Pueden buscar el capítulo 37 de Ezequiel para que le oremos al Señor y expongamos aquí las Escrituras. Si lo tienen ya en sus Biblias, oremos al Señor. Le pido que ahí donde están cierren sus ojos un momento y pidamos la ayuda del Señor en este tiempo de enseñanza. Mira aquí, Señor, cada persona que está congregada. Míranos a nosotros que ahora nos exponemos a tus Escrituras. Sabemos que tu Palabra es Palabra viva, Señor, y que hace cosas en el corazón de los hombres. Nos encomendamos todos nosotros en nuestras diferentes situaciones.
Te pedimos que tu Palabra expuesta, Señor, mueva cosas adentro de nosotros. Permite, Señor, que esta oportunidad maravillosa en que tu Palabra es predicada, permita que tu Palabra encuentre espacio en nuestro interior. Permite que sea una Palabra atesorada, Señor, permite que sea recibida como Palabra inspirada que salió de ti. Tú soplaste estas Palabras, Señor, y fueron documentadas. Así como a través de los años tú has venido haciendo milagros, Señor, haciendo que personas se levanten de un letargo espiritual, permite que hoy suceda del mismo modo. Permite que no sea solamente, Señor, una exposición; permite, Padre, que sea la exposición de las Sagradas Escrituras.
Te pido, Padre, que pongas tú las reverencias necesarias en cada persona aquí presente para que reciba esta Palabra como Palabras tuyas, traídas a ellos. Acompáñanos en este tiempo, dirígenos en este tiempo. Que seas tú, Señor, en medio nuestro. En Cristo Jesús, amén. Con sus Biblias allí abiertas, hermanos, la profecía de Ezequiel, lo que haremos es leer desde el versículo 1 y hasta el versículo 14. Después trataré de introducir un poco este texto, e inmediatamente después estaremos exponiendo parte a parte. Lo que primero haremos es leer Ezequiel capítulo 37. Esta porción de la Escritura se conoce como la visión del valle de los huesos secos. Dice así la Palabra del Señor, capítulo 37 del profeta Ezequiel desde el versículo 1 y hasta el versículo 14:
La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos. Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto, secos en gran manera. Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes. Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis. Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que yo soy Jehová. Profeticé, pues, como me fue mandado; y hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor; y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso. Y miré, y he aquí tendones sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrió por encima de ellos; pero no había en ellos espíritu. Y me dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Así ha dicho Jehová el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán. Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo. Me dijo luego: Hijo de hombre, todos estos huesos son la casa de Israel. He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruidos. Por tanto, profetiza, y diles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel. Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío. Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová.
— Ezequiel 37:1-14
Introducción: contexto, género y propósito de la visión
Hermanos, esta es una profecía sobrecogedora. Yo tengo un recuerdo vívido de esta porción de la Escritura porque recuerdo a mi madre exponiendo esto en el Templo Evangélico Central de la doctor Tejada Florentino. Yo era un niño y recuerdo casi textualmente el sermón de memes que ella predicó de esto. Yo traté más o menos de seguir la misma estructura de lo que yo recuerdo de niño que escuché de ella, pero dice nuestra introducción: a causa de sus pecados, el pueblo de Israel fue castigado por Dios y enviado al cautiverio. Este fue un período muy significativo en su historia. El sentimiento de la gente quedó reflejado en muchos salmos, como el Salmo 107 que leímos hoy, y la respuesta de Dios quedó documentada en los libros proféticos.
Usando la visión simbólica de un valle lleno de huesos secos, Dios anunció por medio del profeta Ezequiel que eventualmente restauraría a Israel, y lo que aparentemente no tenía esperanza —esto es, un grupo de cadáveres ya secos— por el poder de su Palabra se llenaría de vida. Este fue principalmente un mensaje de aliento para Israel, pero por el significado simbólico tiene valiosas lecciones espirituales sobre la obra de Dios en la salvación, aplicables el día de hoy. Lo que esto enseña es una descripción de la verdadera condición del hombre desde la perspectiva de Dios, esto es, que está totalmente muerto en sus delitos y pecados.
Enseña también la prerrogativa de Dios en la salvación, esto es, que Él es quien sabe si serán o no serán salvos. Asimismo enseña el medio que Dios utiliza para dar vida: su Palabra. Y también la forma progresiva en que opera la regeneración, devolviéndonos nuevamente nuestras facultades. Terminaremos viendo el propósito final de nuestra salvación, que es la gloria de Dios. Es más, déjenme dar un preámbulo. Estas porciones de Escritura hay que entenderlas en su género literario, por eso la Escritura se interpreta de un punto de vista gramático-histórico: lo que dice el texto en su género específico y lo que eso significó para sus primeros oyentes.
El contexto gramático-histórico nos dice que se trata de una visión espiritual. No era que había literalmente un valle lleno de huesos secos. Dice el profeta Ezequiel que la mano de Jehová vino sobre él y lo llevó en el espíritu y lo puso en visión en un valle que estaba lleno de huesos. Esto se llama visión simbólica, es un sobrecogimiento espiritual que tuvo el profeta y el Señor le permitió ver una realidad. Es simbólico porque apunta a algo más; simbolismo es explicar una realidad por medio de un hecho que ya usted conoce. Por ejemplo, la paloma es el símbolo de la paz. ¿Cómo la paloma podría representar la paz? No hay tal cosa literal, entonces se representa por medio de una paloma.
El Señor representó la condición de Israel por medio de un valle de huesos secos, pero le repito, no es una narración literal. No fue que Ezequiel caminó literalmente entre cadáveres, fue una visión espiritual que tenía un valor simbólico. Al mismo tiempo, esto es muy valioso porque nos permite tener una perspectiva desde el lado de Dios acerca de la verdadera condición del ser humano, algo que el hombre siempre ha anhelado: tener una perspectiva real de cómo él es. Por ponerle un ejemplo, los aborígenes que estaban en esta isla cuando llegaron los españoles acostumbraban a ver su rostro en agua reposada, y cuando el agua reposaba entonces ellos veían un reflejo y más o menos entendían cómo eran ellos.
