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Entendiendo el ministerio de la Palabra

Hechos 6:1-7

No basta con tener una Biblia, ni con leerla, ni siquiera con obedecerla: el ministerio de la Palabra requiere ver a Cristo en la Escritura. Predicado el Día Nacional de la Biblia, el mensaje define en qué consiste el trabajo de una iglesia y lo separa de la filosofía y del moralismo, para después mostrar tres cosas en Hechos 6: evitar las distracciones, colocar la Palabra como prioridad y esperar gran fruto.

Predicado27 de septiembre de 2026
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Tenemos el gozo de celebrar hoy el Día Nacional de la Biblia, y qué privilegio que también coincida con que es el Día del Señor. Acompáñenme a Hechos capítulo 6, para considerar desde aquí en qué consiste el ministerio de la Palabra. Es el libro de los Hechos, en el capítulo 6, desde el versículo 1 y hasta el versículo 7.

Doy un chance para que todos puedan buscarlo. Usted tiene quizás una Biblia en sus manos, probablemente la tiene en su celular, en un aparato electrónico. Tener un ejemplar de la Palabra del Señor es un gran privilegio. Quisiera que hoy vayamos un poco más profundo y que comprendamos que no basta con tener una copia de la Sagrada Escritura. Voy aún más allá: no basta con que usted lea la Sagrada Escritura. Y voy aún más allá, hermano. Tampoco es suficiente con entender, con obedecer, o con cambiar nuestro comportamiento después de haber leído la Sagrada Escritura. Es mi deseo que usted entienda qué significa el ministerio de la Palabra, y el ministerio de la Palabra requiere que usted vea a Cristo en la Escritura.

Dice así la Palabra del Señor, Hechos capítulo 6.

En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquellos eran desatendidas en la distribución diaria.

Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos y dijeron: No es justo que dejemos la palabra de Dios para servir a las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra.

Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía; a los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos.

Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe.

— Hechos 6:1-7

Leo de nuevo el versículo 4. Y nosotros, decían los apóstoles, persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra. Pueden sentarse, mis hermanos.

En qué consiste el trabajo de una iglesia

Quisiera aprovechar hoy, Día Nacional de la Biblia, para mostrar a mi iglesia en qué consiste el ministerio de la Palabra. Ayuda mucho, en cualquier proceso, que la persona que participa en ese proceso entienda lo que está sucediendo. Es como un procedimiento médico en el cual se explica lo que se hará, por qué se hará y cuál es el propósito del tratamiento. Es la predicación del evangelio: una gran cantidad de creyentes se expone a la predicación de la Palabra, pero muchos son los creyentes que siguen sin entender bien qué es lo que estamos haciendo como iglesia.

Usted le pregunta a una persona en qué consiste el trabajo de una iglesia, y probablemente la persona le diga que el trabajo de una iglesia consiste en coordinar cultos para Dios. Y eso es quizás una parte del trabajo de una iglesia. Pero ¿en qué consiste el ministerio de la Palabra? Es lo que Cristo, a través de las Escrituras, está procurando hacer en ti. ¿Por qué te exponemos a las Escrituras? ¿Por qué estoy yo en este momento predicando Hechos capítulo 6?

Por un lado están los que asumen que el propósito del ministerio de la Palabra es simplemente lograr que la gente conozca el contenido. Es importante que usted conozca la Sagrada Escritura, pero lo que estamos tratando de hacer con tu alma es un poco más profundo a que tú solamente conozcas las Sagradas Escrituras. De hecho, hay cantidad de personas que conocen bien las Sagradas Escrituras y permanecen muertos en sus delitos y pecados. De forma tal que si como iglesia logramos que tú seas ducho en el conocimiento de las Sagradas Escrituras, habremos alcanzado quizás una parte del propósito de la iglesia, pero ese no es el ministerio de la Palabra: requiere algo más. Damos estudios bíblicos, damos discipulados, reuniones pastorales, consejería, mucha predicación. Pero ¿para qué lo hacemos?

Por otro lado están quienes asumen que el propósito es solo cambiar el comportamiento de la gente. Y tú dices: lo estamos logrando, porque ya yo hago esto o no hago lo otro. Ay, hermano, el propósito de la iglesia no es cambiar el comportamiento de la gente. Tu vida podría estar mejorando y tú persistir en tus delitos y pecados. Hay cantidad de gente que no está yendo a una iglesia y su vida está mejorando. De forma tal que si tú asumes que el trabajo de una iglesia es solamente impactar el comportamiento de la gente, tampoco has alcanzado el propósito del ministerio de la Palabra.

Miren: conocer muy bien el contenido sin una transformación que sea real y desde adentro se llama filosofía. Y los filósofos tienen mucho trabajo; ahora le llamamos influencer, pero al final es contenido. Intentar cambiar el comportamiento de la gente sin afectar el corazón se llama moralismo, y el evangelio es otra cosa. Cuando los apóstoles de Jesucristo decían «y nosotros persistiremos en el ministerio de la palabra», no estaban pensando en seguir transmitiendo contenido: estaban pensando en algo más.

La mejor definición que alcanzo

Hoy veremos en qué consiste verdaderamente el ministerio de la Palabra, lo cual es mucho más profundo que solo transmitir contenido o modificar el comportamiento. Quiero ofrecerle la mejor definición que también alcance, a la luz del libro de los Hechos. El libro de los Hechos comienza con una gran verdad, y es que Dios se reveló en Cristo y está salvando a los hombres. Comienza con una verdad que viene desde los evangelios: que nuestro Señor Jesucristo se hizo hombre, fue clavado en la cruz del Calvario, pagó el precio de nuestros pecados y le encomendó a los apóstoles que predicaran su evangelio. Es la buena noticia del evangelio de Jesucristo, que nos dice que Dios quiere perdonar nuestros pecados, cambiar nuestra naturaleza, afectar el comportamiento como un testimonio y sobre todo afectar tu destino eterno.

El ministerio de la Palabra consiste en proclamar fielmente el evangelio de Jesucristo, para que por la fe en él las personas sean transformadas en su corazón, cambien su comportamiento y sobre todo aseguren su estado eterno. Lo que hace una iglesia no lo hace ninguna terapia. Lo que hace el evangelio de Cristo no lo hará por tu alma ningún psicólogo.

Aguánteme aquí, hermano. Líbreme el Señor de desacreditar a los médicos, a las escuelas, a los psicólogos, a las fuerzas armadas, a la Policía Nacional, al cuerpo de bomberos y a la junta de vecinos de por su casa. Ay, hermano, pero si como iglesia tratamos de hacer lo mismo que hace por la gente el Estado, lo mismo que hace por la gente los cuerpos del orden, lo mismo que hace por la gente un buen profesor que yo tuve en primaria, hemos perdido el rumbo. Nuestro trabajo es el ministerio de la Palabra, y el ministerio de la Palabra comienza con la proclamación de Jesucristo.

