testimonio del Señor. Entrar en pleitos, debates estériles o confrontaciones sin necesidad, hermano, nosotros no estamos llamados a eso. Lo que dice la Escritura es que esas cosas deberíamos evitarlas: discusiones que no son fructíferas, discusiones que lo que hacen es llamar la atención hacia uno. Un creyente no está llamado a traer controversia, sino a dar un testimonio sencillo: en el Señor hay poder y en el Señor hay gracia.

Tomé un Uber en días pasados, y qué emoción fue para mí cuando veo que el conductor tenía una Biblia. Y parece que la tenía ahí para que veamos su Biblia. Hermano, era una Biblia grande, estaba en el reposabrazos, orientada a que el pasajero que venía en el asiento atrás viera que era una Biblia. Parece que él quería que habláramos de las Escrituras. Yo vi eso y dije: “No, pero es un hermano mío, estratégico”. No; a mí me llamó positivamente la atención. Digo: “Ahorita es hermano mío; él quiere que comience una conversación que vaya a las Escrituras”. Poner una Biblia, eso da una razón de conversación.

Cuando la vi, hermano, uno siente como esa complicidad de que estamos entre hermanos. Yo veo las Escrituras y digo: “Wow, veo que tienes aquí las Escrituras, ¿las estás leyendo?”. “Claro que sí”. Yo emocionado, hermano. En un asunto de 15 minutos, por donde quiera que intenté en otra conversación buscar vinculación, yo le pregunté, por ejemplo, cómo conoció al Señor. Todo terminaba en la idolatría: “¿En qué iglesia se congrega?” “En tal”, “pero esa es idolatría, y después busqué otra, pero también idolatría”. Yo dije: “Pero este hermano…”.

Evitar la ironía y la imprudencia

A mí me dio temor que me preguntara dónde yo me congrego, porque para esos asuntos, hermano, lo que quiero decir es que hay gente que entiende que ese es el único tema. El taxista, hermano, no me trajo de la plaza Sambil hasta aquí; la verdad es que no encontramos un punto de referencia. Cuando le pregunté dónde estaba sirviendo, todo terminaba en asuntos donde él buscaba idolatría solamente en asuntos externos, por ejemplo, en asuntos accesorios. Y yo dije: “Guau, pero este hermano tiene un tema tan fuerte con esto que se convierte en un obstáculo para él dar testimonio en el Señor; y yo lo que estoy buscando es celebrar que hay un hermano mío que está leyendo las Escrituras”.

Así mismo, hay hermanos que toman un tema y hacen de eso, hermano, el tema único sobre sus vidas. Hermano querido, cuando demos testimonio, evitemos entrar en pleitos, en controversias que son estériles. Esta muchacha no está aquí diciendo: “No es Rimón o Jehová”; no entra en esa polémica.

Otro asunto que tenemos que evitar: evite ser irónico, que eso es feo. Eso da como unos ribetes intelectuales, uno más sabio que la media de los hombres, pero lo que hace es llamar la atención hacia uno. Ser irónico, quizá dejarle caer: “¿Y dónde está el poder de tu Dios? ¿Y el Dios de ustedes no sana la lepra?”. No son maneras, hermano. La ironía no debe ser lo que defina nuestro testimonio del Señor.

Evite ser imprudente. Ella habló con su señora, no con el esposo de la señora. “Dígale al señor que en Israel hay profeta del Señor”. Quizá ella hubiera aprovechado una oportunidad: “Don, usted tiene lepra”. No. La aproximación que tú tienes para dar testimonio, hermano, tú eres un embajador. Y un embajador no puede, hermano, ser un estrafalario, no puede ser un destemplado. Un embajador debe ser una persona que maneje la diplomacia, una persona que con prudencia pueda atraer la atención de otras naciones hacia la virtud de la nación que le está enviando.

Nosotros somos embajadores, como si el Señor rogara por medio de nosotros. Ten la dignidad de un embajador.

…para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.

— 1 Pedro 2:9

Hermano, nosotros no estamos llamados aquí a anunciar las tinieblas; estamos llamados a anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable.

Traer gente a la iglesia: palabra, adoración y amor

Algunas oportunidades en las cuales nosotros podemos hacer este asunto que es sencillo, que es anunciar la virtud del Señor: mire, cuando usted trae un amigo a la iglesia, trate de entender que usted no lo trae a la iglesia solamente por traerle. Venir a la iglesia del Señor es una oportunidad triple, por lo menos triple, de anunciar las virtudes de aquel que nos ha llamado de las tinieblas a su luz admirable. Cuando le dices a una persona: “Acompáñame a mi iglesia”, tú estás apelando a tres cosas distintas.

Lo primero: en toda iglesia bíblica se va a hacer una exposición seria, hermano, de las Escrituras. No estoy diciendo que en toda iglesia necesariamente le van a dar un sermón estructurado, pero se va a leer la palabra del Señor. Hermano, la Biblia tiene una sabiduría que es sobrecogedora. Eso hace que la gente que no está acostumbrada a ver la palabra del Señor, cuando la ve expuesta diga: “Guau, ¿y qué es lo que hay aquí?”. Es la sabiduría que viene desde lo alto. Y sobre todo, cuando la palabra del Señor es usada por el Espíritu Santo para dar testimonio en el corazón de la gente, eso es un asunto impactante.

Traer a alguien a la casa del Señor es ponerlo en contacto con la exposición que quizá él no tenía acceso anteriormente. Y es de esto, hermano, es la mente que inspiró, la grandeza de Dios. Dios inspiró su palabra, es como que la soplara; él habla a través de su palabra. Cuando la gente se encuentra con las Escrituras, eso es un asunto sobrecogedor. Entonces, ¿para qué lo traigo a mi iglesia? Para que vea la sabiduría, no del pastor, no del maestro, no de la escuela bíblica; es la sabiduría de ese Dios al cual tú y yo estamos sirviendo.

