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Cristo en el centro de su iglesia

Colosenses 3:16-17

Pablo está escribiendo a la iglesia de los Colosenses para que juntos crezcan en su entendimiento del evangelio. Después de exhortarles a que se vistan —figuradamente— de manera distintivamente cristiana, les presenta una serie de exhortaciones con el fin de que Cristo siempre ocupe el centro en la vida de la iglesia. En tres sentidos: (1) que Cristo sea su tema principal, el centro de su sabiduría, enseñanzas, exhortación y alabanza; (2) que Cristo sea el centro de sus acciones y palabras, actuando siempre en Su nombre; y (3) que Cristo sea el centro de su gratitud.

Predicado27 de abril de 2025
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Cuando me preparo para enseñar la Escritura trato de titular la predicación, y sé que no es una buena práctica establecer una oración sin poner un verbo. Si el título es «Cristo en el centro de su iglesia», entonces debería ser «pongamos a Cristo en el centro de la iglesia», o quizás «la razón por la cual Cristo es el centro de la iglesia». Pero lo que hay en mi corazón, y con lo que creo que represento mejor el texto, es dejarlo de la manera más general posible, para darle a Cristo tanta centralidad como Cristo ha de tener en la vida de su iglesia. Lo que quisiera mostrarle hoy a la iglesia del Señor es que Cristo es el centro, que deberíamos poner a Cristo en el centro, asegurarnos de que no haya otra cosa en la vida de la iglesia que destaque más que la persona de nuestro Señor Jesucristo.

Yo tengo un entusiasmo especial cuando voy a hablar de mi Señor, porque le admiro, porque le agradezco, porque soy suyo. Uno habla de muchas cosas, pero cuando uno habla sobre Cristo, centralmente sobre Cristo, hay un deleite, hay un entusiasmo especial. Y la meta hoy del predicador es mostrarle a la iglesia que Cristo es el centro de su iglesia.

Usted va a decir: pero eso es una obviedad, es algo que se asume. Le he contado la anécdota antes, pero recuerdo que en mis cumpleaños de niño pasaba algo: de cuatro a seis de la tarde me celebraban a mí, pero como a las siete decían «ya se acabó el cumpleaños de los niños», me mandaban a dormir y comenzaba el cumpleaños de los grandes. En la vida de la iglesia no hay nada que tenga más protagonismo que Jesucristo. Usted lo asume y puede entender que es una obviedad, pero si no tenemos el cuidado necesario, con facilidad vamos a poner a Cristo en la periferia y probablemente te pongamos a ti en el centro. Vamos a poner a Cristo en una esquina y probablemente pongamos nuestras opiniones en el centro. La meta es que podamos mantener a Cristo en el centro, celebrar a Cristo en el centro, y estar muy satisfechos de ver que Cristo tenga siempre el lugar protagónico en la vida de su iglesia.

Un texto profundamente congregacional

Yo vuelvo y escucho la predicación. Como estoy en este trabajo de enseñar la Escritura, repaso lo que hemos visto anteriormente. Y cuando miro lo que hemos visto en las últimas exposiciones de Colosenses, quizás algo ha faltado: mostrar que no se trata solamente de que tú pongas a Cristo en el centro, de que tú te vistas de Cristo, sino de que nosotros trabajemos congregacionalmente, corporativamente, para que estas cosas ocurran. Algo que tienen estos dos versículos es que son dos versículos profundamente congregacionales. No te están diciendo a ti que hagas algo, sino que nos están llamando a nosotros a que hagamos algo. Dice el texto: la palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñando y exhortando unos a otros.

Uno de los errores más comunes al leer las Escrituras es tomar textos que son comunitarios y aplicarlos de manera individual, pues es el espíritu de nuestro tiempo. La gente escucha la Escritura y trata de ver preceptos que se tratan de ti. No se trata solamente de ti, se trata de nosotros. Lo que hay aquí es una exhortación para que como iglesia trabajemos en algún sentido. No solamente quiero implicarte a ti, quiero implicarnos a nosotros. Estoy predicando en este momento al pueblo del Señor en su conjunto, y le digo al pueblo del Señor en su conjunto que en la iglesia de Cristo, en la vida de la iglesia de Cristo, el centro es Cristo.

Todos nosotros deberíamos trabajar, no de manera individual, sino de manera corporativa, de forma tal que se sienta que Cristo está en el centro de nosotros. La Biblia no es un libro individualista, es la revelación de Dios a su pueblo. Hay textos como estos que las personas leen y dicen: bueno, la vocación entonces es que la palabra del Señor abunde en mí. No, es que la palabra del Señor abunde en nosotros, de forma tal que nos destaquemos no solamente de manera individual, sino de manera corporativa y congregacional, al celebrar a Cristo.

Pablo está escribiendo a la iglesia de los colosenses para que juntos crezcan en su entendimiento del evangelio. Y después de exhortarles a que se vistan, figuradamente, de una manera distintivamente cristiana, les presenta una serie de exhortaciones con el fin de que Cristo siempre ocupe el centro de la vida de la iglesia. La exhortación va en tres sentidos. El primero es que Cristo sea el tema central de la iglesia, que aquí hablemos sobre Cristo.

Que Cristo sea nuestro tema principal

Usted dice: otra obviedad. Ay, no, hermano. De hecho, podemos comenzar por Cristo y terminar hablando de cualquier otro asunto. La meta es que la conversación de la iglesia, el tema central de la iglesia, sea Cristo. Y esto no es una meta en mí, debe ser una meta en nosotros. Es el primer sentido de la exhortación de Pablo: que Cristo sea el centro del tema de conversación de la iglesia. El segundo sentido es que Cristo sea el centro de sus acciones y sus palabras, actuando siempre en su nombre; y esto es más que obedecer, es representar a Cristo como iglesia, corporativamente, congregacionalmente. Y lo tercero es ser agradecido, un asunto que se dice muy rápido pero que requiere mucho.

Entonces estaré hablando de Cristo como nuestro tema principal, de Cristo como el impulso y la motivación, de representar a Cristo, y estaré hablando de la gratitud. Que Cristo nunca tenga la periferia, sino que Cristo siempre tenga el centro. Dice aquí:

La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñando y exhortando unos a otros con toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos, himnos y cánticos espirituales.