Y si alguien fue hoy a mi iglesia, y la iglesia intentó afectar su comportamiento pero no le presentó a Cristo, la iglesia perdió el rumbo, porque el ministerio de la Palabra requiere proclamar fielmente a Cristo. Que era lo que estaban haciendo los apóstoles en el libro de los Hechos: estaban proclamando el evangelio de Jesucristo, y dondequiera que el evangelio de Cristo estaba siendo proclamado, por el poder de Dios esto hacía sentido para la gente, y la gente cambiaba su comportamiento. Pero si tú me dices que está cambiando y no está cambiando a causa de Cristo, lo estamos haciendo mal.

Wow, pero es que yo estoy viniendo a la escuela bíblica y ahora ya yo conocí todo el Nuevo Testamento. Miren, Génesis ya yo lo manejo así. Tú puedes manejar desde Génesis y hasta Apocalipsis y persistir muerto en tus delitos y pecados, pues leer las Escrituras no salva: Cristo salva. Y el ministerio de la Palabra consiste en predicar a Cristo para la salvación de tu alma. Por lo cual los apóstoles dijeron: hay muchas cosas que se pueden hacer, hay problemas con la distribución del pan, pero nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la Palabra. Lo leo de nuevo, hermano.

El ministerio de la Palabra consiste en proclamar fielmente el evangelio de Jesucristo, para que por la fe en él las personas sean transformadas en su corazón. Ese profesor admirable que todo el mundo tuvo alguno no cambia el corazón: lo cambia de afuera; Cristo lo cambia de adentro. Hay experiencias que son profundas, que la gente vive, un retiro espiritual, algo trascendental, y se te cambió desde adentro, pero no a través del evangelio de Jesucristo. Tampoco es el ministerio de la Palabra.

Ah, hermano, quisiera yo ahora ponerle a ustedes cierta hambre, para que dondequiera que ustedes vayan digan: eso está bien y todo, pero eso no es el ministerio de la Palabra. Quisiera que usted entienda el ministerio de la Palabra, de forma tal que evitemos distracciones para el ministerio de la Palabra, que establezcamos prioridades en el ministerio de la Palabra y que esperemos un gran fruto mientras desarrollamos el ministerio de la Palabra. Yo quisiera mostrarles qué es lo que estamos haciendo como iglesia.

Podemos evitar distracciones

Nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra. Miren, el Señor salió a salvar, y desde que Cristo fue clavado en la cruz del Calvario el evangelio de Jesucristo está siendo proclamado. Eso es una fuerza incontenible. Pero, como todas las fuerzas, puede tener cierto estorbo. Y el estorbo no es suficiente para detener el poder del evangelio, pero hay asuntos que distraen a la iglesia de la predicación del evangelio.

Nosotros no podemos clavar a Cristo de nuevo en una cruz, pero podemos lograr que todos los hombres vean claramente a Cristo, o por lo menos quitar el estorbo que hace que los hombres no vean a Cristo. ¿Para qué la iglesia abre sus puertas un domingo? Para que las personas vean a Cristo. Y si hemos cantado alabanza, y si hemos tenido dramatizaciones, y si hemos tenido explicaciones de textos, pero las personas todavía no han visto a Cristo, le estamos haciendo un flaco trabajo a la predicación del evangelio. Nosotros no podemos hacer que Cristo sea más glorioso de lo que Cristo ya es, pero podemos hacer lo posible para quitar los impedimentos.

¿Y cuáles son los impedimentos? Dicen ellos: no es justo que nosotros dejemos la Palabra para servir a las mesas. Había una controversia en la iglesia que estaba trayendo distracción. Dice al principio, estoy en el 6, versículo 1, que en aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquellos eran desatendidas en la distribución diaria. Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos y dijeron: no es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios para servir a las mesas.

Lo que están diciendo es: hey, están distrayendo. Yo sé que hay quejadera y todas las cosas, pero están afectando lo que estamos haciendo. Ustedes se dan cuenta de que estamos predicando la Palabra, Cristo está siendo proclamado, y ustedes con su murmuración, ustedes con sus controversias intestinas, están afectando la predicación del evangelio. Ay, que vamos a hacer, que tenemos hambre. Es que hay algo más valioso que tu hambre que está sucediendo en este momento: Cristo está siendo proclamado.

Iglesia, tenemos que hacer los trabajos, tenemos que proclamar a Cristo, y al mismo tiempo tenemos que evitar la distracción para el ministerio de la Palabra, porque lo más importante que la iglesia está haciendo es presentar a Cristo. Y si alguien vino a la iglesia del Señor y a causa de nuestras distracciones no vio a Cristo, le estamos haciendo un flaco trabajo al ministerio de la Palabra.

El evangelio avanza sobre todo obstáculo

Interesante lo que están diciendo: esto es un obstáculo. Miren, el libro de los Hechos va avanzando, y la idea central del libro es el avance del glorioso evangelio de Jesucristo sobre todo obstáculo. Cristo está siendo predicado, y cuando Cristo está siendo predicado, dice Hechos 1:8 que me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra. Pero cada vez que la iglesia sale a proclamar a Cristo, algún estorbo aparece.

Apareció, por ejemplo, en Hechos capítulo 4, el obstáculo de la intimidación. Los líderes religiosos llamaron a los apóstoles y les prohibieron que hablaran del evangelio de Jesucristo. ¿Y qué dijeron ellos? No podemos dejar de decir aquello que hemos visto y que hemos oído. Tu intimidación no será lo que detenga el evangelio de Jesucristo. Ay, hermano, pero el diablo no coge pausa. Y en Hechos capítulo 5, del 1 al 11, el obstáculo fue la hipocresía y la corrupción que estaba buscando desacreditar el mensaje: aparecieron unos cristianos que comenzaron a simular generosidad y demás, y el Señor intervino para quitar ese obstáculo también.

Pero después apareció la violencia ya directamente. Ya no solamente estaban tratando de acallar el mensaje, sino que la violencia era cruenta. ¿Para qué? Para atemorizar a los mensajeros. Y el evangelio seguía creciendo. Y lo que no pudo hacer la controversia, lo que no pudo hacer la herejía, lo que no pudieron hacer las autoridades, entonces ahora las luchas intestinas de la iglesia lo estaban logrando. Y ahora el obstáculo era la distracción, que estaba buscando desenfocar a la iglesia.

Este reclamo que había aquí era un reclamo legítimo. La respuesta de los doce demuestra que aun los asuntos válidos, como las obras de misericordia o la atención de las tensiones culturales, pueden convertirse en una gran, gran distracción para el avance del evangelio. Por eso ellos le dicen: no es justo. Hermano, estamos predicando a Cristo, y cada vez que nosotros permitimos que nuestros intereses secundarios se conviertan en el asunto principal, estamos distrayendo el ministerio de la Palabra.