Nosotros estamos difundiendo a nuestro Dios; queremos que la gente vea la perfección que hay en la mente de él, hermano, las alturas que alcanza el pensamiento de Dios. Y uno dice: “Y esa es solamente su palabra; imagínate tú lo que es él”. Si eso es, hermano, la palabra del Señor, imagínate tú lo grande que es nuestro Dios.

La adoración y el amor cristiano como testimonio

Nosotros traemos la gente a la casa del Señor para que tenga una experiencia sobrecogedora, para que tenga una aproximación, por lo menos, a la grandeza de la mente de aquel al cual tú y yo estamos sirviendo. Cada vez que la iglesia predica la palabra está anunciando las virtudes de Dios, su sabiduría.

Pero ¿qué diremos acerca de una iglesia que está adorando al Señor? Hermano, le mencioné ahorita en los anuncios: el canto congregacional es como el estruendo de muchas aguas. Hermano, usted ve eso y dice: “Guau, ¿pero qué es lo que está pasando?”. Yo tengo esa memoria de haber visitado, cuando todavía no tenía mucha conciencia, iglesias y ver un pueblo entero levantando las manos, un pueblo entero con este fervor. Hermano, ese fervor es algo que el que está al lado dice: “¿Pero qué es lo que está pasando aquí?”, que aquí se está adorando al Dios verdadero.

Y cuando alguien es invitado a la iglesia del Señor y ve lo que es un pueblo reunido en adoración, adorando al invisible, pero con la certeza de que él lo está mirando por los ojos de la fe, es un testimonio precioso de las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable.

¿Y qué vamos a decir del amor cristiano? Es deseable que si alguien vino a la casa del Señor vea que aquí hay relaciones de amor que son reales. Y quiero establecer que lo que aquí hay no es necesariamente que nos estamos dando besitos y abrazos; no. El simple hecho de que aquí estamos, hermano, es una muestra de que el Señor está con nosotros. Usted y yo, por nuestros propios medios, no podríamos convivir; usted y yo, por nuestros propios medios, no podríamos tener comunión. Pero tenemos en el Señor una fe, un Señor y un bautismo; el amor de Cristo, hermano, que nos atrae.

Nosotros tenemos el Espíritu Santo que nos une el uno al otro. Hermano, eso de ver un pueblo reunido que quiere estar juntos a pesar de sus diferencias de edad, a pesar de sus diferencias socioculturales, a pesar de sus diferencias socioeconómicas, es un testimonio de que el Señor está ahí. Ve a una iglesia y todo el mundo se parece; es probable que no sea el pueblo del Señor, porque una de las cosas que da testimonio del pueblo del Señor es que somos diferentes y aquí estamos.

La multiforme gracia y usar los recursos de la iglesia

Si te vas a una iglesia donde todo el mundo viene de los mismos estratos sociales, de los mismos estratos socioculturales, del mismo punto geográfico, preocúpese un poco: es un club, no una iglesia. Una iglesia son multitudes que han sido reducidas a hermanos de todos los puntos de la tierra. Y tú dices: “¿Pero qué es lo que ellos tienen en común?”. Una fe, un Señor y un bautismo. Y nuestro amor está anunciando la virtud de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable.

“Ámense los unos a los otros”, dice su palabra, “y la gente entenderá que ustedes son mis discípulos”. Si yo lo hubiera atraído a ustedes, todos ustedes fueran como yo, hermano; pero como nos atrajo fue el Señor, todos nosotros somos distintos y al mismo tiempo somos iguales. Si te vas a un lugar y encuentras que alguien reunió una multitud suya, todos se le parecen a él, hablan igual, tienen los mismos trasfondos, tienen las mismas edades, eso no es la multiforme gracia del Señor. La multiforme gracia del Señor, hermano, alcanzando a diferentes tipos de personas, esos son asuntos gloriosos.

Es un precioso testimonio del Señor. Te invito a que, cuando le digas a una gente: “Te invito a mi iglesia”, entiendas que estás anunciando la virtud del Señor. “Ven para que tengas una experiencia, para que veas que en Dios, en Israel, verdaderamente hay Dios”.

Oportunidad de mostrar, hermanos, las virtudes de nuestro Dios: comparte tu testimonio con alguien más. Y por favor hazlo, como te he enseñado antes, de una manera que no te exalte a ti, sino que exalte a él por la obra del Señor en tu vida. Hermano, eso es un libro que el Señor escribió, que él quiere que sea leído. “Ustedes son cartas vivas”, dice la Escritura, para ser leídas. Nosotros somos cartas leídas.

Pon los recursos de tu iglesia a la disposición de la gente, hermano. ¿Cuántas cosas hay en tu iglesia que anuncian las virtudes de tu Dios, y tú no las señalas? Esta mujer señaló el profeta: “Ve allá, que allá hay profeta; está en Samaria”.

Campamento, ministerios y no exaltar personas

Hoy, por ejemplo, nuestra iglesia comenzó un campamento el jueves. Hermano, es una oportunidad preciosa de dar testimonio a alguien más. Un campamento bíblico de verano es una oportunidad preciosa para que una ciudad entienda que hay testimonio del Señor. Hay padres con los cuales yo he hablado que ellos no son padres cristianos al día de hoy, pero ellos recuerdan que de niños, cuando tenían la edad de sus hijos, alguien les llevó a una escuelita bíblica. Y cuando tú le dices: “Te invito a un campamento”, tú le estás evocando: “Guau, pero en algún momento alguien me invitó a mí. ¿Y qué pasó con mi vida, que yo me perdí en el camino, si yo tuve la misma oportunidad?”. “Claro que yo voy para allá con mis hijos, y espérenme también a mí”, porque es el Señor que está haciendo el testimonio.