— Colosenses 3:16

Se está hablando de que Cristo sea nuestro tema principal. Comienza el texto hablando de la palabra de Cristo, y esto es un asunto singular en la carta a los colosenses, pues no se está hablando de la palabra de Dios, sino que a la palabra de Dios ahora se refiere como la palabra de Cristo. Esta expresión confirma tanto la deidad de Cristo como el hecho de que la historia se trata de él.

La palabra es la palabra de Cristo. Es una buena manera de describirlo. Por eso la Escritura es estudiada en medio de la iglesia, por eso tenemos clases bíblicas, por eso tenemos exposiciones sustanciosas de la palabra del Señor: porque es la palabra de Cristo. Estamos persuadidos de que estas no solamente son Escrituras, sino que son las Escrituras que nos hablan sobre él, y él mismo dio testimonio de estas Escrituras. Él les dijo a sus discípulos: escudriñen las Escrituras, porque a ustedes les parece que en ellas hay salvación, y ellas son las que dan testimonio de mí. De forma tal que podemos decir que la palabra del Señor es la palabra de Cristo.

Buscar a Cristo en toda la Escritura

La gente dice: ¿por qué hablan tanto de la Biblia? Es que la Biblia es la palabra de nuestro Señor, y en la Biblia él se ha revelado a nosotros. Esto no es la particularidad de un tipo de iglesia; esto es lo que la iglesia hace. La iglesia celebra la palabra, pues la palabra es la palabra de Cristo. Un problema en nuestros días es que la gente quiere tener relaciones con Cristo que son relaciones místicas, relaciones subjetivas. La revelación de Cristo a nosotros se documentó en su palabra, de forma tal que podemos decir que esa es la palabra de Cristo, y por eso predicamos la palabra: porque estamos predicando a él.

Ahora, usted podría asumir la Escritura y sacar a Cristo de la Escritura. De hecho, a mí me llama la atención cómo en cantidad de púlpitos se predica mucho la Escritura y se predica muy poco a Cristo. La meta no es solamente predicar la palabra, sino predicar la palabra de Cristo, predicar la Escritura de forma tal que sea distintivamente cristiana. Y para esto tenemos que hacer un esfuerzo y hacer un paladar, pues yo reconozco que no es tan fácil ver a Cristo en todas las Escrituras. Un cristiano está llamado ya no solamente a estudiar la Biblia, sino a buscar a Cristo en la Biblia. Nuestro entendimiento de la Escritura, nuestra aproximación a la Escritura, es profundamente cristiana.

Ya yo no puedo ver la Escritura sin tratar de buscar a mi Señor. Son ellas las que dan testimonio de él. Desde Génesis hasta Apocalipsis la Biblia habla de Jesús, la Biblia se trata de Jesús. ¿Para qué existe el Antiguo Testamento? Para anunciar a Cristo. ¿Para qué existe el Nuevo Testamento? Para confirmar a Cristo, para mostrar a Cristo. Toda la Escritura se trata de él, de forma tal que podemos llamarle la palabra de Cristo.

Más que un estudio, dice aquí que es un habitante: more en abundancia en vosotros. ¿Qué es lo que está diciendo cuando dice que more en abundancia? No está diciendo ahí que lean la Escritura. No: la palabra de Cristo, habítenla ustedes de manera amplia, háganle espacio. Es una manera de decir que para que la palabra de Cristo more en abundancia en nosotros, tenemos que hacerle espacio a la palabra de Cristo. Mi trabajo principal es enseñar la Escritura, y parte de mi trabajo es hacer que la gente haga espacio en su vida para que haya lugar para la palabra. Yo te puedo predicar a Cristo desde la Escritura, pero tu mente tiene una capacidad, y para que tú te llenes de Cristo, tú tienes que despojarte de otras cosas. Para que la palabra de Cristo more en ti abundantemente, yo te pregunto: ¿dónde la vamos a poner?

La palabra como habitante, no como visita

El problema en nuestros días es un problema de espacio. Nuestra mente está llena de demasiadas cosas, y tú necesitas dejar cosas secundarias para que la palabra de Cristo habite, more en abundancia en vosotros. Esta personalización de la palabra tiene un eco de la obra del Espíritu Santo, como se describe en el libro de Efesios. Es interesante que se describe la palabra como si fuera un habitante. Así como nos dicen en otras partes de la Escritura que seamos llenos del Espíritu Santo, ahora nos dicen que seamos llenos de la palabra de Cristo.

Tengo por delante, hermanos, responder una gran controversia: que hay iglesias que son como de fuego e iglesias de palabra. Es como que hay iglesias que son duras en la palabra e iglesias que son duras en la presencia del Espíritu Santo. Yo no conozco dos cosas, pues el Espíritu Santo es el que da testimonio a la palabra, y la palabra da testimonio al Espíritu Santo. De eso hablamos hoy en la escuela bíblica. Esa tensión, en la cual quieren arrinconarnos de forma tal que la palabra de Cristo no abunde entre nosotros, sino que solamente tengamos pinceladas de ella, nos dice que tú puedes ser poderoso en el Espíritu Santo y al mismo tiempo no necesitar la palabra. El Espíritu Santo da testimonio de ella y ella da testimonio del Espíritu Santo. Y así como se dice que el Espíritu Santo mora en el creyente, también se nos dice que la palabra de Cristo abunde en el creyente, que es un habitante en ti. Pensar que los creyentes pueden estar llenos del Espíritu Santo y no ser habitados por la palabra de Cristo es una contradicción.

Interesante: no solamente que habite de forma individual, sino congregacional, entre vosotros. Veo que sucede en la iglesia que uno como que descansa en tener buenos predicadores, buenos maestros de escuela bíblica. La meta no es tener solamente buenos predicadores y buenos maestros de escuela bíblica; es que la palabra del Señor abunde entre nosotros, de forma tal que sea un tema de conversación, que la palabra de Cristo sea un asunto distintivo. A veces la gente se refugia en tener buenos maestros y me hablan de sus pastores: yo soy de la iglesia del pastor fulano, tremendo maestro, excelente. La meta no es solamente tener grandes pastores y grandes maestros, sino que la palabra de Cristo abunde entre nosotros, que el pueblo esté lleno de las sagradas Escrituras.

