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Mensaje

El incontenible avance del evangelio

Hechos 28:11-31

A pesar de la oposición de dos naciones, conspiraciones, centuriones, soldados, una víbora y las fuerzas de la naturaleza, el evangelio avanzó hasta Roma. Pareciera la historia de la liberación de Pablo, pero en realidad es el testimonio del incontenible avance del evangelio.

Transcripción automática

Hoy he venido a mostrar el incontenible avance del evangelio a pesar de toda oposición. He venido a hablar de que dos naciones poderosas no pudieron detener el avance del evangelio. Este es el final del libro de los Hechos y la llegada final de Pablo a Roma. De hecho, todo el libro muestra cómo avanza el evangelio desde Jerusalén hasta lo último de la tierra. El apóstol Pablo quería llegar a Roma a predicar el evangelio, no porque fuera su deseo, sino porque fuera el deseo de Dios.

Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios, y ellos oirán. Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento.

— Hechos 28:28-31

Ese es el resumen de todo el libro: predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento. Este capítulo es un punto de transición que nos conduce a uno de los momentos culminantes en la historia de la redención: el versículo 28. Aunque puede parecer una narración anecdótica llena de detalles, a través de esta nube de detalles el Señor está tratando de mostrarnos el incontenible avance del evangelio contra toda oposición.

Una fuerza incontenible. Un asunto que Roma no va a poder detener, que los judíos no van a poder detener, que centuriones no pudieron detener, que Agripa y Berenice no pudieron detener, que una víbora no pudo detener. El Señor está salvando. Y el evangelio será predicado hasta que el Señor venga. No es que Pablo era un necio y estaba exponiendo su vida para llegar a Roma. Cristo quería que el evangelio fuera predicado en Roma y eligió que fuera predicado en medio de mucha oposición. Sobre todo, es un testimonio del incontenible avance del evangelio a pesar de la oposición de 200 soldados, 70 jinetes, 200 lanceros, tribunos, reyes, las fuerzas de la naturaleza y la incredulidad de la gente.

Un largo camino para entregar un mensaje

El Señor hará todo lo que haga falta para que tú recibas una presentación relevante del evangelio. Pablo salió de Jerusalén. Siete capítulos atrás comienza la parte final de Hechos, llena de detalles que parecen accesorios pero no lo son. Pablo fue liberado de un complot, puesto al cuidado de centuriones, soldados, jinetes y lanceros. Pareciera que el hombre estaba siendo apresado; lo que uno ve en la historia es que estaba siendo protegido. ¿Para qué? Para que el evangelio fuera predicado en Roma. A Pablo no le ha sobrevenido un infortunio, le ha sobrevenido la oportunidad de su vida.

El Señor está usando las fuerzas de la naturaleza, los vientos, para que el evangelio sea predicado. Y cuando el instrumento de Dios llega a tu puerta, te manda a buscar y quiere hablar contigo, este instrumento ha recorrido un largo camino para que el mensaje te sea entregado. Dos años y medio tuvo Pablo viajando para llegar a Roma. Fueron dos años y medio de aflicción para que un grupo de personas reciban el evangelio y no lo vieran en su justa dimensión. Si alguien te está predicando el evangelio, deberías ver detrás de esa persona la intención de Dios. Deberías ver cómo Dios ha estado moviendo la historia y las circunstancias de forma tal que en este momento estés recibiendo la predicación del evangelio. Esto no es casualidad, es intención.

Una reunión difícil con poco fruto

Ya Pablo en Roma, tres días después convocó a los principales de los judíos. Pablo tiene dos años y medio de aflicción a causa de los judíos, y cuando llega a Roma lo primero que hace es mandar a buscar a los principales de los judíos. La razón por la que Pablo llegó preso eran ellos, y la razón por la cual les manda a predicar es la misma: Pablo está predicando el evangelio, no su comodidad.

Si usted tuviera la ocasión en un año de predicar el evangelio cien veces, quizás 90 o 95 veces las personas dirán que no, pero las cien veces habrá valido la pena. El evangelio no solamente se predica porque va a haber un resultado; se predica porque hay una obligatoriedad. Todo hombre necesita escuchar el evangelio. Yo lucho con esta impotencia de predicar la Palabra del Señor y ver poco fruto. Quisiera ver fruto, pero no predico por resultado, predico por fidelidad. Es lanzar la red aunque aparentemente no haya señales de vida espiritual. Mi resolución es predicar el evangelio por comisión de Dios: lo haré aunque no muestres interés, aunque te burles de mí, aunque pierdas tu amistad. «¡Ay de mí si no anunciare el evangelio!», le dijo Pablo a los corintios.

Es ver a una persona que no quiere a Cristo; eso es duro. Hay gente que abiertamente te dice: no me hable de eso. El evangelio, así como es buena noticia, a veces es notificación. Tú has sido notificado de que en este tiempo el justo y santo Dios ha hecho un paréntesis, y que en este paréntesis hay oportunidad y hay esperanza. Es un compromiso por salvar a los hombres.