Un campamento, hermano, en otro tiempo de pero, estas personas están dejando sus medios productivos. Si una persona que trabaja por su propio medio está dejando de producir dinero, porque cada hora que él para para atender esto, ¿qué es lo que hay aquí, hermano? Que está anunciando las virtudes de aquel que le llamó de las tinieblas a su luz admirable.

Un campamento son dones que se están utilizando. Es el tiempo de mucha gente. Es verdad que son tres días, viernes, sábado principalmente y un cierre el domingo, pero estos son meses de planificación, meses de reuniones, donde un pueblo ha estado redimiendo el tiempo para anunciar las virtudes de su Dios. Un campamento, hermanos, es un momento precioso para que la gente entienda que existe un Dios.

Digo esto, hermano, y tengo que clarificarlo. Uno no debe llamar la atención hacia un hombre. Ella no le dijo: “Ve, que Elías…”, perdón, “que Eliseo te va a sanar”. No. “El profeta”, hermano, es la institución que el Señor ha dado, la voz profética. Con esto le diré, hermano querido, pues, no nos ha llamado a difundir las personas de su iglesia: “Ve para que veas a mi maestro de escuela bíblica, ve para que veas nuestro líder de alabanza, ve para que veas nuestros maestros de niños”. No. “Ve para que veas los instrumentos del Señor siendo utilizados”.

Llama la atención a los instrumentos que el Señor ha dado a tu iglesia, hermano; muestra los ministerios de tu iglesia. Una preciosa oportunidad que tenemos, hermanos queridos, son las reuniones pastorales. Hay gente en esta sociedad que nunca se ha visto a dos metros de distancia con un pastor que pueda responder sus preguntas desde las Escrituras, que pueda llevarle al texto bíblico. Hay personas que no han tenido esa oportunidad. El pastor de su iglesia está disponible, hermano; mi agenda está en sus manos.

Usar al pastor, confiar en Dios y prioridad del Evangelio

Miren, de martes a jueves, programe una reunión con quien sea, que yo la recibo. Y no es que yo tenga nada que darle, hermano, pero yo puedo anunciar la virtud de aquel que me llamó de las tinieblas a su luz admirable. He visto que frecuentemente, cuando alguien llega a comprometerse con el Señor, lo que tiene es una reunión con algún líder de la iglesia, como hizo Nicodemo. Quizá el Señor con Nicodemo le respondió algunas preguntas. La gente tiene preguntas, y en el Señor hay sabiduría, hermano. Muestre los recursos de su iglesia.

No es broma; siéntase en la libertad. De martes a jueves, hermano, en mi casa siempre hay café. Y allá siempre hay café, hermano. Dígale: “Mira, vete a tomar un café con mi pastor; pasa por allá, o que venga aquí a la oficina, programa una reunión”, y usted verá que será un gusto atender a cualquier persona y mostrarle qué hay. Yo estoy como el rey de Israel: “¿Acaso era yo Dios para sanar?” No, hermano, pero yo no estoy tan perdido como él; yo sí sé que en Dios hay poder, que en Dios hay sabiduría.

No es contar con nuestros propios medios, hermanos. Yo sí entiendo que el Señor honra sus instituciones. Un pastor cualificado, hermano, no es que él tenga algo muy grande en sí mismo, pero si el Señor levantó a ese hombre como instrumento, el Señor le puede dar gracia. La mayoría de los problemas que yo enfrento en el ministerio pastoral no son asuntos que están a mi alcance; están al alcance de Dios. Y si el Señor me llamó para esto, yo creo que él puede darnos los medios.

Ponga a su iglesia a disposición de la gente; anuncie las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. He mostrado, en primer lugar, el caso de esta muchacha que, de manera muy sencilla, dio testimonio.

¿Cómo no mostrar, hermano, ahora el caso del testimonio del profeta? Y en esto, que evitemos asuntos secundarios o superficiales que se conviertan en un estorbo. Este hombre, Namán, era un hombre de alto perfil en Siria. Dice el versículo 1 que era un general, que era un varón grande delante de su señor, que disfrutaba de la estima; era atendido como un héroe de guerra, a tal punto que, siendo leproso, todavía le mantenían la misma consideración. Se ve lo grande que era Namán.

Namán sería el tipo de persona que un líder carnal quisiera verse: “Oye, si usted pudiera hacerme una reunión, hágame la jornada”. Hermano, eso es una carnalidad. Pero humanamente hablando, con Namán, ¿quién no quisiera, humanamente hablando, un carnal, verse con Namán muy de cerca?

Namán, los regalos y la reacción del rey

Namán no venía solo; venía con cartas hacia el rey de Israel, cartas de una nación a otra nación: “Te lo mando para que lo sanes”. Dice el rey, el desconocimiento que la gente tiene, que le atribuye el poder a veces a los instrumentos, no a Dios. El poder no está en el rey, ni en el profeta tampoco. El rey de Siria entendía que el rey de Israel podía: “Mira, te lo mando aquí para que me lo sane”.

Así mismo hay estados que, por ejemplo, han alcanzado cierto grado de prestigio en la salud, y hay personas que le mandan sus ciudadanos: “Te mando este para que me lo reciban allá y me lo sanen”. Dice el rey de Israel: “¿Acaso tengo yo poder?”. El rey de Siria entendía que el rey de Israel le podía autorizar el milagro.