Si tomamos en serio esta exhortación, nosotros deberíamos estar trabajando no solamente para crecer nosotros, sino para que todos nuestros hermanos también abunden. Escucha: ser un cristiano es un juego de equipo. Y yo no puedo lograr que la palabra de Cristo abunde entre nosotros solamente estudiando mi Biblia en mi casa. Yo quiero que tú te llenes de Cristo, y por amor a ti, yo también quiero llenarme del Señor. Mientras más abunde Cristo entre nosotros, más será Cristo nuestro tema de conversación.

Un juego de equipo, no una estadística personal

Tenemos doscientos años los evangélicos hablando del estudio de la Biblia personal, el estudio de la Biblia personal. Y pareciera como que todo el mundo debería tener su Biblia y leer su Biblia. Eso es básico. Pero también deberíamos aupar el estudio bíblico congregacional. A mí no solamente me importa que yo estudie la Escritura, sino que yo quiero que tú estudies la Escritura. Y si tú estás lleno de la palabra de Cristo y yo estoy lleno de la palabra de Cristo, Cristo será nuestro tema de conversación. No es un asunto solamente de crecer yo, es crecer entre nosotros.

Hay un deportista que sigo y está jugando ahora mismo las semifinales: Russell Westbrook. Muy bueno, un jugador explosivo. Cuando ganó el MVP, él hizo la práctica de que su anotación personal en todos los juegos era de triples dobles: anotaba más de dos dígitos, rebotaba más de dos dígitos y asistía más de dos dígitos. Los dígitos, pero su equipo perdió el juego. Yo soy el jugador más valioso, pero tu equipo está perdiendo el campeonato. Mano, la meta no es solamente que usted sea ducho en la palabra, es que usted trabaje para que yo también sea ducho en la palabra. La meta no es solamente que tú conozcas las Escrituras; la meta es que tú tengas con quién hablar de Cristo en las Escrituras. La expectativa no es solamente que yo conozca, la expectativa es que nosotros conozcamos.

Ay, hermano, te hago la pregunta para traer la conversación: ¿cuántas conversaciones has tenido con tus hermanos al respecto de Cristo durante esta semana? No que tú estés teniendo tu devocional —yo sé, hermano, el acto devocional—, pero la meta es que la palabra de Cristo abunde en vosotros. No solamente que abunde en ti, sino que abunde en ti y también en mí. De forma tal que una responsabilidad cristiana es involucrar a otros en atesorar a Cristo desde la Escritura. Yo tengo una responsabilidad cristiana no solamente de crecer yo, sino de involucrarte a ti, porque tengo el deporte de equipo y tenemos que ganar como equipo. Y para ganar como equipo, para glorificar a Cristo como equipo, entonces debemos hacerlo juntos. Hay dos caminos para que esto ocurra: dice enseñando y exhortando, y al mismo tiempo dice cantando con gracia.

Enseñarnos y exhortarnos unos a otros

Cristo en el centro de su iglesia, para que Cristo sea el tema de conversación en su iglesia. No solamente necesitas tener buenos pastores, buenos maestros, buenos instructores; al mismo tiempo tú necesitas crecer en identificar a Cristo en la Escritura e involucrar a otros. Y con gracia y con prudencia, hermano: esto no es una presión, esto no es para manipular a nadie, pero tú deberías decirle a tu hermano: somos parte del mismo pueblo y yo quiero tener temas de conversación, yo quiero elevar el nivel de la conversación, yo quisiera que tú y yo permanezcamos en Cristo de forma tal que podamos hablar de Cristo. Si yo permanezco solo, no voy a tener temas de conversación.

La meta no es que usted tenga hermanos. La meta es que usted tenga hermanos con los cuales pueda hablar abiertamente sobre Cristo, abundantemente sobre Cristo. Que Cristo sea un tema de conversación. Elevar el nivel, hermano, porque esto es un asunto congregacional.

Interesante que esa expresión es una expresión completa y que habla del mismo asunto: la palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, congregacionalmente, corporativamente, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría. Interesante que tú debes tener la capacidad de enseñarme y de exhortarme. Te estoy mostrando, hermano, que tú deberías crecer en el conocimiento de Cristo, identificar a Cristo en la Escritura, de forma tal que puedas llegar al nivel de que por lo menos en el uno a uno tú puedas enseñar y tú puedas exhortar.

¿Vamos a producir un equipo profesional de maestros y de exhortadores? No; dice la Escritura que todo el pueblo debería hacerlo. Tú deberías ser tan duro en el conocimiento de la Escritura, deberíamos ser como iglesia tan abundantes en el conocimiento de Cristo, de forma tal que podamos enseñarnos y podamos al mismo tiempo exhortarnos. Y las dos cosas se le atribuyen al pueblo en su conjunto. Alguien me va a decir: no, es que yo no soy un predicador. No estoy diciendo que seas un predicador, no te estoy diciendo que asumas un púlpito. Te estoy diciendo que desarrolles el nivel básico de poder enseñar a otro creyente y poder exhortar a otro creyente. Y todos los miembros de una iglesia deberían poder hacer eso. Está muy difícil, hermano, el asunto; lo que es más cómodo es que otro lo haga por ti.

Hablar de Cristo en la sobremesa

¿Entienden la diferencia, hermano? Te estoy mostrando que con tener buenos maestros no basta, que tú deberías tener la capacidad de enseñar y exhortar, por lo menos en el uno a uno. No, es que yo soy muy tímido. Para otra cosa; de uno a uno tú puedes hablar con mucha libertad. Yo conozco bien a mis hermanos y sé que todos ustedes tienen un tema que les apasiona. Y en ese tema que a ustedes les apasiona, ustedes podrían hablar horas tendidas, ustedes podrían involucrar a otros con ese tema. Cuando ustedes hablan sobre ese tema, ustedes son una autoridad. Ay, hermanos, que Cristo abunde entre nosotros a un punto tal que podamos hablar de Cristo por horas tendidas, que podamos hablar de Cristo abiertamente, que podamos hablar de Cristo los unos a los otros y que realmente podamos disfrutar la conversación.