Hay alguien aquí hoy que necesita a Cristo. Y cada vez que tú distraes al pueblo del Señor para que deje de mostrarle a Cristo, tú haces que la atención se centre en ti. Y tú no salvas: Cristo salva. Ay, hermanos, si tú no vas a predicar a Jesucristo, por lo menos trata de no distraer demasiado, para que la gente pueda ver a Cristo. Y hay cantidad de personas que salieron hoy con la necesidad de ver a Cristo, y probablemente nuestra nube, probablemente nuestro humo está haciendo que las personas no vean lo que tienen que ver.

Lo que le están diciendo los apóstoles es: hey, nosotros estamos haciendo algo importante en este momento, estamos atendiendo el ministerio de la Palabra, y ustedes, por sus tensiones culturales, por sus luchas intestinas, por buscar el favor, que si a mí, que si a ti, están distrayendo el asunto. Comienzo a aplicar desde ahora, hermano: tú podrías facilitar el ministerio de la Palabra evitando las distracciones.

Tú vas a decir: pero eran viudas, pero eran alimentos, pero misericordia, y tenemos también que tener buen testimonio. Hermano, todo eso es verdad, pero Cristo está siendo predicado. Pon tu necesidad en perspectiva. Considera si tu necesidad particular es realmente más importante que el avance del glorioso evangelio de Jesucristo, pues hay cosas que nosotros podemos soportar, administrar o hasta ignorar por amor a Cristo. Eh, pero yo no he comido todavía, ustedes saben.

Yo creo que una iglesia sabia proclama a Cristo y evita la distracción, las dos cosas. Una iglesia que entiende la prioridad de la salvación de las almas dice: wow, yo quisiera que esa persona vea a Cristo tan claramente como yo lo estoy mirando. Y si lo que va a impedir que esa persona vea a Cristo son mis controversias, entonces yo puedo poner mi controversia en pausa. Y si como iglesia viviéramos a la luz de esta realidad, yo creo que el evangelio florecería en medio de nosotros. Para que florezca, tú debes entender: el hermano me pisó, pero mi dedo no importa más que la salvación del vecino que está hoy congregado. Y si esa persona necesita hoy ver a Cristo, yo puedo soportar eso por amor a Cristo.

Pues si a los apóstoles los estaban dando por muertos, los estaban apedreando, y el evangelio se seguía predicando, la verdad, hermano, es que nuestras situaciones no son tan importantes como parecen. De aquí a quinientos años nuestros conflictos internos probablemente no sean tan importantes, pero Cristo debe ser proclamado. Quizás tú no estás predicando ahora mismo a Cristo, pero tú podrías evitar la distracción. No seas tú la distracción.

Desde la manera en que te congregas hasta tu puntualidad, tu reverencia o tus reclamos, públicos o callados, podrían ser la distracción, pues aun lo más superficial puede convertirse en un estorbo para que alguien se enfoque en la cruz de Cristo. Yo creo que un creyente sensible al ministerio de la Palabra buscaría la manera de que todo el mundo pueda ver a Cristo. Vamos a dar un estudio bíblico: desde la actitud de oración hasta la reverencia. Tú no solamente quieres tu edificación, tú quieres que esas personas escuchen lo que ahí se está diciendo.

Qué hermoso el creyente maduro, que cuando Cristo está siendo proclamado guarda cierto silencio reverente en oración y dice: Señor, permite que alguien aquí hoy vea a Cristo. Hay muchos mensajes que se pueden escuchar cada semana, la gente va de una distracción a la otra, pero en este momento, de manera providencial, Cristo está siendo proclamado y alguien puede ver a Cristo. Y un creyente sensible no anda diciendo «yo tengo hambre, está repartiendo y a mí no me ha llegado», sino que un creyente sensible dice: aquí está Cristo y está siendo predicado. Mi alma necesita a Cristo, su alma necesita a Cristo. Alguien necesita ver a Cristo. No seas tú la distracción para que alguien lo vea.

Estamos cantando alabanza, hermano. ¿De qué se trata la alabanza? De que alguien vea a Cristo. Estamos congregados porque estamos congregados en el nombre de Cristo. Estamos predicando. ¿Por qué predicamos? Porque queremos proclamar a Cristo. Ay, pero es que yo estoy muy cansado. Yo sé, pero estás haciendo una distracción. Cada vez las cosas más superficiales son utilizadas por el enemigo de las almas para que alguien no vea a Cristo. Yo tengo sed en este momento, entonces yo tengo que pararme. Hermano, sé sabio: está sucediendo algo de tremenda importancia en este momento, Cristo está siendo claramente proclamado y alguien necesita ver a Cristo.

Facilita el trabajo a los obreros. Si una iglesia es un ejército, aquí todo el mundo sabe quién es el que está peleando. Toda la membresía de una iglesia debe conocer su liderazgo, en el nivel más alto y en el nivel intermedio, para estar disponible y facilitar su labor, porque el liderazgo de una iglesia lo que está tratando es de que Cristo sea proclamado.

Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos y les dijeron: no es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios para servir a las mesas. Hermano, entienda que hay aquí un reclamo, y sobre todo entienda el reclamo de la Palabra del Señor. Pero tú no estás mirando que a aquellos sí y a nosotros no; yo lo que estoy mirando es que aquí todavía hay gente que necesita a Cristo. Y mientras tanto las personas necesiten a Cristo, deberíamos hacer todo lo posible, más que porque lleguen los alimentos, porque llegue Cristo a la vida de alguien más.

Hay un lugar legítimo. Es verdad que hay cantidad de cosas que tú podrías soslayar, que tú podrías poner tu necesidad en perspectiva, que tú podrías no convertirte tú en la distracción, que tú podrías facilitar el trabajo de los obreros que están haciendo el ministerio de la Palabra. Todo eso es verdad. Pero por otro lado también es sabio mejorar nuestro ministerio con las mesas, para evitar distracciones en el ministerio de la Palabra.

Los apóstoles primero les reclamaron, con prudencia, hermano, porque no da que los apóstoles le dediquen una quejadera también. Han visto ustedes a otra persona que es más madura pero aterriza al nivel del otro, y en vez de subsanar un conflicto lo que hace es que lo aumenta. Lo que dijeron los apóstoles, hermano, es lo que están haciendo. Perdóneme el Señor si estoy poniendo yo más palabras donde no las hay, pero yo lo que siento en la expresión es que están exagerando un poco y están siendo inapropiados. Estamos haciendo el ministerio de la Palabra y eso se está convirtiendo en una distracción. Ayúdennos.