Pero si venía con carta, hermano, también venía con regalos. Y el regalo que se menciona aquí, hermanos, era tan cuantioso como lo que alguien pagaría para que le curen una lepra. Esas enfermedades incurables, las personas darían no solamente la mitad de su fortuna; darían la mitad de su fortuna y al mismo tiempo la mitad de su vida para vivir, aunque sea durante un tramo, con salud y recuperar sus funciones.

Esta persona llegó; escuchen los regalos que traía. Estoy en el versículo 5:

Y le dijo el rey de Siria: Anda, ve, y yo enviaré cartas al rey de Israel. Salió, pues, él llevando consigo diez talentos de plata, y seis mil piezas de oro, y diez mudas de vestidos.

— 2 Reyes 5:5

No hagamos el esfuerzo de buscar un equivalente, hermano, pero por donde quiera que usted mida, eso era mucho. No le digo cuantificar: “Eso ahora mismo son tantos millones”. No se confunda en eso, porque el propósito del texto es decirnos que eran muchos los que llevaba, hermano; lo mismo que pagaría una persona para que le resuelvan un gran problema.

Me llama la atención en todas estas cosas que el rey de Israel consideró su necesidad como una provocación; perdió la perspectiva, este hombre. Cuando vino delante del rey, el rey entendió que le estaban mandando un leproso para que lo sane, como una provocación para comenzar una guerra. Él dice: “Ahora me está mandando este hombre de forma tal que, si no lo sano, me va a decir que yo no quise sanarlo y me va a invadir”. Esa es la perspectiva de una persona que no entiende los propósitos de Dios. Hermano, reitero: es Dios que está en misión.

Al mismo tiempo, Namán olvidó que la muchacha no lo mandó a visitar al rey, sino al profeta. Pero él le dio la lectura como le daría lectura a un hombre de poder: “¿Para qué voy a hablar con el profeta, si puedo hablar con su rey?”. La noticia de la rasgadura del rey, hermano, fue conocida por el pueblo. Dice que el rey rasgó sus vestiduras. Cuando alguien rasgaba su vestidura, estaba dando testimonio público de su tristeza, de su congoja, de cierta impotencia, y esto llegó a los oídos del profeta.

Eliseo como David, medios humildes y gloria de Dios

Me recuerda un poco la historia de David. ¿Recuerdan cuando había un incircunciso que estaba avergonzando al pueblo del Señor, que venía y decía: “¿Quién va a pelear contra Goliat?”, y el ejército completo lo escuchaba, y también el rey, y se quedaban callados porque ninguno entendía que Dios podía darle la victoria? Pero se levantó David y dijo: “¿Quién es ese incircunciso que está ofendiendo al ejército del Señor? Déjenmelo a mí, que el Señor me dará la victoria”.

Aquí Eliseo se parece mucho a David. Cuando David eligió pelear contra Goliat, la enfermedad de la lepra era un asunto que parecía irrebasable, que parecía imposible. El profeta contaba con que en el Señor había poder. Y al mismo tiempo el rey se parece a Saúl, que ni se puso la armadura ni envió al ejército; pero David entendía, hermano, que Dios le podía dar la victoria, y por unos medios que eran medios muy humildes.

Los medios con los cuales el Señor le dio la victoria a David eran piedras. Dice Goliat: “¿Acaso seré yo un perro para que vengas tú contra mí con palos y con piedras?”. Los medios que el Señor utilizó para traer la salud a Namán también fueron medios muy humildes: que se sumerja en el río Jordán, hermano. Eso es impresionante. Así es que el Señor hace las cosas, hermano, para que la grandeza no esté en el hombre, sino que esté en Dios.

Como el río no era del profeta, y eso era agua solamente, nadie podría decir: “El profeta me dio un brebaje que solamente él sabe preparar”. El profeta hizo aquel milagro dirigido por el Señor, y el Señor se llevó toda la gloria.

Muestro aquí, al momento de dar testimonio, que si usted está en la condición no de la muchacha ya, sino en la condición de Eliseo, aprenda que Eliseo fue en extremo prudente. Este hombre manifestó un nivel de sabiduría, hermano, una santa sagacidad que terminó glorificando al Señor. Primero fue prudente porque él quería que Namán supiera que hay profeta en Israel; él no quería que Namán supiera que Eliseo era poderoso.

Vuelvo al mismo punto: a mí no me interesa tanto, en mi ministerio pastoral, que usted sepa que yo soy sabio. Yo quiero que usted sepa que Dios establece hombres y que esos hombres que Dios ha establecido, el Señor los va a usar, y que Dios respalda sus medios, no porque los medios sean muy grandes, sino porque Dios es grande, que da esos medios. No estoy llamando la atención hacia mí; lo que quiero es que él viaje, no hacia mí. Yo no quiero que él sepa que yo soy poderoso; yo quiero que él sepa que hay Dios en Israel.

Eliseo rechaza regalos y prioriza la salvación

Me llama la atención que Eliseo lo mandó a llamar, pero no lo recibió; le dio el mensaje del Señor, pero no lo trajo hacia sí mismo, y evitó cualquier presente para evitar validar la premisa de que el poder de Dios se compra por dinero. De hecho, hermano, los profetas del Señor en la antigüedad vivían de gente desprendida que entendía el valor de que haya profeta en Israel. Había familias de Israel que sostenían el ministerio de los profetas, no solamente el ministerio del profeta Eliseo, sino también toda la escuela profética que se había establecido desde tiempos de Samuel.