La gente está pensando en hablar en público. No estoy hablando en este momento de hablar en público. Estoy hablando de hablar en tu casa, de beberte un café con el hermano, de tener una sobremesa, de tener una conversación amena, distendida, casual, informal, pero que Cristo sea el centro de nuestra conversación. Y para que Cristo sea el centro de nuestra conversación, los dos tenemos que estar estudiando a Cristo, mirando a Cristo, indagando sobre Cristo. Que la palabra de Cristo abunde entre vosotros, es lo que está diciendo. Estoy bajando el nivel del asunto y mostrándote que un creyente no solamente aspira al púlpito: tú deberías aspirar a tener la capacidad de edificar a otro creyente en cuanto a Cristo.

Ahora hablaré de la exhortación. ¿Qué es exhortar? Nos dice dos vías: enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría. Las dos cosas. Recuerden, son dos caminos: primero la enseñanza y después las canciones. Exhortar literalmente significa poner algo en la mente. Alguien dirá: yo no soy un exhortador. Los seres humanos nos retroalimentamos el uno al otro, y cuando tú hablas conmigo, tú pones palabras en mi mente, tú pones actitudes en mi mente, tú pones deseos en mi mente. Lo que te están diciendo aquí es que la palabra de Cristo abunde tanto entre nosotros, de forma tal que en nuestras conversaciones tú puedas dejar más de Cristo en mi mente. Y esto sucede de manera natural.

Hay personas con quienes tú hablas y su conversación te inclina a Cristo. Hay gente con quien tú hablas y su conversación produce un deseo sobre Cristo. Hay gente con quien tú hablas y realmente puedes sentir que ellos te anuncian a Cristo, te apuntan a Cristo. Eso es exhortar: es poner algo en la mente de otra persona. Y lo que yo quiero que tú pongas en la mente de otro, de los hermanos de tu iglesia, es a Cristo. Para que Cristo sea nuestro tema principal, para que la palabra de Cristo abunde entre nosotros, deberíamos enseñarnos los unos a los otros y exhortarnos los unos a los otros.

Me llama a mí la atención la cantidad de personas que aspiran al púlpito pero todavía no aprendieron a exhortar, todavía no aprendieron el uno a uno. Yo digo: esta persona aspira a que le den el púlpito, pero yo no te veo en tu día a día exhortar a nadie ni instruir a nadie. Y si tú no puedes hacerlo de uno a uno, ¿para qué quieres hacerlo de mucho en mucho? Eso no es nuevo, hermano. Desde que yo era un muchacho en la iglesia me llamaban la atención dos cosas. Lo primero, los músicos se transformaban en el púlpito: eran personas que no hablaban de Cristo en ningún momento, no tenían un ánimo de adorar, pero cuando estaban aquí como que impostaban una actitud, alzaban las manos, y uno decía: pero es como que se transforman. Y al mismo tiempo veía predicadores que en su semana, en su día a día, no hablaban sobre Cristo, su conversación no hablaba de la Escritura, pero ellos eran buenos predicadores. Y yo digo: ¿qué es lo que pasa? En tu día a día tú no exhortas, en tu día a día no enseñas, y cuando ocupas el púlpito como que te transformas.

Ay, hermano, la cosa más básica en la vida cristiana es que tú puedas enseñar de uno a uno a otra persona sobre Cristo, una doctrina, un aspecto del carácter de Cristo, algo esencial de la vida cristiana; y al mismo tiempo que puedas exhortar, dejar a Cristo en el pensamiento de alguien. Y si tú vas a ocupar el púlpito, por lo menos haz la cosa más básica.

Cantar para que la palabra de Cristo abunde

Lo demás que nos dice es que cantemos sobre Cristo. Estoy todavía en el 16. Dice: cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos, himnos y cánticos espirituales. Está hablando ahora de la música, está hablando de la música de iglesia. Hago aquí un paréntesis amplio, hermano. Yo concedo que tú escuches música variada; trata de escuchar buena música. La Biblia no es la única música. Pero hay un tipo de música que no es la música variada que tú escuchas, hay un tipo de música cuyo propósito es Cristo. Hablo de esto con cuidado, hermano: hay música y hay música. Pero hay un tipo de música cuyo propósito es que Cristo abunde entre nosotros.

Que la palabra de Cristo abunde entre nosotros. Si yo fuera a traducirlo: la palabra de Cristo abunde entre ustedes, primero, enseñando y exhortando; segundo, cantando entre ustedes con himnos y cánticos espirituales. Los himnos y cánticos espirituales buscan la manera de que nosotros podamos recordar a Cristo. Yo estoy persuadido, hermano, de que la música litúrgica, la música cristiana, la música del culto cristiano, no es una música general, no es una música que solamente busca ser hermosa. No, no, no. La música de la iglesia, la música con la cual nosotros deberíamos celebrar, es una música que está apuntando a Cristo. Y el propósito de esta música no es solamente que tú te diviertas, no es solamente que tú digas qué bien hecha está la música: es que tú recuerdes a Cristo.

La palabra de Cristo abunde entre ustedes, primero enseñando y exhortando, y ahora cantando. ¿Para qué cantamos en la iglesia? Cantamos para celebrar a Cristo. Y punto, hermano, eso es. Pero no es tan sencillo. No solamente canten, sino canten para que la palabra de Cristo abunde entre ustedes. Y eso no es sencillo. ¿Por qué cantamos? Cantamos para que la palabra de Cristo abunde entre nosotros. La música cristiana tiene un propósito mnemotécnico: es facilitar el recordar a Cristo, el celebrar a Cristo, el aupar a Cristo, el promover a Cristo. Para eso es la música. Y usted me va a decir: ¿esa es la única música que debe existir? No, debe existir mucha otra música, para otras cosas.