Yo me pregunto a veces: ¿ellos sabían si eran bonitos, si eran feos, si eran atractivos o no lo eran? Porque no era un reflejo muy fiel. Asimismo, por ejemplo, en la antigüedad había espejos que eran espejos de bronce. Por eso dice la Escritura que ahora nosotros vemos como medio borroso, pero eventualmente veremos con claridad, porque los espejos de la antigüedad no eran espejos muy fieles, sino que la gente se veía en bronce pulido, veía un reflejo suyo y más o menos se llevaba una idea de si estaba o no estaba despeinado.
El selfie espiritual: cómo Dios nos ve realmente
Ahora mismo la tendencia son los selfies. Y hay algo que sucede que cada vez que a una persona se le toma una fotografía, la persona dice: “Déjame ver cómo quedé”. Hay ya como un acto instintivo; la gente quiere: “Déjame ver cómo quedé, déjame ver cómo quedé. Ah no, no, bórrala, bórrala y tómala de nuevo, es que yo no soy así”. Entonces se acomodan. Amigo, usted salió como usted es, y por muchas veces que repitamos la foto, su fisionomía no va a cambiar. Quizás usted se ponga el mechón del cabello de un lado o del otro, pero ahí hay algo en el ser humano muy fuerte: el ser humano quiere verse como realmente es.
Bromean y dicen: “Bueno, los aborígenes cambiaron espejitos por oro”, y uno ahora no lo entiende, pero en la antigüedad, personas que no estaban acostumbradas a verse tal cual eran, cambiar un espejo por oro era algo que ellos consideraban valioso. “Yo prefiero cambiar oro —decían ellos— para verme como yo realmente soy”. Yo hoy he venido principalmente a hacerle un selfie a la iglesia local y enseñarle una fotografía de usted tal cual es, pero no cómo salió en la cámara, sino cómo Dios nos está mirando.
Hay gente que se involucra en viajes espirituales donde dicen: “Yo quiero encontrarme a mí mismo”. Yo sospecho que si realmente lograran encontrarse a sí mismos se darían el susto de su vida, porque si un hombre llega a encontrarse a sí mismo encontrará un montón de huesos, encontrará una figura cadavérica, encontrará que es totalmente repugnante desde la perspectiva de Dios. Aspiro hoy principalmente a enseñarle una foto de cómo el hombre realmente es, cuál es la verdadera condición del hombre. Por aquí es que empiezo:
La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos. Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto, secos en gran manera.
— Ezequiel 37:1-2
Bueno, cuando el Señor estuvo buscando una figura para representar cuál era la verdadera condición de Israel sin Dios, lo que encontró más a propósito fue un valle lleno de huesos secos. Eran huesos que estaban dispersos, no eran ni siquiera cadáveres íntegros, sino huesos que estaban sueltos. Es más, que cuando el Señor le permitió ver la reunificación de estos cadáveres, dice que cada hueso volvió a su lugar. O sea, no estamos aquí con cadáveres íntegros, sino cadáveres totalmente destruidos. Estaban totalmente muertos, no eran cadáveres putrefactos; era un cuerpo que ya había muerto y ya había estado en putrefacción y en descomposición durante tanto tiempo que lo que quedaba era solamente la osamenta, y no tenía ni siquiera carne.
También él dice que eran muchos en gran manera, o sea que este era un estado generalizado de Israel. Los huesos secos no aluden a un pecado específico, sino a nuestra verdadera condición generalizada y nuestra incapacidad para salir de allí. Cuando el Señor le permitió a Ezequiel ver, le dijo: “Mira, Israel es como un valle que está lleno de huesos secos, huesos que están dispersos y son muchísimos los huesos”. ¿Qué es lo que el Señor nos está diciendo acerca de la condición de Israel sin Dios? Es que estaban definitivamente muertos. Esto significó una incapacidad para reconocer su verdadero estado. Ellos serían incapaces de pedir otra oportunidad por sus propios medios, incapaces de detener el proceso degenerativo, incapaces de moverse hacia Dios.
Muerte espiritual y total incapacidad del hombre
Algunas personas me dicen: “Dice el libro de Génesis, asimismo, que en el momento en que el hombre peca, en ese momento muere. ¿Qué sucede con esto?”. No estamos aludiendo aquí a un estado físico, estamos aludiendo a un estado espiritual. No era que literalmente todo Israel había muerto y Ezequiel solamente cargaba el cadáver. No, todavía conservaban su vida física, pero el Señor le dice: “Ante mí, y en cuanto a su situación espiritual, están definitivamente muertos”. Israel habitaba en Babilonia; algunos de ellos hasta llegaron a ser terratenientes, pero dice el Señor: “Sin importar su aparente condición, ante mí están definitivamente muertos”.
Esta es la verdadera condición de un hombre sin Dios. Lo que sucede es que hay muertos que la vida se les va más lento. Hay un hermano de la iglesia Lucerna que tenía una funeraria, el hermano Silvestre, y él me hacía un cuento de que en determinada ocasión un muerto estaba siendo velado en su funeraria y movía las extremidades. Me dice que barrios completos se quedaron vacíos, con la gente haciendo fila para ver lo que sucedía, y él me explicó que lo que pasa con esos cadáveres, eso le llaman el rigor mortis. Él dice que eso lo que sucede es que hay sustancias químicas que permanecen en los músculos y aun cuando la vida se va, todavía hay pequeñas manifestaciones que uno entiende que eso es vida. Son fenómenos químicos que están dentro del cuerpo, el cuerpo en descomposición a veces se mueve.
Hermanos, amigos queridos, la verdadera condición de un hombre sin Dios es que se ha convertido en alguien totalmente incapaz para hacer cosas que sean agradables delante del Señor. Cuando a Ezequiel le llevaron allá, me imagino que para él era algo repugnante. Un judío no tocaba, no acostumbraba tocar cadáveres, ellos entendían que eso era algo inmundo. Ezequiel está caminando encima de un valle de cadáveres; yo me imagino que él está sintiendo en su corazón lo mismo que está sintiendo Dios en su corazón cuando ve a un hombre sin Él: están muertos en delitos y pecados y ante el Señor mismo esto es desagradable.