¿Quién sostenía eso? Las familias con recursos de Israel, que entendían que era necesario que en Israel haya profetas del Señor. Eso sostenía el ministerio. O sea, que una ofrenda como la que traía Namán podía hacer mucho bien en Israel. Sin embargo, aquí hay una lección también importante, y es que nuestra disposición a recibir contribuciones materiales debe ser proporcional a la madurez que tiene esa persona. Hay gente a la que una contribución material le podría desbordar; podría entender que se le está confirmando su punto de vista: que el favor de Dios se obtiene con dinero.

No está mal la generosidad, hermano; no está mal que alguien quiera contribuir con el ministerio profético; no está mal que alguien quiera contribuir con que haya profetas en Israel y sean bien sostenidos. El problema es que cuando estos hombres poderosos creen que por medio de dinero se obtienen recursos espirituales, deberíamos decir que no, que no y que no, para no confirmar su erróneo punto de vista. Y es que el favor del Señor se obtiene solamente por gracia, hermano, y solamente para la gloria de Dios.

Aquí hay una nota que tengo que darte: lo que tú necesitas y Dios puede darte es mucho más importante que cualquier necesidad material que tú puedas tener. Hay gente que todavía lee la historia de Namán como niños en la escuela bíblica. Por favor, compórtese como un adulto en el Señor. Un niño en la escuela bíblica aprende que Dios curó a Namán; es importante. Pero sobre todo lo que estamos buscando aquí es que Namán conozca al Dios verdadero.

La cosa más extraordinaria que consiguió Namán en Israel no fue la salud, hermano. La cosa más extraordinaria que consiguió Namán fue: “Ahora conozco que solamente hay Dios en Israel”. Eso fue lo más importante. El milagro aquí más grande no fue la sanidad de la lepra, hermano; el milagro más importante es que Namán conoció al Dios verdadero, porque Dios está en misión, se está revelando.

No distraerse con lo secundario: Cristo y el Evangelio

Me llama la atención que hay muchas personas que vienen a la iglesia buscando asuntos secundarios, como la lepra: buscando salud, buscando un hijo, buscando que se les revele algo, buscando un matrimonio que no está funcionando bien. En el Señor hay respuesta para todas estas cosas, hermano. Pero la respuesta más grande que el Señor puede darnos a todos nosotros es la salvación.

Estoy convencido de que el Señor quiere darnos todas estas cosas, hermano; pero sobre todo estoy convencido, a la luz de Romanos 8:32, que nosotros no deberíamos ser distraídos por las cosas secundarias.

El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?

— Romanos 8:32

Yo fue lo más grande que el Señor hizo: entregar su Hijo por todos nosotros. ¿Cómo no nos dará también —escuchen: también, o sea, adicional al Hijo— todas las cosas? Y, sobre todo, dice que nos las dará con él. Hermano, el Señor puede hacer que en su vida las cosas vayan mejor, pero con Cristo. El Señor puede hacer que en su familia las cosas caminen mejor, pero con Cristo. El Señor puede hacer que en su vida las cosas estén mejor, pero todo, cuando venimos al Señor, comienza con un fundamento que es sólido y que permanece. El fundamento es Cristo.

Cualquier asunto secundario que usted tenga de Dios sin Cristo, usted perdió la cosa más importante. La cosa más grande que el Señor nos ha dado es conocerle a él, que se ha revelado en Jesucristo. Al mismo tiempo, el Evangelio es mucho más importante para nosotros, hermano, que cualquier atención que podamos recibir en la casa del Señor. Si usted vino y no lo cargamos, y usted recibió el Evangelio, salió ganando. Si usted vino a la casa del Señor y el programa no fue el más interesante que usted puede encontrar, pero usted encontró el Evangelio, salió ganando.

Si usted vino aquí y fue atraído por nuestra amistad, por nuestra institucionalidad, usted salió perdiendo. La cosa más interesante que puede haber aquí es que usted conozca al Señor. Y como iglesia, para nosotros, todo lo demás son asuntos secundarios: la hermandad cristiana, la institucionalidad, la historia. Hermano, lo más importante es el Evangelio. Si usted tiene el Evangelio, usted salió ganando. Lo más importante es que Namán conoció al Señor.

Prudencia de Eliseo: no forzar procesos

La prudencia del profeta se hace evidente, hermano, en que evitó adelantarse a lo que Dios podía estar haciendo. La obra de salvación a veces se cree que es una obra solamente de un momento. Si el Señor realmente te ha llamado, si él responde a todas tus preguntas, si el Señor realmente te ha salvado, hermano, aquel que comenzó en ti la buena obra será fiel en completarla hasta el final. Sobre todo, nosotros no somos imprescindibles.

Cuando vino este hombre, dice que vino donde él. La historia termina con que él vino donde el profeta Eliseo a hacerle preguntas, y el profeta Eliseo lo que le dijo fue: “Ve en paz”. Hermano, no aspiremos a resolver todo el problema en el mismo día.

Le he estado mostrando, en primer lugar, la manera en que el Señor utilizó una muchacha esclava para dar testimonio. Lo otro, cómo el profeta del Señor asumió la labor sin llamar la atención hacia sí mismo. Déjeme mostrarle el instrumento menos probable que parecía que el Señor podría utilizar, y eran los siervos que habían venido con Namán desde Siria.

Son los versículos del 11 al 14:

Y Namán se fue enojado, diciendo: He aquí, yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano, y tocará el lugar, y sanará la lepra.

Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio? Y se volvió, y se fue enojado.

Mas sus criados se le acercaron y le hablaron, diciendo: Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías? ¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio?

Él entonces descendió, y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio.

