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La suficiencia de la Fe

Gálatas 3:1-5

La carta a los Gálatas nos recuerda que la salvación es por la fe sola, sin méritos ni añadidos humanos, y que pretender completarla con obras es una insensatez. El creyente debe descansar en la suficiencia de la obra de Cristo y en el testimonio del Espíritu Santo como garantía plena de su salvación.

Predicado8 de julio de 2018
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Que el Señor les bendiga, hermanos, amigos queridos. Pueden acompañarme en la sagrada Escritura y vayamos juntos al Nuevo Testamento. Pueden buscar la Palabra del Señor, el libro de Gálatas, en el capítulo 3. Pónganse por un momento sobre sus pies para que leamos la Palabra del Señor. Es Gálatas capítulo 3. Estaremos leyendo desde el versículo 1 y hasta el versículo 5. Estaremos leyendo la Palabra del Señor, libro de Gálatas, en el capítulo 3, desde el versículo 1 y hasta el versículo 5. El tema es “La suficiencia de la fe”. Dice así la Palabra del Señor:

¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado?

Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne? ¿Tantas cosas habéis padecido en vano? si es que realmente fue en vano. Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?

— Gálatas 3:1-5

Pueden sentarse, hermanos queridos. En esta porción del libro de Gálatas el apóstol Pablo hace una gran cantidad de preguntas a las cuales yo quisiera que hoy la congregación dé respuesta. Dice nuestra introducción que posiblemente esta fue la primera carta escrita por el apóstol Pablo, y también la primera defensa escrita del Evangelio ante lo que se convertiría en el peligro recurrente para las iglesias en el primer siglo.

En el primer siglo este peligro recurrente, este asunto ante el cual la iglesia siempre estaba bajo amenaza, era que la fe cristiana terminara mezclándose con otras corrientes de pensamiento para volverse más atractiva hacia algunos, pero al mismo tiempo perdiendo toda su eficacia. Para quienes venían del judaísmo, que la fe fuera suficiente para alcanzar la salvación, esto es, sin las obras de la ley, era impensable. Que otros pretendieran tener una relación con Dios y ser parte del pueblo del Señor sin hacerse judíos, para ellos eso era una locura.

Las iglesias luchaban con mantener la pureza y sencillez del Evangelio en un ambiente de persecución, burla y confrontación, y eran atraídas a pensar que el judaísmo, con su ritualismo y sus muchas obras, era superior a la fe cristiana. El mensaje central de esta carta es la suficiencia de la fe, un mensaje que aún sigue siendo un mensaje muy urgente. Quisiera mostrarle a toda mi iglesia, a todos aquellos que han creído en el Señor, que ya tienen lo que estaban buscando. Estoy convencido de que debe llegar un momento en la vida cristiana donde un creyente ya entre en reposo.

Si todavía tú no tienes a Cristo, si todavía tú no tienes la seguridad de tu salvación, yo podría entender, y hasta explicar, que tengas un espíritu inquieto, que estés todavía abierto, que todavía puedas ser persuadido, que estés en modo consideración. Pero debe llegar un momento en la vida cristiana donde ya tengamos la seguridad de nuestra salvación y demos por completada, por lo menos en el asunto salvífico, la obra del Señor en nosotros.

Ponerle “el segurito” a la fe y el escándalo de la gracia

Quiero invitar a la iglesia hoy a que le ponga como el segurito a su fe y diga: ya yo llegué, ya tengo lo que estaba buscando, ya no hay nada que pueda añadirle a la obra de Cristo en la cruz, y asimismo no hay nada que yo pueda quitarle. En cuanto al hecho de la salvación, en cuanto al hecho de la obra de la salvación del Señor en mí, estoy completo. Entiendo que para algunos, este asunto de entender que la salvación es por fe puede parecerles también escandaloso.

Uno de los obstáculos de la salvación es que este asunto es demasiado sencillo. Las personas dicen: ¿y ya, eso fue todo? ¿Es cierto que con que yo ponga en el Señor mi confianza, en que yo crea en Él, en aceptar que Jesucristo es el Hijo de Dios, ya tengo salvación y no tengo que hacer nada más? Y ese es el mensaje cristiano. Y es un asunto que ha sido escandaloso por los siglos. Es tan sencillo que las personas no pueden entenderlo.

Siempre me ha parecido que si los hombres vieran la fe cristiana como una escalera, un asunto de peldaños, o como una vuelta larga, las personas estarían mejor predispuestas a recibir a Cristo. Pero recibir a Cristo es una tarea muy pasiva en este sentido. Es un asunto de creer la obra que otro hizo y no la obra que tú vas a hacer. Los gálatas habían creído en el Señor y tenían una fe verdadera, pero habían sido persuadidos por los judaizantes de que a su fe le faltaba algo más.

Esto de la justificación por la fe, esto es la doctrina cristiana fundamental. A este tipo de cosas uno no puede ni añadirle ni reducirle nada. La doctrina es lo que es. Yo he sido objeto de una salvación que no comprendo por mis propios medios. Yo he sido beneficiado en un pacto donde yo no tenía nada que aportar. Yo he sido adoptado por el Señor en su misericordia, y para mi adopción yo no he tenido que pagar ningún precio. Todo lo ha hecho Él: Él ha pagado el precio, ha hecho Él la invitación y también Él me ha recibido.

Soy muy pasivo en todo esto, y al hombre natural este tipo de cosas le son hostiles, porque la gente, en su fuero interno, realmente quisiera adquirir por sus propios medios la salvación.

La ciudadanía del cielo y el escándalo de la sola fe

Si comparamos esto con la ciudadanía romana, otro hombre le preguntó a Pablo: “Oye, ¿cómo tú adquiriste la tuya? Porque la mía me costó mucho dinero”. La ciudadanía del reino de los cielos, hermanos queridos, la hemos adquirido por gracia y a través de la fe, y en esto no hay ningún mérito humano. Es algo que nos humilla, que nos llena de agradecimiento, pero al mismo tiempo que nos deja en una situación donde, si no tenemos una convicción fuerte, podríamos ser persuadidos a que nos falta algo más.