¿Esto tiene relación con el mundo espiritual? Claro que lo tiene, porque dice el Nuevo Testamento en el libro de Efesios, en el capítulo 2 versículos 5 y 6:
Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.
— Efesios 2:5-6
Tengo cierto temor con esto, y es que yo sospecho que hay hermanos míos que ya se confiesan cristianos, pero no ven el cristianismo como un paso de muerte a vida, sino como una pequeña mejora en su forma de vivir. Ellos no han entendido que han pasado de muerte a vida, sino que hay gente que entiende que ser cristiano es como un siguiente paso: “Así como yo decidí ir a la universidad, así como yo decidí hacer familia, ahora he decidido ser un cristiano, y eso ha permitido que mejore mi calidad de vida”.
De muerte a vida, no una simple mejora moral
Hermanos, pasar de incrédulo a cristiano no es un pequeño paso, es un paso absoluto, es todo el paso que hay que dar, por lo menos ante Dios. Tu anterior condición era una condición totalmente despreciable. Si el Señor te toma una foto y te la muestra desde los ojos de Dios, tú eres un cadáver que no tiene carne, un cadáver que ya se pudrió, alguien que está irremediablemente muerto. Hay personas que están tibias todavía, y si el muerto tuviera por lo menos ahí la carne, yo mismo como que confiaría en que vamos a ver si le damos resucitación, pero un cadáver seco y disperso, nadie aspiraría a que de ahí se levante la vida. Era una imposibilidad.
¿Cuál es la verdadera condición del hombre ante Dios? Está definitivamente muerto. Por eso se recalca el hecho de que eran huesos secos. No estamos hablando aquí de cadáveres tibios, no estamos hablando aquí de personas que todavía, por lo menos, las células de su cuerpo mantienen relativa vida. No, estamos hablando de personajes que están totalmente muertos y su condición ante el Señor es de absoluta incapacidad. Un axioma para los cristianos es que un hombre sin Dios no puede hacer por sus propios medios ningún acto que sea agradable delante del Señor.
Usted me dirá: “Pero él no es cristiano, pero hace buenas obras”. Dice la Escritura que sus buenas obras son como trapos de inmundicia. Tú puedes hacer algunas cosas sin Dios, pero nada de lo que hagas sin Dios tendrá un valor significativo ante la presencia del Señor, porque el Señor primariamente te ve a ti como un cadáver. “Yo conservo mis facultades, yo todavía me muevo, yo también puedo hacer una cosa”. Si no tienes vida, estás muerto, y ante el Señor nada de eso tiene valor. En el selfie que el Señor nos hace, ¿cómo es que salimos? Irremediablemente muertos, salimos como personas despreciables y salimos como personas impotentes.
Quiero descartar toda posibilidad de que un hombre sin recibir el milagro del Señor pueda hacer cosas que sean agradables delante de Dios. Está muerto en sus delitos y pecados. Hermanos, tenemos que tomarnos la Palabra del Señor en serio. La Escritura no dice que el hombre está malogrado, la Escritura dice que el hombre está muerto. Yo todavía, si se me muere un familiar —y el Señor nos cuide a nosotros de no tener que enfrentar pronto ese dolor—, pero usted tiene dos opciones: usted llora a su familiar y lo entierra, o usted se queda con su familiar en la casa para siempre, le cambia la ropa todos los días y usted supone que su familiar está vivo. Pero eventualmente el olor le va a avisar que está muerto.
Aceptar la putrefacción espiritual y la realidad del pecador
Y usted puede maquillarlo, usted puede embalsamarlo, pero tarde o temprano usted tendrá que asumir la verdadera condición que tiene su ser querido: está muerto y tendrá que enterrarlo. Yo antes hacía una broma, pero ya he entendido que era un poco desconsiderado, pero había alguien que estaba velando un familiar y ya tenía un buen tiempo velando el familiar, y venían a buscarlo para enterrarlo y la persona decía: “Ah, que no se lo lleven, que no se lo lleven, que no se lo lleven”. Bueno, dejémoslo solo un poco más, que llore, que llore, hay que llorar, hermano. Volvieron a buscar al familiar: “Que no se lo lleven, que no se lo lleven”. Le preguntaron entonces: “¿Usted quiere que se lo dejemos, lo venimos a buscar la semana entrante?”. “No, lléveselo”.
Hermano, nosotros podemos querer mucho a la gente, nosotros podemos amar a las personas que tenemos cerca, podemos amar a nuestros amigos, a nuestros familiares, pero tenemos que entender que, a la luz de la Escritura, sin importar su aparente condición, están espiritualmente muertos en sus delitos y pecados. Y aunque su descomposición no sea tal, tarde o temprano van a ceder. Hermano, el pecador tarde o temprano hed[e]. No tan rápido, hermano; hay muertos que se conservan. Yo estaba mirando que el rigor mortis, por ejemplo, comienza de 2 a 4 horas desde que la persona fallece y en 12 horas ya se ha consumado eso, a temperatura ambiente.
Pero si tú tomas el rigor mortis quizás y pones el cadáver en un lugar frío, probablemente usted llegue a mantener su cualidad de “lozano” durante un tiempo más. Dice el libro de Génesis que en el momento que el hombre pecó, en ese momento murió, y hay algo adentro de él que lo coloca en degeneración. Los actos de un hombre sin Dios cada vez serán actos más aberrantes, cada vez serán actos más vergonzosos, cada vez estarán más esclavizados. Que tú te muevas mucho ahora mismo no significa que estás vivo.
En primer lugar recarco: ¿cuál es la verdadera condición del hombre sin Dios? Es un valle de huesos secos, están irremediablemente muertos. Ahora, me llama la atención también, en segundo lugar, la prerrogativa de Dios en nuestra salvación. El Señor le preguntó al profeta y le dijo, versículo 3:
Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes.