La solemne advertencia

Dice el versículo 24 que algunos se convencieron por las cosas que Pablo decía. Algunos. Se le predica mucho, pero son salvados algunos. Consistentemente durante todo el libro de los Hechos el Señor les ha estado mandando predicación a los judíos, y consistentemente lo que terminaron fue apedreando, martirizando, persiguiendo, burlando. Y aquí hay una última oportunidad de arrepentimiento.

Las palabras solemnes de Pablo dicen: «Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías: ve a este pueblo y diles: de oído oiréis y no entenderéis, y viendo veréis y no percibiréis, porque el corazón de este pueblo se ha engrosado.» Quizás tú necesitas escuchar esta palabra. Hay preciosas verdades que te están siendo predicadas y a causa de la condición de tu corazón no puedes verlas. Lo menos que debería hacer un hombre diligente es pedir que el Señor tenga misericordia. Decir ante textos como estos: probablemente me estoy perdiendo de algo.

Cristiano nominal que no ve a Cristo

El caso de estos judíos evoca el estado de muchos cristianos nominales de la actualidad. Son personas que tienen vida de iglesia, que crecieron en la iglesia, que tienen testimonio de Dios, pero son consistentemente indiferentes a lo que Dios está haciendo en medio de ellos. Tu militancia nominal en el pueblo del Señor no te salvará. Haber estado desde niño en medio del pueblo del Señor no te salvará. Tener familiares creyentes tampoco lo hará. El problema de tu corazón está impidiendo que veas y que escuches. Probablemente te das por seguro porque ni ves ni escuches.

Hay otros que tienen un interés general y superficial en la iglesia pero no ven a Cristo. La historia de la iglesia no salva. El crecimiento de la iglesia no salva. Los testimonios de creyentes no salvan. Tú necesitas un Salvador, y el Salvador se llama Jesucristo. No hay otro nombre dado a los hombres en que podamos ser salvos.

Cultura cristiana hay de sobra. Ya todo el mundo se dice líder. Ya la gente sabe cómo se dice y cómo se comparte. Instagram está lleno de cultura popular cristiana. Y en su entretenimiento cristiano la gente está muerta en su delito y pecado y no ve a Cristo. Pablo no era entretenimiento. Él no era el protagonista. Pablo vino a predicar a Cristo. Y desde la mañana hasta la tarde les declaraba y testificaba el reino de Dios, persuadiéndoles acerca de Jesús. No es cultura cristiana, no es música evangélica. Tú necesitas un Salvador.

Sabed pues

Cristo era disruptivo a este respecto. Aquí está Él. ¿Qué vas a hacer con Él? La neutralidad no existe. El que conmigo no recoge, desparrama. Y cuando tú te veas ante el Señor, habrá testimonio de que un misionero se trasladó, y una persona te encontró, y en algún momento se encontraron tus oídos con las palabras de Cristo, y tú dijiste que no.

Hablo a los más jóvenes. En algún momento de mi adolescencia yo dejé de ser neutral. Yo vivía la vida en doble: un canal donde sabía hablar en cristiano y otro donde sabía hablar como los mundanos. Pero me vi en la necesidad de tomar una decisión. Se predicó el evangelio en mi iglesia local, y el Señor permitió providencialmente que mis oídos abrieran, mis ojos abrieran. Yo vi a Cristo. No hubo drama, no hubo sonido. Hubo un entendimiento claro de que Cristo era real y que había que tomar una decisión: a favor o en contra. Yo no tengo una vida perfecta ni soy un cristiano perfecto. Atropezón, hermano. Pero así como avanzó el evangelio en el libro de los Hechos —a tropezones—, yo avanzo caminando hacia Él. Y aquel que comenzó en mí la buena obra la seguirá perfeccionando hasta el final.

Abiertamente y sin impedimento

Sabed pues que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios, y ellos oirán. Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada y recibía a todos los que a él venían. Lo único necesario para predicar a Cristo es que haya un instrumento enviado por Dios y que haya necesidad. Y suceden las dos cosas: aquí hay necesidad y aquí está el instrumento. En medio de dificultades, precariedades y limitaciones, allá el Señor está salvando.

Pablo podía hablar de quinientas cosas secundarias, pero elegía hablar de las cosas principales. No era que Pablo no fuera un buen apologista o historiador; es que ese no era su llamado. Pablo fue puesto para la predicación del evangelio. ¿Qué les predicaba? «Predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento.» Quizás no sabes qué vas a comer mañana, pero aquí tienes lo que necesitas. Quizás tu salud no va a mejorar mucho, pero tu condición espiritual puede cambiar hoy. Porque la Palabra de Dios no está presa.

¿Qué es el evangelio? Es la buena noticia de que a pesar de que los hombres estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, Dios dio a su Hijo Jesucristo, que fue el sacrificio perfecto y único, para comprar la salvación de los hombres. Y que al poner nuestra confianza en Él, en arrepentimiento y fe, nuestros pecados son perdonados. En ningún otro hay salvación, porque no hay ningún otro nombre dado a los hombres bajo el cielo en el que podamos ser salvos. Este es el nombre: Jesucristo.