Pero la música cristiana, la música del culto cristiano, no es solamente una música que pretende ser hermosa, no solamente una música que pretende estar bien interpretada: es una música que pretende celebrar a Cristo, promover a Cristo, dejar a Cristo en la mente de la gente. El culto cristiano y la vida de la iglesia tienen música, y esta música está al servicio de la palabra de Cristo. Ese es el asunto. Alguien me dice: ¿y cuál debe ser la música apropiada? La que celebra a Cristo. ¿Y con la otra música qué hacemos? Bueno, escúchela en su casa. La música romántica, que eso está muy bueno. Pero hay un tipo de música que sirve para que la palabra de Cristo abunde entre nosotros, y esa es la música que tiene el culto cristiano. El entretenimiento, la diversión, la conversación ligera pueden tener su espacio, pero no es este.

El criterio de la iglesia para su música

No pretendemos principalmente entretenerte, no pretendemos principalmente divertirte. La música cristiana existe dentro del culto para que la palabra de Cristo abunde en medio de nosotros. ¿Cuál es la música que necesitamos? La música que permite que Cristo abunde en medio de nosotros. Y ese es un criterio para la música que seleccionamos. Pastor, ¿y está mal el entretenimiento y la diversión? No, hermano. Lo que te estoy diciendo es que hay una cosa y hay otra cosa, y hay una conversación, y hay una música, y hay una exhortación. Como no está mal estudiar, como no está mal hacer un curso técnico —no toda la vida es un curso técnico—, hay momentos para exhortar, hay momentos para enseñar y hay momentos para cantar sobre Cristo. Y este momento es para cantar sobre Cristo.

Hay un tema aquí, hermano, y es que yo siento —hablo de la iglesia cristiana en su conjunto, no solamente de la nuestra— que la liturgia cristiana se ha vuelto cada vez más ligera. Son canciones cada vez más etéreas, subjetivas, canciones que tú no sabes de qué te están cantando, no sabes si te están ayudando o no a que la palabra de Cristo abunde entre nosotros. Elijamos aquellas canciones que van más directamente a ayudarnos a que la palabra de Cristo abunde en medio de nosotros. Y evitemos, en la liturgia cristiana, en el culto cristiano, la canción ligera, la canción divertida, la canción de la que uno dice: pero mira, es que esa canción es muy chula, y la musicalidad… Ay, hermano, a mí me gusta la música, y hay otra música que la escucho en otros momentos, pero este es un momento para la música que permite que la palabra de Cristo abunde, habite en medio de nosotros.

Alguien dirá: pastor, que sean bíblicas las canciones. Es un asunto más fuerte que ser bíblico, es más profundo. Porque hay muchas cosas que son bíblicas y no son relevantes, y hablo con cuidado. Que la canción sea bíblica, que mencione porciones de Escritura, no significa que la palabra de Cristo esté abundando en medio de nosotros.

Escuché un dembow cristiano, hermano, que sonaba muy bien. Estaba bien, un dembow cristiano, y era una de las canciones más bíblicas que yo he escuchado. Sumamente bíblica. Lo que estoy haciendo es el argumento de que no todo lo que es bíblico es relevante para alcanzar nuestro propósito. Nuestro propósito es que la palabra de Cristo habite, abunde en medio de nosotros. Escuché un dembow cristiano que tiene un muy buen ritmo y era sumamente bíblico. Digo que era muy bíblico, hermano, porque Silas y Pablo se mencionan catorce veces y el diablo se menciona ocho. Y el diablo es bíblico: usted puede buscar la Escritura y va a encontrar la palabra diablo. Y como la palabra diablo está, usted puede decir que el dembow que le refiero es bíblico. Pero que sea bíblico no significa que ayude al propósito de que la palabra de Cristo abunde en medio de vosotros.

El estribillo es «y Silas y Pablo, y Silas y Pablo». Es un dembow, hermano, entonces el dembow tiene eso: se repite muchas veces. Yo conté: ocho veces se menciona la persona del diablo y catorce veces se mencionan los nombres de Silas y Pablo. Y Cristo se menciona una vez, de refilón, al final. Entonces tú dices: es bíblico. ¿Bíblico de qué? Es bíblico; ¿es relevante? Discutible. ¿Es espiritual, es edificante, es útil? No lo es. Hay canciones ahora en las que la gente busca una expresión de la Escritura y la pone ahí. Yo siento a veces que hay una melodía pegajosa y la gente sale a buscarle una letra. Y yo digo: la melodía existía y salieron a buscar algún versículo, algún estribillo, alguna parte. Eso es como pasaba con el movimiento de los noventa, que a cualquier cosa le ponían un «te adoro» y ya, y como que eso disculpaba todo lo demás. Un «te adoro, te adoro» y ya como que… No, hermano, no es solamente que sea bíblico, es que se alcance el propósito que tiene la liturgia cristiana. Y el propósito que tiene la liturgia cristiana es que la palabra de Cristo abunde entre vosotros: enseñando y exhortando, y cantando himnos y cánticos espirituales, para que Cristo abunde y sea el tema de conversación de la iglesia.

Hermano, ¿la música que tú escuchas estimula la conversación sobre Cristo? ¿La música que tú escuchas alcanza el propósito de que la iglesia hable sobre Cristo? ¿La música que estás escuchando destaca la gloria de Cristo, las excelencias de su nombre, algunas de las hermosas doctrinas de nuestra fe? En la música que escuchamos, ¿se muestra el evangelio o no se muestra? Wow, pero la canción es sumamente pegajosa. Esa que le refiero, hermano, es muy pegajosa. Tiene en el estribillo algo que dice «así se canta, así se escribe, así se canta, así se escribe». Y yo escuchaba el asunto, hermano, y decía: pero eso se escucha como Chesida, como el Chesidón. Sí, porque ellos hacen su música y yo pienso que los únicos que la escuchan son ellos. Como que uno no vivió los playeros y todas esas cosas.

Ay, hermano, cuando yo quisiera que me digan «así se canta, así se escribe», yo escucho el Chesidón directamente. Entonces me entienden, hermano: esa no es la nuestra. La nuestra es la que nos permite celebrar las excelencias de Cristo, la grandeza de Cristo, la dignidad de Cristo, la hermosura de Cristo. Y que sea pegajosa, obliga, pero no es suficiente.