— Ezequiel 37:3
Hermano, una respuesta muy apropiada. Él, en su respuesta, está anunciando una fe que es dependiente. Él le dice: “Están muertos, ahí no queda carne, ahí no hay tendones. Esos órganos murieron hace mucho tiempo. Los cadáveres están dispersos. Si me guiara por su condición, lo dudo. Pero si me guiara por tu poder, lo creo. Hijo de hombre, ¿vivirán esos huesos? Si yo no contara contigo, no, pero como yo sé que tú eres aquel que creaste el cielo y la tierra con el poder de tu Palabra, si eres tú que me está preguntando, entonces yo te dejo el asunto de tu lado. Hijo de hombre, ¿vivirán esos huesos? Solo tú lo sabes”.
La prerrogativa soberana de Dios y un evangelismo dependiente
Hermano, esto anuncia la misma manera en que funciona el evangelismo. Mire, cuando yo comparto el Evangelio con una persona, yo no tengo nada, nada, nada dentro de mí que me haga creer que esa persona pueda abrir los ojos al Evangelio humanamente hablando. Ninguna. Soy pesimista en cuanto a la capacidad que un hombre tenga para abrir los ojos al Señor. Pero al mismo tiempo yo veo a Cristo que llevó a los pecadores de lado, y si tú me preguntas por esa persona, yo ni siquiera haría el esfuerzo de explicarle el Evangelio si acaso yo entendiera que un hueso puede recomponerse. Eso yo no lo esperaría, pero cuando yo veo al Señor y su absoluta gracia, si usted me pregunta, yo le diré: “Solo tú, Jehová, lo sabes”.
Este pecador ha venido, dice que el Señor ha abierto sus ojos, ¿será sincero eso? Solo tú, Jehová, lo sabes. Hermano, la salvación, la prerrogativa, es de Dios. Nosotros no exponemos el Evangelio porque entendemos: “Este está ya calientico, yo vi que este se movía en las extremidades, yo pienso que este tiene manos”. Nosotros predicamos el Evangelio porque sabemos que solo tú, Jehová, lo sabes; y ese muerto se levantará, no porque nosotros tengamos la capacidad de detectar señales de vida y decir: “El rigor mortis tiene ya dos horas en ejecución, puede ser revertido”, sino porque solamente el Señor puede levantar a un muerto de su condición.
Si nos guiáramos por la condición de la gente, hermanos, nosotros no le deberíamos predicar el Evangelio a nadie. Un gran problema en el evangelismo es que las personas creen que “este va a aceptar a Cristo porque yo veo que él es muy religioso”. Esos son los peores. Mire, la religiosidad popular es una atadura tan fuerte que el Señor tiene que venir —como decía el Salmo 107— y romper las cadenas. Hay otros que usted le dice: “Yo le voy a predicar a ese amigo mío porque es una persona con valores morales”. Hermanos, esos valores morales son una trampa tan grande que, a menos que el Señor rompa ese asunto, nunca saldrán de ahí.
“Ah, yo le voy a predicar a esta persona porque yo veo que él tiene interés en las cosas esotéricas, en las cosas espirituales”. El esoterismo es una prisión tan grande que, a menos que el Señor rompa, no sale. Nosotros no predicamos el Evangelio porque entendamos que el muerto tiene 2 o 4 horas en su condición, predicamos el Evangelio porque sabemos que Dios creó el mundo con el poder de su Palabra, y su Palabra es poderosa para hacer que los huesos vuelvan a tener vida. A esto yo llamo, hermano, un evangelismo dependiente, un evangelismo que hace lo posible por exponer cada cadáver a la Palabra del Señor, pero que condiciona cualquier resultado al poder y a la prerrogativa que tenga Dios para otorgar en ese momento la salvación.
Algo me llama la atención: se le envió al profeta a una labor que parece imposible. Es más, parece hasta ridícula. “Dile que le hable a un grupo de huesos”. Vamos a dramatizar eso al máximo: eso es una locura. Bueno, simbólicamente el evangelismo parece locura. Predicar el Evangelio es clamar, hermano, clamar en el desierto, es un absurdo. ¿Por qué razón uno entendería que la persona…? Dice la Escritura que la Palabra del Señor es locura para los que se pierden y así mismo lo procesan. Pero cuando uno lo baja a ser, hermano, a veces el Señor se deleita en salvar haciendo esta aparente locura, que eso es poner los cadáveres a oír la Palabra del Señor. A veces el Señor levanta muertos.
No confiar en métodos humanos sino en la Palabra
No porque estos muertos tengan 2 o 4 horas, no porque sean muertos buenos o muertos malos, no porque el muerto tenga una inclinación al Evangelio, sino porque el Señor es poderoso para hacer que los muertos se levanten. Decía Cristo en Juan, capítulo 5, versículo 21:
Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida.
— Juan 5:21
Una paradoja que yo he visto en esto del evangelismo, hermano: yo debo haber compartido en este año por lo menos 15 veces el Evangelio de Juan con alguna persona. Hermano, y hay gente que uno, como que humanamente hablando, se le hace un asunto probabilístico, y cuando uno está hablando con ellos uno dice: “Mira, ese como que está encaminado, parece que sí, que se va”. Y hay otros, hermano, que uno les habla de la Palabra del Señor y eso es como árido, así, como que uno les expone la Palabra del Señor y hay como aridez total. Y ahí, en ese hermano con el terreno más árido, uno ve que sucede la vida, y en aquel que uno entendía que era la mejor tierra humanamente hablando, el Señor no hace el milagro.
Nosotros no predicamos a Cristo porque entendemos que el hombre tiene la capacidad para ser salvo, predicamos a Cristo porque poderoso es Dios para salvar. Y si el Señor lo quiere, hará el milagro. Hermano, no quiero llevar a la iglesia local a un pragmatismo; lo que la quiero llevar es a un evangelismo dependiente. No prediques el Evangelio solo a la persona que tú entiendes que está más propensa a recibir el Evangelio. Predica el Evangelio al cadáver más seco, y hay veces que el Señor, del cadáver más seco, hace que se levante carne, que se pongan tendones y que suceda la vida.