Esta doctrina de la justificación por la fe y de la suficiencia de la fe ha sido rescatada por lo menos dos veces en la historia. El apóstol Pablo rescató la doctrina entre los gentiles y la rastreó hasta Abraham, diciendo que Abraham fue el primer hombre que fue justificado por la fe sin las obras de la ley. Y después, durante 1500 años de historia, la iglesia tradicional fue progresivamente apartándose de la suficiencia de la fe y estableció la fe y también un sistema de mérito.

Y si usted viene de la religión tradicional, le parecerá que esto que decimos nosotros, que hemos creído la fe a través de la Palabra y con la ayuda del Espíritu Santo, es escandaloso. ¿Cómo va a ser que la gente se salva sin practicar las obras? ¿Y qué haré con mis méritos? De hecho, esta es la doctrina que es singular en el cristianismo. Usted busca cualquier sistema religioso y encontrará que en toda religión inventada por los hombres hay algo que los hombres tienen que hacer para apaciguar la ira de un dios.

En el cristianismo no hay nada que hacer; hay cosas que ya fueron hechas. Esto es solamente por fe. Por eso le dice el apóstol Pablo: “Gálatas, ustedes son insensatos”. Quisiera mostrar, de estos cinco versículos, en primer lugar, que pretender que la fe no es suficiente es una insensatez. “Oh gálatas insensatos”, les está diciendo el apóstol Pablo. Quiero establecer una diferencia entre insensatez e ignorancia. Él no está diciendo “oh gálatas ignorantes”. No. Ellos no carecen de información; ellos tienen información. Lo que son es insensatos porque, aun teniendo la evidencia, ellos siguen buscando algo más.

Hermano querido, si en este momento de tu caminar cristiano tú no tienes la seguridad de que tu salvación fue por fe y de que no hay nada que tú puedas hacer adicional para que tu salvación esté más plena, más concreta, más segura, tú todavía no has entendido los rudimentos básicos de la fe cristiana. Los rudimentos básicos de la fe cristiana es que todo ya sucedió.

Insensatez, percepciones y fascinación espiritual

El apóstol Pablo les llama insensatos porque ellos, habiendo tenido la verdad, todavía no han llegado a persuadirse desde adentro de que lo que tienen es suficiente. Esto es lo que pasa frecuentemente con los seres humanos. Nosotros somos más seres de percepciones que seres de convicciones. Nos ufananos de decir que nosotros somos seres razonables y que las decisiones que tomamos son decisiones objetivas. Lo que es objetivo es que nuestra salvación ya sucedió, pero nuestras percepciones nos dicen otra cosa.

Y frecuentemente, en nuestro caminar cristiano, nosotros tenemos que luchar con que no necesariamente vamos a sentir a la altura de lo que creemos, pero nuestras convicciones son ciertas, y es que nuestra salvación ya sucedió. El apóstol Pablo no les llama ignorantes, les llama insensatos porque, habiendo tenido la evidencia, ellos siguen buscando. Y es insensatez porque ellos habían salido del paganismo, habían encontrado la verdad, entonces siguen buscando algo más; están considerando ahora el judaísmo.

El apóstol Pablo dice: “¿Pero qué insensatez es esta?” Porque los judíos estamos dejando aquello para entrar a la verdad, y ustedes, que ni siquiera son judíos, vienen del paganismo, llegan a la verdad y quieren seguir buscando. Debe llegar un momento en nuestra vida cristiana que dejemos de buscar. Quizás tú no eres un gentil que está viviendo en las regiones de los gálatas; quizá tú eres un dominicano que está en el siglo 21 y tú dices: mi problema no es el mismo. Hermanos queridos, todavía hay ofertas que se nos traerán para tratar de complementar nuestra fe.

Hay alguien que te dirá: “Ok, tú eres cristiano, pero te falta algo más para tener la seguridad de tu salvación”. Hermano querido, no falta nada, y tratar de buscar algo más es insensatez. Lo que el apóstol Pablo dice de ellos es que ellos habían sido fascinados, una fascinación. Una fascinación es una falsa representación. Se pregunta: ¿quién os fascinó? En los años que tengo viviendo la vida cristiana, cada cierto tiempo aparece una nueva fascinación.

Es alguien que te va a venir a decir que tu fe sencilla, que esta fe llana, no es suficiente, sino que tú necesitas ponerle como una planta más a tu salvación. Tú necesitas hacer algo más. Y quizás no venga con un lenguaje técnico, sino con un lenguaje un poquito más sutil, pero te crearán la percepción de que tú todavía no estás completo y no estás pleno en el Señor. A menos que entiendas lo que a los gálatas el apóstol Pablo les está llevando a entender, siempre estarás buscando.

Cómo opera la fascinación y ejemplos concretos

Esto de la insensatez son las personas que, teniendo la información, no proceden según la información. Son aquellos que, teniendo la verdad, todavía buscan algo más que la verdad. El apóstol Pablo le llama a eso insensatez. ¿Cómo funciona este asunto de la fascinación? Esto es una distorsión de la realidad. Alguien que está fascinado es alguien a quien otro le trae una oferta, una oferta donde se está exagerando el valor de algo que ya usted tiene: “Mira, cuando tú tengas esto…”. “Pero ya yo tengo esto”. “Sí, pero cuando tú lo tengas de la manera en que yo te lo voy a explicar, tú te vas a dar cuenta de que tu salvación va a ser completa”.

Hermano querido, ya esto sucedió. Cualquier persona que le trate de hablar a usted de su salvación en el futuro, o aun en el presente, como si fuera algo por completarse, es distorsión. Mi salvación ya sucedió. De hecho, cuando un creyente llega a entender la suficiencia de la fe, ya él no es una presa de aquellos que están trayendo falsa doctrina, porque ya él llegó. Alguien va a venir a decirte: “Mira, lo que te voy a traer, lo que te voy a mostrar, es algo que ayudará a tu salvación”, y tú dirás: ya yo no lo necesito, porque mi salvación ya sucedió.