Pero por otro lado les dijeron: buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos este trabajo. Tenemos que hacer las dos cosas: administrar la quejadera, administrar los caprichos, administrar nuestras emociones, para que Cristo sea visto por todos los hombres, y al mismo tiempo mejorar en todos los aspectos de nuestro ministerio, de forma tal que haya poca distracción. Hermano, yo me gocé hoy de cómo sucedió la Feria de la Biblia: con cierto orden, todo el mundo estaba enfocado en que se entienda el mensaje; esos niños que estaban presentando, hermano, estaban presentando, y los adultos tenían una actitud reverente. Es sabio mejorar en nuestro ministerio con las mesas. No creo que esto deba ser solamente un «no, hermano, mire, no haga eso, no se queje». No, no es eso. Cada cosa tiene su momento, y mientras mejor podamos hacer la operatividad de una iglesia, más espacio habrá para que la persona vea a Cristo claramente.

Y gran parte de lo que distrae el evangelio de Jesucristo son los ministerios mal llevados, donde hay controversia, donde hay división. Podemos crecer en excelencia, en capacidad, en liderazgo, en armonía, en paciencia, en orden, y eso también es un trabajo espiritual. Gente que piensa como que lo espiritual es solamente abrir la Biblia y predicarla. No: también es espiritual atender las mesas. De hecho, estos diáconos que aparecieron aquí no eran hombres prácticos, eran hombres espirituales. Escuchen la característica: buscad de entre vosotros a siete varones, primero de buen testimonio, después llenos del Espíritu Santo, también de sabiduría, a quienes podamos encargar este trabajo. Para crecer en cualquier área hacen falta disposición, buen testimonio, llenura del Espíritu Santo, sabiduría y niveles de responsabilidad.

El evangelio es prioridad

He estado hablando, hermanos, en primer lugar, de que podemos evitar distracciones para el ministerio de la Palabra. Voy ahora del 4 al 6 y quisiera mostrarle a la iglesia que el evangelio es prioridad. Dice el versículo 4: y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra. Persistiremos. La palabra importa: persistir. El que está persistiendo, el que está tratando de hacer algo, entiende que eso que está haciendo es tan importante que él no se va a dejar mover. Nosotros vamos a seguir haciendo lo que estamos haciendo. Hace falta que una iglesia priorice el ministerio de la Palabra.

Y hay cierta lucha siempre porque una iglesia se vuelva más práctica. Yo recuerdo que al principio de un ministerio yo anhelaba ser el pastor más práctico de esa ciudad. Yo quería siempre predicar un mensaje que la gente pudiera vivirlo en la tarde, que sea accionable. ¿Cuánto ha cambiado mi perspectiva, hermano? Ya yo no quiero ser un pastor práctico. Yo no te quiero dar una tarea para que tú hagas. Yo quisiera que todo el que salga de aquí salga con la idea de que Cristo hizo algo por su alma. Y en vez de llevarte a ti a que seas una persona práctica, que hace cosas prácticas, yo te quisiera llevar a que seas una persona de convicción, que pongas tu fe en la obra de Jesucristo en la cruz del Calvario. Porque lo que mueve la iglesia es el evangelio, y el evangelio no se trata de lo que tú hiciste, sino de lo que Dios hizo en la cruz.

Ay, pero ¿y por qué es que siempre están predicando en la iglesia? Hay gente que dice: a mí me gusta todo lo de la iglesia menos la predicación, ¿por qué es que me aburro? Bueno, sabes que yo también escucho mensajes, y es que exponerse al ministerio de la Palabra es duro. Y yo también escucho mis sermones, y a veces los escucho haciendo ejercicio. Cuánto habla, que es algo. ¿No puede ser un poquito más divertido? Es que el pecado no es divertido.

Lo que Cristo estaba haciendo en la cruz no era entretenernos: él estaba pagando. Era una diligencia financiera, era una diligencia legal, era una diligencia moral. Son papeles largos. El cúmulo de tus pecados estaba siendo clavado en una cruz. Yo no tengo la manera de hacer eso divertido. ¡Wow! Pero ahora, lo más entretenido, globito, globito, emoji, emoji. Cristo está siendo clavado en la cruz del Calvario para el perdón de tu pecado. Eso es tan serio como serio es. Pero es que eso como que no tiene chiste. Tu pecado no es un chiste. Tus defectos morales delante de Dios no son un chiste.

Wow, pero es que si al culto le quitáramos eso del ministerio de la Palabra, yo traería a todos mis amigos a que vengan. Hay lugares en esta ciudad donde tú podrías llevar a tus amigos, pero hay lugares en esta ciudad donde tú podrías llevar a tus amigos a que sean expuestos al evangelio de Jesucristo, y eso es la iglesia. Y quitarle a la iglesia el evangelio es quitarle a la iglesia todo su poder. Si a mí no se me permitiera predicar el evangelio, yo sería el primero que no haría este trabajo.

Porque para mí no es interesante dar clases, para mí no es interesante cambiar el comportamiento de la gente. Yo no creo que la gente cambie así, por sus buenas ganas; soy pesimista respecto de eso. Ahora, yo creo que el glorioso evangelio de Jesucristo cambia el corazón del hombre, impacta el comportamiento del hombre y sobre todo cambia su estado eterno. Y por eso predico a Cristo, y a un Cristo clavado en la cruz del Calvario, que esto quizás no sea la cosa más emocionante del mundo, pero es la cosa más necesaria. Esto es proteína para tu alma. Por eso cuesta.

Oye, ¿y por qué es que a mí me da tanta lucha exponerme al ministerio de la Palabra? Porque es que nadie quiere que le muestren cuál es su condición. Pero tú estás en el lugar donde te vamos a mostrar tu condición, para que cuando tú veas tu condición puedas ver cuál es el tratamiento de Dios para la condición del hombre. Quítale a la iglesia el evangelio y la iglesia no tendrá nada que hacer. Si no fuera por el ministerio de la Palabra, existen cientos de proveedores que podrían hacer mucho mejor el trabajo secundario de la iglesia.

Pero es que tenemos que hacer misericordia. Hermano, podemos hacer misericordia, pero es un asunto muy secundario; lo que no podemos dejar de hacer es el ministerio de la Palabra. Me llamó la atención que el cien por ciento de los apóstoles de Jesucristo siguió en el ministerio de la Palabra. Dijeron: busquen ustedes a alguien que haga eso, porque nosotros persistiremos. Para nosotros esto sí importa.

Todo lo que la iglesia no puede delegar

Bueno, pero la iglesia tiene que tener algún nivel de asistencia social. Para eso existen gobiernos, fundaciones, oenegés, que hacen el trabajo mejor que nosotros. Lo que no va a hacer ningún gobierno es predicar a Cristo. ¿Y la salud emocional de la gente, eso no importa? Hay coaches, motivacionales, psicólogos, terapeutas que te pueden ayudar a sobrellevar tus conflictos. La iglesia te va a dar el mensaje de Dios y te va a mostrar cuál es la única respuesta para sanar el problema grave que hay entre tú y Dios. Eso no es motivacional. No, no es motivacional: es real. El conflicto principal del hombre no es su niño interior; el conflicto principal del hombre es su naturaleza pecaminosa, que produce pecado. Y el pecado acarrea condenación.