Hay un paradigma en evangelismo que se puso de moda hace unos años que te decían que uno tiene que ir donde los peces están picando. “Si las personas ahí entonces son sensibles al Evangelio, prediquemos ahí, porque por ahí el Señor…”. Hermano, predique el Evangelio; con que tú veas que ahí hay osamenta, predica. Si son piedras lo que hay… yo no he visto que las piedras hablen, pero si hay osamenta y si en algún momento hubo vida, si el Señor creó vida en algún momento y la vida se perdió, predique el Evangelio, no guiado por tu ojo, guiado por la obediencia al Señor. Que tu orientación sea la fidelidad.
Algo que me llama la atención también es que Ezequiel le soltó la carga al Señor. No era: “Ezequiel, ¿tú crees que tú tienes capacidad retórica para levantar este ejército?”. No, no: “Señor, solo tú lo sabes”. No le están diciendo: “Ezequiel, ¿tú crees que tú puedes jugar a ser un orador que atraiga a la gente, que la gente entienda?”. No: “Señor, solo tú lo sabes”. Él fue enviado a abrir su boca ante cadáveres y el Señor haría un milagro en el cadáver. Ahora, si ahí no se levantaba una multitud, sino que se levantaban cinco, el Señor levantó cinco; y si no se levantó ninguno, el Señor no levantó ninguno. Nosotros no seremos evaluados por el resultado que tengamos al “revivir” muertos; seremos evaluados por nuestra fidelidad a exponer cadáveres a la Palabra del Señor.
Cuando yo llegue ante el Señor, hermano, yo no le diré: “Señor, yo convertí 500 o convertí 1000”. Yo podré decirle: “Señor, yo puse en contacto con tus Sagradas Escrituras, con tu Palabra, a tantas personas como humanamente hablando me fue posible hacer. Y si tú levantaste cinco, entonces yo entenderé que tú querías levantar esos cinco. Y si levantaste una multitud, pues tú quisiste levantar una multitud”. No depende de nosotros el resultado, solo tú, Señor, eres quien lo sabe.
El medio que Dios usa: la Palabra, no la técnica
Me llama la atención también el medio utilizado. En primer lugar les he dicho la verdadera condición del hombre: ¿cuál es? Irremediablemente muertos, incapaces de hacer algo agradable ante Dios. En segundo lugar, les he enseñado la prerrogativa de Dios en la salvación: cada vez que la salvación ocurra, tú tienes que entender: el Señor en el cielo vio a ese hombre, vio a esa mujer y la alcanzó con salvación. Si tú fuiste salvo no pienses: “Yo fui expuesto y tuve el privilegio de encontrar un orador con capacidad y me convenció”. Piensa: “El Señor me levantó a mí de la muerte, no por los méritos de un predicador o por los méritos míos, sino por sus méritos propios. El Señor lo hizo por pura gracia”. Por eso la salvación es un milagro.
Yo no tengo la capacidad de hacer que un hombre muerto, en sus delitos y pecados, abra sus ojos a la realidad de Dios. Yo solamente puedo hablarle a un cadáver y, si el Señor levanta un cadáver, la gloria absoluta será para el Señor, no por otros medios, sino por los medios suyos. En primer lugar, la verdadera condición del hombre: irremediablemente muertos, huesos secos. En segundo lugar, la prerrogativa de Dios en la salvación: solo tú, Jehová, eres quien lo sabes. En tercer lugar, el medio que el Señor utilizó para obrar el milagro.
No fue: “Ezequiel, trata de conseguir el fémur de ese… y que, Señor, tengo una cadera aquí de uno, pero como que le queda grande a tal fémur”. No fue una labor de recomponer cadáveres en sus propios medios. No fue que Ezequiel salió: “Tengo tantos dedos pulgares, a ver, un meñique me falta acá”. No, no, hermano. A él le permitieron contemplar los cadáveres y fue enviado exclusivamente a hablarle a cadáveres. Se le dijo, versículo 4:
Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová.
— Ezequiel 37:4
Esto tiene un valor para el evangelismo que yo creo que yo no tengo los elementos para transmitirle a ustedes la verdadera esencia que eso tiene: es que no es tu capacidad, es el poder de la Palabra del Señor. Lo que los huesos necesitaban oír no eran las palabras del profeta Ezequiel, lo que los huesos necesitaban oír era la Palabra de Jehová. ¿Cuál es el medio que el Señor utiliza para levantar muertos? El poder de su Palabra. Nosotros tenemos una herramienta, que es esto, que cuando esa herramienta se expone la vida sucede.
Yo tengo años haciendo esto, todavía no sé cómo sucede, hermano, pero cuando usted expone las Escrituras, las Escrituras producen vida en la gente. Dice el libro de Romanos, en el capítulo 10:
Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.
— Romanos 10:17
Usted quiere saber cómo alguien es salvo, hermano, porque oye, oye la Palabra del Señor. “Huesos secos, oíd Palabra de Jehová”.
No confiar en adornos, fama, ni ayuda social
Quiero animar a mi iglesia local a que no pongamos la confianza en ningún otro medio. Para nosotros esto debe ser paradigmático: no pongamos la confianza, en el evangelismo, en ningún otro medio que no sea que la gente oiga la Palabra de Jehová. Y si la gente oye la Palabra de Jehová, muy probablemente pase de muerte a vida. Otros elementos, por ejemplo: no debemos poner nuestra confianza en adornos retóricos. Hermano, la Escritura no hay que ponerle floritura para que funcione. Usted piensa: “No, mira, fulano, ese es un orador, es un pico de oro, cuando ese traza las Escrituras, ese te deleita y te pone las cosas aquí, allá…”. Hermano, la Palabra del Señor es como la aspirina: la aspirina funciona donde funcione.
Tú te la puedes poner ahí en la Plaza de la Salud o puedes ir al centro médico regional de alguna parte de esas que están cayendo a pedazos, la aspirina funciona porque es aspirina. La Palabra del Señor funciona porque es la Palabra del Señor. No es el lugar donde se predique, no es quién la predique, hermano; funciona porque es la Palabra del Señor. La salvación ocurre en cualquier parte. Hay gente que entiende: “No, porque mira, en esa iglesia como que hay más…”. Hermano, la Palabra del Señor no es más poderosa o menos poderosa por el punto geográfico donde se predica, ni es más o menos poderosa por el instrumento humano que la transmite. Nosotros somos mensajeros del Señor. La Palabra del Señor es la Palabra del Señor. No pongamos nuestro medio en ninguna floritura, en adornos retóricos.