Esto de fascinación, como el término da una connotación, implica utilizar artimañas para que algo que no es verdad parezca que es verdad. Frecuentemente lo que se hace es la exageración de algo que ya usted tiene. Estuve tratando de recordar las diferentes fascinaciones que han intentado atraerme a mí en los años que tengo militando en la vida cristiana. Recuerdo un muchacho que me dijo que yo necesitaba un tipo especial del Nuevo Testamento.

Él era parte de una iglesia que estaba entrando al país, que ellos habían hecho una traducción muy particular del Nuevo Testamento. Y él me mostró su versión y me dijo: “Mira, esta es la versión del Nuevo Testamento que tú debes leer”. Y yo le pregunté: “¿Y dónde está? Porque yo tengo una Biblia completa, yo tengo de hecho varias Biblias”. La persona insistía en que yo tenía que leer esa versión del Nuevo Testamento, porque cuando yo la leyera, entonces el mensaje iba a tener para mí un entendimiento particular.

Hermano querido, yo no quiero tener un entendimiento particular del Nuevo Testamento. Yo quiero tener el mismo entendimiento medio que hemos tenido, en la historia, todos los creyentes. Usted no necesita una traducción especial de la Biblia. Usted no necesita tener un libro especial. Usted necesita tener la Sagrada Escritura, una versión que tenga en español, y cualquier buena traducción sirve. Si alguien le ha vendido la idea de que necesita una traducción especial de la Escritura, hermano, usted no necesita eso para su salvación.

Accesorios legales y espiritualidad de élite

Hay otros que han intentado hacer prioritario asuntos que son secundarios. “Oye, cuando tu iglesia comience a lavarse los pies los unos a los otros, ese pequeño detalle que hizo el Señor…”. Hermano querido, eso no es una ordenanza obligatoria. Si usted quisiera lavarme los pies, yo trataría de lavarle los suyos, pero no son estas obligatoriedades para la vida cristiana. El Señor, en un momento, para darnos a nosotros un ejemplo, les lavó los pies a sus discípulos. No dice: “Si ustedes no se lavan los pies todos los domingos ustedes no serán una iglesia verdadera, ustedes no tendrán salvación”. Hermano querido, ya esto sucedió.

Son accesorios que la gente quiere traer para decirte que cuando tú tengas la fe cristiana sencilla y esto más, entonces serás salvo. “Salúdense con un beso santo”. Sí, es verdad, la Escritura dice que os saludéis. Nos está hablando de una expresión física y santa del amor. “¿No se saludan con el beso santo? Entonces ustedes no son los creyentes en verdad”. Hermano querido, ya su salvación sucedió, ya usted es un creyente.

Hay otros que han pretendido haber visto cosas que son singulares: “Mira, yo tengo una expresión de la revelación que nadie jamás ha visto”. Y yo le pregunté: “¿Y cómo ha sido que todos los otros han sido salvos, cómo han sido salvos sin esa revelación particular que tú has tenido?”. Además, dice la Escritura que nunca, en ninguna parte, la Escritura es de interpretación privada. Si usted está siendo dirigido por el Espíritu Santo, y fue a la Palabra, lo que usted ve es lo mismo que yo voy a ver. Si los dos lo vemos ayudados por el Espíritu Santo, tenemos que estar de acuerdo.

Hay otros que pretenden que hay realidades espirituales que son muy particulares y que están reservadas para creyentes elegidos: “Esto no es para todo el mundo”. Hermano creyente, la fe que tenemos es una fe común, que quizás es una fe relativamente sencilla a la luz de lo que uno ve con otros sistemas religiosos, pero es una fe real, y la fe que tenemos es suficiente. “Oh gálatas insensatos, ¿quién a ustedes los fascinó?”. Esta fascinación funciona porque apela a nuestra naturaleza humana y a una naturaleza caída, asuntos que están en nosotros que no son loables.

Estos instintos caídos de ambición, de vanidad, de sensualidad, de tener lo que otros no tienen. Yo no quiero tener cosas que usted no tiene, hermano. Lo que yo quiero para mi vida espiritual es lo mismo que yo quiero para tu vida espiritual.

Judaismos modernos, vanidad y rituales judaizantes

Y si alguien me está tratando de traer una realidad espiritual que es solamente para mí, la realidad, hermano, es que yo no quiero eso, porque yo quiero una realidad espiritual que sea para nosotros. Yo no quiero ser un elegido que puede entender este asunto, y usted no debería querer serlo tampoco. Queremos ser todos elegidos en el Señor. Yo no quiero ser parte de un grupo especial de la cristiandad. Yo quiero ser parte de la Iglesia del Señor en general y en su conjunto.

Recuerdo que cuando estudiaba en la UASD, las universidades siempre son centros de ideas, y allí quizá fue la primera vez que yo vi una expresión de lo que son los judaizantes. Entre una cantidad de hermanos míos, jóvenes evangélicos, comenzó un fervor acerca de la cosa judía. Y ya, si no era música de “praise” hebrea, hermano, ya como que la adoración no funcionaba. Traían instrumentos especiales, unos cuernos para tocarlos para que sonaran como sonaba la música en la sinagoga, y sonaba, y algunas personas se iban en ese sonido, hermano, y encontraban “realidades especiales”.

Comenzaron a utilizar vestimentas, hasta impostaban barba, una actitud, un tono de voz diferente, porque ya entendían que eso era más judío. Uno de ellos me saludó; yo le dije mi nombre, “Me llamo Rafael Pérez”. “¡Oh, Pérez es judío!”. Y yo le dije: “No, yo soy de los Pérez de Azua”, pero él tuvo un avivamiento con mi apellido. O sea, usted puede entender el nivel de vanidad al que se llegan estas cosas, al entender que tiene un apellido que hay judíos que llevan. Los míos son de Azua, hermano, pero el apellido Pérez es común entre los judíos: “Rafael Pérez, Rafa: Jehová Rafa, Dios tu sanador; Pérez…”. Él tuvo un avivamiento con mi nombre.