— 2 Reyes 5:11-14

El rol de los siervos: animar a obedecer

Ese tercer instrumento casi, hermano, es un instrumento que nosotros no deberíamos subestimar. Cuando el Señor está operando salvación, cuando el Señor está alcanzando a otros con salvación, frecuentemente, hermano, utiliza a estas personas que te dicen: “Hermano, pero haz la voluntad del Señor; intenta hacerlo”. Es común que la gente, cuando conoce el Evangelio, lo que hace es que se frustra, lo que hace, hermano, a veces algunos se van hasta airados; pero Dios les manda un tercer instrumento: “Oye, pero considera la voluntad del Señor; trata de poner en práctica lo que tú has escuchado, trata de obedecer a ver si las cosas comienzan a tornarse de manera diferente”.

Estos siervos fueron utilizados también por Dios para alcanzar su propósito. Dos instrumentos aparentemente disminuidos utiliza el Señor: primero utilizó a la sierva de su esposa en su casa, y después utilizó a sus propios siervos visitando al profeta del Señor. Así es que el Señor lo hace, hermano. Es alguien que te dice: “Fulano, tú has ido a la casa del Señor, pero trata de hacer su voluntad, trata de comprometerte con el Señor”.

Decía el apóstol Pablo:

Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.

— 1 Corintios 3:6

Hay veces, hermano, que uno da el testimonio, pero hay otro que pone el aliento, hay otro que responde a una pregunta. En algún momento, en nuestro caminar con el Señor, necesitamos que alguien nos muestre la evidencia, y en otro momento necesitamos que alguien nos aliente a actuar de acuerdo a lo que hemos conocido.

Voy cerrando aquí, hermano, con tres buenas prácticas a imitar de los siervos de Namán. La primera para ti, hermano, es que, al igual que la sierva de su esposa, fueron en extremo sumisos. “Padre mío”, le dicen. Es como han visto a esta persona que tiene la tentación de operar de manera irracional, pero hay alguien que la ama que viene y le dice: “Fulano, pero espérate, trata de hacerlo”.

Si tú viniste al Señor, yo estoy seguro que alguien en algún momento te dedicó algunas horas de su tiempo. Te dijo: “Fulano, pero considera esta perspectiva; ábrete a hacer la voluntad del Señor; entrega esa parte de tu vida al Señor”. Hermano, no siempre estamos predicando; no siempre estamos. Hay veces que lo que nos está faltando es alguien que dé ese consuelo: “Fulano, pero actúa de acuerdo a la voluntad del Señor”.

Señalar sesgos: obras, ego e historias grandiosas

La primera práctica es que fueron muy sumisos: “Padre mío”, le dicen. Lo otro es que le mostraron sus sesgos, su punto ciego: eran expectativas irreales. Hay gente que no procede a salvación porque tiene toda una película en la mente de cómo es que el Señor va a utilizarle, de cómo es que el Señor va a utilizar los instrumentos para traer salvación a su vida. Hay personas que vienen a la iglesia y entienden: “No, para que yo me convierta, el Señor tiene que hablarme con voz audible”. Y hay alguien que le dice: “Fulano, pero mira, ábrete a la posibilidad de que la simple lectura de lo que tú estás oyendo aquí ya es Dios que te está llamando. Y que no es como tú esperas que va a suceder, sino como el Señor lo ha decretado”.

Hay gente que tiene una película en la mente de cómo va a ser su conversión; hay gente que hasta lo escribe en el calendario: “El día que yo me convierta, yo voy a esperar un momento en que voy a ir a la iglesia, y van a hacer un llamado, y me voy a parar, y voy a ir caminando muy lentamente, y voy a abrir mis manos”. Hermano, no es que quiera ridiculizar eso; hay otros que han hecho toda una mofa del llamado. Yo no me opongo a hacer un llamado al altar; sin embargo, he entendido, a la luz de la palabra, hermano querido, que esas cosas frecuentemente se convierten en una oportunidad para la exaltación de una persona o para la exaltación de un predicador, donde se hace tanta insistencia de que pase aquí delante, y cuando alguien pasa delante, hermano, toda la atención se va hacia la persona y no hacia Dios.

Si realmente el Señor te está llamando, hermano querido, tú procederás a salvación, entregarás tu vida e irás a las aguas del bautismo. Pero hay personas que tienen programado en su mente: “Alguien me va a llamar, me van a llevar a un cuarto especial, me van a decir ‘qué felicidades por llegar’”. Hermano, no es necesariamente como tú lo estás soñando; el Señor es soberano.

A mí, particularmente, hermano, el Señor me trajo a sus caminos sin mucho dramatismo. Hay otros que el Señor ha dado testimonios que son como el paralítico que caminó, como el ciego que abrió los ojos, pero no siempre lo hace así. Hay veces que ayuda tener a alguien que te diga con prudencia: “Fulano, no te aferres a que es como la película que tú soñaste en Siria; muy probablemente así es que el Señor lo está haciendo, de manera mucho más discreta, y alcanzará el mismo propósito”.

Este sesgo que tiene la gente, hermano, a veces es el punto ciego: el punto ciego de las expectativas grandilocuentes e irreales. Dice Namán: “Me invocará el nombre del Señor, me tocará, me sanará, después yo le doy las mudas de ropa que he traído, le paso los lingotes de oro. Esto no va como yo lo planifiqué”. Hermano, Dios es soberano; la salvación no es cuando tú quisiste ni como tú quisiste, sino en el modo y en el tiempo del Señor.