“Porque tú te prepares mucho para adornarla, ¿no hará que la Palabra sea más eficiente?”. Hago aquí una aclaración: “¿Y entonces para qué estudiamos?”. A veces, hermano, a mí me toma cerca de 15 horas prepararme para exponer las Escrituras, pero no es que yo estoy invirtiendo 15 horas en tratar de llamar la atención de la gente y ponerle un adorno allá. En gran parte, hermano, lo que me estoy tratando de cerciorar es de que entendí realmente qué es lo que dice la Palabra del Señor para exponer la Palabra del Señor con tanta fidelidad como humanamente hablando a mí me sea posible, pero no es que yo estoy buscando: “Ahora, en medio, voy a poner un chiste y la gente se ríe y en medio voy a hacer un cuento y las personas van a abrir la boca”.
Un predicador serio lo que hace es estudiar las Escrituras con la intención de ser fiel, fiel, fiel a lo que el Señor ha establecido. No pongamos tampoco nuestra esperanza en personajes famosos, en predicadores reconocidos. Por desconocimiento, muchos amigos míos, hermanos, le ruegan a los cadáveres. Hermano, rogarle al pecador que se arrepienta, eso es como si usted se va a un cementerio a pedirle a un cadáver que cobre vida. Vamos a esperar que los niños se acomoden un poco para que la iglesia no se distraiga. Si usted tiene su niño cerca, acomódelo para que no distraiga a los hermanos.
Hermano, tú puedes rogarle, rogarle a un cadáver que vuelva de muerte a vida, y no lo hace. Como iglesia local nosotros no estamos llamados a agradar a los hombres. Hay gente que piensa: “No, mira, cuando alguien venga a la iglesia tenemos que pasarle la mano, tenemos que rogarles: ‘Ay, por favor…’”. Yo desearía que tú abras los ojos a la realidad de Dios, pero humanamente hablando, yo no puedo rogarle a un cadáver que abra los ojos. Hay gente que quiere adecuar las condiciones ambientales para ser más eficientes en el evangelismo. Ayuda, hermano, que usted quite las distracciones; pero porque tú pongas una atracción más, usted no hará que la Palabra del Señor sea más eficiente.
Hay iglesias que han perdido el rumbo, hermano, y que han dejado de confiar en el poder de la Palabra del Señor y dicen: “Bueno, nosotros vamos a ser más eficientes porque tenemos equipo de pelota, porque aquí tenemos un área de juegos y tenemos tal cosa y cuando las personas vienen les damos…”. Nada de eso, nada de eso, nada de eso aumenta poder a la Palabra del Señor. Como iglesia, si podemos quitar distracciones para que el pueblo oiga, quitémoslas. Pero no es poner un atractivo nuevo para que la gente venga y confunda ese atractivo con el poder de la Palabra del Señor. La iglesia está llamada a predicar la Palabra del Señor.
Otra cosa, hermano: hay gente que ha utilizado el evangelismo y lo ha confundido con la ayuda social. “Hay una obra social evangelística, la iglesia va a dar cuadernos para que la gente entienda que la iglesia es buena…”. Hermano, la iglesia no está llamada a dar cuadernos para que la gente se convierta. Nosotros podemos dar cuadernos, pero no es para que la gente quede mejor condicionada para venir a la iglesia. Los cuadernos no levantan a las personas de muerte a vida, alimentar al pobre tampoco.
Regeneración progresiva: tendones, carne y luego espíritu
Les repito, hermano, estamos llamados nosotros a ser misericordiosos, principalmente con los hermanos de la fe, pero no crea que porque usted regaló una fundita la gente va a ser salva. Y hay que ser cuidadoso en eso para no mezclar la misericordia con el evangelismo, porque el evangelismo es el poder de Dios para salvar. “Te voy a regalar una fundita y después te voy a invitar a la iglesia para que escuches y entonces vas a quedar…”. Hermano, nada de eso funciona. Si una persona será salva, será salva con la fundita o sin la fundita. Y aunque las personas no se salven, hay que darle la fundita, ¿pueden entenderme, hermano, esto? O sea, nosotros no vamos a hacer misericordia porque entendamos que haciendo misericordia las personas serán salvas, no; la misericordia no salva. Haremos misericordia por convicción, por involucramiento en las cosas del Señor.
Hay que ser cuidadosos, porque las personas que están muertas en sus delitos y pecados, cuando llegan a la iglesia, seguido quieren servir en algo, pero están muertos en sus delitos y pecados. Antes de que usted intente servir a la iglesia, tenemos que cerciorarnos de que realmente usted ha abierto los ojos a las realidades de Dios, porque así como el Señor no recibe a un cadáver, tampoco recibe los actos que una persona en su muerte hace delante de Él. ¿Cuál es el único medio que tiene la iglesia para que este milagro sea operado? Exponer cadáveres —son personas muertas en sus delitos y pecados— a la Palabra del Señor, y si el Señor quiere, entonces será salvo. Por eso dice el libro de los Hechos que el Señor añadía a su iglesia todos los días a los que habían de ser salvos.
Camino hacia la parte final, hermanos, cómo el milagro fue operado de manera progresiva. Primero —fíjate que él habló dos veces—, primero habló, versículo 7:
Profeticé, pues, como me fue mandado; y hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor; y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso. Y miré, y he aquí tendones sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrió por encima de ellos; pero no había en ellos espíritu.
— Ezequiel 37:7-8
No quiero hilar muy fino por ahí, hermano, pero al parecer, al parecer, al parecer, en la obra de la regeneración, primero el Señor prepara a las personas para moverse y después les otorga la verdadera vida espiritual. Hay cosas que yo he visto: cuando una persona está siendo llamada por el Señor, cosas que antes no tenía el muerto ahora las tiene. Y no solamente hablo de los movimientos de “dedito involuntario” que tienen los cadáveres a veces porque le quedan químicos en los músculos y se le mueven los deditos y dicen: “Ay, que está vivo”. No, eso ya se murió hace rato.