Hermano, yo soy Rafael Pérez, y no me le quite el acento. Pero hay personas que se importan en esto y quieren enseñar que tienen una realidad particular, que ahora sí verdaderamente tienen la relación con Dios. Era lo mismo que le habían traído a los gálatas. Los gálatas habían aprendido el Evangelio por la fe, y venían los judaizantes y les decían que tenían que circuncidarse, que tenían que guardar las fiestas, que tenían que participar en el ritual del Antiguo Testamento para llegar a ser verdaderos cristianos. Lo mismo me decían a mí en la universidad.

Que mi fe sola no es suficiente, sino que yo necesito comenzar a practicar las normas del Antiguo Testamento, a celebrar una herencia judía que me es ajena. Yo no soy judío, soy gentil. Y a intentar, hermano, impostar estas cosas para sentirnos más especiales, en lo mismo que cae entre los seres humanos: entender que algunos son más especiales que otros, de no estar satisfechos de que tenemos una fe en común, que a través de la fe en común hemos sido salvos, sino que algunos de nosotros tenemos un nivel más alto.

Hermano, en cuanto a la fe, este es un asunto tan importante que usted no puede ni añadirle nada ni puede quitarle nada. La obra del Señor es consumada. Él dijo en la cruz: “Consumado es”. O sea que, por mucho que nosotros nos esforcemos por ponerle al cristianismo algo más, no hay nada que podamos añadirle ni hay nada que podamos restarle. La fe que nosotros hemos conocido es la misma fe que nos es común a todos los cristianos.

Agradezco inmensamente a la iglesia donde yo fui formado por más tiempo, porque una vez al año se daba un conjunto de doctrinas cristianas, se llamaban las “Doctrinas fundamentales”, y a mí me enseñaron la justificación por la fe. Y cada vez que alguien intentó inducirme a algo, la justificación por la fe, para mí, hacía ver todo lo demás como vanidad. Hermano querido, debería llegar un momento en la vida cristiana donde tú no trates de buscar más nada para tu salvación, y veas tu salvación como un hecho, un asunto que fue decretado en el pasado y que ha sido aplicado, imputado a ti en el presente, y que en adelante es solamente una expectativa de gloria.

Señales de falsas añadiduras: lugares, dietas y liderazgos

Estas personas que quieren minar nuestra fe, la seguridad de nuestra salvación, tienen cualidades que me gustaría que ustedes tomen en cuenta. Hermano, no es que hagamos de esto un asunto donde quiera que eso esté es malo, pero frecuentemente quien quiere decirle a usted que para usted tener una vida plena en el Señor necesita tener lugares de reunión que son específicos, huya de eso. Porque nuestro Dios no está circunscrito a lugares de reunión.

En otro momento comenzaron los viajes a Israel, hermano querido, y eso era un asunto tal que la gente entendía que, si no había sido bautizado en Tierra Santa, en el río Jordán, hermano, su bautismo no era eficaz. Hermano querido, el mismo Dios que usted ha tenido en el Caribe insular es el mismo Dios que usted va a conocer en cualquier otra región de esta tierra.

Lugar de reunión específico: los creyentes no estamos atados a lugares de reunión. He explicado esto a mi iglesia vez tras vez. Si alguien le dice que, para usted tener la plenitud de su vida cristiana o la seguridad de su salvación, usted tiene que ir a un lugar específico donde “ahí” se sienta la presencia del Señor, hermano querido, cuidado con eso.

Asuntos en los cuales tenemos que estar precavidos los creyentes: por ejemplo, hermanos, no estamos limitados en cuanto a nuestra dieta alimenticia. Si alguien quiere establecerle a usted un régimen de alimentación específico, muy elaborado, que le va a permitir tener más seguridad de su salvación, hermano, huya de eso que no lo necesita. Bien me enseñó hace mucho tiempo mi hermano Darío, que muchas de esas religiones orientales que intentan controlar la alimentación lo que tratan es de debilitar la capacidad de razonamiento del ser humano.

Me decía él, en sus palabras muy llanas, porque él practicó esas cosas de meditación donde le combinaban alimentaciones especiales: “Eso es una manera de debilitarte mentalmente para colocarte en un estado que es conducente a ser persuadido de sus ideas”, asuntos que no se sostienen. Hermano querido, la fe cristiana no está limitada a lo que usted come o no come.

¿Cuántas Escrituras nos dicen a nosotros que nada de eso es necesario? Pero hay personas que han querido exagerarlo. ¿Qué tiene la alimentación que ver con el alma de un cristiano? He mencionado dos: lugares de reunión, régimen de alimentación. Hermano, estructura de liderazgo complicada, huya de eso. Si para usted ser miembro de una iglesia local o de un conjunto de creyentes usted tiene que tener una relación con el liderazgo de su iglesia que es una relación muy complicada, más allá de lo que usted encuentra en la Escritura, que son relaciones pastorales sencillas, sea cuidadoso.

Porque usted no es la propiedad de ningún obrero, usted es una oveja del Señor. Normalmente, donde tratan de ponerle esas estructuras, al hombre le gustan las estructuras cohesivas, las estructuras impositivas, imponentes. Lo que hay en la Escritura son estructuras sencillas. Lugares de reunión, liderazgo complicado, normas de alimentación, días de reposo específicos: sean cuidadosos.

Liturgias, legalismo y la simplicidad del Evangelio

Veo cada vez más hermanos míos llamados a una liturgia muy alta. Los evangélicos nos hemos distanciado de eso, y hace años escuchaba un pastor que me decía que en su iglesia han recobrado el calendario litúrgico, y que ahora una vez la iglesia tiene un color y otra vez es otro color, porque cada uno de esos colores anuncian cosas particulares. Dice la Escritura que nadie nos juzgue a nosotros en cuanto a fiestas, lunas nuevas, días de reposo; eso ya no tiene efecto para nosotros. Hay otra manera en que podemos adorar al Señor.