Bueno, deberíamos también tener un aspecto de educación, ¿sabe?, porque a la gente hay que formarla. Hay escuelas, hay guarderías infantiles. Si nuestro ministerio de niños lo que está tratando es de entretener y guardar, yo le diría que hay cantidad de guarderías donde ustedes podrían llevar a sus hijos. Pero no se trata de eso. Se trata de predicar a Cristo a cada generación, predicar a Cristo a todos los hombres. Y cada vez que usted le quita a Cristo a la iglesia, usted se está igualando a cualquier institución de este mundo; y cuando usted se iguala a cualquier institución de este mundo, entonces perdimos el rumbo.

Cultura y esparcimiento. ¡Wow! A mí me gustan las canciones, dice la gente. Te debe gustar el contenido de esa canción. Si la canción te lleva a Cristo, entonces es parte del ministerio de la Palabra; pero si la canción solamente te entretiene, hay cantidad de canciones que a mí también me entretienen, pero no le hacen a mi alma lo que el evangelio le hizo a mi alma. Restaurante, cafetería, evento, espectáculo, luces, humo y toda la cosa. Pero eso no salva: Cristo salva. Y lo que hace distinta a la iglesia, hermano, no es que estén mal las luces, no está mal el diseño interior, hay un aspecto cultural del cristianismo que importa mucho, hay arte.

Mira, a mí lo que me gusta cuando yo vengo a la iglesia es el saludo de la gente, el hecho de ese abracito. Qué bonitos son ustedes, dice la gente. Si tú no entiendes que eso es el amor de Cristo que ha sido derramado en nuestros corazones, hay Club Activo 20-30, Club de Leones y muchas otras instituciones más donde usted podría militar. O la junta de vecinos de por su casa.

Lo que te estoy mostrando, hermano, es que el ministerio de la Palabra es lo que nos hace iglesia. Lo que te estoy mostrando es que el ministerio de la Palabra es la razón por la cual nosotros deberíamos esforzarnos como iglesia. Que si estamos haciendo este esfuerzo y estamos dejando a Cristo atrás, esto es un aparataje que no tiene sentido alguno, y que no cambia el destino eterno de la gente ni cambia tampoco la condición de su corazón. La iglesia tiene una herramienta, que es Cristo, que cambia el corazón y cambia el destino eterno. Y si tú solamente puedes impactar el momento de la persona, entonces has perdido tu rumbo, porque como iglesia frecuentemente no vemos a la gente cambiando en su momento, pero hemos cambiado su estado eterno.

Ah, pero es que ellos son cristianos, pero mira, por mi casa tenemos una liga de softball donde la gente es más unida que en esa iglesia. Te lo aconsejo, de verdad: hay cantidad de ligas de softball que son muy dinámicas, y hay cantidad de iglesias que no tienen dinamismo. Pero yo prefiero compartir con aquellos que son los santos de Cristo, que tendrán esperanza de vida eterna, y que cuando tengamos un cuerpo glorificado vamos a poder jugar softball en mejores condiciones, que dedicar tiempo a otras cosas que no cambian el estado eterno.

Todo esto, hermano, es la convicción del apóstol Pablo. Decía él: porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden, pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Te pregunto directamente, hermano: ¿tú realmente crees que el ministerio de la Palabra es poder de Dios para ti? Porque te podemos poner par de luces, bombillito de colores. A mí no me preocupa que el mundo ande buscando los bombillitos; me preocupa, hermano, que tu alma todavía esté deseando esas cosas, porque antes tú tuviste muchos bombillitos y no encontrabas sosiego, no encontrabas satisfacción, no encontrabas plenitud.

Pablo estaba interactuando con un hombre llamado Agripa, y entonces Agripa le dijo a Pablo: por poco me persuades a ser cristiano. Yo siempre leía eso como que él le estaba diciendo «casi mente me estoy convirtiendo». Los mejores traductores dicen que no significa «por poco» en el sentido de estar a punto de convertirse, como un casi, sino en poco tiempo, con tan pocas palabras o con tan poco esfuerzo. Lo que está diciendo es: eso está muy flojo. Lo maravilloso de esto es que algo que parece tan flojo a ti te hizo sentido. ¿Y saben por qué te hizo sentido? Porque esto es poder de Dios para la salvación de todos aquellos que creen.

Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura. Eso es el ministerio de la Palabra. El ministerio de la Palabra no es entretenimiento, el ministerio de la Palabra no es activismo social. Los apóstoles dijeron: nosotros estamos haciendo misericordia, estamos sirviendo la mesa, y admitimos que podamos seguir sirviendo la mesa; lo que no podemos dejar de hacer es predicar a Cristo crucificado. Eso es el ministerio de la Palabra.

Yo quisiera asegurar a mi iglesia para que elija siempre las mejores cosas. ¿Qué requiere el ministerio de la Palabra? Exclusividad. Que haya gente que diga: hagan ustedes otra cosa, nosotros vamos a hacer esto. Entender que estamos haciendo un trabajo que es de suma importancia y con gran dignidad, de forma tal que no nos sintamos tentados a hacer otra cosa. Hay como cierta presión velada para que los ministros de la Palabra ahora se llamen algo más, porque pareciera que el evangelio es poca cosa. Y él solamente va a predicar la Palabra, entonces.

Oye, pero si él hiciera como un poquito de terapia familiar también, y sería un pastor terapeuta familiar, sería como más completo. Wow, él es muy bueno hablando, comunicando; mira, él fuera un buen asesor de negocios. Le hablo con todo el cuidado del mundo, mis hermanos: yo soy un pastor bivocacional, soy pastor y soy empresario. Pero líbreme el Señor de confundir la proclamación del evangelio con los negocios. Y si tú me estás buscando a mí y tu expectativa es que yo te dé una consultoría para tu empresa, yo te podría recomendar quince consultores mejores que yo, que te podrían ayudar en tu negocio. Lo que yo te quiero ayudar es a que vivamos juntos el ministerio de la Palabra.

¿Y está mal que un pastor sea empresario? No, hermano, para nada. Lo que está mal es confundir los medios con los fines. Mi trabajo empresarial va por un carril y mi trabajo pastoral va por otro carril, aunque tú seas la misma persona. Es que yo no estoy trabajando para que tú seas rico, yo estoy buscando que tú te asegures de aquí para la eternidad. Yo no estoy buscando evitar que tu negocio quiebre; yo lo que estoy buscando es que tu alma mantenga su integridad delante de Dios.