Sin embargo, cuando el Señor está levantando un cadáver, hay cosas que comienzan a suceder. Algo que sucede casi inequívocamente es que estas personas comienzan a tener un interés renovado en las cosas del Señor que antes no tenían, y las personas se sorprenden a sí mismas diciendo: “Oye, pero yo tengo ahora mismo como un deseíto de hacer la voluntad del Señor que antes no me salía. ¿Y de dónde me viene eso?”. Las personas comienzan a tener capacidad para hacer cosas que glorifican al Señor que anteriormente no podían.
Por ejemplo, hay personas que tienen un lenguaje con su boca y su vocabulario ofende al Señor, y ahora miran sus palabras y dicen: “Oye, ¿pero de dónde me viene esto? Yo antes no podía dejar de hacer eso y ahora yo tengo como un deseo de glorificar al Señor con mis palabras”. Hay personas que estaban atadas a vicios, a prisiones de mano de esclavitud, y cuando comienzan a ser regenerados como que comienzan a tener capacidad de ausentarse de sus vicios. Gente que antes no pasaba un fin de semana sin su vicio, ahora se da cuenta: “Pero pasó el fin de semana y no participé en eso, ¿y qué fue lo que pasó?”.
Hermano, es que los tendones están saliendo, la carne va volviendo. Algo más que he visto: cuando las personas están siendo regeneradas por el Señor, comienzan a tener un interés renovado en su Palabra. Antes la Biblia era un libro que estaba ahí, pero ahora comienzan a leer la Biblia y dicen: “¡Wow!”, como que les hace sentido, como que les comienza a gustar. Es que están siendo levantados. Sin ánimo, hermano, de establecer con esto una división exhaustiva, pero al parecer el Señor primero pone los tendones, hace que la gente tenga capacidad de movimiento y después les otorga salvación. Otros te dirán que eso viene junto, pero parece aquí que el Señor primero le otorgó capacidad de movimiento y después le sopló en ellos la vida.
¿Cómo sabe una persona si está siendo atraída al Señor? Un deseo renovado de hacer su voluntad, un deseo renovado de participar de la vida de iglesia. Hermano, es una locura para el que se pierde venir a un culto cristiano. La gente sufre eso mucho; recuérdate tú cuando tú no eras un cristiano, que esto te parecía aburridísimo y tú no entendías lo que esto significaba. Un deseo de congregarse que tiene la gente que dice: “Oye, pero viene el domingo, yo el domingo voy para la iglesia, como que me está haciendo falta el asunto. ¿Y de dónde me viene?”. Te digo de dónde viene, mira de dónde viene:
Y miré, y he aquí tendones sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrió por encima de ellos; pero no había en ellos espíritu. Y me dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Así ha dicho Jehová el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán.
— Ezequiel 37:8-9
Vida espiritual verdadera y propósito final de la salvación
Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron y estuvieron sobre sus pies, un ejército grande en extremo. Interesante que el Señor ya le puso carne y tendones, pero todavía los considera muertos. Las señales iniciales de las personas hacia la voluntad del Señor, parece que el Señor todavía no las considera vida. Ya tienen carne, ya tienen tendones, pero Él le dice: “Ahora háblale a esos muertos, y vivirán”. Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron.
¿Qué es la vida cristiana, hermano? Un fenómeno espiritual cuyo inicio y fin uno no lo ve claramente, pero uno sabe cuando ha recibido unas capacidades nuevas de hacer la voluntad del Señor, un deseo renovado de hacer su voluntad y la vida del Señor ha sido puesta en nosotros. En primer lugar, les dije la verdadera condición del hombre: totalmente muerto, irremediablemente muerto, asquerosamente muerto. En segundo lugar, les enseñé la prerrogativa de Dios en la salvación: solo tú, Jehová, sabes si serán o no serán salvos. En tercer lugar, les enseñé el medio utilizado por Dios para obrar el milagro: su Palabra predicada y su Palabra solamente. En cuarto lugar, la forma progresiva en que obró el milagro; se llama regeneración: primero una capacidad, primero un movimiento y después vida puesta en el ser humano.
En último lugar les diré cuál es el propósito de esto, para qué el Señor lo hizo. Solo lo mencionaré, porque exponer la doctrina de la cruz del Señor necesitaría por lo menos tres sermones; solamente lo voy a mencionar. ¿Para qué el Señor me salvó? ¿Para qué te salvó a ti? ¿Para qué el Señor levantó los muertos? ¿Por qué lo hace, por qué? Escuchen por qué lo hace. Dice así al final:
Profeticé, pues, como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo. Me dijo luego: Hijo de hombre, todos estos huesos son la casa de Israel. He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruidos.
— Ezequiel 37:10-11
Persona que está aquí y que todavía no eres cristiano, quizá tú tienes serias dudas de que tú puedas hacerlo. Israel mismo dudaba de su propia capacidad para volver a ser pueblo del Señor. Ellos decían: “Nuestros huesos se secaron, pereció nuestra esperanza y somos del todo destruidos”. Un pecador consciente, uno que no es ingenuo, se considera a sí mismo que sus huesos se secaron, que pereció su esperanza y que es del todo destruido.
Por tanto, profetiza, y diles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel. Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío. Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová.
— Ezequiel 37:12-14
¿Y para qué el Señor lo va a hacer? Mírenlo aquí, la respuesta, versículo 13: “Y sabréis que yo soy Jehová”. ¿Para qué el Señor me sacó a mí de muerte a vida? ¿Para qué el Señor me levantó? Para que se sepa que Él es Jehová. “Y sabréis que yo soy Jehová… y sabréis que yo Jehová hablé y lo hice, dice Jehová”. Bueno, el propósito de la salvación es la gloria del Señor. La única razón, la única razón bíblica por la cual el Señor ha pasado cadáveres de muerte a vida es mostrar la abundante gracia, mostrar su carácter, enseñar que Él es un Dios de amor, enseñar que Él es un Dios poderoso, enseñar que ni siquiera la muerte tiene poder para oponerse a lo que Dios quiere hacer.