Hago aquí una alerta. Yo comprendo que mis hermanos que vienen de la religión tradicional, cuando vienen a la fe cristiana, tendrán una lucha muy alta, y era la misma lucha que tenían los judíos. La gente viendo la fe cristiana dice: “Pero que esto es como un asunto demasiado simple”. Entonces ya no hay el calendario tradicional, ya no hay las misas, ya no hay las horas santas, ya no hay las oraciones por los muertos, entonces ya no hay los méritos, ya no hay las limosnas. Hermano, nada de eso tiene valor para nosotros. La gente siente como una ansiedad por recuperar cada una de esas cosas y trata a veces de convalidarlas.

Los cristianos salimos de eso hace años, hermano querido, y hemos entendido que nuestra fe es suficiente. En primer lugar, he estado mostrando que pretender que la fe no es suficiente es una insensatez. “Oh gálatas insensatos, ¿quién os fascinó para no obedecer la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo ya fue presentado claramente entre vosotros como crucificado?”.

Esta fascinación que ellos tenían era la fascinación del legalismo. Ni siquiera los fariseos mismos, hermano, pudieron alcanzar estas cosas. Los más estrictos en el cumplimiento de la ley eran los fariseos, y el Señor les decía a ellos: “Ustedes le cargan a este pueblo una carga tan pesada que ni siquiera ustedes mismos se animan a ponerle un dedo”.

De hecho, entre ellos, quienes se sentían triunfantes en haber logrado llenar lo que Dios había establecido eran aquellos que habían tenido una obediencia selectiva. Se evidenció en aquel que vino donde el Señor y le dijo: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?”. El Señor le dice: “Pero los mandamientos conoces”. Él dice: “Todo eso lo he guardado desde mi juventud. Estoy listo, Señor”.

“Te falta una cosa”. Y esa cosa que le faltaba era la única cosa que no estaba dispuesto a renunciar. Cuando alguien te diga que, llenando unos códigos humanos, ha llenado la justicia de Dios, él lo que hizo fue su propio código. Él buscó las cuatro cosas que él entiende que son agradables y cumplió esas, ¿y dónde están las otras 40, 140, 400? Porque dice el mismo libro de Gálatas que el que se anima a cumplir la ley que la cumpla completamente.

Aun los maestros judíos, en cuanto a estas cosas, ignoraban los asuntos más fundamentales. Una vez vino, de noche, Nicodemo y se encontró con el Señor, y el Señor le hizo algunas preguntas elementales de la vida cristiana y esta persona no supo qué responder. Dice el Señor: “Pero tú, siendo un maestro en Israel, ¿no sabes estas cosas?”. Hermanos queridos, la fe que nosotros hemos conocido y la presencia del Espíritu Santo es un asunto suficiente; no hay nada que podamos añadirle, y esto ha estado oculto ante aquellos que tienen, quizás, una tradición más alta.

Doy algunos otros ejemplos contemporáneos de fascinación y me muevo al segundo punto. Ya mencioné los judaizantes. Hermanos queridos, este asunto al día de hoy abunda. Quieren que vivamos a la luz del Antiguo Testamento, que vivamos a la luz del antiguo pacto. Quieren cargarnos, hermano, con una cosa y con la otra, aléjese de esas cosas. Sea cuidadoso con eventos cristianos que promueven que le van a añadir algo más a su fe; no es posible.

De hecho, como iglesia, tenemos que ser cuidadosos en cómo promovemos los eventos, porque Dios es soberano. “Participa en este evento que te va a cambiar la vida”. Usted tiene que decirle: mi vida ya cambió. “Participa en esto que va a hacer que tus ojos sean abiertos a una realidad que tú no entendías”. Tú tienes que decir: ya el Espíritu Santo me ha despertado a la realidad que yo no entendía y a la única realidad que yo necesitaba ser despertado.

“Proceso de discipulado radical, con unos resultados garantizados; cuando tú pases por esta jornada de discipulado —esto es una semana donde te vamos a meter aquí— tú sales nuevo del otro lado”. Hermano, huya de eso. ¿Cómo puedo yo lograr que, en una semana, usted salga nuevo del otro lado? Y, sobre todo, ¿quién soy yo para atribuirme la obra que solamente el Espíritu Santo puede hacer? Hermano, yo creo que el Espíritu Santo puede cambiarlo de manera radical, no en una semana, en un día, en un instante. Pero ¿quién soy yo para prometerle a alguien que en cinco días le voy a cambiar su vida?

Libros, modas espirituales y el prestigio religioso

¿Y cuántas son las iglesias que andan por ahí difundiendo congresos, eventos, retiros, donde le garantizan a las personas que del otro lado su vida será diferente? Estrategias, hermanos, de crecimiento espiritual que se presentan como si fueran leyes. Libros que, de no leerlos, a los otros te hacen sentir como si tú no fueras ni siquiera un cristiano. Cada cierto tiempo hay un libro que es “el” libro; el que no lo leyó como que parece que está en la periferia del cristianismo.

Y no es ni siquiera un asunto del autor del libro, hermano, ni de la casa publicadora, es que los seres humanos tenemos esta naturaleza caída que hace que nos queramos sentir especiales. Y si yo leí un libro que fue beneficioso para mi vida, yo voy a llegar a entender que todo otro cristiano de a pie que no ha leído el mismo libro que yo leí entonces es un cristiano que tiene una categoría inferior.

Le digo: el problema no está en el libro, el problema está en los lectores. Al día de hoy, la mayoría de mis amigos pastores jóvenes han leído libros de la oración de tal o cual autor, por ejemplo. Ahora pareciera que quien no ora según indica ese libro no está orando al Señor. “Oh gálatas insensatos, ¿quién os fascinó?”. Cada cierto tiempo aparece un estilo de adoración que es “revolucionario”. “Oh gálatas insensatos, ¿quién os fascinó?”.