Un pastor celebridad, un pastor influencer, un pastor comediante, un pastor trabajador social. Usted puede, si usted puede, hágalo, hermano, pero no confunda las cosas. El ministerio de la Palabra tiene cierta dignidad. Si los apóstoles entendían que ni siquiera la misericordia debía competir con esto, hermano, no lo mezclemos. Hacemos misericordia, pero yo hablo con mis hermanos diáconos y les digo: líbrenos el Señor de intentar que por medio de la misericordia que se haga en nuestra iglesia se alcance la validez. ¿Y por qué tú estás aquí? Porque aquí me ayudan con los alimentos, porque aquí me ayudan con la salud. La razón por la cual usted debería estar aquí es porque aquí le proclamamos a Cristo, aquí le predicamos el evangelio de Jesucristo. La misericordia, el compañerismo y todo lo demás, hermano, todo eso tiene su lugar, pero no el lugar de Cristo.

Requiere cierta exclusividad. Dicen ellos: nosotros. Miren el doce: doce de doce de los apóstoles, la totalidad permaneció en el ministerio de la Palabra. Podemos hacer muchas cosas; lo que no podemos dejar de hacer es esto. Requiere persistencia, porque en un mundo de locos, donde la gente no ve a Cristo, para esa locura hay gente que dedica su vida a proclamar a Cristo. Fulano, pero tú tienes la plataforma, vamos a hacer en esa misma plataforma algo también, para que no sea solamente el evangelio y la religión y esas cosas. Es que esta es la cosa más importante. No hay otro trabajo que tenga más dignidad que este. No hay otro trabajo que tenga más urgencia que este. Tu alma no necesita otra cosa con más hambre que lo que necesita esto. Mucha gente te puede dar un pan, un plato de comida, pero los apóstoles de Jesucristo te daban a Cristo crucificado.

Hace falta oración. ¿Sabe por qué? Porque el ministerio de la Palabra es un asunto sobrenatural. Es la oración la que abre el corazón de los hombres, es la oración el recurso que el Señor nos ha dado para que clamemos a él, la dependencia del Señor para predicar el evangelio, sabiendo que la fuerza no está en nosotros ni en el mensaje, sino en aquel que nos envió. Cristo, cuando nos dio la comisión, dijo: toda potestad me ha sido dada en el cielo y en la tierra, por tanto, id y haced discípulos. Necesitamos orar porque yo no puedo hacer un discípulo. Tú estás aquí hoy y sientes que estás en condenación, y lo que te cambiará de condenación a esperanza es el poder del Señor para hacer que el evangelio haga sentido para ti. Y como mucho, yo puedo orar.

Señor, permite que alguien hoy pueda verte. Permite que alguien pueda reconocer su verdadera necesidad delante de ti. Ay, Señor, a aquellos que no pueden asirse de Cristo, dales esa capacidad sobrenatural para que por un momento puedan aferrarse a Cristo y puedan venir a ti en arrepentimiento y fe. Hermanos, necesitamos orar como iglesia, porque el ministerio de la Palabra es un asunto sobrenatural, de forma tal que dondequiera que hay alguien que abrió sus ojos, los abrió milagrosamente, providencialmente.

Lo que no es prioritario

Nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra. Hay cantidad de cosas que parecen prioritarias, y yo lucho con eso. A veces digo: wow, si como iglesia tuviéramos esto o aquello, pudiéramos hacer mejor lo que estamos haciendo. Estoy persuadido de que como iglesia tenemos todo lo que hace falta para lo que el Señor mandó a hacer. Solo lo leeré, por convicción, hermano, para que estemos en la misma página: ¿qué no es prioritario para el ministerio de la Palabra y qué sí es prioritario?

Miren, no es prioritario para el ministerio de la Palabra tener un lugar de reunión o templo propio. Líbrenos el Señor. Hablamos en la última reunión de miembros que estamos caminando como iglesia o a una mudanza, o a adquirir una propiedad, o a rentar una propiedad más grande. Líbrenos el Señor de confundir los bloques con el evangelio. Wow, y ahora sí, ahora sí vamos a poder. Si no podíamos antes, tampoco vamos a poder mañana. Agárrese de Cristo, proclamemos a Cristo, dependamos de Cristo. Cien o doscientos bloques no marcarán la diferencia: abajo de una mata de mango podemos proclamar a Cristo.

Un gran presupuesto financiero. Yo creo que ahora sí lo vamos a lograr, le pusimos dos ceros al presupuesto. Ay, no, hermano: póngale dos ceros más a su convicción. Confíe en Cristo, confíe en el poder de Cristo. Un predicador exactamente entrenado, un entorno favorable para la predicación del evangelio. Los apóstoles predicaban con la cabeza en la mano, con riesgo. Ahora sí vamos a poder predicar a Cristo. Una plataforma de medios, redes sociales, tecnología de punta, una congregación numerosa, el respaldo de las autoridades. La comodidad, la paz o la estabilidad personal del predicador: yo me siento ahora como más tranquilo, y por eso yo voy a predicar sermones que sean más impactantes.

Testifico, hermano, que cuando yo estoy más disminuido es que Cristo se ve más glorioso. Cuando a los apóstoles los dejaban por muertos en las afueras de la ciudad, se paraban de ahí y seguían predicando a Cristo, y Cristo salvaba. No depende de ti, depende de él. Y a veces el Señor utiliza sus instrumentos más disminuidos para hacer sus obras más grandes.

He estado mostrando en qué consiste el ministerio de la Palabra. El ministerio de la Palabra no es solamente leer la Biblia, no es solamente mostrar la Escritura: es mostrar a Cristo, es mostrar el poder de Cristo, es predicar el evangelio. Clarifico aquí, entre las mesas y la Palabra: había doce apóstoles dedicados exclusivamente a la Palabra, dice que persistirían en la oración y en el ministerio de la Palabra, pero esos siete que levantaron no era que solamente estaban dando panes y peces. Tenían calibre espiritual esos hombres. Pongo por ejemplo a Esteban y a Felipe, que sirvieron la mesa y también predicaron el evangelio.

El liderazgo de la iglesia no existe para otra cosa que no sea el ministerio de la Palabra, aunque algunos hagan un poquito más. Alguien me va a decir: no, es que yo soy diácono, yo no tengo que… El ministerio de la Palabra es para todos los creyentes. Tú quizás no tengas la responsabilidad de trazar la doctrina en la iglesia, probablemente no tengas la responsabilidad de exponer la Escritura todos los domingos, pero no hay nadie en una iglesia que no esté contribuyendo al ministerio de la Palabra. Somos todos la iglesia de Cristo. No hay un pueblo que atienda la Palabra y otro que haga lo demás: todos servimos a la Palabra, aunque algunos se dediquen exclusivamente a ella.

Le he estado mostrando a la iglesia, en primer lugar, que respecto del ministerio de la Palabra podemos evitar distracciones. También he estado mostrando a la iglesia que debemos colocar la Palabra como prioridad. Y si alguien le dice: mira, aquello que hicieron en la iglesia, como que no sé. La gente dice que hay iglesias que son de poder, hay iglesias que son de Palabra. Entonces, hermano, uno dice: Cristo es la Palabra. Es como que tú me digas que una iglesia es de Cristo, y la otra ¿de qué es?