Cuando uno habla de estos temas, casi todo el mundo está pensando en el ministerio de adoración: pastor, reúnase con los músicos. No con los músicos; contigo es que tengo que hablar. Esa música existe porque hay gente que la consume. Si tú tuvieras un mejor criterio, ellos te estuvieran cantando lo que tú quieres escuchar. Lo que dice la Escritura es que en los postreros días amontonarán maestros que le hablarán a la gente porque la gente tiene comezón según las concupiscencias de su corazón, según los deseos de su corazón. El problema no está en que exista gente que grabe esa música, que existan músicos que toquen esa música. El problema está en que hay pueblos que prefieren esa música. El problema no está en la industria, el problema está en la iglesia. Cuando la iglesia aumente su criterio, cuando la iglesia prefiera a Cristo, cuando la iglesia prefiera que se le cante sobre Cristo, entonces volverá la buena música cristiana. Esto no es un asunto de tener ahora cinco reuniones con el ministerio de adoración. No: tenemos que formar a la iglesia en su criterio, para que la iglesia prefiera las mejores cosas.

Una iglesia que esté predispuesta a que se le hable sobre Cristo, a que se le describa a Cristo, a que se le hable de la obra de Cristo, es una iglesia que elige las mejores canciones. Cuando el pueblo tiene comezón, escucha lo otro. Pero cuando el pueblo tiene criterio, el pueblo quiere que se le cante sobre Cristo. Y la gente que no quiera cantar sobre Cristo se quedará sin gente a la cual cantarle. La meta es que como iglesia modulemos nuestro criterio y prefiramos las mismas cosas. Yo estoy esperando el día, hermano, y yo creo que es así, en que haya canciones que probablemente se entonen en medio de nosotros y el pueblo diga: como que no es la nuestra. Y tú dices: pero es bíblica, porque menciona a Silas y a Pablo, porque menciona al diablo.

Oye, hermano, uno hace una ilustración y termina entregándole al pueblo la tarea, porque ahora van a salir ustedes a buscar el dembow. No lo busquen, hermano, no lo busquen. La razón por la cual les digo que no lo busquen es porque dice el mismo dembow que eso no es para evangélicos, eso es para delincuentes. Si usted es un evangélico, no lo busque. Esa es la razón, hermano. El criterio, ajústelo.

¡Cristo! ¿Cuántas cosas podemos decir sobre Cristo? Cristo es glorioso. Él es excelso. Él es grande. Él es nuestro Salvador. Cristo es nuestro, hermano, él es nuestro. Amén, gloria a Dios. La hermosura de su nombre, su santidad, su grandeza, su amor hacia nosotros. ¡Wow! Las excelencias de Cristo: de eso es que hay que estar hablando, que la palabra de Cristo abunde en medio de nosotros, habite en medio de nosotros. Y para eso tenemos que predicar a Cristo, tenemos que exhortarnos con Cristo y tenemos que cantar sobre Cristo. Primera cosa, hermano, para que Cristo tenga siempre el centro en la vida de la iglesia: que la iglesia hable sobre Cristo, predique sobre Cristo, exhorte sobre Cristo y cante sobre Cristo.

Hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús

Después dice el 17:

Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

— Colosenses 3:17

No solamente hablen sobre Cristo, no solamente canten sobre Cristo, no solamente exhorten sobre Cristo y prediquen sobre Cristo: actúen y piensen de una manera distintivamente cristiana, haciendo todo en el nombre de Cristo. Uno habla tanto del nombre de Cristo y de hacer cosas en el nombre de Cristo, que la gente asume que ya sabe lo que es hacer algo en el nombre de Cristo. Yo te voy a preguntar y te voy a responder: ¿qué es hacer algo en el nombre de Cristo? Hacerlo en su nombre significa representarle como si tú fueras un embajador o un emisario oficial. Es que a ti te han establecido como embajador de Cristo, y ya cuando tú hablas y tú actúas, tú dices: yo no estoy actuando ni hablando en mi nombre, lo estoy haciendo en el nombre de Cristo.

Es como cuando tú trabajas para una gran organización y vas a representar a esa organización: tú ya no estás diciendo «yo vine a hablar en el nombre mío». No, yo no vine a hablar en el nombre mío; estoy representando a una organización, estoy representando a un pueblo, estoy representando a una persona, estoy representando a un dignatario. Y a quien tú estás representando es a Jesucristo. De forma tal que cuando tú vas a hablar o a pensar, tú primero asumes —y lo digo para crear el efecto— que tú estás en personaje, tú estás en Cristo. Porque así se siente cuando una persona llega a las comunidades del Señor: primero dice «es que yo como que no me siento auténtico, como que eso no se parece a mí». Hay que meterse en Cristo, y hay que comenzar a vivir, a actuar y a pensar como que estás representando a Cristo.

Es como cuando a ti te ascienden en el trabajo. Ya eso no se usa tanto, hermano, porque de los millennials para adelante en las oficinas ya no hay mucha distinción; pero en otros tiempos había cierta jerarquía y estructura. Cuando a un embajador lo mandan a un país, ese embajador ya deja sus intereses personales y entiende que está representando a ese país. Dice el Espíritu que nosotros somos cartas leídas, como si Cristo rogara por medio de nosotros. Somos embajadores de Cristo.

Vestirse de Cristo delante de todos

Cuando actuamos en nombre de Cristo, lo que estamos asumiendo es que siempre representamos a Cristo: veinticuatro siete. Tú representas a la familia, representas a la empresa, representas al negocio, representas al barrio; pero ya tú no eres lo que tú eras. Ahora tú eres un representante de Cristo, estás actuando en su nombre. Cristo no es un segmento o un departamento de tu vida; él es tu vida misma, en todo lo que haces, dice la Escritura. Para que Cristo tenga el centro en la vida de la iglesia es necesario que la iglesia no solamente predique a Cristo y exhorte a Cristo, no solamente cante a Cristo: es necesario que la iglesia represente a Cristo, encarne a Cristo, que nos vistamos de Cristo realmente.