El prestigio de una iglesia local, de una denominación, de un sistema doctrinal, de una particularidad, hermano querido, que nada compita con la sencillez genuina del Evangelio. “Oh gálatas insensatos, ¿quién os fascinó para no obedecer la verdad?”. El propósito de toda esta fascinación, a mí lo que me llama la atención, es que no lleguemos a obedecer la verdad. La gente anda cambiando de intereses todos los días, pero si no, hermano, sea claro y sencillo: obedezca la verdad y deje de estar buscando asuntos secundarios.

Quiero mostrarle que la evidencia de la suficiencia de la fe es la obra del Espíritu Santo en nosotros. Usted quiere saber si es que nuestra fe es suficiente; el apóstol Pablo da preguntas adicionales. Dice él, en el versículo 2: “Esto solo quiero saber de vosotros: ¿recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?”. Hermano querido, nosotros no hemos recibido el Espíritu Santo porque nos portamos bien; nosotros hemos recibido el Espíritu Santo porque ha sido derramado abundantemente en nuestros corazones.

Y la manera en como utiliza el término el texto bíblico es intencional: es algo que ha sido derramado, es algo que se lo han puesto encima, no es algo que usted se ha ungido, no es algo que usted se ha untado; es algo que ha sido derramado sobre usted. El Señor se lo ha derramado abundantemente en el corazón.

El Espíritu Santo como evidencia de la gracia

Quiero mostrar que la presencia del Espíritu Santo en la vida de un creyente es evidencia contundente, absoluta, de que la fe es suficiente. Dice el libro de Efesios, en el capítulo 2, del versículo 4 en adelante:

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos).

— Efesios 2:4-5

Nosotros recibimos vida, hermano, no cuando nos portamos bien. Nosotros recibimos vida juntamente con Cristo cuando estábamos muertos en nuestros delitos y pecados. Si yo estaba muerto en mis delitos y pecados y yo recibí vida, yo no me gané esa vida. Si el Espíritu Santo comenzó a operar, a actuar en mí, cuando yo no tenía ningún mérito delante del Señor, ¿cómo voy a aspirar, al día de hoy que lo tengo, a pensar que lo gané?

La obra del Espíritu Santo en la vida de un creyente no es una obra que nosotros nos hayamos ganado por nuestros propios medios. ¿Cómo nos describe la Escritura? Que estábamos muertos en nuestros delitos y pecados. La muerte es un estado de inconsciencia, un estado de inactividad, un estado de insensibilidad, y en ese estado el Espíritu Santo comenzó a actuar en ti. ¿Tú te lo ganaste, cómo? Si tú pretendes que te has ganado la obra del Señor en tu vida, que el Señor ha estado operando en ti porque eres meritorio, yo te pregunto: ¿en qué momento tuviste el mérito, si estabas muerto en tus delitos y pecados?

El apóstol Pablo está haciendo preguntas retóricas que nos llevan a concluir que la fe es suficiente. La regeneración del Espíritu Santo, la vida de un creyente, hermano, esto es un asunto imprevisto, no planificado. No fue que yo hice algo, yo fui a la presencia del Señor y, después de haber hecho esto, entonces le dije: “Aquí estoy para que me permitas, a través de las obras que yo he hecho, derramar ahora el Espíritu Santo en mí y yo pueda verte”. Hermano, yo vi a Cristo cuando yo no había hecho nada.

Usted, sus ojos fueron abiertos, no porque se lo ganó. Sus ojos fueron abiertos en el momento que usted no esperaba verlo. Nuestra salvación siempre es imprevista. El Espíritu Santo viene como el viento, hermano, y va soplando, y abre tus ojos, y tú dices: “¿Qué hice yo para que en este momento mis ojos estén abiertos? ¿Qué fue lo que hice? ¿Cuál fue la acción, cuál fue la obra, cuál fue el mérito?”. Ninguno, hermano querido. Cuando estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, a nosotros se nos dio vida juntamente con Cristo.

Si usted es un creyente verdadero, usted tendrá que certificar que en algún momento de su vida usted llegó a percibir un interés en las cosas espirituales que anteriormente no existía. Y usted va a decir: “¿Y qué fue lo que yo comí para que se produjeran esos intereses en mí? Nada. ¿Qué fue lo que yo hice para que en mí entonces se manifestara ese interés? Nada”. Hermano querido, el hambre por el Señor, el deseo por las cosas de arriba es un asunto extraordinario. Es el Espíritu Santo que fue derramado en nuestros corazones cuando estábamos muertos en nuestros delitos y pecados.

Para hacer este asunto aún más vívido, el Señor utilizó un muerto real para demostrarlo. Cuando murió Lázaro, lo enterraron, pusieron una piedra; ya llevaba días, estaba descompuesto. Le dijo Jesús a Marta:

Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

— Juan 11:25

“Aunque esté muerto, vivirá”. No dice: aunque se mueva mucho, aunque haga algunas acciones, si visita un lugar de adoración, si se congrega en determinada iglesia. No. “Aunque esté muerto, vivirá”. Hermano querido, la vida espiritual es, para nosotros, un misterio. Es una obra de gracia, es algo que el Señor ha hecho en nosotros. Y si el Espíritu Santo ha estado actuando en ti antes de que tú comenzaras a actuar, entonces concluimos que la fe es suficiente sin ninguna obra adicional.

El Señor no lo hizo porque nos lo ganáramos; el Señor lo hizo cuando estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, cuando usted era un muerto espiritualmente hablando y no pudo haber hecho nada por su salvación. El Señor derramó el Espíritu Santo sobre nosotros abundantemente. Si usted es un creyente verdadero, recordará que eso hizo que su vida fuera marcadamente diferente.

El mismo Pedro se persuadió de que los gentiles también eran creyentes porque en ellos fue derramado el Espíritu Santo. Pedro no entendía; Pedro era un judío formado, con una mente judía, con unas prácticas judías, y el Señor le enseñó que el Espíritu Santo se podía derramar sobre gentiles que no habían sido circuncidados ni estaban guardando la ley. Y cuando el apóstol Pedro vio que el Espíritu Santo fue derramado sobre los gentiles, él concluyó que verdaderamente eso era una obra del Señor, porque si el Espíritu Santo ha sido derramado es como si Dios mismo estuviera entre ellos, y Dios tiene comunión con gente que no está guardando la ley. Aquí está pasando un asunto extraordinario. Lo extraordinario que está sucediendo es que están siendo justificados por medio de la fe.