Perdóname, hermano, que a veces como que hago cosas que parecen populares y demás, pero es que tenemos ya que madurar en otra conversación. Probablemente algunos de ustedes todavía están a nivel de estímulo, de que hay iglesias que son para mover a uno. Esta iglesia me gusta más porque aquí sí se predica la Palabra. ¿Y qué es lo que están predicando en las otras? No hay dos iglesias, no hay dos ministerios de la Palabra, no hay dos estéticas, no hay dos maneras. ¿Predicamos a Cristo o cerramos esto? Y si alguien le dice que mi iglesia como que no es tanto de la Palabra, entonces dígale: yo estoy buscando una iglesia que sea de Cristo, y Cristo es la Palabra. Escudriñad las Escrituras, decía él, ellas son las que dan testimonio de mí.

Podemos esperar gran fruto

Como iglesia podemos esperar un gran fruto mientras desarrollamos este ministerio, que es el ministerio de la Palabra. Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente. ¿Y qué era lo que estaban haciendo? Estaban persistiendo en la oración y en el ministerio de la Palabra. ¿Qué es lo que ocurre cuando realmente nos tomamos en serio el ministerio de la Palabra? Que el Señor bendice la proclamación de su Palabra.

Y tú dices: ¿qué fue lo que ustedes hicieron? Mostramos a Cristo. ¿Y qué fue lo que hicieron? Tratamos de no vernos mucho nosotros, para que Cristo sea más glorioso. ¿Y qué fue lo que hicimos? Administramos nuestras controversias, nuestros conflictos, nuestras quejas, para que Cristo pueda ser proclamado. Le dimos el prime a Cristo, pusimos a Cristo en el centro. Nos tomamos en serio la proclamación de Cristo. ¿Y qué esperamos? Un gran fruto. Dice que crecía la palabra del Señor.

Interesante: en Lucas, en diferentes versículos, vuelve y repite lo mismo. Y crecía la palabra, y crecía la palabra, y crecía la palabra. ¿Qué es esto de que crecía la palabra? Son evidencias de que la palabra del Señor está creciendo en nosotros. Tú te das cuenta de que entre nosotros está creciendo la Palabra porque el evangelio se aplica a todas nuestras expectativas, a todas nuestras circunstancias, aun al sufrimiento, a la incertidumbre, e informa todos nuestros proyectos. Tú te das cuenta de que ya tú puedes frasear el evangelio en todos los aspectos de tu vida.

Hay gente que todavía ve a Cristo los domingos. Hermoso es un creyente que ya vive a la luz del evangelio, que ya él puede ver el evangelio en el matrimonio, en la crianza, en el trabajo, en la cultura; que ya él no deja de ver a Cristo. ¿Por qué? Porque la Palabra está creciendo en medio de nosotros. Tomémonos en serio el ministerio de la Palabra y tú te vas a encontrar a Cristo ya no solamente los domingos: te lo vas a encontrar desde el lunes hasta el sábado, y también el domingo.

Hermano, cuando nos tomamos en serio el ministerio de la Palabra y de la oración, porque esto no es un asunto mecánico, crece el hambre por la Palabra, obedecemos, nos arrepentimos, buscamos más de Cristo. Qué hermoso es una gente que ya comió y quiere comer de Cristo de nuevo. Y este creyente que ya no sufre el ministerio de la Palabra, sino que desea el ministerio de la Palabra. Se me ocurre, hermano, y la comparación es un poco pobre para esto, pero recuérdese que en algún momento yo fui flaco y no comía, y después le cogí el gusto a la comida. Y vaya que le cogí el gusto a la comida, hermano. Hay quien es de mal comer hasta que aprende a comer. Hay un creyente que en lo espiritual es de mal comer hasta que se come a Cristo.

Y cuando él se come a Cristo, ya no se le quita el hambre de Cristo. Y mientras más Cristo se le da, más quiere de Cristo. Eso es porque crecía la palabra del Señor. Ay, hermano, que el Señor nos conceda un momento donde realmente, como iglesia, podamos tener mucha hambre espiritual. Y te van a decir: pero si acabas de comer. Es que tenemos más deseo de Cristo, más hambre de Cristo, más necesidad de Cristo. Eso es lo que produce cuando uno se toma en serio el ministerio de la Palabra: se despierta en nosotros un apetito espiritual, comenzamos a anhelar las cosas de arriba. El creyente que tiene, saborea. ¿Has visto a la persona que come a Cristo con gusto? No solamente come: come a Cristo con gusto, con la cuchara grande, y dice: dame Cristo. Cuando estamos cantando sobre Cristo, él canta a viva voz. Cuando se está hablando sobre Cristo…

Bueno, eso es el ministerio de la Palabra. La gente piensa que el ministerio de la Palabra es predicar sermones. No es así: es hablar de Cristo, es traer a Cristo a las conversaciones. Este jueves pasado fue feriado, pero yo tenía algunas reuniones pastorales que convoqué para este jueves, y fui a un lugar y compartí con unos hermanos. Hablamos de Cristo, nos gozamos de Cristo, y le dije a un hermano: mira, tengo que salir ahora porque tengo una reunión aquí cerca. Y fui a la reunión y junté las dos reuniones, hermano, y tuvimos dos horas y media hablando sobre Cristo. Eso es el ministerio de la Palabra, y llegó un momento en que tuvimos que irnos. Tú quieres hablar sobre Cristo, tú quieres comer a Cristo, tú quieres decir: dime de Cristo, cómo conociste a Cristo, qué hizo Cristo en ti.

Y crecía la palabra del Señor. Tú te das cuenta de que hay evidencia de que la palabra del Señor está creciendo entre nosotros porque todos los creyentes llegan a ser testigos de Cristo, y no solamente los líderes. Para ser un testigo de Cristo hace falta que realmente tú estés muy satisfecho en Cristo, porque las personas no son testigos de Cristo cuando todavía están comiendo otras cosas que no son Cristo. Pero mientras más resultado tú veas de tu satisfacción en Cristo, más tu entorno va a notar a Cristo y más tú vas a querer hablar de Cristo. Y eso te convierte en un testigo de Cristo. La misión deja de ser un evento y se convierte en parte de la vida. Ya no hay que hacer una jornada evangelística: tenemos vidas que son evangelísticas. Orar por los perdidos, hablar de Cristo, andar con los ojos abiertos. Las vidas transformadas impactan tanto que familiares y relacionados vienen a Cristo.

Dice: el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén. Tenemos que buscar una estrategia para el crecimiento de la iglesia, y la gente junta sus deditos así: cinco libros, cuatro conferencias, diez charlas. La estrategia general para el crecimiento de la iglesia es que todos nosotros nos comamos abundantemente a Cristo, que todos nosotros estemos abundantemente en Cristo, que estemos completamente satisfechos en Cristo. No existió ningún programa ni estrategia particular. ¿Qué había? Enfoque, oración y ministerio de la Palabra. Eso había.