La sencillez de la gracia y resistencia del ego

Aquí veo, hermano, varios sesgos. Mire el sesgo de las obras. Dice la gente que, si no se la ponen muy difícil, no se va a salvar: “¿Cómo es que no, y ya?”. Es más fácil responder cuando nos demandan cosas extremadamente difíciles. Él dice: “Pero es que eso es muy sencillo para hacerlo”. Y le dicen los sirvientes: “Pero precisamente es tan sencillo que tú deberías hacerlo”.

Hay personas, hay gente que siente eso, hermano; por ejemplo, la doctrina de la justificación, asunto en el cual estaré enfatizando, es un asunto tan sobrecogedor porque humilla el ego del hombre, porque el hombre quiere ganarse la salvación por sus propios medios. Namán quería comprar su salvación; el profeta se la estaba dando de gratis. “Ve, sumérgete y serás sano; y ya. ¿Y no tengo que darle lo que le traje?” “No, no hay que dar nada”, hermano. Rica gracia, benevolencia del Señor y gloria para el nombre del Señor, sobre todo.

Es más fácil responder, hermano, cuando nos acarician nuestras expectativas carnales; es el sesgo del ego. La gente viene a Cristo con el ego en 120 y quiere que el predicador, hermano, le pase la mano por su ego: “Tú eres muy importante, aquí; tú eres muy bien recibido”. Hermano, aquí no hay eso. Si tú vienes al Señor, el Señor te humillará; el único grande en la casa del Señor es el Señor de la casa.

Pero hay gente que viene a la casa del Señor con unas expectativas de ego grandilocuentes, que quieren que toquen campanas porque hoy se va a convertir “don fulano”. Hermano querido, hoy se va a convertir don fulano y todo lo demás que el Señor haya decretado para salvación; el Señor añadirá todos los días aquellos que han de ser salvos, sin importar si fuera don o fuera sirviente. Pero ese sesgo del ego hace que la gente, si no le han acariciado ese ego, como que siente que no es el momento de salvación.

Es más fácil responder también cuando sentimos que estamos viviendo una gran historia. Hay gente que quiere hacer historias de salvación y quieren hacer un asunto grandilocuente. Se hizo muy popular por ahí por los 90 predicadores extravagantes que siempre venían al Señor después de haber vivido, hermano, como si fuera una película de acción. Hermano, el Señor lo hace así también, pero no siempre lo hace así. Con Namán fue tan sencillo como que se sumergió unas cuantas veces en el Jordán y quedó limpio.

Ayuda mucho que aparezca un sirviente que le diga: “Padre mío, pero ve, haz la voluntad del Señor. Entiende que la justificación es por la fe. Pon en obra la palabra del Señor; haz su voluntad en tu vida, y tú vas a ver cómo las cosas comienzan a tornarse de una manera diferente”.

Promesas para el dubitativo y paciencia con preguntas

Con esto he estado enseñando, hermanos, que el hecho de que no sea como tú esperabas no significa que Dios no esté obrando. En algún momento, el profeta estaba en una cueva, estaba esperando; él quería ver al Señor. Y vino primero el Señor con un estruendo; por ahí no estaba el Señor. Y después vino en medio de un silbo apacible.

Con esto el Señor nos enseña, hermanos, que la salvación es de él; él cambia los medios cada cierto tiempo para que no nos aferremos a los medios. Y que en todas estas cosas la gloria no será del predicador, la gloria no será de los instrumentos, la gloria no será de la persona salva; toda la gloria será dada al nombre del Señor.

¿Qué puedes hacer en este momento, hermano? ¿Cómo sortear estos obstáculos cuando alguien está dubitativo, cuando alguien viene al Señor y tú lo encuentras? Cuando uno viene a Cristo, hermano, uno necesita tener al lado a alguien que le ponga confianza en las promesas del Señor. Este es un buen momento para tener algunos versículos para recitarle a la gente.

Recomiendo mucho, hermano, Isaías 1:18; es un versículo que usted puede marcar ahí, que ayuda:

Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.

— Isaías 1:18

Esas cosas ayudan mucho.

Salmo 51, hermano: “Crea en mí, oh Dios, un corazón recto”. Y al mismo tiempo le habla el 16 y el 17 para que sepan qué es lo que el Señor está esperando, hermano. Cuando tú viniste a Cristo hubo alguien que te trajo las promesas del Señor, y cuando tú estabas ahí dubitativo te trajo consuelo. Fueron como los siervos de Namán: “Señor mío, procede; el Señor te ha mostrado el camino; ve y hazlo, ve y hazlo”.

Jeremías 33:3, hermano, es un buen versículo para decirle a una persona que está en el momento actual donde está Namán: alguien que ya sabe lo que hay que hacer, pero todavía no quiere hacerlo. Pídele al Señor que te dé la fuerza; él te ayuda.

Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.

— Jeremías 33:3

Clama al Señor en esos momentos. Hace falta un creyente que asuma esa labor de quitar los obstáculos del camino, que es una manera también de dar testimonio del Señor: es recordarle las promesas del Señor.

Otra cosa que ayuda, hermano, es mostrar que la voluntad del Señor es razonable. Es cierto que estas cosas son locura, pero cuando el Señor está obrando salvación en alguien, comienza la palabra del Señor a hacerle sentido. Muéstrale que la voluntad del Señor es buena, que es agradable y que es perfecta. Responde a sus preguntas. Hay gente que tiene prejuicios que se convierten en un obstáculo para salvación, porque lo que ellos creen que Dios está esperando no es lo que Dios espera. Muéstrale, desde la palabra, qué es lo que Dios espera del hombre. Al mismo tiempo quita los prejuicios u objeciones que esa persona pueda tener.