Oír con fe, no obrar para ganar el Espíritu

En este versículo 2 se nos muestra, en primer lugar, que recibimos el Espíritu Santo aun antes de haber actuado. Se nos muestra también que lo recibimos no al hacer algo, sino al oír, y es el oír con fe. “¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?”. Usted no tiene que responder: por el oír con fe.

Dice Romanos 10:9:

Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

— Romanos 10:9

Si creyeres. “Si confesares con tu boca…”, no “si actuare”, no “si te portaras bien”, no “si guardaras determinado código”, no “si te sujetas a determinado sistema”. No. “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor y creyeres en tu corazón…”. Asimismo le preguntó Felipe al etíope, le preguntó: “¿Tú crees de todo corazón?”. Él dijo: “Sí, yo creo que Jesús es el Hijo de Dios”. “Si creyeres de todo corazón…”.

Hermano querido, nuestra salvación no ha venido a nosotros porque nosotros hiciéramos algo; ha venido porque creímos en nuestro corazón. Es el oír con fe, como dice así mismo la Escritura. Las obras de la ley nunca nos dieron lo que nos ha dado el Espíritu Santo. Los judíos nunca llegaron, hermano, a experimentar la transformación que experimenta un creyente.

Un judío guardaba la ley desde sus primeros años y moría guardando la ley, y tenía, en su avance espiritual, un asunto mínimo con relación al avance que llega a tener un creyente en pocos días, con la ayuda del Espíritu Santo. La conversión es un hecho dramático y personal, hermano querido. De un día al otro ya tiene deseos que son distintos, tiene una personalidad que es distinta, tiene un accionar que es distinto.

Y uno dice: “¿Qué es lo que tiene esta persona que se produce un cambio tan radical, y que no tenían los hombres de Dios en el Antiguo Testamento?”. La presencia del Espíritu Santo. Si usted quiere saber lo que es la presencia del Espíritu Santo en la vida de un creyente, un asunto que no viene por obra, sino que viene por el oír atentamente, por creer en el Señor de todo tu corazón, vea el caso de Sansón. Sansón era un hombre díscolo cuando no tenía el Espíritu Santo.

Pero todo el tiempo dice: “Vino el Espíritu sobre Sansón”, y cuando el Espíritu venía sobre Sansón, Sansón era otro Sansón. Uno decía: “¿Pero qué es lo que pasa con Sansón?”. Es que el Espíritu Santo venía sobre él. Esto que los antiguos llegaron a experimentar de manera temporal, que el Espíritu venía sobre ellos, el creyente, hermano, lo tiene como un derramamiento abundante. Pregunta el apóstol Pablo a los gálatas esto: “¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley o por el oír con fe?”. Y nosotros testificamos: por el oír con fe.

Y si el Espíritu Santo, hermano, se ha estado manifestando entre nosotros solamente por el oír con fe, concluimos que la presencia del Señor está en nosotros y que la fe es suficiente. Complemento esto con Hebreos, capítulo 10, versículo 1, que dice:

Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan.

— Hebreos 10:1

La ley no nos perfeccionó; el Espíritu Santo sí. De modo que con estas dos cosas, hermanos queridos, he estado mostrando que la evidencia de la suficiencia de la fe es la presencia del Espíritu Santo. Y si tenemos el Espíritu Santo, hermano, ¿qué más necesitamos, si es la tercera persona de la Trinidad?

Donde más me preocupa a mí con mis hermanos no es tanto que ellos intenten alcanzar la fe por las obras, sino que comiencen en la fe y terminen en las obras. Con esto termino: la fe es suficiente desde el comienzo y hasta el final. Hay hermanos míos que han pensado que la fe cristiana es como la puerta de la casa. Hermano, esta es la casa. Un creyente no entra por fe; un creyente vive por fe, un creyente vive en la fe, un creyente vive la fe. Esta es nuestra vida. La fe no fue lo que nos permitió llegar a Cristo; la fe es estar en Cristo.

Comenzar por el Espíritu y no terminar en la carne

Dicen los versículos del 3 al 5:

¿Tan necios sois? Habiendo comenzado por el Espíritu, ¿ahora vais a acabar por la carne? ¿Tantas cosas habéis padecido en vano? si es que realmente fue en vano. Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?

— Gálatas 3:3-5

“Tan necios sois, habiendo comenzado por el Espíritu, ¿ahora vais a acabar por la carne?”. O sea, si ustedes abrieron la puerta por medio del Espíritu Santo, ¿ahora van a dejar el Espíritu Santo de lado y van a comenzar a practicar las obras de la ley? Si las obras de la ley no pudieron traerte a tener una comunión con Dios, tampoco podrán ayudarte a cultivar esa comunión con Él, ni podrán prepararte para un encuentro con Dios. Lo que te prepara para un encuentro con Dios, lo que te refina delante de Él, es la presencia del Espíritu Santo.

Les dice a ellos: ustedes comenzaron por el Espíritu y ahora pretenden terminar a través de la carne. El término ahí transmite una sensación de perfeccionamiento, como una persona que dice: “Oye, ya con esto yo llegué hasta este punto, pero de aquí en adelante necesito algo más”. El apóstol Pablo les está diciendo: ustedes, que comenzaron por la fe, tendrán que terminar también por la fe. La fe es suficiente desde el comienzo hasta el final.

Quiero mostrarles, mis hermanos, que tratar de practicar las obras de la carne no es un avance, es retroceso. Es decir, la obra del Señor, de hecho, dice él que si ellos vuelven a practicar todas estas cosas, es como si sus padecimientos por la fe fueran en vano. Entonces, ¿de qué no valió la pena? Hermano querido, la fe cristiana no es solamente lo que te permite entrar a la salvación: es al mismo tiempo tu salvación misma, y es la esperanza gloriosa que tenemos todos los creyentes.