Cada vez que Cristo era predicado, todo el mundo veía a Cristo; y como las personas veían a Cristo, entonces eran cambiadas desde adentro, se comportaban de manera distinta a causa de que el corazón cambió, y sobre todo había cambiado su estado eterno. No fue algo programado. Aquí no hay una receta, esto fue providencial. He visto gente que quiere andar buscando siempre las recetas: ¿cuáles son los ingredientes?, cuatro marcas de una iglesia exitosa, cinco cosas que una iglesia tiene que hacer. Cristo. Tampoco había aquí una medida por los números; su orientación era la fidelidad, no el resultado. No era como que los apóstoles decían «hoy estamos multiplicando y por eso tenemos que vivir a Cristo». No: ellos anhelaban a Cristo, y el crecimiento fue el resultado natural.

Conversiones inesperadas

Interesante, un marcado interés en Jerusalén. Que el Señor lo haga en Santo Domingo, hermano, y por medio de nosotros. Termina el texto diciendo que también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe. Conversiones inesperadas. La conversión de gente inesperada confirma el poder de Dios para salvar a los hombres a través de Cristo. Si el Señor siempre salvara al que tú y yo entendemos que está listo, pareciera que esto es un asunto estadístico, no poder de Dios para salvación, y pareciera que no es locura. Esto es locura, porque los sacerdotes se estaban convirtiendo.

La oración y el ministerio de la Palabra podrían salvar a los hombres más indiferentes, a nuestros familiares que están endurecidos, a la gente que había sido anteriormente hostil a Cristo y a quienes nosotros humanamente no esperábamos. Los apóstoles quizás no estaban esperando que los sacerdotes vinieran a Cristo, pero también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe. Las barreras de estos hombres para obedecer la fe de Cristo eran enormes.

Yo estoy seguro de que tú tienes un familiar que tú quisieras que Cristo salve. Un hijo. Ya uno lo dice con cuidado, hermano, porque hay gente que ya no está esperando que los cónyuges se salven. Llega un momento en que la gente está tan frustrada que dice: ya yo se lo dejo al Señor. Y donde ya tú no estás esperando, el Señor lo hace. Entonces ya hasta los sacerdotes se están convirtiendo. Cuando un sacerdote se convertía, perdía su sustento económico, era expulsado de la sinagoga y vivía en un aislamiento social si la iglesia no lo acogía. Se rompía con el ritualismo, tenía que aprender el camino del Señor y sobre todo tenía que asumir una vida ordinaria. Y cuando el Señor comienza a salvar a la gente que nosotros no estamos esperando, tenemos que decir que vale la pena predicar a Cristo.

Evitar las distracciones, establecer prioridades y esperar mucho fruto. ¿Cómo se ve aquí el evangelio? El avance del evangelio se ve afectado por nuestras distracciones. Como su proclamación es la tarea prioritaria de la iglesia de Cristo, hacemos bien en quitar todo estorbo que impida que los hombres reciban la buena noticia del evangelio de Jesucristo. Y al hacerlo, por el poder del Señor para salvar, y no el nuestro, podemos esperar gran fruto. Hechos 6 parece hablar de la diaconía, de las mesas, de la organización, pero al final el enfoque está en que la palabra del Señor estaba creciendo en medio de ellos.

Oro por la iglesia, pero sobre todo oro por personas que hoy hayan visto a Cristo. Hermano, que el Señor nos conceda tener muchos domingos donde Cristo sea claramente proclamado, y hacer todo lo posible para quitar las distracciones y que las personas vean claramente a Cristo. Padre, gracias porque tu santo nombre hoy fue proclamado. Gracias porque nos concediste el espacio, el momento, la atención y el enfoque para que la gente pueda ver a Cristo.

Si hoy pudiste ver a Cristo

Hermano, únete a mí ahí en oración por un momento. Quizás mientras predico a mi iglesia hay alguien que hoy pudo ver a Cristo. Quizás alguien dice: yo no lo veía, pero ahora puedo verlo. De tal manera, dice la Escritura, amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.

Este es el evangelio de Jesucristo: que a causa de nuestros pecados nosotros nos encontramos separados de Dios y condenados a la perdición eterna, pero Dios, que es rico en misericordia, ha querido salvar a los pecadores por medio de la predicación de Cristo. Y cuando ponemos en Cristo nuestra confianza, nuestros pecados son perdonados, tenemos paz con Dios y vida eterna. Estamos hoy levantando a Cristo, estamos diciendo que hay esperanza en Cristo. Si tú has escuchado la proclamación de Cristo, pon tu confianza en él y no en ti mismo.

Dile al Señor con tus palabras: Señor, perdona mis pecados. Acepto el sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario por mis pecados. Inscribe mi nombre en el libro de la vida. Dame una nueva naturaleza. Pero sobre todo, dame esta esperanza de vida eterna. Dice la Escritura que si nosotros confesamos nuestros pecados, el Señor es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y librarnos de todo mal. El Señor, hablando a la iglesia, pero tómalo también para ti, dice: yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, yo entraré, cenaré con él y él conmigo. Dice la Escritura que aunque nuestros pecados sean rojos, en el Señor serán como la blanca lana.

Dice que él anula tu deuda, tu culpa, la pone en Cristo. Dile al Señor en oración: Señor, yo escuché hoy la predicación del evangelio, hizo sentido para mí, te pido que perdones mis pecados, que me aceptes como tu hijo, que inscribas mi nombre en el libro de la vida. Esto no es magia, es proclamación. Quizás podemos decir hoy que también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe. Quizás podemos decir que crecía la palabra del Señor y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente. Señor, aumenta tu pueblo, a causa de que podamos vivir claramente el evangelio.

Si tú has hecho esta oración, dice la Escritura que el que creyere y fuere bautizado será salvo. Será un gusto que te acerques a mí, será un gusto responder tus preguntas, con la ayuda del Señor acompañarte los primeros días de tu caminar con el Señor y llevarte a las aguas del bautismo. Padre, gracias por tu pueblo. Permíteme orar por ti, mi hermano. Mira, Padre, que nosotros hemos recibido el evangelio: permítenos vivir el evangelio. Mira, Señor, que estamos llamados a predicar, a proclamar el evangelio: permítenos enfocarnos en proclamar el evangelio.

Gracias, Señor, por una iglesia que quiere hacer muchas cosas. Permite que no dejemos de hacer las cosas más importantes. Bendice a tu pueblo por Cristo, Señor. Permítenos ser caracterizados por predicar a Cristo. Bendice a tu pueblo con resolución especial, con valentía especial, con denuedo especial, Señor, y con satisfacción especial en ti, para tu gloria en Jesucristo. Amén. Que el Señor les bendiga, mis hermanos. Terminemos con alabanza nuestro culto al Señor.

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