De forma tal que en la calle ya tú no pienses en tu personalidad, en tu identidad, en tu estilo, sino que tú pienses en Cristo. Mano, es un sacrificio importante. Por eso es difícil llegar a ser cristiano, porque un cristiano es una persona que se muere a sí mismo, de forma tal que ya no vale mi estilo, mi identidad, mi personalidad. Cualquier elemento en mi identidad, en mi personalidad, en mi estilo que no favorezca que Cristo sea exaltado, que Cristo sea representado, se deja de lado, y se representa a Cristo.

Le decía, hermano, con cuidado, que hay que meterse en personaje. Y es verdad: tú comienzas a actuar como un cristiano a causa de que tú sabes que naciste de nuevo, a causa de que tú sabes que tienes a Cristo, que ya tú le representas. Inicialmente como que tú no te sientes en tu elemento, tú sientes que el carácter de Cristo como que no encaja con el tuyo, y que la vestimenta de Cristo como que te baila. Pero tú actúas como un cristiano, tú comienzas a hablar como hablan los cristianos, a actuar como actúan los cristianos, a pensar como piensan los cristianos, y eventualmente tú terminas pareciéndote a Cristo. Los antiguos le llamaban a eso la imitación de Cristo. Tú no llegas a ser un cristiano solamente porque te expongas a la predicación; tú llegas a ser cristiano porque comienzas a ejercitar esto, a entrar en esa personalidad, en esa representación, a vivir en su nombre, a asumir que el nombre de Cristo está puesto sobre ti. Y tú dices: wow, ya no solamente se trata de mí, se trata de él, y la gente está mirando a Cristo en mí. Eso es lo que es ser un cristiano.

Hacerlo en su nombre significa que estás actuando bajo su autoridad, que estás asumiendo representar su carácter, similar a cualquier otro oficio. La gente se pone el uniforme como que entra en el oficio. Los militares, por ejemplo. Hay muchachos del barrio que entran a la academia y llegan al barrio por primera vez en uniforme, y la gente dice: ¡oh! ¿Y qué pasa? Uno lo ve como incorporado. Pasan dos cosas, quizá tres. Lo primero que pasa es que ya él es militar, es verdad, aunque sea un rango bajo.

Lo segundo es que está pasando tiempo con gente que actúa así, que está imitando su conducta, su carácter, su actitud. Y también que el uniforme como que anuncia algo. Ay, hermano, vístase de Cristo, unifórmese de Cristo, de forma tal que la gente a usted le haga casi el saludo. Y usted dice: no a nosotros, sino a su nombre sea dada la gloria. Eso es representar a Cristo, para que Cristo sea el centro. Usted quiere cantarlo, usted quiere hablarlo, usted quiere conversarlo, usted quiere exhortarlo; y al mismo tiempo usted quiere representarlo, actuar siempre en su nombre.

La gratitud que envuelve la vida cristiana

Después dice: dando gracias a Dios Padre por medio de él. ¿Por medio de quién? Por medio de Cristo. La última vez que expuse esta carta, el versículo terminaba con la gratitud. Esto es como si fuera un emparedado, porque comienza con gratitud y termina en gratitud. Si ustedes van conmigo, al final del versículo 15 hay un imperativo que cuando yo expuse el 15 no expliqué, pues iba a volver al tema: dice «sed agradecidos». Y después termina ahora diciendo: dando gracias a Dios Padre por medio de él, o sea, por medio de Cristo. La gratitud es lo que baña la vida cristiana, lo que envuelve la vida cristiana. Un cristiano, por definición, es una persona que tiene gratitud en el corazón al Padre por medio de Cristo. Y eso en gran medida es una de las claves, uno de los pilares de la vida cristiana.

Un cristiano es una persona que tiene un profundo agradecimiento a Dios el Padre a través de Cristo, y que mira su vida, mira su provisión, mira sus oportunidades a través de Cristo. La gente piensa que lo contrario a la gratitud es la ingratitud, la falta de gratitud, pero no es la ingratitud. La actitud contraria a la gratitud se llama merecimiento, y es un asunto diabólico. Lo contrario a una persona agradecida es una persona con merecimiento. El merecimiento te hace creer que todo lo bueno que recibes lo recibes por derecho propio, que tú eres importante, que tú te lo has ganado, que eso es tuyo. Eso es merecimiento. ¿Y qué es la gratitud? La gratitud te hace mirar al cielo y decir: Padre, gracias, porque cualquier cosa buena que hay en mi vida está en mi vida a causa de Cristo. Ay, hermano, eso da una dignidad extraordinaria, y al mismo tiempo abre cantidad de puertas para cosas que son muy virtuosas.

Un cristiano que cultiva la gratitud a Dios el Padre por medio de Cristo es un cristiano que está seguro, porque lo diabólico es el merecimiento: entender que siempre te toca lo malo, entender que eso tú lo tienes por tu propio esfuerzo, entender que hay que darte cosas, que tú mereces cosas. Qué hermosa una persona que dice: yo no merecía nada bueno, y todo esto lo he recibido de Dios el Padre por medio de Cristo. Él está seguro, y es una persona que siempre tiene a Cristo presente. De donde viene tu provisión, tú siempre estás pensando en eso. Hay gente que siempre habla de su empresa porque se siente protegida. Tú dices: ¿por qué ellos hablan tanto de su empresa, de su empleador? Porque su empleador es su seguridad, su satisfacción. Si Cristo es tu seguridad, si Cristo es tu provisión, si Cristo es la fuente de todo tu bien, entonces tú siempre estás hablando sobre Cristo. Y la gente te dice: ¿qué tanto que tú hablas de Cristo? Es que él es todo mi bien, él es todo lo bueno que yo tengo. Mi corazón está lleno de gratitud a Dios el Padre por medio de Cristo. Y como Cristo es el centro de todo mi bien, como es el centro de toda mi provisión, él también es el centro de mi conversación.