Sé muy paciente en este momento. Bueno, cuando uno viene a Cristo, uno está lleno de preguntas. Uno está figurándose una vida nueva; tú dices: “¿Y ahora qué hago?”. Este hombre, por ejemplo, tenía preguntas en dos sentidos. Decía: “Prepárenme algo de tierra para llevármelo”. Él entendía, hermano, que tenemos asuntos físicos; o sea, él entendía que el Dios que él ha conocido aquí, que le sanó de la lepra, había que adorarle en esa tierra específicamente. Es una pregunta que la gente tiene; dicen: “¿En este monte o en aquel?”. “¿Cómo podré yo hacer la voluntad del Señor viviendo en Siria? ¿Me tendré que llevar la tierra?”.

Son preguntas que la gente tiene. Y lo otro: “¿Qué haré yo cuando me pida ahora el rey que le acompañe cuando él vaya a adorar a su dios?”. Hermano, eso de vivir en un mundo pagano, en una sociedad paganizada, en una sociedad idolátrica, son dilemas que atienden los nuevos creyentes. “¿Y ahora yo, como cristiano, qué hago cuando me invitan a un cumpleaños? ¿Y qué tendré que hacer cuando suceda tal cosa, y si me proponen lo otro?”. Son preguntas que la gente tiene.

Hermano querido, al respecto de esto te diré que primero no te tomes tú la demanda. Entiende que esa obra es del Señor, y el Señor que ya utilizó a la sierva de su esposa, el Señor que ya te utilizó a ti como el profeta y el Señor que está utilizando los siervos para dar testimonio, el Señor se levantará veinte más que les responderán todas sus preguntas. Porque aquel que comenzó en ellos la buena obra la perfeccionará hasta el final.

El alcance del testimonio y oración final

Concluyo, hermano, con un versículo más y oro al Señor. El testimonio de la sierva de la esposa de Namán alcanzó a Namán, y eventualmente, hermano, esto llevó confianza hasta el rey de Siria. Dice así mismo el capítulo 8, versículos 7 y 8:

Entonces Eliseo fue a Damasco; y Ben-adad rey de Siria estaba enfermo, al cual dieron aviso, diciendo: El varón de Dios ha venido aquí. Y el rey dijo a Hazael: Toma en tu mano un presente y ve a recibir al varón de Dios, y consulta por medio de él a Jehová, diciendo: ¿Sanaré de esta enfermedad?

— 2 Reyes 8:7-8

Hermano, el mismo rey de Siria quedó entusiasmado en que el profeta del Señor también pudiera revelar la voluntad del Señor al mismo. Esto todavía es fruto del testimonio que esta muchacha dio en la casa de su señora.

Oro al Señor por mi iglesia, para que sea utilizada por el Señor, ya sea como una muchacha, ya sea como el profeta del Señor, o ya sea como los siervos de Namán, pero que todos nosotros seamos utilizados para dar testimonio de la grandeza de nuestro Señor. Mantengan los ojos ahí cerrados, hermano querido. He estado predicando principalmente a la iglesia, pero aquí hay alguien quizás que ha sabido que hay Dios en Israel. Quizás aquí hay alguien hoy congregado que ha sabido que Dios está alcanzando hombres con salvación en maneras diferentes.

Quizá hay alguien hoy que ha entendido que no necesariamente es según su propia historia, sino según la soberanía de Dios en la salvación. Quizás haya alguien aquí que tiene un problema grave y está buscando la respuesta en el Señor. En el Señor hay respuesta. Quizás alguien está enfrentando cosas de su vida que no sabe cómo va a salir; en el Señor hay salida. Quizás hay alguien aquí que está enfermo y quiere saber si en Dios hay poder. En el Señor hay poder, y también hay salvación. Quizás hay familias que están luchando; en el Señor hay paz.

El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?

— Romanos 8:32

En el Señor hay paz, pero sobre todo en el Señor hay perdón para nuestros pecados, hay salvación, hay conocimiento del único Dios verdadero. Quiero pedirle a cualquier persona que esté aquí congregada que deje por un momento la lepra de lado y que entienda que lo más importante es conocer a Dios y, sobre todo, ser conocido por él.

Ahí, en oración, tú puedes decirle al Señor, con tus palabras: “Señor, he conocido que no hay Dios fuera de ti, que en ti hay poder, Señor, que en ti hay soberanía; hay, Señor…”. Pide ahí, primeramente, hermano, del Señor, perdón de tus pecados; que el Señor te saque de tu ignorancia, que el Señor te acepte como su hijo, y en segundo lugar puedes pedirle ahí al Señor, con tus palabras, por cualquier otra cosa.

Padre, endereza el corazón de alguien aquí hoy; permite que al mismo tiempo, Señor, todas las cosas en Cristo comiencen a tornarse para bien. Mantén tus ojos cerrados, hermano querido, y permíteme orar por ti.

Señor, utiliza mis hermanos como instrumento; permite que haya gente aquí, Señor, que esté maravillada acerca de la grandeza de su Dios, de forma tal que lo difunda. Permite, Señor, que aquí haya gente que participe en conversaciones de manera piadosa. Permite, Señor, que aquí haya gente hoy que vea sus relaciones con una nueva perspectiva. Permite, Señor, que alguien esté aquí el próximo domingo porque un hermano quiera que esa persona venga a ver la grandeza del Dios al cual esta iglesia sirve y ha conocido.

Gracias, Señor, por tu palabra. Gracias, Padre, por los instrumentos que utilizaste para darnos testimonio a nosotros, y utilízanos a todos nosotros para darle testimonio a alguien más. Todo esto para tu gloria, en el nombre de Jesucristo. Amén.

Nuestro ministerio de alabanza nos despide exaltando el nombre del Señor.

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