Termino con dos llamados. El primer llamado es un llamado a mis hermanos. Quizá has estado predicando el Evangelio guiado por tu propio ojo a las personas que tú entiendes que pueden ser salvas. Yo te aconsejo hacer lo mismo que hizo el apóstol Pablo; Pablo decía: “Ya yo no conozco a nadie según la carne”. Ya yo no confío en mi propio ojo para entender si uno es o no es. Un reto, hermano: predica el Evangelio, regálale una Biblia, mándale una porción de las Escrituras, lee con la Biblia a una persona que tú consideres que es como difícil, alguien que quizá avergüenza a Cristo de manera muy explícita, alguien que se burla de los cristianos, alguien que persigue la iglesia del Señor.
Hubo uno que era difícil, un hueso difícil de roer, hermano; humanamente hablando, para el Señor era Saulo. Y Saulo iba caminando rumbo a perseguir la iglesia en Damasco, y esa Palabra que fue la que levantó a los huesos secos se escuchó desde el cielo que dijo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. Y Saulo cayó al suelo y dijo: “¿Quién eres, Señor?”.
Llamado al oyente y preparación para la Cena del Señor
Hermano que está aquí presente, no prediques el Evangelio solo a la gente que tú entiendes que puede ser salva; predica el Evangelio al cadáver que está seco y confía en que el Señor es poderoso para salvar. Mantenga sus ojos ahí cerrados. Aquí hay personas que el Señor les ha permitido escuchar. Tú todavía no eres un cristiano, pero si el Señor te ha permitido escuchar, si tú has entendido la Palabra del Señor, tú has experimentado en este momento un fenómeno espiritual sobrenatural. En tus propios medios tú no podías entender Ezequiel 37, y si tú entendiste, esto significa que el Señor está operando en ti un milagro.
Dice la Escritura que a ti esto era locura en tu perdición, tú no ibas a entender esto. Si tú has entendido Ezequiel 37 significa que el Señor está abriendo la ventana de tu entendimiento, que el Señor te está permitiendo abrir los ojos. Mantengan sus ojos ahí cerrados. Si tú viniste hoy al culto cristiano, te sentiste bien, si le encontraste a esto un gustico extraño, si cosas que anteriormente a ti ni te iban ni te venían y ahora como que tú tienes el deseo de volver el próximo domingo, parece que el Señor está permitiendo que los tendones se junten con los huesos y que la carne venga sobre el cadáver.
Si acaso has sentido tú alguna emoción en tu corazón por la Palabra del Señor, en su perfección, en su sabiduría, en su capacidad creativa para hacer que el muerto se levante; si acaso tú has sentido hoy, el Señor no solamente quiere que tú entiendas, el Señor no solamente quiere que los tendones estén puestos, el Señor no solamente quiere devolver carne al cadáver, el Señor quiere que venga su Santo Espíritu desde los cuatro vientos y sople. Santo Espíritu de Dios, sopla en aquellos que todavía no tienen vida; Santo Espíritu de Dios, sopla en aquellos a quienes ya pusiste carne; Santo Espíritu de Dios, sopla en aquellos en quienes has permitido que se abra su entendimiento.
Si tú entendiste, si tú sentiste, si te sentiste bien en el culto cristiano, el Señor parece que en ti está haciendo un milagro. Tu muerte te llegó por tu rebelión y dice la Escritura que si confesamos nuestros pecados, si admitimos nuestra putrefacción, si reconocemos nuestra verdadera condición, si en vez de maquillarnos reconocemos que estamos muertos, si confesamos nuestros pecados, dice que nuestro Señor es fiel y es justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.
Si tú has oído, hueso seco, la Palabra del Señor predicada, si has oído, hueso seco, “huesos secos, oíd Palabra de Jehová”, que has oído Palabra de Jehová, yo te invito a que lo primero que hagas con tus labios, lo primero que expreses, sea: “Señor, te pido que perdones mis pecados, que me pases de muerte a vida, que me aceptes como un hijo tuyo”. No hay un patrón perfecto para orar, pero hay una actitud correcta, y son actitudes de profunda humillación, de reconocimiento y de reverencia. Dile al Señor ahí donde estás: “Señor, por tu misericordia he podido oír, por tu misericordia he podido escuchar, por tu misericordia siento que puedo moverme por primera vez. Te pido que perdones mis pecados, que no solamente me permitas escuchar, sino que me hagas un hijo tuyo”.
Eso significa el bautismo, significa que hemos pasado de muerte a vida, y todo cristiano está llamado a bautizarse. Dice asimismo la Escritura que el que creyere en el Señor, el que pusiera en Él su confianza y fuere bautizado será salvo. Será un placer para mí recibirte en los caminos del Señor, acompañarte a través del bautismo y que puedas glorificar al Señor y unirte a este ejército, a esta multitud de cadáveres que se levantaron por la misericordia del Señor.
Mira esta congregación aquí reunida, Señor, bendícela con todo tipo de bendición. Mira los elementos, Señor, mira el pan, mira el vino. Te pido que nos ayudes con lo que puedan acercarse con pan y con vino. Te pido, Señor, que… Mantén tus ojos ahí cerrados, hermano, y recordemos que por la misericordia del Señor la vida se ha devuelto a nosotros. Todos los hermanos de nuestra iglesia bautizados están invitados a participar del pan y participar del vino, y todas las personas que todavía no han sido bautizadas están invitadas a presenciar este momento.
Medita ahí en la Palabra del Señor, medita en tu anterior condición. Recuerda que estabas muerto y ahora vives. Presentemos al Señor el pan y el vino, para que nuestros diáconos nos ayuden haciendo llevar los elementos a todos los hermanos y después participemos. Después de exponer tu Palabra, Señor, e invitar a las personas que están aquí presentes a que se unan a este ejército de gente que se fue levantando, ahora nosotros, Señor, que hemos sido bautizados y que hemos sido introducidos a un nuevo pacto, te recordamos por medio de estos elementos simbólicos. Bendice, Señor, el pan, bendice el vino. Sobre todo, Señor, bendice nuestras conciencias con paz y permítenos participar de uno y del otro con convicción y con tranquilidad. Lo presentamos en el nombre de Jesús. Amén.