El mismo apóstol Pablo, cuando terminó su ministerio, él no terminó confiando en sus méritos. Me emociona que en su última carta no mencionó sus viajes misioneros. Cuando él escribe a Timoteo, lo hizo así: “Timoteo, estoy presto para encontrarme con el Señor”, pero no está diciendo: “Yo espero que el Señor me reciba porque he sido el instrumento que más ha ido, el que ha ido más lejos, llegué hasta Roma a predicar el Evangelio”. No. Él dice:

Porque yo sé a quién he creído.

— 2 Timoteo 1:12

Hermano, usted no será acepto en la presencia del Señor porque tenga mucho tiempo congregándose. Usted no será acepto en la presencia del Señor porque sea miembro de una iglesia local determinada. Usted no será acepto en la presencia del Señor porque su vida haya sido completamente santificada delante del Señor. Usted será acepto por el Señor, cuando esté en su presencia, por lo mismo con lo que usted comenzó una relación con Él: usted comenzó por fe y terminará por fe.

Quiero animar a mis hermanos, quiero animar a mi iglesia a que nos entusiasmemos con la fe, vivamos en la fe, hermano. Tenga la seguridad plena de que si usted tiene la fe usted lo tiene todo: la suficiencia de la fe. “Oh gálatas insensatos, ¿quién os fascinó para que dejaran atrás cada una de estas cosas?”.

Abraham, la ley y el justo que por la fe vivirá

Concluyo, hermano, mostrando el caso más profundo que pudo darle a los judíos el apóstol Pablo. Él trasciende y va más allá, y él dice que antes de que se diera la ley, ya el Señor estaba justificando a la gente por la fe. No tengo en este momento la intención de exponerlo, sino solamente de leerlo. Termino leyendo solamente los versículos del 6 en adelante:

Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham. Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá.

— Gálatas 3:6-11

Doy esa ñapa solamente, hermano querido. Lo que está diciendo es: no le ponga una coma más. “El justo por la fe vivirá”. No: “El que es justificado por la fe es el que vivirá”, sino: “El justo por la fe vivirá”. No el que es justificado por la ley, por la fe, aquel que no tiene su esperanza en sus propios méritos; es a la persona que termina viviendo.

Oro por la iglesia local y oro por cualquier persona que esté aquí hoy congregada que haya intentado poner su confianza en cualquier otra cosa que no sean las firmes promesas del Señor. Oro primero por mi iglesia, que es donde tengo la mayor urgencia.

Padre, mira los creyentes que estamos aquí congregados, mira mis hermanos, Señor, que ya tienen la fe genuina que adorna, que acompaña, que sustenta la vida de todos los creyentes. Señor, permite que se encuentren en ti satisfechos. Padre, permite que la convicción de las firmes promesas que tú nos has dado, Señor, de tu Palabra, el testimonio cálido de tu Espíritu Santo en nuestro corazón de que somos tuyos, sean suficientes.

Padre, mira las tentaciones que vendrán a nosotros a decirnos que le pongamos a nuestra fe algo más. Danos la entereza, Señor, pero sobre todo danos la satisfacción en la suficiencia de nuestra fe.

Mira los cantos de sirena, Señor, que escuchamos cada cierto tiempo, que nos invitan a añadir algo más. Danos la entereza, Señor, de haber comenzado por la fe, de permanecer en la fe y terminar en fe.

Llamado a confiar solo en Cristo y oración final

Permite, Señor, que en este largo viaje de nuestro peregrinar por esta tierra no encontremos, Señor, otra cosa de la cual asirnos que no sea la fe, una vez dada a los santos. Mantén tus ojos cerrados, hermanos queridos. Si aquí hay alguien que ha intentado ganar su salvación por sus propios medios, si hay alguien que ha intentado tener un comportamiento aceptable para después venir al Señor, si hay alguien aquí que ha tratado de tener una religión aceptable para después venir al Señor, si hay alguien que ha intentado visitar un lugar de peregrinación específico para tener un encuentro con Dios, yo lo invito a dejar atrás la insensatez.

Yo lo invito a no dejarse fascinar. Mantén tus ojos ahí cerrados, hermano querido. Aquellos ante cuyos ojos Jesucristo está siendo presentado, yo lo invito a que oiga hoy con fe. Yo lo invito a que ponga hoy en el Señor su confianza, no en sus méritos, no en su trayectoria, no en sus obras.

La pregunta buena no es: ¿dónde te estás congregando? La pregunta buena no es: ¿hace qué tiempo eres cristiano? La pregunta buena es: ¿dónde está puesta tu confianza? Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y tu casa.

La pregunta buena no es: ¿ya dejaste de practicar determinado pecado? La pregunta buena es: ¿quién está operando en tu corazón? Si has escuchado la predicación del Evangelio, si has escuchado que la fe es suficiente, eso significa que no hace falta un proceso complejo.

Puedes poner hoy en el Señor tu confianza. Puedes confiar en que, a aquellos que han creído, en ellos se ha derramado el Espíritu Santo, evidencia suficiente de que somos del Señor. Puedes decirle ahí al Señor, con tus palabras: “Creo, Señor, creo que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Derrama, Señor, tu Espíritu sobre mi corazón”.

No hace falta comenzar a actuar. El Señor derrama abundantemente su Espíritu en nuestro corazón, y es el Espíritu que nos lleva a actuar. El Señor pone tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad.

Permite, Señor, que haya evidencia hoy de la obra de tu Espíritu Santo en medio de nosotros. Gracias, Señor, por tu Palabra predicada. Gracias, Señor, por la concreción de nuestra salvación. Gracias, Señor, por la seguridad de nuestra fe.

Gracias, Señor, porque en ti tenemos una fe que es suficiente. Permite, Señor, que esta fe nos acompañe desde el principio y hasta el final. Todo esto para la gloria tuya, en el nombre de Jesucristo. Amén.

Nuestro ministerio de alabanza nos despide con una canción al Señor.

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