¿Y qué tanto es que ustedes hablan de él? ¿No les estoy diciendo que todo lo bueno que hay en mí depende de él? ¿Cómo no voy a hablar de él? Para que Cristo sea el centro de la iglesia, la iglesia tiene que cultivar la gratitud, porque si no, vamos a canalizar nuestra gratitud hacia otra parte. El pueblo del Señor es un pueblo agradecido, y eso hace posible la adoración. Adoramos al Señor, le adoramos porque hay gratitud en nosotros. Decimos: Señor, cualquier cosa buena que haya en mí, está en mí a causa tuya, por medio de Cristo.

El merecimiento es primo hermano de la inconformidad, de la autoexaltación, de la queja y también de la amargura. Una persona que no reconoce que Cristo es la fuente de todo su bien siempre está amargada, siempre está inconforme, siempre siente que le falta algo. Si una persona entiende que Cristo es su proveedor y que cualquier cosa buena que hay en su vida está ahí a causa de Cristo, dice: no tengo ni más ni menos que lo que Cristo me ha permitido, que lo que él me ha concedido, de forma tal que estoy satisfecho. Si mi valía, si mi mérito depende de mí mismo, y si yo vivo en mi autoexaltación, siempre voy a entender que me faltan cosas. Pero si es mi Señor, si todo lo bueno en mí está en él, si yo puedo dar gracias a Dios el Padre por medio de Cristo, ¿qué más voy a exigir? Si tengo todo lo bueno, lo tengo a causa de él, lo tengo en él. Y si lo tengo a él, nada me va a faltar. No es tener los medios, es tener la fuente de los medios, y tenemos a Cristo. Y si el Padre nos ha dado a Cristo, ¿cómo no nos dará también con Cristo todas las cosas?

Gracias, Padre, por medio de Cristo

La gratitud es necesaria para que la vida cristiana florezca. Un creyente que no tiene gratitud es un creyente que siempre está en blanco y negro, siempre entiende que le faltan cosas. Pero si realmente tú puedes decir «Señor, vengo en oración ante ti, y todo lo bueno que ha pasado en mi vida ha pasado a causa de Cristo; gracias por Cristo, gracias por la salvación de mi alma», es un creyente que está seguro. Dar gracias por medio de él es un activo reconocimiento de que todo lo que tenemos lo tenemos por los méritos de Cristo, una sensación de provisión de Dios el Padre, intencional para nosotros. A los seres humanos nos visita a veces esa sensación de desamparo: que nadie cuida de mí, que nadie me atiende, que nadie me tomó en cuenta. Él me tomó en cuenta, él me miró, él me atendió. Es la dignidad que tiene eso.

La gente está gastando, están caras las terapias, hermano. Y la gente le invierte sus dieciséis sesiones de terapia para que le den su coaching al respecto de que son valiosos, de que tú mereces, tú mereces. ¿Sabe el poder que hay en ir todos los días en oración mirando al cielo y decir: Señor, gracias por todo lo bueno que hay en mi vida a causa de Cristo; gracias por la salvación de mi alma; gracias por el perdón de mis pecados; gracias, Señor, por los medios materiales que me has dado para que viva para tu gloria; gracias, Señor, por la seguridad de mi salvación; gracias por mi esperanza eterna; gracias porque cualquier cosa buena que yo pueda mirar en mi vida, puedo referirla a Cristo? Y gracias porque también, junto con Cristo, nos das todas las cosas. Gracias.

Oh, hermano, qué capacidad te da eso de enfrentar un día, de echarse adelante. Vivir en gratitud se llama. Esa sensación anula la queja, anula la envidia y quita la competencia de raíz. Amén. Tú vas a ver a una persona que se ve un chin más alto que tú, y tú dices: pero él se ve como un chin más alto que yo, pero yo tengo a Cristo también. Y pareciera que te está predicando uno que ya lo alcanzó. Yo lo sigo buscando, hermano. A veces dejo de ver a Cristo, y si dejo de ver a Cristo la vida se me pone en blanco y negro, y como que se me va la seguridad, y como que siento que estoy por debajo de donde debería, que tengo menos de lo que me toca, que otros tienen más que yo. Y yo vuelvo a ver a Cristo, hermano.

Cómo se ve aquí el evangelio

Y cuando yo vuelvo a ver a Cristo, me refiero a la palabra. Dando gracias a Dios Padre por medio de él. Padre, gracias, porque me puede faltar cualquier cosa, pero me sobreabunda Cristo. Ese es el mensaje, hermano. ¿Cómo Cristo tiene el centro de la iglesia? Cuando la iglesia tiene gratitud canalizada a través de Cristo. Cada vez que usted pueda encontrar un motivo de oración en gratitud, dígale: gracias, Padre, por eso bueno en mi vida, a causa de Cristo. Su vida está segura.

¿Cómo se ve aquí el evangelio? El evangelio se ve primero en la cruz de Cristo, donde el Hijo de Dios se hizo hombre, sufrió y murió para pagar el precio por nuestros pecados, satisfaciendo plenamente lo que hacía falta. Lo que nosotros no podíamos pagar, él lo pagó. Pero el evangelio se ve también cada día en la presencia viva y activa de Cristo por medio de su pueblo, pues su palabra, la palabra de Cristo, mora en abundancia entre nosotros. No solamente vemos a Cristo en la cruz, también vemos a Cristo en la vida de la iglesia. Donde quiera que haya una iglesia establecida, se está anunciando el evangelio. Donde quiera que usted vea una iglesia gozosa cantando a su Salvador, se ve el evangelio. Queremos que el evangelio se vea claramente en la cruz, pero también queremos que el evangelio se vea claramente en medio de nosotros. Hermanos, que mostremos a Cristo en una cruz, pero que también mostremos a Cristo en la vida de la iglesia.

Que Cristo sea el centro. Que cada vez que una persona vea una iglesia congregada diga: ahí hay algo que es diferente, el único lugar en la tierra donde hay gratitud es ahí, esa gente se comporta de manera diferente. ¿Por qué? Porque estás representando a Cristo. Que Cristo sea el centro entre nosotros, nuestro tema principal, y que así se vea el evangelio. Oro por la iglesia, por cualquier persona que necesite tener aquello que tiene la iglesia de Cristo. Ay, hermano, que el Señor permita que en nuestra iglesia local el Señor de la iglesia siempre tenga el centro. Oro por la iglesia.

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